Capítulo 8: SYGNA
—Si lo que dices es cierto —dijo la envejecida Empoleon, pensativa— tenemos la potestad de terminar esta guerra en cualquier momento, y con el menor número de víctimas posible.
—No son más que suposiciones, de todas formas —respondió Paldus—. La Piedra Focal no es más que una leyenda, y aunque lográramos encontrar una, no sabemos si de verdad tiene el poder que deseamos.
La Empoleon se paseó brevemente por la cámara, murmurando algo.
—Entonces no debiste darle tantas esperanzas al chico —gruñó—. Tal vez ahora crea que de verdad la paz de Pellaria reposa sobre sus hombros, y eso es una presión demasiado grande… teniendo en cuenta que puede ser falso.
—Lo sé, Sygna… lo sé —respondió el Swampert, suspirando—. Pero quiero que sienta la esperanza en su corazón. Eso le dará fuerzas. Además, sea como sea, es un Mudkip muy poderoso.
—No lo dudo —contestó la Empoleon—. No es que no confíe en su poder, Paldus, pero creo que no está listo para afrontar lo que se le va a venir encima. Es muy joven.
—Eso mismo hablé ayer con Lugnos —dijo Paldus—. Es más fuerte de lo que pensáis, créeme. Tiene el coraje del mar primigenio latiendo en su interior. Además, tiene el apoyo moral de su compañero de equipo. Podrá con ello, no te preocupes.
La habitación de Paldus se quedó en silencio unos instantes. Sygma observaba uno de los cuadros que decoraban la cámara personal de su amigo, uno que representaba a Kyogre, el majestuoso Dios del mar.
—Quiero conocerle —dijo finalmente, sin apartar la mirada del cuadro.
Marvin estaba experimentando tantas cosas juntas que apenas se preocupaba de pensar en Cynder. Desde lo que le pasó a Flass andaba con mucho más cuidado a la hora de explorar las Ruinas, pero la compañía de Winona lo hacía todo más tranquilo. Sentía que se había quitado un peso de encima al confesarle su historia a la Buizel, ya que la conversación entre ambos se había hecho más relajada a medida que avanzaban por el territorio.
Se hallaban ya en la última etapa de su viaje, el sector final antes de llegar al escondrijo de los criminales. Se habían cruzado con algún que otro Pokémon salvaje, pero ninguno tan peligroso o difícil de derrotar como el Bronzong del sector anterior.
—Si quieres que te diga la verdad —le confesaba Winona a Marvin—, me siento mal por Flass.
—Ya, el pobre no tuvo oportunidad —contestó Marvin, torciendo la boca—. Ese Bronzong lo dejó fuera de combate rapidísimo.
—No, es decir… en general, me siento mal por él —corrigió la Buizel—. Ser un Weedle tiene que ser difícil. Por lo frágiles que son, ya sabes. Se debilita mucho en los territorios, y aún por encima Grindar le suele echar la bronca.
—Que palo —contestó Marvin—. Debe estar harto de ese Tyranitar.
—Todo el mundo está harto de él —añadió Winona—. Se cree superior a los demás por ser un Pokémon pseudolegendario, pero apuesto a que Paldus podría patearle el **** cualquier día de la semana.
A Marvin le hizo gracia el comentario. Nunca se había parado a pensar en Paldus como un combatiente, pero parecía un rival duro de pelar. En general, todos los miembros del Equipo Esmeralda parecían muy poderosos, aunque suponía que gran parte de su poder provenía de su sentido del compañerismo y el trabajo en equipo, como había mencionado Rawkan durante su primera exploración.
Y entonces, casi de repente, se le ocurrió una idea.
—Oye, Winona —inquirió Marvin—. ¿Cómo funciona el tema de los equipos de entrenamiento? Quiero decir ¿sois libres de iros y formar un equipo cuando queráis?
—No, tenemos que quedarnos con los equipos de entrenamiento hasta completar cierto entrenamiento básico —dijo ella—. La única forma de abandonar el equipo antes de tiempo es que otro equipo se haga cargo de nuestro entrenamiento.
—Podría pedir hacerme cargo de Flass, entonces —dijo Marvin, mirándola con una sonrisa—. Así no tendría que recibir reprimendas al fallar. Yo lo trataría como a un miembro más del equipo, no como a un inferior.
Winona se sorprendió ante el ofrecimiento de su amigo, pero pronto asintió con la cabeza.
—Me parece bien —dijo—. Aunque si te digo la verdad, se me haría raro no salir a explorar con él todos los días. Siempre nos asignan juntos.
—¡Puedes venirte tú también! —exclamó Marvin!— Así podrías seguir estando con Flass.
Winona sonrió. No obstante, negó con la cabeza.
—No, lo siento —dijo—. Prefiero acabar mi entrenamiento con profesionales. Además, siempre soñé con tener mi propio equipo —señalando con el dedo al suelo, añadió—. Cuidado con el Diglett.
Marvin miró hacia donde su amiga indicaba. Casi le pisaba la cabeza al pequeño Pokémon topo que asomaba cerca de su pie. El Diglett se metió bajo tierra al darse cuenta de lo cerca que había estado de ser pisado.
—Que raros son —comentó Marvin, que apenas había visto unos pocos durante la expedición—. Solo he visto sus cabezas.
—Tú y todos —dijo Winona, retomando la marcha.
Marvin la miró extrañado.
—Nadie sabe cómo es un Diglett de cabeza para abajo —dijo ella, antes de que su amigo tuviera que preguntar—. Apenas se ven Digletts inteligentes, y parecen decididos a mantener su secreto oculto.
El Mudkip asintió con la cabeza. Aprendía más con una novata como Winona que con Rawkan, que no dejaba de hablar de los usos de los huesos Pokémon y apenas le explicaba cualquier otro aspecto de su mundo.
El dúo no tardó en alcanzar el arco que, según Winona, los llevaría a la zona de descanso. La Buizel puso su bolsa de viaje en el suelo y sacó una semilla, que le ofreció a Marvin.
—Tenemos que estar preparados para pelear con el Pokémon que haya ahí dentro —dijo—. Coge esta semilla.
—¿Qué hace? —preguntó Marvin, mirando la curiosa semilla.
—Es una semilla bomba —dijo la Buizel—. Si la lanzas fuerte contra algo, explota y causa daño. Tranquilo cobardica, no es letal —añadió, al ver la horrorizada expresión de su amigo.
La Buizel se equipó con su propia semilla, y ambos atravesaron el monumental arco de piedra.
La zona de descanso era como el resto del territorio, salvo que estaba compuesta de una única sala con la estatua de una Kangaskhan en el centro. Lo primero que llamó la atención del equipo, no obstante, fue la presencia de un Electabuzz, que comía despreocupadamente una manzana. El Pokémon en cuestión estaba rodeado de unas pequeñas bolsas de aspecto bastante lleno. La criatura eléctrica no tardó en verlos.
—¡Eh, vosotros dos! —gritó, levantándose— ¿Qué os creéis que estáis haciendo aquí? ¡Esto es propiedad privada!
Marvin y Winona se miraron, incrédulos. El Electabuzz se acercó a ellos con un aire de agresividad.
—Hemos venido a por los ladrones de objetos que se esconden aquí —dijo entonces Marvin, dando un paso al frente—. Y esas bolsas parecen sospechosamente llenas de objetos.
—¿Y qué si lo están? No es asunto vuestro —dijo amenazadoramente el Pokémon Eléctrico, la energía estática corriendo por su pelaje—. No os avisaré una vez más, largaos ahora mismo o…
El Electabuzz no tuvo tiempo de terminar la frase, ya que recibió una fugaz ataque rápido por parte de Winona, golpe que le hizo caer hacia atrás.
—¡Se acabó la diplomacia! —exclamó ella, aterrizando en el suelo en frente del derribado Pokémon.
Marvin se puso en posición de combate al ver que el Electabuzz se levantaba.
—¡Vais a saber lo que es bueno, niñatos! —gritó, cargando energía eléctrica en su puño.
Marvin saltó a un lado para evitar el puñetazo eléctrico, dando un giro y poniéndose en pie de nuevo. Sin pensarlo dos veces, arrojó la semilla bomba contra su enemigo. No fue una buena idea, ya que el Electabuzz la cogió al vuelo.
—¿En serio pensabas que no iba a ver eso venir? —dijo socarronamente.
—Eso no, ¡pero esto sí! —gritó Winona desde la espalda de su enemigo, mordiéndole el brazo con un colmillo de hielo.
