Foros de Centro Pokémon
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#21
Ufff, 1ue bueno es saber que Viper si está con vida, golpeado, pero vivo que es lo que importa.
Me gusta cómo vas llevando al Lucario. Desde mi punto de vista, es quien le da estabilidad a Anthoni con sus emociones, siempre apoyándolo o estando ahí para evitar que cometa errores. Es como si para Lucario fueran Anthoni y él contra el mundo. Esta relación tan bonita me hace preguntarme muy seriamente: ¿Qué hizo Anthoni para cagarla?
Disculpa mi francés, pero no encontré mejor modo de expresar mi incógnita. Así transmito el sentimiento (?).
Por supuesto, a estas alturas no va a estar claro qué pasó con Lucario: si murio; si fue capturado y entregado a otra familia; si mandó a Anthoni a llorar a la colina...
Lo cierto es que eso por lo que no se subió al avión con Cintia debe tener algo que ver con el destino de Lucario.. o eso sospecho.
No me esperaba que apareciera Cintia, y mucho menos 1ue Anthoni y ella tuvieran un ju-jú, pero sigue siendo demasiado interesante por el simple hecho de que muestras que, si bien perteneció al Equipo Rocket, a pesar de lo malos que puedan llegar a ser, siguen siendo humanos. Es algo que no es fácil asimilar, en especiak porque es fácil odiar a quien obra con mal.
En resumen, lo más genial del capítulo fue saber que Vioer estaba con vida. ¡Wuuu, arriba Viper!

¿Droga buena? ¿Como el chocolate? XD

Esperaré el siguiente capítulo pacientemente, pero von las mismas ganas de siempre nwn

Pokiu.

EGN: Hoy es el fin del mañana
65 - Todo se paga
#22
Lamento este retraso que, sinceramente, no tiene nombre. Se que la puntualidad no es mi mayor virtud, pero aquí me he pasado mucho. Estoy mandando esto a las dos de la mañana (hora española), en un tren nocturno, así que ruego me disculpen @Elven king y @OnixTymime por no hacer el tradicional "respuestas a los comentarios", pero el tema es que tengo un sueño atronador y como pase de subirlo ahora, me veo capaz de que se me vuelva a olvidar. Así pues en el siguiente (que ya tengo escrito, solo a falta de publicarlo la semana que viene), intentaré responder a los comentarios que dejo atrás.

Capítulo 8
Giovanni
Me cuesta dar un paso detrás de otro. Tengo demasiado en qué pensar y poco tiempo para hacerlo. ¿Cómo puedo explicar qué he hecho, qué soy? Debería pensar en que me entenderá, al menos si sigue siendo tal y como la recuerdo. Pero ha pasado mucho tiempo; demasiado. No se como reaccionará, no quiero llegar a imaginármelo. Además, su posición actual hace que no sea solo una cuestión moral el denunciarme o no a la policía, sino que hace que sea una cuestión profesional. ¿De verdad quiero arriesgarme? A decir verdad, sí. He estado huyendo demasiado tiempo, arrepintiéndome de cosas que hice, y de otras que nunca llegué a hacer; como subir a aquel avión.

Miro a mi alrededor. La calle empieza a llenarse de gente que viene y va. Me detengo por un momento para observar minuciosamente el ir y venir del resto de la ciudad. Respiro hondo y el apestoso tufo de la gasolina quemada casi me hace toser. Me doy cuenta de que en toda mi vida nunca he llegado a estar tan abajo. Continúo mi marcha lenta y rítmica hacia el edificio en el que habito. Ando hasta un paso de peatones donde espero a que me permita pasar el semáforo.

Miro a mi alrededor y me percato de unas máquinas de periódicos a unos veinte metros desde donde me encuentro. Apenas presto atención antes de darme cuenta que un Mightiena me mira fijamente junto a las máquinas. Vuelvo a mirar el frente, pero cuando el semáforo me cede el paso me quedo parado. Lanzo una rápida mirada a las máquinas y no encuentro rastro del pokémon. Sucede algo; no se por qué ni el qué, pero lo noto. Ando hacia las máquinas y no veo nada. Tampoco se que esperaba encontrar. Me dispongo a reanudad la marcha hacia casa cuando me percato de la portada de uno de los periódicos; “El heraldo de Sinnho”. Una fotografía muestra una especie de jeep con una R roja pintada en el capó. Meto una moneda en la máquina, abro la puerta y cojo un periódico. Lo despliego y una corriente me recorre la espalda: “El Team Rocket ataca de nuevo”.



Llego a casa y cierro la puesta casi de un portazo. Tiro el periódico sobre la mesa del comedor y me dirijo con prisa hacia la cocina. Abro muebles hasta que encuentro una botella de whisky. Hace mucho que no bebo, pero la situación me lleva a necesitar de ese demonio que es el alcohol. Vuelvo abriendo la botella y, mientras me siento, arranco el dosificador con los dientes para dar a continuación un largo trago. Dejo la botella y cojo el compendio de hojas, buscando con prisa la noticia completa:

– Heraldo de Sinnho –
“El Team Rocket ataca de nuevo”
“Todos recordamos a la archiconocida mafia del tráfico de pokémon de Kanto, más conocida como Team Rocket. Por suerte para nosotros, nunca llegaron a pisar suelo perteneciente a Sinnho. Por desgracia, la paz de la que el mundo parecía haber sido testigo no era más que un velo que tapaba la verdad de el Team Rocket.

Alguien dijo en una ocasión la mafia nunca muere; y para nuestra desgracia era cierto. La certeza de que el Team Rocket no solo sigue existiendo, sino que está plenamente en activo, viene de unos sucesos extraños que sucedieron la pasada noche en el Monte Corona y que obligó a la intervención policial.

A las tres de la mañana, unos guardabosques detectaban luces de vehículos que se movían por viejas carreteras de montaña cerradas al público desde hacía bastante tiempo. Dieron aviso de lo que sucedía y se dispusieron a detener a los infractores. A las cinco y media, tras una hora sin saber nada de los guardabosques, la central decide enviar un helicóptero por precaución. El helicóptero fue testigo de distintas pruebas ilegales que realizaban unos sospechosos con pantallas de satélite.

Al ver el helicóptero, los sospechosos se dieron a la fuga. La central envió inmediatamente una quincena de agentes que lograron detener uno de los vehículos. El logotipo pintado sobre los coches y los uniformes de los detenidos, que se han negado a declarar, nos desvela que pertenecían a un operativo del nuevamente resucitado Team Rocket.

Ambos guardabosques fueron encontrados inconscientes en el lugar donde se estaban llevando a cabo las extrañas pruebas. Se encuentran en perfectas condiciones.

El jueves publicaremos un artículo completo donde analizaremos a fondo el asunto y dispondremos del testimonio de los dos guardabosques, uno de los policías que detuvo a los sospechosos, un experto en crimen organizado y un exmiembro de la organización.”

No es posible que resurja el Team Rocket. Quedó muy claro que era nuestro fin. Además hubieran intentado contactar conmigo como miembro veterano de alto rango que soy. No puede ser el auténtico, me niego a creerlo. Cojo la botella, la miro por un segundo y la estampo contra la pared. Me dejo caer encima de la mesa. No puede ser cierto nada de lo que está pasando.

Valoro la posibilidad de llamar a un par de amigos y preguntarles; si alguien sable algo tienen que ser ellos. Pero no puedo; ya fue suficientemente peligroso contactar con Doc como para hablar ahora abiertamente de la organización con alguien. Me agro la chaqueta y saco la libreta y la pluma de la solapa. Necesito desahogarme.



Al acabar la enseñanza secundaria, en el resto del mundo se realizan los exámenes de acceso a la universidad. El Team Rocket tenía para sus “jóvenes miembros” algo parecido, no oficial, pero adaptado a nuestras particulares circunstancias. Luego, si se consideraba que alguien tenía la capacidad como para hacer unos estudios determinados, se falseaban las pruebas oficiales. Aunque siempre existía la posibilidad de hacer desde el principio las pruebas oficiales y no realizar las del Team Rocket. O también se podían realizar ambas y luego decidir. Nadie estaba obligado a forma parte de la organización, eso era una decisión totalmente libre e individual.

Las pruebas se alargaban entre un par de semanas y un mes. El primer día teníamos las pruebas de CI. El segundo las de compatibilidad de materias y el tercero las de conocimientos. El cuarto día empezaba lo que todos esperábamos con ansias desde largo tiempo atrás: la prueba práctica.

Cualquier miembro activo del Team Rocket podía ofrecerse voluntario para ser mentor en una prueba práctica. Cada mentor podía elegir entre nosotros a quien sería su compañero durante un tiempo o misión determinados. Aún así, la mayoría se repartían en un sorteo en el salón de actos del colegio.

Recuerdo nostálgicamente aquel día. Viper me despertó antes incluso de que sonara mi despertador y me llevó a desayunar a una especie de bar de semilujo que había abierto los civiles que, cada vez en más cantidad, se desplazaban al pueblo que, en poco menos de un año más, pasaría a ser Ciudad Azulona. Nos dio a mí y a Lucario una charla motivadora y nos explicó los distintos perfiles que podíamos encarnar dependiendo de a quien nos tocara como mentor. O bien un soldado junto a quien combatiríamos con civiles o las autoridades para robar el contenido de un camión. Quizás un científico a cuyas ordenes participaríamos en una investigación secreta. A lo mejor un técnico, un oficial, un ingeniero, etc. La lista de perfiles era larguísima. Viper también se había ofrecido como mentor, aunque no me hacía mucha ilusión que mi padre adoptivo fuera mi mentor; no es que sargento de entrenamiento fuera un cargo muy animado.

Después de desayunar, Lucario y yo partimos hacia el colegio “privado” en el que estábamos todos los “jóvenes miembros”. Recuerdo como eran por aquel entonces los edificios de viviendas; cada vez más gente venía al pueblo y se hubiera hecho imposible distinguir entre edificios de no ser porque los que pertenecían a la organización tenían todos un cartel con el rótulo “Constructora de Kanto; por un futuro mejor para todos”.

Caminé hasta el colegio donde había un gran barullo. Saludé a Estela a la entrada. Nos conocíamos desde hacía bastante tiempo, pero no fue hasta hacía un par de meses que nos empezamos a llevar especialmente bien. Estaba junto a su Raticate. Le asignaron un Ratata en el curso anterior y lo había hecho evolucionar sorprendentemente rápido. A mí no me asignaron ningún pokémon pues ya tenía a Lucario. Hablé con ella sobre los exámenes de los días anteriores. Parecía un poco preocupada con el de compatibilidad. Estela siempre había querido entrar a formar parte de las fuerzas especiales del Team Rocket; pero sin una psicología acorde se hacía prácticamente imposible acceder a dicho campo, al contrario que con la mayoría de los puestos.

Pasamos al salón de actos y el director del centro nos dio una pequeña charla motivadora. Acto después bajaron las persianas y activaron una especie de sistema electrónico que corría a lo largo de las paredes, insonorizando toda la sala. Había dos urnas; una con nuestros nombres y otra con la de los futuros mentores. El director sacaba nuestros nombres y, acto seguido, sacaba el nombre de nuestro mentor. No fue hasta que pasó casi una hora y media que sacó mi nombre. Nos pusimos de pie, como era costumbre. El director me miró y metió la mano en la segunda urna. Giré la cabeza y miré a Lucario que me sonrió. Miré hacia el otro lado y me encontré con la mirada de varios compañeros que me hacían gestos para desearme suerte. Crucé los dedos.

Pero el director no llegó a sacar ningún papel. Un hombre vestido de traje había subido a la tarima junto a un Persian. Don Giovanni, hijo de Madame Boss. Todos le conocíamos por la importancia que había tenido en los últimos años. Había adquirido el rango de Comandante y se había convertido en un agente independiente. Se rumoreaba que planeaba extender el Team Rocket a otras regiones y convertirse en subjefe de dicha extensión hasta que su madre le cediera el cargo. Sin duda alguna, era la persona perfecta para encargarse y asegurar el futuro de la organización.

Giovanni se estaba ofreciendo como mi mentor y yo no podía creerlo. Hacía bastante que nadie se ofrecía como mentor de un alumno en concreto y, para colmo, él se ofrecía como mi mentor. Ninguno de los que estábamos en la sala dábamos crédito. Y yo nunca llegué a comprender por qué me eligió a mí. Quizás estaba relacionado con la conversación que tuvimos largo tiempo atrás, pero no entiendo el por qué yo.


Giovanni me esperaba a la salida con su coche. Nos hizo señas para que entráramos. Una vez dentro arrancó y se dispuso a abandonar Pueblo Azul.

