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#1

[Fiction] My Soul Divides




Relato protegido bajo una licencia de Creative Commons.

DISCLAIMER: Los personajes originales encontrados en este fiction NO pueden ser utilizados sin el consentimiento de AuriSkywem.

NOTA: NO TOLERAMOS PERSONAS SIN GOTA DE CREATIVIDAD O POCA DIGNIDAD QUE DISFRUTAN RECIBIR MÉRITO POR EL TRABAJO DE OTROS, ASI QUE SI RIPEAS ESTE FICTION ATENTE A LAS CONSECUENCIAS.




SINOPSIS

Galaz ha quedado solo en el mundo, y sobre su conciencia pesa el recuerdo de una vida que antes fue maravillosa. Ahora no tiene a nadie, ni puede permitirse mostrar su debilidad ante los demás; porque él guarda un terrible secreto, un don que le atormentará por siempre. Y esa cruz es que, su alma, no es realmente suya.


ÍNDICE

- Prólogo (en este mismo post)
- Capítulo 1
- Capítulo 2


PRÓLOGO
HALLOWEEN


Hacía frío. Eran mediados de Otoño. Podía ver en sus rostros excitación, provocado por un odio tan profundo como el sufrimiento de sus corazones. Deseaban sangre y muerte; cenizas esparcidas por el suelo, como las hojas que caen siempre durante las fechas. Pobres ignorantes. Incluso los ancianos parecían niños de rumbo perdido; aunque, claro estaba, para ella todos eran unos críos. Durante su larga vida, no era la primera vez que presenciaba algo parecido. Pero, esta vez, sí que fue de la forma más descarada y aberrante. ¿Quemar viva a una anciana? La curandera, la filósofa, la erudita. Hombres que dicen desear el conocimiento, pero que se niegan a éste si viene de algo tan común como una mujer. Igual con los creyentes, prefiriendo el dogma sobre la razón; podrían haber escogido ambos bandos, incluso, pero sus mentes eran demasiado cerradas para todo ello.
Pero lo peor eran las jóvenes muchachas.
Éstas no tuvieron tanta suerte como ella, pues antes de su crematorio en vida debían sufrir el peor de los crímenes en sus cuerpos: la deshonra por abuso. Y no eran ni más ni menos que los grandes obispos quienes, tras proclamar pueblo por pueblo el valor del celibato, desfogaban sus bárbaros instintos en dichas desgraciadas.
Absurdo. Todo ello aberrante, aterrador y sinsentido.
Todo aquello provocado por el poder de la simple ignorancia, y la verdadera naturaleza cruel de quienes buscan falsamente la gloria eterna.
Pero, ¿quién fue la que ayudó a parir a sus mujeres? ¿Quién fue la que cuidó a sus hijos y los curó cuando enfermaban? ¿A quién le deben la vida los peregrinos?
Nadie dijo nada.
Callaron mientras veían la escena, al igual que Judas una vez vendió a Jesús. Una hipocresía soberana sobre sus conciencias, donde éstas esperaban la salvación de su alabado Señor ante una satánica magia: la ciencia.
Ella dudaba que, en aquél momento, a Dios le hiciera mucha gracia el pensamiento de sus seguidores. Se preguntaba si no era debido a cosas como esas que jamás regresara a la Tierra, ni siquiera su amado hijo.
El verdugo, a quién una vez salvó de una fiebre mortal, ahora empuñaba una gruesa rama de roble blanco; esta sería prendida bajo el picar de dos piedras y, al momento, se convertiría en la antorcha que proclamaría su sentencia.
La paja empezó a humear.
Luego vino la chispa, el brillo y la llama.
Se extendió rápidamente por el poste de madera, donde había sido amarrada bajo cuerdas de pescador. Sentía el ardor en sus pies, ya cansados de luchar, y más tarde notaría el profundo dolor que se uniría a un hedor putrefacto.
Intentó no gritar ni llorar. Pero fue totalmente en vano.
Entonces, quizá despechada por la traición de su propio pueblo, quizá debido a conocer lo absurdo de la situación y la injusticia, o simplemente a causa del sufrimiento de su carne bajo el fuego, los maldijo:

«Ustedes llegarán a lo más alto, rozando el Cielo al que tanto anhelan y temen; pero recuerden bien esto, ya que solo podré decirlo una vez: cuando hayan llegado a la cima, y rocen tal paraíso inimaginable con la punta de sus dedos, caerán. Y descenderán de tal forma que, cuando crean haber tocado el suelo, lo traspasarán hasta llegar al límite de los infiernos. Estaré allí para verlo, esperándoles; en cada momento, en cada reflejo tras el espejo. Les esperaré y, una vez se estrellen, se lo haré pagar y entonces preferirán haber visto al Diablo. ¡Lo juro por siempre, y para siempre! ¡Por los siglos de los siglos! Amén.»

Después de aquello, ya no pudo sentir nada. Todo quedó en el más profundo y puro blanco. Se vio ascender a si misma, separándose de su propio cuerpo. Allí estaba ella, atada en aquél poste, con la carne ya tan dorada que parecía un pavo, los ojos amarillentos y espuma por la boca. Una visión realmente desagradable. Pero, por alguna razón, ya no le preocupaba; ni su carne chamuscada, ni el tétrico regocijo de las gentes, ni la conciencia impía de los obispos. Todos ellos comprendían tan poco. ¡Ah! No sabían nada. Pero ahora ella lo sabía. Sí. Ahora lo comprendía con claridad: que todo era uno, y que nada quedaba desenlazado.
Se sentía llena, más viva que nunca lo había estado en vida. Creía comprender cosas que antes le fueron imposibles, y se dio cuenta de que aquella mujer atada en la hoguera ya no era ella. No. Ya no.
Después la ascensión hacia el oscuro cielo del ocaso, que pareciera el túnel de alguna cueva. Luego, de una forma cálida y amable, se dejó abrazar por la luz.



#2
¡Hi! Al fin tengo la oportunidad de comentar uno de tus fics, ya antes había leído varios capítulos de Poket N' Monters (espero no haberme equivocado en el nombre, muy mala memoria) pero nunca tuve tiempo de comentar, una veces por flojera y cuando de verdad tenía listo el comentario cerraste el fic, pero bueno ya qué; pasado es pasado, ahora está es este.

Debo decir... bueno, alabar, tu forma de escribir; me gusta mucho y me recuerda a esas novelas ni tan clásicas pero ni tan actuales, algo así como un punto intermedio. De verdad me gusta.

Este prólogo es realmente hermoso, la forma como describes y todo, me recordó a la historia de las Brujas de Salem, el como son quemadas en las hogueras; también mencionaste algo que es muy cierto y no es secreto, eso de que antes los mismo curas eran de las peores escorias que podían existir (no es que haya cambiado mucho hoy en día, sin ánimos de ofender a nadie). Automáticamente me imagino muchas historias que pueden descender de este prólogo por lo cual me has dejado con ganas de más, actualiza rápido, por favor.
Me gusta como escribes y describes, ya quisiera yo poder hacerlo así pero ahora es que me falta, no me rendiré, algún día...
Y... me inquieta, no de mala manera, pero me has dejado con un sabor de boca y ahora quiero más; prometo seguir este fic de cerca, ¡lo juro! Siempre que actualices, claro.

