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#21
Capítulo 8: SYGNA


—Si lo que dices es cierto —dijo la envejecida Empoleon, pensativa— tenemos la potestad de terminar esta guerra en cualquier momento, y con el menor número de víctimas posible.

—No son más que suposiciones, de todas formas —respondió Paldus—. La Piedra Focal no es más que una leyenda, y aunque lográramos encontrar una, no sabemos si de verdad tiene el poder que deseamos.

La Empoleon se paseó brevemente por la cámara, murmurando algo.

—Entonces no debiste darle tantas esperanzas al chico —gruñó—. Tal vez ahora crea que de verdad la paz de Pellaria reposa sobre sus hombros, y eso es una presión demasiado grande… teniendo en cuenta que puede ser falso.

—Lo sé, Sygna… lo sé —respondió el Swampert, suspirando—. Pero quiero que sienta la esperanza en su corazón. Eso le dará fuerzas. Además, sea como sea, es un Mudkip muy poderoso.

—No lo dudo —contestó la Empoleon—. No es que no confíe en su poder, Paldus, pero creo que no está listo para afrontar lo que se le va a venir encima. Es muy joven.

—Eso mismo hablé ayer con Lugnos —dijo Paldus—. Es más fuerte de lo que pensáis, créeme. Tiene el coraje del mar primigenio latiendo en su interior. Además, tiene el apoyo moral de su compañero de equipo. Podrá con ello, no te preocupes.

La habitación de Paldus se quedó en silencio unos instantes. Sygma observaba uno de los cuadros que decoraban la cámara personal de su amigo, uno que representaba a Kyogre, el majestuoso Dios del mar.

—Quiero conocerle —dijo finalmente, sin apartar la mirada del cuadro.




Marvin estaba experimentando tantas cosas juntas que apenas se preocupaba de pensar en Cynder. Desde lo que le pasó a Flass andaba con mucho más cuidado a la hora de explorar las Ruinas, pero la compañía de Winona lo hacía todo más tranquilo. Sentía que se había quitado un peso de encima al confesarle su historia a la Buizel, ya que la conversación entre ambos se había hecho más relajada a medida que avanzaban por el territorio.

Se hallaban ya en la última etapa de su viaje, el sector final antes de llegar al escondrijo de los criminales. Se habían cruzado con algún que otro Pokémon salvaje, pero ninguno tan peligroso o difícil de derrotar como el Bronzong del sector anterior.

—Si quieres que te diga la verdad —le confesaba Winona a Marvin—, me siento mal por Flass.

—Ya, el pobre no tuvo oportunidad —contestó Marvin, torciendo la boca—. Ese Bronzong lo dejó fuera de combate rapidísimo.

—No, es decir… en general, me siento mal por él —corrigió la Buizel—. Ser un Weedle tiene que ser difícil. Por lo frágiles que son, ya sabes. Se debilita mucho en los territorios, y aún por encima Grindar le suele echar la bronca.

—Que palo —contestó Marvin—. Debe estar harto de ese Tyranitar.

—Todo el mundo está harto de él —añadió Winona—. Se cree superior a los demás por ser un Pokémon pseudolegendario, pero apuesto a que Paldus podría patearle el **** cualquier día de la semana.

A Marvin le hizo gracia el comentario. Nunca se había parado a pensar en Paldus como un combatiente, pero parecía un rival duro de pelar. En general, todos los miembros del Equipo Esmeralda parecían muy poderosos, aunque suponía que gran parte de su poder provenía de su sentido del compañerismo y el trabajo en equipo, como había mencionado Rawkan durante su primera exploración.

Y entonces, casi de repente, se le ocurrió una idea.

—Oye, Winona —inquirió Marvin—. ¿Cómo funciona el tema de los equipos de entrenamiento? Quiero decir ¿sois libres de iros y formar un equipo cuando queráis?

—No, tenemos que quedarnos con los equipos de entrenamiento hasta completar cierto entrenamiento básico —dijo ella—. La única forma de abandonar el equipo antes de tiempo es que otro equipo se haga cargo de nuestro entrenamiento.

—Podría pedir hacerme cargo de Flass, entonces —dijo Marvin, mirándola con una sonrisa—. Así no tendría que recibir reprimendas al fallar. Yo lo trataría como a un miembro más del equipo, no como a un inferior.

Winona se sorprendió ante el ofrecimiento de su amigo, pero pronto asintió con la cabeza.

—Me parece bien —dijo—. Aunque si te digo la verdad, se me haría raro no salir a explorar con él todos los días. Siempre nos asignan juntos.

—¡Puedes venirte tú también! —exclamó Marvin!— Así podrías seguir estando con Flass.

Winona sonrió. No obstante, negó con la cabeza.

—No, lo siento —dijo—. Prefiero acabar mi entrenamiento con profesionales. Además, siempre soñé con tener mi propio equipo —señalando con el dedo al suelo, añadió—. Cuidado con el Diglett.

Marvin miró hacia donde su amiga indicaba. Casi le pisaba la cabeza al pequeño Pokémon topo que asomaba cerca de su pie. El Diglett se metió bajo tierra al darse cuenta de lo cerca que había estado de ser pisado.

—Que raros son —comentó Marvin, que apenas había visto unos pocos durante la expedición—. Solo he visto sus cabezas.

—Tú y todos —dijo Winona, retomando la marcha.

Marvin la miró extrañado.

—Nadie sabe cómo es un Diglett de cabeza para abajo —dijo ella, antes de que su amigo tuviera que preguntar—. Apenas se ven Digletts inteligentes, y parecen decididos a mantener su secreto oculto.

El Mudkip asintió con la cabeza. Aprendía más con una novata como Winona que con Rawkan, que no dejaba de hablar de los usos de los huesos Pokémon y apenas le explicaba cualquier otro aspecto de su mundo.

El dúo no tardó en alcanzar el arco que, según Winona, los llevaría a la zona de descanso. La Buizel puso su bolsa de viaje en el suelo y sacó una semilla, que le ofreció a Marvin.

—Tenemos que estar preparados para pelear con el Pokémon que haya ahí dentro —dijo—. Coge esta semilla.

—¿Qué hace? —preguntó Marvin, mirando la curiosa semilla.

—Es una semilla bomba —dijo la Buizel—. Si la lanzas fuerte contra algo, explota y causa daño. Tranquilo cobardica, no es letal —añadió, al ver la horrorizada expresión de su amigo.

La Buizel se equipó con su propia semilla, y ambos atravesaron el monumental arco de piedra.

La zona de descanso era como el resto del territorio, salvo que estaba compuesta de una única sala con la estatua de una Kangaskhan en el centro. Lo primero que llamó la atención del equipo, no obstante, fue la presencia de un Electabuzz, que comía despreocupadamente una manzana. El Pokémon en cuestión estaba rodeado de unas pequeñas bolsas de aspecto bastante lleno. La criatura eléctrica no tardó en verlos.

—¡Eh, vosotros dos! —gritó, levantándose— ¿Qué os creéis que estáis haciendo aquí? ¡Esto es propiedad privada!

Marvin y Winona se miraron, incrédulos. El Electabuzz se acercó a ellos con un aire de agresividad.

—Hemos venido a por los ladrones de objetos que se esconden aquí —dijo entonces Marvin, dando un paso al frente—. Y esas bolsas parecen sospechosamente llenas de objetos.

—¿Y qué si lo están? No es asunto vuestro —dijo amenazadoramente el Pokémon Eléctrico, la energía estática corriendo por su pelaje—. No os avisaré una vez más, largaos ahora mismo o…

El Electabuzz no tuvo tiempo de terminar la frase, ya que recibió una fugaz ataque rápido por parte de Winona, golpe que le hizo caer hacia atrás.

—¡Se acabó la diplomacia! —exclamó ella, aterrizando en el suelo en frente del derribado Pokémon.

Marvin se puso en posición de combate al ver que el Electabuzz se levantaba.

—¡Vais a saber lo que es bueno, niñatos! —gritó, cargando energía eléctrica en su puño.

Marvin saltó a un lado para evitar el puñetazo eléctrico, dando un giro y poniéndose en pie de nuevo. Sin pensarlo dos veces, arrojó la semilla bomba contra su enemigo. No fue una buena idea, ya que el Electabuzz la cogió al vuelo.

—¿En serio pensabas que no iba a ver eso venir? —dijo socarronamente.

—Eso no, ¡pero esto sí! —gritó Winona desde la espalda de su enemigo, mordiéndole el brazo con un colmillo de hielo.

El Pokémon eléctrico dejó caer la semilla con un aullido de dolor, y Marvin la recuperó a velocidad del rayo, lanzándola de nuevo. Esta vez, el ataque impactó contra su rival, que soltó un furioso grito a la vez que electrocutaba a Winona con la energía estática que recorría su pelaje.

Marvin rodeó al Electabuzz, evitando los rayos que emitía su cuerpo, para auxiliar a Winona. La Buizel se levantó sorprendentemente rápido y se puso en posición de combate de nuevo.

Con un impresionante salto en el aire, sacó de su bolsa una esfera mágica y la arrojó rápidamente contra su adversario. La esfera, tras colisionar, emitió una energía que rodeó al Electabuzz, impidiéndolo moverse.

—Marvin, voy a usar una táctica especial —dijo entonces Winona—. Aunque esté petrificado en el sitio todavía puede atacarte, así que trata de debilitarlo. Cuando yo te diga, atácalo con hielo para entumecer más su cuerpo.

Marvin asintió, algo dudoso. A apenas un metro, su rival concentraba energía eléctrica en su brazo izquierdo, preparándose para dispararla. A su vez, Marvin cargó la técnica del viento hielo que Wilder le había enseñado.

—¡Ahora! —gritó la Buizel. Con un súbito movimiento, la Pokémon de agua se introdujo bajo tierra ante los incrédulos ojos de Marvin.

Marvin descargó su ataque casi al mismo tiempo que el Electabuzz, y ambos ataques impactaron. Marvin sintió el calambrazo azotar todo su cuerpo, pero se mantuvo firme y continuó lanzando hielo desde su boca.

El dolor le entumecía el cuerpo, y sentía como su piel húmeda, conductora de electricidad, era atenazada por el potente ataque. Tenía la impresión de que no sería capaz de aguantar en su sitio mucho más.

El Electabuzz se vio atrapado rápidamente en la pequeña ventisca que Marvin descargaba sin piedad contra él. Cuando parecía que empezaba a recuperar el control sobre su cuerpo, Winona salió propulsada del terreno debajo de su enemigo, golpeándolo en la barbilla con toda su fuerza.

Marvin dejó de atacar y cayó al suelo, debilitado por los rayos que había recibido, pero a la vez aliviado y tranquilo al haber tumbado a su poderoso enemigo, que yacía al lado de Winona. Ella le indicó que todo estaba bien levantando el pulgar.




—¡Por el Mar de los Monstruos, Kroven, eres de lo que no hay! —dijo Rong el Excadrill, riendo. El Pokémon de Tierra presentaba una escayola que cubría su pierna izquierda, rotas durante la huída del Fuerte Flarah.

Kroven soltó una risita nerviosa. El líder de su equipo, aunque débil, estaba vivo, que era más de lo que se podía decir de sus compañeros. El Murkrow no les había cogido tanto cariño como para entristecerse demasiado por su pérdida, sin embargo.

Cynder se sentaba a su lado, comiéndose un bollo de pan. Ahora que había recuperado el apetito, quería llenarse el estómago de comida.

—Siempre dije que tenías a Victini de tu parte —soltó Rong—. Aunque ahora… me temo que no podré liderar ningún equipo con la pierna así. No te preocupes, me aseguraré de que te incluyan en algún equipo de entrenamiento.

Kroven frunció el ceño.

—No, de veras… creo que estoy bien siendo el asistente de Elina —dijo.

—¿Pero no me habías dicho que tu ala casi estaba recuperada? —prguntó el Excadrill— Lo tuyo ni siquiera era un hueso roto, era un esguince pequeño…

—Sí, pero… —el Murkrow se encogió de hombros— No quiero volver a un equipo de entrenamiento, y tampoco me hace falta. Creo que prefiero seguir trabajando con Elina hasta que haya un puesto vacante en algún equipo.

Cynder, que había estado atento a la conversación.

—Kroven —dijo, saltando de la banqueta en la que estaba sentado—. ¿Qué te parece si te unes al Equipo Tormenta?

Rong y Kroven lo miraron como si fuera de otro planeta.

—El equipo que tenemos Marvin y yo —aclaró.

Kroven pareció pensárselo, mirando a Rong en busca de aprobación.

—Eh, yo no te voy a decir nada —dijo éste, encogiéndose de hombros—. No estoy en condiciones de llevar un equipo.

El Murkrow miró de nuevo a Cynder.

—¿A Marvin… le parece bien? —inquirió.

—No creo que le importe —respondió Cynder—. Nos vendría bien un par de ojos extra en las misiones.

Entonces, la puerta se abrió de nuevo y Suh entró en la habitación, dirigiéndose hacia Rawkan.

—Mis poderes están en su punto álgido —dijo el Kadabra—. Podemos irnos cuando deseéis.

Rawkan miró el reloj que colgaba de una de las paredes de la sala.

—No tardará en ser la hora de comer —afirmó—. Será mejor que pensemos en volver a la Atalaya, chicos.

Kroven asintió, todavía pensando en la oferta de Cynder. Mientras el Cyndaquil se despidió de su madre con otro cálido abrazo, Kroven parecía sopesar las posibilidades.

—Creo que acepto, Cynder —dijo finalmente, una vez el Cynaquil hubo terminado de despedirse—. Espero que a Marvin le parezca bien.

—Hazle caso a Cynder —añadió Rawkan—. Siempre viene bien un poco de ayuda a la hora de explorar territorios misteriosos. Aceptará, no te preocupes.

El grupo abandonó la sala para salir al pasillo de piedra de nuevo, cerrando la puerta tras ellos.

—Después de comer podemos organizar la misión para mañana, si quieres —le dijo Kroven a Cynder—. Soy bastante bueno con el papeleo.

Cynder asintió rápidamente. Suh les indicó con un gesto que se agarraran las manos, justo antes de que el destello de luz cegadora los envolviera una vez más.




—Y con esta ya están las seis —dijo Winona, atándose una de las pequeñas bolsas de objetos a la cintura. Después de hacer inventario, había decretado que aquellas eran definitivamente las bolsas que estaban buscando.

Marvin, por su lado, cargaba con un gran bulto de objetos, atado cuidadosamente a su espalda con unas cuerdas. El Electabuzz recién derrotado, por su lado, había sido debidamente atado a la estatua de Kangaskhan que se alzaba en la zona de descanso, con una cuerda de especial fuerza, capaz de resistir ataques basados en energía. El Pokémon eléctrico había recuperado el conocimiento y les gritaba todo tipo de innombrables maldiciones.

—¡No sabéis en lo que os estáis metiendo, microbios! —aulló el Pokémon eléctrico, furioso— ¡Trabajo para alguien importante, y si se entera de que habéis metido las narices en esto, os va a arrancar todos los miembros uno por uno!

Marvin lo miró con una media sonrisa.

—No nos asustas —dijo—. Además, si de verdad trabajas para un Pokémon importante… le deseo suerte encontrando nuestro escondrijo. De veras. Le va a llevar un tiempo.

Winona sacó una fugasfera de su habitual bolsa de objetos, que todavía llevaba al hombro.

—Tienes suerte de que nuestra misión no sea capturarte —dijo ella—. Aunque, si te digo la verdad, tampoco es que yo tenga demasiadas ganas de llevar a un Electabuzz gritón todo el camino de vuelta a la base.

