@Lisacabot
Helen sacó a su Cyndaquil y se enfrentó al pequeño Swinumb que apareció ante ellos. Ninguno quiso tomarse el combate en serio, hasta el pequeño Pokémon de Hielo parecía querer jugar con los visitantes.
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El combate no duró mucho, o es la sensación que le pareció a Helen pues estaba pasándoselo genial. Volviendo hacia donde estaba Sandra, Cyndaquil vió a otro simpático Swinumb y fue a perseguirle. Jugaron dando vueltas alrededor de un árbol, y para entorpercer al Pokémon de Fuego, Swinumb dio un cabezado contra el árbol e hizo que toda la nieve de las ramas cayese, tapando con ella a Cyndaquil. Helen se asustó un pequeño momento, pero sin mucha demora Cyndaquil encendió las llamas de su lomo y casi al instante la blanca nieve virgen que le sepultó se convirtió en vapor, esparciéndose como purpurina brillante por el aire. Helen se lo estaba pasando genial.
Sandra y Helen avanzaron un poco más siguiendo a los juguetones Pokémon, hasta que de repente Helen se detuvo en seco y su expresión volvió a tornarse seria.
-¿Oyes eso?
-¿Te refieres a los ruidos que hacen Swinumb y Cyndaquil?
-No, hay… algo… No hagáis ruido.
Helen corrió hacia sus extrañados Pokémon. Oía unos apagados gritos de lamento, pero no era capaz de localizarlos. Sandra también avanzó intentando localizar el origen de ese ruido, pero un nuevo sonido empezó a crecer a su alrededor. Las chicas se quedaron inmóviles.
-Helen… ¿qué…?
El ruido se tornó claro, como un cristal desquebrajándose por una línea, un crujiente chasquido que no cesaba de acercarse hacia ellas.
-¡¡SANDRA!! ¡¡SAL DE AHÍ…!!
Helen vio cómo una ráfaga de aire alzaba el polvo en nieve que había a los pies de Sandra, dejando al descubierto una capa de hielo que se estaba agrietando. Helen trató de correr ante ella, pero antes de que pudiera ni tan siquiera alcanzarla, el cristalino suelo se quebró y hundió a Sandra con los trozos rotos de hielo. Helen se quedó a dos pasos del agujero por donde desapareció Sandra, pero no tuvo ninguna posibilidad de moverse al sucumbir de la misma forma que su compañera. Sólo sintió cómo el suelo cedía a sus pies y todo se volvía negro y blanco.
Dolor. Era todo lo que sentía Helen. Dolor y oscuridad. Intentó mover la cabeza, pero un punzante aviso la avisó que había sufrido un golpe en la cabeza. También notó como su melena rubia estaba en parte humedecida fríamente, y sentía que no era de agua.
Helen hizo el sobreesfuerzo de levantarse. Pero al apoyar el brazo topó con algo blando bajo ella. Era Sandra, podía sentirla. Ese susto hizo que la adrenalina se le disparase y se despertase del mareo que estaba sufriendo. Miró hacia el techo y pudo ver un poco de luz rebotando por un túnel, seguramente por donde habían caído. Tenía que hacer algo.
-¡¡Hino!! ¡¡Hino, ¿Dónde estás?!!
-Cyyyyn…
El Pokémon de Respondió a su Entrenadora. Estaba cerca, pero no podía verle.
-¡Hino, enciende tu lomo con llamas, rápido!
Haciendo caso a su Entrenadora, Cyndaquil lanzó las llamas por su espalda e iluminó la instancia. Estaba a unos metros de las chicas, al lado de un par de Swinumb que también habrían sido absorbidos por la rotura del hielo. Estaban en una caverna de hielo, blanca y azul, con suaves erosiones sufridas durante muchos años. Su silencios brillo emanaba calma y tranquilidad, hasta que Helen llegó al desnivel donde había un reguero como un borrón de sangre el cual indicaba por donde habían caído. Helen se tocó la nuca y supo sin verla que era suya. La sangre brotaba de un lado y teñía su amarilla melena.