Y bueno, como dije realmente me gustó, no quiero sonar muy noob ni decir que es lo mejor del mundo pero a mi me gustó. Hace rato no leo buenas historias, y... creo que ya terminé mi comentario ¡Saludos!

Baby we are the New Romantics Come on, come along with me
Heartbreak is the national anthem We sing it proudly

#3
Primero que todo Aury, que bueno que te hayas animado a hacer un fic, ojalá lo continúes ya que esta bastante interesante.

Ahora al contenido, es solo el prólogo así que mucho sobre la historia no puedo opinar aún, pero por ahora se ve bastante interesante, me encantan las historias con temáticas oscuras y sobrenaturales así que espero el siguiente cap.

Sobre la escritura, nada que decir, me gustó bastante tu forma de escribir, lo único que podría sugerir es que separes los párrafos ya que ver todo junto es algo pesado para la vista.

Básicamente, espero el siguiente cap owo

Pd: quería ser el primer comentario pero Abdy me ganó mientras lo escribía, damn it Abdy(?
Premios











Firmas







#4
Deja de cambiarte el nick, joer xD

Es un prólogo bastante impactante, aunque esto solo me deja pensando que en verdad te gustan las brujas xP. Hablando en serio, esta mujer, echando su cuento, logra un ambiente bastante bueno, demuestra su desprecio hacia lo que está sucediendo y a quienes están por ejecutarla de una manera magistral.

Me dejas con las ganas de conocer las consecuencias de la maldición que lanzó y cómo todo esto tendrá que ver en la historia. Es intrigante, Auri, así que más te vale seguir.

Ya sabes, te estoy vigilando para que continúes >_>

Pokiu!

EGN: Hoy es el fin del mañana
65 - Todo se paga
#5

[Fiction] My Soul Divides - Chapter 1

[Fiction] My Soul Divides - Chapter 1


Chapter 1
CAPÍTULO 1
ELLA


I


Otoño. Esa época del año donde ni hace calor, ni el frío es gélido como en Invierno; simplemente es un tiempo fresco, triste, como cuando la lluvia cesa en un día nublado y todo queda húmedo en las calles. Sí. Pero en este caso, todo queda más bien seco; las hojas de los árboles, caídas y marrones, demostrando el inicio del final para lo que un día fue un hermoso follaje de tonos esperanza.
Una esperanza marchita.
Tal como ahora era la de Galaz.
Hacía ya mucho que sucedió. Tanto que, incluso, podría decirse una eternidad; pero, para él, todo fue como si de ayer mismo se tratase. De hecho, aún hoy, cuando le pregunto por ello sigue diciéndome lo mismo: que fue ayer.
¡Ah! Pero qué desconcierto… ¿Dónde quedaron mis modales? Lamento no haberme presentado como es debido: la gente me conoce como Áurico da Forum, y soy el narrador de esta historia. No por voluntad propia, precisamente, sino más bien por un favor que debo desde hace tiempo a cierta persona. Y sí, gente, esta persona es Galaz. Él es un chico bastante peculiar, cosa de la que pronto sabrán el porqué. Pero, para que puedan entender todo sin malentendidos ni confusiones varias, deberán escuchar —o en este caso leer— toda la historia. Lógicamente, no solo explicaré desde el punto de vista de él, sino también de otras muchas personas que participaron en su intrépida e inverosímil aventura; información que me fue otorgada tiempo después, pero que sirvió para enriquecer en gran parte la trama. Bien. A partir de aquí, ¿están dispuestos a seguirme? Sí es así, vamos con ello.

Galaz abrió los ojos como platos. Tenía el pulso a mil por hora y había dejado la cama empapada de sudor, tanto que las sábanas parecían toallas recién salidas de la ducha. Tenía un poco de fiebre, y aquello comenzaba a provocarle migrañas.

Miró el despertador.
Las seis de la mañana.
Tenía ganas de vomitar, así que fue a ver si echaba la poca mierda que había logrado comer la noche anterior. Al final no tuvo que hacerlo. Observó por el rabillo del ojo izquierdo la pica del baño: mugrienta, carcomida por el poco trato que le tenía; una vez fue de un color tan blanco como el marfil, y desprendía la sensación de una limpieza sin igual. En aquellos momentos no se acercaría ni una cucaracha a ese grifo que colgaba como un arma oxidada cubierta de moho sobre el mármol de imitación. Igualmente él se acercó, y se lavó la cara para ver si así su mente lograba despejarse un poco; la pesadilla esta vez había sido más real que de costumbre, y aquello lo había debilitado bastante. Hacía mucho tiempo que no quería dormir, tan solo para no experimentarla de nuevo.
Era por eso que no había dormido más de dos horas y media.
Y no era la primera vez que lo hacía, pues llevaba ya tres meses así.
Fruto de aquello, y también una buena prueba de ello, eran las docenas de paquetes de café amontonados en la despensa de la cocina; así como los montones de latas de bebidas energéticas que abordaban la nevera hasta un punto que rozaba lo absurdo.
No había otra cosa para desayunar más que cafeína y un par de galletas rancias, las cuales logró mejorar su sabor gracias al último envase de leche desnatada —recién caducada— que había quedado al fondo de la nevera. Intentó calentar el café con el microondas de la cocina, pero al parecer se había estropeado y no funcionaba. Tuvo que tomarlo todo frío.
Mientras comía, echaba un vistazo a aquella cuadra que se suponía era una cocina: una montaña de platos sin lavar en el fregadero, el suelo más mugriento que la pica del baño y grasa y aceite esparcidos cual obra de Picasso en las paredes que habían tras los fogones. Un escenario tan tétrico que pareciera sacado de una novela negra, o de algún que otro escenario del crimen en cualquier episodio de CSI.
Pero aquella cocina no era de ninguno de esos lugares, ni tampoco sacada de alguna esquina en Detroit. No. Aquella espantosa cocina venía de un piso en el barrio de Fitzrovia, situado en la ciudad de Londres, en Inglaterra.
Era un piso pequeño.
Tanto que, una vez terminó su desayuno, Galaz no tuvo que dar más de cuatro pasos para entrar de nuevo en el baño. Allí se quitó la camiseta que, al igual que la pica, una vez fue de color blanco y, después, antes de abrir el grifo para empezar a salir agua caliente, o quitarse los pantalones de algodón que le servían de pijama, se miró de nuevo al espejo. Y esta vez lo hizo detenidamente.
Allí no estaba él, una vez más.
Ella volvía a mirarle.
Una muchacha idéntica a él, pero en su versión —lógicamente— femenina, era reflejada en el espejo resquebrajado y sucio de aquél lavabo mugriento. Tenía el cabello largo, a diferencia de él, pero era igual de azabache; liso y brillante, aunque algo alborotado; iba sin camiseta, justo como él iba en ese mismo momento, y al igual que a él podía vérsele a ella todo el torso. Con ello, también el pecho. Era incómodo para Galaz verla, más aún así. Le ponía nervioso. A veces se preguntaba cómo no podía tener vergüenza aquél imposible reflejo sinsentido.
—¡Ponte algo, por lo que más quieras!
Ella no dijo nada, simplemente se encogió de hombros y, al momento, se tapó los senos. Parecía no importarle lo más mínimo la reacción de Galaz, de hecho, su mirada mostraba indiferencia en el asunto.
Sus ojos, de color violeta, eran idénticos a los de Galaz. Eso le ponía enfermo, ya que, de hecho, verla a ella era como ver el fantasma de su propia madre. Pero aquella muchacha no era su madre. No. Era otra cosa.

«No entiendo porqué te molesta tanto, tú vas igual y nadie te dice nada.»

Esa voz mística resonando en su cabeza, más perfecta que cualquier sonido que haya sido escuchado en la faz de la Tierra; esa belleza sobrenatural que albergaba su cuerpo, el cual parecía tan bien cuidado como el de Galaz con ese abdomen de modelo. Aquella chica que tan solo él veía en su espejo no era normal. No. Tan solo era producto de su estrés postraumático. Sí. Eso le había dicho el psiquiatra, y estaba convencido de que tenía toda la razón del mundo.
No era más que una forma mental de consolarse, ya que ahora estaba solo.
Ella no era real. No. No podía serlo.
—¡Déjame en paz! ¿Vale? Estúpidas alucinaciones…
Galaz buscó algo con la mirada, y una vez avistó el frasco de pastillas en una esquina de la pica lo agarró con fuerza; empezó a tragarse un par de medicamentos con ansia, pareciendo desesperado.
¡Ah! Maravilloso. Aquella droga bajo receta médica era sublime para él.
El psiquiatra le había recomendado tomarlas cada vez que la viera en el espejo, ya que suponía no-se-qué crisis debido al estrés y el malestar emocional; claramente aquellas pastillas eran relajantes, tanto que parecía estar colocado cada vez que las tomaba. Pero, al menos, cuando lo hacía ya no la veía. Bueno, de hecho poco lograba ver con claridad. Se miró a sí mismo en el espejo como pudo, y se dio cuenta de que tenía una cara horrible; no se había afeitado en días, y llevaba unas ojeras tremendas por no dormir como se debía. Aquello le puso nervioso, cosa que, al chocar con el efecto relajante del medicamento, le provocó cierta ansiedad.
Al final, para no pensar más en todo aquello, ni en nada en particular, se quitó los pantalones y, tras empezar a salir agua templada, se metió de lleno en la ducha.


II


Caminando sin prisa, pero sin pausa, una vez salido de su apartamento situado en una esquina de Tottenham Court Road, recorría Great Russell Street cuesta arriba mientras todavía intentaba centrar su mente; pues, claramente, la falta de sueño lo tenía más que agotado tanto física como psicológica. Una vez pasó por delante del Starbucks no pudo evitar entrar y pedir un espresso doble, a pesar de ya haber tomado café en casa con anterioridad. Le costó una libra y noventa peniques. No le importó gastarlos. Al contrario. Sentía que, si no se metía más cafeína en el cuerpo, no aguantaría para todo el día que le esperaba en clase.
Porque todavía debía terminar sus estudios.
Aunque ya no recordaba el porqué, o para qué debía de hacerlo.
Igualmente, lo pidió para llevar y se lo tomó por el camino. Quemaba un poco, así que para cuando llegó a Russel Square, una vez pasada Montague Street, todavía se lo estaba terminando. Mientras veía la Universidad de Londres a lo lejos, adentrándose poco a poco entre la muchedumbre estudiantil que se formaba ya desde Thornhaught Street, pensaba en su primer día como universitario haría ya un par de años atrás.
Acababa de mudarse a Londres, tras toda una vida en Salem, la famosa y polémica Witch City del condado de Masachussets, en Estados Unidos. Debido a motivos laborales, tanto él como sus padres tuvieron que venir a Londres para "vivir una temporada" que más tarde se haría eterna. Con todo esto, Galaz tuvo que continuar sus estudios allí por lo que comenzó su carrera universitaria en tierras inglesas. A él no le hacía mucha gracia, ya que nunca había visto con buenos ojos a la gente de aquella EUA europea que vivía todavía en una era monárquica; ya sin contar su estilo de vida, como solía decir, finolis.
Pero, aún con todo aquello, a Galaz le hizo mucha ilusión poder comenzar sus últimos estudios que le llevarían más tarde a un trabajo. Quería sorprender a su madre y hacer sentir orgulloso a su padre, convirtiéndose en alguien digno para los negocios como siempre fue su progenitor.
Ahora no había nada que demostrar.
No había nadie a quién mostrarle nada.
Galaz miraba el enorme edificio de la Universidad de Londres, con aquél estilo que lo caracterizaba y hacía verlo único. Se preguntaba cómo lograría terminar sus años ahí si ni siquiera tenía fuerzas para seguir estudiando; pues cada vez la depresión se iba transformando más en una especie de pasotismo agudo ante todo, incluida la vida misma. Durante un instante, dudó de seguir caminando. Pensó en dar marcha atrás, en volver a su casa, meterse de nuevo en su cuarto y no salir nunca jamás.
No serviría de nada, eso ya lo había pasado meses antes, y además estaba demasiado cansado como para recorrer de nuevo todo el camino hecho.
En ese momento, alguien le dio una palmadita en la espalda.

Hi emo guy! I don't wanna see you cry!


Una chica de corto cabello cobrizo, ondulado, el cual apenas rozaba su clavícula, mostraba sobre las disimuladas pecas de su piel unos ojos tan verdes como esmeraldas; era un tanto alta, incluso llevando sus planas y rosas converse, pero sus proporciones habrían sido perfectamente las de una chica de estatura media; un cuerpo estilo reloj de arena tapado, aunque no disimulado, por ajustados tejanos negros y un jersey rosa pastel. Mientras le observaba tenía una enorme sonrisa en la cara, tan inocente como pícara.
—Ah… hola, Blair.
Ella le miraba con ese rostro lleno de optimismo. Al fin y al cabo, desde que sucedió aquello, no dejaba de intentar darle ánimos; aunque, lamentablemente, no es como si un par de palabras fueran a alegrarle el día.
—¡Vamos!— decía con su voz de niña pequeña, a pesar de ya estar bastante crecidita —Queda poco para que comiencen las clases, debemos darnos prisa o no llegaremos a tiempo.
Galaz no dijo nada, tan solo asintió y se dirigió con ella hacia la entrada y, tras un par de pasillos, el salón de clases. A esa primera hora tocaba, como no, lengua extranjera. No entendía muy bien para qué debía de aprender una lengua no inglesa cuando, por lo que iba viendo en aquella sociedad multicultural moderna, cada vez más gente hablaba su idioma natal; es decir, a excepción de los idiomas asiáticos —los cuales, precisamente, no estudiaba—, el resto del mundo, con el tiempo, hablaría su idioma como única lengua universal tanto para finanzas como miles y miles de usos diversos. Para él, estudiar francés era tan útil como aprender a tocar música; bonito e interesante, pero que en términos de empleo no servía para gran cosa más que dar una buena impresión en el currículum. Para Blair, en cambio, era una gran oportunidad de poder comunicarse más libremente con el resto del mundo, así como, quizá, comprender mejor otras culturas europeas.