Winona le dio la mano a Marvin para que el poder de la fugasfera los afectara a ambos. Aunque el Electabuzz abrió la boca, Marvin no llegó a escuchar lo que dijo, ya que un destello de energía lo cubrió todo, llevándolos fuera del territorio misterioso.

Ambos Pokémon aparecieron en el exterior del territorio, justo en frente del arco de piedra que permitía la entrada a las Ruinas, y sin un solo Pokémon a la vista.

Lo cual no era lo que Winona tenía planeado.

—¿Dónde está Flass? —preguntó al aire, dándose cuenta de que el Pokémon bicho no se encontraba en los alrededores.

Marvin giró la cabeza para buscar a su compañero con la mirada, pero pronto se dio cuenta de que no había ningún Pokémon cerca. Ni siquiera Flass.

—Dijiste que vuestro entrenamiento os exigía quedaros en la entrada del territorio —expuso, arqueando una ceja.

Winona estaba bastante molesta con la situación. Puso ambas manos en la cintura.

—Debe haberse ido —dijo—. Pero… es extraño. Nunca había desobedecido las órdenes de forma deliberada. En fin… supongo que tendremos que ponernos en marcha. Confío en que Flass esté ya en la base.

—¿Crees que… la Corporación ha podido capturarlo? —preguntó Marvin.

—Lo dudo —contestó ella—. Los agentes apenas salen de día, y mucho menos en una zona que todavía no está del todo bajo su jurisdicción. No, no creo que lo hayan capturado.

Sin más dilación, los dos Pokémon comenzaron su camino de vuelta a la base. Winona sacó unas manzanas de su bolsa particular, dándole un vigoroso mordisco a la suya.

—Eres buen luchador —comentó, masticando la manzana—. Tal vez un día podamos entrenar juntos.

Marvin asintió desganado, con la mente puesta en otros asuntos. Se sentía mal por Flass. Sentía que había fallado como líder. Sin embargo, no quería agobiar a Winona con sus preocupaciones.

Caminaron en silencio durante un rato, con el único sonido de sus mordiscos perturbando el silencio. Marvin, no obstante, miraba a su compañera inquisitivamente. Le caía bien, pero no podía sentir que apenas la conocía, y más teniendo en cuenta que ella lo sabía casi todo acerca de su estancia en la Atalaya.

—Por cierto, Winona —inquirió finalmente—. Yo te he contado cosas sobre mí, pero en el fondo siento que no te conozco más allá de las misiones.

Winona lo miró de soslayo. La Buizel parecía estar pensándose contarle algo, analizándolo con la mirada.

—Bueno, no tengo nada que perder —dijo finalmente, encogiéndose de hombros—. Al fin y al cabo, has sido sincero conmigo acerca de tu pasado, o eso quiero pensar. Y me caes bien. Eres buen tío.

Marvin sonrió tímidamente. Tras aclararse la garganta, Winona comenzó a relatar.

—Verás, yo nací en un pueblo no muy lejos de la Atalaya, llamado Pueblo Safre —explicó—. Mis padres murieron cuando yo era pequeña, y desde entonces mi hermano mayor Faldis, que me llevaba unos diez años, cuidaba de mí. Era muy buen hermano, la verdad. Sólo quería lo mejor para mí. De hecho, llegó a evolucionar solo para asegurarse de que me mantenía a salvo ¿sabes?

Evolucionar. Marvin conocía el concepto, pero no tenía sino una vaga idea de lo que suponía en realidad. Aunque no había oído hablar de ello, sentía que era algo innato en él. Algo que conocía desde el principio sin que nadie tuviera que contárselo.

—¿Cómo evolucionó? —preguntó él, intentando no parecer demasiado ignorante.

—Yendo a uno de los lugares sagrados, por supuesto —respondió su amiga—. Están bastante ocultos, pero mi hermano tenía contactos en la Resistencia y le ayudaron a encontrar uno. Son muy raros estos días, créeme.

"Esa explicación valdrá por el momento, supongo" pensó Marvin.

—Resulta que un día, sin previo aviso, mi hermano me llevó a la Atalaya y me dijo que me quedara allí, que sus amigos de la Resistencia me cuidarían unos días —continuó Winona—. Yo tenía apenas ocho años cuando pasó eso, y sigo sin saber nada de él.

—Eso es duro —dijo Marvin, frunciendo el ceño—. Lo siento.

—No pasa nada —contestó ella—. Siempre sospeché que la Corporación andaba detrás de él, y que, bueno… eran ellos los que habían matado a papá y mamá. Lo que pasa es que algo me dice que sigue con vida, escondido o… algo así. No sé, prefiero pensar eso. Me ayuda a continuar. Y claro, ayudar a la Resistencia es una forma de pagar por cómo me han cuidado desde que se fue, y creo que si me esfuerzo lo suficiente podré encontrar alguna pista sobre él.

Marvin asintió con la cabeza. La Buizel todavía tenía esperanzas de recuperar a su hermano, de la misma forma que él tenía esperanzas de encontrar el lugar en el que guardaban su memoria. Entendía perfectamente sus sentimientos.

Durante el resto del viaje, la conversación varió bastante de tema, desde tipos de semillas útiles en las mazmorras hasta la administración de la Atalaya. Aunque Marvin aparentaba tranquilidad, con cada paso que le acercaba a la Espina de Groudon en su estómago se iba haciendo un nudo más grande. Temía que Cynder estuviera demasiado sensible. Ya tenía suficiente con tener que disculparse con Flass. Lo que era más, tenía miedo de que su amigo quisiera abandonar el equipo ahora que su madre estaba a salvo.

Después de acceder a la base por una de las entradas secretas, el dúo bajó a la consigna de Ultron, donde depositaron los objetos. El Rotom tenía la lista de objetos robados para poder devolverla a sus legítimos propietarios, los miembros el Equipo Garra.

—¡Aquí tenéis la recompensa! —dijo alegremente el Pokémon eléctrico— ¡El Equipo Garra la dejó aquí hoy por la mañana! Les informaré de que habéis sido vosotros.

La recompensa era bastante jugosa: un total de mil poké.

—El Equipo Garra es un equipo profesional —dijo Winona, separando el dinero en dos partes—. Están muy ocupados tomando posiciones estratégicas en la guerrilla contra la Corporación, así que supongo que no tenían tiempo de recuperar esos objetos.

Marvin cogió la bolsa con sus quinientos poké y la guardó en uno de los bolsillos de su propia bolsa de viaje.

Acordaron separarse. Mientras Marvin iba a la habitación de su equipo, Winona bajaría a las habitaciones de los equipos de entrenamiento, situadas justo debajo de la red de habitaciones de los equipos comunes para hablar con Flass.

Para su sorpresa, Marvin encontró la puerta de su habitación sin cerrar. Cuando la abrió, pudo ver a Cynder y Kroven el Murkrow charlando alegremente en su interior.

—¡Marvin! —exclamó Cynder, levantándose de su silla de un salto y corriendo a saludar a su amigo— ¿Cómo fue la exploración?

—Bien… —dijo Marvin, algo anonadado por la súbita reacción de su compañero de equipo— Hemos ganado quinientos pokés. ¿Qué tal tú con tu madre?

—¡Excelente! —contestó el Cyndaquil— Puedes creerme, Marvin, estoy más motivado que nunca para explorar territorios misteriosos. La comida ha estado muy bien y... ah, y no te preocupes por la puerta. Rawkan la abrió con la llave maestra.

Marvin suspiró aliviado internamente. Inclinó la cabeza para mirar a Kroven, sentado en otra de las sillas. El Murkrow se levantó inmediatamente y le ofreció el ala en un apretón de manos.

—Hola de nuevo, Marvin —lo saludó el Pokémon pájaro—. Me alegro de verte.

—Verás, Marvin… —comenzó Cynder— Le he propuesto a Kroven unirse al Equipo Tormenta, porque el único miembro de su equipo no está disponible para hacer misiones ¿qué me dices? ¿Te parece bien?

Marvin miró al Murkrow. Definitivamente parecía un Pokémon inteligente, y si Elina lo tenía como su asistente sería por algo.

—Sí —dijo, con una sonrisa creciente—. Sí, por qué no. Nos vendrás bien, Kroven. Necesitamos un poco de diversidad en este equipo, y creo que podrás sernos de ayuda.

—Lamento decir que no puedo volar del todo bien por el momento —dijo el Murkrow—. Pero lo haré lo mejor que pueda.

—No te preocupes por eso —contestó finalmente Marvin—. ¿Por qué no vas a ver a Ultron y mueves tus objetos a la caja comunal del equipo? Nosotros iremos a ver a Haku para hacer el papeleo. Supongo que habrá que anotarte en la lista de nuestro equipo.

Kroven asintió, y los tres Pokémon abandonaron la habitación, tras lo cual Marvin cerró la puerta con llave inclinándose sobre sus patas traseras. Salieron de la red de habitaciones hacia las oficinas centrales. Kroven salió disparado hacia la consigna de Ultron.

—Mira a quién tenemos aquí —dijo la voz familiar de Paldus. El Swampert estaba cerca de uno de los tablones de las oficinas, acompañado de una majestuosa Empoleon—. Venid un momento, chicos.

Marvin y Cynder se acercaron sin dilación al regio Swampert. Marvin pudo notar incómodo como la Empoleon mantenía su mirada sobre él, como si no quisiera perderse el más mínimo movimiento de su cuerpo.

—Os presento a Sygna —dijo Paldus, golpeando suavemente en el hombro a su compañera—. Es una emisaria del Bastión de Tormentas que viene a revisar que todo esté en orden, y una vieja amiga mío.

—Un placer —dijo la Empoleon, con una voz algo rasposa—. He oído hablar mucho de ti, Marvin. Paldus me ha hablado de tu singularidad, y la verdad es que me pareces un Pokémon extremadamente interesante.

Marvin sonrió a la Pokémon al escuchar su grave pero confortante voz, y ejecutó una moderada reverencia.

—Y además es educado —rió la Empoleon—. No te harán falta las reverencias conmigo, Marvin.

El Mudkip, sin embargo, recordó que debía visitar a Flass.

—Ah… lo siento, Paldus, pero tenemos que irnos —dijo—. Tengo que ordenar unos papeles, y luego bajar a hablar con Flass.

Antes de que Paldus pudiera abrir la boca, Sygna replicó rápidamente.

—¿El Weedle? —preguntó, sorprendiéndolos a todos.

Marvin y Cynder, algo confusos, asintieron casi al unísono.

—¿Lo conoces? —preguntó entonces Cynder.

—Algo así —contestó ella—. Hace una media hora, Paldus y yo nos encontramos a un Tyranitar echándole una bronca. Parece ser que abandonó su puesto de espera tras ser debilitado en un territorio misterioso.

Marvin se sintió culpable de repente. No solo había sido derrotado en el territorio, sino que además se había llevado un buen rapapolvo por su culpa.

—No os preocupéis por él —continuó Paldus—. Sygna se lo llevará mañana de vuelta al Bastión de Tormentas.

A Marvin lo descolocó totalmente aquella afirmación.

—¿Qué? —exclamó— ¿Flass se va?

—Sí —respondió cortante Synga—. Habló conmigo y me ha dado a entender que ese Tyranitar no ofrece entrenamiento de calidad para Pokémon como él, así que accedí a llevármelo al Bastión para que se curta. No os aconsejo ir a verlo ahora, está bastante afligido.

Marvin soltó un suspiro, notando como desaparecía su ilusión inicial de tener a Flass en el equipo. Después de autorizarlos a elegir la misión que ellos consideraran necesaria para el día siguiente, Paldus se despidió para continuar su paseo por las instalaciones con Sygna. Cynder se quedó mirando a su amigo, perplejo.

—Pero ¿qué pasó dentro de ese territorio misterioso? —preguntó, desconcertado.

—Fui un mal líder —dijo Marvin, apesadumbrado—. Dejé que se debilitara en el territorio y éste lo expulsó. Winona me ha dicho que le pasa mucho, así que supongo que eso fue la gota que colmó el vaso…

Cynder se quedó reflexionando unos instantes.

—Tal vez sea mejor así —dijo finalmente—. El Bastión debe ser una base con muchos más recursos que esta, así que supongo que le darán un buen entrenamiento.

Marvin asintió lentamente, sin que el pensamiento lo reconfortara demasiado.

Horas más tarde, el Equipo Tormenta, ahora incluyendo a Kroven, se dejó caer sobre las cómodas sillas acolchadas de su habitación. Habían tomado una buena cena, listos para elegir una misión e irse a dormir temprano. Antes de que Cynder pudiera proponer nada, sin embargo, Kroven sacó un pergamino de su bolsa de viaje.

—Chicos —dijo—, me he tomado la libertad de coger una misión para mañana. No sé si os parecerá bien, pero me han dicho que tengo buen ojo para estas cosas.

Cynder acercó la cabeza a la hoja para leerla bien.

—Vaya, una misión de escolta… y bien pagada ¡Seiscientos pokés, nada menos! —exclamó.

—Y el territorio queda cerca de aquí —dijo Kroven, orgulloso de su hallazgo—. Creo que sería buena idea hacer esta misión.

Marvin sonrió. Kroven llevaba menos de un día en el equipo y ya estaba siendo muy útil. Cynder había tenido una buena idea pidiéndole unirse a su equipo.

—¿Cómo se llama el territorio? —preguntó el Mudkip.

—Risco Colmena —respondió Kroven—. No lo habitan nada más que Pokémon de tipo Bicho, y nuestro cliente es un Burmy. Probablemente por eso requiere que lo escolten.

—Entonces creo que ya está decidido ¿no? —dijo Cynder alegremente.

Marvin notó como sus compañeros lo miraban expectantes, inspirándole una sensación de fidelidad sin palangón. Se quedó atontado unos instantes, mirando los ilusionados rostros de sus compañeros antes de contestar.

—Claro —respondió finalmente—. Pero creo que deberíamos llegar a un acuerdo en este equipo —hizo una pausa antes de continuar—. Veréis, chicos… creo que no quiero ser un líder ordinario.

Sus compañeros se miraron entre ellos, algo confusos.

—¿Qué quieres decir? —inquirió Kroven.

—Quiero decir que quiero que votemos las cosas —dijo el Mudkip—. No quiero que todas las decisiones dependan solo de mí. Al fin y al cabo, mi amnesia no me convierte en el mejor líder del mundo ¿no creéis?

Kroven, desconocedor del problema de Marvin, lo miró extrañado.

—¿Amnesia? —preguntó.

—Ah, cierto… —comentó Cynder— No se lo hemos contado.

El Cyndaquil le indicó a Marvin sutilmente que no se fuera de la lengua explicando, mordiéndose la suya propia y guiñándole un ojo.

—Sí, Kroven, soy amnésico —explicó Marvin—. Es algo difícil de explicar del todo, pero no recuerdo nada desde que Cynder me encontró en un bosque hace unos días. No es un impedimento para liderar el equipo, pero como ya he dicho preferiría tener vuestras opiniones en todo momento para no quedarme solo ante una situación.

Kroven asintió con la cabeza, comprendiendo.

—De todas formas, la votación me parece una buena idea —dijo, sin darle mucha importancia a la condición de su líder—. Supongo que así también te ayudaremos a liderar mejor el equipo cuando vayas recordando cosas.

El equipo se quedó en silencio ante esa afirmación. Ninguno de los dos se atrevía a hablarle a Kroven sobre las circunstancias de la pérdida de memoria de Marvin.

—Bueno chicos —dijo Cynder, interrumpiendo el incómodo silencio—, no sé vosotros, pero yo me voy a dormir. Quiero aprovechar que hoy hemos cenado temprano.

Sus compañeros le dieron las buenas noches y se retiraron a dormir a su vez.