El Pokémon eléctrico dejó caer la semilla con un aullido de dolor, y Marvin la recuperó a velocidad del rayo, lanzándola de nuevo. Esta vez, el ataque impactó contra su rival, que soltó un furioso grito a la vez que electrocutaba a Winona con la energía estática que recorría su pelaje.
Marvin rodeó al Electabuzz, evitando los rayos que emitía su cuerpo, para auxiliar a Winona. La Buizel se levantó sorprendentemente rápido y se puso en posición de combate de nuevo.
Con un impresionante salto en el aire, sacó de su bolsa una esfera mágica y la arrojó rápidamente contra su adversario. La esfera, tras colisionar, emitió una energía que rodeó al Electabuzz, impidiéndolo moverse.
—Marvin, voy a usar una táctica especial —dijo entonces Winona—. Aunque esté petrificado en el sitio todavía puede atacarte, así que trata de debilitarlo. Cuando yo te diga, atácalo con hielo para entumecer más su cuerpo.
Marvin asintió, algo dudoso. A apenas un metro, su rival concentraba energía eléctrica en su brazo izquierdo, preparándose para dispararla. A su vez, Marvin cargó la técnica del viento hielo que Wilder le había enseñado.
—¡Ahora! —gritó la Buizel. Con un súbito movimiento, la Pokémon de agua se introdujo bajo tierra ante los incrédulos ojos de Marvin.
Marvin descargó su ataque casi al mismo tiempo que el Electabuzz, y ambos ataques impactaron. Marvin sintió el calambrazo azotar todo su cuerpo, pero se mantuvo firme y continuó lanzando hielo desde su boca.
El dolor le entumecía el cuerpo, y sentía como su piel húmeda, conductora de electricidad, era atenazada por el potente ataque. Tenía la impresión de que no sería capaz de aguantar en su sitio mucho más.
El Electabuzz se vio atrapado rápidamente en la pequeña ventisca que Marvin descargaba sin piedad contra él. Cuando parecía que empezaba a recuperar el control sobre su cuerpo, Winona salió propulsada del terreno debajo de su enemigo, golpeándolo en la barbilla con toda su fuerza.
Marvin dejó de atacar y cayó al suelo, debilitado por los rayos que había recibido, pero a la vez aliviado y tranquilo al haber tumbado a su poderoso enemigo, que yacía al lado de Winona. Ella le indicó que todo estaba bien levantando el pulgar.
—¡Por el Mar de los Monstruos, Kroven, eres de lo que no hay! —dijo Rong el Excadrill, riendo. El Pokémon de Tierra presentaba una escayola que cubría su pierna izquierda, rotas durante la huída del Fuerte Flarah.
Kroven soltó una risita nerviosa. El líder de su equipo, aunque débil, estaba vivo, que era más de lo que se podía decir de sus compañeros. El Murkrow no les había cogido tanto cariño como para entristecerse demasiado por su pérdida, sin embargo.
Cynder se sentaba a su lado, comiéndose un bollo de pan. Ahora que había recuperado el apetito, quería llenarse el estómago de comida.
—Siempre dije que tenías a Victini de tu parte —soltó Rong—. Aunque ahora… me temo que no podré liderar ningún equipo con la pierna así. No te preocupes, me aseguraré de que te incluyan en algún equipo de entrenamiento.
Kroven frunció el ceño.
—No, de veras… creo que estoy bien siendo el asistente de Elina —dijo.
—¿Pero no me habías dicho que tu ala casi estaba recuperada? —prguntó el Excadrill— Lo tuyo ni siquiera era un hueso roto, era un esguince pequeño…
—Sí, pero… —el Murkrow se encogió de hombros— No quiero volver a un equipo de entrenamiento, y tampoco me hace falta. Creo que prefiero seguir trabajando con Elina hasta que haya un puesto vacante en algún equipo.
Cynder, que había estado atento a la conversación.
—Kroven —dijo, saltando de la banqueta en la que estaba sentado—. ¿Qué te parece si te unes al Equipo Tormenta?
Rong y Kroven lo miraron como si fuera de otro planeta.
—El equipo que tenemos Marvin y yo —aclaró.
Kroven pareció pensárselo, mirando a Rong en busca de aprobación.
—Eh, yo no te voy a decir nada —dijo éste, encogiéndose de hombros—. No estoy en condiciones de llevar un equipo.
El Murkrow miró de nuevo a Cynder.
—¿A Marvin… le parece bien? —inquirió.
—No creo que le importe —respondió Cynder—. Nos vendría bien un par de ojos extra en las misiones.
Entonces, la puerta se abrió de nuevo y Suh entró en la habitación, dirigiéndose hacia Rawkan.
—Mis poderes están en su punto álgido —dijo el Kadabra—. Podemos irnos cuando deseéis.
Rawkan miró el reloj que colgaba de una de las paredes de la sala.
—No tardará en ser la hora de comer —afirmó—. Será mejor que pensemos en volver a la Atalaya, chicos.
Kroven asintió, todavía pensando en la oferta de Cynder. Mientras el Cyndaquil se despidió de su madre con otro cálido abrazo, Kroven parecía sopesar las posibilidades.
—Creo que acepto, Cynder —dijo finalmente, una vez el Cynaquil hubo terminado de despedirse—. Espero que a Marvin le parezca bien.
—Hazle caso a Cynder —añadió Rawkan—. Siempre viene bien un poco de ayuda a la hora de explorar territorios misteriosos. Aceptará, no te preocupes.
El grupo abandonó la sala para salir al pasillo de piedra de nuevo, cerrando la puerta tras ellos.
—Después de comer podemos organizar la misión para mañana, si quieres —le dijo Kroven a Cynder—. Soy bastante bueno con el papeleo.
Cynder asintió rápidamente. Suh les indicó con un gesto que se agarraran las manos, justo antes de que el destello de luz cegadora los envolviera una vez más.
—Y con esta ya están las seis —dijo Winona, atándose una de las pequeñas bolsas de objetos a la cintura. Después de hacer inventario, había decretado que aquellas eran definitivamente las bolsas que estaban buscando.
Marvin, por su lado, cargaba con un gran bulto de objetos, atado cuidadosamente a su espalda con unas cuerdas. El Electabuzz recién derrotado, por su lado, había sido debidamente atado a la estatua de Kangaskhan que se alzaba en la zona de descanso, con una cuerda de especial fuerza, capaz de resistir ataques basados en energía. El Pokémon eléctrico había recuperado el conocimiento y les gritaba todo tipo de innombrables maldiciones.
—¡No sabéis en lo que os estáis metiendo, microbios! —aulló el Pokémon eléctrico, furioso— ¡Trabajo para alguien importante, y si se entera de que habéis metido las narices en esto, os va a arrancar todos los miembros uno por uno!
Marvin lo miró con una media sonrisa.
—No nos asustas —dijo—. Además, si de verdad trabajas para un Pokémon importante… le deseo suerte encontrando nuestro escondrijo. De veras. Le va a llevar un tiempo.
Winona sacó una fugasfera de su habitual bolsa de objetos, que todavía llevaba al hombro.
—Tienes suerte de que nuestra misión no sea capturarte —dijo ella—. Aunque, si te digo la verdad, tampoco es que yo tenga demasiadas ganas de llevar a un Electabuzz gritón todo el camino de vuelta a la base.
Winona le dio la mano a Marvin para que el poder de la fugasfera los afectara a ambos. Aunque el Electabuzz abrió la boca, Marvin no llegó a escuchar lo que dijo, ya que un destello de energía lo cubrió todo, llevándolos fuera del territorio misterioso.
Ambos Pokémon aparecieron en el exterior del territorio, justo en frente del arco de piedra que permitía la entrada a las Ruinas, y sin un solo Pokémon a la vista.
Lo cual no era lo que Winona tenía planeado.
—¿Dónde está Flass? —preguntó al aire, dándose cuenta de que el Pokémon bicho no se encontraba en los alrededores.
Marvin giró la cabeza para buscar a su compañero con la mirada, pero pronto se dio cuenta de que no había ningún Pokémon cerca. Ni siquiera Flass.
—Dijiste que vuestro entrenamiento os exigía quedaros en la entrada del territorio —expuso, arqueando una ceja.
Winona estaba bastante molesta con la situación. Puso ambas manos en la cintura.
—Debe haberse ido —dijo—. Pero… es extraño. Nunca había desobedecido las órdenes de forma deliberada. En fin… supongo que tendremos que ponernos en marcha. Confío en que Flass esté ya en la base.
—¿Crees que… la Corporación ha podido capturarlo? —preguntó Marvin.
—Lo dudo —contestó ella—. Los agentes apenas salen de día, y mucho menos en una zona que todavía no está del todo bajo su jurisdicción. No, no creo que lo hayan capturado.
Sin más dilación, los dos Pokémon comenzaron su camino de vuelta a la base. Winona sacó unas manzanas de su bolsa particular, dándole un vigoroso mordisco a la suya.
—Eres buen luchador —comentó, masticando la manzana—. Tal vez un día podamos entrenar juntos.
Marvin asintió desganado, con la mente puesta en otros asuntos. Se sentía mal por Flass. Sentía que había fallado como líder. Sin embargo, no quería agobiar a Winona con sus preocupaciones.
Caminaron en silencio durante un rato, con el único sonido de sus mordiscos perturbando el silencio. Marvin, no obstante, miraba a su compañera inquisitivamente. Le caía bien, pero no podía sentir que apenas la conocía, y más teniendo en cuenta que ella lo sabía casi todo acerca de su estancia en la Atalaya.
—Por cierto, Winona —inquirió finalmente—. Yo te he contado cosas sobre mí, pero en el fondo siento que no te conozco más allá de las misiones.
Winona lo miró de soslayo. La Buizel parecía estar pensándose contarle algo, analizándolo con la mirada.
—Bueno, no tengo nada que perder —dijo finalmente, encogiéndose de hombros—. Al fin y al cabo, has sido sincero conmigo acerca de tu pasado, o eso quiero pensar. Y me caes bien. Eres buen tío.
Marvin sonrió tímidamente. Tras aclararse la garganta, Winona comenzó a relatar.
—Verás, yo nací en un pueblo no muy lejos de la Atalaya, llamado Pueblo Safre —explicó—. Mis padres murieron cuando yo era pequeña, y desde entonces mi hermano mayor Faldis, que me llevaba unos diez años, cuidaba de mí. Era muy buen hermano, la verdad. Sólo quería lo mejor para mí. De hecho, llegó a evolucionar solo para asegurarse de que me mantenía a salvo ¿sabes?
Evolucionar. Marvin conocía el concepto, pero no tenía sino una vaga idea de lo que suponía en realidad. Aunque no había oído hablar de ello, sentía que era algo innato en él. Algo que conocía desde el principio sin que nadie tuviera que contárselo.
—¿Cómo evolucionó? —preguntó él, intentando no parecer demasiado ignorante.
—Yendo a uno de los lugares sagrados, por supuesto —respondió su amiga—. Están bastante ocultos, pero mi hermano tenía contactos en la Resistencia y le ayudaron a encontrar uno. Son muy raros estos días, créeme.
"Esa explicación valdrá por el momento, supongo" pensó Marvin.
—Resulta que un día, sin previo aviso, mi hermano me llevó a la Atalaya y me dijo que me quedara allí, que sus amigos de la Resistencia me cuidarían unos días —continuó Winona—. Yo tenía apenas ocho años cuando pasó eso, y sigo sin saber nada de él.
—Eso es duro —dijo Marvin, frunciendo el ceño—. Lo siento.
—No pasa nada —contestó ella—. Siempre sospeché que la Corporación andaba detrás de él, y que, bueno… eran ellos los que habían matado a papá y mamá. Lo que pasa es que algo me dice que sigue con vida, escondido o… algo así. No sé, prefiero pensar eso. Me ayuda a continuar. Y claro, ayudar a la Resistencia es una forma de pagar por cómo me han cuidado desde que se fue, y creo que si me esfuerzo lo suficiente podré encontrar alguna pista sobre él.
Marvin asintió con la cabeza. La Buizel todavía tenía esperanzas de recuperar a su hermano, de la misma forma que él tenía esperanzas de encontrar el lugar en el que guardaban su memoria. Entendía perfectamente sus sentimientos.
Durante el resto del viaje, la conversación varió bastante de tema, desde tipos de semillas útiles en las mazmorras hasta la administración de la Atalaya. Aunque Marvin aparentaba tranquilidad, con cada paso que le acercaba a la Espina de Groudon en su estómago se iba haciendo un nudo más grande. Temía que Cynder estuviera demasiado sensible. Ya tenía suficiente con tener que disculparse con Flass. Lo que era más, tenía miedo de que su amigo quisiera abandonar el equipo ahora que su madre estaba a salvo.
