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#1

Pokémon Mundo Misterioso: Sons of Freedom

Bueno, este es mi primer FanFic, y me gustaría poder compartirlo con el foro. El caso es que ya tengo cuatro capítulos escritos (contando el prólogo) pero no quiero llenaros de información nada más comenzar, así que lo iré publicando poco a poco. Las fechas de publicación serán indefinidas, pero irán a la par con las publicaciones de este mismo fic en mi página de Fanfiction.net, página que no daré hasta que haya posteado los cuatro capítulos iniciales.
En este primer post, pongo el prólogo y el capítulo 1, para vuestro disfrute.
Por favor, tened en cuenta que las reseñas y/o comentarios y críticas constructivas son muy importantes a la hora de escribir, y cualquiera de ellos supone un apoyo importante para mí. Gracias, y disfrutad

Prólogo: UN MUNDO OSCURO


Gront alzó la vista para poder observar Villa Plata… o lo que quedaba de ella. La mitad de la antes tranquila villa estaba totalmente calcinada. De las casas, abandonadas a su suerte durante el sangriento saqueo, surgían sendas columnas de humo, que se elevaban hacia el cielo estrellado, y dificultaban la visión del Garchomp. Gront notó como pasaba sobre los cadáveres chamuscados de pequeños Pokémon, que alguna vez habían vivido pacíficamente en aquel lugar. ¿Realmente era aquello lo que quería? Tal vez su objetivo era noble, pero no creía que fuera necesaria la pérdida de tantas vidas inocentes.
"Pero lo haces para acabar con esos asquerosos traidores. Recuérdalo siempre". Las palabras del Líder resonaban en su cabeza cada vez que se cuestionaba su cometido. Él seguía órdenes, aún sin tener ni idea de cómo estas influirían en la misión Así eran, de hecho, la mayoría los trabajos que la Corporación de Inteligencia les asignaba. Rápidos, sencillos, y, lo más importante, totalmente exentos de preguntas por su parte. Si hacía alguna pregunta a su superior, Vylos, éste sistemáticamente lo despachaba con un "eso es confidencial" o "no es relevante para el cumplimiento de la misión". Pero, aun así, era reconfortante servir a aquella causa. La causa que aseguraría la victoria contra los traidores, la causa que limpiaría Pellaria de la calaña más nauseabunda que aquel mundo había conocido. Sólo se preguntaba si merecía la pena.
Agitando la cabeza para olvidar estos pensamientos, se acercó a un estandarte derribado en el suelo. De él colgaban los restos de una bandera que llevaba el símbolo de Villa Plata. Gront levantó la bandera para limpiar sus cuchillas de sangre, y, cuando lo hizo, pudo ver que bajo ella se escondía una Furret con sus dos bebés Sentret. La pequeña roedora abrió los ojos, aterrorizada, y miró a Gront, que, sin apenas inmutarse, miró hacia ambos lados, y luego susurró:
—Venga, lárgate —al no obtener respuesta, aclaró—. No quiero mancharme de sangre más de lo que ya estoy. Vete rápido o te encontrarán.
Esto pareció ser lo suficientemente estimulante para la Furret para salir corriendo, con sus dos bebés a la espalda. Grunt los observó alejarse, hasta que el humo le nubló la vista. Se quedó mirando, distraído, en aquella dirección, sin percatarse de que alguien se acercaba por el lado contrario.
—He reunido al equipo, señor. Estamos listos para regresar al Fuerte Flarah a su señal.
Gront se giró, sólo para ver a Kiroh, el líder del Pelotón Incendiario número 3, delante de él. La voz del Heatmor lo sacó de su distracción.
—De acuerdo, capitán —respondió Gront—. Vámonos.
Ambos se giraron y abandonaron la zona, dejando atrás aquel desagradable escenario de muerte y desolación.




Cynder se tapó los oídos con sus patas delanteras. El sonido que las explosiones causaban rompía la calma del bosque nocturno, y, aunque se había alejado ya medio kilómetro, podía oírlas como si las tuviera al lado. Agotado, se detuvo y miró a su alrededor, esperando, deseando que no hubiera nadie cerca; ya tenía suficientes preocupaciones para que, precisamente en ese momento, un Trevenant saliera de la maleza y lo atacara. Sin embargo, todo parecía muy calmado.

Las explosiones y el fuego habían ahuyentado a todo Pokémon salvaje de la zona… por el momento. Tenía que seguir corriendo, antes de que apareciera otro Pokémon para capturarlo, o incluso matarlo. Con este pensamiento, trató de retomar su carrera, pero pronto se tropezó con una roca y se derrumbó, haciendo obvio que, en su estado, no podía continuar corriendo.
Se acercó a un pequeño claro en medio del bosque, alejándose del camino, para poder sentarse tranquilamente. Solo entonces, en la tranquilidad de la noche, comenzó a asimilar la situación.
Recordó la última visión que tuvo de sus padres. Su padre, un regio Emboar, le dio una pequeña bolsa de viaje, mientras gritaba los nombres de los lugares que debía atravesar, y lo empujó fuera de casa por la puerta trasera, mientras su madre, una Thyplosion, lo abrazaba fuertemente antes de dejarlo ir, para luego girarse y tratar de defender la Villa junto con su marido. Cynder no miró atrás, sabiendo que lo que vería podría no gustarle no sabiendo ni siquiera si el hecho de ser Pokémon de Fuego los había salvado de la muerte. Su padre le había dicho que fuera a Roca Flama, un poblado en las Montañas del Hierro, en el que vivían amigos y familiares suyos. Las provisiones que portaba, si las repartía bien, le podrían llegar a durar hasta cinco días, pero desconocía que debía hacer luego. Se encontraba sólo y perdido en un mundo oscuro y totalmente nuevo para él.
Miró hacia el cielo, pasando la vista por cada una de las estrellas que era capaz de ver desde su posición. La luna, en medio de la cúpula celeste, bañaba el claro con su luz, permitiendo a Cynder ver más allá de su propio morro. Los ojos del pequeño Pokémon aún no estaban desarrollados del todo, así que necesitaba algo de luz para poder visualizar su camino. Su madre le había enseñado a producir fuego, pero tenía miedo de causar un incendio, y prefería arriesgarse a tantear el camino y no llamar la atención de nadie.
Cuando bajó la cabeza para abrir su bolsa, se dio cuenta de algo. Una figura de color azul se hallaba tirada en el suelo a unos metros de él. A causa de su reducida visión, no se había fijado en ella con el primer vistazo. Se levantó y dio un par de pasos, para asegurarse de que estaba, de hecho, ante un Pokémon dormido. Y no cualquier Pokémon. Las cuatro patas y las aletas en la cabeza y la cola indicaban que se trataba de un Mudkip.
¿Qué diablos hacía allí ese Mudkip? No eran nativos de la zona. Cynder pensó que tal vez ese Pokémon había acabado allí escapando de la Corporación de Inteligencia, como él. No lo consideraba realmente peligroso, así que decidió despertarlo.
Cruzó la distancia que los separaba, dudoso de si tocarlo o no. Finalmente, tocó al Mudkip en la mejilla y zarandeó su cabeza. Al ver que esto no era suficiente, le propinó un pequeño manotazo en la cara. De esta manera, el Mudkip reaccionó, levantando su cabeza del suelo y abriendo los ojos. Al ver a Cynder ante él, se sorprendió, y adoptó una expresión confusa.
Cynder se decidió a dar el primer paso.
—Hola, me llamo Cynder —le habló amistosamente—. ¿Quién eres tú?
—¡Aaaaaah! —Gritó el Mudkip, con los ojos abiertos como platos, al mismo tiempo que se levantaba de un salto.
Cynder retrocedió, elevando los brazos.
—¡Perdona! ¡No sabía que te iba a asustar tanto! ¿Qué te ocurre? —preguntó Cynder, inquisitivo- ¿Y cómo has llegado hasta aquí?
—E-eres un… Cyndaquil. Y estás… ¿hablando? —Replicó el desconocido, con pánico en la voz— ¿Esto es algún tipo de broma?
—Oye, ¿qué pasa? —Interrogó Cynder, arqueando una ceja mientras se cruzaba de brazos— ¿Crees que solo los Mudkip saben hablar?
—¿Mudkip? No, un Mudkip es un Pokémon… yo soy… —El Mudkip se miró de arriba abajo— ¿Soy un Mudkip? ¡Soy un Mudkip!
Cynder se quedó pasmado ante los movimientos del desconocido, que daba vueltas tratando de identificar su propio cuerpo. Se empezó a preguntar si no estaría loco, y, de todas formas, decidió intervenir.
—Oye, relájate. Te habrás llevado un golpe en la cabeza o… algo —trató de reconfortarlo el Cyndaquil—. Mira, tú cuéntame lo que te pasa, y haré lo posible por ayudarte.
—¡No lo entiendes! —gritó el Mudkip— No se supone que deba tener este aspecto. Escucha, yo, por muy raro que te pueda parecer, ¡no soy un Pokémon! ¡Yo soy un humano!
Cynder se quedó mirando al Mudkip. No sabía si sentir pena o preocupación por él. Claro que tampoco sabía si estaba o no diciendo la verdad. De todas formas, la manera en la que hablaba era la de alguien que estaba siendo totalmente honesto. Por el momento, le daría el beneficio de la duda.
—De acuerdo… yo me llamo Cynder ¿cómo te llamas tú? —lo interrogó el Cyndaquil.
—Yo… me llamo -el Mudkip puso cara de concentración—… ¡Maldita sea! ¡No soy capaz de recordar mi propio nombre!
—¿Al menos recuerdas como acabaste aquí? Cualquier información que me puedas dar sería de gran ayuda —lo tranquilizó Cynder, tratando de hacerlo sentir mejor.
—No, yo… tengo un dolor de cabeza terrible… no puedo pensar con claridad…—el desconocido se calló un instante— ¿Me creerías si te digo que no recuerdo absolutamente nada?
—Bueno, te he creído cuando me has dicho que eras un ser humano transformado en Pokémon —le respondió Cynder, encogiéndose de hombros-. Así que no veo motivo para no creerte ahora. Ven, siéntate aquí.
Cynder llevó al Mudkip al lugar en el que había dejado su bolsa de viaje, junto a una roca, y se sentó allí. Rebuscó en la pequeña bolsa y sacó una baya caquic.
—Ten -dijo, poniendo la baya ante los ojos del Mudkip—. Esto aliviará el dolor de cabeza.
—Gracias —respondió gentilmente el pequeño pokémon de agua.
Durante los segundos siguientes, sólo el sonido de los mordiscos del Mudkip comiendo ávidamente la baya.
"Devora esa baya como si no hubiera comido en toda su vida" pensó Cynder. "No creo que pueda permitirme llevarlo conmigo… apenas tengo comida para mí. Si se viene conmigo, con ese apetito, se comerá todas las bayas antes de que el sol se ponga mañana".
Mientras Cynder se debatía, el Mudkip se acababa la baya y escupía las semillas en el suelo.
—A propósito… ¿qué haces aquí, en medio del bosque? —preguntó inocentemente.
Cynder, saliendo de sus cavilaciones, lo miró con sorpresa. "La verdad es que no tengo a nadie más. Confiar en él es lo único que me queda de momento…"
—He escapado de Villa Plata. La Corporación de Inteligencia ha incendiado la aldea, y matado o capturado a todos los habitantes. Es poco probable que haya otros supervivientes. Mis padres me han enviado a las montañas del Norte, donde dicen que hay una aldea de pokémon de fuego.
—Vaya, eso es… crudo —respondió el Mudkip, algo impactado por la respuesta de Cynder.
Se hizo un incómodo silencio, que Cynder decidió romper.
—Oye, puede que esto resulte brusco, pero la verdad es que no me siento seguro aquí. Prefiero seguir avanzando a través del bosque, al menos hasta que lleguemos al claro que hay a un kilómetro y medio de aquí, casi al final del bosque. Si avanzamos a buen ritmo, creo que a la una de la madrugada podremos llegar allí. Una vez que lleguemos, podrán ayudarte a recuperar tu memoria.
El Mudkip, curiosamente, sonrió animado.
—Me parece bien. No sé exactamente quienes te persiguen, pero, si han llegado a incendiar una aldea, no pueden ser Pokémon decentes.
Cynder, extrañado por el espontáneo arrebato de energía del Mudkip, pero sin reprochar, recogió la bolsa, y, respirando hondo, retomó la marcha.
—Oye, por cierto —dijo, con timidez. El Mudkip, que ya había empezado a andar, se giró—, ¿Te molestaría que te llamase Marvin? Quiero poder llamarte de alguna forma, y, la verdad, no se me ocurre un nombre mejor.
El Mudkip se lo pensó un momento, alzando la cabeza.
—Sí, por qué no. De todas formas, no recuerdo mi nombre anterior, así que no sé si será más bonito o más feo.
Satisfecho por su ocurrencia, Cynder sonrió y se dispuso a liderar la marcha.


Capítulo 1: LA ATALAYA


El corpulento Swampert se arrodilló ante la escultura del árbol blanco, el icono de Xerneas, el Dios de la vida y la fertilidad. Dijo unas palabras en el lenguaje antiguo, mientras sujetaba con fuerza el amuleto que tenía en la mano.
—…y danos fuerza en los momentos de debilidad —terminó la oración en la lengua común, ya que no era capaz de recordar las palabras originales.
Se incorporó, sin dejar de mirar el altar con el único ojo que podía usar. Su ojo derecho mostraba una profunda herida, que lo había dejado inutilizado. Se quedó pensativo unos instantes, y se giró para regresar junto a su compañero.
—¿Has terminado? —preguntó el Ampharos que le esperaba en la entrada del claro.
—No habré terminado hasta que la Corporación pague por todo el mal que ha causado, Lugnos —al ver que la respuesta había dejado a su amigo algo anonadado, le puso un brazo en el hombro—. Tengo la sensación de que todo esto se acabará pronto, y, entonces, podremos volver a nuestras vidas y recuperar el tiempo que nos han arrebatado. Ven, volvamos a casa.
Dejando atrás el claro, avanzaron entre los árboles.
—Ya debe ser casi las diez de la noche, Paldus —dijo espontáneamente Lugnos, haciendo gala, como de costumbre, de una capacidad innata para conocer la hora por la posición de los astros.
—Entonces apresurémonos —respondió el Swampert, cortante—. Piensa que la hora a la que lleguemos será directamente proporcional al enfado de Astrid una vez estemos allí.
Durante un minuto, avanzaron en silencio. Sin embargo, en un punto, Paldus detuvo la marcha y se agachó. Lugnos hizo lo mismo.
—He visto algo. Mira allí —dijo, señalando un punto en la oscuridad. Lugnos no vio nada en un principio, pero, al momento, pudo observar un pequeño resplandor fugaz, que apenas duró una fracción de segundo. Una observación más detallada les permitió adivinar que era algún tipo de luz intermitente, y que se estaba moviendo.
—La Brigada de la Noche utiliza fuegos fatuos para comunicarse entre ellos. Ese agente debe de estar buscando a otros por la zona -comentó Lugnos.
—Pues no se va a encontrar precisamente con otros de los suyos… —murmuró Paldus, avanzando hacia el origen del resplandor.
Lugnos lo detuvo.
—¿Qué diablos haces? Si lo atacas y hay otros por aquí, van a saber que algo le ha pasado e irán a investigar —le dijo, moderando la voz—. Arriesgarás años de esfuerzo…
—Lugnos, no me fastidies -lo cortó Paldus—. Si está usando fuegos fatuos, es precisamente para que lo localicen, y eso sólo puede querer decir que está perdido. Yo al menos no veo a ningún otro fantasma respondiéndole por las inmediaciones ¿tú sí?
Lugnos respiró hondo.
—De acuerdo, haremos como tú dices. Pero, si nos capturan, les diré que te interroguen a ti primero.
Paldus soltó una risa floja mientras avanzaba hacia la luz. Lugnos, con algo menos de sigilo a causa de sus cortas extremidades, lo siguió. Mientras andaba, activó su sistema eléctrico por si le hacía falta cargar un ataque al llegar, si Paldus no acababa con el fantasma de un golpe.
Poco a poco, se fueron acercando a la luz intermitente. Curiosamente, no era regular, ya que distintos períodos de tiempo separaban cada destello. Cuando estuvieron a pocos metros del fantasma, Lugnos detuvo a Paldus.
—Espera un momento -le susurró—. Eso no es ningún agente de la Brigada. Es un Cyndaquil. Y va acompañado de otro Pokémon pequeño, pero no puedo deducir exactamente cuál es.
—¿Cómo? —se sorprendió Paldus—. Eso facilita las cosas bastante. Vemos de qué bando están, y, si son de la Corporación, los mazamos a golpes para llevárnoslos a la base e interrogarlos. ¡Arceus bendiga tu buena vista!
Sin que Lugnos tuviera tiempo de reaccionar, Paldus saltó de la maleza delante de los dos Pokémon.
—¡Ajá! —gritó.
El Mudkip y Cynder dieron un salto de sorpresa cuando el Swampert se abalanzo hacia el camino ante ellos. Antes de que tuvieran tiempo de pensarlo, un Ampharos apareció en la retaguardia, cortándoles la huida.
—¿De qué bando estáis, pequeñajos? —preguntó Paldus, mientras alzaba su puño.
Cynder decidió tomar la iniciativa diplomática.
—N-no estamos de ningún bando… nosotros sólo escapábamos de Villa Plata, y…
—Y ¿por qué escapabais de villa plata? —inquirió Lugnos detrás de ellos.
Cynder tragó saliva antes de contestar.
—La Corporación de Inteligencia la ha quemado hasta los cimientos.
Paldus y Lugnos se quedaron congelados en el sitio. Paldus bajó el puño, y, empujando a los dos pequeños Pokémon y a Lugnos, comenzó a andar en la dirección contraria.
—Hijos de **** —soltó, mientras se dirigía a Villa Plata.
—¿A dónde vas? ¡Paldus, no seas loco! ¡Te van a matar! -le gritó Lugnos, intentando hacerle entrar en razón.
Paldus, sin dejar de avanzar, giró la cabeza para responderle.
—Voy a echar un vistazo. ¡Envía a un par de compañeros a que me ayuden cuando llegues a la base!
Lugnos suspiró.
—Cuando se le mete una idea entre ceja y ceja no hay nada que hacer - susurró, negando von la cabeza. Entonces, se dio cuenta de que no estaba solo y, ya que su compañero se había ido, le tocaba a él dar todas las explicaciones-. Er… veréis, chicos, dejad que os explique esto. Me llamo Lugnos, y mi compañero y yo somos miembros de la Resistencia de Pellaria.
Cynder lo miró con admiración.
—¡Vaya! O sea que vosotros sois los q-que… q-que… —Cynder puso un par de caras raras, y luego soltó un pequeño ataque de tos, que provocó que de su espalda surgiese un destello de fuego, característico de los Cyndaquil.
Lugnos se echó a reír. Cuando los dos Pokémon lo miraron extrañados, él se explicó.
—Verás, hemos confundido los destellos que produces al toser con un fantasma de la Brigada de la Noche haciendo señales, y por eso nos hemos acercado.
Cynder soltó una risita nerviosa, y Marvin los miró extrañado. Al darse cuenta de la reacción de su nuevo acompañante, Cynder se dirigió a Lugnos.
—Verás, er, Lugnos… mi amigo es amnésico. No recuerda nada de nada, ni siquiera su propio nombre, y… —se lo pensó dos veces, ya que no quería revelar la condición de humano de su nuevo amigo por si lo trataban como a un loco— y estábamos intentando llegar al Claro de la Vida para pasar allí la noche. Nuestro objetivo final es un poblado en las Montañas del Hierro.
Lugnos frunció el ceño. Se quedó pensativo unos momentos, mirando a la nada.
—Y ¿decís que sois refugiados de Villa Plata? —los dos Pokémon asintieron— Pues entonces supongo que no ocurrirá nada si os llevo a la base, donde os podéis quedar hasta mañana por la mañana. Operamos en una base dentro de las montañas, así que podemos enviar a alguien para escoltaros a las Montañas del Hierro.
Cynder miró a su compañero.
—Realmente, no tengo ni idea de qué opinas tú. ¿Quieres acompañarme?
Marvin se lo pensó unos instantes. "No tengo elección. Aquí sólo conozco a Cynder, y, si me quedo aquí, quien sabe lo que pasará… maldita sea. Si tan solo pudiera recordar algo, todo esto sería más sencillo." Detuvo sus pensamientos cuando se dio cuenta de que Lugnos y Cynder lo estaban mirando fijamente, a expectación de una respuesta.
—Eh, pues… sí, por qué no -se encogió de hombros—. De todas formas no tengo ningún sitio al que ir.
Cynder sonrió.
—No te preocupes —dijo, mientras pasaba una de sus patas delanteras por encima de la espalda de Marvin—. Encontraremos una solución para devolver tu memoria a su sitio.
Lugnos se acercó a ellos, dispuesto a consolar a Marvin a su vez.
—Tranquilo, te llevaremos con Elina. Es una Espeon con unos poderes psíquicos impresionantes, y, entre sus muchos poderes, se halla el de leer mentes. Ya ha curado muchas amnesias en el pasado, y podrá desbloquear tus memorias perdidas.
Marvin asintió con la cabeza.
—De acuerdo, iremos a ver a esa Espeon.
—Habrá tiempo para eso cuando hayamos llegado a la base -aclaró Lugnos-. Nos espera una caminata bastante larga…


Después de cinco minutos de caminata, el silencio entre Lugnos, Cynder y Marvin se hizo insoportablemente incómodo. Lugnos, aclarándose la garganta, se dispuso a romperlo.
—Entonces… -inquirió, refiriéndose a Marvin— ¿No recuerdas absolutamente nada?
—Absolutamente nada. No sé ni donde estamos, ni como he llegado a aquel bosque… —respondió, con un tono tristón.
Lugnos, con una media sonrisa, lo animó.
—No te preocupes, Elina podrá curarte de tu amnesia. En todos los años que lleva como Maestra Psíquica, ha curado a docenas de Pokémon con recuerdos bloqueados. La amnesia es más normal de lo que piensas: golpes, ataques de psíquicos, accidentes… es casi tan común como la gripe. De hecho… ¿Os interesaría oír acerca de la vez que mi hermana Pharia perdió la memoria?
Los dos Pokémon más pequeños asintieron enérgicamente, ansiosos por oír alguna historia de lo que parecía un veterano.
Lugnos, orgullosamente, se dispuso a relatar.




Astrid, la majestuosa Ninetales plateada, soltaba maldiciones desde la mesa del consejo, en el Gran Comedor. Afortunadamente, ninguno de los numerosos Pokémon de los equipos de resistencia que cenaban en el lugar podía oírla, gracias al impresionante ruido del que se llenaba la cámara a aquella hora de la noche.

—No es que me considere a mí misma la Pokémon más lista del mundo, Elina, pero mi sentido común me dice que la tardanza de Paldus se debe a alguna absurda cruzada. No me extrañaría nada que se haya liado a golpes con algún vigilante nocturno, intentando sacarle alguna información que sólo le importa a él.
Elina, sentada a su lado, respondió tranquilamente, sin levantar la cabeza del plato.
—Conozco la cabeza de ese tontorrón como si fuera la mía propia. Estará echando unas risas con Lugnos, o tal vez… —se detuvo, levantando las orejas.
—¿Qué pasa, Elina? —preguntó Astrid, extrañada ante el comportamiento de su compañera.
—Un Murkrow va a entrar por una de las puertas de la izquierda —respondió, con rostro inexpresivo—. Va a informarte de algo, creo.
—¿Qué? —Astrid dejó de masticar y miró a la Espeon —¿qué quieres decir con…?
En ese instante, un Murkrow se precipitó a través del Gran Comedor, volando atropelladamente hacia la mesa del consejo. Su ala izquierda se movía considerablemente mal, delatando que había sufrido una herida.
—¡Señora Astrid! ¡Señora Astrid! —gritó, con la voz afectada. En ese momento, su ala izquierda falló finalmente, precipitándose hacia la mesa.
Elina, con un movimiento de ojos, detuvo al Murkrow en su caída, haciéndolo levitar unos instantes antes de depositarlo suavemente al lado de Astrid.
—Han atacado Villa Plata. La han quemado hasta los cimientos —dijo Elina, preocupada.
—Así es, Maestra -añadió el Murkrow—. Mi equipo volvía de una misión, y fuimos atacados al parar allí a por provisiones… sólo yo he salido airado. Ignoro si los demás han sido capturados o los han matado.
Astrid le puso una pata sobre el ala.
—Bien hecho, aprendiz. Serás recompensado por esta información —le dijo al Murkrow, sin resaltar el hecho de que Elina ya lo había leído en su mente antes de que el mismo Pokémon lo dijera—. Elina, llévalo a la enfermería, por favor. Yo me encargo de esto.
Groud, el Exploud, que estaba atendiendo a la conversación, se levantó de la mesa, consciente de que iba a tener que actuar.
—Groud, si eres tan amable, informa a los agentes de lo que ocurre, por favor, y diles que los equipos de rango Plata como mínimo pueden salir en busca de supervivientes y guiar a los refugiados al Valle Gris, donde se les proporcionará comida y cobijo. Yo misma me adelantaré para ayudarles y vigilar que el camino sea seguro.
El Exploud, tras asentir, comenzó a dar el anuncio con su potentísima voz, que resonaba en las paredes de la cámara y llegaba a cada uno de los Pokémon que estaban comiendo.
Mientras Groud vociferaba, Astrid y Elina se levantaron y se dirigieron a los pasadizos que daban al Valle Gris. Astrid le habló a su mano derecha.
—Elina, quiero que te quedes en el emplazamiento médico y ayudes a curar a los Pokémon que lleguen de Villa Plata. Yo encabezaré la marcha. Evitaremos el camino del bosque, ya que una cantidad de Pokémon demasiado grande atraería la atención hacia esa zona. Usaremos los senderos ocultos.




Tras veinte minutos de caminata e historias entretenidas, junto con algún que otro encuentro con miembros de la Resistencia que partían a ayudar a los refugiados, Lugnos y sus dos acompañantes habían llegado a la montaña conocida como la Espina de Groudon, y estaban avanzando por un camino efectivamente colocado para acortar el camino a través de la montaña. Entonces, Lugnos informó acompañantes:

—Ya casi hemos llegado, chicos. En unos minutos llegaremos a la base —mirando a Marvin, añadió—. Normalmente llevamos a los refugiados al Valle Gris, el lugar que sirve como entrada y salida encubierta para los equipos de resistencia, pero debido a lo excepcional de tu caso, os llevaremos a las dependencias de Elina, para que ella te ayude con tu problema… Tal vez incluso nos puedas proporcionar información vital sobre cómo llegaron esos agentes sin que los pudiéramos detectar.
Unos minutos más tarde, habían terminado de atravesar el camino de la montaña, y se hallaban ante el Valle Gris. Las luces encendidas de los puestos de refugiados iluminaban el lago que decoraba la zona central, dejando al menos atisbar la silueta del lugar.
—Elina debería estar en la enfermería auxiliar, ayudando a los heridos. Acerquémonos y hablemos con ella.
Abriéndose paso entre la hilera de Pokémon que corrían por la zona, bien llevando provisiones o guiando a los refugiados, los tres caminantes llegaron a un edificio rectangular, con una marca roja en la parte superior del marco de la puerta. Al entrar, fueron iluminados por las piedrasluz que decoraban la sala. Las hileras de camas que llenaban la sala estaban en su mayoría vacías, esperando a que los refugiados las llenaran, mientras los especialistas en la curación merodeaban la zona, preparándose para cuidar a los heridos. Nada más entrar, un Azumarill se acercó a ellos con una media sonrisa.
—¡Bienvenido, Lugnos! —saludó—. Veo que traes a algunos refugiados más. Si necesitas que los trate, estoy disponible ahora mismo. Supongo que por poco tiempo, además, porque aún no han llegado todos los refugiados que, espero, hayan sobrevivido.
—No será necesario, Dom, este Mudkip necesita la intervención de Elina —mirando a Cynder, añadió—. Pero no estaría mal que vieras si el Cyndaquil tiene alguna herida. Cynder, ve con Dom. Él se asegurará de cuidarte bien de momento.
Cynder asintió, y, siguiendo las indicaciones de Lugnos, acompañó al Azumarill a través de las hileras de camas que llenaban el lugar. Marvin, por su lado, siguió a Lugnos hacia la cama en la que estaba postrado un Murkrow, con una Espeon a su lado, mezclando unas medicinas sobre una pequeña mesa.
—Me alegro de verte, Lugnos —dijo la Espeon, sin girarse, detectando al Ampharos antes siquiera de que se dirigiera a ella—. Nuestro jefe, según veo, estará ocupado un rato en Villa Plata. Has venido para que ayude a ese Mudkip…
—En efecto. Quiero que le leas la mente. Parece que tiene recuerdos bloqueados, y necesita que los desbloquees.
Elina se giró para mirarlos con sus penetrantes ojos púrpuras. Tras echarle un rápido vistazo a Marvin, colocó sus patas sobre los hombros del Mudkip, mientras Lugnos daba un paso atrás.
—No te muevas, pequeño Mudkip. Te aseguro que no te va a doler si te mantienes quieto y no opones resistencia. Esto no debería llevarnos más de unos minutos… —al centrar su mirada en los ojos de Marvin, añadió—. Y no te preocupes por tu intimidad. Solo desbloquearé tus recuerdos, no los miraré. Ahora quédate quieto…
Marvin miró fijamente los hermosos ojos de la Espeon. En ese instante, sintió como si no pudiera desviar la mirada de ellos. Sintió como si estuviera atrapado en un espiral de pensamiento, y entonces…
—Esto no es normal… —dijo Elina, rompiendo la conexión—. Es como si… como si no tuvieras memoria alguna de tu vida -mirando a Lugnos, aclaró-. Estos no son recuerdos bloqueados, Lugnos. Alguien ha extraído la memoria de este Pokémon a propósito.
Marvin la miró, sorprendido.
—¿Me han borrado la memoria? ¿P-por qué alguien querría hacer algo así?
—No, no creo que la hayan borrado. Ningún psíquico sería suficientemente estúpido para hacer algo así. Si hubieran querido librarse de algo que sabes, te habrían eliminado, o habrían borrado por completo hasta tu consciencia de que puedes andar, convirtiéndote en un vegetal por el resto de tu vida.
Tanto Lugnos como Marvin permanecieron en silencio ante la revelación.
—Tu memoria, Mudkip, ha sido extraída -continuó Elina-. Alguien la ha sacado de tu mente y almacenado en algún tipo de esfera mágica por alguna razón. Lamentablemente, eso ya escapa a mi comprensión, y no puedo ofrecerte más ayuda que esta. Aun así, puedo decir con un ochenta por ciento de posibilidades de estar en lo cierto, que parece un trabajo de un agente de la Corporación de Inteligencia.
Marvin bajó la cabeza, decepcionado.
—¿Es decir… que es imposible recuperar mi memoria?
—Yo no diría "imposible"… pero es altamente improbable que encuentres el orbe en el que guardan tu memoria. Eso a menos que… —Elina miró de reojo a Lugnos, como queriendo decir algo.
Lugnos, comprendiendo el mensaje, le respondió
—Pero… es muy joven ¿no crees? Y además, necesitaría a… pues, la verdad, ese Cyndaquil… parece que se compenetran mucho.
—¿De que estáis hablando? —interrogó Marvin, confundido ante las especulaciones de los miembros de la Resistencia.
—Hablamos de que Cynder y tú podríais ser miembros de la Resistencia —respondió Elina, lentamente—. Piénsalo, ambos tenéis algún motivo, y, si eventualmente lográramos derrotar a la Corporación, sería relativamente fácil recuperar tu memoria perdida.
Marvin se puso a pensarlo.
"No es una mala idea, realmente. No tengo recuerdo alguno, así que luchar por recuperarlos es lo único que puedo hacer… esto es tan confuso… no sé si esto es realmente lo que debería hacer… pero si Elina dice que mi memoria ya no está en mi cabeza, es obvio que, si no hago algo, no va a volver por su cuenta…"
—E-está bien -respondió, dudoso—. Me uniré a vuestra Resistencia, pero quiero que le deis la oportunidad a Cynder también. Se merece tanto como yo unirse.
—Lugnos, ve a preguntarle al Cyndaquil si la idea le parece bien —comandó Elina—. Quiero hablar en privado con Marvin un momento.
Mientras Lugnos se iba, Marvin comenzó a escuchar a Elina. Sin embargo, su voz no se proyectaba a través de su boca. Su voz estaba sonando única y exclusivamente en su cabeza.
—No he podido evitar notar que eres un humano -confesó la Espeon-. No sé cómo has llegado a convertirte en Pokémon, pero déjame decirte que no es algo que ocurra precisamente todos los días, lo que me lleva a pensar que hay algo más grande detrás de ello. Si han arrancado esos recuerdos de tu mente, es porque tú sabías algo que ellos necesitaban. ¿Soy la única que sabe que eres humano?
—¿Por qué lo preguntas? —preguntó Marvin, algo molesto— Podrías haberlo leído, como has leído eso…
—Tu condición de humano fue algo que no quise saber, pero parece ser lo que más ocupa tu cabeza. No he podido evitarlo. Por lo demás, prefiero que me digas tú mismo lo que necesito saber.
—Pues la verdad es que Cynder también lo sabe. Se lo conté cuando nos conocimos.
—Bien. Entonces este será nuestro secreto. Eres un espécimen altamente interesante, Mudkip, y puede que tu presencia aquí tenga algún significado. Te ayudaré en lo que pueda a descubrir la verdad, si me mantienes informada de todo lo que ocurre.
Antes de que Marvin pudiera contestar, Lugnos estaba de vuelta, acompañado de Cynder.
—He dicho que sí -declaró el Cyndaquil, decidido—. Si mis padres están vivos, unirme a la Resistencia es la única forma de recuperarlos. Sin ellos no tengo nada, así como tú no tienes nada sin tus recuerdos, Marvin.
Marvin le sonrió a su compañero. Sabía que accedería.
—Os aviso de que no será nada fácil —les dijo Lugnos, severamente—. Tendréis que formar un Equipo de Resistencia, y salir casi a diario para hacer misiones. Al principio, serán cosas fáciles, pero se irán haciendo más difíciles a medida que pase el tiempo.
—Yo estoy dispuesto —dijo Marvin, decidido—. Mis únicos recuerdos serán los que consiga durante nuestras misiones, y eso me ayudará a no distraerme.
—Teniendo en cuenta que soy la líder en funciones de la Resistencia —habló Elina—, y que ninguno de nuestros líderes está aquí… supongo que estoy autorizada a daros permiso a quedaros aquí. Y, ya que es muy tarde para hablar más de esto, os aconsejo ir a la zona de descanso. Quedaos en una de las tiendas de campaña que hemos situado en el exterior. Mañana tendréis una audiencia.




