Lo sabes, ¿no lo sabes? Sí, es así. El veneno es mortífero, te embriaga los sentidos, te entumece. A veces no te das cuenta cuando ya se vuelve letal, ciega tus acciones y te impide avanzar; nadie puede anteponerse al veneno, salvo, quizás, un milagro. Y cuando te das cuenta… ya has perdido la conciencia.
• • •
Karla: Ay ay, ¡d-duele! P-pero qué demo… ¡puaj! ¡QUÉ ASCO! — Levanté una mano, estaba toda baboseada al igual que el piso donde había caído. ¡Y agua! Era el culmine de mi mala suerte.
Ante tal escenario trágico, me saqué los guantes sin dudarlo, dejando al descubierto la marca de la maldición en mi mano derecha, cosa que odiaba. Esa incomodidad de baba se sentía repugnante, y que dejara al descubierto aquello que tanto quería evadir con ojos y pensamiento no mejoraba mi humor en lo absoluto. Con un chasquido y el sabor de la furia en la lengua, guardé la vestimenta de cuero en mi bolsa de mensajero.
Dispersando mis alborotados pensamientos, la pokédex se encendió gracias a su modo automático.

[Nv17]
Pokédex: “
Shellos, el pokémon babosa marina. No hay que apretarle muy fuerte, ya que si lo haces segregará un misterioso fluido morado”.
Karla: ¡¿Y ahora me lo dices?! ¡AY! Mi colón.
Me levanté, lloriqueando y todo, aunque fue necesario apoyarme de la pared izquierda, lejos del agua. La estrechez de este pasaje realmente me la ponía difícil. Por si no fuera poco, sentía las piernas como dos hilos, los cuales se desplomarían en ese mismo instante.
Sin dudarlo demasiado, Treecko se puso al frente, en guardia, listo para enfrentar a la babosa de mar. Vi a otra asomarse en el agua, dándome a entender que este podría ser el hábitat de esos pokémon.
Karla: Confío en ti, Hiro. — Hubiera deseado que nuestro primer combate fuera contra un pokémon más pintoresco y cargado de emoción, pero no era el momento de eso. Rápidamente traté de recordar los ataques del geco. — Veamos, tenías algo como… ¿maquinación?
Hiro: «
¿Q-qué es maquinación?». — El pokémon me miró temeroso.
Karla: ¡¿N-no lo sabes?! ¡Y me lo preguntas a mí! A-ahm, veamos, ¡e-eso que haces para sentirte más fuerte! ¡AH! ¡Cuidado ahí!
Shellos formó una bola de lodo en su boca y la disparó contra mi fiel camarada quien la recibió de lleno. Justo en ese momento, pude apreciar que el otro Shellos se acercaba rodeándome por detrás, pero Litwick se acercó para distraerlo.
Kid: «
Está bien, maestra, puedo encargarme de este».
Karla: Te lo encargo. — Le di la espalda. Me dolía hacerlo, pero debía creer en él.
Treecko cerró los ojos, estaba comenzando a preocuparme hasta que se vio rodeado a sí mismo de un aura plateada y brillante. En seguida, la criatura verde se movió a una velocidad considerable contra Shellos para golpearlo con su cola en un giro que le dio impulso. La babosa, herida al fin, resistió con todas sus fuerzas y su cuerpo comenzó a resplandecer.
Karla: ¿Eso es un ataque? — Incrédula como nadie, trataba de adivinar el nombre de ese último movimiento, en vano. — ¡Como sea! No podemos fiarnos, Hiro, ¡ataca con tu megaagotar!
Finalmente, nos estábamos entendiendo. El geco comenzó a absorber la energía de Shellos y eso se veía reflejado en unas bolitas verdes y amontonadas que salían del pokémon contrario en dirección a Treecko, causándole cierta incomodidad a la par que cansancio; sin embargo y a pesar del mal momento, Shellos contraatacó disparando por la boca una onda de agua que dio de lleno en mi camarada, quien alcanzó a cruzar sus brazos para protegerse.
Karla: ¡Ja! No pasa nada, mi Hiro es tipo planta y para las plantas ataques como aquel resultan reconfortarles. ¿A que sí, Hiro? — Demás está decir que se me inflaba el orgullo.
Hiro: «
N-no lo sé, me siento algo mareado…».
Presté atención al tembloroso ser. ¡Estaba confuso! ¿Pero cómo? Se tambaleaba, sí, pero es imposible que un sencillo ataque marino causara eso, ¿o acaso estaba equivocada? Sin perder el tiempo, Shellos atacó con una bola de lodo de la cual Hiro no alcanzó a defenderse. El ataque, pese a su tipo, fue crítico e hizo que el geco verde rodase por el suelo cubierto de fango.
Karla: ¡Hiro! ¡¿Te encuentras bien?!
Hiro: «
T-todo está muy borroso. ¿D-dónde estás, maestra?».
Karla: ¡Ten cuidado, va a atacar de nuevo!
Alcancé a ver como Shellos cargaba otra bomba de basura en su boca. Ya que no podía permitir que mi leal amigo sufriera otro ataque, me abalancé hacia él para ayudarle evadir aquel movimiento tan pegajoso, pero el golpe que me volví a dar contra el suelo lo sentí por todo mi medio cuerpo, no conforme el destino con ello, choqué con la pared de este túnel tan estrecho del Darkrai.
Karla: U-ugh... — Tomé aire, sentí mareos por culpa de tanto movimiento. — V-venga, Hiro, ¡concéntrate! Apunta bien y saldremos de esta, promesa.
El Treecko se vio alarmado ante tal escena, no pudiendo sentirse mejor debido a su confusión. Shellos aprovechó ese momento para arrastrarse hacia a nosotros con las claras intenciones de atacarnos, pero Hiro se despegó de mis brazos y lo apartó con su cola, para finalmente tirarse sobre su oponente y absorber su energía. La babosa se movió de un lado a otro, desesperada cuan fiera indomable, pero eventualmente cayó de lado con un claro cansancio reflejado en sus ojos.
Karla: ¡Eso estuvo genial, Hiro! ¡Eres el mejor! — Giré para ver a Litwick, él no lo estaba pasando mejor, en lo absoluto.
El pokémon velita tenía una extraña capa blanca y gruesa encima, casi como si se hubiese derretido a sí mismo. No entendía muy bien lo que estaba pasando, pero alcanzaba a evadir algunas bombas lodosas y otras tantas las resistía con fuerza, hasta que al fin se rompía lo que parecía ser una ilusión.
Karla: Es como el movimiento substituto de Shiro, pero ¿cuándo aprendió ese truco?