Después de acceder a la base por una de las entradas secretas, el dúo bajó a la consigna de Ultron, donde depositaron los objetos. El Rotom tenía la lista de objetos robados para poder devolverla a sus legítimos propietarios, los miembros el Equipo Garra.
—¡Aquí tenéis la recompensa! —dijo alegremente el Pokémon eléctrico— ¡El Equipo Garra la dejó aquí hoy por la mañana! Les informaré de que habéis sido vosotros.
La recompensa era bastante jugosa: un total de mil poké.
—El Equipo Garra es un equipo profesional —dijo Winona, separando el dinero en dos partes—. Están muy ocupados tomando posiciones estratégicas en la guerrilla contra la Corporación, así que supongo que no tenían tiempo de recuperar esos objetos.
Marvin cogió la bolsa con sus quinientos poké y la guardó en uno de los bolsillos de su propia bolsa de viaje.
Acordaron separarse. Mientras Marvin iba a la habitación de su equipo, Winona bajaría a las habitaciones de los equipos de entrenamiento, situadas justo debajo de la red de habitaciones de los equipos comunes para hablar con Flass.
Para su sorpresa, Marvin encontró la puerta de su habitación sin cerrar. Cuando la abrió, pudo ver a Cynder y Kroven el Murkrow charlando alegremente en su interior.
—¡Marvin! —exclamó Cynder, levantándose de su silla de un salto y corriendo a saludar a su amigo— ¿Cómo fue la exploración?
—Bien… —dijo Marvin, algo anonadado por la súbita reacción de su compañero de equipo— Hemos ganado quinientos pokés. ¿Qué tal tú con tu madre?
—¡Excelente! —contestó el Cyndaquil— Puedes creerme, Marvin, estoy más motivado que nunca para explorar territorios misteriosos. La comida ha estado muy bien y... ah, y no te preocupes por la puerta. Rawkan la abrió con la llave maestra.
Marvin suspiró aliviado internamente. Inclinó la cabeza para mirar a Kroven, sentado en otra de las sillas. El Murkrow se levantó inmediatamente y le ofreció el ala en un apretón de manos.
—Hola de nuevo, Marvin —lo saludó el Pokémon pájaro—. Me alegro de verte.
—Verás, Marvin… —comenzó Cynder— Le he propuesto a Kroven unirse al Equipo Tormenta, porque el único miembro de su equipo no está disponible para hacer misiones ¿qué me dices? ¿Te parece bien?
Marvin miró al Murkrow. Definitivamente parecía un Pokémon inteligente, y si Elina lo tenía como su asistente sería por algo.
—Sí —dijo, con una sonrisa creciente—. Sí, por qué no. Nos vendrás bien, Kroven. Necesitamos un poco de diversidad en este equipo, y creo que podrás sernos de ayuda.
—Lamento decir que no puedo volar del todo bien por el momento —dijo el Murkrow—. Pero lo haré lo mejor que pueda.
—No te preocupes por eso —contestó finalmente Marvin—. ¿Por qué no vas a ver a Ultron y mueves tus objetos a la caja comunal del equipo? Nosotros iremos a ver a Haku para hacer el papeleo. Supongo que habrá que anotarte en la lista de nuestro equipo.
Kroven asintió, y los tres Pokémon abandonaron la habitación, tras lo cual Marvin cerró la puerta con llave inclinándose sobre sus patas traseras. Salieron de la red de habitaciones hacia las oficinas centrales. Kroven salió disparado hacia la consigna de Ultron.
—Mira a quién tenemos aquí —dijo la voz familiar de Paldus. El Swampert estaba cerca de uno de los tablones de las oficinas, acompañado de una majestuosa Empoleon—. Venid un momento, chicos.
Marvin y Cynder se acercaron sin dilación al regio Swampert. Marvin pudo notar incómodo como la Empoleon mantenía su mirada sobre él, como si no quisiera perderse el más mínimo movimiento de su cuerpo.
—Os presento a Sygna —dijo Paldus, golpeando suavemente en el hombro a su compañera—. Es una emisaria del Bastión de Tormentas que viene a revisar que todo esté en orden, y una vieja amiga mío.
