SC: Uf
SC: Ya estoy aqui
SC: Te han molestado mucho mis adorados hermanos?
FV: no.
FV: pero tengo que decir
FV: que tu hermano sabe imitarte muy bien.
FV: casi me engaña
)
SC: Ay santo Cristo que te sacrificaste en la cruz por nuestros pecados
SC: Que hicimos mal mi padre y yo para que el alma de chag se desvie por el mal camino? Las conexiones estaban ya establecidas. El torno estaba al lado de su lecho, esperando la carta y el cruxtie para darle forma. El cruxtruder se hallaba en el salón, junto al alquimizador, ansiando ser usados para darle la bienvenida al nuevo mundo. El día pasaba veloz, tiñiéndose de naranja y amarillo en la franja más cercana al sol. Pero su padre aún no llegaba, y estaba a punto de iniciar el proceso de traslado. Si no llegaba antes de que la portadora de la luz se alce sobre sus cabezas, estaría varado en la condenada Tierra.
FV: no te lo tomes así, querida.
FV: seguramente estaban algo asustados cuando yo me conecté.
FV: supongo que eso les empujó a hacerse pasar por ti.
FV: si no habrían puesto tonterías varias, más que seguirme el juego.
SC: Oh, no lo creo
SC: Se que no les gusto que les sirviera de nuevo las espinacas
SC: Es suficiente para que hagan un estropicio
FV: jejejejejejejejeje
FV: que traviesos
Aún no sabían cuanto tiempo quedaban para que el cuerpo celeste llegue a aplastar su casa. No sabía tampoco qué hacer para que llegara. La lectura de la guía se había quedado a medias, solo por el nombre perverso de la autora y la lengua que estaba escrita. Debían de ponerse ya manos a la obra si quería sobrevivir.
FV: bueno, cambiando de tema
FV: tendríamos que empezar el juego ya.
SC: Cierto amiga mia
SC: Tenemos que salir de este mundo condenado
FV: exactamente.
FV: veamos, el primer paso para entrar es abrir el cruxtruder con un cuerpo pesado.
FV: ¿te importa si uso esta enorme biblia que hay en tu estantería?
No sabía si sentirse alagada porque iniciaría el primer paso con el peso de la palabra de Dios u ofendida por emplear tal reliquia para reventar una mísera tapa. Era como si despreciara sus creencias y solo las considerara un mero lastre.
SC: Si amber claro que me importa
SC: Desperdiciarias todo tu ser si lo hicieras
FV: vale, ya lo he recibido.
FV: nada de tocar las cosas de cristo.
FV: voy a tener que desmadrarlo todo, como si no fuera suficiente con las reformas del comedor.
FV: no te quejes después si ves algo roto.
SC: Estoy conforme con ello
Pasado un rato, se pudo escuchar un golpe seco al fondo, como si un yunque hubiera sido lanzado. Seguidamente, la ardiente visionara le dijo que fuera al lugar del impacto. Se puso nerviosa al ver lo que había hecho.
El kernel salió del aparato, igual que la cuenta atrás se puso en marcha. Le faltaba menos de media hora para que el astro que estaba por venir redujera su hogar en escombros. Mas ahora aquello no era de su preocupación.
En el suelo, junto a la tapa, yacía roto el querido sillón de cuero del patriarca. ¿Qué le diría cuando se hallara su fiel compañero de lecturas en tal estado? Seguramente si le explicara el cometido que acababa de cumplir sería comprensivo... pero lo divino siempre tiende a ser increíble, aunque sus palabras fueran verídicas, más si implicaba la ejecución de un juego. Por lo menos, si volvía a colocar el sillón en su lugar, no le diría gran cosa. Ya le explicaría después la causa de su incapacidad para cerrarse.
Mientras la bola de luz le seguía para demandar una definición de su forma, encubrió sutilmente las pruebas del delito. Con todo esto, ya perdió dieciocho minutos de su tiempo. Ahora tocaba preguntar a Amber qué hacer después.
Sin embargo, antes de que pudiera decirle algo, recibió algún que otro reproche.
FV: silvia
FV: por favor, no vuelvas a arreglar la casa.