—Esto ha sido demasiado —rugió Astrid, moderando su voz para no despertar a ninguno de los Pokémon que dormían en los niveles inferiores de la base.

Paldus la siguió a través del pasillo, a paso lento y con una mueca de cansancio en la cara.
—Desde luego, lo de esta noche ha sido una brutalidad —dijo, restregando su derecha mano con su ojo bueno—. Arceus sabe cuántos Pokémon han perdido su vida hoy. Y cuántos estarán ahora en los calabozos de la Torre Negra, siendo torturados y…
—Paldus, por favor… —lo interrumpió Astrid, con voz lastimera— Ya tengo bastante. Hemos salvado a todos los Pokémon que hemos podido. Ahora sólo quiero descansar y dejarlo todo para mañana. Así que, si no te importa, quiero tener un poco de intimidad.
Paldus, sin mediar palabra, se dirigió a la puerta de su habitación. A medio camino, sin embargo, se detuvo para preguntar algo.
—¿Crees que no lo noto? —dijo el Swampert.
Astrid lo miró extrañada, sin responder.
—Estás evitando hablar. Llevas casi un mes entero así, Astrid, pero, por mucho que lo evites, sigue estando ahí —girándose para irse definitivamente, añadió—. Eventualmente tendrás que enfrentarte a ello. Tú misma. Buenas noches.
La Ninetales vio como Paldus entraba en su habitación y cerraba la puerta de un portazo. Suspiró. Entonces, decidió entrar en su propia habitación para dormir y olvidarse de todos sus problemas.
La luz de la luna se filtraba por la ventana del cuarto, dibujando reflejos blancos en el pelaje plateado de la Ninetales. Ella, exhausta, depositó los contenidos de su bolsa de viaje sobre su mesa de noche. Luego, se tumbó en la cama. Sabía que no iba a dormir. Sabía que se quedaría dándole vueltas a lo que Paldus le había dicho. Y también sabía que tenía que dejar de pasar las noches en vela.




A la mañana siguiente, Marvin y Cynder se hallaban sentados en un largo banco de madera, mirándose el uno al otro sin saber qué decir. Estaban esperando a que las grandes puertas se abrieran y les permitieran entrar, para que el Consejo decidiera su destino.

Marvin ignoraba el estado mental de Cynder en aquel momento, pero suponía que estaba tan confuso y abrumado como él. Todo había pasado tan deprisa…
"Tal vez si nos permiten formar parte de la Resistencia me sea más sencillo recuperar mis recuerdos. Aunque, la verdad… no tengo ni idea del panorama en este lugar. Ni siquiera sé quiénes son esos de la Corporación de Inteligencia".
Entonces, se le ocurrió algo.
—Cynder -dijo, en voz baja, aunque no hubiera nadie cerca para oírlos. Cuando el Cyndaquil lo miró, le preguntó—. ¿Qué es la Corporación de Inteligencia?
Cynder, confuso, le echó una mirada difícil de definir, a causa de los achinados ojos del Pokémon.
—¿Es una broma? Cuando me dijiste que no te acordabas de nada, creía que te referías a… no sé, varios años, o meses, pero no a absolutamente todo.
—Ya ves —dijo Marvin, con una sonrisa tímida—. No tengo la más remota idea de nada. Ni siquiera sé cómo se llama el país en el que estamos.
Cuando Cynder iba a responder, las puertas se abrieron, y la cabeza de Lugnos asomó por entre ellas.
—Chicos, ya podéis pasar.
Los dos pequeños Pokémon se sobresaltaron por la aparición del Ampharos. Sin embargo, reaccionaron rápido, y, con Marvin a la cabeza, entraron en la Sala de Audiencias. Lugnos cerró la puerta tras ellos.
La habitación tenía numerosas filas de bancos, encarados hacia un pedestal en el fondo de la sala, con varios Pokémon sentados, que miraban fijamente a los dos aspirantes, lo que hizo que ambos se sintieran intimidados y mucho, mucho más pequeños. Afortunadamente, Lugnos se situó a su lado.
—No os sentéis —dijo en voz baja—. En las audiencias, hay que estar de pie.
Marvin, obedeciendo a Lugnos casi por puros reflejos, prestaba atención a los Pokémon que estaban sentados allí. De izquierda a derecha, distinguió a Elina, Paldus, una Ninetales plateada y un Beartic de aspecto malhumorado. Paldus se incorporó sobre el pedestal. Carraspeó.
—Antes de comenzar, quería pedir perdón a los aspirantes por…—titubeó un momento— amenazarlos durante los eventos de la pasada noche. Actué movido por el instinto, y no debí hacerlo.
Marvin sonrió. Paldus podía parecer siniestro por su aspecto, pero en el fondo no le parecía que fuera un mal tipo.
Elina tomó la palabra a continuación.
—Quiero aclarar que el aspirante Marvin, el Mudkip, posee una anomalía mental. Sufre de amnesia. Más que un impedimento, lo considero algo de gran relevancia, ya que mi análisis indica que su memoria ha sido extraída por, intuyo, un miembro de la Corporación de Inteligencia. Por tanto, es más que probable que fuera poseedor de algún tipo de información que pudiera resultarnos útil.
Astrid, pensativa, decidió intervenir.
—¿Quieres decir que un psíquico le ha extraído la memoria?
—Eso mismo —asintió Elina—. Y, por lo bien hecho que está el trabajo, según mi humilde opinión, es más que probable que sea un psíquico de nivel alto. Yo diría que es obra de un Alakazam.
Paldus volvió a carraspear con su áspera voz, dando a entender que la tertulia había terminado.
—Señoritas, no hemos venido a discutir acerca de psíquicos hipotéticos. Nos llega con saber que puede que poseyera información importante. Así que, si no os importa, quiero hacerle unas preguntas.
Astrid le echó una mirada de reojo, pero Elina se sentó de nuevo sin rechistar.
—Bien, bien… debo advertir que, sin ninguna duda, cualquier otro caso de amnesia habría sido descartado como posible candidato —dijo Paldus, autoritario—. Pero, según Elina me ha contado, para recuperar los recuerdos sin daño alguno, es necesaria la mente de la que fueron extraídos los mismos originalmente —dirigió su mirada hacia Cynder—. Tú eres Cynder ¿no? Pues quiero preguntarte algo.
Cynder se puso firme, como si un Pokémon eléctrico le hubiera tocado la espalda.
—¿Tendrías la responsabilidad de explicar a Marvin todo lo que no comprenda? Elina ya me ha contado que no tiene ningún recuerdo, y, aunque me duele tener que delegar esta responsabilidad tan grande en un chaval, ninguno de nosotros podemos permitirnos educar a un Pokémon —preguntó—. Es la única condición que te pongo para unirte a la Resistencia. No te preocupes, si no aceptas, te llevaremos a donde lo necesites, y le asignaremos un compañero a Marvin.
Cynder, con la voz temblorosa, declaró enérgicamente.
—¡P-por supuesto, señor! Le explicaré todo lo que me pregunte, y me aseguraré de que no le falte información.
"Cynder… apenas le conozco y está dispuesto a ayudarme. Eso… eso es algo que haría alguien que no tiene nada. La verdad, yo también quiero ayudarlo a él". Pensó Marvin, consciente por primera vez de la situación de su amigo.
—Buen chico —dijo Paldus, sin poder contener una sonrisa—. Quiero que le des unas buenas lecciones de historia. En cuanto a los tipos elementales, no te preocupes. Os asignaré a alguien para que os acompañe en vuestras primeras exploraciones. Aunque no pueda encargarse personalmente de la educación de Marvin, será el que os entrene a los dos en cuanto a lecciones de campo se refiere. De hecho… —Paldus levantó la vista— le tenemos aquí, entre nosotros.
Marvin, Cynder y Lugnos se giraron. Detrás de ellos, en una de las filas de bancos más cercanas a la puerta, un Marowak daba vueltas a un fémur de aspecto robusto.
"¿Cuándo diantres ha entrado ese aquí?" pensó Marvin, sorprendido.
—¿C-cuánto tiempo lleva ahí? —preguntó Cynder, tan confuso como su amigo.
El Marowak soltó una carcajada, mientras se ponía de pie y se acercaba, para ofrecerles la mano.
—Rawkan Terrafin, encantado —dijo, con una voz potente y autoritaria, estrechando la pata delantera de Marvin—. El más sigiloso de todos los Marowak.
—A Rawkan le encanta tomar por sorpresa a la gente —explicó Paldus, mientras el Marowak daba la mano a Cynder enérgicamente—. Será vuestro mentor hasta que vuestro equipo abandone la etapa de entrenamiento.
—Tiene su gracia ¿sabéis? —dijo Rawkan, indignado—. Cuando Paldus habló con el Equipo Esmeralda pidiendo voluntarios para cuidar de dos chavales ¡yo fui el único pazguato que levantó la pata para ofrecerse!
Marvin no pudo evitar reír ante la forma de hablar del Marowak. Paldus llamó al Beartic con la mano.
-Éste es Haku —explicó Paldus a los futuros miembros—. Es el que se encarga de toda la burocracia aquí dentro. Rawkan os explicará mañana lo que tenéis que hacer para encargaros de realizar misiones, pero, por el momento, tenéis que decirle quién va a ser el líder titular del equipo, y, por supuesto, el nombre que tendrá vuestro equipo.
Marvin se quedó clavado en el sitio. Miró a Cynder, como pidiendo ayuda. Al ver que su compañero estaba tan perdido como él, decidió tomar la iniciativa.
—N-no hemos decidido quién será el líder del equipo, pero…
—¡Será Marvin! —lo interrumpió Cynder, sin previo aviso— ¡Yo no tengo madera de líder!
Marvin lo miró con reproche. "¿Ahora me quiere encasquetar el liderazgo del equipo?".
—¿No deberíamos hablarlo? Recuerda que tú eres el que me tiene que enseñar cosas sobre… bueno, sobre absolutamente todo.
—Precisamente por eso —respondió el Cyndaquil—. Piénsalo: si yo me encargo de instruirte, tú te encargas del papeleo y el liderazgo del equipo. No hay que tener mucho conocimiento de historia para hacerlo.
—Cynder tiene razón -intervino Paldus—. Si alguien tiene que ser el líder, yo creo que debería ser Marvin.
"¿Por qué me siento observado por todos de repente?" se preguntó Marvin, sintiéndose más obligado que nunca a aceptar el liderazgo.
—En fin, de acuerdo —respondió finalmente—. Seré el líder.
Haku apuntó eso en un pergamino.
—¿Nombre del equipo? —interrogó Haku, sin levantar la vista del pergamino.
Marvin se quedó pensando un instante.
—No había pensado en…
—¡Oh, oh! —saltó Cynder— ¡Yo había pensado un nombre para el equipo!
Todos miraron al pequeño Cyndaquil.
-¿Y cuál es ese nombre?
-Es… -hizo un silencio en medio de la frase, como si estuviera intentando crear tensión- ¡Equipo Tormenta!
¡Échale un vistazo a mi fanfic "Pokémon Mundo Misterioso: Sons of Freedom"!
#2
Holis. Vine a comentar. Bueno, me gustó mucho el estilo de narración, posees un vocabulario amplio, la lectura fluye y no aburre. Se me hizo bastante fácil recordar los nombres e identificar los acontecimientos, sobre todo cuando cambiaban de lugar y personajes, bueno, están esas líneas que ayudan a percatarse, pero es consecuente y todo calza muy bien. Pero debo decir que me hubiera gustado que describieras más los lugares, algunos los describiste bien, Villa Plata devastada, por ejemplo. Sin embargo, la atalaya no la describiste mucho, los pasillos, las salas, etc, los lugares por los que van pasando.

Otra cosa que me gustaría resaltar, es que en algunas partes te faltaron algunos puntos o comas, además de poner el guión equivocado en los diálogos en uno que otro momento, al final por ejemplo. No sé si lo leíste después de escribirlos, pero te recomiendo hacerlo, yo lo hago con mi fic y aun así se me pasan algunas cosas.

Estéticamente te podría decir que encuentro que todo está muy junto y a veces se me hizo complicado leer porque me perdía de línea. En este caso te recomiendo separar los párrafos, para hacer más fácil la lectura. Además sirve para atraer gente, los libros atraen por su portada y título, en este caso los fics no tienen portada, entonces lo que el lector ve primero es la manera en que está puesto el fic, si tiene una estructura ordenada y agradable a la vista es más probable que lo lean. Al menos yo lo veo así.

Y por último, tengo la sensación de que pasaron muchas cosas para ser tan sólo el prólogo y el primer capítulo. Con todas las ideas que presentaste en lo que acabo de leer, podrías haber hecho el prólogo y dos capítulos y medio. Bueno, espero pronto un nuevo capítulo, pero no tan pronto, para que des tiempo para que lean el fic. Espero haber ayudado un poco. Ciao. :D


Lean mi fic: La Historia de Jack Evans
Soy Elven king
(Por si alguien no me reconoce)


#3
Guau es una pasada, he disfrutado un montón leyéndolo, de hecho me encanta como se plantea la historia. Tiene pinta de que va a ser muy emocionante, de hecho, me muero por ver como describes una batalla. Espero babeante el siguiente episodio
Un Canal que se llama
Lucario Game Play...

No querrías verlo?
#4

¡Nuevo capíutlo! Un poco más corto que el anterior, sin embargo, pero intentaré que todos tengan una longitud definida en el futuro. ¡Disfruten!

Capítulo 2: EQUIPO TORMENTA

Tras abandonar la sala de audiencias, Rawkan los llevó por un pasillo de piedra, estrecho, largo y vacío, prometiéndoles que los de los pisos superiores serían algo más cómodos.

—Hum ¿equipo Tormenta? —musitó Rawkan, mientras llevaba a los aprendices en una visita guiada por las instalaciones—Suena bien. Me gusta. Los nombres de los equipos nuevos no suelen ser tan originales. Últimamente hemos visto cosas como "Equipo Chachiguay" o chorradas parecidas, pero eso de ponerle el nombre de un fenómeno meteorológico… le da un toque de carisma.

Marvin notaba que Cynder se inflaba un poco más con cada palabra del Marowak. El nombre del equipo, y Marvin tenía que reconocerlo, inspiraba confianza.

—El nombre del equipo es muy importante —continuó Rawkan, bastante orgulloso de su discurso-. Aunque aquí, en la Resistencia, nos ocupamos de pelear contra las fuerzas de la Corporación de Inteligencia, tenéis que saber que, ante todo, lo hacemos clandestinamente.

—¿Clandestinamente? —le preguntó Marvin, curioso—¿Cómo se libra una lucha clandestinamente?

—No se trata de una lucha como tal —respondió el Marowak—. Es mucho más efectivo hacer misiones para ayudar a los habitantes de Pellaria que lanzarse como psicópatas contra las fuerzas de la Corporación. Pensadlo, ellos nos superan en una proporción de uno a diez. Llevar a cabo una guerra abierta no sólo sería un suicidio estratégico, sino que, además, morirían muchos inocentes. Por eso realizamos misiones de rescate y exploración de forma clandestina.

Entonces, a Marvin se le ocurrió una duda.

—Oye, Rawkan, desde que abandonamos el Valle Gris, hemos estado dentro de una montaña. La Atalaya… ¿se encuentra totalmente incrustada dentro de la montaña?

—Por supuesto —asintió Rawkan—. La única forma de ocultarnos de la Corporación es tener la base dentro de una montaña. Durante años, los miembros de la Resistencia hemos ampliado los túneles y diseñado nuevos pasadizos. Y lo mejor de todo es que nadie sospecha de nosotros. Los puntos de entrada a la montaña están repletos de puestos de mercaderes, que cubren perfectamente las entradas encubiertas.

—Pero ¿los mercaderes no se tendrán que ir en algún momento? Son vendedores ambulantes, al fin y al cabo -preguntó Marvin, todavía dudoso.

Rawkan dejó escapar una risita.

—Ahí está la parte más interesante —respondió, haciéndose el misterioso—. Nosotros les abastecemos de productos. De esta forma, no tienen que moverse, y nosotros tenemos nuestras entradas bloqueadas. Como a la Corporación le dan igual los mercaderes, casi nunca frecuentan estos puestos, y así es imposible que se den cuenta de que son siempre los mismos. Si lo pensáis, el trato nos beneficia a ambas partes.

Cynder se llevó una pata a la boca.

—Tiene sentido, la verdad —admitió Cynder—. Cuando entramos con Lugnos en La Atalaya, era de noche. Por eso no había mercaderes.

—Duermen en sus recámaras, así que es normal que no los hayáis visto. Y, si no os importa, dejemos esta conversación para más tarde. Hemos llegado a la siguiente parada de nuestro tour. En el piso que habéis visto sólo están la zona de descanso y la sala de audiencias. Ahora vamos a subir por aquí.

Los tres se detuvieron ante una escalera de caracol. Rawkan se volvió para mirarlos.

—En el piso inferior —comenzó su explicación—está la enfermería. Aquí entre nosotros, sólo he ido un par de veces, así que no tengo ni la más remota idea de cómo se organiza. Pero tranquilos, si estáis heridos sólo tenéis que bajar como locos, gritando o algo, y os atenderán, estoy seguro.

"No parece tener mucha idea de cómo funciona la enfermería… espero que controle mejor las demás secciones de la base" pensó Marvin.

—¡Conozco esa cara! —saltó Rawkan, mirando a sus aprendices—¡Es la cara de "¿por qué puñetas nos han asignado a un instructor que tiene menos idea que nosotros?"! Pues tranquilizaos, porque ahora vamos a internarnos en la zona de trámites y misiones. ¡Y en cuanto a conocimiento del papeleo pre y post misiones, nadie me gana!

Más decidido que nunca, el Marowak comenzó a subir la escalera de caracol, dejando atrás a sus pupilos, los cuales, al darse cuenta de que su maestro no los iba a esperar, lo siguieron apresuradamente, tratando de no perderlo de vista.

Al llegar arriba, se encontraron con una enorme sala circular, cuyo techo se cerraba en forma de cúpula a varios metros sobre sus cabezas. Las paredes estaban repletas de puertas, por las que no dejaban de entrar y salir Pokémon de todos los tipos, tamaños y formas. En los muros, se podían ver grandes tablones de anuncios, con muchas notas pegadas en ellos, que eran recogidas y depositadas por algún que otro Pokémon que pasaba.

—Oye Rawkan ¡Esto es enorme! ¿Dónde se supone que estamos? —preguntó Cynder, confuso e impresionado a partes iguales.

—Esta es la oficina central —contestó el Marowak—, el lugar en donde ocurre casi toda la actividad. Acompañadme

Siguiendo a Rawkan, los dos aprendices se deleitaron con la vista del bonito lugar. Había varios tragaluces que iluminaban la cámara, al parecer tallados en la roca de la montaña de forma sutil. Además, había varias piedras día colocadas en las paredes y el techo cupular, asegurando la iluminación perpetua del lugar, incluso de noche.

Rawkan, poniéndose ridículamente firme, llamó la atención de sus alumnos, indicando uno de los tablones que cubrían los muros con el fémur haciendo la función de varita.

—Esto es un tablón de anuncios —dijo, con aire de importancia—. Aquí reunimos papeletas de misiones, que nuestros agentes recogen de las ciudades y pueblos de Pellaria. Como podéis ver, hacen un buen trabajo, porque jamás veréis uno de estos tablones completamente vacíos. Antes de venir a parar aquí, las solicitudes y misiones son filtradas según su lejanía, su dificultad y el número de Pokémon máximo que podría ir a cumplirlas. En este tablón tenemos las misiones más sencillas, las de rango D, que serán las únicas que os permitiré coger de momento, debido a vuestra inexperiencia general a la hora de cumplir misiones.

Marvin y Cynder miraban fascinados el tablón, pasando la vista por las papeletas que lo cubrían. Estaban escritas en diversos tipos de pergamino y con muchos tipos de letra, casi tanto como las clases de Pokémon que requerían servicios y los lugares de los que provenían.

—Esto parece muy bien organizado —comentó Marvin, sorprendido—. ¿Qué ocurre con las misiones que requieren ir demasiado lejos para ser cumplidas?

—Es sencillo —contestó el Marowak, aclarándose la garganta—. Tenemos un sistema de Pokémon voladores que pueden transportar a los equipos hacia sus misiones, lo que reduce a menos de la mitad el tiempo que tienen que consumir para hacer el viaje. De todas formas, la Resistencia tiene otras dos bases, así que, en el remoto caso de que nuestros efectivos no puedan llegar a un territorio específico, enviamos un correo expreso a una de esas bases, y con correo expreso me refiero a un Swellow.

—Espera ¿me estás diciendo que hay más bases como esta? —Preguntó Cynder, cada vez más entusiasmado.

Rawkan rió despreocupadamente ante la pregunta del Cyndaquil.

—Por supuesto, Cynder —respondió, al cabo de un momento—. Pellaria es demasiado grande para delegar toda la Resistencia a un solo lugar concreto ¿no crees? Cuando la Resistencia fue creada, los miembros originales se repartieron Pellaria. Cerca del Mar Remolino, en el este, se encuentra La Ciudadela, un asentamiento subterráneo, y al noreste de aquí, en el Desfiladero Sinuoso, fue construido el Bastión de las Tormentas, una ciudad aún más inexpugnable que este lugar.

Cynder estaba fascinado por la localización de las bases, pero Marvin, al no tener ni idea de la geografía de Pellaria, se encontraba bastante confuso. No tuvo tiempo a preguntar nada, sin embargo, ya que Rawkan cogió una de las misiones del tablón y la levantó en el aire, como si de un trofeo se tratara.

—Y esta será vuestra primera misión, mis queridos aprendices —dijo, victorioso—. Una Hariyama requiere que se le recupere una lanzosfera en un plazo de tres días. Creo que podréis con esto, pero, aun así, me han encargado que os acompañe a vuestras primeras misiones, y es lo que pienso hacer.

—¿Una lanzosfera? —Inquirió Marvin— ¿Qué es eso?

—Una lanzosfera —explicó Rawkan— es una esfera mágica. Las esferas mágicas, por si no lo sabes, se encuentran con bastante facilidad en el mercado y en los territorios misteriosos, pero las lanzosferas en concreto son bastante difíciles de encontrar alrededor de Ciudad Prisma, el lugar del que proviene esta nota, así que comprendo que sea difícil para la clienta encontrar una nueva. Además, es más que probable que tenga algún tipo de valor sentimental para ella.

"¿Territorios misteriosos? Maldita sea, otra cosa de la que no tengo ni idea… pero tampoco quiero interrumpir a Rawkan. Se le ve muy entusiasmado, y no quiero saber qué pasaría si se enfadase. Mejor será que me lo calle y se lo pregunte más tarde."

—Ciudad Prisma queda relativamente cerca de aquí, si no me equivoco —dijo Cynder—. ¿Dónde dices que ha perdido su lanzosfera?

—Parece ser que en la Cueva Caliza —leyó Rawkan—, un territorio misterioso que queda también cerca de aquí. Como hoy os tengo que enseñar las instalaciones, y está misión no corre prisa, será mejor que nos pongamos en marcha mañana por la mañana. Hablando de eso… —el Marowak se llevó el fémur al cráneo de Tyrantrum que adornaba su cabeza— nuestro próximo destino es el banco de objetos. Pero, ya que estamos cerca, os voy a enseñar la habitación que os hemos asignado. Quiero asegurarme de que sabéis donde tenéis que dormir, no me apetece tener que aguantaros llamándome por la noche para que os lleve.

Rawkan los llevó cerca de una de las puertas que comunicaban la oficina con el resto de la base. Al acercarse a la puerta, pudieron ver que tenía una marca con forma de letra C, y, aunque antes no se habían fijado, vieron que el resto de puertas también tenían una letra asignada, por orden alfabético según su posición.

—Estas puertas —explicó señalando la que tenía la letra C en ella— llevan a cada uno de los sectores de la base. Las habitaciones de los equipos se organizan por sectores, para hacer más fácil la organización y la memorización de las mismas, en vez de tener que hacer mapas para todos los miembros, porque, admitámoslo, si fuera así todo el mundo se perdería. Todo el mundo menos el viejo Rawkan, por supuesto.

Rawkan abrió la puerta, y, con una cómica reverencia, indicó a sus pupilos que pasaran primero. Los dos Pokémon cruzaron el arco de la puerta y se encontraron con un pasillo considerablemente más ancho que los que habían atravesado anteriormente, y hecho de madera, al contrario que los de los pisos inferiores. A ambos lados del pasillo había más puertas, cada una de ellas con una pequeña placa. No podían leerlas desde allí, pero Marvin supuso que se trataba de los nombres de los equipos de resistencia.

Entonces, Rawkan cerró la puerta y tomó el liderazgo de la marcha de nuevo, con su preciado fémur señalando hacia el frente, como si estuvieran a punto de embarcarse en alguna suerte de épica aventura. Sin mediar palabra, los dos aprendices lo siguieron evitando preguntar, atravesando el pasillo.

Tras andar un rato y doblar un par de esquinas, se vieron ante una puerta que no tenía placa, y Marvin supuso que se trataba de la puerta de su futura habitación, ya que se pararon justo delante.

—Vaya —comentó Rawkan—. Que interesante. Tenía la impresión de que me iba a equivocar de puerta, como me ocurre casi siempre con este tipo de cosas. Gracias a Arceus que no ha sido así.

Ninguno de sus alumnos supo cómo reaccionar a eso, así que el despistado Marowak abrió la puerta y les mostró el interior.

El interior de la habitación era bastante más amplio de lo que Marvin había imaginado. Delante de ellos había una única sala rectangular iluminada también con piedras día, con una mesita redonda en el centro, sobre la que reposaba una llave. La habitación daba a seis dormitorios, tres en cada lado, cuyas camas eran visibles porque las puertas estaban abiertas. Marvin se preguntó para qué habría seis camas si ellos eran dos.

—Sé que parece pequeño para un equipo —comenzó a explicar Rawkan, como si hubiera leído la mente de Marvin—, pero de momento sólo se os permite tener otros cuatro miembros. Cuando subáis de rango, se os permitirá tener más miembros, no os preocupéis. A parte, ahora mismo vuestra prioridad es hacer misiones; ya habrá tiempo para reclutar nuevos miembros. De momento estáis bien así, pero, cuando demostréis lo que sabéis hacer, probablemente os dejemos reclutar miembros nuevos…

Cynder se había adelantado, y estaba inspeccionando la habitación a fondo. Marvin hizo lo propio, y, tras un vistazo corto pero efectivo, pudo notar que era un lugar acogedor y hogareño. Identificó también una chimenea apagada en la pared de enfrente, y un cuadro con lo que parecía ser un mapa de Pellaria, que se sumaban a la adecuada colocación del mobiliario

Rawkan se adelantó y cogió la llave que yacía encima de la mesa.

—Esta es la llave de la habitación de vuestro equipo —dijo, dándosela a Marvin—. Cuidadla bien, porque no es la primera vez que un equipo entra en la habitación de otro para gastar bromas o robar.

—Yo la guardaré —intervino Cynder, cogiendo la llave y guardándola en su bolsa de viaje, de la cual no se había separado desde que Marvin lo conoció.

—Y ahora —dijo Rawkan, dándose aires de autoridad de nuevo— es el momento de que os lleve al banco de objetos, donde podréis depositar los objetos que queráis guardar antes de salir de misión.

Y, de nuevo, levantó su hueso y se dirigió hacia el exterior a paso firme, dando poco tiempo a Cynder y Marvin para cerrar la puerta.

Los tres Pokémon estaban ahora ante la puerta del banco de objetos. Después de cruzar de nuevo la oficina central, habían bajado unas pocas escaleras, mientras Rawkan les explicaba que el banco se encontraba en ese nivel para asegurarse de que había espacio suficiente para almacenar los objetos de todos los miembros, por lo que se había desarrollado un almacén que se extendía entre el bajo y el primer piso.

—Antes de entrar —advirtió Rawkan— quiero que nos asustéis cuando veáis al gerente del banco. Ultron es un Pokémon un tanto… peculiar. Dejádmelos a mí.

El Marowak abrió la puerta, y los tres se encontraron dentro de una sala cuadrada, con un mostrador en medio. Tras el mostrador se podía apreciar el marco de una puerta, a través del cual se percibían cientos de pilas de cajas, que se perdían en la distancia.

Rawkan tocó el pequeño timbre que reposaba en el mostrador. El eco del sonido que causó rebotó en las vacías paredes de la sala. En silencio, Marvin se preguntó qué clase de Pokémon aparecería ahora.

Antes de que ninguno de ellos pudiera decir nada, una chispa azul vino rebotando desde el interior del almacén, acercándose a velocidad de vértigo. Cuando se dieron cuenta, un Pokémon pequeño, esférico y de color rojo, se hallaba delante de ellos con una sonrisa.

—¡Bienvenidos! —Gritó, eufórico— ¡Clientes nuevos! ¡Genial, hace tanto que no tenemos clientes nuevos…!