"Se lo tendré que contar eventualmente" pensó Marvin al echarse en la cama. "Si quiero que confíe plenamente en mí como lo hace Cynder, voy a tener que contarle toda la historia".

Tras unas cuantas vueltas, el Mudkip se quedó profundamente dormido.




El Sneasel soltó un gruñido de decepción en voz alta, rompiendo el silencio propio de la noche.

—¿Qué voy a hacer contigo, Burgull? —preguntó retóricamente al todavía atado Electabuzz—. Esta asociación está siendo un incordio para mí ¿sabes? No puedo siquiera dejarte al cargo de los objetos durante un solo día sin que se los lleven un par de mocosos.

El Electabuzz bajó la cabeza, avergonzado.

—Lo siento, jefe —se disculpó—. No sé qué clase de chavales eran esos. Parecían bien entrenados. Yo les advertí que no se largasen así como así, pero… bueno, me dejaron atado aquí.

El Sneasel levantó una ceja, curioso.

—¿Bien entrenados, dices? —repitió, pensativo— ¿Dijeron de dónde venían?

—No, pero… ahora que lo pienso, dijeron algo de una misión, y de que no sería usted capaz de llegar a su escondrijo —respondió Burgull, haciendo memoria—. Eso es todo lo que recuerdo.

—La Resistencia... —masculló el Sneasel, su rostro torciéndose en una mueca de asco— Alguien ha debido de pedir un rescate por los objetos. Da igual, de todas formas… hoy mientras buscaba un comprador he encontrado un trabajo mucho más interesante para nosotros.

—¿De verdad, jefe? —preguntó Burgull, sorprendido.

—Sí… —respondió su jefe—. De hecho, creo que hoy es tu día de suerte. Tenemos asuntos más importantes de los que preocuparnos que esos objetos.

Con un fugaz movimiento, el Sneasel cortó las cuerdas.

—Vámonos —dijo finalmente, dándose la vuelta—. Tengo unas cuantas cosas que contarte…

Burgull se levantó y siguió a su líder sin titubear. Aunque era de noche, pudo detectar que su jefe no estaba solo. Lo acompañaba un silencioso y taciturno Bisharp.
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#22
Capítulo 9: LA TRAMPA


—… y entonces, de entre las sombras ¡salió un enorme y amenazador Golurk de más de tres metros! —narraba Kroven, entusiasmado— Por supuesto, yo no tenía miedo, pero el resto de mi equipo estaba paralizado de puro terror. El Golurk alzó los brazos al cielo ¡unos brazos enormes!

Nary soltó una exclamación de asombro. El pequeño Budew se encogió un poco cuando el Murkrow levantó las alas hacia el cielo, evocando el pensamiento del enorme Pokémon golem.

—¿Y… y qué pasó entonces? —preguntó, curioso.

Unos pasos más adelante, Marvin y Cynder charlaban acaloradamente, vigilando el frente. Aunque el territorio misterioso no era excesivamente grande o peligroso, su pequeño protegido era extremadamente susceptible a los ataques venenosos de los Pokémon Bicho que habitualmente habitaban el Risco Colmena.

—Se lo está pasando bomba con Kroven —dijo Cynder, echándole una mirada de reojo a su nuevo compañero de equipo—. Y menos mal, porque soy muy malo con los niños.

Marvin sonrió, sin contestar. El territorio, un pedregoso descenso con incontables madrigueras de Pokémon salvajes entre sus hendiduras, le resultaba mucho más placentero que cualquier otro en el que había estado. Aunque el aire pesado y agobiante típico de los territorios misteriosos seguía vigente, resultaba mucho más placentero estar allí que en un claustrofóbico bosque o una oscura cueva.

El pasaje se hacía más estrecho con cada sector que atravesaban, aunque nunca les interrumpía la visibilidad. Aunque el camino había sido un agradable paseo comparado con el infierno que habían sufrido en los Jardines Meloc, podían notar las miradas de los Pokémon salvajes, que los vigilaban desde sus escondrijos.

—Y no estamos teniendo muchos problemas con los insectos —comentó Marvin despreocupadamente.

—Sí, salvo aquel Scyther que salió de la nada y casi me decapita de un sablazo —añadió Cynder arqueando una ceja.

Marvin, ignorando totalmente el comentario de su amigo, lo golpeó con el hombro.

—¡Deja de quejarte y mira! —exclamó— Ya hemos llegado al final del territorio.

—¿Hemos llegado? —canturreó Nary. El Budew correteó hacia donde estaban Marvin y Cynder, contento.

—Sí, Nary —contestó Cynder, sonriendo—. Ya hemos llegado al final del territorio.

—Menos mal —suspiró Kroven, que se había unido al grupo—. Me estaba volviendo paranoico con tantos ojos mirándonos.

El equipo salió rápidamente del territorio, dejando que el aire fresco del exterior llenara sus pulmones. En la distancia, tras una cuesta repleta de rocas y algún que otro árbol, se podía ver Villa Latón, donde el padre de Nary los esperaba para darles la recompensa.

—Ya queda poco, Nary —dijo Kroven, quien se había ganado la confianza del Budew—. En un poco podrás ver a tu padre.

La madre del pequeño Pokémon Planta, que se había quedado en casa recogiendo las cosas, les había explicado que se mudaban a una nueva casa en Villa Latón por miedo a que la Corporación fuese a arrestarlos por colaborar con la Resistencia. La villa era territorio neutral, y no serían asociados con la Resistencia si permanecían allí.

Mientras comenzaban su descenso, Marvin se paró a pensar en su Don. Aunque era consciente de su presencia en todo momento, no había tenido oportunidad de volver a usarla.

"¿Funcionará solo bajo determinadas circunstancias?" se preguntaba, mientras se preocupaba de no tropezarse con alguna piedra del terreno. "A lo mejor no funciona contra determinado tipo de enemigos".

Estuvo inmerso en sus pensamientos durante toda la bajada, que se le hizo muy corta. Al llegar abajo, Cynder y Marvin tuvieron que aguardar un momento a que Kroven terminara de descender. El Murkrow no se separaba de Nary, temeroso de que su pequeño cliente pudiera hacerse daño. No obstante, ambos llegaron abajo sin problema.

Villa Latón era algo diferente al resto de poblaciones en las que Marvin había estado. Para empezar, estaba amurallada, dejando solo una entrada para el paso de los Pokémon. Además, la ciudad parecía considerablemente más vigilada, al estar en territorio neutral. Un regio Fraxure guardaba la entrada que quedaba justo enfrente de ellos.

El equipo atravesó la puerta y entró en la ciudad. Tras poner un pie en su interior, pudieron apreciar la cantidad de Pokémon que caminaban por el lugar en el que estaban, que parecía ser una plaza.

—Esto es más grande de lo que me esperaba —comentó Marvin—. Nary ¿sabes llegar a casa de tu padre desde aquí?

El Budew echó una rápida mirada por el lugar, ubicándose unos instantes.

—Creo que sí —dijo tímidamente—. Solo he estado un par de veces en la casa nueva, pero creo que sé llegar desde aquí.

El equipo siguió al pequeño Budew por las amplias calles de la ciudad, por las que se podían observar caminando todo tipo de Pokémon de distintos tipos y tamaños. Las casas, la mayoría de ellas de piedra y madera, reflejaban esto, al ser también increíblemente variadas en cuanto a forma y diseño, dada la cantidad de Pokémon distintos que debían habitarlas.

—¡Caray, este sitio está muy animado! —exclamó Cynder— Y parece que hay algunas tiendas interesantes. Marvin ¿crees que podríamos parar en alguna?

—Claro, por qué no —respondió Marvin algo ausente, todavía dándole vueltas al asunto del Don.

Las calles pavimentadas con piedra eran anchas y bastante similares entre ellas, lo que hacía que Marvin se preguntara si serían capaces de encontrar el camino de vuelta. Antes de que pudiera preocuparse por eso, sin embargo, Nary se detuvo en frente de una casa de madera con un pequeño jardín. Kroven abrió la vaya de la casa, notando la asuencia de brazos del Budew y le dejó pasar.

—Quédense aquí, señores exploradores —dijo el pequeño Pokémon antes de dirigirse a la puerta.

Con sus torpes pero firmes movimientos, el Budew llegó hasta la puerta de la casa, que era como mínimo dos veces más grande que él. La golpeó dos veces valiéndose del capullo que sobresalía de la parte superior de su cabeza.

Tras unos instantes, un Breloom abrió la puerta y lo saludó cordialmente.

—Veo que has llegado sin problemas, cariño —dijo el Breloom, pasándole una pata por la espalda. Luego, levantando la cabeza y viendo al Equipo Tormenta, añadió—. ¿Son esos los que te han traído?

El Budew asintió y su padre se acercó al equipo, saludando a sus miembros con una moderada reverencia.

—Muchas gracias por traer a mi pequeño a su nueva casa —dijo finalmente—. Mi nombre es Acrell.

—Encantados de conocerle, señor —respondió Marvin—. Yo me llamo Marvin, y estos son Cynder y Kroven. Somos el Equipo Tormenta.

—Su hijo se ha portado muy bien —añadió Kroven—. Es muy valiente.

—No lo dudo —contestó Acrell—. ¿Queréis pasar? Tengo la recompensa lista. Y también una ensalada de bayas, por si os apetece llenaros el estómago. Va a ser la hora de comer.

Sin pensarlo dos veces, el equipo siguió al Breloom al interior de la casa.



—¿Quién se ha muerto? —preguntó Lugnos a la multitud que se detenía en la sala comunal del Equipo Esmeralda.

La respuesta del grupo fue un silencio acusador e incómodo. Elina y Astrid, ambas sentadas en la misma posición alrededor de la mesa de estrategias, le echaron una mirada de desdén. En uno de los bancos, Rawkan se apoyaba con ambas manos sobre el mango de su nuevo sable de hueso. Lugnos suspiró.

—Ya veo que no estáis para bromas —dijo, resignado—. En fin ¿qué ha pasado aquí? Vi a Paldus bajando a toda velocidad y no me ha querido ni contestar.

Elina le señaló con la cabeza uno de los bancos, el más alejado de la mesa. En él, un Timburr de aspecto afligido se sentaba solitario, con la mirada fija en el suelo. Ni siquiera se había inmutado ante la entrada del Ampharos.

—Nigru —dijo Elina, refiriéndose al Timburr— acaba de contarnos algo muy preocupante. Ayer por la tarde, cuando volvió de su exploración, un Pokémon de nuestra organización le entregó una carta con una misión.

—¿Una carta? —Lugnos frunció el ceño— ¿Y qué problema hay con eso?

—Era una misión para el Equipo Tormenta —respondió la Espeon—. Concretamente una con destino en Villa Latón. El problema es que creemos que intentan tenderles una trampa.

Lugnos abrió mucho los ojos.

—Ahora entiendo por qué Paldus salió corriendo a toda velocidad —comentó—. ¿Cómo descubristeis eso?

—Fue a hablar con Paldus cuando se dio cuenta—contestó Elina—. Al parecer, Haku le entregó la carta diciéndole que se trataba de una "misión especial" para el equipo, pero la mente del propio Haku dice lo contrario. Alguien quería que el Equipo Tormenta estuviera en Villa Latón hoy por la mañana. Nigru se dio cuenta de que era falsa cuando subió a registrar su propia misión y le preguntó a Haku sobre la carta.

—¿No puede estar confundido? —inquirió Lugnos, confuso— Podría haber sido otro Beartic.

Elina negó rotundamente con la cabeza.

—He leído sus recuerdos —sentenció—. Era él. Lo único que tiene sentido es que, quien quiera que sea el infiltrado, haya modificado los recuerdos de este Pokémon para que tendiera la trampa…

—Tal vez estás presuponiendo —dijo Lugnos—. ¿Y si no era algo malintencionado?

—¿Por qué si no habría entregado una carta a espaldas del consejo y del propio Haku un Pokémon? —preguntó retóricamente Rawkan, que no había abierto la boca desde la entrada de Lugnos.

El Ampharos se lo pensó un momento, dándole vueltas a la historia en su cabeza. Era cierto, no tenía sentido.

—Supongo que dudar de Haku está fuera de lugar ¿verdad? —preguntó— Nadie podría haber modificado sus recuerdos a causa de su entrenamiento contra ataques psíquicos. Lo que realmente me preocupa es que estos sucesos revelan que alguien sabe que Marvin tiene el Don.

Elina asintió.

—Además, tenemos que tener en cuenta que la capacidad de modificar recuerdos quiere decir que nos enfrentamos a un psíquico de rango cinco o mayor —explicó Elina, con un sutil cambio de tono en su voz—. Eso iguala o supera mis capacidades, lo cual es bastante preocupante.

Rawkan dejó su sable sobre el banco y comenzó a hablar de nuevo.

—Metagross, Slowking, Alakazam, los dragones del eón… —dijo— La mayoría de los Pokémon de ese rango son demasiado poco discretos como para infiltrarlos aquí. Tendría sentido que hubiera sido algo más pequeño. Como un Hypno, por ejemplo.

La estancia se quedó en silencio tras las palabras del Marowak.



El Equipo Tormenta había degustado una deliciosa comida por cortesía de Acrell, y ahora se paseaba por la feria de Villa Latón, sus miembros fascinados por la cantidad de artículos interesantes que se exponían en los numerosos puestos repletos de Pokémon que anunciaban sus gangas en voz alta para atraer clientes.

—¿Crees que podríamos comprar algo de por aquí, Marvin? —preguntó Cynder—. No he visto muchos de los objetos que se venden aquí en mi vida.

—Pues si no los has visto, podrían ser un timo —respondió Marvin, asomando la cabeza entre la multitud tanto como su posición cuadrúpeda se lo permitía—. Además, no podemos gastar mucho dinero por el momento. Quiero ahorrar.

Cynder asintió en silencio sin dejar de mirar los variados objetos que adornaban los puestos.

De repente, una voz se alzó entre el resto.

—¡Eh, ustedes! ¡Kroven y compañía! —gritó una voz.

Marvin se giró inmediatamente hacia el origen de la voz, al igual que sus compañeros. La llamada provenía de un tenderete en el que se sentaba un Kecleon de color púrpura. El Pokémon les hizo señales para que se acercaran.

El grupo se aproximó al puesto del Pokémon con discreción. El Kecleon miró a ambos lados antes de dirigirse a ellos.

—Parecen ustedes unos jóvenes exploradores —dijo—. ¿Saben quién soy yo?

Los miembros del Equipo Tormenta miraron a Kroven, que parecía conocer al Pokémon.

—Eres uno de los hermanos Kecleon —respondió, algo sorprendido—. Nackar, si no me equivoco. Nos conocimos en la Atalaya.

—¡En carne y hueso! —respondió Nackar—. Quería preguntarles una cosa, aprovechando que me encuentro a una cara conocida por aquí…

El Kecleon rebuscó un poco entre las cajas de su puesto, cambiándolas de sitio hasta encontrar un sobre bajo una de ellas.

—Esto —explicó, levantándolo en el aire— es una carta de misión. La Corporación de Inteligencia nos tiene fichados, así que no podemos enviarla a la Atalaya de ninguna forma. Si pudieran asegurarse de que llegue a los tablones de la oficina central, les estaría muy agradecido.

Cynder recogió el sobre y comprobó que tenía la firma del Kecleon en el exterior.

—No se preocupe, señor —dijo Marvin—. Le daremos la carta directamente a Haku.

—¡Excelente! —exclamó Nackar—. Pueden llevarse esto como agradecimiento por sus servicios.

El Kecleon cogió un par de bayas aranja de una de las cajas y las colocó delicadamente sobre la mesa.

—Gracias, señor Kecleon —respondió Cynder, recogiéndolas y guardándolas en la bolsa—. Estoy seguro de que nos vendrán bien en nuestras aventuras.