Les sorcières, en leur danse frénétique, a cherché le culte du Diable.
(Las brujas, en su frenética danza, buscaban la adoración del Diablo.)


—Menuda gilipollez…
El maestro de lengua extranjera dejó de leer el texto que había en sus apuntes, el cual había preparado expresamente para Halloween ya que pensó daría más diversidad a la clase por esas fechas; junto a él, el resto de los alumnos callaron sus conversaciones entre murmullos y centraron sus miradas en Galaz.
—¿Tiene alguna queja, señorito Grigori?
Galaz no dijo nada, tan solo agachó la mirada y se limitó a desear con toda su alma que dejaran de observarle de aquél modo. No entendía por qué había dicho aquello, ni siquiera estaba prestando atención al párrafo. Entonces ¿De donde había venido aquél sentimiento de indignación?
—Yo… esto… lo siento.
Al escuchar aquello, el profesor de francés prefirió ignorar la interrupción de Galaz y prosiguió con su lectura; intentaba marcar bien el acento para que así los oyentes notaran mejor la fonética del idioma. Los alumnos, tras reírse por lo bajo del que había contestado al maestro, prosiguieron algunos con la lectura y otros con su cotilleo matutino a voz baja.


III


Pasaron las horas, y llegó la hora del descanso. Blair estaba realmente aburrida, ya que hoy había faltado una amiga y las otras andaban ligando con chicos de un año más avanzado en otro pabellón. Buscó a Galaz para ver cómo estaba, ya que le preocupaba que le diera por aislarse y no comer nada durante toda la media hora. Y esto ella lo tenía muy en mente porque no era la primera vez que sucedía. En verdad a Blair le dolía verle de aquél modo, ya que él nunca fue así antes.
Todavía recordaba el día en que le vio por primera vez, haría ya un par de años, en los pasillos de la universidad.
Iba completamente despreocupado, con una enorme sonrisa de oreja a oreja, mezcla de entusiasmo y chulería moderada, mirando de reojo a sus compañeros e incluso murmurando por lo bajo lo "finolis" que se veían algunos.
A ella le molestaba esa actitud.
Siempre se había fijado en la buena educación y el saber estar de la gente; pues era una chica de familia medianamente acomodada, que por ciertos motivos no pudo ingresarla en la Universidad de Oxford. Ver a aquél muchacho en tejanos rotos y una camiseta de Metallica, mientras hacía notar su inconfundible acento americano, la sacaban de quicio.
Pero, cuando tiempo después, unos impresentables quisieron acosarla cuando salía para su casa y él apareció para sacarla de ahí, peleándose a mano limpia con los tres que habían, comprendió muchas cosas de Galaz.
Comenzaron a hablar y, con el tiempo, surgió un gran compañerismo que llevaría más tarde a una amistad. Fue entonces cuando él comenzó a ser más educado y no meterse tanto con el estilo inglés. Y ella hizo lo mismo en su medida. Comenzó a irle a visitar, cosa que a los padres de Galaz les pareció maravilloso, y se ponían a estudiar juntos en el pequeño salón.
Llegó un momento en que Blair ya no podía evitar visitarle prácticamente cada día, ni hablarle durante los descansos, ni observarle cuando lo veía por los pasillos; ya no era entretenimiento, ni alguien con quién desconectar, sino que se convirtió en un ansia, en una preocupación que le oprimía en lo más profundo de su ser.
Luego sucedió aquello.
—¡Ah! Pero si está ahí…
Blair dejó sus pensamientos aparcados cuando vio a Galaz en una máquina expendedora de, como no, café. Esta vez, estaba tomándose un capuchino dentro de un vaso de plástico bien diminuto. Lo soplaba con cuidado, ya que parecía echar humo de lo hervido que debía estar. Guardó su cartera en el tejano azul marino, y se arregló con una mano la capucha mal puesta de su sudadera gris, ya que sabía muy bien que si no lo hacía él, lo haría ella misma.
—Ey…— se le veía realmente cansado, y eso a ella no le gustaba un pelo.
—¿Todavía tienes pesadillas?
Galaz no dijo nada, tan solo asintió y comenzó a beberse con cautela el café. Tenía unas ojeras horribles, aunque al menos, esta vez, se había afeitado.
—Ojala hubiera algo para eso… igualmente, tú no…
En aquél momento, los ojos de Blair se cruzaron con la vitrina de la máquina expendedora; lo que vio allí, le dejó la sangre helada.
Justo donde debería ir el reflejo de Galaz, había una chica idéntica a él en su lugar.
—¿Qué mier…?
Galaz levantó la mirada hacia Blair, ya que pocas veces ella soltaba un taco de su fina y educada lengua de señorita refinada. Giró la vista hacia donde ella miraba y, entonces, pudo ver a la chica del espejo en el reflejo de la máquina de cafés.
—Tú…— se le escapó en lo que fue casi un murmullo.

«Alguien viene a por nosotros, y quiere hacernos daño… ¡Hemos de irnos!»

La chica del espejo iba vestida exactamente igual que Galaz, y tenía una cara de preocupación que rozaba el pánico. Él estaba flipando ya que había tomado la medicación y era imposible que la estuviera viendo en aquél momento; ya sin contar que, hasta ese mismo instante, tan solo se le había aparecido en el espejo de su casa y el de algunas tiendas o baños públicos. Jamás en otro tipo de reflejo.
Blair estaba paralizada.
—Galaz… ¿Qué es eso? ¡¿Un fan… fantasma?!
El chico quedó petrificado con aquellas palabras, y entonces todo lo que había escuchado de su psiquiatra, pensado de su ateísmo, de todo en lo que se había negado a creer desde que aquella desconocida se le apareció por primera vez tras aquello, quedó destruido en mil pedazos.
Ella podía verla.
Alguien más podía ver a esa chica imaginaria. Era real.

«¡Maldita sea! ¡Vámonos!»

—¿Irnos a dónde? ¿De qué hablas?
Blair le miró desconcertada.
—Espera… ¡¿Le estás hablando a la muerta esa?!
—¿Ah?— dijo él —¿Acaso no la oyes?
Ella lo miró alucinada.
—¿Te estás quedando conmigo? Verla la veo, pero yo no oigo nada…

«No te molestes, ella solo puede verme, pero no escucharme.»

—¿Y cómo es que puede verte? ¡Se suponía que nadie podía! ¡Que no eras real!
Silencio.
El resto de los estudiantes que pasaban por el pasillo se lo quedaron mirando, la gente comenzaba a murmurar. La escena empezaba a notarse demasiado excéntrica, ya que nadie aparte de ellos dos podía verla y tan solo él la oía.
—Vale… esto no es una broma ni hay cámara oculta…— comentó Blair para sí misma —Galaz, por favor, salgamos de aquí…
—No hasta que me diga cómo es que puedes verla, porque yo creía que estaba loco; si hasta te oculte de su existencia porque no quería que te asustaras de mí…
—Galaz…

«Todo a su debido tiempo, confía en mí; pero ahora, por favor, vámonos.»

