Foros de Centro Pokémon
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#81
Capitulo 34


Spoiler
─¡Venga, vamos, corred, CORRED!

Había que darse prisa. Su Umbreon estaba tiritando dentro de su pokéball, padeciendo del frío. Pudieron salir de la cueva, al fin. Mientras Gionna estaba plantándole cara al legendario, ellos lograron tumbar a los cuatro pokémon de zarpas y garras, a duras penas. Todos estaban heridos. Necesitaban atención médica. Pero lo suyo no era nada. Chris y Elena tenían varias laceraciones y quemaduras leves en las manos que sujetaban el capturador. Estas bestias pudieron destrozarlos sin la presencia de sus amos. Mas el único mal que tenían era el dolor que causaba y las heridas. Ellos no tenían una congelación parcial.

Al fin dejaron atrás la Gruta Helada. El suelo escarchado pasó a ser a madera húmeda, y luego, nieve que engullía hasta los tobillos. Eso los ralentizaba y daba más tiempo a las heridas para sangrar. Pese a las prisas y dificultades, la entrenadora miró contemplativa a los árboles adornados con aquel azúcar celestial. Los lugares nevados no dejaban de asombrarle con su blanquecina belleza. Aunque fuera la causa de su lentitud, no podía injuriar a estos paisajes. Siempre la maravillaban. Tanto que le hacía olvidar las penas y los malos momentos pasaba. Igual que ahora...

─¡Eh! ¿¡No tenías prisa!?

¡Y sin embargo, estúpido Soel! ¡Tan bien que estaba sin pensar en sus preocupaciones...! Pero era verdad. Tenía prisa. Si no espabilaba, podría perder a uno de sus compañeros. Tenía que avanzar.
Tras varios pisotones en el manto blanco y subir una pequeña ladera, llegaron por fin al pueblo que estaba situada la base ranger. Las chimeneas de las casas de pino humeaban en resultado a la quema de troncos que se producía en el interior. Era otro pueblo con pocas casas de apariencia rústica. Pero no había tiempo para embobarse de nuevo.

Todos se apresuraron a entrar. Fueron directos al botiquín para empaparse las palmas con yodo. Los entrenadores sacaron a sus camaradas heridos. Hacía suficiente calor para que el hielo se vaya derritiendo poco a poco. Pero eso no evitaba la hipotermia. Necesitaba acelerar el proceso.

─¿¡Dónde están las estufas!?─ Tuvo que preguntar. Era la mejor solución que se le ocurría.
─¿Las estufas? ¿Para qué?─ Dijo extrañada Elena.
─¡Mi Umbreon! ¡Está congelado!
─¡Un momento, ya vengo!

Esperó a la jefa. Mientras, intentaba derretir el hielo soplándolo, en vano. Elena no tardó en acudir con un spray, cuyo recipiente rosado permitía ver el contenido líquido. Al fin algo que conocía.

─Mejor un antihielo, ¿no crees?
─¡Oh SÍ!─ Rauda, y sin pedir ningún tipo de permiso, aplicó el anticongelante al cristal gélido. No tardó en hacerse aguas y liberar al Umbreon de aquella opresión. El químico resultó eficaz. Ya no estaba en peligro. Ahora tenía que ocuparse de las heridas. Y de la parálisis de su Toxicroack.

─Oye, no tendrás un antiparalizante, por casualidad...
─No.
─¿Un revivir?
─No me quedan.
─¿Y pociones?
─Todo se lo ha gastado tu compañero. Lo siento.
─¡Mecachis!─ Masculló. Ahora no sabía como tratar a Google. Tenía que dejar que se recuperara solo. Al menos no urgía ningún tratamiento. Solo habría que hidratar las quemaduras leves que causó el electrocañón y estaría más o menos curado. Pero el caso de Kyumbreon no era tan sencillo. Sus heridas no sanaban más rápido con un poco de agua. La luz vespertina casi se había apagado. Muy pronto la luna resplandecería entre las estrellas.

Kyumbreon recuperó la consciencia. Se quejaba dolorido por las cicatrices aún abiertas de aquellas batallas que tuvo. Lo primero que hizo fue demandar el tenue fulgor de la misteriosa esfera. Su cuerpo lo necesitaba. No miró las musarañas esta vez. Gionna tomó prestado uno de los anoraks que habían en la perchera y cogió a Kyumbreon en brazos para exponerse al frío aire nocturno. Se podía ver a la luna ya en su recién llegada fase menguante, y una leve luz anaranjada que dejaba el sol en sus últimos minutos de estancia tras la sierra. En cuanto este último rastro lumínico desvaneció entre la oscuridad, las marcas de Kyumbreon se iluminaron con su color amarillo para luego tomar un color azul pálido. La cuchillada del lomo se iba cerrando a una velocidad de vértigo. Si esto hubiera tardado cicatrizar en tres días, ahora lo hizo en treinta segundos.

Menos mal. La luna era una bendición para ambos.
─Al fin... mis hendiduras sanadas por el regalo de Lunetah al mundo. ¿Quién necesita la ciencia cuando tienes a la luna?
─Kyu, no todos podemos aprender luz lunar.─ Le dijo, sonriente y aliviada. ─Google va a tener que quedarse hasta que le pase la parálisis. Al menos un poco de aloe vera le ayudará a curarse.
─Pero al menos estará apto para la batalla, supongo.
─Sí, Kyu. Pero como le den un golpe-
─Eso es lo que importa. Que pueda luchar.
─Pero no lo dará todo...
─Mi señora, deje de preocuparse. Aún somos cuatro en plena salud.

Ahí estaba. Todavía podía arreglárselas. Aunque faltara Google, todavía podía contar con Honchpato, Akirosoku, él y Lol. Pero aún estaba preocupada. ¿Y si se encontraran con un pokémon que tuviera ventaja en dos de los suyos? De hecho, un galvantula podría barrer a los cuatro con dos movimientos de sus respectivos tipos. El único que podía mantenerlo a raya sería Google. Aunque Kyumbreon, aunque débil a aquellos ataques, podría resistir tres zumbidos gracias a su resistencia... ¿Pero por qué estaba pensando en galvantulas? El frío le alentaba a entrar.
─Bueno... ¿entramos? Me estoy helando, y encima huelo a chocolate.
─Las delicias humanas no me atañen ahora. Quizá más tarde.
─¿¡En serio!? ¡Pero si acabas de ser curado de una congelación! ¡Necesitas coger calor!
─Mi temperatura corporal es estable ahora. El frío es solo una molestia que hay que soportar. Dejarme a solas con la luna no será nada perjudicial.

Se calló por un momento para luego soltar un vaho ligero que la tajante brisa arrastraba como arena. Al principio no estaba de acuerdo. Todavía estaba preocupada por él. Además, se iba a sentir sola. ¿Pero qué se le iba a hacer? aparte, ya tenía a Lol. Podría estar con ella un rato. Lo dejó al suelo al fin y entró a la base, no sin antes dirigir una gentil sonrisa y recordar que ya sabía por donde estaba.

El pelo de Kyumbreon ondeaba con el viento invernal de las montañas del norte. El día siguiente será un gran día. Después de cumplir el cometido que ellos quieren, volverán a deambular sin camino fijado.

No obstante, por alguna razón, tenía un mal presentimiento. Se sentía inquieto por razones que no lograba entender. De hecho, nunca se sintió así. Pronto se irían a la base. Muchas cosas podrían salir mal. Mas confiaba que todo iría bien. Con su fuerza y la colaboración de todos, ¿qué podía fallar? Aunque aún no estaba seguro. Antes se enfrentaron a ellos en terreno llano. ¿Cómo sería en en su propia guarida? Ahí podrían coger todo su arsenal directamente. ¿Y si pudieran obtener al fin la caja de Pandora? Eso sería nefasto. Pero ellos eran capaces de esquivarlos... ¿por qué se sentía así?

─¡Hola!

Se puso en guardia y giró de un salto preparado para un enfrentamiento. De enseguida relajó su postura.

Era el ángel de la guarda de su señora.

─Ah, eres tú, Latias. Que grata sorpresa.
─¿Pero qué haces tú usando la ironía? ¿No te alegras de verme sana y salva?
─¿Por qué iría yo a tener alegría, si estoy privado de ella?─ Le preguntó retóricamente. ─Además, fuiste incauta mostrándote ante estos demonios. ¡Podrían haberte sometido a su yugo!
─Habló el que se enfrentó sin pensarlo dos veces a un legendario porque “el mesías lo puede todo”.
─Soy más fuerte que cualquier legendario. ¡Podría haberlo vencido de no ser por la llegada de ellos!
─¡Por favor! ¡Si caíste antes de que abrieran la puerta!

El felino gruñó. Le echó en cara que era débil. Algo humillante para el enviado de Lunetah.

─Si os soy sincero, vuestras simples frases resultan urticantes para mi templanza.
─Pero es cierto. Me preocupas, Kyumbreon. Haces bien en aferrarte a tus cualidades, pero también estás ignorando tus defectos. Si no tomas consciencia de estas, todos lo acabaremos pagando. Puedo verlo.
─¿Cómo yo puedo ser tan influenciable en el destino del resto? ¿Qué son estas memeces? ¿¡acaso crees que no saldremos de ahí!? ¡Porque eso es lo que haremos! ¡Y luego partiremos de estas tierras lo más pronto que nos sea posible! ¡ESE es nuestro futuro! ¡Ninguna desgracia pasará, ni lo peor que pueda!

Latias suspiró. Era predecible que su comprensión no saliera de ahí.

─Esperaba que me entendieras. Pero por lo visto tendrás que aprenderlo por tu propia cuenta. Bueno, pues que así sea. No va a ser algo que no se pueda evitar, de todas formas.

La dragona esbozó una pequeña sonrisa de resignación.
─Bueno. Debo de partir. Nos vemos, Kyu.

Y así se dirigió hacia las montañas. Sus palabras no hicieron más que acentuar su nerviosismo. Pero no fue nada que tardara en dejarlo de lado para entrar al fin en la base. Ya estaba curado de todas formas.

El embriagador aroma del cacao invadía el caldeado interior de la base de Hiberna. La calefacción y el espeso brebaje dulzón era una gran recompensa por haber llegado hasta aquí. Hacía tiempo que Gionna no tomaba un chocolate tan bueno. Ni las cafeterías de su pueblo tenían comparación. Al menos la nostalgia le hacía olvidar su reciente trauma. Una vez servidos todos, Elena tenía que comentar algunos aspectos de la misión.

Gionna, Emily y Soel irían allá para asaltarla directamente. La top ranger los guiaría por donde tienen que ir. Sin embargo, el chico rubio no estaba de acuerdo. Él se había retirado, ya se lo dijo a Carlos. Una vez más, la carencia de transporte hizo que tuviera que quedarse un tiempo más en la Unión. Extendió mapas, explicó la situación de las instalaciones, los patrones que seguían los sensores de la antesala... toda la información extraída de la anterior misión de espionaje. Sin embargo, omitió los archivos de revistas que se sacaron del ordenador. Se pensó que solo estaba para constatar el ya conocido objetivo.

Justo cuando Elena finalizó su exposición, se oyeron las puertas de doble cristal abrirse. Jadeos de cansancio y derrota destacaban entre el largo silencio. Todos se llevaron una horrible vista. El Grovyle que acompañaba a la chica reposaba en sus brazos, dolorida por sus múltiples moratones. La ranger de flequillo azul también estaba algo desaliñada.

─Oh, no.─ Elena se levantó de la silla rápido para ver cómo estaban las dos. No tenían heridas graves, afortunadamente. Pero el Grovyle no podría caminar por unos días. ─¿Pero qué os ha pasado?
La chica no podía mirarle a la cara. Tenía que comunicarle las malas nuevas con la vista al suelo.
─Hemos fracasado. Se han llevado a Regirock. Mi capturador no ha servido contra sus pokémon. Y Spyrox está... está...
─Ya lo veo. Ojalá pudiera darle algo, pero todas las pociones las gastó ese chico de ahí.─ Señalaba a Soel con sus ojos fijados en él. Este sintió un escalofrío mientras iba acabándose su taza, como si se preguntara qué había hecho ya. Aunque la pregunta que se hacía en su mente era qué era lo que ella miraba.

Marian lo había oído todo. Tenía una fruta moteada envuelta en papel de cocina. El chocolate le había llenado demasiado, y no quería comer más. Le dio otra función. Apuntó a la cabeza de Emily y la preparó para ser lanzada. Le dio un leve golpe en la sien, para luego caer al suelo por acto de la gravedad.

─¡La cabeza alta, chica! ¡¿Qué son esos modales?!─ Le gritó.
─Marian. ¿Se puede saber qué haces?─ Le preguntó su superiora, manteniendo aquella neutralidad, no sin dejar de ser severa. Emily se quedó mirando el fruto. ¿Qué significaba esto? Luego la reconoció.

─Es una baya zidra.─ Dijo. Emily se agachó con cuidado y dejó a Spyrox en el suelo. Esta apretó sus pequeños dientes afilados para liberar un poco el dolor que sentía. Luego la top ranger le dio aquel regalo de la madre tierra a su gecko forestal. Fue mordisqueando la pulpa hasta dejarle solo las semillas. Ahora se sentía mejor. Los moratones habían sanado un poco. Ya podía levantarse. Acababa de acortar los días de descanso.
─¿Lo has hecho aposta?─ Preguntó desconcertada. Marian asintió, sin una sonrisa.
─Hum. Perdone señora... em... ¿por casualidad no tendrá más bayas zidra?─ Tenía que saber. Gionna también lo necesitaba.

─Mi marido tiene un huerto entero de esas bayas. Y me sobrarían si no fuera porque solo me he traído una.

No hubo suerte para la entrenadora. Después de que todos acabaran sus tazas, llegó al fin la hora de entrar en un profundo letargo. Desgraciadamente, le asignaron una habitación triple junto con Soel y Emily. Dormir nunca le había resultado tan costoso. Ya desde que entraron, mientras Emily indicaba dónde estaban las ropas de dormir, Soel empezó a vacilar. Gionna se enterró directa en las sábanas de la litera de abajo para no sufrir la vergüenza de la muda y protegerse sin resultado de aquellas discusiones. No cesaron de lanzarse pestes el uno al otro hasta tarde. Finalmente, lo único que quedó en aquel cálido lugar era el silencio, la oscuridad y el sopor que les daba el cansancio.


#82
Hello, Poisonbird!!!!!!!! Ahora que estoy de vacaciones tengo tiempo para leer y escribir, no voy a dejar tu fic de lado puesto que lo vengo leyendo desde el principio y en alguna parte dijiste que ya faltaba poco para el final, etc. Así que no me voy a quedar sin saber qué sucede y cómo termina todo.

:o!!!!!! Sabemos un poco más del pasado de Gionna, me encanta cuando el pasado de los personajes se revela poco a poco y los cabos sueltos se atan con esa lentitud que hace que el lector quiera saber más. Eso del dragón negro me tiene intrigado, aunque creo saber cuál podría ser, no diré nada, puedo llevarme una sorpresa. Ojalá uno de los capítulos futuros cuente de una sola vez toda la historia pasada de Gionna, con detalles y todo, eso sería fascinante.

La batalla contra Regice fue interesante y larga, aunque no me quejo, creo que tuvo todos los peligros pertinentes a la situación, además, la historia está bastante avanzada y eso obliga de cierta manera que los acontecimientos sean más complejos. Me gustaría que de una vez por todas Alberto se la jugara por Gionna, que fuera contra sus hermanos, y que después Gionna y su personalidad independiente lo rechazaran. Eso sería gracioso.

Noté algunas cosillas por ahí, aunque pocas. Te comiste algunos puntos, comas y hubo uno que otra palabra mal escrita o escrita dos veces. Y por cierto, en los diálogos todavía me confundo, creo que te lo había dicho antes, imagino que se te pasaron algunos, pero en algunas partes no supe qué personaje hablaba, no obstante debo decir que eso pasa menos ahora.

Ahora sólo me resta esperar más capítulos, estaré pendiente por si posteas otro. Ciao.


Lean mi fic: La Historia de Jack Evans
Soy Elven king
(Por si alguien no me reconoce)


#83
¡Wheee! ¡Pensaba que ya no me vendrían los comentarios hasta que terminara todo! :'D

Pues me alegro que haya planeado bien el tiempo que se van revelando la información. Creo que voy a contentar por parte del desarrollo de personajes...
Pero no por la parte de ships º-º
Anyhoo, he decidido adelantar la publicación de este episodio ya que tengo un trabajo y tengo muy poco tiempo para terminarlo. Siento si apresuro mucho esto... ¡pero jolín, tengo ganas de publicarlo todo y darlo por cerrado de una buena vez! -u-U
Ah, y en once días me voy de vacaciones. Tal vez no ponga solo un capítulo esta semana. O quizá ponga dos la que viene, pero, otra vez, no estoy segura si voy a poder.

Bueno.

Cheerio~!

Capitulo 35
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Spoiler
Aquel resplandor matutino sobre la nieve cegaba a los ojos desprotegidos. Todo y que los fríos vientos eran más fuertes que anoche, las caras de los tres destructores de organizaciones y sus compañeros, el felino y el gecko, recibían el poco calor que proporcionaba el reflejo del astro rey. Emily al menos andaba preparada. Iba a prueba de insolaciones; tenía puestas unas gafas negras que protegían sus pupilas verdes, al igual que el único varón del grupo. Solo la entrenadora carecía de un filtro oscuro. Por lo menos veía lo que había más adelante, pero la luz le hacía andar con los ojos entrecerrados.
─Gin, ¿seguro que estarás bien? Vas a coger una insolación...─ Le preguntó la top ranger con notoria preocupación.
─No, está bien. Mientras centre mi mirada en Kyu podré avanzar.

Sin embargo, aquella ayuda pronto desistió. El brillo terrestre era demasiado para el Umbreon. Cuando entraron en el pinar, no tuvo otra opción que guardarlo de nuevo; empezaba a marearse por cada paso que daba. Al menos, el blanco ya no deslumbraba. La sombra de los árboles les daba un descanso a la vista. A medida que la altitud iba subiendo, la espesura se iba despejando. Respirar se volvía una ardua tarea con el progresivo ascenso. Al fin, llegaron a una planicie que les daba un pequeño alivio a las rodillas.