Kid: «
Es una larga historia. Pero no sólo aprendí a defenderme».
Sin titubear, Litwick formó un círculo de fuego con pequeñas llamitas lilas provenientes de la única que emanaba de su cabeza, luego y con un fuerte soplido disparó una bola ígnea que ganó tamaño en su trayectoria e impactó contra Shellos, aunque eso no bastó para debilitarlo del todo.
Karla: Wow, Kid, m-me sorprendes, ouch. — Me puse de pie como pude, aún tenía un poco temblorosas las piernas porque tres golpes en el mismo rato no es algo muy grato que digamos, pero le resté importancia. — ¡Muy bien! Venga, muéstrame que más conoces.
Litwick inhalo aire y la llama de su velita se avivó todavía más, eso dejaba como resultado la cera de su propio cuerpo derretida. Shellos reunió fuerza y emitiendo un grito liberó unas ondas de agua contra Kid, quien no alcanzó a reaccionar a tiempo.
Apunté con la pokédex a ambos pokémon, esperando tener algo de información a cambio.
Karla: ¿Hidropulso? Va, ahora entiendo porque Hiro quedó confuso. Y el ataque de Kid es… ¡armadura ácida! Wow, pero eso no funcionará contra Shellos. — Guardé al aparatito blanco, ya tenía suficiente de lo que quería saber. — ¡Vamos, Kid, ataca con tinieblas!
Aun manteniéndose a flote en el aire, la velita herida hizo brillar sus ojos de rojo y miró directamente a Shellos, quien cerró los suyos propios a la par que se le veía muy dolido por el golpe de su adversario.
Karla: ¡Ahora ve con el mismo ataque de fuego de antes!
Pero Shellos no iba a quedarse ahí como estatua a recibir el ataque así porque sí, de alguna forma u otra hizo que varias bolitas de color naranja le rodearan y fueran contra Litwick, pero el ataque ígneo fue más fuerte y arrasó con el ataque en cuestión de segundos para alcanzar a un herido Shellos.
Karla: (Aún no, Shellos es demasiado resistente a los ataques de fuego). ¡Tinieblas, una vez más!
La babosa relució de un llamativo color verdoso, imagino y aquello era un movimiento defensivo ya que lo vi antes también con el que debía ser un familiar suyo, pero las tinieblas de Litwick no discriminaron en las defensas de su oponente e hicieron que Shellos cayera debilitado, al fin.
Karla: ¡Yaahooo! ¡YAY! Eso ha estado perfecto, chicos, ahora los dos deben descansar. — No les di tiempo para responder, sé que probablemente se preocuparían por mí, pero el problema es que ya había dejado de escuchar el gimoteo de antes y eso me preocupaba.
Guardé a ambos pokémon en sus capsulas y decidí seguir avanzando sola, aunque esta vez con especial cuidado de mirar por donde iba y aún dolida.
Tanto pisadas al correr como respiración agitada podían escucharse en ese recorrido que parecía no conocer fin, hasta que finalmente fui capaz de percibir voces. Junto al eco, se veía a lo lejos una luz; tragué saliva, mi sexto sentido me alarmaba y me apretujaba el corazón, a la vez que una voz en mi interior me decía: “No vayas”, pero yo le ignoraba, vaya que lo hacía.
Me detuve en seco al llegar hasta un centro, un lugar donde varios caminos se encontraban, sin ser precisamente redondo, donde la iluminación provenía de unas lámparas verdosas y malgastadas que colgaban del techo a distintas alturas. Finalmente, el agua corría por unos canales rodeando dicho centro. Me sentía como si estuviera en alguna especie de ritual místico o un montaje para una película, pero este lugar seguía siendo un alcantarillado en toda regla… ¿cierto?
Al mismo centro, una niña que debía tener un poco más de diez años chillaba. Sí, chillaba, su voz me pareció aguda. Era de pequeña estatura, de preciosos ojos que recordaban a las aguamarinas, cuan valle encantado dado a que parecían contener magia. Su cabellera larga y rubia, aunque opaca por la luz, estaba toda desordenada, así como su ropa. Lo deduje en ese instante, la pequeña debía ser la que estaba buscando. ¿Cómo era que se llamaba? ¿Cami? ¿Sara? ¿Anna? ¡Bah, lo recordaría más tarde! Lo que realmente me llamó la atención fue el pokémon al que estaba pegada, todo herido y magullado, con una respiración que rozaba lo peligrosa y letal. Esa vista resultaba alarmante.

[Nv¿?]
Pokédex:
Milotic, el pokémon especie tierno. De Milotic se dice que es el Pokémon más bello. Tiene la capacidad de calmar sentimientos tales como el miedo y la hostilidad, así como apaciguar las relaciones de áspera enemistad.
Karla: (¡¿Cómo es eso?! ¡Mi Yuki no está calificada como tierna! Y yo no le veo ternura por ningún lado a una serpiente intento de sirena).
Y como si mis ridículos pensamientos hubiesen sido palabras reales, logré captar la atención de algo. Algo porque el puñetazo electrizante que recibí por la espalda no me permitió distinguir si fue un pokémon o un robot el perpetrador de ese golpe. En aquel instante sólo pude atinar a preguntarme cuándo fue que esa cosa se posicionó detrás de mí, o, para empezar, si siempre estuvo escondida y fui yo quien no le notó.
De nuevo contra el suelo, pero esta vez la capsula del huevo se desprendió de mi bolsa por el golpe y rodó con contenido incluido. Al girarme a ver, di con un pokémon gigantesco cuya mirada expresaba frialdad; tosca, recia… como si algo o alguien le hubiese desprovisto de sus emociones.

[Nv¿?]
Karla: ¡¿Q-q-qu.…?! — Tosí fuerte. El por qué semejante ataque no me dejó inconsciente es un misterio, aunque lo cierto es que me inspiraba a dejar los combates… no tenía idea de que doliesen tanto. Y aun así, podía apostar porque ese titán se midió; un puño trueno sin duda te dejaría en peores condiciones.
Pokédex:
Aggron, el pokémon coraza férrea. Aggron es increíblemente cuidadoso con su hábitat. Si su montaña sufre algún corrimiento de tierras o algún incendio, cargará con tierra nueva, plantará y restaurará con cuidado el terreno.
Era enorme, más de lo que podría detallar la pokédex si se lo hubiese pedido, fácilmente podría cumplir con su descripción.