La gente comenzaba a inquietarse, y algunos alumnos de otros cursos ya habían llamado al profesorado para ver qué ocurría. Galaz cogió a Blair de la mano y se la llevó casi a rastras, haciéndose hueco entre la gente como pudo y bajando las escaleras en busca de alguna salida.
Se dirigieron a la última aula donde habían tenido clase, para recoger sus cosas.
Cuando estaban llegando, se dieron cuenta de que había un cúmulo de voces gritando, la mayoría de alumnos, y el sonido de mesas y sillas chocando. Una vez se asomaron para ver qué ocurría, avistaron a un par de hombres trajeados de negro y con gafas de sol. Uno era delgado, moreno y alto; el otro era un poco más bajo, corpulento y rubio. Estaban rebuscando en la mochila de Galaz.
Uno de los hombres desconocidos, concretamente el moreno, se acercó a ellos.
—Disculpe, ¿Galaz Grigori?
Silencio.
—No. Yo me llamo Jhon Smith.
Blair vio un arma en la cintura de su oscuro traje. Tenía las piernas temblando, estaba cagada de miedo.
—¿Está seguro?
Silencio de nuevo.
—¡Claro!— respondió —Y esta es mi prima, Sophie Smith.
Otro silencio, y esta vez fue gélido.
—No sabes mentir.
—Bueno, al menos lo he intentado.
Fue decir esto y Galaz, sacando fuerzas de donde no las tenía, le asestó al hombre de negro un derechazo que pareciera sacado de algún boxeador. Sintió rompérsele la mano con el golpe, pero dejó a un lado el dolor y cogió de nuevo a Blair de la muñeca. Salieron corriendo por los pasillos como si no hubiera mañana, todo mientras el otro agente desconocido les perseguía y comenzaba a sacar una pistola de su cinturón.

Comentarios
@Abdy

Me alegra saber que leíste algunas de mis obras anteriores, y eso me alegra; más todavía cuando has decidido comentar esta nueva historia de mi mano. Muchas Gracias. Respecto a la forma de escribir, la verdad es posible que se me haya pegado el estilo que he ido adquiriendo al leer tanto novelas de los noventa como actuales. En mis descripciones, cosa en la que nunca he destacado mucho, siempre intento tirar en una fusión entre la forma narrativa preciocista y el toque realista que destacan en diversos escritores de todo el mundo; no se bien si lo consigo, pero al menos lo intento para mostrar mejor (más que el exterior, y con esto puedo ser algo contradictorio) el interior de mis personajes. Cambiando de tema, debo decir que tu deducción sobre las Brujas de Salem realmente me alegró el día. ^^

Pd. Tranquilo, seré lo más constante posible; ya que este fiction quiero terminarlo y hacerlo VIP.


@Sophie Smith

Es bueno saber que te tengo aquí como lectora, ya que desde que llegaste (más aún cuando te convertiste en mi historiadora de cierto rol, donde todavía te tengo en espera y lo siento por ello) tuve la curiosidad de ver tu capacidad crítica. Veo interesante tu comentario respecto la separación de los párrafos, ya que no es la primera vez que me lo dicen y dudo sea la última; el problema es que, sinceramente, no me gustan los párrafos separados en un relato que requiere un moderado nivel de escritura. Verás, yo soy una persona que ha leído mucho y, en todos los casos de novelas, jamás he visto párrafos separados a menos que fuera estrictamente necesario (bueno, o en mi caso, una vez lean el primer capítulo, un experimento con el diálogo y las comillas). Pienso que leer se está volviendo como los juegos de Devil May Cry: antes eran difíciles de jugar, pero eso hacía que la gente se volviera buena en ello; ahora son fáciles, y nadie intenta esforzarse con su dificultad porque no la hay. Lo mismo sucede con la lectura: cuesta leer un párrafo entero con pocas o nulas separaciones, pero si alguien no es capaz de acostumbrarse a eso, ya mejor ni se te ocurra coger cualquier novela de la biblioteca porque te dará un patatús.

Pd: igualmente, agradezco y mucho tus comentarios y espero de nuevos en el futuro.


@OnixTymime

¡Ah! XD La verdad no debería de haberme cambiado el nick, pero bueno, lo hecho hecho está... Dejaré este, que se pronuncia más o menos igual que Auri y además visualmente se parece (ya sin contar su significado, el cual veo acertado en mí al menos en estos tiempos). Pasando a otras cosas, es bueno saber que volviste a tener más actividad por aquí, pues la verdad se te echaba (es decir, yo te echaba) de menos querida "mentora". [?]

Y sí, la verdad me gustan mucho las brujas. De hecho, para mí Halloween es más un evento conmemorativo para ellas que una fiesta tétrica rollo Soul Eater como hace la mayoría. Pero eso es ya otra historia... Sobre lo de magistral, bueno, yo no diría tanto *se ruboriza* porque me olvidé de escribir mejor su aspecto y demás (aunque la verdad intentaba que se la viera desde dentro, cosa que veo conseguí con éxito).

Pd: No me espíes [?] Éste lo seguiré más que ningún otro fiction; es mi obra "única", y no una versión fan.
#6
owo... ¡Acerté con lo de Salem! [?] xD
Bueno... no sé por donde empezar, me gustó mucho el capítulo y tengo tantas cosas que decir que ni sé por donde comenzar (no malas por supuesto), a ver...

Primero, al principio lo de "ella" me atrajo, pensé por un momento que era algo así como su alter ego o una simple alucinación de esas, también lo del café... hiciste parecer que el tomar mucho café fuera algo horrible, por un momento pensé "debo dejar el café" pero no, el café es genial además de delicioso (sí, tomo demasiado café), pero en fin, me hiciste pensar eso y sí sé que mucha cafeína es malo para la salud pero de algo hay que morir ¿no?

Me vi perdido por un momento cuando dices: "universitario haría ya un par de años atrás", con la palabra en negrita, creo que debería ir "hacía" o "hace" pero me di cuenta de que luego la utilizas más adelante de una forma similar así que supuse que fue apropósito que la colocaste y haciendo un poco de memoria me di cuenta de que no está mal pero estoy tan acostumbrado a la lectura actual que pues apenas leí la frase me saltó.

Debo suponer también que "eso", el suceso o la cosa que pasó en la historia de Galaz fue algo sobre sus padres, claro tampoco hay que ser un vidente para darse cuenta y estoy más que seguro que esos Hombres de negro (recordé a la película), tienen algo que ver con "eso" (me hago auto spoiler más te vale que me equivoque). Creo que la chica del espejo tiene algo que ver con la bruja quemada en la hoguera y pues claro, todo esto tiene que ver de alguna manera con Salem.

También en forma de escribir se nota esa fusión que dices, por eso dije que me recuerda esas novelas ni tan clásicas ni tan actuales, quizás sea por eso.