—Chicos, os presento a Ultron —dijo Rawkan—. Ultron es un Rotom, y sí, siempre está así de feliz. Ultron, estos son Marvin y Cynder, unos miembros nuevos de la Resistencia, que se han unido a nosotros recientemente. Quiero que les abras una cuenta, depositando… esto… —volviéndose hacia sus aprendices, preguntó— Cynder, puedes dejar aquí lo que tengas en la bolsa. No necesitarás eso para comer, porque en el comedor hay comida abundante. Ultron cuidará bien de lo que lleves.

Cynder vació su bolsa, dejando sólo la llave de su nueva habitación, mientras Ultron iba guardando cada objeto en una caja de madera, en la que, con un carboncillo, escribió un número.

—¡Vuestra caja es la número 723! —gritó entusiasmado— ¡Cuando queráis algún objeto, sólo tenéis que traerme una lista con lo que queréis recuperar, y en un instante lo tendréis!

—Gracias, Ultron —agradeció Rawkan al entusiasta Rotom—. Ahora, chavales, creo que hemos andado bastante por hoy, y ya va siendo la hora de la comida ¿Qué os parece si vamos a comer?

Unos minutos más tarde, Cynder y Marvin devoraban la comida de su plato, mientras Rawkan mordisqueaba una baya sin mucho entusiasmo. El comedor, que se situaba justo encima de la oficina central, estaba casi vacío, a excepción de uno o dos Pokémon, a causa de que la mayoría de miembros de la Resistencia estaban fuera, haciendo encargos o misiones.

—Creo que ahora deberíais dormir —comentó Rawkan, mirando su baya—. Quiero decir, mañana habrá que madrugar para hacer la misión, y os quiero más frescos que una rosa para vuestro primer encargo. Así que haremos lo siguiente: os dejo la tarde libre para echaros una siesta, ya que supongo que no habréis dormido nada en más de veinticuatro horas.

Mientras asentía, a Marvin se le ocurrió presentar la duda que le había surgido en la oficina central, mientras Rawkan les buscaba una misión.

—Oye, chicos —llamó—, ¿alguien me puede decir qué es un territorio misterioso y por qué les llamáis así?

Tanto Cynder como Rawkan lo miraron con una cara que le hizo sentirse el Pokémon más estúpido del universo. "Gracias, chicos."pensó, con condescendencia "Esto no ayuda en lo absoluto a mi memoria."

—Es un tanto difícil de explicar, si te soy sincero —comenzó Rawkan—, pero puedo intentar que lo entiendas, o al menos, que comprendas un concepto básico.

Rawkan entonces cogió el plato de su ensalada, de la cual había comido muy poco, y la puso en el centro de la mesa.

—Bien —explicó—. Pongamos que esta mesa es Pellaria, y que la ensalada que hay en este plato es un territorio misterioso —luego, cogió varias bayas zanama de un bol y las fue desperdigando por encima —. Estas bayas representan a Pokémon. Bien, pues un territorio misterioso, la ensalada, está dentro de una anomalía espaciotemporal, que está representada por este plato, por la cual, cuando un Pokémon entra, ocurre esto —metió la pata en la ensalada y la revolvió completamente—. El territorio cambia y se reorganiza por completo, reubicando los diferentes sectores y Pokémon salvajes, así como los objetos que pudiera haber dentro, por lo que un territorio misterioso nunca es igual, por muchas veces que entres en él. Nadie sabe con certeza qué es lo que causa esta anomalía espaciotemporal, pero se extiende por algunos lugares específicos, y es extremadamente peligrosa si no se va preparado para afrontarla.

Aunque resultara algo terriblemente inusual, Marvin lo entendió bastante bien.

Tras acabar de comer, Marvin y Cynder se fueron a su habitación, donde, agotados, se arrojaron sobre las sillas.

—Menuda mañana, chico —soltó Marvin—. Nunca había pasado una noche prácticamente sin dormir como la anterior… o al menos eso creo.

—Yo sí, alguna que otra vez —le contestó Cynder. Entonces, se le ocurrió algo—. Oye, antes de ir a echarnos esa siesta ¿qué te parece si te explico un poco de la historia de Pellaria?

Marvin se incorporó en la silla, interesado.

—¡Claro! —Contestó con entusiasmo— Iba a proponértelo ahora mismo.

Cynder se aclaró la garganta, preparado para comenzar su oratoria.

—Voy a empezar explicándote lo más reciente, porque creo que es lo que más importante debería ser para ti en este momento, para que sepas qué es la Corporación de Inteligencia y por qué la Resistencia lucha contra ellos.

Acomodándose en la silla, comenzó a explicarle la historia reciente de la región.

—Hace unos sesenta años, antes de que la Corporación de Inteligencia fuera considerada malvada, existía un presidente en Pellaria, al que todos recuerdan como Tazzar el Salamence. No era el mejor presidente del mundo, pero era mejor que lo que tenemos ahora. La Corporación de Inteligencia era la principal agencia del gobierno, y se encargaba de investigar los territorios misteriosos y sus cualidades, entre otras muchas cosas, y por eso les llamaban Corporación de Inteligencia. Se invertían muchísimos fondos y recursos en hacer más fuerte a la Corporación, y eso los mantenía fieles al gobierno. El problema surgió cuando el líder de la Corporación de aquel entonces murió en una expedición arriesgada, haciendo que el poder recayera sobre su hijo Halfug, un Pokémon mucho más avaricioso e inteligente que su padre. Al subir al poder, se dio cuenta del poder real que la Corporación tenía, y pensó que su padre no había conseguido aprovecharlo del todo, por lo que lanzó un llamamiento a filas a todos los miembros de la agencia repartidos por Pellaria. Aunque esto sorprendió al gobierno, supusieron que se trataba de una medida para afianzar su nuevo puesto del poder, pero eso no podía estar más lejos de la realidad. Cuando todos los efectivos estuvieron listos, les lavó el cerebro y los convenció de atentar contra el gobierno vigente. Al haber delegado casi todo el sistema de seguridad del país en la Corporación, el ataque fue rápido y totalmente desolador, ya que el gobierno no estaba preparado en lo absoluto para afrontar el golpe de estado.

Pero aquí es donde la historia gira de nuevo. Una pequeña facción de la Corporación, liderada por un Volcarona llamado Alys, logró enfrentarse a Halfug y matarlo, haciendo que la Corporación perdiese su poder absoluto sobre Pellaria, y dejando sólo la zona este del país bajo su yugo. El régimen fascista de la horrible agencia no ha dejado de crecer poco a poco desde entonces, al igual que el grupo de desertores conocidos como La Resistencia, cuyos miembros se separaron para reunir más efectivos y poder enfrentarse al inminente ataque de la Corporación contra las tierras del oeste. Aún hoy esperamos esa terrible batalla final, que, por lo que sé, podría caer sobre nosotros en cualquier momento, pues tanto la Resistencia como la Corporación están una guerra fría que ninguno de los dos bandos se decide a romper. Claro, la Corporación patrulla la zona oeste, y hay algunas escaramuzas, pero yo nunca he visto una batalla de verdad, y eso es porque las dos facciones están demasiado ocupadas reuniendo guerreros como para realizar una guerra abierta.

Marvin, sorprendido e interesado en el tema, preguntó entonces.

—Entonces ¿no somos más que soldados? ¿Vamos a tener que luchar sí o sí en esa "batalla final"?

—La verdad es que no lo sé —contestó Cynder, llevándose una mano a la cabeza—. Es también probable que la guerra sea más interiorizada y secreta… pero, si no te importa, hablaremos de eso mañana, que tengo sueño y necesito echar una cabezada.

—No hay problema —respondió Marvin alegremente—. Tú eres el maestro, tú decides cuando dar las clases. Hasta mañana, Cynder.

—Hasta mañana —dijo el Cyndaquil entrando en su dormitorio, mientras Marvin entraba en el suyo.

No pasó mucho tiempo antes de que los dos Pokémon se quedaran profundamente dormidos.
¡Échale un vistazo a mi fanfic "Pokémon Mundo Misterioso: Sons of Freedom"!
#5
Vaya, bonito capítulo, aunque me muero de ganas de ver una batalla, por cierto no te lo dije pero amo el nombre de Cynder me parece tan original, y no se por que me evoca a las chispas y al fuego, si alguna vez hiciera una marca de mecheros la llamaría Cynder jeje

Bueno, otra cosa que quiero saber es, si la resistencia lucha contra la corporación de inteligencia esa, ¿Qué hacen Cynder y marvin devolviendo una lanzosfera a un hariyama yo me imagianba que una misión facil sería una patrulla rutinaria por el bosque o algo útil pero no algo como "Oh, no la corporación de inteligencia está dominando el mundo, masacrando aldeas y borrandoles la mente a los pokemon mmmm ¡Ya se! ¡Busquemos la lanzosfera de hariyama! ni que fueran dora la exploradora

Ah y muy buena idea lo del rotom, yo me imaginaba el kangaskhan de pokemon mm pero ya veo que tu lo cambiaste, buena idea un rotom es mucho más rápido que un kangaskhan en traerte los objetos, llevarlos y ordenarlos, más práctico ah y el nombre, Ultron, es un nombre que recuerda a la electricidad y al poder, a la vez que suena como TE-VOY-A-MACHACAR-CON-MI-HIPERRAYO lo que contrasta muy bien con la personalidad alegre del pokemon, muy original.

En general, el capítulo me encantó, pero me muero de ganas de saber como te desenvuelves en una batalla (A decir verdad quiero ver sangre, si no será decepcionante para mí)

Un consejo, no publiques capítulos tan seguidamente, cuando se te acaben los que tienes reservados tendrás que ir muy lento teniendo en cuenta lo largos que son tus capítulos, como yo lo veo, tienes dos opciones, o hacer los capítulos más cortos, o esperar más antes de publicarlos, al menos que seas una máquina escribiendo

Saludos y que sepas que tienes un seguidor incondicional :)
Un Canal que se llama
Lucario Game Play...

No querrías verlo?
#6
Ya que tu fic tiene más de un capítulo, haremos esto a dos partes, ot´ra vez. Así n te hago spam.


Críticas generales


Tienes un buen vocabulario, que utilizas de forma bastante efectiva para mantener la atención del lector a lo largo de la historia. Creo que ésa es una de las mejores cualidades que tiene tu historia; al no repetirte resulta mucho más ameno leerla de un tirón. Cada personaje tiene un carácter y modo de pensar definidos, así que es muy difícil confundirlos entre sí, incluso cuando dialogan varios a la vez. Creo que mi personaje favorito hasta el momento es Rawkan.

Sin embargo, en la ortografía hay que prestar un poquito de más atención. En el primer capítulo se te quedan lo guiones cuando en verdad pretendías poner una raya, y no tienes tanto cuidado con las tildes diacríticas como lo tienes en el segundo. Y si en el primer capítulo pecas de exceso de comas, en el segundo pecas de falta de ellas. A diferencia de tu segundo capítulo, el primer capítulo es más cansado de leer por la falta de espacios entre tus párrafos, pero veo que lo corregiste sin necesidad de que alguien te lo dijese para el segundo capítulo. Excelente.

Por otro lado, creo que los sucesos en este fic transcurren muy aceleradamente. Aunque tu descripción de Villa Plata arrasada es bonísima, no permites al lector apreciarla plenamente pues, enseguida, el cyndaquil deja sus inmediaciones. Creo que habría que darle más impacto emocional al describir los pensamientos de Cynder de manera más profunda. No sólo eso, hablemos de la resistencia: ¿No crees que iniciaron demasiado rápido a dos desconocidos que podrían haber resultado infiltrados de la Corporación de Inteligencia? Tenían un espeon que es una gran psíquica, supuestamente, ¿no podría ella haber ahondado en el tema? No sólo eso, sino que después de una interrogación superficial, les facilitaron a Cynder y a Marvin la información acerca de las operaciones de la resistencia, lo cual es una actitud muy confiada y peligrosa. Sólo porque la Corporación, por la falta de atención que presta a los mercaderes, no se ocupe en seguirlos ni nada por el estilo no significa que no puedan tener medidas preventivas para cuando decidan que sí les interesa las actividades mercantes dentro de su territorio.

Para terminar con esta parte, tu mundo no parece estar muy definido. Hay humanos, sí. Ello me hace pensar en su interacción con los pokémon, dado que los pokémon de tu fic demuestran tener un grado de civilización de cierto avance (si hasta tienen papeleo, ni hablar de organizaciones políticas y demás), lo cual nos plantea preguntas con respuestas que marean al mismo tiempo que se hacen: ¿Son los pokémon tan avanzados como los humanos? Evidentemente no, o ya los humanos los habrían reconocido como seres sapientes a quienes esclavizan. ¿Tienen los pokémon una sociedad secreta de pokémon en los ocnfines de la población humana? Sinceramente, eso me suena más a algo sacado de esa peli de Disney, Bernardo y Bianca. Tienes que responder algunas preguntas para que la historia sea coherente.



Críticas del Capítulo 2


Ahora pasemos a la parte más específica.

Tu uso de las rayas en este capítulo es casi impecable, salvo porque a veces pones mayúscula donde no toca.
—¡Bienvenidos! —Gritó, eufórico— ¡Clientes nuevos! ¡Genial, hace tanto que no tenemos clientes nuevos…!
—¡Claro! —Contestó con entusiasmo— Iba a proponértelo ahora mismo.
Lo que no entiendo, es que ya lo habías hecho bien, como en ésta:
—¡Vuestra caja es la número 723! —gritó entusiasmado— ¡Cuando queráis algún objeto, sólo tenéis que traerme una lista con lo que queréis recuperar, y en un instante lo tendréis!
Eso sí, no te vuelvas a dejar los puntos al final de las acotaciones que lo ameriten. Corregido:
—¡Bienvenidos! —gritó, eufórico—. ¡Clientes nuevos! ¡Genial, hace tanto que no tenemos clientes nuevos…!
—¡Claro! —contestó con entusiasmo—. Iba a proponértelo ahora mismo.
—¡Vuestra caja es la número 723! —gritó entusiasmado—. ¡Cuando queráis algún objeto, sólo tenéis que traerme una lista con lo que queréis recuperar, y en un instante lo tendréis!


Te hacen falta algunas comas. Tan sólo te dejo la oraciones, que después de la palabra en negrita necesitan la coma, un espacio, o un punto:
—Entonces ¿no somos más que soldados? ¿Vamos a tener que luchar sí o sí en esa "batalla final"?
—Hum ¿equipo Tormenta? —musitó Rawkan, mientras llevaba a los aprendices en una visita guiada por las instalaciones—Suena bien.
—¿Clandestinamente? —le preguntó Marvin, curioso—¿Cómo se libra una lucha clandestinamente?
Aquí entre nosotros, sólo he ido un par de veces, así que no tengo ni la más remota idea de cómo se organiza.
"No parece tener mucha idea de cómo funciona la enfermería… espero que controle mejor las demás secciones de la base" pensó Marvin.
Dejémoslo así, que me da la impresión de que te me deprimirás.

Creo que eso es todo por este capi, ¡continúa escribiendo así!
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Soy la escritora más inconstante que existe.

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#7
Respondiendo a los comentarios, diré que me alegro mucho de que hayáis decidido hacerme una crítica, porque me ayuda a corregir mis errores presentes y futuros. Azur, tengo que añadir que el motivo por el que fueran aceptados en la resistencia es algo complicado de explicar, pero en el siguiente capítulo profundizo en ello (estoy a un día de publicarlo en Fanfiction, de acuerdo con mi regularidad de un capítulo cada dos semanas). La historia tiene más profundidad de lo que podría parecer en un principio. Sin más dilación, ¡aquí está el nuevo capítulo!



Capítulo 3: TERRITORIOS MISTERIOSOS

Marvin se encontraba caminando en la más inmaculada de las blancuras. A su alrededor, nada más que puro color blanco, extendiéndose hasta donde le alcanzaba la vista. ¿Por qué seguía caminando entonces? No estaba seguro, pero algo lo impulsaba a avanzar, cada vez más rápido, por la blancura resplandeciente.

Entonces, se dio cuenta de que, en medio de la inmensa blancura, había aparecido una figura que no supo identificar. Suponía que era un Pokémon, pero no se parecía en absoluto a ninguno de los que conocía. Su cuerpo azulado tenía forma de luna menguante, al igual que su cabeza, de color amarillo, semejante a un pico, que mostraba un bulto rosa del tamaño de un puño. Además, dos arcos de color rosa brillante salían de los costados de su cuerpo, mientras un tercero salía de su espalda a forma de cola.

Antes de que Marvin pudiera darse cuenta, aquel Pokémon estaba frente a él, mirándolo fijamente con unos ojos hermosos y penetrantes. El pequeño Mudkip se sintió extrañamente bien, como si le estuvieran cantando una hermosa nana.

—Marvin —dijo el Pokémon misterioso con una voz familiar, sorprendiéndolo—. ¡Marvin! ¡Despierta, venga! ¡Ya son las ocho!

—¿C-cynder…?

Entonces, Marvin abrió los ojos, despertando de su sueño y encontrándose en su cama, con la cabeza Cynder sobre él.

—¡Marvin, tenemos que salir! ¡Rawkan nos espera en las oficinas centrales!

—¡La misión! —Exclamó Marvin, recordándolo todo— ¡De acuerdo, vamos!

Los dos aprendices corrieron atropelladamente por el corto y abarrotado pasillo que comunicaba las habitaciones con la oficina central, tratando de no chocarse con ninguno de los Pokémon que transitaban la zona.

Mientras se acercaban a la oficina, Marvin no podía evitar pensar en el extraño sueño que había tenido. "¿Acaso ese Pokémon existe de verdad, o es sólo fruto de mi imaginación? Aunque, según creo, es imposible que yo conozca a ese Pokémon, al no tener recuerdos. Debería preguntarle a Elina acerca de ello cuando vuelva."

Cuando llegaron, Rawkan los estaba esperando apoyado en uno de los tablones, con una bolsa de viaje de cuero gris. En esta ocasión, el Marowak llevaba una calavera diferente sobre su cabeza, semejante a la de un Rhydon. Marvin supuso que le resultaría muy incómodo moverse en un lugar cerrado con una calavera tan pesada como la de un Tyrantrum.

—Ya pensaba ir a buscaros —dijo el Marowak, con un atisbo de severidad—. Hoy os lo perdono por ser el primer día, pero no contéis con que mañana no os despierte a base de golpes con el hueso.

Marvin tragó saliva. Cuando quería, Rawkan podía ser bastante siniestro.

—Me he tomado la libertad de ir a recoger los objetos necesarios al almacén —dijo su mentor, dándole la bolsa a Cynder—. No es que tuvieras muchos objetos útiles, así que he tenido que sacar algunos objetos de mi cuenta.

El Marowak sacó unos cuantos objetos de la bolsa y se los fue mostrando uno por uno. Los dos jóvenes aprendices aprovecharon para coger unas bayas y tomar algo parecido a un desayuno.

—Ya teníais comida de sobra, así que tan sólo he cogido unas semillas cura, para libraros de cualquier enfermedad, unas espinas de acero, por si fueran necesarias… y la siempre útil fugasfera, por supuesto —dijo orgulloso, mostrándoles una esfera naranja de aspecto frágil—. Con esta cosa podremos escapar de cualquier territorio misterioso al instante, sin ningún problema. Todos estos objetos son de mi arsenal personal, por supuesto, y, en condiciones normales, tendríais que pagármelos de alguna forma, pero, para hacer vuestra primera misión más emocionante, no os pediré nada a cambio, pero sólo si superáis la misión ¿qué os parece?

Rawkan se veía tan satisfecho con su idea que los dos aprendices no vieron necesario contestarle, a lo que el Marowak respondió simplemente alzando su hueso al frente y dirigiéndolos hacia la salida.

Esta vez, Rawkan los llevó por una salida diferente. Tras cruzar varios pasillos de los pisos inferiores, repletos de Pokémon ansiosos por partir hacia sus destinos, llegaron a una puerta de madera azul, ante la que Rawkan los detuvo.

—Bien, chicos, esta es la puerta encubierta número 7. La usaréis principalmente para dirigiros a territorios que estén al norte, así como a la Ruta 114, que conecta con los poblados norteños. Ahora tan sólo tenéis que mirar lo que hago y memorizarlo, así que estad atentos.

Tras la explicación, alzó su hueso y golpeó la puerta seis veces, con un ritmo concreto. Después de unos instantes, la puerta se abrió, y pudieron ver que el Pokémon que les había abierto la puerta era un Absol. Más allá del marco de la puerta, pudieron ver un pequeño saliente al pie de la montaña, con un camino cerca de él.

—Cómo os dije —prosiguió Rawkan— tenemos las salidas cubiertas con puestos de mercaderes para no levantar sospechas. Luego os daré unas tablillas en las que se explica el patrón de golpes necesario para golpear la puerta.

Tomaron el camino de tierra, que se alejaba del saliente y se perdía ondulando en los pies de la cordillera. Mientras Rawkan los guiaba, hueso en alto y con paso ligero, Cynder le señalaba a Marvin un punto en el mapa, en las montañas, al norte de donde estaba la base.

—La Cueva Caliza está en este punto de la Espina de Groudon. Tiene una profundidad considerable, pero por lo que parece nuestra clienta no había llegado a las zonas más profundas cuando perdió su objeto, así que no debería ser demasiado peligroso —miró a su amigo, con una sonrisa—. Al menos para ti, que eres un tipo agua. Yo debería quedarme atrás y apoyarte desde las espaldas.

Entonces, Marvin se dio cuenta de algo. Iba a tener que luchar contra otros Pokémon, lo que le suponía un problema considerable: no sabía cómo usar sus poderes. Alarmado, decidió consultar a Rawkan antes de cometer una estupidez.

—Oye, Rawkan —alzó la voz, con la esperanza de que el Marowak lo oyera —.

—Dime, Marvin —respondió el Rawkan, sin girarse.

—Creo que nadie me ha explicado cómo… ya sabes, atacar.

Rawkan no pudo evitar soltar una risotada. Se detuvo, girándose para mirar a sus aprendices.

—Nadie tiene que explicarte como andar ¿cierto? Es tan fácil como pensar en lanzar un proyectil de agua, y te saldrá sólo. Es como cuando… bueno, cuando recibes la llamada de la naturaleza.

Los dos aprendices fruncieron el cejo ante esa comparación.

—Bueno, ya me entendéis —concluyó el Marowak, intentando no sonar desagradable—. Cuando llegue el momento de hacer algo, me encargaré de que no lo fastidies demasiado. Y ahora, si no os importa, tenemos una misión que hacer.

Con esto, los tres Pokémon tomaron rumbo a la Cueva Caliza.

Durante los diez primeros minutos de caminata, mientras atravesaban la poco concurrida Ruta 114, Rawkan no dejó de hablar, explicándoles las diferencias de los huesos de Pokémon a la hora de hacer armas y armaduras, pero, al notar que sus alumnos se estaban aburriendo, decidió dejarlos conversar por su cuenta mientras él se deleitaba con el paisaje matutino. A su izquierda se alzaban las montañas de la Espina de Groudon, mientras que a su derecha podían apreciar un terreno de campo, con algún que otro árbol alzándose entre la hierba.

—Cynder —comentó entonces Marvin, queriendo entablar conversación con su compañero de equipo—. Me alegro de que hayas decidido unirte a la Resistencia conmigo.

—Bueno, no es nada… —respondió humildemente el Cyndaquil, llevándose una mano a la cabeza—. Sería bastante cruel por mi parte dejarte tirado. Además, esto puede ayudarnos a desarrollar nuestras capacidades, y a encontrar… bueno, lo que nos falta a cada uno.

Marvin notó como su amigo perdía un poco de su entusiasmo habitual al recordar a sus padres.

—Creo que… —comenzó a hablar Cynder— creo que es posible que el hecho de que nos hayamos hecho amigos tan rápido y con tan poca interacción puede deberse a que… los dos estamos incompletos de alguna manera. Piénsalo, a ti te han quitado la memoria, y a mí a mis padres.

—Es posible —respondió Marvin, elevando las cejas—. Además, ambas pérdidas están relacionadas con la Corporación de Inteligencia.

El Cyndaquil asintió con la cabeza, pensativo.

—Según lo que he oído, a la Corporación no le gusta eliminar nada. Quiero decir, preservan vivo casi todo lo que capturan, y eso es una ventaja tanto para ti como para mis padres. Si han extraído tu memoria, es probable que hayan estado buscando algo en ella.

Ambos Pokémon permanecieron en silencio durante un rato, siendo sus pisadas y los silbidos de Rawkan, a la par que el sonido de los Pokémon pájaro sobrevolando sus cabezas, lo único que se podía escuchar. El camino no se despegaba del pie de la cordillera, mientras la hierba se iba haciendo más oscura, y los árboles cada vez más escasos.

—Nos estamos acercando a nuestro destino, caballeros —avisó Rawkan—, así que será mejor que hablemos de nuestra estrategia de entrada.

El Marowak se detuvo para que sus pupilos pudieran llegar hasta él, y, comenzando a andar una vez se hallaron a su lado, se aclaró la voz.

—Bien —comenzó, con aires de importancia—. Ahí dentro no hay Pokémon demasiado peligrosos; a saber: Geodude, Roggenrola, Aron, Zubat... ah, y Kakuna. Al notar que van a evolucionar, los Weedle se dirigen a la cueva más cercana para colgarse del techo y poder pasar su fase como Kakuna más tranquilos. Si tenemos muy mala suerte, puede que aparezca un Onix, pero lo dudo bastante, porque suelen encontrarse en los niveles inferiores, y nuestra clienta ha dicho que su objeto se perdió en el bajo 4.

—¿Bajo 4? —Preguntó Marvin, algo confundido— Creía que los territorios misteriosos cambiaban de forma ¿cómo es que se puede localizar un punto concreto?

—Muy perspicaz, Marvin —respondió Rawkan—. Olvidé mencionar que en los territorios misteriosos se ha observado un patrón de niveles. Es decir, que aunque cambien continuamente, el número de pisos o sectores del territorio sigue siendo el mismo. Por ejemplo, la Cueva Caliza siempre tiene 12 pisos, separados por unas escaleras descendentes, y eso será siempre así, ya que cada piso cambia independientemente del resto ¿lo entiendes ahora?

Marvin asintió, complacido por la explicación.

—Excelente —continuó Rawkan—. Debemos estar muy cerca, a juzgar por el aspecto del terreno… de hecho, según el mapa, la cueva está a unos pocos metros de aquí.

Los tres Pokémon alzaron la cabeza y pudieron ver una pequeña abertura entre las rocas de la montaña, a unos pasos de donde se encontraban. Estaban tan absortos conversando que, no hubieran levantado la cabeza en aquel momento, muy probablemente habrían dejado atrás la Cueva Caliza.

Se acercaron a la abertura, de unos cuatro metros de altura y dos de anchura, y se fijaron en unas runas escritas sobre el marco. Aunque Marvin era incapaz de leer aquellas runas, suponía que alguno de sus compañeros podrían hacerlo.

—Hemos llegado, en efecto —confirmó Rawkan, leyendo las misteriosas runas—. Esto es la Cueva Caliza. Supongo que es la primera vez que entráis en un territorio misterioso, así que simplemente os diré que no intentéis hacer un mapa mental del sitio, porque eso sólo os confundirá más.

Sin más preámbulos, el equipo se adentró en las sombras de la cueva. Rawkan sacó su piedra solar y la alzó, para poder tener una visión clara de su terreno. La caverna tenía un aspecto bastante decadente; la piedra gris y negra parecía erosionada y dañada por el paso del tiempo y los constantes paseos de sus habitantes. Mientras comenzaban a andar, el Marowak decidió instruirlos sobre la geografía del lugar.

—Este es un territorio algo extraño, si me permitís la observación, ya que, al llegar a su punto subterráneo más bajo, hace una parábola y vuelve a ascender, por lo que atraviesa la montaña y tiene una salida en el otro lado. Ahora estad atentos: como esto es un territorio misterioso, nunca es igual, por lo que yo no puedo ser un guía fidedigno. Nuestro deber es encontrar el camino hacia el Bajo 4 lo más rápido posible, porque, por si no lo sabíais, otra de los síntomas de respirar el aire viciado de un territorio misterioso es un aumento gradual del hambre. Aunque estéis llenos o hayáis comido recientemente, llegará un momento en el que el hambre se hará insoportable, así que más os vale no gastar muchas energías en la búsqueda.

—Eso lo sabía yo —dijo Cynder, orgulloso—. Además, puede que encontremos objetos dejados por otros exploradores o coleccionados por Pokémon salvajes, así que podemos llevarnos un buen botín de objetos.

Marvin apenas pudo responder mientras analizaba toda la nueva información que estaba recibiendo. Los territorios misteriosos parecían ser lugares muy extraños.

Los tres exploradores se adentraban más y más en la cueva, eligiendo cuidadosamente su camino y evitando los caminos sin salida. De repente, Rawkan detuvo al grupo, señalando con su hueso al frente.

—¿Veis eso? —susurró, como si tuviera miedo de que alguien lo oyera— Hay dos Geodude observándonos.

—¿Puedes librarte de ellos? —inquirió Marvin, algo nervioso al notar la presencia de los dos Pokémon.

—De hecho, pensaba dejarte que tú te encargaras de ellos, Marvin —respondió el Marowak, pillando a Marvin por sorpresa—. Los Geodude son extremadamente débiles al agua, así que no te debe resultar un problema vencerlos. Tómatelo como un entrenamiento sencillo.

A Marvin le dio un vuelco el estómago. No esperaba tener que enfrentarse a sus primeros adversarios tan temprano.

—Tranquilízate —lo instruyó Rawkan—. No te harán daño si consigues debilitarlos a tiempo. Tan sólo acumula agua en tu boca, y escúpela con toda tu fuerza, es la técnica básica de los Pokémon de agua.

Cogiendo aire, Marvin comenzó su lento camino hacia los Geodude, tan concentrado en ellos que apenas era capaz de oír los susurros de ánimo de Cynder. Los dos Geodude lo miraban fijamente, preparándose para atacarlo. Entonces, Marvin se detuvo, al notar que una extraña y fría sensación recorría su cuerpo, como si la sangre de sus venas hubiera bajado su temperatura.

"Esto debe de ser a lo que se refería Rawkan." Pensó Marvin, mientras la sensación, lejos de molestarlo, le hacía sentir poderoso. Retomó el paso hacia los Geodude, y, cuando estaba a apenas dos metros de ellos, y como si de un acto reflejo se tratara, su boca se comenzó a llenar poco a poco de agua.

Los dos Geoudude se lanzaron entonces contra él, intentando golpearlo antes de que liberara su ataque. Sin embargo, Marvin reaccionó a tiempo, disparando el agua desde su boca y empapando a los dos Geodude, que cayeron hacia atrás con un grito rabioso, perdiendo sus fuerzas y desmayándose.

—¡Eso ha sido genial! —Gritó Cynder, tan emocionado como sorprendido ante la demostración de poder de su amigo— ¡No puedo esperar para enfrentarme a mi primer enemigo yo también!

El Cyndaquil golpeó cariñosamente la espalda de Marvin, que todavía estaba mirando hacia el frente, tan sorprendido como sus compañeros.

—Me temo que eso tendrá que esperar —dijo Rawkan, acercándose—. No quiero que te lleves una buena paliza en esta cueva, que, por si no lo recuerdas, está llena de Pokémon de tipo roca…

—No pasa nada, ya encontraré un momento para probar mis poderes —respondió Cynder, sin perder su euforia.

Marvin pestañeó, aún sin terminar de creer lo que acababa de hacer, y miró a su amigo con una sonrisa.

—Cuando vayamos a un hábitat de Pokémon de tipo planta, ¡vas a ser tú el que tenga que cubrirme a mí las espaldas, Cynder!