A pesar de que viví para contarlo, sentía como la espalda ardía. Pequeñas chispas se propagaban por mi cuerpo para neutralizarse al contacto con el suelo. Tragué saliva, ¿y ahora qué? Un aplauso cargado en sarcasmo me dio la respuesta, junto a un hombre de unas pintas vagamente familiares.
¿?: ¡Nada mal! ¿Tenemos una invitada?
Le presté atención. Joven, de pelo llegándole hasta los hombros y negro, ojos color carbón. Algo que me llamó la atención fue un dibujo en su rostro, como una runa que le cubría toda la parte izquierda. Por otro lado, en su atuendo predominaba el morado… ¿y cómo no? Más negro, faltaba poco más para sugerir que su alma era de la misma tonalidad. Vestía una extraña especie de capucha-capa, por debajo alcanzaba a distinguirse un cinturón con varias pokéball ilegales. En su hombro, un pokémon se mostraba severo, en contraste con la imagen que realmente debía dar.

[Nivel 20]
Pokédex:
Foongus, el pokémon hongo. Gracias a su misterioso parecido a una Poké Ball, atrae a sus presas y lanza rápidamente esporas de veneno.
Si hubiera sabido que ese hongo era tan peligroso, ni se me hubiera ocurrido mirarle desafiante. El pokémon dirigió sus diminutos ojos negros hacia los míos, como queriendo buscar batalla, pero antes de que pudiera responderle el muy desgraciado sujeto me pilló por sorpresa, dándome una patada con potencia por el costado, como quien patea una pelota de goma. Terminé rodando por el suelo, naturalmente.
Karla: ¡¿Y a ti qué--?!
¿?: Si no te callas, la siguiente va a tu boca. Me importa una mierda si te parto los dientes. — Con esa voz tajante, no me dio tiempo a reaccionar, pues además puso un pie sobre mi espalda tras recoger la capsula del huevo, haciendo presión justo donde dolía y no podía evitar gruñir. — ¿De qué es este huevo? — Me observó despectivamente, pero sus ojos cambiaron de expresión para dar hincapié a un asombro fingido. — ¡Claro! ¡Me quieres tomar el pelo! ¿Tú, una doma dragones? Seguro esa rata de Elliot te pidió ayuda, ¿estoy equivocado? — Carcajeó fuertemente, el eco de la risotada resonó por todo el centro.
¿?: ¡Shinoa, rayo hielo!
Antes de que la sangre pudiera hervirme por su provocación, la serpiente marina juntó energía en su boca para dispararla contra el tipo, quien ni se molestó en girar a ver. En ese momento, Foongus dio un brinco y se rodeó a sí mismo con una barrera transparente que logró repeler el poder de ese ataque dirigido hacia su entrenador.
¿?: ¡Ah! ¡AH! ¡Al fin hablarás! Veo que nos estamos entendiendo. — Con una sonrisa, chasqueó los dedos de su diestra y eso fue una señal para Aggron.
La mole de acero se movió hasta donde estaba la cría, alzando uno de sus diminutos puños en lo que presumía y sería un golpe demoledor. La pequeña no pudo evitarlo, decidió no ver… vista bien, su aspecto era lamentable, ropas sucias, las manos moradas; este tipo no tenía corazón, debí haberle hecho caso a…
¿?: ¡SHINOA! — Gritó la niña, lo que me hizo abrir los ojos que había cerrado en reflejo por el terror.
El gruñido de la Milotic inundó el sitio. Recibió todo el impacto del golpe así como su electricidad y ya se podía ver un fluido carmesí salir de entre sus escamas. Aquel pokémon ya no daba más para un combate, pero estaba llegando a los límites de lo tolerable, como siguiera en ese estado ella masticaría la pena de la muerte.
No conforme con ese ataque, el Aggron estaba dispuesto a proseguir. Una y otra vez, una y otra, y otra, y…
Karla: ¡YA PARA! ¡¿No lo ves?! ¡La vas a matar! — Exclamé, alarmada. Alarmada y aún pisoteada.
Nunca antes me había sentido tan impotente, tan débil e inútil. Si sacaba a uno de mis compañeros, podría distraer a ese enorme titán de acero, pero ¿qué sería de ellos? Quizás era lento, sí, pero letal. Y por alguna razón, recordé sus palabras:
“
No arriesgues a los tuyos”.
[…]
Un dolor agudo me invadió todo el hemisferio derecho de mi cabeza, era como si alguien hubiese hecho estallar algo grave en ella. Luego le prosiguió esa sensación de pálpito, con el leve toque de una anestesia inexistente. Cerré el ojo de ese lado porque tenía miedo de ver; no, es más acertado decir que tenía miedo de ya no poder ver. No dejándome recuperar el aliento, otra patada voló hacia mi costado, luego otra en el mismo lado. Tosí fuertemente ante la falta de aire, me sentí entumecida, inmóvil, con un nudo en la garganta. Las lágrimas se arrastraron por la mejilla que aún sentía sana, el dolor me llevaba a hacerlo.
¿?: ¿Has escuchado este dicho: “quién avisa no es traidor”? — Espetó ese monstruo.
Karla: T-tú… — Y no sé cómo yo me las arreglaba para responder.
¿?: ¡JA! — El tipo se volvió a acercar, tomó de mi pelo sin cuidado y, con una fuerza que resultaba tanto espeluznante como ficticia, me miró directo a los ojos alzándome en el aire. No alcancé a notar ni un rastro de misericordia en él. — ¿Ya estás llorando?— Esa voz, esa maldita voz. — Hmm… la mocosa se niega a hablar. Está mejor preparada para morir que tú, chiste e intento de entrenadora. — Llevó una de sus manos a mi rostro, deslizándose hacia hasta el cuello en un movimiento que daba miedo.
Karla: D-déjame… p-por… f-favor. — Titubeé. Debía verme lamentable.
¿?: ¡Jackal, tremendo idiota, déjala en paz! — Al fin alguien revelaba la identidad del otro. La voz de la niña era fuerte y tenía valor, un valor inexistente en mí. — ¡Te daré lo que quieres!
Jackal: ¡AH! — De nuevo ese asombro fingido. Lo detestaba. — Vale, mocosa. Ya basta de juegos, escúpelo todo; o iré y mataré al inútil e imbécil de tu hermano.
Me soltó, casi que azotándome. Ya había perdido la cuenta de cuántas veces me estrellé contra el frío cemento.
¿?: ¡Y-yo no soy una mocosa, i-idiota…! S-soy… Zan. ¡G-guardiana de D-draco City! — Se presentó, con un valor que no tiene precio. — ¡N-n-no d-dejaré que le hagas daño a nadie más! ¡N-ni a Shinoa! ¡Ni a ella! — Dio un paso adelante, temblaba de arriba a abajo. — ¡Y SI INSULTAS A MI HERMANO DE NUEVO, TE MATARÉ!
