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Después de un complacedor sueño del tan agotador día, me levanté en la mañana gracias a los estragos que causaba el hambre en mi estómago. Estuve por un rato de aquí para allá ordenando mis cosas, pasé al baño para asearme y vestirme, también me cepillé los dientes al son de una tonada pegajosa que pasaban en la radio. Por un rato pensé en los momentos vividos ayer, sobre todo en las personas amigables que conocí y a los nuevos compañeros que obtuve en mis pequeñas travesías por la academia y sus aledaños. Hasta ahora todo salía de maravilla para un joven intrépido como yo, dejando de lado los oscuros tramos de las instalaciones que pude apreciar y que todavía ocasionaban un pesar en la mente.
A tempranas horas de la mañana, con el alba resplandeciente, además de un frío satisfactorio; todos mis Pokémon salieron de su contenedor para saludarme y revolotear un rato por la habitación, lucían más enérgicos que de costumbre, y expresaban alegría al verme. Haciendo varias muecas en el espejo del baño, inspeccionaba el aspecto que gozaba, por alguna razón, las ojeras se notaban más que días anteriores, supongo que tanta caminata repentina agotó toda la resistencia que ofrecía. Apresurándome al salir, debido a la presión que ejercían los integrantes de mi equipo por el hambre que tenían, fui directo y sin desvió alguno hacía la cafetería.
―¡Bien! Otro nuevo día, ejeje ―exclamé con una risa picara―. Supongo que hoy sí podré preguntarle a un prefecto sin recibir una acción hostil por su parte ―especulé arqueando una ceja en la cafetería.
―Joven, ¿qué vas a querer? ―comentó servicialmente con una sonrisa la señora que atendía en la barra de comida; era robusta, con un mantel de cocinera, siendo ya una adulta mayor, con un rostro risueño y el cabello corto de color negro.
―Oh, disculpe, no me di cuenta que era mi turno ―me justifiqué con vergüenza―. Bueno, primero quiero algo para mis Pokémon… antes de que se coman al dueño.
―Jajaja, tranquilo, se nota que eres de nuevo ingreso ―reconoció la señora―. Sobre los alimentos de tus amigos, de eso se encarga Cristian ―señaló a la derecha, que era donde se encontraba un joven delgado con traje verde completo, de melena larga y lacia teñida de amarillo, una nariz tupida y sus pupilas destacaban por ser de un color marrón claro.
―Ah, entiendo ―le devolví la sonrisa―. En ese caso deme… ―hice una pausa, apunto de señalar mi elección me di cuenta la gran variedad de víveres que había, una diversidad que no había visto antes―, me conformaré con un tostadas y tocinetas, acompañadas de salchicha y huevos, además de zumo de naranja.
―¿Tienes parientes ingleses? Es prácticamente un desayuno inglés ―inquirió ella.
―Ajaja, no, pero en mi casa suelen desayunar con eso ―contesté.
Me senté en una mesa cercana desocupada, después de todo, no había conocido a suficiente gente como para andar acompañado, y no quería molestar, de hecho, necesitaba de ese momento a solas. Mi equipo y yo estuvimos comiendo los alimentos que estaban estupendo, maravillado con el sabor, me deleité con cada bocado. Sin saber por qué, me vino a la mente un pensamiento sobre mi familia, después de todo era un crío y estar tan lejos de ellos me afectaba hasta cierto punto, supongo que todo eso es parte de madurar. Sin embargo, se encontraba un asunto que seguía fastidiando, era que no tenía horario de clases.
Observé a lo que parecía ser un profesor pasando entre el montón de mesas y alumnos que iban agitados de un lugar a otros, me levanté de mi asiento para preguntarle la gran duda que tenía:
―Perdone, soy nuevo por aquí, pertenezco a la división Gastly, ¿sabe cómo son los horarios de clases?
@
Alegrin