Mientras los dos amigos reían despreocupadamente, Rawkan no pudo evitar esbozar una sonrisa debajo de su casco de hueso. Aquellos dos tenían un buen entusiasmo, y eso era precisamente lo que se necesitaba para empezar allí.

El viaje a través de la cueva continuó sin muchas incidencias, salvo la aparición de una bandada de inofensivos Zubat en el bajo 2, molestos por la luz que emanaba de la piedra solar de Rawkan.

Habían recorrido un camino considerable, y habían bajado ya por dos escaleras de piedra, por lo que se hallaban en el bajo 3, a tan sólo un piso de su objetivo. Habían roto la tensión que los había oprimido durante el inicio de su exploración, y ahora los tres Pokémon hablaban a raudales, eso sí, en susurros, para asegurarse de no encontrarse con más Pokémon salvajes de los necesarios.

No obstante, Cynder llevaba un tiempo bastante callado, dejando que sus dos compañeros monopolizaran la conversación. El Cyndaquil miraba hacia sus patas, como si le estuviera dando vueltas a algo.

—¿Ocurre algo, Cynder? —inquirió Rawkan, al fijarse en el comportamiento de su pupilo.

—Nada, es que… quiero hacerte una pregunta desde hace un tiempo, pero no estoy seguro de que deba hacerlo. Es decir, no quiero herir tus sentimientos.

Rawkan rió despreocupadamente.

—¡Mis sentimientos son a prueba de fuego, pequeño Cyndaquil! —explicó, golpeándolo suavemente con su hueso en la sien —Pregúntame lo que sea que está dando vueltas en esa cabezota tuya.

—Bien, pues… —Cynder miró a su instructor— ¿Realmente los Cubone usáis el cráneo de vuestra madre y os pasáis la mayor parte de la infancia llorándola?

Rawkan dejó de andar. Sus dos alumnos se detuvieron casi al mismo tiempo que él, y Cynder deseó que la tierra se abriera y Groudon se lo tragara de un mordisco. Pero entonces, Rawkan comenzó a reír, ante las asombradas caras de sus acompañantes, que lo miraban con los ojos muy abiertos.

—¡Esa sí que es buena! —comentó alegremente el Rawkan, retomando la marcha— Voy a tener que ilustrarte sobre la biología de los Cubone, querido Cynder. En contra de la creencia popular, los Cubone solemos conocer a nuestros progenitores. El mito de que los Cubone lloran todo el rato se debe a que nuestros ojos no se desarrollan totalmente hasta los diez años de vida, por lo que cada mínima partícula que entre en ellos nos provoca lágrimas. Durante la adolescencia, desarrollamos unas membranas protectoras más gruesas en nuestros ojos, y por eso dejamos de "llorar".

Cynder y Marvin se habían quedado un poco atrás a causa del acelerón que había metido Rawkan, pero escucharon cada palabra que salía de su boca, y sintiéndose aliviados de que no se hubiera puesto sentimental.

Entonces, Marvin escuchó un ruido, como una especie de "click". Cynder miró en su dirección y abrió la boca, a punto de decir algo que nunca llegó a salir de su garganta, porque el suelo bajo sus pies se abrió, y ambos Pokémon se encontraron a sí mismos cayendo hacia la oscuridad.

Marvin no tuvo tiempo a sentir miedo, de tan repentino que había sido todo. Lo siguiente que supo fue que una sensación altamente agradable estaba recorriendo cada centímetro de su cuerpo, como si estuviera flotando en el aire, sólo que no estaba en el aire. Estaba sumergido en el agua. De repente, todo lo que acababa de pasar dejó de importarle al Mudkip. Sólo quería quedarse allí para siempre, sin preocuparse por nada en absoluto. Se relajó, olvidándose de todos sus problemas. Desde el agua, todo parecía más simple, más sencillo, como si todos los problemas de aquel mundo fueran tan pequeños e insignificantes que daba igual si se resolvían o no.

Estuvo así por lo que le parecieron horas, dejándose llevar por la corriente. Pero, entonces, escuchó un grito familiar que provenía de algún punto.

—¡Marvin, estoy aquí, en la orilla! ¿Dónde estás?

El Mudkip despertó de su trance, sacando la cabeza del agua, para ver un pequeño foco de luz en la orilla del agua, aproximadamente en el punto del que provenía la voz. Sin pensarlo dos veces, nadó hacia aquella orilla, acercándose a Cynder, que, por supuesto, era el que estaba provocando la luz, emanando fuego desde su espalda.

—¡Qué susto me has dado! —exclamó el Cyndaquil, abrazándose a su amigo cuando éste hubo pisado tierra.

—Lo siento, Cnyder —se disculpó su amigo, separándose de él—. No sé qué me ocurrió, al caer al agua me sentí tan bien que… es como si todo dejara de importarme.

—No pasa nada —contestó Cynder amablemente—. Eso es porque ahora eres un Pokémon de tipo agua, y aún tienes que adaptarte a tu elemento. El verdadero problema es que hemos perdido a Rawkan.

—¿Qué ha pasado, Cynder? —preguntó Marvin, confuso, mirando en la dirección en la que suponía estaba el agujero.

Antes de que Cynder pudiera responder, se oyó una voz desde el agujero.

—¿Podéis oírme? ¡Soy yo, Rawkan! —la inconfundible voz del Marowak llegó a sus oídos amplificada por el eco de la cueva— Habéis caído en una trampa puesta por algún Pokémon salvaje para cazar a los visitantes desprevenidos, o eso creo. He oído los chapoteos, así que supongo que hay agua ahí abajo, pero yo… digamos que no me llevo muy bien con el agua, así que no voy a bajar por aquí. Estáis en el bajo 4, así que no me será difícil encontrar las escaleras y localizaros. No os mováis, os encontraré en seguida.

Marvin miró a Cynder, que se encogió de hombros. Sólo les quedaba esperar allí a que Rawkan los encontrara.

—De todas formas, esto está demasiado oscuro cómo para seguir por nuestra cuenta —comentó Marvin—. Creo que lo mejor que podemos hacer es esperar a Rawkan.

Cynder se sentó a su lado, procurando mantener el fuego de su espalda a un nivel prudente, lo suficientemente intenso para iluminarlos, pero no demasiado llamativo, para no llamar la atención de otros Pokémon.

Los dos Pokémon permanecieron en silencio durante unos minutos, aguardando pacientemente con sólo los sonidos de la cueva rompiendo el silencio. Ninguno de ellos se atrevió a volver a hablar, desde que sabían que era muy probable que un Pokémon salvaje potencialmente peligroso estuviera muy cerca de ellos.

Eventualmente, Marvin oyó un extraño ruído. Al principio, era un sonido muy leve, pero a medida que pasaban los minutos se iba haciendo más y más fuerte, lenta pero inexorablemente.

—Tú también lo estás oyendo… ¿verdad? —inquirió Cynder, con una clara inseguridad en su voz.

Marvin simplemente asintió, intentando identificar la fuente del sonido. Pero este se iba haciendo cada vez más fuerte y no era capaz de identificar de donde venía.

—Creo… creo que tengo miedo, Marvin —dijo Cynder, con la voz temblorosa—. Eso se está acercando, y, sea lo que sea, no me gusta el sonido que hace. N-no quiero tener que enfrentarme a un Pokémon de roca, Marvin.

—Tranquilo —intentó tranquilizarlo el Mudkip, a pesar de estar casi tan nervioso como él—. Yo estoy aquí, Cynder. Juntos podremos con todo lo que venga.

El sonido se había hecho casi insoportable. Era semejante al sonido que hacía un Tepig escarbando en el suelo en busca de bayas, pero notablemente más ruidoso. Y, fuera lo que fuera lo que lo estaba produciendo, estaba muy cerca.

Entonces, escucharon el sonido de rocas quebrándose. Cynder, consciente de que ya era inútil esconderse, aumentó la llama de su espalda para poder ver lo que acababa de interrumpir su espera. A unos metros de ellos, podían ver el lago subterráneo en el que habían caído. Y, desde el otro extremo del lago, podían distinguir una forma, semejante a un lagarto y presumiblemente protegida con metal, a juzgar por los destellos que producía su coraza ante la presencia de la llama de Cynder.

—Creo que estamos en la guarida de ese Pokémon… —comentó Cynder en voz baja, aun sabiendo que el ser no podía entenderlos— y no parece muy contento.

El Pokémon, entonces, comenzó a correr torpemente hacia ellos, rodeando el lago. No era demasiado rápido, pero tampoco le hacía falta; sabía que sus dos presas no estaban en su terreno.

Marvin empujó a Cynder con la cabeza, instándolo a girar en la misma dirección que el Pokémon salvaje, con la intención de encontrar una salida mientras el lagarto acorazado los perseguía. Así, los dos aprendices se mantenían alejados de él, pero podían seguir buscando una forma de escapar.

Entonces, Marvin localizó una salida por la que el lagarto acorazado los podría seguir, pero prefería pensar que se estrecharía a medida que se alargaba, como la mayoría de pasadizos de la cueva. Se la señaló a Marvin con la cabeza, y, haciendo un esfuerzo por acelerar, los dos Pokémon lograron colarse por el agujero antes de que el feroz salvaje los atrapara.

—Eso… ¡eso era un Aggron! —exclamó Cynder, mientras se adentraban en el pasadizo, intentando perder de vista la entrada— ¡No te imaginas lo peligrosos que son esos Pokémon para un tipo fuego como yo!

De repente, Marvin se detuvo. Había visto algo delante de ellos, y no le parecía algo que debiera estar ahí.

—Cynder… —comenzó a hablar, mientras su compañero intentaba diferenciar las figuras que había visto— creo que hemos metido la pata. Hasta el fondo.

Delante de ellos había una pared de roca, que terminaba con el pasadizo. Y, en frente de esta, un pequeño grupo de Aron dormían plácidamente en el suelo.

—El Aggron… es su madre. Y éste es su nido, Cynder —soltó Marvin, tembloroso.

No tuvieron tiempo de girarse para escapar de allí, pues la madre Aggron ya estaba en la entrada de la madriguera, preparándose para embestirlos con sus cuernos.
¡Échale un vistazo a mi fanfic "Pokémon Mundo Misterioso: Sons of Freedom"!
#8
Hola. Vine a comentar. Encuentro que al principio pasó muy lento la historia, si bien dijiste que en este capítulo se iba a ir profundizando mientras avanzaba, el título dice territorios misteriosos y se demoran mucho rato en ir a la cueva. Por alguna razón siento que la lectura se me hace lenta, creo que te falta seducir al lector. A pesar de que tu narración es correcta, le falta ser más fluida, que al lector no le cueste tanto leer. Además noté una cosa.

Capítulo 2:

Equipo Chachiguay, me causó mucha gracia. No tengo mucho que decir aquí. La historia de cómo se formó la corporación y la resistencia me gustó mucho, sería interesante que en algún momento se contase con más detalles.

Capítulo 3:

En una parte pusiste esto:

Cita:
Al notar que van a evolucionar, los Caterpie se dirigen a la cueva más cercana para colgarse del techo y poder pasar su fase como Kakuna más tranquilos.


Acuérdate que es Weedle quien evoluciona a Kakuna, pero supongo que debe haber sido una confusión del momento y simplemente no te diste cuenta.

Nunca había leído una narración donde se describiese un ataque desde el punto de vista del Pokémon que lo ejecuta. Eso me pareció muy interesante. También me gustó la explicación que dio Rawkan sobre su especie. Creo que en el final diste en el clavo, pusiste a los protagonistas en un peligro que no me esperaba. Eso invita al lector a querer saber más sobre lo que sucederá. Espero pronto otro capítulo. Ciao.


Lean mi fic: La Historia de Jack Evans
Soy Elven king
(Por si alguien no me reconoce)


#9
Hola Imper! vengo a escribir mi opinión y observaciones sobre tu Fic:
En primer lugar: Felicitaciones! no había tenido tanto gusto en leer una historia a excepción de otro Fic que ya está algo avanzado y cuya historia es algo distinta a las demás. Me gustó muchísimo como desarrollas la historia de hecho hasta me entraron ganas de jugar otra vez los juegos de Mundo Misterioso! Me gustó como empieza la historia, creo muy personalmente que las escenas "fuertes" atraen mas que las escenas comunes. En ciertos pasajes de la historia me lo pude imaginar la historia de diferentes formas y es la primera vez que me sucede esto, la veía como historia, como anime, como manga y hasta en forma de videojuego creo que tienes un toque especial para narrar las cosas. No pude evitar darme cuenta que tomaste el nombre de Bastión de Tormentas como el lugar de Game of Thrones espero que en el futuro haya algo interesante en ese lugar. Por cierto, en un principio no me agradaba la idea de "territorio misterioso" no se porque pero al final del tercer capítulo terminé por aceptarlo. Me queda la duda de que clase de Pokémon es Halfug...
Como notarás no hago anotaciones sobre errores ortográficos o gramaticales, me fijo en la historia de quienes escriben y como se desarrolla de todas formas si me percato de algo lo escribo de todas formas.
Pues bien ese es mi pequeño análisis, espero que sigas con los siguientes capítulos!
Saludos!
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ACADEMIA
#10
Hombre, mira tú por donde, estaba yo apunto de votar el fanfiction del mes cuando me acordé del maravilloso "Sons of freedom" y, cuando iba a rellenar el autor, no me acordaba de tu nick entonces entré a tu fanfic para verlo y... ¡pum! habías publicado un nuevo capítulo y yo sin enterarme 8O siento llegar tan tarde a leerlo pero que sepas que por nada del mundo me lo perdería...

Una cosa que me ha venido a la cabeza cuando leía el capi es que los personajes de pokémon son muy, muy paranoicos con los sueños, osea

Marvin: Hum... hoy he soñado con un pokemon que no conozco... se lo tengo que decir a mi psicóloga

Al final acabaremos así

Marvin: Hum... hoy he soñado con que tenía estreñimiento ocasional... seguro que es una señal.

Seguí leyendo y poco después otra cosa llamó mi atención "Rawkan llevaba una calavera diferente a la del otro día"

................. ¿En serio? pues tienes que saber que ni en toda mi vida se me habría ocurrido una cosa tan ingeniosa ¡Solo llevas tres capítulos y ya me has sorprendido con cosas como esas la tira de veces!

Seguro que algunas Marowak hembra tienen el armario lleno con la última moda en calaveras de marca ¡Oigh!ç

Vale, ahora, esto sí que es una pasada. Has rebatido con un solo argumento toda la teoría de Cubone y Marowak creando la tuya propia, yo también creé una en el evento convención de investigadores. Me encanta que crees tu propio mundo y rompas las reglas de los videojuegos eso lo hago yo también en mi fanfic (a un nivel más bajo) Pero en ese párrafo encontré un error que seguramente se debe a que se te fue la mano al teclear o a un momento de distracción

—¡Esa sí que es buena! —comentó alegremente el Rawkan, retomando la marcha—

No se suele poner "el" o "la" delante de los nombres al menos que seas un gitano de mi instituto.

—Aaaaaaaay el Raaawkan, mira al Raaaukan, Ay, payu.

Lo del final fue muy divertido, me hizo mucha gracia

Rawkan: No se preocupen, aquí todos los pokemones son débiles, no teman

Marvin: entonces ¿qué es eso?

Aggron: Aggrooooooon!!!

Rawkan:


KEEP
CALM

AND[/COLOR][/FONT]
RUUUUUUN[/CENTER]
Un Canal que se llama
Lucario Game Play...

No querrías verlo?
#11
Proclamo orgulloso que he vuelto de mi bloqueo artístico. He tardado mucho tiempo en crear una linea temporal que llene cualquier hueco argumental que la historia podría haber tenido, y estoy orgulloso de ello, pues por fin puedo volver a desarrollar la historia sin pararme a pensar en esas cosas. Sin más dilación, aquí está el capíutlo 4.




Capítulo 4: CRESSELIA

Rawkan se alejó del agujero que ocupaba el lugar que sus protegidos habían dejado. "Esto es sencillamente genial" pensó el Marowak mientras recorría a toda prisa los estrechos pasillos de la cueva, totalmente oscura salvo por la piedra solar que brillaba en su mano derecha. Sus años de experiencia explorando territorios misteriosos le recordaban que, si un miembro se separase del grupo, debía permanecer en el sitio y aguardar a que el equipo lo encontrase de nuevo. No conviene perderse en un territorio misterioso, y menos aún en uno tan oscuro como aquel, y Rawkan lo sabía. Tan rápido como pudo, se dirigió a las escaleras, dispuesto a rescatar a sus pupilos.



—No muevas… ni un músculo —susurró Marvin a su atemorizado compañero, mientras la madre Aggron los miraba desde la entrada de la madriguera, tal vez pensando la mejor forma de ensartarlos —. Tenemos que estar muy atentos al más mínimo movimiento que haga y lanzarnos a un lado justo en ese momento. Con suerte podremos evitar la embestida y salir pitando de aquí.

Los dos Pokémon, totalmente petrificados de terror, aguardaron pacientemente a que la Pokémon salvaje hiciera la más pequeña señal de que iba a comenzar su ataque. Sin embargo, la criatura no parecía dispuesta a atacarlos. Más bien parecía confusa, como si no tuviera muy claro que los dos invasores fueran realmente sus enemigos, y los miraba con una expresión difícil de identificar.

Al principio, Marvin no sabía por qué la bestia no se lanzaba contra ellos para ensartarlos con sus cuernos. Sin perder a la Pokémon de acero de su campo visual, dirigió una mirada de reojo a los Aron que yacían tras ellos, y entonces lo comprendió todo.

Durante la primera visual que los pequeños Pokémon habían echado al interior de la madriguera, habían pasado por alto dos detalles importantes. El primero era que los Aron que poblaban el pequeño agujero eran muy pequeños, tanto que la capa de acero que normalmente cubría sus cuerpos no estaba desarrollada del todo. La Aggron no los atacaba por temor a dañar a sus pequeños, así que estaba esperando a que ellos atacaran primero.

Y el segundo era que, entre los Aron, había una esfera de textura suave y color oscuro, tan sólo visible a causa de los reflejos que el fuego de Cynder proyectaba en ella. Marvin no tardó en dar un codazo al Cyndaquil para captar su atención y poder transmitirle sus hallazgos.

—Esto cambia las cosas —explicó Marvin, sin dejar de vigilar a la bestia de metal cuyos ojos sentía clavándose en su piel como dos afilados cuchillos—. Coge esa esfera, porque es posible que sea la que estamos buscando, mientras yo improviso algo.

Cynder asintió, y, retrocediendo lentamente y sin perder de vista a la amenazadora Aggron, agarró la esfera, tratando de no molestar a los durmientes Aron. El Cyndaquil entonces notó que la esfera era de un color marrón oscuro, el color habitual de las lanzosferas. Sí, definitivamente aquel era el objeto que estaban buscando.

Marvin, tragando saliva, se acercó a los Aron y comenzó a agarrar a uno con sus patas delanteras. La Aggron soltó un bufido, temiendo por la seguridad de sus crías pero dudando atacar al mismo tiempo. El pequeño reptil apenas se dio cuenta de lo que estaba ocurriendo. Marvin miró a la bestia fijamente, con el Aron entre sus patas, e hizo un movimiento de cabeza para indicar a Cynder que lo siguiera. "No vamos a hacerle daño a tus crías, pero sólo si tú no nos haces daño a nosotros" intentó transmitir Marvin con su mirada, mientras avanzaba hacia la criatura acorazada.

Y para sorpresa de los dos Pokémon, la Aggron relajó sus músculos y se apartó de la entrada de la madriguera. Aunque esto aumentó considerablemente las esperanzas de los dos aprendices, no aceleraron la marcha por temor a causar una reacción negativa en la Pokémon salvaje. Sin embargo, Marvin estaba notando una extraña sensación de poder sobre la Aggron. Sentía que la Pokémon se había movido porque él se lo había ordenado mentalmente.

Poco sabían que un confuso Rawkan los observaba desde la entrada de la caverna, preguntándose si debería intervenir o no. Aparentemente, sus protegidos habían encontrado la forma de salvar el pellejo por su cuenta.

Marvin, obligando a su mente a deshacerse de la extraña sensación, depositó al Aron en frente de su madre, temblando pero sin dejar de mirarla fijamente. Los dos Pokémon se fueron alejando de la salvaje paulatinamente, hasta que ella dejó de darles importancia, acogiendo al pequeño Aron entre sus patas para llevarlo de vuelta a la madriguera. Más rápido de lo que canta un Combusken, Marvin y Cynder se hallaban ante Rawkan, con la lanzosfera en su poder.

El Marowak dejó caer su hueso al suelo, y, ante la mirada de sus sorprendidos pupilos, comenzó a aplaudir silenciosamente. Los tres querían reír, pero el temor a atraer a la Aggron o a algo peor los mantuvo con la boca cerrada.

El camino de vuelta fue considerablemente más animado que el de ida, e incluyó una parada en Ciudad Prisma para devolver la esfera a su dueña, que les entregó la recompensa de 400 pokés encantada. Además de eso, la acogedora Hariyama los invitó a unos panecillos recién horneados al enterarse de que llevaban horas sin comer nada.

Llegaron a La Atalaya a las seis de la tarde, con el sol todavía en alto, aunque cubierto por las nubes. Rawkan les enseñó al colocar el sello que indicaba que una misión había sido completada, para luego clavar la carta en un tablón situado en frente del que se usaba para seleccionar misiones.

—Ahora viene la parte difícil, chicos —dijo Rawkan, sacando la bolsa y contando el dinero de la recompensa.

—¿A qué te refieres? —cuestionó Cynder, curioso.

—La Resistencia se lleva un veinte por ciento de las compensaciones monetarias de las misiones que cumplen los equipos más novatos—explicó el Marowak—. De esta forma, podemos organizar expediciones para ampliar nuestras conquistas y poder eliminar algún que otro campamento de la Corporación.

Rawkan miró hacia ambos lados, registrando la sala rápidamente. Cuando se aseguró de que ningún Pokémon podía oírlos, añadió en voz baja.

—Se supone que vosotros no sabéis nada, pero mañana Paldus va a liderar un asalto contra el Fuerte Flarah.

Marvin frunció el ceño. No tenía ni idea de lo que era el Fuerte Flarah.

—El Fuerte Flarah, para vuestra información —dijo el Marowak en un susurro, haciendo lo posible por no llamar la atención de otros Pokémon—, es el lugar en el que mantienen prisioneros a los supervivientes de Villa Plata. Así que sí, también estarán tus padres, Cynder.

A Cynder se le iluminó rápidamente el rostro, y sus pequeños y rasgados ojos brillaron como nunca antes lo habían hecho. Marvin no era un Pokémon psíquico, pero no le hacía falta serlo para saber que, si pudiera, su amigo gritaría de felicidad.

Rawkan carraspeó, asegurándose de nuevo de que nadie hubiera oído aquella parte de la conversación.

—Bueno, chicos, ahora tengo que cumplir con mi parte del trato y dejar que os quedéis con los objetos que os había prestado para la misión, porque lo cierto es que lo habéis hecho muy bien para ser vuestro primer día —dijo el Marowak, tratando de no sonar demasiado complaciente—. Pero no os penséis que esto va a ser así siempre ¿eh? Mañana no os llevaréis más que la recompensa que la que os den en la misión.

Marvin iba a contestar, pero Cynder se le adelantó con una sonrisa.

—¡No te preocupes, Rawkan, no te decepcionaremos! —exclamó el Cyndaquil y, acto seguido, le dio a su protector la parte del dinero que le correspondía.

La noticia acerca de sus padres le había sentado muy bien al pequeño Pokémon de fuego, al parecer, pero Marvin aún tenía una duda que quería plantearle a su amigo, aprovechando que podían estar a solas.

Después de depositar sus nuevos objetos en el almacén del Ultron, Marvin y Cynder se dirigieron a su habitación. Cynder no dejaba de tararear una pegadiza cancioncilla que Marvin no tardó en comenzar a repetir con él hasta que llegaron a la habitación.

—Cynder —dijo el Mudkip, tras cerrar la puerta—, hay una cosa que te tengo que preguntar.

—Vaya ¿qué pasa? —interrogó su amigo, sentándose en una de las acolchadas sillas del cuarto.

—En este país… ¿hay humanos? —preguntó tímidamente Marvin— Quiero decir, a parte de mí mismo, claro. Se me ocurrió hace un rato, porque con todo este embrollo… ya sabes, no he tenido mucho tiempo de preguntarte cosas sobre el tema.

—Entiendo —respondió Cynder después de unos segundos—. Lo siento, Marvin, pero no creo que haya humanos aquí en Pellaria. Antes los había, hace casi cien años, pero comenzó a ocurrir algo muy extraño entre sus gentes, y…

Entonces el Cyndaquil se quedó en silencio. Marvin lo miró durante unos momentos, esperando que continuara, pero no lo hizo. En su lugar, miró a Marvin de vuelta y comenzó a hablar muy lentamente

—Marvin… es posible que tú fueras el último humano antes de transformarte.

La afirmación pilló al Mudkip desprevenido. Notó como un escalofrío recorría toda su espina dorsal, como si un Pokémon de hielo le hubiera susurrado una palabra al oído con su gélido aliento.

—¿Q-qué quieres decir con eso? —se atrevió a preguntarle a su amigo, casi temiendo la respuesta.

—No estoy muy seguro—contestó el Pokémon de fuego, confuso—. De pequeño me decían una extraña enfermedad se había propagado entre los humanos, impidiéndoles tener descendencia, así que hablaron con un poderoso chamán. El chamán les dijo que debían irse a las Tierras del Oeste, más allá del mar, para encontrar una cura. Y los humanos dejaron a sus amigos Pokémon atrás con la promesa de volver si encontraban esa cura… y nunca regresaron. Pero eso fue hace casi cien años, Marvin… es totalmente imposible que tú seas el descendiente de uno de esos humanos.

Se hizo el silencio. Ninguno de los dos sabía cómo reaccionar al descubrimiento de Cynder, y, por lo tanto, no se atrevían a abrir la boca de nuevo.

—L-lo siento… —dijo Cynder al fin, con melancolía en su voz— Estaba tan feliz por lo de mis padres que no he tenido ningún tacto contigo.

—No, no —contestó Marvin, intentando que su amigo no se sintiera mal—. Me alegro de que me hayas contado esto, pero cambia muchas cosas… —entonces, se acordó de lo que Elina le había dicho en su primera noche en la Resistencia— ¡Tenemos que ir a ver a Elina! A lo mejor ella puede darnos alguna explicación.

—Buena idea —asintió su amigo, levantándose de la silla.

Abandonaron la habitación en total silencio, casi temiendo decir algo que los pusiera todavía más nerviosos. Al salir de la zona de habitaciones, Marvin se acercó a un Nidoking que rebuscaba en su bolsa para pedirle dirección.

—Buenas tardes, señor —dijo, captando la atención del corpulento Pokémon—. ¿Puede indicarnos cómo llegar a las dependencias de la Maestra Psíquica?

—Su despacho está en el piso 5 —explicó el Nidoking, con una voz ronca pero amable—. Una vez lleguéis allí, seguid el pasillo hasta la puerta que tiene una gema púrpura incrustada en ella. Es fácil de diferenciar, así que no tendríais por qué perderos.

Tras darle las gracias al Pokémon, Marvin y Cynder se dirigieron a la escalera de caracol.

El ascenso fue bastante incómodo, sobre todo porque no estaban acostumbrados a subir tal cantidad de escaleras

—¿Cómo diablos hará Elina para hacer este trayecto todos los días? —preguntó Cynder, hablando por primera vez desde que habían dejado la habitación.

—No seas exagerado —respondió Marvin, cuando ya veía la indicación del piso 5. No sabía leer las runas huella, pero había ido contando los pisos para poder orientarse.

Una vez hubieron llegado arriba, se hallaron en un pasillo bastante largo con puertas a ambos lados. Marvin supuso que se trataba de las dependencias de los demás altos cargos de la Resistencia. Cuando estuvieron delante de la puerta con la joya púrpura, Cynder volvió a hablar.

—Oye, Marvin… —comenzó a decir, tímidamente—. Quiero que sepas que, salga lo que salga de esta visita, yo voy a seguir ayudándote. Me… me siento bien colaborando contigo, y no voy a dejar que cualquier vicisitud nos pare. Somos un equipo ¿vale?

Marvin sonrió, y le puso una pata en el hombro a su amigo.

—Claro que somos un equipo. Y te prometo que siempre seremos un equipo —dijo, con un tono paternal que lo sorprendió hasta a él—. Cualquier otro Pokémon me habría tomado por un loco, pero tú te has quedado conmigo. Eso significa mucho para mí.

Cynder le devolvió la sonrisa. Sin volver a hablar, el Cyndaquil se adelantó y llamó a la puerta, dando dos toques en ella.

Pasados unos segundos, la puerta se entreabrió para dejar ver la cara de un Murkrow. La puerta estaba asegurada con cadenas, por lo que apenas podían ver el interior de la habitación.

—¿Tienen cita previa? —preguntó el Murkrow, sin darles tiempo a decir nada.

Marvin abrió la boca para responder, pero antes de que su boca dejara salir un sonido, oyó la melodiosa pero severa voz de Elina desde el interior de la habitación.

—No pasa nada, Kroven. Déjalos pasar.

El Murkrow los miró, alzando una ceja, para luego cerrar la puerta. Los dos cadetes oyeron como el pequeño Pokémon pájaro abría los candados que mantenían la puerta cerrada. Al terminar los ruidos, abrió de nuevo, esta vez apartándose para dejarlos pasar.

El despacho de Elina era algo digno de ver. Las paredes -o más bien, las zonas de pared que no estaban ocultas tras una estantería- mostraban grabados y curiosos objetos colgando de ellas, a cada cual más pintoresco. El Murkrow, al que ahora podían ver de pies a cabeza, tenía el ala derecha cubierta de vendas. Cerró la puerta tras ellos y los acompañó hacia Elina.

La Espeon se hallaba en el fondo de la habitación, en su escritorio. Cuando se acercaron, cerró el libro que estaba leyendo con una ráfaga psíquica.

—Que agradable sorpresa —dijo, con su tono monótono de siempre—. Disculpadme, normalmente os habría abierto yo misma, pero estos días tengo a Kroven como mi asistente personal. Veréis, en el incendio de Villa Plata perdió a todo su equipo y se rompió un ala, así que se queda conmigo hasta que se encuentre mejor y pueda solicitar puesto en un nuevo equipo. Puedes dejarnos, Kroven.

Kroven asintió y se dirigió hacia una de las estanterías, dónde empezó a recolocar algunos libros.

—Y bien ¿qué os trae por aquí? —preguntó Elina, volviendo su atención hacia ellos.

Marvin y Cynder se miraron. La verdad era que ninguno de ellos sabía por dónde empezar.

—Cynder me ha estado contando lo que ocurrió con los humanos —explicó Marvin, dando un paso hacia la Espeon. Antes de continuar, miró de reojo a Kroven, dando a entender a la psíquica de que la conversación que iban a tener no podía ser escuchada.

Elina, entonces, miró a Kroven. No podían oírla, pero Marvin notó en su expresión que estaba mandándole un mensaje telepático. El Murkrow se levantó y, tras hacer una reverencia, abandonó el despacho.

—Si Cynder, como buen guía tuyo que es, te ha contado acerca de los humanos… —comenzó Elina, con un tono de misterio en su voz— sabrás que es físicamente imposible que tú seas descendiente directo de los humanos de Pellaria. Soy consciente de ello. De hecho, le he estado dando vueltas desde que te conocí por primera vez. Eres humano, eso es innegable, pero no puedo evitar sentir que se me escapa algo de información -algo que, si me permitís, no ocurre a menudo- y me molesta.

—Entonces ¿no hay duda alguna de que Marvin sea un humano? —preguntó Cynder, de repente.