Tenía algo más para decir pero no recuerdo... eran muchas cosas así que traté de dejar aquí la más importantes.
Pero volviendo a capítulo te digo que en serio me gustó mucho, esta bien estructurado, y me fijé también en lo que te dijo Sophie y lo que le respondiste y pues es cierto, en la mayoría de las novelas (casi todas en realidad) la separación entre párrafos se ve solo cuando es absolutamente necesaria, y al hacer esto de los párrafos seguidos le agregas más calidad a tu escritura.

¡Lo recordé! Metiste a Sophie en tu historia, no es justo, yo también quiero aparecer [?] Okay no, y otra cosa Áurico da Forum, junto con lo de "finolis" me causó mucha gracia, en serio. La forma como comenzaste el capítulo es parecida a la de un libro que estoy leyendo actualmente, Adulterio, de Paulo Coelho.

Y creo que ahora si es todo, lamento lo extenso del post, a veces me excedo bastante. Pero bueno, espero el siguiente capítulo de esta historia, ya quiero ver de que va realmente aunque ya me hice una idea mental de todo.
¡Te leo luego!

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#7

[Fiction] My Soul Divides - Chapter 2

[Fiction] My Soul Divides - Chapter 2


Chapter 2
Capítulo 2
EN EL NOMBRE DE LA DIVINIDAD


I


Se oyó un disparo.
Una vitrina estalló en mil pedazos.
Blair dejó escapar un grito ahogado, que pudo escucharse por todo el pasillo; lo mismo vino del resto de estudiantes, los cuales comenzaron a correr en todas direcciones dejando ver una danza de pánico. El caos había empezado en la Universidad de Londres, y ahora, con ello, el hombre de negro parecía tener más fácil el actuar deliberadamente contra Galaz y compañía.
—¡Será hijo de puta!
Galaz se giró para clavarle su furiosa mirada, que a su vez era inundada de pánico, y en ese momento pudo ver como el hombre de negro, arqueando en un gesto curioso las rubias cejas que tenía encima de las gafas de sol, sonreía macabramente mientras le apuntaba con la pistola.
—¡En el nombre de la Divinidad, yo te condeno ser oscuro!
De nuevo, un disparo resonó por los pasillos.
Esta vez sangre dejó huella en el suelo.
Galaz pudo sentir un terrible dolor en su hombro derecho. Sintió cómo el calor de la bala derretía su piel y, acto seguido, perforaba la carne hasta tocar el hueso. Pero no pasó de ahí, quedando encallado el hirviente metal en su cuerpo.
Un dolor inimaginable, pero no lo bastante como para perder los sentidos. No obstante, tambaleó por unos momentos, como en shock debido al impacto; aquellos suculentos instantes donde el hombre de negro, confiado y triunfante, preparaba un nuevo disparo en la sien del joven.
De nuevo el dedo en el gatillo, presionando el mecanismo.
Blair estiró del brazo herido a Galaz. Lo hizo sin pensar, con todas sus fuerzas.
Otro disparo. Fallido.
Cayeron al suelo, los dos. Mientras, el hombre de negro, apartando a la gente a empujones, preparaba otro tiro mortal hacia los jóvenes. Lamentablemente para él, antes de poder realizar su cometido, ahora perfectamente posible de realizar, su cara quedó en medio de la trayectoria de unos nudillos desconocidos. Éstos, venidos de la mano de un profesor, chocaron duramente contra su mandíbula; pareció quebrarse en alguna parte, pero no impidió que él se repusiera con ávida rapidez y, cruelmente, le asestara un disparo en la sien del maestro.
Un silencio gélido inundó el pasillo.
Luego, tan solo caos.
Blair levantó como pudo a Galaz, arrastrándolo hacia las escaleras que había cerca para huir de aquella espantosa escena y, por supuesto, del asesino trajeado. Bajaron lo más rápido que pudieron en busca de la planta baja, que daría a la salida del edificio y, por lo tanto, a la calle y la oportunidad de lograr escapar.
Pero el hombre trajeado, con la boca sangrando y ahora sin gafas de sol, les pisaba los talones. Intentaba apuntarles, pero no lograba acertar sus disparos debido a la estructura de las escaleras y sus barandillas.
En ese momento Galaz vio una salida de emergencia y, sin pensarlo dos veces, cogió de la mano a Blair y se lanzaron a ella como si les fuera (nunca mejor dicho) la vida en ello. Una vez pasaron al otro lado, Galaz se sacó con rapidez el cinturón de sus pantalones y selló la puerta lo mejor que pudo, justo antes de que el asesino trajeado intentara traspasarla de una embestida. El cinto parecía resistir al impacto, así que se largaron lo más rápido que pudieron a la calle antes de que el tipo echara la puerta abajo a tiros.


