[FanFic] La Historia de Jack Evans
Hola, vengo con la idea de una historia de pokémon desde que tenía 12 años (ahora tengo 20), la comencé a escribir varias veces y como no me gustaba como me quedaba, comenzaba otra vez, pero la que escribo ahora es la definitiva (eso espero) y necesito opiniones, ya llevo algunos capítulos escritos, pero quiero saber qué me falta. La historia no es muy fuera de lo común, un chico que comienza su viaje y poco a poco se cuestiona sobre su decisión debido a diferentes situaciones que le suceden. Aquí les dejo el primer capítulo, espero les guste. Ojalá dejen sus apreciaciones, críticas, opiniones, sugerencias, correcciones, etc. Yo intentaré dejar también las mías en los demás fics.
Capítulos:
Capítulo 1:
Pueblo Paleta era un pintoresco poblado al suroeste de la región Kanto, un lugar rodeado de árboles y con muy pocos habitantes, lejos de toda la contaminación de las grandes ciudades y llena de un aire tan limpio que cualquier granjero o campesino envidiaría, sin olvidar los verdes prados cruzados por caminos de tierra y árboles que no temían en adornarlo, mostrándose vigorosos ante cualquiera que pasara ante ellos.
Paleta estaba principalmente rodeado de frondosos bosques, bosques con árboles tan antiguos que la persona más anciana del pueblo parecía un bebé en comparación. Además de colindar al sur con una hermosa y pequeña playa de blanca arena que permitía una envidiable vista al majestuoso océano, y al norte con un grueso e irregular camino de tierra que se abría paso entre la arboleda y facilitaba la salida del poblado hacia el resto de la región.
Las personas en este pueblo solían ser amables, serviciales, honestas, pacíficas y no se entrometían en asuntos que no eran de su incumbencia, aunque de vez en cuando se les olvidaba respetar esta última característica. La mayoría vivía en casas que seguían el mismo patrón, paredes pintadas de un blanco tan puro que reflejaba toda luz que rebotaba sobre ellas y tejados tan rojos como un tomate fresco, donde las diferencias caían sobre el diseño, tamaño y decoración de cada una de ellas, además todas estaban distanciadas prudentemente las unas de las otras, para no causar mayor impacto en la quietud del lugar. Se dice que de tiempos inmemoriales, al menos así lo cuentan los más viejos, Paleta no ha sufrido mayor cambio desde que se fundó como pueblo hace más de cuatrocientos años, si se le compara con las grandes ciudades.
Generalmente, la luz era abundante en el poblado y este día no iba a ser la excepción. El sol alumbraba sobre el pasto y con timidez proporcionaba esa típica calidez matutina de un día despejado. No corría ninguna brisa y la calma del amanecer aún no se veía interrumpida, los únicos sonidos que se escuchaban eran los emitidos por las criaturas de la naturaleza, pero ni esos eran suficientes para arruinar aquella inigualable tranquilidad que sólo Pueblo Paleta era capaz de entregar.
Por unos de sus tantos trayectos de tierra, un chico de desordenada caballera negra transitaba a paso lento, pero seguro, al mismo tiempo que pateaba una piedra que había encontrado en el camino. Vestía unos pantalones negros de mezclilla cortados al nivel de la rodilla, una polera del mismo color con un estampado blanco agrietado, ya no se distinguía la forma de la imagen, y llevaba amarrada a la cintura una sudadera gris con capucha.
Siguió caminando hasta llegar al final del sendero de tierra que había tomado, ahí se detuvo, pateó lejos la piedra con unas usadas pero resistentes zapatillas blancas y sacó una botella con agua del bolso amarillo que colgaba de su hombro. Terminó de refrescarse la garganta e involuntariamente miró al sol, apartó inmediatamente sus marrones ojos de la luz del astro y avanzó sobre el pasto, adentrándose por un espacio definido por los árboles, lejos, al este del pueblo.
No tardó mucho en llegar a una casa totalmente distinta a las otras, estaba más distanciada del pueblo, un poco oculta, para aprovechar al máximo la calma del pueblo, y algo mal cuidada, por lo menos el exterior lo decía así, pues la maleza alrededor estaba crecida y el amarillo de sus paredes estaba desteñido. Su techo era gris y de éste salía una chimenea roja, también descolorida, que no emanaba humo de manera frecuente, de hecho la gente del pueblo no recordaba cuando había sido la última vez que habían visto una humareda en la arboleda del este.
