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#1

La Gran Rebelión

Antes de comenzar, quisiera comentarles que el prólogo de este fic fue pensado antes como un Two-shots, por lo que estará, claramente, en dos partes.

Espero que disfruten la historia al leerla como yo al escribirla.

P.D.: Si bien el nombre es un claro nombre inventado que a muchos les puede parecer hasta sonso, viene de mi época de novato y le agarré cierto cariño, por eso mi personaje aún lo conserva.

Spoiler
"Un entrenador llamado Sazuke"
Prólogo en dos partes
Primera parte: La Partida​



Era un día de primavera en Ciudad Blackthorn, en la región de Johto. Los niños jugaban en las calles y Sazuke, de diez años, como de costumbre jugaba con Nana, la Delibird de su padre que vivía con él desde siempre. Su padre, un entrenador de gran fama en la región, era normalmente requerido por el profesor Elm para alguna que otra investigación, así como por distintas personas a través de la región para ocuparse de diversos problemas que, enfáticamente, él se encargaba de tachar como “importantes y privados”. Debido a esto es que Sazuke nunca pasaba mucho tiempo con él, pero cada vez que llegaba de algún viaje, lo recibía con mucho entusiasmo. A veces sus ausencias eran incluso más largas, debido a que, en ocasiones, hasta era requerido en la región vecina de Kanto, al este, o la de Ingka, al suroeste. Pero a pesar de su ausencia, se compensaba con la compañía de Nana que, desde que Sazuke tiene memoria, ayudaba en las tareas del hogar y se ocupaba de entretenerlo siempre que podía.

Aquel día era uno particular, puesto que era el cumpleaños número diez de Sazuke y su padre había prometido volver con un regalo especial, por lo que se encontraba ansioso como nunca. Ese día tenía tanta energía que había obligado a Nana, que estaba limpiando el patio, a jugar con él hasta que llegara su padre. Su madre lo llamó dentro porque quería que estuviera impecable para la llegada de su padre, pero al entrar, ella lo ve con una cara de sorpresa al darse cuenta que gran parte de su vestimenta estaba manchada de tierra, al igual que el plumaje de la Delibird.

—Ay, Nana, ¿no estás un poco vieja para estas cosas? Se supone que estarías limpiando el patio—le dice la madre, a lo que la pokémon responde con una cara de “el chico no me dejó otra opción”—. Bueno, qué se le hará. Sazuke, ve a cambiarte de ropa, debes estar limpio cuando llegue tu padre.

Nana, la Delibird, era una pokémon ya antigua en la familia e incluso anterior a Sazuke. Los Delibird eran el pokémon favorito de la madre de Sazuke, porque los veía desde su cuarto volar en invierno cuando era pequeña y, cuando el padre del mismo tuvo que partir por primera vez, capturó a Nana en las cercanías de la ciudad con el fin de hacerle compañía a la esposa y, desde entonces, está ayudándola con las tareas del hogar. La madre de Sazuke era una investigadora pokémon que, en colaboración con el Profesor Elm, estableció un laboratorio en Ciudad Blackthorn, su ciudad natal, para estudiar el comportamiento de los pokémon que viven en los al rededores. Era una mujer de una mente brillante y con gran amor por estas criaturas, sin embargo siempre fue una persona de poco carácter y jamás se atrevió a convertirse en entrenadora, a pesar que soñaba con viajar por el mundo. El padre de Sazuke y ella eran amigos en la infancia y siempre lo admiró por el camino que él escogió. Habiendo éste ganado la Liga Johto por primera vez, decidió volver a la ciudad, donde ambos se reencontraron y pronto se hicieron novios. A pesar de sus ocupaciones, en fechas importantes como estas, la madre siempre se daba el tiempo de estar en casa.

Sazuke heredó sin dudas el carácter suave de su madre. Desde pequeño fue de llanto fácil y por lo mismo le costaba hacer amigos. Su madre tampoco era gran compañía: siempre ocupada con investigaciones, poco tiempo pasaba en la casa y cuando estaba se la pasaba ordenando de allá para acá, entre las cosas de la cocina y sus papeles de investigaciones varias, por lo que la diversión estaba siempre a cargo de Nana, con quién había logrado gran cercanía y con quien se podía comportar como un niño normal. No es que fuera tranquilo, al contrario. Sazuke siempre fue bastante inquieto y a Nana le costaba seguirle el ritmo, pero siempre, a un paso del desastre, era ella quién lo salvaba y luego tomaba la responsabilidad frente a la madre o quien fuera (siempre y cuando la culpabilidad de Sazuke no fuera demasiado evidente).

Siempre fue muy tímido como para hacer amigos entre los niños de su edad, por lo que no había más invitados al cumpleaños y, a demás de esto, la única prima con la que tenía contacto, solamente la trataba por ser familia y aunque la hubiese invitado, quizás ni hubiese aparecido. Ella era ni más ni menos que la líder del Gimnasio Blackthorn, Clair, que viendo en Sazuke nada más que un niñito tímido, buscaba siempre la oportunidad para sacarle un poco de valor a fuerza de presionarlo. Sazuke solía decir que admiraba a su prima, pero que era mejor cuando cerraba la boca y combatía con sus pokémon. De vez en cuando, cuando la madre de Sazuke debía trabajar de noche, era Clair quien cuidaba de él junto con Nana, porque aunque no se llevara bien con él, respetaba mucho a su tío, el padre de Sazuke, de quién siempre se refirió como “la única otra persona capaz de llevar el gimnasio después de la muerte de mi padre, salvo por el hecho de no especializarse en dragones como el resto del clan”.

Así pues, mientras Sazuke se cambiaba la ropa, suena la puerta y luego una voz familiar viniendo de la entrada. Era papá. Entonces se apuró en colocarse la ropa y salió a su encuentro en cuanto pudo.

—Veo que tu madre aún no te enseña a colocarte bien una camisa—dijo medio riendo su papá al verlo.

En efecto, entre el apuro, se había abrochado la camisa con un botón corrido y su madre entre risas le ayudó a arreglarla. Entre tanto, Sazuke le sonreía a su padre y le preguntaba por el regalo que le había prometido.

—Bueno, hijo —le dice su padre—, ya has cumplido diez años, edad suficiente para que te hagas cargo de tu primer pokémon. Ya has tenido un poco de práctica con Nana, pero ella es una pokémon vieja y, de seguro, ella cuida más de ti que tú de ella. Ahora, tu pokémon es una cría y tendrás que cuidarlo con mucho cariño para que crezca de la mejor manera posible.

Sazuke escuchaba todo esto con oídos atentos y no podía esperar el momento en que su padre le mostrara el pokémon del que hablaba. Entonces saca de un bolsillo una pokébola y la pone frente a los ojos ansiosos del niño.

—¿Estás listo? —dice el padre, a lo que Sazuke responde asintiendo con la cabeza.

Entonces de la pokébola sale un pequeño y tímido Houndour que, al ver a Sazuke, se arrinconó donde pudo y comenzó a ladrar entre temblores. El niño y la Delibird se acercaron para acariciarlo lentamente, pues el pokémon se arrinconaba cada vez más, pero ya cuando no pudo evitarlos y se dejó acariciar, se volvió un pokémon bastante manso y comenzó a jugar al poco tiempo.

Sazuke y Houndour se hicieron amigos rápidamente. Ambos salían a pasear por la ciudad o a jugar en el parque, siempre bajo la supervisión de Nana, a quien no dejaban de meter en problemas. Corrían por todos lados y, cada vez que algo se caía o se rompía, Nana, que los venía persiguiendo, terminaba en el lugar exacto de los hechos cuando el dueño o responsable de aquello llegaba al lugar. A pesar de todos estos problemas, ella los apreciaba mucho y siempre estaba atenta a que nada les pasara. Llevaba siempre en su bolsa un botiquín en caso de rasmillones o alguna otra cosa que le pudiera pasar al niño o ahora al pequeño Houndour.

Hubo un día que Nana no se encontraba, puesto que el padre la había enviado con un encargo para el profesor Elm y, aunque debía estar de vuelta pronto -por haber sido enviada ayer-, se había tomado su tiempo y ese día Sazuke salió a pasear solo. Después de todo, ya tenía diez años.

A Sazuke le gustaba pasar por fuera del gimnasio y observar la magnitud de éste. Pensaba que quizás, algún día, partiría en aventura y, aunque no le caía en gracia, quizás se volvería un entrenador tan fuerte como su prima. Cabe la casualidad que ese día Clair estaba saliendo del gimnasio cuando lo ve junto a su Houndour observando desde la acera exterior.

—¿Te gustaría ir de viaje por el mundo, Houndour? —le preguntaba el chico a su pokémon mientras admiraban la altura del gimnasio, a lo que el perrito le respondió con un ladrido entusiasta.
—¿Tú, de viaje por el mundo? —le dice Clair, dejando sorprendido al chico y haciendo que Houndour se oculte tras las piernas de éste—. Necesitas más que sólo un pokémon para ir a recorrer el mundo. ¿Tienes las agallas para enfrentarlo?

Sazuke no tenía como responder a las provocaciones de su prima. Mantenía un rostro serio pero que demostraba que estaba falto de palabras, que no tenía nada con qué responderle. Se sabía tímido y las palabras de Clair comenzaban a calarle.

