Rachel y yo caminábamos una junto a la otra. Íbamos siguiendo las huellas del camión del científico. Las dos observábamos a nuestro alrededor todo el rato, temiendo el ataque de algún pokemon agresivo, pero Rachel no dejaba de echar rápidas miradas al suelo para no perder el camino y yo observaba el cielo en busca de alguna señal de Momo, empezaba a preocuparme de que le hubiese ocurrido algo, pues con su velocidad no debería estar tardado tanto en volver, o tal vez la guarida estaba más lejos de lo que me pensaba.
Yuki se encontraba en mis brazos mientras que Luna había decidido quedarse fuera de la pokeball. Ambas nos ayudaban a vigilar nuestros alrededores y ellas fueron las primeras en advertir la amenaza. Luna y Yuki saltaron delante nuestra, listas para interceptar el peligro que se aproximaba. Unos segundos después algunas piedras del suelo empezaron a saltar. No tardamos en escuchar el sonido de un pokemon galopando en nuestra dirección. Una nube de humo levantado por el pokemon se nos acercaba desde la dirección que habíamos estado siguiendo.
Nos encontrábamos en una parte del camino muy estrecha y no había tiempo para apartarse, por lo que me preparé para el
ataque. Un Musdale hermoso pero herido y algo encabritado llegó a nuestra posición y, sin perder tiempo le ordené a Luna utilizar Paranormal con intención de frenarle un poco, pero el pokemon estaba tan asustado que lo resistió, dándole un Pisotón a mi compañera. Luna lo soportó bien, y volvió a intentarlo. Después de un par de intentos más el pokemon tuvo que rendirse y, con una mirada aterrada se dejó sujetar por los poderes psíquicos de mi pokemon.
Mientras tanto dos Salandit habían aparecido detrás suya, al llegar a nuestra altura ignoraron al pokemon que había sido su presa inicialmente para dirigirse directamente a por Rachel y a por mi.
- ¡Hay que atacar al collar! - Dije subiendo la voz para que Rachel me escuchase por encima del alboroto.
Esta me respondió con un único asentimiento de cabeza, indicando que lo había entendido, y lanzó a sus pokemon al ataque.
Musdale, al ver que los Salandit habían cambiado de objetivo, se calmó lo suficiente como para liberarse del ataque de mi pokemon y huir.
Rachel ya se había lanzado a atacar a uno de los pokemon controlados cuando, sin previo aviso, el que me tocaba a mi se dio la vuelta, atacando y envenenando a mi Quilava. Temiendo por la salud de mi más fiel compañera le ordené a Yuki que mordiese fuertemente el cuello del pokemon salvaje, rompiendo el collar en mil pedazos y dejando algunas heridas en el cuello de este.
- Mantelo ahí.
El salandit se había desmayado, pero Yuki lo mantuvo en el suelo por si a caso se despertaba. Rachel había conseguido inmovilizar al suyo y entre ella y su Meowstic intentaban quitarle el collar sin romperlo.
Me acerqué corriendo a Luna y abrí mi mochila. Sacando el quit medico que siempre llevaba conmigo desde que Rachel me lo regalase en una de nuestras excursiones curé las heridas de mi amiga y la devolví a su pokeball. Sabiendo que iba a estar bien y a recuperarse volví al Salandit que había herido más de lo necesario al estar asustada por la salud de mi Quilava. Ahora que ambos pokemon estaban libres de sus collares estaban desmayados en el suelo, podíamos ver las quemaduras provocadas por descargas eléctricas en sus cuellos, el mio, además, tenía las marcas del fuerte mordisco de Yuki. Esta parecía apenada por el daño que le había hecho, igual que yo. Recordé el ataque de ira que me dio al ver a Quilava tan malherida y me recorrió un escalofrío.
Sacando dos pokeballs de mi mochila capture a ambos pokemon y los mandé a la enfermería de la escuela.
Rachel se me quedó mirando, con el entrecejo ligeramente fruncido, pero no dijo nada. Recogiendo su mochila, que había dejado a su lado al agacharse junto al pokemon, guardó con cuidado el collar. Parecía haberse desactivado al dejar de estar en contacto con la piel del pokemon.
Sin decir mucho más continuamos nuestro camino, vigilando a nuestro alrededor.