Capítulo I: Un Particular Año Nuevo
31 de Diciembre del 2007, 10:56 p.m., San Pedro, Gran Buenos Aires, Argentina
–Repítanme, de quién fue la idea de venir a pasar año nuevo a un camping… –decía Cristian, con un tono de odio e ira en su voz. Estaba sentado sobre una mesa de piedra comiendo un
“Sin Parar”. El chico vestía un jean oscuro, unas ojotas llenas de barro, y una remera de manga larga con capucha. Era alto, medía entre un metro setenta y cinco, y un metro ochenta; era delgado, de abundante y descontrolado cabello marrón oscuro, y unos ojos cafés penetrantes.
–Ya cállate, no se puede venir de vacaciones con vos –le decía su madre. Ella estaba sentada sobre el asiento de la mesa, el cual era alargado, como los que hay en los parques donde se va a comer asado. Ella al contrario de su hijo, era bastante petisa, su hijo le llevaba al menos una cabeza. También era muy rechoncha, siempre lo había sido. Su pelo era de un rubio teñido, y tenía unos ojos cafés claros.
–Mañana el quilombo que va a ser limpiar las carpas… –decía el padre de Cristian, mirando las dos carpas mojadas. Él era tan alto como su hijo, aunque bastante barrigón, su mujer le vivía diciendo que tenía “una panza de vino”, debido al extremado consumo que tenía este hombre con esta bebida. A diferencia de su hijo, tenía pelo negro, o al menos en donde le quedaba pelo, ya que tenía gran parte de la cabeza pelada por la edad.
–En unos años recordaremos esto: una hora atrapados dentro de una carpa, sin poder salir por una tormenta, en año nuevo, cenando fiambre con cerveza, y nos vamos a reír… por ahora, solo tengo ganas de putear –comentaba el joven de catorce años, bastante enfadado por la desgracia que les había tocado para año nuevo.
Su familia había decidido pasar año nuevo al aire libre, por lo que estuvieron semanas planificando unas mini-vacaciones que terminaron como terminaron. Hace tiempo que los padres de Cristian habían decidido pasar unos días en carpa durante la época de año nuevo; habían comprado todo nuevo: carpas, colchones inflables, bolsas de dormir, etcétera. También habían escogido el lugar: un camping en la ciudad de San Pedro, a unas horas de viaje desde la capital. El camping se llamaba Manson Lyfe, y habían llegado allí el 29 de diciembre. No habían tenido ningún problema con el viaje, solo que se habían levantado demasiado temprano para Cristian. Una vez que llegaron, prepararon las dos carpas, una para sus padres y otra solita para él.
El primer día se pasó rápido. No hicieron nada peculiar. Cristian se metió en la carpa y durmió hasta la hora del almuerzo. Luego se levantó, y tras comer conversó un rato con sus padres mientras trataba de poder conectar el cargador de su celular. Luego su padre se fue a pescar y su madre a tomar sol a la playa que estaba a orillas del río, mientras Cristian escuchaba música en su
Nokia 5200.
A la tarde de ese mismo día, el joven y su madre fueron al pueblo a explorar. Tras caminar un par de kilómetros bajo la guía de Cristian, llegaron a la calle principal por la cual pasearon. El chico únicamente buscaba una cosa, lo cual encontró: un ciber café. Desde ese momento, decidió que al día siguiente iría. También, al encontrar ese lugar, agradeció profundamente que haya enviado su partida de Pokémon Diamante a su mail, para poder descargarla y jugar con un emulador en el ciber. Seguro que allí iría mucho más veloz que en su casa… ya estaba ansioso por poder poner sus manos sobre el teclado.
Tras haber encontrado ese lugar lleno de computadoras, a Cristian no le importó nada más. Ignoró gran parte del resto del paseo por la ciudad, y cuando se dio cuenta, ya habían vuelto al campamento. Sin decir ni una palabra, se dirigió a su carpa, se acostó en su bolsa de dormir, puso música en su celular con el parlante, y se quedó dormido. Pronto lo despertaron para cenar. La cena fue rápida, algo de asado, y tras una conversación y cargar la batería de su teléfono móvil, se fue a dormir.
