
Capítulo 2.[/u]
Unas tijeras abiertas, un hilo justo en la mitad y cerrar las tijeras. Un movimiento tan simple podía quitar la vida de alguien. Justamente eso fue lo que hizo Átropos.
Ella decidió que llegó el momento de acabar con alguno de los elegidos...
Unas tijeras abiertas, un hilo justo en la mitad y cerrar las tijeras. Un movimiento tan simple podía quitar la vida de alguien. Justamente eso fue lo que hizo Átropos.
Ella decidió que llegó el momento de acabar con alguno de los elegidos...
Acción #2
Cris Trancey
Sin fiarte de nada ni nadie, atrapas el tridente y huyes por las escaleras de aquel lugar en el que se iba acumulando el gas...
Entrecerraste los ojos cuando subiste todos los peldaños de la escalera. Había un sol hermoso que alumbraba todo aquel verde jardín. Hacía tiempo que no veías aquella estrella, por lo que estuviste unos minutos viendo un poco mal.
Miraste al suelo, para ver por donde entraste, pero no había ni rastro de la escalera por la que llegaste. En su lugar, había hierba y una margarita que podías arrancar.
Entre flores y árboles desgarrados, casi no podías pasar por ningún lugar. Pero no eras el único que estaba allí. Miraste al frente y contemplaste a una anciana:
— ¡Qué suerte que hayas venido! —su voz ronca daba algo de miedo— Yo sé por qué estás aquí. Hay una salida cerca, te daré el mapa si me entregas tu tridente. Créeme, no te hará falta si pasas por esa puerta.
No sabías si fiarte o no de esa vieja fea y coja. Aunque sonaba demasiado convincente. Podías entregar el tridente para conseguir el mapa y así ir hacia donde el mapa indicara. Tal vez quisieras entablar una conversación.
Notaste la presencia de una mujer mucho más joven entre los árboles. No la podías ver bien, era como una sombra, pero sabías que te estaba llamando. Podías ir con ella. Cerca de ella había un murciélago que podías atrapar.
Matar a la anciana y robar el mapa también eran opciones, pero aún no viste si realmente tenía lo que te ofrecía. Harías lo que el corazón te dictara.
Inventario:
Tridente

60% Salud Mental

100% Puntos de Vida

80% Energía
Tridente

60% Salud Mental

100% Puntos de Vida

80% Energía
Raphael Aldebaran
Después de aquella herida y las voces de algo relacionado con un espectro, ignoras todos los demás caminos. Movido, tal vez, por el instinto, te diriges hacia el arco romano y pasas por él...
La luz del día te ciega por un instante, ¿qué tiene que ver este lugar con el anterior? Contemplas un gran coliseo romano por dentro. Está totalmente 'restaurado' y... habitado.
— ¡Caballeros y Damas! ¿Qué digo de damas? ¡Si ellas están limpiando! —entre aplausos y risas, un hombre machista con aires de superioridad hablaba desde un asiento distinguido— Hoy tenemos frente a nosotros a un mediocre que se cree que podrá con nuestro joven invencible, ¡Claudius!
Todos le alababan y tú realmente no comprendías nada. Miras hacía atrás para ver si podías irte por el... ¡¿arco?! ¡Había desaparecido! Sorprendentemente, ya no estaba allí y no veías razón lógica de cómo podrías haber entrado entonces.
— ¡Por favor, Raphael, sálvame! —dirigiste tu mirada hacia una chica que estaba en una parte inaccesible para el público. Dos hombres musculosos estaban a los lados de aquella muchacha de corto cabello castaño.
— ¡Cállenla! —tras esa orden, ambos hombres la golpearon con un látigo— Si la perra no se comporta, pónganle el bozal.
La arrodillaron y pusieron su cabeza y muñecas en unos agujeros de madera que cerraron. Era una... guillotina. ¡Iban a cortarle la cabeza!
—Recordemos que este escuchimizado ha venido para intentar rescatar a la muchacha. ¡Suerte entonces!
¿Escuchimizado? Te miraste y viste que vestías totalmente distinto, era la clásica vestimenta de un gladiador, con todo tu pecho al aire.
Más o menos ibas comprendiéndolo. Ibas a luchar contra un hombre delante de todo aquel público para salvar a esa mujer. ¿Pero realmente arriesgarías tu vida por alguien que no conoces? Podías irte por la puerta del coliseo, estaba entornada, pero si hacías eso, deducías que al menos una persona se desprendería de su cabeza.
Frente a ti estaba Claudius, un hombre con mucho músculo y un cuchillo muy largo que sabía manejar perfectamente. Tu misión, eliminarle.
— ¿A qué esperas? ¡Escoge tu arma y ataca! —con su voz desagradable, volvió a usar el imperativo, pero ahora, hacia a ti.
Había tres pedestales detrás tuya. En cada uno posaba un arma distinta que podías coger para atacar: una daga, un arco y ¿una pistola?. Las flechas del arco estaban a unos doce pasos pasando cerca de tu oponente. También había un escudo de madera a tres pasos hacia atrás. Y... un ovillo de lana a trece pasos a la derecha; lejano e inservible en la batalla, pensaste.
Dijo que escogieses tu arma, pero no dijo que solamente una... Aunque tal vez no debieses pasarte de listo, no parece que le pudiera hacer mucha gracia. Pero ya que pensabas de esa forma, además de atacar a Claudius podrías atacar al 'jefe', aunque debías analizar bien esa posibilidad...
En estos momentos echabas de menos a aquella voz...

30% Salud Mental

85% Puntos de Vida

100% Energía
Mickey Ruffer
Le comentaste sobre ir a un supermercado con la intención, si se negara, de subirla a tu espalda para que alcanzase aquella manzana...
Ves que te mira con una cara de curiosidad, ¿qué habías dicho para que tuviese dudas de algo? Fuiste demasiado preciso...:
— Un... ¿qué? —preguntó con voz dulce e ingenua— Super... ¿mercado? ¿Es una clase de héroe o algo? —ahora fuiste tú el que quiso poner la cara que ella puso... ¿cómo que no sabía qué era...?— En cualquier caso, no, no hay ninguno por aquí. Aunque tal vez lo haya y no sé que se llama así... Aunque no conozco nada que sea súper...
La chica estaba comenzando a delirar. Notaste que no era muy inteligente, a pesar de aparentar unos dieciséis.
Antes de que dijese cualquier otra estupidez, te inclinaste y tocaste tu espalda, señalándole que subiese. Tardó unos minutos en subir correctamente y cuándo lo hizo saltó para agarrarla. El impulso hizo que cayeses, pero lo peor fue que ella cayera sobre ti.
— ¡Oh! Perdón... Qué patosa soy —no hacía falta que lo jurara...— Toma, la manzana es tuya, en señal de mis disculpas —extendió sus brazos, pero al ver tu demora no dudó en ponerla sobre tu mano— Además, ahora con los nervios se me ha quitado el apetito. Bueno, no te robaré más tiempo, me voy al castillo.
¿A dónde dijo que iba? No podías adivinar si ella formaba parte de las ramas del reino o simplemente iba por algún otro motivo. Al menos, ella era la única que sabía sobre el lugar. Podías seguirla, sin que te viese, total, con lo retardada que es no se dará cuenta, supones. O acompañarla y entablar una conversación.
Comer te quitaría el apetito o incluso algo más, como el cansancio, así podrías moverte mejor. Pero un nuevo chillido, claramente de otra persona, había sonado por tu derecha. Viste humo en mitad del bosque, podrías ir a ver que ocurre o pedirle a la chica que te acompañase. Claro que dijo que se iba al castillo, aunque no sabes si era por obligación.
También podías ir por la izquierda o volver por dónde viniste e ir por el lado al que no fuiste. ¿Acaso ibas a estar toda tu vida socorriendo a los gritos de los demás?
Inventario:
Cuchillo
Manzana

60% Salud Mental

90% Puntos de Vida

70% Energía
Cuchillo
Manzana

60% Salud Mental

90% Puntos de Vida

70% Energía
Diego Ashawasha
Ivan Van Hell
Jack J.
Makaio Dulan
Tomaste las llaves del coche y conduciste rápidamente hasta la tormenta de arena, con esperanzas de solucionar una parte de aquella incógnita.
Vas con todas las esperanzas de saber cómo llegaste allí o, con algo de suerte, llegar a tu hogar. Contemplas de cerca aquella tormenta de arena, todas sus partículas girando a toda velocidad. Intentas no asustarte ni apartar el pie del pedal, vas a toda la velocidad posible y llegas a donde querías, al ojo de la tormenta.
El vehículo comienza a dar vueltas sobre si mismo, mientras tú te encuentras en su interior. Te das muchos golpes en el cráneo, pero no caes inconsciente. Te aferras al volante como si fuese tu salvación, pero la fuerza de ese viento era tan enorme que la parte trasera se despidió por completo.
El coche, a la mitad, y tú resistiendo. No veías un buen final para aquello. El cinturón te mantuvo en el asiento, aunque no podía ayudarte... Con la presión, los cristales de delante tuya estallan antes de que puedas reaccionar y casi todos los trozos se quedan clavados en tu rostro o cualquier otra parte del cuerpo. El más doloroso, el del ojo derecho. Sentías el líquido fluir por tu mejilla, no era sangre, era lo que antes pertenecía a tu óculo, cuál ahora está vacío.
Uno de esos trozos cortó la única seguridad que te quedaba. Sin ella, la tormenta te tragó. Casi te mareas de tantas vueltas, aunque casi lo prefieres antes que permanecer con ese dolor. Aquello decide soltarte y aterrizas a mucha velocidad con la cara en la arena, clavando más profundamente los cristales que había en tu piel. Aún despierto, el dolor era indescriptible, no podías ni gemir. Te volteaste como pudiste, observando la parte delantera del todoterreno que seguía haciendo circunferencias, hasta que lo pudiste ver cada vez más cerca de ti. El tornado, como si no hubieses tenido suficiente, decidió aplastarte.
Te encontrabas debajo de lo que alguna vez estuviste dentro...

Intentaré hacer para esta misión el grupo del RPG, así las conversaciones y otras cosas serán mejores. Si tenéis un objeto que se pueda usar en cualquier momento (comida, linterna...) no estaré diciendo en cada misión que lo podéis usar, como mucho os diré cuándo no u os incitaré si ayudara en algo.
Una muerte desencadena una pesadilla...

By: Yorm ^^

By: Blade : P

By: Mynor :3

By: Planta :3
Firmas

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