FV: un ser humano tiene que enmendar sus propios errores.
FV: además, con esto puedo cargar con todo el peso que quisiera.
FV: no está regido por las normas de los mortales.
FV: así que habría tardado solo unos segundos en reponer aquel asiento.
SC: Pero si mi padre vuelve ahora como explicaria que su sillon estaba en el suelo?
SC: Porque obviamente ese suceso no es de Dios
FV: fácil:
FV: no tendrías que contarle porque lo habría solucionado antes.
FV: aparte, el resto de objetos son raros de por sí.
FV: tampoco pasarían desapercibidos.
Se quedó pensativa. ¿Por qué trataría de hacer como si nada hubiera pasado? Era imposible. La próxima vez trataría de no intervenir en el entorno mismo.
SC: Esta bien
SC: Mientras asi evites que me desvie de mis verdaderos cometidos...
SC: Y hablando de ellos
SC: Que tengo que hacer ahora?
FV: veamos...
FV: tienes la viga
FV: lo siguiente sería llevarlo al torno con la carta
FV: pero también tenemos a un kernel esperando a su prototipación...
SC: Torno?
SC: Kernel?
SC: Escribes en una lengua extraña para mis ojos
SC: Como son estas cosas que nombras?
FV: y pensar que te leíste la guía todo este tiempo...
SC: Que Dios me pille confesada si miento
SC: Pero apenas entendi lo que decia
SC: Las lenguas extrangeras nunca fueron mi fuerte y lo sabes
FV: perdooona, se me había olvidado que no se te daban bien las lenguas.
FV: el torno es esa máquina ancha y delgada con un par de extremos.
FV: en cuanto al kernel... es esa lucecita rosa parpadeante que está al lado.
FV: de todos modos, ambas cosas son igual de prioritarias, así que lo dejo a tu elección.
FV: supongo que sabrás como prototiparlo...
Hubo un incómodo silencio. Silvia había visto solo que la luz cambiaba de forma, pero no entendía cómo llegaban a ello.
SC: No...
FV: tampoco es difícil
FV: solo le lanzas un objeto y tendrá la forma de aquel.
FV: así de simple.
FV: ahora adelante. el tiempo es oro y lo estamos dejando escapar.
Prototipar un kernel. Esa era la forma en la que se le llamaba aquel cuerpo etéreo que se situaba encima de su cabeza. Ella no lo sabía, pero sentía que que aquella luz parpadeante era una especie de ser viviente. Un pequeño ayudante que Dios le había guardado para ella. Claro que requería de un modelo con el que definir su figura. Podría ser uno de las tantas deidades falsas que habían repartidos por el mundo, o bien podría ser el sumo salvador de todos.
Sí, ¿qué mejor guía que Jesús?
Tomó la figura del hijo de Dios que había en su escritorio, dispuesto a devolverlo a la Tierra para que pueda así andar por el camino correcto en aquella dura travesía.
Pero espera. ¿No sería aquello algún tipo de blasfemia? Se suponía que la resurrección tendría que ser obra del milagro, no llegada de las manos del hombre. Sin embargo, era el juego de Dios... ¿o no?
De repente, mientras se cuestionaba los aspectos del juego, le llegó una señal a través de su hermana.
─¡Silvi, Silvi!
Había irrumpido con impaciencia, entrando sin dar unos toques a la puerta siquiera. Parecía apresurada. No podía hacer más que atenderla.
─¿Qué quieres, pequeña?
─¡Mira esto!
Rápidamente le mostró un papel con el dibujo de un diablillo algo deformado. Las rayas que suponían que eran el color de su cuerpo se sobresalían del negro del lápiz. Solo unos palos temblorosos terminados en otras tres líneas del mismo grosor conformaban sus extremidades; una de ellas sujetaba un tridente largo y delgado. El cuerpo y los cuerpos no eran más que triángulos de contorno irregular. Bajo sus pies, estaba escrito en mayúsculas el nombre de su amiga, bajo un aleatorio fondo de amarillos y naranjas. Estaba claro a quién estaba representando.