El muchacho se aproximó con tranquilidad, miró un letrero con la frase “Laboratorio de investigación del Profesor Oak” y pasó mirando por una de las dos ventanas rectangulares de la fachada, las del segundo piso eran circulares, pero estaban sucias, sin embargo, no se detuvo hasta llegar a una puerta verde con una pequeña ventana semicircular en ella. Golpeó tres veces la puerta y esperó.
La puerta se abrió y un hombre de pelo cano apareció detrás de ella, vestido con un delantal blanco de esos que usan los científicos, su cara indicaba sabiduría y experiencia pues tenía las cejas pobladas y varias arrugas, además llevaba una camisa púrpura y pantalones café claro.
—Buenos días, profesor —saludó cordialmente el chico, de la misma manera que la demás gente joven del pueblo acostumbra a saludar a las personas mayores.
—Buenos días —contestó el anciano—. Veo que llegaste temprano, bastante diría yo.
El profesor Oak era conocido por ser una eminencia cuando de Pokémon se trataba, pero ¿qué era un Pokémon? La gente simplemente los conocía como criaturas de la naturaleza dotadas con poderes especiales que vivían entre las personas desde hace mucho tiempo y él se dedicaba a estudiarlas. Varios creaban una amistad con aquellas criaturas, mucha de esta gente era llamada Entrenadores y se encargaban de entablar batallas entre ellos usando a estos Pokémon, algunos estaban en total desacuerdo con usarlos como simple entretenimiento humano, pero en la sangre de muchas de estas criaturas estaba la sed de luchar y crecer, debido a esto se creó y perfeccionó el entrenamiento Pokémon hasta como se conoce hoy en día.
—¿Quiere que venga más tarde?
—No, no, está bien. Siempre he dicho: al que madruga, Dios lo ayuda. Pasa, adelante.
El muchacho entró y notó el enorme desorden que reinaba en el laboratorio, papeles tirados por todas partes, libros amontonados sobre cajas y mesas, estanterías llenas de más libros y complejas máquinas de complicado funcionamiento que ocupaban harto espacio. Al fondo de la habitación resaltaba una puerta, posiblemente el único lugar despejado, y sobre una mesa redonda permanecía una esfera, roja la mitad de arriba y blanca la de abajo, la gente las conocía como pokéball, una cápsula esférica con la que transportaban a estas criaturas con mayor facilidad.
—Perdona el desorden, no he tenido tiempo de arreglar, he estado muy ocupado —se excusó—. Aquí está lo que vienes a buscar —el anciano tomó la pokéball y se la dio al chico.
La mitad roja era transparente y se podía ver una criatura cuadrúpeda a través de ella, tenía un bulbo en su espalda y figuras en su cuerpo, tres de ellas en su frente, su cabeza era medianamente grande en comparación a su cuerpo y transmitía una mirada de alegría, como si hubiera esperado mucho tiempo por alguien que lo viniese a buscar.
El Profesor Oak todos los años elegía a tres entrenadores para que salieran a terreno y lo asistieran en su investigación, aunque no lo ayudaban mucho al respecto, este chico era el tercero. Y acostumbraba darles una pokédex a cada uno, un aparato electrónico con información suficiente de los Pokémon y capacitado para ingresar datos si es necesario, aunque lo último ya no era muy frecuente debido a la gran cantidad de conocimiento que se tenía sobre estas criaturas.
—Vamos, elígelo —lo animó.
—Sal —la pokéball se abrió y lanzó una luz blanca que se convirtió rápidamente en la misma criatura que yacía dentro de ella, pero en un tamaño más grande. Ahora el chico podía apreciar los verdaderos colores del Pokémon, era totalmente verde y las figuras geométricas también pero más oscuras, al igual que el bulbo, sus ojos eran rojos y mantenían la misma mirada, le llegaba hasta las rodillas. El chico se agachó y le hizo cariño en la cabeza.
—Ha estado ansioso desde ayer, desde que se fueron los otros —comentó Oak—. Bulbasaur es bastante cariñoso y fácil de entrenar. Ten, toma esto —le entregó cinco pokéballs más y un aparato rojo—. Esa es la última de las tres pokédex. Dudo mucho que tú o alguno de los otros dos vaya a investigar algo o introducir información en ella, pero creo que ese ya no es el propósito del viaje desde hace ya mucho tiempo.
