— Capítulo I —
Había una vez…
Había una vez, en un país muy pero muy lejano, un grupo de niños quienes desobedecían a sus padres, viviendo su corta vida de forma torcida.
Un día, nublado y solitario, de esos días donde todos prefieren quedarse en su cama, tomando un té.
De esos días que son aburridos.
De esos días donde ni las almas pasean por las calles.
De esos días donde el cielo tararea la melodía del silencio, ese grupo de niños decidió ir a una vieja casa en una vieja colina.

En aquella antigua casa yacía una leyenda, y más que leyenda, un viejo juego, un viejo y torcido juego.
Todos los que querían participar debían golpear tres veces la puerta, gritar ‘¡Clang, clang!’ tres veces, inclinar el cuello hacia la derecha y mirar al lado contrario de la puerta.
Los niños, naturalmente, se encontraban aburridos, así que decidieron probar si era cierto, desobedeciendo la penitencia de no salir impuesta por sus padres, todos corrieron hacia la vieja y torcida casa.
‘¡Clang, clang! ¡Clang, clang! ¡Clang, clang!’ gritó una niña llamada Sophie.
‘¡Clang, clang! ¡Clang, clang! ¡Clang, clang!’ gritó un niño apodado Jav.
‘¡Clang, clang! ¡Clang, clang! ¡Clang, clang!’ gritó el niño llamado William.
‘¡Clang, clang! ¡Clang, clang! ¡Clang, clang!’ gritó el niño apodado Grizzly.
‘¡Clang, clang! ¡Clang, clang! ¡Clang, clang!’ gritó el niño llamado Chris.
‘¡Clang, clang! ¡Clang, clang! ¡Clang, clang!’ gritó el niño llamado Fioreni.
‘¡Clang, clang! ¡Clang, clang! ¡Clang, clang!’ gritó el niño apodado Keeps.
‘¡Clang, clang! ¡Clang, clang! ¡Clang, clang!’ gritó el niño apodado Polrock.
‘¡Clang, clang! ¡Clang, clang! ¡Clang, clang!’ gritó la niña llamada Karla.
‘¡Clang, clang! ¡Clang, clang! ¡Clang, clang!’ gritó la niña llamada Ellie.
‘¡Clang, clang! ¡Clang, clang! ¡Clang, clang!’ gritó el niño llamado Raúl.
Y todos se voltearon, torciendo su cuello.
Y junto con un Clang, clang desconocido, todo se volvió oscuridad.
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