II


¡Ah! ¡Sí! Pero qué bueno era. Ella moviendo las caderas como una posesa, encima suyo, rogando por más. Y sus pechos… ¡Pero qué suaves eran! Erguidos, perfectos, tal como era en la totalidad de su cuerpo. Qué fuerza, qué vigor en una mujer la cual parecía tan frágil a simple vista; el sexo débil, menuda mentira; pues sentía como iba a dejarle sin aliento, si no lograba esforzarse más. ¡Adictiva! Ella era una droga de la cual no podía escapar. ¿Cómo si no iban a montárselo en los baños de la universidad? ¿En plena hora de trabajo? Imposible. De hecho, ni él mismo sabía cómo había llegado a tal situación. Ella quería, ella mandaba. Le dominaba, lo esclavizaba bajo su imposible gracia y belleza; bajo esa falsa feminidad que, después, no era más que una máscara donde ocultar su lado salvaje y de poder sobre su miembro masculino. Se sentía humillado, derrotado y, a su vez, pleno y lleno de amor.
Entonces llegó: el clímax de la unión prohibida.
Rozando el Cielo con la punta de los dedos.
Un paraíso dado por un ángel tan bello como descarriado.
¡Pero cómo amaba a esa falsa princesa! ¡A esa educada y sublime amazónica!
El sueño de locura terminó.
Y, al par de minutos, todavía terminando de vestirse, se oyó un disparo a lo lejos.
—¿Qué ha sido eso?— preguntó ella, todavía terminando de arreglarse su rizada, larga y natural melena rubia de tonos paja y dorado. Sus ojos tan celestes que encarnaban el mismo cielo de la mañana quedaron clavados en su amante.
—Eso a sonado a… pero no puede ser…— murmuró él, colocándose la blanca camisa de finos cuadros azules, con el corto pelo enmarañado de color miel, al igual que sus ojos.
De nuevo, el mismo sonido. Y esta vez se oyó más cercano.
—¡Disparos!— exclamó el hombre, atónito.
El hombre no esperó a colocarse la corbata, ni siquiera pensó en ello. Se arregló lo mejor y más rápido que pudo el pelo con las manos y, al momento, salió del baño recién vestido en dirección a los pasillos.
—¡Michael!
Pero él ya no pudo escucharla, estaba ya demasiado lejos.
Michael fue corriendo hacia los pasillos, donde ya desde antes de llegar se oía el eco de miles de gritos y el sonido de ventanas y vitrinas estallando en pedazos. Una vez llegó al pasillo tan solo pudo presenciar el caos; gente exaltada por el pánico, huyendo en todas direcciones, y un hombre rubio, quizá alemán o ruso, trajeado de negro, apuntando con un arma a una pareja de alumnos que intentaban escapar despavoridos.
En aquél momento Michael quedó paralizado. El miedo entró en su cabeza y recorrió sus entrañas desde lo más profundo de su ser, impidiéndole moverse ni un ápice. Pero entonces, justo cuando vio como una de las balas hería al moreno muchacho que huía con una chica medio pelirroja, y estos caían al suelo… Justo cuando, en ese momento, el hombre desconocido les apuntaba de nuevo con el arma, sonriendo como un poseso, algo se activó en su mente.
¿De verdad iba a dejar morir a sus alumnos? ¿Qué clase de profesor haría eso?
¡No! ¡No podía permitirlo! ¡No había estado todos estos años enseñando para que, por culpa de un maniático, aquellos jóvenes jamás alcanzaran sus sueños!
Y entonces lo tuvo claro.
Tenía que ayudarles. Debía salvarles.
Michael comenzó a correr. Se acercó lo más rápido que pudo al hombre de negro y, con todas sus fuerzas, con toda su alma, asestó el mejor puñetazo que su cuerpo, que todo su valor le pudo permitir. Le dio en toda la mandíbula, notando como se la había roto mientras él mismo se había destrozado los nudillos en ello. Pero no fue suficiente. No. No lo fue. Y lo supo en el mismo momento en que el hombre, tras caérsele las gafas de sol al suelo, le miró con sumo desprecio y apunto la pistola en su frente. Luego, tan solo sintió un impacto y, después, nada.
—¡MICHAEL!
Una voz lejana. ¿Era posible oír nada tras un disparo en la sien? Pero él podía escucharla; esa voz lejana, tan desgarradora y conocida. Era Margaret. Yacía de rodillas, abrazando su cuerpo, llorando como jamás vio llorar a un ser humano en la vida. Junto a ella estaba un grupo de alumnos, en shock debido a la escena que provocaba el verle así. El hombre de negro ya no estaba, se había ido tras los chicos que había salvado. Ojalá logren escapar. Tan solo deseaba eso: que se salvaran, que su muerte no hubiera sido en vano. Porque Michael lo sabía, que había muerto, y que por eso podía verse a sí mismo desde el techo, ver lo que había quedado de él en la Tierra. ¿Adonde iría ahora? ¿Vendría su familia a buscarle? ¿Vendría Dios?
Nadie vino.
¿Por qué no podía ver la luz?
Quizá le faltaba algo por hacer, aunque no lo sabía con claridad.
En ese momento pudo ver a una muchacha que le miraba desde abajo. Tenía un largo pelo de tono azabache, liso aunque algo alborotado; sus ojos violetas tenían una luminiscencia trascendental, y entonces se dio cuenta de algo: era idéntica al muchacho que había salvado, así como ella, al igual que él mismo, estaba muerta. Pero algo le decía que, a pesar de su aspecto de niña, era muy vieja; tanto que, al mirarla de nuevo, sintió que él como espíritu era un bebé comparado con aquella chica.
—¿Quién eres?
—Lo siento, no puedo dejar que te vayas. Te necesito.


III


Lograron salir a la calle, y una vez allí se dirigieron a toda prisa hacia Euston Road. El hombro de Galaz comenzaba a empapar de sangre la sudadera gris que llevaba, y eso asustaba todavía más a Blair de lo que ya estaba. Cuando llegaron allí, decidieron tirar hacia el hospital más cercano que había, el cual, según el criterio de la chica, era el University College Hospital que quedaba a un par de calles. Dieron un vistazo de si aquél asesino trajeado les había seguido, pero no parecía ser así; igualmente, decidieron no bajar el ritmo por si acaso.
Tras un buen rato, lograron llegar al hospital.
Mientras intervenían de urgencias a Galaz, Blair estuvo explicando todo lo sucedido tanto a médicos que le habían preguntado el motivo de la herida como a la policía que había llegado tiempo más tarde. Tomaron declaración y comenzaron a comunicarse con comisaría. Le dijeron que habían enviado patrullas para que intervinieran el la universidad de inmediato, por lo que no tenía de qué preocuparse. Decían que todo se solucionaría. Una vez cesó el interrogatorio, los médicos salieron de quirófano para decirle que Galaz estaba bien, que no había sido grave para lo que conllevaba una herida de bala; igualmente, le comentaron que debería quedarse unos días en observación ya que, al parecer, poseía un estado anormal de cansancio y sufría de una preocupante anemia para un chico de su edad. Blair no dijo nada al respecto, tan solo asintió y se dirigió al ascensor que daba a la planta superior.
—Por cierto, antes de irse… ¿Podría decirme cómo contactar con la familia?
Blair paró en seco. Se giró hacia el médico y, con cara triste, dijo:
—Él no tiene familia, tan solo me tiene a mí.
Aquello impresionó al hombre.
—¿Sólo a usted? ¿Es alguna familiar?
Ella bajó la mirada.
—No. Tan solo soy… una amiga.
Blair cogió el ascensor y subió a la planta de arriba. Una vez allí, buscó la habitación donde habían dejado a Galaz y, una vez la encontró, entró despacio para ver cómo estaba.
Habían dos policías interrogándolo.
—¿Está seguro de que ocurrió tal como dice?— preguntó uno de los agentes, con una mirada sumamente fría, tal como era la de su compañero.
—¡Les estoy diciendo la verdad!— exclamó Galaz —Mi amiga, la que me trajo aquí, puede corroborarlo. ¡Y si no vayan a preguntar a cualquiera de la universidad!
Algo no iba bien. Aquellos dos agentes no parecían escuchar nada de lo que Galaz decía. De hecho, ni siquiera estaban tomando nota alguna del interrogatorio.
Blair estaba escondida tras la cortina que separaba la camilla vacía de la de Galaz. Al parecer nadie la había oído entrar, y aquella escena comenzaba a ponerla nerviosa; tenía ganas de reprochar el comportamiento de los agentes y decirles que su amigo decía la verdad. Pero algo en su interior le decía que esperara, que había algo que no encajaba en todo aquello.
—Por cierto— preguntó de repente el otro agente —, ¿conoce de qué trabajaba su padre, el señor Grigori?
Blair abrió los ojos como platos. ¿A qué venía esa pregunta?
—Disculpe, agente— dijo Galaz, con voz temblorosa —, pero… ¿Cómo sabe mi apellido? En ningún momento les he dicho mi nombre.
Las piernas de Blair empezaron a temblar.
—¡Ah!— comentó el primer agente —Nos lo dijo su amiga Blair.
Blair, en ningún momento, había entablado conversación alguna con esos dos agentes; de hecho, era la primera vez en su vida que los veía.
Algo andaba mal.
Entonces una cuestión se le pasó por la mente a Blair, pero Galaz se adelantó en su pregunta:
—Oigan… ¿Realmente son policías? Todavía no me han enseñado las placas.
Silencio.
Uno de los hombres comenzó a desenfundar la pistola, supuestamente reglamentaria, mientras el otro se dirigía a la puerta para comprobar que nadie entrara. En ese momento, Blair cogió instintivamente un jarrón que había en la mesita de la camilla vacía donde se había quedado y, sin pensarlo dos veces, lo estrelló en la cabeza del agente sospechoso.
Cayó inconsciente en el suelo.
El otro agente apuntó hacia la cortina que se movía, pero entonces Galaz se las arregló para levantarse de la camilla y asestarle un golpe a la cabeza del policía. Una vez corrió la cortina, pudo ver a Blair echa unos nervios, con sus verdes ojos a punto de llorar. Pero no lo hizo.
—¡¿Qué está pasando Galaz?!— gritó ella.
—¡Y yo qué se!— exclamó él igual de nervioso —Larguémonos de aquí… vayamos a mi casa o donde sea, pero lejos de aquí.
Ella quedó dubitativa.
—Galaz, esta gente nos conoce… eso quiere decir que, seguramente, sabrán donde vivimos… ¿A dónde vamos a ir?
Él no había caído en eso.
—No… No lo se.— dijo Galaz. Luego miró a los agentes tirados en el suelo, inconscientes —Primero salgamos de aquí, antes de que se despierten.