—Hasta tu pokémon se ve asustado ahí tras tus piernas —continúa la líder—. Si te fueras ahora, seguro que terminas llorando y volviendo a casa esta misma noche.
—¡Basta! —le dice Sazuke con impotencia—. No es asunto tuyo. Quizás más adelante...
—¿Más adelante tendrás las agallas? —le interrumpe Clair, dejando a Sazuke en silencio—. Mira, tengo un poco de tiempo libre, ¿te parece si me demuestras ahora lo que tienes en el gimnasio?

Sazuke no sabía qué hacer. No soportaba que su prima se metiera con él y quería defenderse, pero sabía también que contra una líder de gimnasio como ella no tenía oportunidad alguna. Estaba ahí parado entre el orgullo y la sensatez y con Houndour entre sus piernas.

—¿No te atreves acaso? —insistía la líder—. Es más, te daré algo de ventaja. Sólo usaré un pokémon que es mi captura más reciente. Te aseguro que con él no tengo más experiencia que tú con Houndour.

Entonces Sazuke se armó de tripas corazón. Sabía que la batalla sería dura de todos modos, pero la ventaja que suponía enfrentarse a su prima en aparentemente igualdad de condiciones, lo llevó a pensar que, tal vez, hubiera alguna posibilidad de ganar.

—Acepto.
—Eso es —dijo Clair con una sonrisa—. Ven conmigo al gimnasio.

Ambos estaban uno frente al otro en el campo de batalla y, aunque nervioso, Houndour estaba ya preparado para pelear. Sazuke estaba nervioso también. A pesar de haber entrenado un poquito con Houndour, por orden de su padre, jamás obtuvo real experiencia en batalla. Cada que su padre se lo proponía, él se rehusaba. Le temía a su padre en batalla. A su prima le tenía miedo también, pero esto iba más allá del miedo: esto era una cuestión de orgullo.

—La batalla será un encuentro de muerte súbita entre la líder Clair y el retador, Sazuke —dijo la árbitro antes de comenzar el encuentro.

Clair entonces sacó a su pokémon, un pequeño y entusiasta Bagon que acababa de capturar hace unas semanas cuando estuvo de visita en Hoenn. Ambos estaban listos para la batalla, pero unos estaban notoriamente más nerviosos que los otros.

—¡Comiencen! —grita entonces la árbitro y la batalla da inicio.
—¡Houndour, Ascuas! —ordena Sazuke, pero Houndour comienza a lanzar fuego con los ojos cerrados sin pensar siquiera en apuntar.
—Bagon, Cabezazo.

Clair da la orden con toda calma y así mismo reacciona el pokémon que, sin poner mayor esfuerzo, esquiva todos los ataques de Houndour y logra asestarle un fuerte cabezazo al pobre. El pokémon se resiente con pequeños alaridos y Sazuke intenta mantener la calma. La falla de Houndour se debía a su propia ansiedad. Si pretendía al menos salir parado de éste encuentro, tenía que mantener la calma a toda costa.

—¡Aullido! —le ordena Sazuke a su pokémon y éste comienza a aullar para así recuperar la confianza en la batalla.

Al darse cuenta, Clair ya había enviado a Bagon a darle un Mordisco a Houndour, por lo que Sazuke debió pensar rápido. En el último momento, el perro logró esquivar el ataque y lanzar Ascuas a su oponente, esta vez dándole de lleno en la cara.

—¡Así se hace! —dijo el entrenador con entusiasmo.
—No te alegres tanto —dijo la líder en tono confiado—, ese ataque no hará gran efecto.

Y efectivamente, de una sacudida el pokémon dragón se recompuso y con la cabeza al frente volvió a arremeter contra Houndour. El perro por su lado estaba resistiendo a duras penas y Sazuke lo sabía. La diferencia no estaba en la experiencia con el pokémon, sino la experiencia de cada uno en batalla. Mientras que Clair tenía ya años entrenando pokémon y combatiendo con ellos, él estaba librando su primer combate. Y entonces, cuando Bagon se acercaba para morderlo otra vez...

—¡Usa Polución! —alcanzó a ordenar Sazuke, de modo que Bagon quedó desorientado en medio de una pequeña nube de humo tóxico—. ¡Ahora dale un Mordisco!

Pero Sazuke no pensó que la nube de polvo no solamente desorientaría a Bagon y, al intentar Houndour encontrarlo, se dio cuenta que su pokémon estaba tan desorientado dentro de la nube como debiera estarlo el pokémon dragón. El pokémon perro logró salir ileso de la nube tóxica, pero ya estaba bastante cansado. Ambos entrenadores estaban esperando que el ataque se disipara para lanzar el siguiente. A pesar de la nube tóxica, que seguro estaba envenenando a Bagon, Clair lucía muy tranquila, sin embargo, a Sazuke se lo comían las ansias. No podía permitir que aquel pokémon atacara de nuevo o seguramente Houndour estaría perdido. Él y el pokémon perro estaban preparados a reaccionar una vez que pudieran divisar al objetivo. Sin embargo, antes de que Sazuke pudiera decir una sola palabra, la líder dio una orden con toda calma.

—Garra Dragón.

En el mismo segundo en que logro divisar a su pokémon, le ordenó a éste el ataque y él salió corriendo a toda velocidad desde la nube tóxica, desorientando tanto a Sazuke como a su pokémon. Houndour recibió todo el impacto del ataque y terminó herido en el piso. El pequeño perro estaba consciente de lo que esa batalla significaba para su entrenador. No podía dejarse vencer tan fácilmente, no podía dejar mal a Sazuke ahora. Antes de que la árbitro pusiese fin al combate, el pequeño can se puso de pie con las últimas fuerzas que le quedaban, reanudando entonces el combate. Sazuke veía todo esto ya casi con lágrimas en los ojos y Clair, que no había quitado su expresión seria desde el inicio del combate, no estaba dispuesta a dar marcha atrás hasta que el encuentro terminara oficialmente. Con la misma voz autoritaria y calmada que usó desde el principio, le dio la orden de otro Cabezazo contra Houndour que, aunque hubiese querido no hubiera podido esquivar. Pero antes de siquiera acercarse, Sazuke entró en el campo de batalla y, posicionándose ante su pokémon, le dio fin a aquel combate.

—Creí que me querías demostrar que podías ser un entrenadror, ¿no es así? —dijo Clair, manteniendo el mismo tono.
—No puedo permitir que le hagas más daño a Houndour —dice Sazuke con decisión—, ya sabes que tienes el combate ganado hace bastante rato.
—Un entrenador no se rinde. Lo da todo hasta el final de la batalla —responde la líder, seguida por un silencio general en el estadio—. Quizás no tienes la sangre del clan como tu padre, después de todo. No deberías molestarte en ser entrenador pokémon.

Apenado, Sazuke tomó su pokémon en brazos, que lo miraba con cara de arrepentimiento, y se retiró del gimnasio sin que Clair siquiera intentara detenerlo. No lo estaba culpando por la derrota, pero Houndour se sentía en gran parte responsable por lo sucedido. Sazuke, por su parte, tenía rabia. Él no se sentía incapaz de llegar a ser un entrenador en algún momento, pero quizás no aún, porque es muy pronto, ¿verdad? Debía esperar a ser más fuerte antes de salir de casa, ¿cierto? Pero se sentía impotente ante las palabras de Clair, porque no pudo callarle la boca, no pudo decir nada en contra de lo que ella afirmaba ante su presencia, casi como verdad absoluta, y eso era lo que por dentro le dolía: no haberle podido probar que se equivocaba.

Estaba oscureciendo. Al llegar a casa, Nana ya estaba de vuelta y, al verlo entrar, inmediatamente se alarmó por el estado de Houndour, que para ese momento ya se había quedado dormido en los brazos de Sazuke. Él no venía mejor. No tenía ninguna herida por fuera, pero a los padres les bastó verle la cara un momento para darse cuenta que su espíritu venía por los suelos. Al preguntarles estos lo que le había sucedido, Sazuke soltó un llanto de impotencia y sus padres lo invitaron a sentarse para cenar y conversar de lo ocurrido mientras que Nana se ocupaba de las curaciones de Houndour. Ya en la mesa, Sazuke les contó la historia. Cómo Clair lo provocó para una batalla y cómo luego lo humilló sin darle la oportunidad de replicarle algo. Sus padres ya conocían el carácter de ella y no les parecía extraño lo que hizo, pero no dejaba de parecerles grosero de su parte. Cuando ya el niño hubo terminado su historia, se paró un momento, miró a sus padres a los ojos y les dijo entre lágrimas ahogadas.

—Pero... ¿ustedes creen que yo puedo llegar a convertirme en entrenador, verdad?

Sus padres se miraron por un momento y su madre le tomó la mano.

—Hijo, será mejor que no pienses en ello por hoy, ve a dormir que mañana será otro día —le dijo.

Sazuke pensó que quizás tenía razón y que lo mejor era olvidar el tema por hoy y ya mañana todo estaría mejor. Entonces subió a su habitación junto con Houndour que ya se encontraba mejor y se puso su pijama para ya irse a dormir, pero antes, quiso bajar de nuevo porque había olvidado lavarse los dientes y el baño estaba escaleras abajo. Pero, a mitad de la escalera, pudo escuchar una conversación entre los padres.