–¿Adónde vamos?
–A Ciudad Carmín, me han pasado un chivatazo y vamos a dar el golpe.
–Un momento, si vamos a irnos tengo que recoger cosas para el viaje, avisar a Viper...
–No te preocupes, ya le he avisado yo. Y todo lo que necesites puede comprarse. Tenemos presupuesto ilimitado.
–¿Por qué yo?

Giovanni detuvo en seco el vehículo en mitad de la carretera y se giró hacia mí. Persian, que estaba a su lado, también se giró hacia mí, maullando de una forma realmente amenazante.

–Tengo mis razones; puede que un día llegues a comprenderlo, pero hasta entonces es mejor que no le des muchas vueltas si no quieres acabar con dolor de cabeza.

Asentí con un poco de miedo. Ese hombre que en aquel momento tenía escasos cinco o seis años más que yo, quizás menos, emanaba un aura de seguridad, pero también de misterio y peligro. Cuando se te quedaba mirando de ese modo, siempre conseguía infundir miedo. Volvió a mirar al frente y el coche se movió de nuevo.

–¿Conoces al Lugarteniente Surge?
–Sí, es un militar que quedó como líder de gimnasio tras la guerra, ¿no?
–No solo eso. Es también uno de nuestros mejores contactos fuera de la organización.
–¿Trabaja para nosotros?
–Trabajar no es la definición adecuada; yo más bien lo llamaría colaborar. Bueno, el caso es que me ha pasado un chivatazo. No sé si estás preparado para esto, pero quiero ponerte a prueba aunque sé que no es agente de campo a lo que quieres llegar, al menos de momento, ¿no?
–No lo entiendo.
–Física, es eso lo que quieres hacer, ¿no?
–Sí, bueno... ¿cómo lo sabes?
–Ja ja ja ja; no en vano soy hijo de la jefa. ¿Es eso lo que quieres hacer entonces?
–Sí, pero también quiero quedarme aquí y formar parte de todo esto.
–No es incompatible. Puedes estudiar física y luego utilizarlo en nuestro favor. Además, los resultados de tus tests son especialmente buenos. Si decides estudiar física, no dudo en que mi madre te mandará al mejor sitio posible, a Teselia.
–¿Teselia? Eso está en la otra punta del globo.
–Y tiene la mejor universidad de física que puedas encontrar.
–Pero tiene que valer una barbaridad.
–Déjanos el dinero a nosotros. Eres un prodigio, tengo que admitirlo; y tener un prodigio con unos estudios como aquellos a los que tú aspiras es una bendición para el Team Rocket.
–Pero... ¿por qué?
–Como he dicho antes, lo averiguarás con el tiempo.
–¿Tan buenos han sido mis resultados?
–La prueba de conocimientos se ve que no te la has preparado muy bien. Pero la de CI ha sido más que espectacular y la de compatibilidad nos indica que te mandemos al mejor sitio que podamos.
–No se que decir.
–En ese caso es mejor que te calles y escuches. Surge me ha pasado información sobre un carguero perteneciente al gobierno. Al parecer llevan dentro algo importante, teniendo en cuenta el tamaño de la fuerza de seguridad que llevan con ellos. Evidentemente no te voy a meter en semejante lugar. De entrar a buscar lo que sea que es tan importante me encargo yo y otros cuantos agentes de las fuerzas de seguridad. Tú acompañarás al buen Lugarteniente; crearéis una distracción de proporciones épicas.

Giovanni comenzó a reír a todo pulmón mientras Persian se hacía un ovillo en el asiento. Miré a Lucario, quien parecía tan intranquilo como yo. Por aquel entonces Giovanni era mucho más abierto y estaba bastante más loco que cuando pasó a ser el jefe supremo. Como diría Viper, “cosas de la edad”. Lo cierto es que entusiasmaba la idea, de la misma manera que me daba miedo. A mis 18 años iba a formar parte de una operación semejante junto al que sería mi futuro jefe, lo que me causaba una euforia incomparable. Lucario también parecía entusiasmado, pero le conocía y podía sentir su preocupación. Él siempre fue más cauto que yo.

Giovanni paró de reir y se centró en la carretera. Yo me acomodé en el asiento y le pasé el brazo por encima del hombro a Lucario. Le miré directamente y él agitó la cabeza hacia un lado y otro, negando, mientras no podía ocultar una sonrisa. Yo sabía cómo pensaba él y él sabía como pensaba yo.

No puedo decir a ciencia cierta cuánto duró el trayecto. Pero antes de que quisiera darme cuenta, ya estábamos en Ciudad Carmín. Era la primera vez que estaba allí y me sorprendió bastante toda aquella arquitectura de tono marinero. Giovanni había abierto una ventana y podía oler el agradable aroma del agua salada. Continuamos avanzando por algunas calles hasta quedarnos parados frente a una sastrería. Era ya por la tarde, aunque temprano todavía. Giovanni me hizo gestos para que nos bajáramos. Abrió la ventanilla para dirigirse a mí:

–Necesitarás un traje y un uniforme. Por lo demás, compra unas cuantas mudas de ropa y, en general, lo que vayas a ponerte mientras no estemos trabajando. Toma –me entregó una tarjeta con un extraño logotipo y el rótulo “Asociación Mercantil de los Estados del Este”–, con esto sabrá que vas de mi parte. Sal de aquí con el traje puesto; un taxi os estará esperando. Tenemos una cena en un restaurante de lujo con Surge para que nos explique con más detenimiento todos los detalles que conoce. El resto de lo que compres te lo mandará al piso franco. Hasta esta noche.

Sin apenas dejarme tiempo para preguntar nada, aceleró y se perdió entre las calles. Miré a Lucario, quien se encogió de hombros. Me di la vuelta y entré en la tienda. Había más maniquís de los que pude contar con toda clase de ropa, la mayoría de manufacturas extranjeras, pero también había en un rincón trajes y vestidos. Un hombre mayor, de estatura baja, acompañado por un Psyduck salió a recibirme. Parecía cansado. Me acerqué, le saludé y le entregué la tarjeta. Se puso derechas las gafas mientras la miraba detenidamente. Acto seguido, se la guardó en el bolsillo y salió a la calle. Miró hacia ambos lados y volvió a entrar, bajó la persiana metálica desde dentro y puso el cartel de “CERRADO” en el escaparate. Me hizo un gesto para que le siguiera a la trastienda.

–Imagino que necesitas el equipo usual, ¿o buscas algo más?
–Necesitaría también un traje y toda la ropa necesaria para pasar unos cuantos días.
–Entiendo... por cierto, no nos he presentado. Soy Guido, sastre y simpatizante de los tuyos prácticamente desde su fundación. Y aquí están mis compañeros, Psyduck y Hoothoot –dijo mientras señalaba al fondo de la habitación donde había un pokémon pájaro posado sobre una especie de estantería.
–Yo soy Anthoni; este de aquí es mi compañero Lucario.
–Es extraño ver a esa especie por aquí. ¿Perteneces a la nobleza o eres un coleccionista? –me preguntó mientras empezaba a tomarme medidas.
–¿Qué sabe usted de eso?
–No es un pokémon muy común. Está ligado tradicionalmente a la nobleza, pero seguro que eres un coleccionista. ¿Qué razones tendría un noble para pertenecer al Team Rocket? De ser noble estarías, seguramente, haciéndole la pelota al rey.
–Sí, por supuesto...

Miré hacia Lucario. Su mirada se cruzó con la mía. Parecía querer decirme que le dijera la verdad; que soy noble, que mi apellido verdadero es uno de los más importantes de Kanto, que la razón para estar en el Team Rocket es que fueron los únicos que me tendieron la mano cuando el resto me dio la espalda. Pero no; habían pasado años, pero prefería olvidar mi linaje. Lucario siempre se resistió a ello. Estaba tan implicado y unido al Team Rocket como yo; pero al contrario que este pobre imbécil, él nunca quiso olvidar lo que en verdad éramos.




Pasé toda la tarde en el sastre. Él me tomaba medidas, cortaba y cosía la tela, me la probaba y volvía a cortar, retocar y coser. Lucario miraba atentamente, como impresionado por la tremenda labor que se estaba llevando a cabo. Mientras Guido cosía, cortaba y volvía a coser; Psyduck le pasaba tijeras, hilo, y todo lo que necesitaba, Por otra parte, Hoothoot era la mejor máquina de coser que he visto en mucho tiempo.

Cuando ya empezaba a anochecer, salía por la puerta de la sastrería vestido con un traje negro con rayas blancas, camisa blanca y corbata azul oscuro. Los zapatos, también negros, daban el toque determinante. Guido había prometido enviar el resto de mi pedido al piso franco que íbamos a ocupar.

Tal y como Giovanni prometió, un taxi esperaba en la puerta con ordenes estrictas de hacia donde llevarnos. Tras unos quince minutos de callejeo, alcanzábamos una especie de restaurante en pleno centro de Ciudad Carmín. Parecía que había bastante seguridad privada y todos vestían de gala. Un botones que estaba esperando me guió hacia una habitación privada con una mesa. En ella, Giovanni y un hombre de cierta edad con algunas cicatrices en la cara y ropa militar de gala conversaban enérgicamente. Giovanni me hizo gestos para que me sentara y así lo hice. Lucario se retiró a una esquina, junto con Persian.

–¿Este es el que me va a echar una mano?
–Sí, ambos os ocuparéis de la distracción.
–Espero que sea bueno lo que busques; esto no es como cuando os echaba una mano robando camiones en mitad de la carretera. Aquí me estoy jugando el cuello.
–Tranquilo; te compensaremos en consecuencia.
–¿Tú crees que va a salir bien? –señaló hacia mí
–Confío plenamente en Don Giovanni.
–Déjate de hacer la pelota. Ni siquiera sabes en qué consiste el plan. ¿Cómo vas a poder juzgar si va a salir bien?
–No machaques al muchacho y explícale lo que vamos a hacer.
–Muy bien –suspiró–, yo y otros miembros entraremos al barco. Tú y Surge esteréis en una lacha. Tenéis que atacar un barco de los guardacostas para llamar su atención. Haréis un pequeño espectáculo de fuegos artificiales. Eso es todo lo que debes saber. ¿Y bien?
–Parece fácil.
–¿Convencido? –se dirigió al Lugarteniente
–Vale, vale; lo haré. Pero espero una compensación a la altura de los riesgos.
#23
No me esperaba que el Team Rocket volviera. Lo que más me gusta es toda la organización que tienen, en cada capítulo se ve otra parte más de ella. Me pregunto qué es lo que quiere Giovanni de ese barco. Sin más comentar, me despido. Ciao.


Lean mi fic: La Historia de Jack Evans
Soy Elven king
(Por si alguien no me reconoce)


#24
Uff; ha pasado mucho tiempo. Demasiado... demasiado... Pero estoy otra vez aquí. Sé que lo de esta vez no tiene perdón; pero al menos se que todas esas interminables horas invertidas han servido para sacar adelante el curso... en fin; uno menos, quedan tres. A ver cuando empiezo con motores de videojuegos, tengo ganas de crear ya uno propio. Pero eso es otro tema. La cosa es que volví. Volver... Lo siento, pero esa palabra siempre me recuerda un poema de Gustavo Adolfo Becquer que me encanta y que espero me permitan compartir:

Spoiler
Volverán las oscuras golondrinas
en tu balcón sus nidos a colgar,
y otra vez con el ala a sus cristales
jugando llamarán.

Pero aquellas que el vuelo refrenaban
tu hermosura y mi dicha al contemplar;
aquellas que aprendieron nuestros nombres,
esas... no volverán.

Volverán las tupidas madreselvas
de tu jardín las tapias a escalar,
y otra vez a la tarde, aún más hermosas,
sus flores se abrirán.

Pero aquellas cuajadas de rocío
cuyas gotas mirábamos temblar
y caer como lágrimas del día...
esas... no volverán.

Volverán del amor en tus oídos
las palabras ardientes a sonar;
tu corazón, de profundo sueño
tal vez despertará.

Pero mudo, absorto y de rodillas
como se adora a Dios ante su altar,
como yo te he querido... desengáñate,
así... no te querrán.



Precioso, ¿verdad? Y ahora, pues; he aquí el espero que esperado capítulo.
Capítulo 9
Problemas en cubierta
Miro el cajón de la cómoda abierto. Dentro reposan la mayoría de mis recuerdos del Team Rocket. Miro mi reloj; todavía queda tiempo hasta las cinco y mi percepción no hace más que alargar los minutos. Se lo contaré todo; le llevaré las fotografías que tengo, los archivos, los recuerdos; todo. ¿Es esto lo que llevaba esperando tanto tiempo? ¿Quizás mi subconsciente? ¿Es esta la explicación de que viniera a Sinnoh cuando todo acabó? ¿La esperanza de volver a encontrarla? ¿La vaga probabilidad de que el destino me sea más benévolo de lo que fue en mi pasado? No lo se; pero, sea lo que sea, ha pasado y aunque una parte de mí quiere eludirlo, voy a tomar al Tauros por los cuernos. Ya está bien de huir, de lamentarse, de ir de aquí para allá esperando que el azar sea mi único pendón. El azar ya ha hablado, ahora el resto es trabajo mío.

Intento imaginar qué le voy a decir; qué le voy a contar. ¿Estaría bien empezar por el principio? No lo se. Quizás debería contárselo todo, a secas. Relatarle la historia de mi vida que, por orden de mi psicóloga paso a formato papel. Sería una opción bastante aceptable. La historia de mi vida... ¿Pensará que le estoy contando un cuento? Espero que no; aun así es un riesgo que ha que correr.

Miro de nuevo al cajón y saco un trozo de tela negra que cabe en una mano con una R bordada. La mitad inferior del trozo de tejido está impregnado en sangre oscurecida y endurecido a a causa del tiempo. Dejo caer el retal en el cajón y me quedo mirándolo. Aquel día fue mi bautismo de fuego y supe estar a la altura de las circunstancias. ¿Por qué, Giovanni? ¿Acaso cuando te marchaste habías olvidado la razón por la cual luchamos? Aquel día comprobamos que podíamos confiar el uno en el otro.




Llevábamos tres días en Ciudad Carmín preparándolo todo. Había acompañado a Giovanni a sitios que no me imaginaba ni que existieran. El Club de Fans Pokémon era, en realidad, la entrada a un almacén de suministros; la "General Store" más grande de la ciudad se trataba de una tapadera para el blanqueo de dinero; y el sindicato de estibadores no era más que el núcleo del poder que ejercíamos sobre la sociedad civil. Todo resultaba ser un shock demasiado potente para un chaval de 18 años que hasta ese momento no había hecho más que vivir en un mundo entre la legalidad y la ilegalidad sin nunca pisar verdaderamente uno de los dos lados. Mientras otros de mis compañeros harían poco más que aplicar los conocimientos que habían aprendido y acompañar a meros peones, yo estaba de lleno en la organización.

Pero había una constante que se repitió durante aquellos días, una pregunta que se repetía una y otra vez dentro de mi cabeza y que cada vez resultaba más importante. ¿Por qué yo? Si algo aprendí de Giovanni es que a no realizar nunca nada que no tenga alguna razón clara o forme parte de un plan cuidadosamente elaborado. Estaba seguro de que formaba parte de algún plan, que era una pieza de un galimatías que escapaba a mi entendimiento.

Tras varios días de preparación, llegó el momento de la verdad. El buque SS Reignite había atracado aquel mismo día. La mayoría de tripulantes habían cogido permiso y se encontraban a bordo solo los servicios mínimos. Era el momento de actuar. Aquella noche, en torno a las dos de la madrugada, Surge y yo subiríamos a una especie de barco de pesca con una buena reserva de explosivos. Una vez en el mar, Surge se encargaría de bucear y poner varias cargas alrededor del buque para disparar las alarmas y en el muelle para hundir los amarres y las escalas y evitar así la llegada a bordo de refuerzos. Tras eso tendríamos que esperar a Giovanni y a dos agentes más antes de huir.

El sastre había hecho una especie de mono negro con una tela sumamente resistente y elástica. Una R roja bordada en el pecho y distintos enganches para distintos tipos de correajes lo acababan de detallar. Guantes y botas, también negros, junto a una especie de pasamontañas concluían el conjunto. Además, llevaba una especie de triángulo de combate con varias cartucheras con objetos cuya función desconocía y más material que probablemente yo nunca llegaría a usar en aquella misión. El líder de gimnasio vestía igual que yo y me sorprendió. Sabía que se implicaba mucho en el Team Rocket y se sentía parte de él. Pero lo que no sabía es que fuera un miembro de pleno derecho de la organización.

Giovanni dirigiría y participaría en la operación desde el puente de mandos del buque. Entrar allí y reducir a los tripulantes no sería fácil, por eso contaba con la ayuda de otros tres miembros cuyos nombres nunca llegué a conocer. Puede parecer extraño que, siendo Giovanni el cerebro de la operación, fuera él uno de los que entraran. Pero tenía que ser así. El buque tenía en varios de sus niveles puertas de seguridad que había que abrir desde el puente de mando. Allí, al no disponer de códigos de acceso, era necesaria la presencia de un hacker que fuera capaz de reventar los rudimentarios medios de seguridad digital de la época. Por desgracia, no es que estuviera muy de moda en aquellos tiempos estudiar algo relacionado con ordenadores, así que no digamos dedicarse específicamente a la seguridad. Giovanni era el único miembro del Team Rocket con los conocimientos necesarios para poder llevar a cabo esa tarea.

Ya habíamos embarcado Surge y yo y nos desplazábamos hacia el punto donde debíamos echar el ancla cuando vimos a lo lejos tres o cuatro sombras que subía por uno de los cabos de amarre. Miré entonces al lugarteniente; no estaba nada contento. Parece ser que esta operación se salía un poco de sus funciones habituales. Quizás le veía también un riesgo innecesario. Creo que por eso exigió un pago mayor que el de costumbre. Pero Giovanni estaba empeñado en realizar aquel robo y quería contar con el lider del gimnasio. Me costó un esfuerzo, pero aprendí a que Giovanni no siempre hacía las cosas que parecieran más lógicas. Bueno, todas las grandes mentes tienden a hacer cosas que no caben en el entendimiento del resto del mundo.

Lucario estaba sentado en la popa, mirando hacia el infinito. Parecía casi una de esas escenas de película, con el viento dándole de lado y siendo iluminado solo por las lejanas luces de Ciudad Carmín. Miré a Surge, al timón; parecía muy concentrado en el GPS a pesar de que la ruta que teníamos que recorrer era una perfecta linea recta.

–Giovanni dice que eres un experto en explosivos.
–Así es –me respondió con la mas inerte indiferencia.
–¿Por qué son necesarios los fuegos artificiales? A fin de cuentas van a recurrir para casi todo el trabajo al sigilo.
–Al abrir el contenedor objetivo saltarán las alarmas. No hay forma de desactivarlo desde fuera, es un sistema que se encuentra dentro del contenedor y no hay forma de inhibirlo. Una vez abierta la puerta tenemos que evitar que suban refuerzos a bordo y hacer que los guardias que ya están dentro estén demasiado ocupados preguntándose qué ha pasado como para interceptar la huida.

Tras su explicación, volvió al estado de indiferencia de antes. Parecía casi enfadado o preocupado por algo, y yo no iba a quedarme callado:

–¿Qué te preocupa? Hay algo que sabes y que no nos has contado.
–Escucha –soltó casi de una voz mientras se giraba violentamente hacia mí–; estás aquí para ver como se hacen las cosas, no para hacer preguntas. Ni siquiera deberías estar aquí, ¿lo entiendes? Así que cállate y limítate a observar. Las razones de lo que pase aquí no te importan lo más mínimo.
–Te recuerdo que estoy aquí, te guste o no. Y si algo sale mal, yo también salgo perjudicado. Así que sí que me importa todo lo que pasa aquí como al que más.

Surge se levantó de sus sitio y dio un paso hacia mí. Me miraba de forma sumamente amenzante. Lucario se levantó y se dio la vuelta; se puso en guardia. Surge me cogió por un hombro y se me acercó, me miró fijamente. En ese momento temía que me echara fuera del bote. En un momento esbozó una sonrisa y me soltó.

–Puto crío... tienes el mismo carácter que Viper; se nota que te ha criado él. Y me jode que tengas razón. ¿Quieres saber qué es lo que sucede? Muy bien, si no me queda más remedio te lo contaré. Y tú relájate si no quieres que te eche del barco –añadió girándose hacia Lucario.

Surge volvió al timón y miró hacia el buque de la armada. Lo estuvo observando durante casi un minuto antes de suspirar y volverse hacia mí sin soltar el timón.

–Supongo que has estudiado en historia la guerra que hubo hace ya algún tiempo. Yo participé en esa guerra. Soy extranjero, de los Estados Unidos. Formé parte de la primera división internacional. Me destinaron a la marina como infantería de asalto. Concretamente a ese mismo buque que ves ahí. Nos dedicábamos a hacer transportes especiales. Armas experimentales, datos de investigaciones, VIPs y de vez en cuando pokémon extraños.
–Transportabais cosas pero, ¿por qué te preocupa tanto?
–Porque todo esto es muy extraño. Teníamos dos únicas ordenes en nuestras misiones; una, hundir el barco si era necesario para que no fuera el paquete capturado por el enemigo y dos, no hacer escalas ni paradas bajo ningún concepto.
–A lo mejor han cambiado el protocolo.
–No; he hablado con viejos amigos, siguen siendo los mismos.
–Quieres decir que...
–Es una trampa, quieren que subamos a bordo. No se qué es lo que tendrán, pero quieren que vayamos a buscarlo.
–Giovanni debería...
–Se lo he dicho. Y sea lo que sea, aunque sepa que es una trampa, quiere recuperarlo.

Guardé silencio. Sabía que era una trampa y aun así Giovanni quería seguir adelante. Y si sabía que era tan peligroso, ¿por qué meter a un chico de apenas 18 años en todo ese jaleo? Recordaba en todo momento sus palabras, diciéndome que ya comprendería por qué yo. Pero en lugar de cobrar sentido, cada minuto que pasaba se volvía más y más confuso. No sabía qué estaba sucediendo y, con el tiempo, nunca llegué a saberlo.

Seguimos navegando hasta llegar al punto determinado a la hora determinada. El lugarteniente se puso una bombona de oxígeno y saltó al agua. Debía de pasar una hora y quince minutos hasta que volviera. Si en ese tiempo no había vuelto, mi trabajo era disparar una bengala para anunciar que algo había pasado y abortar así la misión. Me senté en la popa, junto a Lucario. Sincronicé mi reloj para que, pasado el tiempo determinado, sonara la alarma. Me tumbé entonces y comencé a ver las estrellas. Lucario se tumbó también a mi lado.

–Hay una buena vista, ¿eh? No se lo que pensar. No se tú, pero creo que esto no puede salir bien. Va a pasar algo, lo presiento.

Lucario me dio un golpe y, cuando me giré, me miraba fijamente. No quería que fuera tan negativo. Pero solo mirándole a la cara sabía que él no era mucho más optimista que yo. Le sonreí y él me respondió con una sonrisa agridulce. Nos quedamos los dos, en silencio, mirando al infinito, esperando a que sonara el reloj indicando que el tiempo había pasado y esperando que para entonces el lugarteniente estuviera de vuelta a bordo.

Volví a pensar en por qué yo; y Lucario pareció acompañar el hilo de mis pensamientos. Cada vez que lo miraba me negaba con la cabeza e intentaba desviar mi mirada. Los minutos se hacían cada vez más largos mientras esperábamos al lugarteniente. Intentaba identificar distintas constelaciones para entretenerme, aunque seguía muy preocupado por lo que pudiera pasar; por lo que me había explicado Surge.

–¡Surge, Surge; hazlo! –se escuchó, entre disparos de alguna parte

Me levanté y miré a Lucario. Era Giovanni, y no pintaba muy bien la cosa. Corrí hacia la radio y agarré el micrófono. Me temblaba el pulso y no sabía muy bien que hacer.

–¡Surge, ¿qué coño estas haciendo?! ¡Anthoni, Surge, alguien!
–Soy Anthoni, ¿qué tengo que hacer? –respondí mientras apretaba el gatillo del micrófono.
–¡Detona los explosivos, rápido! –me gritó con desesperación entre el sonido de disparos
–¿Cómo, cómo lo hago?
–¡Un mando con un botón rojo! ¡Hazlo! ¡Ya!

Miré a mi alrededor. Había una especie de guantera junto al timón. Al abrirla vi una especie de radio con una cerradura y un botón rojo bajo un cristal. Lo cogí. Tenía la llave puesta, así que la giré y el cristal se abrió. Se me aceleró la respiración, me temblaba el pulso, el corazón parecía que se me salía del pecho. Miré hacia arriba, me crucé con la mirada de Lucario, igual de aterrada que la mía. Me dispuse a pulsar el botón pero, justo entonces, recordé un pequeño detalle.

–Giovanni, Surge sigue en el agua.
–¡Pulsa el botón!
–Pero...
–¡Ya!

Aguanté la respiración. Cerré los ojos. Apreté el detonador con todas mis fuerzas. No podía apretar el botón sabiendo que el lugarteniente seguía allí abajo. Sentí que alguien me cogía por el brazo. Abrí los ojos, era Lucario. Me miraba fijamente y asintió. Supe que quería decirme que Surge estaba a salvo, lejos de los explosivos. Respiré hondo y apreté el botón.

