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#1

"De la Tierra" Un fanfiction por Guidoco [J.R.R.TOLKIEN]

¡Feliz encuentro! y bienvenido al fanfic conocido como "De la Tierra". El mismo trata del mundo creado por J.R.R.Tolkien, donde sucede todo sus relatos, desde el Simarillion hasta El señor de los anillos. Nuestra historia se situa en el 2876 de la cuarta Era. La cuarta era, la era del hombre, es donde las cosas se ponen interesantes. A medida que vaya agregando contenido. Vamos entonces con la leyenda.

Leyenda:
Texto en cursiva es QUENYA el idioma de los Elfos que cruzaron a Valinor.
Negrita es Orco, idioma bruto que fue modificado del primer idioma elfo.
Cursiva y negrita es el idioma de los enanos, el cual fue creado por Aüle.
Normal es idioma que hablan los humanos.


Capítulos:
I. Aikanáro.
II. Manwë.
III.De Barcos y los Teleri.
IV. Tierra Media.
V. De Bares y Tavernas.
VI. La historia de Gromlin.
VII. Viaje por el Norte.
VIII. Ladrón tramposo.
IX. La cueva del Norte.
X. La cuarta compañera.
XI. De vuelta al Sur.
XII. Orcos.
XIII. Montaña Solitaria.
XIV. El Primero.
XV. Rumbo al Rey.


Capítulo I.

Spoiler
I. Aikanáro

Rodeada por los árboles más hermosos que ëa, el mundo, jamás conoció, se encuentra una pequeña pradera de pasto corto y muy verde. Los cortes de seda, que emergían de la tierra, se movían al compás del cálido viento, al tiempo que mostraba el curso del mismo. Las hojas bailaban mientras iniciaban su descenso hasta el suelo, pero el mismo era interrumpido por una fuerza abrupta. El susurro del viento era interrumpido por unos zumbidos muy fuertes, estos eran cortos y terminaban en un golpe seco que hacía sentir la fuerza de aquello que producía el sonido. Uno tras otro, estos fuertes silbidos, fueron escuchados con frecuencia. Pasaron unos minutos antes de que todo parar y no se escuchara más aquel, ahora distante, extraño sonido.

En el centro de la pradera se podía observar un gran árbol, este más alto que todos los que rodeaban el lugar. La corteza, la cual era de color marrón oscuro, se encontraba cubierta por decenas de flechas blancas que parecían haberse incrustado con mucha fuerza. Todas y cada una de ellas conservaban, en parte de su cuerpo, el objetivo al cual habían sido disparadas. Una hoja, cada flecha había atravesado una de las hojas que había caído de aquel árbol.
Una delgada, y elegante, mano se hizo presente en el lugar y tomó con delicadeza una de las flechas que estaban incrustadas. Sin esfuerzo alguno, como si fuera un juego de niños, la sacó de la corteza y la mantuvo en el lugar durante unos segundos. Luego de esto, la acercó hasta su rostro para poder admirarla mejor. El mismo era divino, su tez del color mármol más puro que la luz del sol. Sus labios, pequeños y esbeltos, le daban más elegancia y grandeza de la que ya poseía. La nariz, más chica de lo normal, hacía juego con la sonrisa que traía y sus ojos, los cuales eran marrones como la madera, combinaban con su cabello. Este era ondulado, asemejándose a ramas y raíces, le llegaba hasta la cintura. También estaba adornado con hojas, lianas y flores, dando la sensación que fuera más una planta que cabello. El vestido verde que traía puesto, hacía honor a su elegante cuerpo, el cual parecía haber sido esculpido por los mismos dioses. Este ser, el cual parecía de otro mundo, no se tomó mucho más tiempo para hablar:

- Sin duda alguna. –musitó aquella dama, mientras seguía observando la flecha con sumo cuidado, enfocándose en la hoja que traía la misma. – Sin duda alguna eres el mejor tirador que hay en toda ëa, joven Aikanáro. – terminó de decir, demostrando en la voz la calma y el cariño que estaba sintiendo en aquél momento.