Nackar sonrió despreocupadamente.

—No hay de qué, pequeño —contestó—. Es un alivio ver que la Atalaya sigue reclutando a Pokémon tan…

El vendedor se quedó en total silencio. Se inclinó hacia delante para decirles algo en voz baja.

—No se giren —indicó en un susurro—. Con cuidado y en silencio, escóndanse detrás del puesto. Ocúltense lo mejor que puedan entre las cajas.

A Marvin le recorrió un escalofrío. Solo podía haber un motivo para una reacción así: la Corporación andaba cerca. Más de lo que creían, de hecho.

Liderados por Marvin, los miembros del Equipo Tormenta se agacharon y rodearon el puesto, abriendo la pequeña puerta de madera para poder colarse en su interior.

Con todo el sigilo que pudieron, se acomodaron entre las cajas que el Kecleon mantenía tras de sí. Luego, Cynder arrastró otras dos por el suelo para taparlos desde todos los ángulos, dejando tan solo un punto desde el cual alguien los podría ver: desde arriba.

—Buenos días, excelentísimo señor Gront —oyeron decir al Kecleon—. ¿Qué desea comprar hoy?

—No me hagas la pelota —dijo una voz rasposa y desagradable—. Hace un momento había un Mudkip aquí en tu puesto. ¿A dónde ha ido?

Marvin se quedó de piedra. Lo sabían. La Corporación lo sabía. Conocían su don.

—No me gusta dar información sobre mis clientes —dijo Nackar, manteniendo la compostura de una manera impresionante—. Lamento no poder ayudarle.

Sintieron el temblor del golpe que Gront había dado contra el puesto.

—No estás en la mejor posición para ocultarme cosas, Nackar —gruñó—. Te recuerdo que puedo enviarte a las prisiones de Obsidia en cualquier momento. Sabiendo esto, te lo preguntaré otra vez ¿a dónde ha ido el Mudkip?

Marvin contuvo el aliento. El mundo se paralizó a su alrededor mientras aguardaba la respuesta de Nackar. El Kecleon parecía estar titubeando, pues no respondió inmediatamente.

—Er… se han ido hacia allí —respondió finalmente—. Me preguntaron si tenía petreosferas, así que asumo que habrán ido a buscar alguna de esas.

Gront soltó un prolongado gruñido.

—Bien —contestó—. Mientas o digas la verdad, más te vale que encontremos a ese Mudkip antes del anochecer, o te vas a meter en serios problemas. Tengo una patrulla aquí, así que espero que no pienses en largarte.

Marvin soltó un silencioso suspiro al oír al Pokémon alejarse del puesto. Unos segundos más tarde, la cabeza de Nackar asomó por el hueco entre las cajas y los miró preocupadamente.

—Parece que están buscándole específicamente a usted —le dijo a Marvin, frunciendo el ceño—. Yo no me quedaría mucho tiempo en este pueblo si fuera usted. ¿Qué ha hecho para que lo busquen con tanto ahínco, de todas formas?

Marvin miró a sus compañeros antes de devolverle la mirada al Kecleon.

—Es… una larga historia, señor —dijo finalmente—. No creo que sea buena idea ponernos a hablar de eso ahora.

El Kecleon asintió. Tras comprobar que no había ningún agente de la Corporación en las inmediaciones, apartó una de las cajas, dejando salir a los tres Pokémon.

—Más les vale ir con cuidado —advirtió—. Es probable que tengan un número grande de agentes buscándoles.

Marvin asintió con la cabeza.

—Muchas gracias por ayudarnos a escondernos —dijo Kroven, saliendo de entre las cajas—. No sé qué habríamos hecho sin su ayuda.

Nackar les sonrió algo afligido.

—No es un problema —contestó—. Apoyo a la Resistencia en todo lo que puedo. Ahora deben centrarse en salir de aquí sigilosamente y sin ser detectados. Aléjense de la plaza y caminen solo por los callejones.

—¿Qué va a pasar con usted cuando se den cuenta de que hemos escapado? —preguntó Cynder, preocupado por el Kecleon.

—Gront habla mucho —respondió este— pero no va a hacerme nada. Le conozco desde hace años: amenaza a todo el mundo, pero rara vez hace daño a un Pokémon. Ustedes preocúpense por salir de aquí, anda.

Tras una breve despedida, los tres Pokémon se alejaron del puesto, tratando de camuflarse entre el gentío.

—Lo peor de todo esto —comentó Cynder— es que no tenemos ni idea de cuales de estos Pokémon pueden estar buscando a Marvin. Estamos escapando de un enemigo invisible.

Marvin ignoró casi totalmente el comentario. Estaba demasiado ocupado intentando concentrarse en huir hacia un callejón sin mirar hacia los lados o darse la vuelta. El corazón le latía como si fuera a salir disparado de su pecho en cualquier momento, y pudo notar una pesada gota de sudor deslizándose lentamente por su mejilla. Tenía miedo. Mucho miedo.

"No puedes perder los nervios ahora" se dijo a sí mismo, en un inesperado intento de calmarse por parte de su cerebro. "Tienes mucho que hacer. No puedes flaquear ahora, porque eso solo logrará que te capturen". Estas palabras lo ayudaron a tranquilizarse. El miedo seguía ahí, pero había pasado a un segundo plano para dar paso a la determinación de sobrevivir.

Sus compañeros, ajenos al ataque de pánico que Marvin estaba a punto de sufrir, miraban de reojo a los Pokémon con los que se cruzaban, con los músculos tensados en todo momento. Cualquiera podía ser un agente, y debían estar preparados para enfrentarse a ellos.

Al doblar la esquina en un callejón, los tres se apoyaron contra la pared. Kroven se aseguró de que nadie los estaba siguiendo.

—Eso ha sido intenso —dijo Cynder—. Todavía siento una llama danzando en mi estómago de la tensión…

Kroven, sin embargo, no dijo nada. Tras su vistazo preventivo, se acercó a Marvin y lo miró arqueando una ceja.

—Antes de continuar —dijo, curiosamente relajado— necesito preguntarte algo, Marvin. ¿Hay algo que deba saber y de lo que no se me haya informado? Porque no me parece normal que la Corporación ande buscándote precisamente a ti con tanto brío.

Se hizo el silencio en el pequeño calejón. Marvin miró a Cynder inmediatamente. Su amigo se encogió de hombros, sin decir una sola palabra.

—Supongo que… he sido un poco prepotente —respondió Marvin—. Sí, Kroven. Te hemos ocultado algo. Pero tienes que confiar en mí un rato más, porque ahora no es el mejor momento para ponernos a hablar de ello.

Kroven miró a un lado, pensativo.

—Supongo que tienes razón —concordó—. Pero para eso tenemos que salir de aquí sin ser capturados. La puerta de la ciudad no está lejos, pero tendremos que ponernos un poco más a la vista si queremos escapar.

—Un poco tarde para eso, diría yo —dijo una voz.

Los miembros del Equipo Tormenta se pusieron en posición de combate casi al instante.

En la esquina del callejón, un Sneasel dibujaba en su rostro una socarrona sonrisa.

—Es un placer —dijo—. Me alegra haberos encontrado antes que esos brutos de la Corporación. Así podré divertirme un poco antes de llevarme al Mudkip.

Cynder se puso delante de Marvin, con su espalda soltando enormes chispas llameantes.

—¡Tendrás que pasar por encima de mí para llevártelo! —gritó.

El Sneasel, rápido como un rayo, asestó un potente arañazo a Cynder, que no vio venir el golpe hasta que fue demasiado tarde. El Cyndaquil cayó derribado a un lado del callejón.

—No os humilléis intentando defenderlo, por favor —dijo—. Solo quiero enfrentarme a él. No necesito meterme con otro par de inútiles.

Nada más acabar la frase, recibió un repentino disparo de humo negro en la cara. Cynder, que ahora se levantaba a duras penas a causa del golpe, estaba produciendo una pantalla de humo desde la punta de su nariz.

Marvin aprovechó la distracción para arrojar un proyectil de agua hacia el Sneasel, que cayó contra una de las paredes del callejón.

—¡Me estáis enfadando! —gruñó, levantándose—. No quería tener que hacer esto, pero voy a tener que jugar sucio. ¡Burgull, sal de ahí!

Antes incluso de poder reaccionar, Marvin recibió un potente puñetazo eléctrico en un costado, siendo lanzado hacia la misma pared que su adversario.

—Hola, enano ¿te acuerdas de mí? —rió el Electabuzz que salió de entre las sombras—. Vamos a ver si eres tan valiente esta vez.

Marvin trató de levantarse, pero notó que su cuerpo no reaccionaba. Estaba paralizado. Aterrorizado, vio como Burgull se le acercaba entre risas. Kroven trató de detener su avance, pero el Pokémon eléctrico lo derribó con un rayo, tendiéndolo en el suelo.

—¿Q-qué hacéis vosotros aquí? —preguntó Marvin, confuso y asutado. Le costaba articular las palabras a causa de su estado de parálisis.

—La Corporación nos ha encargado encontrarte —respondió el Sneasel, riendo entre dientes—. Bueno, a nosotros y a otros muchos. Pero eso no viene al caso ahora.

Con maestría y apenas sin inmutarse, el Pokémon siniestro esquivó una llama que Cynder había lanzado como medida desesperada.

—Encárgate del Cyndaquil —ordenó el Sneasel a Burgull—. Quiero hablar con el Mudkip.

Burgull asintió y se dirigió corriendo hacia el Pokémon de fuego. Marvin lo perdió de vista, pues al no poder girar la cabeza, era incapaz de ver qué estaba ocurriendo entre su amigo y el Electabuzz.

—No sé qué tienen contra ti los miembros de la Corporación —dijo—, pero la verdad es que esto reconforta. Sé que fuiste tú el que detuvo nuestra operación en las Ruinas Virmis. Así que esto no es solo un encargo… es algo más personal. ¿Y sabes qué? Que es delicioso. Vas a aprender qué pasa si te metes con Nysel. Después de entregarte a la Corporación, tus amigos van a recibir un tratamiento especial…

La desagradable sonrisa en el rostro de Nysel le puso a Marvin la carne de gallina. La ira se apoderó de su cuerpo. Quería moverse, quería levantarse y destrozar los dientes perfectos de aquel Sneasel. Y entonces, lo sintió.

"Despierta"
.

"Despierta, Marvin".

Un poderosísimo flujo de energía comenzó a recorrer su cuerpo. Marvin dejó de escuchar la voz del Sneasel, aunque veía sus labios moverse. Sintió cómo la ira ardía en su interior… y cómo su cuerpo reaccionaba de nuevo. Con un movimiento súbito, lanzó un puñetazo a la cara de Nysel, lanzándolo en la dirección contraria. El Pokémon, que no se había visto venir el golpe, se tambaleó.

—O puedes callarte la boca y enfrentarte a mí —dijo Marvin, furioso aunque impresionado por su espontánea demostración de resistencia.

Nysel, tras unos instantes de comprensión, se arrojó contra Marvin cargando una energía negra de aspecto peligroso en sus garras.

Y entonces, un destello blanco pasó a toda velocidad entre ambos, y el Senasel acabó arrojado contra uno de los muros del callejón. Marvin, completamente ignorante de lo que acababa de ocurrir, se echó para atrás. ¿Era acaso éste un miembro de la Corporación?

El destello volvió a aparecer, pero esta vez para derribar a Burgull, que combatía fieramente contra Cynder. El Pokémon de fuego mostró la misma expresión de sorpresa que Marvin puso cuando le ocurrió a él.

De pronto, Marvin sintió el efecto del puñetazo eléctrico de nuevo. Se quedó tieso en el sitio, justo como lo había estado segundos antes. Su inusual resistencia a la parálisis se había desvanecido por completo. Cynder se acercó a él, mirando hacia todos lados y esperando que su nuevo y desconocido enemigo tratara de ejecutar otro ataque.

No recibieron ataque alguno, sin embargo, pues una extraña y alta Pokémon blanca se materializó frente a ellos. Presentaba una extraña cuchilla triangular en su pecho, y sus brazos y cabeza eran de color verde. La parte superior de su esbelta figura estaba cubierta por lo que parecía ser un ligero vestido que se fundía con su cuerpo.

—No os preocupéis —dijo, con una monótona y tranquila voz—. No os haré daño.

La Pokémon se dirigió hacia Marvin y se arrodilló en frente de él, pasándole un brazo por el cuerpo. Una curiosa luz rosa pasó por su brazo y recorrió todo el cuerpo del Mudkip, que sintió cómo la parálisis iba desapareciendo poco a poco.

—¿Quién eres? —balbuceó Marvin, todavía recuperando la movilidad en sus labios.

—Mi nombre es Miasma —dijo con un dulce tono de voz, sin apartar la vista de Marvin—. Soy una Gardevoir, y vuestra aliada. Paldus me ha enviado a rescataros.

Sin mediar palabra, la Pokémon se levantó y se dispuso a hacer lo mismo con Kroven, que yacía a unos pasos de ellos.

—Vuestro compañero… se pondrá bien —explicó tras examinarlo y sondearlo con la misma luz rosa que había usado con Marvin—. Ha recibido un voltaje enorme para ser un Pokémon volador, pero es fuerte. Sobrevivirá.

El Murkrow abrió los ojos, recibiendo el poder curativo de la Pokémon psíquica.

—Pero… —inquirió entonces Cynder— ¿cómo sabía Paldus que estábamos en peligro?

La Gardevoir lo miró a los ojos unos instantes antes de responder.

—No lo sé —contestó simplemente—. Vino en busca de mi ayuda a toda velocidad, y apenas recibí explicaciones acerca de las causas de mi misión. Os detecté usando mis poderes psíquicos y vine lo antes posible. Lamento no haber llegado un poco antes.

—No pasa nada —dijo Marvin—. Estamos muy agradecidos de que hayas aparecido, de veras… No me siento en posición de reprocharte no haber llegado antes.

Misama sonrió. Se levantó, invitando a Kroven a hacer lo mismo. El Murkrow, aunque despacio, logró incorporarse y ponerse en pie.

—No he llegado tarde, después de todo —dijo.

—¿Y qué pasa con ellos? —preguntó Cynder, señalando al debilitado Nysel— ¿No deberíamos llevárnoslos a la Resistencia.

La Gardevoir negó con la cabeza.

—No he recibido órdenes de llevármelos —explicó—. Mi prioridad es sacaros de aquí, y eso pienso hacer. Preparaos, vamos a teletransportarnos.

Cynder cogió rápidamente a Marvin del hombro. El Mudkip lo miró extrañado.

—Para poder teletransportarnos todos juntos, tenemos que estar en contacto —explicó brevemente.

El Mudkip asintió en señal de comprensión. Miasma, cogiendo a Kroven con una mano y a Cynder con la otra, comenzó a cargar su poder psíquico. Un blanco destello lo envolvió todo, y Marvin sintió como si su cuerpo flotase durante unos instantes. Cuando la sensación desapareció, se encontraban en una acogedora estancia de madera y piedra, reminiscente a su habitación en la Atalaya. Lo primero que pudieron ver en la habitación fue a Paldus, que parecía bastante impaciente. A su alrededor se congregaban Elina, Astrid, Rawkan y Lugnos.

El Swampert notó inmediatamente la presencia de los recién llegados, pues el resplandor los había acompañado.

—¡Gracias a Arceus que estáis bien! —exclamó, acercándose a ellos— Muchas gracias por tu aporte, Miasma.

—No hay de qué, Paluds —contestó ella con modestia—. Es mi trabajo.

El Swampert dirigió su atención hacia los miembros del Equipo Tormenta.

—¿Os han atacado? —interrogó al ver el aspecto maltrecho de los tres.

—Nos atacaron unos criminales —dijo Marvin—. Al parecer estaban colaborando con la Corporación.

Paldus se llevó una mano al mentón, pensativo.

—Parece que ya lo tenían planeado de antemano… —murmuró.

A Marvin, no obstante, le picaba la curiosidad.

—¿Cómo sabíais que estábamos en peligro? —preguntó inmediatamente.

—Os tendieron una trampa —intervino Elina—. Filtraron una carta de misión para que la cogierais específicamente vosotros. La carta en sí era auténtica, pero la Corporación quería pillaros en Villa Latón hoy. Se aprovecharon de la inocente petición de alguien para intentar capturaros.

—A todo esto ¿quién recogió la misión? —interrumpió abruptamente Astrid.

Cynder y Marvin miraron a Kroven. El Murkrow se encogió en su sitio, algo cabizbajo.

—Er… fui yo —respondió—. Me la dio un Timburr… me dijo que era una misión especial para nosotros, pero que no podía contárselo a nadie hasta que estuviera cumplida.

Marvin lo miró afligido. El Murkrow había sido manipulado para tenderles aquella trampa. Paldus asintió, todavía algo perdido en sus pensamientos.

—Tiene sentido —dijo—. El Timburr fue el que nos ayudó a averiguar que se trataba de una trampa. Procurad… procurad no volver a aceptar ese tipo de misiones a menos que os la de un miembro oficial del Consejo ¿de acuerdo?

Los tres asintieron casi al unísono. No dudarían un instante en tomar precauciones tras el enorme peligro al que se habían enfrentado aquel mediodía.

—Ahora el problema es otro —dijo Elina—. Nos enfrentamos a un psíquico de alto nivel. Ha modificado los recuerdos de la mente débil del Timburr para hacerle creer que Haku le dio la misión.

—Sea quien sea nuestro psíquico —intervino Lugnos—, no atacará de nuevo a corto plazo. No cuando su primer plan ha fallado. Tenemos tiempo para intentar descubrirlo mientras no trata de tender una nueva trampa. De todas formas, este personaje conoce a Marvin. No os recomendaría volver al territorio neutral, ni mucho menos adentraros en el enemigo.

—Será mejor que solo hagáis misiones en territorio aliado, chicos —dijo Paluds, dirigiéndose de nuevo al equipo de Marvin—. Y ahora, si no es molestia, registrad la misión y haced lo que tengáis que hacer. Tenemos mucho que planear.

Los tres chicos abandonaron la estancia. Cynder la reconoció como la cámara de teletransporte y les indicó la salida a sus compañeros.

—Bueno —dijo Kroven mientras subían las escaleras—. Creo que os merecéis una disculpa. He sido un ingenuo con el tema de la carta… no volverá a suceder.

—No te culpes, Kroven —contestó Cynder detrás de él—. No tenías forma de descubrir que se trataba de una trampa.

—Además —añadió Marvin, que lideraba la marcha—, yo te debo unas cuantas explicaciones. Vamos a registrar la misión y guardar los objetos. Tenemos que hablar largo y tendido sobre… bueno, ya te lo explicaré cuando lleguemos.



—No sé qué decir, Elina… —murmuró Astrid mientras caminaba por uno de los pasillos del piso superior de la Atalaya, al lado de su confidente. Tras abandonar la cámara de teletransportes, las dos se dirigían al despacho de la Espeon para recoger unos libros—. Lleva unos días muy raro. Sabes que no me gusta llegar a estos extremos, pero… tengo la sensación de que me oculta algo.

—No voy a leer su mente, si es lo que estás insinuando —contestó tajante la Espeon, bajando la voz—. Confío en que, sea lo que sea lo que está pasando por su cabeza, no nos resulte un problema. A decir verdad, yo creo que está emocionado a causa del asunto del Don de Sazira. Apenas habla de otra cosa conmigo.

La Ninetales plateada soltó un sonido de hastío, pero no respondió. Elina, alejándose de su frialdad matemática, añadió:

—Sabes que te quiere mucho. No te ocultaría algo si no fuera estrictamente necesario, y hasta entonces tendría buenas razones para hacerlo. Creo en su buen juicio.

Astrid se detuvo. Elina paró unos pasos más dalenate, girándose para mirar a su vieja compañera a los ojos.

—Sabes algo ¿verdad? —preguntó simplemente Astrid.

La Espeon inclinó la cabeza.

—¿Qué te hace pensar eso? —preguntó a su vez con una inquisitiva mirada— Jamás he leído la mente de alguien del equipo y tú lo sabes.

—No te hace falta leer su mente —contestó Astrid—. Él pudo habértelo contado. Últimamente no hacéis más que hablar.

Elina dio unos pasos, acercándose a su compañera.

—Si me lo hubiera contado —dijo lentamente— tú ya lo sabrías. Al fin y al cabo, siempre te lo cuenta todo ¿no es así?

Astrid no pudo evitar notar algo de molestia en la voz de la Espeon. Tras decir estas palabras, su amiga se giró y continuó andando por el pasillo, sin esperarla. Abrió la puerta de su despacho y entró en él, dejando la puerta abierta para su compañera.

—Supongo que sí… —contestó finalmente en voz baja, sabiendo que nadie podía oírla en la soledad del pasillo.
¡Échale un vistazo a mi fanfic "Pokémon Mundo Misterioso: Sons of Freedom"!
#23
Capítulo 10: CONVERSACIONES NOCTURNAS


—¿El Don de Sazira? —repitió Kroven, incrédulo— Tienes que estar de broma.

En el fondo, Marvin casi deseaba estarlo. Sin embargo, no era el caso, y acababa de narrarle al Murkrow la historia completa sobre su estancia en Pellaria.

—Solo se ha activado una vez —comentó Cynder—, cuando estuvimos en la cueva con aquella Aggron. Pero sí, lo más probable es que Marvin tenga ese poder.

Entonces, Marvin recordó el momento en el callejón, hacía más de una hora. Su cuerpo, totalmente paralizado, recuperó la movilidad durante unos instantes. ¿Sería eso una consecuencia del Don de Sazira?

—Y ¿cómo se supone que puedes usarlo para derrocar a la Corporación? —inquirió Kroven, algo conmocionado por la noticia.

—Paldus dice que hay una piedra que puede canalizar mi poder en un radio grande —explicó Marvin—, pero solo es una leyenda. Supongo que encontrará algún método más fiable.

Kroven atendía estupefacto a las explicaciones de su líder. Todavía no podía creer que se tratara de un humano convertido en Pokémon.

—Jamás había conocido a un humano —expuso—. Es realmente fascinante.

—Por favor, Kroven —pidió Marvin, algo hastiado—, no quiero que me trates de forma diferente ahora ¿de acuerdo? Sigo siendo Marvin y quiero que me trates como a un Pokémon más ¿de acuerdo?

El Murkrow asintió en señal de aprobación.

—¿Paldus sabe que eres un humano? —preguntó inesperadamente.

—Er… no —respondió Marvin—. ¿Por qué lo preguntas?

—Verás, tengo entendido que Paldus no se lleva bien con los humanos —explicó el Murkrow—. He oído un cotilleo acerca de él. Parece ser que, cuando era pequeño, la familia de humanos que lo había adoptado lo abandonó para irse de Pellaria junto con los demás humanos, y desde entonces está resentido hacia todos ellos. Yo que tú no le diría nada a corto plazo.

Marvin tragó saliva. No podía imaginarse la cara de decepción del Swampert al enterarse de que era un humano.

Cynder, en el otro lado de la habitación, hacía recuento de objetos para la misión del día siguiente. De pronto, exclamó:

—¡Vaya! La carta de Nackar.

Los otros dos miembros del Equipo Tormenta se giraron para mirar al Cyndaquil, que sostenía la carta de misión que les había entregado el Kecleon.

—Tenemos que llevársela a Haku para que la archive con el resto —dijo Marvin—. Propongo hacerlo ahora y quitárnolos de encima.

—Ya puestos —añadió Kroven— podemos echarle un ojo a las misiones que haya por ahí colgadas. Tal vez encontremos algo interesante.

El equipo salió de la habitación y se dirigió al despacho de clasificación, accesible solo mediante unas escaleras en las oficinas centrales. Normalmente podía verse a una cantidad ingente de Pokémon haciendo cola enfrente del acceso, pero a aquella hora del día todas las misiones habían sido archivadas y enviadas a las oficinas centrales, por lo que el acceso estaba totalmente despejado.

El despacho era un lugar bastante claustrofóbico, ya que los pocos Pokémon que trabajaban allí estaban continuamente rodeados de cartas, sobres, pergaminos y diversos utensilios de escritura. El escritorio de Haku, situado en la esquina más alejada de la puerta, era el que más cartas tenía, y de vez en cuando un Ambipom pasaba por allí para recoger alguna y llevarla a los tablones.

—Buenos días, Haku —saludó Marvin, colocando la carta sobre su escritorio.

El Beartic, sin levantar la mirada de lo que estaba escribiendo, soltó un "hola" entre dientes, apenas vocalizado a causa de la concentración del Pokémon de hielo en su labor.

—Teníamos una misión para archivar —dijo Kroven.

Haku levantó inmediatamente la vista, dejó la pluma sobre la mesa y les dedicó una fría mirada. Se notaba que no estaba de buen humor, y Marvin supuso que tenía algo que ver con el problema que habían tenido por la mañana.

—De acuerdo —dijo finalmente— Equipo Tormenta ¿verdad? —preguntó, rebuscando entre sus archivos— La misión de escolta en el Risco Colmena. ¿La habéis completado?

Cynder sacó de la bolsa la carta firmada por Acrell, y el Beartic la revisó, acercándola a su cabeza para poder leerla correctamente.

—Muy bien —concluyó. Guardó la carta en otro de sus archivadores, a los que accedía tremendamente rápido y los miró de nuevo— ¿Algo más?

—De hecho sí —contestó Marvin. Cynder puso la carta de Nackar sobre la mesa para que el Beartic la abriera y ojeara—. Es una carta de parte de un Kecleon. No ha podido traerla él mismo o enviarla aquí, así que nos ha pedido que la trajéramos.

Haku revisó la carta unos instantes. Tras ojearla, escribió algo en ella y la colocó en la pila de cartas con destino a los tablones.

—Gracias por vuestra contribución —dijo, con un tono de voz que hacía pensar que repetía esta consigna a cada equipo que lo visitaba—. Será colocada en el tablero en seguida. Es mi deber recordaros, además, que vuestra misión de mañana será la última que tengáis que hacer antes de vuestro día de descanso, en el caso de que la completéis con éxito.

—¿Día de descanso? —repitió Marvin, sorprendido.

El Beartic soltó un suspiro de resignación. Con el mismo tono de voz aburrido y monótono, explicó:

—Todos los equipos de resistencia disponen de un día libre por cada cinco misiones completadas exitosamente. ¿Requerís algún otro tipo de información?

Los miembros del equipo se miraron entre ellos un momento.

—No, gracias —contestó finalmente Marvin—. Está bien.

—Pasad una buena tarde —se despidió el Beartic, cogiendo su pluma y disponiéndose a seguir escribiendo.

Mientras el Ambipom se acercaba para recoger la pila de cartas, el Equipo Tormenta abandonó la estancia. A Marvin no le caía mal Haku, pero parecía que su vida era extremadamente aburrida. "Está demasiado ocupado para ser educado, supongo" pensó Marvin mientras se dirigían a los tablones de anuncios.

Los tablones, llenos de cartas de misión como de costumbre, apenas estaban siendo revisados por algún que otro Pokémon. Los equipos no acostumbraban a elegir sus misiones tan temprano, pero Rawkan les había enseñado que era el mejor método para tener más opciones entre las que elegir.

Cynder abrió la bolsa y desplegó el mapa de Pellaria que les habían entregado al unirse a la Resistencia. Debía asegurarse de que elegían una misión dentro de la jurisdicción de la Atalaya.

—Solo podemos coger misiones de este tablón —señaló Kroven—. Las misiones van del rango E al D, que es lo aconsejable para un equipo recién formado.

Marvin ojeó las notas de misión situadas en la parte inferior del corcho, deseando encontrar una allí abajo y no tener que usar la escalera para buscar en las filas superiores. No obstante, ninguna misión parecía llamar su atención, ya que todas tenían una recompensa demasiado baja.

—Procurad no coger las misiones de rescate o recuperación de objetos que lleven más de un día aquí —advirtió Kroven—. Cuanto más tiempo pasa, más difícil es encontrar a objetos o Pokémon perdidos en una mazmorra. Creedme, os lo digo por experiencia.

Dicho esto, el Pokémon volador saltó en el aire y emprendió su primer vuelo en casi una semana, agitando las alas para mantenerse en el aire y poder analizar de cerca las cartas colocadas en la parte superior del tablón.

El Equipo Tormenta pasó más tiempo del que habrían querido buscando una misión para el día siguiente. No obstante, cuando iban a darse por vencidos y elegir una misión de poca monta, el Ambipom salió corriendo del despacho de Haku con un montón de cartas, y sin siquiera mirarlos comenzó a asegurarlas al tablón usando sus dos colas, agarrándose a la escalera con sus extremidades comunes.

Marvin y compañía observaron al Pokémon deslizarse ágilmente entre tablones, colocando las misiones en uno u otro dependiendo de su dificultad.

—No había visto a nadie moverse tan deprisa —dijo Cynder en voz baja.

El Ambipom terminó rápidamente y se fue sin decir palabra, bajando de la escalera de un salto. El Equipo Tormenta se aproximó de nuevo a los tablones, ahora cubiertos de un considerablemente mayor número de misiones.

Marvin echó un vistazo a las que se situaban en la parte inferior, de nuevo esperando no tener que subirse a la escalera. No obstante, eso no sucedió, ya que una misión en concreto llamó su atención casi inmediatamente.

—Chicos, mirad esto —llamó a sus compañeros.

Éstos se colocaron a ambos lados de su líder y leyeron la carta por encima.

—Es… es la misión de Nackar —dijo finalmente Kroven—. Creía que sería un encargo de rango más alto, pero… es relativamente sencillo ¿no creéis?

La petición requería encontrar unos objetos concretos en un lugar llamado Cueva Añil. Se trataba de un tipo de gemas que solo aparecían en ese territorio misterioso.

—Es sencillo —dijo Marvin— pero no podemos volver a Villa Latón. Está justo en terreno neutral, y además ya nos han tendido una trampa allí antes.

—Siempre podemos hablar con Verris, el Kecleon que lleva la tienda en el bajo de la base —explicó Kroven—. Le preguntaremos si puede hacerle llegar a su compañero los objetos mediante sus conexiones, y ya de paso recoger nuestra recompensa.

El equipo se detuvo a sopesar la proposición. La recompensa era de doscientos pokés por gema, y aquello no era algo fácil de rechazar.

—¿Cuántos pisos dices que tiene esa cueva, Cynder? —preguntó Marvin.

Tras buscar el lugar en el mapa, Cynder revisó sus datos y contestó:

—Seis. En el bajo siete hay una puerta que, según parece, te devuelve a la salida del territorio. No creo que tengamos nada que perder ¿verdad?

Marvin miró a Kroven.

—Supongo que no hace falta votar nada ¿verdad? —preguntó con una media sonrisa.

—•—


Los tres compañeros bajaron al comedor, ya que el hambre había atenazado a Cynder después de hacer los preparativos para su misión.

En el comedor había un número de Pokémon considerable, ya que la mayoría de ellos acababan de volver de una misión y estaban tomándose un tentempié.

Entre la multitud de Pokémon recogiendo comida en la barra, Marvin pudo distinguir la figura familiar de una Buizel.

—¡Winona! —llamó. La Buizel se giró rápidamente para mirarlo.