—Un placer —dijo la Empoleon, con una voz algo rasposa—. He oído hablar mucho de ti, Marvin. Paldus me ha hablado de tu singularidad, y la verdad es que me pareces un Pokémon extremadamente interesante.
Marvin sonrió a la Pokémon al escuchar su grave pero confortante voz, y ejecutó una moderada reverencia.
—Y además es educado —rió la Empoleon—. No te harán falta las reverencias conmigo, Marvin.
El Mudkip, sin embargo, recordó que debía visitar a Flass.
—Ah… lo siento, Paldus, pero tenemos que irnos —dijo—. Tengo que ordenar unos papeles, y luego bajar a hablar con Flass.
Antes de que Paldus pudiera abrir la boca, Sygna replicó rápidamente.
—¿El Weedle? —preguntó, sorprendiéndolos a todos.
Marvin y Cynder, algo confusos, asintieron casi al unísono.
—¿Lo conoces? —preguntó entonces Cynder.
—Algo así —contestó ella—. Hace una media hora, Paldus y yo nos encontramos a un Tyranitar echándole una bronca. Parece ser que abandonó su puesto de espera tras ser debilitado en un territorio misterioso.
Marvin se sintió culpable de repente. No solo había sido derrotado en el territorio, sino que además se había llevado un buen rapapolvo por su culpa.
—No os preocupéis por él —continuó Paldus—. Sygna se lo llevará mañana de vuelta al Bastión de Tormentas.
A Marvin lo descolocó totalmente aquella afirmación.
—¿Qué? —exclamó— ¿Flass se va?
—Sí —respondió cortante Synga—. Habló conmigo y me ha dado a entender que ese Tyranitar no ofrece entrenamiento de calidad para Pokémon como él, así que accedí a llevármelo al Bastión para que se curta. No os aconsejo ir a verlo ahora, está bastante afligido.
Marvin soltó un suspiro, notando como desaparecía su ilusión inicial de tener a Flass en el equipo. Después de autorizarlos a elegir la misión que ellos consideraran necesaria para el día siguiente, Paldus se despidió para continuar su paseo por las instalaciones con Sygna. Cynder se quedó mirando a su amigo, perplejo.
—Pero ¿qué pasó dentro de ese territorio misterioso? —preguntó, desconcertado.
—Fui un mal líder —dijo Marvin, apesadumbrado—. Dejé que se debilitara en el territorio y éste lo expulsó. Winona me ha dicho que le pasa mucho, así que supongo que eso fue la gota que colmó el vaso…
Cynder se quedó reflexionando unos instantes.
—Tal vez sea mejor así —dijo finalmente—. El Bastión debe ser una base con muchos más recursos que esta, así que supongo que le darán un buen entrenamiento.
Marvin asintió lentamente, sin que el pensamiento lo reconfortara demasiado.
Horas más tarde, el Equipo Tormenta, ahora incluyendo a Kroven, se dejó caer sobre las cómodas sillas acolchadas de su habitación. Habían tomado una buena cena, listos para elegir una misión e irse a dormir temprano. Antes de que Cynder pudiera proponer nada, sin embargo, Kroven sacó un pergamino de su bolsa de viaje.
—Chicos —dijo—, me he tomado la libertad de coger una misión para mañana. No sé si os parecerá bien, pero me han dicho que tengo buen ojo para estas cosas.
Cynder acercó la cabeza a la hoja para leerla bien.
—Vaya, una misión de escolta… y bien pagada ¡Seiscientos pokés, nada menos! —exclamó.
—Y el territorio queda cerca de aquí —dijo Kroven, orgulloso de su hallazgo—. Creo que sería buena idea hacer esta misión.
Marvin sonrió. Kroven llevaba menos de un día en el equipo y ya estaba siendo muy útil. Cynder había tenido una buena idea pidiéndole unirse a su equipo.
—¿Cómo se llama el territorio? —preguntó el Mudkip.
—Risco Colmena —respondió Kroven—. No lo habitan nada más que Pokémon de tipo Bicho, y nuestro cliente es un Burmy. Probablemente por eso requiere que lo escolten.
—Entonces creo que ya está decidido ¿no? —dijo Cynder alegremente.
