Ronda 0
Ronda 0
El día prometía ser hermoso y radiante cuando el Sol comenzó a asomarse tímidamente por detrás de las colinas. El rocío que reposaba suavemente sobre la verde y vibrante vegetación, brillaba como diamantes en las más finas piezas de joyería. El cantar de los pájaros, que recién se levantaban, era la única alarma que necesitaban los Conejos que residían en la villa para despertar.
Bostezando perezosamente, se levantaron de sus lechos y comenzaron a prepararse para cumplir con sus trabajos muy contentos. Comieron sus zanahorias asadas con voracidad, deleitándose con el agradable aroma y derritiéndose de gusto por el exquisito sabor. Con los estómagos llenos y muy contentos, salieron de sus casas y se dirigieron a los campos, para comenzar con las cosechas.
El día hubiese sido perfecto si un grito espantoso no hubiese acallado el cantar de las aves y les pusiera los pelos de punta. Como el pueblo era pequeño, resultaba natural que todos se conocieran y se preocuparan por el bienestar de su vecino, así que corrieron hacia la casa de donde sabían provenía el grito.
Cuando llegaron, encontraron a un Conejo frente a la entrada de su casa, arrodillado en el suelo, llorando y temblando descontroladamente. Al acercársele para preguntarle qué le sucedía, entre espasmos señaló la puerta de su hogar y dijo:
— E-e-e-está…
No fue necesario que terminara la frase, todos giraron la mirada y sin excepción alguna sintieron que el mundo se les venía encima.
Clavado a la puerta yacía inerte el cuerpo desgarrado de uno de los suyos. Su rostro había quedado totalmente irreconocible, pues le habían arrancado los ojos, las orejas y la mitad del rostro. En el pecho estaba incrustada la estaca que lo mantenía colgado de la puerta, a él y a sus tripas, que se dejaban caer como serpentinas a través de las tres inmensas rajas que cruzaban su pecho y estómago totalmente.
Horrorizados ante la perturbadora visión y el charco de sangre que se acumulaba a sus pies, pudieron observar que esas heridas mortales no fueron hechas con ninguna de sus herramientas de trabajo. Sus pequeños cuerpos temblaron, pues sabían de qué se trataba todo aquello: un Lobo había llegado al pueblo.
Pero no era del todo cierto, los Lobos ya no cazaban como lo hacían antaño, ya no los perseguían a través de las praderas, escarbando en sus madrigueras para darles alcance con sus fauces apestosas. No, señor. A aquellas criaturas del diablo les parecía más divertido mezclarse entre ellos con magníficos disfraces.
A saber cómo es que un animal tan inmenso podía entrar en la piel de un Conejo, pero la desgracia había caído en varios pueblos, algunos lograban encontrarlo, otros no, pero lo cierto es que ocurría y el turno de ellos había llegado. Debían dar con el Lobo antes de que él los exterminara.
El tiempo era ahora su cruel enemigo y el Lobo era su verdugo.
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Bueno, pequeños conejitos, los roles ya han sido repartidos y el juego comienza.
Como ya es costumbre desde hace un par de ediciones, en esta Ronda 0 muere un NPC para que todos puedan participar vivitos y coleando. No hay nada trascendental en esta muerte, más que dar inicio al juego.
Por ahora, LOS CONEJOS NO VOTARÁN PARA SACRIFICAR A OTRO CONEJO. Esa no es su preocupación por los momentos. DEBERÁN PONERSE DE ACUERDO Y ESCOGER A SU ALGUACIL. Postulen sus candidatos, debatan al respecto y DEJEN SU VOTO ACÁ EN EL TEMA, pues el Alguacil se ecoge democráticamente.
Tienen un día para escoger a su ALGUACIL.
¡Suerte!