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#1

Cuéntame algo triste.



Siempre podemos ver historias de terror, grandes aventuras, tragedias y amores llenos de ilusiones en la zona de Fanfic, pero ¿En verdad hay algo que nos ponga tristes a nosotros? Algo que esté hecho para llegar al interior de nuestro corazón y empezar a estrujarlo llenándonos de un sentimiento de vacío e insatisfacción nuestro ser. Por eso hago este evento que se trata de hacer un escrito de cualquier género de la literatura hecho para entristecer al lector, esto para que la gente nos muestre que tanto pueden apelar a nuestros sentimientos con éxito. Traten de ser realistas:


Información.
-Podrás participar con cualquier tipo de literatura: Poemas, cuentos, drabble, etc... con tal que sea algo escrito sin utilizar ningún otro tipo de recursos.
-Las inscripciones cierran el sábado 8 de agosto y se tiene hasta el miércoles 12 de Agosto para publicar su escrito.
-Háganlo lo más realista posible, sí está bien la fantasía pero no que de repente por que muere alguien nos debería poner mal.
-Se brindará el premio de sección para el primer lugar y un banner inspirado en su escrito.


Ficha.
Decir yo participo.



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Lee mi Fanfic: Pokémon Shi Daos


#2
Me inscribo en esto, no sé que hacer tho ewe
Premios











Firmas







#4
Meh Why not, total no tengo mucho que hacer xDD

El escrito lo ponemos aqui una vez hecho o posteamos again? (?





Aurora Skov

Academia Pokémon

Cronología
& Inventario
Nyxeria Anubis

:131: Odisea Pokémon :131:

Índice y Datos



#5
Ok,lo intentare... SACARE MI LADO MAS EMO POSIBLE!! D,: (? OkNo
Este, no se si sea muy bueno con fics... pero viendo que pueden entrar poemas, le entro
Yo participo.

Gracias mishu <3


Academia

Firmas

#6
Well... why not? Let's do it!

Baby we are the New Romantics Come on, come along with me
Heartbreak is the national anthem We sing it proudly

#7
Estoy dentro.
Spoiler


Tengo que hacerme más duro. El perrito de la imagen ya me ha puesto triste, joer xD
#8
Yo me inscribo. a ver si la idea que tengo en mente les llega al kokoro (?)

Pokiu.

EGN: Hoy es el fin del mañana
65 - Todo se paga
#9
-Inscripciones cerradas-


Los participantes han sido inscritos y es hora de comenzar a publicar sus historias de efecto lacrimógeno, tienen hasta el miércoles 12 de Agosto. Seré el juez aunque puede haber votaciones de personas que NO estén participando, sí alguien quiere dejar su opinion de cual es el mejor aumentará mucho mi consideración hacia esa historia. Recuerden que el objetivo es hacer algo que te ponga triste y no necesariamente el mejor escrito ganará.
@OnixTymime @KaiserGreg @Sophie Smith @Azur @Skov @polirock @Abdy Buena suerte!



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Lee mi Fanfic: Pokémon Shi Daos


#10
¿Miércoles 12 de agosto? Juraba que el plazo era hasta ayer. Lo siento u.u
Y pues bueno, debo decir que este es un escrito que combina realidad-ficción pues la historia es hasta cierto punto real. Me guardo toda la demás información al respecto[?]

Intenté hacer lo más triste posible, pero no sé que tan bien me salió, lamentablemente no he estado depresivo en todo este tiempo así que me costó mucho hacerlo.
PD: Si conocen algun instrumental triste, coloquenlo a tono medio mientras leen, quizás eso haga que su corazón se les arruge tantito.


