Escalamos, yo revisando de letra en letra la misión que nos fue encargada, Anon vigilando mi paso, con sus dos pokémon a su lado; un fornido felino eléctrico de pelaje azul y el único en escala de grises quien predice los desastres. El no encontrar más que el calor a nuestro paso, con sus abrasivos brazos y un peso sobre nuestros hombros, no podía hacer más que hacerme sentir decepcionada al respecto.
Cerca de protestar y clamar por otro camino a seguir, visualizamos en la distancia a dos criaturas bañadas con un celeste que no le hacía justicia a este clima. La imagen fue tan nítida, tan llamativa y tan desafiante, que fui la única en dar el primer paso.
—
Dame un segundo, Anon, yo me encargo. Ha pasado tiempo desde que peleábamos. — Y es que un sólo día ya se sentía como mil años encima.
—
Sólo no intentes nada estúpido. — Me advirtió, lista para tomar nota.
Las pokémon me miraron como quien ve al depredador adentrarse en sus dominios. En un rápido movimiento, ya tenía lista la primera esfera que iniciaría la auténtica travesía.
En un imprevisto que no vi venir, las pokémon hembra usaron sus agujas venenosas sobre Espeon, quien fue incapaz de repeleros con su fuerza psíquica dado lo impar del encuentro. Tal fue el impacto, que al mismo tiempo que lanzaba lejos a una de los ojos rojos con el resplandor de su gema, él caía debilitado a causa de un veneno que no reparaba en amenguar. Le regresé, y casi que con un reproché alcé un puño en victoria.
—
¡Ja, en sus caras! Eso les pasa por... por... — Tragué saliva, los machos empezaron a salir de su escondite, claramente dispuestos a defender la especie. —
L-lindos Nidorinos.
—
Shh, no corras, son tranquilos, s-sólo no...
—
¡¿Estás de broma?! ¡Quiero vivir!
Haciendo oído sordo al comentario de la joven, comencé a correr como alma que se lleva el Darkrai. Anon palideció y decidió seguirme el ritmo, por el bien de nuestra supervivencia. Las dos tuvimos que pasar por un estrecho sendero, mientras que la manada a la que intentamos estudiar nos seguía enfurecida, con los ojos inyectados en ira y un paso alarmante. ¿Qué diría el profesor si le contaba tal anécdota? ¿Un año suspendido? ¡Antes me cocía la boca!
—
¡Por aquí! — Me gritó Anon, en lo que me jalaba de la manga.
Nos escondimos al nacimiento de una cueva, en lo que los pokémon morados pasaban de largo. Tuve que respirar por cinco segundos seguidos y muy profundamente para recuperarme del terrible susto que nos habíamos dado. Lejos se iban perdiendo las pisoteadas al suelo, dejando detrás de sí un rastro de tierra maltratada.
—
Nos hemos alejado mucho de los demás. ¿Y ahora? — Me cuestionó la chica, como si el fin del mundo nos hubiese sido anunciado.
—
T-tranquila, lo tengo todo bajo control. — Le mentí. —
Si algo malo pasa, sólo tomamos a Gilbert de una pata y salimos volando de aquí. P-por ahora, me muero por seguir explorando. — Me regocijé en la gloria, cambiando de tema. —
¡Conquistaremos este acantilado, wuooh!
Aunque peligroso, lo de antes fue muy divertido.
Sin hacer esperar mucho a la colorina, le di una de mis pociones a Tails para que pudiese recomponerse, no obstante, era un hecho que tendría que descansar en su pokeball durante los próximos diez minutos. Luego le pedí al ave de plumas negras que buscase desde el firmamento, si bien eso era algo arriesgado para estudiar la fauna, confiaba en que sería más acertado que dar vueltas en círculos. Sin embargo, tuve que darle una de las piedras que cargaba conmigo; pues caí en la cuenta de que esto ya no sería como ir a dar un paseo al bosque.
Mientras el diminuto pájaro de pico opaco daba vueltas a la par que resplandecía como mil soles, saqué mi cuaderno para tomar apuntes.
"Bitácora uno: Nunca jamás, y digo jamás, intentes ir de caza de Nidorino o Nidorina en esta época del año. Los machos tienden a guardar distancia de las hembras, mas son fáciles de provocar. Sus arremetidas son letales, tanto como una manzana envenenada de la que hablan ciertos cuentos de hadas".
—
¿Qué harás ahora? — Me preguntó Anon.
—
Buscar algún pokémon que sea lindo… o algún lugar que sea lindo. Estas tareas no se escribirán solas. — Le respondí, encogiéndome de hombros.
Guardé el lápiz y contemplé a un altanero Honchcrow, cuyo porte y elegancia sólo podrían pasar desapercibidos bajo un tenue manto nocturno. Satisfecha por ello, seguimos escalando con la colorina, aún quedaban muchas interrogantes sin responder.