—No —respondió Elina, tajante—. Está claro que lo es. Sus pensamientos fluyen de manera diferente, y su cerebro se aferra a la idea de una forma tan desesperada… puedo afirmar que es humano, sin duda. Sin embargo, debo investigar sobre cómo ha podido llegar hasta Pellaria. Ahora, Cynder, si no te importa, quisiera hablar con Marvin a solas un momento.

Cynder asintió con la cabeza, hizo una pequeña reverencia y abandonó la estancia. Cuando cerró la puerta, Elina miró fijamente a Marvin.

—Eres un caso excepcional, Marvin —comenzó la gata psíquica—. Un desafío para la mente, sin duda. Tienes algo que contarme ¿verdad?

Marvin suponía que Elina se había dado cuenta de ello, pues su cabeza no había hecho más que pensar en el sueño que había tenido por la mañana.

—Verás… —dijo Marvin— He tenido un sueño un tanto extraño en el que me hablaba un Pokémon de color azul, y con unos aros muy extraños alrededor de su cuerpo.

Elina no dijo nada. Uno de los muchos libros que poblaban las estanterías se separó del resto y se dirigió volando hacia ellos. El libro se abrió en una página que mostraba a un Pokémon de forma semejante al que Marvin había visto en su sueño.

—Era éste, ¿verdad? —interrogó Elina.

Marvin, tras mirar la imagen unos segundos, asintió lentamente.

—Este Pokémon —explicó la Espeon— se llama Cresselia. Es una raza excepcionalmente rara, y, según cuenta la mitología, tienen el poder de eliminar las pesadillas y curar mentes enfermas.

Marvin no pudo evitar sentir un pinchazo de esperanza.

—¿Eso quiere decir que una Cresselia podría curarme?

—Es poco probable, pero no imposible —contestó Elina—. Lo que no me cuadra es que apareciera en tus sueños. Nunca habías visto a una antes ¿verdad?

Marvin negó con la cabeza.

—Entonces no tiene sentido —Elina había roto su tono monótono habitual, y Marvin podía detectar un atisbo de molestia en la poderosa Pokémon psíquica—. Marvin, quiero que me informes de todas las apariciones de esa Pokémon en tus sueños. Puede estar relacionada con tu pasado.

Marvin asintió con la cabeza de nuevo, y se disponía a despedirse, cuando de pronto recordó la sensación que había tenido durante su aventura en la Cueva Caliza.

"Es probable que fuera la sorpresa de que la Aggron me obedeciera" Pensó Marvin. "La adrenalina habrá hecho que piense que ha sido cosa mía… pero, visto de otra forma, no pierdo nada por preguntar."

—Elina, sé que sabes mucho acerca de la mente de los Pokémon, así que… —dudó unos instantes, pensando las palabras correctas para describir la extraña sensación que había tenido— creo que tú podrías hablarme acerca de un sentimiento que he tenido hoy.

Elina lo invitó a continuar, mirándolo interesada.

—Puede que sea una tontería. Quiero decir, seguro que a muchos Pokémon les pasa —ahora que tenía la atención de la Espeon, tenía miedo de decir una estupidez—. El caso es que, en la Cueva Caliza, miré fijamente a una Aggron, intentando expresar sólo con mi mirada que se apartara, porque no queríamos hacerle daño. Lo extraño no fue que funcionara, sino que, además, me sentí poderoso. Sentí que realmente tenía el control sobre la Aggron, y que podría ordenarle que hiciera lo que yo quisiera.

Elina se quedó en silencio unos segundos. Marvin sintió que la Pokémon estaba leyéndole la mente, pero no le importó. Sabía que tenía una confidente en ella. Cuando Elina rompió la conexión, la luz de sus ojos se apagó, pero siguió mirando al Mudkip. Esta vez, Marvin sintió un profundo respeto en su mirada. Por primera vez, la Espeon lo miraba como a un igual.

—No es ninguna tontería, Marvin —su voz sonaba casi quebradiza a causa de la emoción—. Eso que estás describiendo es muy parecido a lo que me contaron de pequeña. Se trata de un poder antiguo y que, de hecho, yo misma creía extinto, pues sólo los humanos son dignos de poseerlo. Tienes el Don de Sazira.

Marvin no tenía ni idea de por qué, pero sintió que aquellas palabras caían sobre él como si de una piedra se tratase.

—El don de Sazira —continuó Elina, sin esperar una respuesta— es un poder ancestral que han poseído tan sólo unos pocos humanos a lo largo de la historia. Se dice que, en momentos de necesidad, el portador es capaz de tomar control de la mente de un Pokémon durante un breve periodo de tiempo. Esto lo cambia todo, Marvin. Durante años, hemos estado esperando a que los humanos volvieran a Pellaria, para que uno de ellos usara el Don y nos liberara de la Corporación de Inteligencia de una vez por todas.

Marvin abrió los ojos como platos. De repente, se sentía el centro del universo.

—¿Me estás diciendo que puedo destruir a la Corporación?

—Por tu cuenta no —explicó la Espeon—. Pero, llegado el momento, podrías llevar a sus agentes hacia trampas, hacer que se enfrenten entre ellos, e incluso hacer que te cuenten sus planes. Marvin, tengo que informar a Paldus y Astrid de esto, pero tranquilo, no voy a revelar tu condición de humano. No quiero que sientas demasiada responsabilidad puesta encima de ti, pero debes saber que, con el entrenamiento adecuado, tu poder podría volverse una ayuda incomparable para ganar esta absurda guerra.

"Pues si lo que querías era que no sintiera la responsabilidad, lo estás haciendo bastante mal" pensó Marvin, sintiendo que un sentimiento de importancia invadía su cuerpo.

—Haré como que no he oído eso —dijo la gata psíquica—. Ahora, si no te importa, tengo que informar de tu descubrimiento. Ah, y, antes de que me lo preguntes, se lo puedes contar a Cynder, pero a nadie más. Esto debe permanecer entre tú y los altos cargos de la Resistencia.

Marvin, tras hacer una reverencia con la cabeza, abandonó la estancia. Tenía que pensar en una forma adecuada de contarle a Cynder lo que había descubierto.



—Ya me han hablado de tu éxito en Villa Plata, Gront —dijo Zipher, sirviéndose una jarra de cerveza de raíces, mientras golpeaba a su mejor amigo en la espalda—. Felicidades.

Gront respondió con una media sonrisa y un gruñido. Él y su viejo compañero Zipher el Bisharp, que acababa de volver de su misión en el norte, eran los únicos dos Pokémon en la cantina de los comandantes en aquel momento. El establecimiento subterráneo era uno de los pocos lugares del Fuerte Flarah que no apestaba a óxido, al encontrarse a varios metros bajo tierra.

Zipher, como de costumbre, ignoró el gruñido de su compañero, pues era algo totalmente habitual en él. Por el contrario, Zipher parecía algo diferente, aunque Gront no supo determinar qué era lo raro en el comportamiento de su compañero, a pesar de llevar muchos años siendo su amigo y compañero.

—Tengo buenas noticias —habló el Bisharp al fin, después de dar un largo trago a su cerveza—. Ya no tenemos que quedarnos más tiempo en este agujero de Rattatas.

Gront alzó la vista de su propia jarra, desconcertado.

—¿A qué te refieres?

—Ha llegado una carta del Alto Mando. Nos han reasignado —dijo Zipher, dejando la carta abierta sobre la mesa, considerando el hecho de que su compañero no tenía manos —. Hemos recibido órdenes de operar en la Torre Negra a partir de mañana.

La Torre Negra. Gront no pudo evitar sentir una sensación de inquietud ante la mención del antiguo campo de concentración. Aquel lugar no solo había sido una prisión y un punto estratégico importante para la Corporación, también había sido usado como campo de concentración y experimentación con Pokémon vivos. No obstante, el lugar se había clausurado hacía dos años a causa de la muerte del miembro del Alto Mando que se encargaba de su supervisión.

—¿La Torre Negra? — Preguntó, mirando la carta — ¿Van a reabrir los laboratorios?

—Exacto — respondió Zipher, sin emoción alguna —. Meruclus ha vuelto del Norte, y no ha dejado en paz al Alto Mando hasta que le han dejado reabrir el viejo laboratorio. Y, como Vylos está harto de nosotros, ha accedido a reasignarnos a la Torre Negra. Estaremos bajo las órdenes de Meruclus y monitorizaremos sus experimentos.

—Ese psicópata… —gruñó Gront, tratando de evadir los recuerdos de la única conversación que había tenido en su vida con el desagradable Hypno—. Arceus sabe lo que estará tramando en esa retorcida y enferma mente suya.

—Será un enfermo y un retorcido, pero no es un cobarde —replicó Zipher—. Ningún general o miembro del Alto Mando ha querido entrar jamás en esa torre desde la muerte de Azoth.

Grunt era perfectamente consciente de aquello. Durante los meses que siguieron a la extraña desaparición de Azoth, se habían esparcido los rumores de que cualquiera que entrara en la torre se veía hostigado por horribles imágenes que eran capaces de volver loco a cualquiera. Por supuesto, Gront no creía nada de eso, pero era una buena forma de mantener alejados a los miembros de la Resistencia.

—Puede que sí… o puede que simplemente esté demasiado loco para sentir miedo.

Zipher no respondió. Con sus habituales movimientos mecanizados, vació la jarra en su boca, se levantó de la silla y se dirigió a la salida del establecimiento.

—Al menos no apestará a óxido — soltó simplemente el Bisharp, antes de abandonar la estancia.

Gront se dejó caer sobre la mesa. Pensaba quedarse a dormir allí. Todo le daba igual, ahora que sabía que al día siguiente no iba a tener que luchar contra la fetidez del lugar, así que decidió que no volvería a pasar una mala noche por culpa del mal olor.
¡Échale un vistazo a mi fanfic "Pokémon Mundo Misterioso: Sons of Freedom"!
#12
Buena y lógica manera de salvarse, sí señor. En cuanto a lo del asalto al fuerte del día siguiente, no creo que los padres de Cynder sobrevivan, porque si lo hacen él volverá con ellos y dejará solo a Marvin (llamadme sin corazón)

Ah y te volvió a pasar lo de el Rawkan con el "almacén del Ultron" ¡Estoy empezando a pensar que vas a ser el primer gitano escritor que conozco, jajaja!

—Aaaaaaaaaay, Cynder, chachu, venga, que nos vamus pal almacén del Ultroon!!!

Kroven ... Me voy a pegar un tiro en la cabeza de lo bien que haces los nombres, esque NO podía llamarse de otra manera que no fuera Kroven!!! Ah, ya me he desahogado, esque mientras tú sacas esos nombres de la nada yo le llamo Jarrú a mis personajes, casi parece nombre de florero más que de un pokémon, me gustaría saber como lo haces.

Por favor, dile a Zipher que tenga cuidado con los golpecitos en la espalda, porque, siendo un bisharp, un día de estos va a partir a alguien en dos sin querer XD

Por cierto, no deberías repetir tanto los nombres, además, como no lo has dicho, he tenido que revisar los capítulos anteriores para comprobar que Gront era un garchomp

Jajaja al leer Meruclus la primera vez creí que ponía Merluzus!!!

Revisa, porque una vez pusiste Grunt en vez de Gront :)

Agg Odio los Hypno, de verdad...

Bueno, en definitiva no hay nada nuevo que decir, tú sigues sorprendiéndome y yo sigo babeando mientras espero el próximo episodio, rio.
Un Canal que se llama
Lucario Game Play...

No querrías verlo?
#13
Lamento la demora del capítulo, pero mi disco duro no está dando lo mejor de sí últimamente. De cualquier forma, aquí tenéis el nuevo capítulo. Como siempre, recordad que siempre está bien dejar un comentario para saber qué os ha parecido. ¡Disfrutad de la lectura!




Capítulo 5: COMPAÑÍA INESPERADA


Una Sableye atravesaba el oscuro pasillo de las estancias superiores de la Atalaya. La oscuridad no suponía un problema para ella, pues sus ojos le permitían ver en la oscuridad de la noche. Al llegar a la puerta que se hallaba al final del pasillo, sacó una llave dorada de su pequeña bolsita y, tratando de no hacer ruido para no molestar a los Pokémon que dormían metros más abajo, abrió la puerta.

En el interior de la gran sala circular, un curioso grupo de Pokémon se había reunido, llenando casi todo el lugar. Las habitaciones de los miembros del Equipo Estratos, sin embargo, estaban cerradas al fondo de la cámara, pues los Pokémon que las llenaban habitualmente se reunían perfectamente despiertos alrededor de la mesa de operaciones del centro de la habitación.

Sin embargo, no sólo los miembros del Equipo Estratos estaban allí. La Sableye también pudo ver a miembros de otros equipos, como Sylar el Manectric, líder del Equipo Valor -uno de los más antiguos de la Resistencia-, Gamira la Dragonite, del Equipo Ventisca, y los dos hermanos Talonflame, Bulsy y Tatrum, del Equipo Estelar.

—¡No hemos tenido un asalto cómo este en, por lo menos, dos años! —gritó triunfal un horondo Feraligatr.

—Relájate, Gatram, pues esto no es algo que deba tomarse como una diversión —Respondió con severidad Lugnos, el segundo al mando del Equipo Estratos, y la voz de la razón en muchas ocasoines—. Así que más os vale manteneros despiertos y atentos durante toda la reunión.

Se oyeron varias risas mientras varios Pokémon se giraban para mirar al Marowak que bebía zumo de baya caoca, una baya rica en cafeína, apoyado en la mesa. Él, al darse cuenta de que lo miraban, alzó su taza en el aire.

—¡No es culpa mía que nadie más quisiera encargarse de los novatos! —gruñó Rawkan— ¡Y ya me diréis como voy a llevar a cabo nada si no me dejáis pegar ojo! ¿A quién puñetas se le ocurre organizar una reunión a las tres de la noche, por todos los Vivillon?

—¡Oh, disculpe que la reunión no ocurra a la hora que usted desea, señor niñera! —Respondió Gamira con condescendencia— ¡Algunos tenemos cosas que hacer!

Rawkan saltó encima de la mesa, desenvainando uno de sus cuchillos de hueso de su envoltura y apuntando a la Dragonite con él.

—¡Vuelve a llamarme señor niñera, tripa floja, y te meteré este hueso por el…!

Las voces se apagaron de repente. Tanto el Marowak como la Dragonite miraron hacia la puerta para encontrarse con un corpulento Swampert que les devolvía la mirada con su único ojo bueno. Y no con una mirada relajada, precisamente.

Rawkan recuperó la compostura en meros segundos, envainando su cuchillo y volviendo a su sitio. Cuando hubo acabado de acomodarse, Paldus cerró la puerta para luego acercarse a su equipo y colocar las manos sobre la mesa. Soltó un profundo suspiro antes de comenzar a hablar.

—Se os oye desde el otro extremo del pasillo —afirmó, con su profunda y autoritaria voz—. Creo que se os ha olvidado que esto es una misión secreta, y que nadie, absolutamente nadie, debe saber nada sobre ella. ¿Tengo que recordároslo?

Casi al unísono, todos los Pokémon de la habitación negaron con la cabeza. Paldus se frotó las manos.

—Bien. Astrid ya está en el puesto de avanzadilla del sur, según nos han dicho los mensajeros. Por lo tanto, todo estará dispuesto y organizado para mañana por la noche.

El Swampert miró fijamente a Rawkan, que seguía bebiendo su zumo de baya.

—Rawkan, tú tienes que dormir. Te autorizo a tomarte la mañana libre y empacar los suministros del equipo al mediodía. Ten en cuenta que el viaje nos llevará más o menos una hora, y, como no podemos ser detectados, tendrás que…

—¡Para el carro, grandullón! —soltó Rawkan, alzando un brazo—. ¿Qué les digo a mis pupilos? Se supone que mañana íbamos a ir a cumplir una misión en las Jardines Meloc.

—Ya me he encargado de eso —contestó Paldus con una media sonrisa—. Los acompañará otro equipo de novatos un poco más experimentados. Estarán bien, no te preocupes.

Rawkan tenía que admitir que Paldus tenía razón. No estaba en calidad de cumplir ninguna misión si no dormía antes. Con un asentimiento, apartó lo que quedaba de su zumo de baya a un lado, esperando poder dormir aun habiendo consumido más de la mitad.

—Bien, caballeros —dijo Paldus, con una sonrisa de oreja a oreja—. Es el momento de ultimar los preparativos.

Marvin desearía no haberle contado a Cynder nada sobre su Don. Tan sólo llevaban media hora despiertos, y el Cyndaquil ya estaba asaltándolo con continuas preguntas en voz baja -aunque bastante ininteligibles a causa de las bayas que continuamente se llevaba a la boca-, para evitar que los otros Pokémon del comedor los escucharan.

La misión del día era relativamente fácil: su objetivo era rescatar a un Poliwag en los Jardines Meloc, una pequeña parcela de terreno a apenas veinte minutos de caminata de allí, y luego llevarlo a su casa en el pequeño Pueblo Basalto. El único problema era que Rawkan no había aparecido todavía, y Marvin no dejaba de buscarlo con la mirada por el comedor. En su concentración, sin embargo, no se dio cuenta de que una Buizel y un Weedle se habían acercado a la mesa en la que ellos estaban.

—Disculpe —intervino el Weedle, con un cómico pero elegante acento.

Marvin y Cynder giraron sus cabezas hacia él, dándose cuenta de repente de que los dos Pokémon estaban allí.

—Somos miembros del Equipo Rastros, un equipo de entrenamiento, y nos han pedido avisemos al Equipo Tormenta de que su instructor no podrá acompañarlos hoy, y que los acompañemos en su misión del día. Lo único que nos han dicho era que el equipo estaba formado por un Cyndaquil y un Mudkip ¿son ustedes?

La pregunta del pequeño Pokémon insecto los pilló desprevenidos. Cynder miró a Marvin, que a su vez contestó igualando el tono educado del Weedle.

—Sí, somos nosotros. Muchas gracias por darnos esta información. Yo soy Marvin, el líder del equipo, y mi compañero es Cynder.

Cynder agitó una pata en señal de saludo.

—Yo soy Flass, y ella es Winona —dijo el Weedle a su vez, señalando con su puntiaguda cola a la Buizel—. Estamos a su disposición.

Marvin frunció el ceño.

—No hace falta que me trates de usted, Flass —dijo, sonriéndole al pequeño gusano—. Creo que será mejor tutearnos para mejorar el ambiente durante nuestra exploración.

Flass asintió con la cabeza. Winona se acercó a Marvin.

—Tenemos que ir a buscar nuestros objetos—explicó, con un tono bastante animoso—. Tranquilos, ya sabemos a qué clase de lugar vamos, y también cómo llegar, así que nos veremos en la puerta encubierta número 6 cuando acabéis de comer.

—Me parece bien —replicó Cynder, con la boca llena de bayas.

Cinco minutos más tarde, cuando acabaron de comer, Marvin y Cynder, el primero cargando con la bolsa de cuero que Rawkan les había proporcionado el día anterior cargada de objetos, bajaron hacia la salida número 6. Flass y Winona ya estaban en la puerta, esta última con su bolsa de viaje al hombro. Ambos se habían puesto unos pañuelos amarillos alrededor del cuello.

—¿Y esos pañuelos? —preguntó divertido Cynder una vez se hubieron acercado.

Los dos miembros del Equipo Rastros los miraron con incertidumbre.

—Son los pañuelos estándar que llevan los miembros de los equipos de entrenamiento —explicó Flass—. ¿A vosotros no os dieron unos también cuando llegasteis?

Marvin y Cynder se miraron. No podían explicarle a Flass que Elina les había dejado crear un equipo sin entrenamiento previo, por muy irresponsable que ello pareciera. Por lo tanto, Marvin decidió disimular.

—¡Oh, es cierto! —dijo Marvin, golpeándose la cabeza con la pata delantera izquierda— Paldus nos dijo que no quedaban de esas cuando nos apuntamos, así que pasamos nuestro entrenamiento sin ellas.

Aunque Flass les devolvió una mirada extrañada, Marvin supuso que los había creído. "De todas formas, y ahora que me doy cuenta de que existen estos equipos de entrenamiento, creo que Elina debería habernos metido en uno antes de darnos vía libre" pensó el Mudkip.

Utilizaron un sistema semejante al que Rawkan había empleado para abrir la puerta de la salida número 7. En esta ocasión, la puerta daba al oeste, justamente la dirección hacia la que debían ir para llegar a los Jardines Meloc. Al salir, pudieron ver que el sol estaba saliendo, y que apenas había nubes para cubrirlo. Tras revisar el mapa para asegurarse de que tomaban la ruta correcta, el equipo se puso en camino.

Flass y Marvin iban encabezando la marcha, y Winona acompañaba a Cynder detrás de ellos.

—No debería llevarnos más de veinte minutos llegar hasta los jardines—explicó Flass—. ¿Sabéis a qué clase de Pokémon nos enfrentaremos allí? No puedo recordarlos a todos.

Cynder se llevó una mano a la barbilla.

—Rawkan nos dijo que serán comunes los Pokémon de tipo bicho, veneno y planta. Creo recordar que mencionó a Paras, Cherubi, Caterpie, Oddish y alguna de sus formas evolucionadas.

—Recuerdo que, cuando fui por primera vez, hará más o menos dos semanas, también vi un Ekans —intervino Winona—. Son raros de ver, pero deberíamos tener cuidado con sus picaduras.

Marvin miró a Cynder, que cargaba con la bolsa de viaje.

—Hemos cogido varias bayas meloc ¿verdad? —le preguntó.

Su compañero asintió.

—Sí, Rawkan nos dijo que serían muy necesarias. De todas formas, también habrá muchas desperdigadas por el territorio misterioso. Por algo se llaman Jardines Meloc, digo yo…

—Nunca está mal ir prevenidos, de todas formas —soltó Winona con una risita.

El camino se hizo relativamente corto a causa del buen ambiente que fluía entre los cuatro Pokémon. Atravesaron una ruta poco transitada y se cruzaron con algún que otro miembro de la Resistencia que partía también hacia su misión. En cierto momento, se desviaron de la ruta para avanzar a través de un campo, indicación de que ya estaban cerca de su objetivo.

"De acuerdo. Esta va a ser mi primera misión a solas, y tan sólo es la segunda" trataba de mentalizarse Marvin. "Intentaré no pensar acerca del Don de Sazira. No me conviene distraerme, ahora que tres Pokémon confían en mi liderazgo".

Perdido en sus cavilaciones, no había notado que Winona se le había acercado.

—Así que eres un Mudkip… —dijo, con tono pícaro, la Buizel—. El instructor de nuestro equipo nos habla maravillas de los de tu especie. Aunque, sinceramente, yo creo que todo es hacerle la pelota a Paldus para que lo ascienda.

Marvin no pudo evitar una sonrisa.

—Bueno, si te soy sincero, ser un Mudkip me parece bastante normal —respondió, tratando de sonar lo más natural posible—. Quiero decir, no me siento un Pokémon especial.

"Soy un maldito mentiroso" pensó hacia sus adentros, mientras la Buizel le dedicaba una mirada de simpatía.

—Oye, ¡no te subestimes! —contestó, dándole una palmada en la espalda—. Después de todo, los Mudkip sois de los pocos Pokémon que podéis usar vuestro Torrente Interior…

"¿Torrente interior? Más palabras raras no, por favor…"


Sin embargo, antes de que pudiera decir nada, se dio cuenta de que habían llegado a la puerta de un terreno lleno de maleza, mucho más alta que la hierba que estaban pisando, tras la cual había unos enormes árboles.

—Hemos llegado —indicó Flass—. Esto son los Jardines Meloc.

Marvin inclinó la cabeza para ver mejor el terreno. Desde luego, aquello no parecía un jardín. Aunque los árboles tenían alguna que otra baya meloc, no parecía que nadie hubiera estado cultivando allí por mucho tiempo. Las malas hierbas se extendían por las cortezas de los árboles, y la entrada del territorio apenas era accesible a causa de las enormes plantas que crecían en el borde.

—Intimida bastante ahora que estamos justo en las puertas —comentó Winona, frunciendo el ceño.

Marvin se giró para mirar a su equipo.

—¡No os dejéis intimidar, chicos! —los animó—. No podemos dar la vuelta ahora.

—¿Quién ha dicho nada de dar la vuelta? —gruñó Winona, haciéndose la ofendida.

Una vez estuvieron listos, los cuatro se metieron de cabeza en el pequeño bosque. El interior era bastante oscuro a causa de las pobladas ramas de los árboles, que bloqueaban el sol. El camino estaba claro, ya que a ambos lados la maleza bloqueaba el paso, impidiendo salir de él.

—Este territorio está organizado por sectores, en lugar de otros que están organizados por pisos —explicó Winona—. Por lo tanto, aquí no hay escaleras, sino arcos.

—¿Arcos? —preguntó Cynder, confundido.

—Los arcos —dijo de nuevo la Buizel— son el sustituto de las escaleras en los territorios que no tienen niveles superiores o inferiores. Cuando encontremos un arco, la anomalía nos dejará pasar al siguiente sector del territorio, pero no podremos volver atrás, pues el arco desaparecerá después de cruzarlo. Ay, los territorios misteriosos son tan… misteriosos…

Nadie hizo ningún comentario sobre la redundante apreciación de Winona. En su lugar, siguieron avanzando.

—¿Y en qué piso dices que se ha perdido el Poliwag? —preguntó Cynder a Marvin.

—En la nota no lo ponía —respondió su amigo—. Creo que ni siquiera saben dónde se ha perdido, así que tendremos que buscarlo por todo el territorio. Sin embargo, en la nota también ponía que si no encontramos al Poliwag y en su lugar llevamos un informe de los enemigos del territorio a sus padres, nos darán una pequeña recompensa.

—Pues este territorio tiene ocho sectores —dijo Winona, lastimera—. Nuestra búsqueda va a ser algo monótona.

El paso por el primer sector fue lento y aburrido. No encontraron ningún Pokémon, pero la sensación de que estaban siendo observados aumentaba prácticamente con cada paso que daban. El territorio tenía un patrón básico: estaba formado por caminos rectos, con alguna que otra curva, y claros de tamaños variables. Cada uno perdido en sus cavilaciones y sin mediar palabra, el equipo se adentró en el segundo sector con mucho menos entusiasmo del que tenían cuando accedieron al primero.

Apenas atravesaron el primer arco, Marvin detuvo al grupo. Ante ellos, en el medio del camino, un Nidorino dormía plácidamente. El equipo se detuvo a unos metros de él para observarlo sin que notara su presencia.

—Los Nidorino no deben tener predadores naturales en este territorio —comentó Flass—, por eso duerme tan tranquilo en medio del camino. Pero no dudéis en que nos atacará cuando se despierte. Wafren siempre nos dice que los Pokémon salvajes se vuelven agresivos al pasar demasiado tiempo dentro de un territorio misterioso, y atacarán aunque sean pacíficos por naturaleza.

Marvin miró a la criatura púrpura. Su piel rugosa podía relacionarlo con el tipo roca, pero el color púrpura era una obvia advertencia de que sus cuernos poseían un letal veneno.

—No podemos rodearlo. ¿Alguien sabe si pertenece al tipo tierra? —preguntó Winona— Sé que Nidoking, su evolución, sí, pero no estoy seguro de si lo adquiere en este estado o todavía es sólo veneno.

Los demás integrantes del grupo negaron con la cabeza. Marvin, sin embargo, estaba pensando en otra cosa.

"¿Podré usar mi Don sobre este Pokémon?" se preguntó, mirando al durmiente pokémon venenoso. "Tal vez no sea buena idea arriesgarme, pero nunca aprenderé a usarlo si no lo pruebo".

Entonces, se giró para mirar a su equipo. Tenía un plan.

—Chicos ¿tenemos alguna forma de inmovilizarlo?

—Yo puedo lanzar un disparo demora —dijo Flass—. No puedo frenarlo totalmente, pero sí volverlo más lento. ¿Qué planeas hacer?

Marvin no contestó. En su lugar, concentró una pequeña cantidad de agua en su boca y la escupió con fuerza contra el Nidorino. El Pokémon salvaje se despertó en un instante, y aprovechando el tiempo que estaba tardando en reaccionar, Marvin dio la orden y Flass lanzó un fino pero fuerte hilo desde la punta de su cola, envolviendo al Nidornio.

Marvin, sin perder un segundo, se acercó al Pokémon salvaje y lo miró fijamente a los ojos. El Nidorino le devolvió una mirada de furia desenfrenada. Concentrándose, Marvin comenzó a darle órdenes con la mente.

"No queremos problemas" se esforzó por expresar. "Solo queremos que te vayas del camino y nos dejes pasar".

Desde la distancia, el resto del equipo miraba a Marvin con incertidumbre. Cynder se hacía una idea de lo que su compañero estaba haciendo, pero no estaba seguro de si era el mejor momento.

El Nidorino, sin embargo, reaccionó. Ignorando por completo los ruegos de Marvin, le asestó una potente cornada. Marvin logró evitarla, pero no pudo impedir que el venenoso Pokémon salvaje rompiera los hilos que lo amarraban. Fue entonces cuando Winona se lanzó al ataque, empujando a Marvin hacia un lado y golpeando de lleno al Nidorino con su cola, que había cargado previamente con energía elemental de agua.

—¿¡Se puede saber qué estabas haciendo!? —preguntó la Buizel, exasperada. No obstante, Marvin no tuvo tiempo de contestar, ya que el Nidorino se lanzó de nuevo contra ellos con la intención de atacar.

Marvin, aún confuso por la reacción del Pokémon salvaje, se levantó y lanzó un chorro de agua a presión sobre la cabeza de su enemigo, ralentizando su ataque. Winona reaccionó rápido, soltando su propio disparo de agua contra el costado del Nidorino, desequilibrándolo y haciéndolo caer hacia un lado del camino.

Una vez en el suelo, el Pokémon soltó un gruñido de furia. Cynder tomó entonces la iniciativa. Al principio Marvin no sabía lo que estaba haciendo, ya que su compañero estaba poniendo unas caras muy extrañas, pero finalmente lo vio soltar una espesa nube de humo desde la punta de su nariz, bloqueando la visión del enemigo.

—¡Creo que es un buen momento para echar a correr! —gritó Flass.

Los cuatro Pokémon corrieron por el camino, dejando al confuso Nidorino atrapado tras una espesa pantalla de humo. El equipo giró varias esquinas, y, cuando se hubieron asegurado de que el salvaje no los seguía, se detuvieron.

—Marvin ¿se puedes saber qué estabas haciendo? —preguntó Winona, furiosa— ¡Ese bicho casi te arranca la cabeza de una cornada!

El Mudkip tragó saliva. Sabía que no era sensato andar hablándole a todo el mundo acerca del poder que tenía, así que decidió quitarle hierro al asunto.

—Lo siento, tan sólo intentaba calmarlo… —se defendió.

—Pues no te ha funcionado muy bien que digamos —reprochó la Buizel, con tono sarcástico.

Flass decidió intervenir.

—No pasa nada, Win —dijo con su tranquilizante tono de voz—. Todos cometemos errores de vez en cuando, y es comprensible que Marvin intentara calmarlo. Ese Pokémon podría habernos hecho pedazos si lo hubiéramos despertado sin más.

Winona bufó, girando la cabeza. Entonces, para su sorpresa, pudo ver algo brillante en un borde del camino. El color ámbar del objeto resaltaba entre la verde espesura, así que era fácil de diferenciar. De un salto, la Buizel se acercó al objeto y lo recogió. Era una esfera del tamaño de un puño, de un material semejante al cristal.

—¿Qué es eso? —preguntó Flass, curioso.

—Es una esfera mágica, creo —dijo Cynder, acercándose para tocar el objeto—. Solo que no tengo ni idea de lo que hace. Marvin ¿tenemos alguna de estas?

Marvin negó con la cabeza.

—Tenemos alguna azul, una roja y dos grises, pero ninguna naranja —respondió—. Rawkan no nos ha contado lo que hacen las naranjas.