Era una indirecta. No debía de prototipar a Jesucristo. Pero las letras de fuego deforme se equivocaban completamente. Trató de no hacer ningún comentario al respecto, y solo se limitó a decir lo siguiente:
─Es muy bonito, Cherry.
─¿Solo bonito? ¡Es la verdadera cara de tu amiga!
─Oye, que crea en leyendas arcanas y paganas no significa que sea el mismo Satán.
─¡Pero está haciéndote jugar un juego muy malo! Por favor, Silvi, déjalo, porfa.
Era de risa. Estaba acusando ciegamente a su amiga de ser una cómplice del mal, justo cuando estaba jugando también sin saber a qué llevaba este juego. Pero no. Tenía que ser un juego de Dios. Pero entonces, ¿por qué tiene que causar destrozos en el hogar? ¿Es acaso necesario?
Lo estaba consiguiendo de nuevo. Sus miedos estaban a punto de ser los suyos. Debía tranquilizarse. Y a ella también.
─Tranquila, Cherry, todo saldrá bien.
─¡No, no saldrá bien, no con ella! ¡Te está engañando, te lo juro!
─Cherry, por favor.─ Iba a decirle varias cosas, pero se las calló. No tenía argumentos para defender a Amber y sus buenas intenciones. Tuvo que acabar aquella conversación con una orden reflexiva.
─Vuelve a tu cuarto, anda.
Un intento fallido. Cherry, triste por no poder convencerla, se marchó lanzando el papel liso al aire. El diablillo tomó altura hasta el techo, y fue descendiendo zigzagueando hasta que llegó a tocar la luz. El kernel rosado intensificó su brillo, dejando constancia de que al fin tenía una forma.
“¿¡Pero qué acaba de hacer!?”
El kernel tomó la imagen de la cabeza de aquel pérfido personaje, junto con el endeble tridente. Esto era una ofensa. No, ya no aguantaba más. No iba a tener al diablo como guía. Ni hablar. Era contraproducente. Prefería irse al cielo antes que ser tentada por el pecado que representaba.
Después los altavoces sonaron con el toque del pesterchum.
FV: bueno
FV: míralo por el lado bueno
FV: al menos ya no es necesario que decidas con qué objeto prototiparlo.
SC: Pero esto es
SC: Es blasfemia
SC: Como pudo Dios aceptar que adquiera la forma de un sirviente de su nemesis?
SC: Ahora seguro que no saldre viva de esa
SC: No con esa
SC: Cosa
FV: por las barbas de neptuno, silvia
FV: solo era un dibujo dibujado por tu hermana.
FV: quizá no tenga siquiera picardía por estar en un plano bidimensional.
SC: Pero es que la imagen es maligna de por si
SC: Y
SC: Y
SC: Le ha puesto tu nombre
Amber no pudo evitar expresar la risa que le provocaba aquello.
FV: pfffffftjajajajajajajaja
FV: ¿en serio?
FV: ¿me tiene endemoniada?
FV: ¡ya tenemos a otra silvia!
No le hacía ni pizca gracia aquel chiste.
FV: bueno. será como si tuvieras a mí a tu lado, aunque tenga la apariencia de otro ser del cual detestas con toda tu alma.
SC: Pero tu no eres ningun diablo
SC: Satan es el mismísimo mal
SC: Tu... solo usas artes oscuras
Amber no tenía ni un minuto que perder. No quería entretenerse con sus usuales tertulias.
FV: 32:06
SC: Ya esta
SC: Como?
FV: que te faltan 32:06 minutos para completar todas las tareas requeridas para salvarte.
FV: cronos no perdona, y lo sabes.
SC: Cronos no existe
SC: Dios existe y se va a enfadar conmigo por permitir que el papel vaya a la luz
FV: si niegas la existencia de cronos, niegas la existencia del tiempo
FV: ya que cronos es tiempo en griego.
SC: Pero el tiempo no tiene personificacion
Antes de que otra de sus discusiones teológicas se formara, fieryVisioner puso tres puntos seguidos, negando así su continuidad.
FV: ¿por qué lo mencionaría?
FV: mira, da lo mismo.