-No es verdad señora Yavanna. – se hizo escuchar una voz masculina. Era un Elfo, alto como los de su raza, unos adornos de hojas sostenían el cabello plateado para evitar que se deslizaran por sobre el rostro y le impidiera ver bien, haciendo que se deslizara por la cabeza hasta los hombros y la espalda. Los ojos azules estaban clavados en el árbol, buscando algún objetivo al cual no hubiera logrado golpear. Tal como sus parientes, tenía una nariz pequeña y una boca chica con labios esbeltos. Una cota de malla era ocultada por una camisa verde, la cual no tenía mangas y hacía juego con los pantalones que traía puesto. Unas botas de color marrón oscuro hacían juego con el cinturón que sostenía la vestimenta. En su espalda traía un carcaj, el cual no tenía más de 4 flechas que no habían sido disparadas. Se le había llamado la flecha blanca, puesto que sus flechas siempre fueron de este color. Sobre la mano izquierda, el elfo, sostenía un arco élfico de color negro, este tenía runas del idioma quenya y la particularidad de traer dos tanzas, por las que podía disparar una flecha en cada una. Este joven elfo, cuyo nombre era Aikanáro, hizo una reverencia hacia Yavanna antes de seguir con su respuesta:
-El señor Legolas es un gran maestro, pero dudo mucho que pueda igualar su nivel, o las proezas, que tuvo durante las guerras del anillo hace ya mucho tiempo. Aún así, que uno de los grandes poderes de ëa reconozca una habilidad en mí, entonces debería aceptar el cumplido. Le agradezco profundamente, señora Yavanna, es un honor para mí recibir los elogios de un valar. -

- No es elogio aquello que has obtenido con tanto esfuerzo y por favor, joven Aikanáro, ni siquiera Oromë puede realizar una hazaña como esta con el arco. Ni una sola hoja se escapó a una de tus flechas. Es increíble como erez capaz de manejar ese arco que Fëanor hizo para tu madre. – le respondió Yavanna al elfo, el cual se acercaba hasta el árbol para comenzar a retirar las flechas. Ella decidió ayudarle y se sorprendió cuando todas las flechas que tomaban todavía podían utilizarse, ninguna había sido dañada en lo más mínimo. Se tomó un segundo antes de continuar con lo que quería decir. – Entonces no has cambiado de opinión, ¿cierto? ¿aun planeas dejar Valinor y explorar Tierra Media? –

- Sí. – respondió Aikanaro mientras asentía con la cabeza y luego prosiguió con la respuesta. – quiero explorar ese continente y llegar hasta donde ningún otro de los altos elfos llegaron alguna vez. Observar de cerca el lugar donde nuestros ancestros llegaron a ëa y fueron encontrados por Oromë. Quiero ir a Gondor y pararme junto al gran árbol blanco, para mirar a los campos donde se libró la batalla más importante de la tercera edad. – explicó sus motivos mientras que en sus ojos podía verse el brillo de la determinación y la llama del coraje que existía en su interior.

Yavanna lo miró de reojo y pudo admirar como realmente quería eso, pero ella conocía tierra media y sabía bien como eran las cosas. Recordó un poco el pasado y a los padres del Elfo, cuando encontró la respuesta que quería comenzó a hablar nuevamente:

-Es comprensible, tienes una llama más fuerte que la de tu padre y tienes más energías de explorar, y adquirir conocimiento, que tu madre. – le comentó a lo que terminaba de recoger todas las flechas. Volvió a dedicarle una sonrisa antes de seguir. – Recuerda que debes hablar con Manwë antes de partir de Valinor hacia Tierra Media. Él es el responsable de todos los seres vivos que habitan en Valinor, el permitirle la salida a uno esta en su criterio. -

- Confiaré que el señor de los vientos será capaz de entenderme y me permitirá realizar este viaje que tanto mi espíritu desea. – respondió el joven elfo con una gran sonrisa de confianza en el rostro.

La señora de los bosques volvió a sonreír y le tomó del brazo derecho para comenzar a caminar en dirección al bosque que los rodeaba. Las hojas eran todas de diferentes tamaños, formas y colores. Cada árbol tenía su propio color de hoja característico. Así como también tenían formas diferentes, cortezas diferentes, flores y frutos. El bosque de los 1000 colores lo llamaban y era un nombre muy bien elegido para un lugar tan bello como aquel. Mientras los dos caminaban, admirando lo que tenían a su alrededor, otro elfo se fue acercando en sigilo hasta ellos. Su pelo rubio y trenzado, junto con dos ojos azules y ropa verde de bosque delataban la identidad y procedencia. Aun de esa forma, había otra cosa que lo delataba aún más que eso, era un gran arco blanco y dos espadas en su espalda.

Antes de estar lo suficientemente cerca como para poder saludarles, el recién llegado se irguió hasta su máxima altura y saludó sin previo aviso:

-¡Aikanáro Tinúviel! ¡¿Qué acaso no te había dicho que si ibas a entrenar yo tenía que estar presente?! – exclamó, con una gran indignación fingida, el elfo que había hecho acto de presencia en el lugar.

El nombrado se sobresaltó ante la presencia de otro ser vivo en el lugar, puesto que no lo había escuchado o visto. Reconoció a su maestro en el momento que lo había escuchado, pero esto no quitó la sorpresa y el plan de venganza que estaba desarrollando en su cabeza:

- Maestro Legolas, es bueno ver que, a pesar de sus más de cuatro mil años de edad, la primavera de su vida aún no ha terminado. – compartió el saludo en un tono de broma, mientras ambos cruzaban miradas. Poco duró la seriedad, puesto que los dos comenzaron a reír abiertamente mientras Yavanna los miraba con algo de envidia. Los dos rieron durante un buen rato, sabiendo que solo era un juego entre maestro y estudiante. Luego de que las risas se fueron apagando, ambos, tomaron una posición mucho más calma y, los tres, comenzaron a caminar nuevamente.