Al día siguiente despertó tarde, ya era el mediodía. No le sorprendía, desde la última semana de noviembre, mes en que terminó las clases, se había empezado a despertar a esa hora. Almorzó, y a la tardé emprendió camino solo, hacía el ciber. Una vez que llegó, comprobó que estaba lleno, no le importó esperar. Le pidió al dueño que le avisara en cuanto se desocupara una máquina, y se quedó mirando a la gente jugar, chatear, visitar páginas web y firmar fotologs.
Sin embargo, algo llamó su atención: además de gente en las computadoras, había otros chicos jugando a la Play Station 2. No le sorprendió, conocía de cibers donde habían de esas consolas donde por pagar, podías jugar unas horas. Lo que llamó su atención, fue que también había una Nintendo Wii. Tanto la había codiciado por tanto tiempo, que le daban ganas de agarrarla, robarla y salir corriendo hasta llegar a Capital. Sin embargo estaba allí, debajo de un televisor de 29’, tan quieta, sin que nadie jugara con ella. Debía costar demasiado una sola hora… Decidió alejarse de la tentación de robar, y volvió a ver a los jóvenes en las computadoras. Mientras miraba, sin darse cuenta se acercó a la vidriera donde exhibían videojuegos. Ayer no se había dado cuenta, pero en cuanto vio los objetos de la vidriera, comprobó que en ese lugar además de alquilar sus consolas y computadoras, también las vendían. A lo mejor no salía tan cara la Wii, o a lo mejor podría comprarse aunque sea una Nintendo DS si no le alcanzaba para la otra. Sería genial poder abandonar los emuladores y jugar en una DS de verdad. Sin embargo salió de su nube cuando el dueño del ciber le avisó que se había desocupado una máquina.
Sin preguntar los precios de las consolas, se acercó al ordenador. Se había olvidado de algo: no era normal que un chico de 14 años estuviera jugando Pokémon… así que decidió hacerlo lo más ocultamente posible. Se metió a su cuenta de Gmail, y descargó su partida y el emulador. Solo faltaba el rom. Se metió a su confiable página, Centro Pokémon, y empezó a descargar el rom. Deseaba meterse en el foro, pero temía que alguien viera el gran logo con la imagen de Entei que decía “Centro Pokémon”. Cerró Firefox y esperó a que se termine de descargar el juego. Una vez listo, empezó a jugar.
Quedó completamente sorprendido. El juego no solo alcanzaba el 100% de la velocidad, sino que lo superaba. Iba doce veces más rápido que en su propia computadora. El emulador alcanzaba una velocidad de casi el 300% en las batallas, y 260% en las ciudades. Iba a la velocidad de la luz… si tan solo no hubiera tenido que estar minimizando el juego cada cinco minutos, hubiera hecho un progreso aún mayor.
Ganó el cuarto gimnasio, despejó a los Psyduck que cerraban una ruta. Avanzó por la niebla, llegó a otra ciudad donde había una cueva extraña, relacionado con Dialga seguramente, aunque no lo sabía, no pudo tomarse el tiempo de leer lo que decían, sino podrían verlo jugar. Venció en el gimnasio fantasma, y logró usar surf. Llegó a la ciudad del gimnasio de acero, y guardó el juego mientras entrenaba. Se le acabó el tiempo, guardo su partida, se la volvió a enviar por mail para descargar desde su casa, y cerró y borró todo rastro de pokémon en esa computadora. Una vez listo, caminó hacía donde se encontraba el dueño del local, y pagó. Esta vez si debía preguntar por las consolas.
–Emm… una pregunta, ¿cuánto sale la Play Station 3? –Preguntó, habiendo visto esa consola también en la vidriera.
–$3500, pibe –le respondió el hombre.
–Ah, ¿y la Nintendo Wii? –Volvió a preguntar Cristian.
–$1500 pesos, pero viene con chip –le respondió devuelta el dueño.
–Ah, que bien –dijo el joven–. ¿Y Nintendo DS tienen? ¿Cuánto sale?
–¿Cuál te referís, a esta? –Preguntó el hombre, dándose vuelta, y agarrando una Nintendo DS azul. Se la acercó a Cristian, y se la dio para que la tome. Admiró sus ambas pantallas por un momento, mientras la sensación de volver a salir corriendo y robarla volvían. Si tan solo también le hubiera dado el stylus, a lo mejor lo hubiera hecho.
–Sí, es esta… –respondió, devolviendo la DS, antes de que de verdad la robara.
–$900, pero no me llegan juegos de esta, si los querés tendrás que encargarme –dijo el hombre.
–Ah, listo, bueno, adiós… –dijo Cristian, mirando por última vez la DS, y saliendo del ciber.
El solo haberla tocado lo hacía sentir poderoso. Volvió a recordar los precios que había visto en mercado libre. Había visto una DS usada con R4, a tan solo $924, en Palermo. Él ya poseía algo de dinero, aunque no era ni un cuarto del que necesitaba, pero sabía que si lo lograba juntar la compraría, aunque la oferta caducaba en unas semanas.
Una vez más volvió al campamento. Había llegado más tarde de lo que creía, ya que el cambio de horario había originado que a las nueve de la noche, todavía sea de día. Tras la rutina de cenar y cargar el celular, se acostó a dormir.
El tiempo transcurrió en ese 31 de diciembre. Deseaba poder estar en Capital, disfrutando de la comida en familia preparada por su abuela, y riendo y divirtiéndose con su primo. Pero no, estaba en un campamento en San Pedro, aburrido, muerto de calor, sin señal, y para empeorar, pronto estaría mojado.
Cerca de las ocho de la noche, mientras el sol seguía aún en lo alto, las nubes empezaron a hacerse notar. Todo el día había estado nublado, lo ya predecido sucedía, pero igual nadie estaba preparado. Todo empezó con pocas gotas, imperceptibles, pocos se percataron de ellas. Luego vinieron en grupos mayores, la llovizna se convirtió en lluvia. Pronto fue aumentando, mientras los truenos que ya venían apareciendo desde hace tiempo empezaron a incrementarse en cantidad. La tormenta ya había provocado que todos se alejaran de la playa. Los que no habían ido en carpa, se subieron a sus autos y se marcharon. Los que habían llegado para pasar un par de días no tuvieron más opción que meterse dentro de las tiendas, y todo a pocas horas de año nuevo.
Cristian y sus padres no fueron la excepción. Los tres se internaron en la carpa del joven, con únicamente algo de pan, fiambre, y cerveza para festejar. Prepararon unos sandwiches, se sirvieron unos vasos de cerveza, y los tres empezaron a comer. La carpa ya estaba húmeda, el agua se filtraba, y el enojo los acompañaba en la cena. Cerca de las nueve de la noche, la lluvia empezó a marcharse. Las primeras personas empezaron a salir de sus carpas, observando el desastre. Toda la tierra estaba húmeda, convertida en barro. Las carpas sucias y mojadas, y los caminos inundados.
La mamá de Cristian empezó a sacar la ropa y colgarla para que se seque. Su papá junto con un desconocido, empezaron a hacer canaletas para que el agua estancada fluyera hasta las alcantarillas, y la inundación bajara. La noche apareció, mientras que otras familias que no habían perdido las esperanzas empezaron a preparar el asado. La familia de Cristian simplemente se digno a ir a comprar unos helados, y esperar a que sean las doce.
Y allí se encontraba Cristian, sentado sobre la mojada mesa, terminando su helado, y mirando como los que no habían dejado que la lluvia arruinara el día comían sus cenas. Consultó la hora en su celular, recién eran las once, todavía faltaba una hora para año nuevo. Sus padres agarraron las reposeras y las llevaron hasta la orilla del río, mientras que el joven se quedó allí, solo en la oscuridad. Terminó su helado y lo dejó a un lado. Se bajó de la mesa, abrió la heladera portátil, y sacó la botella de Coca-Cola. Sin necesidad de algún vaso, se acabó lo poco que quedaba de gaseosa. Luego, al igual que sus padres, esperó.
11:04 p.m.
Cristian fue al baño a mojarse la cara. Cuando salió vio a unos niños jugar con pirotecnia. No era nada, comparado con las maldades que él hacía en Capital. Aún recordaba el tacho de basura que había roto hace un año, en Navidad con su primo.
11:13 p.m.
El tiempo pareciera que transcurría cada vez más lento. A cada rato consultaba la hora de su celular. Deseaba irse a dormir, así cuando despertara ya estaría volviendo a su casa, pero no consideraba bueno dormirse antes de año nuevo.
11:28 p.m.
El tiempo aún transcurría lento. Todavía faltaba media hora. Por más que aún no sea año nuevo, algunas personas ya estaban tirando fuegos artificiales, aunque no eran tantos.
11:47 p.m.
Ya faltaba menos. En trece minutos vería el resto de fuegos artificiales, iría a dormir, y el peor año nuevo de su vida terminaría. Hasta entonces se estaba paseando por todo el campamento. Decidió volver hasta donde estaban las cosas de su familia, y nuevamente se sentó sobre la fría mesa de piedra. Pero no estaba solo, vio a alguien a quien no sorprendió encontrar: el gato. Ese gato, posiblemente huérfano, que vivía en la calle, se había estado paseando desde que llegaron, por todo ese campamento, intentando recolectar algo de comida. Era un gato negro, por más que fuera callejero, estaba bien cuidado, no tenía ni marcas ni cicatrices. Cristian había deseado ayudar a ese indefenso animal, pero sus padres, quienes preferían los perros (al menos su padre, ya que su madre irónicamente odiaba a todos los animales, por más de que se haya crió en una granja) le criticaban que si lo hacía, el gato no se iría más de allí.
Pero ya no estaban. Sus padres estaban en el río mirando las estrellas; él estaba en la mesa de piedra, y el gato estaba a metros frente suyo, mirándolo con su penetrante mirada. Rápidamente, antes de que sus papás volvieran, agarro algo del fiambre restante, y se acercó hasta el animal. Le extendió la mano con la comida en la punta, y el animal, que al principio dudaba, termino deborándola.
11:58 p.m.
–Creo que pasaremos año nuevo juntos –le dijo al animal, agarrándolo entre sus brazos, y volviéndose a sentar sobre la mesa de piedra, con el gato en su regazo. Por más que ya no tenía comida para darle, el animal no huía, parecía que le había tomado confianza.
11:59 p.m.
–Ya casi –volvió a decir Cristian. Ahora iba a consultar los segundos en su celular. Siempre había deseado ser preciso cuando empezara el nuevo año, pero como las reuniones en la casa de su abuela eran tan divertidas, nadie se daba cuenta de cuando era hora, y terminaban festejando cinco minutos después.
Sacó de su bolsillo su Nokia 5200, y se dispuso a consultar los segundos que faltaban para que el 2007 termine. Pero algo raro sucedía: la pantalla de su teléfono estaba negra. Supuso que se le había acabado la batería, aunque estaba seguro de que estaba llena, ya que hasta hace unos segundos andaba. Decidió ver la hora en el celular de su padre, el cual estaba en el canasto, a un lado de los platos y los cubiertos. La pantalla también estaba negra.
–Espera un segundo, amiguito… –dijo Cristian dejando el gato en el piso. Todo era muy extraño: las pantallas de ambos celulares cuyas baterías estaban cargadas, estaban negras. Había intentado prenderlos y nada, era como si estuvieran muertos.
Se acercó a un grupo de jóvenes de cerca de 20 años que estaban festejando, ya que necesitaba preguntarles la hora.
–Disculpen, ¿tienen hora? –Preguntó Cristian.
–A ver, espérame… –dijo una chica, buscando su celular. Una vez que lo encontró y lo vio, puso cara confundida, y respondió– Discúlpame, parece que se me descargó… y no prende…
–Déjame ver a mí –dijo otro chico, y se puso a buscar también su celular. En cuanto lo vio, puso la misma cara que su amiga–. A mí me sucedió lo mismo…
Varias personas más empezaron a ver sus celulares: todos estaban en la misma condición. Por más que pueda ser una exagerada coincidencia, no era probable. Pronto, comprobó que todas las personas en todo el camping no disponían de sus celulares.
De repente otro suceso anormal sucedió. Algunas radios, de personas que las habían llevado para disfrutar de la música, empezaron a fallar. Dejaron de sintonizar, ninguna estación podía escucharse. Lo único que se oía era el molesto ruido de la lluvia, el cual cada vez se agudizaba más.
–Pero que cara… –empezó a decir Cristian, pero se detuvo, en cuanto vio algo que lo sorprendió aún más. Ahora ya no solo los celulares y radios fallaban, sino que lo hacía toda la electricidad.
Los faroles que estaban por todo el camping empezaron a titilar. Las luces se apagaban y prendían constantemente, pero eso era imposible, ya que no tenían interruptor para prenderse o apagarse a voluntad de uno. Algo paranormal sucedía, ya estaba confirmado. Pronto, los padres de Cristian volvieron, ellos también habían notado los extraños sucesos de alrededor.
–¿Qué está pasando? –Preguntó Cristian, en cuanto vio a sus padres.
–Nada, parece que se cortó la luz en la ciudad, nada más –respondió su madre, señalando fuera del campamento, hacía la ciudad, donde ninguna casa o edificio tenía luz–. Nada raro, solo un corte de luz.
–Es más que un corte de luz –agregó Cristian, convencido de que allí había un suceso paranormal–. Explícame entonces porqué ningún celular de ninguna persona funciona –dijo mostrando los celulares de él y su padre, cuyas pantallas seguían negras.
–No sé, se les habrá acabado la batería –sugirió su madre, buscando alguna explicación.
–¿A todo el campamento? Posible, pero poco probable –dijo Cristian, con otro de los comentarios que su madre odiaba.
–¡No pasa nada raro, solo se ha cortado la…! –Gritó su madre, harta de que su hijo le lleve la contra, en algo que para ella era muy simple. Pero su frase se interrumpió con el maullido del gato negro que Cristian había alimentado, quien había seguido y había permanecido detrás del joven todo el tiempo.
–¿Qué te pasa, amigo? –Preguntó Cristian, arrodillándose ante el animal, notando que algo le sucedía. El gato se movía irregularmente, se balanceaba y provocaba extraños aullidos.
De repente, algo mucho más extraño que todo lo que había sucedido hasta el momento, empezó a ocurrir. El gato, además de comportarse extraño y maullar descontroladamente, empezó a brillar. Su pelo empezó a emitir un brillo, una luz propia que parecía provenir desde el interior del animal. No solo su pelo, sino que sus ojos y garras también. Todo el gato brillaba mientras seguía gimiendo de dolor.
Pronto Cristian se percató que no solo el gato gemía dolorosamente. Sin darse cuenta, a los maullidos de ese animal se le unían los de otros gatos, ladridos de perros y cantos de aves. Todos los animales del lugar estaban brillando, tanto felinos, caninos, aves, incluso se veía el brillo de los peces que brillaban en el río. Esto le hizo recordar al joven la evolución de los pokémon en la serie, pero no se imaginaba que eso mismo estaba sucediendo.
Todas las personas gritaban de terror, algunos sacaban sus conclusiones de aliens o experimentos mutantes del gobierno norteamericano, pero nadie estaba cerca de la realidad. Repentinamente, el iluminado campamento se empezó a oscurecer devuelta, a medida que el brillo de los animales se desvanecía. La luz proveniente de todos los seres del lugar ya se había apagado, dejando donde había animales, otras criaturas…
La oscuridad no permitía verlos bien, pero Cristian sabía lo que eran. Se acercó hasta el gato y se arrodilló. Tomó la pata delantera del animal, la cual tenía unas grandes y largas garras. Levantó la vista y vio los amarillos ojos del animal, los cuales ahora eran de un tono rojo profundo. El animal intentó caminar, y levantó sus dos patas delanteras, logrando mantener equilibrio en las traseras. Las nubes empezaron a correrse, y la luz lunar se asomó por todo el campamento. Por más de que era una iluminación muy tenue, servía para comprobar la teoría de Cristian. El joven miró fijamente al gato, cuyo rostro ya estaba iluminado: era muy diferente al de antes, sus ojos eran más grandes, el gato más alto, tenía una marca amarilla en su frente, y una pluma roja en su oreja izquierda. El gato abrió la boca para maullar, pero un sonido muy diferente salió:
–¿Sneasel…?
Continuará…
Muchas gracias por todos los comentarios

, honestamente, no esperaba tantos
Espero que les haya gustado el capítulo, aunque me quedé con la duda de si algunas cosas no se entendieron por usar palabras, que no sé si se conozcan en otros países (a lo mejor en latinoamerica si conocen todas las palabras, pero en españa tal vez aparece alguna que no logran reconocer xDU).
Bueno, cualquier duda o sugerencia que tengan no duden en postearla. Todavia no envie ninguna invitacion para participar, por ahora solo enviaré una a CP (a ver si acepta xD) y luego al finalizar el segundo capitulo, enviare el resto (a la mayoria, todavia no enviare todas las invitaciones apra que aparezcan).
Bueno, reitero, espero que les haya gustado, ahroa me pondre a trabajar en el cap del IEP ^^