Decenas de luces se alzaron desde el agua y se expandieron encima de ella. Un segundo después, el estruendo de las explosiones me obligó a taparme los oídos antes de que la onda expansiva casi me lanzara fuera del barco. Me levanté del suelo de la cubierta y busqué enseguida a Lucario. Estaba a un par de metros, también en el suelo. Miré hacia el buque y gigantescas bolas de fuego se alzaban en el aire mientras el mastodonte de acero se meneaba lentamente de un lado a otro.

–¡¿Es que quieres matarme?!

Me giré y vi al lugarteniente saliendo del agua, por la parte de atrás del barco. Sangraba por la nariz y las orejas, probablemente de la onda expansiva. Avazcé hacia atrás, balbuceando que Giovanni me lo había ordenado. Justo entonces saltaron las alarmas del buque; Giovanni acababa de abrir el contenedor objetivo.

–Ya me ocuparé después de ti.

Me apartó de un empujón y se sentó al timón. Me quedé sentado a un lado, sin saber muy bien qué decir, mientras el barco se acercaba a toda velocidad al espectáculo de fuegos artificiales. Cuando llegamos, una sombra estaba flotando en el agua. Al acercarnos, eran dos personas; reconocí a Giovanni, pero no fui capaz de saber quién era el otro hombre. Había un charco de sangre a su alrededor y Giovanni parecía estar sujetando al otro Rocket para que no se hundiera.

Giovanni nos nos ayudó a subir al otro hombre a bordo. Estaba inconsciente y tenía una herida de bala en el costado.

–Vayámonos.
–¿No vienen los otros?
–Están muertos.

Esas fueron las últimas palabras que se pronunciaron a bordo de ese barco. Mientras el lugarteniente dirigía el barco de vuelta al puerto y Giovanni llamaba por teléfono para conseguir a un médico que "no hiciera preguntas", yo apretaba contra el agujero de bala para impedir que aquel hombre se desangrara.

Llegamos a puerto y dos coches nos estaban esperando. Uno se llevó al soldado que había estado evitando que se desangrara durante todo el trayecto; el otro nos llevó al piso franco. Entramos dentro sin mencionar ninguna palabra.

–Date una ducha y cámbiate de ropa –me dijo Giovanni mientras se dejaba caer sobre una silla
–¿De verdad ha merecido la pena tal sacrificio? Dos muertos y un herido, daños materiales por valor de no quiero imaginarme cuanto... ¿ha merecido la pena?

Miré a Lucario y busqué un apoyo en su mirada. En lugar de apoyo encontré reproche; era muy pronto e inoportuno abrir esa herida. Pero quería saber el por qué de todo esto, el por qué de tal sacrificio. Giovanni abrió una bolsa impermeable que llevaba desde que lo rescatamos del agua. De dentro sacó un libro muy envejecido y con multitud de roturas en las tapas.

–Es el diario de investigación de Miyamoto.
–¿Y por eso hemos sacrificado tanto?
–El diario continúa casi un mes desde la fecha de su muerte.

Mis pensamientos se eclipsaron, mi mente no enlazaba dos ideas con sentido, las preguntas se me atragantaban en la garganta sin ser capaz de formular ninguna de ellas. Hubiera bastado con un simple "y qué"; pero sabía lo que, en boca de Giovanni, esas palabras tenían más de ocultismo que de cualquier otra cosa.

–La avalancha que la mató; encontraron el diario debajo de toda esa nieve. Y sabemos, por uno de sus compañeros de expedición, que la última página escrita es la 58. Sin embargo, hay páginas escritas después de esa. Su misión era encontrar pruebas tangibles de la existencia de un pokémon muy extraño y antiguo; con capacidades únicas nunca vistas. Uno de los pokémon más poderosos. No; el pokémon más poderoso. Lo que esconden las páginas de más en este diario es, estoy seguro, la forma de hallar a ese pokémon. Mi teoría, apoyada sobre algunas leyendas de los Pueblos Precolombinos, es que ese pokémon pudo mantener a Miyamoto viva el suficiente tiempo como para que escribiera esas páginas. He de encontrar ese pokémon, Anthoni. Un pokémon con capacidades que superan la vida y la muerte, me da miedo imaginarlo hasta dónde podría llegar el Team Rocket si dispusiera de él. O quién sabe, quizás pudiéramos hasta mejorar ese pokémon hasta márgenes insospechados. Crear el pokémon más poderoso del mundo; sería magnífico, ¿no crees?


Y, como ya he acabado con todas mis obligaciones y me queda un verano entero por delante; a partir de ahora la cosa será mucho más fluida y llevadera. Además, a partir de ahora quedan uno o dos capítulos sobre la universidad, uno sobre después de la universidad y empieza lo interesante (nº 150 y nº 151).

¡¡Hasta pronto!!
#25
¿Pero esto qué es? ¿Que estas haciendo, que estás poniendo otro post tan pronto? Pues, mis queridos amigos, esto es algo inaudito, nuevo y novedoso en este fic; llegar a tiempo. Sí, sí, lo se. Se que, de media, mis intenciones iniciales eran las de publicar un capítulo nuevo cada par de semanas. Pero empieza el verano, las responsabilidades disminuyen y como tenga que esperar dos semanas para publicar un capítulo me va a acabar dando algo. Así que, como según las normas, el tiempo mínimo que debe pasar para el que se me permita hacer doble post para publicar un nuevo capítulo es de una semana y justo hoy hace la semana... He aquí el nuevo capítulo.

Capítulo 10:
Al otro lado del mundo
–Se está recuperando. ¡Dispárale otra carga!
–No funciona, señor. Ha debido de estropearse con el golpe.
–No lo atrapareis.
–Puede que no pero tenemos que enmendar este error. Clarck, usa el de cerrojo.
–Pero...
–Es una orden.

Miro hacia el pokémon. Todavía siguen saltando unas cuantas chispas de estática, pero se está librando del aturdimiento. Hemos de darnos prisa, no podemos permitir que siga libre. Nosotros creamos esa abominación y a nosotros nos corresponde acabar con su existencia, por el bien de la humanidad.

–¡Date prisa!
–¡No! ¡No podéis hacerlo!
–¡Haced que se calle! ¡Dispara ya, Clarck!

Se nota que es un novato que desconoce completamente la gravedad del asunto. El sudor le corre por la frente y el pulso le tiembla. Sostiene el fusil sin disparar, apuntando hacia el pokémon. No dispara. Corro hacia él y le quito el fusil de un tirón. Apunto hacia el pokémon en la oscuridad de la cueva. Está de pie, listo para salir huyendo; solo tengo una oportunidad. Veo por el rabillo del ojo cómo Lucario aparta la mirada y cierra los ojos. Soy consciente de lo que estoy haciendo, pero he de hacerlo, he de enmendar mis errores, los errores del Team Rocket. Exhalo todo el aire que tengo en los pulmones y aprieto mi dedo contra el gatillo. Una potente luz me ciega completamente.

–¡Jefe!
–¡No!

Escucho un grito escalofriante. Parpadeo, la luz se vuelve menos brillante hasta que puedo distinguir un parabrisas. Giro la cabeza y veo a un hombre con barba apuntándome con una linterna a los ojos. Tiene un Chatot subido en su hombro. Apaga la linterna y la guarda.

–Hemos llegado hace ya un cuarto de hora; no sabía cómo despertarte.
–Despertarte, despertarte...
–¿Perdón?
–Son veinte dólares. Cinco de bajada de bandera y el resto del trayecto.
–Veinte, veinte.

¿Era un sueño? ¿Cuantos fantasmas me persiguen? He cometido demasiados errores; demasiados. Contemplo el hotel a través de la ventanilla del taxi mientras la duda se acumula dentro de mí. Solo espero que esto no sea otro error. Me vuelvo y le pago al taxista. Abandono el vehículo y camino hacia la puerta. El botones me abre y observo el inmenso hall. Unos espejos al fondo hacen que parezca incluso más grande. A la izquierda se encuentra recepción. Me acerco hasta el mismo mostrador y me quedo pensativo, observando a mi alrededor.

–¿Puedo ayudarle en algo?
–¿Perdón? –pregunto desorientado mientras salgo de mis pensamientos– Sí, por supuesto. Me espera Cintia
–¿Podría decirme un apellido? No puedo localizar a nadie solo con el nombre. Como comprenderá, tenemos muchos clientes que...
–La campeona de la liga.
–Esto... Espere un momento.

Entra en una especie de despacho que hay tras el mostrador. Intento mirar a través del cristal opaco sin éxito. Parece ser que hay dos personas hablando dentro. Tras un par de minutos, la recepcionista vuelve a salir, coge un libro y empieza a pasar páginas hasta que llega más o menos a la mitad. Me pide que firme, constando que he realizado la visita. Cojo el bolígrafo que me ofrece y escribo mi nombre, número de documento de identificación y firma, todos falsos. Le devuelvo el bolígrafo y ella escribe un par de cosas más. Me pide que espere, con lo que me vuelvo y busco asiento, escogiendo una especie de sofá de terciopelo negro. Me llevo la mano a la solapa y saco la libreta y el bolígrafo.




Todo se veía tan pequeño desde tan arriba... A 11000 pies todo parece como si de una maqueta se tratara, siempre y cuando no lo tapen las nubes. Se puede apreciar hasta la curvatura terrestre. Volar es ahora más fácil que nunca. Desde siempre han existido afortunados que han podido usar a alguno de sus pokémon para elevarse por los cielos, pero desde el primer vuelo artificial de los hermanos Whright todo empezó a ser distinto. La tecnología aeronáutica ha avanzado más en las dos últimas décadas de lo que cualquiera hubiera pensado nunca. Quién hubiera creído hace cien años en que las leyes físicas permitirían hacer que un rotor o una turbina girara y permitiera que la gente se elevara. Vivimos en un mundo lleno de utopías que se han hecho realidad.

Pero a mí nunca me gustó esa utopía. Puede que fuera todo debido a la muerte de mis padres o por causas que desconozco. Pero no me gustaba que se viera todo tan pequeño. Mientras que Lucario se sentaba en el lado de la ventana, disfrutando de todo como un niño pequeño disfruta de un juguete nuevo, yo me sentaba en el lado del pasillo, tenso, con los ojos cerrados, la frente sudorosa... y eran solo siete horas de vuelo. Al final acabé sucumbiendo y dormí las tres últimas horas.

Giovanni me había acabado convenciendo para que hiciera lo que hiciera, lo hiciera por mí y no por el Team Rocket y, lo más importante, hiciera lo que yo quisiera. Me consiguió una entrevista con Madame Boss y le expliqué mis aspiraciones. Ella sonrió y me dio una larga charla del deber, de la razón de ser del Team Rocket, del poder del conocimiento... En resumen; acabó aceptando. Decidió que entraría en una de las mejores universidades del mundo, en Kalos. El único agente que tenía el Team Rocket en la susodicha región me recibiría y me llevaría al que sería mi lugar de residencia durante los siguientes años.

El vuelo duró demasiado, para mi gusto, y demasiado poco para el de Lucario. Se llevó una decepción cuando le comuniqué mi intención de usar el barco el resto de veces que tuviéramos que recorrer dicho trayecto. Me apresuré en bajar lo más rápido que pude en cuanto el avión paró. Una vez en la terminal, todo lo malo que había vivido a bordo del aeroplano desapareció ante la grandeza del aeropuerto. Había más comercios que en cualquier centro comercial en el que hubiera estado antes. Durante más tiempo del que debería estuve dando vueltas sin rumbo, observando tiendas de lujo, otras que vendían aparatos de lo más extraños, restaurantes de todo el mundo y, ante todo, más gente de la que jamás había visto nunca en un mismo sitio.

Tras mucho tiempo perdido, me dirigí a la salida. No tenía equipaje, todo lo que necesitaba había sido embalado y enviado con antelación. En inmigración me entretuvieron un buen rato. Al parecer estaban en estado de alerta después de las últimas operaciones del Team Rocket y todos los que venían desde Kanto o Johto eran posibles delincuentes, con lo que la policía estatal estaba muy a la defensiva con todo aquel que tuviera un pasaporte sospechoso. Pasé sin problemas, igual que lo haría cualquier otro miembro del TR; esos imbéciles no encontrarían ni a un Pidgey en un nido de Ratata.

Al salir de aduanas me estaba esperando un hombre alto. Llevaba puesta una camisa, una bata de laboratorio y tenía un peinado nada convencional. Me saludó cortésmente y me llevó hacia su coche. Una vez dentro le pregunté por la bata.

