Es lindo tener tu primera paga, incluso aunque ésta se trate de una manzana a medio comer. ¿Para qué podría utilizarla? Quién sabe, quizás pronto lo descubriría, como tal vez no. En medio de mis dudas existenciales, alcancé a notar como la llama del peligro se avivaba más allá de una ventana. Un chico estaba en aprietos arriba de un árbol, colgando de una rama; ¡y no había nadie cerca a quien pedir ayuda! Por si fuera poco, al agachar la mirada, los fieros colmillos de dos caninos le amenazaban desde la distancia.
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Bah. Si ya pensaba que estaba loca, creo que hoy me superaré.
Tras abrirla, me puse de pie en la ventana, pisando el marco inferior. Temblaba por la locura que estaba por hacer. Como algo saliera mal, iría derecho a la enfermería en varias piezas, si es que no pasaba directo a saludar al Darkrai, y si salía bien... ¡también! Nada ni nadie me garantizaban una victoria contra esos perros súbditos del mensajero del Abbys, pero debía intentarlo, era todo cuanto podía hacer.
Con una pose digna de los Power Rangers, los apunté desde lejos, buscando ganarme su atención.
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¡Hey, pulgosos feos! ¡Métanse con una de su tamaño! ¡Yo los castigaré... en el nombre de la justicia! — Inflé la pokéball de Ralts y lo deje salir, posándolo sobre mi cabeza. —
Muy bien Mika, has lo que ensayamos el otro día con tu confusión; pero ahora no en manzanas, ¡sino nosotros! — La pequeña criatura me miró estupefacta, no le di tiempo de responder y me lancé. Más tarde me reprocharía por hacerme la heroína de este capítulo de mi vida.
No pude evita gritar cuando estuvimos a un par de metros del suelo. Lo anterior fue suficiente para que Ralts nos rodeara a ambos con una aura azul, como resultado logramos levitar por unos cinco segundos, pero luego... ¡PAF! El golpe me dolió, aunque fue menos letal a un impacto directo. Sobreviví de puro milagro, todo gracias a unos arbustos muy convenientes en una jardinera.
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¡Y UN DARKRAI! UGH... mi cabeza... ouch ouch. — Me observé la mano tras acariciarme la cabeza, sólo tenía algunos rasguñones, nada serio. —
Debo dejar de imitar las cosas que pasan por la televisión. — Ralts tiró de mi uniforme y entonces vi a los perros a lo lejos, más de los que imaginé. Tomé a mi amigo en brazos y cuando los tuve cerca, a duras penas, di la siguiente orden. —
¡Hazlos a un lado, Mika! — Obediente, el pokémon psíquico se concentró para llevar a cabo mi orden. Sin perder el tiempo, corrí para extender los brazos hacia el árbol. —
¡Rápido, déjate caer! ¡Que mi amigo no aguantará mucho! — ¿Lo siguiente sería una batalla? Estaba lista. Ningún Herdier iba a irse limpio hoy.
Ni bien la batalla comenzó, escuché un “crac”. Un sonido de una rama quebrada, ni más ni menos, y luego de eso el chico cayó en mis brazos cuan princesa en peligro. Aunque, de no ser por mi pokémon psíquico y su ayuda, probablemente hubiera caído yo también. —
¡Atento ahí! — Grité, pues uno de los Herdier se había lanzado a morderlo y justo a tiempo le ordené que retrocediera, a la par que llamaba a otro pokémon al combate.
Al ganar, agarré fuerte la pokeball del Herdier atrapado, mientras que de reojo vi como el otro huía en dirección contraria, dejando claro que aquí ya no la iba a volver a fastidiar.
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Bienvenido al colorido mundo de yupi, Simurdiera. Pagarás tus crímenes siéndome leal y ayudándome a cazar a los siervos del Darkrai. — Susurré a la pokeball, mientras la guardaba en mi bolsillo.
A esas alturas, y en lo que se desarrolló el combate, ya había dejado al chico a un lado. Al verlo bien, corroboré que era de más o menos de mi edad, de la división Abra a juzgar por su uniforme, aunque llevaba el largo pelo negro desordenado además de unas gafas. Le noté tembloroso.
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Uhm, ¿hola? Bueno, al diablo, esto de las presentaciones no es lo mío. — Hice un gesto de indiferencia con la mano. Aún me ardían algunos cortes. —
Sólo tengo mucha curiosidad al respecto. ¿Cómo fue que llegaste hasta ese árbol y fuiste acorralado por esas dos criaturas? ¿Eres… perseguido por algo o alguien? — ¡Me sentía emocionada! ¿Que si cosas extrañas estaban sucediendo en la Academia? ¿Qué si un manto de oscuridad se cernía en nuestras vidas estudiantiles? ¿O si sólo tuvo mala suerte? Como sea, estaba a punto de averiguarlo.