El comienzo de una amistad
Esta es la historia de como mi entrenadora en rol, Emma, conocio a su primer pokemon Piplup
Hoy era el gran día, era mi cumpleaños, era invierno pero el frio no sería un impedimento, hoy finalmente seria el día en el que conseguiría a mi primer pokemon. Siempre había jugado con los pokemons que estaban en el jardín, o con los pokemons de mis amigos, sin embargo no es lo mismo que tener uno propio. Por eso mis padres me habían prometido que cuando cumpliera 12 años podría tener a mi propio pokemon.
Abrí mis ojos entusiasmada y me levante de un salto, corrí hacia el comedor donde estaban mis padres y Elisa, la criadora pokemon más famosa del pueblo con una pequeña caja de madera entre los brazos en la cual había un huevo pokemon.
Buenos días papá, buenos días mamá, buenos días Elisa, ¿ese es mi pokemon?-dije sin más rodeos
Bingo- me respondió con uns sonrisa- es tu pokemon, el huevo está a punto de abrirse, ¿quieres ver?
¡Claro!- le respondí acercándome.
Era un huevo color celeste con algunas manchas azules, ¿Qué pokemon saldría de ahí? .Pronto lo sabría pues el huevo ya comenzaba a moverse y a tener pequeñas grietas. Se produjo un fuerte ruido que me hizo dar un salto, se asomó un pico amarillo y luego en cuestión de segundos un pequeño Piplup estaba fuera de su cascaron.
Feliz cumpleaños Emma- dijeron papá, mamá y Elisa al unísono
¡Oh, es muy bonito!, muchas gracias- le respondí
Me acerque a Piplup y lo tome entre mis brazos dando giros por la habitación, sin embargo piplup pareció enojarse y me dio un picotazo en la mano haciendo que lo soltara.
¡Auch!- grité- ¿Por qué haz hecho eso?
Es un Piplup pequeña- interrumpió Elisa- recuerda que son pokemons muy orgullosos, tendrás que ganarte su confianza si quieres que te deje hacer eso
Sabía que tenía razón, sin embargo eso no era suficiente para aplacar mi orgullo herido por el picotazo. Di un suspiro en señal de rendición, bien- pensé- será mejor que no llevemos bien. Me acerque a Piplup y me agaché para colocarme a su altura
Bienvenido Piplup- le dije- mi nombre es Emma y a partir de ahora seré tu entrenadora, ¿qué te parece si vamos a dar una vuelta al lago?, está muy frio afuera así que seguro que te gustará
Piplup no parecía muy convencido con mi presencia pero seguramente la promesa de un lago helado era demasiado para él, asintió y yo corrí rápidamente a mi habitación a ponerme mi abrigo y mis botas.
Abrí la puerta y Piplup fue el primero en salir, parecía querer liderar la marcha así que simplemente me limite a seguirlo aunque sabía que él no conocía el lugar así que de vez en cuando le indicaba el camino y el seguía la dirección que la había indicado como si siempre lo hubiese sabido.
Cuando llegamos Piplup saltó al agua dándose un gran chapuzón, parecía muy feliz y nadaba como si lo hubiese hecho siempre. Saque algo de pescado que había traído y se lo ofrecí, sin embargo solo se limitó a mirarme sin siquiera acercarse por lo que puse el pescado entre los dos y luego me alejé. De este modo transcurrió el día mientras Piplup nadaba y de vez en cuando me salpicaba agua, poco a poco me fue tomando más confianza, aunque no lo suficiente como para aceptar comer de mi mano. Cuando ya caía la tarde Piplup volvió a hacer otro de sus chapuzones y esta vez logre correrme a tiempo, sin embargo el agua fue a dar a un pequeño Tediursa que iba pasando por ahí. Luego de eso todo paso tan rápido que no estoy segura de como ocurrió, de la nada apareció un gran Ursaring, probablemente la madre del Tediursa y estaba dispuesto a atacar al pequeño Piplup que se había quedado paralizado por el miedo. Levantó sus garras y sin pensarlo un momento me interpuse entre el Ursaring y mi Piplup por lo que recibí toda la fuerza del impacto, cayendo al suelo. Luego de eso solo recuerdo haber escuchado a mis padres venir corriendo, seguramente me habían estado viendo todo este tiempo, luego de eso caí inconsciente.