—Deberíamos dejar que se vaya de viaje como entrenador, después de todo ya tiene diez años —decía el padre—, a esa edad yo dejé mi hogar para hacer lo mismo.
—Pero él no es como tú, Evan —respondía la madre—. Él no tiene el mismo carácter, él no heredó esa parte de la sangre de tu clan. Es más como yo. No todo el mundo tiene que ser entrenador en esta casa. Mírame a mí que, por muchos deseos que tuve cuando pequeña, nunca tuve la personalidad para hacerlo por mí misma. Aún con nuestra autorización, hacer el viaje o no es decisión de él y, si hasta ahora no ha querido, quizás es mejor que no lo haga.
—... Tienes razón, Sofía—dijo el padre luego de un breve silencio—. Quizás no esté hecho para ser entrenador después de todo.

Sazuke estaba perplejo. Ni su prima ni sus padres creían que él podía hacerlo. Todos lo veían como una persona débil y sin carácter. Esto le causó mucha pena, pero esta vez no lloraría, porque no tenía ganas de hacerlo. Tenía que hacer algo. Tenía que mostrarle a todos que él si era capaz de lograrlo, que si la mitad del mundo era capaz de hacerlo, ¿por qué él no? Se sentó junto a la ventana que dejaba entrar la luz de luna en su cuarto a mirar el cielo de esa noche. Estaba completamente estrellado y pensó y se sintió capaz de hacer todo en este mundo, hasta alcanzar esas estrellas que se dejaban ver desde ese rinconcito.

—Tú si crees que puedo hacerlo, ¿verdad? —le dijo a Houndour que, ya recuperado, se acercaba para acurrucarse a su lado. Éste le respondió con un alegre ladrido antes de finalmente posarse a su derecha.

Entonces una estrella fugaz cayó del cielo y él pidió el deseo de convertirse en entrenador pokémon y entonces tuvo una epifanía. En ese momento supo exactamente lo que tenía que hacer para lograr lo que deseaba, ahora, con todas sus ganas.

A la mañana siguiente, Sazuke se levantó antes que nadie más en su casa y se puso a preparar su equipaje. Ropa limpia y accesorios de campamento que utilizó para acampar con su padre hace unos meses fueron las primeras cosas que guardó. Houndour estaba contento de ver a Sazuke tan decidido y lo seguía a todos lados moviendo la cola inquieto y con la lengua afuera de la emoción.

—Hoy nos vamos a recorrer el mundo, mi amigo —le dijo mientras le acariciaba la cabeza luego de ponerse en la espalda la mochila ya preparada.

Le dio un último vistazo a su cuarto antes de partir. Sabía que pasaría tiempo antes de volverlo a ver y, por un segundo, dudó de estar haciendo lo correcto. Pero el orgullo pudo más y ya no había marcha atrás para cambiar de parecer. Cerró la puerta y comenzó a bajar lentamente la escalera para evitar despertar a la gente y, a su vez, para retener la imagen de su hogar lo más que podía antes de partir. Sin embargo, justo antes de llegar a la puerta de entrada, se dio cuenta de que Nana lo estaba observando desde ahí. Se conocían tanto que bastó sólo una mirada para que ambos comprendieran la situación. Sazuke se apresuró donde la Delibird y comenzó a explicarle lo que estaba sucediendo.

—Verás, no puedo quedarme de brazos cruzados —le decía—. Nadie cree que pueda lograrlo y esta es la única manera que tengo de demostrarles que se equivocan. Los echaré mucho de menos, sobre todo a ti, Nana, que has sido parte de mi familia desde que tengo memoria. Por favor, deja que me vaya, porque si no...

Nana había estado escuchando tranquilamente, pero en ese momento lo interrumpió para sacar algo de su saco que tenía preparado de antemano. De ahí sacó una bolsa llena de víveres para viajero y comida pokémon por la que Houndour se puso a mover la cola.

—Nana... tú...

Entonces Sazuke la abrazó con lágrimas en los ojos, porque en ese simple gesto Nana le mostró no solamente que sabía lo que estaba haciendo, sino que era la única, a demás de Houndour, que confiaba en que él podría lograrlo.

—Te echaré mucho de menos.

Y dicho esto, Nana le sonrió, acarició a Houndour y les abrió la puerta para dejarlos salir.

Sazuke dejó con ella una carta donde les explicaba todo a sus padres, sobre la conversación que había escuchado y sobre el destino que tomaría. Que por favor no intentaran detenerlo, porque si se arrepentía, lo haría por su cuenta, pero que no contaran con ello. Les dijo también que se comunicaría con ellos apenas pudiera y que los amaba mucho. Se marchó junto a su pokémon sin saber cuándo volverían, sin saber que no sería sino hasta mucho tiempo después. Se fueron entonces esa mañana para probarle al mundo que ellos, con su decisión, valían más que las palabras de cualquier persona y para probarse a sí mismo que, si quieres hacer algo, debes hacerlo por ti mismo.
Fin de la primera parte.
[/RIGHT]
#2
Me ha encantado la historia :inlove: y me muero de ganas de seguir leyendo, pero te voy a resaltar los tres errores que has cometido escribiendo para que puedas corregirlos y sea perfecto :P

Supongo que un error de redacción:
patio —le dice
que se repite aquí:
camisa —dijo
y aquí parece que te has saltado una palabra supongo, o no tendría sentido:
batalla. Cada que su padre

Este es el único error verdadero que he encontrado, en este caso sería entre risas le ayudó y no lo, aunque sea un error común no deja de ser un error.
risas lo ayudó

Disculpa que sea un comentario tan pobre, me acabo de levantar y no me has dado mucho que resaltar ya que a penas tienes errores y parece que va a ser una historia muy emocionante. ¡Sigue escribiendo! que se te da muy bien.
Academia pokemon:




Odisea:




#3
Anteriormente, la sección estaba llena de historias sobre aventuras Pokémon, pero con el paso del tiempo se fueron reemplazando por historias más maduras u originales. Es lindo ver que esas ideas de retomar el viaje de un entrenador con su primer Pokémon vuelven nuevamente.

Espero pronto publiques la segunda parte del prólogo. Ahora que Sazuke comenzó su viaje con el pequeño Houndour, queda ver a dónde se dirigirán.

a lo que la pokémon responde con una cara de “el chico no me dejó otra opción”

Me causó eso; imaginé la cara del Delibrid levantando los hombros también.



que estaba limpiando el patio, a jugar con él hasta que llegara su padre. Su madre lo llamó dentro porque quería que estuviera impecable para la llegada de su padre

Si bien no son exactamente las mismas palabras, es marcar lo mismo que se había explicado. Podrías quitar uno o reemplazarlo de otra manera, por ejemplo, decir "jugar con él por un rato", total avisas que su padre llegará cuando la madre lo llama.

era una pokémon ya antigua en la familia e incluso anterior a Sazuke. Los Delibird eran el pokémon favorito de la madre de Sazuke

Con un "Los Delibird eran el pokémon favorito de su madre" solucionarías el tema de nombrar al chico nuevamente. De igual manera se entiende que hace referencia a la madre de Sazuke.

En general, no hay errores de ortografía, o al menos no que haya podido notar. Son más que nada palabras repetidas; vi en un párrafo varias veces la palabra "madre de Sazuke", que en algunas ocasiones podías reemplazarla por alguna otra o dejar simplemente "madre" o "su madre".

Sazuke heredó sin dudas el carácter suave de su madre. Desde pequeño fue de llanto fácil y por lo mismo le costaba hacer amigos. Su madre tampoco era gran compañía

Ahí por ejemplo podrías reemplazar "madre" por "ella" que igual se entenderá de quién hablas.
#4
Les dejo, gustoso, la continuación del prólogo :)
Spoiler

Un entrenador llamado Sazuke
Prólogo en dos partes
Segunda parte: La decisión​


Había sido hasta ahora un viaje muy largo. Sazuke llevaba consigo la ropa que pudo coger antes de salir. Esto era una camiseta blanca bajo una camisa negra de manga corta, abierta completamente, y un pantalón de un marrón suave que, por el calor, llevaba arremangado hasta las rodillas. Pasaron a ver al Profesor Elm, antiguo amigo de la familia, mientras visitaban Pueblo New Bark. Ahí fue donde por primera vez, desde su partida, Sazuke pudo comunicarse con su familia. Eran las 9 de la noche y ya podrán imaginarse el estado en que se encontraban ambos, Sazuke y Houndour, al momento de pararse frente al telecomunicador. Y es que no quisieron siquiera tomar un baño antes, porque era lo primero que tenían planeado hacer desde hace ya varios kilómetros atrás. Tenían tierra por todos lados, pues habían caminado desde muy temprano para poder llegar a New Bark como fuese posible y, ya habiendo visto las primeras luces de la ciudad, se precipitaron hacia el laboratorio en una carrera que a ambos los dejó agotados y en la cual Houndour ganó, porque el entrenador tropezó unos metros antes de llegar, dejándole toda su cabellera castaña cubierta de polvo y un par de rasmillones en las rodillas. A pesar del agotamiento, al saberse en un lugar seguro y ya habiendo saludado cordialmente al Profesor Elm, se dispusieron a llamar inmediatamente y les surgieron energías desde lo más profundo de su ser.

