III. Un caos.
III. Un caos.
[ @Nobuu x @Rocasaurio_ ]
La música ensordecedora comenzó a bajar, los láseres y luces coloridas empezaron a apagarse. Tras un minuto de oscuridad, donde los colores brillantes rociados en los estudiantes eran la única luz que había, se encendieron unos grandes reflectores en la siguiente estancia. En ella, el piso ajedrezado conducía a una barra a los 60’s donde nos esperaban hamburguesas, malteadas y enormes paletas de caramelo.
Tomé a Suki de la mano, casi por inercia, y la conduje hasta la nueva galería, maravillado por el motivo de la misma. Chamarras de piel, peinados brillantes, dulces, jukes y vestidos hermosos.
Boquiabierto y cegado por la sala retro me tomó por sorpresa el estruendoso sonido de las campanadas que marcaban la media noche. Pegué un pequeño salto y mi acompañante no lo dejó pasar.
Al parecer había sido un reflejo de Suki, porque al darse cuenta de que estaba aferrada a mi brazo se echó para atrás y bajó la cabeza. Estaba por decirle que no se preocupara, realmente en otra situación me habría incomodado y hasta molestado, pero ella me caía bien. Era amable, dulce y estábamos pasando un gran rato. Conectamos muy bien.
Las campanadas se detuvieron y los anfitriones, que ya estaban en el centro de la pista, dijeron a todos:
Me pareció algo sumamente extraño. ¿Alimañas en los pasillos? Como si unas hordas alguna vez hayan detenido a tantos entrenadores. Entonces Tsukino vio en la barra de comida algo que llamó su atención.
Caminamos juntos hasta la barra con luces y decidimos pedir algo, nos sentamos en un par de bancos atrancados al suelo y llamé al Machoke que se encargaba de tomar los pedidos.
El Machoke se apresuró a servir una enorme malteada de arándanos y la corrió por la barra hasta donde estábamos sentados. Al tener enfrente la colosal bebida la cara de emoción e impaciencia en Suki cambió por una de “y ahora qué”.
Suki comenzó a beber de la copa de vidrio grueso con la ayuda de una pajilla, la dejó en la barra y comenzó su veredicto.
Ambos comenzamos a vaciar la copa mientras nos hablábamos con la mirada. Otra vez pasamos de las palabras. Disfrutamos juntos, incluso el silencio, las palabras sobraban en algunos momentos.