Apenas podía escucharla, ver su inmensa gloria en ese cuerpo tan pequeño.
Jackal: Sí, sí, como sea. ¿Abrirás la boca de una vez? — Tan aburrido y tan apático, tanto que daba asco. La amenaza le había rebotado.
Zan: Y-yo… lo siento, Eliot. — La vi al borde de llorar.
Y entonces me dije a mí misma que aquello no lo podía permitir. “¡Suficiente de descansar en el suelo! ¡Tienes miedo! ¡¿Pero de qué tienes tanto miedo?! Si de todas formas… ¡NO! ¡Lo haré! ¡Debo hacerlo! Han confiado en mí, no puedo fallarles”. Me puse de pie sólo para ver que mi cuerpo no paraba de temblar y el más leve movimiento hacía que todo doliese como mil infiernos. Estaba peor que… no, mejor no hacer esa comparación; pero ni el agua ni los golpes ayudaban demasiado. Mis propios brazos me rodeaban a mí misma.
Jackal: ¿Saben que es lo gracioso de todo esto? — Habló inesperadamente, parece que, por el momento, me dejaría vivir. — Que tú, sí tú, la recién llegada, de todos modos ya estás acabada.
No podía sorprenderme, ya no daba más de pie. En cualquier segundo me desplomaba… espera, ¿acaso eso significaba que estaba en parálisis o algo así?
Jackal: Esa marca es una bonita maldición. ¡Mira! Se parece a la mía, ¿a qué sí? — Y señaló a su rostro. Lo que creía y era un tatuaje, en realidad se trataba de otra maldición. — A mí no me engañas, pude sentirte a kilómetros. Desprendes el podrido olor a la muerte, igual que yo. — Esa sonrisa en su rostro era peor que cualquiera que hubiese visto antes en mi vida.
De nuevo chasqueó los dedos, pero esta vez el Foongus fue quien saltó en posición de ataque.
Jackal: Me das pena y ya me aburrí. — Comentó en la medida que iba ganando distancia. — Pero encontrar desgraciados no es algo que suceda todos los días. Venga, ¡vamos a celebrar este muy emotivo encuentro entre iguales! Entretenme un rato y te perdono la vida.
Hablar de la vida de esa forma me ponía de los nervios. ¿En serio se creía este bastardo que tenía mi cuello en sus manos? Lastimosamente, no podía demostrar lo contrario. Y no ayudando, me hacía temblar el sólo darme cuenta que uno de mis oídos no atinaba a escuchar, más bien se escuchaba un pitido.
Como me hubiera rotó un tímpano, yo...
Karla: N-no lo haré… ¡s-sé lo que harás! — Aun así, ¿por qué me había puesto de pie?
Jackal: Entonces ve y púdrete de una vez. — Dijo, con una expresión de aburrimiento total.
Para Foongus, las palabras del monstruo fueron como una señal. El hongo dio un salto y respiró hondo, sólo para liberar por su boca no aire, pero sí unas semillas de su mismo porte en mi dirección. No me sentía preparada para lo peor, ni si quiera pude hacerme a un lado, estaba de pie totalmente paralizada. Más tarde me lo reprocharía, empero en ese mismo instante le debí la vida a uno de mis compañeros.
Las semillas verdes colisionaron con una bola ensombrecida, creando una leve explosión. Parado en dos patas, el autor de la bola sombra se erguía con orgullo, con una mirada afilada por el odio y una cola que iba de un lado a otro en vaivén. Podía sentirlo, Purrloin estaba molesto.
Karla: ¡C-cronos! — Lloraría, pero lo haría por la felicidad de que él estuviera ahí, listo y determinado para protegerme, pese a no haberlo llamado.
Cronos: «
¡No hables! No gastes aliento». — Su voz resonó.
Una voz infantil y traviesa. Cronos era un bromista por excelencia, pero ahora se le notaba serio. De entre todos mis pokémon, no imaginé que él saldría por su cuenta. ¿Esto estaba predestinado? Me sentía afortunada de tenerlo a mi lado, como uno más de mis camaradas.
Karla: G-gato loco. — Me mordí el labio, eso me ayudaría a mantenerme despierta. — No quería meterlos en problemas. — Aquello no fue más que mi pensamiento, ya no era capaz de hablar.
Jackal: ¿Tú también escuchas eso? — Alzó ambas manos, con un brillo en los ojos. — ¡Ya lo escucharás! ¡El sonido de sus huesos al romperse uno por uno! ¡CRACK, CRACK!
Las instrucciones no fueron del todo necesarias.
Cronos se lanzó hacia su oponente afilando ambas garras, para arremeter contra él una y otra vez; al hongo le bastó cruzar sus bracitos para poder evadir los golpes consecutivos, pero se veía en su expresión la molestia que le significaba su oponente. Foongus no se iba a dejar intimidar, no tan pronto; dio un salto para respirar y, justo cuando creí que las semillas saldrían por su boca, lo hizo una escarcha lila.
Karla: ¡Atrás! — Alcancé a gritar.
Jackal: Ja. — Bufó el monstruo.
Para el gato aquello no le significó problema, el ser sagaz era su especialidad, pero el auténtico problema llegó después. La diminuta criatura blanca lanzó varias semillas que parecían explosiones contra el suelo, Cronos se las arregló para evadir unas cuantas, pero se lanzó a recibir de lleno las que fueron en mi dirección.
Karla: ¡C-cronos!
Traté de acercarme con lo que restaba de mis fuerzas, ah, mas está demás decir que fue en vano.
Cronos: «
¡Atrás!».
En lugar de expresar su dolor, ese bípedo ser dio un salto para cargar y lanzar otra bola sombra. Estaba boquiabierta, debía de estarlo, ¿no? Ese Foongus era más rápido de lo que imaginé, pues evadió sin mucho esfuerzo para acercarse hasta el Purrloin y persistir con su polvo veneno. Por desgracia, esta vez Cronos respiró de esa cosa.
Karla: ¡No! — Me sentía incapaz de ver.
Pero Cronos no quería darse por vencido, estaba dispuesto a mostrar todo su potencial. Una de sus almohadillas delanteras reunió poder, poder representado en una esfera blanca y brillante. Al liberar el susodicho poder, salió el mismo ataque de Litwick: unas llamas pequeñas que formaron un círculo, que le permitirían soplar a través de él una candente llama esférica.
Karla: (¿Eso es ayuda?) — No era la primera vez que lo utilizaba, mas sí era la primera vez que un movimiento era tan convencional.
Foongus resultó ser más astuto de lo que pensamos, pues en lugar de cruzarse de brazos, de nuevo invocó esa barrera verdosa que le protegió de un daño seguro.
Karla: ¡E-eres más fuerte… que eso!
Cronos volvió a soplar el mismo ataque, esta vez rompiendo la barrera y dándole de lleno al pokémon que pretendía ser un objeto. El hongo rodó, pero no se dejó caer, no, ¡ya lo hubiera deseado! Porque lo siguiente fue atroz. Foongus nos mostró su último as: un soplido que contenía un movimiento similar al tóxico, pero más letal a juzgar por su tamaño; éste ataque alcanzó a un agotado Cronos, quien, al recibirlo, chilló y cayó de rodillas al suelo, sosteniéndose apenas con las patas delanteras.
Jackal: ¡CRACK! ¡Un hueso derritiéndose! — Exclamó, desde donde se encontraba.
Karla: ¡¿Q-qué le has hecho a Cronos?! ¡E-ese ataque no es normal!
Fui al encuentro de mi amigo, quien tenía problemas para respirar. Le sostuve entre mis brazos, ignorando que apenas era capaz de percibir su pelaje. ¿Le costaba respirar? Lo abracé con fuerza, sintiéndome incapaz de poder hacer algo por él.
Jackal: No te alteres. — Este tipo se llevó una mano al rostro, algo decepcionado por lo que había hecho. — ¿Y para qué explicártelo? Si de todas formas, no necesito dejar ir a los imbéciles que han visto mi rostro.
Zan: ¡Ataca ahora! — Miré la fuente de esa voz, me había olvidado completamente de Zan. La niña se había movido de lugar. — ¡Eso debe ser carga tóxica! Pero… yo sé lo que hacen ustedes. ¡Nunca juegan limpio! Eso… eso debe ser más que sólo veneno, algo mortífero.
Jackal: ¡Ah! ¡Estúpida mocosa! Me había olvidado de ti.
Aproveché ese instante para sostener una de mis pokeball al azar. Normalmente sabría dónde están cada una, en qué orden fueron dejadas, e incluso el tacto me sería de ayuda; pero esta vez no presté atención a los detalles, decidí creer en Zan a como de lugar, era mi única esperanza.
Karla: ¡Por favor, ayúdanos a salir de esta!
De la pokeball… no, de la superball salió Kurai, el Scyther, con sus dos guadañas que tenía por manos listo para derrotar a quien tuviera la osadía de desafiarle. La mantis se vio molesta, parece que aún le dolían las mordidas ponzoñosas de antes, pero se mantenía en pie tan gallardo como Cronos.
Al ver a su rival, Foongus se abalanzó de nuevo con su polvo veneno, pero Scyther fue rápido, demasiado. Se posicionó en frente del pokémon planta con su ataque rápido y le golpeó en el estómago con el costado de sus guadañas impidiendo que liberase su trampa. Pero esto no acaba ahí. Kurai no iba a dejar que su oponente recuperase el aliento, eso era raro en él; por lo general, no se mostraba tan despiadado. En seguida, le golpeó con la otra cuchilla para tirarlo lejos, más bien, al agua que nos rodeaba.
Jackal: Jaja… jajajajaja. — ¿Y a este que le pasaba? Comenzó a reírse de la nada. — ¡Increíble! Tu pokémon quiere cortarme la cabeza, pero no puede.
Kurai, ¿cortarle la cabeza a alguien? ¡No era así de brutal! Antipático, de pocos amigos, cortante, desobediente… pero nunca un sádico a esos niveles.
La mantis entendió ese comentario y fue a atacar a Jackal. No pude gritarle que se detuviera, aún me ardía el cuerpo por todos los golpes y patadas de antes, y el agua entumía toda esa sensación. En realidad, no deseaba salvar a ese sujeto…
… Realmente no lo deseaba.
Por quien realmente temía era por mi camarada, quien ya estaba listo para usar una de sus guadañas. Jackal vio venir ese movimiento y retrocedió, para acto seguido sacar un arma de fuego y disparar.
Karla: ¡KURAI!
Todo pasó demasiado lento, pero mis ojos me permitieron ver como el insecto evadía esa jugada sucia, apenas sintiendo el roce de una bala que se estrelló contra el muro del sitio fúnebre.
Todo lo que había ficho Jackal, todo, sin excepción, era la santa verdad.
Me apuré para regresar tanto a Kurai como a Cronos a sus pokeball, el primero se mostraba reacio ante la idea e intentó evadir el destello, así que tuve que rogarle para que lo hiciera; y ni bien lo tuve contenido, mis dedos temblaban al mandarlo de vuelta al laboratorio en Heart Town con la Pokédex. Muy de milagro, logré contener al Scyther en su refugio, ahí, donde estaría seguro de las locuras del monstruo.
Jackal: Caíste, pero te lo agradezco. Pasó mucho tiempo desde que me divertí de esta forma. — Volvía a reírse, risa que persistió hasta que guardó su arma. — Jaja… digo, ¿en serio creíste que perdería de vista a la mocosa? — El cinismo de su voz era incomparable, mientras que una de las manos se iba hasta su cicatriz.
Ya no tenía energías para responderle. Me invadía una sensación aguda de dolor, de por sí era una hazaña que estuviese consiente. Apenas fui capaz de escuchar alguna de sus palabras, mientras todo se ponía borroso.
Jackal: …Tengo lo que quería.
¡No! ¡No podía desmayarme ahora! Giré a ver a qué se refería y eso ya era brutal por donde se viera. La entidad conocida como Aggron sostenía entre sus garras la cola de una Milotic mal herida, si es que ya no había dado su último suspiro. Ambos estaban mojados de cola a cabeza.
Escuché el estruendoso grito de Zan, quien corrió con lágrimas hasta el pokémon de acero, el cual sólo tiró a una maltrecha serpiente marina contra la niña, sin misericordia alguna, dejándolas a ambas en el suelo en el proceso.
Karla: Zan… — Cerré mis ojos, aceptando que este sería el fin.
Un diminuto destello verde me obligó a abrirlos de nuevo. Jackal sostenía en sus manos lo que parecía ser un cubo verde, del mismo tamaño que la palma de su mano, pareciendo contener un fluido del mismo color. Las aristas sobresalían, las vértices, en cambio, se veían robustas… a la par que frágiles, por lo finas; y no nos olvidemos de las caras, en ellas, el dibujo que buscaba en los libros se encontraba grabado con el mismo color.
