Solgaleo, el Pokémon que se comió al sol.
Orgullo, el orgullo es algo considerado malos por muchas personas, el orgullo trae malentendidos, trae peleas y muchos cruces de opinión. Pero la gloria, el honor y el porte que este Pokémon tenía… no lo podría cambiar por nada.
Su sed de poder para él mismo lo llevó a desafiar a todo lo que el mundo tiene que ofrecer, innumerables luchas, algunas sangrientas, se sembraban a su paso. Con su gran melena gris siempre iba con paso orgulloso contra lo que se hallara a su paso, no es que fuera tiránico, era orgulloso, tanto era su orgullo que no se permitía ser inferior a nada.
Sabiendo sobre los legendarios desde joven ese Pokémon hasta se enfrentaba a armadas de humanos; libre y poderoso, elegante y letal, orgulloso y con la frente en alto. La existencia de los legendarios era para él un peso incomparable, saber que él, como un Pokémon común, era inferior a estas bestias elegidas no era más que la peor humillación.
Poder.
Más poder.
Yo soy el mejor Pokémon.
Con ese mantra personal sus garras se llenaron de sangre, su piel se volvió de acero tras tantos combates, comiendo a otros Pokémon logró obtener sus propiedades y evolucionó a una ruta ´personal. Adquiriendo los tipos Psíquico y Acero, teniendo un gran psíquico y una gran mente pensó en cómo hacerse más fuerte.
En ese entonces en la tierra había dos soles, no es como si no existiera la noche, la noche era muy similar al día pero la luz era gris, sí, era un sol gris; el sol gris era mucho más pequeño del sol que hoy conocemos, incluso más pequeño que la luna que hoy conocemos.
Este sol gris se encontraba al otro lado del sol amarillo, por las noches iluminaba a la tierra con su luz gris, tenue, delicada y hermosa. Una noche gris en lugar de una noche negra hacía que no hubiera casi Pokémon nocturnos, pero la luz nunca hacía falta más que en cuevas y demás.
El segundo sol brillaba, más pequeño, más tenue y más débil. Era incomparable en cualquier aspecto al otro sol… excepto por su belleza, podía ser contemplado más fácilmente que el otro, podía teñir como un metal brillante a todo lo que su luz llegaba.
Galeo, con mucho orgullo, había decidido comer ese Sol.
Tomó bastante tiempo en obtener el poder para volverse más grande, siglos y siglos entrenando, al lograrlo no se contuvo en nada. Con un gigante salto se dirigió al grisáceo sol, abriendo su boca consumió primero sus llamas grises como si fueran un líquido.
Poco a poco el pequeño sol fue encogiéndose aun más, Galeo sin contenerse y teniendo unos ojos de obsesionado mordió al sol; ignorando todo dolor, ignorando toda herida e ignorando como se iba deshaciendo su propio cuerpo continuaba mordiendo al sol, arrancándolo pedazo por pedazo consumía.
Consumía.
Consumía.
Consumía.
Consumía.
Y consumía.
Tardando un siglo entero permitió a los seres vivos del planeta adaptarse lentamente al cambio. Pero los legendarios se dieron cuenta muy tarde, despertando de su descanso se fueron alzando cuando Galeo había dejado una esfera muy dura de un tamaño bastante pequeño; aun más grande que todo ser vivo del planeta de todos modos.
Enojados, los legendarios, atacaron entre todos a Galeo cuando se encontraba más débil, no tuvo ninguna oportunidad contra tanto poder. Herido, sobretodo en su orgullo, fue atrapado en una nueva prisión de metal muy similar a su cuerpo. No se le permitió tratar de ser más fuerte.
Sin embargo… Galeo estaba orgulloso. ¿Qué Pokémon podría declarar que había comido al sol?
Los legendarios, preocupados, designaron a uno de ellos para guardar lo que quedaba del sol. Lunala decidió expandir al pequeño ente que había quedado del sol, creando a la “luna” utilizando su propio nombre.
Poco a poco Galeo fue imbuyendo el poder del Sol en su cuerpo, volviéndose más poderoso aun siendo prisionero. Lunala no se quedaba atrás absorbiendo con la luna rayos del otro sol se fue agrandando su satélite natural…
Ese día Galeo cambió su nombre a Solgaleo. Ese día Lunala creó a la Luna.