Los cuatro se quedaron mirando la esfera.

—Creo… creo que es una radarosfera —comentó Winona, arqueando una ceja y mirando la esfera desde distintos ángulos.

—¿Una radarosfera? —inquirió Marvin— ¿Y qué hacen las radarosferas exactamente?

—Permiten detectar Pokémon a través de murallas y otros obstáculos —contestó la Buizel—. Creo que nos podía ser útil.

—Eso si es realmente una radarosfera —puntuó Marvin—. No nos conviene usarla en un momento de necesidad, porque no sabemos lo que hace al cien por cien y podría dejarnos tirados.

—Bien visto, Marvin —dijo Cynder, sonriente—. Si realmente es una radarosfera, la usaremos más adelante, cuando sea más probable encontrarnos al Poliwag perdido.

Ningún miembro del equipo puso objeciones, así que Winona guardó la esfera en su propia bolsa. El equipo continuó caminando a través del espeso bosque, con Marvin y Cynder a la cabeza, y, no sin antes enfrentarse a algún que otro Pokémon débil, lograron encontrar el paso al tercer sector.

Cuando hubieron pasado al tercer sector, Marvin comenzó a notar algo extraño en Winona. Aunque estaba a sus espaldas, se giraba de vez en cuando para verla, y lo que veía no le gustaba. La Buizel parecía estar algo enferma, a juzgar por su aspecto. Flass, sin embargo, no parecía darse cuenta de ello, pues continuaba conversando con ella como si nada sucediera. Marvin decidió entonces hablar con ella.

—Winona ¿te encuentras bien? —le preguntó, deteniendo el avance del grupo— No tienes buen aspecto.

Ella lo miró con su enfermiza expresión.

—Sí, es que estoy… cansada y no… no sé si debería… tumbar… tumbarme un rato —contestó, con la voz temblorosa.

Antes de que ninguno de ellos pudiera decir nada, la Buizel se desplomó en el suelo. Flass se dio cuenta de lo que había ocurrido.

—¡Cuando golpeó al Nidorino, su piel venenosa debió haberla afectado! —exclamó, acercándose para asistir a su amiga— El veneno de algunos Pokémon tarda en hacer efecto, pero cuando lo hace ¡puede ser letal!

Marvin dejó la bolsa en el suelo y la abrió, dispuesto a buscar un objeto que curara el envenenamiento. Cynder se dio cuenta y se dispuso a ayudarlo.

—Me aseguré de coger bayas meloc ayer por la noche, —dijo el Cyndaquil— así que no debería ser un problema.

Cuando encontró las rosadas bayas, Cynder corrió hacia Winona y le ofreció la fruta. La Buizel, semi-inconsciente, tardó en reaccionar, pero al final mordió la baya.

—Tardará un poco en hacer efecto, así que será mejor que busquemos un lugar más tranquilo para descansar —dijo Flass, vigilando que ningún Pokémon salvaje los cogiera desprevenidos.

Marvin entonces se dio cuenta de que estaban llegando a un claro, así que instó al equipo a seguir para instalarse allí, lo que los haría menos vulnerable al ataque de un Pokémon salvaje. Entre él y Cynder levantaron a Winona para llevarla a cuestas, repartiendo el peso entre ambos.

Cuando se fueron acercando al claro, Marvin pudo ver que había otra esfera mágica tirada en el suelo. Y, cerca de ella, había un pañuelo de color amarillo paja. Lo que era más: el suelo del claro estaba poblado de objetos varios.

"Qué extraño" comentó para sus adentros. "Rawkan nos había dicho que los territorios misteriosos solían tener objetos tirados, pero nunca mencionó que hubiera tantos juntos. Supongo que tendremos tiempo para revisarlos mientras Winona se recupera".

Al llegar al claro, depositaron a Winona en una de las esquinas. Flass se ofreció para hacer un reconocimiento por el lugar y tratar de localizar el siguiente arco mientras Cynder y Marvin se hacían con los objetos que se hayaban desperdigados por el suelo del territorio.

Una vez Flass se hubo ido, los dos Pokémon se acercaron a los objetos, vigilando que ningún Pokémon salvaje apareciera de la nada y los atacase. Sin embargo, cuando Cynder recogió el primer objeto -una esfera mágica de color azul marino- comenzaron a escuchar un extraño zumbido.

—¿Qué es eso? —preguntó Cynder, asustado.

La respuesta del Cyndaquil fue contestada rápido, pues un Oddish emergió del suelo. Detrás de él, dos Gloom también hicieron su aparición de entre la tierra. Marvin y Cynder corrieron hacia el cuerpo de Winona para protegerla. Con horror, Marvin vio como la sala comenzaba a llenarse de Pokémon salvajes que llegaban de todos lados. Paras, Venonat, Oddish, Gloom y algún Parasect llenaron rápido la sala, mirándolos fijamente y preparándose para atacar.

Sin pensarlo dos veces, Cynder lanzó unas pequeñas llamaradas desde su nariz, ahuyentando a los Pokémon que se acercaban. Sin embargo, esto no era suficiente, ya que al poco tiempo volvían a estar peligrosamente cerca.

—Cynder, creo que vas a tener que atacarlos en serio —dijo Marvin, cargando su propia energía elemental —. ¡Tenemos que evitar que le hagan daño a Winona!

Marvin ni siquiera intentó invocar su Don en aquel momento, a sabiendas de que podía no funcionar. Comenzó a disparar pequeños proyectiles de agua contra los Pokémon, pero esto parecía no molestarlos demasiado, ya que los resistían con facilidad. Un Parasect se adelantó de un salto, golpeando a Marvin e hiriéndolo en el hombro derecho con su pinza. Ese fue el momento de Cynder para lanzar una potente espiral de fuego sobre sus enemigos, haciendo que el Parasect retrocediera y causando que muchos otros salieran dañados.

—¡Mis ataques de agua no les hacen nada, Cynder! —gritó Marvin, alterado y sintiendo que la sangre se escapaba de la herida.

—¡Lo sé! —dijo su amigo, sin dejar de arrojar fuego contra sus enemigos.

Varios Oddish se acercaron con intención de asaltar a Cynder, pero Marvin lanzó un potente y único proyectil de agua a presión contra ellos, tirándolos al suelo. Cynder quemaba un enemigo tras otro, pero después de unos instantes recuperaban fuerzas y volvían a la carga.

—¡No sé si podré lanzar fuego por mucho más tiempo! —gritó Cynder, preocupado.

Entonces, Marvin tuvo una idea. Era una idea basada

—¡Hazme un favor y cúbreme! ¡Voy a buscar algo en la bolsa! —le dijo a su compañero, dejando la bolsa en el suelo y abriéndola. Todavía le era algo difícil hacerse a la idea de que tenía que estar a cuatro patas la mayoría del tiempo.

Mientras su amigo lanzaba humo para nublar la visión de sus enemigos, Marvin logró rebuscar en la bolsa con su dolorido brazo derecho y hacerse con una de las esferas mágicas de color gris, que Rawkan les había nombrado como petreosferas.

"Espero que esto funcione" pensó el Pokémon de agua antes de lanzar la esfera contra el suelo. En un instante, la esfera se rompió en pedazos, y una misteriosa energía grisácea se elevó del punto del suelo en el que había caído, y se ramificó para golpear a cada uno de los Pokémon salvajes de la sala.

En un instante, todos sus enemigos se hallaban congelados en el sitio, incapaces de mover un músculo. A los pocos momentos, Flass regresó de la exploración, algo impactado al darse cuenta del curioso espectáculo que sus ojos presenciaban.

—Una petreosfera —comentó, con un tono de voz extrañamente calmado—. Muy hábil, pero creo que ahora deberíamos irnos de aquí antes de que el efecto se pase. El arco no está muy lejos de aquí.

Habiendo vendado el hombro herido de Marvin y dejando a los petrificados Pokémon salvajes -y también los objetos- atrás, el equipo recogió a Winona y siguió su camino, atravesando el tercer arco. Afortunadamente, la Buizel se iba recuperando y pudo comenzar a andar de nuevo.

Una vez hubieron recorrido el cuarto sector y alcanzado el quinto, comiendo algo por el camino, pues los territorios misteriosos eran conocidos por causar una extraña sensación de hambre debido a su ambiente viciado, creían que el bosque no tenía nada más que ofrecerles. El quinto sector estaba bastante vacío de Pokémon, con el ocasional Paras u Oddish salvaje que no suponía más que una molestia momentánea.

Cuando pensaban que el trayecto iba a continuar así durante los tres sectores que quedaban, Cynder se detuvo en seco.

—¿Pasa algo, Cynder? —inquirió Marvin.

—Sí, tan solo es que… creo que he oído algo.

Los miembros del equipo se detuvieron para escuchar. En efecto, en el lugar resonaba un extraño sonido, semejante al de una pelota botando contra el suelo. En unos instantes, el ruido se comenzó a acercar, y, antes de que ninguno pudiera comentar nada, un pequeño Pokémon azul apareció rebotando ante sus ojos.

—¡Por fiiiiiiiiin! —gritó el Pokémon, corriendo hacia Marvin y compañía.

El equipo dio un suspiro de alivio colectivo.

—Es el Poliwag que estábamos buscando —sonrió Marvin, mientras el pequeño Pokémon renacuajo saltaba hacia él con lágrimas en los ojos.

—E-estaba muy asustado… —dijo el pequeño, sollozando—. N-no me atrevía a moverme de mi e-escondite para que no me encontraran esos Pokémon malos…

—Pobrecito —se compadeció Cynder, abrazando al Poliwag—. No pasa nada, ahora te vamos a llevar a casa.

El Poliwag sonrió, aún lleno de lágrimas. Marvin no pudo evitar contener su propia sonrisa. Era la primera vez que rescataban a un Pokémon, y la cálida sensación que lo invadió lo hizo sentirse el Pokémon más afortunado del mundo.

Winona, con un suspiro de alivio, sacó una esfera naranja de su bolsa.

—Voy a usar una fugasfera para poder irnos de aquí sin más contratiempos —explicó—. Daos la mano, chicos, porque si no os vais a quedar tirados aquí.

El camino hacia Pueblo Basalto fue placentero y tranquilo. Después de dejar al Poliwag con su familia y presenciar una alentadora escena de reencuentro con sus padres, el equipo recibió una recompensa de 560 pokés, dos semillas sueño y una pequeña bolsa de suplementos energéticos conocidos comúnmente como gomis. Aunque Winona y Flass aceptaron recibir la mitad del dinero, dejaron a los miembros del Equipo Tormenta quedarse con los objetos, ya que, como equipo de entrenamiento que eran, no podían recibir la recompensa del equipo al que acompañaban.

Durante el camino de vuelta, el sol del mediodía brilló sobre sus cabezas. Cynder y Marvin les contaron a sus compañeros acerca de la manada de Pokémon que los había atacado, y de cómo Marvin había tenido la iniciativa de usar la petreosfera.

Los otros no se dieron cuenta, pero Marvin podía sentir que Cynder se ponía más nervioso cuanto más se acercaban a la Atalaya. Y sabía muy bien por qué. Le dio un codazo a su amigo.

—No te preocupes —le dijo, sonriendo—. Todo va a salir bien.

Cynder le respondió con una sonrisita nerviosa. En el fondo, ninguno de los dos estaba seguro de que el rescate del Fuerte Flarah fuera a salir perfecto.

—Ojalá, Marvin —dijo su amigo, la nostalgia invadiendo su voz—. Ojalá.

Sin embargo, Winona interrumpió su conversación al acercarse a ellos.

—¡Si hubiera estado despierta, no habríais necesitado usar una petreosfera! —fardó la Buizel— Aunque no lo creáis, sé usar ataques de hielo ¡El mismo Wilder me enseñó a usarlos!

Tanto Cynder como Marvin se quedaron mirándola unos instantes, sumidos de nuevo en la ignorancia. Cynder decidió hacer la pregunta.

—Perdona si sueno estúpido, pero ¿quién es Wilder?

Winona arqueó una ceja, mirándolos como si fueran de otro planeta.

—¡Wilder es el mejor instructor de movimientos de la Resistencia! —exclamó, alzando los brazos— ¡Me parece indignante que no hayáis oído hablar de él! ¡Deberíais ir a verlo!

Winona se dispuso a volver atrás para hablar con Flass, pero Marvin se quedó con una duda, así que se acercó a Winona para preguntársela.

—Winona, cuando estabamos entrando en el territorio me hablaste de algo llamado torrente interior... ¿se puede saber a qué te refieres?

—Eres un Mudkip muy raro —rió la Buizel—. Tienes tantas dudas sobre todo... pero en fin, tendré que hablarte de él, porque tarde o temprano acabarás descubriéndolo. Verás, existen ciertas razas de Pokémon de Agua que tienen una afinidad elemental superior a la de los demás, y los Mudkip sois una de ellas. El torrente interior es el poder que demostráis cuando vuestra vida corre peligro, y os permite un control total y puro de la energía elemental del Agua. Yo nunca he visto a ningún Pokémon usarla antes, pero mi instructor dice que ha visto a Paldus hacerlo, y que le causó auténtico miedo... y él es un Tyranitar, así que imagínate.

Marvin se quedó sin habla. "Así que tengo ese poder" pensó. "Es interesante. Tal vez pueda ponerlo en práctica un día de estos". Cuando se giró para mirar a Cynder, vio que se había enredado en una conversación con Flass, y que parecía algo más relajado. Por lo tanto, decidió no interrumpirlo y continuar hablando con Winona en su lugar.

La Atalaya estaba muy silenciosa cuando llegaron. Al ser un equipo novato, las misiones que les asignaban requerían un tiempo relativamente corto para completarse, de aproximadamente unas cinco horas. Por lo tanto, cuando llegaron acababa de pasar la hora de comer, y muchos Pokémon encargados de las misiones de la tarde habían partido ya, mientras que los que habían salido en sus misiones de mañana todavía no habían llegado o estaban descansando en sus dependencias. Ningún Pokémon se cruzó en su camino a la hora de llevar los objetos de vuelta al almacén de Ultron o declarar la misión como completada en el departamento de misiones. Winona y Flass se despidieron, pues tenían sus propios trámites que hacer, y los dejaron solos para relajarse. Cuando volvieron a bajar a las oficinas centrales, se encontraron con una curiosa estampa: Un Marowak tiraba de dos bolsas de cuero de casi dos veces su tamaño.

—¡Hola, jóvenes! —saludó Rawkan, con su tono cómico de siempre— ¡Llegáis en el momento justo! ¡Echadme una mano con esto, haced el favor!

Marvin y Cynder no pudieron evitar soltar una risita ante la petición del Marowak, pero se dispusieron a ayudarle. Cargaron las bolsas hasta el exterior, donde las depositaron en un carro convenientemente oculto bajo una lona.

—¡Gracias a Arceus que habéis aparecido! —suspiró Rawkan al librarse de su pesada carga. Entonces, bajó la voz—. Estoy seguro de que andáis un poco nerviosos acerca de lo de esta noche ¿verdad? —sin esperar una respuesta, añadió— Pues haremos una cosa: cuando acabe de hacer inventario, os llevaré a ver a Wilder, el tutor de movimientos. Esperadme en el dormitorio de vuestro equipo, esto no debería llevarme más de quince minutos.

Los dos Pokémon asintieron enérgicamente. Tras despedirse del Marowak, subieron hacia la oficina central. No obstante, cuando Marvin se disponía a entrar en la habitación del equipo, se dio cuenta de que Cynder se había quedado quieto. Se giró para ver a su amigo con lágrimas en los ojos, mirándolo fijamente.

—M-marvin... —dijo, entre sollozos— Eres el m-mejor Pokémon que he conocido nunca.

El afligido Cynder se lanzó hacia su amigo, dándole un cálido abrazo.

—N-no sé que habría hecho si tu no estuvieras a mi lado todo este tiempo y... —su voz se cortó unos instantes— r-realmente aprecio que estés conmigo en esta situación.

Marvin se sorprendió ante la repentina muestra de afecto por parte de su compañero. Sin embargo, le devolvió el abrazo, reprimiendo sus propias lágrimas. No podía mostrarse inseguro ante su amigo en aquel preciso momento.

Los dos Pokémon permanecieron abrazados durante unos minutos, que parecieron hacerse eternos.
¡Échale un vistazo a mi fanfic "Pokémon Mundo Misterioso: Sons of Freedom"!
#14
Bueno, qué decir, tan magnífico como siempre, me encantaron los nuevos personajes y la misión fue muy emocionante, pero las descripciones de el territorio se me hicieron duras, pues me lo imaginaba de manera demasiado tonta y sencilla, molaría que las detallaras más y que hicieras los territorios un poco más naturales, porque parecen sacados exactamente del juego, pero eso y es tu elección :) en general, me encantó el capitulo y babeo esperando más de este fic que me tiene 100% enganchado
Un Canal que se llama
Lucario Game Play...

No querrías verlo?
#15
(Imperatrum.... creo que una vez te vi por el shout, pero también recuerdo haber visto ese nick en otra parte... uhm.... oh.... ya me acordé, je je je)

Bueno, ya que estoy por volver a clases, quise aprovechar y me di una vuelta por la sección de fan fiction del foro a ver si encontraba alguno que en verdad me llame la atención, pero que no estuviera muy avanzado, cosa que no demore mucho en "ponerme al día"; y pues, mira cual encontré. De por sí ya me gustan los de mundo misterioso, pero, con lo que hasta ahora he leído, también veo que decidiste darle un aire nuevo y hacerlo distinto a lo que solemos ver en los juegos (con el tema de la corporacion y la resistencia). Veo mucho potencial en eso, tanto para el desarrollo de la trama en general como para el de los personajes (al vivir en un mundo con tal problemática), y me gustaría ver como te desenvuelves en ese aspecto.

Y pues, si algo más he de añadir, veo que no muchos se detienen a dejarte alguna opinión, así que, con el fin de cambiar eso (y de que esto no termine como el último fanfic que comenté), procuraré pasarme por aquí cuando pueda.

Saludos.

P.D:
Spoiler

Quizá esto deba decírtelo vía MP, pero ya que. Felicitaciones por tu relato acerca del Scizor menos favorito de todos.
#16
@juan459 Sinceramente no pensaba publicar el siguiente capítulo aquí, ya que, a pesar de que tanto en Fanfiction como en Þokéxperto (just noticed que la palabra está baneada, no deben tenerle mucho cariño) está recibiendo una cálida acogida y comentarios en cada capítulo, aquí la gente parece bastante reacia a comentar, por lo que supongo que a nadie le importaría si dejara de publicarlo. Pero bueno, ya que te has tomado la molestia de comentar, voy a poner el siguiente capítulo. Ya veré lo que hago a partir de ahora. Pero si dejo de publicar aquí, recordad que en esas dos páginas tambén lo tengo subido.

Capítulo 6: ESPERANZA


Rawkan guió a Marvin y Cynder por la escalera de caracol. Al contrario que en las secciones superiores de ésta, iluminadas por piedras día, la zona inferior que llevaba a los dojos de entrenamiento no poseía iluminación propia. Sin embargo, un pequeño rayo de luz salía desde la entrada sin puerta de los dojos, que permitía a los Pokémon no sufrir un accidente al descender.

Cuando cruzaron el arco de la puerta, se hallaron ante una gran sala de base rectangular y techo alto, iluminada de la misma forma que los pisos superiores. No obstante, había una diferencia bastante notable con respecto a las otras zonas de la base: estaba hecha de acero. Marvin supuso que era para que los Pokémon que iban a entrenar no causaran daños en la estructura. En el centro de la sala, un Pokémon humanoide de color gris daba vueltas alrededor de otro más grande y robusto, con una piel verde recubierta de escamas y aspecto reptiliano.

El Pokémon más pequeño, un Machop, parecía estar intentando encontrar un punto flaco en la defensa de su rival, que no lo perdía de vista. Entonces y sin el mínimo aviso, el Machop desvió su trayectoria de giro y cargó contra el enorme Pokémon verde, que parecía ser un Tyranitar, tomándolo por sorpresa. El Machop asestó una patada rápida pero firme contra el talón del Tyranitar, haciendo que su cuerpo cediera y se desplomara contra el suelo.

—¿El Tyranitar es Wilder? —inquirió Cynder, con un tono de preocupación en su voz.

—Si te soy sincero, no tengo ni idea —respondió Rawkan, llevándose una pata a la barbilla.

Marvin y Cynder se miraron extrañados ante la inusual respuesta del Marowak. Antes de que pudieran plantear sus dudas, el Tyranitar comenzó a hablar.

—¡Bien, muy buen puntapié! —soltó el Pokémon entre risas, levantándose del suelo—. Lo has hecho muy bien, Kars. Espero que esto te ayude a salir de tu equipo de entrenamiento.

El Machop le dio la mano al Tyranitar y, acto seguido, se fue corriendo hacia la salida. Rawkan indicó a sus protegidos que se acercaran.

—Lamento haber tardado en saludar, Rawkan, pero como podías ver, estaba ocupado —dijo el Tyranitar cuando se acercaron.

Rawkan se acercó al enorme Pokémon y lo golpeó amistosamente en un brazo.

—Hola, Wilder —saludó—. Te he traído a un par de chavales nuevos. Cynder y Marvin han tenido unos problemillas lidiando con un nido de monstruos, así que me gustaría que les enseñaras algún que otro movimiento efectivo en esos casos.

El Tyranitar miró a los miembros del Equipo Tormenta. Marvin pudo notar cómo el Pokémon lo analizaba de arriba abajo con sus fríos ojos de reptil.

—Veré qué puedo hacer —dijo simplemente Wilder, sonriendo—. Tengo algunos movimientos en mi repertorio que les podrían ser útiles.

—Excelente —respondió simplemente Rawkan—. Aunque creo que tal vez sería apropiado que te presentes tú mismo.

Wilder asintió. De repente, su piel comenzó a emitir un intenso brillo de color blanco, que cubrió todo su cuerpo. Su figura se hizo cada vez más pequeña, hasta ser del tamaño de Rawkan. Cuando el brillo se desvaneció, Marvin y Cynder observaron incrédulos a un Pokémon de pelaje blanco y marrón, con una cola larga y grandes ojos negros.

—No os sorprendáis tanto —habló entonces Rawkan, aguantando una risa—. Wilder es un Smeargle, y por lo tanto es capaz de aprender todos los movimientos habidos y por haber.

—Eso me permite transformarme casi de la misma manera en la que lo haría un Ditto —explicó orgulloso Wilder—. Aunque tengo algunas restricciones, por supuesto. Pero bueno, ahora no os aburriré con tecnicismos. Encantado de conoceros, Marvin y Cynder.

La forma normal de Wilder era considerablemente más amigable que su forma como Tyranitar, y su voz desprendía sabiduría y experiencia. El Smeargle le estrechó la pata a los dos asombrados Pokémon, con una sonrisa en la boca.

—Y con esto concluye mi trabajo aquí —dijo Rawkan con su habitual tono de importancia—. Os dejo con Wilder, que yo tengo que preparar ciertas cosillas para el equipo. Os dejaré la misión de mañana pegada en la puerta de vuestra habitación, así que preparaos.

Dicho esto, el Marowak abandonó la estancia con paso apresurado.

—Decidme ¿qué movimientos queréis aprender?

Marvin decidió contestar primero, ya que tenía bastante claro qué era lo que quería.

—Me gustaría aprender algún movimiento que me ayude a debilitar a los Pokémon de tipo Planta —contestó Marvin—. He tenido problemas con ellos en la misión de hoy, y no quiero que vuelva a pasar.

—Puedo ayudarte —dijo Wilder—. Te enseñaré un movimiento de tipo Hielo.

—Yo… aún no lo tengo claro —dijo por su parte Cynder, con timidez—. Primero prefiero ver como aprende Marvin.

—Está bien —asintió el Smeargle—. Sé unos cuantos movimientos que podrían ayudaros a ambos si volvéis a caer en un nido de monstruos.

Entonces, Wilder volvió a transformarse. En esta ocasión, tomó la forma de un Swampert semejante a Paldus, pero algo más joven y con ambos ojos operativos.

—Creo que te voy a enseñar la táctica del viento de hielo —explicó Wilder, poniéndose a cuatro patas—. Es muy eficaz para enfrentarte a Pokémon de tipo Planta, y contra grupos grandes de enemigos en general. Ponte a mi lado.

Marvin se posicionó a la izquierda de Wilder, mientras Cynder se alejaba unos pasos para no estorbar.

—La táctica del viento hielo —dijo Wilder— es una táctica que los Mudkip podéis aprender con relativa facilidad. Vuestra especie, al ser de tipo Agua, tiene afinidad elemental con el tipo Hielo, y por lo tanto podéis aprender movimientos de este elemento con más facilidad. Observa.

Wilder comenzó a acumular agua en su boca, pero en lugar de dispararla, mantuvo en su garganta. Instantes después, abrió la boca y liberó una ráfaga de viento helado que Wilder esparció por el aire mientras Marvin y Cynder lo observaban fascinado.

—Es el movimiento de tipo Hielo más fácil de ejecutar, y muchos Pokémon sin afinidad con el elemento pueden ejecutarlo —explicó Wilder—. Es especialmente efectivo contra grupos grandes de enemigos, ya que el viento helador entumece sus músculos y los ralentiza. No obstante, debes tener cuidado, pues los Pokémon que carecen de musculatura, como los tipo Acero, o los que resisten el frío, como los Hielo y Agua, son resistentes a la técnica y te podrían causar problemas. Ahora es tu turno: acumula agua en tu boca y mantenla en tu garganta unos instantes para que se enfríe. Luego, libérala como si estuvieras echando el aliento.

Marvin acumuló agua en su boca como si fuera a lanzar una pistola de agua, pero la retuvo en su garganta.

"Wilder tiene razón" pensó. "El agua se enfría si la retengo en la garganta".

Concentrándose, Marvin liberó su aliento helado. Una sensación de frescor invadió su boca mientras lanzaba el ataque. Sin embargo, en lugar de la poderosa ráfaga helada que había lanzado Wilder, apenas logró exhalar una pequeña nube de vaho. Marvin frunció el ceño.

—No te preocupes —le dijo Wilder—. Al aprender un ataque, lo más normal es que necesites un tiempo para que tu cuerpo se adapte. Prueba de nuevo, ya verás como te sale mejor.

Marvin asintió, y buscó una postura cómoda para estar sobre sus cuatro patas. Respirando hondo, repitió el proceso. Esta vez, no obstante, el vaho helado que salió de su boca era considerablemente más denso, y llegó un poco más lejos.

—¡Muy bien, Marvin! —lo animó Wilder— Es probable que sientas la garganta fría durante unos minutos, pero es normal; todos los ataques de tipo Hielo que lances por la boca te harán sentir así. A partir de ahora, procura usar el ataque al menos una vez al día para que tu cuerpo se adapte a él más rápido. Así, cuando necesites usarlo en un momento de peligro, tu cuerpo no te traicionará.

"Creo que le caigo bien" pensó Marvin. "Debería preguntarle ahora sobre el torrente interior".

—Ahora ¿podría explicarme qué es exactamente el torrente interior y cómo puedo activarlo? —cuestionó el Mudkip, mirando al tutor de movimientos— Me han hablado de él, pero nunca lo he experimentado por mi cuenta.

Wilder asintió con una sonrisa.

—Es considerablemente sencillo, Marvin —dijo—. Sin embargo, me temo que no podré activar ese poder aquí, ya que los métodos para que se accione por su cuenta son demasiado… extremos, por decir algo. Verás, —hizo una pausa para aclararse la garganta y regresar a su forma de Smeargle— el torrente interior es un método de defensa que sólo poseen ciertos Pokémon de tipo Agua. Estos Pokémon se caracterizan por pasar más tiempo fuera del agua que otros, y por lo tanto su sistema ha desarrollado este poder, que les permite desatar un poderosísimo ataque elemental de Agua sin apenas esfuerzo.

Marvin alzó las cejas, ligeramente sorprendido.

—¿Y qué tengo que hacer para activar ese poder? —preguntó, algo ansioso por saber más sobre sus habilidades.

—Ese es el problema —explicó Wilder, rascándose la barbilla—. No puedes activarlo por tu cuenta: tan sólo se activará cuando a tu cuerpo apenas le queden fuerzas. Entonces, tu energía elemental se apoderará de ti y desatará un ataque desesperado para eliminar a casi cualquier enemigo que pueda amenazarte. Sin embargo, después de utilizarse, te quedarás totalmente sin fuerzas, y lo más probable es que te desmayes.

Marvin no supo cómo responder a eso. Se quedó en blanco, imaginando una serie de posibles escenarios en los que ese poder podría resultarle útil. Wilder se giró hacia Cynder.

—Tú también tienes un poder semejante, Cynder, sólo que el tuyo recibe el nombre de "mar de llamas" —le dijo al Cyndaquil—. Se activa de la misma forma, pero el tuyo puede causar más daños colaterales. Así que Marvin —volvió a mirar al Mudkip—, controla el mar de llamas de Cynder. Si se vuelve demasiado poderoso, deberás asegurarte de apagar un potencial incendio.

Cynder miró a su amigo a los ojos, y Marvin pudo sentir la comprensión que esa mirada le transmitía. El agua y el fuego eran de naturalezas opuestas, y, si se daba el caso, él debía saber contener a Cynder. Era algo que tarde o temprano iba a tener que asimilar, así que era mejor comenzar a interiorizarlo.

—En mi opinión —comentó Wilder— la combinación de fuego y agua es una de las combinaciones de tipos más sólidas que existe a la hora de formar un equipo. Tenéis suerte en ese sentido, chicos. Ahora, Cynder ¿quieres qué…?

Antes de que Wilder pudiera terminar la frase, las piedras solares que iluminaban el dojo comenzaron a producir una luz de color verde intenso.

—Oh, vaya —soltó Wilder—. Parece que está pasando algo importante en el comedor.

—¿Qué ocurre? ¿Por qué las piedras han cambiado de color? —preguntó Cynder, confuso.

—Se trata de un mecanismo de aviso para toda la base —explicó el Smeargle—. Normalmente se usa cuando el consejo tiene algo importante que comunicar. Venid conmigo, vamos a ver qué ocurre.




Cuando llegaron al comedor, se encontraron con un amplio grupo de Pokémon de diversos tipos y formas acumulados en el lugar, hablando entre ellos y tratando de encontrarle sentido a la repentina llamada. En la mesa del consejo, situada en un palco alto en el otro extremo de la sala rectangular, Paldus se masajeaba la frente, mientras Groud, el portavoz del consejo, lo miraba impaciente esperando órdenes. La silla de Astrid estaba vacía, pero el resto de miembros del consejo estaban presentes. Además de Elina, Haku y Paldus, en la mesa del consejo estaban sentados un Camerupt, un Mienshao y un Malamar.

Wilder se dirigió hacia una Gabite, tocándole el hombro para llamar su atención.

—Denga ¿tienes alguna idea de qué está pasando? —le preguntó a la dragona.

—No tengo ni la menor idea —respondió, encogiéndose de hombros—. Mi equipo y yo acabamos de llegar de una misión y sabemos tanto como cualquier otro.

Sin embargo, en ese momento Groud soltó un potente grito que retumbó en las paredes de l sala.

—¡SILENCIO! —gritó el Exploud— ¡El consejo tiene una noticia importante, así que será mejor que escuchéis!

El comedor se quedó en completo silencio tras el anuncio de Groud. Paldus se levantó de su silla y puso sus manos sobre la barandilla del palco en el que se hallaba la mesa del consejo.

—Sé que estáis acostumbrados a que Astrid sea la que da este tipo de anuncios, pero me temo que hoy tendréis que conformaros con mi voz ronca —dijo Paldus, provocando unas pocas risas entre los presentes—. El motivo que nos reúne hoy aquí es de alta importancia, y por eso no hemos podido esperar a que todos los Pokémon llegaran de sus misiones. Confío en que os encargaréis de informar a aquellos que no están presentes ahora mismo.