Me desperté en mi cama con Piplup a mi lado, mi padre y mi madre también estaban en la habitación
¿Mama? ¿Papá?- dije incorporándome- ¿Están bien? El Ursaring…
Tranquila hija- dijo mi madre mientras me acariciaba el cabello- ya todo está bajo control, solo tuviste una pequeña herida en tu brazo pero estarás bien
Lo que hiciste fue muy valiente- dijo mi padre- tu Piplup ha estado aquí todo este tiempo, los dejaremos solos un momento ¿Está bien?
Luego de que asintiera nos dejaron a solas. Piplup se acercó a mi preocupado
No te preocupes Piplup, ya oíste lo que dijeron, estaré bien- lo tranquilice, sin embargo aún parecía preocupado-¡ Hey! ¿Qué te parece algo de pescado?
Me acerque a mi bolsa para recoger algo del pescado que había quedado, lo coloque en el espacio entre Piplup y yo y luego me aleje esperando a que él se acercara a comer. Para mi sorpresa Piplup se acercó al pescado pero luego se acercó a mí y puso el pescado en mi mano. Finalmente estaba aceptándome como su entrenadora. Se me escaparon una lágrimas de felicidad que no pude contener, estaba segura de que era el comienzo de una hermosa amistad.
Dicen que los Piplup son criaturas orgullosas, sin embargo yo estoy convencida de que pueden llegar a ser las criaturas más leales que puedan existir. Prueba de ello es mi Piplup, que a partir de ese momento se ha quedado a mi lado y sé que lo seguirá haciendo.
Hoy era el gran día, era mi cumpleaños, era invierno pero el frio no sería un impedimento, hoy finalmente seria el día en el que conseguiría a mi primer pokemon. Siempre había jugado con los pokemons que estaban en el jardín, o con los pokemons de mis amigos, sin embargo no es lo mismo que tener uno propio. Por eso mis padres me habían prometido que cuando cumpliera 12 años podría tener a mi propio pokemon.
Abrí mis ojos entusiasmada y me levante de un salto, corrí hacia el comedor donde estaban mis padres y Elisa, la criadora pokemon más famosa del pueblo con una pequeña caja de madera entre los brazos en la cual había un huevo pokemon.
Buenos días papá, buenos días mamá, buenos días Elisa, ¿ese es mi pokemon?-dije sin más rodeos
Bingo- me respondió con uns sonrisa- es tu pokemon, el huevo está a punto de abrirse, ¿quieres ver?
¡Claro!- le respondí acercándome.
Era un huevo color celeste con algunas manchas azules, ¿Qué pokemon saldría de ahí? .Pronto lo sabría pues el huevo ya comenzaba a moverse y a tener pequeñas grietas. Se produjo un fuerte ruido que me hizo dar un salto, se asomó un pico amarillo y luego en cuestión de segundos un pequeño Piplup estaba fuera de su cascaron.
Feliz cumpleaños Emma- dijeron papá, mamá y Elisa al unísono
¡Oh, es muy bonito!, muchas gracias- le respondí
Me acerque a Piplup y lo tome entre mis brazos dando giros por la habitación, sin embargo piplup pareció enojarse y me dio un picotazo en la mano haciendo que lo soltara.
¡Auch!- grité- ¿Por qué haz hecho eso?