—¿Pero qué haces en esas fachas, hijo? —dijo su madre al ver la ropa sucia de tierra a través de la pantalla.
—No te preocupes, mamá, estoy bien —respondió sonriente Sazuke junto a un ladrido de Houndour.

Ambos padres notaban la mirada brillante de su hijo a través del monitor, pero ambos veían las cosas de diferente manera. El padre estaba contento con la decisión de su hijo, puesto que sabía que lo haría tarde o temprano y que, aun sin estar seguro que de esa manera tan repentina fuera la mejor idea, sabía que no hay un momento realmente adecuado para iniciar un viaje y que tomar el Tauros por los cuernos podía ser el mejor camino en algunos casos. Por otro lado, la madre aún creía que no era una buena idea, que debería estar en casa donde estaría seguro, pero nada podía decir ante tan brillantes ojos que la contradecían en la pantalla.

—Lamentamos las molestias, Elm —decía la madre—. Nos tomó por sorpresa y no pudimos avisarte con más anticipación.
—No se preocupen —dijo el Profesor—, desde que lo supe mandé a arreglarle una cama. Un día es suficiente para anunciar una llegada.

Dentro de la carta que le había dejado a sus padres, Sazuke había puesto que su primera parada sería en casa del Profesor Elm antes de partir rumbo a Ciudad Cherrygove y, como le tomó dos días llegar hasta ahí, la advertencia le había llegado al profesor con tan solo un día de anticipación.

Entre que discutían sobre los pormenores de su viaje y de cómo tuvo que huir de una manada de Donphans, suena un picoteo desde la puerta del laboratorio que los alerta a todos.

—Yo abro —dijo el Profesor Elm mientras se rascaba la cabeza, pues le parecía raro que le picotearan la puerta.
—¿Quién será a estas horas? —dijo Sazuke mientras él y Houndour miraban hacia la puerta.
—Así que ya está allá —dijo el padre a través del altavoz.

Antes de que alguien entrara, Houndour se puso a ladrar como loco y a mover su cola enérgicamente. Entonces, al entrar quien golpeaba, los ojos de Sazuke se abrieron de par en par y salió corriendo hacia la puerta.

—¡Nana!

Nana había sido enviada por su padre la misma tarde de su partida porque debía enviarle unos documentos y unos objetos al Profesor, pero aprovechando la oportunidad y a modo de apoyo, también le envió un par de cosas a su hijo para el viaje.

Sazuke abrazó a Nana alegremente mientras Houndour se le echaba encima moviendo la cola y esta abría su pico para dejar salir sonidos de felicidad. Entonces de su bolsa sacó un paquete para el Profesor y uno para Sazuke.

—Son los documentos y algunas piedras talladas sobre Mew que me había pedido, Profesor —dijo el padre.
—Oh, muchas gracias, los estaba necesitando —respondió el científico.
—Y para ti, hijo —decía Evan ahora dirigiéndose a Sazuke—, son unas pokébolas y un mapa para tu viaje.
—¡Gracias, gracias, gracias, gracias! —Repetía el chico entusiasmado mientras veía sus regalos y Houndour movía la cola a su lado.

Sazuke estaba realmente contento con su regalo. Su padre le demostraba que estaba feliz con la decisión que él había tomado, a pesar de lo riesgoso. Sin embargo, veía a su madre en el monitor, que trataba de sonreír, pero que en su mirada solo mostraba preocupación.

—Mamá —le dijo el niño—, no te preocupes, estaré bien. Confía en mí.
—Confío —respondió la madre—, pero en ti, no en el mundo.

La madre estaba sinceramente preocupada que no le fueran a pasar las mismas cosas que su padre. Cosas de las que nunca se enteró su hijo, pero que muchas veces la tuvieron a ella con el alma en un hilo mientras seguía sus investigaciones y veía la cara sonriente de Sazuke, con la misma sonrisa del padre.

—Da lo mejor de ti, hijo mío —dijo la madre para ya finalizar el tema con la garganta un tanto cerrada.

El padre finalmente le pidió al Profesor que le entregara una pokédex a su hijo para que se volviera un entrenador como correspondía, a lo cual éste aceptó sin mayores objeciones, puesto que un entrenador hijo de semejantes personas no podía ser sino una promesa, comentario ante el cual Sazuke no dijo nada, pero que sintió como un saco en la espalda.

Habiéndose despedido de sus padres por el momento y con ganas de continuar su viaje, Sazuke y Houndour durmieron esa noche junto a Nana, que no podía emprender un vuelo nocturno a casa y ya al día siguiente, luego de desayunar, se despidieron con un abrazo efusivo y unos ladridos de alegría por parte del pokémon perro para emprender camino hacia Ciudad Cherrygove, que no estaba muy lejos de ahí y dónde su madre le había dado un encargo especial.

Al llegar a la Ciudad, luego de dos días de extenuante viaje a través de la Ruta 29 y luego de pasar al Centro Pokémon, ambos se dirigieron a una casa de madera que se encontraba cerca del muelle de la ciudad donde los esperaba el hermano de su madre. El tío Víctor era un hombre de mar. Apasionado por éste, se mudó hace ya años a Ciudad Cherrygove para establecerse como investigador marino y así vivir de esto que le apasionaba desde hace ya bastante tiempo. Ahora bien, la investigación no fue el único motivo, pues la tía Tabatha también vivía en Cherrigove. Ella había sido una gran entrenadora y era oriunda de aquella Ciudad. Ambos habían pasado ahí los mejores años de su vida, sin embargo, hace unos pocos días, un cáncer fulminante le había arrebatado los últimos suspiros a Tabatha, que había estado en cama desde que se enteró de éste hace ya un mes atrás. Sus pokémon fueron donados a sus hijos en herencia para que cuidaran de ellos, pero al único que no podía dejar fuera de su casa era a su Furret que, siempre compañero, se dispuso a pasar sus últimos años junto al viejo tío Victor, que en su vida había sabido cuidar a un pokémon que no fuera marino, pero que le tenía tanto aprecio a éste que simplemente no podía dejarlo ir. Furret sentía igualmente. Victor y ella eran quienes más habían estado junto a Tabatha y le parecía justo compartir sus penas con éste hombre que la había amado tanto y, por qué no, hacerse ambos compañía en la soledad que conlleva la muerte.

Sazuke no era tan apegado al tío Victor o a la tía Tabatha. Los conocía de un par de reuniones familiares que había pasado tanto en su casa como en la suya, pero nunca había cruzado media palabra con ellos y de eso hacía ya al menos dos años. Sin embargo, como su madre no podía asistir debido a la fuerte labor reciente en el laboratorio, le pidió a Sazuke ir a ver a su tio en representación de la familia y así hacerle un poco más de compañía que tanta falta le haría.

Tocaron a la puerta de la casa del viejo marino y éste les recibió con un cálido abrazo y una sonrisa ausente antes de dejarlos pasar. Ya adentro, Sazuke pudo notar un montón de cajas apiladas dentro de una sala ya casi vacía. Houndour se acercó a Furret para reconocerla, a lo que esta, lentamente, se paró en dos patas para dejarse oler por el perro y luego volverse a acostar en su rincón. En un principio el pokémon perro intentó jugar con ella, pero Furret solamente le movía la cola para que la persiguiera mientras ella seguía acostada junto a la chimenea. Sazuke se sentó a la mesa cuando el tío se lo pidió, al lado de la ventana que daba al mar, junto a él.

—Así que Sofía te envió —dijo el marino refiriéndose a la madre de Sazuke y mientras servía té en un par de tazas que había colocado sobre la mesa —. Gracias por el gesto. He estado solo estos días desde que mis hijos partieron. Vinieron solamente al funeral y luego volvieron todos a sus vidas. Las cosas son así cuando te pones viejo.
—Tío —dijo Sazuke mientras observaba su taza de té y Houndour perseguía sin éxito la cola de Furret—, ¿puedo preguntarle por qué tantas cajas en la sala?

El marino observó el salón y dejó salir un suspiro.

—El problema cuando alguien se va, es que sólo se lleva su cuerpo, pero en todo lo demás deja parte de sí mismo —respondió suavemente el tío Víctor —. Necesito salir de aquí. Mañana mismo me mudaré y no volveré hasta que me deje de doler esta casa.

Sazuke no entendía del todo lo que el tío le explicaba, pero si era lo mejor para él, debería estar todo bien, pensó y finalmente Houndour se dio por vencido y se acurrucó al lado de Furret quien no opuso resistencia, sino que al contrario, rodeó al perro con su cuerpo para darle más calor.

—Lamento no poder acogerte por más tiempo —dijo el tío—, pero esto lo tengo planeado con anterioridad.
—No se preocupe —dijo el entrenador—. Con Houdour tenemos planeado seguir mañana hacia el norte para seguir recorriendo la región. Aún tenemos mucho por recorrer.
—Tu madre me contó que saliste sin aviso a recorrer la región —dijo el marino con una sonrisa—. Quién lo diría, cuando ni yo ni Sofía nos atrevimos a salir.
—¿Por qué nunca quisieron hacerlo?
—A decir verdad, es que nunca tuvimos el coraje. Ambos crecimos con un gran amor por los pokémon y, mientras yo estaba entusiasmado por los pokémon del mar, ella estaba obsesionada con el comportamiento de las especies que estaban cerca de la ciudad. Nunca tuvimos el ímpetu necesario y, aunque dedicamos nuestras vidas a la investigación a nuestra manera, jamás fuimos de viaje junto a un compañero como lo hicieron Tabatha o Evan, tu padre. Siempre los respetamos y admiramos y han sido nuestros compañeros durante la vida... Bueno, fueron, en mi caso —Entonces se dispuso a encender una pipa mientras abría la ventana—. Ningún pokémon hubiera reemplazado lo que tenía con Tabatha, sin embargo, siempre estuvo Furret.

Ambos observaron entonces a los dos pokémon durmiendo uno al lado del otro. Furret envolviendo a Houndour mientras éste estaba con el estómago hacia arriba y con el hocico abierto.

—Fue el primer pokémon de ella y de seguro vivió grandes momentos a su lado —continuó el anciano—. Ambos estuvimos para ella en penas y glorias, por eso estamos tan bien ahora los dos juntos, porque ambos sabemos lo que siente el otro.

Se detuvo un momento para aspirar la pipa una vez y luego lanzar el humo hacia el exterior de la ventana

—Tú y Houndour formarán algún día un gran vínculo como el nuestro —dijo antes de sonreírle a Sazuke.

El chico estaba feliz de conocer un poco más a su tío, que siempre le había parecido severo tras su expresión serena y su eterna barba blanca que tiene desde sus primeros recuerdos. El viejo entonces se levantó luego de fumar la pipa y ver el atardecer a través de la ventana. El cielo tenía un bello tono violáceo que se transformaba en un vivo naranja hacia el fondo del horizonte y por entre las embarcaciones del muelle.

—Tu habitación está al fondo del pasillo —le dijo a Sazuke mientras se levantaba—. Yo me iré a acostar, tengo cuentas con la almohada. Cierra la ventana cuando estés listo. Buenas noches.

Cuando el viejo pasó por el lado de Furret, esta se levantó rápidamente para seguirlo hasta su cuarto donde se acostaría al pie de la cama para dormirse con él. Houndour, que se zamarreó con el brusco movimiento del pokémon del marino, se quedó bostezando para combatir la modorra y, ya estando despierto, se acercó a Sazuke que estaba en la ventana.

—Tendremos un gran viaje, ¿verdad? —le dijo Sazuke a su pokémon que le respondió con un ladrido enérgico.

Sazuke había pensado en todo lo que su tío le había dicho y en todo lo que le esperaba por delante. Lo que significaba la relación con su pokémon, no solamente para él, sino para el pokémon mismo también, en cómo se tienen el uno al otro en éste momento y para toda la vida si así esta lo quiere.

—Te quiero mucho, mi amigo. No me separaré de ti.

Luego de esto lo tomó en brazos y cerró la ventana para irse a dormir.

Al día siguiente, su tío le dio un poco de dinero para ir al mercado a comprar unas cuantas verduras, queso y pan para desayunar de manera contundente antes de que ambos partieran. Ahí estaban el pokémon y su entrenador paseándose entre los distintos puestos cuando de repente, en el cielo, aparece una figura conocida. Desde lejos se ve llegar y aterrizar en un lugar amplio cerca del mercado a un dragón amarillo de grandes dimensiones junto con su entrenadora en la espalda. Ni mas ni menos que su prima Clair había llegado a la ciudad.

Luego de regresar a su pokémon, se dispuso a ir en dirección a la casa del tío Victor, pero el mercado estaba en el camino y ahí mismo se encontró a Sazuke junto a Houndour en medio de las compras. El joven entrenador miraba a su prima sin saber el por qué de tan repentina visita y preguntándose qué es lo que ella estaría buscando en una ciudad como Cherrygove.

—Vaya, encontrarte fue más fácil de lo que esperaba —dijo Clair apenas pudo acercarse al chico.
—¿Qué buscas, prima? —preguntó Sazuke como sin entender.
—Deberías saberlo. Vengo a llevarte a casa, tu madre me ha enviado —

Las cosas no le calzaban a Sazuke. No hace tanto había hablado con su madre y no parecía tener gran problema con el tema de su viaje. Clair debía estar ahí por algo más.

—No voy a volver —dijo Sazuke con un tono serio, pero con poca presencia, como solía dirigirse a su prima.
—Vamos, acaba con esto, que si no te vengo a buscar, seguro vuelves a casa en unos días.
—No tengo tiempo ahora para discutir contigo —respondió el entrenador en el mismo tono que antes—. El tío Víctor se marcha hoy y tengo que llevarle estas compras.
—¿El tío Victor se marcha?

En efecto, Clair conocía también al tío, aunque más por Tabatha, puesto que ésta había sido una gran amiga de su padre en sus tiempos de juventud y Clair había podido aprender de ella cuando era más joven. Se había enterado de su muerte, pero luego de años de no estar en contacto, no quiso ser irrespetuosa al aparecer de repente en el funeral. Pero ya que estaba en la ciudad y para aprovechar el viaje, decidió posponer la discusión con Sazuke e ir a visitar al viejo marino.

Llegando a la casa, saludó con un profundo abrazo al tío que la encontró “mas grande que la última vez”. Todos se sentaron a la mesa y los pokémon con su respectivo plato de comida en el centro de la sala. La líder y el marino se comentaron toda clase de anécdotas sobre Tabatha y sobre tiempos pasados mientras que Sazuke solamente observaba un tanto nervioso, pues sabía que cuando todo terminara, tendría que enfrentarse nuevamente a Clair. El desayuno transcurrió relativamente tranquilo hasta que la comida y las anécdotas se hubieron terminado, entonces Clair se levantó de su silla, se despidió del marino y miró a Sazuke desafiante.

—Nos vamos —dijo categórica.

La voz de Clair resonó en la casa de madera. El tío comprendió la situación y se remitió a guardar silencio mientras observaba lo que sucedía. Houndour y Sazuke miraban a Clair con ojos profundos y desafiantes de la misma manera que los de Clair, pero ninguno decía una sola palabra.

—Ya te lo dije, no tienes lo que necesitas —continuó la líder—. Si te vas ahora te ahorras problemas tú y se los ahorras a tu familia, porque si te vuelves un entrenador mediocre, no serás más que una vergüenza para tu padre... y para el clan.

Sazuke ya estaba en su límite. Su padre ya le había hecho saber lo que pensaba de su viaje y no podía permitir que su prima hablase lo que quisiese así como si nada y, encima, le sacara en cara un clan del que nunca quiso formar parte.

—¡¿Y quién dijo que quería ser parte del dichoso clan?! —Dijo Sazuke furioso y contestando por primera vez a su prima. La respuesta de Sazuke los dejó a todos helados, hasta a Houndour —. El clan ya te tiene a ti y al primo Lance, yo no soy más que una parte de una rama perdida en la familia. A demás, ya he llegado bastante lejos estando solo y no serás ni tú, ni el clan ni nadie quien me detenga. Tomé la decisión de ir a recorrer el mundo por mi cuenta y así lo haré.

Por un momento, Sazuke estaba completamente rojo de tanta cosa acumulada que salió como a presión por su boca. Sin embargo, a los pocos segundos, Clair le contestó con toda calma.

—Y luego de Johto, ¿qué pretendes hacer? Después de todo ya has recorrido la mayoría de la región con tus padres. Estás dentro de tu zona de confort, no estás viendo nada que no conozcas. Como te atreves a decir que estás recorriendo el mundo si lo único que haces es ver parajes que ya has visto antes, solamente que ahora sin tu familia.

Sazuke no podía responderle ahora. Ella tenía razón. Conocía ya casi toda la región gracias a las vacaciones con sus padres y salir de ahí era algo que de momento no tenía contemplado.

—Sigues siendo el mismo niño miedoso —prosiguió Clair—. Mejor vuelve a casa y terminemos con esta farsa. Quizás en unos años te atrevas a hacer algo que realmente valga la pena.

Sazuke estaba nuevamente el mismo escenario de siempre. La impotencia le comía lo huesos y estaba aún temblando por la única vez que pudo responderle. Tenía la mente nublada y no sabía qué más podría hacer en ese momento, no tenía ningún plan trazado en mente.

—¿Me permiten decir algo? —dijo finalmente el tío Víctor, cortando la tensión del ambiente —. Toda mi vida la pasé entre dos ciudades, sin conocer mayormente el mundo por no tener el coraje de hacerlo. Ahora que Tabatha se ha ido y me ha dejado tanto recuerdo en esta casa, he planeado viajar por fin para conocer el mundo como ella lo hizo y junto al pokémon que estuvo a su lado todo ese tiempo.

Sazuke se calmó, al igual que Clair, quién escuchaba atenta lo que el anciano tenía que decir. Furret se subió al regazo del tío Víctor y éste comenzó a acariciarlo suavemente.

—Me mudo de esta casa a mi barco, en el cual pretendo recorrer el mundo —dice finalmente el anciano.
—Bueno, tío —le dice el chico —. ¿Qué tiene que ver eso con lo que estamos hablando?
—Si quieres —comenzó a responder el tío —, si tienes el coraje para emprender el viaje, puedes venir conmigo y con Furret. Solamente tendrías que ayudarme con la manutención del barco. A ambos nos hará falta compañía y nos serías de gran ayuda. A mí me tomó cincuenta años reunir el valor para emprender el viaje, pero hubiera deseado con todas mis ganas hacerlo a tu edad. Dime, ¿qué dices?

