Capítulo 10
Nada como el hogar
Acostumbrados al sonido de las gotas de lluvia golpeando el suelo, incesantes, la voz de una madura mujer fue lo primero que se oyó al abrir las puertas de aquella acogedora casa y aunque podían sentir el abrigo del exterior, esa voz no les ofreció la más cálida de las bienvenidas.
—¡¿Qué te he dicho de llegar tarde?! —recordaba nuevamente la señora a su pequeño hijo.
La madre del muchacho dio una breve, pero intensiva inspección al joven que acompañaba a su hijo, sin duda algo que sólo una madre podría lograr. Tanto Silver como el niño estaban empapados, sus ropas goteaban al igual que sus cabellos, aunque parecía como si el mayor hubiera estado más tiempo bajo el agua. La señora no encontró señales de peligro en Silver, aunque si unas vibras de rareza, lo único que le hizo extrañarse fue la capucha que su hijo cargaba y que tocaba el suelo, prenda que ella no le había visto usar.
—¡Ahora te cambias y te vas a tomar un baño! Por el amor a Arceus —agregó tras procesar la información luego de unos instantes.
El chico corrió dejando atrás a su invitado, era su mejor opción si no quería hacer enojar a su madre. Con un gesto de sus manos, la señora hizo pasar a Silver a la casa, cerrando la puerta para que no escapara el calor. El pobre estaba nervioso al asaltar de esa manera la casa de unos extraños cuyo hijo había conocido hace un par de minutos, la mujer de pelo castaño lo notó de inmediato.
—¿Quién eres tú? —preguntó sin rodeos.
Iba a responder, pero una voz extraña saltó desde el lugar al que se había dirigido el pequeñín.
—¡Ese es mi bro! Dime, ¿capturaron al Pikachu? Choca esos cinco —se detuvo un segundo—. ¿No? Bueno, compi, ya tendrás otra oportunidad.
La señora de cabello castaño al igual que su retoño le dio un vistazo al Pikachu que aún permanecía en el hombro de Silver y creó mentalmente la escena de lo que había ocurrido, como si su sexto sentido fuera poco.
—Esto… soy Silver, un entrenador Pokémon… y… conocí a su hijo y…
En eso se asomó un chico de la edad de Silver que parecía ser el mismo crío pero mayor.
—Pero si es el extraño Pikachu y un extraño —dijo asombrado.
—¡Cuida tus modales! —reprochó la madre.
Saliendo de su escondite en la espalda de su hermano mayor, el pequeño se acercó a Silver para devolverle su capucha que aún estilaba agua, mostrando bajo ella la toalla que había tomado del segundo piso para partir al baño, no sin antes aclararle algo a Silver.
—Son mi madre y mi hermano —le susurró para luego voltearse a su madre—. É-él es un amigo, ¿se puede quedar? Está lloviendo y...
Una mirada bastó para que el pequeño corriera a refugiarse al baño, la cual también hubiese servido en Silver si no estuviera ya paralizado de los nervios, pero tras un suspiro, la madre hizo saber su opinión.
—Entiendo, debió ser duro viajar todo el camino hasta acá. Y además el Centro Pokémon está teniendo dificultades.
Silver había estado pensando alguna excusa para salir de ahí, pero esa última frase le hizo recapacitar. Intentando formular algún tema de conversación, la señora nuevamente lo interrumpió.
—Tal parece que eres un jovencito algo tímido, pero no te preocupes, los amigos de mi hijo siempre serán bienvenidos —volteó hacia su hijo mayor—. Kristoph, trae algunas toallas.
La amabilidad de la señora era sin dudas enternecedora, aunque cuando sus hijos desaparecieron del lugar, su tono cambió a uno aún más severo que el que tenía.
—Normalmente no aceptamos extraños, pero si de verdad eres un amigo, puedes quedarte.
Más que una invitación, parecía una advertencia, pero Silver entendió que era lo mejor que podía hacer para defender a su familia. Tras eso volvió a una personalidad mucho más amable.
—Permíteme llevar tu capucha a la secadora, si no tienes más ropa mi hijo Kristoph puede prestarte mientras secamos la que llevas.
—Descuide, llevo algunas en mi bolso.
—Toallas a la orden —dijo el hijo mayor arrojándolas a Silver.
—¡Cuida tus modales! —reprochaba la madre.
Después de eso, Silver se cambió en la habitación que le indicaron, la casa no era muy grande y no tenían cuarto de huéspedes, todo indicaba que se trataba de la habitación del pequeño. Una vez estuvo limpio y seco, al igual que el Pikachu que lo seguía a todos lados, se disponía a llevar la ropa mojada a la secadora como le había sugerido la señora, pero al abrir la puerta se topó con el niño que lo había guiado hasta allí.
—Lamento la intromisión —se disculpó Silver con una leve reverencia.
—Descuida, ahora mismo me cambio —dijo sujetando la toalla que cubría su cuerpo.
De vuelta a la sala de estar, Silver vio a la mujer preparando la cena mientras su hijo ordenaba la mesa. Kristoph notó su presencia y se le acercó tras terminar lo que hacía.
—Espero te guste el estofado.