Segundos


Spoiler
Es tan sorprendente como tu vida puede dar un giro de trescientos sesenta grados en tan solo un segundo; solo basta una llamada y todo lo que tenías planeado a futuro se cae, destrozado en millones de piezas, ¿podré reconstruirlo? Para eso tuve que haberlo armado primero.
Tan solo bastó eso, el repique de mi celular para destruir toda la tranquilidad de mi vida. Era una llamada. Contesté: Paul, Amelia está muy mal, se desmayó en medio de la clase y está muy grave. Vamos camino al hospital. Esas fueron las claras palabras de la voz al otro lado de la línea, ni siquiera fui capaz de identificar quién era pues el pánico me inundó completamente al escuchar aquello; mi teléfono cayó al piso. Todo parecía andar en cámara lenta. Abandoné todo lo que estaba haciendo hasta el momento, mi mente solo repetía lo mismo una y otra vez Amelia… está muy mal… Amelia… mal…
Era frustrante.
No sé cuánto me tomó llegar al hospital y realmente no me importa. Quizás fueron segundos o minutos, sea cuales fueren se me hicieron eternos. Ya las lágrimas picaban en mis ojos con el simple hecho de saber que algo le había pasado. Desesperación.
Al llegar veo a su hermana, tiene los ojos rojos de haber estado llorando, me aproximo rápidamente a ella para enterarme.
—Se desmayó de pronto, según los doctores está muy mal. No es un infarto pero sus pulmones y sus riñones han dejado de funcionar, está en cuidados intensivos, todo pinta muy mal Paul —dijo mientras caía llorando sobre mi pecho. Me armé de toda la valentía que pude en ese momento y la abracé.
Yo también quería llorar, perder a la mujer que amo era algo que siquiera era capaz de imaginar.
—Todo estará bien, ya verás que no pasará a mayores —respondí en un susurro, intentando convencerme a mí mismo de aquello. Enterré mi cabeza en su cabello, olía igual que ella, ese aroma a flores y fruta. La abracé más fuerte aún.

Esperar en un hospital es horrible. Ver a todos correr de un lado a otro, las camillas que pasan frente a ti con pacientes encima en quién sabe qué estado, uno peor que el otro. Gente que grita, gente que llora, gente que cae desmayada del susto o los nervios. Humanos a fin de cuentas.
Mi vista estaba clavada en la puerta del final del pasillo, la de Unidad de Cuidados Intensivos, según Amanda, ahí es donde habían ingresado con Amelia. Doctores y enfermeras salían, doctores y enfermeras que entraban. Nadie nos decía nada pero nos veían con una especie de lástima mientras estábamos ahí sentados, como al acecho de una presa pero sin buenos resultados.
Amanda era la hermana de Amelia. Era igual de hermosa, piel morena y radiante, una castaño oscuro que caía cual cascada sobre sus hombros y espalda; poseía unos ojos marrón claro y una sonrisa que te alegraba el día.
Hoy no era ese día.
Solo estaba sentada, sus codos apoyados sobre sus rodillas, sus manos entrelazadas y sus pulgares unidos siendo mordisqueados por sus dientes. Era un hábito que tenía desde niña. Vigilaba la puerta sin quitar la vista de ella solo más que para hacerme alguna seña. Yo simplemente no podía dejar de observarla.

—Ahí viene el doctor —exclamó al tiempo que se levantaba de la silla apresuradamente. Después de una larga espera de más de cinco horas por fin tendríamos noticias.
— ¿Son ustedes los familiares de la señorita Amelia? —preguntó al ver que nos levantábamos e íbamos hacia él.
—Yo soy su hermana, Amanda y él su novio, Paul ¿Cómo está mi hermana, doctor?
—Señorita —hizo una pausa mientras nos miraba a ambos fijamente. No mostraba emoción alguna, quizás los años de experiencia le habían enseñado a no hacerlo frente a los familiares de los pacientes.
Yo no podía dejar de mirarlo fijamente, mi corazón latía a mil por hora, sólo quería saber cómo estaba Amelia.
—Me temo que… —tragó saliva—, me temo que su hermana falleció.
Fue como una bomba para nosotros. Todo lo que podía salir mal, salió mal.
—Llegó casi sin signos vitales, hicimos todo lo que estuvo a nuestro alcance pero no pudimos reanimarla, sus pulmones se llenaron de líquido y aún cuándo los vaciamos no respondía siquiera al oxígeno —explicó—; Lo intentamos todo. Lamentamos su pérdida —terminó de decir.
Yo ya había dejado de oírle hacía un buen rato, Amanda cayó sobre mí llorando, yo también casi caigo al suelo al oírlo; ya no me interesaba ser fuerte, no me importaba si me veían llorar. Ya nada importaba de verdad pues la había perdido para siempre, fue como un disparo directo al corazón.

Tres meses después.