—Oh, hola Marvin —saludó, algo desganada—. Buenas tardes.

Kroven y Cynder comían despreocupadamente en la barra, así que el Mudkip tenía vía libre para hablar con su amiga.

—¿Qué tal tu misión de hoy? —preguntó.

La Buizel hizo una mueca de malestar.

—Bueno —contestó—. Mis nuevos compañeros no están mal. No hemos tardado mucho en completar el encargo, pero el camino ha sido largo y me da a mí que voy a tener agujetas mañana. ¿Qué tal tú?

—Dentro de lo que cabe, bien —contestó Marvin con una risa nerviosa—. Casi nos capturan los agentes de la Corporación, pero al final no ha pasado nada.

La Buizel abrió mucho los ojos.

—¿Estás de broma? —preguntó sorprendida— Escapar de la Corporación es algo que no hacen todos los Pokémon. Deberías estar orgulloso.

—En realidad nos salvó Miasma, un miembro del equipo de Paldus —contestó el Mudkip con modestia—. No he tenido mucho mérito, la verdad…

"Excepto por la parte en la que me salvé de la parálisis por mi cuenta" pensó para sus adentros. No consideraba oportuno hablarle a cualquiera de los poderes que (al menos según él creía) le otorgaba el Don de Sazira.

—De todas formas —concluyó Winona— es interesante. Supongo que era cuestión de tiempo que te descubrieran.

Aquella frase activó algún tipo de resorte en la cabeza de Marvin. La Corporación era consciente de su presencia, sí. Eso ya lo tenía asumido. La pregunta ahora era ¿cómo habían adquirido esa información? Paldus mencionó que sus compañeros de equipo estaban protegidos contra ataques psíquicos, pero eso no garantizaba que no podían haberlo sabido por ellos.

¿Tenían un espía en la base?

—Mañana vamos a buscar unas gemas raras —dijo Marvin, cambiando de tema—. Vamos a un sitio llamado Cueva Añil.

—Vaya, pues os deseo suerte —dijo la Buizel mientras mordisqueaba una baya—. He ido a ese sitio un par de veces y no es difícil. Para vosotros no será un problema.

La conversación fue bastante banal a partir de aquel punto. El Equipo Tormenta abandonó pronto el comedor, habiendo sus miembros saciado su hambre, y se dirigieron a su habitación para descansar un rato.

—Pinta bien eso del día libre —comentó Cynder una vez estuvieron dentro de su cuarto—. Podremos dormir hasta tarde por una vez.

—Sí, pero recuerda que el desayuno es a las ocho —dijo Marvin con una sonrisa—. No querrás perdértelo ¿verdad?

Cynder soltó un gruñido en voz baja.

—Pues cuando me acabe el desayuno me vuelvo a dormir —contestó.

—En mi primer día libre —dijo Kroven— me quedé dormido hasta las doce. El día anterior nos habíamos enfrentado a un grupo enorme de enemigos y estaba exhausto.

Marvin recordó la pérdida del equipo de Kroven, y le pareció un buen momento para preguntarle sobre ellos.

—¿Echas de menos a tu antiguo equipo? —preguntó.

El Murkrow se encogió de hombros.

—Siempre se echa un poco de menos —respondió—, pero nunca me llegué a llevar demasiado bien con ellos. Fueron una pérdida para la Resistencia, sí, pero no puedo decir que me afecte en un nivel emocional.

—¿Cómo fue? —le preguntó Cynder entonces— El ataque a Villa Plata, quiero decir.

Kroven dejó escapar un suspiro.

—Fue aterrador, a decir verdad —contestó—. Nunca había visto un incendio tan grande en mi vida, y sinceramente espero no volver a verlo jamás. Nos pilló llevando a unos Sentret a casa de su madre… estábamos en su casa cuando sucedió.

—¿Ellos escaparon? —preguntó Cynder.

—No lo sé, la verdad —respondió el Murkrow—. No llegamos a detenernos para eso. Nuestro líder nos ordenó escapar de cualquier forma que pudiéramos, y yo me fugué por la ventana después de que comenzaran a atacarnos unos agentes de la Corporación.

Los tres compañeros se mantuvieron silenciosos un rato.

—Al menos —concluyó Kroven— mi ala está casi perfecta. Mañana podré hacer trabajos de reconocimiento desde el aire.

—Oh ¿harás eso? —inquirió Marvin.

—Por supuesto —respondió el Murkrow—. Es importante saber qué hay delante de ti cuando no estás dentro de un territorio misterioso. Aun así, dentro de la cueva no podré hacer nada.

—No te preocupes —dijo Cynder, quitándole importancia—. Es más que suficiente. Por cierto ¿qué hora es?

Kroven echó un vistazo a las piedras solares, cuya luz se hacía más intensa cuando era de noche.

—Calculo que serán las seis, como mínimo —dijo—. En cualquier caso, aún quedan unas horas hasta la hora de dormir. ¿Os parece si vamos a hablar ya con Verril? Podríamos incluso parar a comprar algo interesante.

No tuvo que preguntarlo dos veces, ya que sus compañeros, tras recoger la bolsa de viaje, se levantaron de sus respectivos asientos y se dispusieron a salir.

La base estaba bastante vacía en su mayoría. Muchos de los equipos estaban descansando o todavía no habían vuelto de sus respectivas misiones. Atravesaron las áreas de entrenamiento y descanso de la Atalaya, situadas muy por debajo del nivel del mar, hasta llegar a lo que era comúnmente llamado "mercado del submundo" a causa de su localización.

Allí abajo era donde se tramitaba la compraventa de objetos, según Kroven les explicó a sus compañeros de equipo. Marvin y Cynder jamás habían pisado aquella zona de la base, lo cual podría deberse al hecho de que Rawkan, según les contó Kroven, debía bastante dinero a la red de comercio de los hermanos Kecleon.

—Este lugar es curioso —comentó Cynder, pasando la vista por el lugar. Se trataba de una inmensa cueva, con apenas algún vestigio de civilización en ella más allá de los Pokémon que la habitaban, pues no había señales de edificación en ella más allá de los soportes de las piedras solares, que brillaban con su máxima intensidad.

En la amplia caverna, varios Kecleon estaban dispuestos en diferentes mostradores, cada uno asignado a una sección. Las estanterías estaban repletas de objetos bien etiquetados con su nombre y precio correspondiente. El equipo atravesó los pasillos de la sección de esferas mágicas y se encontró con Verril el Kecleon, sentado tranquilamente tras su mostrador mientras ojeaba un panfleto.

—Buenas tardes —saludó alegremente al percatarse de su presencia— ¿Puedo ayudarles en algo?

—Buenas —saludó Marvin—. Antes de comprar nada, querríamos pedirle un favor.

Verril frunció el ceño y se inclinó un poco sobre el mostrador.

—Si planean dejar dinero a deber, quítenselo de la cabeza —respondió sin perder la educación—. Lo lamento, pero hemos tenido una serie de problemas a ese respecto y no deseamos que ocurra más.

—¡No no, en absoluto! —contestó Marvin rápidamente— Se trata de una misión para su hermano Nackar. No podemos ir a Ciudad Latón a darle los objetos que nos pidió para mañana, así que tal vez usted podría encargarse de que le lleguen y traernos la recompensa.

El Kecleon relajó su cara, sentándose de nuevo en su posición original.

—No será un problema —dijo finalmente—. Nuestra red de intercambio de objetos es rápida y efectiva. Él no ha sido capaz de comunicarse con nosotros desde hace unos días, presumiblemente a causa de la presencia de la Corporación en Villa Latón. No obstante, haremos lo que esté en nuestras patas para llevarle los objetos y recibir su recompensa.

—Muchas gracias —contestó Marvin—. Ahora nos gustaría comprar algo.

A Verril se le iluminó el rostro. Con una sonrisa, se bajó de su banqueta y los analizó desde detrás del mostrador.

—Si no me equivoco, ustedes son nuevos aquí ¿verdad? —preguntó, rascándose la barbilla— Conozco a Kroven, pero nunca los había visto a ustedes dos por aquí.

—Es verdad, hoy es nuestro cuarto día aquí —dijo Cynder, antes de añadir orgulloso—. ¡Somos el Equipo Tormenta!

—Pues, teniendo en cuenta que no suelo tener clientes a esta hora —dijo el Kecleon—, podría darles un tour por el establecimiento ¿qué les parece?

El equipo accedió encantado, y el tendero salió de su puesto para comenzar a mostrarles la mercancía.

Los miembros del Equipo Tormenta fueron llevados a través de numerosas estanterías, con el Kecleon indicándoles la utilidad de cada uno de ellos. Esferas mágicas, lazos, semillas y demás objetos pasaban por sus maravilladas vistas, cada uno más interesante que el anterior.

—¿Qué son estas cosas? —preguntó Marvin tras girar una esquina. Se encontraban en un pasillo cuyas estanterías circundantes estaban llenas de unos curiosos discos de metal de diversos colores.

—Oh, eso son máquinas técnicas —dijo Cynder—. Son objetos que permiten aprender un movimiento instantáneamente.

—Correcto —dijo el Kecleon—. Son muy útiles para poder enfrentarse a los tipos de Pokémon que normalmente les resultarían un problema. Aunque dudo que se las puedan permitir, pues la más barata ahora mismo ronda los dos mil poké.

Marvin no se preocupaba por eso, pues estaba apoyado sobre la estantería con sus patas delanteras, echando un vistazo a todas las máquinas técnicas que allí se encontraban y viendo su nombre, escrito en lenguaje Unown en sus respectivas etiquetas. Algunos, como "Energibola" o "Afilagarras" no sonaban nada fuera de lo común, pero otras como "Hiperrayo", "Ventisca" y "Electrocañón" parecían contener movimientos realmente poderosos.

—¿Cómo funcionan? —preguntó curioso el Mudkip.

—Cuando la rompes, libera el conocimiento y te permite aprender el ataque que contienen —explicó Kroven—. Yo usé una hace tiempo, y es una experiencia… curiosa, por decir algo. De repente, conoces el movimiento como si supieras usarlo desde pequeño.

Marvin soltó un soplido de asombro. "Tal vez deberíamos comprarnos unas pocas cuando tengamos dinero" pensó fascinado. "Podríamos librarnos de muchos problemas con ellas".

Continuaron el paseo, no sin que Kroven fuera recogiendo algún objeto que según su criterio les pudiera resultar útil. Al final del trayecto, el Murkrow había acumulado un total de dos esferas, tres bayas aranja y unas pocas semillas. Verril los fue pasando uno a uno por el mostrador, calculando mentalmente su precio a una velocidad asombrosa.

—Serán quinientos quince pokés —dijo el Kecleon tras hacer recuento.

Cynder sacó el dinero de la bolsa. Era una buena tajada a su cartera, pero necesitarían estar bien aprovisionados para las misiones venideras. Tras colocar las monedas sobre el mostrador, el vendedor las recogió y les entregó los objetos con una sonrisa.

—Muchas gracias por su compra —dijo felizmente—. Ojalá sean tan buenos compradores en el futuro.

Los miembros del Equipo Tormenta soltaron una carcajada. Marvin supuso que, en el futuro, podrían permitirse una máquina técnica. Quería ser lo más fuerte posible para los eventos que le depararía el destino.

El grupo abandonó la tienda y subió varios pisos hasta llegar a las oficinas centrales, donde Marvin les pidió detenerse un momento.

—¿Qué ocurre, Marvin? —preguntó Cnyder.

—Estaba pensando… —dijo el Mudkip— Quizás deberíamos repartirnos el trabajo en el equipo de forma más específica. Así nos resultaría más fácil y rápido estar listos para el día siguiente ¿qué os parece?

Sus dos amigos lo miraron un momento, y Kroven fue el primero en hablar.

—Yo podría ser el encargado de elegir las misiones ¿no crees? —preguntó— Tengo un poco más de experiencia y conozco el terreno.

Cynder, emocionado, se apuntó al nuevo plan.

—Y yo podría encargarme de los objetos y el dinero —propuso—. Soy rápido calculando y conozco bastantes objetos. Aunque, si hace falta, podéis hacerme una lista antes de ir a la consigna de Ultron para saber lo que tengo que coger.

Los tres acordaron repartirse el trabajo de aquella forma. Marvin, ya que no conocía demasiado el mundo en el que estaba, se limitaría a ser el líder en las misiones y organizar al equipo durante las mismas.

Tras depositar sus nuevas adquisiciones en el almacén, el equipo regresó a su habitación. Los tres compañeros, hartos de recorrer la base de arriba abajo, se dejaron caer sobre las butacas de la mesita central.

Marvin, aprovechando uno de los pocos momentos que tenían para descansar en su cuarto sin llegar a dormirse, expuso a sus compañeros una duda que llevaba un tiempo bulléndole en la cabeza.

—Chicos… —comenzó— Os va a parecer una estupidez, pero tengo que preguntaros una cosa.

—Adelante —lo instó Cynder—. A estas alturas, no creo que me sorprenda nada de lo que me preguntes.

—¿Quién es Arceus? —preguntó directamente Marvin— Todo el mundo habla de él como si fuera una especie de deidad… ¿es el líder de la Resistencia, o algo por el estilo?

Cynder se quedó en blanco. En su cabeza no cabía que alguien (y menos un Pokémon) no supiera quién era Arceus. No obstante, respondió casi al instante.

—No, Marvin —dijo—. Arceus es… bueno, es el creador de todo. La leyenda cuenta que creó a los dragones legendarios del espacio y el tiempo como un experimento, y a partir de ahí comenzó a dar forma al mundo y los Pokémon que lo habitan con sus mil brazos.

—Vaya —respondió Marvin—. ¡Eso es increíble! Pero, si es tan poderoso ¿por qué no detiene a la Corporación? ¿Por qué se queda mirando todo esto?

—Los dioses Pokémon —intervino Kroven— no pueden entrometerse en los asuntos mortales. Arceus lo estableció así después de que ocurriera lo que aquí llamamos "cisma terrenal".

Ante la mirada de confusión de Marvin, Kroven decidió explicárselo todo desde el principio.

—A ver —comenzó, soltando un suspiro—. Supongo que tarde o temprano tendríamos que hablarte de estas cosas. Al principio, Arceus apareció de la nada, cuando en la realidad no existía ningún otro ser, y decidió usar sus colosales poderes para crear un mundo. Nuestro mundo.

—Y los primeros Pokémon creados —interrumpió Cynder— fueron Dialga, Palkia y Giratina, los dragones legendarios…

Kroven lo detuvo alzando el ala.

—Cynder, antes de ellos hubo otro Pokémon —dijo— ¿no te han hablado de él?

Cynder, confuso, negó con la cabeza.

—Tal vez deberías dejarme explicar a mí toda la historia, entonces —dijo Kroven. El Pokémon pájaro se relajó en su asiento, dispuesto a relatar—. Aunque la creencia común es que Dialga, Palkia y Giratina fueron los primeros Pokémon creados, existió uno antes que ellos. Su nombre es Darkrai, y es considerado el primogénito de Arceus. El mismo Darkrai tenía un fragmento de su poder en él, por lo que podía crear vida, sentimientos y emociones como su padre.

Marvin y Cynder escucharon atentos esta vez, sin interrumpir. Era la primera vez que Marvin se planteaba la creación del mundo Pokémon, ya que, si sabía algo cuando era un humano, aquel conocimiento había sido totalmente borrado de su memoria.

—Dialga fue concebido entonces como el dios del tiempo —continuó Kroven— y Palkia como el del espacio. También creó a otros dioses, pero esos no nos incumben. Giratina fue creado como el guardián de las puertas del plano astral en el que estos dioses vivían, por lo que se quedó en el mundo físico que conocemos nosotros para evitar que los Pokémon mortales, que nacerían a partir de los primeros Mew, fueran a molestar a los dioses.