—Sí, es verdad —concordó el muchacho mientras se paraba— los demás y yo tenemos otras metas, pero por mi parte, si puedo investigar sobre algo o meter información en esta cosa —movió la pokédex—, lo haré, o al menos trataré de acordarme —el viejo rió.
—Bien, espero que te acuerdes —miró la hora en un reloj circular que colgaba en la pared, llena de afiches y notas—. Pero mira la hora que es, ya debes irte, no debes retrasarte en tu primer día como entrenador —el canoso investigador comenzó a empujarlo hacia la puerta.
—Pero si no es tarde —dijo viéndose obligado a dejar el laboratorio—. Usted mismo dijo que había llegado bastante temprano.
—No te preocupes, yo entiendo que tengas que irte —el profesor no escuchaba las palabras del chico—. Me hubiera gustado que te quedaras un rato más, pero no quiero ser la causa de tu irresponsabilidad. Adiós. Buen viaje.
El anciano cerró la puerta y el muchacho, perplejo, quedó mirando como si el profesor fuera a salir para darle una explicación mientras Bulbasaur lo miraba con felicidad, a pesar de eso, no sucedió. El chico no tuvo más remedio que irse, pero no antes sin mirar y espiar por la ventana. Observó y se percató, o al menos supuso, de que la razón era un programa de televisión que daban justo a esa hora.
—Bien, Bulbasaur, nos espera una larga aventura, si es que se le pude llamar así —la criatura emitió un sonido.
Sin nada más que hacer, el chico emprendió el viaje, empezando por recorrer nuevamente los caminos de tierra que cruzaban por todo el pueblo, pero esta vez acompañado de su nuevo amigo.
Les tomó alrededor de una hora en llegar a la única salida terrestre de Paleta, pues, a pesar de estar clasificado como un pueblo pequeño por la poca cantidad de habitantes, era bastante espacioso.
Luego de salir del pueblo, lo único que encontró fue un largo e irregular camino de tierra más ancho que los del poblado y la vista panorámica no era muy variable. Senderos, árboles, alguna que otra roca y pastizales era lo único que se veía. De vez en cuando aparecía una zona despejada, el chico y Bulbasaur aprovecharon para descansar justo en una que tenía un frondoso árbol. Se sentaron a la sombra de éste.
—No pareces cansado —dijo el joven con la boca seca mientras sacaba la botella con agua para tomar de ella—. Tal vez sea por ese bulbo en tu espalda, si funciona como planta debería absorber la luz solar y transformarla en energía, no recuerdo el nombre de ese proceso, pero también necesitas agua. Ten un poco —sacó un pote de plástico de su mochila y le vertió agua para que bebiese.
Comieron y reposaron un rato bajo la sombra y frescura del enorme árbol, el día comenzaba a hacerse caluroso y una ventisca ya corría por el aire. El chico se quedó dormido mirando cómo el viento mecía las hojas de un lado a otro, Bulbasaur se recostó e hizo lo mismo.
Pasaron varios minutos para que volviera a abrir los ojos, pegó un bostezó y movió a su amigo para que despertara. El Pokémon se levantó también bostezando y se desperezó, mientras que el muchacho se paró y le habló a su nuevo compañero.
—Vamos, Bulbasaur, debemos continuar.
Caminaron por más de una hora, aburridos del mismo paisaje y sin ninguna novedad, ni siquiera un Pokémon salvaje se les atravesó, hasta que una pequeña silueta se divisó a lo lejos por el camino. Parecía ser una persona.
Mientras se acercaba, el joven adolescente podía ver mejor. Era un chico como de su edad, vestía una polera amarilla, unos pantalones cortos de color azul y una gorra del mismo color. Además venía acompañado de una criatura con apariencia de roedor.
Cuando estuvieron a poca distancia, el chico de amarillo habló.
—¿Eres un entrenador? —preguntó bruscamente.
—Sí —respondió el chico, ya sabía lo que venía y una sonrisa estaba a punto de dibujársele en el rostro.
—Te reto a un duelo —el chico aceptó con una enorme sonrisa en su cara, iba a ser su primera batalla y con su propio Pokémon—. Rattata, ve —el roedor que lo acompañaba avanzó unos pasos, su pelaje era principalmente púrpura y en su vientre beige, tenía unos largos bigotes, una cola enroscada en la punta, grandes dientes para roer su comida y ojos rojos como los de Bulbasaur. Lo que más le llamó la atención era que la pequeña criatura no dejaba de mover sus orejas.
—Bulbasaur —el verdoso Pokémon también avanzó.