Se giró hacia Sandra y por fin pudo verla con claridad. Estaba bocarriba, son un brazo aprisionado debajo de su propio cuerpo y la cabeza ladeada. La seriedad y frialdad de Helen se esfumó y, como si hubiese visto a un Haunter, sus piernas la empezaron a desplazar hacia atrás, hasta llegar a la fría pared.
-No… no… otra vez no…
Helen flaqueó y se deslizó hasta quedar sentada en el suelo con las piernas dobladas. Sus labios estaban abiertos pero no producían ningún sonido. Sin ser dueña de su cuerpo, gateó hasta el cuerpo de Sandra. Cuando llegó, la acarició la cara. Pudo ver que tenía magulladuras por su rostro. Quiso gritar, pero su garganta no emitía ruido alguno. Agachó la vista y observó el pecho de Sandra. Se movía, respiraba. Helen sintió un alivio y recuperó la consciencia de lo que ocurría. Lo primero era poner a salvo a Sandra.
A pesar de que sentía que la habían apisonado una estampida de Tauros, Helen pasó un brazo de Sandra por su espalda y la agarró para levantarla. La llevó a una de las paredes y la dejó reclinada sobre el hielo. La acarició la cara y por fin pudo respirar tranquila al ver que la respiración y el movimiento de los ojos de Sandra eran normales. Cydaquil se quedó al lado de la inconsciente chica y aumentó sus llamas para darla calor. Helen se abrió la chaqueta y con ella abrigó más a su amiga. Cuando sintió que ya todo estaba controlado, comenzó a andar para buscar una salida.
La rampa por la que habían caído resbalaba en exceso, y era imposible apoyarse y mantener la estabilidad. Helen buscó a su alrededor alguna alternativa.
-…no… hay… salida…
Ese mismo ruido. El que hizo que las chicas y los Pokémon se cayesen a la cueva. Era como un susurro del viento, suave,pero que penetraba en el interior como una aguja.
-Te escuché arriba.-Helen no se movía de su sitio, y giró la cabeza para intentar ver lo que tenía atrás.-Te he oído.
-…ahora… morirás…
Unos brillantes ojos aparecieron a la espalda de Helen. La fría temperatura de la cueva se descendió súbitamente aún más. El vaho del frío envolvió a Helen, y su cuerpo empezó a temblar, pero no supo si era por el increíble frío que la abrazaba, o por el terror que la producía esa voz.
-¿Por qué me llamaste?
-…porque me abandonaste…
-No fui yo. Crees que fui yo. Puedo… sentir tu dolor… Tu entrenadora no volvió a por ti…
Helen se giró para ver a quién pertenecía esa voz. Un hermoso Froslass flotaba ante ella, liviana, como si se encontrase bajo una invisible agua que agitaba lenta y suavemente su cuerpo.
-…¿por qué mientes…Susan? ¿Te fallé? ¿Por eso quisiste que muriera aquí?
-Yo no soy Susan. Me llamo Helen.
-…mientes… sólo Susan podía escuchar lo que yo decía…
-Susan tenía un don para entender los espíritus y fantasmas. Hay humanos susceptibles a ver más allá de la vida.
-…mientes… Susan era mi amiga… ella me entendía porque me quería…
-Deja… que te entienda…
Helen alzó las manos hacia los lados de la suave cara de Froslass. Agachó la cabeza y respiró. El bello Pokémon de hielo cerró los ojos y agarró las manos de Helen. A los pocos segundos, la chica levantó muy lentamente la cabeza, y un aire que rodeaba como si fuera un torbellino le agitó el pelo.
-Yuki… Yukimenoko…
-…Su…san…
Helen mostró una terrible sonrisa. Sus ojos brillaron con una energía blanca. Apretó la cabeza del Pokémon, y éste sintió miedo. Abrió de par en par los ojos y trató de zafarse de la Entrenadora. La clavó las uñas. Empezó a congelarle las manos y los antebrazos, pero estaba aprisionado.