FV: he dejado la carta en la mesa del comedor... sí, perdona, sé que la tuve que poner en la cama, pero pensaba que tenía el torno ahí, mil perdones.
FV: luego colocas el
FV: cilindro en el al...
FV: eeeh
Trataba de evitar usar toda palabra que hiciera referencia a ciencias antiguas para que no abriera otra discusión pro-cristiana radical.
FV: ese aparato tan grande con un plato gigante
FV: lo pones en la placa más pequeña.
FV: no te resultará difícil.
FV: …
FV: al no ser que no me hayas entendido.
SC: Se a cuales te refieres
FV: ¿sí?
FV: vale. supongo que puedo darte un voto de confianza.
FV: además de que el reloj corre deprisa.
Aún tenía miedo de lo que ocurriera si no arreglaba el estropicio de hizo su hermana. Pero tenía que afrontarlo. Al menos las dos aún podían confesarse.
Volvió para el comedor. La carta perforada estaba esperando a ser usada. Esta vez, un pequeño zorro de dos colas estaba fotografiado en aquel trozo de plástico blanco. Sin importar lo que tuviera grabado, fue al torno de tótems y colocó la viga de cruxtie para que fuera tallada, después de introducir los datos. Siguió con su labor y salió de su habitación para colocar el tótem moldeado en el pequeño plato del alquimizador, insegura de lo que saldría tras aquella acción. ¿Quizá tenga que demostrar su fuerza, su valentía?
No. Esta vez, una criatura rosada y menuda, sin malicia aparente, apareció acostada en la plataforma del alquimizador. Sus colas se mecían en el aire con gracia mientras iba despertándose de su pequeño letargo. Sus grandes ojos se abrieron para ver la hija del pastor, y sus cortas patas lo dirigieron hacia ella, solo para darle un saludo con la cabeza cual felino. Esperaba que lo que saliera le pondría más a prueba; pero algo tan tierno no podía ofrecerle nada más salvo más ayuda. Quizá era otra obra divina en respuesta al mártir que era su inmaduro guía, ¿quién sabe? Si era así, entonces estaría completamente a salvo a partir de aquel entonces. Sus sabios consejos le guiarían para superar cualquier obstáculo. De todas formas, era importante comunicar su aparición a Amber, antes de que...
No. Ya hacía tarde. Se oía unos toques de dura suela al fondo, retumbando en el eco de la escalera. Ahora se fijaba en toda la maquinaria que había repartida en el comedor. El demonio y el sillón estropeado no eran nada comprobado con el espacio que ocupaban estas cosas. Esperaba que no le diera mucha importancia después de explicarle lo ocurrido. La puerta de la pequeña entrada chirrió mientras se abría pausadamente.
Era un buen porte para un cura local. Lejos de ser anciano, era un hombre alto y con algunas canas; sin embargo, no llegaba a ser musculoso ni por asomo. Llevaba bajo su brazo su hábito, envolviendo una carpeta que contenía el diagnóstico de su hermana. Sus serenos ojos cerúleos, ayudados de unas grandes y redondeadas gafas, vieron con curiosidad aquellos extraños artilugios que había a la derecha del comedor. Se preguntaba cómo había llegado esto aquí. Desde luego, creía que su hija no era en parte responsable de aquella perturbadora presencia mecánica y que sabía lo que había ocurrido.
─¿Los niños han hecho esto?
─N-no.. eh... bueno...─ Ella no sabía cómo contarle su procedencia. El reloj corría y debía hacer una consulta más a Amber rápido.
─¿Lo has traído tú, entonces?
─Hum... sí.
¿Para qué mentir? Era en parte responsable de ello. Su padre dio un largo suspiro. Aunque era asombroso encontrarse aquel equipo que probablemente habría sido un engorro inútil, daba todo igual; al fin y al cabo todo terminará pronto. Luego se fijó en su sillón, extendido para atrás antes de que él reposara.
─Y... ¿alguien ha usado el sillón?
─No, padre.
─¿Y entonces por qué está abierto? Alguien lo ha tenido que usar, ¿verdad?