No puedo decir que superar la muerte de Amelia fue algo fácil, porque simplemente me estaría engañando a mí mismo. Lloraba casi todas las noches, a tal punto de que caía dormido llorando sin siquiera darme cuenta y me levantaba al día siguiente intentando volver a mi rutina de trabajo de día y llanto desconsolado de noche; en algún momento llegué a sentir que ya no me quedaban suficientes lágrimas para llorar, lo mismo pasaba con Amanda.
Aunque su hermana había muerto no perdimos contacto, nos ayudamos mutuamente durante los tres meses que pasaron luego de la partida de Amelia: nos hicimos más amigos y nos veíamos con más frecuencia, hablábamos sobre todo, y era realmente agradable estar con ella, era como si Amelia estuviera ahí. Era realmente bonito.
Luego de un tiempo, cinco meses exactamente, comenzamos a salir, ya no como amigos sino como algo más: como novios. Todo andaba viento en popa, nos amábamos el uno al otro, viajábamos de un lugar a otro, conocíamos personas, culturas, lugares. Ya después de un año decidí que era tiempo de dar el siguiente paso.
—Amanda —dije al tiempo que me arrodillaba y tomaba su mano. La puesta de sol como escenario para esta propuesta—, ¿quieres casarte conmigo?
—No podría negarme —respondió con lágrimas en los ojos.
Oficialmente nos comprometimos aquel día de septiembre, el sol se estaba poniendo pintando en el cielo matizando el cielo de distintas tonalidades naranja. Lo recuerdo como si hubiese sido ayer.
Y así pasaron dos años. Los dos mejores años de mi vida.
Pero es como todo, la felicidad no puede ser eterna.

Iba a contrarreloj. Era el día de nuestro aniversario, Amanda esperaba en casa, dijo que haría una cena y yo ya iba tarde pues fui a recoger el ramo de orquídeas que había encargado con anterioridad. A ella le encantaban, es más, según sus palabras: “Las orquídeas son las flores más hermosas de todas, hay tantas variedades y colores, son una gran familia, como lo será la nuestra en un futuro. Si algún día me vas a regalar una flor por favor que sea una de estas, no me gustan las rosas, esas flores son para los muertos” Desde entonces siempre que cumple años o para festejar cualquier tontería suelo regalarle una orquídea, sus favoritas son las de color violeta.

Abrí la puerta del departamento, esperando sorprenderla cuando saliera a recibirme, pero no pasó.
— ¿Amelia? —pregunté. Nadie respondió—, ¿amor estas aquí? —silencio total.
En el comedor la mesa estaba servida, pero ella no estaba ahí; dejé el ramo de flores en la cocina y fui a la habitación. Ahí la encontré.
Tirada en el suelo, inconsciente.
Me alarmé, intenté socorrerla pero no respondía. Su pulso estaba débil y apenas lo podía sentir; la ambulancia llegó en menos de diez minutos y nos fuimos directo al hospital. La historia parecía repetirse. Otra vez en el mismo hospital, el mismo pasillo, el mismo reloj de pared que andaba su curso sin detenerse: cada segundo era como un puñal de desesperación que se clavaba bien hondo dentro de mí. Era simplemente insoportable.
Cuando por fin el doctor salió de la sala de cuidados intensivos lo abordé sin darle tiempo para hablar.
— ¿Cómo está Amanda, dígame que se salvará, doctor por favor? —las lágrimas picaban en mis ojos y caían por mis mejillas sin poder contenerlas. Por mi cabeza no pasaba ningún otro pensamiento más que aquel que había tenido en ese mismo lugar hace poco más de dos años.
—Por favor tranquilícese. La señorita Amanda está bien aunque su estado es bastante delicado pero ya logramos estabilizarla, sus pulmones se llenaron de líquido y uno de sus riñones está fallando —dijo.
— ¿Qué es lo que tiene?
—Amanda tiene una rara enfermedad. Es un tipo de hepatología muy extraño de ver, y aunque es hereditario es realmente difícil que las personas se vean afectadas por ello, es mas como una mutación —aclaró.
— ¿Y qué es lo que hace, sobrevivirá? —pregunté inquieto.
—En pocas palabras podemos decir que estas bacterias destruyen los riñones, por suerte en esta ocasión atacó solo uno de los dos, pero me temo que necesitamos extraerlo con urgencia, justamente por eso vengo. Necesitamos su autorización para sacar el riñón antes de que su estado empeore.
—Si eso le salva la vida, entonces háganlo. Por favor, sálvela.
—Firme aquí entonces para nosotros proceder —exclamó al momento que me extendía una forma donde explicaba lo que necesitaban hacer y solicitaban el permiso.
Sin pensármelo dos veces firmé la forma apenas leyéndola. El doctor se la llevó de vuelta y volví a quedarme solo en aquel lugar que tanto odiaba pero que sin quererlo o no era lo único en que podía apoyarme.

