En busca de respeto
Yo siempre había deseado el respeto de solo una persona, y nadie más que el de esa persona, aquella persona era mi hermano mayor. Yo a él o miraba como mi figura paterna, ya que siempre desde pequeño me crié sin padre a causa de que murió en un accidente automovilístico.
Él siempre me hablaba del sentido común, de que aquello era una cosa que prácticamente todo el mundo tenía y que era una cosa básica para poder vivir en una sociedad pero que yo, aquella cosa tan importante no la tenía.
Yo siempre trataba de esforzarme por conseguir tener el sentido común, comportando me y siendo una persona educada y de buenas calificaciones, para poder conseguir su respeto y así poder comprender lo mejor...pero siempre con el más mínimo error lo perdía. Podía no ser algo tan grave pero él, siempre exageraba castigando me por aquel "fatal error" y así perdiendo su respeto.
Un día ya de mayor yo tenía ya dieciséis cuando, a causa de ya no poder más con la presión que él me ponía decidí huir de casa, no volver a verlo y dejar todo atrás, amigos, familia y hasta mi novia que después de aquel día nunca más supe de ella ni de su vida.
En mi país ya era legal trabajar desde los quince en adelante y así fue como me gané la vida, ayudando en pequeñas tiendas o limpiando hogares hasta que me pude establecer en un hogar en el que no me cobraban mucho, lo suficiente como para poder vivir plácidamente y pagar todo a tiempo. Ya llevaba ahorrado un buen dinerillo con el cual pude volver a un establecimiento educativo, en el que cabe mencionar que era un muy buen alumno y de buenas calificaciones como antes pero desordenado en aula y en mi hogar, en donde tenía mis cosas en todos lados.
De vez en cuando invitaba a algún que otro amigo para beber algún refresco y pasar un buen rato para celebrar que aprobamos un examen o cuando tenía tiempo libre sin estudiar, pero había algo que aún me atormentaba de mi vida pasada, el ganar me el respeto de mi hermano que de seguro a esta altura ya lo había perdido y que si me volvía a ver me reprendería.
Me armé de valor y decidí ir de viaje a aquella ciudad que había dejado hace ya muchos años. Cuando llegué a esa antigua ciudad, no había cambiado nada desde que la dejé, pero me pregunté si mi madre aún vivía en esa casa donde tenía muy bellos recuerdos.
Recordaba lo suficiente de esa ciudad como para ubicar me y saber donde quedaba mi antigua casa. Cuando llegué vi a mi madre regando su jardín el cual seguía igual de hermoso que cuando arranqué la última flor para darse la a mi ex-novia. No aguante y rompí en llanto al ver a mi madre ya mayor con su pelo entre blanco y negro y bajita. Me limpié las lagrimas del rostro e irrumpí en su jardín cruzando el gran portón que tenía como medida de seguridad y le dije con voz terca y ronca:
-Buenas tarde señora, me gustaría hacerle una pregunta-
Ella respondió felizmente que sí entonces fue ahí cuando le hice aquella hermosa pregunta:
-¿Aún extrañas a tu hijo?-
Ella no pudo contener el llanto y de inmediato me reconoció y dando me un fuerte abrazo me dijo:
-Hijo ven, pasa come algo-
Ella empezó a hacer muchas cosas pero yo le dije:
-Hey mamá, tranquilízate yo haré todo, para enmendar la falta que te hice durante estos nueve años sin hablar contigo-
Esa tarde nos pasamos hablando mucho acerca de lo que había sido de mí y de mi vida fuera de su respaldo, de cómo se sintió ella sin mí y muchas cosas más hasta que le hice una pregunta, la razón por la cual venía:
-Madre, ¿qué fue de mi hermano, dónde está?-
Ella respondió muy pausadamente:
-Bueno él, salió a buscarte pero no volvió pero al parecer, se cansó de buscarte y formó una familia en el pueblo a unos kilómetros de aquí-
Yo aquella noche, dormí en mi antigua habitación la cual no había cambiado nada. Pasó la noche entonces por la mañana tomé desayuno, me despedí de mi amada madre y fui en busca de mi hermano.
