Dyfir Doherty - Día 1
@Abdy
@Sophie Smith
— Es hora de que descanses, Llamita, te lo has ganado —dijo Dyfir afectuosamente, sacando una vez más la pokebola de su Cyndaquil —. La próxima vez que salgas, tendrás una bonita pila de carbón esperándote.
El Cyndaquil antes de ser regresado al pequeño dispositivo de transporte, restregó afectuosamente su rostro contra el de su entrenadora, murmurando por lo bajo y demostrando lo contento que estaba.
Luego de que el destello rojo engullera a su compañero, Dyfir pensó que ya era momento de regresar a la Academia. Tenía que entregarle el Pidgey a Henry para que, de una vez por todas, su “contacto” moviera esas nalgas y se pusiera a trabajar en su problema. Pero algo la detuvo…
El arbusto seguía sacudiéndose. Dyfir creía antes que eso sucedía por el aleteo del Pidgey que ahora reposaba en una pokebola en su cinto, pero que aún se moviera significaba que había algo escondiéndose entre sus hojas.
De nuevo, la curiosidad le hizo olvidarse de sus prioridades y comenzó a acercarse lentamente, teniendo mucho cuidado de no hacer demasiado ruido al pisar las hojas secas que infestaban en lugar, extendiendo su mano cuidadosamente, como si cualquier movimiento demasiado brusco pudiese producir un escándalo. Ya estaba muy cerca, podía sentir las hojas acariciando la punta de sus dedos.
— ¡Hola!
Dyfir pegó un gritito del susto y giró rápidamente, tropezándose cara a cara con un niño que aparentaba tener alrededor de diez años. Vestía un uniforme que la chica reconoció al instante: el de la División Abra. Era la primera vez que lo veía y, por la edad que aparentaba, seguramente era un recién llegado.
Respiró pausadamente, intentando que su corazón volviese a latir a una velocidad normal mientras detallaba al niño. Llevaba el cabello negro corto, su piel era casi tan pálida como la de ella y sus ojos, de un hermoso color gris, eran grandes y le devolvían la mirada con un aire bastante burlón.
Bueno, al menos alguien se estaba divirtiendo…
— Niño, casi me matas, no oí cuando te acercabas —dijo Dyfir, sosteniéndose el pecho para asegurarse de que su corazón no lo perforara —. Eres nuevo, ¿cierto? Nunca te había visto… o quizás sí pero no lo recuerdo. ¿Cómo te llamas?
— Nathan —respondió él, dirigiéndole una sonrisa algo perturbadora.
Dyfir sintió que comenzaba a sudar frío. No era la primera vez que experimentaba aquella sensación estando cerca de un niño, a ella le daban más miedo que incluso los fantasmas. Pero los niños demoníacos sólo existían en las películas… ¿cierto?
— Oh, bueno, Nathan, es un placer conocerte —dijo Dyfir tratando de actuar natural y extendiéndole la mano, pero Nathan no le devolvió el saludo, sólo se limitó a verla. Ese niño comenzaba a asustarla —. Ehm… —ya estaba bloqueada, no sabía qué decir, la mirada gris de Nathan estaba empezado a tornarse perturbadora —. ¿Te perdiste?
— Sí, digamos que si —contestó Nathan, encogiéndose ligeramente de hombros.
Hablando de extraño…
— Como pareces ser nuevo —continuó Dyfir, conteniendo las ganas de huir y dejarla al crío “creepy” a que se lo comieran los gusanos — permíteme decirte que fue muy mala idea caminar sólo por el Bosque. Es fácil perderte si no lo conoces y si no estás bien preparado puede ser peligroso.
Nathan no le dijo nada, sólo siguió sonriéndole y asintió levemente con la cabeza. Dyfir se estaba molestando, seguramente el crío le estaba jugando una broma pesada y ella se la estaba tragando enterita.
Miró por encima de su hombro. El arbusto ya no se movía, había perdido la oportunidad de saber qué se ocultaba ahí. No había nada más que la obligara a quedarse en el Bosque, era hora de regresar.
Tenía que llevar a su nuevo Caterpie (al que pensaba llamar Fuzzyt) a que lo revisaran y sanaran, el Pidgey lo había atacado con mucha ferocidad y no sabía si podía estar muy malherido. Además, tenía que entregar el Pidgey y podría (aunque la idea le desagradara) llevar a Nathan de vuelta a la Academia.
— Bueh… todos cometemos errores, ¿no? —comentó Dyfir riendo nerviosamente —. Lo menos que puedo hacer, como tu superiora, es ayudarte a regresar a la Academia.
Ok, ésta ha sido la más larga hasta ahora por culpa de Nathan xD
Espero haberlo hecho bien.
Pokiu.