»Pero entonces, Darkrai lo corrompió. El primogénito de Arceus estaba celoso de sus otros hijos, así que plantó una semilla de locura en la cabeza de Giratina, con la intención de que este Pokémon, al volverse loco, causara brechas en la realidad y rompiera las propias barreras. Lo logró, pero Arceus bajó a tiempo para evitar que el mundo quedara totalmente destruido. Desterró a Giratina y le quitó a Darkrai sus poderes, dejándolo como un Pokémon normal y condenándolo a vivir para siempre entre los mortales.

»Tras este accidente, Arceus declaró que los dioses podían quedarse en el mundo mortal adoptando avatares físicos para encargarse de protegerlo y reconstruir lo que Darkrai había arruinado. Después, se fue de este mundo. Se cree que duerme en alguna parte de su plano astral, ajeno a los problemas de los mortales.

La historia los dejó a todos en silencio. Marvin, sorprendido por la intensa leyenda, le pidió a Kroven aprender más sobre el mundo Pokémon y sus deidades. Durante las horas siguientes, sus dos compañeros le hablaron de los dioses Pokémon, contándole increíbles leyendas de héroes antiguos y grandes batallas. El tiempo se les pasó volando hasta que fue hora de meterse en la cama.

—•—


Paldus se despertó en medio de la noche. Sabía que iba a despertarse. Siempre ocurría. Con cuidado, se levantó de la ancha cama, recogió su bolsa de viaje, todavía tirada sobre la moqueta, y abandonó la habitación silenciosamente. Cerró la puerta con cautela y se giró para dirigirse a su habitación.

No.

No, no quería ir a su habitación.

Ladeó la cabeza. Tal vez la sala de reuniones… sí. Era una buena idea. Tenía todavía la llave en su bolsa, así que podría entrar sin problema. Las piedras solares del pasillo brillaban tenuemente, sujetas al control de los Pokémon psíquicos que las controlaban a metros bajo tierra.

Sin hacer ruido, se dirigió hacia el final del pasillo, donde la puerta de la sala de reuniones lo esperaba como siempre.

Sin embargo, algo era diferente. Veía luz debajo de la puerta. Alguien estaba allí.

Suspiró. Solo quería sentarse un rato en una de las sillas y dejar de pensar en todo. Le daba absolutamente igual quién estuviera allí a esa hora. Abrió la puerta con un ligero empujón, preparándose para encontrarse con algún miembro de su equipo haciendo planes…

Y en su lugar, se encontró con un extraño Pokémon roedor sentado en la mesa circular que caracterizaba la sala de reuniones. El Pokémon, de hocico largo y ojos reptilianos, no parecía sorprendido con su entrada.

—Buenas noches —dijo—. Parece que hay otro más que no puede dormir ¿me equivoco?

Paldus soltó una risa cansada.

—Buenas noches —respondió, cerrando la puerta—. Estás horrible. Parece que no te has lavado la cara en varios días.

El Pokémon solo rió entre dientes.

—Es lo que tiene pasar toda tu vida debajo de un cráneo —contestó—. Tienes poco tiempo para lavarte la cara.

Paldus sonrió y se sentó al lado del Marowak sin casco, que bebía de un vaso de cerveza.

—Tú y tus incursiones nocturnas —dijo Rawkan—. ¿Cuánto tiempo vas a estar haciendo esto?

Paldus se encogió de hombros.

—El suficiente —contestó simplemente—. Creo que no le hacemos daño a nadie con esto.

El Marowak lo miró fijamente con unos ojos que Paldus rara vez veía totalmente descubiertos.

—A nadie más que a vosotros mismos —dijo, con su despreocupada voz tomando un tono más severo—. No puede ser bueno para el equipo que tengáis… ya sabes, tanto apego el uno por el otro. Acabaréis haciéndoos daño.

—No es…—comenzó Paldus, pero dejó la frase en el aire.

Rawkan no dijo nada. Estaba esperando a que su jefe tratara de explicarse.

—Ya lo hemos hablado —dijo finalmente—. Es algo más allá de la lógica ¿de acuerdo? Por Arceus, dudo que sea tan grave.

—Le estás haciendo daño —contestó Rawkan tajante—. Sabes que hace todo lo posible para no apegarse a ti. No quiere porque sabe que es arriesgado, que puede comprometer la misión… y lo entiendo perfectamente. Sé cómo eres, te conozco desde hace años, y no te paras a pensar en las intenciones de los demás.

—¿De qué hablas? —preguntó Paldus— Si no quisiera… bueno, me lo diría. O eso creo yo.

Rawkan suspiró. Dio otro trago a su cerveza y se quedó en silencio unos instantes.

—Bueno, piénsalo —dijo— El día de mañana podrías estar intentando desmentir rumores que destruirían tu reputación… o podrías estar aguantando a miles de pequeños Vulpix correteando por la base.

—Sabes que eso es imposible, Rawkan —dijo el Swampert—. Es incompatible con nuestra naturaleza.

Rawkan soltó una risa pícara.

—Lo sé —contestó—. Pero me ha hecho gracia imaginarme la estampa. Lugnos sería un buen niñero ¿no crees?

Los dos rieron. Se quedaron mirando hacia la pared, en silencio, durante unos segundos.

—Tengo más cosas en la cabeza ahora mismo —dijo Paldus entonces—. Marvin, el espía, la llegada de Raegis… todo ha empezado a avanzar de forma frenética desde que el Mudkip llegó a la base.

Kroven asintió lentamente.

—Y está el tema de la Colina Embrujada —contestó—. Habrá que enviar más soldados allí tarde o temprano. Espero que no te moleste la sugerencia.

—En absoluto —respondió Paldus—. Yo mismo estaba pensando en preguntaros mañana por la mañana. Astrid me ha dicho que uno de los dos debería ir a hacer una revisión, al menos. Necesitamos mantener esa fortaleza bajo nuestro poder.

—Siempre y cuando no vayáis los dos —dijo Rawkan, conteniendo la risa—. La última vez que nos dejasteis solos en la base, casi causamos la segunda avenida de Arceus con el alboroto que se montó.

Paldus dejó escapar una carcajada.

—Fue… fue gracioso, sí —concluyo, recomponiéndose—. Lugnos estuvo con los nervios alterados dos días seguidos, y le tuvimos que dar otro día libre. Sigo preguntándome cómo os arreglasteis para inundar la base, sin embargo.

—Créeme, no quieres saberlo —respondió Rawkan tras dar otro sorbo a su bebida—. Fue muy desagradable. Especialmente la bronca que nos echó Elina. Nunca entendí por qué no la dejáis a ella al mando, porque en mi opinión es mucho más lista y está más preparada que Lugnos y yo juntos.

Paldus emitió uno de sus característicos gruñidos pensativos.

—Porque… a veces no me fío de Elina —comentó—. Quiero decir, es una gran guerrera y una psíquica excepcional, pero a veces le falta un poco de corazón. En ocasiones, cuando hablo con ella, me da la impresión de estar hablando con una máquina que se mueve por impulsos. Además, Lugnos y tú hacéis buena pareja.

—Jaja, muy gracioso —contestó el Marowak en tono burlón. Con un último sorbo, se terminó su cerveza y se levantó de la silla. Hizo un par de estiramientos y miró a su jefe—. Me voy a intentar dormir. Que pases una buena noche. Y… por favor, piensa en lo que te he dicho.

Paldus asintió simplemente. Ni siquiera le deseó las buenas noches a su subordinado, que abrió la puerta y se marchó sin hacer mucho ruído. El Swampert se quedó sentado en la habitación, sin moverse un ápice.

—•—


El sombrío y alto Pokémon se acarició la barbilla, todavía confuso. No sabía qué pensar acerca de su situación actual.

—Está vivo —dijo, con una profunda e intimidante voz— Está… está vivo. No puedo creerlo. Todos estos años… creí haber estado luchando por una causa perdida.

Un gruñido de aprobación le llegó desde el otro lado de la cabaña. El extraño Pokémon pájaro que se hallaba de pie allí asintió con la cabeza.

—Lamento no habértelo dicho —dijo éste—. El tiempo es algo delicado y no debe ser perturbado de ninguna forma. Ahora puedes retomar tu misión original.

—¿Debo encontrarlo, maestro? ¿Debo traerlo ante ti? —preguntó el primero, dudoso.

—No —contestó el pájaro rotundamente— Todavía no. Pero vigílalo, pues se avecina tormenta. En el momento en el que todo colapse sobre él… debes estar allí.

—Debo encontrar al guardián primero, maestro —dijo el Pokémon oscuro—. Necesito conocer el plan a la perfección.

—Soy consciente —admitió su maestro—. Aprovecha el regalo del tiempo. Ve y encuéntralos. A los dos. Son necesarios para completar el plan.

—Sí, maestro. Tras tantos años, mi cometido finalmente tiene sentido.

El Pokémon oscuro abandonó la habitación. El cielo nocturno era el único techo que necesitaba. La luna llena resplandecía en el cielo, apenas cubierta por las nubes.

Era el momento de comenzar a trabajar.

Y había mucho que hacer.




Nota del autor (2-IV-2016): Aunque estoy intentando subir un capítulo mensual, he decidido subir éste pronto, pues el siguiente capítulo será un "capítulo especial" y no hablará de los personajes protagonistas, sino que, al estilo de Pokémon Mundo Misterioso: Exploradores del Cielo, se centrará en un personaje secundario o recurrente para expandir su personalidad y el mundo que lo rodea. Gracias por leer, y un saludo.
¡Échale un vistazo a mi fanfic "Pokémon Mundo Misterioso: Sons of Freedom"!
#24
Goddamn! Ok, creo tengo que encontrar la forma de ser un poco más rápido en responderte.

Bueno, aún no termino de leer los últimos 4 caps (en parte porque estan un poco extensos :s), pero como tampoco quiero ir editando el msj conforme vaya terminando cada uno de ellos, creo que lo mejor sería que, una vez haya terminado con los 4, edite este mensaje con mi opinión de lo que va sucediendo en la historia (en parte porque así me leo todo de corrido y no tengo que volver a leer uno si por ahí olvido algo).

En fin, dicho esto, disculpa si me tardo en responder y como dije, editaré este msj una vez haya terminado con los últimos caps que subiste (en caso de que no pueda, volvería a comentarte pero ya después para evitar el doble post). Saludos.
#25
El día en que mi correo dejó de notificarme las actualizaciones de centro pokemon

Bueno, esa ha sido la razón por la que no me entere de los nuevos caps. Pero, despues de leerlos, he de decir que me gusta mucho como avanza la historia

No digo mucho más porque no tengo ni tiempo ni ánimos, pero comento porque sé que escribir sin casi comentarios es deprimente.

Sigue así! :)
Un Canal que se llama
Lucario Game Play...

No querrías verlo?
#26
Capítulo Especial: CAMINOS CRUZADOS



—Buenos días, Nysel —dijo la grave y amenazadora voz desde el otro extremo de la sala.

El joven Sneasel se quedó totalmente paralizado en el umbral de la puerta. En la mesa del recibidor, justo en frente de él, se sentaba un Pokémon. No era normal que alguien lo estuviera esperando en uno de sus pisos francos.

—Cierra la puerta, por favor —dijo el Pokémon, un delgado y taciturno Bisharp, alzando el brazo—. Tenemos que hablar a solas.

Nysel cerró la puerta con cuidado, sin dejar de mirar al extraño. La bufanda negra que llevaba alrededor del cuello, adornada con un broche de plata, le decía que era un miembro de la Corporación de Inteligencia. Aquello no tenía buena pinta.

—¿Qué estás haciendo aquí? —preguntó, tratando de sonar lo más amenazador posible.

El Pokémon de acero no contestó inmediatamente. Carraspeó.

—No voy a hacerte daño. Al menos, no por ahora —respondió—. Tenemos que hacerte una oferta especial, y creemos que tú eres el perfecto candidato para echarnos una mano.

Nysel dio un paso al frente, apretando los dientes con furia. Sabía que si las cosas se ponían feas no tendría una sola oportunidad. Aquel Bisharp parecía un veterano, y además tenía ventaja elemental sobre él.

—No tenéis jurisdicción aquí —dijo, casi gritando—. Lárgate ahora mismo.

El Bisharp ignoró su petición sin inmutarse. Sabía que el Sneasel no tenía nada que negociar en aquel momento.

—Precisamente por eso necesitamos tu ayuda —contestó simplemente—. Sabemos que tienes un control relativamente amplio en los bajos fondos de esta ciudad. Si nos ayudas, recibirás una jugosa recompensa. Si no quieres… bueno, tenemos otras formas de convencerte, pero dudo que resulten agradables.

El Sneasel relajó sus músculos y entrecerró los ojos. Trató de controlar la ira y la humillación de ser chantajeado.

—¿Qué queréis de mí? —preguntó en un tono de voz mucho más bajo.

—Eso ya me gusta más —dijo con una falsa risa el Bisharp, levantándose de la mesa—. Resulta que nuestro superior tiene un plan entre manos, y necesita a un Pokémon concreto para llevarlo a cabo. Necesito que lo captures y nos lo traigas a la Torre Negra mañana antes de las seis de la tarde.

El Sneasel no contestó, esperando a que el agente de la Corporación continuara hablando.

—Le hemos tendido una oportuna trampa para atraerlo a Villa Latón —prosiguió—. Pero, como sabes, no tenemos jurisdicción aquí, así que necesitamos que los tuyos lo capturen.

—¿Y por qué no lo lleváis a otro sitio? —preguntó Nysel sin bajar la guardia— Hay cientos de lugares en los que podríais tenderle una emboscada.

El Bisharp bajó la cabeza y soltó una corta risa. Caminó hacia él, con las manos en la espalda y sin dejar de mirarlo a los ojos. Cuando lo tuvo cerca, Nysel pudo sentir, de alguna forma, que aquel Pokémon tenía sangre de muchos inocentes manchando sus manos. Sintió el desagradable sonido del metal de su cuerpo al inclinarse hacia él y decirle en el oído:

—Eso es información clasificada que no te incumbe.

El Sneasel no se atrevió a devolverle la mirada. Aquel Pokémon era peligroso. El agente de la Corporación retomó su posición erguida.

—Mañana por la mañana estate listo. Irá a la dirección que te he dejado anotada sobre la mesa. Acorrálalo y captúralo. Llévate a tantos Pokémon de los tuyos como necesites por si quieres rastrearlo a fondo.

—Tengo que llevar a mi socio—soltó repentinamente el Sneasel—. Me ayudará a vencerlo.

El agente se quedó en silencio unos instantes.

—Está bien —contestó finalmente—. Pero te acompañaré a recogerlo. No quiero que te pierdas por el camino.

El Bisharp comenzó a andar de nuevo y, cuando por fin se disponía a salir, se detuvo ante la puerta y volvió a hablar.

—Ah, y… asegúrate de que se enfade con quien quiera que lo capture. Es un… expermiento. Al entregarlo en la Torre Negra, reportarás todo el proceso de captura. Te espero fuera. Haz lo que tengas que hacer.

Nysel ni siquiera se giró. Con la mirada fija todavía en la mesa del recibidor, escuchó como el amenazador Pokémon abría la puerta y abandonaba la casa.

La puerta se cerró lenta y suavemente. Nysel, soltando un aullido, golpeó la mesa con sus zarpas hasta casi partirla en dos.

—•—


Nysel no escuchaba a nadie. A pesar del habitual jaleo de la taberna, era incapaz de escuchar nada más que sus propios pensamientos. No había conseguido capturar al Mudkip. Ni siquiera sabía qué hacía todavía en Villa Latón cuando lo mejor que podía hacer en aquel momento era desaparecer sin dejar rastro de Pellaria.