–Trabajo en los laboratorios estatales de investigación pokémon. Tengo asignada la misión de convertirme en director de dichos laboratorios y esperar órdenes, pasando desapercibido mientras tanto.
–¿Eres de aquí?
–No, para nada.
–Pero... Tu acento...
–Mi acento –repitió entre risas–. Forma parte de mi tapadera.
–Oh, entiendo. Por cierto, aún no me has dicho...
–Mi nombre, ¿no? Es información clasificada, pero puedes llamarme por mi nombre falso; Ciprés.
–¿Cuánto tiempo llevas aquí?
–Hará ya como dos años desde que dejé Kanto.
–Y en todo este tiempo, ¿no has vuelto?
–No puedo permitir que se descubra mi tapadera. Aunque sí; volví en una ocasión aprovechando un simposio de Oak. Ese viejo loco no me dejó en paz ni un segundo. Créeme, me arrepentí muy rápido de haberme ofrecido voluntario en el laboratorio para realizar ese viaje. Y al final me tocó hacerle de guía cuando vino a Kalos. Menuda pesadilla... Al parecer estaba fascinado con el por qué de que aquí convivan pokémon de todo el mundo además de los que componen la fauna local.
–La verdad es que un poco intrigante es –miré hacia atrás, donde Lucario parecía darme la razón.
–No me jodas, ¿tú también? ¿Acaso no has visto la de gente de todo el mundo que hay en el aeropuerto? Evidentemente, a lo largo del tiempo, todos los que han ido pasando por aquí han ido dejando olvidados algunos de sus pokémon que, debido a la diversidad de hábitats, han encontrado un sitio donde están como en casa y han procreado. Punto y final. Ni iluminattis, ni extraterrestres, ni el monstruo del lago Ness.
–La verdad es que es bastante lógico.
–¿Verdad? Pues a ver si tú eres capaz de convencer, primero a mi jefe, y después al loco de Oak.
–¿Está aquí?
–No, pero volverá, puedo presentirlo. Bueno, aquí estamos. Toma las llaves, es el tercero-B. Viven en el bloque unos cuantos estudiantes más. Te haría de guía encantado, pero es malo que me vean con alguien de Kanto sin una razón obvia. Por si acaso te surge algo, te he dejado el número de teléfono de un par de amigos en un post-it en la nevera, son de fiar.
–¿Qué es un posis?
–Post-it –me repitió, sílaba a sílaba–. Lo sabrás en cuanto lo veas.

Me bajé del vehículo y anduve hacia la puerta de entrada al bloque de pisos. Desde fuera parecía algo viejo, pero encajaba a la perfección con el estilo de Luminalia. Hice girar la llave en la cerradura y entré al vestíbulo. Lucario se me adelantó y empezó a subir las escaleras, parecía impaciente. Cuando llegamos al tercero, me apresuré en abrir la puerta. El cerrojo estaba un poco atascado, pero no supuso un problema. Una vez dentro, comprobé que era un apartamento espacioso, o al menos le parecía espacioso a un estudiante de 18 años. Una habitación, una sala de estar, cocina y un baño eran más que suficientes en aquella época. Además, pude comprobar que todas las cajas con mis cosas estaban en perfecto estado. Me asomé a una ventana y pude ver la Torre Prisma sobresaliendo entre los edificios.

–Lucario; ¿no es magnífico? ¿Quién lo diría? Nosotros dos en el otro lado del mundo mientras que el resto se limitan a saltarse la ley por aquello en lo que todos creemos. Espero que algún día pueda llegar a formar parte de todo, gracias a lo que voy a aprender aquí.

Lucario se me acercó y me puso la mano encima del hombro. Cuando me giré, asintió con la cabeza mientras me guiñaba un ojo. Algún día llegaría a cumplir el sueño de formar parte des Team Rocket como miembro operativo. Y por desgracia, llegué a serlo.

Pasé un par de semanas reorganizando el piso, aprendiendo a cocinar con funestos resultados, conociendo la ciudad y conociendo gente. Aproveché bastante bien ese tiempo que quedaba antes de que empezara oficialmente mis estudios, con lo que cuando llegó el día de la verdad, estaba ya acomodado y organizado. Y justo en el momento de la verdad el despertador no sonó. De no ser por Lucario, cuyo reloj biológico funciona mucho mejor que el mío, no hubiera ido siquiera a clase.

Me duché a toda prisa y apenas me tomé un triste café mal hecho. Bajé a toda velocidad y corrí hacia la parada de autobús. El campus universitario se encontraba en las afueras y era prácticamente imposible acceder sin transporte. Es por eso que estuve a punto de echarme a llorar cuando el autobús partía justo cuando estaba llegando. El siguiente autobús no llegaría hasta pasada media hora, así que corrí hacia la avenida más cercana y me dispuse a parar un taxi. Por increíble que pueda parecer, a pesar de la gigantesca cantidad de taxis que hay en la ciudad, ninguno se dignaba a pasar por aquel lugar en aquel momento. Justo cuando me hubiera dado un ataque de nervios, un taxi tuerce una esquina a lo lejos y se incorpora a la calle. Esperé a que estuviera más o menos a mi altura, levanté el brazo y grité para que se detuviera. Como si de un coro se tratara, alguien un par de metros tras de mí ejecutó los mismos gestos y llamadas. El taxi se paró y una chica que parecía tener una edad cercana a la mía pasó a mi lado y se dispuso a entrar.

–Lo siento, pero tengo mucha prisa. Espero que no le importe esperar al siguiente.
–Lo siento yo también, pero coincido en lo de tener mucha prisa –le dije mientras sujetaba la puerta en posición de cerrado, evitando que entrara

Me fijé en la pinta que tenía. Pelo suelto, camiseta de béisbol, pantalones largos, deportivas, una mochila al hombro... No tardé mucho en reaccionar.

–¿Vas al campus?
–Sí, ¿cómo lo...?
–Sube; si compartimos taxi nos saldrá más barato –concluí mientras le abría la puerta y entraba tras de ella–. Al campus universitario, lo más rápido que pueda.
–Entonces tú también estás estudiando allí. Siento haber sido un poco borde antes.
–Para nada; el que ha sido borde he sido yo. ¿Qué estás haciendo?
–Biología; ¿y tú?
–Física.
–Vaya; otro suicida.
–Eh; ¿a qué viene eso?
–Una tasa de abandono de cerca del ochenta por ciento... ¿Necesitas más razones?
–Vale, sí. Es muy complicado; ¿y qué? Estoy más que dispuesto a sacarlo adelante.
–Ya lo veremos. Por cierto, no me has dicho tu nombre.
–Anthoni Lendeg, de Kanto –respondí mientras extendía la mano como saludo formal
–Aurea Encina, de Teselia.
–No serás hija del famoso arqueólogo, ¿no?
–No es arqueólogo, sino biólogo. Aunque es cierto que siempre se ha dedicado en cuerpo y alma a la arqueología. Pero sí, soy su hija.
–Debe ser magnífico ser hija de una leyenda viva.
–Sí, claro. Eso es porque no lo conoces. Pero, cambiando de tema, cómo es que vienes desde tan lejos.
–Bueno, es uno de los mejores sitios para estudiar física. Aunque no es que tú provengas de la región de al lado, precisamente.
–Mi padre... No puedes entenderlo sin conocerlo; es una persona muy extraña.

Por suerte ambos llegamos a tiempo. No volví a verla hasta pasados un par de meses, charlamos un rato y hasta otro par de meses después no volví a encontrarme de nuevo con ella. Con el tiempo y los estudios, me fui centrando en cosas más al hilo con mi edad y me fui olvidando poco a poco del Team Rocket. Parecía como si, a tanta distancia, mi pasado hubiera ido perdiendo poco a poco su valor. Con el paso de los años hasta dejó de tener la importancia que en un principio tenía. Al finalizar el tercer año de estudios, mis ambiciones eran ya muy diferentes. Fue ahí cuando, finalmente, yo y Encina empezamos a vernos más a menudo al empezar yo a frecuentar la biblioteca del campus para estudiar. A lo largo del último año de nuestros estudios empezó a forjarse una amistad que nos llevaría a, al final del cuarto año, solicitar un beca de investigación con un ambicioso proyecto en mente. Nuestra idea era clara, si hay humanos y pokémon que, en contados y extraños casos pueden comunicarse entre sí; es probable que exista alguna forma de hacer que cualquiera pueda disfrutar de ese privilegio.
#26
Hace tiempo que no me pasaba por la zona para leer algo y comentarlo. El fic está como siempre, espectacular. La trama sigue una secuencia lógica y no aburre para nada, de hecho se mi hizo poco lo que leí. Lo que más me agrada es cómo conectas cosas que en el anime no han tenido conexión o el pasado de algunos personajes y todo muy bien hecho. Espero pronto un nuevo capítulo.


Lean mi fic: La Historia de Jack Evans
Soy Elven king
(Por si alguien no me reconoce)


#27
Te tenía abandonado, querido Anthoni, pero no me olvidado de tu fic... y es que si lo hiciera sería un inmenso sacrilegio.

Antes que nada... ¡Felicidades por publicar tu décimo capítulo! Parece mentira, pero sólo los más dedicados alcanzan la cifra, puede verse fácil pero no lo es.

Me leí los tres capítulos de golpe y no tienes idea de lo emocionante que resultó para mí hacerlo. Anthoni es un personaje con un pasafo muy pesado a cuestas, no es que su presente sea más liviano y tiene un sin número de problemas en todos los sentidos, pero has hecho de él un tremendo personaje. A medida que lo vas desarrollando me siento más inmersa en su historia, está haciendo un trabajo excepcional con él, algo que no suele verse mucho en los fanfics. En verdad que disfruto en demasía cada vez que leo un capítulo nuevo.

Ahora, con esto de que el Equipo Rocket está haciendo de las suyas nuevamente, me pregunto si Giovanni estará involucrado... y cuáles serán sus propósitos, especialmente con Monte Corona (that's suspicious).

Pero lo que me tiene enganchada es como Anthoni va relatando su vida. Estos últimos capítulos han sido bárbaros no más por eso. Has hecho que su entorno sea tan interesante con todos esos detalles que le pones (el Hoothoot- máquina de coser me mató). Es sencillamente encantador.

Estoy tan intrigada como Anthoni de conocer el motivo de que fuera enviado a estudiar Física. Las ansias de saber me carcomen por dentro, hombre xD

Y la cereza del pastel es ver que has involucrado a Ciprés con el Team Rocket. Me quito el sombrero. Jamás lo hubiera pensado xD.

Esperaré el siguiente capítulo ansiosamente. Quiero más *_*

Pokiu.

EGN: Hoy es el fin del mañana
65 - Todo se paga
#28
Bueno, bueno, bueno... Creo que queda ya patente que soy menos constante que el caballo de Carlomagno. Pero sigo aquí y, como el hijo pródigo, siempre sigo volviendo. Ha pasado un poco más de un mes desde que prometí que, aprovechando el periodo estival, todas las semanas traerían capítulo. Pero como soy tal y como soy, me reniego de volver a intentar lanzar promesas que se que no voy a cumplir.

Bueno; teniendo en cuenta todo esto, solo quiero agradecer a todos y cada uno de los que me siguen leyendo, en especial a aquellos que siguen transmitiendo sus elogios, críticas e inquietudes sobre el fanfic en forma de comentarios. Sin vosotros, esto se habría acabado hace mucho tiempo.

Y dicho esto; comenzamos con las respuestas:

@Thranduil Muchas gracias por tu comentario. Me alegra saber que mis párrafos se hacen rápidos y ligeros de leer; eso es siempre buena señal. Espero que te siga gustando, especialmente ahora que vamos a empezar con lo bueno. Un saludo y espero seguir pudiendo ver tus respuestas.

@OnixTymime No es necesario que te disculpes por haber dejado un poco de lado el fic, es comprensible teniendo en cuenta mi falta de actualización. Me alagas con tus palabras, pero he de confesar que este personaje no ha nacido en un halo de inspiración; en realidad es algo que llevo creando mentalmente desde hace muchos años. Todas las cuestiones que planteas se resolverán (o se harán más misteriosas) en futuros capítulos. Por otra parte, he de decir que entrometer a Ciprés forma parte del universo que quiero crear, dando la sensación de que el Team Rocket tenía planes más profundos y que llegaban mucho más lejos de lo que jamás se ha contado en juegos, anime o manga. De todas formas, ya se verá lo que quiero decir con esto en un futuro no muy lejano, espero. Como siempre, es un placer leer tus opiniones. Espero no llegar a decepcionar en ningún momento. Un abrazo.




Capítulo 11:
¿Qué es ese auricular?
–Eh, ¿qué te parecería ir al cine un día de estos? Hace ya un siglo que no hacemos nada juntos.
–Me parece bien.
–¿Qué te parecería el martes a las nueve?
–Perfecto.