Ahora no sabía si decirle lo que había ocurrido con él o decirle una mentira piadosa. El zorro miraba expectante a la jugadora, como si esperaba que le hiciera caso. Pronto le dio unos toques con el hocico en su pierna para llamarle la atención. El frío tacto hizo que reaccionara y mirara abajo.
“Miéntele. Él no debe saber lo que se está preparando.”
¿Qué fue esa voz infantil que resonó en su cabeza? Era como si procediera del mismo ser que concibió con el alquimizador. No, no creía. No podía ser. Era imposible.
¿O tal vez no?
─¿Y este perro tan raro?
Aquello le había despistado un momento. Ella juraba haber oído una voz, pero no parecía que lo hubiera, pues su padre no escuchó nada.
─No creo que sea un perro, padre. Es más bien... como un zorro.
─Bueno, da igual lo que sea. Mientras no nos cause destrozos y lo hayas acogido por una buena causa, no hay problema.─ Sonrió. ─Pero aún no me dijiste nada del sillón.
La aguda voz seguía repitiéndole que mintiera, que culpara a sus hermanos de aquel desastre, solo para hacerlo creíble. Y sin embargo, era lo primero que se le había ocurrido. Además de que era razonable y se ahorraría ciertos reparos. ¿Pero cuánto tendrían que pagar ellos por algo que no hicieron?
No. Sus inocentes hermanos no se lo merecían ahora.
─Digamos... que sufrió un accidente.
─¿Accidente?
─Sí, se cayó desde el techo. Eh, bueno, digamos que voló y... tampoco lo vi, de todas formas. Pero al menos sé que se ha caído.
Ahora el cura fruncía el ceño. No se creía lo que su hija acababa de contarle. Era algo tan inverosímil y confuso que era imposible creerlo. Un apretado entrecejo no significaba el inicio de su ira. No, de hecho nunca se dejaba llevar por ella. Más bien lo hacía porque le extrañaba, más que enfurecerle.
─Así que no sabes realmente lo que pasó.
─Eh... no...
─¿Y tus hermanos no tuvieron nada que ver?
─No.
─¿Pero entonces cómo es que está abierto? Bueno, mientras no esté estropeado... todo perfecto.
Fue a plegar el sillón. Pero no podía. Otra decepción más para el hombre de fe. No podía hacer más que tomárselo con filosofía.
─Bueno. Tampoco les culpo; todos hemos tenido momentos difíciles... tampoco creo que lo hayan hecho con malicia.─ Directamente atribuía aquel hecho a sus propios hermanos. ¿Por qué se esforzaría en que resultaran exculpados? ─Eso sí, tendrían que andarse con más cuidado. Era mi sillón favorito. En fin... si me necesitas, estaré en mi despacho preparando la misa de mañana.
Parecía resignado y sin más fuerzas de vivir cuando se retiraba a hacer sus lecturas. Silvia lo notó de enseguida. Ese tono con el que hablaba lograba preocuparla.
─Padre, ¿estás bien?
─E...estoy bien, cielillo. Es solo que...
Había oído algún sollozo delante de ella. El mundo iba a terminar a manos del hombre, y eso le hendía profundamente su alma. La humanidad perdió definitivamente el rumbo, y Dios no iba a tener piedad de nadie esta vez. Él quería seguir creyendo en su especie; mas no había marcha atrás. Silvia quiso darle un pequeño abrazo, solo para animarle un poco. Sin embargo, su padre rehusó de su gesto de afecto. El recuerdo de su esposa iba a volver, y solo le faltaba eso para que abandonara su devoción.
─No, hija mía, no hace falta que me abraces. Solo es algo pasajero.
─¿Algo pasajero? No, no lo creo; estás así desde ayer. Es por las bombas, ¿verdad?
No quería hablar más. Necesitaba las lecturas, pronto. Pero justo cuando volvía a tomar rumbo hacia su despacho, su hija le agarró de la mano para volver a intentar subirle la moral.
─Todo saldrá bien, padre. Dios está con nosotros.
El pastor no pudo dar una pequeña sonrisa entre lágrimas. Había creado una hija preciosa, y dos pequeños granujas maravillosos. Pero además tenía la sensación de que su pareja estaba aún viva dentro de ella. Tan solo podía decirle que estaba muy orgulloso de ella, antes de irse de una vez por todas. Ella seguía aún preocupada por el deplorable estado anímico de su padre. Aquella depresión podría acabar con su fuerte fe. Podía notar como se le estaba escapando.
Pero aún había una oportunidad para que la recobrara. Estaba a un paso de ello.
Sin embargo, el tic-tac del cruxtruder sonaba con más intensidad que antes. El constante toque del tiempo le recordaba que debía ir presta. ¿Pero cuánto le faltaba ahora?
Quince minutos, cincuenta y un segundos.
¡Demonios! ¡¿Tanto tiempo ha estado hablando con su padre?!
La voz del zorro reprochaba por su anterior decisión de no culpar a sus hermanos. ¿¡Para qué tuvo que esforzarse tanto!? ¡Si al final ellos acabarían siendo los culpables! Había perdido un tiempo importante... Pero ella le importaba más hacer lo que creía correcto que no las consecuencias que comportaba. Más importante; tenía que comunicar a Amber sobre su hallazgo y saber qué hacer después.
Pero al llegar frente la pantalla, la pitonisa se adelantó a la pregunta.
FV: hum.
FV: lo he visto todo.
FV: no hace falta que me cuentes nada.
SC: Cierto
SC: Lo has podido ver con tus propios ojos
SC: A traves de tu monitor, claro
FV: exactamente.
FV: escucha, sé que tu padre andará afectado por las recientes noticias.
FV: pero animarle ahora es un poco imprudente, sabiendo que tenemos un tiempo limitado.
SC: Pero es mi padre amber
SC: No puedo dejar que sufra
SC: Como puedes ser tan fria en estos momentos?
FV: soy totalmente consciente del dolor que causa su
FV: …
FV: dolor.
FV: valga la redundancia.
FV: pero pronto se animará después de entrar en el “medium”, ya verás.
FV: ahora dime.
FV: ¿qué hace ese animal tan inusual?
SC: No hace nada inusual
SC: Salvo
FV: ¿salvo...?
SC: Hablar
FV: ¿te habla?
FV: qué raro. no le he visto mover su boca.
FV: aunque...
FV: aquellas dos colas me resultan un tanto familiares.
SC: Oh?
SC: Pertenece acaso a la mitologia griega?
FV: si así fuera, ya sabría de qué se trata.
FV: aguarda, voy a hacer una rápida consulta al oráculo, a ver qué es.
SC: Vas a usar tu magia negra?
FV: no, a google, tontaina.
SC: Oh
SC: Bien entonces
Silvia esperaba con paciencia los resultados de su búsqueda. Si a ella le sonaba, quería decir que pertenecía a una cultura pagana, y por tanto no era un ente divino. El pequeño zorro se subía al cómodo colchón de su cama, para así no forzar a su víctima a bajar la mirada al suelo. Tenía que plantar de nuevo la semilla de la duda, solo para convencerla.
─Sabes que ella no cree en Dios, ¿verdad?
Cosas sin importancia. Ella era una buena amiga, y no la cambiaría por nada.
─Oye, yo provengo de su reino, aunque tenga aspecto de animal. Y te puedo decir que él no admite ni a no-creyentes ni amigos de estos. No los puede ni ver.
Un enviado del señor. Eso reafirmaba sus anhelos. Dios le envió algo más que un dócil compañero para guiarle. Si bien sus palabras eran verídicas, tenía que ignorar los consejos de Amber. Ella estaba ciega ante la constante evidencia de la divinidad.
Sin embargo, ella ha estado siempre a su lado, pese a las diferencias. Puede que haya dado a las arcanas figuras de los astros y los reyes del Olimpo, pero no creía que abandonarla a su suerte era algo propio de un buen cristiano. ¿Había estado equivocada todo este tiempo? ¿Pero realmente Dios rechazaría el acceso a su jardín a afiliados de ateos? ¿Y qué ocurría con la gente sin pecado que no creían en él? ¿No era él justo, acaso? Pero tampoco quería defraudar al padre todopoderoso teniendo contactos que él mismo consideraba profanos. Pero Amber estaba ayudando a salvarse... ¿por qué abandonarla de repente?