—¡Placaje!
—¡Tú también! —Rattata y Bulbasaur se abalanzaron el uno contra el otro, golpeándose en el costado derecho e izquierdo respectivamente.
—¡Ataque rápido! —el roedor atacó velozmente a su oponente con una de sus garras en toda su cara.
—Vamos, piensa —se dijo para sí mismo.
Por algún motivo, la batalla lo extasiaba y lo obligaba a dejar de ser como siempre era, tranquilo, y volverse inquieto, pensar demasiado, comenzar a razonar, empezar a deducir. Siempre se había exaltado cuando veía batallas por televisión o en vivo, pero esta vez era él el involucrado, además era su primera pelea, eso aumentaba la emoción.
—Ya lo tengo. ¡Bulbasaur, usa gruñido! —la planta-animal lanzó un ruido desde su boca y Rattata bajó su cabeza para refregar sus patas en sus orejas debido al molesto sonido que entró en sus oídos—. ¡Látigo cepa! —una liana salió de la parte que se halla entre el bulbo de Bulbasaur y el lomo de éste mismo y golpeó al roedor, dejándolo débil y sin poder batallar—. ¡Bien hecho, Bulbasaur! Ganamos nuestra primera batalla —entrenador y Pokémon rieron juntos.
—Eso fue bastante rápido —exclamó el otro chico con sorpresa mientras recogía a su Pokémon que ya volvía a estar más lúcido—. Demasiado rápido. Debo saber cómo lo hiciste.
—Fue fácil —dijo algo más calmado—. Simplemente noté que tu Pokémon movía mucho las orejas para un lado y otro, así que supuse que estaba alerta y que usaba sus oídos para percibir cualquier peligro, lo que me llevó a pensar en atacar ese punto y dañar su audición por unos momentos, para poder dar un golpe final —inhaló aire, el furor no se había ido del todo.
—Asombroso, nunca había escuchado algo semejante, una persona que deduce para poder vencer. Debo saber tu nombre.
—Soy Jack Evans.
Pokédex: Aquí voy a poner los Pokémon que han salido hasta el momento, obviamente no es necesario y tal vez le quite seriedad al fic (no sé), pero tenía ganas de ver a los pokémon de la primera generación en el modelo 3D, todos juntos, esto de la pokédex es sólo una excusa para poder hacerlo.
Capítulos:
Spoiler
Los capítulos con nombre son los que llevo escritos o que estoy escribiendo, los que tienen link son los publicados.
Capítulo 1: El joven que deduce
Capítulo 2: Una chica con buena defensa
Capítulo 3: Academia Pokémon
Capítulo 4: Concurso
Capítulo 5: El nadador
Capítulo 6: Dueño de sus movimientos
Capítulo 7: Robo en el Museo
Capítulo 8: Y las hojas dejan ver la flor
Capítulo 9: Contra las rocas
Capítulo 10: La Danza de la Luna
Capítulo 11: El monstruo de Celeste
Capítulo 12: Haciendo ciertas cosas en ciertos momentos
Capítulo 13: A la velocidad del sonido
Capítulo 14: La banda de motociclistas
Capítulo 15: El S.S. Anne lll
Capítulo 16: Las habilidades extras de un Pokémon
Capítulo 17: El Club de Fans de Pokémon
Capítulo 18: Cuidado con la electricidad
Capítulo 19: Saqueadores de tumba
Capítulo 20: Metiendo miedo
Capítulo 21: La promesa
Capítulo 22: Heredero de la Corporación Silph
Capítulo 23: Problemas en el Centro Comercial
Capítulo 24: Plantas peligrosas
Capítulo 25: La Zona Safari
Capítulo 26: Velocidad
Capítulo 27: Entre los vidrios
Capítulo 28: Sueños del pasado
Capítulo 29: Batalla doble
Capítulo 30: El Dojo Karate
Capítulo 31: Cuando los sonidos no suenan
Capítulo 32: Problemas en el barco
Capítulo 33: A los pies del volcán
Capítulo 34: Acertijos en el fuego
Capítulo 35: Secuestro y robo
Capítulo 36: La captura del monstruo
Capítulo 37: El diario de Jonathan
Capítulo 38: Cuando lo seguro no es seguro
Capítulo 39: El plan
Capítulo 40: La Mansión Lockhart
Capítulo 41: Isla Suprema
Capítulo 42: El único habitante de la isla
Capítulo 43: Caos en Azafrán
Capítulo 44: Dentro de la Corporación Silph
Capítulo 45: Terror en el décimo quinto piso
Capítulo 1: El joven que deduce