Comentarios
Antes de responder a los comentarios, debo hacer una mención a @Sophie Smith y @OnixTymime puesto que, en el capítulo anterior, hubo en error en la configuración de las menciones y parece ser no fueron avisadas de mi publicación anterior. Espero que ahora, con estas palabras, logren seguir disfrutando de mi obra escrita.

Dicho esto, aquí dejo mi comentario a mi lector y compañero @Abdy

Recuerden niños: ¡El café (en exceso) no es bueno! [?]

El término haría, en el caso donde lo puse, quedaba más "preciso" conforme lo que debía relatar y explicar. En verdad es una pena que ya no se rebusque tanto en el vocabulario, a los lectores les iría muy bien saber que pequeñeces como Hacía o Haría pueden marcar una gran diferencia dentro de ciertos contextos. Bueno, al menos ahora ya lo sabes.

Respecto el suceso de aquello no vas mal encaminado, pero no es exactamente lo que piensas; igualmente me gusta mucho que saques tus propias deducciones y conclusiones sobre lo que pasa en la historia. Todo ello me halaga. Respecto lo de Sophie, no te agobies con eso; incluí el nombre, más que nada, para que complementara lo de Jhon Smith (ya que no podía poner lo de "Señor y señora Smith" a dos jóvenes universitarios, habría quedado demasiado falso). Igualmente, me alivia saber que todavía queda gente que ve como algo bueno lo que dije respecto los párrafos. Gracias.

Pd: Áurico da Forum tan solo es (obviamente, si lo piensas) un alias de dicho personaje. Su nombre real será un misterio, y uno que durará bastante.
#8
¿Y en qué momento publicaste dos capítulos? Si ando súper pendiente de este fic... aunque por lo visto, he fallado olímpicamente xD

Ya con el segundo capítulo, puedo decir que me encanta, me haces volver unos cuantos años atrás, a cuando devoraba los libros de Anne Rice. Y la menciono porque la narrativa me recuerda mucho a la de ella, y con eso quiero resaltar que me encanta lo que estás haciendo y puedo traer una frase antigua porque la merece: este fic es un miniorgasmo literario *_*

Hablando del primer capítulo, Galaz me enganchó de inmediato como personaje, no tanto por su estado deprimido, sino por su reflejo. Me pregunto si será la bruja del prólogo manifestándose de alguna forma o un familiar perdido de Galaz o él en una vida pasada. Muero de curiosidad. La parte en que su reflejo le recrimina porque puede andar sin camisa por ahí y ella no fue bestialmente hilarante xD. Y cuando Blair logra verla, me sorprendí mucho, pensé que el pobre Galaz estaría solo en esto por un buen rato.

Blair, nombre de bruja... ¿coincidencia? NO LO CREO (?)

En el segundo capítulo tengo que recriminar a Blair. Seguro por los nervios no lo pensó bien y quizás con Galaz malherido no tenía más opciones, pero tomando en cuenta que hay un rubio asesino al que no le han dado lo suyo (if you know what I mean) buscándolos, que debe tener info importante de Galaz a la mano, no debería llevarlo al hospital más cercano. O sea, Blair: Rubio loco cachondo + Los busca para matarlos + Galaz herido + Hospital cercano = HE'S GOING TO FIND YOU AND RAPE YOUR SOUL!!!

Igual, no la culpo.

Pero ahora tengo la madre de las dudas por saber qué sucedió con la familia de Galaz y en qué asuntos estaba metido su padre.

Sobre el Prof Michael... bueno, al menos murió feliz y si corre con suerte le habrá dejado un "regalito" para dentro de 9 meses a su amante (?). Hablando en serio, cuando leí esa parte desde la perspectiva de Michael me pregunté por qué era relevante, pero ahora que el reflejo de Galaz (que debe ser bruja o me corto una que no tengo) lo necesita ¿será que se vuelve en una especie de angel guardíán?

Me tienes al filo del asiento. Quiero más. Luego dudas de tus habilidades, me vuelves a decir eso y te castro (?).

Y si lo abandonas te pongo bubis (?)

Pokiu!

EGN: Hoy es el fin del mañana
65 - Todo se paga
#9
wow (Lamento la tardanza en contestar)
Este capítulo... esta genial, me recordó al inicio de un libro que leí hace poco.
A ver... está bueno, realmente muy bueno, toda la acción, el drama y el sexo, sí, el sexo. incluso eso te ha salido bien (lo que escribiste, claro e.e), lo que sí te puedo decir es que, eso de que van a huir al un hospital, y los están persiguiendo, es demasiado... cliché... si, en serio. Es como que muy obvio, quise golpear a esos dos cuando leí que tomaron esa decisión, fue como: What? Are you kidding me?
Es como... ah olvídalo.
Blair, ella parece ser la típica chica llorona en principio y seguramente se volverá fuerte y mandona a medida que avanza la historia.
También es triste lo que pasa con Galaz, el hecho de que no tenga familia y eso... lo que me lleva a preguntarme ¿en qué andaban sus padres que ahora lo persiguen a él? o ¿Acaso esos tipo no saben que sus padres están muertos? ¡Y más importante aún! ¿Por qué lo persiguen a él? Sólo consigo más preguntas que respuestas, no es justo.

Pobre Michael, más triste que lo que pasa con la familia de Galaz es lo que le pasó a él, murió luego de tener acción, ¿cuánto tiempo pasó desde el clímax, cinco minutos? No es como dice Onix, no murió feliz, murió triste, esa sería la última vez que estaría con esa "diosa" pobre de él, ojalá le des más protagonismo a ella, aunque no como una cualquiera (?)

Y bueno... ¿qué pasará con el fantasma de él? Para que ella lo necesita? ¡Quiero saber! ¡Exijo saber!

Te leo luego.

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