Por suerte la cirugía había salido bien, fueron unas largas y tortuosas horas las que pasé en aquel hospital, no imagino cómo se sintió Amanda mientras tanto, cuando por fin pude verla me sentí aliviado: estaba aún bajo los efectos de la anestesia así que el médico me llamó aparte para hablar conmigo.
—Debo decirle que aunque la paciente salió bien de la cirugía, su otro riñón va a ir deteriorándose de a poco, le urge un trasplante cuanto antes o para la próxima vez será peor que hoy.
— ¿Un trasplante? —dije casi gritando.
—Sí. Por favor entienda que el cuadro clínico de la paciente es muy delicado, este tipo de hepatología es muy grave; la bacteria está carcomiendo los riñones y le aseguro que en menos de un año su otro riñón dejará de funcionar y Amanda corre gran riesgo de morir —explicó. Hizo una pausa para mirarme y ver mi expresión—, le recetamos distintos antibióticos para intentar frenar el virus pero solo harán eso, frenarla momentáneamente.
—El mío. ¿Puedo darle mi riñón? Si es necesario ahorita mismo, lo que sea con tal de salvarla doctor.
—Señor, por favor cálmese. No es tan sencillo, estamos hablando de un órgano no es como si estuviésemos jugando: primero hay que hacer pruebas y exámenes para ver si son compatibles, además de que en estos momentos la paciente está muy débil y no lo soportaría.

El médico se fue y yo me quedé junto a mi prometida, no solté su mano en ningún momento esperando a que despertara.
— ¿Amanda? ¿Amor cómo te sientes?
— ¿Paul? Amor. ¿Qué pasó, donde estoy? —preguntó aún adormilada.
—Estas en el hospital, tuviste un ataque… nada grave. Lo importante es que estas bien, ¿no recuerdas nada?
—Sólo… solo recuerdo que estaba preparando la cena… hoy es nuestro aniversario —agregó con una sonrisa dormida. Yo besé su mano, las lágrimas comenzaron a brotar de mis ojos involuntariamente.
—Sí, hoy es nuestro aniversario —respondí sonriendo mientras me inclinaba y besaba sus labios suavemente—, pero eso no importa, lo importante es que estas bien —besé su frente.
El siguiente año fue difícil, pasaron muchas cosas. Hubo mucho llanto, gritos, peleas y reconciliaciones, visitas al hospital; todo ello sirvió para fortalecer nuestra relación. La depresión estuvo presente más de una vez en nuestra casa e incluso Amanda intentó de quitarse la vida en más de una ocasión pero no lo hizo: quizás porque realmente no se sentía preparada para morir o porque no se lo permití. Sea cual fuere la razón me alegraba de que aún siguiera con vida, esa mujer era mi todo y no soportaría perderla, ya pasó una vez con Amelia, no sería capaz de afrontarlo una vez más.
Por otro lado, todos los exámenes médicos salieron bien, solo era cuestión de tiempo para hacer el trasplante. Existía tan solo un diez por ciento de probabilidades de que algo saliera mal y ese número me ponía realmente nervioso pero guardaba mis esperanzas.
Por fin llegó el día.
Ambos vestíamos ya las batas azules de hospital. Aún con las grandes bolsas que estaban bajo sus ojos me parecía que ella se veía hermosa, me sonrió y enseguida vino a mi mente el pensamiento de qué sería de mí sin aquella sonrisa.
Una enfermera se acercó a ambos —¿Listos? —preguntó.
—Todo listo —respondí.
—Sí. Pero primero… ¿me puede hacer una favor’ —preguntó Amelia y le susurró algo a la enfermera que enseguida asintió.
—Bueno señor Paul, debemos irnos.
—Espere ¿Y Amanda? —pregunté sorprendido.
—A ella la llevará mi compañero, vamos.