Capítulo 2: Una chica con buena defensa
Capítulo 3: Academia Pokémon
Capítulo 4: Concurso
Capítulo 5: El nadador
Capítulo 6: Dueño de sus movimientos
Capítulo 7: Robo en el Museo
Capítulo 8: Y las hojas dejan ver la flor
Capítulo 9: Contra las rocas
Capítulo 10: La Danza de la Luna
Capítulo 11: El monstruo de Celeste
Capítulo 12: Haciendo ciertas cosas en ciertos momentos
Capítulo 13: A la velocidad del sonido
Capítulo 14: La banda de motociclistas
Capítulo 15: El S.S. Anne lll
Capítulo 16: Las habilidades extras de un Pokémon
Capítulo 17: El Club de Fans de Pokémon
Capítulo 18: Cuidado con la electricidad
Capítulo 19: Saqueadores de tumba
Capítulo 20: Metiendo miedo
Capítulo 21: La promesa
Capítulo 22: Heredero de la Corporación Silph
Capítulo 23: Problemas en el Centro Comercial
Capítulo 24: Plantas peligrosas
Capítulo 25: La Zona Safari
Capítulo 26: Velocidad
Capítulo 27: Entre los vidrios
Capítulo 28: Sueños del pasado
Capítulo 29: Batalla doble
Capítulo 30: El Dojo Karate
Capítulo 31: Cuando los sonidos no suenan
Capítulo 32: Problemas en el barco
Capítulo 33: A los pies del volcán
Capítulo 34: Acertijos en el fuego
Capítulo 35: Secuestro y robo
Capítulo 36: La captura del monstruo
Capítulo 37: El diario de Jonathan
Capítulo 38: Cuando lo seguro no es seguro
Capítulo 39: El plan
Capítulo 40: La Mansión Lockhart
Capítulo 41: Isla Suprema
Capítulo 42: El único habitante de la isla
Capítulo 43: Caos en Azafrán
Capítulo 44: Dentro de la Corporación Silph
Capítulo 45: Terror en el décimo quinto piso
Capítulo 1:
Spoiler
El joven que deduce
Pueblo Paleta era un pintoresco poblado al suroeste de la región Kanto, un lugar rodeado de árboles y con muy pocos habitantes, lejos de toda la contaminación de las grandes ciudades y llena de un aire tan limpio que cualquier granjero o campesino envidiaría, sin olvidar los verdes prados cruzados por caminos de tierra y árboles que no temían en adornarlo, mostrándose vigorosos ante cualquiera que pasara ante ellos.
Paleta estaba principalmente rodeado de frondosos bosques, bosques con árboles tan antiguos que la persona más anciana del pueblo parecía un bebé en comparación. Además de colindar al sur con una hermosa y pequeña playa de blanca arena que permitía una envidiable vista al majestuoso océano, y al norte con un grueso e irregular camino de tierra que se abría paso entre la arboleda y facilitaba la salida del poblado hacia el resto de la región.
Las personas en este pueblo solían ser amables, serviciales, honestas, pacíficas y no se entrometían en asuntos que no eran de su incumbencia, aunque de vez en cuando se les olvidaba respetar esta última característica. La mayoría vivía en casas que seguían el mismo patrón, paredes pintadas de un blanco tan puro que reflejaba toda luz que rebotaba sobre ellas y tejados tan rojos como un tomate fresco, donde las diferencias caían sobre el diseño, tamaño y decoración de cada una de ellas, además todas estaban distanciadas prudentemente las unas de las otras, para no causar mayor impacto en la quietud del lugar. Se dice que de tiempos inmemoriales, al menos así lo cuentan los más viejos, Paleta no ha sufrido mayor cambio desde que se fundó como pueblo hace más de cuatrocientos años, si se le compara con las grandes ciudades.
Generalmente, la luz era abundante en el poblado y este día no iba a ser la excepción. El sol alumbraba sobre el pasto y con timidez proporcionaba esa típica calidez matutina de un día despejado. No corría ninguna brisa y la calma del amanecer aún no se veía interrumpida, los únicos sonidos que se escuchaban eran los emitidos por las criaturas de la naturaleza, pero ni esos eran suficientes para arruinar aquella inigualable tranquilidad que sólo Pueblo Paleta era capaz de entregar.