Levanté la vista del aparato que llevaba ya casi un mes construyendo. Al girar la cabeza me encontré con Lucario que estaba intentando decirme algo. No sabía a lo que se refería. Concluyó dejando caer la cabeza sobre los hombros y suspirando. Había hecho algo mal. Aurea estaba justo en el otro lado, girando la cabeza hacia la izquierda y, no se por qué, no quería tener que mirar hacia ella. Un sensación incómoda se apoderó de mí. Tragué saliva mientras giraba la cabeza lentamente. Estaba enfadada; muy enfadada. Empecé a pensar y me di cuenta de que ese preciso día era martes. Todo empezó a encajar en mi cabeza y metí aprisa la mano en el bolsillo para buscar un reloj.

–No hace falta; ya te digo yo la hora. Son las diez y media.
–Yo... Esto... Lo siento...
–No me lo creo. Ya no. ¿Cuánto llevas ahí sentado, Anthoni? ¿Cuándo fue la última vez que dormiste? Es más, ¿cuándo fue la última vez que viniste al piso a dormir?
–Pero, yo...
–Maldita sea, ¡no hay peros que valgan! ¡Hace más de dos meses que vives aquí, en el laboratorio! ¡Dos meses en los que apenas me has dirigido dos palabras que no tengan que ver con la maldita investigación!
–Solo queda una semana hasta que se nos acabe la beca de investigación. Tenemos que apurar al máximo el tiempo.
–¡No me importa! ¡Podemos conseguir otra! ¡Pero lo que nunca me imaginé es que esto pudiera acabar con nuestra relación! ¡Estoy harta de que te importe más que yo!
–Te equivocas. Lo siento si no he estado muy atento, pero te prometo que...
–¡Basta ya de promesas! ¿Sabes cuantas veces hemos repetido esta conversación? Seguro que ni te acuerdas. Lo he intentado, Anthoni, lo he intentado. Lo del cine era un último intento.
–Aurea, no, por favor. Dame otra oportunidad. Prometo que...
–Promesas; ya no significan nada para mí.
–Aurea...
–Mañana quiero verte a las dos en el restaurante frente al centro pokémon. Si no estás allí, lo nuestro se acabó.
–¿De verdad creen ustedes que un laboratorio es un buen lugar para esto?
–Profesor Serbal. No sabía que estuviera ahí.
–Se os escucha en todo el edificio. Así que, por favor, continuad fuera.
–No se preocupe; yo ya me iba –comentó Aurea mientras andaba hacia le puerta–. Recuerda, Anthoni. Es tu última oportunidad.

El profesor y yo nos quedamos contemplando como se marchaba. Después hubo un pequeño silencio. El profesor se acercó hacia donde yo estaba y contempló el aparato en el que estaba trabajando. Miró también distintos diagramas y folios llenos de anotaciones e información.

–Parece un auricular.
–En verdad es un transformador de frecuencias. La forma de auricular es por comodidad a la hora de usarse.
–¿Y funciona?
–Todavía no lo se.
–No me creo que sea usted el tipo de persona que empieza a construirlo sin asegurarse que la teoría es correcta.
–Correcto, pero nunca se sabe hasta que se haga.
–No al cien por ciento; pero sí a un noventa y mucho. No se mucho sobre vuestra investigación; así que, ¿te importaría hacerme un resumen?
–No, claro que no. ¿Por dónde empiezo?
–Supongo que habéis descubierto el por qué existe gente que puede entender a los pokémon y pokémon que pueden comunicarse con la gente.
–Sí, por supuesto. Es como, por así decirlo, telepatía. En realidad es casi como las ondas de radio. Es una especie de radiación, por así decirlo, que el cerebro genera e interpreta naturalmente. Se mueve a una velocidad cercana a la de la luz y puede viajar por el vacío. Las hemos llamado ondas psi. Con respecto a la interpretación; es como con la luz, depende de la longitud de onda. Del mismo modo que los seres humanos podemos ver un espectro determinado de la luz, podemos interpretar un espectro determinado de estas ondas psi. En casos determinados podemos encontrarnos con humanos que tienen mutaciones que aumentan el espectro que pueden interpretar. Del mismo modo que hay quien puede observar las radiaciones infrarrojas o ultravioletas, hay quien su mayor espectro de interpretación de las ondas psi coincide con el espectro de emisión de los pokémon. También puede darse el caso de que un pokémon pueda emitir dentro del espectro de interpretación humano. He ahí los dos casos; los de humanos que entienden a los pokémon y los de pokémon que se comunican con humanos.
–Interesante; ¿y de ahí al aparato?
–Bueno, se lo debemos al gran genio Nikola Tesla. En una de sus patentes existe un aparato que permite captar y emitir ondas indeterminadas en aquella época. Haciendo comparaciones, hemos podido determinar que las características de esas ondas y de nuestras ondas psi son muy similares. Es más, son lo mismo. Una vez conocido esto, y gracias a la electrónica digital, es tan simple como captar, transformar al espectro interpretable y emitir. Esta especie de auricular hace eso. Capta, transforma y emite directo al cerebro de quién lo lleva puesto.
–Entiendo. ¿Cuanto hace que descubrieron la patente del buen Tesla?
–Hará como un par de meses.
–Y me está diciendo que teniendo la patente, y en consecuencia los planos de cómo hacerlo, ha tardado dos mese y aun así todavía no lo tiene. No lo entienda como una crítica; es solo una observación.
–Bueno... Tardé en hacerlo tan solo una semana. El problema está en que, al transformar de una longitud de onda a otra, desestabiliza completamente el mensaje y lo que llega al cerebro es una especie de pitido. Estoy a punto de solucionarlo. He añadido un circuito más complejo que he preparado para adaptarse a las emisiones de un pokémon en concreto. Así podrá transformar el mensaje sin destruirlo. Estoy seguro.
–Muy bien. A decir verdad, todo lo que dice tiene bastante sentido. Avíseme cuando lo logre. Y, por cierto. La señora Encina es una buena chica; no lo estropee por una simple investigación. Nos vemos pronto, señor Lendeg. Y, ya se me olvidaba; ha llegado esta carta para usted desde Kanto, no tiene remitente.

El Profesor Serbal dejó la carta sobre una mesa y salió del laboratorio. Me quedé mirando por un momento la carta antes de levantarme para cogerla. Dentro solo había un folio en blanco. Por un momento pensé que era una especie de broma, pero en seguida recordé aquello del colegio. Me dirigí al armario de los productos químicos y cogí el bote de ácido sulfúrico y el de mercurio. Eché en una buretra todo el mercurio y le añadí después el ácido. Me aparté cuando la mezcla empezó a hervir y a echar humo. Cuando la reacción acabó, enrollé la carta y la metí en el mercurio. Unos segundos más tarde la saqué y la sacudí. Las letras se habían revelado de la nada.



Estimado compañero y miembro, Anthoni:

Te doy mi más sincera enhorabuena por el éxito en los estudios de física y por la beca de investigación que has conseguido. Nunca dudé, al igual que nunca lo dudó mi madre, que posees una mente privilegiada y que ha sido mejor para ti formarte como físico que si te hubieras quedado con nosotros. De hecho, ya te dije en su momento que podría ayudarnos más siguiendo tu camino que haciendo algo que no fuera para ti.

Tenemos un proyecto bastante importante en marcha. Como parte de ese proyecto, hemos creado un equipo en el que necesitamos dos ingenieros y un físico. Ya tenemos los ingenieros y no se me ocurre nadie mejor para ocupar el otro puesto. Entiendo que casi cinco años después ni te acordarás del Team Rocket, pero el Team Rocket sí que se acuerda de ti y quiere contar contigo. Aun así, entiendo que has construido tu vida de forma independiente a nosotros, por lo que si no quieres volver lo comprenderé.

Creo que te debo un par de detalles sobre el proyecto que se te asignaría en caso de que te plantees volver. Queremos que construyáis una armadura de combate para un pokémon nunca antes visto. Entiendo que no es mucho, pero creo que si te digo que este pokémon es fruto de la investigación en la que murió Miyamoto quizás te pueda convencer para volver.

De cualquier forma, quiero desearte lo mejor. Por ti y por el Team Rocket; firmado:

Giovanni.




Se me heló la sangre. Ya me había olvidado por completo, pero al tener noticias algo dentro de mí quería que volviera. El sentimiento por el Team Rocket que se escondía en lo más profundo de mi ser afloró y resucitó. Volvía a sentirme uno más y quería volver para luchar en la resistencia contra el mundo. Miré a Lucario. Se le notaba que también quería volver. Pero, todavía no. Tenía mucho que hacer y Aurea no me lo permitiría. Había construido una vida al margen del Team Rocket y volver era muy poco posible. Me di la vuelta y me senté frente a mi posición de trabajo. Acabé de ajustar las últimas soldaduras y conecté el aparato al ordenador.

–Lucario, vamos a empezar. Ven, tengo que ponerte estas ventosas en la cabeza. Son lectores neurales, si esto no funciona, no se qué va a hacer falta para hacer funcionar este trasto.

Estuve casi toda la noche ajustando el programa con el ordenador e intentando implementar las lecturas de Lucario en el dichoso aparato. Finalmente, pude comenzar con la instalación del software.



Abrí los ojos. La luz estaba apagada, así que fui hasta el interruptor para encenderla. Recordaba que la había dejado encendida. Vi a Lucario, todavía con los electrodos puestos, durmiendo en una silla. Pensé que, al vernos a los dos dormidos, alguien del laboratorio habría apagado las luces. Tenía la garganta seca, así que fui al vestíbulo. Todas las luces estaban apagadas y, al llegar, pude ver a través de la puerta de cristal que era de noche. Fui hasta el dispensador de agua y sacié mi sed. Al volver a la habitación que nos habían asignado, comprobé que la instalación del software había llegado al cien por ciento. Desconecté el aparato y comprobé que funcionara. La pila de hidrógeno parecía no tener problemas y el aparato se encendió. Tendría energía para funcionar al menos durante doscientos años. Me lo coloqué en la oreja y me percaté de que en cierto modo era cómodo. Se adaptaba sin problemas, se mantenía firme y ya no se escuchaba el molesto pitido. Me acerqué a Lucario y lo zarandeé por el hombro. Escuché unos ruidos extraños que variaban de intensidad; el aparato se estaba calibrando. Dos pitidos cortos indicaron el fin de la calibración. Respiré hondo y lo zarandeé otra vez.

–Todavía no. Déjame dormir un poquito más, por favor –escuché en todo de súplica.

Aquello que escuché... era una voz grave, pero suave. No parecía venir de ninguna dirección, sino de dentro. Era como si no lo estuviera escuchando, sino como si las palabras aparecieran dentro de mi mente, de mis pensamientos. Pensé por un momento que estaba loco. Pero en seguida me lo quité de la cabeza. Una sensación de júbilo de apoderó de mí. Mire a mi alrededor, para asegurarme que esas palabras no vinieran de nadie más. Volví a mirar a Lucario, parecía haberse dado cuenta de que estaba ahí y me miraba con los ojos entre abiertos. Lo cogí por los brazos y lo levanté para abrazarlo llevado por el éxtasis del momento.

–¡Funciona, Lucario; funciona!
–¿Qué? ¿Cómo? ¿El qué?
–¡Esto es magnífico! ¡El invento del siglo!
–Creo que tenía razón aquel bidoof que decía que estaba loco.
–¡Eh! No estoy loco. –le dije mientras dejaba de abrazarlo.
–¿Me has entendido? Un momento, ¿funciona?
–Es lo que estaba diciendo hace un segundo.
–Increíble. Lo admito, nunca lo hubiera creído. Ahora; deja que siga durmiendo.
–Venga, no me jodas. Por cierto; vamos. Tenemos que contárselo a Aurea –concluí mientras quise correr hacia la entrada.
–Espera.
–¿Qué?
–Mejor cuando sea de día. Tengo sueño.
–Lucario, nunca me imaginé que fueras tan pusilánime.
–¿Pusiqué? No lo se. Creo que no es eso. Simplemente tengo sueño.

Me encontraba medio en shock. Sabía lo que buscaba, pero es como si nunca hubiera creído que llegaría a funcionar. Corría hacia el piso en el que vivíamos. Una vez llegué, comencé a gritar. Estaba como loco y, aunque había aguantado toda mi alegría durante el camino, acababa de estallar. Subí corriendo y entré de golpe. La busqué, pero no estaba. Lucario llegó poco después de mí. Según me fui calmando, me percaté de que las cosas de Aurea no estaban.

