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#1

Te escojo a ti

Hola, mundo, vengo a flotar (?)

Nah, en serio, estaba algo aburrida y estresada (he tenido una semana difícil), así que decidí sentarme un ratito y escribir algo para relajarme.

Aún sigo esperando mi Alfa Zafiro, así que, mientras, ¿por qué no hacer un oneshot relacionado con?

No es que sea de las ideas más brillantes que he tenido pero, como dije, era para relajarme un poco y decidí compartirlo. No sé, creo que quedó bonito :v

Espero sea de su agrado
:omg:




Te escojo a ti



Ese día el sol se alzó más pronto de lo esperado en Villa Raíz, acariciando suavemente las copas de los árboles y los techos de las pocas casas que había, dándole calor a los Taillow, obligándolos a despertar para que entonaran sus hermosos cantos, para que todos supieran que ya el día empezaba y era hora de levantarse.

La brisa soplaba gentilmente, arrancando las hojas de los árboles y dejándolas caer suavemente en cualquier parte, que, quizás, resultaba molesto para quien tenía como labor mantener las calles limpias pero que a los niños les fascinaba al oírlas crujir bajos sus pies.

Era una mañana hermosa, sin lugar a dudas, y todo porque aquel no era un día como cualquier otro en ese pequeño y apartado pueblo de la región Hoenn. Se trataba de algo que no sucedía muy a menudo, un gran acontecimiento que emocionaba a muchos, y es no había tantos habitantes en el pueblo como para que se presentara muy a menudo. Por eso es que era tan especial.

Y pareciese que el universo estuviera al tanto de ello, pues se estaba esforzando en brindar el día más espectacular y radiante que pudiera ofrecer a los jóvenes que iniciarían su viaje para convertirse en entrenadores.

Yo estaba emocionado, por supuesto, ¿quién no lo estaría? Mi vida cambiaría por completo. Estuve esperando este momento desde que tengo memoria, preparándome arduamente para ello y contando los días para que al fin este llegara.

Por eso, cuando me enteré de la gran noticia, estallé de alegría y brinqué muy contento por todas partes. Mi júbilo no cabía en ninguna parte del mundo. Tanto así que no pude pegar el ojo en toda la noche.

Hubo momentos que, en verdad, creí fervientemente que jamás viviría este momento, siempre he sido demasiado impaciente, demasiado impulsivo, motivo por el cual tan larga espera se convirtió en mi tormento. Una total agonía. Mi único consuelo era ver pasar las estaciones por la ventana, suspirando cuando mis sueños desfilaban frente a mis ojos como si en verdad sucediesen en ese preciso instante, fantaseando con todos los lugares que conocería y saboreando la gloria de las victorias.

¡No, basta! Que descuidado de mi parte permitirme esto ahora, no debo dormirme en los laureles aún, no hasta que me haya asegurado de que mi viaje comience, pero para eso debo buscar lo que necesito y debo sentir que es el compañero correcto.

Con todo esto y mucho más dándome vueltas en la cabeza, casi paso por alto cuando el profesor Birch abrió la puerta y saludó muy entusiasmadamente.

— ¡Vaya, Orlando, llegas temprano! Se nota que estás ansioso, ¿eh? —exclamó el hombre, riendo con tanto gusto que resultaba contagioso —. Pasa, pasa, eres bienvenido. Que no te dé pena.

Yo estaba realmente nervioso, demasiado como para pensar, sólo era capaz de escuchar los latidos de mi corazón. Por fin estaba aquí, el instante en el que cambiaría toda mi vida, no podía arruinarlo, así que respiré profundamente y me puse lo más sereno posible, esperando a que todo comenzara.

— Esperemos cinco minutos, ¿si? —dijo Birch distraídamente y echándole una ojeada al reloj que colgaba de la pared —. Anna tenía algunas cosas que hacer en la casa primero y me dijo que estaría aquí a las ocho en punto. Pero descuida, no tardará demasiado. Además, sé que son buenos amigos, así que creo que será magnífico que escojan a su primer pokémon al mismo tiempo.

Suspiré. No tenía otra opción más que aceptar, aunque la verdad, no me molestaba. Sólo serían cinco minutos, nadie se muere esperando tan poco… ¿cierto? ¡Ay, desgracia! El problema es que, para quien come ansias, el tiempo siempre pasa más lento, la maldición de toda mi corta vida. ¿No soy demasiado joven para aquejarme tanto? Sin duda, pero qué puedo hacer cuando mis sueños están tan lejos pero tan cerca, cuando puedo rozarlos con las puntas de mis…

Un toc-toc detuvo el hilo de mis pensamientos bruscamente, era como el zumbido de un Beedrill fastidiándome en los oídos, aunque… ¡Esperen! ¡Estaban tocando la puerta!

El profesor, que se había concentrado de nuevo en unos papeles que tenía en su escritorio, se levantó algo presuroso y se dirigió derecho a la puerta, tropezando torpemente con algunos cachivaches mal puestos en el camino.

Cuando al fin llegó a la puerta, Birch la abrió y dejó a pasar a un par de chicas, dándoles la bienvenida ligeramente avergonzado por el desastre que acababa de generar.