Por unos de sus tantos trayectos de tierra, un chico de desordenada caballera negra transitaba a paso lento, pero seguro, al mismo tiempo que pateaba una piedra que había encontrado en el camino. Vestía unos pantalones negros de mezclilla cortados al nivel de la rodilla, una polera del mismo color con un estampado blanco agrietado, ya no se distinguía la forma de la imagen, y llevaba amarrada a la cintura una sudadera gris con capucha.
Siguió caminando hasta llegar al final del sendero de tierra que había tomado, ahí se detuvo, pateó lejos la piedra con unas usadas pero resistentes zapatillas blancas y sacó una botella con agua del bolso amarillo que colgaba de su hombro. Terminó de refrescarse la garganta e involuntariamente miró al sol, apartó inmediatamente sus marrones ojos de la luz del astro y avanzó sobre el pasto, adentrándose por un espacio definido por los árboles, lejos, al este del pueblo.
No tardó mucho en llegar a una casa totalmente distinta a las otras, estaba más distanciada del pueblo, un poco oculta, para aprovechar al máximo la calma del pueblo, y algo mal cuidada, por lo menos el exterior lo decía así, pues la maleza alrededor estaba crecida y el amarillo de sus paredes estaba desteñido. Su techo era gris y de éste salía una chimenea roja, también descolorida, que no emanaba humo de manera frecuente, de hecho la gente del pueblo no recordaba cuando había sido la última vez que habían visto una humareda en la arboleda del este.
El muchacho se aproximó con tranquilidad, miró un letrero con la frase “Laboratorio de investigación del Profesor Oak” y pasó mirando por una de las dos ventanas rectangulares de la fachada, las del segundo piso eran circulares, pero estaban sucias, sin embargo, no se detuvo hasta llegar a una puerta verde con una pequeña ventana semicircular en ella. Golpeó tres veces la puerta y esperó.
La puerta se abrió y un hombre de pelo cano apareció detrás de ella, vestido con un delantal blanco de esos que usan los científicos, su cara indicaba sabiduría y experiencia pues tenía las cejas pobladas y varias arrugas, además llevaba una camisa púrpura y pantalones café claro.
—Buenos días, profesor —saludó cordialmente el chico, de la misma manera que la demás gente joven del pueblo acostumbra a saludar a las personas mayores.
—Buenos días —contestó el anciano—. Veo que llegaste temprano, bastante diría yo.
El profesor Oak era conocido por ser una eminencia cuando de Pokémon se trataba, pero ¿qué era un Pokémon? La gente simplemente los conocía como criaturas de la naturaleza dotadas con poderes especiales que vivían entre las personas desde hace mucho tiempo y él se dedicaba a estudiarlas. Varios creaban una amistad con aquellas criaturas, mucha de esta gente era llamada Entrenadores y se encargaban de entablar batallas entre ellos usando a estos Pokémon, algunos estaban en total desacuerdo con usarlos como simple entretenimiento humano, pero en la sangre de muchas de estas criaturas estaba la sed de luchar y crecer, debido a esto se creó y perfeccionó el entrenamiento Pokémon hasta como se conoce hoy en día.
—¿Quiere que venga más tarde?
—No, no, está bien. Siempre he dicho: al que madruga, Dios lo ayuda. Pasa, adelante.
El muchacho entró y notó el enorme desorden que reinaba en el laboratorio, papeles tirados por todas partes, libros amontonados sobre cajas y mesas, estanterías llenas de más libros y complejas máquinas de complicado funcionamiento que ocupaban harto espacio. Al fondo de la habitación resaltaba una puerta, posiblemente el único lugar despejado, y sobre una mesa redonda permanecía una esfera, roja la mitad de arriba y blanca la de abajo, la gente las conocía como pokéball, una cápsula esférica con la que transportaban a estas criaturas con mayor facilidad.
—Perdona el desorden, no he tenido tiempo de arreglar, he estado muy ocupado —se excusó—. Aquí está lo que vienes a buscar —el anciano tomó la pokéball y se la dio al chico.
La mitad roja era transparente y se podía ver una criatura cuadrúpeda a través de ella, tenía un bulbo en su espalda y figuras en su cuerpo, tres de ellas en su frente, su cabeza era medianamente grande en comparación a su cuerpo y transmitía una mirada de alegría, como si hubiera esperado mucho tiempo por alguien que lo viniese a buscar.
