La Manzana
Y sobre una superficie lisa comenzaron a levantarse los primeros indicios de una civilización. Este nuevo mundo, redondo y a su vez tan brillante, mostraba un futuro prometedor sobre su horizonte.
No faltó demasiado para que aparecieran algunos organismos, que con el paso del tiempo desarrollaron su capacidad física y psicológica. Se volvieron más inteligentes, superaron a otras criaturas, y convirtieron en el ser dominante del lugar.
Todo parecía transcurrir a gran velocidad. Como aquellas lecciones que una maestra da en primaria; notas que cada paso de la evolución ocurre en tan solo pocos minutos. Ella te explica cómo un organismo sin forma pasa a ser una criatura erguida en dos pies, mediante un proceso que llevó miles de millones de años, pero que tú solo lo escuchas en algunos segundos.
Al cabo de unas horas, levantaron su primera civilización. Ya no eran criaturas salvajes; ahora pertenecían a una sociedad que tomaba los conocimientos de sus antepasados para aprender de sus errores y continuar creciendo. Aprendieron formas de comunicarse a través de letras o símbolos, ¡desarrollaron su propio idioma! escribieron sus hazañas, descubrieron nuevos lugares inhabitados, construyeron grandes muros, nuevas formas de transporte, viviendas con cada vez más habitaciones, nuevas formas de energía ¿¡Cómo es esto posible!? ¿¡Cómo lograron avanzar tanto en solo un par de horas!?
Solo ha pasado un día desde que este nuevo mundo surgió, y sus criaturas evolucionaron a un paso más rápido que el nuestro. ¿Será que estos seres son superiores a nosotros? ¿Podría ser que nos hayan superado en muchos aspectos?
Prácticamente se encuentran a la misma altura que nosotros. Lo que antes solo eran palos sostenidos por barro y cuerdas, ahora son enormes rascacielos y puro asfalto. Incluso sus habitantes ya adoptaron la misma costumbre de ser que nuestra actual sociedad: viven en su mundo a gran rapidez. No se detienen a observar lo que hay a su alrededor. Oh, si lo hicieran; se sorprenderían tanto como yo por su acelerado crecimiento.
Todos corriendo de un lado al otro. Un hombre en traje caminando apresurado, con su maleta en mano y un dispositivo de comunicación en su oído. Una mujer sosteniendo a su pequeño hijo llorando desesperadamente, corren hacia el local con baño más cercano. Un joven en bicicleta pasa esquivando vehículos y personas sin detenerse. Viven en un mundo veloz.
Pero algo repentinamente cambió. Una persona de pie en una plaza, que ve todo lo que hay a su alrededor detenidamente. Observa el suelo llano, los edificios que tapaban por completo la luz del cielo, la gente que pasaba a toda prisa frente a él. Solo le tomó algunos minutos darse cuenta de aquello que le rodeaba. Algo ocurría con su mundo, pero aún no descubría qué.
Llamaremos a este individuo como "Bob". Seguramente tenga un nombre, pero como expliqué, su idioma es diferente y por lo tanto no lo puedo interpretar. En fin, siguiendo el reporte; como un estudiante en el ámbito de las ciencias, a Bob no le tomó demasiado tiempo encontrar interés por investigar.
Se dirigió hacia el parque nuevamente. Observó a la izquierda, luego a la derecha. Lanzó su mirada al cielo y volteó al suelo. De alguna extraña manera, lo había empezado a comprender.
Bob corrió hasta su departamento. Tomó una pequeña libreta y comenzó a anotar. Lamentablemente no puedo decir qué fue lo que escribió con exactitud en esas veinte hojas, pero basándome en las ilustraciones
-Oh, ¿Olvidé mencionar que Bob es un gran ilustrador científico?- puedo comentarles un poco.
Bob planteaba la existencia de "algo" bajo sus pies. Afirmaba que el suelo estaba cubierto por una delgada capa, y que más allá de ello se encontraba oculto algo más. Lo que ellos veían a simple vista era solo una parte del todo.
Sus vidas transcurrían a tanta velocidad, que nunca se plantearon teorías o investigaron más allá de la superficie. Incluso en los primeros momentos, evolucionaron a tal rapidez que no tuvieron oportunidad de detenerse a plantear las cosas. Habían nacido con la capacidad de avanzar hacia adelante de forma recta.
Bob dejó el lápiz sobre la mesa y pensó por unos instantes. Aunque no sé leer mentes, puedo afirmarles que aquello en lo que pensaba le estaba causando más dudas que respuestas, su cara misma lo afirmaba. Se levantó de su silla bruscamente, guardó tanto el lápiz como la libreta en su amplio bolsillo y salió por la puerta corriendo hacia el parque.
