Eran las ocho de la mañana cuando sonó la alarma del despertador. Teo la apago inmediatamente. Se levanto y se dirigió al baño. Se miro en el espejo, las ojeras en su rostro eran demasiado evidentes. No pudo dormir en toda la noche. Se duchó, se vistió y cuando estaba por recoger su mochila pensó si tenía todo lo necesario. Entonces busco en uno de los cajones de su escritorio. Saco un libro sobre Pokémons y cuando lo abrió tocaron la puerta de su habitación.
- Teo… - era Sara, su tía. – Oh, ¿ya estás listo? Qué bueno. El desayuno está en la mesa.- se retiró sin dejarle decir una palabra. La madre de Teo murió cuando él tenía tres años y como su padre estaba lejos debido al trabajo, pidió a su hermana cuidar de Teo durante su ausencia.
Él dejó el libro sobre su escritorio, acomodo una vez más su mochila y se dirigió a la sala. Su tía estaba sentada en la mesa viendo las noticias mientras lo esperaba.
- Buenos días. – dijo Teo.
- Buenos días. Hice algo de café y compre pan dulce. – lo miro. – Te ayudará.
- No tengo… - ella lucía molesta, entonces comió sin protestar.
- ¿Te gustaron las deportivas?
- Sí, son cómodas. Muchas gracias… – dijo algo pensativo. Su tía suspiro.
- Entiendo que estés nervioso. Te irás de viaje solo… bueno con un pokémon. Pero hasta que ambos confíen el uno en el otro tendrás algunas dificultades. Así que por favor cambia esa actitud que me haces poner más nerviosa de lo que ya estoy. – Teo quedo sorprendido.
- Tienes razón. – hizo una pausa. – Ayer el señor de la esquina me dijo que Banette…. – conversaron como cualquier otro día. Se rieron y bromearon hasta que fueron las diez.
- Bueno… será mejor que vayas saliendo. – dijo Sara interrumpiendo la plática. – Te preparé el almuerzo para hoy y compre pan dulce de más para que lleves. – él guardo todo en su mochila. Se levantaron y se dirigieron a la puerta. – No te acompañaré hasta el laboratorio, no queda lejos y lo conoces bastante bien. – su rostro se puso serio. - Recuerda estas tres cosas: uno, los Pokémons atacaran si se sienten amenazados; dos, es mejor viajar en compañía, solo por si acaso; y tres, ten cuidado, el mundo es muy grande y está lleno de sorpresas. – hizo una pausa. - Además… - comenzó a ponerse nerviosa de nuevo. De repente Teo la abrazo.
- Gracias. Tendré cuidado.
- Que tengas buen viaje. – dijo acariciando su cabeza mientras contenía las lágrimas. Ese no era un simple abrazo.
Después de eso, Teo se fue sin decir nada más. Sara se quedo en la puerta viendo como se alejaba y en voz baja dijo: “No te voy a pedir que vuelvas… pero por favor… ten cuidado, mucho cuidado”. Entonces un Banette apareció aferrándose a sus piernas.
- Te sientes igual, ¿cierto? Juntas lo hemos cuidado y ver que se va no es fácil después de todo. Pero descuida, nos volveremos a ver.
-----------------------------------------------------------------------------
El laboratorio de investigación Pokémon de Pueblo Origen era el segundo en toda la región y fue creado dos años atrás. Contaba con un nuevo programa, en vez de entregar iniciales del tipo planta, agua y fuego solo otorgaba Eevee por su versatilidad al evolucionar. De esta manera los entrenadores podían decidir el tipo de su pokémon en el futuro.
Como dijo Sara, Teo conocía muy bien el laboratorio, además de a las personas que trabajan allí. Desde su apertura había estado ayudando al Profesor Vidal y él lo recibió por ser el hijo de su mentor. Aprendió todo lo que pudo sobre los diferentes Pokémons, además de un poco de crianza. Pero hacía una semana que no pasaba por el laboratorio a pedido del profesor. Quería que se concentre en las preparaciones para su viaje y descanse, para luego sorprenderlo con tres Eevees especiales para su elección.
Cuando llego a la instalación, entro como cualquier otro día. Sin embargo el salón de la entrada era un desastre. Libros y papeles dispersos por todo el piso, muebles cortados y paredes rasgadas. Teo llamo al profesor pero nadie contestaba. Llamo a Marcos y a Laura, los ayudantes del profesor, tampoco contestaron. Estaba poniéndose intranquilo cuando algo llamó su atención. Unos pequeños ojos lo observaban. Había una pequeña silueta escondida detrás de una maseta. Se acerco pero ésta salió corriendo para ocultarse detrás de una silla rota. Pudo ver que se trataba de un pequeño Eevee de color gris.
- Con que Fuga… y uno Shiny – exclamo con sorpresa.
Lo vio con más atención y se percato de que estaba acurrucado temblando. Intento acercarse por segunda vez pero dos pequeños Eevees se interpusieron en su camino. Uno de color marrón oscuro y otro más de color gris. Teo se detuvo, pensó un poco, saco la bolsa de pan dulce de su mochila y les ofreció un poco.
- ¿Quieren? Pero por favor no le digan al profesor. – dijo entre risas mientras dejaba la bolsa en el piso.
Los Pokémons lo miraron, se miraron entre ellos, se acercaron con cuidado, lo olfatearon, dieron un primer bocado cauteloso y con gusto siguieron comiendo. Teo estaba feliz de que les haya gustado, pero aún estaba intrigado por el otro. Se agacho y acaricio a los que estaban en frente suyo. No reaccionaron de mala manera, estaban felices comiendo.
- Compartan con su amigo.
Tomaron la bolsa con sus bocas y fueron detrás de la silla. Teo se acercó lentamente mientras los tres comían e intento tocar ésta vez al que se encendía pero nuevamente salió corriendo. Aunque a mitad de camino se dio la vuelta, tomo un pedazo de pan y se fue. Los otros Eevees lo siguieron.
- No me lo hagas tan fácil. – volvió a reírse.
Teo estaba concentrado viendo como los tres Pokémons comían y jugaban juntos. Le recordaron su infancia.