Ahora, en su camino a la ciudad, la tranquilidad había logrado que pudieran escuchar todo con claridad. El crujir de las hojas bajo sus pies, el correteo de conejos en el césped, el aleteo de un ave que frenaba su vuelo para descansar sobre una rama. Así de asombrosa era la audición que poseían los Elfos, la mejor solo superada por murciélagos y perros, pero los elfos tienen algo con lo que puede superar a cualquier otro animal vivo: La vista. La visión de un Elfo es por lejos lo más sofisticado que poseen y con la misma son capaces de ver a kilómetros de distancia, observar hasta en el más mínimo detalle de todo lo que le rodea, no hay criatura viva en ëa que tenga una vista más aguda que la de los elfos, con la excepción de Manwë el señor de los vientos.

Con el pasar de los minutos, los tres caminantes, comenzaron a charlar sobre los más recientes asuntos que estaban en Valinor, las fiestas que se acercaban y los rumores que iban apareciendo. Fue Legolas quien utilizo esto para iniciar el tema de conversación que quería tocar:

- He escuchado, Aikanáro, que planeas salir de Valinor y viajar a tierra media, ¿Acaso es esto cierto? – preguntó con serenidad mientras seguía con su camino.

- Así es, Maestro, quiero viajar a tierra media, conocer, explorar y vivir todos los relatos que me fueron contados de niño. – Explicó el joven elfo, esta vez al ser que le había enseñado tanto en los últimos 200 años.

- Hemos pasado mucho tiempo juntos durante los últimos doscientos cuarenta y tres años, por lo que puedo decir que no vas a cambiar de opinión respecto a tu decisión, ¿Cierto? – volvió a preguntar, pero esta vez era solo para confirmar con lo que estaba asumiendo.

-Si, haré mi viaje. – le respondió el estudiante.

- Entiendo. Bien, ahora que sé de tu decisión y determinación, quiero darte dos regalos antes de que partas. – le dijo al momento que sacaba de su bolso un juego de cinturones de cuero. Estos parecían viejos y muy resistentes, pero no fue esto lo que sorprendió al joven, sino que colgando de los cinturones había dos espadas cortas con un mango de marfil y bordes dorados. Aikanáro pudo reconocerlas en el acto, puesto que las había visto antes y había escuchado tantas historias de las mismas. La cara de desconcierto que tenía demostraba que no podía creerse lo que estaba sucediendo y esto generó que su maestro comenzara a reírse por la reacción de su estudiante. Cuando se calmó, le ofreció nuevamente con las manos para que las tomara. – Vamos Aikanáro, tómalas, te pertenecen ahora. -

Cuando escuchó la respuesta de su maestro, no esperó mucho más y tomó las armas con sus manos. En un rápido movimiento se quitó el carcaj y el arco para colocar en su cintura los dos cinturones. Esto hizo que las dos espadas quedaran cruzadas a la altura de su cintura y podían ser desenvainadas con facilidad. Sobre las mismas colocó el carcaj con las flechas, de esta forma podía retirar una flecha sin problema u obstáculo de las espadas. Luego de eso cruzó el arco por su espalda quedando completamente listo. Se tomó un minuto para admirarse y probar la salida de las espadas y de las flechas. Cuando estuvo satisfecho miró a su maestro y realizó una reverencia.

-No tengo manera de agradecerle todo lo que hizo por mí, maestro, ahora este regalo no hace más que aumentar la deuda que tengo con usted. -
Legolas se acercó hasta su estudiante y le dedicó una sonrisa, mostrando todo el afecto y cariño que le tenía. Fue entonces cuando él hizo una reverencia a su estudiante.

- Es por eso que yo quiero pedirte algo Aikanaro. En tierra media, cerca de mi viejo hogar, se encuentra un lugar conocido como la Montaña Solitaria. Este era el hogar de mi viejo amigo, Gimli. – le contó a su estudiante, el cual se encontraba preguntándose a que se estaba refiriendo su maestro. Iba a preguntar, pero Legolas continúo con su petición antes de que pudiera interrumpirle: - Quiero que lleves algo en especial a esa montaña. Gimli me pidió que sea e esa forma por eso quiere hacerte este encargo. Quiero que lleves un objeto en específico a la montaña solitaria. ¿Puede ser que hagas eso por mí? -

-¡Si! –contestó el joven mientras asentía con fervor. – Haré esto que me pides maestro Legolas, pero tengo una curiosidad, ¿Qué es el objeto que deseas que lleve hasta la montaña solitaria? –preguntó ahora el joven con la duda en su mente.