Un murmullo de incertidumbre se extendió por el comedor mientras Paldus se aclaraba la garganta.

—Hace unas horas, varios mensajeros nos han avisado de dos sucesos llamativos —continuó—. El primero es el más serio: Meruclus ha vuelto del Norte.

El comedor estalló entonces en gritos ahogados y susurros nerviosos. Groud tuvo que volver a gritar para recuperar el silencio.

—Para los más nuevos —explicó Paldus— el nombre de Meruclus no significará nada, pero para los veteranos es un nombre que inspira terror y respeto. Se trata de uno de los más peligrosos generales de la Corporación de Inteligencia, un Hypno lunático con complejo de dios que nos mantuvo en el estado de alerta máxima durante dos meses, y que casi descubre nuestra base. Es por ello que se declara el estado de alerta de nivel 2: los equipos novatos y de entrenamiento deberán estar en la base antes del anochecer, y no podrán aceptar misiones que los obliguen a permanecer fuera más de un día entero.

No hubo objeciones. Marvin se esperaba que algún imprudente cadete protestara por las medidas, pero no hubo un solo Pokémon que se atreviera a abrir la boca.

—En cuanto al segundo tema —continuó Paldus—, se trata de algo bastante menos problemático. Tendremos el honor de recibir a Raegis, el líder de la Resistencia, dentro de unas semanas. Confío en que sepáis comportaros durante su estancia en la Atalaya y en que no se repita el incidente del año pasado, por el amor de Arceus. Aún tengo pesadillas con el total ridículo que hicimos ese día.

La tensión del ambiente se disolvió bastante con aquella última noticia. Sin embargo, la presencia de Meruclus ya se podía notar entre los presentes, que reían nerviosamente o susurraban entre ellos con preocupación.

—Esto no es bueno —comentó Wilder, con expresión preocupada—. Meruclus es un Pokémon muy poderoso.

Marvin se giró hacia él, curioso.

—¿Te has enfrentado a él? —preguntó al Smeargle.

—Se puede decir que sí —respondió este—. Quiero decir, no me enfrenté yo solo a él, eso sería un suicidio. Es un Pokémon muy poderoso, os lo aseguro, pero también muy cobarde, y usa trucos mentales para engañar y poseer a otros Pokémon que hagan el trabajo sucio por él. Por eso Paldus no quiere que los novatos salgan de noche: las patrullas nocturnas podrían capturarlos, y sería cuestión de tiempo que Meruclus lograra sacarles información acerca de la localización de la Atalaya, como casi pasa hace cinco años.

—¿Qué ocurrió? —intervino Cynder, que hasta entonces había permanecido en silencio.

—Capturaron a un Pokémon que conocía muchos de nuestros secretos, y fue llevado ante Meruclus —expuso Wilder—. De no ser porque se trataba de un Siniestro, habría podido leer su mente mucho antes, y todos los años que la Resistencia lleva protegiendo esta fortaleza habrían sido en vano. Afortunadamente, Elina, Rawkan y yo logramos entrar a tiempo en su escondrijo y rescatarlo —bajando la voz, añadió—. Permitidme deciros que Elina demostró una compostura legendaria al enfrentarse a Meruclus, pues el Pokémon que fue capturado era su hermano.

Marvin pestañeó. Por algún motivo, no se imaginaba a la fría y calculadora Espeon sintiendo algo por un Pokémon, menos aún se esperaba que tuviera un hermano.

—Que Elina no te oiga hablar de ella a sus espaldas, Wilder —los interrumpió una voz familiar.

Marvin y Cynder se giraron para ver a un sonriente Paldus devolviéndoles la mirada. Se sorprendieron de no haberlo visto acercarse, dada la corpulencia del Swampert. El poderoso Pokémon de Agua, sin embargo, semejaba cansado: tenía unas profundas ojeras y su ojo bueno parecía algo enrojecido.

—En realidad no venía para cotillear —habló de nuevo—. Marvin, tengo que hablar contigo a solas. Acompáñame, por favor.

Marvin sintió como si un yunque le aplastara el estómago. Tenía que volver a hablar en privado con un Pokémon poderoso y superior a él en rango. Y se trataba de Paldus, ni más ni menos.

—Ve tú, Marvin —dijo Cynder—. Yo me iré a preparar la misión para mañana. Te veo luego en la habitación.

A Marvin lo pilló por sorpresa la reacción de su amigo, que había estado bastante callado desde que entraron al dojo. No obstante, no puso objeciones y le dio la llave de la habitación del equipo para acompañar a Paldus.

Paldus estuvo callado durante todo el trayecto. Marvin caminaba a su derecha, sin atreverse a mirarle a la cara por temor a recibir una de las siniestras miradas que el Swampert era capaz de dirigir con su ojo malo, que ya de por sí era un rasgo bastante intimidante. El Swampert lo llevó por los pasillos superiores tras subir la ya familiar escalera de caracol, pero no entraron por ninguna de las puertas que Marvin ya conocía. En su lugar, se pararon delante de una de las últimas puertas del pasillo, situada en el lado izquierdo. La puerta en cuestión, al contrario que las demás, no poseía ninguna placa o indicación.

Paldus, sin decir una sola palabra, sacó una pequeña llave de su bolsa de viaje y la introdujo en la cerradura. La puerta se abrió con un quejido leve, y el Swampert lo invitó a pasar. Marvin se sorprendió, pues la puerta llevaba al exterior. El viento lo golpeó en la cara mientras sus ojos se maravillaban con el vasto terreno verde que se estendía ante sus ojos. Sin duda alguna, estaba mirando hacia el Sur, pues podía ver el Bosque Sombrío y, casi en el horizonte, los restos de la destrozada Villa Plata. El sol poniente teñía el cielo de naranja y rosa, haciendo la vista todavía más bella.

—Éste —dijo Paldus, cerrando la puerta tras de sí— es mi balcón privado. Bueno, técnicamente no es mío, Astrid también puede entrar, pero ella ha ido perdiendo interés en él desde hace un tiempo y ahora casi nunca viene. Aunque te aseguro que venía mucho por aquí cuando era joven.

Marvin notó un ápice de nostalgia en la voz del Swampert, como si tratara de recordar viejos tiempos. Vio cómo el líder del Equipo Esmeralda apoyaba los codos en la barandilla y soltaba un largo suspiro mirando al horizonte.

—Aquellos eran buenos tiempos —soltó, con una mueca que casi parecía una sonrisa—. Tiempos en los que todos éramos ingenuos y optimistas, con toda una vida por delante y la creencia de que realmente estábamos cambiando el mundo. Entonces fue cuando la realidad nos golpeó con toda su fuerza y nos obligó a tomar medidas, a volvernos más fríos y metódicos y olvidar los tiempos felices en los que llevábamos acabo nuestras misiones con una sonrisa en la cara.

Marvin titubeó. Por como hablaba, parecía que el Swampert se había olvidado de que estaba allí con él.

—Durante años —continuó— hemos luchado contra la Corporación casi sin esperanza, con apenas unos pocos Pokémon entre nuestras filas que realmente creyeran que estábamos marcando la diferencia. Y entonces llegaste tú, Marvin.

Paldus lo miró a los ojos por primera vez desde que habían abandonado el comedor. Marvin pudo sentir una inmensa gratitud en los ojos del Swampert, que lo miraba como si estuviera presenciando un milagro.

—Tú eras la pieza que nos faltaba para completar el puzle —dijo, sin apartar la mirada—. Elina me ha hablado de tus poderes, y me ha hecho recuperar la esperanza de poder usar el Don de Sazira contra la Corporación; esperanza que había perdido al no haber signos de vida humana en Pellaria. Pero por obra de algún milagro de Arceus, tú, un Pokémon, has aparecido prácticamente delante de nuestra puerta con ese Don, y lo que es más importante, con unas intenciones nobles.

El Mudkip puso los ojos en el suelo unos instantes. De repente, se sentía pequeño e impotente, al no saber controlar su poder. Por primera vez comenzaba a darse cuenta de las implicaciones que su poder traía consigo. "Esto… es mucho más grande de lo que me imaginaba" pensó. "No me siento capaz de estar a la altura de tanta responsabilidad…"

—¿De… de verdad hay una forma de derrotar a la Corporación usando el Don? —preguntó entonces, volviendo a mirar a Paldus.

El Swampert retomó su postura original de cara al horizonte, con rostro pensativo.

—No estamos seguros —explicó—. La única forma en la que podría ser aprovechado a gran escala es mediante el uso de un objeto de leyenda, por lo que ni siquiera sabemos si es factible.

—¿Un objeto de leyenda? —inquirió Marvin extrañado— Suena algo absurdo.

—Lo es —respondió el corpulento Swampert—. Pero es todo lo que tenemos. Verás, la leyenda cuenta que los humanos se fueron de Pellaria para recuperar la capacidad de engendrar hijos, pero no es del todo cierto. Fuentes posteriores han declarado que, de hecho, fue un Pokémon el que les dijo que debían abandonar el país para recuperar su fertilidad. Les dio una piedra que supuestamente brillaría al acercarse al reino de Xerneas, y les indicó la ruta marítima que debían tomar.

—¿No deberían haber vuelto entonces? —preguntó Marvin— Elina me ha dicho que se fueron hace más de cien años. Parece tiempo suficiente para ir y volver.

—El problema está en que el camino que les dio era incorrecto, Marvin —contestó Paldus con pesar—. Los envió directos a un laberinto de rocas y niebla, y suponemos que todos ellos murieron ahogados. La piedra, además, era también falsa, pues nada tenía que ver con el reino de Xerneas. De hecho, se trata del objeto del que te estaba hablando antes. La piedra focal, según las leyendas, era un objeto ancestral que permitía amplificar el poder del Don para afectar a cientos de Pokémon al mismo tiempo. Por eso creemos que podría servir para derrocar a la Corporación de Inteligencia.

Marvin comenzó a conectar los puntos de la historia. "Si esa piedra puede usarse para derrotar a la Corporación, y el Don solo puede ser usado por los humanos... ¡espera!"

—Eso quiere decir… —comenzó tímidamente— que el que los envió hacia el laberinto de rocas se libró de la piedra, que podía derrotar a la Corporación, y de los humanos, que podían poseer el Don de Sazira. Eliminó por completo cualquier rastro del Don.

—¡Exacto! —exclamó Paldus— Eres más inteligente de lo que parece, pequeño Mudkip. Sí, esa sería la teoría más lógica, pero hay un pequeño problema: la Corporación no se revelaría hasta treinta años después, cuando Gars, el antiguo líder, estiró la pata. Fue su hijo Halfug (que no había nacido cuando los humanos se fueron) el que sublevó a la Corporación, y por eso no cuadra que alguien intentara librarse del Don antes de saber que la organización se iba a intentar apoderar del país.

Marvin asintió con la cabeza. Después de todo, tenía sentido. Los dos Pokémon anfibios se quedaron en silencio unos instantes, observando la puesta de sol. Paldus dejó escapar un segundo suspiro.

—Te he traído aquí porque quiero que sepas que cuentas con el apoyo del Equipo Esmeralda —dijo entonces, interrumpiendo el silencio—. Voy a llevar a cabo una investigación para encontrar otra piedra focal que nos permita amplificar tu poder y librarnos de este horror de una vez por todas. No te preocupes, será privada: ningún Pokémon fuera de los que tú quieras informar sabrá nada acerca de tus poderes. Aun así, te aconsejo llevarlo con algo de secretismo y sólo contárselo a Pokémon con los que tengas una gran confianza.

Marvin pensó automáticamente en Cynder, literalmente el único Pokémon fuera de los altos cargos de la Resistencia que conocía su Don. Tendría que informarlo de todo lo que había aprendido durante su conversación con Paldus.

—Ahora, si no te es molestia, deja a este viejo Swampert con sus pensamientos un rato, anda —dijo el líder del Equipo Esmeralda—. Tengo trabajo que hacer esta noche, y quiero tener unos momentos para mí. Me alegra que hayamos tenido esta conversación.

Marvin se fue sin despedirse, pues pensó que sería maleducado interrumpir los pensamientos de Paldus. El Swampert le abrió la puerta, pero tampoco dijo nada. Dejó que el cadete abandonara el balcón y se alejara por el pasillo.

Mientras descendía por la escalera de caracol, Marvin no podía evitar sentir el peso de la responsabilidad cayendo sobre él. Los nuevos datos que Paldus le había proporcionado le hacían plantearse una duda aterradora.

"¿Y si el que me borró la memoria y me convirtió en Pokémon lo hizo por el mismo motivo? ¿Y si me consideraban una amenaza y decidieron… quitarme de en medio?"

Un escalofrío le recorrió la espalda. No podía descartar la posibilidad de que uno –si no varios- de los sicarios de la Corporación de Inteligencia estuvieran tras su pista.

"No" pensó. "Deja de suponer tanto, ni siquiera sabes si fueron ellos los que te borraron la memoria. Lo último que necesita esta gente es que te muestres inseguro sin razón alguna. Ahora confían en mí para algo, y no puedo decepcionarles. Es la única forma de recuperar mis recuerdos".

La sensación de terror se disipó un poco tras aquel reconfortante pensamiento. Sin embargo, Marvin se dio cuenta de que era la primera vez desde que era un Pokémon que realmente tenía tiempo para detenerse un momento y pensar sobre su situación. Hasta entonces, había estado todo el tiempo de un lado para otro, sin detenerse y con las voces de otros Pokémon continuamente en sus oídos. Allí, en aquella escalera de caracol, estaba en paz por primera vez desde que tenía memoria.

Entonces, su reflexión se detuvo, ya que Lugnos apareció subiendo las escaleras. El Ampharos parecía algo preocupado; el sudor corría por su cara y su respiración era rápida y entrecortada.

—Vaya, hola Marvin —lo saludó el Pokémon eléctrico—. ¿Has visto a Paldus? Fui a buscarlo después de dar las noticias pero no lo he encontrado.

—Claro —respondió Marvin— está en el balcón.

—Vale, gracias —contestó Lugnos entre jadeos.

Durante unos incómodos instantes, Lugnos se apoyó contra la pared para descansar, y estuvieron en silencio mientras el Ampharos recuperaba el aliento.

—Bueno, Marvin —dijo, por fin—, tengo que irme a buscarlo. Que tengas una buena noche. ¡Nos vemos!

—Buenas noches, Lugnos—respondió Marvin con una sonrisa.

Lugnos le guiñó un ojo al Mudkip antes de continuar subiendo las escaleras y dejarlo atrás. Cuando llegó a la puerta del balcón, la golpeó tres veces. Paldus no tardó en abrirla y mirarlo de arriba abajo.

—¿Qué diantres te ha pasado, Lugnos? —preguntó, frunciendo el ceño—. Estás hecho un Garbodor.

—Tú eres lo que me ha pasado —saltó el Ampharos—. Fui a buscarte cuando acabaste de dar tu discurso y no te encontré. Llevo quince minutos buscándote por todas partes. Tenía miedo de que te hubieras ido por tu cuenta a hacer alguna locura.

Paldus soltó una carcajada y cogió a su amigo por el hombro.

—Esperaré por vosotros, no te preocupes —le aseguró—. ¿Están los demás listos?

Lugnos asintió.

—Incluído Rawkan. Creo que es la primera vez que llega a tiempo a una reunión en lo que lleva en la Resistencia.

Los dos rieron.

—Bueno, yo he tenido unas palabras con Marvin —dijo Paldus, cerrando la puerta—. Le he contado el tema de la leyenda y todo eso, y se lo ha tomado bastante bien. No quiero presionarlo demasiado, el pobre es solo un crío.

—Y un crío sin memoria, por si fuera poco —añadió Lugnos con un tono de severidad—. Creo que no deberías tener tantas esperanzas en el Don, al menos no a corto plazo.

—No he dicho que el plan fuera a corto plazo, Lugnos —le contestó Paldus, alzando las cejas—. De hecho, no tengo ningún plazo en mente. Pero hay que entrenarlo y curtirle. El mundo que le espera es uno muy feo, y apuesto a que la Corporación ya sabe algo sobre él. No podemos dejar que le pase nada, ni por él ni por nosotros.

Su compañero asintió lentamente. Comenzaron a avanzar hacia las escaleras con paso ligero. La tarea que los aguardaba esa noche no se iba a cumplir sola.




Cuando Marvin entró en la habitación de su equipo, se encontró a Cynder recontando los objetos.

—Hola, Marvin —lo saludó su amigo con tono alegre.

—Hola —correspondió el Mudkip—. Ya estás preparando la misión de mañana, por lo que veo.

—Sí —contestó Cynder con una sonrisa—. Rawkan nos ha asignado la misión de recuperar la reliquia familiar de un Persian en un sitio llamado Pradera Concordia. Tiene 6 sectores, así que no debería suponer un problema.

—¿Te ha dicho qué clase de Pokémon hay en ella? —preguntó Marvin, temiéndose otro territorio misterioso lleno de Pokémon tipo Planta.

—En su nota ponía que nos encontraríamos sobre todo con Pokémon de tipo Normal y algún que otro Pokémon venenoso —respondió Cynder, para alivio de su amigo—. Puede que algún Volador pequeño también.

Cynder acabó de guardar los objetos en la bolsa y miró a su amigo.

—¿Sabes? —dijo— Estoy muy tranquilo acerca de lo de mis padres. Antes tenía mucho miedo, pero ahora… ahora veo que estos Pokémon son muy fuertes, y dudo que haya contratiempos.

—Tú lo has dicho —corroboró Marvin, sonriendo—, son una gente muy competente. He hablado con Paldus y parece muy tranquilo. Va a salir bien, no te preocupes.

—Sí, ahora lo veo. En su nota, Rawkan me decía que eran profesionales y que no tenía que preocuparme por nada. Es un buen tipo —dijo Cynder. Alzó los brazos y soltó un largo bostezo—. Yo debería irme ya a dormir, porque dudo que duerma mucho por la impaciencia.

—Los dos deberíamos irnos a dormir —respondió Marvin—. Así nos despertaremos más temprano y podremos irnos rápido a hacer la misión. Buenas noches, Cynder.

Su amigo no respondió, pero le dirigió una sonrisa y le dio una palmada en la espalda mientras se dirigía hacia su habitáculo. Cogió una lona y tapó la piedra solar que iluminaba el lugar desde encima de la mesa. Marvin se dirigió hacia su propio dormitorio, se metió en cama y no tardó en quedarse dormido.




Marvin abrió los ojos. No sabía cuánto tiempo llevaba dormido, pero lo que sí sabía era que alguien lo había despertado. La figura familiar de un Marowak se hallaba en frente de su cama, de pie.

—¡Despierta, Marvin! ¡Venga, arriba! —dijo Rawkan en voz baja.

"¿Ya es hora de salir?"
se preguntó el Mudkip. Su reloj interno le decía que no.

—¿Nos vamos de misión temprano, Rawkan? —preguntó, adormilado, mientras se quitaba las sábanas de encima y se levantaba de la cama.

Cynder apareció al lado del Marowak.

—Marvin ¡acaban de volver del asalto al Fuerte Flarah!

"¡El asalto, es cierto!"
pensó Marvin, recordándolo todo. Salió de la habitación, y Rawkan los invitó a sentarse en las sillas del cuarto comunal. Cuando apartó la lona de la piedra solar, pudieron ver que el Marowak tenía un brazo vendado, y que cojeaba un poco. Tampoco llevaba sus vainas ni su bolsa de viaje. Cogió una silla y se sentó enfrente de los dos miembros del Equipo Tormenta.

—Ha ido bien —dijo simplemente—. Hemos sacado a casi todos los Pokémon que mantenían encerrados.

El Marowak se giró hacia Cynder.

—Tu madre está bien, Cynder, está a salvo en Pueblo Papiro —le dijo, con tono de circunstancias—. Pero tu padre… cuando llegamos, ya se habían… encargado de él. No pudimos hacer nada. Lo siento.

Cynder se quedó mirando a la piedra solar del centro de la mesa, pensativo. No dijo nada. En unos instantes, comenzó a sollozar, y Rawkan se levantó de su silla para darle un abrazo reconfortante. Marvin, mientras tanto, decidió no intervenir y quedarse recostado en su silla. Poco a poco, los tres Pokémon se quedaron dormidos.




—¡YAAAAAARGH!

La cuchilla de Zipher impactó contra la roca, causándole una mella. El metal que la formaba reflejó los destellos de la luz de la mañana cuando la retiró de la pared.

—¿Cómo habéis permitido que pasara eso? —gritó enfurecido, girando la cabeza hacia el grupo de Pokémon que yacían cabizbajos enfrente suya— ¡Nos vamos un día y no sólo se apoderan del fuerte, sino que además liberan a los prisioneros! ¿Cómo habéis podido ser tan ineptos?

Un Charmeleon decidió dar un paso adelante para explicar la situación.

—Cre… creemos que fue un espía, señor —trató de explicarse—. Er… no sabemos exactamente cómo, pero suponemos que se ha filtrado la información de que usted y el comandante Gront abandonaban el fuerte con parte de sus tropas, y bueno… han aprovechado la oportunidad.

Gront decidió intervenir. El Garchomp había estado sentado en una de las sillas de piedra del campo de entrenamiento desde que los fugitivos llegaron con las noticias.

—Si ese fuera el caso, tendría sentido —dijo—. No se habían atrevido a atacarnos antes, y parece una coincidencia demasiado grande que ataquen el fuerte precisamente la noche después de que nosotros lo abandonemos.

Zipher no dijo nada. Miró enfurecido a la muchedumbre, alzando una de sus cuchillas.

—Ahora vais a decirme todo lo que sepáis sobre las bajas y los prisioneros que esos traidores se hallan llevado —sentenció—. Y, cuando hayáis acabado, voy a…

—No harás nada, Zipher.

La interrupción los tomó a todos por sorpresa. Todas las cabezas se giraron hacia el punto del que provenía la voz, la entrada del patio. Allí, entre dos robustos Gigalith, yacía un Hypno apoyado en un bastón de hierro.

—¿No os da vergüenza? —soltó, con una pegajosa y siniestra voz— ¡Llego a mi querida Torre Negra después de tanto tiempo y lo primero que veo es a uno de mis recién asignados comandantes amenazando a los fugitivos!

Zipher hizo una reverencia. Gront, a regañadientes, se levantó e hizo lo mismo.

—Lo lamento, lord Meruclus —dijo Zipher—. No volverá a ocurrir.

Meruclus no dijo nada. Se separó de sus guardaespaldas Gigalith y se acercó al Bisharp. Lo miró de arriba abajo.

—Me han hablado muy bien de vosotros dos —dijo, mirándolo a los ojos—. Pero lo cierto es que… no me gusta tener comandantes del tipo Siniestro ¿sabes, Zipher? No puedo saber en qué están pensando… no puedo adivinar qué engranajes giran en sus pequeñas cabecitas, y eso me preocupa. Me hace desconfiar.

Zipher no supo qué responder. Gront, sin embargo, intervino.

—No se preocupe por él, señor —dijo, con el mejor tono servicial que era capaz de poner—. Ha sido fiel durante veinte años. Lo sé porque trabajé con él durante ese tiempo.

El Hypno le lanzó una mirada amenazadora. Gront sintió que estaba rebuscando en su cabeza.

—Entonces tendré que confiar en ti, Gront —replicó, con un tono casi sarcástico—. Vigila a esta fiera que tienes por compañero. Puedo ver que no te caigo del todo bien, pero eso se arreglará… con el tiempo. Oh sí, tiempo. Vamos a tener mucho de eso. Y yo voy a poder ver lo que pasa en tu cabeza. Así que si pasa algo que no me guste… lo sabré. Lo sabremos.

Gront asintió con la cabeza, algo confuso por el discurso de su general. Meruclus sonrió y le dio un pequeño cachete en la cara al Pokémon Dragón.

—No es que no me fíe de vosotros —añadió, sin dejar de sonreír—, es tan sólo que no me fío de vosotros.

Los Pokémon de la muchedumbre se miraron extrañados ante la curiosa forma de hablar del Hypno. Él lo notó, y, señalando la puerta con su bastón, los invitó a entrar en la fortaleza.

—Pasad, pasad… —dijo— tenemos muchas cosas de las que hablar. Y no tardéis mucho, ya que quiero empezar con mi plan cuanto antes. Arceus sabe cuánto nos puede llevar.

Cuando los Pokémon entraron, el Hypno les hizo una señal con la mano a sus comandantes para que se acercaran.

—Veréis, aquí trabajamos de una forma un poquito especial. Cuando hay algún prisionero u Pokémon inútil, se me trae a mí para que yo lo interrogue. Cuando dejen de sernos útiles, yo me encargaré de que se conviertan en... miembros productivos de nuestra pequeña comunidad.

La forma en la que dijo esa última frase no le gustó a Gront. Sin embargo, no dijo nada. No convenía hacer enfadar a aquel energúmeno.

—Haced lo que tengáis que hacer —añadió Meruclus—. Quiero veros en media hora en el comedor. El desayuno es una buena forma de conocer a un Pokémon.

Tras dedicarles otra de sus grimosas sonrisas, indicó a los Gigalith que montaran guardia en la entrada del patio. Luego, con un portazo cerró la puerta y desapareció de la vista.
¡Échale un vistazo a mi fanfic "Pokémon Mundo Misterioso: Sons of Freedom"!
#17
Esta genial, tu forma de narrar los hechos es genial. Como dicen algunos seria aun mejor si detallaras más los lugares, pero es simplemente genial.
Te has ganado un seguidor.
Saludos
#18
(LOL ni sabía lo de... lo que empieza con "P" y termina en "-erto")

... Y justo ahora que decidiste incluir a un Hypno con complejo de científico lunático (o algo similar), bueno, las cosas como son. Si ves que es mejor dar un paso al costado en cuanto al foro de CPokémon, se comprende, yo igual me daré una vuelta por FanFiction; pero recuerda que de todas formas aquí hay gente que siquiera se pasara a leer de vez en cuando. Recuerda también que puedes mandar MP o pasarte por el shout si deseas contactar con alguien.

Saludos.
#19
@Imperatrum

¡Si no recibes muchos comentarios es porque no tienes errores! He leído un cachito de tu historia y me gusta la manera en que escribes, me apena que digas que estabas pensando en dejar de publicar aquí, ya que es una buena historia y aunque a la gente le cueste comentar estoy segura de que tienes bastantes lectores. Quiero que sepas que si para cuando me haya puesto al día con tu historia dejas de publicarla aquí te pienso acosar hasta que la sigas publicando, ¡no me dejes a medias! Y en cuanto me haya leído los capítulos antiguos te comentaré los nuevos aunque solo sea un "me encanta, sigue escribiendo", eso si decides continuar compartiendo tu historia aquí por que en lo que a mi respecta si me engancho a una historia si me importa si dejas de publicar o no, espero a tu próximo capitulo para saber que vas a seguir publicando y leerme toda la historia, ¡no nos abandones!
Academia pokemon:




Odisea:




#20
Tras mucho pensarlo, creo que voy a seguir posteando por aquí, al menos de momento. Tengo un par de proyectos en mente para el fic, y me gustaría que los usuarios del foro pudieran participar. Vamos con el capítulo 7.

Capítulo 7: LEGADO

Rawkan cerró la puerta del habitáculo de Cynder. Respirando hondo, miró a Marvin, que lo estaba esperando fuera.

—Muy bien, Marvin —dijo—. Vamos a hacer una cosa: ya que Cynder no se encuentra en condiciones de salir de exploración, vas a tener que ir con algún equipo de entrenamiento en alguna otra misión. ¿Con quién os fuisteis ayer?

—Con Winona y Flass, del… Equipo Rastros, creo que se llamaba —dijo Marvin.

—El Equipo Rastros… —repitió Rawkan, pensativo— Creo que su líder es Grindar. Voy a hablar con él mientras tú desayunas. Cuando te vayas de misión con ellos, llevaré a Cynder a Pueblo Papiro para que vea a su madre. En cierto modo, creo que se lo debo.

Marvin asintió lentamente. Por un lado, quería entrar y despedirse de su amigo antes de salir, pero suponía que eso sólo lo molestaría. Cynder se había quedado dormido entre sollozos, y temía que ir a hablar con él le provocara un llanto de nuevo.

Rawkan le entregó la bolsa de viaje a Marvin, junto con la llave de la habitación. El Marowak tenía una copia, como instructor suyo que era, por lo que no necesitaba la original.

—No me esperes —añadió—. Sal directamente con el Equipo Rastros cuando hayáis acabado de comer. Y ahora date prisa y ve a buscarles al comedor, ¡no vaya a ser que se marchen sin ti!

Marvin se despidió del Marowak a toda velocidad y abandonó rápidamente las oficinas generales, corriendo hacia la escalera de caracol. Con una impresionante maestría, logró evitar a todos los Pokémon con los que se encontraba sin chocar con ninguno durante su descenso.

Aunque tardó en localizar a los miembros del Equipo Rastros entre la muchedumbre, finalmente logró identificarlos sentados en una mesa de la esquina del comedor, junto con unos cuantos Pokémon más.

—¡Chicos! —exclamó Marvin acercándose a la mesa a toda velocidad.

—¡Hola, Marvin! —lo saludó Winona, vivaracha— ¿A qué viene tanta prisa?

—Cynder está… indispuesto y no va a poder venir conmigo a hacer una misión, así que Rawkan me ha dicho que os acompañe en la misión que tengáis pensado hacer hoy —explicó Marvin.

Flass fue el primero en reaccionar.

—Dudo que haya problema con eso —contestó—. ¿Has hablado ya con nuestro entrenador?

Marvin titubeó.

—Er… yo no, pero Rawkan ha ido a hablar con él —respondió finalmente—. Me ha dicho que saliéramos sin esperar su confirmación.

—Pues la que se va a liar —dijo Winona con una risita—. Grindar y Rawkan no pueden ni verse sin que haya un conflicto.

—¿Y eso por qué? — inquirió Marvin, sorprendido.

—Bueno —Winona puso los ojos en blanco—, digamos que tuvieron una pelea hace unos meses, y Grindar dijo unas cosillas algo insultantes sobre su madre.

—Por cierto, Marvin —la interrumpió Flass—. Queríamos daros las gracias por vuestra actuación de ayer en los Jardines. Si no fuera por vosotros, quién sabe lo que habría pasado en aquel nido de monstruos.

A Marvin lo tomó por sorpresa el comentario.

—No… no es nada, Flass —contestó, quitándole importancia—. Vosotros habríais hecho lo mismo. Además, he ido a visitar a Wilder y me ha enseñado un movimiento de tipo Hielo, así que no tendremos problemas en enfrentarnos a Pokémon de tipo Planta.

—¡Te dije que era un buen profesor! —dijo Winona— De todas formas, aunque no creo que haya Pokémon de tipo Planta en el sitio al que vamos, puede que haya algún tipo Tierra, así que nos será útil tu nueva técnica.

—Y… ¿a dónde vamos? —preguntó Marvin.

Winona sacó el mapa de su bolsa y lo desplegó en la mesa, apartando patosamente los platos casi vacíos.

—Pues mira —respondió, haciéndose la interesante—, se trata de un sitio llamado Ruinas de Virmis. Dicen que antes de convertirse en un territorio misterioso, era un poblado habitado por los Pokémon antiguos. Queda un poco lejos, así que supongo que volveremos poco antes del anochecer.

Señaló un punto en el mapa señalado con un nombre que Marvin no pudo leer, ya que estaba en ese extraño lenguaje que no comprendía. No obstante, asintió con la cabeza en señal de comprensión.

—Saldremos en un momento —dijo Flass, masticando una manzana—. Tan solo dejad que me acabe esto.

Una vez que Flass hubo terminado su desayuno, el equipo abandonó el comedor y se dirigió a las salidas. Cuando abandonaron la base, pudieron comprobar que el Sol apenas acababa de salir. El cielo, algo nublado, estaba lo suficientemente iluminado como para que su camino transcurriera sin problemas. A lo lejos se podía ver una serie de colinas que bloqueaba la vista del horizonte.