─Sabes perfectamente que los ateos se mueven por intereses. Ella esperará a que la ayudes tú a cambio una y otra vez. ¡Es puro egoísmo! Rechaza su ayuda y así podrás ascender al cielo.
Ahí tenía un buen motivo. Quizá lo único que buscaba era también llegar al paraíso, todo a su costa. Aún usando métodos reprobables, aún urdir en los planes del señor... pero aún tenía aquella problemática. ¿Qué hizo ella para no merecerse aquel regalo? Aún con aquella vorágine existencial, un mensaje de Amber llegó a su pantalla para despejar sus dudas.
FV: lo encontré.
FV: sabía que esas dos colas le delatarían.
SC: Aleluya!
SC: Iluminame amber
SC: Es un ser de luz o viene de las mismisimas sombras?
FV: de momento solo diré que criatura es.
FV: es un kitsune
FV: un espíritu del bosque relacionado con el dios inari...
Eso era justo lo que necesitaba. Sin embargo, su ordenador volvía a las andadas, y no pudo detener la cascada de información que iba a venir.
FV: o diosa. bueno, no hay una imagen generalizada de aquella.
FV: japoneses...
FV: igual es como sus mensajeros. pero lo más curioso es que también tienen poderes sobrenaturales... lo cual explicaría por qué puede hablar contigo.
FV: ¡ah, y también pueden adoptar forma humana!
FV: pero eso ya es más difícil. tienen que tener como un milenio de vida.
FV: por lo cual tendría nueve colas y se llamaría kyubi no kitsune.
FV: este solo tiene dos y apenas parece desarrollado.
SC: Asi que es una figura pagana...
FV: espera, aún no he acabado.
FV: los japoneses lo consideran como un espíritu benigno; sin embargo los chinos y los indios los ven como unas mujeres disfrazadas de mala muerte que seducen a los hombres para luego devorar sus entrañas. oh, y las llaman kumiho.
FV: pero siguen teniendo nueve colas y son milenarias... y además son mujeres.
FV: ...creo que te he dado demasiada información.
SC: De verdad...
SC: Con que me dijeras que es mensajero de un dios que cambia su género según la región que esté ya me bastaba.
SC: Mensajero de Dios y de su reino
SC: Y una...
─Eso son más que mentiras, Silvia. Los mitos, mitos son, y la información de internet son habladurías. No soy un mensajero de un o una inexistente Inari.
Y sin embargo, aquel zorro seguía repitiendo lo mismo. ¿Estaba leyendo la conversación, tal vez? ¿Por qué no mencionó antes al tal Inari?
De todos modos, Amber no se había callado. Más mensajes llegaron, esta vez con quejidos y advertencias.
FV: has usado mal una palabra y encima no prestas atención a los resultados de mi búsqueda. como odio eso.
FV: de todos modos ten cuidado. en oriente serán unos trozos de pan, pero ya sabes que aquí los zorros son taimados y engañosos.
FV: sabiendo que el juego procede de donde es... no me andaría con chiquitas.
FV: te preguntaría detalles, pero el tiempo corre en tu contra.
FV: todo depende de ti ahora.
FV: ¡derrota los engaños del zorro!
FV: ¡no dejes que te atormente!
Esas dos últimos mensajes fueron esclarecedores. Junto con la información proporcionada por su amiga sus palabras finales, había entendido que sus creencias estaban siendo probadas. Por supuesto que Dios no le facilitaría las cosas; Dios quería ver cómo actuaba ante un demonio con apariencias divinas. Nunca asimilaría que él mismo dijera que abandonara a la gente; sería como aquellos farsantes que se sentaban en sus tronos declarando la guerra a sus lejanos hermanos. Las paredes blancas se teñían de naranja mientras estaba descubriendo todas sus artimañas. Apariencia pura de interior turbio y ponzoñoso, falacias... los mitos quizá no fueran existentes, pero el mal era algo real. El zorro lo encarnaba.
Había llegado el momento de dejarle algunas cosas claras a aquel pérfido ser.