-Quiero que lleves el casco de Gimli devuelta a su lugar de origen y lo dejes en la tumba que crearon para él. Si bien el cuerpo de Gimli reposa aquí, en Valinor, él quería que su legado continuara en Tierra Media. Por eso necesito que lo lleves y lo dejes en la tumba que le hicieron en su honor. – Le respondió con sinceridad mientras sacaba de su bolso un bollo de tela élfica, en el cual tenía dentro el casco de su amigo.

El joven aceptó el paquete con una sonrisa en el rostro. Le temblaban las manos, puesto que sabía cuanto valor histórico y sentimental tenía aquel objeto que le habían dado. Lo guardo en su propio bolso con especial cuidado de ni siquiera mover un solo centímetro el casco dentro de su envoltorio. Cuando terminó de hacer esto se volvió ver a sus dos acompañantes y les dirigió una sonrisa, ellos se la devolvieron y nuevamente afilaron sus cuerpos en dirección a la ciudad. Aikanaro espero un segundo y luego miró hacia el horizonte:

- Vamos a la ciudad, tengo que preparar todo y hablar con el señor de los vientos. Tierra media espera por Aikanáro Tinúviel. – Dijo al momento que comenzaba a caminar en dirección a la ciudad.


Eso es todo por ahora, espero que les guste y no se vayan sin comentar. Dentro de poco subiré el segundo capítulo y aquellos que quieran aparecer, podrán hacerlo dejando aquí el nombre y la raza (Obviamente busquen que sea un nombre ambientado al mundo).

Saludos O:
#2
¡Genial! Con esa sola palabra puedo describir el capítulo entero.
Me encanta el primer parrafo en el que nos ambientas en una escena pacífica y armoniosa que termina siendo interrumpida por el pasar de las flechas de este nuevo aventurero, Aikanáro Tinúviel.
Si bien no conozco toooda la historia de El Señor de los Anillos (ni sus otros libros) en mi defensa digo que he visto las películas y algunas cosas recuerdo sin embargo pude captar de como va la historia.
Ya quiero los otros capítulos. ¿Que aventuras le depararan a Aikanáro? ¿Monstruos tal vez, o desafíos peores?
No se, espero continuar viendo esta historia y que progrese, así mismo que obtenga muchos lectores.
¡Saludos y suerte con el FanFic!
#3
Corrección freak: Ëa va con Ë mayúscula, el universo siempre se trato de ente.
¿Aikenaro no era Aegnor? DIOS, quiero ver como lo sitúas tu fanfiction en la época temporal después de las guerras del anillo.

Que genial, esto es después de que los elfos se marcharan durante la guerra del Anillo.

¡LOS CUCHILLOS DE LEGOLAS! Lol, entregarle un arma así delata la confianza que tiene por su estudiante.

Bueno, veamos, me gusto, no me atrajo tanto al principio pero sin embargo se que con tiempo (Y las historias de fantasía son así, requieren su tiempo para desarrollarse) vas a presentar una historia bastante épica con cierta complejidad, así que estoy seguro de que en unos capítulos todo se va a poner bastante interesante, y espero que lo sigas, porque amo Tolkien y ya existen pocos fics de él y sus sagas.

Me gusta como describiste cada objeto, un poco tosco, pero bien descrito al fin y al cabo, aunque podrías haber darle un tiempo al Bosque de los mil colores, no sé, digo yo.
Pero la descripción que les diste a los personajes son geniales, lo pude imaginar perfectamente.

En fin, felicidades por tu primer capitulo, espero que lo sigas.
¡Saludos!

PD: Poneme en el fic, que se llame Drafur, de raza Enano, el apellido ponelo vos acorde como quieras, que sea del linaje de Durin si es posible (???)

#4
Muy interesante, sigue así, la verdad me llamo mucho la atención desde que vi el título, pero no había tenido la oportunidad de leerlo...Estoy ansioso por leer más...

PD: Las descripciones del Elfo me recordaron a Link...XD... Y si no es mucho pedir, me gustaría aparecer...Raza: Elfo Nombre: Saeros Númenessë
Try Harder!!!!!! Never Give Up!!!!!!






#5
@Rocket Raccoon
Me alegra que el capítulo te pareciera Genial, espero que este que vino sea igual de bueno que el anterior. Muchas gracias por haber leido. Te recomiendo que leas el libro en el cual va a estar basada esta historia "El Simarillion" puesto que es mucho mejor que el Señor de los Anillos y lleva a lo que es la historia esta en si.

@Rakhan Pentakill
Gracias por la corrección, a tenerla en cuenta. Ya vas a ver como es todo en Tierra Media y creo va a tener mucha más acción que otra cosa, por el avance tecnológico que va a tener TM comparado con el pasado. Claro que va tardar en hacerse interesante, este capítulo es sobre lo anterior a la partida, ya a partir del próximo se ponen un poco más interesantes las cosas. Drafur, aparece a partir del capítulo 5 va a ser bastante bueno ese.