El Pokémon que comió al Sol hoy en día… posa Orgulloso.
Su sed de poder para él mismo lo llevó a desafiar a todo lo que el mundo tiene que ofrecer, innumerables luchas, algunas sangrientas, se sembraban a su paso. Con su gran melena gris siempre iba con paso orgulloso contra lo que se hallara a su paso, no es que fuera tiránico, era orgulloso, tanto era su orgullo que no se permitía ser inferior a nada.
Sabiendo sobre los legendarios desde joven ese Pokémon hasta se enfrentaba a armadas de humanos; libre y poderoso, elegante y letal, orgulloso y con la frente en alto. La existencia de los legendarios era para él un peso incomparable, saber que él, como un Pokémon común, era inferior a estas bestias elegidas no era más que la peor humillación.
Poder.
Más poder.
Yo soy el mejor Pokémon.
Con ese mantra personal sus garras se llenaron de sangre, su piel se volvió de acero tras tantos combates, comiendo a otros Pokémon logró obtener sus propiedades y evolucionó a una ruta ´personal. Adquiriendo los tipos Psíquico y Acero, teniendo un gran psíquico y una gran mente pensó en cómo hacerse más fuerte.
En ese entonces en la tierra había dos soles, no es como si no existiera la noche, la noche era muy similar al día pero la luz era gris, sí, era un sol gris; el sol gris era mucho más pequeño del sol que hoy conocemos, incluso más pequeño que la luna que hoy conocemos.
Este sol gris se encontraba al otro lado del sol amarillo, por las noches iluminaba a la tierra con su luz gris, tenue, delicada y hermosa. Una noche gris en lugar de una noche negra hacía que no hubiera casi Pokémon nocturnos, pero la luz nunca hacía falta más que en cuevas y demás.
El segundo sol brillaba, más pequeño, más tenue y más débil. Era incomparable en cualquier aspecto al otro sol… excepto por su belleza, podía ser contemplado más fácilmente que el otro, podía teñir como un metal brillante a todo lo que su luz llegaba.
Galeo, con mucho orgullo, había decidido comer ese Sol.
Tomó bastante tiempo en obtener el poder para volverse más grande, siglos y siglos entrenando, al lograrlo no se contuvo en nada. Con un gigante salto se dirigió al grisáceo sol, abriendo su boca consumió primero sus llamas grises como si fueran un líquido.
Poco a poco el pequeño sol fue encogiéndose aun más, Galeo sin contenerse y teniendo unos ojos de obsesionado mordió al sol; ignorando todo dolor, ignorando toda herida e ignorando como se iba deshaciendo su propio cuerpo continuaba mordiendo al sol, arrancándolo pedazo por pedazo consumía.
Consumía.
Consumía.
Consumía.
Consumía.
Y consumía.
Tardando un siglo entero permitió a los seres vivos del planeta adaptarse lentamente al cambio. Pero los legendarios se dieron cuenta muy tarde, despertando de su descanso se fueron alzando cuando Galeo había dejado una esfera muy dura de un tamaño bastante pequeño; aun más grande que todo ser vivo del planeta de todos modos.
Enojados, los legendarios, atacaron entre todos a Galeo cuando se encontraba más débil, no tuvo ninguna oportunidad contra tanto poder. Herido, sobretodo en su orgullo, fue atrapado en una nueva prisión de metal muy similar a su cuerpo. No se le permitió tratar de ser más fuerte.
Sin embargo… Galeo estaba orgulloso. ¿Qué Pokémon podría declarar que había comido al sol?
Los legendarios, preocupados, designaron a uno de ellos para guardar lo que quedaba del sol. Lunala decidió expandir al pequeño ente que había quedado del sol, creando a la “luna” utilizando su propio nombre.
Poco a poco Galeo fue imbuyendo el poder del Sol en su cuerpo, volviéndose más poderoso aun siendo prisionero. Lunala no se quedaba atrás absorbiendo con la luna rayos del otro sol se fue agrandando su satélite natural…
Ese día Galeo cambió su nombre a Solgaleo. Ese día Lunala creó a la Luna.
El Pokémon que comió al Sol hoy en día… posa Orgulloso.