Es un Piplup pequeña- interrumpió Elisa- recuerda que son pokemons muy orgullosos, tendrás que ganarte su confianza si quieres que te deje hacer eso
Sabía que tenía razón, sin embargo eso no era suficiente para aplacar mi orgullo herido por el picotazo. Di un suspiro en señal de rendición, bien- pensé- será mejor que no llevemos bien. Me acerque a Piplup y me agaché para colocarme a su altura
Bienvenido Piplup- le dije- mi nombre es Emma y a partir de ahora seré tu entrenadora, ¿qué te parece si vamos a dar una vuelta al lago?, está muy frio afuera así que seguro que te gustará
Piplup no parecía muy convencido con mi presencia pero seguramente la promesa de un lago helado era demasiado para él, asintió y yo corrí rápidamente a mi habitación a ponerme mi abrigo y mis botas.
Abrí la puerta y Piplup fue el primero en salir, parecía querer liderar la marcha así que simplemente me limite a seguirlo aunque sabía que él no conocía el lugar así que de vez en cuando le indicaba el camino y el seguía la dirección que la había indicado como si siempre lo hubiese sabido.
Cuando llegamos Piplup saltó al agua dándose un gran chapuzón, parecía muy feliz y nadaba como si lo hubiese hecho siempre. Saque algo de pescado que había traído y se lo ofrecí, sin embargo solo se limitó a mirarme sin siquiera acercarse por lo que puse el pescado entre los dos y luego me alejé. De este modo transcurrió el día mientras Piplup nadaba y de vez en cuando me salpicaba agua, poco a poco me fue tomando más confianza, aunque no lo suficiente como para aceptar comer de mi mano. Cuando ya caía la tarde Piplup volvió a hacer otro de sus chapuzones y esta vez logre correrme a tiempo, sin embargo el agua fue a dar a un pequeño Tediursa que iba pasando por ahí. Luego de eso todo paso tan rápido que no estoy segura de como ocurrió, de la nada apareció un gran Ursaring, probablemente la madre del Tediursa y estaba dispuesto a atacar al pequeño Piplup que se había quedado paralizado por el miedo. Levantó sus garras y sin pensarlo un momento me interpuse entre el Ursaring y mi Piplup por lo que recibí toda la fuerza del impacto, cayendo al suelo. Luego de eso solo recuerdo haber escuchado a mis padres venir corriendo, seguramente me habían estado viendo todo este tiempo, luego de eso caí inconsciente.
Me desperté en mi cama con Piplup a mi lado, mi padre y mi madre también estaban en la habitación
¿Mama? ¿Papá?- dije incorporándome- ¿Están bien? El Ursaring…
Tranquila hija- dijo mi madre mientras me acariciaba el cabello- ya todo está bajo control, solo tuviste una pequeña herida en tu brazo pero estarás bien
Lo que hiciste fue muy valiente- dijo mi padre- tu Piplup ha estado aquí todo este tiempo, los dejaremos solos un momento ¿Está bien?
Luego de que asintiera nos dejaron a solas. Piplup se acercó a mi preocupado
No te preocupes Piplup, ya oíste lo que dijeron, estaré bien- lo tranquilice, sin embargo aún parecía preocupado-¡ Hey! ¿Qué te parece algo de pescado?
Me acerque a mi bolsa para recoger algo del pescado que había quedado, lo coloque en el espacio entre Piplup y yo y luego me aleje esperando a que él se acercara a comer. Para mi sorpresa Piplup se acercó al pescado pero luego se acercó a mí y puso el pescado en mi mano. Finalmente estaba aceptándome como su entrenadora. Se me escaparon una lágrimas de felicidad que no pude contener, estaba segura de que era el comienzo de una hermosa amistad.
Dicen que los Piplup son criaturas orgullosas, sin embargo yo estoy convencida de que pueden llegar a ser las criaturas más leales que puedan existir. Prueba de ello es mi Piplup, que a partir de ese momento se ha quedado a mi lado y sé que lo seguirá haciendo.





ten por seguro que tomare varios de ellos para cuando vuelva a escribir algo


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lv 30
lv 26
lv 19
lv22