Entonces, justo antes de terminar con nuestra proeza comenzó a sonar una canción cuyo ritmo y descontrolado tono llamó mi atención.
Nos levantamos de la barra y llegamos hasta la pista de baile donde unos cuantos eran los que se habían animado a bailar; tentados por la comida y la ambientación, la gran mayoría estaba sentada comiendo o conversando.
Tomé a Suki de la mano y puse mi otra mano en su cintura. Antes de comenzar me acerque a ella y le dije cerca del oído:
Comenzamos agitarnos de un lado a otro con la música, con ritmo y suavidad nos contoneábamos sobre nuestros pies. Los pasos de baile comenzaron a cambiar el ritmo, se tornaron bruscos y toscos; nos hacían recorrer de un lado al otro la pista. Con suma naturalidad, la chica que no sabía bailar se desenvolvió en la pista dando vueltas y giros sobre la brillante tarima.
Sacudíamos los pies y los brazos al ritmo de la sesentera música. En algunos momentos perdíamos la coordinación, solo reíamos y nos acercábamos de nuevo a la posición original para retomar el baile de nuevo. Dábamos giros y sacudidas. Llamamos la atención de unos cuantos que nos miraban y no sabían si burlarse o asombrarse, pero no nos importaban ellos.
Hicimos lo que veníamos a hacer, hicimos un caos en la pista. Hicimos un caos juntos.
[ @Nobuu x @Rocasaurio_ ]
La música ensordecedora comenzó a bajar, los láseres y luces coloridas empezaron a apagarse. Tras un minuto de oscuridad, donde los colores brillantes rociados en los estudiantes eran la única luz que había, se encendieron unos grandes reflectores en la siguiente estancia. En ella, el piso ajedrezado conducía a una barra a los 60’s donde nos esperaban hamburguesas, malteadas y enormes paletas de caramelo.
Tomé a Suki de la mano, casi por inercia, y la conduje hasta la nueva galería, maravillado por el motivo de la misma. Chamarras de piel, peinados brillantes, dulces, jukes y vestidos hermosos.
Boquiabierto y cegado por la sala retro me tomó por sorpresa el estruendoso sonido de las campanadas que marcaban la media noche. Pegué un pequeño salto y mi acompañante no lo dejó pasar.
—Menudo cobarde estás hecho —rió Suki.
—He, lo dice la que se aferró a mi brazo con el sonido —respondí—, se nota que a ti no te tomó por sorpresa ni nada.
—He, lo dice la que se aferró a mi brazo con el sonido —respondí—, se nota que a ti no te tomó por sorpresa ni nada.
Al parecer había sido un reflejo de Suki, porque al darse cuenta de que estaba aferrada a mi brazo se echó para atrás y bajó la cabeza. Estaba por decirle que no se preocupara, realmente en otra situación me habría incomodado y hasta molestado, pero ella me caía bien. Era amable, dulce y estábamos pasando un gran rato. Conectamos muy bien.
Las campanadas se detuvieron y los anfitriones, que ya estaban en el centro de la pista, dijeron a todos:
—Lamento comunicarles que las puertas del gran salón han sido cerradas y bloqueadas, debido a que el portero ha olvidado cerrar la puerta y se han metido hordas de ratas y murciélagos a los pasillos, pero aquí estarán a salvo. Por favor, no intenten salir del salón de baile. Para que no se estresen o preocupen, aquí les dejamos el nuevo ritmo, Rock & Roll.
Me pareció algo sumamente extraño. ¿Alimañas en los pasillos? Como si unas hordas alguna vez hayan detenido a tantos entrenadores. Entonces Tsukino vio en la barra de comida algo que llamó su atención.
—¡Mira eso! Ese Machoke le acaba de dar a aquella chica una malteada digna de un premio.
—Claro —dije con tono sarcástico—, el legendario título a la Señora Doña Malteada. Vamos.
—Claro —dije con tono sarcástico—, el legendario título a la Señora Doña Malteada. Vamos.
Caminamos juntos hasta la barra con luces y decidimos pedir algo, nos sentamos en un par de bancos atrancados al suelo y llamé al Machoke que se encargaba de tomar los pedidos.
—Señor Machoke, buenas noches, ¿podrías servirme una malteada para la hermosa señorita que me acompaña?
—Ma-choke.
—Ma-choke.
El Machoke se apresuró a servir una enorme malteada de arándanos y la corrió por la barra hasta donde estábamos sentados. Al tener enfrente la colosal bebida la cara de emoción e impaciencia en Suki cambió por una de “y ahora qué”.
—Vamos, Suki, tu puedes —dije motivándola—. Confío en ti. Hazlo por la gloria de tus antepasados.
—¿Bromeas? Esta cosa pesa más que yo, estoy seguro que es ilegal en algún lado.
—Puede ser, pero la cosa está así: O la bebes o ella te come. Tú decides.
Suki sonrió y dijo— Muy bien, muy bien; pero tendrás que ayudarme, tú la pediste y vi cómo se te iluminaron los ojos, así que no hay forma de que te libres de esto, Roc.
—Creí que nunca me lo pedirías —tomé un popote de uno de los botecitos de colores que había en la barra y lo clavé en la imponente bebida fría—. Haga los honores, my lady.
—¿Bromeas? Esta cosa pesa más que yo, estoy seguro que es ilegal en algún lado.
—Puede ser, pero la cosa está así: O la bebes o ella te come. Tú decides.
Suki sonrió y dijo— Muy bien, muy bien; pero tendrás que ayudarme, tú la pediste y vi cómo se te iluminaron los ojos, así que no hay forma de que te libres de esto, Roc.
—Creí que nunca me lo pedirías —tomé un popote de uno de los botecitos de colores que había en la barra y lo clavé en la imponente bebida fría—. Haga los honores, my lady.
Suki comenzó a beber de la copa de vidrio grueso con la ayuda de una pajilla, la dejó en la barra y comenzó su veredicto.
—Refrescante y dulce, pero no al borde de ser empalagosa. Es la mejor malteada de arándanos que he probado en mi vida.
—Espero que no estés exagerando, es mi turno. —probé la deliciosa bebida y comenté— Bua, pues está increíble. Quizá está un pelín dulce, pero nada mal.
—Ah bueno. — rió ella — A mí me suelen gustar las cosas bien dulces, quizás eso me da mas aguante a este tipo de cosas.
—Espero que no estés exagerando, es mi turno. —probé la deliciosa bebida y comenté— Bua, pues está increíble. Quizá está un pelín dulce, pero nada mal.
—Ah bueno. — rió ella — A mí me suelen gustar las cosas bien dulces, quizás eso me da mas aguante a este tipo de cosas.
Ambos comenzamos a vaciar la copa mientras nos hablábamos con la mirada. Otra vez pasamos de las palabras. Disfrutamos juntos, incluso el silencio, las palabras sobraban en algunos momentos.