La decisión implicaba alejarse de todo lo que conocía por tiempo indefinido hacia tierras totalmente desconocidas. Era una decisión importante y no tenía más que unos instantes para decidirse. Una parte de él decía que era mejor quedarse en Johto, quedarse en lo conocido, pero otra gran parte le llamaba a la aventura y sería la excusa ideal para librarse de Clair por un buen tiempo.

—Acepto —dijo Sazuke finalmente a lo que Houndour respondió ladrando y moviendo la cola por todo el salón.
—¿Estás seguro de que eso es lo que quieres hacer? —le dijo Clair a su primo—. Puedo llevarte a casa cuando quieras.
—Sí, estoy más que seguro —respondió Sazuke—. No te negaré que tengo miedo y mucho. Pero si no tomo la oportunidad ahora, entonces ¿cuándo? Siento que éste es el momento y a pesar del miedo, no me voy a detener.

Casi de manera imperceptible, Clair esbozó una leve sonrisa.

—Entonces está decidido —sentenció la líder—. Volveré a casa y le contaré todo a tus padres.

Houndour comenzó a mover aún más la cola luego de eso y Sazuke estaba contento de que ella no siguiera insistiendo. Entonces, dicho y hecho, ayudaron todos a cargar el barco con las pertenencias del anciano y ya con el sol en mitad del cielo, estaban listos para zarpar. Sazuke se acercó a Clair antes de dejar tierra firme y se despidió de ella con un apretón de manos y Houndour le bailaba al rededor entre jadeos y su inquieta cola que no dejaba de moverse. Clair lo acarició finalmente y se despidió con un abrazo del tío Víctor.

—Espero que mamá y papá no hagan mucho escándalo cuando se enteren —le dijo Sazuke a su prima.
—Tú tranquilo. Yo me encargaré de eso —respondió la lider antes de darle el primer abrazo que le había dado en su vida—. Don Víctor, por favor cuide de éste pequeño. Se lo encargo a nombre de sus padres.
—De seguro el nos cuidará más a nosotros que nosotros a él —respondió el hombre entre carcajadas oxidadas antes de subirse al barco.

Cuando todos hubieron subido y se disponían a zarpar, Clair liberó a su Dragonite y se montó sobre él, pero antes de elevarse, se dio vuelta y se dirigió a su primo.

—¡Hey, llorón! —le dijo, llamando su atención— ¡No me decepciones!

Y luego de esto, emprendió el vuelo de vuelta a casa.

Sazuke la observó perderse en el cielo despejado de aquel día de primavera en el que junto a su Houndour, habían decidido aventurarse al mundo, enfrentarse a todos sus temores y finalmente buscar un camino a la felicidad. Antes de perderla de vista, apoyado en la baranda del barco, tomó a su pokémon en brazos, que jadeaba por el sol en lo alto, y observó los últimos aleteos de Dragonite que se perdió en el horizonte mientras el barco se adentraba más y más en el mar.

—Gracias Clair —pensó—. No te decepcionaré.
Fin del Prólogo.
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#5
Vaya sorpresa, resulta que el chico es parte del clan de entrenadores de tipo Dragón. Interesante Prólogo, nos contaste bastante con esta introducción; quién es, su familia, la región donde vive. Aunque aún es un niño comenzando su aventura con el primer Pokémon, que tampoco posee mucho entrenamiento, me da curiosidad ver hasta dónde llegara. Si el título es "la gran rebelión", en algún momento tendrá que luchar contra algo, una guerra tal vez, un bando de villanos. Sea lo que fuese, será interesante ver en lo que se convertirá.

Sobre lo técnico, mejoró bastante desde el anterior. Aún quedan un par de palabras repetidas, como "llegar", pero no usadas tantas veces como la vez pasada con el caso de algunas. Puedes tener a mano siempre algún diccionario de sinónimos; hace poco descubrí que son bastante útiles para cuando quieres encontrar otra palabra y no repetir.

Sin nada más para mencionar, ¡espero el primer capítulo!
#6
Vamos por partes, yay.

Primera parte
Es raro. Es que, leer un Fic con un personaje de nombre Sazuke se siente raro, la primera impresión que tengo es la de aquel antagonista tan conocido en el mundo ninja. ¡Bueno! De todos modos, nada quita que este Fic resulte atractivo sólo por su género. Y es que parto destacando lo mismo que Smile: ¡es genial ver historias de Pokémon! No digo que los originales estén mal, pero se siente bien ese aire de nostalgia.

Nada más empezar y me pillaste por sorpresa con "Ciudad Blackthorn", no porque el híbrido entre inglés y español sienta sorpresivo, sino más bien porque no conozco a las ciudades de Johto por sus nombres en inglés, haha. Es hora de que Google me salve la vida, porque veo que no entraste a describir la ciudad.

Cita:
Cada que su padre se lo proponía, él se rehusaba.

Siento que falta algo.

Hmm, en los primeros párrafos me esperaba la descripción de Sazuke. Como es familiar de Clair, me lo imagino con pelo celeste por defecto, pero quizás tiene algún rasgo más distintivo que valga la pena mencionar, ¿no? Como si es alto o no, que si es menudo o fornido, el color de sus ojos (nunca está demás), alguna cicatriz en el rostro, piel pálida por su tierra natal... bueno, no hace falta detallar tanto, pero sí me hubiera gustado tener una imagen más clara de él.

Un consejo: a Houndour muchas veces le dices "el pokémon perro", eso está bien, porque claramente representa a uno, pero puedes llamarlo de otras formas para que no se vea tan repetitivo. Podrías intentar con: el canino, la criatura negra/infernal, el cachorro de fuego, el leal compañero de Sazuke, etc. Es cosa de ir variando.

Wooo, resulta desalentador que los padres del chico no confíen en su valía. Uno por lo general se hubiera esperado algunas palabras de aliento, algún empuje y siempre presente recuerdo que llenara de determinación al joven casi-entrenador; sin embargo, no los puedo culpar, en el fondo deben preocuparse por él.

¡Me gusto ese final! Qué emotivo, esa Delibird es lo mejor. A echarle fe, se ve que este chico puede lograr lo que desee siempre y cuando esté decidido.

Segunda parte
Oh, así que el chico era castaño. Parece que su llegada a New Bark tuvo sus altos y bajos.

Típico que el padre está orgulloso y la madre de los nervios, genial xD.

Hmm, estos viajes entre ruta, puedo entender que son algo aburridos en los juegos, pero no estaría mal echarle un poco de imaginación. Sazuke los pasa muy rápido, quizás relatar al menos una parte de sus vivencias no estaría mal. Por ejemplo, esa parte de los Donphan hubiera sido entretenida de leer.

La unión del marinero y Furret es bastante emotiva, pero que el pokémon piense en sus últimos años, debido a la partida de su compañera, es triste.

Haha, adoré que Sazuke se vaya a un viaje hacia lo desconocido. Cierto es decir que su "zona de confort" no le representará un gran reto, pero, ¿qué sucede con el continente que aún es negro para él? Al fin tendrá la aventura de todo entrenador que se enorgullece de serlo. Estoy ansiosa por ver qué peligros y aventuras le preparan este Fic, apostaría porque será algo grande.


Interesante. Finalizado el prólogo, me voy llenando de expectativas. Espero que pronto te animes a publicar un capítulo. ¡Saludos!

— What are you doing?
— I'm walking like a skeleton.
— No, skeletons don't walk like that.
— That's how *you* walk.
— No, I don't.
#7
Cita de Overly.

Un consejo: a Houndour muchas veces le dices "el pokémon perro", eso está bien, porque claramente representa a uno, pero puedes llamarlo de otras formas para que no se vea tan repetitivo. Podrías intentar con: el canino, la criatura negra/infernal, el cachorro de fuego, el leal compañero de Sazuke, etc. Es cosa de ir variando.


Primero que todo quisiera responder a esto. Si bien agradezco el comentario y el consejo, tengo varias razones para argumentar el por qué no llevaré a cabo esto. Me parece que un escrito debe ser variado en cuanto a vocabulario, quizá buscando nuevos verbos, adjetivos, etcétera... Sin embargo el estar buscando "sinónimos" para los nombres de los personajes me parece de una floritura excesiva e innecesaria. Nunca me ha parecido que quedarse en lo básico sea demasiado repetitivo, en cuanto no suene así al leerlo. De hecho, precisamente ese es uno de los puntos que no estoy dispuesto a tranzar. En fin, gracias igualmente por el comentario, es agradable saber que hay quien se toma el tiempo de leer.