A su lado, Burgull conversaba tímiamente con el Garchomp que se sentaba al otro lado de la mesa. No lo sabía. No había tenido agallas para contarle cómo le habían chantajeado.

Pudo notar los ojos del Garchomp puestos en él. Era de la Corporación, aunque no lo pareciese en absoluto. Desde el principio se había presentado por su nombre, Gront, y le había ayudado a recuperarse de la paliza que le habían dado. Conocía su misión, pero no parecía especialmente enfadado por el fallo de la misma.

—Si te soy sincero —dijo dirigiéndose al Sneasel— deberías ir a la Torre Negra y hablar con Meruclus. Yo podría intentar que te den otra oportunidad ¿sabes?

Nysel levantó la cabeza para mirar al agente a los ojos. Durante unos segundos, no dijo nada, pero sus ojos expresaban una profunda confusión.

—¿Por qué te preocupas por mí? —preguntó simplemente.

El Garchomp irguió la cabeza. Por su reacción, Nysel supuso que no se esperaba aquella pregunta. Volvió a agacharla para responder.

—No estoy muy de acuerdo con las medidas que toma mi superior —contestó—. Eso es todo.

El Sneasel negó con la cabeza rápidamente.

—No tiene sentido —dijo—. Si voy a la Torre Negra me matarán en el acto.

Burgull los miraba extrañado, sin saber de qué hablaban. Era habitual que su jefe le ocultara cosas, y estaba acostumbrado a tragarse sus preguntas. No obstante, Nysel notaba su curiosidad.

Gront soltó un suspiro.

—Oye —dijo en voz baja—. Sé el miedo que estás pasando ahora mismo. Créeme, yo también lo he sentido. Y si yo estuviera en tu pellejo, le echaría agallas y hablaría con Meruclus. Si no lo haces, te perseguirá hasta los confines del mundo, y puede que más allá. Es un psicópata.

El Sneasel le dedicó una mirada condescendiente.

—Dudo que tu líder apruebe que hables así de él.

Gront reaccionó de una forma inesperadamente violenta. Inclinándose hacia delante, golpeó con fuerza la mesa de madera con sus poderosas cuchillas, dejando dos marcas simétricas en el centro de la misma. Nysel se echó hacia atrás de pura sorpresa.

—Mis negocios no te incumben —dijo apretando los dientes—. Hago lo que tengo que hacer. Y esto se trata de ti, no de mí. Estoy intentando ayudarte y tú no haces más que dudar de mis palabras.

Retomando la calma, el Garchomp se incorporó de nuevo.

—La Corporación no me representa —soltó con más tranquilidad.

Nysel, todavía alterado por la violenta reacción del dragón, no le respondió. Volvió a apoyar los brazos sobre la mesa cautelosamente.

—Te acompañaré a la Torre Negra si es que vas —dijo este último, levantándose de la mesa—. Te esperaré fuera, pero tengo que estar allí antes de las seis de la tarde, así que hazme un favor y no tardes.

El Garchomp abandonó el local con una sutileza extraordinaria teniendo en cuenta su tamaño.

Burgull no decía ni una palabra. Bebía de su cerveza, con cara de saber por dónde iban los tiros, pero de nuevo no dijo nada. Tampoco es que Nysel pensara decirle algo: nunca fue un compañero especialmente brillante y dudaba severamente que pudiera aportar algo a la conversación.

—Burgull —dijo finalmente Nysel—. Quiero que te vayas al piso franco de la Calle Zreza y me esperes allí. Si no vuelvo antes del anochecer, coge lo que necesites de allí y abandona la ciudad.

El Electabuzz lo miró estupefacto unos instantes, pero finalmente asintió. Sabía que no valía la pena hacer preguntas para tratar de averiguar qué estaba pasando. Nysel lo miró apenado. Aunque era un buen compañero, solo ahora se daba cuenta de que jamás había tenido ocasión de conocer a aquel Pokémon en profundidad.

"Lo dejaré para la otra vida, supongo" dijo para sus adentros mientras se levantaba de la mesa y se disponía a seguir al Garchomp.

Gront estaba mirando hacia el cielo cuando Nysel abandonó el garito. La posición del sol le indicaba que la hora en la que debía entregar su reporte se acercaba.

—Más nos vale apresurarnos —dijo el Garchomp—. A Meruclus no le gusta la impuntualidad.

"Dudo que a ese ser le guste algo a parte de torturar y matar" pensó Nysel. Aunque Gront había demostrado ser de fiar, no se atrevía a decir las palabras en voz alta.

Tras atravesar unas cuantas callejuelas poco transitadas, se encontraron con un callejón sin salida. En él, un esbelto Gallade los esperaba apoyado en la pared de piedra de uno de los edificios.

—¿Ha terminado, señor? —preguntó el Gallade, cuya bufanda roja indicaba que era un subordinado de Gront.

—Sí, Yordis —contestó su superior—. Espero que estés disponible para teletransportarnos.

Yordis asintió con la cabeza y le dirigió una fría mirada a Nysel. Como el Sneasel sabía por experiencia, a los psíquicos no les solía gustar tener tratos con Pokémon de tipo siniestro, especialmente a la hora de teletransportarlos.

—¿Viene con nosotros? —preguntó el Gallade, señalando al criminal con la cabeza.

—Me temo que sí —respondió Gront.

Yordis no dijo nada, pero Nysel notó que no estaba contento con la situación. A pesar de su hostilidad, el Gallade lo agarró de la mano y comenzó a concentrarse para efectuar el teletransporte.

No era la primera vez que Nysel se teletransportaba y sabía que si cerraba los ojos se marearía menos por el cambio de lugar repentino. No obstante, el efecto de desorientación sí que le afectó cuando se encontró en una cámara de hierro cilíndrica alumbrada por una piedra solar de tenue luz grisácea.

Gront salió primero y le indicó que lo siguiera.

—Vas a atravesar lugares que Pokémon ajenos a nuestra organización solo pueden soñar con pisar —dijo en un tono monótono y algo siniestro—. Considérate afortunado.

Nysel dejó escapar un amago de risa sarcástica que fue totalmente ignorado por el comandante de la Corporación. Cruzaron un laberíntico entramado de pasillos fabricados en roca oscura y metal, con apenas algún que otro Pokémon cruzándolas. No había ventanas; toda la luz de la que disponían, que no era mucha, provenía de las escasas piedras luz dispuestas en las paredes y techos de la construcción.

Cuando finalmente llegaron a unas escaleras, Gront se detuvo, casi al mismo tiempo que el corazón de Nysel.

—Escúchame —dijo, dirigiéndose al Pokémon siniestro—. Cuando atravesemos esta puerta, estarás solo. Tendrás que hablar tú y yo no podré entrometerme en la conversación. Aunque Meruclus no pueda leer tu mente, sigue siendo un Pokémon muy peligroso, así que ándate con ojo con lo que dices. ¿Queda claro?

Nysel asintió. No haría falta que Meruclus leyera su mente para averiguar lo nervioso que estaba en aquel momento.

Gront llamó a la puerta y, tras esperar unos segundos, la abrió. La cámara a la que daba tenía el mismo aspecto que el resto de la base salvo por una cosa: una escueta ventana dejaba entrar la luz del sol vespertino. Meruclus estaba sentado en una silla de piedra en frente de su mesa de operaciones. Cuando los vio entrar, levantó la cabeza de sus papeles y les dedicó una desagradable sonrisa.

—Buenas tardes, caballeros —dijo. Ladeando la cabeza, añadió con fingida sorpresa—. ¡Nysel, por todos los Dioses! ¡No me digas que no me traes al Mudkip!

Nysel abrió la boca para contestar, pero el Hypno lo detuvo con un gesto.

—Piensa en lo que vas a decir —sentenció sin dejar de sonreír—. ¿Por qué no tienes al Mudkip?

El Sneasel tragó saliva. No obstante, tras respirar hondo, dio su respuesta.

—Alguien intervino en la misión, señor —contestó—. Alguien ajeno a ella. Supongo que se trataba de un agente de la Resistencia.

El Hypno se quedó callado, como esperando que el criminal siguiera hablando. Bajó la cabeza y giró la mano con la palma abierta, instándolo a seguir contando.

—Eso… eso es todo, señor —finalizó Nysel—. Tardamos demasiado en debilitarlo y…

De repente, Meruclus golpeó el reposabrazos de su silla con una fuerza totalmente inesperada en un Pokémon de su condición.

—¡Ahí está la clave, Nyssi! —gritó eufórico, señalando al Sneasel con el dedo— ¡Tardasteis demasiado y la Resistencia tuvo oportunidad de mover ficha! Bien, ahora contéstame a esto: tienes a la mitad de los bajos fondos de Villa Latón a tu servicio ¿por qué tardasteis en derrotar a un pequeño, patético e insignificante Mudkip y sus amigos de pacotilla?

El Sneasel pudo notar que aquel sádico Pokémon disfrutaba cada segundo de su conversación. Lo notaba en sus ojos. Puede que estuviera enfadado por el fallo de la misión, pero torturarlo psicológicamente lo estaba compensando de alguna manera.

—Solo estuvimos mi socio y yo —explicó—. Alguien debió advertirlos de nuestra presencia y entraron en el callejón en el que estábamos escondidos. No tuve tiempo de llamar a nadie.

Tras volver a acomodarse en su silla, el Hypno asintió. Se llevó una mano a la boca y miró al Sneasel con desdén durante unos segundos que parecieron hacerse eternos.

—Gront —dijo finalmente—, mátalo.

A Nysel lo tomó totalmente por sorpresa. Antes de que pudiera reaccionar, las garras del Garchomp lo aprisionaron desde la espalda, impidiéndole realizar ningún movimiento.

—¿No tienes nada más que reportar? —cuestionó en voz alta Meruclus.

Nysel pataleaba en un vano intento por liberarse de las garras de quien hacía apenas unos minutos había sido tan extrañamente amable con él. Sin embargo, de repente se le ocurrió algo.

Sí. Sí que tenía algo más que reportar.

—¡Una última cosa! —gritó, tratando de no tartamudear— El Mudkip… ¡el Mudkip no era normal!

Meruclus levantó la mano para indicarle a Gront que cesara su agarre. Soltó una asquerosa risita mientras negaba con la cabeza. Nysel cayó jadeando al suelo tras sentir como el Garchomp lo soltaba.

—Me encanta —dijo simplemente—. La amenaza de muerte siempre hace que los Pokémon se acuerden de algo. Nunca falla. Muy bien, oigamos lo que tienes que decirme y veamos si ello puede salvarte de la muerte.

—Cuando mi socio lo paralizó —explicó Nysel, levantándose del suelo lo más rápido posible— ¡se recuperó delante de mis ojos! ¡Como si nada! ¡Me golpeó con una fuerza inaudita para alguien de su tamaño y luego volvió a caer paralizado!

Meruclus levantó su dedo índice, como si se acabara de acordar de algo.

—Oh, muy cierto —dijo, como si estuviera hablando consigo mismo—. Zipher te dijo que lo enfadaras ¿no es así?

Nysel asintió rápidamente con la cabeza, aún sin comprender qué relación tenía eso con lo que acababa de declarar.

—Y lo hiciste ¿verdad? —inquirió el Hypno.

El Senasel volvió a asentir.

Meruclus dio una palmada y se frotó las manos, dejando escapar una sonora carcajada.

—Está bien, pequeño Sneasel, está bien… —dijo—. Puedes irte, aunque no te llevarás ninguna recompensa. Creo que, para ti, es suficiente premio salir vivo de esta torre. Gront, devuélvelo a la alcantarilla de la que ha salido, haz favor.

Nysel hizo una sutil reverencia y abrió la puerta para marcharse. Gront, algo confundido, lo siguió a través del marco de la puerta, dispuesto a mostrarle el camino de regreso.

Meruclus cerró la puerta con sus poderes psíquicos. Se quedó unos instantes mirándola, sin decir nada, apoyando las manos sobre su estómago.

—Bueno —dijo para sí—. Creo que esto requiere una celebración ¿no es así?

Con una nueva carcajada, abrió uno de los cajones de la mesa de planificaciones y se sirvió una copa de vino uvav.

—Desde luego que sí —se contestó a si mismo antes de tomar un largo sorbo de su copa de plata.

—•—


Nysel y Gront no mediaron palabra hasta haber llegado a Villa Latón. Ambos estaban totalmente desconcertados por lo que había ocurrido en el despacho de Meruclus.

—Bueno —dijo Gront una vez se encontraron en el callejón que habían abandonado mediante teletransporte hacía apenas una hora antes—. Te has salvado. No entiendo lo que ha pasado ahí, y creo que no quiero saberlo. Pero el caso es que estás aquí.

Nysel casi no podía hablar, pero se las arregló para decir:

—Estar en presencia de ese Pokémon… ese monstruo… ha sido terrible.

—Lo sé —contestó Gront—. Es un ser despreciable. Pero es mi jefe y tengo que hacer lo que me ordena. Ya nos veremos, Nysel.

El Garchomp se giró hacia Yordis para que lo teletransportara de nuevo.

Nysel salió de su desconcierto repentinamente y se giró para despedirse del Garchomp.

—Gracias por… —comenzó a hablar.

No obstante, se detuvo al encontrarse con una fría pared de piedra. Gront y Yordis ya se habían teletransportado.

"No es como los demás" se dijo para sí al recordar como el Garchomp lo había tratado durante todo el viaje. Había sido el único agente de la Corporación que alguna vez había mostrado algún tipo de preocupación hacia él. Quizá aquel Pokémon no era tan malo, después de todo.

Agitó la cabeza. Por supuesto que lo era. Recordó la escena en el despacho de Meruclus. Si se lo hubiera pedido, le habría cortado la cabeza allí mismo. En el fondo era como todos los demás, solo que se había portado con un poco más de educación que los demás agentes que había conocido el Sneasel. Soltando un bufido para relajarse, se dispuso a abandonar el callejón y dirigirse a su piso franco. Ahora que lo habían dejado finalmente en paz, tenía que organizar sus asuntos.

"Y vaya si tengo asuntos que organizar" pensó mientras comenzaba a caminar.




Lamento la tardanza (esto de tener el canon pensado a trozos me hace ir a tumbos), pero aquí tenéis finalmente el primer Capítulo Especial. Sí, sé que es más corto que los demás, pero así van a ser los Capítulos Especiales: escribiré lo que haga falta escribir sobre cada personaje, y, si este ha sido más corto, en un futuro recibiréis algunos incluso más largos que los capítulos regulares. Un abrazo y gracias por leer.
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#27
Hola me ha gustado mucho el ultimo episodio, me ha parecido realmente interesante y emocionante, un pelin corto en comparación con los otros, pero tiene buena longitud a mi parecer, tampoco es plan de pasarse una hora leydo jeje...

Pero bueno, me sorprendió que Mierduclus le dejara vivir, supongo que le necesitará para algo mas en el futuro también me cae mejor nysel, que a pesar de tener un nombre sencillo es muy guay. Realmente envidio tunfapacidad de poner nombres. And thats it, resumen muy buen capitulo ardo en ganas de leer mas :) pero recuerda que lo mas importante para escribir es saber cuando parar y guardar un poco de inspiración para el día siguiente
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#28
Hola, comencé a leer este buen fic, no veo que suban mucho sobre mundo misterioso, y la idea esta muy buena. Por el momento me resulto atrapante, si bien tardare lo mio en ponerme al dia con el mismo, te doy mi apoyo a seguir escribiendo.


La lanza forjada, con mil años de trabajo arduo.
La lanza que surcó los cielos, y acabó con la tiranía de los poderosos.
¡Millenium Lónginus!