Me costó atar los cabos estando en tan lamentable situación, pero lo logré. Mientras peleábamos, Milotic fue a buscar aquello que se escondía en el agua, tal como me lo había dicho Kid, “el tesoro” que debía encontrar; sin embargo, nos olvidamos completamente del Aggron, quien no perdió el tiempo observando un combate cuyo resultado, probablemente, ya estaba predicho desde un principio. No sé si tal bestia conozca sobre natación, pero como fuese, se las arregló para quitarle esa cosa a Milotic.
Jackal: De ti ya se encargará la maldición. — Susurró Jackal, en la medida que se acercaba y se inclinaba levemente para ponerse cara a cara contra mí. — No la fastidies antes. — ¡Esa sonrisa! Esa sonrisa… de la que era incapaz de ver nada bueno, se mostraba de nuevo.
El monstruo tomó la capsula del huevo y se subió sobre el lomo de Aggron, mientras que Foongus salía del agua y saltaba sobre su capa. Ese grupo estaba huyendo por la salida oeste del centro.
Mi vista se apagó en ese instante.
[…]
Zan: ¡Shinoa, Shinoa! ¡Resiste ahí! — Lloriqueo, santo lloriqueo.
Ahhh, no puedo creer que en serio fuese tan débil. Ella debía tener al menos unos seis años menos que yo, unos diez u once, sin ir más lejos. No se rendía, parece que aún escuchaba a su amiga caída, y le instaba a volverse a levantar. ¿Yo? No pude hacer más que observar, sin poder levantarme.
De pronto recordé el nombre de Elliot, ¿así se llamaría el pseudo ángel de antes? Me las arreglé para pararme y moverme hasta la que presumía y sería su hermana menor.
Karla: E-está bien, Zan, E-elliot… nunca te abandonó. Ni nunca te culparía. — Le acaricié la cabeza. No tenía idea de cómo podía estar segura, y sin embargo: lo estaba. — ¿Puedes guardar a Shinoa?
Zan: ¡R-resiste! — Me abrazó con fuerza, como quien abraza a una moribunda en agonía. Un gesto tan cálido como aquel también dolía. — S-sí, puedo.
Karla: Perfecto. Nos vamos. — Debí haberlo hecho si tenía la oportunidad de hacerlo antes, si no me arriesgué fue porque tenía miedo de herirle. No sé porque, pero pensé que arriesgar a Pidgeot contra el Aggron o Jackal sería una mala idea, por suerte, no estaba tan equivocada; como le alcanzara una bala, incluso si era un pokémon, si ésta le daba en una de sus alas entonces jamás me lo perdonaría. — (Por lo que más quieras… por favor, ¡ayúdanos!).
Lancé al aire la pokeball de un fornido pájaro, quien se reveló con la misma elegancia de nuestro primer encuentro. Las plumas volaban y las luces se posaban en su figura alada con la delicadeza de una niña serena. Vestía equipamiento que nos facilitaría el poder montarlo, o al menos sostenernos.

[Nivel 44]
Karla: ¡Por favor, llévanos afuera! — Le supliqué, a lo que el ave asintió con el pecho inflado. En su mirada, se veía un cierto dejo de dolor por mí, lo intuí en cuando acercó su cabeza para chocarla con la mía. — Está… todo en orden, debemos ir con Elliot.
Zan guardó a la Milotic en su pokeball, lo que me hacía preguntarme que tan valioso sería ese tesoro como para no haber actuado de esa forma antes. ¿Qué tanto contendría esa caja? ¡¿Por qué existía algo que sólo podía ser peligroso?! Apreté los dientes y ayudé a Zan a subirse en Pidgeot, quien se inclinó para facilitar nuestras intenciones. Luego, ella me dio una mano para subirme, pero ya no daba más, en serio, sentía como si fuese a dormir y no despertar jamás. Mi cuerpo apenas reaccionaba, todo lacio y flojo.
Zan: ¡No te rindas! — Me dijo, ayudándome con más fuerza a subir en Pidgeot, hasta lograrlo. — ¡Vamos, aún tenemos una oportunidad!
No supe cómo responderle. Lo siguiente fue el viento acariciando mi rostro y un vuelo que me dio mareos. El ave era rápida y altiva, su elegancia no le hacía justicia a la violencia con la que movía las alas para alcanzar a Jackal, a quien pudimos ver en la distancia.
A pesar de la lejanía, él se percató en seguida de lo que intentábamos hacer.
Jackal: ¡Y una mierda! ¡Como si te fuera a dejar hacerlo!
Esa mole pegó un fuerte rugido que hizo retumbar el estrecho pasadizo, para en seguida voltear y aventar un fuerte puñetazo eléctrico hacia Pidgeot. El ser emplumado pudo evadir en medio del vuelo, pero le costaba moverse debido a mi peso sumado al de la cría, por lo que algunas chispas le rozaron su parte delantera. Sólo mantenerse en altura debía suponerle un enorme sacrificio.
Zan: ¡Onda Ígnea!
Pidgeot batió sus alas, de las que salieron varias ondas bañadas de una tonalidad rojiza; como consecuencia, el Aggron disminuyó la velocidad de sus gestos al cruzarse de brazos, casi como si el acero que lo revestía se viese derretido ante el sorpresivo ataque de fuego. En eso, nuestro aliado intentó acercarnos a Jackal.
Zan: ¡Danos esas cosas, no te pertenecen!
Jackal: ¡Déjame en paz, estúpida mocosa mal nacida!
Agarré la ropa de Zan con una mano para impedir que se cayese del lomo de Pidgeot, puesto que ella se quedó forcejeando con el monstruo, mi otra mano, en tanto, se sostenía de la cuerda de la montura. En algún momento la infante fue capaz de quitarle al maleante esa capsula con el huevo, pero eso fue todo. Con una patada directa al estómago, Jackal se deshizo de su atacante y Pidgeot decidió que lo más sano sería ganar distancia, pues el Aggron preparó otro golpe que evadió por poco y fue a parar contra las paredes, remeciendo el pasadizo subterráneo.
Karla: ¡Zan! — Le sujetaba con fuerza, sentía que mis dedos se iban a romper.
Zan: ¡N-no! ¡D-devuélvete, por favor! ¡A-aún…! — Sus ojos, sollozantes y suplicantes, me hacían sostenerla con todavía más firmeza que antes; eso teniendo en cuenta que Pidgeot mantenía su ritmo.