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Antes de comenzar con el primer capítulo, quisiera hacer una pequeña remarca: Los hechos del prólogo eran para caracterizar un poco al personaje principal de la historia, pero los hechos de éste ocurrieron cinco años antes del primer capítulo. Sin más preámbulo, comencemos.
CAPÍTULO I: Todo fin es un comienzo


Spoiler
Cinco años conviviendo con ellos en su barco y ahora, de vuelta en Ciudad Cherrygove, dedicó las últimas semanas a cuidar de ellos cuando su salud se vio en desmedro después de un día de tormenta en altamar. Nadie supo bien qué fue lo que les dio, pero Sazuke cuidó a su tío Victor como si fuera su propio padre el que estaba postrado en la cama, y a Furret como si se tratara de su propio pokémon, porque en cinco años los conoció tanto que llego a quererlos como a pocos en su corta vida. Ambos partieron esa tarde, con toda la familia de visita, esperando el final, porque se les veía en los ojos que la nostalgia de estar de vuelta los estaba reconciliando con sus últimos conflictos con este mundo y ya no les alcanzaría la vida para seguir viajando.

—No conocí todos los puertos del mundo como hubiese querido —dijo Víctor a Sazuke en su lecho de muerte, acariciando a Furret, que estaba acostada a su lado—, pero estoy feliz de haberlos conocido contigo. Gracias por estar ahí con nosotros.

Miró entonces por la ventana de su habitación y pidió al resto de la gente que se encontraba ahí que lo dejaran solo con su sobrino. Los familiares no dudaron un segundo y abandonaron la habitación en seguida.

—Acércate, m'ijo —le dijo a Sazuke, quien obedeció y se sentó al borde de la cama, donde se puso también a acariciar a una senil Furret que apenas movía su canosa cola—. No es mucho lo que tengo, pero tampoco tengo mucha gente a quien legarlo. El resto de la familia se quedará con la mayoría de mis cosas, pero a ti te dejaré lo más valioso que tengo: Mi barco.

Sazuke estaba sorprendido, puesto que siempre pensó que el barco se lo heredaría a alguno de sus hijos, pero ninguno de estos se dedicaba a algo relacionado con el mar y a ninguno le serviría, aunque él tampoco estaba seguro de que le fuera a servir de alguna cosa.

—Tío... —alcanzó a decir mientras aguantaba las ganas de llorar.
—No digas nada —dijo Víctor mientras le sostenía la mano—. Quiero que lo tengas para recorrer el mundo, para que conozcas todo lo que yo no pude conocer. Sigues siendo joven y aún tienes tanto por ver.

Sazuke no pudo decir nada más que darle las gracias y ambos se sonrieron por un momento. Plácidamente y con esa sonrisa, como si ya no tuviera nada que hacer en este mundo, dio su último suspiro casi al mismo tiempo que el pokémon que retozaba a su lado en la cama.


Ahora estaba toda la familia reunida en el cementerio de la ciudad, incluyendo los padres de Sazuke, que casi por milagro coincidieron con días libres justo por las fechas y no dudaron ni un segundo en viajar para despedir al tío Víctor. Lo despidieron todos en silencio, solemnemente. El llanto de sus hijos y de Sofía, la madre de Sazuke, cubrían la tarde al verlo bajar en el cajón. Le dijeron adiós finalmente, a él y a la más fiel compañera de Tabatha, quien fuera su esposa en vida y que ya había partido hace cinco años. Al fin estarían juntos otra vez.

El funeral había terminado y se reunieron todos finalmente en la casa del tío para una última cena en su memoria, antes de volver cada uno a sus vidas. Sazuke y su ahora Houndoom estaban particularmente afectados por la situación. Perder a alguien con quien conviviste cinco años no es cualquier cosa. Ambos salieron de la casa y se instalaron en el pórtico para conversar, como ya estaban acostumbrados. Él estaba sentado en el segundo escalón de la escalera de la entrada mientras que Houndoom, a sus pies, estaba acostado con la cabeza apoyada en el piso y sin intención de levantarla, ambos preocupados por sus vidas de ahora en adelante, sin el tío Víctor ni Furret.

—¿Qué crees tú, Houndoom? —le preguntaba a su pokémon— ¿Deberíamos ir a recorrer el mundo?

Houndoom lo observaba desde el piso, sin levantar la cabeza, sino solamente los ojos, otorgándole una expresión de tristeza en su rostro canino.

—Sería tan raro tomar el barco del tío y navegar sin él ni Furret —agregó—, además estaríamos completamente solos. Una parte de mí tiene tantas ganas de hacerlo, pero la otra... la otra simplemente tiene miedo, como siempre. Soy un cobardica.

A esto último, Houndoom se levanta y se sienta al lado de su entrenador, agacha su cabeza y, cuidando de no golpearlo con sus imponentes cuernos, abalanza su cabeza sutilmente y le acaricia la cara.

—No se pierde nada con intentar, ¿no? —le dice Sazuke a su pokémon mientras le comienza a acariciar la barbilla.

En ese instante, se abre la puerta y el ruido de la conversación al interior los saca de su nube, haciéndolos voltear. Parada en la puerta se encontraba Clair, su prima y líder de gimnasio de Ciudad Blackthorn. Sin ánimos de molestarlos como de costumbre, lo llama para que entre a cenar con todos, que la comida estaba servida. Ambos entraron a su llamado y Sazuke se dirigió a la mesa, mientras que Houndoom tuvo que volver a su pokébola, por cuestiones de espacio, ya que la familia ocupaba casi todo sitio disponible.

En la mesa habían muchos familiares con los que Sazuke no estaba muy familiarizado. Habiendo crecido en Blackthorn, era más cercano a la familia de su padre, aunque no por eso los quería mucho más. Sazuke extrañaba la presencia de Nana, la Delibird de la familia, pues esta se encontraba enviando un par de mensajes por encargo de su padre y madre y no pudo asistir con ellos. Dentro de los que reconocía estaban los dos hijos del tío Víctor y la tía Tabatha, los únicos primos por parte madre, a los que reconcía vagamente; obviamente su madre y su padre y pues, los hermanos de éste y su prima Clair, miembros del Clan Dragón, grandes amigos de la tía Tabatha, quien fue una entrenadora pokémon muy reconocida de la Región Johto y a quien respetaban mucho, por lo que eran buenos amigos de la familia. Su padre no solía reunirse con ellos por los conflictos que tenían constantemente, debido a la decisión de éste de no formar parte del Clan. Aún habiéndose convertido en un gran entrenador reconocido internacionalmente y tener a su cargo varias investigaciones de importante renombre, sus hermanos seguían menospreciándolo por su decisión. La única dentro del clan que le tenía respeto era Clair, que siempre decía que era una pena que él no estuviera en el Clan, pero que había visto muchas de sus batallas e incluso había vivido una en carne propia durante su primera semana como líder, y por lo mismo le había tomado mucho respeto. Pero aquel respeto no era compartido por Roy ni por Walden, sus hermanos, ambos respetados entrenadores que, al ver las habilidades de Clair, decidieron cederle el puesto de líder de gimnasio cuando Blake, su otro hermano, murió, para así seguir con las obligaciones que tenían desde hace ya tiempo y no tener que ocuparse del gimnasio. Aprovechaban la mínima oportunidad para menospreciar las hazañas de su hermano y, por lo mismo, Evan, el padre de Sazuke, decidió sentarse lejos en la mesa, porque a él no le gustaban los conflictos. Sin embargo, en su ánimo de molestarlo, algún que otro comentario llegó a sus oídos.

—Vaya, Evan —le lanzó Walden deliberadamente por sobre la mesa—, tu hijo pasó los últimos años con su tío. A pesar de venir de ti, él al menos no abandona a su familia.

Efectivamente se hablaba de Sazuke en ese momento, por la ayuda que le había brindado al viejo durante su último tiempo, pero nadie esperaba aquello. Todos callaron ante tan desatinado comentario. Estaban teniendo una buena cena recordando al tío Víctor y, de repente, todo eso se vio interrumpido por aquella intervención desubicada. Sofía y el mismo Sazuke observaron a Evan, que seguía comiendo tranquilamente.

—Al menos él sí tiene un sentido de lo que es la familia —continúa Roy, tensando más el ambiente—. Qué lástima que no le hayas dado un pokémon dragón como le correspondía para comenzar, después de todo tiene la sangre del clan.
—¿Le harás deshacerse de sus pokémon ahora y le harás una invitación al “club de fan de los dragones”? —respondió finalmente, harto, Evan, diciendo eso último con un dejo de burla—. No sé realmente si yo dejé la familia o si la familia me dejó a mí.
—¡Eras el hijo mayor, Evan! —dijo Roy elevando la voz— ¡Eras quien se suponía tomara el puesto de líder de gimnasio cuando papá murió, en lugar de Blake!
—Encima arrastras a tu hijo contigo. Sabes bien que él tiene la misma sangre del clan —agregó Walden.
—¡Nadie nos pidió ser parte del clan, Walden! —dijo Evan golpeando la mesa y dejando a todos en un silencio aún más profundo—. A demás, la sangre del clan no nos otorga ningún tipo de poder ni nada parecido, es solamente una vieja tradición que viene de hace siglos. No veo ningún motivo para seguir con esa costumbre insulsa, ni mucho menos para arrastrar a mi hijo en ella.
—Es su destino y lo sabes —le dijo Walden, ahora con más calma— ¿Verdad Sazuke?

Ahora todos lo miraban a él. Nunca pidió formar parte de aquello y poco y nada sabía al respecto. Respetaba mucho a sus tíos y a su prima, pero nunca creció cerca de la idea de formar parte de todo aquello y, encima, eso significaría abandonar a todos sus pokémon, al menos no tenerlos consigo, para adaptarse a usar solamente los del tipo dragón, del cual no poseía ninguno. Los observó a todos sin saber bien qué responder, pero, como nunca lo hubiera hecho antes, decidió hacerlo de todos modos, y hacerlo con lo que sentía en ese momento.