El Profesor Oak todos los años elegía a tres entrenadores para que salieran a terreno y lo asistieran en su investigación, aunque no lo ayudaban mucho al respecto, este chico era el tercero. Y acostumbraba darles una pokédex a cada uno, un aparato electrónico con información suficiente de los Pokémon y capacitado para ingresar datos si es necesario, aunque lo último ya no era muy frecuente debido a la gran cantidad de conocimiento que se tenía sobre estas criaturas.
—Vamos, elígelo —lo animó.
—Sal —la pokéball se abrió y lanzó una luz blanca que se convirtió rápidamente en la misma criatura que yacía dentro de ella, pero en un tamaño más grande. Ahora el chico podía apreciar los verdaderos colores del Pokémon, era totalmente verde y las figuras geométricas también pero más oscuras, al igual que el bulbo, sus ojos eran rojos y mantenían la misma mirada, le llegaba hasta las rodillas. El chico se agachó y le hizo cariño en la cabeza.
—Ha estado ansioso desde ayer, desde que se fueron los otros —comentó Oak—. Bulbasaur es bastante cariñoso y fácil de entrenar. Ten, toma esto —le entregó cinco pokéballs más y un aparato rojo—. Esa es la última de las tres pokédex. Dudo mucho que tú o alguno de los otros dos vaya a investigar algo o introducir información en ella, pero creo que ese ya no es el propósito del viaje desde hace ya mucho tiempo.
—Sí, es verdad —concordó el muchacho mientras se paraba— los demás y yo tenemos otras metas, pero por mi parte, si puedo investigar sobre algo o meter información en esta cosa —movió la pokédex—, lo haré, o al menos trataré de acordarme —el viejo rió.
—Bien, espero que te acuerdes —miró la hora en un reloj circular que colgaba en la pared, llena de afiches y notas—. Pero mira la hora que es, ya debes irte, no debes retrasarte en tu primer día como entrenador —el canoso investigador comenzó a empujarlo hacia la puerta.
—Pero si no es tarde —dijo viéndose obligado a dejar el laboratorio—. Usted mismo dijo que había llegado bastante temprano.
—No te preocupes, yo entiendo que tengas que irte —el profesor no escuchaba las palabras del chico—. Me hubiera gustado que te quedaras un rato más, pero no quiero ser la causa de tu irresponsabilidad. Adiós. Buen viaje.
El anciano cerró la puerta y el muchacho, perplejo, quedó mirando como si el profesor fuera a salir para darle una explicación mientras Bulbasaur lo miraba con felicidad, a pesar de eso, no sucedió. El chico no tuvo más remedio que irse, pero no antes sin mirar y espiar por la ventana. Observó y se percató, o al menos supuso, de que la razón era un programa de televisión que daban justo a esa hora.
—Bien, Bulbasaur, nos espera una larga aventura, si es que se le pude llamar así —la criatura emitió un sonido.
Sin nada más que hacer, el chico emprendió el viaje, empezando por recorrer nuevamente los caminos de tierra que cruzaban por todo el pueblo, pero esta vez acompañado de su nuevo amigo.
Les tomó alrededor de una hora en llegar a la única salida terrestre de Paleta, pues, a pesar de estar clasificado como un pueblo pequeño por la poca cantidad de habitantes, era bastante espacioso.
Luego de salir del pueblo, lo único que encontró fue un largo e irregular camino de tierra más ancho que los del poblado y la vista panorámica no era muy variable. Senderos, árboles, alguna que otra roca y pastizales era lo único que se veía. De vez en cuando aparecía una zona despejada, el chico y Bulbasaur aprovecharon para descansar justo en una que tenía un frondoso árbol. Se sentaron a la sombra de éste.
—No pareces cansado —dijo el joven con la boca seca mientras sacaba la botella con agua para tomar de ella—. Tal vez sea por ese bulbo en tu espalda, si funciona como planta debería absorber la luz solar y transformarla en energía, no recuerdo el nombre de ese proceso, pero también necesitas agua. Ten un poco —sacó un pote de plástico de su mochila y le vertió agua para que bebiese.
Comieron y reposaron un rato bajo la sombra y frescura del enorme árbol, el día comenzaba a hacerse caluroso y una ventisca ya corría por el aire. El chico se quedó dormido mirando cómo el viento mecía las hojas de un lado a otro, Bulbasaur se recostó e hizo lo mismo.
Pasaron varios minutos para que volviera a abrir los ojos, pegó un bostezó y movió a su amigo para que despertara. El Pokémon se levantó también bostezando y se desperezó, mientras que el muchacho se paró y le habló a su nuevo compañero.
—Vamos, Bulbasaur, debemos continuar.
Caminaron por más de una hora, aburridos del mismo paisaje y sin ninguna novedad, ni siquiera un Pokémon salvaje se les atravesó, hasta que una pequeña silueta se divisó a lo lejos por el camino. Parecía ser una persona.
Mientras se acercaba, el joven adolescente podía ver mejor. Era un chico como de su edad, vestía una polera amarilla, unos pantalones cortos de color azul y una gorra del mismo color. Además venía acompañado de una criatura con apariencia de roedor.
Cuando estuvieron a poca distancia, el chico de amarillo habló.
—¿Eres un entrenador? —preguntó bruscamente.
—Sí —respondió el chico, ya sabía lo que venía y una sonrisa estaba a punto de dibujársele en el rostro.
—Te reto a un duelo —el chico aceptó con una enorme sonrisa en su cara, iba a ser su primera batalla y con su propio Pokémon—. Rattata, ve —el roedor que lo acompañaba avanzó unos pasos, su pelaje era principalmente púrpura y en su vientre beige, tenía unos largos bigotes, una cola enroscada en la punta, grandes dientes para roer su comida y ojos rojos como los de Bulbasaur. Lo que más le llamó la atención era que la pequeña criatura no dejaba de mover sus orejas.
—Bulbasaur —el verdoso Pokémon también avanzó.
—¡Placaje!
—¡Tú también! —Rattata y Bulbasaur se abalanzaron el uno contra el otro, golpeándose en el costado derecho e izquierdo respectivamente.
—¡Ataque rápido! —el roedor atacó velozmente a su oponente con una de sus garras en toda su cara.
—Vamos, piensa —se dijo para sí mismo.
Por algún motivo, la batalla lo extasiaba y lo obligaba a dejar de ser como siempre era, tranquilo, y volverse inquieto, pensar demasiado, comenzar a razonar, empezar a deducir. Siempre se había exaltado cuando veía batallas por televisión o en vivo, pero esta vez era él el involucrado, además era su primera pelea, eso aumentaba la emoción.
—Ya lo tengo. ¡Bulbasaur, usa gruñido! —la planta-animal lanzó un ruido desde su boca y Rattata bajó su cabeza para refregar sus patas en sus orejas debido al molesto sonido que entró en sus oídos—. ¡Látigo cepa! —una liana salió de la parte que se halla entre el bulbo de Bulbasaur y el lomo de éste mismo y golpeó al roedor, dejándolo débil y sin poder batallar—. ¡Bien hecho, Bulbasaur! Ganamos nuestra primera batalla —entrenador y Pokémon rieron juntos.
—Eso fue bastante rápido —exclamó el otro chico con sorpresa mientras recogía a su Pokémon que ya volvía a estar más lúcido—. Demasiado rápido. Debo saber cómo lo hiciste.
—Fue fácil —dijo algo más calmado—. Simplemente noté que tu Pokémon movía mucho las orejas para un lado y otro, así que supuse que estaba alerta y que usaba sus oídos para percibir cualquier peligro, lo que me llevó a pensar en atacar ese punto y dañar su audición por unos momentos, para poder dar un golpe final —inhaló aire, el furor no se había ido del todo.
—Asombroso, nunca había escuchado algo semejante, una persona que deduce para poder vencer. Debo saber tu nombre.
—Soy Jack Evans.
Pokédex: Aquí voy a poner los Pokémon que han salido hasta el momento, obviamente no es necesario y tal vez le quite seriedad al fic (no sé), pero tenía ganas de ver a los pokémon de la primera generación en el modelo 3D, todos juntos, esto de la pokédex es sólo una excusa para poder hacerlo.
Spoiler
| #001 - Bulbasaur | #002 - Ivysaur | #003 - Venusaur | #004 - Charmander |
| #005 - Charmeleon | #006 - Charizard | #007 - Squirtle | #008 - Wartortle |
| #009 - Blastoise | #010 - Caterpie | #011 - Metapod | #012 - Butterfree |
| #013 - Weedle | #014 - Kakuna | #015 - Beedrill | #016 - Pidgey |
| #017 - Pidgeotto | #018 - ??? | #019 - Rattata | #020 - ??? |
| #021 - Spearow | #022 - Fearow | #023 - Ekans | #024 - Arbok |
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