Karla: ¡ZAN! — Repetí, zarandeándola levemente, pues no podía hacerlo con más fuerza. — ¡Está bien, cálmate! Este huevo ahora está contigo, nacerá y crecerá fuerte, en lugar de hacerlo con alguien quien, probablemente, lo usaría para los mismos propósitos que ese Aggron.
Tomé algo de aire, me estaba sobreexigiendo demasiado.
Zan: P-pero… e-ese tesoro… no lo entiendes. — Un destello como un cristal bajó por sus mejillas, denotando su tristeza. — L-lo es todo para nuestra ciudad.
Karla: Ya lo recuperaremos. — Insistí, esta vez limpiándole las lágrimas.
Mientras intentaba consolar a la de pelo rubio, Aggron pisoteó el concreto a sus pies con vigor, haciendo resonar un rugido seco. El movimiento sísmico provocó que fragmentos de concreto comenzasen a caerse del techo, y con ello pedazos del techo mismo. Y si no fuera por Pidgeot, las grietas del suelos nos hubieran apresada a ambas, Zan y yo, sin cuidado, volviéndonos la presa fácil de ese nefasto ataque.
Lejos, visualicé el cómo el pokémon de acero se materializaba en un rayo rojo, dándome el indicio de que volvía a su refugio. Ese monstruo sádico tomó la decisión de irse volando en otro pájaro, mientras que el de plumas marrones hacía un esfuerzo por evadir el desprendimiento parcial del alcantarillado.
Karla: Ugh...
Se me cerraban los ojos, la molestia del polvo empeoraba mi condición. Al percatarse, mi estado actual obligó a Pidgeot a reducir levemente su velocidad, en tanto, también sentí como Zan me sostenía, pero sus débiles y flacos dedos no podían con alguien de mi tamaño.
Zan: Por favor, ¡sólo un poco…!
No le escuché, no pude hacerlo, dado a que el sonido de un estallido me nubló el sentido del oído por una fracción de segundos. No, no fueron alucinaciones, porque la rubia se vio sorprendida y pálida.
Zan: ¿Q-qué ha sido…?
Karla: Agua…
Apunto de cerrarse, mi pupila izquierda fue capaz de ver la esperanza en la forma de una tenue luz a la distancia. La gruesa textura de la cuerda me permitió sostenerme con fuerza para la siguiente jugada de Pidgeot, quien comenzó a ir a una velocidad alarmante por entre el peligro… pronto entendí que, sin lugar a dudas, su comportamiento se debía a la repentina aparición de un poderoso torrente de agua descendiendo hacia nosotros. Nos aproximábamos a la salida, pero no cualquier salida, porque esta había sido creada para servir al único propósito de escape. Sólo podía pensar que se conectaba a uno de los canales de agua y que la explosión de antes fue lo que originó la apertura.
Tuve que tomar una gran bocanada de aire para el acto final.
El cristalino manto de líquido casi me ahoga, de hecho, respirar un poco de esa agua se sintió como un golpe bajo para mis pulmones, los que en seguida trataban de recobrar el aire. Por si fuera poco, Zan también trataba de hacerme “volver”, agitándome con sus manos mientras que dejaba la capsula del huevo colgando de la montura del ave. Lo malo es que no recuerdo qué fue lo que me dijo, pero sí la recuerdo desesperada.
Cuando me fregué los ojos, más entumida que nunca, fui testigo de que la niebla negra aún teñía el cielo, recordándome a los eventos en el lago. Salimos en un sector de la ciudad donde se encontraba una fuente con agua, Lo solitario, ese escenario que no se inmutaba por el aire contaminado, seguía del mismo modo que antes… salvo por una diferencia.
Karla: ¡¿P-pero qué…?! — Atiné a decir, cubriéndome con un brazo.
Una estrella de fuego venía en nuestra dirección. Pidgeot se hizo a un lado al batir sus alas en un rápido acto reflejo, con una jugada tan brusca que solté la cuerda y perdí el equilibrio con ello.
Caía en picada contra el suelo, de espalda. Mis manos extendidas suplicaban por alcanzar la esperanza una vez más, pero estaba tan asustada, con el corazón saltando tan fuerte, que mi sentido de la vista se nubló.
Ese fue el primer instante en el que saboreé la muerte. No cuando recibí una patada en el rostro, ni cuando la bala desperdiciada pudo darme directo en uno de los órganos; no, ese fue el primer momento.
…
¿Realmente fue el primero? Me cuestioné.
«
¡Sostente fuerte!»
Me dijo una voz. Atendí a ese llamado y apreté las manos, sólo para darme cuenta que sostenía una de las patas de Pidgeot. A pocos metros de una calle aleatoria con dos faroles y un banquillo, además de los edificios; el ave logró salvarme al ofrecerme su extremidad, pero el agarre era débil lo que llevó a que el milagro no durase demasiado.
Era pronto para ir de cara contra el infierno, eso seguro.
¿?: ¡Te tengo! — Dijo otra voz, vagamente conocida.
Cuando caí me tomé un respiro de hacerlo de una forma dura, pues ahora era Elliot quien me sostenía entre sus brazos. Debía de estar hecha pedazos, si es que no me colgaba uno de mis ojos. Pero le alcanzaba a ver, esa amable sonrisa que me convenció de ir por toda esa tortura… no, lo apostaría, él no pensó que algo así pasaría; en su mirada podía notar que cargaba el pesar de esa responsabilidad. Y aun así, era incapaz de culparle por nada, en el fondo nadie me obligó a ir.
Karla: He… f-falla... — Para mí, esas palabras, así como esa visión, eran borrosas.
Elliot: No, no es verdad. Observa bien.
Apuntó al cielo, a lo que yo seguí ese gesto, con temblores en todo mi cuerpo. Y ahí lo vimos: a unos diez metros sobre tierra firme, un ave anaranjada bailaba sin ninguna elegancia, con plumas blancas y algunas hasta carbonizadas. Se veía aterrador, con la mirada como la de un halcón y con una de sus patas siendo sostenida por Jackal, quien llevaba su capucha protegiéndole la identidad.

[Nivel 37]
Pokédex: "
Talonflame, el pokémon flamígero. Si se exalta durante un combate reñido, arroja chispas y ascuas de los intersticios entre su plumaje mientras vuela".
Jackal: ¡¿Creen que me tienen arrinconado?! ¡Ya quisieran! — Vociferó. Esta vez su enojo iba en serio.
¿Arrinconado? Cinco siluetas ganaban forma en el aire, entre ellas un pájaro negro al que ya reconocía: Honchkrow; pero a los demás no fui capaz de identificarlos y estaba muy lejos como para que la Pokédex me diera la respuesta. Entre las cinco, formaban un círculo que rodeaba a Jackal, quien claramente había tratado de derribarme con esa llamarada.