@AbsoluteZero7991
Muchas gracias por haberlo leído, espero que este llegue a igual de espectativas que el anterior y espero tu comentario nuevamente. Muchas gracias de nuevo.


@Faku
Gracias por el comentario FAQ, ya tomé en cuenta lo que me dijiste y empece a revisar bien el tema de los tiempos. Veamos que tal te parece este. Y si queres un personaje que aparezca, me avisas.








Leyenda:
Texto en cursiva es QUENYA el idioma de los Elfos que cruzaron a Valinor.
Negrita es Orco, idioma bruto que fue modificado del primer idioma elfo.
Cursiva y negrita es el idioma de los enanos, el cual fue creado por Aüle.
Normal es idioma que hablan los humanos.


II. Manwë

Spoiler


II. Manwë

De todos los Valar que caminan sobre Ëa solo Manwë, el señor de los vientos, es considerado como rey. Segundo en ser creado por Eru Ilúvatar, y también segundo en llegar a Ëa, es proclamado por todos los elfos como el Valar más puro existente. Esto es porque su corazón no conoce maldad alguna. Aunque esto debería ser considerado como algo muy bueno, fue esta cualidad que tiene que permitió a su hermano, Melkor, a cometer todas las atrocidades que cometió.

Allí estaba él, con el cabello castaño y laceo que le llegaba hasta la parte media de la espalda. Una corona de oro, mithril y gemas ayudaba al gran señor para que su cabello no cubriera su rostro. Sus ojos de color cielo resplandecían ante la luz, mostrando así toda la majestuosidad que aquel ente tenía. La nariz era pequeña y aunque no lo suficientemente pequeña de su compañera. Su boca era normal, como uno se imaginaría la boca de un hombre adulto. Aquel ser tenía puesta una gran túnica que tapaba desde el cuello hasta la punta de su calzado. Adornado con runas, las cuales habían sido bordadas cuidadosamente en la era de los dos árboles la cual era la única que había conocido verdadera paz. Debido a que aquella túnica no permitía ver las piernas de Manwë, muchos creyeron mñas de una vez que el señor de los vientos volaba y no utilizaba sus piernas, más que para estar estacionado.

La compañera de Manwë, que estuvo con él durante todo el tiempo desde el inicio de Ëa, era Varda. Varda, también conocida como la señora de las estrellas, fue el tercer valar en llegar a la tierra, solo superada por Melkor y Manwë. Durante la era oscura, anterior a la llegada de los Elfos a tierra Media, fue el poder que le brindó la luz a todo el mundo y permitió que los Elfos pudieran ver en la eterna noche que existía en aquella época. Ella era solo unos centímetros más baja que su esposo, su cabello era muy largo y ondulado. El mismo era de color negro y repleto de destellos blancos, como el cielo nocturno. Sus ojos eran de color violeta y demostraban todo el afecto, y cariño, que tenía por los elfos. La pequeña nariz hacía juego con la boca, la cual era de un tamaño promedio para una mujer. Sus vestiduras no dejaban de asombrar, puesto que se componían de una túnica con un vestido. Mientras que la túnica era de color blanco nieve, el vestido era de color violeta como sus ojos. Adornos de joyas y pliegues por toda la vestimenta mostraba un tinte de realeza en aquel ser.

A diferencia de su esposo, Varda, si mostraba su caminar y este podía hacer que cualquier ser vivo terminara completamente enamorado de ella. Hermosa, deslumbrante, la belleza en cuerpo físico, solo eran algunas de las formas en las que podía llamarle a Varda si se enfocaba en el aspecto físico. Aunque no estaban alejadas de la realidad, puesto que aquellos adjetivos hacían justicia a su cuerpo. Su personalidad era aún más atractiva que su cuerpo, puesto que amaba y quería a todo ser vivo que existía en Ëa. Incluso aquellos que alguna vez fueron corrompidos por el mayor y más fuerte de los valar, ella les tenía un afecto que ningún otro podía tenerles.

Ahora ambos habían bajado de su hogar, la montaña más alta de toda Ëa, para hablar con uno de los elfos que vivía en sus dominios. Sobre sus pies un camino de piedras que había sido tallado con mucho cuidado. Pasto rodeaba el camino, el cual estaba bastante bien cuidado. Un cerco de madera, muy buen trabajado, mostraba el límite de aquel lugar y por sobre el mismo, un paisaje de montañas y árboles. Era la parte externa de la ciudad Valimar, el centro de todo Valinor, donde residían la mayoría de los Valar y Maiar. La casa, hacia la cual estaban caminando, era de madera con partes de marfil y bordes dorados. Ventanas a los costados de la puerta, bordes de madera se mezclaban con dorados. Comparada con la ciudad misma, la casa era bastante humilde, pero aun así se notaba que debían tener algo de prestigio. Un cartel de madera se encontraba sobre la puerta, escrito en Quenya (el idioma de los altos elfos, o aquellos que llegaron a Valinor en la edad de los árboles) se podía leer “Aikanáro”. Sobre el mismo se encontraban dos nombres, pero no podían leerse porque habían sido tachados con varios cortes sobre la madera.