Ya en el quirófano estábamos separados por apenas unos centímetros, cada uno acostado boja abajo pero viéndonos. Entrelazamos nuestras manos. Apreté su mano con toda la fuerza que podía sin herirla. Ella sonrió.
La anestesia estaba haciendo efecto y ya estaba cayendo dormido, pero antes logré ver como movía su boca y pude adivinar lo que dijo: “Te amo” intenté responder pero no recuerdo si llegué a hacerlo, mis párpados se cerraron y la próxima vez que los abrí ya estaba en la habitación. Una punzada de dolor atacaba mi espalda, pero era apenas una molestia.
Una enfermera entró al cuarto.
—Señora, disculpe ¿cómo salió la operación, cómo está Amelia? —mi voz se sentía débil. La mujer me ignoró así que supuse que no me había escuchado, la próxima vez que lo intenté ya había salido de la recámara.
Volví a caer en las garras de Morfeo un rato más.
Cuando desperté me sentía mareado pero al menos ya podía levantar mi cabeza y tenía control sobre mi cuerpo. Estaba solo en la habitación, la luz estaba apagada y la puerta cerrada, era un lugar pequeño así que supuse que Amanda estaba en una aparte.
Me levanté y encendí la luz, era muy brillante y tardé en acostumbrarme al resplandor, me asomé al pasillo y este estaba vacío, debían de ser las tantas horas de la madrugada; cerré la puerta, fui a la ventana y abría las cortinas, efectivamente era de noche: corrí el vidrio para sentir la fresca brisa en todo mi cuerpo, literalmente en todo, no es como si una bata de hospital cubra demasiado. Frente a mí se podían observar las brillantes luces de la ciudad, era una vista magnífica, sobre todo por la cordillera de montañas que parecía bordearla “El pulmón” como solían llamar a esa gran montaña que se alzaba por sobre las demás.
Me quedé mirando fijamente un buen rato, todo estaba en calma.
Cuando decidí volver a mi cama me percaté de que en la pequeña mesita donde estaba la bandeja de la comida, había un pequeño sobre blanco con una inscripción arriba, que estaba escrita con una caligrafía que conocía muy bien. Tomé el sobre y volví a la ventana, cuando lo abrí era una carta.

Querido Paul.
Si lees esto es porque probablemente he muerto durante la cirugía, desde hace mucho tiempo tenía el presentimiento de que iba a morir, esa era una de las tantas razones por las cuales me constaba conciliar el sueño, además del dolor. Sin embargo, hoy ese sentimiento se hizo mucho más fuerte que nunca y por eso me tomé la libertad de escribir esta carta.
Quiero que sepas que estos últimos tres años han sido los mejores de mi vida porque los he pasado a tu lado, ya sé porque Amelia te quería tanto, y ya puedo decir que comprendo perfectamente a mi hermana; eres un hombre maravilloso. Eres más de lo que podría haber deseado en el mundo; pudiste haberte ido cuando comenzó toda esta espiral de emociones, lamento como muchas veces te traté, en este momento me siento la peor mujer del mundo porque sé que no te lo merecías. Intenté alejarte de mí más de una vez, no quería que sufrieras, solo deseaba que fueras feliz pero insististe diciendo “mi felicidad está junto a ti”, esas palabras eran como puñales que desgarraban mi corazón pero que al mismo tiempo me daban cierta seguridad. Te agradezco por todo lo que hiciste por mí, de verdad mil gracias, no me alcanzarían ni mil vidas más para agradecerte lo suficiente.
Justo en este momento me doy cuenta de algo y veo que ese dicho que solían decir nuestros padres cuando éramos pequeños es cierto: Lo que la tragedia une la tragedia lo separa.
Y es cierto, la tragedia nos unió con la muerte de Amelia y la tragedia nos separó también con mi muerte.
Es realmente duro escribir esta nota, estoy sacando fuerzas de donde no tengo porque quiero de verdad expresarte todos mis sentimientos, porque te quiero demasiado, te amo con todo el amor del que soy posible y por eso quiero que estés bien y que tengas una larga vida.

Con amor, Amanda.


Las malditas lágrimas volvían a caer, pero estas no eran involuntarias, no. Estas de verdad quería soltarlas, merecían ser lloradas con ganas. La brisa fría de la noche intentaba secarlas en vano y fue cuando me decidí.
Subí a la ventana. Me paré en la cornisa y no miré hacia abajo en ningún momento, no quería dudar de lo que haría a continuación; respiré hondo por última vez y lo hice… son pensármelo siquiera lo hice… di el paso que faltaba para acabar con todo esto, di el paso adelante que decidiría mi futuro, di el paso adelante hacía el vacio.

Mientras caía, la brisa golpeaba salvajemente mi cuerpo, las luces de la ciudad estaban ahí, calmadas como siempre y fue durante todo este tiempo que recordé todo; durante estos pocos segundos te he contado mi historia, miré abajo y el piso se acercaba con velocidad, ¿quieres saber qué pasó después? Pues es muy sencillo.
Yo…

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