Se paró en el mismo punto que la vez anterior, y observó nuevamente su alrededor. Miró y miró, pero aún así ese desconcierto que mostraba su rostro no desapareció. Su mundo era algo que él no podía entender, pero que deseaba hacerlo. Cerró sus ojos, alzó sus manos hasta sus sienes y comenzó a frotar en ellas sus dedos índices, como si algo le provocara un agudo dolor de cabeza. Abrió nuevamente sus ojos por unos segundos, enfocándolos hacia el suelo. Fue allí que lo notó. Algo había cambiado.
Lo que antes solía ser un piso completamente llano, rojo brillante y duro, ahora parecía un colchón suave que comenzaba a tener un tono rojo grisáceo. Bob se preocupó ¿nadie había notado este cambio? Es algo muy llamativo para dejarlo pasar. Tal vez de la prisa, nadie había desviado la mirada al suelo, y por ende visto este detalle.
Arrancó un pequeño trozo de suelo, lo envolvió en una de las hojas blancas que aún le quedaban a la libreta, y lo guardó en su bolsillo. Con mucha prisa, Bob corrió hasta su departamento, sacó ese pedazo y comenzó a analizarlo detenidamente.
Al parecer, aquella capa roja brillante que cubría sus pies no era más que una manta protectora de una masa color amarillo muy claro y algo dura. Tal era su curiosidad, que con ese ímpetu de investigación Bob lamió el pedazo de suelo. Era un sabor raro para ser algo que todos los días la gente pisaba al pasar, era dulce.
Este nuevo descubrimiento lo motivaba a continuar observando; quería descubrir el porqué de ello, ¿porqué era dulce? ¿será que todo este tiempo el suelo en si era una fuente de alimento? ¿porqué cambia de color? ¿Porqué ahora es más suave? Pero Bob sucumbió al cansancio, y decidió que por ahora lo mejor sería descansar un poco su atareado cerebro.
Varios horas después Bob despertó. Se acercó hacia la mesa donde había colocado el trozo descubierto, llevándose una gran sorpresa. ¡El trozo ahora era cada vez más oscuro! Su interior ya no era de un color suave, sino que el amarillo comenzaba a ponerse cada vez más negro y sucio, mientras la capa roja brillante que lo cubría ahora era de un rojo opaco arrugado. ¿¡Pero que pudo haber pasado en menos de una noche!? Será que el suelo en donde viven está contaminado? La preocupación comenzó a inundar a Bob, quien de la desesperación tomó tanto el trozo como todo lo anotado, y se dirigió al Centro de Investigación.
Los científicos de allí resultaron ser muy escépticos al escuchar lo que Bob, con gran rapidez y casi sin respirar, les comentaba. Para ellos, el cambio en el trozo o lo descubierto en el suelo del parque no eran más que pura imaginación y delirio, solo un pequeño cambio al que no había que darle importancia.
Bob continuaba preocupado ¡esto no podía ser normal! Algo estaba ocurriendo, y no era solo un pequeño cambio insignificante, él lo sentía.
Las días pasaron. Las personas continuaban sus actividades. En solo un par de horas, habían superado nuestra sociedad actual.
Cada tanto, Bob se acercaba al parque con la esperanza de que aquello que vio en un principio solo era parte de su imaginación. Pero no fue así, y el suelo empeoraba aún más. Al cabo de unos pocos días, el suelo se había ablandado por completo. La gente comenzó a notar el problema cuando sus pies o cualquier objeto con peso empezaron a hundirse bajo tierra. Los edificios perdieron pisos y las personas caminos por donde transitar. Aquellos pocas cosas que permanecían en la superficie terminaban cubiertas por una capa densa y grisácea, con algunas manchas verdes. Su mundo se desplomaba.
Bob lo sabía, era el fin de todo aquello que conocía. Mientras veía como lentamente este cambio se llevaba a cabo, pensó si hubiera sido posible evitarlo ¿Y si él mismo lo detenía? Tal vez tenía las capacidades para hacerlo, pero fue demasiado lento para descubrirlo. Bob se culpaba, culpaba al mundo por ir a tal velocidad que ignoraron el problema, culpaba a los científicos que solo llamaron esto como un "simple e insignificante cambio". Pronto no quedaría nada, y Bob lo sabía.
Coloqué una manzana roja sobre una pequeña fuente y la dejé bajo mi cama. A la misma solo le tomó una semana para pudrirse. Cuando la saqué, era de un color prácticamente negro, con una capa de hongos pegada. Se suponía que sería mi proyecto de ciencia, "vida en otro mundo"; que demostraría cómo la vida puede desarrollarse en cualquier lugar.
Claro. Si mi proyecto hubiese sido como imaginé, habría conseguido el primer lugar en la Feria de Ciencias, y esa aburrida granja de hormigas no se hubiera llevado mi premio.
Lo único que me quedó para presentar es solo una simple y aburrida manzana podrida.