A una la conocía, pues se trataba justamente de Anna, su hija. Ella era un pan dulce hecho persona, muy alegre y cuidadosa con su imagen, la cual transmitía esa inocencia que la caracterizaba pero que ocultaba su gran pasión por todo en lo que decidiera emprenderse. Aunque, al igual que su padre, la torpeza era una de sus virtudes, siempre pensando en pajaritos preñados.

Y vino acompañada de una chica que no conocía, la cual se ocultaba tímidamente detrás de Anna mientras evitaba que sus enormes gafas resbalaran por su nariz.

Sin reparar demasiado en la actitud de la joven que acompañaba a su hija, el profesor Birch cerró la puerta casi de inmediato y las llevó cerca de donde yo me encontraba, dándome oportunidad de verlas mejor.

Apenas las dejó ahí, el profesor no les dio oportunidad siquiera de recuperar el aliento, cuando ya había comenzado con la charla reglamentaria para la ocasión.

— Bueno, Orlando, Anna y Delia, al fin ha llegado el día de escoger a su primer pokémon, aquel que los acompañará en todo su viaje por la región —dijo Birch ceremoniosamente, presentándoles a los tres pokémon que se ofrecían en la región de Hoenn —. Estos son Treecko, Torchic y Mudkip. Deben saber que…

Blablablá. Eso era lo único que captaban mis oídos y es que pareciera que el profesor estuviera lejos de mí, hablándome a kilómetros de distancia, en un vano intento de almacenar en mi cerebro información aburrida. Y los culpables de eso, eran ese par de adorables ojos café.

A través de esas lindas cuentas, que parecían hechas de ámbar, era capaz de saber con muchísima precisión que la criatura ante mí era una mata de nervios, pero también pude vislumbrar la bondad más pura que había visto en mi vida.

Todo me dio vueltas mientras caía en cuenta de lo que estaba sucediendo, de que era el destino quien la ponía frente a mí, y es que ella, que me miraba no muy segura de si era lo correcto y dudando de si tenía el suficiente valor para embarcarse en esta aventura, era a quien quería a mi lado.

Sin pensármelo dos veces, me abalancé sobre esa criatura de hermosos ojos y la abracé como pude, demostrándole lo feliz que me hacía el haberle encontrado al fin y que, mientras estuviésemos juntos, nada podría con nosotros. Así me lo hacía sentir el universo, cuando mi corazón dio un vuelco al tocar sus cálidas mejillas y escuchaba sus torpes sollozos.

— ¡Vaya, Delia! —exclamó Birch muy sorprendido y con una sonrisa de oreja a oreja —. Parece que le has agradado a Mudkip.

Delia seguía exaltada. Claro, quizás yo no era lo que ella tenía en mente. Probablemente, prefería algo más dócil como el Treecko al que le había puesto el ojo el otro chico, Orlando, pero no le permitiría abandonarme, le demostraría que conmigo ella nunca estaría desamparada y que no habría mejor elección que yo.

No la dejaría ir, no cuando la había estado esperando por tanto tiempo, escondiéndome de quien yo no creía digno de ser mi compañero para toda la vida. Pero supe que no sería necesario, pues vi en los ojos de Delia que me entendía y que, sin quererlo, le había robado el corazón del mismo modo en que ella robó el mío.

Exclamé de felicidad cuando, por fin, me devolvió el abrazo, regalándome lo mejor que podía darme la vida y eso era ser querido.

Sabía que no me decepcionaría porque, después de todo, yo la escogí.




Pokiu.

EGN: Hoy es el fin del mañana
65 - Todo se paga
#2
Bueno...
La narración es bastante simple y eso le va bien; ya sabes, es muy ameno y llega a relajar el solo leer. Se nota mucho, pero muchísima meticulosidad en cómo estructuras cada párrafo. Quizás sea una manía creada y que incluso yo tengo; o tal vez, un tipo de gusto al escribir. Personalmente, aunque muy ajeno a lo mío, no me agrada basarme en algo repetitivo aunque sea efectivo; es un capricho, claro.

Ahora, yo veo todo bien, excepto la personificación. No te conozco de nada y no sé si fue adrede, pero esos cambios de narrador fueron abruptos, y peor aún, Orlando me resultó tremendamente voluble. Tú me dirás por qué. Nada más que no le creo una palabra a Orlando después de su segundo pensamiento.

En fin, me gustó en verdad.
#3
DIOOOOOOOS ONIX no me esperaba un plot twist para nada, eso no se hace(???

Que quieres que te diga, comentarios de ortografía sobran en este tema, al menos con una lectura superficial no noté nada mal (y dudo que sea necesario hacer una lectura intensiva).

La verdad es que me agradó bastante leer esta historia, es calmada, no cuenta grandes problemas, es un buen cambio luego de leer tantas historias con grandes tramas y complicaciones. El plot twist no me lo esperaba para nada y me chocó completamente por sorpresa lo cual me encantó, me alegra saber que hasta en una historia ligera, calmada y corta puedes llevarte gratas sorpresas.

Qué más decir, no eres una escritora novata, tú y yo sabemos que escribes bastante bien XDDD, sigue así ^^
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