Aghata.
Comida, techo, una buena cama para reposar y pasar las noches, además de lo más importante una cálida personita que se encargue de cuidarte y cumplirte cada uno de tus caprichos, muchos creerían que eso es lo único necesario para ser feliz para toda la vida…sin embargo, hay alguien que no cree lo mismo.
Una pequeña Meowth de dorados cabellos, nombrada Aghata por su pequeña dueña de tan solo siete años de edad tenía todo lo que cualquier pokemon salvaje quisiera tener, vivía en una lujosa mansión de tres pisos y varias habitaciones de las cuales una estaba totalmente diseñada para ella, repleta de juguetes de todo tipo incluyendo distintos postes de madera con diseños artesanales que usaba para afilar sus garras de vez en cuando, incluso había varios juguetes que solo estaban ahí porque su dueña sabía que Aghata gustaba de atacarlos a modo de juego. Cada día su ama se encargaba de darle toda la comida que la minina pidiera además de pasar algunas horas de su día tan solo arreglando su pelaje, incluso cuando sus padres aconsejaron contratar a alguien que se encargara de sus cuidados ella se negó en rotundo diciendo que ella quería ser la encargada de criarla por siempre.
Por años la vida de Aghata fue simple, nunca tuvo que preocuparse por nada más que por vaciar su tazón de comida y afilar sus garras en los distintos postes, nunca tuvo ningún problema con su familia y tal vez por todo esto es por lo que ahora pasa una nueva idea por su cabeza. Una tarde en la cual la familia decidido salir dejando a Aghata en casa, la pequeña se encontraba en su habitación trepada a uno de sus juguetes mirando hacia fuera de la mansión por uno de los amplios ventanales , desde allí podía ver un cercano bosque fuera de los limites de gran casa, desde allí podía ver como otros pokemon salvaje revoloteaban por los aires, saltaban por las ramas y corrían por los suelos, en ese mismo momento se pregunto algo, se pregunto si allí afuera se encontraba una vida más…emociónate, una vida en la que si pudiera preocuparse por algo, una vida en la cual ella pudiera sentirse necesaria aunque fuera para ella misma, toda su vida alguien se había encargado de ella y tal vez era hora de que ella misma se hiciera cargo de su cuidado. Con esta nueva idea en su mente se dispuso a poner en marcha su nueva vida, para esto solo tuvo que salir al jardín de la casa y trepar como pudo a un árbol para saltar las rejas de la casa, antes de hacer nada más se dio vuelta para ver por lo que ella creía última vez el lugar del cual escapaba y después corrió hacia la espesura del bosque que cada segundo la llamaba mas.
Para cuando estuvo totalmente internada en el bosque el sol ya se estaba escondiendo atrás de las montañas y lo que más importaba, el estomago de la pequeña comenzaba a solicitar algo para comer, Aghata sabía que lo único que podía hacer ahora era buscar algo para comer, busco a su alrededor, no veía nada de comida, olfateo por todas las direcciones, pero no olio nada o por lo menos eso creyó al no conocer como olía exactamente la comida de aquel bosque, en ese momento no sabía qué hacer así que lo único que hizo fue seguir caminando en busca de algo para comer, camino lo que para ella pareció una hora incluso cuando no fueron más de 20 minutos, hasta que pudo deleitar con sus pequeños ojos una montaña de distintas bayas silvestres, lo primero que cruzo por su cabeza fue robar unas cuantas bayas, el problema fue el miedo que le entro al ver los custodios de la pequeña montaña, unas bestias de largos bigotes y afilados colmillos, ojos rojos y pequeñas orejas, bestias de larga cola que dormían alrededor del lugar como queriendo proteger las vallas, pero no quedaba alternativa. Usando sus largas zarpas como silenciador de sus pasos Aghata camino entre las bestias hacia la montaña, y cuando por fin llego al centro y comenzó a tomar cuantas bayas podía sucedió lo impensable, una de las bestias despertó, tal vez por la pérdida de sigilo de Aghata por la emoción de su futuro festín, lo primero que hizo la bestia fue saltar sobre la intrusa lanzándolos sobre otras bestias junto con las vallas, en menos de un minuto todo el grupo ya estaba despierto y atacando a la ladrona. Aghata corrió lo más rápido que pudo, huyendo de las garras que no podía vencer y le habían causado múltiples heridas en su cuerpo, su salvación, un frondoso árbol al cual trepo y por el cual perdió a sus perseguidores…no quedaba más que hacer, estaba demasiado cansada y débil como para buscar más comida, lo único que quedaba era dormir y desear que el día siguiente fuera mejor.
La noche, aunque hambrienta, paso tranquila, al menos hasta que un grito en la oscuridad interrumpió todo, Aghata despertó de golpe mirando alrededor, buscando el origen del grito…conocía ese tono de voz…era su dueña…gritando de terror, corrió hacia la dirección de un nuevo grito de ayuda para encontrarse a su dueña acorralada contra un árbol hostigada por las mismas bestias de las bayas…en cuanto la vio ahí en peligro no dudo ni un segundo antes de saltar a atacar a las bestias, toda la energía que había perdido en la poca tarde en el bosque se multiplico, ataco con zarpas y dientes a las viles bestias que corrieron despavoridas ante tal ataque sorpresa. Aghata se acerco a la niña, la cual le corrían lagrimas de los ojos, tenía la piel raspada y llevaba una linterna en la mano…la estaba buscando, después de unos momentos de silencio la minina se lanzo a los brazos de la niña, la cual volvió a explotar en llanto al volver a tener a su pequeña en brazos, y con ella corrió a la mansión antes de que alguna otra cosa sucediera. Aghata sintió las cálidas lagrimas de su dueña por su frio pelaje, tal vez con la vida de la mansión ella no se sentía necesaria para ella misma…sin embargo había algo más importante, había alguien para quien era de verdad necesaria, alguien que la veía más que como una compañera, más que como una amiga…alguien que la veía como un miembro de la familia.
@Lisacabot <3
Comida, techo, una buena cama para reposar y pasar las noches, además de lo más importante una cálida personita que se encargue de cuidarte y cumplirte cada uno de tus caprichos, muchos creerían que eso es lo único necesario para ser feliz para toda la vida…sin embargo, hay alguien que no cree lo mismo.
Una pequeña Meowth de dorados cabellos, nombrada Aghata por su pequeña dueña de tan solo siete años de edad tenía todo lo que cualquier pokemon salvaje quisiera tener, vivía en una lujosa mansión de tres pisos y varias habitaciones de las cuales una estaba totalmente diseñada para ella, repleta de juguetes de todo tipo incluyendo distintos postes de madera con diseños artesanales que usaba para afilar sus garras de vez en cuando, incluso había varios juguetes que solo estaban ahí porque su dueña sabía que Aghata gustaba de atacarlos a modo de juego. Cada día su ama se encargaba de darle toda la comida que la minina pidiera además de pasar algunas horas de su día tan solo arreglando su pelaje, incluso cuando sus padres aconsejaron contratar a alguien que se encargara de sus cuidados ella se negó en rotundo diciendo que ella quería ser la encargada de criarla por siempre.
Por años la vida de Aghata fue simple, nunca tuvo que preocuparse por nada más que por vaciar su tazón de comida y afilar sus garras en los distintos postes, nunca tuvo ningún problema con su familia y tal vez por todo esto es por lo que ahora pasa una nueva idea por su cabeza. Una tarde en la cual la familia decidido salir dejando a Aghata en casa, la pequeña se encontraba en su habitación trepada a uno de sus juguetes mirando hacia fuera de la mansión por uno de los amplios ventanales , desde allí podía ver un cercano bosque fuera de los limites de gran casa, desde allí podía ver como otros pokemon salvaje revoloteaban por los aires, saltaban por las ramas y corrían por los suelos, en ese mismo momento se pregunto algo, se pregunto si allí afuera se encontraba una vida más…emociónate, una vida en la que si pudiera preocuparse por algo, una vida en la cual ella pudiera sentirse necesaria aunque fuera para ella misma, toda su vida alguien se había encargado de ella y tal vez era hora de que ella misma se hiciera cargo de su cuidado. Con esta nueva idea en su mente se dispuso a poner en marcha su nueva vida, para esto solo tuvo que salir al jardín de la casa y trepar como pudo a un árbol para saltar las rejas de la casa, antes de hacer nada más se dio vuelta para ver por lo que ella creía última vez el lugar del cual escapaba y después corrió hacia la espesura del bosque que cada segundo la llamaba mas.