Entonces, justo antes de terminar con nuestra proeza comenzó a sonar una canción cuyo ritmo y descontrolado tono llamó mi atención.
—¿Qué dices? ¿me acompañas en esta pista?
—No tengo ni idea de cómo bailar ese ritmo, Roc —se excusó Suki—. Los anteriores eran más simples y podía hacer como que tenía idea, pero éste…
—¿Qué dijimos antes, Suki? Anda, vamos. ¿Nunca te han prohibido algo? Bueno, pues cada vez que alguien te dijo que no, te puso pegas para hacer algo que realmente deseabas o alguien se negó a acompañarte en una aventura, cada uno de esos escenarios te preparó para el día en el que bailaras Rock n’ Roll. Es el ritmo de los rebeldes, de los anómicos; tu misma te denominaste como un caos, ¿no? Ven, hagamos un caos juntos.
—Hemos venido a pasarlo bien. ¡Vamos! — ella cerró sus puños con entusiasmo, parecía que hablaba en serio.
—No tengo ni idea de cómo bailar ese ritmo, Roc —se excusó Suki—. Los anteriores eran más simples y podía hacer como que tenía idea, pero éste…
—¿Qué dijimos antes, Suki? Anda, vamos. ¿Nunca te han prohibido algo? Bueno, pues cada vez que alguien te dijo que no, te puso pegas para hacer algo que realmente deseabas o alguien se negó a acompañarte en una aventura, cada uno de esos escenarios te preparó para el día en el que bailaras Rock n’ Roll. Es el ritmo de los rebeldes, de los anómicos; tu misma te denominaste como un caos, ¿no? Ven, hagamos un caos juntos.
—Hemos venido a pasarlo bien. ¡Vamos! — ella cerró sus puños con entusiasmo, parecía que hablaba en serio.
Nos levantamos de la barra y llegamos hasta la pista de baile donde unos cuantos eran los que se habían animado a bailar; tentados por la comida y la ambientación, la gran mayoría estaba sentada comiendo o conversando.
Tomé a Suki de la mano y puse mi otra mano en su cintura. Antes de comenzar me acerque a ella y le dije cerca del oído:
—Hagas lo que hagas, no te contengas. Todo lo que pienses que no puedes hacer, ahora es el momento de hacerlo.
—¡Vale! Te sigo.
—¡Vale! Te sigo.
Comenzamos agitarnos de un lado a otro con la música, con ritmo y suavidad nos contoneábamos sobre nuestros pies. Los pasos de baile comenzaron a cambiar el ritmo, se tornaron bruscos y toscos; nos hacían recorrer de un lado al otro la pista. Con suma naturalidad, la chica que no sabía bailar se desenvolvió en la pista dando vueltas y giros sobre la brillante tarima.
Sacudíamos los pies y los brazos al ritmo de la sesentera música. En algunos momentos perdíamos la coordinación, solo reíamos y nos acercábamos de nuevo a la posición original para retomar el baile de nuevo. Dábamos giros y sacudidas. Llamamos la atención de unos cuantos que nos miraban y no sabían si burlarse o asombrarse, pero no nos importaban ellos.
Hicimos lo que veníamos a hacer, hicimos un caos en la pista. Hicimos un caos juntos.
La Mansión Azul ✑ ♠Rol Activo
Academia Pokémon ✑ ♠Cronología — ♠Inventario

♠ ♠ pkmn-marshtomppkmn-espurrpkmn-mawile color-shinypkmn-arcaninepkmn-murkrowpkmn-nidorino ♠ ♠
Academia Pokémon ✑ ♠Cronología — ♠Inventario

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— ¿Tú-?
— ¿Y yo?








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