Tomé un bus a aquella ciudad, me bajé en la primera ciudad y entré en un pequeño local de ventas de comida. Saqué una foto de mi hermano que tenía mi madre que era a más actual y le pregunté al vendedor:
-Hola, por casualidad no conocerá a este hombre-
Él respondió:
-Cómo no si es el alcalde de este pueblo-
Yo me quedé estupefacto y le hice una pregunta nuevamente al vendedor:
-Dónde puedo encontrarlo-
Él dijo:
-Camina tres manzanas hacía el frente y luego una a la derecha, y verás un edificio que dice municipalidad, ahí podrás encontrarlo-
Yo me despedí del señor y me fui siguiendo las direcciones. Prontamente llegué a aquel edificio y entré. Era un lobby muy bonito y muy bien adornado. Vi una señorita sentada la cual era la secretaria del alcalde, le dije:
-Hola, buenas tardes me gustaría habar con el alcalde es urgente diga le que es un viejo conocido-
Esperé un rato y la señorita, muy apuesta por cierto, me hizo pasar a la oficina del acalde.
Yo vi a mi hermano, no había cambiado mucho pero seguía igual de serio que la última vez que lo vi. Me saludo muy seriamente, no me había reconocido yo, le hice la misma pregunta que a nuestra madre, pero a diferencia de ella él dijo:
-No me hables de ese inmundo, si quieres una entrevista acerca de eso no la tendrás jamás-
Yo molesto le respondí:
-¿Cómo te atreves a llamar me inmundo-
Él algo sorprendido me miró por un rato y luego vi como salieron un par de lagrimas de sus ojos, me abrazó y me dijo:
-Perdona me veo como haz avanzado te has convertido en un hombre, has logrado tener sentido común y por eso te mereces mi respeto hermano mio-
Yo rompí en sollozo después de que terminó esas hermosas palabras y desde aquel momento voy a visitar lo a él y su familia y a ayudar a mi madre para ganar me unos pesos para poder avanzar aún más y poder vivir con mi nueva novia.
FIN
Él siempre me hablaba del sentido común, de que aquello era una cosa que prácticamente todo el mundo tenía y que era una cosa básica para poder vivir en una sociedad pero que yo, aquella cosa tan importante no la tenía.
Yo siempre trataba de esforzarme por conseguir tener el sentido común, comportando me y siendo una persona educada y de buenas calificaciones, para poder conseguir su respeto y así poder comprender lo mejor...pero siempre con el más mínimo error lo perdía. Podía no ser algo tan grave pero él, siempre exageraba castigando me por aquel "fatal error" y así perdiendo su respeto.
Un día ya de mayor yo tenía ya dieciséis cuando, a causa de ya no poder más con la presión que él me ponía decidí huir de casa, no volver a verlo y dejar todo atrás, amigos, familia y hasta mi novia que después de aquel día nunca más supe de ella ni de su vida.
En mi país ya era legal trabajar desde los quince en adelante y así fue como me gané la vida, ayudando en pequeñas tiendas o limpiando hogares hasta que me pude establecer en un hogar en el que no me cobraban mucho, lo suficiente como para poder vivir plácidamente y pagar todo a tiempo. Ya llevaba ahorrado un buen dinerillo con el cual pude volver a un establecimiento educativo, en el que cabe mencionar que era un muy buen alumno y de buenas calificaciones como antes pero desordenado en aula y en mi hogar, en donde tenía mis cosas en todos lados.
De vez en cuando invitaba a algún que otro amigo para beber algún refresco y pasar un buen rato para celebrar que aprobamos un examen o cuando tenía tiempo libre sin estudiar, pero había algo que aún me atormentaba de mi vida pasada, el ganar me el respeto de mi hermano que de seguro a esta altura ya lo había perdido y que si me volvía a ver me reprendería.
Me armé de valor y decidí ir de viaje a aquella ciudad que había dejado hace ya muchos años. Cuando llegué a esa antigua ciudad, no había cambiado nada desde que la dejé, pero me pregunté si mi madre aún vivía en esa casa donde tenía muy bellos recuerdos.