—¿Eh? Descuiden, no tienen por qué alimentarme… con que me dejen pasar la noche basta…
—No tienes nada de qué apenarte, hacemos esto porque queremos, no necesitamos que nos des nada a cambio tampoco, así que relájate en el sillón mientras mamá prepara la cena. También hay comida para los Pokémon, aunque si son muy grandes los que tienes no creo que quepan dentro…
—Sólo tengo un Meditite de este porte —dijo Silver indicando con sus manos el tamaño.
—Entonces no habrá problema.
—Chicos, vengan a la mesa —llamaba la señora.
No tardaron en sentarse y comenzar a comer.
—Está delicioso —dijo Silver tras probar la comida.
—Hablas por hablar —se defendía la madre.
—Claro que no, llevo cerca de un mes sin comer un plato de comida casero y este me recuerda uno que solía hacer mi madre… —dijo cabizbajo.
—Cambiando de tema, juraría que tendrías más Pokémon además de Meditite y Pikachu, ¿tienes más esperando en el PC? —preguntó Kristoph curioso.
—La verdad comencé mi viaje esta mañana, ese Pikachu tampoco es mío, sólo que me sigue desde que lo vi.
—Ya veo por qué mi hermanito y sus amigos no pudieron atraparlo, te eligió a ti. ¿No es así, Tommy?
—Sí, además hubieses visto como combatía junto a él contra Austin, pareciera como si estuvieran juntos de hace tiempo.
—Aunque eso fue en la mayoría gracias a Pikachu, yo apenas conocía sus movimientos…
—Me parece extraño que alguien a tu edad se vuelva entrenador Pokémon… ¿qué te impulsó a serlo? —cambió el tema la madre.
—Siempre quise ser un entrenador, pero mi padre…
—Ya veo, no ahondaré más en el tema, por ahora come que se enfría rápido.
Y la cena continuó así por varios minutos en que Silver contaba las aventuras que había vivido el mes pasado y durante ese día, cómo conoció a Primum y su escape del Drapion del pantano; historias que asombraban al pequeño Tommy y a su familia. Ese ambiente familiar era algo que el entrenador recordaba muy lejano en su memoria, pero esa calidez no era algo que pudiera simplemente olvidar.
La lluvia no se detuvo hasta temprano en la mañana. Silver no pudo salir hasta que la señora les sirvió el desayuno. El día estaba extrañamente despejado, así era el clima en la región por lo que debería estar preparado para próximas lluvias repentinas, aunque de momento solo le quedaba disfrutar del sol matutino.
—Adiós señora, gracias por todo —se despidió Silver de la madre de Tommy con una reverencia.
—No necesitas agradecerme, puedes volver siempre que lo necesites.
Silver reanudó su viaje hasta el Centro Pokémon en compañía de Tommy; debía partir rápido y llegar a Ciudad Ilusión antes de que su padre llegara a la casa en Avenencia, pero el pequeño insistía en que había alguien a quien debía presentarle antes de que se fuera, oferta que no pudo rechazar debido a la hospitalidad que habían mostrado Tommy y su familia.
Por lo que el pequeño contaba, se trataba de un hombre adulto que les daba varios consejos para las batallas Pokémon y que a veces les encomendaba misiones, siendo la última de ellas capturar al Pikachu anaranjado que vivía a las afueras del pueblo. Finalmente llegaron donde el sujeto que parecía tener cerca de cuarenta años. Con una sonrisa saludó a Tommy y al extraño que llevaba al Pikachu al hombro.
—Tommy, tengo prisa y debo ir al Centro Pokémon a curar a mis compañeros —le susurró Silver al chico.
—Descuida, de seguro valdrá la pena —volteó hacia el señor—. ¡Hola, Nort!
—Hola, Tommy, amigo mío. Así que capturaste al Pikachu.
—No, no lo logramos, pero Silver sí. ¡Incluso derrotó a Austin!
—Vaya, debe ser fuerte entonces.
—Sí, y quiere alguna de tus lecciones para mejorar.
—Me parece algo abusador de su parte, siendo que no lo conozco, amigo mío.
—Pero yo fui el que lo trajo aquí.
—Me largo —dijo Silver.
—Espera —lo detuvo Nort—. Silver, ¿no es así? Nunca dije que me rehusara a ayudarte, aunque sería ideal si hiciéramos un intercambio.
—Me largo.
—Oye, oye, oye, amigo, ese Pikachu… ¿cómo lo capturaste?
—No lo capturé, apareció frente a mí y me ha seguido desde entonces.
—Debes ser alguien especial si ese Pikachu te escogió… ¡Bien! Te daré algo interesante y libre de cargos, aunque primero debes completar una de mis pruebas.
—No tengo tiempo, me largo.
—Oye, oye, espera. Si vas hacia el CP no tendrás mucha suerte, están teniendo algunos problemas desde ayer.
—¿Qué tipo de problemas?
—Ya te contaré después, ahora escucha atentamente, amigo mío…
Silver se hubiera ido, pero al escuchar lo del Centro Pokémon decidió superar esa prueba de la que el tipo hablaba y preguntarle por lo ocurrido, era su única fuente de información y si no tenía cuidado podía verse envuelto en ese problema y perder aún más tiempo.
→ La prueba de Nort cuenta como la del Espacio Remanso para obtener la TM61 Will-O-Wisp.
→ Espero que Nort cuente que le pasa al Centro Pokémon o no me entero [?]
→
Índice.
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