Elliot: ¡Devuelve esa llave, Jackal, no te pertenece!
Exageraría al decir que la voz del joven de gabardina negra hirió mis tímpanos dada la cercanía, pero es tal cual lo recuerdo. Así como el agarre con el que me sostenía. Fue raro verle enojado.
Jackal: ¿Te refieres a esta llave, eh? — Era como si la furia hubiese sido amenguada.
Con una sonrisa cargada en la soberbia, Jackal nos enseñó el artefacto que estábamos buscando. Era el mismo cubo de antes, pero al mismo lo apretó con fuerzas, como si fuera un vaso de vidrio al que pretendía romper con las manos desnudas. Y al lograrlo no fueron fragmentos los que resultaron de ese gesto, sino más bien un objeto, el cual brillaba con el esplendor de mil soles, empero la cornalina que la decoraba se veía raramente apagada. Sí, tal cual lo mencionó Elliot, ese tesoro era una simple llave.
¿?: ¡Dragoaliento! — Ordenó alguien en la lejanía.
Llamas anaranjadas, pero extrañamente en espiral, se dirigieron hacía el Talonflame, así como un tornado y una bola sombra. Foongus dio un salto de su capa para pretender protegerlo con su pantalla verde, pero al estar ya debilitado no podría con semejante reto; no había que ser inteligente para adivinarlo… pero sí resultó.
Jackal: Es más increíble de lo que imaginé. — Sostenía la llave con el puño entero, aun colgando de su propio pokémon. — Mira que proteger a tu portador, aunque este sea un bastardo al que todos se quieren cargar.
¿Qué era esto? Ya no era yo, pero sentía un temblor. Traté de ver a los ojos de Elliot, viendo el terror personificado.
Karla: ¿E-elliot?
No me respondió, en su lugar, escuché la voz de alguien a quien conocía.
Albert: ¡Hey tú, sí, tú! ¡El loco exhibicionista y sádico! — El castaño también se sostenía de su compañero para poder volar, la diferencia radicaba en que Honchkrow se veía lastimado. — ¡¿Qué… q-qué le has hecho?!
Karla: Ugh… (¿A quién?).
Jackal: ¡Tenemos a un voluntario! — Alzó su voz, haciendo de cuenta que no escuchó a Albert. — ¡Miren, cuánta dicha! ¡Alguien saboreará el poder de este presunto tesoro en carne propia!
Elliot: ¡DETÉNGALO! — Exclamó. — ¡Cuidado con acercarse, podría ser peligroso!
Jackal: ¡Estúpida rata de alcantarilla! — Le respondió, desde la distancia. Pareciera que lo suyo era algo más que enemistad. — ¡¿En serio crees que la distancia supone un problema?! ¡JA!
Órdenes y más órdenes, tanto así que era incapaz de diferenciar entre cuales le pertenecían a qué personas, e incluso cuáles eran las órdenes en sí mismas. Seguido de ello, los ataques procedentes de las figuras iban unos tras otros contra el Talonflame, pero esta vez el pájaro se elevó unos metros más para evadirlos a todos.
Y mostrándose completamente, Jackal alzó su mano con la llave y la hizo girar, como si abriese una cerradura invisible. Seguido, el espacio bajo Albert, junto a la niebla, pareció romperse, tal cual el crack de un huevo en medio de un manto de invisibilidad. Un espacio negro, similar a la galaxia misma, se mostraba más allá de esa fisura, de la cual los fragmentos del supuesto cielo se iban cayendo, llamando para sus adentros a su víctima predilecta; sí, el compañero de ese Honchkrow, quien luchaba por alejarse de ese punto.
Karla: No…
Ya no podía más, sentía que las cosas iban mal. El destino se torcía, de una forma macabra, pero real. ¿Por qué pasaba todo esto? ¡Yo sólo quería la medalla de esta ciudad, sin más! Quería un viaje normal, una aventura llena de riesgos y peligros, pero no de aquellos que atentaban contra la vida humana. Eso era impensable. Y en cambio era testigo de cómo un vórtice se tragaba a la persona que había conocido hacía unas horas atrás; viendo como desesperadamente ese cuervo intentaba resistirse con sus alas azules… sin resultado.
Ambos cayeron dejando atrás un grito ahogado de perdición.
No me había percatado, pero durante todo este tiempo Pidgeot estuvo a nuestro lado. Lo noté gracias a que Elliot me dejó en tierra con cuidado, mientras que Jackal reía fuertemente proclamándose la victoria. Sólo, ¿por qué celebraba tanto? Era incapaz de entenderlo.
Elliot: Zan, cuida de ella. — Encargó, aun ayudándome a sostenerme de pie. — Ve con Rin, está en casa, segura.
Zan: ¡P-pero! ¡No intentes nada raro! — Le dijo, agarrándolo con sus dos manos y las lágrimas en sus ojos. — ¡No quiero perderte a ti también, hermano!
Un bichito me picaba en la cabeza, y estaba segura que no era a causa de la violencia previa a este encuentro emotivo. Había tantas cosas molestándome, que era incapaz de descifrar el origen de cada una de ellas. Ya me considero afortunada de que el agua poco a poco fuese secando. Como sea, hice un esfuerzo por no tropezar inútilmente.
Jackal: ¡No me jodas! ¡¿Ya te vas?! ¡Pero si este fatídico encuentro aún no acaba! — Nos apuntó con la llave. Temí lo peor. — ¡Te haré un favor aquí y ahora, tómalo como el presente de un igual!
Pidgeot fue directo contra Talonflame a la orden de Elliot, pero Foongus intervino en su camino lanzándosele con una cortina de polvo purpureo. Eso no fue difícil de repeler para la criatura de nuestro lado, pero el sólo detenerse para dispersar la escarcha le dio tiempo suficiente a Jackal para que volviese a hacer girar la llave.
El mismo esquema que con Albert, sólo que está vez se repetía a mis pies. Elliot trató de tirarme para salvarme, pero fue un gesto sin sentido; el portal sólo me tragaría a mí, porque estaba en la voluntad de quien sostenía la llave y aquello sólo lo comprendería más tarde.
Jackal: Presiento que nos volveremos a encontrar.
Fue como si la mirada de una víbora penetrase en mí, con un veneno invisible que poco a poco dejaría marca en esa herida que todavía ardía; ah, pero no sólo sería el dolor físico, sino algo más.
¿Quién lo diría? Los chacales no sólo aúllan, también envenenan.