–¿Sucede algo, Anthoni?
–¿Aurea, eres..? Ah, es usted –dije al reconocer a la casera.
–¿Aurea? ¿No te ha dicho que se iba?
–¿Cómo? ¿Cuándo?
–Esta misma noche cerca de las once. Me ha dicho que volvía una semana antes de lo previsto. ¿Ha pasado algo entre vosotros dos?
–No. No, no se preocupe. Puede volver a su casa si lo desea.

Esperé a que se fuera la casera. En seguida me di cuenta de lo que estaba pasando. Era de noche, pero no de la misma noche en la que empecé el tramo final del proyecto. Tanto tiempo sin dormir me habían llevado a dormir casi un día entero y despertarme la noche siguiente. Al darme cuenta de ello caí de rodillas. No sabía cómo reaccionar. Se había ido por mi culpa.

–Hacíais buena pareja. Pero admite que no erais tal para cual.
–¿Cómo puedes decir eso?
–Técnicamente no es decir, sino pensar. ¿No?
–¡Que te den!
–Bueno, siempre quedará el Team Rocket.
–¿Cómo?
–Ya me has oído; y sabes que es esto lo que estabas esperando.
#29
:o!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!! Me encanta eso de todas los sucesos que inventas y los unes a hechos reales del anime, los acontecimientos calzan tan bien. Es como leer lo que uno sabe, pero desde otra perspectiva y con datos extras. Me agrada como fluyen las cosas.

Pero esta vez, debo decir algo que no me agradó. Cuando Anthoni explica a Serbal cómo funciona el aparato, se me hizo muy largo, aunque deduzco que si le pusiste énfasis a eso, es porque lo va a utilizar. Me gustó la explicación técnica y todo eso, pero lo encontré muy amontonado. Yo, en varias ocasiones, he visto que cuando un personaje habla mucho, lo que dice se pone en comillas en un párrafo aparte, yo lo he hecho a veces. Tal vez sea cosa mía, pero, no sé, encontré que estaba muy amontonado. Y lo otro, fue la letra que usas para la carta de Giovanni, me costó un poco leerla.

Bueno, las cosas que te acabo de decir son más que nada estéticas, la narración sigue impecable como siempre. Espero otro capítulo. Ciao.


Lean mi fic: La Historia de Jack Evans
Soy Elven king
(Por si alguien no me reconoce)


#30
No, no me he olvidado del fic. Simplemente he sufrido un pequeño bloqueo que de forma graciosa solucioné; escribiendo. Lo que quiero decir es que no me salían las palabras para continuar la historia aunque sabía lo que tenía que suceder. En los últimos días, unas vacaciones en las que he visitado la Ciudadela de Jaca, entre otras cosas, han despertado de nuevo mi imaginación que he conseguido canalizar en forma de una nueva historia que tiene muy buena pinta. Si la continuo la compartiré en esto foros. Gracias a empezar a escribir otra historia encontré la forma de seguir esta y, aquí vuelvo.

He de pedir disculpas por dos problemas de este capítulo:
1- No soy un especialista en batallas pokémon. Entiendo que la batalla que he relatado parezca plana e incluso aburrida, pero he de practicar para lograr algo decente. He leído batallas de otros fics, pero no se corresponden con mi estilo. Es por eso que agradecería eternamente vuestras críticas sobre cómo mejorar en este aspecto. Gracias de antemano.

2- No se me dan bien las historias de amor y no me gustan por temas personales. Pero considero y quiero que este fic contenga parte de ese sentimiento que es, quizás, el más humano, bello, horrible y traicionero a la vez. Es por eso que me disculpo si la forma de llevarlo a cabo no es la correcta o no transmite lo que debería.

@Thranduil Gracias de nuevo por tu comentario. Lo siento por la explicación; quizás peco de querer ser demasiado perfeccionista. La razón de que haya creado una explicación tan larga es para no "dejar cabos sueltos" intentando eliminar la sensación de ciencia ficción, acomodando el aparato a la lógica del mundo pokémon. El tema de la carta de Giovanni; quería que fuera un tipo de letra que se pareciera a la letra clásica de las máquinas de escribir y no encontraba otra. Seguiré buscando por si acaso tengo que repetir en un futuro que sea mas legible.

Y ahora sí; demasiado tiempo después:
Capítulo XII (no se por qué escribo ahora el número con letras romanas)
Hogar, dulce hogar
–Casi un año en Sinnoh y no haber visitado ni una vez Ciudad Canal. Tendríamos que haber hecho un poco más de turismo.
–Qué rápido has superado de lo Encina, ¿no?
–Bah. Tenías razón; no éramos tal para cuál. Ahora solo nos queda volver y hacer lo que tendríamos que haber hecho hace un año; volver al Team Rocket.
–En eso sí que estoy plenamente de acuerdo.
–Sí. Eso está bien.

Miré alrededor. El edificio del puerto era inmenso. Al frente, la zona de embarque; a la derecha, la zona de billetes. Nosotros estábamos en el centro, entre el ir y venir de la gente. En ese momento me di cuenta de que Aurea tenía razón, debía haber salido más del laboratorio. Lebanté la cabeza, el techo estaba magníficamente decorado con un fresco del mapa del mundo. Una escalación de pitidos se escuchó por toda la sala. “El crucero SS Anne, con destino Kanto, zarpará en veinte minutos. Por favor, diríjanse a la puerta de embarque número tres, malecón cuatro.”

–Vamos, que todavía no tenemos ni el billete comprado.
–¿Qué? Ah, perdón. Todavía no acabo de acostumbrarme.
–Pues mejor que te des prisa.
–Dame tiempo; no me puedo hacer tan rápido a algo como esto.
–No, no es eso. Que te des prisa en comprar el billete.

Corrimos hacia la ventanilla con el letrero “SS Anne”. Me choqué un par de veces con gente que caminaba en sentidos de lo más variado. Lucario, por su parte, no tenía problemas en ir esquivándolos a todos. El vestíbulo resultó ser más grande de lo que pensaba y llegué justo cuando estaban echando el cierre. Me detuve en seco, poniendo la mano encima del mostrador. Justo en ese momento, otra persona había realizado el mismo acto. Encima del mostrador había una mano ligeramente más pálida que la mía, con una pulsera de cuerda adornando una muñeca esbelta que se hacía una con los dedos suaves y alargados; una mano de pianista, es lo que pensé en ese preciso instante. Giré la cabeza y me encontré con una chica alta y delgada, con una figura muy estilizada. Una melena rubia, cortada a la altura de la barbilla, reflejaba la luz que entraba por los grandes ventanales. Un ojo grande y azul me miraba directamente; el otro yacía oculto bajo un flequillo que le daba un toque de misterio. Unas gotas de sudor le corrían por la frente y jadeaba un poco por la carrera que acababa de realizar. El cuello, también largo y delgado lucía adornado por un colgante en forma de gota de color negro. Llevaba una camisa blanca con las mangas arremangadas y un vaquero negro que bajaba ajustado hasta unas deportivas también negras, marcando perfectamente todas sus curvas. La posición que adoptaba, con una mano sobre el mostrador y la otra sujetando una mochila que llevaba al hombro, permitía contemplar una figura como nunca había visto antes.

–Disculpen –llamó nuestra atención la azafata–, pero tengo que cerrar. Me temo que solo queda un camarote, así que...
–¿Eh? –pregunté mientras seguía mirando a la chica
–No puede ser. ¿En serio? –dijo ella mientras se giraba hacia la azafata
–Cierra la boca, que se te cae la baba –me soltó Lucario, dándome un golpe en las costillas
–Sí. Ustedes verán quién se lo queda, pero dense prisa; el crucero zarpa en doce minutos
–¿Lo echamos a suertes? No tendrás por ahí una moneda.
–Yo; esto... ¡Espera un momento! Nosotros dos hemos llegado antes.
–Disculpa si discrepo, pero yo no estoy tan segura.
–Si hubieras llegado tu antes me hubiera quedado parado en seco al verte.
–¿Cómo? Esto...
–Calla, animal. Esa no es forma de camelarla.
–Disculpen, el tiempo pasa. Si les sirve de algo, el camarote es doble.
–¿Perdón? –preguntamos ambos al unísono
–Doble. Dos camas separadas. Además les saldrá a la mitad de precio si dividen. Todo ventajas, ¿no?
–Por mí perfecto.
–Yo no estaría tan segura –comentó entre dientes, mirándome de reojo
–¡Eh!
–No te lo tomes a mal, pero no te conozco de nada.
–Pero no creo que quieras esperar al siguiente.
–¿Cara o cruz? –preguntó rebuscando en el bolsillo
–Cara –respondí casi a la vez que lanzó la moneda
–Veremos lo que dicta el azar –concluyó mientras la moneda tintineaba en el suelo–. Vaya... Pues... Compartimos camarote, ¿no?
–Espera un momento; pero si...
–Al fin. Muy bien. Denme sus nombres para que expida los billetes.
–Yo... Esto... Anthoni Lendeg.
–Cintia Sniroa
–Muy bien. Son doscientos veinticinco cada uno.
–¿Cuánto?
–Venga; paga –me dijo mientras buscaba en su mochila
–Pero...
–También podemos ir en avión.
–Que te den –respondí mientras empezaba a buscar la cartera
–¿Perdón?
–No, no. No era a ti; era... Olvídalo.

Pagamos y la recepcionista nos entregó las llaves de un camarote de clase preferente y los billetes correspondientes. Eso explicaba el desorbitado precio. Aunque pensando en que el S.S. Anne se trataba de un crucero de lujo, no estaba tan mal el precio. Tan pronto acabamos de pagar, Cintia desapareció. A decir verdad, me importó poco y si no volvía a aparecer me ahorraba el compartir camarote. Yo tenía mis propias preocupaciones. Corrí hacia la zona de embarque y llegué al barco justo a tiempo. Tras pasar Lucario y yo, retiraron la pasarela. Me quedé mirando hacia afuera, esperando ver a la chica que me había hecho tener que compartir camarote, pero nada. Puede que hubiera llegado antes que yo, aunque al haber ido directo y a toda prisa no era muy probable.

Caminé hasta la posición del camarote. En mitad de un pasillo infinito, lleno de puertas y de gente que acababa de embarcar, encontré la puerta. Abrí con la llave y, al abrir la puerta, allí estaba. Se había quitado las deportivas y estaba tumbada leyendo un libro en una cama frente a la puerta, justo bajo una ventana de ojo de buey. Tenía las rodillas flexionadas hacia arriba, con los pies apoyados en el colchón; y parecía no haberse percatado de mi presencia. Entramos y cerré la puerta, procurando hacer un poco de ruido.

–Yo me quedo con esta, la tuya es esa de ahí –dijo rápidamente, sin apartar la vista de la lectura
–Creía que preferías tirar una moneda.
–Ja. Muy gracioso.

Caminé hacia el interior, pasando la puerta del baño. La habitación era relativamente pequeña para ser de clase preferente. Una cama de frente y otra a la izquierda. Un armario empotrado, también a la izquierda y un escritorio a la derecha era todo lo que ofrecía. No pude evitar soltar un suspiro. Avancé hacia mi cama, dejando caer mi mochila y mi maleta encima. Al pasar miré por el rabillo del ojo qué estaba leyendo. “El conde de Montecristo” era una novela que había leído en un par de ocasiones; así que aproveché para intentar iniciar una conversación.

–Alejandro Dumas. Siempre me ha gustado la forma en que en cada página te da una razón para seguir leyendo. Aunque, personalmente, soy más de “Los tres mosqueteros”.
–No tienes por qué hacerlo.
–¿Cómo?
–No tienes por qué intentar que nos llevemos bien. Ambos estamos ocupando parte del camarote que el otro quisiera tener solo para él. Y además, tú ganaste en el cara o cruz. Entiendo que tengas razones para que no te caiga muy bien. Del mismo modo sucede de forma recíproca.
–No es que no me caigas bien. Aún no te conozco para decidirlo. Si es verdad que siento un poco de rencor, vamos a tener que convivir las siguientes dos semanas y no es propio no intentar, al menos, llevarnos bien.
–Estoy de acuerdo, pero no pretendas hacerlo buscando gustos comunes en algo que seguramente conozcas solo de oídas.
–Muy listilla. Pero si te refieres a Dumas, he de decir que he leído en repetidas ocasiones muchos de sus libros.
–“En cada página te da una razón para seguir leyendo”. Por favor. Eso es lo que pondría en cualquier revista de literatura para novatos que pretenden sentirse intelectualmente superiores.
–Porque es la verdad.
–¿Cómo se llama el conde de Montecristo?
–Edmundo Dantés; eso sí que es algo de revista, pregunta algo más específico.
–Muy bien –respondió cerrando el libro–, tienes razón. ¿Cuantos compartimentos tenía el cofre?
–Tres. Uno con monedas, otro con lingotes y el último con piedras preciosas.
–Y ya que has mencionado antes a los mosqueteros –comentó mientras se sentaba, cruzando las piernas, y dirigiéndome la mirada por vez primera–; ¿Qué mal atormentaba al rey de Francia?
–Se aburría. ¿Ya está, esperaba algo más?
–Te gusta la literatura clásica –respondió riendo–. No puede ser. ¿En serio?
–Es un poco cruel llamarlo literatura clásica siendo ya novela moderna.
–Sí, bueno. Se entiende a qué me refiero.
–Sí.
–Y dices que prefieres los mosqueteros. ¿Cuál es tu favorita?
–Es difícil decirlo, pero estaría entre Sherlock Holmes y los cinco de Amadís de Gaula.
–Me refería a tu favorito de Dumas, pero ya que lo mencionas; ¿cómo diablos acabaste leyendo novelas de caballerías?
–Bueno, simplemente sentía curiosidad tras leer el Quijote.
–En un lugar de la Mancha, de cuyo nombre no quiero acordarme...
–...no ha mucho tiempo que vivía un hidalgo de los de lanza en astillero, rapidash flaco y houndour corredor.