Marvin notó como sus compañeros lo miraban expectantes, inspirándole una sensación de fidelidad sin palangón. Se quedó atontado unos instantes, mirando los ilusionados rostros de sus compañeros antes de contestar.
—Claro —respondió finalmente—. Pero creo que deberíamos llegar a un acuerdo en este equipo —hizo una pausa antes de continuar—. Veréis, chicos… creo que no quiero ser un líder ordinario.
Sus compañeros se miraron entre ellos, algo confusos.
—¿Qué quieres decir? —inquirió Kroven.
—Quiero decir que quiero que votemos las cosas —dijo el Mudkip—. No quiero que todas las decisiones dependan solo de mí. Al fin y al cabo, mi amnesia no me convierte en el mejor líder del mundo ¿no creéis?
Kroven, desconocedor del problema de Marvin, lo miró extrañado.
—¿Amnesia? —preguntó.
—Ah, cierto… —comentó Cynder— No se lo hemos contado.
El Cyndaquil le indicó a Marvin sutilmente que no se fuera de la lengua explicando, mordiéndose la suya propia y guiñándole un ojo.
—Sí, Kroven, soy amnésico —explicó Marvin—. Es algo difícil de explicar del todo, pero no recuerdo nada desde que Cynder me encontró en un bosque hace unos días. No es un impedimento para liderar el equipo, pero como ya he dicho preferiría tener vuestras opiniones en todo momento para no quedarme solo ante una situación.
Kroven asintió con la cabeza, comprendiendo.
—De todas formas, la votación me parece una buena idea —dijo, sin darle mucha importancia a la condición de su líder—. Supongo que así también te ayudaremos a liderar mejor el equipo cuando vayas recordando cosas.
El equipo se quedó en silencio ante esa afirmación. Ninguno de los dos se atrevía a hablarle a Kroven sobre las circunstancias de la pérdida de memoria de Marvin.
—Bueno chicos —dijo Cynder, interrumpiendo el incómodo silencio—, no sé vosotros, pero yo me voy a dormir. Quiero aprovechar que hoy hemos cenado temprano.
Sus compañeros le dieron las buenas noches y se retiraron a dormir a su vez.
"Se lo tendré que contar eventualmente" pensó Marvin al echarse en la cama. "Si quiero que confíe plenamente en mí como lo hace Cynder, voy a tener que contarle toda la historia".
Tras unas cuantas vueltas, el Mudkip se quedó profundamente dormido.
El Sneasel soltó un gruñido de decepción en voz alta, rompiendo el silencio propio de la noche.
—¿Qué voy a hacer contigo, Burgull? —preguntó retóricamente al todavía atado Electabuzz—. Esta asociación está siendo un incordio para mí ¿sabes? No puedo siquiera dejarte al cargo de los objetos durante un solo día sin que se los lleven un par de mocosos.
El Electabuzz bajó la cabeza, avergonzado.
—Lo siento, jefe —se disculpó—. No sé qué clase de chavales eran esos. Parecían bien entrenados. Yo les advertí que no se largasen así como así, pero… bueno, me dejaron atado aquí.
El Sneasel levantó una ceja, curioso.
—¿Bien entrenados, dices? —repitió, pensativo— ¿Dijeron de dónde venían?
—No, pero… ahora que lo pienso, dijeron algo de una misión, y de que no sería usted capaz de llegar a su escondrijo —respondió Burgull, haciendo memoria—. Eso es todo lo que recuerdo.
—La Resistencia... —masculló el Sneasel, su rostro torciéndose en una mueca de asco— Alguien ha debido de pedir un rescate por los objetos. Da igual, de todas formas… hoy mientras buscaba un comprador he encontrado un trabajo mucho más interesante para nosotros.
—¿De verdad, jefe? —preguntó Burgull, sorprendido.
—Sí… —respondió su jefe—. De hecho, creo que hoy es tu día de suerte. Tenemos asuntos más importantes de los que preocuparnos que esos objetos.
Con un fugaz movimiento, el Sneasel cortó las cuerdas.
—Vámonos —dijo finalmente, dándose la vuelta—. Tengo unas cuantas cosas que contarte…
Burgull se levantó y siguió a su líder sin titubear. Aunque era de noche, pudo detectar que su jefe no estaba solo. Lo acompañaba un silencioso y taciturno Bisharp.
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