De las cenizas comienza la Odisea
De las cenizas comienza la Odisea
Neo observó el baile frenético de las llamas carmesí, la mezcla de colores, naranjas, rojos, amarillos, las lenguas ardientes que consumieron su hogar y donde tuvo sus primeras memorias, observó como la madera se ennegrecía y cambiaba de color al blanco y de en medio de ella más llamas brotaban, miró como los pergaminos, papeles, fotos, imágenes se enrollaban al contacto del calor y se consumían en el aire, ropa, mapas, objetos, sillas, comida, todo ardía al compás de ritmo marcado por el fuego, el consumidor e hipnótico fuego.
Las órdenes de su tío fueron muy claras, “quema todo y comienza tu viaje”. Él había cuidado de Neo dese que era un bebe, y si él le dio la instrucción por algo habrá sido; solo tomó lo esencial para la supervivencia, una mochila, una brújula, un mapa, un reloj, una cantimplora, una navaja y un par de mudas de ropa. En su mano tenía un par de fotografías, una donde se veía a una pareja sonriente con un bebe en brazos y la otra de un joven de una 20 años sonriendo al lado de un hombre de unos 40 y tanto aproximadamente.
“Todo termina y comienza aquí, con el fuego consumiendo mi pasado y marcando mi futuro” pensó antes de tirar ambas fotos a la enorme hoguera que comenzaba a llamar bastante la atención por el obscuro y denso humo.
Se limpió del rostro los restos de hollín y miró hacia abajo. Opal, el pokemon que le fue entregado por su tío había permanecido en una firme posición todo el tiempo, sin importarle el calor o el fuego cerca de él; si el excelente hombre que había cuidado de él desde niño, también había entrenado a ese pokemon, significaba que le habían entregado un perfecto soldado y un ser en el que confiar, y por ello Neo sintió un poco de alivio.
Antes de dar media vuelta y dejar que los últimos 22 años de su vida sigan consumidos por el fuego, Neo se agachó y revisó de nuevo lo que se llevaba en la mochila; aparte de a pokeball donde se encontraba Opal, el paquete que le entregaron también contenía 5 pokeballs, una pokedex, una licencia de entrenador y 4000$.
Colocó su navaja dentro de la bota izquierda, cerró la chamarra de camuflaje sobre su fuerte pecho y se echó a los hombros la mochila.
-Opal, prefieres caminar o entrar a tu pokeball?
El Swinub comenzó su camino para adentrarse a la odisea de ambos. Neo sonrió ante la determinación del peludo pokemon, dio media vuelta y comenzó su camino, antes de que algún habitante del Pueblo Eclipse se acerque lo suficiente para ver el final de espectáculo llameante.
Aunque Neo fue críado con firmeza, no pudo evitar el recorrido de dos pequeños cuerpos acuosos por su rostro, al fin y al cabo su vida se había convertido en cenizas y el viento se encargaría de esparcirla por todo el mundo pokemon.
Neo observó el baile frenético de las llamas carmesí, la mezcla de colores, naranjas, rojos, amarillos, las lenguas ardientes que consumieron su hogar y donde tuvo sus primeras memorias, observó como la madera se ennegrecía y cambiaba de color al blanco y de en medio de ella más llamas brotaban, miró como los pergaminos, papeles, fotos, imágenes se enrollaban al contacto del calor y se consumían en el aire, ropa, mapas, objetos, sillas, comida, todo ardía al compás de ritmo marcado por el fuego, el consumidor e hipnótico fuego.
Las órdenes de su tío fueron muy claras, “quema todo y comienza tu viaje”. Él había cuidado de Neo dese que era un bebe, y si él le dio la instrucción por algo habrá sido; solo tomó lo esencial para la supervivencia, una mochila, una brújula, un mapa, un reloj, una cantimplora, una navaja y un par de mudas de ropa. En su mano tenía un par de fotografías, una donde se veía a una pareja sonriente con un bebe en brazos y la otra de un joven de una 20 años sonriendo al lado de un hombre de unos 40 y tanto aproximadamente.
“Todo termina y comienza aquí, con el fuego consumiendo mi pasado y marcando mi futuro” pensó antes de tirar ambas fotos a la enorme hoguera que comenzaba a llamar bastante la atención por el obscuro y denso humo.
Se limpió del rostro los restos de hollín y miró hacia abajo. Opal, el pokemon que le fue entregado por su tío había permanecido en una firme posición todo el tiempo, sin importarle el calor o el fuego cerca de él; si el excelente hombre que había cuidado de él desde niño, también había entrenado a ese pokemon, significaba que le habían entregado un perfecto soldado y un ser en el que confiar, y por ello Neo sintió un poco de alivio.
Antes de dar media vuelta y dejar que los últimos 22 años de su vida sigan consumidos por el fuego, Neo se agachó y revisó de nuevo lo que se llevaba en la mochila; aparte de a pokeball donde se encontraba Opal, el paquete que le entregaron también contenía 5 pokeballs, una pokedex, una licencia de entrenador y 4000$.
Colocó su navaja dentro de la bota izquierda, cerró la chamarra de camuflaje sobre su fuerte pecho y se echó a los hombros la mochila.
-Opal, prefieres caminar o entrar a tu pokeball?
El Swinub comenzó su camino para adentrarse a la odisea de ambos. Neo sonrió ante la determinación del peludo pokemon, dio media vuelta y comenzó su camino, antes de que algún habitante del Pueblo Eclipse se acerque lo suficiente para ver el final de espectáculo llameante.
Aunque Neo fue críado con firmeza, no pudo evitar el recorrido de dos pequeños cuerpos acuosos por su rostro, al fin y al cabo su vida se había convertido en cenizas y el viento se encargaría de esparcirla por todo el mundo pokemon.
