Pasamos el resto de la mañana hablando de literatura. Mientras tanto, Lucario dormía plácidamente y el barco se alejaba lentamente de la costa de Sinho. La hostilidad inicial tardó un poco en disiparse y, aunque siempre conseguíamos sacar un tema de conversación, al principio intentábamos evitarnos todo lo posible. Pero el tiempo hace milagros, y una semana compartiendo camarote hace que se lleven bien cualquier par de enemigos, así que al final acabamos hablando de nuestras vidas.

Cintia era natural de Sinho y estaba embarcada en un viaje para mejorar como entrenadora pokémon. Había participado el la liga de su región quedando segunda, y ahora se dirigía hacia Kanto para participar en la liga. Su objetivo último era convertirse en campeona de Sinho, tal y como llevaba queriendo desde que no era más que una cría.

Provenía de una familia adinerada que, a pesar de ello, no le había dado ninguna clase de facilidades para que cumpliera su sueño. Sus padres hubieran querido que colgara el título de medicina en alguna pared de su mansión y, si bien había comenzado dichos estudios, los abandonó poco antes de acabarlos para perseguir su sueño. Llevaba sin hablarse con sus padres desde entonces. Su abuela, arqueóloga y conservadora de prestigio, era la única con quien seguía hablándose.

Yo le conté la parte de mi vida que no era, por así decirlo, secreta. Ocultando todo sobre mi implicación al Team Rocket, lo que quedaba no daba ni para un chiste, así que lo engrosé todo contando un par de anécdotas medio inventadas en las que cambiaba “Team Rocket” por “mi familia” o cosas similares. Tenía la sensación de que se había dado cuenta de que le ocultaba algo, pero nunca lo preguntó. Así que no tuve que dar explicaciones incómodas al respecto.



Desde que embarqué, noté como si alguien me espiara. Lucario me decía que era mi imaginación, que no me preocupara. Aun así, yo seguía notándolo. Esa sensación se agudizaba cada vez que subía a cubierta, especialmente cuando salía a pasear de noche. Faltaban tres días para que llegáramos a Kanto cuando, estando en la proa del barco, algo aterrizó sobre la barandilla. Una silueta más o menos redonda permanecía inmóvil en la oscuridad de la noche, posada sobre la barandilla. Lucario estaba tan sorprendido como yo, y tan inmóvil como la extraña silueta. Me acerqué, paso a paso, poco a poco. Cuando estaba a pocos metros podía sentir su respiración en el silencio de la noche. Fuera lo que fuese, estaba vivo. Giré la cabeza, haciéndole un gesto a Lucario para que se acercara. Cuando estuvo a mi altura, me acerqué a él y le dije que mantuviera un pequeño esfera aural para iluminar la silueta. Así lo hizo; de la oscuridad emergió un pokémon pájaro de color marrón, redondo, con unas cejas, o mejor dicho, con una ceja muy acentuada y acabada en dos flechas. Se apoyaba sobre una sola pata y nos miraba fijamente mientras giraba de vez en cuando la cabeza. Me costó identificarlo, pero acabé llegando a la conclusión de que era un hoothoot.

–¿Qué haces? ¿Eres tú quien me está siguiendo?
–Hoothoot. Hoothoot.
–Lucario...
–Ya lo has oído.
–Eso es relativo.
–No ha dicho nada. Solo ha hecho ese sonido.
–Me estás siguiendo; ¿sí o no?
–Hoothoot. –continuó mientras giraba extrañamente la cabeza– Hoothoot.
–Tomaré eso como un sí.
–¡Anthoni! ¡¿Estás ahí?!

El hoothoot salió volando hacia la oscuridad de la noche. Lucario detuvo en seco su esfera aural, dejándonos de nuevo a oscuras. La voz que me llamaba era la de Cintia. Me giré y vi una silueta frente a mí. Una luz me iluminó, cegándome antes de enfocarse al suelo.

–Al fin te encuentro. ¿Sabes cuánto llevo buscándote?
–No; pero no vuelvas a hacer eso.
–¿El qué? ¿La linterna? – preguntó volviendo a enfocarme
–¡Eso!
–Perdón, perdón. No me había dado cuenta. –pronunció rápidamente, apuntando de nuevo al suelo y riéndose inocentemente.
–En fin... ¿Qué querías?
–Me acabo de enterar que hay un campo de batalla en la cubierta cinco. Y quería pedirte un favor.
–Adelante.
–Verás; tengo un riolu desde hace algún tiempo y querría que luchara contra tu lucario para que aprendiera de su forma evolucionada.
–Comprendo. Lucario, ¿qué dices?
–Dalo por hecho.

Nos desplazamos hasta el estadio. Estaba vacío a esas horas de la noche, pero las paredes insonorizadas hacían que se pudiera utilizar a cualquier hora sin molestar al resto de pasajeros. Estaba muy nervioso; no quería quedar mal y, a pesar de haber recibido un entrenamiento especial de Viper y de haber formado parte del club de combates en la universidad, no me sentía cómodo enfrentándome a aquella persona que había quedado segunda en la liga de Sinho. Lucario parecía bastante más seguro que yo y, de vez en cuanto, me decía algo para animarme.

El combate sería puramente por entretenimiento y entrenamiento, de modo que no llegaríamos a que uno de los dos pokémos pudiera debilitarse. Cintia lanzó al instante a riolu contra Lucario en un fuerte ataque rápido. Hice que Lucario intentara rechazarlo con un ataque oseo, pero nuestra falta de práctica se hacía notar especialmente en la velocidad. Lucario calló de espaldas, pero estaba bien. Se levantó y opté por un esfera aural, que riolu esquivó sin dificultad.

–Venga ya. No nos estarás dejando ganar, ¿no?
–La falta de práctica...
–Deja que me acerque, Anthoni. Vamos a demostrarle que somos mejores cuerpo a cuerpo.

Hice caso a la petición de Lucario, enviando un a bocajarro. Riolu esquivó el primer par de golpes, aunque acabó cediendo ante la potencia del ataque. En ese momento me creí con la victoria; riolu seguía en el suelo y ordené a Lucario que repitiera la faena; en esta ocasión impactó de lleno y con toda la fuerza que cabía esperar. Pero pequé de imprudente y olvidé que me estaba enfrentando a alguien mejor que yo. Ordené a Lucario que repitiera por tercera vez el ataque justo cuando Cintia se sacó un as bajo la manga que debería haberme esperado habiendo conocido a Lucario desde que era un Riolu. Un certero contador lanzó literalmente a Lucario por los aires que, unido a la bajada de defensa que no había tenido en cuenta, quedó tumbado boca arriba en el suelo.

–Creo que es suficiente –admití–. Has ganado, no estamos preparados para enfrentarnos a tí.
–Solo necesitáis práctica. Y menos de la que puedas creer.

Cintia devolvió a Riolu a la pokéball y, entre los dos, llevamos a Lucario al centro pokémon. Aunque yo no fuera precisamente un genio, ella era demasiado buena. Ni me quería imaginar cómo sería aquel que quedó delante de ella en la liga, así que ni mencionemos al Alto Mando o al Campeón. No debería haber aceptado un reto que debería haber sabido que no era capaz de ganar.



No volví a ver al hoothoot en el resto del viaje. Cuando llegamos a Ciudad Carmín, no pude evitar observar desde la proa del barco el muelle en el que estaba atracado el buque del ejercito aquella noche de hacía casi seis años. Al bajar del barco, Cintia y yo estuvimos hablando durante un rato. A mí me estaban esperando en un coche y ella se quedaría para retar al Lugarteniente, así que ahí es donde se separaban nuestros caminos. Ella se acercó y , tras una pequeña pausa, me dio un beso en la mejilla y se giró para irse. En ese momento algo dentro de mí se apoderó de mi cuerpo. Le cogí la mano antes de que se alejara. Ella se giró, me miraba fijamente. Me acerqué y la besé en los labios. Fue como si, por un momento, el mundo dejara de existir. Le miré a los ojos; me encontré con unas pupilas preciosas que mi miraban fijamente; esbozó una sonrisa. Esa vez fui yo quien, con un “volveremos a vernos”, me giré y caminé hacia donde un coche de color negro mate me estaba esperando. Por vez primera en mi vida sentía que hacía lo correcto y esa fue, quizás, una de las últimas veces que lo sentí.
#31
Yo también soluciono mis bloqueos escribiendo, mientras más escribo, más cosas se me ocurren. Ahora a comentar.

Interesante. La forma de conocer a Cintia, al principio se odiaban y luego puro amor. Sabía que tendrían que enamorarse por los sucesos ocurridos en capítulos previos, pero me pareció no predecible. Pues a pesar de tener ese cliché del amor que ya mencioné, durante la lectura no me percaté de ello. Creo que lo relataste bien y no fue apresurado. Lo del hoothoot me dejó intrigado, claramente va a pasar algo relacionado con él, pero no se me ocurre qué.

En algunas partes pusiste mucho diálogo y la descripción en ellos fue muy poca, cuando compraron el boleto y cuando hablaron de los autores. Aunque se entendió que fueron conversaciones rápidas, creo que siempre es posible describir más, no me quejaré tanto por eso, a mí también me ocurre. Pero debo decir que las situaciones me las imaginé un poco en blanco, si no me equivoco, describiste los lugares, pero por alguna razón no recuerdo muy bien si fue así, tal vez sea necesario que los describas un poco más y no tan a la ligera, recuerda que narrar el ambiente siempre es necesario. También me percaté de algunos errores de tipeo, pero nada grave.

Bueno, no tengo más que decir, sólo esperar otro capítulo para ver qué sucede. Ciao.


Lean mi fic: La Historia de Jack Evans
Soy Elven king
(Por si alguien no me reconoce)


#32
¡Hola! Bueno he decidido a pasarme y comentar tu fiction así que pues, ¡aquí me tienes!

Sinopsis:

Debo decir que, aunque ha estado bastante corta me ha gustado. Es clara y concisa, va directo al tema.
También me gustó el hecho de que hayashecho esas aclaraciones al principio de la forma de narrar; debo decir que concuerdo contigo en muchos aspectos, odio esa clase de fiction que solo siguen la historia de los juegos, aunque una vez intenté escribir uno... pero tiempo pasado; ya crecí y ya sé como hacer algo más decente.


Capítulo 1
Pues... por donde comenzar. Me ha encantado, en serio; aunque hubo uno que otro error no son para nada molestos ni dificultaron la lectura. Me gusta la forma en que narras y escribes, de verdad.
Por un momento me hiciste pensar ¿si lo tenía todo por qué se unió al Team Rocket? Y pues ya luego lo entendí. Eso me pasa por scar conclusiones apresuradas y, site soy sincero, en un principio me recordó a James, ya que todos sabemos que él era un niño rico que decidió unirse al Team Rocket, pero veo que la historia de tu personaje es totalmente diferente y debo decir que tiene mucha malicia e inteligencia este pequeño.


Capítulo 2
La inteligencia y al mismo tiempo la inocencia que le das a este niño me conmueve, en serio. Es como si pudiera sentir su deseo de libertad y entiendo que está dispuesto a lograrlo; me parece genial como adobas la historia con los matices de los diversos pokémon, como eso de los Ursaring. Los osos de por si ya son bastante tiernos.
Miyamoto... el nombre y la descripción por alguna razón me hacer recordar a la madre de Jessie, ¿es ella? No lo sé, no soy tan fanático de pokémon como para grabarme nombres, lugares, episodios, fechas y demás. Sigo con el capítulo 3.


Actualizando

Capítulo 3:

Baby we are the New Romantics Come on, come along with me
Heartbreak is the national anthem We sing it proudly