Manwë levantó una de sus manos y golpeó un par de veces, con sus nudillos, contra la puerta de madera. Ambos esperaron unos minutos luego de haber escuchado un grito de respuesta que provenía desde dentro. Pasado el tiempo, la puerta, se abrió y dejó ver al joven Elfo que traía una sonrisa en el rostro. Aquella expresión facial cambió a una de sorpresa al ver quienes se encontraban en la puerta. Le tomó unos segundos recuperarse del momento y, al lograrlo, los invitó a pasar con una reverencia mientras volvía a tener una sonrisa en el rostro.

- Señor Manwë, señora Varda, por favor pasen. Sé que no es un lugar digno de los dos valar más importantes, pero sentiros como en su casa. – dijo el elfo mientras se movía a un costado para permitirles a los dos ingresar a la vivienda.

A paso lento, pero constante, los dos entraron al lugar y pudieron observar el pequeño pasillo que tenía de entrada. Era muy luminoso y estaba decorado con algunos objetos que mostraban antigüedad. Avanzaron unos pasos por el mismo hasta dar con la sala de estar, allí había una mesa, unas plantas y algún cuadro pintado. Con una reverencia, el joven Elfo, los invitó a sentarse en la mesa y así lo hicieron ambos. Luego de esto, Aikanaro, les ofreció algo de beber, pero lo rechazaron y le pidieron que se sentara con ellos. Él obedeció luego de haber dejado todo en orden y los tres mantuvieron un silencio durante unos minutos.

Mientras que Aikanáro comenzaba a preguntarse qué era lo que estaba sucediendo, Manwë fue el que tomó la iniciativa de la situación:

- Lamentamos molestarte en esta hora, joven Aikanáro. – se disculpó y, antes de que pudiera seguir, fue interrumpido por el mencionado.

- No es ninguna molestia, señor, es un honor que vengan a mi hogar vosotros a hacerme una visita. – le respondió con algo de tranquilidad.

- Gracias por eso. La razón por la que estamos aquí es la decisión que tomaste de ir en dirección a Tierra Media. O eso pudimos escuchar. – explicó el rey de los valar y se tomó un segundo antes de continuar. – ¿hay alguna razón especial que te llevó a tomar esta decisión? Porque si es por tus padres, debes saber bien que puedes visitarlos en las estancias de mandos sin ningún tipo de problema. -

- Lo sé señor Manwë, pero esto no tiene nada que ver con mis padres o lo que les sucedió a ellos en Tierra Media. Es por mis propias razones y para poder saciar mi espíritu que deseo poder viajar a Tierra Media. Deben de haber escuchado las razones que les di a mi maestro y a la señora Yavanna, ¿cierto? – preguntó con algo de curiosidad y le respondieron asintiendo la cabeza. Cuando tuvo su respuesta, él, se tomó unos segundos antes de continuar. – Entonces es simplemente eso, no tengo ninguna otra razón para hacer este viaje. Además que seguro podré vivir las aventuras que tanto mi corazón anhela. -

Manwë se quedó pensativo, se preguntaba si realmente era es el propósito de la partida. No le gustaba para anda que un ser vivo dejara Valinor, puesto que ya no estaría bajo su protección y tampoco tenía buenos recuerdos de los últimos que habían partido. Muchos de los mismos terminaron en las estancias de Mandos, inocentes o culpables no importaba el caso todos terminaban allí. El solo recuerdo de las peleas, las masacres y los resentimientos que hubo hacían que quisiera negarse al pedido del Elfo, pero podía ver en él que no lograba descifrar y lo inquietaba. Esto llenó de dudas al rey de los valar. ¿Podía ser que la historia se repitiera si no le permitía la salida de Valinor? Y aun si le permitía la salida ¿acaso tendría el mismo destino que sus padres? En ese momento no podía saberlo con certeza, pero si podía observar en él la determinación y fuerza de su viento, los cuales eran más fuerte que en cualquiera de los elfos que había visto antes. Entonces, en aquel momento, recordó que ya había vivido una situación muy similar con los padres del elfo y, aún cuando los había dejado partir a Tierra Media, ninguno de los dos podía igualar la fuerza del viento de su hijo. Esto hizo que comenzara a meditar sobre su decisión. No habían pasado 30 segundos que fue interrumpido por el joven:

-Con todo respeto, señor Manwë, creo que estoy listo para ir a Tierra Media. Estuve entrenando por tanto tiempo que mi puntería es infalible. La señora Yavanna lo certificó, que ni siquiera el señor Oromë puede igualar mis disparos. – acotó Aikanáro con seguridad en sus habilidades. Se tomó un segundo para respirar y pensar bien como continuaría con lo que estaba diciendo. Cuando encontró las palabras que quería utilizar prosiguió. – Además mi maestro, Legolas, cree que estoy listo. Si pensara de otra forma no me hubiera pedido que hiciera un recado por él. Además conoce muy bien Tierra media, si él cree que estoy listo entonces debo estarlo. -

Manwë se sorprendió por lo que le había dicho y pareció enojrase un poco, sabía que si daba una respuesta un poco dura podía llegar a terminar mal. El Elfo podía llegar a revelarse y todo terminaría de igual forma a lo que había hecho Feänor durante la edad de los árboles, aquello no le gustaba para nada al señor de los vientos. A pesar que no lo demostraba abiertamente, Manwë, tenía un gran afecto a los Elfos y los quería mucho más que a sus hermanos, los segundos en llegar a la tierra, los hombres.

- Creo que el juicio de Legolas está fallando, Aikanáro, el viejo hogar de tu maestro cambió demasiado desde que lo dejó atrás. Ya no hay Elfos que convivan con los hombres. – Le respondió al joven, buscando que entrara en razón sobre su viaje y no quisiera realizarlo. Respiró profundamente, haciendo que se escuchara la exhalación, y luego de eso continuó. – Además sabes bien que tus padres fueron quemados vivos por los humanos, en una hoguera, sin ningún tipo de justificación. –Terminó el Rey, pero sus palabras no hicieron más que enfurecer a Aikanáro, quien respondió en aquel momento.

- Lo de mis padres fue culpa de ellos, sabían que era un pueblo de humanos siendo manejado por orcos y, por sobre todo aquello, sabían que los orcos odian a los elfos desde los inicios de los tiempos. Aun así ellos decidieron continuar por ese lugar. Ni Tierra Media, ni los hombres, tienen la culpa por las pésimas deciciones de mis padres. – respondió con algo de rabia en sus palabras, demostrando que seguía plantado en su decisión.

El tono, la rabia, todo hacía que Manwë se acordara cada vez más a Feänor y las actitudes que estaba demostrando lo entristecían mucho. Le hacían pensar que las cosas podían llegar a terminar de la misma manera que terminaron con aquel Elfo durante la edad de los árboles, poco antes de que supieran de la llegada del hombre al mundo. Recordando aquellos tiempos, Manwë, ideó una idea que dejaría satisfecho a ambas partes.

-Aikanáro permíteme contarte una historia. – le propuso, par aluego hacer una pausa y pensar bien la manera en la que iba a relatar todo. – Luego de que Eärendil viniera a buscarnos y utilizaramos todo nuestro poder para arrasar con Angband, derrotamos a Melkor y recuperamos los tres Simarillis. Esto fue un momento de alegría para todo Valinor, puesto que las tres piedras que contenían la luz de los árboles volvían a nosotros, pero la situación no fue de esa forma. Los hijos de Feänor reclamaron los Simarillis por derecho, puesto que habían sido creaciones del padre. Tuvimos que entregárselos y aquellos que los recibieron comenzaron a ser afectados por los mismos. Los Simarillis comenzaron a ocasionar desastres y locura en aquellos que los tuvieron y las tres piedras se perdieron. Una en la tierra, una en el mar y una en los cielos. – le contó al Elfo, el cual sabía la historia, pero no que se habían perdido de aquella forma. El rey parecía estar tranquilo, a pesar que no le gustaba para nada lo que había sucedido en aquella época. Aún cuando era conocido por parecer frío y estricto con todos, él amaba de una gran manera a los Elfos y cada pérdida que hubo le dolió en gran forma. Aún tenía culpa por haber permitido que su hermano quedara en libertad y causara tanto daño al mundo, y a los elfos. Mientras que pensaba en aquellos recuerdos, se generó un silencio pesado y podía observarse en Manwë el debate interno que estaba teniendo. Pasaron unos minutos antes de que volviera a hablar. – Está bien, te permitiré ir a Tierra Media, pero a cambio tienes que hacer algo que quiero. Será la única manera de que te permita realizar este viaje. -

-Como una misión, ¿cierto? – preguntó Aikanáro con intriga, pensando en que podía llegar a ser lo que le pidiera.

-Si, una misión. Tendrás que viajar a Tierra Media y recuperar los 3 Simarillis que se perdieron durante la primera edad. Para completar esta misión tendrás cinco años, ni un día más. Si para el día número 365 del quinto año de tu arribo a Tierra Media no te encuentras de Valinor, mis aves irán a buscarte y te traerán de vuelta sin importar lo que esté sucediendo. – le informó con una voz autoritaria que haría temblar a cualquier mortal. El punto era que supiera de su poder y no quisiera pasarle por alto. Ahora la misión estaba planteada y faltaba que el elfo aceptara la misma, pero esto imponía un problema, la misión que Legolas le había encomendado pasaba a formar parte de un segundo plano.