Para cuando estuvo totalmente internada en el bosque el sol ya se estaba escondiendo atrás de las montañas y lo que más importaba, el estomago de la pequeña comenzaba a solicitar algo para comer, Aghata sabía que lo único que podía hacer ahora era buscar algo para comer, busco a su alrededor, no veía nada de comida, olfateo por todas las direcciones, pero no olio nada o por lo menos eso creyó al no conocer como olía exactamente la comida de aquel bosque, en ese momento no sabía qué hacer así que lo único que hizo fue seguir caminando en busca de algo para comer, camino lo que para ella pareció una hora incluso cuando no fueron más de 20 minutos, hasta que pudo deleitar con sus pequeños ojos una montaña de distintas bayas silvestres, lo primero que cruzo por su cabeza fue robar unas cuantas bayas, el problema fue el miedo que le entro al ver los custodios de la pequeña montaña, unas bestias de largos bigotes y afilados colmillos, ojos rojos y pequeñas orejas, bestias de larga cola que dormían alrededor del lugar como queriendo proteger las vallas, pero no quedaba alternativa. Usando sus largas zarpas como silenciador de sus pasos Aghata camino entre las bestias hacia la montaña, y cuando por fin llego al centro y comenzó a tomar cuantas bayas podía sucedió lo impensable, una de las bestias despertó, tal vez por la pérdida de sigilo de Aghata por la emoción de su futuro festín, lo primero que hizo la bestia fue saltar sobre la intrusa lanzándolos sobre otras bestias junto con las vallas, en menos de un minuto todo el grupo ya estaba despierto y atacando a la ladrona. Aghata corrió lo más rápido que pudo, huyendo de las garras que no podía vencer y le habían causado múltiples heridas en su cuerpo, su salvación, un frondoso árbol al cual trepo y por el cual perdió a sus perseguidores…no quedaba más que hacer, estaba demasiado cansada y débil como para buscar más comida, lo único que quedaba era dormir y desear que el día siguiente fuera mejor.
La noche, aunque hambrienta, paso tranquila, al menos hasta que un grito en la oscuridad interrumpió todo, Aghata despertó de golpe mirando alrededor, buscando el origen del grito…conocía ese tono de voz…era su dueña…gritando de terror, corrió hacia la dirección de un nuevo grito de ayuda para encontrarse a su dueña acorralada contra un árbol hostigada por las mismas bestias de las bayas…en cuanto la vio ahí en peligro no dudo ni un segundo antes de saltar a atacar a las bestias, toda la energía que había perdido en la poca tarde en el bosque se multiplico, ataco con zarpas y dientes a las viles bestias que corrieron despavoridas ante tal ataque sorpresa. Aghata se acerco a la niña, la cual le corrían lagrimas de los ojos, tenía la piel raspada y llevaba una linterna en la mano…la estaba buscando, después de unos momentos de silencio la minina se lanzo a los brazos de la niña, la cual volvió a explotar en llanto al volver a tener a su pequeña en brazos, y con ella corrió a la mansión antes de que alguna otra cosa sucediera. Aghata sintió las cálidas lagrimas de su dueña por su frio pelaje, tal vez con la vida de la mansión ella no se sentía necesaria para ella misma…sin embargo había algo más importante, había alguien para quien era de verdad necesaria, alguien que la veía más que como una compañera, más que como una amiga…alguien que la veía como un miembro de la familia.
@Lisacabot <3









lvl 23:662: lvl 23
lvl 7
lvl 18
lvl 9