El camino de tierra que se extendía ante ellos los dirigía al oeste, lejos de los territorios controlados por la Corporación y perdiéndose entre las colinas. Marvin supuso que todas las misiones que hacían los equipos más novatos se localizarían o bien en las cercanías de la base o bien en el oeste de la misma, para evitar que los más jóvenes cayeran en las garras de la Corporación.

—Vamos a tener una buena hora de camino —explicó Winona, estirando los brazos—. Las Ruinas están algo lejos, pero apenas tienen unos seis pisos. Va a ser pan comido. Al menos hasta que encontremos a esos criminales.

Marvin se detuvo en seco al oír aquello.

—¿Criminales? —preguntó, confuso— ¿Qué criminales?

Flass se acercó a él.

—La misión consiste en recuperar unos objetos robados por un par de criminales que se esconden en la zona de reposo de las Ruinas —le explicó con tono tranquilizador—. Tranquilo, no serán difíciles de vencer: la misión es de rango E. No deben ser unos criminales con mucha experiencia…

Winona soltó un gruñido.

—Puede que no, pero no se van a quedar esperándonos allí ¿verdad? —soltó con molestia en su voz—. En la hoja ponía que frecuentabanel lugar, no que fueran a estar allí de por vida. Así que ¡en marcha, chicos!

Tras decir esto, la Buizel se adelantó y comenzó a andar por el camino de tierra. Flass miró a Marvin alzando las cejas, el equivalente de muchos Pokémon sin extremidades de encogerse de hombros. Los dos Pokémon comenzaron a seguirla.

—Por cierto —decidió preguntar Marvin— ¿A qué os referíais con "zona de reposo" de las Ruinas Virmis?

Antes de que Flass pudiera contestar su pregunta, Winona lo miró por encima del hombro para responder ella misma.

—Eso es conocimiento básico de territorios misteriosos, Marvin —lo reprendió—. Pero bueno, siendo un Mudkip que desconoce hasta su propia biología, no me extraña que tengas ese tipo de dudas.

A Marvin no le gustó aquel comentario. Sin embargo, Winona rió e hizo un gesto con la mano, quitándole importancia.

—Algunos territorios misteriosos —explicó— tienen una zona intermedia en la que la anomalía que los cubre se disipa. Eso es lo que los exploradores llaman "zona de reposo". Básicamente se trata de sitios en los que puedes quedarte todo el tiempo que quieras, ya que no serás atacado por ningún Pokémon salvaje. Aun así, si un explorador llega a la zona de reposo puede localizarte.

—Los ladrones suelen usarlas como escondrijos —añadió Flass— ya que los Pokémon salvajes que viven en los territorios misteriosos sirven como una suerte de barrera natural.

Marvin asintió. Tenía bastante lógica que usaran los territorios misteriosos como escondite, ya que los equipos de resistencia irían a buscar algo en concreto y luego abandonarían el lugar sin pararse a buscar la zona de descanso.

La mayor parte del viaje pasó excepcionalmente rápido y sin muchas complicaciones. Marvin se enzarzó en interesantes conversaciones acerca de los territorios misteriosos con Flass y Winona, lo que hacía la caminata bastante más amena. El paisaje, no obstante, había cambiado para convertirse en una zona más escarpada, con algunas formaciones rocosas de curiosas formas a ambos lados del camino. Además, se cruzaron con un número considerable de Pokémon, comerciantes y viajeros por igual, que atravesaban la zona.

—Las rocas que puedes ver por ahí —dijo Winona, señalando las curiosas rocas que rodeaban el camino— no son naturales. Nos lo explicó Grindar la primera vez que pasamos por aquí. Fueron colocadas por los habitantes del asentamiento que eran antes las Ruinas Virmis antes de convertirse en un territorio misterioso.

Marvin observaba maravillado las formaciones de roca, de varios metros de altura. Los Pokémon que las habían colocado allí debían ser increíblemente fuertes. También se dio cuenta de que el camino descendía, y que estaban acercándose a una zona cubierta de lo que parecían ser restos de antiguos edificios. Pronto pudo presenciar la entrada a las Ruinas: un arco situado en la base de un altísimo muro de piedra.

—Bueno, aquí estamos —comentó Flass, satisfecho—. Nuestro objetivo es llegar a la zona de descanso, así que procuraremos no dar demasiadas vueltas por el territorio: iremos directos al grano.

—Y, a todo esto —añadió Winona—. Marvin ¿quieres ir delante?

La pregunta pilló desprevenido a Marvin, que creía que la orgullosa Buizel lideraría la marcha.

—Bueno… —titubeó— De acuerdo. Pero necesitaré que alguien me susurre consejos al oído, si no es mucho pedir.

Los tres Pokémon rieron. Marvin alzó la vista para mirar el arco de piedra que servía como entrada del territorio misterioso, de unos cinco metros de altura y otros cuatro de ancho. Sin muchos preámbulos y con Winona y Flass justo detrás de él, avanzó hacia el interior del territorio.

Nada más entrar, el aire viciado y pesado típico de los territorios misteriosos llenó sus pulmones. El panorama era curioso: los caminos se conformaban entre los edificios semidestruídos y las columnas de piedra, acompañadas de diversos montones de rocas. Todo estaba cubierto de una capa de tierra y polvo bastante espesa, dándole un aspecto desolado al territorio.

—Tenemos que tener cuidado —advirtió Winona desde detrás de Marvin—. Es posible que salga algún Pokémon de tipo Fantasma de entre las paredes.

Marvin tragó saliva mientras empezaban a caminar, con la vista puesta en el frente. El lugar parecía bastante tétrico y árido, y daba la sensación de que nada pudiera sobrevivir en él. Marvin pensó que tal vez por eso había Pokémon del tipo Fantasma.

Tras unos buenos cinco minutos de andadura, el grupo llegó a un camino sin salida. Marvin se detuvo y les hizo una señal con la cabeza a sus compañeros, pues al final del camino había un extraño Pokémon marrón. Tenía forma de peonza y no dejaba de balancearse de un lado a otro. No obstante, no parecía que los hubiera visto.

—Es un Baltoy —dijo Flass—. Son bastante peligrosos si les damos tiempo.

—Pues parece bastante frágil —objetó Marvin, inclinando la cabeza.

—Lo es —añadió Winona, cruzando los brazos—. Pero el problema de los Baltoy radica en que, si te ven, llamarán a sus compañeros con una onda psíquica, y antes de que te des cuenta estarás rodeado de ellos y sin posibilidad de huir. Sugiero que lo ataquemos rápido y no le demos tiempo a llamar a nadie.

Marvin asintió. Dio unos pasos hacia delante, evitando hacer ruido y llamar la atención del Baltoy. Sin embargo, cuando iba a lanzar una pistola de agua, Winona lo detuvo.

—En vez de soltar un proyectil, trata de hacer una "O" con la boca al disparar el agua —le aconsejó—. Llegará más lejos.

Marvin hizo lo que la Buizel le decía, y de su boca salió un aro de agua a toda velocidad, que golpeó al Baltoy de lleno. El Pokémon psíquico cayó al suelo, confundido y tomado por sorpresa. Mientras se levantaba usando sus poderes, Winona corrió hacia él y le propinó un potente golpe con su cola, cargada de energía de Agua. El Baltoy cayó de nuevo al suelo, esta vez inconsciente.

—¡Muy bien, chicos! —los felicitó Flass—. Lamento no ser de más ayuda, pero… no es que conozca muchos movimientos, la verdad.

Marvin le quitó importancia al asunto dándole unas palmadas en la espalda. Winona volvió con el grupo y le dio un codazo al Weedle, riendo.

—No te preocupes, Flass, yo te aprecio igual —dijo—. Ahora tenemos que buscar otro camino. ¡Guíanos, Marvin!

Y con esto, el equipo se puso en marcha de nuevo, esta vez en la dirección contraria.




Cynder masticaba la comida de mala gana. No tenía hambre. Sin embargo, debía comer algo, ya que la atenta mirada de Rawkan, sentado en frente de él, lo hacía sentirse obligado a tragar.

El Marowak, por su lado, apenas había dicho algo desde que habían salido a desayunar. Engulló el desayuno como si no hubiera comido en días y se dedicó a vagar con la mirada por todo el Comedor, casi vacío a causa de los horarios de muchos equipos.

Entonces, Cynder vio a un Pokémon conocido entrando en el Comedor por una de las puertas principales. Elina la Espeon, con su gracilidad y elegancia habituales, atravesaba la puerta acompañada de Kroven, su asistente temporal. Rawkan no tardó en darse cuenta de que su protegido miraba a un punto detrás de él.

Elina se sentó elegantemente al lado de Marowak, mirándolo con sus profundos ojos.

—Querido Rawkan —dijo, con forzada educación—, me he enterado de que planeas llevar a Cynder a ver a su madre en Pueblo Papiro.

—En efecto —asintió Rawkan—. Y tengo autorización de Paldus y de Astrid, así que no necesito que vengas a darme la…

—Venía a preguntarte si podías llevar también a mi asistente Kroven —la interrumpió la Espeon—. Me gustaría poder ir yo misma, pero gracias a nuestro amigo Meruclus ahora tengo demasiado trabajo como para hacerlo.

Rawkan estaba visiblemente sorprendido. Sin embargo, no tardó en acceder.

—Claro —contestó finalmente, con la misma educación falsa que la Espeon había usado antes—. Un placer quitarte trabajo de encima.

Elina abandonó la mesa con brusquedad. Cynder no sabía por qué, pero había algo de rencor entre aquellos dos. La tensión entre ellos podía haberse cortado con la guadaña de un Scyther.

—Cuidad bien de Rawkan —soltó Elina mientras se iba—. Es propenso a meterse con cosas que no sabe manejar.

Rawkan dejó escapar un gruñido mientras Kroven se sentaba y le estrechaba el ala.

—¿A quién vas a ir a ver tú? —preguntó Rawkan.

—Al único miembro de mi equipo que ha sobrevivido —dijo el Murkrow con pesar—. Me separé de ellos en el incendio y esta mañana Elina me ha contado que solo ha sobrevivido el líder.

Cynder lo miró con tristeza. Sabía que no podía compararse con perder a un padre, pero aun así debía ser duro perder a todos tus compañeros de exploración de una vez. Mientras pensaba esto, se dio cuenta de que Kroven lo estaba mirando.

—Sé a quién vas a ver tú —le dijo—. Elina me lo ha contado. Lo siento mucho, de veras.

Cynder asintió pesadamente con la cabeza. No quería hablar de ello, pero sabía que muy probablemente acabaría llorando otra vez cuando viera a su madre.

Los tres Pokémon abandonaron el comedor antes de que Cynder acabara, ya que no podían quedarse allí toda la mañana. Aunque Cynder creía que el Rawkan los llevaría a las salidas comunes para los equipos de resistencia, pero en su lugar les indicó el camino que llevaba a las escaleras de caracol. Mientras bajaban, comenzaron a hablar.

—Rawkan ¿vamos a usar una salida alternativa? —preguntó Cynder, dándose cuenta de esto.

—Algo así —contestó el Marowak—. Verás, vamos a usar el centro de teletransporte. Es mucho más rápido y seguro en este caso.

—Ignoraba que la Atalaya poseyera un centro de teletransporte —comentó Kroven, frunciendo el ceño.

—La tenemos —afirmó Rawkan—. Pero no solemos usarlo a causa de que los teletransportes a lugares lejanos acostumbran a salir mal. Por eso nuestros teletransportadores solo se atreven a hacerlo en un radio pequeño. Y ya que Pueblo Papiro queda cerca de aquí y que mi pierna no está demasiado bien, creo que será mejor ir vía teletransporte.

Cynder asintió en silencio mientras llegab al centro de teletransporte. Se trataba de una única habitación algo más grande que el banco de objetos, pero con una iluminación considerablemente mejor. Varios Pokémon psíquicos se hallaban sentados en el suelo de la cámara, algunos de ellos meditando. Uno de ellos, un Kadabra, se dio cuenta de su presencia y se acercó levitando.

—Buenos días, Rawkan y compañía —saludó, con una voz grave pero gentil—. Espero que las heridas que te fueron infringidas anoche no fueran muy graves…

—No te preocupes, Suh —contestó el Marowak—. Sólo fueron unos rasguños. Te traigo a dos Pokémon que van a visitar a los fugitivos. Espero que no sea mucho problema que nos teletransportes.

El Kadabra les dedicó una mirada a Kroven y Cynder. Alzó una ceja.

—Me dejará bastante débil teletransportar a un Siniestro —dijo finalmente—, así que tendréis que esperar un poco más de lo que quizás desearíais para que yo pueda recuperar mis energías… tal vez una hora ¿Es eso un problema?

Rawkan se encogió de hombros.

—Dudo que a estos dos les moleste pasar un tiempo más con sus seres queridos —respondió—. Recuerdas el refugio, así que no debería haber problemas ¿verdad?

—Por supuesto —asintió Suh—. Soy un Kadabra, amigo mío. Nuestra memoria es larga como el tiempo.

Entonces, el Kadabra les indicó que se situaran en un punto en frente de él y, cerrando los ojos, comenzó a concentrarse. Cynder comenzó a sentir un extraño cosquilleo por todo su cuerpo, justo antes de que todo se volviera blanco.




El suelo tembló con la caída del poderoso Graveler. El poderoso Pokémon de Piedra había sido tumbado por un potente hidropulso.

—¿Está debilitado? —preguntó Flass desde la distancia— No me gustaría que se levantara de repente y me golpeara con una piedra.

—Tranquilo, Flass —respondió Marvin, examinando al robusto Pokémon de cuatro brazos—. Éste no se va a levantar en un buen tiempo.

Flass suspiró aliviado. Los dos primeros sectores del territorio habían sido bastante llevaderos y con pocos enemigos, pero el pobre Weedle no había tenido oportunidad de ayudar demasiado a sus amigos a causa de la falta de variedad de sus movimientos. Sus compañeros de equipo le habían dado la bolsa durante su paso por el segundo piso para intentar que no se sintiera tan inservible, pero apenas había tenido que usar objetos un par de veces.

—Por cierto, Marvin ¿qué le pasó a Cynder? —preguntó Winona—. Ayer estaba bastante bien, al menos cuando fuimos a explorar.

Marvin se detuvo en seco. Antes de responder, se paró a pensar en su amigo. No creía que fuera lícito hablar de él a sus espaldas, y menos sobre un tema que desconocía si su amigo quería revelar a dos Pokémon que apenas conocía del día anterior. Por lo tanto, decidió responder con alguna mentira plausible.

—Su estómago le jugó una mala pasada —dijo, tratando de sonar lo más creíble posible—. Cenó demasiado y por la mañana era incapaz de andar sin sentir un pinchazo dolorosísimo en el vientre.

—Una vez me pasó algo parecido —intervino Flass—. Fue horrible, porque Grindar me obligó a salir de exploración igual y tuve que caminar todo el día con el dolor de estómago.

—La peor parte me la llevé yo —bromeó Winona—, que tuve que aguantarlo durante el camino por toda la mazmorra.

Los tres rieron con la broma de la Buizel. Afortunadamente, el tema se dejó ahí y ninguno de los miembros del Equipo Rastros volvió a mencionar a Cynder.

El grupo había encontrado una cantidad de objetos considerable durante su exploración. Dispersados por el suelo de la mazmorra había una variedad de objetos como gravelerrocas, semillas y alguna que otra esfera mágica. Winona examinaba cada objeto que se encontraban y decidía si era útil o no, de modo que no guardaban ni la mitad de los que se topaban.

El equipo llegó a una zona de las ruinas que se abría en un pequeño descampado con apariencia tranquila. Al final del descampado, se podía apreciar la puerta para acceder al siguiente sector.

Marvin, que había estado notando el hambre en su estómago desde hacía un buen rato, les propuso a sus compañeros detenerse y comer algo, ya que estaban a punto de entrar en el tercer sector.

—Es extraño —comentó—. No hace tanto tiempo que he comido como para tener tanta hambre.

—Eso es un efecto del territorio misterioso —dijo Winona mientras rebuscaba en la bolsa que Flass llevaba—. Su aire pesado y su ambiente hacen que gastes más energías y que tengas hambre mucho más rápido.

Dicho esto, la Buizel sacó unas manzanas pequeñas de la bolsa y las repartió entre sus compañeros. El grupo apenas se detuvo cinco minutos, ya que no querían que apareciera un inoportuno Pokémon salvaje. Cuando acabaron de comer, cruzaron el arco y se dirigieron al siguiente sector del territorio.

El nuevo sector no era en absoluto como cualquier otro que Marvin hubiera visto antes. Normalmente, el territorio creaba complejos y laberínticos caminos con alguna que otra sala cada varias decenas de metros, pero en aquella ocasión era simplemente un terreno rectangular de un tamaño exagerado, delimitado por los pilares y estructuras semidestruídas. El sector era tan solo una enorme sala rectangular, con algunos Pokémon pequeños merodeando unos metros más allá.

—Vaya —comentó Flass—. He visto esto antes. A veces, por un motivo desconocido, el territorio genera un sector formado por una sola sala. Es algo muy curioso, pero por lo general es algo bueno para los exploradores.

Winona lo miró desconcertada.

—Entonces será mucho más fácil encontrar el arco, digo yo —dijo— . Aunque deberíamos evitar pelear contra los Pokémon de la zona.

—Iremos pegados a la pared —soltó Marvin, que hasta el momento parecía haber estado ajeno a la conversación—. Aunque tardemos un poco más, los Pokémon no nos van a molestar.

Sus compañeros accedieron, y el equipo se puso en marcha rozando las paredes. Aunque tuvieron que tumbar a un grupo de Sandshrew que se les acercaron demasiado, no tuvieron problema en encontrar el arco y atravesarlo.

La familiar estructura laberíntica volvió a materializarse ante sus ojos una vez pasaron por debajo del arco. Dos caminos se extendían ante ellos, y Marvin decidió coger el de la derecha.

No tardaron en encontrarse en una pequeña sala con varias salidas. Sin embargo, no tuvieron tiempo para apreciarla, ya que una figura azulada voló en su dirección, golpeando de lleno a Flass y derribándolo.

Winona y Marvin se pusieron en guardia, listos para contraatacar. Cuando la figura se detuvo en el aire, pudieron ver que se trataba de un extraño Pokémon azul verdoso, con forma de campana y la piel recubierta de acero. Dos enormes ojos rojos los miraban desde la parte inferior de su cuerpo.

—¡Es un Bronzong! —exclamó Winona— Marvin, yo me encargo de él, me he enfrentado a alguno. ¡Tú ve a ayudar a Flass!

Marvin corrió hacia su amigo caído sin pensárselo dos veces. El pobre Pokémon bicho había recibido un impacto potente, y se tambaleaba intentando levantarse. La bolsa yacía en el suelo, a unos pasos de él.

—¿Estás bien? —preguntó Marvin, ayudándolo a levantarse.

—Sí, estoy… bien, es sólo que… no me lo esperaba —dijo el Weedle con voz entrecortada.

Se giraron para ver a Winona, que esperaba a que el Bronzong hiciera su primer movimiento. No obstante, el Pokémon de Acero no tenía la más mínima intención de golpearla a ella, ya que ignoró por completo a la Buizel y se lanzó de nuevo contra Flass. Marvin, viéndolo venir, se arrojó contra su compañero, tirándolo al suelo y evitando la embestida del Pokémon, que daba vueltas en el aire.

—¡Está intentando debilitar a Flass primero porque sabe que es el más débil a sus ataques! —dijo Winona.

Y, en efecto, el Bronzong volvió a cargar contra Flass, esta vez lanzándose en bomba desde el aire. Flass rodó para esquivar el golpe, que falló por muy poco. Marvin, aprovechando que su enemigo estaba por fin en el suelo, le lanzó un hidropulso. El Bronzong, sin apenas reaccionar ante el impacto, se levantó y disparó un rayo de energía psíquica hacia él.

Y entonces Marvin sintió el impacto de un ataque de ese calibre por primera vez. La cabeza le deba vueltas a la vez que su cuerpo sufría el dolor del golpe y se veía arrastrado hacia atrás por su potencia.

El efecto no duró demasiado, pero logró apartarlo del combate durante unos segundos. Cuando se incorporó, recuperando el equilibrio, el Bronzong ya había cargado contra Flass de nuevo. Y esta vez le había dado.

Flass cayó de nuevo al suelo, esta vez soltando un chillido. Winona, soltando un aullido de furia al ver a su amigo caído, saltó contra el Pokémon salvaje, golpeándolo con su cola. Marvin, habiendo recuperado plenamente la conciencia, atacó al Bronzong con su propio ataque, un proyectil de agua que golpeó a su adversario en la cara.

El Pokémon retrocedió, pero estaba lejos de caer derrotado. Esta vez, sin embargo, no se lanzó de nuevo contra ellos, sino que se detuvo en el aire. Mientras Winona y Marvin se ponían delante del derribado Flass para protegerlo. El Bronzong comenzó a emitir una energía extraña, y antes de que el equipo pudiera darse cuenta, la lanzó contra ellos.

Marvin rodó lateralmente para evitar el ataque psíquico, que impactó en el suelo. Winona saltó hacia el Bronzong, evitando ágilmente su ataque y propinándole un colmillo helado en uno de sus apéndices. El Pokémon de Acero se agitó en el aire, tratando de librarse de la dentadura de la Buizel.

Este fue el momento que Marvin eligió para atacar. Cargó un potente hidropulso en su boca y lo lanzó con toda su fuerza hacia su adversario. Esta vez el ataque impactó con mucha más fuerza, tirando al Bronzong al suelo. Winona saltó en el aire justo antes del impacto, para dispararle un certero proyectil de agua al Bronzong.

Tras el impacto, el único sonido que se escuchaba era el de los jadeos de ambos Pokémon de agua. Winona aterrizó al lado de Marvin, todavía alerta por si el Bronzong se levantaba. Esto no ocurrió, pues el Pokémon había dejado de moverse totalmente. Winona rompió el silencio con un grito.

—¡Toma ya, Marvin! —gritó eufórica, rodeando al Mudkip por el cuello.

Marvin, aunque algo molesto por el brusco gesto, se sentía genial. La adrenalina le corría por las venas a toda velocidad cada vez que recordaba la potencia de su impacto contra el Bronzong. Ser un Pokémon no estaba nada mal, después de todo.

Entonces se dieron cuenta de algo. Flass no se había movido desde el último ataque del Bronzong. Se giraron para mirar a su compañero, que todavía yacía en el suelo a unos metros de ellos.

—¡Oh, no! —exclamó Winona, corriendo hacia su amigo y arrodillándose sobre su cuerpo.

Cuando Marvin se acercó, pudo ver como Winona agitaba el cuerpo inconsciente de su amigo para tratar de despertarlo.

—¡Maldita sea! —maldijo la Buizel—. Se ha desmayado. El territorio misterioso no tardará en expulsarlo…

Antes de que pudiera terminar la frase, el cuerpo de Flass lanzó un destello que los cegó durante unos instantes. Cuando la luz desapareció, Flass ya no estaba allí.

—¿Qué ha sido eso? —preguntó Marvin, un poco asustado.

Winona no contestó inmediatamente. Suspiró y recogió la bolsa que apenas unos minutos antes llevaba su amigo. Cuando se giró para mirarlo, Marvin pudo notar un atisbo de ira en sus ojos.

—Empieza a molestarme tu falta de formación en cuanto a explorar mazmorras, Marvin —dijo, cruzando los brazos—. Hay algo que me huele bastante mal acerca de ti, y más te vale que empieces a cantar o juro que te dejo aquí mismo.

Marvin se quedó algo embobado ante el cambio de humor de su amiga. Ignoraba si llevaba todo el tiempo pensando acerca de eso, o si había sido la pérdida de Flass lo que la había hecho reaccionar así, pero en cualquier caso lo estaba metiendo en una situación muy comprometida. Decidió proceder con cautela.

—Te lo voy a contar —dijo, respirando hondo—. Pero no se lo puedes contar a nadie. Si Elina se entera de que se lo he contado a alguien, me puedo meter en serios problemas.

Winona arqueó las cejas. Lo miro durante unos incómodos segundos, pero luego se encogió de hombros y asintió.

—De acuerdo —dijo finalmente—. Y, para tu información, Flass estará bien. El territorio misterioso expulsa a los intrusos cuando quedan inconscientes. Es su forma de limpiar el terreno.

Marvin asintió. Retomando la marcha, con la Buizel a su lado, se dispuso a hablarle a su compañera acerca acerca de sí mismo.

—Tengo amnesia —comenzó, simplificando su problema—. Lo primero que recuerdo es despertarme en un claro, con Cynder mirándome. Lugnos y Paldus nos encontraron nos encontraron y nos llevaron a la Atalaya.

Winona no dijo nada, pero sus ojos lo miraban atentamente. Marvin continuó sin esperar una respuesta. No obstante, decidió guardarse los detalles acerca del Don de Sazira y el asalto al Fuerte Flarah.

—Elina descubrió que me han extraído memorias, y cree que ha sido cosa de la Corporación. Por eso me consideraron valioso y me dejaron formar un equipo sin mezclarme con los equipos de entrenamiento. Quieren que aprenda a valerme por mi cuenta.

Parecía que la Buizel estaba convencida con su historia.

—Sabía que ocultabas algo interesante —dijo —. ¿Te imaginas? Puedes tener un secreto enorme escondido en tu memoria… ¿te ha dicho la Maestra Psíquica cómo puedes recuperarla?

—Me ha dicho que es posible que lo tenga la Corporación —repitió Marvin— pero no me ha dado datos concretos. Pero sí, me gusta imaginar que tengo algo interesante escondido en esa memoria mía.

La tensión del aire se disolvió rápido mientras los dos Pokémon comenzaban a fantasear sobre lo que podría estar oculto en los recuerdos de Marvin. Aunque algo afligidos por Flass, que según el reglamento de la Resistencia debía esperarlos en la salida del territorio, los dos miembros restantes del equipo estaban bastante más animados y conversaron alegremente durante su camino hasta el siguiente sector.




El poderoso resplandor se disipó, y de pronto Cynder se encontraba en un lugar totalmente distinto. Era una especie de pasillo de piedra, con antorchas situadas a lo largo de las paredes. No había ventanas que dejaran entrar la luz del sol, por lo que supuso que se encontraban en el refugio escondido del que había hablado Rawkan. Detrás de ellos había una gran puerta de acero con una pequeña ventana cerrada en la parte superior, semejante a las que había a lo largo del pasillo.

El Cyndaquil sentía una extraña sensación de mareo en su cabeza, como la que produce una subida de sangre al cerebro tras estar un tiempo boca abajo. Kroven lo miró con una media sonrisa.

—Es raro ¿verdad? —preguntó— Tranquilo, la sensación se va rápido. Me han teletransportado antes.

—Es una sensación extraña, sí —comentó Cynder, rascándose la cabeza.

Rawkan se cruzó de brazos, mirándolos.

—Muy bien, chicos —dijo con tono autoritario—. Hemos llegado, pero ahora tenéis que hablar en voz baja. Estamos en un refugio a pocos metros bajo Pueblo Papiro, pero ni aquí estamos totalmente seguros. Imagino que la Corporación estará buscando a los fugitivos, y creedme, son capaces de venir hasta aquí.

Con un gesto de su mano, el Marowak les indicó que lo siguieran. Suh, el Kadabra, se quedó atrás recuperando energías. Marowak llegó hasta una de las puertas y la golpeó con su hueso. El ventanuco de la puerta se abrió ligeramente, y Rawkan se inclinó para decir unas palabras. Casi al instante, la puerta se abrió.

La congregación de Pokémon era excesiva para el tamaño de la pequeña sala. Apenas había espacio para poder tumbarse y dormir, pensó Cynder.

—Así que al final los has traído —dijo una voz familiar. Cynder alzó la vista y pudo ver a Astrid, la Ninetales plateada mirándolos de vuelta.

—Sanos y salvos, jefa —respondió Rawkan, haciendo un cómico saludo militar con la mano.

Cynder no estaba prestando atención, sin embargo, ya que acababa de ser apresado en un poderoso abrazo. No tenía que mirar a su madre para reconocer el tacto de su pelaje, el calor que desprendía su llama interior… la conocía desde que era un bebé. Se dejó arropar por los brazos de su madre mientras las lágrimas volvían a sus ojos.

—Cynder —dijo su madre simplemente.

Él no respondió. Con ojos llorosos, abrazó a su madre de vuelta. Ambos lloraban, afligidos por la pérdida de su ser querido pero felices de haberse encontrado de nuevo entre todo aquel caos.

—Gracias… gracias… —dijo ella emocionada. Astrid apoyó su pata en el hombro de la Thyplosion.

—Hemos hecho nuestro trabajo, Frayla —dijo, con un inesperado tono enternecido—. Lamento mucho no haber podido salvar a tu marido.

Esta vez, fue Cynder el que habló.

—No… no es culpa tuya, Astrid —dijo Cynder entre sollozos.

La Ninetales le pasó la pata por la cabeza afectuosamente.

—La llama imperecedera de Ho-Oh crece en ti, pequeño —dijo—. Eres libre de abandonar la Resistencia si quieres. Tienes mi salvoconducto.

Cynder miró a su madre, algo confundido. No sabía qué responder a aquello.

—Me lo han contado todo, cariño —dijo ella, pasándole una mano por la espalda—. Has sido muy valiente. Ningún Pokémon de tu edad debería pasar por lo que tú has pasado. Nadie debería hacerlo.

Esas palabras retumbaron en la cabeza de Cynder. Recordó su huída de Villa Plata. Recordó el fuego, la muerte, el olor a cuerpos quemados. Y recordó a Marvin, el único Pokémon que le había mostrado su apoyo. Y entonces, separándose un poco de su madre, tomó una decisión.

—Tienes razón —dijo, secándose las lágrimas—. Nadie debería pasar por eso nunca más. Y por eso… quiero quedarme en la Atalaya, mamá. Quiero asegurarme de evitar todas las muertes que pueda. Papá habría querido eso.

Su madre lo abrazó de nuevo.

—Te quiero tanto, hijo mío… —dijo— No sé qué habría hecho si te hubiera pasado algo.

El abrazo duró menos esta vez, y que esta vez era Frayla la que tenía que hablar.

—Tienes mi permiso para volver con la Resistencia —anunció—. No tengo derecho de negártelo, hijo, ya que seguirás el mismo camino que tu padre siguió en su día.

Cynder la miró sorprendido. Rawkan soltó una de sus risitas.

—No te sorprendas tanto, cielo —dijo ella, sonriendo—. Tu padre sirvió en la Resistencia cuando era joven, hasta que le surgió un asunto más importante.

El Cyndaquil supo al instante que se estaba refiriendo a él. No pudo evitar, sin embargo, una punzada de dolor al recordar a su padre. Aguantó las ganas de volver a llorar.

—¿Qué harás tú? —preguntó a su madre, alejando los pensamientos—. Ya no tenemos casa. ¿Irás a las montañas de Hierro con el tío Dofus?

Su madre asintió con una cálida sonrisa.

—No estaré muy lejos de la Atalaya, y pasaré a visitarte de vez en cuando —mirando a Astrid, añadió—. Espero que no haya ningún problema con eso.

La Ninetales plateada negó con la cabeza.

—Los años de servicio de tu marido serán recompensados —dijo, sonriente.

Tras la cálida reunión, Cynder comenzó a saludar a otros conocidos de Villa Plata, a cada cual más contento de verlo con vida. El pequeño Cyndaquil, aunque notando la ausencia de su padre profundamente, se sentía el centro del universo.

"No te decepcionaré, papá" pensó, evocando la imagen del Emboar. La angustia se hizo más pequeña a medida que su pecho se llenaba de orgullo. "Voy a ser el mejor explorador que ha conocido Pellaria".
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