Recordaba lo suficiente de esa ciudad como para ubicar me y saber donde quedaba mi antigua casa. Cuando llegué vi a mi madre regando su jardín el cual seguía igual de hermoso que cuando arranqué la última flor para darse la a mi ex-novia. No aguante y rompí en llanto al ver a mi madre ya mayor con su pelo entre blanco y negro y bajita. Me limpié las lagrimas del rostro e irrumpí en su jardín cruzando el gran portón que tenía como medida de seguridad y le dije con voz terca y ronca:
-Buenas tarde señora, me gustaría hacerle una pregunta-
Ella respondió felizmente que sí entonces fue ahí cuando le hice aquella hermosa pregunta:
-¿Aún extrañas a tu hijo?-
Ella no pudo contener el llanto y de inmediato me reconoció y dando me un fuerte abrazo me dijo:
-Hijo ven, pasa come algo-
Ella empezó a hacer muchas cosas pero yo le dije:
-Hey mamá, tranquilízate yo haré todo, para enmendar la falta que te hice durante estos nueve años sin hablar contigo-
Esa tarde nos pasamos hablando mucho acerca de lo que había sido de mí y de mi vida fuera de su respaldo, de cómo se sintió ella sin mí y muchas cosas más hasta que le hice una pregunta, la razón por la cual venía:
-Madre, ¿qué fue de mi hermano, dónde está?-
Ella respondió muy pausadamente:
-Bueno él, salió a buscarte pero no volvió pero al parecer, se cansó de buscarte y formó una familia en el pueblo a unos kilómetros de aquí-
Yo aquella noche, dormí en mi antigua habitación la cual no había cambiado nada. Pasó la noche entonces por la mañana tomé desayuno, me despedí de mi amada madre y fui en busca de mi hermano.
Tomé un bus a aquella ciudad, me bajé en la primera ciudad y entré en un pequeño local de ventas de comida. Saqué una foto de mi hermano que tenía mi madre que era a más actual y le pregunté al vendedor:
-Hola, por casualidad no conocerá a este hombre-
Él respondió:
-Cómo no si es el alcalde de este pueblo-
Yo me quedé estupefacto y le hice una pregunta nuevamente al vendedor:
-Dónde puedo encontrarlo-
Él dijo:
-Camina tres manzanas hacía el frente y luego una a la derecha, y verás un edificio que dice municipalidad, ahí podrás encontrarlo-
Yo me despedí del señor y me fui siguiendo las direcciones. Prontamente llegué a aquel edificio y entré. Era un lobby muy bonito y muy bien adornado. Vi una señorita sentada la cual era la secretaria del alcalde, le dije:
-Hola, buenas tardes me gustaría habar con el alcalde es urgente diga le que es un viejo conocido-
Esperé un rato y la señorita, muy apuesta por cierto, me hizo pasar a la oficina del acalde.
Yo vi a mi hermano, no había cambiado mucho pero seguía igual de serio que la última vez que lo vi. Me saludo muy seriamente, no me había reconocido yo, le hice la misma pregunta que a nuestra madre, pero a diferencia de ella él dijo:
-No me hables de ese inmundo, si quieres una entrevista acerca de eso no la tendrás jamás-
Yo molesto le respondí:
-¿Cómo te atreves a llamar me inmundo-
Él algo sorprendido me miró por un rato y luego vi como salieron un par de lagrimas de sus ojos, me abrazó y me dijo:
-Perdona me veo como haz avanzado te has convertido en un hombre, has logrado tener sentido común y por eso te mereces mi respeto hermano mio-
Yo rompí en sollozo después de que terminó esas hermosas palabras y desde aquel momento voy a visitar lo a él y su familia y a ayudar a mi madre para ganar me unos pesos para poder avanzar aún más y poder vivir con mi nueva novia.
FIN
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Siempre va a haber algo a la vuelta de la esquina de ti depende si será bueno o malo:shakefist::shakefist::shakefist:
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Siempre va a haber algo a la vuelta de la esquina de ti depende si será bueno o malo:shakefist::shakefist::shakefist:

