Destinos de tinieblas

Mi calificación.
Spoiler
1. El Tema del Fic – 17/20 puntos
2. La Trama del Fic – 18/20 puntos
3. La Gramática, Ortografía y Estructura de la escritura – 15/20 puntos
4. La Narración del autor – 16/20 puntos
5. Las Descripciones del autor – 15/20 puntos
Puntaje total: 81/105
2. La Trama del Fic – 18/20 puntos
3. La Gramática, Ortografía y Estructura de la escritura – 15/20 puntos
4. La Narración del autor – 16/20 puntos
5. Las Descripciones del autor – 15/20 puntos
Puntaje total: 81/105
Aquí la intro.
Spoiler
Elmundo en el que vivimos es habitado por toda clase de criaturas,desde tiempos inmemorables y anteriores a nosotros, como lossirvientes de la oscuridad o demonios. Estos seres, de los que se hainventado toda clase de leyendas, que con el tiempo han sidoolvidadas, hasta hay muchas personas que creen que ellos no eran másque historias inventadas para asustar.No,ellos son reales, y estos seres, que viven ocultos en la oscuridad yrefugiados entre nosotros, y en la historia de la humanidad ellos sehan destacado. Su maldición, que es a la vez una bendición, los haatado a este mundo. No son sobrenaturales,sino tan normales como elmás pequeño y exótico de los animales, un ave o nosotros mismos.
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Duranteel siglo XIV, cuando Italia no era más que tierras de nadie ypueblos divididos, vivía el joven Alexander, con su numerosa familiade clase media en una pequeña y humilde cabaña.Huyeron de la ciudadcon el propósito de salvarse de la peste negra que inundaba lascalles y se llevaba consigo la vida de muchas personas.
Así,mientras vagaba por caminos y pueblos, conoce un aficionado de lasplantas medicinales, y decide unirse a él y encontrar juntos la curaa aquella enfermedad que había matado a su familia. Pero extrañascosas comienzan a suceder, la muerte y los malos presagios persiguena Alexander, quien termina siendo llevado por un demonio, por lo cualdesde aquel día, del que aún recuerda el ardiente y despiadadodolor, ya nada es igual, y su nueva vida termina siendo una aventurade la cual nunca podrá escapar, mientras las ansias del alma humanaahogan al chico en un nuevo mundo de oscuridad y terror.
Peropara saber más acerca de mi deben aceptar un trato. Leelo bien jovenespectador porque no revelaré mis condiciones tan fácilmente y unavez haya aceptado el trato no habrá marcha atrás.
¿Cómopuede el cuervo saber que la noche se aproxima? ¿que es en realidadla vida y la muerte? ¿De qué está hecho tu corazón, de lasnegras, engañosas y tentadores plumas del cuervo o de la suavefragancia de una rosa blanca, que puede atraparte y controlarte?¿Estás preparado para afrontar las decisiones más difíciles yarriesgarte a conocer antiguos secretos que el tiempo ha hechoolvidar a la humanidad? Entonces ven, el solitario cuervo estáesperando el llamado de aquellas almas que no pueden encontrar paz yfelicidad en las ataduras del mundo que la humanidad, poco a poco,crea y destruye, siguiendo e inventando sus propias reglas.
Unavez más ¿estáis seguros de querer conocer hechos en la historiaque nunca se han descubierto? ¿creéis que sois lo suficientementefuertes para soportar el peso de la verdad?
Unavez que sepan la verdad, no podrán vivir en paz como hasta hoy, y nopodrán cruzar las puertas del cielo. Preguntaré una vez más ¿essu deseo conocer mi pasado y los grandes secretos que conozco?
Porque,una vez que se rechaza la fe, es imposible atravesar las puertas delcielo. Preguntaré por última vez ¿es su deseo formalizar estecontrato?
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Duranteel siglo XIV, cuando Italia no era más que tierras de nadie ypueblos divididos, vivía el joven Alexander, con su numerosa familiade clase media en una pequeña y humilde cabaña.Huyeron de la ciudadcon el propósito de salvarse de la peste negra que inundaba lascalles y se llevaba consigo la vida de muchas personas.
Así,mientras vagaba por caminos y pueblos, conoce un aficionado de lasplantas medicinales, y decide unirse a él y encontrar juntos la curaa aquella enfermedad que había matado a su familia. Pero extrañascosas comienzan a suceder, la muerte y los malos presagios persiguena Alexander, quien termina siendo llevado por un demonio, por lo cualdesde aquel día, del que aún recuerda el ardiente y despiadadodolor, ya nada es igual, y su nueva vida termina siendo una aventurade la cual nunca podrá escapar, mientras las ansias del alma humanaahogan al chico en un nuevo mundo de oscuridad y terror.
Peropara saber más acerca de mi deben aceptar un trato. Leelo bien jovenespectador porque no revelaré mis condiciones tan fácilmente y unavez haya aceptado el trato no habrá marcha atrás.
¿Cómopuede el cuervo saber que la noche se aproxima? ¿que es en realidadla vida y la muerte? ¿De qué está hecho tu corazón, de lasnegras, engañosas y tentadores plumas del cuervo o de la suavefragancia de una rosa blanca, que puede atraparte y controlarte?¿Estás preparado para afrontar las decisiones más difíciles yarriesgarte a conocer antiguos secretos que el tiempo ha hechoolvidar a la humanidad? Entonces ven, el solitario cuervo estáesperando el llamado de aquellas almas que no pueden encontrar paz yfelicidad en las ataduras del mundo que la humanidad, poco a poco,crea y destruye, siguiendo e inventando sus propias reglas.
Unavez más ¿estáis seguros de querer conocer hechos en la historiaque nunca se han descubierto? ¿creéis que sois lo suficientementefuertes para soportar el peso de la verdad?
Unavez que sepan la verdad, no podrán vivir en paz como hasta hoy, y nopodrán cruzar las puertas del cielo. Preguntaré una vez más ¿essu deseo conocer mi pasado y los grandes secretos que conozco?
Porque,una vez que se rechaza la fe, es imposible atravesar las puertas delcielo. Preguntaré por última vez ¿es su deseo formalizar estecontrato?
Aquí tienen el proologo.
La peste negra.
Spoiler
-¡Alex, rápido, corre!
Dos niños iban corriendo a toda velocidad por un pedregoso camino cubierto de barro en una tarde lluviosa de otoño. A los costados se cernía un tupido bosque de robles y la luz entraba por cada rendija entre los árboles, mientras las hojas caían del cielo con lentitud.
Se podía notar en sus delgados y pálidos rostros, la niña tendría alrededor de 16 años y él unos 10. Ella era alta y delgada , con grandes ojos café y cabello negro. Vestía unos pantalones de cuero, una camisa de lana que en otro momento fue blanca y unos zapatos hechos a partir de trozos de cuero. El era un poco más pequeño, igual de escuálido su cabello negro se expandía hacia todas direcciones y vestía igual que ella.
Se apresuraron para llegar a su destino, la pequeña cabaña en la que vivían.
Al esquivar una gran piedra, Alex tropezó con unas raíces retorcidas, y la canasta de mimbre con hojas de azufre que llevaba cayó al barro.
-¡Lia!
Su hermana mayor se volteo y vio al chico tirado. Lo levantó de un tirón, mientras su
hermano levantaba la canasta del suelo.
-Rápido, ya casi llegamos. -Le dijo Lia al niño, mientras seguían con la marcha.
Recorrieron el largo y difícil camino. Al tomar una curva llegaron a su ansiado destino. Una casa se divisaba entre la densa niebla. Hecha de madera y piedra. La construcción se erguía en lo profundo del bosque. Solo una puerta permitía el acceso a esta y aunque no podían verla detrás de aquella humilde cabaña se escondía una pequeña huerta.
Cuando llegaron a casa, Livia les abrió la puerta y les hizo pasar rápido. A diferencia de sus hermanos ella tenía el cabello castaño y largo, era aún más alta que Lia y tenía unos 18 años. Llevaba puesto un camisón blanco hasta los pies, que seguramente tendría completamente descalzos.
Ella los esperaba con un cuenco de agua hirviendo. Alexander metió las hojas que había traído en el agua, que de inmediato comenzó a tomar un color azul marino. Lia tomó dos pañuelos de tela y los humedecido en el cuenco, luego fue y se los puso sobre la frente a Anthony y su madre.
Madre e hijo se encontraban en cama, cubiertos con mantas hasta el cuello por lo que lo único que se podía ver de ellos eran sus enfermos y cansados rostros. Estaban muy delgados: eran piel sobre huesos. Ambos se veían febriles, cansados, débiles y demacrados. Lo único que los diferenciaba era el cabello: ella lo tenía largo y castaño, mientras él lo tenía corto y negro.
-Alex, ve a secarte y cambiarte -dijo Livia, la mayor de sus hermanos.
El chico obedeció sin hablar, y luego fue a ayudar a su padre a mantener el fuego para cocinar. Su padre, que estaba cada día más demacrado, su cabello negro y enlucido reflejaba la situación que toda la familia estaba viviendo. El sonrió débilmente al ver a su único hijo varón sano en casa. Juntos, padre e hijo cocinaron un guiso con carne de cerdo, albahaca seca y arroz.
En casa la atmósfera era callada y poco optimista, pues aquel día había llovido mucho y su cultivo, no iba a resistir esa cantidad de agua cayendo tan fuerte como aquel día había caído, y eso complicaría sus pocos recursos de subsistencia.
-¡Livia! -Se oyó desde la habitación en que Anthony y su madre descansaban.
Ella salió corriendo sin decir palabra, y al poco rato llamó a Lia y su padre. Alex, preocupado, se acercó al cuarto donde toda la familia se había reunido. Vió a su hermano con el rostro amarillo e inconsciente, y a Livia intentando darle algunas plantas medicinales, pero no conseguían que se las trague. Su padre intentaba calmar a su esposa, que no estaba en condiciones de estresarse.
Era normal para Alex ver a su hermano y su madre en cama y en el limbo entre la vida y la muerte, pues la peste negra llevaba en su hogar más de un año, y ya se había llevado a Nicolae, su hermano pequeño.
Al fin, lograron que Anthony tomará sus medicinas, y luego del ritual de higiene y de todos cuidado que los enfermos deben tener, todos fueron a acostarse.
Alex se acercó al lecho de paja en el que dormía y suspirando con cansancio se dejó de caer. Cansado y desconsolado se durmió tan pronto como su rostro llegó al suelo.
A medianoche, Alex despertó sobresaltado. Toda la casa se sentía mortalmente silenciosa y la temperatura empezaba a sentirse más fría que afuera. Escuchó un ruido de la habitación contigua, donde descansaban su hermano y su madre. Se acercó al cuarto,donde la luz entraba en la habitación por una pequeña ventana. A través de ella se podía divisar el neblinoso bosque de robles. En el interior del cuarto, en la cama de su madre, esta luchaba por mantenerse con vida, pues, pese a los esfuerzos de toda la familia por conseguir las medicinas y de cuidar de ellos, Larena, su madre, sólo empeora y empeora. A su lado, un cuerpo pálido y sin vida, que pertenecía a Anthony, tenía el cuello en una posición que no podría ser natural. Alex llamó a su padre, temiendo lo peor.
Cuando su padre llegó a la habitación, vio a su hijo, tendido en la cama, pálido como la luna y su cuello, fuera de la cama, en una posición anormal.
-No...-Sus ojos se llenaron de lágrimas, y se acercó, con pasos pesados y torpes, hasta la cama.- No... Anthony... hijo... ¡¡¡NOOO!!!
Alex entendió, en lo profundo de su corazón, que estaba sucediendo lo mismo que le sucedió a Nicolae, hacía ya un año.
Los sollozos del padre despertaron a Livia y Lia. Todos se encontraban llorando junto a la cama de Anthony. Alex tenía tan solo 10 años y ya había perdido a dos de sus hermanos, aquella no era una experiencia que le gustaría pasar de nuevo, eso era claro para él.
Dos niños iban corriendo a toda velocidad por un pedregoso camino cubierto de barro en una tarde lluviosa de otoño. A los costados se cernía un tupido bosque de robles y la luz entraba por cada rendija entre los árboles, mientras las hojas caían del cielo con lentitud.
Se podía notar en sus delgados y pálidos rostros, la niña tendría alrededor de 16 años y él unos 10. Ella era alta y delgada , con grandes ojos café y cabello negro. Vestía unos pantalones de cuero, una camisa de lana que en otro momento fue blanca y unos zapatos hechos a partir de trozos de cuero. El era un poco más pequeño, igual de escuálido su cabello negro se expandía hacia todas direcciones y vestía igual que ella.
Se apresuraron para llegar a su destino, la pequeña cabaña en la que vivían.
Al esquivar una gran piedra, Alex tropezó con unas raíces retorcidas, y la canasta de mimbre con hojas de azufre que llevaba cayó al barro.
-¡Lia!
Su hermana mayor se volteo y vio al chico tirado. Lo levantó de un tirón, mientras su
hermano levantaba la canasta del suelo.
-Rápido, ya casi llegamos. -Le dijo Lia al niño, mientras seguían con la marcha.
Recorrieron el largo y difícil camino. Al tomar una curva llegaron a su ansiado destino. Una casa se divisaba entre la densa niebla. Hecha de madera y piedra. La construcción se erguía en lo profundo del bosque. Solo una puerta permitía el acceso a esta y aunque no podían verla detrás de aquella humilde cabaña se escondía una pequeña huerta.
Cuando llegaron a casa, Livia les abrió la puerta y les hizo pasar rápido. A diferencia de sus hermanos ella tenía el cabello castaño y largo, era aún más alta que Lia y tenía unos 18 años. Llevaba puesto un camisón blanco hasta los pies, que seguramente tendría completamente descalzos.
Ella los esperaba con un cuenco de agua hirviendo. Alexander metió las hojas que había traído en el agua, que de inmediato comenzó a tomar un color azul marino. Lia tomó dos pañuelos de tela y los humedecido en el cuenco, luego fue y se los puso sobre la frente a Anthony y su madre.
Madre e hijo se encontraban en cama, cubiertos con mantas hasta el cuello por lo que lo único que se podía ver de ellos eran sus enfermos y cansados rostros. Estaban muy delgados: eran piel sobre huesos. Ambos se veían febriles, cansados, débiles y demacrados. Lo único que los diferenciaba era el cabello: ella lo tenía largo y castaño, mientras él lo tenía corto y negro.
-Alex, ve a secarte y cambiarte -dijo Livia, la mayor de sus hermanos.
El chico obedeció sin hablar, y luego fue a ayudar a su padre a mantener el fuego para cocinar. Su padre, que estaba cada día más demacrado, su cabello negro y enlucido reflejaba la situación que toda la familia estaba viviendo. El sonrió débilmente al ver a su único hijo varón sano en casa. Juntos, padre e hijo cocinaron un guiso con carne de cerdo, albahaca seca y arroz.
En casa la atmósfera era callada y poco optimista, pues aquel día había llovido mucho y su cultivo, no iba a resistir esa cantidad de agua cayendo tan fuerte como aquel día había caído, y eso complicaría sus pocos recursos de subsistencia.
-¡Livia! -Se oyó desde la habitación en que Anthony y su madre descansaban.
Ella salió corriendo sin decir palabra, y al poco rato llamó a Lia y su padre. Alex, preocupado, se acercó al cuarto donde toda la familia se había reunido. Vió a su hermano con el rostro amarillo e inconsciente, y a Livia intentando darle algunas plantas medicinales, pero no conseguían que se las trague. Su padre intentaba calmar a su esposa, que no estaba en condiciones de estresarse.
Era normal para Alex ver a su hermano y su madre en cama y en el limbo entre la vida y la muerte, pues la peste negra llevaba en su hogar más de un año, y ya se había llevado a Nicolae, su hermano pequeño.
Al fin, lograron que Anthony tomará sus medicinas, y luego del ritual de higiene y de todos cuidado que los enfermos deben tener, todos fueron a acostarse.
Alex se acercó al lecho de paja en el que dormía y suspirando con cansancio se dejó de caer. Cansado y desconsolado se durmió tan pronto como su rostro llegó al suelo.
A medianoche, Alex despertó sobresaltado. Toda la casa se sentía mortalmente silenciosa y la temperatura empezaba a sentirse más fría que afuera. Escuchó un ruido de la habitación contigua, donde descansaban su hermano y su madre. Se acercó al cuarto,donde la luz entraba en la habitación por una pequeña ventana. A través de ella se podía divisar el neblinoso bosque de robles. En el interior del cuarto, en la cama de su madre, esta luchaba por mantenerse con vida, pues, pese a los esfuerzos de toda la familia por conseguir las medicinas y de cuidar de ellos, Larena, su madre, sólo empeora y empeora. A su lado, un cuerpo pálido y sin vida, que pertenecía a Anthony, tenía el cuello en una posición que no podría ser natural. Alex llamó a su padre, temiendo lo peor.
Cuando su padre llegó a la habitación, vio a su hijo, tendido en la cama, pálido como la luna y su cuello, fuera de la cama, en una posición anormal.
-No...-Sus ojos se llenaron de lágrimas, y se acercó, con pasos pesados y torpes, hasta la cama.- No... Anthony... hijo... ¡¡¡NOOO!!!
Alex entendió, en lo profundo de su corazón, que estaba sucediendo lo mismo que le sucedió a Nicolae, hacía ya un año.
Los sollozos del padre despertaron a Livia y Lia. Todos se encontraban llorando junto a la cama de Anthony. Alex tenía tan solo 10 años y ya había perdido a dos de sus hermanos, aquella no era una experiencia que le gustaría pasar de nuevo, eso era claro para él.
El cap. 1. Si esta muy corto es porque no tengo a nadie a quien escribir.
Spoiler
No había pasado más de dos meses desde la muerte de Anthony, cuando Livia, cayó en cama con los mismos síntomas de la peste negra. La fiebre pronto empezó a manifestarse en su cuerpo, la tos descontrolada y el dolor en el pecho fue suficiente para convencer a la familia de que Livia seguiría el mismo camino que su madre.
Cuando comenzó a manifestarse la enfermedad, la familia entró en caos. Su padre no podía creer la suerte que corría su hija, y por si fuera poco una sangrienta y destructiva guerra por tierras de nadie se había desatado entre su pueblo y otro cercano, llamado Bastahat. Así, Marco, el padre, tendría que abandonar su humilde cabaña y pelear.
Y por si fuera poco la condición de su madre no paraba de empeorar. Pero además de la enfermedad ella empezó a delirar y viendo que su madre no mejoraba la esperanza de que sanara era un idea ya inalcanzable.
-¿Nicolae aún no ha despertado?- Desde la muerte de Anthony, la madre preguntaba por sus dos difuntos hijos , como si aún estuvieran vivos.- Dile que se abrigue bien, hoy hace mucho frío afuera y no quiero que se enferme.
-Sí mamá, pero ya tómate las medicinas - Por más que le decían, ella se negaba a aceptar que estaban muertos, así que comenzaron a fingir ambos niños seguían vivos.
Al fin, llegó el día en que vinieron a buscar a Marco, como soldado para aquella estúpida guerra. Aquel día, soleado y frío, dos hombres con ballestas tocaron la puerta de la cabaña sin buen mantenimiento en que la familia vivía. Preguntaron por Marco, y este se presentó, con sus pocas posesiones personales y una ballesta.
-Padre, no tienes que unirte a esta absurda guerra -Dijo Livia cuando se enteró de la
horrible tragedia a la que su demacrado padre se enfrentaría.
-Sabes más que nadie que no podré quedarme con un ustedes. Pero les prometo que tratare por todos los medios de volver a verlos. Lo prometo.- Se volteo rápidamente para evitar que sus hijos no notaran sus ojos llorosos.- Lia, quedas a cargo - Dijo con tono duro y afligido.- Cuídalas bien, y también a Alex, volveré pronto. Acepto unirme al ejercito.
Marco se encaminó hacia la puerta, sin detenerse hasta llegar al umbral, entonces, Alexander pudo ver, por última vez, los ojos marrones de su padre, y una máscara de dureza en su rostro, intentando ocultar de la vista de los niños su dolor
.
Pero no era una elección, sino que lo obligarían a luchar, como a todo ciudadano. Por estos dos desafortunados problemas, nadie vivía de manera saludable, dormían poco y trabajaba cuidando a Larena, su madre, y a Livia, cuidando sus cultivos y haciendo lo poco que podían para sobrevivir.
Y así, Lia y Alex sintieron, por primera vez en su vida, un vacío continuo y frialdad en cada rincón de la casa, sin poder calentarla por más leña que metiera en la hoguera. Porque aquello no era frío, era tristeza y soledad.
Esa noche, cuando su madre se despertó y vió el rostro de Lia, no necesitó más para comprender que su esposo ya se había marchado. Fue para ella más que doloroso, más que la muerte de dos de sus hijos, fue...el fin. La locura tomó por completo su mente, y ya no había vuelta atrás.
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-¡¡AAAAAAAAAAAAHHHHHHHHH!! -Cada noche, después de la partida de Marco, Larena despertaba gritando. A veces, llamaba a su esposo, otras, a Anthony y a Nicolae
-Calma mamá, todo está bien - Decía Lia, tras esperar de unos quince minutos. Tuvieron, después de un tiempo, que separar a Livia de su madre, porque sus gritos impedían que su hija pudiera descansar.
Así, cada jornada era más dura y difícil de sobrellevar que la anterior. Cada día era una batalla entre la vida y la muerte, esa era su normalidad, llena de frío, de trabajo duro en su campo, de ver cada mañana el amanecer con la esperanza de que muchas cosas cambiaran ese día.
Pero la esperanza se iba perdiendo poco a poco, día a día, semana a semana. Pasaba el tiempo y no tenían noticias de su padre. Su madre ya casi no hablaba, y cuando lo hacía, sus palabras rara vez tenían algún sentido. Los alaridos carentes de sentido de su madre seguían despertando cada noche a Lia y Alexander.
Dormían poco, trabajan mucho, descuidando su salud al salir sin abrigo cada congelada mañana de invierno a vender unas pocas artesanías y algunos frutos de su huerta o encontrados en el bosque cercano.
Pasaron así dos años, y milagrosamente su madre y su hermana seguían con vida, aunque enfermas. Hacía un tiempo un hombre tuerto y en muletas apareció en la puerta de la casa, con la terrible noticia que Lia y Alex habían estado esperando: su padre había muerto en batalla.
-No lo conocí -Admitió el hombre – Pero vi sus últimos momentos, se cargó a tres hombres consigo antes de morir. Esto es todo lo que pude traer de él – Les mostró un collar entretejido que Larena le había hecho hacía años, cuando enfermó.
-Gracias, nuestra madre se encuentra enferma, no puede agradecerle personalmente, pero sabe que ha sido difícil traernos esta noticia. -Respondió Lia, al borde de las lágrimas y aunque se había preparado mucho tiempo para la noticia esta igual pudo acabar con ella.
Esa misma tarde enterraron el collar en el patio, a modo de despedida. Pusieron a Livia en la ventana, para que pudiera ver el entierro. “ Murió lejos de casa, donde nadie lo recordará y su cuerpo será quemado con otras tantas personas con su misma suerte” Dijo Lia, y comenzó a llorar, en el hombro de su hermano. Alex sentía la misma tristeza que su hermana, pero no era capaz de llorar.
-Hola mamá -Dijo el chico al entrar en el cuarto de su madre. Se acercó, tomó su mano y le dijo- Vino un hombre hace poco, dijo que... que papá ha pasado a mejor vida.
Su madre lo miraba con su marchito y escuálido rostro, sin mostrar ninguna expresión, como si no entendiera de qué le hablaba, como si no lo conociera. Era algo normal en aquellas alturas, y sabían que ella no entendía ni contestaba. Sabiendo también que probablemente no volvería a contestar.
Su madre prácticamente tenía un pie en la tumba.
Cuando comenzó a manifestarse la enfermedad, la familia entró en caos. Su padre no podía creer la suerte que corría su hija, y por si fuera poco una sangrienta y destructiva guerra por tierras de nadie se había desatado entre su pueblo y otro cercano, llamado Bastahat. Así, Marco, el padre, tendría que abandonar su humilde cabaña y pelear.
Y por si fuera poco la condición de su madre no paraba de empeorar. Pero además de la enfermedad ella empezó a delirar y viendo que su madre no mejoraba la esperanza de que sanara era un idea ya inalcanzable.
-¿Nicolae aún no ha despertado?- Desde la muerte de Anthony, la madre preguntaba por sus dos difuntos hijos , como si aún estuvieran vivos.- Dile que se abrigue bien, hoy hace mucho frío afuera y no quiero que se enferme.
-Sí mamá, pero ya tómate las medicinas - Por más que le decían, ella se negaba a aceptar que estaban muertos, así que comenzaron a fingir ambos niños seguían vivos.
Al fin, llegó el día en que vinieron a buscar a Marco, como soldado para aquella estúpida guerra. Aquel día, soleado y frío, dos hombres con ballestas tocaron la puerta de la cabaña sin buen mantenimiento en que la familia vivía. Preguntaron por Marco, y este se presentó, con sus pocas posesiones personales y una ballesta.
-Padre, no tienes que unirte a esta absurda guerra -Dijo Livia cuando se enteró de la
horrible tragedia a la que su demacrado padre se enfrentaría.