—Lo siento, tíos —comenzó tímidamente ante la expectación de hasta los menos entendidos—, pero no me interesa formar parte del clan. Yo quiero conocer el mundo.

Los tíos lo miraron con decepción y culparon a su padre por no haberlo criado como debía. Le reprocharon, encima, el no querer tampoco enfrentar la liga pokémon, sino dedicarse a viajar sin meta en específico, como si fuera una idea inconcebible sacada de las locuras más delirantes. Y es que Sazuke no sabía qué hacer con su vida a sus quince años, pero si de algo estaba seguro es de que quería averiguarlo. Pensó que su prima Clair lo reprocharía, pero al verla a ella, que estaba ajena a la discusión y seguía comiendo, se dio cuenta de que lo miraba de reojo y que una leve sonrisa se le dibujaba en los labios. Sus padres, por su parte, lo miraban entre temerosos y orgullosos, como cualquier padre que sabe que no verá a su hijo por mucho tiempo. La discusión fue finalmente cortada por Claudia, la hija del tío Victor, que poseía el carácter fuerte de su madre y que les señaló que aquella discusión estaba totalmente fuera de lugar, que harían mejor de callarse y continuar comiendo en paz o los echaría a todos con su temible Feraligatr. La cena siguió en paz y, al finalizar, todos se preparaban para volver a casa. Clair, antes de partir, se acercó a Sazuke y Houndoom, que estaban en el frontis despidiendo a la gente.

—Hey, bobo —le dijo a su primo al salir por la puerta— ¿ya sabes dónde irás?
—Lo estuve pensando toda la tarde —respondió acariciando a Houndoom—. Hay una región no muy lejos, pero que no tiene muchos puertos y que me gustaría bastante conocer mejor: La Región Ingka. Hay varios mitos allá y la gente me parece interesante.
—Me parece que será un buen lugar —le dice sin mucha emoción, como solía dirigirse a él.

Se miraron por unos momentos y, como casi nunca lo hacía, Sazuke le sonrió, sin que Clair cambiara su expresión. Acto seguido, Clair avanzó un poco más, dejándolo atrás y liberó a Dragonite. Sus tíos la estaban esperando, uno en un Salamance y el otro en un Hydreigon.

—Has cambiado bastante —dijo Clair mientras montaba su pokémon—, pero no creas bajo ninguna circunstancia que estarás preparado para vencerme, ni ahora ni nunca.

Partieron entonces los miembros del Clan y se perdieron en el horizonte. Sazuke recibió el comentario con una sonrisa, pues a pesar de eso último, sabía que su prima estaba, en cierto grado, orgullosa de él, aunque no lo demostrara.

Todo mundo dejó la casa, salvo los padres de Sazuke, él mismo y Adam, el otro hijo del tío Víctor, que ayudaría a Sazuke a sacar todo lo perteneciente al tío que pudiera quedar en el barco y a ayudarlo a zarpar, como solía hacerlo con sus padres en los días que éste salía a investigar. Los padres de Sazuke se quedaron también, puesto que tenían un ticket para tomar el dirigible en la mañana siguiente y para así despedirse de su hijo antes de que éste partiera.

—Conozco gente en la Región que podría ayudarte a movilizarte —le dijo su padre—. La región tiene una geografía bastante peculiar y...
—Tranquilo, Evan —le dijo Sofía —, si él lo necesita, lo pedirá. ¿Verdad Sazuke?

Su padre lo miró sonriente, sabiendo en el fondo que su hijo respondía al mismo llamado que lo llevó a él a recorrer el mundo cuando era joven, el mismo llamado que lo llevó a donde se encontraba ahora. Desde que su hijo se había escapado de casa hace ya cinco años, ambos habían aprendido a confiar en él y ahora, que partía totalmente por su cuenta, no sentían que hubiera motivos para sentir miedo o desconfianza. Sabían que él estaría bien.

—Los echaré de menos, como siempre —Les dijo mientras que Houndoom ladraba en respuesta.


Esa noche, nana apareció en el cielo mientras Sazuke y Adam transportaban los enceres del viejo que tenía en el barco, pero que era mejor dejar en casa y, apenas la vio en el firmamento, el joven entrenador la reconoció y la esperó en tierra con los brazos abiertos. Con su vuelo tranquilo de vieja pokémon, aterrizó en los brazos del joven, que la abrazó fuertemente.

—¡Nana! ¡Te echaba tanto de menos! —le dijo con alegría correspondida por la Delibird.
—¿Y esa Delibird? ¿Quién es? —preguntó Adam mientras transportaba una caja al interior de la casa.
—Es Nana, parte de mi familia.

Entonces Nana recuerda algo de pronto y, pidiéndole a Sazuke que la deje en el suelo, se dirige rápidamente al interior. Aparentemente tenía que entregarle una carta importante a Evan, que se encontraba en la puerta de la casa, esperando la entrega. Al ver la carta, la abrió inmediatamente y una sombra de preocupación se posó en su rostro.

—¿Todo bien, Evan? —preguntó Sofía, que se había acercado al notar, desde el interior, que algo lo inquietaba.
—¿Todo bien, papá?
—Sí, sí, tranquilos —dijo mientras se guardaba la carta—. Solamente decirte, Sazuke, que es posible que nos reencontremos en la Región Ingka. Tengo asuntos allá. No es seguro que nos crucemos, pero es una posibilidad.
—Deberías sentirte seguro con eso —dijo Adam, aún trasladando cosas—. Tener a un entrenador como tu padre rondando por la Región te mantendrá alejado de problemas.

Sofía sabía que algo no iba del todo bien, pero no quiso preguntar nada. Con el tiempo, había aprendido cómo funcionaba su marido, y si él no quería decir nada, sabía que debía respetar su decisión.

Sazuke pasó la noche en vela, ansioso por el viaje que comenzaría al día siguiente. Mientras estaba acostado en una de las habitaciones de la casa, tenía la ventana abierta, cuya vista daba hacia el mar y dejaba ver el barco. Houndoom le hacía compañía acostado a su lado y con la cabeza apoyada en su vientre, donde éste le estaba haciendo cariño.

—No tengo idea de lo que estoy haciendo. ¿Lo sabes, Houndoom? —El pokémon perro levantó la cabeza y le lamió la mano a su entrenador—. Es bueno saber que estás conmigo en esta locura. A pesar de tener miedo, estoy también muy ansioso por conocer lo que hay más allá. Espero no decepcionar a nadie.

Houndoom se acercó más a Sazuke y se acostó nuevamente, esta vez con la cabeza bajo el mentón de éste y, entonces, se durmió. El joven apenas pudo cerrar los ojos por unas horas antes de que el despertador sonara. La hora había llegado, la hora de partir lejos y sin mirar atrás. Sin saber bien hacia dónde, sin saber muy bien para qué, pero con la fuerte determinación de averiguarlo. Se despidió de sus padres en el puerto, de Nana que le saludaba desde el muelle con un pañuelo y de su primo Adam. Lo aprovisionaron con la comida necesaria para viajar al primer puerto que se le vino en mente que, si bien no era el más cercano, era el que más le interesaba: Ciudad Antiqua, una ciudad conocida por sus mitos y sus ruinas, donde seguro obtendría información suficiente para saber dónde seguir. La bahía de Ciudad Cherrygove se fue haciendo más pequeña a medida que pasaban las horas, hasta que poco a poco la ciudad se confundió con las formas de la geografía. La Región de Johto comenzaba a quedar atrás y junto con ella, todas las dudas y miedos de su infancia. Esperaba con ansias poner los pies en la tierra junto con Houndoom, que en la proa sacaba la lengua para sentir el aire entrar en sus fauces caninas. Dejó de mirar atrás al cabo de unas horas de navegar mar adentro, y entonces se dirigió con Houndoom, mirando al horizonte, mirando hacia adelante, sin nada más que un gran océano hasta donde alcanzaba la vista, donde tarde o temprano se comenzaría a dibujar tierra firme, al igual que en su futuro.
Continuará...

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Adjunto también una imagen del protagonista. Es un dibujo que hice hace ya bastante tiempo y la calidad de la imagen no es de las mejores.

Spoiler
#8
wow, realmente me gustó mucho, hasta me da ánimos para hacer mi propia historia, realmente no se me ocurre de qué forma podrías mejorar tu historia, está bastante bien. Hay cosas que no me gustan mucho, pero tienen que ver más con el mundo en el que situaste tu historia mas que en ésta en sí (los niños de 10 años que van de aventuras me perturban).
De todas formas, está bastante buena :D
#9
Buen comienzo, he de confesar que no soy un asiduo lector, pero en este caso me atrapo la historia y lei el prologo sin interrupciones. El incluir al tío que podría decirse es una versión de Sazuke adulta creo fue un acierto, aunque cortar ahí y avanzar cinco años me pareció abrupto. Sentí el primer capítulo un poco corto y quedo con ganas de conocer las nuevas aventuras que vivirá en su viaje ahora sí en solitario.

Espero que continues con la historia.