Al contemplar el cuadrado y sensual aparatito azul mis esperanzas volvieron a la vida como por arte de magia, ¡¿y cómo no hacerlo?! ¡Se veía divino! Destellante, impactante. Con la alta tecnología de punta de nuestro lado podríamos adelantarnos a los demás y conseguir los dichosos anillos del mal... o eso pensaba, la cosa parpadeaba hasta con chatarra. Menuda estafa.
— ¡Andaaa! Que resultado más desalentador. Yo que tú voy y le tiro esa cosa al pobre Darkrai que me la vendió. — Pegué un suspiro, totalmente resignada.
Seguimos avanzando, aunque tuvimos que desviarnos debido a la batalla de otra pareja y llegamos a una zona más verde, con flores y un dulce aroma en el aire. Parece que el camino que nos vimos obligados a tomar nos tenía preparada una sorpresa.
— Un pokémon hada y otro del tipo planta, Quilava será sin duda la mejor opción. — Susurró Albert por lo bajo, apenas pude escucharlo.
Asentí con la cabeza, me sentía insegura al usar pokémon ajenos, pero podía hacerlo, la suerte y el poder de la fe estaban de mi lado.
Logré derrotar a esa empalagosa cosa rosa sin mucho esfuerzo, lo mismo con el pokémon de las rosas. Debo confesar que para mí fue toda una sorpresa que Spritzee recibiera el fulminante golpe que le iba dirigido a Roselia como si tratase de defenderla, para ser sincera no quería que el pokémon hada se debilitara de esa forma tan salvaje. A pesar de todo, pegué un brinco de la emoción.
— ¡Estuviste genial, Quilava! ¿Quién es un lindo y poderoso pokémon de fuego? Tú lo eres, tú lo eres~ Aww~. — Le acaricié la cabeza al armiño, estaba tibia por el reciente movimiento de fuego. — Wow, Albert, me impresionas. Realmente entrenas bien a los tuyos, ya podría aprender alguna que otra cosa de combates de tu parte.
Con los ánimos recuperados devolví a su pokéball a Quilava y luego contemplé la esfera que ahora encerraba a Roselia. Por alguna razón había decidido capturarla.
— Puedes quedártela.— Mencionó Albert, con una sonrisa.— No dijimos nada sobre las capturas, así que por mí no hay problema.— Luego se cruzó de brazos, con orgullo.— Ja, ¿en serio te pareció increíble? Y eso que no has visto aún al resto de mi equipo.
— Eh, que tu equipo es bueno, estamos de acuerdo en eso, pero no creas que he olvidado la masacre a mi pobre Tails y Zero. — Desvié la mirada a otro lado, pero le vi de reojo con un leve sonrojo.— Te la perdono nada más por esta Roselia, hum.
— ¡Oye! Esos son detalles menores.
— Lalalala~. ¡Nada! A partir de ahora nos guiamos de nuestro instinto, será nuestra guía maestra, la creme de la creme, la última maravilla iluminati y todas esas cosas sagradas. ¡Vamos! Estoy segura de que a partir de ahora nos irá bien.
Le tomé de un brazo sin darle la chance de responder y apunté a lo lejos, esperanzada de nuevo. Esto iba a ser divertido, así que nos encaminamos a la laguna una vez más a la busqueda de los anillos.