-Sabes más que nadie que no podré quedarme con un ustedes. Pero les prometo que tratare por todos los medios de volver a verlos. Lo prometo.- Se volteo rápidamente para evitar que sus hijos no notaran sus ojos llorosos.- Lia, quedas a cargo - Dijo con tono duro y afligido.- Cuídalas bien, y también a Alex, volveré pronto. Acepto unirme al ejercito.
Marco se encaminó hacia la puerta, sin detenerse hasta llegar al umbral, entonces, Alexander pudo ver, por última vez, los ojos marrones de su padre, y una máscara de dureza en su rostro, intentando ocultar de la vista de los niños su dolor
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Pero no era una elección, sino que lo obligarían a luchar, como a todo ciudadano. Por estos dos desafortunados problemas, nadie vivía de manera saludable, dormían poco y trabajaba cuidando a Larena, su madre, y a Livia, cuidando sus cultivos y haciendo lo poco que podían para sobrevivir.
Y así, Lia y Alex sintieron, por primera vez en su vida, un vacío continuo y frialdad en cada rincón de la casa, sin poder calentarla por más leña que metiera en la hoguera. Porque aquello no era frío, era tristeza y soledad.
Esa noche, cuando su madre se despertó y vió el rostro de Lia, no necesitó más para comprender que su esposo ya se había marchado. Fue para ella más que doloroso, más que la muerte de dos de sus hijos, fue...el fin. La locura tomó por completo su mente, y ya no había vuelta atrás.
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-¡¡AAAAAAAAAAAAHHHHHHHHH!! -Cada noche, después de la partida de Marco, Larena despertaba gritando. A veces, llamaba a su esposo, otras, a Anthony y a Nicolae
-Calma mamá, todo está bien - Decía Lia, tras esperar de unos quince minutos. Tuvieron, después de un tiempo, que separar a Livia de su madre, porque sus gritos impedían que su hija pudiera descansar.
Así, cada jornada era más dura y difícil de sobrellevar que la anterior. Cada día era una batalla entre la vida y la muerte, esa era su normalidad, llena de frío, de trabajo duro en su campo, de ver cada mañana el amanecer con la esperanza de que muchas cosas cambiaran ese día.
Pero la esperanza se iba perdiendo poco a poco, día a día, semana a semana. Pasaba el tiempo y no tenían noticias de su padre. Su madre ya casi no hablaba, y cuando lo hacía, sus palabras rara vez tenían algún sentido. Los alaridos carentes de sentido de su madre seguían despertando cada noche a Lia y Alexander.
Dormían poco, trabajan mucho, descuidando su salud al salir sin abrigo cada congelada mañana de invierno a vender unas pocas artesanías y algunos frutos de su huerta o encontrados en el bosque cercano.
Pasaron así dos años, y milagrosamente su madre y su hermana seguían con vida, aunque enfermas. Hacía un tiempo un hombre tuerto y en muletas apareció en la puerta de la casa, con la terrible noticia que Lia y Alex habían estado esperando: su padre había muerto en batalla.
-No lo conocí -Admitió el hombre – Pero vi sus últimos momentos, se cargó a tres hombres consigo antes de morir. Esto es todo lo que pude traer de él – Les mostró un collar entretejido que Larena le había hecho hacía años, cuando enfermó.
-Gracias, nuestra madre se encuentra enferma, no puede agradecerle personalmente, pero sabe que ha sido difícil traernos esta noticia. -Respondió Lia, al borde de las lágrimas y aunque se había preparado mucho tiempo para la noticia esta igual pudo acabar con ella.
Esa misma tarde enterraron el collar en el patio, a modo de despedida. Pusieron a Livia en la ventana, para que pudiera ver el entierro. “ Murió lejos de casa, donde nadie lo recordará y su cuerpo será quemado con otras tantas personas con su misma suerte” Dijo Lia, y comenzó a llorar, en el hombro de su hermano. Alex sentía la misma tristeza que su hermana, pero no era capaz de llorar.
-Hola mamá -Dijo el chico al entrar en el cuarto de su madre. Se acercó, tomó su mano y le dijo- Vino un hombre hace poco, dijo que... que papá ha pasado a mejor vida.
Su madre lo miraba con su marchito y escuálido rostro, sin mostrar ninguna expresión, como si no entendiera de qué le hablaba, como si no lo conociera. Era algo normal en aquellas alturas, y sabían que ella no entendía ni contestaba. Sabiendo también que probablemente no volvería a contestar.
Su madre prácticamente tenía un pie en la tumba.