Una imponente y empinada rampa escarchada se presentaba ante ellos. Cualquiera que mirara le entraría pereza de continuar hasta el pico. Sin embargo, tenían que superar este obstáculo, por muy inclinado que sea. Emily estaba preparada para esto. Explicó como usar el equipamiento otorgado y los posibles riesgos. Así asustaba a Gionna. Ni siquiera trepó por un olivar, ¿cómo podría escalar una montaña? Todo y que en la jungla logró llegar a la cúspide por donde se albergaba la reliquia. Sin embargo, ahí habían zarzas por donde se podía sostener. En esta sierra no veía por donde aferrarse. Además, era todo agua congelada. ¿Y si se resbalaba? Su compañero tampoco quería, más por pereza que no por miedo. Ni por asomo seguirían por estos caminos.

─¡Bah! Con tanto riesgo no merece la pena subir. No, ni hablar. Yo me marcho.
─Ah, ¿y cuál es tu plan entonces? Porque no tenemos otra forma de subir por aquí, ¡que lo sepas!
─¡Que no hay otro medio, dice! ¡Mira y verás!

La bola de plástico, lanzada al aire por Soel, liberó a Hella. Tan rápido como salió, su entrenador dio la orden de derretir el hielo. Emily trató de interrumpir al chico rubio; mas el candelabro ya se había rodeado de fuego. En cuanto lanzó toda aquella energía calorífica, se formó una efímera cortina de vapor que se arrastró con los vientos. Emily iba a reprobar aquella actitud por la brutalidad empleada; pero gracias a aquel ataque, se pudieron ver unas escaleras pétreas entre la roca nevada. Spyrox se asustó y se escondió detrás de su compañera. Odiaba el fuego.
─Vale... admito que fue buena idea.
─Gracias, monada.
─Pero podrías haber quemado a alguien, ¡idiota!
─¡Por favor! Ni que estuviéramos al alcance del infierno.
─¡Aún así, podrías haber provocado un incendio!
─Pero no lo he provocado. ¡Además! ¿¡Dónde ves tú los árboles!? ¡Están abajo, no aquí!

Ya empezaban de nuevo. Las discusiones de besugos de la anterior noche volvían a repetirse. Ella no tenía tiempo para soportar esas chácharas apasionadas. Gionna empezó a adelantarlos por su propia cuenta. Constantemente miraba por detrás para ver si se daban cuenta de su ausencia. Nada. Tuvo que alzar la voz.
─¡Eh, si vais a seguir con vuestras estúpidas discusiones voy a tener que ir yo sola! ¡No aguanto más en esta región de poca monta!
─¡Vale, que te vaya bien!─ Ya se despedía el renegado. La experta en misiones dio una colleja al perezoso Soel. Y de paso, le alzó la voz:
─¡No, qué haces! ¡Te vas a caer!
─Joder, pues acompáñenme si no queréis que me caiga por un precipicio, maldita sea.
─¡Vale, espéranos aquí!─ Indicó Emily sin perder los nervios.
─No, tú vas con ella, yo me voy.
─Sí, sí, con las aves hibernando te vas a ir, no te joroba...
─Bah. Robaré el Dragonite del segundo piso.
─¡Pero cómo puedes robar a un Dragonite con la gente ahí arriba, por favor!
No funcionaba. Tenía que seguir intentando que sintieran un poco de responsabilidad por ella.
─Voy a subir esta ladera solita. Y me caeré, vendrán los polis, verán mi moribundo cuerpo, y os inculparé de homicidio.─ Canturreaba la joven ranger, con una sonrisa burlona en su cara.
─¡No, no quiero ir a la cárcel!─ Exclamó el rubio.

Funcionó. Ambos pisaron los adoquines de piedra y ascendieron. Todos ellos estaban de acuerdo que habían más vías fáciles bajo el peso de la nieve, así que volvieron a usar a Hella, una y otra vez. Cruzaron el precipicio de la cascada detenida agarrados de los brazos de la lámpara de araña fantasmagórica. La cooperación de Soel resultó bastante útil. El camino se volvió más fácil gracias a él.

Pero justo en la parte más ardua, la buena racha tenía que acabar. El último obstáculo se tenía que escalar, por las buenas o por las malas. El peso de los cuatro sería demasiado para subirlos de una vez, así que se decidió ir uno por uno. El primero fue Soel, y nadie más. Una vez en la cumbre, volvió a guardar a Hella en su pokéball. Las tres se indignaron. Le habían dado la espalda, lo cual significaba que tendrían que escalar. Emily ya pasó por esto una vez. Y no demoró en subir. Ahora solo faltaba Gionna, quién no se atrevía a poner picos a la pared. Emily trataba de animarla. No había modo de que subiera. Decía que no se sentía segura sin un apoyo que no dependa de ella. Al final la tuvieron que subir con una cuerda. Al fin, hicieron levantar la roca del suelo para así poder entrar en la guarida. Pasaron de la antesala de la base para ir directos dentro.

Luces rojas se alternaban en el suelo. Era un lugar bastante iluminado, en comparación con el anterior. Emily tuvo que ponerse delante de ellos, que iban directos a los interruptores.

─¡QUIETOS! Si pisáis los sensores encendidos nos van a descubrir.
─¿Y qué? ¡Yo quiero acción! ¡Y combates pokémon! ¡Y-y-y quita de aquí!
Soel trató de hacerle amago y pisarlos a posta; Emily, como era de esperar, no le permitió avanzar.
─¡NO! Si queremos pasar sin tener cuidado, tenemos que robarles los zapatos a algunos reclutas, y de momento no pasa ninguno. Yo he estado aquí antes, y por lo visto, siguen un patrón de encendido. Si damos los pasos indicados, llegaremos sin que nadie se de cuenta.

El chico bufó. Poco le apetecía seguir indicaciones de ella. Además, ¿para qué demonios quería luchar? Tenía que irse pronto.

Tuvo que volver a hacer uso del pokémon de su madre. Hella aún podía aguantar un poco de su peso. Y no estaría de más una persona más. Ya que no tiene que ascender, no le supondrá gran esfuerzo. Así, Soel y Gionna pudieron superar aquellos obstáculos; esta última, con algún remordimiento. La entrenadora pensaba que, con su torpeza, solo acarrearía problemas.

Que la dejaran ahí abandonada a su suerte con aquella discoteca roja era algo que le dolía. ¿Pero qué más daba? Ella prefería trabajar sola. Y si aquellos dos la dejaban atrás... la misión era suya y de Spyrox. El gecko, con determinación, cruzó a saltos las fronteras lumínicas. Este entusiasmo contagió a su compañera, que se dispuso a correr entre los sensores apagados con rapidez. En el siguiente pasillo ya alcanzaron a Hella, adelantándolos y llegando antes que ellos. Todo y que ambas se sentían triunfantes, intentaron no reírse de su lentitud. Aún así, sus ansias de mofarse eran notorias.

Gionna y Soel se soltaron del Chandelure. Después de unas cuantas quejas de Gionna y las sutiles bromas de Emily, bajaron por las escaleras que habían al lado. El lugar se hacía menos visible a medida que descendían. El fuego fatuo iba destacando gradualmente entre la penumbra. El abrigo cada vez sobraba más, pues el aire era cálido, y no liviano, precisamente. El piso inferior era todo un infierno. Todos se quitaron los anoraks cuando llegaron. A partir de aquel punto, el camino sería más confuso. Emily procuró mantener la delantera para guiarlos. Sacó el plano y cruzaron un portón de acero. Ella iba a explicar en qué consistía estos paneles sin luz; mas un sonido seco se escuchó tras ellos. La puerta se había cerrado de golpe, provocando que la entrenadora soltara a algo parecido a un chillido de rata asustada. Los demás simplemente se desconcertaron. Una música, familiar a los oídos de Gionna, se escuchó por un altavoz. Eran tres veces que oía ese horror.

─¡Hola y bienvenidos a nuestra choza, pringados! Nos habéis tenido un poco jodidos estos días, ¡pero esto va a cambiar! ¡Tenemos siete legendarios en nuestra posesión, SIETE, y seguro que os haremos papilla si es que salís vivos de esta!

Nadie entendía nada. Soel quería salir, golpeando la equis del muro que acababa de aparecer. Emily también estaba consternada; no vio venir una emboscada. David se reía por el aparato sonoro.

─¡Oh, pero mirad que cara de caguetas hacéis! ¡Estais lloriqueando como bebés!─ Imitó seguidamente los llantos de un recién nacido. En el fondo se reían sus hermanos menores. Soel volvió en sí por aquellas burlas. Estaba ansiándolo, de todos modos.
─¿Ah, sí? ¡Pues esta nenaza va a aguantar todo lo que lancéis, que lo sepáis!─ El chico sacó a su fiel Lilligant.
─Oye, oye, tampoco te cabrees, ¿eh?─ Dijo Emily con una sonrisa forzada. Gionna seguía temblando cual hoja al viento; y más cuando se escucharon persianas metálicas abrirse. Se veían figuras humanas entre la oscuridad.

Eran reclutas aparentemente de carne y hueso, con movimientos demasiado rígidos para ser humanos. Se aproximaban como una horda de zombis hacia ellos, sin mostrar ni siquiera odio. Sus rostros parecían porcelana con aquellos ojos vidriosos. Spyrox amenazaba con gritos carraspeados y alzando sus brazos para mostrar sus filosas hojas. Hella y Dressela cubrían a Soel, también en posición defensiva. Algo no cuadraba en su actitud. ¿Dónde estaban los pokémon? Visto que ella era la única indefensa por el momento, la entrenadora sacó a Kyumbreon, ya recuperado. Eso fue una decepción para el de uniforme caqui. Entonces tuvo un plan para evitar el conflicto. Y era muy simple:

─¡Dressela, usa somnífero!

La dama danzó para soltar polen anestésico y adormecer a aquellos impasibles cabeza─huecas. Aunque la nube verde les daba de lleno, estos no se detuvieron. Algo que los dejó aún más atónitos.
No tardó en producirse una batalla campal. Comandados o no, las criaturas dieron con todo lo que tenían. El candelabro lanzó una lluvia de bolas sombrías mientras su compañera creaba potentes vendavales florales. Spyrox blandía sus filos vegetales contra ellos, y el Umbreon trató de levantarlos con telequinesia. Los ataques fantasmagóricos del Chandelure resultaban efectivos, incluso los repelían. Los de tipo planta, en cambio, eran demasiado endebles para que les hiciera algún rasguño en su piel de acero. Kyumbreon no pudo levantarlos. Tan pronto como ejecutó su intento de derribar a algunos, supo qué era lo que impedía que sucumbieran.

─Al parecer hay una contraposición psíquica que bloquea mis ofensivas...
─¿Eh?─ Su señora dejó a un lado los temblores e hizo un esfuerzo para preguntar. ─¿E-estás diciendo que están si-siendo controlados, acaso?
─No. Ellos ni siquiera son humanos. La oscuridad te ocultará su naturaleza; a mí no. Son muñecos de latón. Y emiten energía psíquica... aquí hay algo que no encaja. Veré si los puedo partir en dos.

Dejó que Gionna exclamara su sorpresa, y se dirigió a por los maniquíes metálicos con su pulso umbrío. Gran parte de los que fueron azotados por la onda invisible ni se levantaron. A la top ranger no le iba tan bien. Spyrox no podía hacer frente a aquellas abominables golems antropomórficos, y Emily tenía que hacer uso de los puños, sin ningún resultado. Se veía entre la espada y la pared. Necesitaba refuerzos.

─Creo que no me vendría mal una ayuda...
─¡Yo no puedo dártelo, querida!─ Gritó Soel, mientras miraba como Hella hacía caer uno a uno de los reclutas. Gionna no tenía ningún problema en mandarle refuerzos. Ya que tenía a su gato telepático como señuelo, pudo sacar a tiempo a Lol y hacer que le otorgara su asistencia. El kappa expulsó un rayo acuático a toda una hilera de falsos peleles y apartarlos de su vista. La ranger agradeció aquel apoyo. Después de un rato, aquellos que se le estropearon los circuitos empezaron a desmontarse solos, dejando a descubierto unas pequeñas y delicadas criaturas de pelo verde con apariencia de recién despiertos. Luego miró a los que fueron derribados por Hella. Nada. No había reacción. Entonces, Emily se había dado cuenta lo que estaba ocurriendo. Y era algo horrible.

─¡Soel, para! ¡Estás matando a los Ralts!
─¿Ralts? ¿Qué Ralts? Yo solo veo muñecos de hojalata.
─¡Están siendo manejados por Ralts en contra de su voluntad, idiota!
─¿Dónde están? No, no me lo digas, mejor acabo esto de una vez. ¡Hella...!

El pokémon fantasma empezó a avivar sus llamas, preparando un infierno. Era una locura. Iba a abrasarlo todo. En cuanto se dio la orden de disparar, la diosa nórdica del inframundo la lanzó con gusto. Lol no quería que esto se convirtiera en un mar de llamas. Se retiró rápida de la retaguardia para salvar a todos del calor con un chorro muy cargado de agua, lo suficiente como para nublar toda la sala. Tenía que proteger a todos y a cada uno de los vivos de aquella sala. E ir por la vía de la destrucción no era una opción. Aquella anulación del infierno le había cabreado al entrenador del Lilligant.

Iba a discutir con la responsable del Lombre mientras aquella cortina de vapor iba humedeciéndolo todo. La bruma húmeda empañaba todo lo que fuera lentes. Entre razones que no debía de hacer eso y justificaciones, hicieron que Emily y Spyrox perdieran el hilo. Desde que aquella niebla fue creada, no se oía ningún paso. El agua, en forma de gas, se introdujo en los circuitos de los maniquíes mecánicos a partir de los huecos mal sellados, provocando múltiples cortocircuitos en su interior. Detener el infierno fue más efectivo que provocarlo. Estos caían como árboles recién talados. Fue brutal para todos. Para el pokémon fantasma, fue bastante ofensivo. El altavoz intentaba emitir las voces de los jefes; pero lo único que podía dar era chirridos para el deleite de sus oídos.

Entonces, tres colores destacaron entre la negrura visual. Eran puro neón palpitante, azul, rojo y amarillo. El del medio no estaba cuando Emily se infiltró. Por supuesto, la chica del flequillo azul le dio muy mala espina. Estaba segura de que aquel nuevo teletransportador conducía a una trampa.

Iba a tramar un plan con ellos, pero Soel ya se le adelantó. Fue al panel de la derecha. Él y sus compañeras desaparecieron sin más. La luz amarilla desapareció. Emily trató de seguirle, pero no pudo. Aquel resplandor color cadmio no fue lo único que se apagó. Solo podía ir uno en cada plataforma. Pretendían dividirlos. Aún así, era necesario avanzar. Ella tenía que ser la que resolviera el conflicto que hay en Floresta. Por supuesto, no iría a dejar que la novata se arriesgara a cumplir una misión tan peligrosa.

─Escucha, Gionna. Iré al transportador de la izquierda. Pase lo que pase... no vayas al del medio.
─¡¿Qué?! ¿¡Y si me ataca una horda de reclutas de verdad!?
─Todavía tienes a tus pokémon, ¿no?
Era cierto. ¿Por qué estar preocupada?
─No te preocupes. Mientras no te muevas de aquí no pasará nada. Venga. Nos reuniremos cuando acabemos con esto, ¿sí?

Con aquellas palabras, ella y su Grovyle se dirigió hacia la luz azul para fundirla con la penumbra. De nuevo, estaba con aquella soledad que venía con el silencio. La entrenadora se sentó en el suelo para esperar su regreso. Kyumbreon se puso al lado. No quería que se quedara quieta. Tenía que animarla a salir.

─Nos acaban de dar una oportunidad de escapar de esta. ¿Vais a desperdiciarla?
─¿Cómo iríamos a escaquearnos, Kyu? Estamos a un fondo marino de distancia de Villaestío.
─Mas no tenemos impedimento de evadir el peligro inminente. Si dejamos que hagan el trabajo, estaremos libres sin mover ni un solo dedo. No tendríamos que desplegar ningún poder.

Eso sería el camino fácil. De eso estaba segura. La desaparición le librarían de la carga. No obstante, supone menos esfuerzo obedecer las órdenes de... ¿Amelie? ¿Emily? De nuevo empezaba a confundir nombres.

Pero era igual. El caso era que no estaba de acuerdo con ninguna de las dos opciones. En ambas implicaba la no-intervención. Y eso fue lo que siempre hizo: nada. Las acciones pasadas no valían nada. Y además, lo único que hizo fue seguir como un perro faldero a aquellos dos. Quería ayudar, al menos. Y pensó que ir por aquella peligrosa luz era una forma. ¿Por qué dijeron que no fuera, de todos modos? Debió de ser puras suposiciones. Además, quizá allí pudiera ver algún hueco por donde huir. Se levantó.

─Vale. Vamos a buscar una salida, Kyu.
─Mentiras. Va a ayudar a su perdida especie.
─Voy a hacer ambas cosas, pues.
─Mientras haga lo que prefiera, me parece bien. Pero solo colaboraré en ello, tenga en cuenta.

Lol siempre estaría de su lado. Eso era algo evidente. Los tres caminaron hacia el resplandor rojo que le invitaba a meterse en problemas. El destino que tenía programado era otra sala sin iluminación, y algo amplio. Ambos pokémon se pusieron más alerta. Aquel lugar no inspiraba mucha confianza. El calor que emanaba del suelo los sofocaba a todos. No parecía que hubiera nada en aquel pasillo; solo unos cuantos fluorescentes palpitantes apenas dejaban vislumbrar el aparente vacío de aquel espacio y el terciopelo rojo que pisaban. El sitio daba miedo. Por lo menos la salida sería visible, si es que la había.

─Oye, Kyu... este sitio me da mala espina. ¿Y si tuvimos que hacerla caso...? Después de todo, ella estuvo antes aquí, ¿no?
─No se preocupe. Vuelvo a reiterar que me tiene vos a mí y a Lol, en caso de que algo ocurra.
─Ya, pero... no sé, aún no me siento segura.

Unos pasos de gigante se oían desde el fondo. Cada vez Gionna estaba más asustada.

─¿Has oído eso?
─Antes que vos. Parece que realmente hemos ido a parar a-

Unos aleteos de insecto fueron escuchados. La corriente de aire hizo notoria la presencia de dos celadores más. Ella se giró para ver qué pasaba. Dos sycthers habían golpeado duramente a Kyumbreon con tijera X, de tal forma que hiciera que agrietara la pared de cemento. La ofensiva tampoco le dejó falto de heridas; los cortes habían dejado hendiduras considerables en la parte izquierda del lomo con forma de equis. Rabioso, el mesías de su propia religión expandió una onda psíquica para apartar a las mantis de su vista. Tuvo que dar el grito para que las dos corrieran.

Lol huyó rápidamente de los aturdidos insectos, poniéndose delante de su entrenadora. Ella también hacía sus mejores esfuerzos para alejarse de los dos segadores, igual que su Umbreon. Dos Camerupt se pusieron delante, pero no supusieron ninguna traba; aquellos camellos tenían una gran fobia al agua. Recibir un par de hidrobombas del Lombre fue suficiente. Mas a medida que iban avanzando, más pokémon les rodeaban. Larvitar, Pupitar, Slakoth, Vigoroth y el Tyranitar que se habían encontrado antes eran los guardianes de aquellos pasillos. Fue fácil tratar con los pokémon rocosos y al pequeño oso perezoso. Los otros empezaron a ser una amenaza. Eran demasiado fuertes para que sus pokémon salieran ilesos. Tenían que retirarse. Guardó a Lol para que no sufra ningún daño y también trató de guardar a Kyumbreon. Mas rehusó de volver.

─No, mi señora. Tengo que enviar a aquellos monstruos a Lunetah por acorralarnos así.
─Pero... si estás sangrando...
─Tch. No es nada. El dolor es una fuente de poder. Nos reuniremos en cuanto haya terminado.
─Pero... vale. Está bien...

Siguió corriendo adelante, sola por aquel pasillo de alfombra roja, resignada ante la testarudez de Kyumbreon. Estaba llegando a la entrada de otra sala. Quizá lo que buscaba estaba ahí, entre aquella negrura...
Cuán equivocada estaba. Era un callejón sin salida. Una sala por donde tan solo se veía la silueta de un trono, pero ni una luz natural. Empezaba a desesperarse. Tenía que volver por donde había venido. Había cometido un grave error. Una puerta más acabó de cerrarse; esta vez para dejarla atrapada en aquella red sola.
No. Había más gente. Las arañas que habían tejido aquella estratagema la estaban esperando.

─Vaya, vaya, vaya... mira quién tenemos aquí. El jueguecito de los teletransportadores ha funcionado jodidamente bien, ¿verdad?
─Ya te digo, hermano. Yaaa te digo.

No tuvo que ignorar a Emily. No veía de dónde procedían aquellas conocidas voces. Una esfera se iluminó con un color verde, al igual que unos falsos ventanales psicodélicos, revelando así a Emilio sentado en el trono, sonriendo como un maníaco y con la barbilla apoyada en las manos, como si esperara algo.

─Sorpresa, loquilla.

Ella no podía hacer nada más que retroceder con una cara de estupefacción. Lo tenían todo planeado. Estaba por pedir ayuda, aunque fuera inútil. Sus pies se levantaron del suelo, a la vez que sus brazos también se alzaron. Entonces empezó a chillar a pleno pulmón y a patalear.

─¡AAAH, SUELTA, MIERDA!
─Oh, no, de ninguna manera. No te dejaré escapar otra vez.

Aún no desistía. Intentaba soltarse entre clamores, pero por muchas patadas que diera, David no cedía. Detrás del trono, salió Aina con un frasco en la mano y la jeringa en la otra. Ella pinchó la tapa de plástico y sustrajo parte del líquido transparente con aquel punzón. Se calló al ver fijamente el químico contenido.

─No te preocupes; no es veneno.

No. Odiaba las agujas. No quería sentir aquel frío filo atravesando la piel. No quería. Aina le estaba levantando la manga y sujetando fuerte el brazo izquierdo. Había guardado el bote en su abrigo. Iba a apuntar a la vena. Pero se rehusaba. Forcejaba inútilmente para que no pudieran acertar en el sitio adecuado; y estaba dando resultado. Había logrado ganar algo de tiempo y gastar algo de saliva discutiendo con los dos hermanos, que pedían quietud.
Hasta que Emilio se dispuso a ayudar a su hermano inmovilizando sus piernas. Entonces nada pudo hacer.

A su merced quedó. Ya ni la espalda podía hacer mover.

La puerta se abrió lentamente, dejando que la mancha negra y amarilla que era su Umbreon se hiciera visible de reojo. Había acudido a sus gritos de auxilio.

─No... esto no puede...─ Era la primera vez que expresaba impotencia en su voz retumbante. Estaba muy débil. Gastó todas sus energías en abrirse paso. Quería hacer algo para evitarlo, pese a sus múltiples heridas. Trataba de detenerlos con psíquico a todos; pero su cuerpo maltrecho le impedía centrarse.

Ella no quería que se arriesgara. Tenía que darle la última orden de retirada.

─¡Kyu! ¡Escapa, por favor!
─¡Pero...!
─¡Tú hazlo, antes de que te-!

Sus suplicios fueron ahogados. Un solo pinchazo bastó para callarla en un grito. Aquella jeringa abrió un pequeño paso por donde el anestésico pudiera entrar en su torrente sanguíneo y se distribuyera por todas las células. Intentaba oponerse contra los efectos del sueño artificial, sin muchos resultados. Aún lo veía quieto con la incertidumbre apoderándose de sus movimientos cuando empezaba a adormecerse con velocidad.
Su vista se estaba emborronando por sus pestañas. Incluso sus cuerdas vocales se veían adormecidas. El anestésico por intravenosa estaba teniendo un efecto muy rápido. No le daría tiempo a actuar.

─Sál...vate...

Su última palabra antes de rendirse ante el propofol. Los cuatro hermanos intercambiaban murmullos, decidiendo qué hacer con él. No tenía sentido gastar más energías para derribarlos.

Tuvo que hacer un esfuerzo y dirigirse presto hacia las perpetuas sombras. Por mucho que odiara admitirlo, necesitaba la ayuda de sus otros compañeros.


#84
:o!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!! Gionna, no!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!! He quedado ultra impactado. Centraré mi corto comentario en el final, puesto que fue lo más emocionante, y relevante, del capítulo. Me agrada que la hayan capturado y que Kyu no haya podido salvarla, eso genera un evidente debate interno en el personaje, de esos cuestionamientos que se hacen cuando fallan en algo que siempre hicieron bien. Además, la forma en que narraste el suceso no fue forzada, se dio muy natural y sorpresivo, pues no me esperaba que pasara todo eso. Y eso nos lleva a...que como lector, quiero saber cómo se soluciona todo. Por lo tanto, espero el siguiente capítulo. Ciao.

PD: Me gustó mucho eso de los reclutas mecánicos, me pareció muy buena idea y el ambiente de terror e incertidumbre que se generó fue bastante pertinente.


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#85
Ah, what?
Pues me dijeron que esa parte hacía ver que Gionna se había convertido en una chica dependiente =_=U
... Bueno.
He añadido algo en este cap. Pensé que necesitaba algo más que "oh noes, there is Gin bien jodida". No no.
Espero que el relleno sirva de algo.

Capitulo 36


Spoiler
Un electrabuzz aullaba de dolor tras ser lanzado contra la pared. Aunque los pétalos afilados no estaban a su máximo potencial, la danza ya era potente de por sí. No podía resistir más, y el pokémon del recluta cayó con las fuerzas mermadas. Las zarzas puntiagudas también contribuyeron a su derrota, más que el tornado floral. Soel sonreía con aquella merecida victoria. Le había costado lo suyo, pero al fin había acabado con otra molestia. Eran persistentes. Demasiado. Tanto que hasta incluso resultaba agotador. Estaba cansado de dar vueltas y rodeos, y pisar teletransportadores al azar. Quería salir de aquel caldero. Y para agilizar el proceso, estaba dispuesto a acalorar más el ambiente con tal de derretir todas las paredes. Iba a darle órdenes a su Chandelure. Tenía que hacer un agujero en la pared...

Miles de pies retumbaban sobre el suelo. Una horda de reclutas estaba persiguiendo al conejo negro maltrecho. Se estaba sobreponiendo ante su condición física, ante las ardientes heridas que teñían el suelo de rojo. Muchos discos trataban de darle alcance, mas se desviaban de su trayectoria. Aún con las fuerzas mermadas, podía repelerlos con pensarlo. El chico rubio miró a aquella ambiciosa estampida. En un principio, aparentaba que era los que había derrotado antes en busca de venganza. Nada más lejos de la verdad. Iban a por el gato. El Umbreon no consiguió llegar a los pies del entrenador. La anemia pudo con él. Sin embargo, Dressela fue rápidamente a socorrerlo. Entonces Soel pudo ver la equis que le denegaba la salud. Sus tiras de pelo le permitieron reconocer de quién se trataba. Aquello le había dejado desconcertado. ¿Qué hacía ahí? Los reclutas se acercaban a él. Soel estaba cansado de ellos.

El candelabro soltó una risotada fantasmagórica. Sus llamas azules se avivaron. Empezó a reunir energía de las sombras para tirar una gran bola funesta. Los reclutas fueron lanzados por la fuerza del impacto. Tenían que irse de aquí. Huyeron de ellos yendo a la dirección contraria que iban aquel grupo. No tenían tiempo para sus tonterías. Tenía a un herido en sus filas.
Pero en su huida, se tropezó con otro cuerpo.

─¡Eh, tú, mira por dónde vas! Espera, ¿Soel, eres tú?
Había cruzado caminos con Emily.
─No, soy un recluta vestido de ranger de Villaestío con un Umbreon sangrando como un cristo entre brazos. ¡Pues claro que soy yo, tontaina!
─No hacía falta que me lo dijeras, holgazán.─ Emily no pudo evitar horrorizarse al ver a aquel maltrecho cuerpo de ébano y citrino, teñido por el carmesí de su torrente sanguíneo. ─¿Pero no es ese el acompañante de Gionna? ¡¿Por qué está aquí?!
─Y a mí me lo preguntas... anda, anda, salgamos de aquí antes que esos imbéciles nos persigan.
─Mejor.

Por una vez, ambos estaban de acuerdo en algo. Retrocedieron el paso, en busca de un lugar apartado por donde pudieran darle tratamiento. Aún conservaban el mapa, por suerte. Y justamente, había una zona por donde nadie pasaba. La sala de la caldera estaba prácticamente abandonada por todos. Nadie se acercaba a aquella puerta. Y con razón. Si el interior era como un volcán, aquella habitación era un infierno. Al menos podrían tratar al Umbreon con tranquilidad.

Emily tenía una baya aranja guardada. La había encontrado en la nieve. No pensó que necesitaría usarla ahora. Soel lo puso al suelo antes para acostarlo. Estaba a punto de perder la conciencia. Tenía que impedirlo. La ranger zarandeó al animal, pidiendo que no desvanezca. El pokémon pudo levantar un poco la cabeza para ver quién le estaba molestando. Luego le tendió la fruta azul. Este, confundido por la falta de sangre, quedó mirándola sin saber qué hacer.
─Vamos. Come.

Débil, el Umbreon se dispuso a hacer un esfuerzo y darle pequeños bocados a la baya aranja. Poco a poco, por cada mordisco que daba, aquellas brechas cruzadas que tenía como herida iban quedando en una equis menos gruesa. Aún era algo profunda, pero al menos ya no perdía tanta sangre. Acabaron el tratamiento poniéndole abundante vendaje del kit de primeros auxilios del equipo en el torso. Ya estaba fuera de peligro.

─Ugh... y pensar que unos humanos desgraciados como vosotros no llegarían a auxiliarme...
─¡Pft! Si llegara a saber que no nos darías ni las gracias, le habría dicho a Dressela que te dejara al suelo.─ Dijo Soel. Dressela le afirmó con las hojas cruzadas y asintiendo con enfado. Spyrox simplemente se quedó mirando al Umbreon despectivamente. Pero había algo más importante que su soberbio carácter.
─Yo quisiera saber qué demonios haces aquí sin tu compañera. ¿Se puede saber qué ha ocurrido?─ Inquiría respuesta la top ranger de Almia. El gato no podía evitar callarse por unos instantes. Recordó el fracaso que cometió, el intento fallido de conducirla a su propio libertinaje. Pero era por eso que había hecho el esfuerzo de buscarlos mientras dejaba un rastro rojo por el suelo. Tenía que comunicarles lo ocurrido. Pronto.
─Mi... mi señora ha...
─¿Ha qué? ¡Espera, no me lo digas! Se ha fugado, ¿verdad? ¡Vaya morro!─ Se adelantó el chico rubio a la respuesta. Santa paciencia la que tenía que tener con aquellos humanos.
─Nada de eso, necio. Más bien ha ocurrido lo contrario.
─Oh, no. No me digas que...

Emily ya sabía lo que había ocurrido. Han ignorado sus órdenes, y ha ocurrido lo peor. El felino tampoco podía aceptar su fracaso. Sin embargo, su apatía le permitía tomárselo con más calma.

─Desgraciadamente. Ha sido capturada.


Gota a gota, caía el rocío de la roca sobre el suelo sin cementar, sin baldosas, sin placar. La humedad reinaba en aquel umbrío lugar. Chisporroteos de la vieja bombilla colgando sobre unos finos cables se podían escuchar, mientras esta se balanceaba. Aquel brillo que intentaba permanecer en la oscuridad era la única iluminación existente dentro de las rejas. En un rincón, la rehén estaba teniendo uno de sus típicos tormentos nocturnos.

Su pesadilla se repetía cada vez más, más lúcido y con mayores detalles. Eran más largos y memorables. Destrucción, caos y muerte era lo único que podía ver dentro de su subconsciente. El gran dragón siempre aparecía para que ella fuera su almuerzo, junto al mundo entero. El bosque que había bajo la montaña había sido reemplazado por un mar de alquitrán negro cuyas manos reclamaban su cuerpo. Desde que vio esa piedra negra, sus sueños no habían hecho más que empeorar y empeorar, dañando cada vez más su psique. Tan atormentada y cansada estaba que no podía ni siquiera luchar por sí misma.

Finalmente fue engullida por el dragón. Un abismo eterno donde jamás de los jamases se estrellaría contra el suelo. Una pesadilla por donde nunca despertaría.

Por mucho que aleteara, nunca alcanzaría de nuevo las nubes. Por mucho que intentara cambiar su rumbo, no lo haría.
Por mucho que pidiera ayuda, nadie acudiría en su ayuda. Pero eso nunca fue una novedad.
¿Cómo pudo dejarse pinchar por esa vil aguja? ¿Por qué desistió como si realmente no hubiera salida? ¿A qué esperaba?

─¡Pero no entiendo! ¿¡Por qué no me puedo quedar en casa!? ¿¡Por qué tengo que deambular como si no existiera!? ¿¡Por qué tengo que desaparecer!?
─Lo siento, Gionna… pero tampoco puedo permitir que arresten a tu madre.
─¡Pero eres Eldarya, líder de la Orden del Dragonair! ¡Haz algo!
─Oh, mi nieta… ojalá las cosas fueran tan fáciles como eso.

Ni su abuela le ayudó como debía. No podía querer a nadie.

─Tenéis agallas para enfrentarte a toda esa muchedumbre. ¿Pero por qué vos, una ingrata humana, ha traicionado su propia especie por un servidor?
─¿Tal vez porque odio a mi propia especie? No lo sé… pero no me gustaba cómo te estaban tratando.
─Estamos en el mismo bando, entonces.

Pero tampoco quería erradicar a nadie.

─Primera vez que invito… y es a una rana. ¡Bueno! Creo que no necesito a nadie mientras pueda hacerme amiga de los pokémon, ¿verdad, Google?

Pero aún se sentía incomprendida.

─Eh, no hace falta que robes a nadie. O sea… no es que tenga mucho, pero aún me puedo permitir comprar alguna manzana para los dos. Será mejor si no causamos problemas, ¿verdad?

¿Para qué hacer el bien?

─Oye… Akiro… creo que te entiendo muy bien. A mí tampoco me hacían caso. Siempre que quería hablar o divertirme con ellos, simplemente huían de mí. Trataba de hacer cualquier cosa para que alguien se fijara que no estoy bien, pero… al final solo consigo que hagan algo peor que ignorarme. Y todo porque no pensaba igual que ellos o no me gustaban las mismas cosas...

No sé… también me gustaría que la gente me respetara un poco al menos.

Patético. No sabía cómo podía esperar tal cosa de la plebe. ¿Aceptada? ¿Apoyada? ¿Respetada? ¿Cómo? ¿Dando lo que no se merecen? Sí, quizá algún “gracias” le levantaría el ánimo.

Pero aunque tuviera el clamor de la gente aún sentiría un enorme vacío. Más infortunios ocurrieron, incluso antes de aquella emboscada. Sin nadie que le empujara hacia delante aún avanzaba, aunque tuviera el viento en contra. No necesitaba elogios de nadie para saber que lo hacía bien. Simplemente hacía las cosas porque podía.

Mas aún habría algo que no tendría. Una cosa que descuidó por completo por culpa de la rutina escolar. Fue desde ahí cuando sintió que empezaba a derrumbarse el cielo, pedazo a pedazo.

─Drini… te prometo… que te encontraré. Cueste lo que cueste.


Una oportuna y gélida gota del techo la sacó de la pesadilla. Dio un respingo tras sentir la lágrima de la roca en su sien, sin levantarse. Intentó parpadear; pero después solo pudo mantener sus ojos entreabiertos. Su saliva tenía un sabor dulzón, pero metálico.

En un principio no entendió qué había ocurrido. Su mente estaba recuperándose de un profundo, tedioso y breve letargo. En cuanto se asentó, lo primero que vio fue un plato con una mísera patata asada. No entendía qué hacía ahí un trozo de comida impoluta de insectos, pero sus tripas se revolvían. Tenía hambre. Gionna se iba a dirigir hacia aquel bocado. Más un consejo salió de una de las esquinas. Era una voz desconocida, nueva para ella.

─Yo que tú no me la comería.

Tranquilamente, sin poder deshacerse de su sopor, giró su mirada hacia la procedencia de aquellas palabras. No podía distinguir muy bien su aspecto. Tan solo podía ver que llevaba unas deportivas rojas y blancas con unos calcetines negros que le llegaban hasta el muslo, si se podía decir que tenía. ¿Dónde había visto esas bambas? Por lo menos sabía que era una chica. Pero aún no sabía nada.

─¿Quién eres?─ Tuvo que preguntar la entrenadora. Su desconcierto podía con ella.
─¿Eh? ¿No te han informado sobre mí? ¿No te han dicho que ha desaparecido una ranger de Villavera?
─Espera... me suena. Me suena haberlo oído. Ugh, piensa, piensa, ¡acuérdate, cabezota!─ Se dijo a sí misma. Al no lograr recordar los acontecimientos, pensó que tenía que consultarlo con Kyumbreon.

Trató de quitarse la mochila de su espalda; mas lo único que pudo tocar fue su hombro. La ausencia de la tira la despertó como un balde frío de agua. Abrió los ojos de par en par y buscó con sus manos su almacén de tela.

No estaba por ninguna parte.

Pronto se acordó de lo que había ocurrido. Pero aquello no importaba nada. Lo importante era que la mochila la tenían ellos. Y con ella, la caja de Pandora y sus Pokémon.

Esto no estaba pasando. No podía aceptar lo que ocurría. Tomó consciencia de lo que ocurría. Vio los barrotes que delimitaban su espacio; el terreno rocoso por donde se situaba...

Había fracasado.

Lo había perdido todo. No podía evitar que los ojos se le humedecieran, ni que sus manos se entumecieran. Al final, su pesadilla iba a ser cierta. Sola; sin compañía; encerrada en un pozo sin fondo. Al menos esperaba que su Umbreon hubiera salido adelante. Tal vez tendría una esperanza de salir. Pero para entonces, el resurgir del odio encarnado sería inevitable.

─¿Te ocurre algo?
Ignorando la pregunta de la otra ranger, le contestó, intentando retener el llanto.
─Se-se han llevado a mis compañeros... y... y...
─¿Y-y-y-y qué?
─Ugh... no sé si decírtelo... es... ¡algo muy importante y peligroso que se suponía que NO tenía que dárselo a nadie! Y me lo han quitado... qué fiasco.
─¿Importante y peligroso? ¿Qué es eso?

Gionna no podía evitar temblar al pensar en aquella cosa saliendo de su celda. Y tampoco podía saber a ciencia cierta si podía fiarse de su compañera de presidio. De todas formas, no estaba en condiciones de desconfiar de nadie. Tenía que hacer tripas corazón e informarle.

─Es... es... es un pokémon...
─¿Legendario?
─Peor.
─¡Bah! Tienen ya seis legendarios y a un pokémon del espacio. No creo que sea peor que eso.
─¿Ah, no? ¿Y si te digo que son todos estos legendarios manifestados en un solo cuerpo de quince metros?

La chica, que padecía el agotamiento de la desnutrición, se quedó un rato callada. Luego pronunció la respuesta a su pregunta:

─Diría que estarías exagerando. O inventándote una trola.
─Una trola, ¿eh? ¿Tú qué crees que ha causado el derrumbe Ciudad Embarque? ¿Que fue un grupo terrorista manejado varios tipos de pokémon?─ Fingió que se reía, sin ánimos. Eso era lo que los medios más rastreros y con el mayor prestigio decían.─Aaaah, no, querida. Los truenos, los terremotos y las llamas vinieron de una misma bestia. ¡Y eso es lo que me han quitado! ¡Se suponía que tenía que llevármelo a mi tumba con mi cuerpo! Pero nooooooo. ¡Tenían que enterarse estos tíos y revivir ese miedo que tenía! Insensatos….
─¿Una bestia? Espera un momento, ¿realmente eres la chica de la que hablaban?
─¿Ah? ¿Hablaban de mí? ¿Aquí?

Al fin la entrenadora se dignó a girar su mirada acuosa hacia la procedencia de aquella voz madura, llena de cansancio. Pudo ver sus rojas vestimentas, su extraña coleta celeste alzándose hacia el techo, la badana roja que se veía por la frente, sus ojos de color marrón rojizo... luego reconoció quién era. No porque la vio en un pasado. Era un tema constante entre aquellos forestales policíacas. Aquella que había desaparecido en un día lluvioso en la selva tropical, aquella que reemplazaba... había hallado al fin su destino. Mas no fue el júbilo que la llenó.

─¡AH! ¡TÚ! ¡TÚ ERES LA SECUESTRADA!
─Joder, ¡aleluya! Empezaba a pensar que solo eras alguien con uniforme.
─Y soy alguien con uniforme, que me han obligado a llevar todo el maldito rato, ¡QUE LA HAN METIDO A NOSECUÁNTOS LÍOS POR TU CULPA!
─Guau...
─¡He tenido que hacer trabajos forzosos en un bosque que no conocía de nada, limpiado una alcantarilla de koffings, casi morir aplastada por un pedrusco en un desprendimiento en una cueva, a punto de ser asesinada por un Scizor en una fábrica, enfrentarme al mismísimo Entei dentro de unas ruinas ancestrales, escapar de un loco maníaco en una cueva helada, Y TODO PARA PREPARARME PARA RESCATARTE! ¡Pero noooooooo! ¡Tenían que tenderme una trampa Y ESTAR EN EL MISMO ESTADO QUE TÚ!

Selena intentó no reírse por aquella extensa queja vociferada, sin poder evitar dar una pequeña pero sonora carcajada.

─Ah, ¿¡te parece gracioso, eh!? ¡Sabiendo que vamos a morir todos como logren liberar a ese Dragonite...!
─No, que va. De hecho me aterroriza. Nunca pensé que la misma que me rescataría sería la misma chica que tendría ese monstruo que hablaban.
─Anda, mira... ¿han leído “El Pelipper”? Bah, mira, no contestes, no me interesa. Voy a dormir, a ver si me muero y no me entero.

Sin más dilación, Gionna se volvió a acostar en el duro suelo para dormir una vez más. Selena se quedó un rato callada. Ahora era cuando más le urgía salir de aquel hoyo.

─¿Te vas a quedar aquí sin hacer nada?─Preguntó con indignación.
─¿Servirá de algo intentar? ¿Acaso has encontrado una forma de salir?
─No.
─Pues ya está. Estamos todos perdidos. Igual que mis antiguos compañeros de clase, igual que aquella ciudad, igual que la otra, igual que todos ahora. C'est finit.
─¡Pero aún así no podemos quedarnos aquí! Tenemos que averiguar como salir de aquí.

La entrenadora hacía caso omiso a aquel intento desesperado de ánimo. Solo esperar a que pase un milagro.
─Si es tan terrible… ¿no crees que deberíamos hacer algo? No fuiste sola, ¿verdad?
No había forma de contactar con nadie. El capturador también estaba en la mochila.
─¿Y Alberto qué? ¿No puede ayudarte?
Se le pusieron los ojos como platos. Esa tipa era adivina o algo.
─¿Cómo… sabes que este tío está colado por mí?
─Dejó una nota bajo el plato. Aún la tengo en la mano.
─No me jodas.
─Sí te jodo.
─¿Qué hace este idiota mandándome cartas de amor en vez de mover el **** para aquí? ¡Será interesado, el muy imbécil...!
─No, no es de amor.
─Ah. No. Me. Jodas. Es toda una excusa barata escrita con palabras bonitas, ¿no? Ya, claro.
─Pero cálmate…
─¡NO!
─Al menos léelo.

Dio un suspiro y le puso la mano para que le diera el papel.

“Ginny, siento que no haya podido hacer nada para ayudarte.”

Típico.

“Quería al menos dejar que descanses en mi cama, pero… Aina se puso muy violenta conmigo. No quería verte en mi habitación. No sé por qué.”

Excusas.

“Y la verdad tampoco creo que tus compañeros me hubieran creído. Habrían pensado que te habría violado o algo por el estilo.”

Pues sí, también lo habría pensado.

“Pero puedo ir a por ti ahora. Solo mira a la cámara y di que venga. Trataré de escaquearme del trabajo. Ah, y no te preocupes por mí. Todavía odio a los Rangers, pero… por ti incluso traicionaría a mis hermanos.

Nos veremos pronto.

Con amor,

Alberto.”

Así que era cierto. Él podría sacar de ese lugar. Podría ayudarle a salir de ahí y recuperar a sus Pokémon.
No estaría mal darle una oportunidad. Sería la prueba de fuego que determinaría si realmente podía fiarse de alguien en situaciones tan desesperadas.

Oh, había algo más escrito.

“Postdata: te asé una patata para que te recuperaras más fácilmente; pero el tonto de David le puso afrodisíacos mientras estaba escribiendo…

¿Por qué todos piensan que te quiero tocar?”

─Pues le ha salido el tiro por la culata.─comentó en voz alta. ─¿Y no podrías haber hablado tú a la cámara? O bien podría haberme sacado ya por adelantado.
─Ya se lo dije. No tenía las llaves en ese momento.─dijo Selena.
─Bueno, mierda. ¿Y por qué tengo que pedirle ayuda?
─Eso ya no lo sé. Pero mejor dile, por si acaso.
Algo no le cuadraba. Él dejó que esto pasara. ¿Y tenía que decirle que venga? ¿Quizá quería hacerse el héroe para conquistarla? No fue así cuando trató de apartarla del Scizor; pero la idea no era descartable. ¿Quizá retenerla? Si era así, no iba a dejarle disfrutar de su compañía ni por asomo; ni siquiera mostrar ni un signo de dependencia. ¡Ni que fuera una damisela en apuros que necesitara a su príncipe azul!
O espera. ¿Quizá sí quería…?
Pero si estaba viendo los monitores, quizá es que la estaba viendo. ¿O solo escuchando? Esta celda tenía también algún micro, ¿no?
¡Paranoias! No podía pensar bien. Estaba demasiado cansada como para poder fiarse de alguien; y mucho más de alguien que se embobaba nada más verla.

Buscó la cámara por el techo. Nada más encontrarla, le dirigió una mirada cansada y un largo bostezo. Le estaba entrando sueño otra vez.

─Chúpame un pie, Alberto.

Y finalmente cayó dormida otra vez.
Su última oportunidad para salir, desperdiciada.
Ya estaba. Selena estaba también hasta la coleta. Solo quería dormir y que alguien apareciera mágicamente a sacarlos de esa cueva húmeda y mohosa.

...

Fue cerca de media hora cuando Selena se despertó. No podía descansar bien recostada en la pared. Era muy incómodo. Lo primero que hizo fue mirar si Gionna seguía dormida. Era comprensible, sin embargo. Aún no se le pasaron del todo los efectos del anestésico. Pero aún no podía dejar de pensar… “¡Idiota! ¿¡Cómo has podido desperdiciar tal oportunidad!?”
¿Agotamiento, tal vez?
Después, su mirada se desvió hacia lo que había en frente de aquella chica durmiente.

Tras las rejas, un par de puntos rojizos resaltaban entre la oscuridad, junto a unas cinco vivaces llamas azules. Aquel par de ojos carmesí carentes de expresión y ese vivaz fuego fantasmagórico le provocaron un pequeño escalofrío. ¿Qué era lo que les miraba con tan diminutas pupilas? Sus marcas amarillas se iluminaron bajo la penumbra con intensidad, relevando así su rostro. Una voz de ultratumba fue lo que le acabó de llenar su temor.

─¡Bienvenidas seáis a vuestro más horrendo infierno, escoria humana!


#86
:o!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!! Oh my gosh!!!!!! ¿QUÉ ERA ESO DE AL FINAL?

Bueno, como prometí leí el nuevo capítulo y ahora, evidentemente, a comentar. Como lo había pensado, Kyumbreon se reunió con Emily y Soel, tengo la sensación de que falta poco para que Kyu confíe en otros humanos aparte de Gionna. En una parte pusiste Electrabuzz, se te coló una r. Ahora vemos más del pasado de Gionna y Kyumbreon. ¿Tan terrible y mega monstruoso es ese Dragonite? ¿Cómo supieron los go rock sobre él? ¿Cuál es el origen de ese Dragonite? ¿Etc?

Finalmente se encuentra con Selena. Gionna debería dejar ese orgullo de lado y seducir a Alberto para su beneficio. Ahora lo que más me sorprendió, ¿qué demonios era eso de al final? Por un momento pensé que era el Chandelure de Soel y que sólo era una broma de éste último, pero algunas características no me calzaron. Estoy realmente intrigado.

Dijiste que era un capítulo de relleno, no sé si fue tan así, puesto que el encuentro con Selena era importante, tal vez lo otro fue de relleno para extender el capítulo, sin embargo, esos sucesos no estuvieron de más y se entendió el propósito de su narración.

Eso es todo. Esperaré el siguiente capítulo. Ciao.


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#87
... Me temo que voy a decepcionar a @Thranduil. Al menos con este cap. Pero los siguientes... ºuº
En cuanto a cómo el Equipo Go-Rock llegaron a saber cómo llegaron a saber sobre el Dragonite negro, recuerdo que tenían artículos de un periódico almacenados en el ordenador. De ahí pudieron sacar directamente la info.
¿O tal vez se enteraron por otro medio aparte? Hmmmmm...

¡Bueno! Tengo que informar que mañana (o el sábado, no estoy segura) me iré de vacaciones y... no, no tendré Wi-Fi, así que actualizar el fanfic va a ser imposible.
Pero, ¡fear not! Hoy puedo publicar el capitulo 37. Pero tampoco quiero dejar esta parte colgada...
Mañana veré si puedo. No lo creo, peeeeero siempre puedo intentar.
Sí, esto es un capítulo puente [?].

Cheerio~!

Capitulo 37
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Spoiler
Selena no pudo evitar gritar de horror al ver aquellas llamas y esas marcas del diablo. El potente vocifero que retumbaba sobre su cabeza no le dejaba pensar que aquello era una alucinación traída por la soledad. Mas era real. El pequeño diablo levantó su impasible mirada, mostrando toda su altanería.

─Vaya, vaya, ¿la valiente y taimada humana se asusta a oír mi fuerte voz? ¿Qué es la raza humana, cuando hallan el miedo en sus corazones? Exacto, querida. Siervos. No tienen más que arrodillarse ante él y frenar en brusco. ¡Postraos ante mí, pues soy el mismo terror que inunda vuestro pensar! ¡Quedaos quietas y morid de hambre! ¡Una mano fuera de estas rejas y será carne para los Madibuzz! Qué, ¿preferís acabar con esta agonía o preservar vuestras patéticas vidas de presidio?

Unas carcajadas femeninas se oían por el fondo. Los temblores de la ranger desaparecida no hacían más que aumentar.

Mientras, su compañera daba un largo bostezo. Este parloteo le impedía descansar. La nuca le dolía horrores por la incómoda posición que tomó para dormir.

─¿Pero qué carajo es todo este puñetero jaleo?─ Entonces, vio, justo al acabar su queja, los ojos diabólicos que las miraban. No hacía falta despejarse para reconocer aquellas características luces.
Había sobrevivido. Y trajo ayuda consigo.

─¡KYU! ¡Has venido!

Sin embargo, aquella broma de mal gusto tenía que seguir.

─¿Kyu? ¿Quién es Kyu? Yo soy el celador de almas. Siervo del gran Lu... ¿Luneficer?
─Es Lucifer, tontolaba. Te acabas de delatar tú solo.

Hubo un rato de silencio. Selena estuvo perpleja por todo lo que acaba de pasar. Después, una protesta del chico rubio se oía desde la penumbra.

─¡Genial, ya nos han arruinado la broma!
─Bueno, al menos ya he conseguido lo que quería.─ Decía la otra aliada, satisfecha por ver como Selena se acurrucaba muerta de miedo. ─Ala, ya podemos sacarlas tranquilamente de aquí. Aunque me hubiera gustado ver más, la verdad.
─Para vuestro pesar, informo que estoy agotado y por tanto no puedo usar mi psique para hacer un gran hueco entre las barras. Lo único que podemos hacer es fundirlas, así que por favor, sitúense lo más lejos posible de ellas, no vaya a ser que realmente vayan al averno.

Las chicas encerradas hicieron caso al aviso. No querían que, encima del agotamiento, cargaran con unas quemaduras de tercer grado.

Entonces la Chandelure reveló su vacío rostro con el brillo amarillo de sus ojos. La viveza de sus llamas se intensificaron, y las dirigió a las rejas. El calor era demasiado para el hierro. Su frío gris se volvió pronto en un espeso líquido incandescente que descendía hacia el suelo con lentitud. Cuando era lo suficiente corto, paró de quemarlas para que pudieran pasar. Ahora era cuestión de erguirse y andarse con cuidado de no tocar los ardientes restos de las barras. Al fin, salieron de aquella zona rocosa para encontrarse de nuevo con las salas iluminadas de los pasillos de la base.

En el camino, todos estaban callados. Emily tenía la delantera, junto a su Grovyle. Gionna aún estaba avergonzada por el desafío que hizo a las órdenes de la top ranger. Justamente por ello, ahora todos estaban en un grave peligro.
Aún tenía un nudo en la garganta, sabiendo que acababa de conducirlos a un escenario apocalíptico. ¿Pero cómo iba a decir lo que estaba por venir? No se atrevía a decir nada.

─Ginny, estás muy callada. ¿Te ocurre algo?
─No… no pasa nada.─mintió. No quería asustar a nadie.
Pero no podía mantenerlos en la ignorancia durante más tiempo. Algo tenían que saber. De hecho, su paso era demasiado tranquilo como para impedir algo importante.
Hizo de tripas corazón y trató de explicar la situación como podía.

─Eh… Emily…
─Dime.
─Creo que acabo de liarla parda esta vez.
─No, tranquila. De todas formas teníamos que ir a rescatar esa... pelma.

Selena se sintió aludida con aquel insulto. Pero no tenía fuerzas para reprochar.

─¡Pero, quiero decir, no tenemos mucho tiempo ahora!─gritaba preocupada la entrenadora por el mal que podrían liberar.
─Tranquila. Tampoco nos ha atrasado tanto. Además, hay que ir afuera. Alejandro nos ha mandado ayuda, y nos está esperando.

No, no la entendía. Estaba demasiado centrada en su trabajo como para preocuparse por sus advertencias.
¿¡Es que nadie la iba a escuchar, incluso en esta situación tan crítica!? Qué desastre. Tenía que cargar esa culpa todo el momento; y la remota posibilidad de solucionarlo jugaba en su contra. Estaba demasiado ansiosa. No podía ser clara con sus palabras.
¿Pero qué había hecho? ¿¡Por qué ignoró sus órdenes!? ¿¡Por qué no fue más consecuente en sus actos!?

─No se culpe más. Cierto que vos desobedecisteis; mas fui yo quien la incitó a la rebeldía. En caso de que la tierra se desmorone, todas las culpas me recaerían a mí.

Gionna se paró en seco, sorprendida por las palabras de su mezquino felino.

─Entiendo que la haya dejado atónita ahora mismo, pues acabo de reconocer mi mayor falla. Las palabras del oráculo empiezan a cobrar sentido ahora mismo.

Cada vez le entendía menos.

─¿Pero qué dices, Kyu? ¿Has tenido otra de tus “epifanías” o algo?
─Nada de eso. Lunetah no ha tenido nada que ver con mi autodidacta comprensión.
─¿Entonces?
─Fue aquella que la salvó en la cueva helada de aquellos infames. ─Su entrenadora iba a preguntar si se refería a Latias. Pero no fue necesario decir palabra. ─Sí... ella ya me advirtió que aquello pasaría. Confié erradamente en mi fuerza, y os empujé hacia la boca del lobo. Mi orgullo me impidió estar a su lado y protegerla por tal de enmendar mi fallo a tiempo. Hice caso omiso a las palabras de una sabia, y mi necedad nos llevó al desastre.

Apenado por el fracaso de su único claro cometido, Kyumbreon fue despojado de su usual orgullo como sirviente de la deidad de la luna creciente y de su salvadora. Apartando por completo su arrogancia, se sentía como una alimaña que realmente no tenía poder ninguno. La fuerza destructiva que poseía no era más que una cualidad dañina para todos.

─Ey, tampoco te culpes. Más bien tendría que ser yo la que tendría que disculparme por dejar que te arriesgues de esa forma. Podría haberlo hecho mejor, pero al final acabo por dejarme atrapar... Menuda idiota, mira que ir a una trampa tan obvia…
─Pero yo os incité.
─Ya, ya, pero podría no haberte hecho caso. Como siempre.
─Cierto. Sois un desastre.

No pudo evitar soltar unas cuántas risas. Era verdad, después de todo. Más que él, tendría que haber sido ella quien tuvo que decir “no, vamos a esperar mejor”. O bien tuvo que hacer frente también a esos pokémon con el capturador en vez de acobardarse.
Plantearse cómo podría haber evitado ese error tampoco iba a conducir a nada salvo perder el tiempo.
─¿Habéis acabado de hablar? ¡Que quiero irme para Teselia ya, hombre!─se quejó Soel, quien estaba esperando impacientemente en la pared.
─¡Ya vamos, ya vamos, no hay pri-! Mentira, la hay. ¡Vamos, Kyu! ¡Aún podemos evitar que abran la Pandoraball!─ordenó vivaz la entrenadora, ansiando recuperar a sus compañeros. Los tres volvieron a reunirse con Selena y Emily, quienes no intercambiaban pregunta alguna.

Fueron por una puerta, por donde la luz natural entraba sin problema alguno. Otra zona encharcada y formada por rocas erosionadas se presentaba ante ellos, pero esta vez, se podía ver el marrón claro de la roca. Pasaron por un corto pasillo, cada vez más iluminado. Incluso un par de pokémon habitaban en este rincón de la sierra. Pronto el aire gélido retornaría, haciendo estremecer sus pieles. El agua del final estaba cristalizada, haciendo que la luz se refleje.

Finalmente, fueron deslumbrados por la blancura de la nieve y la claridad del cielo invernal. Frente ellos, se encontraban Helio y los dos conejos, junto al Skarmory de Elena. Estaban esperando al grupo, expectantes. La primera reacción que fue al ver a los cuatro fue de júbilo. Selena estaba con ellos. Plusle fue la primera en abalanzarse con ella con un abrazo, con lágrimas de alegría en los ojos. La rescatada exclamó su nombre y también le abrazó, fuerte. La había echado de menos. Era su mejor compañera.

Sin embargo, la única que sonreía en el grupo de rescatadores era la misma Gionna. Al fin pudo hacerle un favor al pequeño conejo. Y se lo merecía. Después de la burrada que le mandó a hacer en el templo, debía de disculparse de algún modo. La conmovedora escena, sin embargo hacía que Emily se muriera del asco. Su felicidad era su desgracia. Ahora todos los de la unión hablarán sobre ello.

Helio se acercó lentamente a ella, incrédulo de que realmente estuviera libre. Incluso preguntó si era realmente ella. Una vez respondida su pregunta, Helio no pudo aguantar y fue a abrazarla.
─¡Selena! ¡Estás viva! Pero... has adelgazado mucho, ¿no?
─Sí… ya sabes como son con los rangers… ni pan me han dado. Heh.
─¡Malditos canallas! ¡Si hubiera sabido por donde parabas…!
─Ya, ya… calma.─decía mientras daba palmadas por la espalda.


Aquel feliz reencuentro podría haber sido el final de esa disparatada aventura. Mas había algo oscuro que se cernía sobre sus cabezas. Por mucho que lo odiara, esto no podía acabar ahí.

─Bueno. He venido para echar una mano, si la necesitáis. Y de paso… Gionna...
─¿Sí...?─Preguntó a Helio con cierta parsimonia.
─El jefe me ha dicho que ya puedes irte. Me ha mandado a mí para el relevo. Skarmory te llevará a Villavera. ¡Venga, estás libre, ya no hace falta que ayudes más! ¡Ahora me encargaré yo, no te preocupes!
─¡Eh! ¿¡Y yo qué!?─se quejó el rubio. Que solo le hubieran mencionado a ella le cabreaba.
─Espera, ¿qué haces tú aquí?─preguntó Helio con el entrecejo arrugado.
─Estoo... quería decir... eh... ¿me mandan un helicóptero? Me quedé atrapado en la montaña...

Helio se quedó callado, igual que el resto. Gionna estaba mirando al horizonte. ¿Cómo diría que tiene que recuperar a sus pokémon y el capturador? Para un entrenador, perderlos era una grandiosa vergüenza, igual que los rangers no podían desprenderse de su artilugio de capturas. No podía irse ahora. ¿Pero tenía que decir otra causa que no era la suya? Bajó la mirada para ver a su Umbreon. El felino negro también tenía sus pequeños ojos fijos en ella. A sus preguntas mentales, asintió levemente. Aquel único gesto bastó para responderle. No estaba segura. Pero iba a negar las alas para volver. Luego vio al expectante Helio para responder a su ofrecimiento.

─Yo... tengo que seguir con esto.
─¿Qué? Pero qué raro. Siempre quisiste irte de Floresta. ¿Por qué ahora te quieres quedar?
─¡¿Hace falta que diga el por qué?! ¡Mírate, Helio! ¡Tienes a alguien que padece de desnutrición en tus brazos! ¿¡No crees que necesita asistencia médica, cazurro!?─gritó nerviosa, ocultando así su verdadera causa de querer seguir con aquella misión.
─Esto... ¿tú, preocupándote por alguien? Más bien que te dejaste el equipaje dentro, ¿o me equivoco?

¡Maldito Soel! Ya había visto que no tenía su mochila.

─Eh... ahora que me fijo, sí que te falta algo. No me digas que te han la han robado.─dijo Emily.
─Sí, se lo han quitado.─afirmaba Selena.
─Nadie te ha preguntado a ti, guarra.─le replicó Emily.

Gionna se puso roja como un tomate. Al final tuvo que confesar sus errores.

─Vale, lo admito; soy un desastre. Me han quitado la mochila y tengo la urgencia de recuperarla, ¿estáis contentos ahora?
─Oh, vaya... lo siento mucho.─se disculpó Helio innecesariamente.
─Por favor, no lo sientas. Parece que le des la mochilita por muerta. ¿Entonces puedo quedarme mientras tú cuidas de ella? Pienso que será mejor así.

Increíble. Estaba sonando más segura que de costumbre.

─De todas formas tendría que llevarla... supongo que estará bien así.─ Decía Helio con algo de resentimiento. Realmente quería ayudar con la misión. Algo que Selena notó de enseguida.
─No. Aún puedo mantenerme de pie. Creo que podría aguantar un viaje en la lanzadera Dragonite.
─Lo sé, pero... no sé, podrías caerte. Skarmory va muy rápido.
─Tengo desnutrición, no flojera.
─No digas tonterías, por favor. Necesitas que te cuide alguien cercano... eh... ya me entiendes.─dijo Helio mientras se ruborizaba.

Mientras escuchaba cómo ambos decidían si Helio iría con ella o no, Gionna recordó algo fundamental. No tenía ni siquiera capturador que manejar, ni pokémon que pudieran defenderla. Si se quedara sola, ¿cómo iría a avanzar? Volvería a estar atrapada. Había que comunicarlo, por si acaso.

─Por cierto, no pienso separarme de vosotros ahora. Estoy indefensa sin mi equipaje como veréis, y vosotros por lo menos tenéis tres pokémon en total. Así que… qué fastidio, tendré que contar con vosotros.
─¿Pero no tienes a tu Umbreon?─ Preguntó la top ranger.
─Está demasiado débil como para luchar. No creo que pueda hacer mucho.
─Sandeces, mi señora, aún puedo ser vuestro escudo.
─Pero Kyu...
─Pero nada. Mis heridas serán aún profundas, pero aún me quedan fuerzas para que no vayan a más.

No tenía nada que reprobar. Aunque eso supondría más esfuerzo, él no quería reposar. Era imposible hacer que se retractara de su decisión. Estaba decidido.
─Bien. ¿Vamos ya o qué?─preguntó Soel, quien había adelantado un buen trecho.
─Sí, sí, ya vamos, pesado.─contestó Emily al rubio con cierta impaciencia.

Era la hora. Helio, Selena, Plusle y Minun se despidieron de ellos y les desearon la mejor de las fortunas antes de que el ave de acero alzara el vuelo hacia los fríos cielos. Nada más terminar aquel encuentro, volvieron a entrar al bochornoso calor artificial de la base.

El silencio reinaba por los pasillos. No se veía ningún alma por el interior de aquella caldera enterrada sobre nieve. La ausencia de sonido, salvo la de sus propios pasos, ahogaba cualquier tranquilidad que pudiera ofrecer. Sin embargo, ofrecía alguna oportunidad para pensar algún tipo de estratagema mentalmente... y también comunicarse entre ellos sin temor a que el personal les detuviera en el acto.

Estaban dispuestos a ir a un enfrentamiento directo contra los cuatro hermanos. Supusieron que sería un cuatro contra tres, teniendo en cuenta que el Umbreon aún no se recuperó de sus heridas. Al menos Soel tenía muchos recursos, y podían salir victoriosos mientras no falle con Sonmífero. Si llevaban encima la mochila, Kyumbreon podría pasar desapercibido y devolvérsela a su dueña mientras combatían. Entonces Gionna podría usar el capturador para poder liberar a aquellos. Pero por mucho que odiara admitirlo, había pocas posibilidades de salir victoriosos sin sus camaradas. Además, también podrían usar a los legendarios. En tal caso, estaban perdidos.

Aún así, no iba a irse sin intentarlo. Ese dragón no tenía que salir jamás. Estaba claro.

Pasaron por el pasillo de las habitaciones. Cada una de ellas estaría un hermano... teóricamente. Pero no era así. Revisaron todas las cuatro puertas, sin encontrarse con nadie. Algo pasaba. Y no era nada bueno. Los novicios iban a abandonar el último cuarto, hasta que los platillos siendo golpeados por los palos sonaron desde abajo, seguido de los demás instrumentos.
─¿Oís eso?─ Preguntó Soel.
─Lo oigo. Es su canción de mierda, no cabe duda.─contestaba con cierto enfado la entrenadora. Estaba determinada a ir.
─Y vosotros pensabais abandonar ya. ¿No habéis visto las escaleras, acaso?─preguntó Emily.
─Eeeeeeh... no, la verdad es que no.
El rubio fingía entre falsas risas su despiste.
─Meh, solo estaba siguiendo a vosotros. Ya sabéis… escudo humano.
─Bueno, no pasa nada. Vamos a acabar con esto de una vez.─ordenó Emily.

Procedieron a descender por las gradas metálicas. Las tenues luces mostraban las planchas metálicas de color verde oscuro, al igual que la alfombra roja que los conducía hasta la sala de mando con aquella ensordecedora música. Gionna no pudo evitar estremecerse al darse cuenta de que era la segunda vez que pasaba por aquel siniestro lugar. Se quedaba atrás, paralizada del miedo. Temía que volviera pasar lo mismo de antes, aunque con la compañía que tenía era poco probable. Además había más cosas que temía. ¿Qué pasaría si han tenido la suficiente maldad como para controlar a sus pokémon? ¿Cómo podría combatir contra ellos?

Sin embargo, sabía que tenía tres pokémon legendarios, por lo menos. No creía que les interesaría ahora tener más criaturas vulgares para conseguir sus propósitos. ¿Pero y si lo hubieran hecho? ¿Y si los quería usar para probar alguna mejora más en sus aparatos?

─¿Estás bien? Te veo pálida.─dijo Emily.
─Uh... sí, estoy bien. Ahora os alcanzo.

No podía demorarse ahora. No quería preocupar a Emily. Finalmente, llegaron a la sala del trono. Los cuatro hermanos estaban ahí, tocando sin freno. Se habían organizado un pequeño ensayo, justo para atraer a sus invitados. Nada más llegar, pararon la música en seco para mirarlos con desdén. El mayor dio la primera palabra.

─¡Vaya, vaya, vaya! ¡Pero mira quién ha llegado! No os cansáis, ¿eh?
─¡Cállate! Hemos venido a detener vuestros planes, Equipo Go-Rock. Sabemos perfectamente lo que planeáis.─ Se lanzó la más experimentada, con total confianza en sí misma.
─¿Oh? ¿Acaso no serás la chica fracasada que fracasó en el rescate de Regirock? ¡Ups! Dije fracasada dos veces.─ La hermana menor soltó una risa ladina. Emily y Spyrox no soportaban aquella humillación.
─Si habéis venido a detenernos, lo vais a tener crudo, majetes. Tenemos toooodas las posibilidades a nuestro favor, al contrario que vosotros que solo tenéis tres pokémon y... ¿¡medio!?̣─ Emilio soltó una larga risa. ─¡No me hagáis reír, palurdos! ¡Os hemos visto desde las cámaras, sabemos todos los trucos que empleáis! ¡No vais a pillarnos desprevenidos, capullos!
─Que tenga el lomo sangrante no significa que esté abstente de utilidad. Además... vosotros, profanos, tenéis algo que nos pertenece.
─¿Te refieres a esto?

David alzó el brazo con la mochila fuertemente agarrada. Así que aún la tenían. Y además, se ve que han retirado cosas de ahí. La cremallera estaba abierta, permitiendo que respire.

─Beh, os la devolveríamos con mucho gusto. No la necesitamos más, al fin y al cabo ¡Pero pensar que hay pokémon muy bien entrenados ahí dentro...! ¡Ojojojojojojojo! ¡No nos vendría mal una ayudita extra!

Eso era buena señal. Significaba que no habían sacado a sus pokémon todavía. Pero estaban en riesgo de cambiar de bando sin que se lo propongan. Estaba asustada. Emily tenía que volver a hablar.

─No seréis capaces de usar los pokémon de otra gente para usarlos en su contra.
─¡Lo somos! De hecho sería hasta divertido. Pero tenemos mejores planes. ¡Alberto, enciende las luces, colega!
─¡Voy!

El mediano albino sacó un mando con un botón rojo. Al apretarlo, varios focos iluminaron siete pedestales, en lo alto. A la izquierda, se situaban los señores de los duros elementos con el que se formaba la tierra; acero, roca y hielo. A la derecha, las encarnaciones de las distintas energías que mueven al mundo; magma, viento y rayo. Y al centro, el viajero procedente de los lejanos y misteriosos cielos, la masa cambiante que se adapta según sus necesidades. Se postraban elegantemente ante ellos, inexpresivos, como si fueran sus fríos guardianes. Regirock, Regice, Registeel, Deoxys, Raikou, Entei y Suicune estaban domados.

Emily no podía evitar lo horrorizada que estaba, al igual que Kyumbreon no podía ocultar su asombro con su inamovible rostro. Se había documentado de la captura de los regis en la base de datos, ¿pero, de los tres protegidos del ave fénix? ¿Y aquel pokémon que estaba en medio? Soel también estaba asustado. Tres pokémon legendarios; cuatro de ellos que podrían barrer a sus dos únicos pokémon en cuestión de segundos... ¿seguro que podría con ellos?

─¡Jaj! Ahora querréis ir atrás con el rabo entre las piernas, ¿verdad? ¡Bueno, too bad, fellas, no os vamos a dejar escapar!

La puerta se cerró de golpe. Ya no podían volver. ¿En qué lío se acababan de meter?

─Ojojojojojo, ¡me muero de ganas de asaros con Entei! Nos ha costado mucho volver a alcanzarlo, ¿sabéis? Espero que merezca la pena.─dijo Aina.
─Demonios. No podemos hacer nada. Nuestros capturadores no pueden volverlos a la normalidad contra ellos.─ Masculló Emily.
─¿Ah, no? Pues... pues... ¡pienso vencerles, aunque les cueste la vida! ¡Me importa un pepino que sepan mis trucos!
─¡¿Qué?! ¿¡Soel, estás loco!? ¡Son legendarios más poderosos que otras condiciones!─exclamó Emily.
─¡Me da igual! No es que supieran Sustituto o algo así.

Empezaba de nuevo la discordia. En momentos como este, era de lo más inconveniente. Siete leyendas, tres pokémon, uno más de escudo... el Chandelure de Soel puede contra Registeel, Deoxys y Regice, pero ambos son muy resistentes como para soportar varios psíquicos de su Umbreon. ¿Por qué no podrían aguantar un brutal infierno? Dressela y Spyrox podrían tumbar a Suicune y Regirock, pero serían facilmente fulminados por Regice y Entei, al igual que el viento del norte y el hombre de piedra podrían apagar las llamas de Hella.

Sumando con la fuerza que le dan las vidasferas de los capturadores y la versatilidad del pokémon ADN, la balanza estaba totalmente desequilibrada. Por lo menos sabía que Dressela era una dama de recursos y que podía alcanzar el nivel de sus contrincantes en cuestión de un minuto, pero lo que le habían dicho sobre que sabía sus trucos le inquietaba. Sonaba a farol, pero también podría ser algo cierto. De hecho, sabía que habían cámaras de vigilancia por toda la base.

Ambos bandos estaban a punto de desplegar todo su arsenal. Las manos de los hermanos iban a azotar sus instrumentos, mientras que Soel preparaba su dedo índice para comandar a sus pokémon, al igual que Emily. Todos los presentes inhalaban el aire circundante de los tubos de ventilación para emitir su orden.

─¡UN MOMENTO!

Para sorpresa de todos, la entrenadora había dado una sonora orden, interrumpiendo el principio de su final. Sin plan y sin tener su propósito claro, quería tener su momento antes de que la masacre empezara.
─¿¡Qué, qué, qué, qué, qué!? ¿¡Es que quieres retrasar tu muerte más o qué, niñata!?─ Se quejó Emilio, que estaba ansioso por estrenar sus sirvientes al fin.
─No exactamente, pero…
─¡BLA, BLA, BLA, ACABEMOS YA CON-!
─¡No, deja que hable! Quiero oír lo que dice.

Le habían cedido la palabra gracias a Alberto. Era el momento.

─¿No creéis que esta batalla se va a volver un pelín aburrida si vosotros vais del todo aventajados?
─¿Qué?─dijeron David y Emilio a unisono.
─¿Pero qué mosca le ha picado, señora mía? Está usted vacilando.

“Lo sé, Kyu. Estoy tratando de dirigir la cuerda a nuestro lado”, pensó su entrenadora. Leer aquellas palabras de su mente lo acalló, y le incitó a escucharla.

─Quiero decir, vuestros capturadores le dan más fuerza a los legendarios, ¡y ya son bastante fuertes de por sí! ¡Y es que encima son siete, SIETE pokémon! ¿¡No creéis que tenéis la cara muy dura como para aprovecharos así de vuestras ventajas!? ¡Venga ya, hombre, esto es abuso!
─Oye, oye, oye, nunca hemos jugado limpio, nunca jugamos y nunca jugaremos, ¿qué te hace pensar que vamos a jugar limpio ahora?─replicó David.

Ya estaba. Ya le habían dado la idea.

─Pues... es muy sencillo. Si mis compañeros pierden, os podréis quedar todo lo que sea mío. Hasta mi propio cuerpo, si queréis. Y todos sabemos que entre nosotros hay uno que lo anhela con fervor. Total, sin mis pokémon no soy absolutamente nada.

Todos los presentes quedaron asombrados con aquella oferta. Era bastante generosa, más para Alberto para que ningún otro. Pero Alberto tenía una cara de desconcierto enorme. Encima que le había mandado a freír espárragos, acaba de demostrarle que tampoco tenía muy buena idea de él. Estaba herido.

Kyumbreon aún no podía creer la insensatez que estaba cometiendo.
─¡¿Pero sabes lo que estáis haciendo?! ¡Estás ofreciéndome a mí como premio! ¡A MÍ, UN FIEL SERVIDOR!
─Pero... si vosotros perdéis─prosiguió con su negociación, ignorando las quejas de Kyumbreon ─,me devolveréis lo que me habéis arrebatado y pararéis vuestras actividades delictivas. Incluso hasta me daréis de vuelta al Armagedón Negro. Por supuesto, cumpliré con mi parte del trato si dejáis a los legendarios actuar por libre albedrío, sin las ventajas que proporcionan sus instrumentos. ¿Está claro?
Se hizo el silencio. Los hermanos tuvieron que hacer piña para murmurar y decidir qué hacer. Emily tocó su hombro para que se gire a ella y escuche su reducida voz.
─Oye, ¿¡estás loca!? ¿¡Realmente vas a dar a todos tus pokémon si perdemos!? ¿¡Pero qué clase de persona eres!?

La chica no podía evitar esbozar una arrogante sonrisa. Era un plan simple, pero perfecto.

─Tranquila. De mi no me van a sacar nada.─susurró de vuelta, confiada.
─¡Pero nos has dejado a nosotros tus cosas! ¡¿No crees que estás confiando demasiado en nosotros?!
─Bueno, ¿qué más puedo hacer? No tengo otra. Y si empiezas a dudar ahora la habremos pifiado, así que céntrate en lo que viene.

No podía creer en lo que oía. Iba a darlo todo. Después, la querella de la familia roquera se disolvió para pronunciar su decisión. Su mayor representante alzó la voz para dejar clara su decisión.
─Vale, muy bien, pringada, aceptamos tu oferta. ¡Pero nada de jugarretas si pierdes! ¿¡Queda claro!?

La entrenadora sonrió más ampliamente. La balanza ya estaba más equilibrada.

─No iba a ser de otra forma.

Los cuatro hermanos apagaron sus dispositivos. De dos en dos, los legendarios saltaron de sus columnas y poniéndose en frente de ellos, enloquecidos por la repentina desaparición de los hilos que los controlaban. La tierra tembló cuando los tres regis aterrizaron sobre tierra. Deoxys, sin embargo, estaba totalmente calmado. No le había afectado tanto.

La batalla podía empezar sin más demora.


#88
:o!!!!!!!!!!!!!! No me esperaba en lo absoluto que Kyu regresara tan pronto a ayudarla, el vuelco que dio la aterradora descripción del capítulo anterior me gustó bastante, siempre recalco cuando una historia o los hechos de ésta no son predecibles.

No me explico por qué Emily trata así a Selena, ¿habrá pasado algo en el pasado, valga la redundancia? Ese Helio le tiene ganas a Selena, que cochinón.

Esa Gionna sabe negociar muy bien, sería buena empresaria. Aunque pareciera que los convenció fácilmente y cualquier persona pensaría en que cualquier villano haría sería tomar el camino más fácil para derrotar y acabar con el protagonista, sin embargo, no es así. En este caso Gionna fue muy inteligente y apeló al ego del los go rock, seguro piensan que de cualquier manera los pueden derrotar. Tengo la sensación de que Gionna aprendió a leer el comportamiento de éstos para manejarlos a su antojo, no sé si lo tenía planeado o se le ocurrió en el momento, pero me parece una muy buena idea que lo haga. Es como Batman, aprendió muy bien a sus enemigos que ahora puede predecir sus movimientos. Gionna sería como The Kyumbreongirl.

Bueno, como dijiste que te ibas de vacaciones y estarías desconectada por miles de años. NO espero pronto un nuevo capítulo. Ciao.


Lean mi fic: La Historia de Jack Evans
Soy Elven king
(Por si alguien no me reconoce)


#89
Me gusto mucho el principio que es el unico que he empezado a leer, tienes una muy buena descripción de los sucesos amigo y de esa forma haces grata la lectura de tu fanfic, aunque la verdad no soy muy fan de los Ranger asi que me tomará un poco engancharme a tu fanfic pero me esforzare por hacerlo jajajajajajajaja

Saludos amigos tienes un nuevo lector.





#90
37 capítulos :'(

Intenté leer más de uno pero el primer capítulo me gustó, me salté hasta el 37 y sin duda nose que decir ya que no leí los otros capítulos pero me gustaron esos dos capítulos, creocque el fin de semana o cuando no tenga nada que hacer en el foro me pondre a leer desde el Prólogo por eso no puedo decir mucho pero me encantó mucho lo leeré y volveré a postear cuando aya terminado de leer los 37 capítulos.


#91
Anda la leche, ¿dos comentarios más de lo normal?
...
Bruh. No puedo contestarlos con tan poco contenido. Pero sí que agradezco vuestros comentarios, @Braixx y @EthanBarush. ¡Oh, y no se preocupen! Pronto este fanfic va a terminar, así que si os llegáis a viciar no os tendréis que preocupar por la continuidad de este ;P
Ahora, no me comenten solo el prólogo y se salten los capítulos; eso ya lo hicieron varios y créanme, no me hace ninguna gracia que dejen el fanfic a medias si dicen que les ha gustado tanto [?]

Now, @Thranduil, te informo que Gionna improvisó ese trato. Y... ahora que dices que podría ser una buena empresaria, ¿y si hago un fiction por donde ella monta una empresa de prótesis médicas? Sería una buena hi...
De hecho olvida lo que he dicho. Es una peeeésima idea [?].

Bueno, ¡bromas aparte! Dejo aquí el tan esperado capítulo. ¡La batalla más esperada de este verano!
Siete legendarios. Dos plantas. Una región por salvar.
Anda, hice un tagline.
Cheers!

Capitulo 38


Spoiler
Bestias. Así se denominaban aquellas fieras criaturas que actuaban en nombre de los elementos.

El rayo que cayó e inició el fuego.

Las llamas que devoraron la madera de la torre.

La lluvia que fue calmando la devastación.

Los hielos que cubrieron los polos.

Las rocas que esculpieron las montañas.

El frío acero que endurecía la materia.

Y, finalmente, el visitante. Aquel que, mediante un meteorito, llegó a la tierra y adquirió una forma física al fin.

Iban a empezar una batalla contra los mitos y lo desconocido. Sin embargo, parecía que Deoxys solo quería observar cómo se las arreglaba. Los otros estaban demasiado alterados para no actuar. Directamente, Raikou iba a atacar a Soel con sus colmillos cargados de electricidad, pero Dressela se interpuso en su trayectoria, recibiendo ella las descargas. No fue un ataque que le resultara completamente dañino, pues su cuerpo herbáceo no conducía tanto la electricidad. Pero la mordida dolía horrores.
─¡Dressela! ¿¡Estas bien!?
La dama agitó la hoja para aliviarse el dolor. No le había tocado ningún nervio importante, por suerte.
─Bien... acabemos con esto rápido. ¡Usa Somnífero!

No tardó en reaccionar. Se colocó cerca de las demás bestias coléricas que iban a atacar a Gionna y Spyrox, y dio vueltas en su mismo eje para adormecerlas de nuevo. Sin embargo, un aura rosada empezó a aparecer en los cuerpos de los legendarios. El polen de Morfeo no entraron por sus vías respiratorias. Aún seguían de pie.

Dressela retrocedió asustada, igual que su entrenador. No era posible. Debieron de dormirse ya. Pero no solo eso. Justo cuando los duros dedos recién afilados de Registeel y las planas extremidades de Regirock iban a aplastar sus caras, los legendarios pararon de cargar en su contra, zarandeándose la cabeza como si una aguda y fuerte cefalea les acosara. Iban a rugir de dolor, a quejarse de su desdicha con furiosos bramidos. Estaban completamente aturdidos. Una oportunidad que gecko, entrenadora y felino herido no iban a desaprovechar. Spyrox ya tenía preparada una hoja aguda para contraatacar al golem de piedra. Se abalanzó contra el regio ser y le azotó de lleno con aquella afilada cuchilla. La Grovyle emitió un carraspeo para avisar a Emily. Las dos pensaban justamente lo mismo.

Era hora de la captura.

La ranger levantó el brazo y disparó con su aparatosa arma el disco de captura. Movió los dos dedos en el aire para rodear a Regirock con aquel círculo mágico. Iban a acabar con uno de los tantos legendarios a los que luchaban...

Sin embargo, justo cuando faltaba poco para acabar con uno, este volvió a erguirse para levantar su brazo y aplastar la línea, como si fuera un mazo. La descarga que recibió no fue moco de pavo. Había sentido aquellos calambres recorriendo por el resto de sus dedos. Pero eso no era todo. Su capturador decía que el regi se alejaba de nuevo de ser capturado. Algo bastante desconcertante para cualquiera que manejara uno de aquellos aparatos.
─¿Pe-pero cómo es posible? La barra de captura ha disminuido muy rápido.
─¡Pft! Vaya trasto más inútil. ¡Aquí se pelea, querida! ¡Hella, derrite a ese bloque de hielo!

El candelabro de enseguida se cubrió bajo un manto ígneo, y apuntó a Regice para acabar con su existencia. Lanzó sus llamaradas como un gran torbellino horizontal que volvería agua y vapor a un pequeño glaciar, incluso los hermanos se apartaron del medio para no salir quemados por aquel ataque. Mas no sería su fin. La vorágine ardiente fue disminuyendo su potencia a medida que pasaba. No había rastro del iceberg, ni vapor ni gota de agua en el suelo. El león de la Reliquia de la Selva estaba cubriéndole por delante, tomando todo el calor que podía. El iceberg solo sudaba.

No podían creer lo que veían. Ese Entei había ayudado a un legendario totalmente contrario a él. Sin embargo, no era eso lo que le preocupaba. Había algo más.
─Vaya, hombre, tiene Absorber Fuego, ¿eh? ¡Pues no se hable más! ¡Dale a los dos con Bola Sombra!

Sin rechistar y sintiendo su misma frustración, Hella preparó un aluvión de esferas espectrales para ambos seres de la naturaleza. Estos no esperaron a esquivar, ni ella tampoco en torturarles con su umbría precipitación. Pero de nuevo, sus ataques fueron vanos. Cerca de ellos, Registeel les cubría con una barrera grisácea tan pronto como cayó la lluvia. Para más inri, mientras atacaba sin piedad, el melenudo puma se colocó bajo Hella y lanzó un gran proyectil hidráulico que azotó el cristal del Chandelure. Soel se dio cuenta demasiado tarde para que evitara ese ataque, y cayó adolorida por el golpe, pero no acabada.

─¡Hella!

La Chandelure volvió a levitar algo atontada por el azote. El Hidropulso la dejó confusa, y daba tumbos en el aire. Spyrox estaba demasiado ocupada luchando contra Raikou como para ayudar a Hella, igual que Dressela, intentando defenderse de los ataques de Entei.

Algo raro pasaba entre los legendarios. Parecía que actuaran como una sola mente, seccionada sobre distintos cuerpos. Cada uno se protegía mutuamente de sus debilidades, mientras que otros se encargaban de aniquilar a sus contrincantes usando sus propias ventajas sobre ellos. Era una extraña actitud que a los dos inválidos les llamó la atención.

─Esas coberturas estratégicas...─ Murmuró Gionna.
─Esa extraña mirada impropia...─ Contestó después Kyumbreon.
─Gin, si vas a planear algo dilo en voz alta, por favor.─inquirió Soel. Una petición que siguió ignorando.
─¿Verdad que no parece normal?
─Y sin embargo su fuente no parece ser la rabia... han incumplido con su trato, mi señora. Habrá que planear una treta.
─Espera. No saquemos conclusiones precipitadas. Aquí falla algo.
─¿Cómo decís?
─¿Holaaa? ¡Tierra llamando a inútiles, dejad de cuchichear entre vosotros!─pidió Soel en vano.

Gionna empezó a observar el escenario de la batalla. Los pokémon estaban situados estratégicamente; Entei nunca se separaba de Regice y Registeel, quienes son los más débiles frente las azuladas llamas de Hella, el cual les daba una eficaz inmunidad. Suicune era quien era más capaz de neutralizarla; sin embargo, hay dos pokémon tipo planta que podrían detenerlo con facilidad. El mismo caso era para Regirock, que pese a poder resistir buena parte de los golpes físicos de Spyrox, no tendría nada que hacer con el Danza Pétalo de Dressela. Sin embargo los acompañaba Raikou, que no era un gran muro físico como Registeel, pero probablemente podría frenarles con una buena parálisis de sus rayos. De igual modo, el pokémon tipo acero también podría cubrirlos, pero para ello, Suicune tendría que entretener al único fantasma para que llegue sin que se queme. Y eso lo hacían bastante bien.

Y además, ese velo que les protegía... ¿de dónde procedió aquel halo? Ninguno de ellos parecían ser capaces de crear ese tipo de barrera protectora. Había algo que se les escapaba.

El brillo de los ojos de los felinos no era el mismo que cuando eran manejados con los capturadores. Tenían un tono purpúreo si se fijaba detenidamente. Además, no era algo que montaran los cuatro. Ellos solo se fiaban de la potenciación que brindaban aquellos artilugios. No eran de aquellas personas que se les ocurriría planear una estrategia.

De pronto, tuvo un pequeño momento de lucidez. Al entrar, contó siete pokémon en siete pedestales. Y en el suelo solo veía seis. Entonces, un tenue resplandor del mismo color, cerca de sus límites de visión, le llamó la atención. Pudo alzar su cabeza y ver su procedencia.

¡Aquel pokémon...!

No se había movido de su lugar. El visitante no había perdido la compostura como los otros, y sin embargo, en vez de escapar, se dispuso a enfrentarse a ellos convirtiendo a los legendarios en sus propias marionetas. Quería ver más; mas no hacía más que mirar la luz. Le estaba provocando dolores de cabeza, y sin embargo, era tan difícil resistirse... Era una preciosa joya que iluminaba la sala, como si fuera la única...

Un dolor agudo en el tobillo la hizo despertar y gritar de paso. Aquella agresión la había salvado de un profundo trance. Sin embargo, aquel dolor salvador no era para nada agradecido.

─¡Kyu, joder! ¡¿Tenías que morderme tan fuerte?!
─Tal y como se veían las circunstancias, sí; tuve que hacerlo. Se estaba quedando embobada mirando el pecho de aquel energúmeno manipulador. Otra vez.
─E-espera... ¿lo has visto?
─Sí... con razón dejé de percibir rabia en nuestros contrincantes. Puedo saber cuándo un pokémon psíquico controla el cuerpo desde el exterior, pero no la mente.
─Entonces...
─Así es. Vuestras sospechas eran ciertas; no son ellos quien controlan a nuestros enemigos. Mas eso no significa nada; ¿quién controla al ser del meteorito? Probablemente sus instrumentos estén apagados, ¿pero quién dice que no haya un quinto oculto manejando los hilos del manipulador?
─Hum... en tal caso-
─Eh, lleváis hablando un buen rato, ¿tenéis ya un plan?

Emily interrumpió su charla estratégica. Estaban desesperados. Todos sus ataques eran ineficaces, y sus pokémon empezaban a estar agotados, al igual que el capturador de Emily empezaba a humear un poco. Ella fue quién logró que sus ataques no fueran tan potentes, y requerían de su cabeza para vencer.

─A eso íbamos. Acabamos de descubrir algo interesante.─dijo Gionna.
─Oh, no me digas. ¡Dilo de una vez, genio! Antes de que quemen a mi pobre Lilligant.
─Bueno, bueno. ¿No veis que falta un pokémon? Pues ese está controlando a los legendarios.
─Ja, y yo me lo creo.
─El caso es que está suponiendo un problema. Tenemos que entretenerlo, pero no con cualquier pokémon, o podría también caer en su control. Sí, el capturador tampoco vale.
─¿Entonces qué sugieres? ¿Un ataque suicida?
─No, no. Aunque de momento deberías retirar a Hella. Ahora no veo que esté en condiciones de lu-

Tarde. Raikou se encargó de rematarla con sus largos colmillos electrizados. La confusión le impidió esquivar, y cayó al suelo ya sin fuerzas. Soel la tuvo que regresar a su pokéball sin posibilidad de poder volver a usarla. Aquella pequeña llama de esperanza que tenía se apagó con aquella leve brisa. Era la única que podría haber sido inmune a los poderes mentales de Deoxys.
─Eso me pasa por esperar a que acabaras tu frase.
─Bueno... aún tenemos a Dressela.
─Ah, sí, claro, con un solo ataque de tipo planta voy a vencer a seis pokémon a la vez, no te jode.
─¿Pero no ha estado usando Danza Aleteo?
─¿¡Y tú no has visto cómo abusan de Protección todo el maldito rato!? ¡Así no hay quién ataque!

Estaban entre la espada y la pared. Ahora solo tenían dos pokémon tipo planta contra un pequeño ejército de leyenda. Spyrox, harta de perseguir por ventajas, iba usando sus hojas contra el duro acero del golem de hierro. Emily trató de capturar a Deoxys directamente, pero se quedó igualmente embobada. Al menos Kyumbreon estaba cerca para despertarles. Necesitaban refuerzos. Enfrentarse a todo ese equipo con gráciles plantas no iba a conducirles a la victoria.

O tal vez con ello sea más que suficiente.

La barrera defensiva principal estaba perdiendo el tiempo tratando de dejar al veloz gecko fuera de combate. Una oportunidad que había que aprovechar.
─¡SOEL, AHORA! ¡ATACA A REGICE!
─¿Cómo?
─¡NO PREGUNTES; HAZLO!
─Bueno, bueno, si insistes...

Sabía que Regice podría ser un problema; no por su ventaja en particular, si no por la posibilidad de atrofiar los músculos del Lilligant con Viento Hielo. Ya sabía lo que era capaz de hacer. Y decidió que él sería el primero en caer.

Soel lo vio igual. Transmitió la orden de atacar a Regice con su elegante Danza Pétalo. Con los fuertes vientos potenciados por el evasivo calentamiento y con aquellas coloridas hojas más filosas, el tornado se dirigía violentamente hacia el iceberg. Sin que el extraño se percatara de aquella maniobra, el gran cubo de hielo no pudo resistir el daño de los cortes y sucumbió a su poder. Entei estaba demasiado ocupado tratando de calcinar a Spyrox, quien estaba siendo una gran molestia.
Regice estaba casi fuera de combate. Era el momento.

─¡Emily!
─¡Ahora voy!

La experta en capturas se adelantó al comando de Gionna. Al fin podía liberar al Regice de aquellas ataduras mentales que le oprimían. Apuntó el brazo hacia el iceberg, y disparó el disco para rodearle. Mas cuando iba a capturarlo, Raikou empezó a estorbar de nuevo; con un rayo venido del techo, quebró la luz y regresaba a su fuente. La descarga paralizó momentáneamente la extremidad de Emily, e hizo que la peonza se acobardara y volviera a ella.
─Jopé. No había visto ese rayo.
─No... no es un rayo. Es un Trueno. Demontre, y aquí no se puede predecir por donde caerá.─ Pensó en voz alta. ─Tendremos que debilitar también a Raikou.
─¡Claro que sí! ¡Dressela, ya la has oído!

El Lilligant volvía a dirigir toda su ira con su baile de flores hacia el tigre de dientes de sable; mas estando a punto de azotar a Raikou, el león de los volcanes dejó al Grovyle y con colmillos candentes mordió el torso de la delicada dama. Los ataques que fueran provenientes que de los mismos elementos podía resistirlos muy bien; pero aquellos que se usan de la fuerza muscular para ejecutarse aún eran dañinos para ella.

El golpe hizo que detuviera su ataque y salvó al tigre del mismo destino. Pudo apartar a Entei de su cuerpo, por suerte, pero le había dejado secuelas en la zona mordida. Los efectos secundarios de las quemaduras no resultaban un problema, pero dificultaban la curación. La precariedad de su posición alegraba el día a los cuatro hermanos.

─¡Ooojojojojojojojojo! ¡Vete preparando, niña! ¡Nuestro ejército es invencible aún sin nuestros capturadores! ¡Vais a perder, capullos! ¡Y nosotros triunfaremos!─ Dijo en voz alta David, muy confiado.

Ella estaba muy irritada. Si tuviera a sus compañeros a su lado, ella estaría haciendo algo más que mandar a dos desconocidos de los cuales no sabía nada. Y ahora los necesitaba más que nunca. Estaban perdiendo esta batalla. El número era totalmente injusto, y los recursos empezaban a escasear. Si perdían, ella perdería su libertad, al igual que la región perderá la forma. Algo totalmente inadmisible para el Umbreon. Su instinto decía que tenía que actuar.

─Ya me he cansado de esas sandeces.

Sin decir más, el hijo de la luna se fundió con las sombras apagando sus resplandecientes marcas. Gionna miraba cómo su fiel amigo marchaba harto y haciendo esfuerzos para que no saliera queja alguna de su dolor. No sabía qué iba a hacer. Iba a detenerle para que no resultara herido, ¿pero a quién quería engañar? Ella también estaba harta de no hacer absolutamente nada. También quería ser partícipe de esta encarnizada lucha. Pero no podía intervenir si no veía a su querido Umbreon.

Mientras, tenía que ver cómo usar a Spyrox como algo más que un mero cebo. Sabía que Raikou, Registeel y Entei la atacarían sin escapar de ella. Sin embargo, enfrentarse ella sola contra los dos últimos era agotador y peligroso. Atacar al tigre con Dressela sería ponerla en bandeja de plata. Así que propuso a Emily atacar a Raikou, pues era el más indefenso de los seis. Ya que no tenía otra que entretener, la ranger se encargó de mandar su mensaje. Así se cargarían la protección que tenían Suicune y Regirock.

Pero fue un error. Sin dudarlo ni un instante, Spyrox saltó contra Raikou, con los brazos cruzados, preparados para hacer un corte doble. Mas, potentes chispas salieron de su pelaje, y en consecuencia por el acercamiento del reptil, recibió las descargas de lleno. No eran daños serios, pero para su mala suerte, la velocidad del Grovyle se vio fuertemente mermada.

Parálisis. Lo que faltaba.

Estaban perdidos. Si Spyrox tenía los músculos atrofiados, no podía entretener más a sus enemigos. La suerte que tanto la salvó estaba ahora en su contra. Ya no había modo posible de salir de ahí. Ellos ya cantaban victoria; se mofaban de ellos con insultos, alardeando de sus preciados trofeos vivientes, que demostraron ser invencibles ante cualquier circunstancia. Los tres ya se daban por vencidos. Ya no tenían más ases en la manga; los había gastado todos. A punto de sacar la bandera blanca estaban, mas el festejo de los cuatro roqueros paró con la voz de Alberto.

─Eh, nuestro premio se va arrastrando.
─¿¡Qué!? ¡Oh, no me jodas, se va corriendo!─ Siguió Emilio.
─¿¡Pero qué mierda hacéis!? ¡Atrapad a ese **** conejo, panda de inú-AGH!
David recibió un golpe invisible en la cabeza. Muy a su interior. Se podía oír sus quejas desde el fondo. Y no solo su mochila estaba desapareciendo.
─¡Demonios! ¡No encuentro el violín!
─¡Mi bombo, nooo!
─Yyyyy ya me escondió el bajo.
─Maldito cabrón, me ha jodido la cabezota.

Aquel pequeño tumulto distrajo a Deoxys, que quería evitar que los líos se produjeran. Pero no pudo devolverles ni la mochila ni los instrumentos. Algo se lo impedía. Los tres héroes tampoco entendían lo que ocurría. Luego, los círculos, las rayas y los diminutos ojos del diablo del grupo reaparecieron de nuevo entre la penumbra. Entre los finos dientes del animal, la florida mochila blanca se hacía notar por su misma forma. La esperanza volvía a reflejarse en el rostro de Gionna. Acababa de recuperar a sus queridos compañeros, violando el mismo tratado que ella creó. Cosa que le incomodaba.

─Kyu, ¿pero qué acabas de-?
─Vos seréis todo lo legal que queráis, pero yo no lo aguantaba más. Le juro por Lunetah que mis patas no podían quedarse quietas durante más tiempo.

Gionna no pudo aguantarse las ganas de reír. Había hecho un milagro por ella.
─Eres un diablillo, ¿lo sabías?

Luego se agachó para recibir su recompensa anticipada y remover la cabeza de Kyumbreon, algo que él no agradecía nada. Después no tardó en comprobar si todo estaba en orden. No sentía el frío tacto del titanio de la bola que llevaba, pero el capturador y las cuatro pokéballs estaban ahí.

Volvió a sonreír como cuando puso las condiciones de esta batalla. Los cuatro hermanos se pusieron en guardia. Si ella volvía a la carga... además de que ya no podían incumplir sus propias normas. Sus instrumentos estaban en paradero desconocido.

─¡Oye, pelmaza, teníamos un trato! ¡¿No te íbamos a dar esa mochila en cuanto ganaras y no cuando vayas perdiendo?!─ Gritó Aina.
─Sí. Pero vosotros ya incumplisteis vuestra parte desde... ¿el principio, tal vez?
─¿Pero cómo puedes pensar eso, cariño? Si viste cómo apagábamos los súper-capturadores.─ Resaltó Alberto.
─¿Ah, sí? ¿Entonces ese coso naranja qué? Estáis manipulando a ese pokémon psíquico de algún modo para manipular a los otros pokémon como si tuvierais el capturador encendido. O sea...
─¡JAJ! ¡Pillados!─ Añadió Soel a aquella acusación.

El silencio se adueñó de la sala. ¿Tal vez acertó en sus ciegas acusaciones? Una cosa era segura. Y es que Emily fue quedándose boquiabierta tras oír aquella mera conjetura. Podría haber obtenido esa información de Kyumbreon, de todas formas. Después de tratar de jugar limpio, ellos no acataban sus condiciones. Estaba enfurecida. Tanto que tenía que preguntarlo a pleno pulmón.
─¿¡Es eso cierto, Equipo Go-Rock!?

Su contestación no fue más que una demente risa venida de la cabeza de los cuatro. Muchas veces tendría razón con el empleo de sus trucos; pero esta vez erró completamente.
─¡¿Pero de verdad crees que tenemos un controlador oculto por aquí?! ¡Mira, mira! ¡Mis manos están libres! ¡Y el único capturador que puede someter a este cuerpo,─ alzó mano para señalar a Deoxys, que volvía a ponerse en las mentes de los legendarios─ está detrás de estas paredes, siendo probado por nuestro jefe! Deoxys ha decidido ayudarnos por su propia cuenta. ¡TÚ eres la única tramposa aquí, usando a tu Umbreon para recuperar TU mochila después de que TÚ dijeras de apagar los capturadores y reclamarlo como PREMIO, y repito, PREMIO de tu victoria contra ELLOS! ¡ASÍ QUE A CALLAR!

Pero ella no dejaba de sonreír.

─Yo tampoco controlo a mi Umbreon. Él fue quien decidió coger la mochila y devolvérmela.
─Cierto es.─añadió su propio mesías.─Soy totalmente responsable de mis propios cargos, y mía fue la idea de ocultar y prevenir que vosotros hicieran lo mismo. Además de que el número era ínfimo comparado con el vuestro. Y aún sigue siendo pequeño con ese acto... Sigue siendo un trato justo, ¿no?

Se podía oír como Emilio le decía a su hermano mayor que tuviera cuidado. Gionna fue sacando el capturador y las jaulas de sus amigos, listas para liberar su contenido. Las lanzó al aire, llamando a cada uno de sus nombres. Lol, Google, Honchpato y Akirosoku volvieron a salir, y lo primero que hicieron fue abalanzarse contra Gionna en señal de afecto; sobretodo Lol. Ella habría querido corresponderles por las largas horas de espera; pero no había tiempo. Tenían una batalla que ganar. En piña, planearon su próxima estrategia, y al cabo de un rato, todos fueron a sus posiciones, dispuestos a darlo todo para que este reencuentro sea largo y duradero.

─Bueeeeno, veo que te las vas a arreglar con tus pokémon... Dressela está agotada, así que va a tener que volver a su pokéball, ¿sí?
─No, ni se te ocurra. Necesito tu cooperación aún.
─Jo, ¿no me puedo ir?─preguntó Soel.
─Hasta con la puerta cerrada intentas escaparte de tus obligaciones, ¿eh?─dijo Emily.
─Oye, no tengo a Hella, Dressela tiene quemaduras, ¿qué hago yo aquí?

A buenas horas empezaban a discutir. Tan solo podía ignorar y, con el capturador en alza, apuntar hacia Regirock y pronunció su primer acto como entrenadora:

─¡Lol, Hidrobomba contra el pedrusco!

Y así hizo. Lol tiró uno de sus potentes chorros de agua en dirección a aquel montón de rocas amontonadas. Pero no fue él quien padecería la erosión. Suicune se interpuso entre el ataque y lo recibió de lleno, tan solo padeciendo el impacto. David no hacía más que reír y reír.

─¿¡Eres idiota o qué!? ¿¡Pensabas que con tener otra vez tu equipo se iba a descuidar su formación!? ¡JA! ¡TONTA!

Su cara volvió a esbozar una ladina sonrisa. Sabía que Suicune se pondría en medio de la ducha.
Había lanzado más que agua al viento del norte. Cinco brotes crecieron raudamente en su lomo, hasta ser una compleja red de zarzas drenadoras que lo oprimían, privándole del movimiento.
Pero eso no era todo. Google se acercó con sigilo al gólem de piedra para por detrás azotarle un aluvión de puñetazos que quebraría su duro cuerpo. Dressela se sirvió de las bayas que crecían de Suicune para sanar las heridas de la mordida. Honchpato sobrevolaba el campo apaciblemente mientras Akirosoku atormentaba al tigre con su famoso Acua-Jet. El león, al verse condicionado por la posibilidad de recibir un ataque hidráulico, se quedaba quieto a la espera de su derrota junto a Registeel. Todos estaban entretenidos con su pequeña armada. Había allanado el terreno para que ninguno de sus rivales se percataran de su plan maestro. Ahora era el momento de dar el aviso.

─¡Honchy, ahora!

El ave empezó a descender unos centímetros, quedando entre medio del techo y el suelo. Batió las alas fuertemente, creando un vendaval que no solo levantó mugre; el aura que los protegía se arrastró como si de mero humo se tratase. Había dejado la vía libre para que Soel pudiera aplacar su ira de una vez por todas. Después de darle las gracias, el apuesto entrenador en trajes de ranger dio de nuevo la orden de ejecutar su movimiento estrella. Instantáneamente, su Lilligant volvió a girar sobre su propio eje, esparciendo de nuevo el polvo por todo el campo de batalla.

Otra acción que esperaba.

Instantáneamente, igual que usó Despejar para anular el velo, lo usó para redirigir el polen soporífero hacia arriba. Con fuertes vendavales, formó una ola verde y polvorienta hacia Deoxys, quien sin más remedio, centrado en las vistas de otros, cayó profundamente dormido, dejando en paz las cabezas de los legendarios. Estos igual yacieron inconscientes en el frío suelo. El shock les garantizaría un buen descanso y el recobro de su cordura, sin muchos dolores.

─Pensaba dormirlos y luego azotarlos a todos, pero eso también me vale.─dijo Soel al ver que los legendarios cayeron derrotados de repente. Sabía que la paloma redirigió el ataque.

Pero esto no había acabado. Si tendrían que afrontar luego al Gran Dragón, necesitarían de su fuerza para hacerles frente.

─Emily, ¿podrías ir capturando a los legendarios de ahí? Solo por si la fastidio al capturar a Deoxys primero.
─Hombre, no creo que la fastidies. Lo más seguro es que lo hayan capturado de verdad.

Con ello estaba a punto de ir capturando tranquilamente a Deoxys.

─¡Sí, sí, adelante, libera a este pobre Deoxys! ¡Harás un bien a la humanidad si lo haces!─gritó Emilio, con cierto tono dramático superfluo. David le amordazó tarde con su mano. Usar la misma trampa que la reliquia no iba a resultar para nada. Así les delataron, y Emily se decidió por hacer caso a la entrenadora y hacerle el favor de capturarlos mientras dormían plácidamente.

Una vez despiertos y sanados con el capturador superior, ella podía hacer lo mismo con Deoxys. Giró el capturador rápidamente para así encerrarlo de nuevo en aquel halo de serenidad. El brillo rojo que solía salir de sus esclavos recién liberados no apareció.

El ser espacial se levantó de su letargo tras recibir la energía sanadora de la línea de captura, lentamente, preguntándose qué fue aquella descarga que había recibido su circuito nervioso. ¿Lo había calmado? ¿Ya tenía las ideas claras?

No. Para nada.

Deoxys emitió un chirrido fuerte, como si dijera que no se sublevaría ante cualquier otro humano y descendió armándose con tentáculos más gruesos y con filosos picos en la cabeza. El capturador había funcionado en él, pero el enlace entre máquina y pokémon no se había efectuado. Todos los pokémon se pusieron en guardia ante la actitud agresiva del visitante.

─Gionna... ¿has estado asustada mientras capturabas a Deoxys?─preguntó Emily.
─N-no... si lo hice como siempre, no entiendo por qué reacciona así.

Fue a mirar la pantalla del capturador. Le dijo que la captura fue completada; sin embargo, en el listado de pokémon atrapados, su nombre no aparecía en la lista. Los hermanos no podían evitar partirse de la risa con aquel desconcierto.

─¡¿Te pensabas que lo ibas a poner de tu parte?! ¡Pues mucho lo siento, querida, él es completamente inmune al efecto de vuestros aparatos de forma natural!
─¿Qué dices? No...
Emily estaba patidifusa. No podía creerse que ningún pokémon rehusara a admitir las emociones humanas. Y tampoco veía factible que alguno se ofreciera voluntariamente a destruir el mundo... Gionna tampoco lo aceptaba; pero tenía los hechos delante suyo. No podía negarlo.
─Por cierto, has derrotado a seis de nuestros siete pokémon. La batalla sigue en pie, ¿o acaso quieres huir como nenaza que eres, eh?

David se mofaba de ella como si no hubiera mañana. Confiaba demasiado en Deoxys. Era un ser asombroso, digno de considerarse poderoso y volátil. Ya había luchado contra él antes, y no era un pokémon que fuera fácil de derrotar. Pero estaba decidida. Si no podía capturarlo... la única solución que veía era derrotándolo en combate.

Sin embargo, un profundo y sonoro rugido hizo temblar los cimientos de la base. La gravilla caía como lluvia de tierra, amenazando la vida de todos los presentes con su propio peso. Ese sonido atravesó al valor de Gionna y sus compañeros cual arpón a un pez. Deoxys volvió a cambiar su forma, sabiendo lo que acababa de ocurrir. Los cuatro también lo sabían.

─Jojojojojo, vale, vale, parece que nuestro viejo ha logrado sacar a la bestia antes de que nuestro aliado te hiciera explotar en mil pedazos.
─Y la base se va a venir abajo, idiota.─dijo Aina a su hermano mayor.
─¡UY, SÍ! Tenemos que pirarnos.

David mayor sacó de su abrigo un mando con un interruptor. Su dedo índice lo apretó, y una trampilla se abrió para garantizarles la huida. Alberto encontró sus instrumentos, y se los llevó primero para salvarlos. Después, Aina y David saltaron para escapar de las rocas. Emilio fue el último, despidiéndose de la forma más grosera posible. Deoxys fue el último. Pero sin embargo, antes de que descendiera, dejó una breve alucinación en la cabeza de Gionna. Despistada por los nervios, su cabeza empezó a doler un poco, dejándole imágenes de más allá de las nubes, especies desconocidas que yacían ante una enfermedad desconocida... imágenes difusas sin posibilidad de identificación que finalizaron con un mensaje de voz que retumbaba como eco en sus oídos.

“Nos veremos en la cúspide del mundo”.

Después volvió a ver. Deoxys volvió a transformarse, y desapareció de sus vistas con un veloz barrido, tomando una forma más delgada. La joven no hacía más que preguntarse qué había ocurrido, sin recuperar aún la noción del presente. Finalmente, la voz de Kyumbreon le volvió a colocar en su lugar.

─¡Mi señora, reaccione! ¿¡Qué le hizo aquel pérfido ser!?
─¿Eh?
─Bueno, no conteste; el tiempo apremia. ¡Guárdenos en su equipaje y corra hacia el agujero, presto!

Reaccionó a tiempo. Aún dubitativa, volvió a sacar sus pokéball y guardó a sus amigos en ellas para meterlos de nuevo en la mochila. Estaba sola; Soel y Emily habían bajado antes que ella. Finalmente corrió lo más deprisa que podía para que la estructura subterránea no se le echara encima. Volvió a encontrarse con aquel pasillo húmedo, por donde conducía al exterior; mas eso no le importó. Seguía maltratando sus piernas para no acabar ahí. Veía a sus camaradas desde la lejanía, pero no llegaba a alcanzarles. Pero la luz le seguía alentando a que se salvara, aunque no mereciera la pena.

Finalmente salió. Los bramidos destructores se oían aún cerca, pero más sordos. Un Fearow y dos starraptor los esperaba, junto a Alejandro, quien había venido expresamente para darles un apoyo. Mas era tarde para ello.

─¡Menos mal que habéis salido! ¿Estáis bien?
─Sí, nosotros sí, pero Gionna no sé.─ Confirmaba Emily.
─Estoy bien, Emily. Siento haber tardado tanto.─ Contestaba. Pensaron que se quedó dentro.
─Uf, menos mal, pensábamos que querías morir ahí dentro. ¡Si te estuvimos gritando todo el rato!─ Dijo Soel.
─Porque tú no querías subir a bajarla, es que ya te vale.
─¡Eh, se nos echaba el edificio encima!
─¡Pero aún tenías tiempo!
─Chicos, por favor, no discutáis. ¿Decís que el edificio se echaba para abajo? ¡Oh, no! ¿¡Y qué hay de los pokémon!?
─Lamentablemente no creo que puedan ser salvados. La cosa que acaba de liberar podría tirar un rascacielos abajo en un instante. Están condenados.

Alejandro se quedó patidifuso con sus palabras. No quería que muchas inocentes criaturas murieran ahí dentro. Iba a adentrarse sin avisar; mas las rocas empezaron a bloquear su paso. El suelo por donde sus pies se apoyaban iba resquebrajándose. Incluso aquella zona iba a echarse abajo. Tenían que subir y alzar el vuelo rápido. Pero dos starraptor y un Fearow no eran suficientes para llevar cuatro personas y un pokémon. Ella iba a subir a la misma ave que Soel; mas la tierra al fin se desprendió, y el ave se asustó, haciendo que prendiera el vuelo antes de que Gionna pudiera subir en él. La ave ignoraba las rudas órdenes de Soel debido al pánico, y Alejandro estaba algo distanciado como para poder agarrarla con su gran cigüeña.

Se acercaba peligrosamente a una peña afilada que amenazaba con partirle la espalda y ahogarla hasta que no pudiera tomar más aliento. De nuevo estaba al borde de la muerte, como si todos los esfuerzos que había hecho para seguir viviendo desencadenara en un catastrófico e inesperado giro de los acontecimientos. Todo lo que había hecho acabó en balde...

Otro giro extraño se produjo. Empezaba a avanzar velozmente sobre el paisaje nevado, sin bajar a más altura, yendo en contra de las leyes de Newton. Sentía que se había chocado contra algo no muy blando, esférico... ¿y alargado, tal vez? No lo veía. No entendía si eso era producto de una larga pesadilla que se volvía en dulce sueño. Tan solo permaneció en la ignorancia en un instante, cuando empezó a ver el blanco y el rojo del cual instintivamente se agarraba.

Al costado podía ver un largo cuello que terminaba en una cabeza. Una cabeza que se inclinó y cuyo ojo ámbar se movió hacia ella. No cupo de su gozo cuando pudo oír de nuevo aquella melodía juvenil que se articulaba en palabras, después de cuatro años al empezar su exilio:

─¡Por fin nos volvemos a ver, Ginny-lin!


#92
:O!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!! Esa Gionna tiene una suerte terrible, pero de alguna manera se las arregla, tantas cosas que ha vivido en su corta vida. ¡Alberto le dijo cariño!

Me gustó mucho la batalla, pude imaginar todo los sucesos, las descripciones estuvieron bien hechas y las estrategias están a la altura de esta etapa del fic.

Ahora las cosas que llamaron mi atención: ¿Por qué Deoxys quiere ver el mundo arder? ¿Los pokémon que quedaron atrapados realmente van a morir, no pasará ningún milagro de último momento? ¿la criatura que apareció al final era Latias? ¿Lo próximo que se viene es la aparición de ese terrible Dragonite? ¿Qué significa lo que Deoxys le dijo a Gionna y qué le hizo ver exactamente? ¿Eran zombis?

Bueno, no recuerdo haber visto ningún error gramatical ni ortográfico. Esperaré por un nuevo capítulo. Ciao.


Lean mi fic: La Historia de Jack Evans
Soy Elven king
(Por si alguien no me reconoce)


#93
@Thranduil
-'cuz reasons. Ya lo verás dentro de dos caps.
-No.
-Sí.
-Sí.
-Más o menos. Tiene que ver con el propósito de Deoxys.

Y... creo que algunos estaban este capítulo con ansia. El pasado de Gionna... bueno. El 60%. Faltaría el cómo han conocido uno por uno sus pokémon, nada más. No sé si me habré pasado...
En fin. Aquí tienen. Espero que lo disfruten :3.

Cheers!

Capitulo 39


Spoiler
Los tajantes vientos gélidos del atardecer azotaban de lleno a la atónita joven de dieciséis, que volaba por encima de un lomo blanquecino acorazado por una armadura carmesí. Los alerones de aquel místico animal cortaban en aire a considerable velocidad mientras sobrevolaban el bosque de la Sierra Oscura. Ella no podía creérselo. Aún no. Aunque ya la vio en la Gruta Helada, no podía asumir lo que acababa de ver. Sin embargo, le invadía cierta euforia al comprobarlo con sus ojos. Realmente era ella.
─¡Latias!─ Exclamó feliz. Al fin podía contar con ella de nuevo y charlar. Aún así, su incredulidad le hizo preguntar... ─¿Pero por qué? Pensaba que ibas a...
─¿Dejarte a tu suerte como Leonora? ¡No, qué va! Solo he volado como un fantasma, siempre velando por ti. De hecho, si por mi no fuera, habrías acabado frita con ese Psicoataque.
─¡Sabía yo…!─dijo. ─Aunque tampoco creo que lo hayas hecho por tu propia cuenta, ¿verdad? Quiero decir... mi abuela te habrá pedido que me protejas, ¿no?

Latias soltó una débil risa al oírlo.

─Así es. Puede que sea sobreprotectora, pero muchos de sus temores sobre ti eran ciertos. Todo lo que te deparaba era riesgo y sacrificio, y muchos de ellos eran una enorme guillotina. Y claro, no podía permitir que te pasara nada, así que... ¡aquí estoy!

No dijo nada. Era una suerte contar con ella, y no quería discrepar sobre ello. Quizá necesitara de su fuerza para aquella monstruosidad que acababa de ser liberada. Pero a la vez no quería que se arriesgara por ella.

─Supongo que sabrás lo que acaba de ocurrir, ¿verdad?
─Sí. Y sé también que estás pensando en protegerme de la bestia, ¿verdad?

Le acababa de leer el pensamiento. Parecía que estaba dispuesta a darlo todo.

─Oye... sé que querrás que sea otra de tus compañeras de viaje después de esto; y me encantaría. Pero no va a poder ser. Sabes... que nos perseguirían. Solo por mí.
─¡Pero si-si vencemos al dragón...!
─No. Irían aún más. No es seguro. ¡Mira, estamos llegando a la base! ¿Bajamos, Ginny-lin? ¡Seguro que Elena te estará esperando!

Dio un suspiro. Realmente parecía que ella no quería ir. Se sentía despachada. Por lo menos, parecía que nunca abandonaría sus espaldas, ni aunque un enorme dragón estuviera amenazando a la propia tierra. Sin embargo, parecía que estaba evadiendo algo, pero no lograba ver lo que era.

Ella fue la primera en entrar a la base. Elena recibió a Gionna con cierta cara de preocupación.

─¡Oh, has llegado! Cuando llamé a Alejandro estaba muy preocupada, pero... ¿dónde está el resto de tus compañeros?
─Están de camino.
─Entiendo. No deberán de tardar, entonces.
─No, no lo creo.─concluyó con cierta frialdad. Muy en el fondo, estaba preocupada por el destino que corría Floresta en aquellos instantes. Sabía perfectamente qué iba a ocurrir, pues un amargo recuerdo estaba a punto de cobrar vida de nuevo.

Nada más llegar a tierra firme, empezaron a notar que los vientos empezaban a ser más fuertes que nunca. La Sierra Oscura empezaba a oscurecerse con antinaturales nubarrones cargadas de electricidad, producto del ser que acababa de ser soltado de su prisión. Aquella ciclogénesis explosiva amenazante parecía expandirse rápidamente por todo el bosque. Solo esperaban que no provocara estragos a la fauna.

Pero luego pudieron disuadir algo. Una enorme mancha negra, alada y de la altura de un rascacielos se dirigía hacia lo alto de las montañas después de derrumbar parte de la cima Ambos se quedaron estupefactos al ver tal semejante cosa.

─¿Q-qué es eso? ¿Qué acaba de liberar esos canallas?─preguntaba Emily con cara de estupefacción.
─Parece un Dragonite, ¿no?─ Soel estaba más tranquilo que la top ranger. De hecho, tenía cierta curiosidad por saber qué era aquella figura que iba emborronándose con el vapor condensado.

Alejandro no dijo nada al respecto. Sentía una enorme pena por no haber podido hacer nada para salvar a aquellos pokémon que estaban dentro de la base. Ese dragón era el responsable de la muerte de cientos de criaturas recluidas en aquellas celdas. Estaba decidido a jurarle venganza a ese monstruo exánime.
─Como sea... entremos. Empiezo a estar harta de este frío.

Tajantemente, Emily entró asustada por aquel terrorífico panorama que amenazaba con empeorar aún más las cosas. No quería saber qué sería lo que ocurriría después. ¿Tal vez no ocurra nada? ¿Tal vez toda la sierra se eche abajo? ¿Quién sabe lo que va a ocurrir después?
Sin embargo, tuvo una alegría con ver a aquella muerta de frío, tapada con una manta y dándose calor con el vapor de aquel dulce brebaje que era el chocolate. Pensó que había perecido nada más que su inútil compañero le comunicara de su caída. Ahora veía que todo lo que había pensado sobre su cuerpo echo fiambre era nada más que mentiras.

─¡GIONNA! ¡ESTÁS VIVA!─ Exclamó. Ella estaba indiferente ante aquella muestra de alegría.
─Sí, ¿qué te esperabas? ¿Que me moriría al chocar contra el suelo?─soltó una risa nerviosa y falsa. Aquello no le hacía nada de gracia. ─Oh, nononono, me esperan cosas peores aún.
─De hecho, le intenté decir que fuiste volando por aires, pero no me dejó decirlo.─comunicó Soel, encogiendo los hombros.
─¡Maldito pedazo de inútil! ¡Solo me dijiste que había caído!
─Eh, eh, eh, te digo que no me dejaste acabar. Si cuando te traté de decir ya me dijiste “no hables más”.
─Si no hubieras empezado por ahí...─refunfuñó. ─Bueno, lo importante es que estés bien, Gin.
─Ya, claro.─la entrenadora dio otro sorbo pequeño a su taza. Realmente lo necesitaba.

Finalmente, Alejandro podía volver a ver a su mejor ranger. Se acercó a la cabeza de la base de Hiberna, quien estaba disfrutando de aquel reencuentro.
.
─Elena. ¿Cómo está Selena? ¿Está mejor?
─Sí. Helio está con ella, no te preocupes. Pronto podrá mantenerse de pie de nuevo. Ahora por el momento necesita reposar.
─Me alegro.─dijo con una débil sonrisa. Era el único consuelo que tenía; que ella estuviera bien.
─Sin embargo, ahora hay algo más preocupante que su salud. Mira la pantalla.

En aquella plataforma luminiscente de leds, había un mapa meteorológico de las cercanías del pueblo. Los colores azules representaban el frío natural que permanecía en el mes por aquellas tierras. Sin embargo, había un remolino caliente y denso en la zona que acababan de abandonar. El barómetro indicaba que la presión había bajado considerablemente. Además, este vórtice anaranjado y rojo empezaba a aumentar de tamaño. Con aquellas cifras, había una alta probabilidad de que hubiera una gran tormenta eléctrica.

Gionna estaba atenta a lo que Elena contaba al que fue su superior. Las condiciones en las que estaba el temporal eran similares a las de aquel día. Pero esta vez, tenía ante ella los datos que lo catalogaban como peligroso, y no había ningún hombre del tiempo que hablara con palabras tranquilizadoras.

Recordaba cada detalle de aquel terrible suceso que acabó con su ciudad natal. Estaba mirando la televisión con su padre y Kyumbreon en un día que parecía una tormenta normal, cuando, de pronto, un furioso rayo derrumbó el piso del frente. Las palabras de los medios se contradecían ante ellos, y su padre no dudó ni un segundo. Empacó sus cosas y se dispusieron a salir de su piso. Pero Gionna estaba reacia a volver de nuevo fuera. No quería vivir de nuevo como una exiliada.

Su testarudez hizo que se retrasaran. Otro rayo cayó, derrumbando parte los ladrillos de lo que le llamó casa un día. El comedor iba convirtiéndose en una pila de cerámica y polvo cada vez que se retrasaban. Para más desgracia, esa avalancha alcanzó al Liepard con el que estuvo jugando de pequeña.

Protágoras quedó sepultado bajo los escombros del tejado. Con las maletas y todo lo que llevaba, corrieron hacia un búnker que existía para esos casos. Fue entonces cuando, por primera vez, conoció a aquel monstruo que la estigmatizaría de por vida.

Aquel monstruo destruyó con garras, cola, rayos y rocas todo lo que el hombre tardó años en construir. Con una simple demostración de fuerza, la ciudad que se alzaba por encima de los árboles quedó reducida a una masiva pila de escoria y hierro candente. Los que no pudieron salvarse ya no eran más que huesos y charcos rojos que ensuciaban el pavimento.

La historia volvía a repetirse. Y todo por embarcarse en aquella aventura. Mas esta vez parecían estar más atentos a la amenaza.

Se notaba cierta desesperación en el aire, sin embargo. Alejandro aún estaba afectado por los recientes acontecimientos. No parecía poder afrontar a ese gran dragón.
─¿Para eso han tenido que morir los pokémon salvajes? ¿Por esa... cosa que acaban de liberar?
─Y teniendo en cuenta que no pudimos interrumpir la creación del hípercapturador... no... no puede ser.
Emily tampoco podía ver ninguna salida a aquello. Los documentos databan de lo fuerte que era aquel aparatoso órgano creado por Gordor. Ni siquiera el capturador prodigio de Selena podría hacer algo por aquel fenómeno.
─No puede ser. Debe de haber algo que podamos hacer.─dijo Emily para sí.

De pronto, un frío balde de palabras vacías cayó sobre sus esperanzas.

─En su tiempo, las autoridades de Aria no pudieron hacer gran cosa salvo mandar a la pava del momento para pertenecer a su malvado plan. Poco podremos hacer nosotros por esta región.
─¿Qué...? ¿Cómo puedes decir eso?─ Emily no quería saber que no podían hacer nada. Quería creer en que había una luz al final del túnel.
─Yo me he enfrentado cara a cara con ese monstruo. Y créeme; no es moco de pavo. Esa bestia arrasó con ciudades, solo para ser “testeado”.
─Espera. ¿Tú enfrentaste a ese pokémon?─preguntó Elena. Luego se percató. Había alguna similitud entre alguno de esos documentos que trajo Emily y ella. Aria también era mencionada también por aquel trozo de papel. La “heroína” que capturó a la bestia era ella.
─¡Espera! ¿¡Tú no serás-!?
─¿La chica del “Pelipper”? