[Reboot] POCKETS N' MONSTERS


Relato protegido bajo una licencia de Creative Commons.
DISCLAIMER: Pokémon y todos sus personajes pertenecen a Satoshi Tajiri, Game Freak y Nintendo; esto sólo es fanmade con la intención de entretener a otros seguidores de la franquicia. Los personajes originales encontrados en este fanfiction NO pueden ser utilizados sin el consentimiento de Awry/CPAwry [PNMdaeslo92]
NOTA: NO TOLERAMOS PERSONAS SIN GOTA DE CREATIVIDAD O POCA DIGNIDAD QUE DISFRUTAN RECIBIR MÉRITO POR EL TRABAJO DE OTROS, ASI QUE SI RIPEAS ESTE FAN FICTION O CUALQUIER ARTWORK DEL MISMO ATENTE A LAS CONSECUENCIAS.
He renacido, y con ello mi historia.
Unos dos años atrás, estuve ideando lo que desde hacía tiempo era una historia que rondaba mi cabeza:
POCKETS N’ MONSTERS.
Dicho relato, como ya conocerán los que me leyeron en su momento, es algo que siempre he querido hacer; mi propia historia, una visión alternativa del universo Pokémon. La primera vez que intenté crear esta obra, no tenía la experiencia necesaria para relatar lo que debería de haber sido el PNM original. Pero eso ha cambiado. Hoy regreso a mis andadas como escritor de mi franquicia favorita.
Bien, ¿Están preparados?
Notarán un cambio drástico en la trama, pero podrán ver eventualmente una mejora de la misma y, o al menos eso espero, se darán cuenta de que la historia, más o menos cambiada, seguirá siendo la misma en su esencia.
Dicho esto, queridos lectores y lectoras, aquí les dejo mi aventura.
SINOPSIS:
¿Y si una banda de rock cambiara el mundo?
Esta es la historia de una princesa malcriada, una pistolera fugitiva, un hacker informático y la misión de un joven héroe misterioso; reunir las Llaves Ancestrales perdidas alrededor del mapa, y así despertar a cierto ser de su letargo.
LISTA DE CAPÍTULOS:
Índice
PRÓLOGO:
LA SEXTA GENERACIÓN
LA SEXTA GENERACIÓN
#00
Hace veinte años, un extraño artefacto fue descubierto durante la excavación de unas ruinas en lo más profundo de una vieja sabana en el norte de Europa. El material cristalino que proporcionaba el mecanismo desprendía un alto nivel de radiación y, según los investigadores, esta energía afectaba y alteraba a los animales que habitaban alrededor suyo.
Fue llamada Alma Delta.
Durante los siguientes años de investigación, se descubrió que aquél artefacto no era ni más ni menos que la famosa Arma Definitiva utilizada en la histórica guerra que había sido librada hacía ya más de tres mil años atrás. Según las leyendas locales, este artefacto había sido activado mediante el sacrificio de miles de vidas humanas y también de Pokémon. Cuenta la historia que, utilizando su poder, un rey logró la inmortalidad mediante la radiación con la que tal arma devastó medio continente.
Aquí es donde comenzó todo.
Una vez más, la codicia del hombre.
Cuando los gobernantes de diferentes países, atraídos por las viejas leyendas, descubrieron los resultados de la investigación junto a la existencia del Alma Delta, la cual asociaron rápidamente a la radiación del Arma Definitiva, decidieron enviar tropas militares para lograr hacerse con la custodia de tal valiosa reliquia. Al llegar allí diferentes grupos especiales a por su trofeo, comenzó una batalla encarnizada que destrozó las instalaciones de arqueología donde se hallaban.
Se echaron la culpa unos a otros.
Y, al final, estalló una nueva guerra.
La nación de los Estados Unidos de Unova emprendió una masacre encarnizada contra la islas sureñas de Hoenn, mientras que los países asiáticos de Kanto y Johto estallaron en un conflicto interno; una guerra civil. Por otro lado, la región europea de Kalos, aprovechando el momento de que todavía tenían en su poder el artefacto, echó abajo la república que tenían desde hacía una década y regresaron a sus tiempos de monarquía absolutista mediante la excusa de haberse vuelto inmortales mediante el poder del Arma Definitiva. Toda una gran falacia que, lamentablemente, tuvo éxito al no disponer el pueblo de alimentos ni armamento desde hacía ya bastante tiempo.
En conclusión, puro caos.
Fue en ese momento cuando, una tarde de verano, un hombre llegó a las puertas de las tierras céntricas y neutrales de Sinnoh y, alzando una bandera negra con el símbolo de la Anarquía marcado en un tono carmesí, se proclamó como profeta de una nueva era. La llamó Sexta Generación. Una donde vaticinaba el regreso de ciertos seres mitológicos: las hadas.
La gente se echó a reír.
Nadie creía en esos cuentos para niños.
Entonces, lleno de furia, el hombre sacó de su bolsillo un único anillo; este comenzó a crecer y, de repente, alcanzando una longitud más allá de lo conocido, hizo desaparecer la península entera de Sinnoh.
El hombre fue perseguido, condenado a muerte por sus crímenes de piratería y hacer desaparecer lugares llenos de reliquias o puntos estratégicos militares en diferentes países del mundo. Siempre llevando la bandera negra con el símbolo de la Anarquía grabado en sangre.
Cinco años más tarde, las hadas llegaron.
Destruyeron todo a su paso; furiosas y hambrientas, mataban dragones por doquier y devoraban Pokémon domésticos en las casas ajenas.
El mismísimo infierno en tonos de color rosa.
Los gobiernos de distintos países decidieron hacer una tregua, pues ahora toda la humanidad tenía un enemigo en común: las hadas en las que antes no creyeron.
Se instauró una asamblea y entre todos los gobernantes fue creado un único gobierno mundial que sería llamado Central Política.
La primera orden que dieron, fue la de buscar al hombre de los anillos mágicos que había predicho la catástrofe años atrás. Pero aquél criminal había desaparecido del mapa desde hacía ya mucho tiempo.
Una nueva guerra se libraba esta vez, y ahora era entre una humanidad medio rota por batallas contra su misma especie y las hadas recién despertadas que clamaban venganza por los actos de hace tres mil años.
Fue una lucha encarnizada, donde la mitad de la población mundial cayó durante los largos años que duró el conflicto.
Al final, el ser humano salió vencedor gracias a su tecnología. Pero, por desgracia, cuando las hadas se retiraron, la gran mayoría de distintas especies de Pokémon decidió marcharse con ellas por algún motivo desconocido.
El mundo quedó dividido en dos.
La mitad de la Tierra que representaba el Norte quedó para los humanos, hechos polvo tras todo lo sucedido. Apenas sin alimento ni materiales con los que abastecerse y prosperar como era debido. La otra mitad del mundo, la parte del océano junto a las islas del Sur, quedó a merced de las hadas y compañía.
Nunca más volvió a saberse nada de lo sureño.
Pasaron los años, más de una década, y la Central Política no fue disuelta. Al contrario, pues al ver el poder que ejercían estando unidos, los gobernantes decidieron permanecer así por la posteridad. Las pocas especies de Pokémon que se habían quedado en el bando de los humanos, la mayoría de índole doméstica, fueron encarcelados y entrenados únicamente para uso militar. Cuando el pueblo se alzó ante tales actos, se dijo que tras los acontecimientos vividos habían sido considerados una amenaza; tan solo las fuerzas del orden podrían permitirse el uso de, como las llamaron milenios atrás, Criaturas Mágicas.
Mas que seguridad e igualdad, esto no llevo más que a clasicismo y abuso por parte de las autoridades. Las clases altas, mediante el poder del dinero, lograron adquirir poderosos ejemplares para librar batallas clandestinas. El pueblo tuvo que aprender a vivir sin Pokémon y, con el tiempo, también a existir con miedo; pues cada año los impuestos subían desorbitadamente, y quién no pagaba sabía muy bien que no podría competir mano a mano contra, por ejemplo, un Arcanine. Este miedo despertó lo que fue vaticinado en su momento como Sexta Generación: una época donde mucha gente robaba mediante las armas criaturas poderosas y formaba lo que una vez fue un Equipo Pokémon para, alzándose a la mar, buscar un nuevo mundo libre más allá de los fríos mares de Sur.
A causa de tales revueltas, fue instaurada una dictadura bajo mano de hierro en cada país del mundo; todo aquél que se hiciera con una criatura o intentara escapar de su residencia sin permiso legal, sería condenado a muerte. La libertad cortada de golpe para cualquiera.
Desde entonces los años fueron pasando en una sociedad oscura, silenciosa.
Y esto ha seguido así por mucho tiempo.
Hasta hoy.
Fue llamada Alma Delta.
Durante los siguientes años de investigación, se descubrió que aquél artefacto no era ni más ni menos que la famosa Arma Definitiva utilizada en la histórica guerra que había sido librada hacía ya más de tres mil años atrás. Según las leyendas locales, este artefacto había sido activado mediante el sacrificio de miles de vidas humanas y también de Pokémon. Cuenta la historia que, utilizando su poder, un rey logró la inmortalidad mediante la radiación con la que tal arma devastó medio continente.
Aquí es donde comenzó todo.
Una vez más, la codicia del hombre.
Cuando los gobernantes de diferentes países, atraídos por las viejas leyendas, descubrieron los resultados de la investigación junto a la existencia del Alma Delta, la cual asociaron rápidamente a la radiación del Arma Definitiva, decidieron enviar tropas militares para lograr hacerse con la custodia de tal valiosa reliquia. Al llegar allí diferentes grupos especiales a por su trofeo, comenzó una batalla encarnizada que destrozó las instalaciones de arqueología donde se hallaban.
Se echaron la culpa unos a otros.
Y, al final, estalló una nueva guerra.
La nación de los Estados Unidos de Unova emprendió una masacre encarnizada contra la islas sureñas de Hoenn, mientras que los países asiáticos de Kanto y Johto estallaron en un conflicto interno; una guerra civil. Por otro lado, la región europea de Kalos, aprovechando el momento de que todavía tenían en su poder el artefacto, echó abajo la república que tenían desde hacía una década y regresaron a sus tiempos de monarquía absolutista mediante la excusa de haberse vuelto inmortales mediante el poder del Arma Definitiva. Toda una gran falacia que, lamentablemente, tuvo éxito al no disponer el pueblo de alimentos ni armamento desde hacía ya bastante tiempo.
En conclusión, puro caos.
Fue en ese momento cuando, una tarde de verano, un hombre llegó a las puertas de las tierras céntricas y neutrales de Sinnoh y, alzando una bandera negra con el símbolo de la Anarquía marcado en un tono carmesí, se proclamó como profeta de una nueva era. La llamó Sexta Generación. Una donde vaticinaba el regreso de ciertos seres mitológicos: las hadas.
La gente se echó a reír.
Nadie creía en esos cuentos para niños.
Entonces, lleno de furia, el hombre sacó de su bolsillo un único anillo; este comenzó a crecer y, de repente, alcanzando una longitud más allá de lo conocido, hizo desaparecer la península entera de Sinnoh.
El hombre fue perseguido, condenado a muerte por sus crímenes de piratería y hacer desaparecer lugares llenos de reliquias o puntos estratégicos militares en diferentes países del mundo. Siempre llevando la bandera negra con el símbolo de la Anarquía grabado en sangre.
Cinco años más tarde, las hadas llegaron.
Destruyeron todo a su paso; furiosas y hambrientas, mataban dragones por doquier y devoraban Pokémon domésticos en las casas ajenas.
El mismísimo infierno en tonos de color rosa.
Los gobiernos de distintos países decidieron hacer una tregua, pues ahora toda la humanidad tenía un enemigo en común: las hadas en las que antes no creyeron.
Se instauró una asamblea y entre todos los gobernantes fue creado un único gobierno mundial que sería llamado Central Política.
La primera orden que dieron, fue la de buscar al hombre de los anillos mágicos que había predicho la catástrofe años atrás. Pero aquél criminal había desaparecido del mapa desde hacía ya mucho tiempo.
Una nueva guerra se libraba esta vez, y ahora era entre una humanidad medio rota por batallas contra su misma especie y las hadas recién despertadas que clamaban venganza por los actos de hace tres mil años.
Fue una lucha encarnizada, donde la mitad de la población mundial cayó durante los largos años que duró el conflicto.
Al final, el ser humano salió vencedor gracias a su tecnología. Pero, por desgracia, cuando las hadas se retiraron, la gran mayoría de distintas especies de Pokémon decidió marcharse con ellas por algún motivo desconocido.
El mundo quedó dividido en dos.
La mitad de la Tierra que representaba el Norte quedó para los humanos, hechos polvo tras todo lo sucedido. Apenas sin alimento ni materiales con los que abastecerse y prosperar como era debido. La otra mitad del mundo, la parte del océano junto a las islas del Sur, quedó a merced de las hadas y compañía.
Nunca más volvió a saberse nada de lo sureño.
Pasaron los años, más de una década, y la Central Política no fue disuelta. Al contrario, pues al ver el poder que ejercían estando unidos, los gobernantes decidieron permanecer así por la posteridad. Las pocas especies de Pokémon que se habían quedado en el bando de los humanos, la mayoría de índole doméstica, fueron encarcelados y entrenados únicamente para uso militar. Cuando el pueblo se alzó ante tales actos, se dijo que tras los acontecimientos vividos habían sido considerados una amenaza; tan solo las fuerzas del orden podrían permitirse el uso de, como las llamaron milenios atrás, Criaturas Mágicas.
Mas que seguridad e igualdad, esto no llevo más que a clasicismo y abuso por parte de las autoridades. Las clases altas, mediante el poder del dinero, lograron adquirir poderosos ejemplares para librar batallas clandestinas. El pueblo tuvo que aprender a vivir sin Pokémon y, con el tiempo, también a existir con miedo; pues cada año los impuestos subían desorbitadamente, y quién no pagaba sabía muy bien que no podría competir mano a mano contra, por ejemplo, un Arcanine. Este miedo despertó lo que fue vaticinado en su momento como Sexta Generación: una época donde mucha gente robaba mediante las armas criaturas poderosas y formaba lo que una vez fue un Equipo Pokémon para, alzándose a la mar, buscar un nuevo mundo libre más allá de los fríos mares de Sur.
A causa de tales revueltas, fue instaurada una dictadura bajo mano de hierro en cada país del mundo; todo aquél que se hiciera con una criatura o intentara escapar de su residencia sin permiso legal, sería condenado a muerte. La libertad cortada de golpe para cualquiera.
Desde entonces los años fueron pasando en una sociedad oscura, silenciosa.
Y esto ha seguido así por mucho tiempo.
Hasta hoy.
CAPÍTULO 1:
COMIENZO
COMIENZO
#01
I
Las ruedas parecían estancarse a causa de la arena, pero gracias a las enormes vías que cruzaban todo el desierto hasta Arid Town no causaba un gran problema; mientras el tren del mediodía no pasara por allí, claro estaba.
El viento soplaba suave, y eso era un punto a favor.
Una brisa cálida, casi ardiente, que resbalaba como lluvia por su corto cabello negro. Una raíz rubia podía entreverse disimulada, reluciendo de vez en cuando bajo la luz solar; lo mismo sucedía con sus ojos, que parecieran esmeraldas de alguna joyería de Luminose City.
Vestía una camiseta de tirantes, tan oscura como su pelo, y en uno de sus antebrazos, el izquierdo, podía verse un tatuaje con una frase:
Late Bunny.
Aflojó unos instantes la velocidad de su vespa color oliva, de un modelo bastante viejo como para seguir a la venta y, de su pantalón gris paramilitar, sacó un celular.
No había cobertura. La hora marcaba las dos en punto.
—Mierda, llego tarde.
Y era normal. Porque a quién se le ocurría, horas antes, hacer volar en pedazos todo el polígono industrial de un pueblo mercante. Aunque no es como si fuera su culpa que cabrones como eran los Gauzain rondaran en busca de su cabeza. Bueno, quizá en parte sí lo era. Igualmente qué importaba ya.
—Oye— exclamó de repente, apuntando su mirada al sidecar que llevaba en su lado derecho —, enano; ¿te importaría no revolcarte tanto en los papeles? Son importantes, te lo he dicho ya unas cien veces…
Unas orejitas con manchas azuladas asomaron del sidecar verde oliva, y acto seguido unos ojitos negros clavaron su mirada con desgana en los ojos de su dueña. Era un conejo pequeño, no llegaba al medio metro. Tenía un pelaje amarillo pálido que destacaba del color dorado en las dunas, y contrastaba en su cuerpo aquellas partes de un tono casi celeste.
Minun. Una especie bastante inusual en aquellos tiempos.
—¡Ey!— soltó la joven —¡No me mires así!
Soltando un gritito de refunfuño, el conejito volvió a esconder la cabeza en el, a su parecer, amplio sidecar. Dejó de revolverse, pero ahora se dedicaba a fisgonear algún que otro objeto por ahí tirado. En especial un diario que había recogido su dueña hacía ya semanas.
Había una enorme portada, realmente amplia, que decía así:
REVELADA LA FUTURA SUCESORA DEL GOBIERNO EN KANTO
Tras más de diecisiete años en el anonimato, la hija del Gran Gobernador, líder de la dictadura en Kanto, ha sido mostrada ayer por primera vez en público y anunciada futura sucesora del mandato. Están preparándose los preparativos para que dentro de un mes, una vez alcance la mayoría de edad, pueda cumplir con su deber como nueva gobernadora. La ceremonia será llevada a cabo en el recinto del Gran Palacio que hay en la capital.
Tras más de diecisiete años en el anonimato, la hija del Gran Gobernador, líder de la dictadura en Kanto, ha sido mostrada ayer por primera vez en público y anunciada futura sucesora del mandato. Están preparándose los preparativos para que dentro de un mes, una vez alcance la mayoría de edad, pueda cumplir con su deber como nueva gobernadora. La ceremonia será llevada a cabo en el recinto del Gran Palacio que hay en la capital.
En la foto de la portada había una muchacha extremadamente bella, de largos cabellos dorados hechos rizos y ojos tan esmeraldas como los de la joven y malhumorada conductora. Llevaba un precioso vestido de seda que pareciera sacado de algún cuento de princesas y de su cuello colgaba un caro collar de diamantes.
El conejo alzó la vista, y vio que su dueña lo miraba por el rabillo del ojo. Pero no estaba enfadada. No. Más bien parecía triste, preocupada.
—Llegaremos a tiempo. Lo prometo.
Pero más que al Minun, se lo decía a ella misma.
Un giro brusco de muñeca, y el acelerador comenzó a dispararse. La vespa, seguramente trucada en alguna parte del motor, comenzó a correr con una velocidad increíble. Siguiendo el camino de las vías del tren que dibujaban su destino a Arid Town.
II
Castaño cabello, largo hasta la clavícula, tapando parcialmente los ojos color miel que, bajo la luz solar, parecían de un insano tono ámbar. El torso al aire, desnudo, mostrando un cuerpo casi en los huesos; y, desde el hombro derecho hasta la vendada muñeca, un tatuaje por poco invisible desde lejos.
Eran runas; antiguas, indescifrables, marcadas en la piel.
La otra mano en el pantalón. Corto. De color negro, hecho en algodón, se veía un tanto rasgado en la embocadura de las rodillas. Los pies, atrapados en un par de chanclas típicas de playa.
Pero no estaban precisamente en una zona costera, sino en una ciudad en medio del mismísimo desierto.
Arid Town.
Iba despacio por un mercado, lleno a rebosar a pesar de la hora; pues ya eran, más o menos, las cinco de la tarde. Normalmente, lugares como esos suelen estar llenos un poco más temprano, especialmente los días festivos. Hoy parecía ser diferente.
Y, en verdad, era debido a cierto problema.
Alguien había volado en pedazos cierto polígono industrial en Eterna City, la cual proveía de alimentos y combustible a la mayoría de lugares en el vasto desierto que formaban las tierras de lo que un día fue conocido como Sinnoh.
Hoop Valley lo llamaban ahora.
Igualmente, a sus ojos de valle tenía poco. ¿Quién narices inventaba los nombres?
Pero, en parte, tenía sentido; porque aquél enorme desierto que tenía la extensión de prácticamente todo un continente, si lo veías desde las nubes, tenía exactamente la forma de un aro.
Ahora, con miedo a quedarse sin provisiones, media ciudad parecía haberse amontonado en las paradas del mercado en busca de todo lo que pudiera ser valioso en un futuro próximo.
—¿Dónde se habrá metido esa gata? Joder… no veo nada con tanta gente…
Cerca de su posición, justo en una parada de baratijas, un extraño Pokémon con forma de gato levitaba mientras miraba con asombro las piezas de joyería. Sus ojos celestes brillaban con una intensidad sobrenatural, y su pelaje grisáceo, que se volvía dorado desde el abdomen hasta la fina y larga cola, relucían como artículos de porcelana y oro mismo.
—¡Buen material, anciano!- exclamaba con una voz femenina, resonante y cautivadora; pero no era más que una imitación de la voz humana, pura telepatía.
El encargado, de pelo canoso y piel arrugada por la edad, vestía una camisa blanca y azules vaqueros terminados en botas de cowboy, al igual que su sombrero, color tierra.
—En todos mis años no he visto una especie como la tuya…— dijo el anciano —¿Eres de tipo psíquico? Bueno, lo digo por tu telepatía.
La gata le miró. Un instante de duda.
—E-Esto…— balbuceó —Podría decirse que sí… de algún modo.
El hombre la miró extrañado.
—¿De algún modo?
Justo en ese momento, una tercera voz les interrumpió.
—Estabas aquí… ¿Qué haces?
El chico de antes. Había encontrado a su compañera.
—¡Dave!— exclamó la gata, encantada —¡Mira qué reliquias!— decía mientras indicaba con sus patitas delanteras los artículos de joyería.
El muchacho suspiró.
—Perdone las molestias, señor— se disculpó —, es que no sabe cómo le vuelven de loca las joyas y el oro a esta tipa… lo malo es que no podemos permitírnoslo…
El anciano río.
—¡Ja ja! No es molestia en lo absoluto. ¿Sabes? De joven yo era como tú, muchacho, perdido por el mundo con mis compañeros…— de repente, un suspiro de melancolía —Ah… eran otros tiempos…
Silencio.
—Por cierto— añadió el anciano —, no quiero ser indiscreto, no me malinterpretes, pero me gustaría saber cómo alguien…— tragó saliva —Bueno, alguien como tú lleva un Pokémon consigo. ¿Acaso no sabes que los civiles no…?
—Señor— dijo el muchacho —, no quiero ser grosero, pero eso es asunto mío.
El anciano miró a Dave y, entonces, pudo ver determinación en sus ojos. Había algo en aquél joven, una sensación que le recordó días pasados.
—¿Estás de viaje? No pareces de por aquí.
Dave respondió:
—Pues la verdad es que sí— dijo sonriendo, con aquellos dientes afilados que destacaban en su mandíbula, recordando a un tiburón —, voy a Saffron City.
Una mirada fría, y la voz del anciano cambió.
—Ya veo… Saffron, ¿eh? Recuerdo tener un viejo amigo allí, el Capitán Jack; si alguna vez tuvieras problemas, pregunta por él.
El chico se lo quedó mirando, sorprendido. Acto seguido contestó:
—Y… Bueno, ¿no sería mejor que me regalara algo caro y ya?
El anciano echó a reír, una vez más.
—¡Eres un chaval muy curioso! — anunció entre carcajadas —¡En serio, me caes bien! Cuando le veas dile que vas de mi parte.
Y, señalando con el dedo índice, apuntó hacia el verde toldo de la parada; había un cartel pintado a mano, en letras blancas, que decía así:
Bisutería de Joe.
III
Observaba con sus ojos esmeraldas el claro cielo, deslumbrando a través del cristal. Una de sus finas, delicadas manos, reteniendo sin mucho esmero la taza de té y, la otra, retirando hermosamente su largo y ondulado cabello rubio. Siempre, por supuesto, detrás de la pequeña y rosada oreja, adornada en blanca perla.
Descruzando las piernas, desnudas, terminadas en blancos zapatos que combinaban con el vestido de seda y volandas, se puso en pie y miró de nuevo hacia la gran espada que había justo al fondo del enorme cuarto.
—¿Duermes?— preguntó con una fina y delicada voz —Excalibur.
La gema azul que residía entre la empuñadura dorada y la vasta hoja encendió un brillo misterioso y, de repente, una especie de ojo terminó dibujado en su cristalino interior.
—Los muertos no duermen, mi señorita, tan solo descansan de vez en cuando.
La espada comenzó a levitar. Y, acercándose a su dueña, pudo avistar tras sus faldas a un pequeño conejito de pelaje amarillento; contrastaba en su diminuto cuerpo, de no más de medio metro, las partes rojizas que mostraban tanto sus orejas como las pequeñas, redondas manchas en cada parte de sus respectivas mejillas, patas delanteras y cola.
Plusle. Una especie poco común de ver.
—Veo que su fiel compañero no le quita ojo de encima.
Ella miró al conejito, y después a Excalibur.
—Nos criamos juntos, es normal.
El ojo de la espada se iluminó un poco más que antes.
—¿Qué desea de mi, el gran y antiguo Excalibur?
La chica arqueó una ceja.
—¿Siempre eres así de egocéntrico?
Una risa casi silenciosa, fantasmagórica.
—No podía ser menos que mi mudable princesa.
Aquello pareció molestar a la muchacha.
—Quiero salir. Me aburro estando aquí encerrada.
Excalibur la miró con detenimiento.
—Pero su padre…
—Me he despedido de él hace un rato— interrumpió ella, mostrando una sonrisa llena de malicia —, y no volverá en todo el día.
Hubo un breve silencio.
—Comprendo…— murmuró la espada —Como guste, mi princesa, pero sepa que no pienso hacerme responsable de sus actos.
Una pícara risita nació en la garganta de la joven.
—Me parece correcto— respondió mientras cogía en brazos al conejito —, vamos.
[TO BE CONTINUED]
Espero que les haya gustado, no duden en dejar sus comentarios. Gracias. Nos vemos en la próxima publicación.
[EDITADO]
Para los que quieran saber más de la gata, aquí dejo lo siguiente:
- El tema que hice en su día para crearla (no tomen la info al pie de la letra, es un consejo)
- La ilustración que hizo Onixtymime para mí (maravilloso regalo lleno de arte)
Para los que quieran saber más de la gata, aquí dejo lo siguiente:
- El tema que hice en su día para crearla (no tomen la info al pie de la letra, es un consejo)
- La ilustración que hizo Onixtymime para mí (maravilloso regalo lleno de arte)