-…¿por qué…quieres matarme? ¿por qué?…
Cyndaquil apareció a los pies de Helen y la mordió en la pierna. En ese momento soltó a Froslass y reaccionó como si hubiera despertado de un sueño. El Pokémon Fantasma trató de huir a pesar de su aturdimiento.
-¡Yukimenoko! ¡No te vayas! ¡Lo siento!
Helen cayó de rodillas y Cyndaquil se apartó asustado. Se alejó con miedo de su entrenadora pero no podía irse. Helen se tapó con las manos la cara y trató de recuperar la respiración.
-Hino… ¿lo he vuelto a hacer? ¿He vuelto a convertirme… en eso?
-Cyyyyn…
El Pokémon se aproximó a su Entrenadora. La acarició el brazo y ella le devolvió la caricia.
-Lo siento mucho… últimamente no puedo controlarlo… Yukimenoko era un Pokémon Fantasma, así que me temo que también me afectan mucho más de lo que creía… Pero… estaba tan triste… Sentí lo que le ocurrió… hace décadas… Le abandonaron aquí, porque estaba succionando la vida de su entrenadora. Y en vez de solucionarlo, la enterraron viva aquí. Ella sólo llamaba a su Entrenadora, sólo quería volver con ella… y lleva tantísimo tiempo esperándola. Creo que Susan debía ser Psíquica, por eso tuvo que alejarse de Yukimenoko… No es justo…
Helen se levantó y volvió al lado de Sandra. Seguía dormida. Era lo mejor, cuanto menos supiese, menos sufriría. Pero… el corazón de Helen sentía algo cuando la miraba. Algo cálido, que nunca antes había sentido. No entendía lo que era, no sabía que debía hacer… Sólo deseaba… besarla…
-¡¡Cyyyyn!!
Hinoarashi gritó mientras miraba al techo de la cueva. Descubrió una pequeña grieta que permitía que entrase un poco de luz exterior. Helen se acercó a su Pokémon y miró en la misma dirección.
-Muy bien, vamos a intentarlo. ¿Listo, Hino?
-¡¡Cyn!!
-¡Hino, usa Ascuas!
Unas cuantas bolas llameantes fueron disparadas desde el morrito del Pokémon hacia la grieta. Cuando llegó al hielo, empezó a derretirlo y comenzó a caer nieve por los agujeros.
-¡Muy bien, usa más Ascuas! ¡No te detengas!
El Pokémon repitió el ataque hasta que se formó una bola incandescente que comenzó a ascender hacia el exterior de la cueva. A los pocos segundos, se apagó y comenzó a caer una gran cantidad de nieve. Helen pisó la nieve y comprobó que era lo suficientemente densa como para apoyarse en ella y subir por el agujero. Sin detenerse, Abrazó a Sandra y la subió con ella. Sin muchos problemas ambas Entrenadoras alcanzaron el exterior de la cueva. Aparecieron a unos quince metros de donde se había roto el hielo. Helen dejó a Sandra apoyada en un árbol y volvió a mirar por el agujero. Los dos Swinumb que había con ellos hicieron un gesto de despedida y se internaron en las profundidades de la cueva. Helen sacó la Pokéball de Cyndaquil e hizo que volviese a ella. Cuando se giró, pudo ver que Sandra estaba volviendo en sí.
-¡Sandra! ¿Cómo te encuentras?
-Qué… ¿qué ha pasado?
-Nos caímos por una cueva y perdiste el conocimiento. ¿Te duele algo?
-No… sí… no lo sé… Estoy mareada.
-Tranquila, vámonos a la Academia para que te hagan un chequeo.
-…sí… ¡Helen! ¡Estás sangrando!
-No es nada, aparenta más de lo que es. Vámonos.
Ambas chicas se alejaron de la cueva de Hielo. Sandra cogió de la cadera a Helen para apoyarse, pero no supo bien por qué lo hacía. El agujero de la cueva empezó a llenarse de la nieve que caía por el simple hecho de la gravedad, se iba cerrando lentamente. Al fondo del mismo, un par de ojos tristes miraban hacia el exterior de la cueva una última vez.
-…Adios… Helen… Gracias...