─El único que dice mentiras eres tú, zorro.
─¿Mentiras? ¿Yo?
─Eres tan solo un farsante que usa de la apariencia para hacerte pasar por un sirviente de Dios y llevar a los buenos samaritanos por el mal camino. Eres de los peores demonios que el reino de las tinieblas ha concebido.
El padre de Silvia vio por encima de la cabeza de San Agustín una gran roca en llamas en el cielo, al igual que oía a su hija hablando sola.
─¡Dios nunca querría que abandonara a mis amigas si no me han traicionado! Él nos quiere a todos, le creamos o no. Criaturas como tú sois la causa de los males del mundo.
─¡Jaj! Nos quiere a todos, dices. Si tanto nos quiere, ¿por qué permite que pasen cosas malas en el mundo? Mejor aún, ¿por qué deja que los malvados se pudran en el infierno? ¿No tendría que ser igual con todo el mundo?
─Dios los pone a prueba cada día con nuestros propios actos. No puede hacer un juicio sin antes crecer y ver su desarrollo.
─¿¡Pero te estás escuchando, tontaina!? ¡Estás negando la omnisciencia del propio señor! ¿¡No se suponía que él lo sabe todo!?
Ahí le había pillado. Si él era consciente del crecimiento de todos, ¿por qué no actuaría? Sin embargo, había algo que se dejaba en el tintero...
¿Cómo se originaba el mal? ¿Qué lo provocaba? ¿Era el hombre de verdad un lobo para el mismo hombre? Eso era algo que siempre se preguntaba cuando leía la Biblia... mas hubo un día que discutió eso con Amber. Y lo que las escrituras no le proporcionaban, se lo proporcionó ella con su conocimiento.
Ya lo tenía.
─Hay quienes creen por ir por buen camino y cometen atrocidades cual malvado...
─Entonces todos son pérfidos de alguna forma.
─Te equivocas.
─¿Cómo?
El zorro estaba erizando su pelo. Estaba perdiendo.
─Si no sabemos qué actos provocan daño, estaremos condenados a repetir esos mismos errores. Dios deja existir la maldad, solo para que aprendamos a no hacer lo mismo. Intencionadamente o no, nos inclinamos hacia nuestros propios intereses... ¡y es por eso que sigue siendo justo! Nos pasan maldades para que no las cometamos y sepamos combatirlas después. ¡Tú estás errado!
Se podía oír como gruñía. En un acto de desespero, sacó su última y apurada artimaña.
─¡No me digas! ¿¡En qué parte de la biblia se interpreta eso!?
Silvia esbozó una sonrisa después de aquella pregunta. Definitivamente, estaba acorralado y sin recursos.
─No necesito la biblia para saberlo. Mis amigas me lo han enseñado, y mis hermanos me lo han demostrado. Tal como dije antes... tú estás equivocado. ¡Vuelve a tu propia caverna de fuego, demonio!
Vencido. El animal acababa de perder aquella batalla argumentativa. Se había quedado sin preguntas que usar. Pero lejos de enseñar los dientes, se mostraba sereno y con calma. El meteorito se acercaba más y más, peligrando la estructura con su peso. Una luz rosa resplandecía en el cuerpo del can, mientras sus ojos, llenos de resignación se cerraban. Se podía sentir cómo el edificio temía su llegada por las vibraciones, igual que las paredes se teñían de naranja. Finalmente, el pequeño kitsune abrió sus ojos, ahora sin pupilas y luminiscentes. Todo su cuerpo explosionó en un haz de luz que cegó a Silvia, igual que su padre, que fue un repentino testigo de aquel acto divino.
Después de que aquel prisma de hormigón desapareciera en un destello, el meteorito cayó en suelo llano, dejando un pequeño rastro de destrucción a trescientos metros de radio. Los dos pequeños vieron cómo aquella nube de polvo levantada por aquel cuerpo celeste agrietaba los edificios de al lado y los desplomaba con su abrumadora fuerza. Cargados con pan, armas de juguete y sus amadas mascotas, huyeron de lo que podría haber sido un desastre para ellos.
Ahora tenían que arreglárselas sin la ayuda de nadie.