El silencio volvió a hacerse presente en la habitación y solo las miradas se cruzaban. Una de ellas mostraba amor y preocupación que iban dirigidas al elfo. Se trataba de Varda, quien había estado sin hablar durante todo el tiempo. Había escuchado todo lo que se había discutido sin inmutarse. Abrió su boca para mostrar una gran sonrisa, mientras pensaba en las palabras que tenía para decir:

- Aikanáro, lo que Manwë no está diciendo es que no le gusta para nada que estés dejando Valinor porque… -

-No es cierto. – interrumpió el señor del Viento, de una manera apresurada.

-Manwë, querido, no me gusta que me interrumpas de esa forma. Me enojo mucho cuando se me interrumpe de una manera grosera. ¿Recuerdas lo que sucedió la última vez que me enojé? – le preguntó con una sonrisa que prometía dolor, tierna, pero capaz de genera que un Balrog se acobardara de solo verla. Manwë le tenía miedo a su esposa cuando ella se enojaba, y lo bien que hacía en tenerle miedo, después de todo el gran señor oscuro solo le tenía miedo a ella. Cuando él asintió para que ella continuara, se tomó unos segundos antes de continuar con lo que estaba diciendo. – Lo que iba a decir, antes de que se me interrumpiera de semejante forma, es que le molesta porque te tenemos un gran cariño y no queremos que nada malo te suceda. Ya permitimos que sucediera algo similar con tus padres cuando los dejamos partir, no queremos que te suceda lo mismo. -

-Agradezco con toda mi alma la preocupación de los dos valar más importantes de todo Ëa, señora Varda, pero realmente necesito hacer este viaje. – le respondió el elfo a la señora de las estrellas. Ella, entre todos los valar, era la más querida por los elfos, puesto que ella había sido su guía. Creó las estrellas durante la época de la oscuridad para que los elfos pudiesen ver en esos tiempos.

Manwë observó a Aikanáro con toda autoridad que tenía. Pudo observar la determinación del joven y cuando se dio cuenta de la fuerza de voluntad que tenía el joven terminó de decidirse por completo:

-Alístate joven Aikanáro. – le ordenó con firmeza. – Mañana partirás a Tierra Media. -


Eso es todo por ahora, espero que les haya gustado, nos vemos en el que sigue.

Bye Bye
#6
¡Buenas, Guidoc! Como gran seguidor de las novelas de Tolkien que soy, he decidido leerme tu fiction, del cual daré una crítica general ya que afortunadamente sólo llevas 2 capítulos.
Por desgracia, nunca he llegado a leerme El Silmarion así que tuve que informarme un poco sobre la ambientación de tu fic. Del primer capítulo tengo que destacar la aparición de Yavanna, esos primeros párrafos donde se encuentran Aikanáro y Yavanna me han parecido realmente magníficos. El hecho de que Légolas regale sus cuchillas a su estudiante me hace comprender la gran confianza que tiene en su estudiante. Como dije anteriormente, no me leí el Silmarion pero conocía la historia de Manwe y su siniestro hermano, Melkor. En esto también debo felicitarte, ya que has unido bastante bien las diferentes edades, de una manera discreta pero correcta. Debo admitir que tengo algunas dudas, y una de ellas es lo que pasó una vez Sauron fue derrotado en tu fiction, pero siento que se resolverán una vez sigan los capítulos.
También, esto es subjetivo, pienso que Aikanáro tiene un "objetivo secreto" en Tierra Media, como si tuviera un motivo mucho más importante que encontrar los 3 Silmarillis y colocar el casco de Gimli en su tumba. ¿Venganza quizás? o ¿quizás le gustaría ver lo que está ocurriendo en Tierra Media para intentar "solucionar" todos los conflictos?
Sea como fuere, lo bueno está a punto de comenzar, y espero leer con frecuencia tu fiction porque me ha encantado los dos capítulos que he leído.
Y bueno, comentando un poco la narración, me ha parecido una gran idea el uso de leyendas para diferenciar los diferentes idiomas, eso suma muchos puntos positivos. También has descrito muy bien los personajes que han ido apareciendo, pero quizás no tanto sus alrededores respecto a los personajes. Errores de tipeo, alguna que otra tilde, y unos cuantos errores leves. En general me ha parecido un fic bastante bueno, del cual espero un tercer episodio lo antes posible.
Espero que el comentario te haya agradado, aún viniendo de un user nuevo como yo xD
¡Suerte en tu fic y un saludo! Aquí tienes un nuevo lector.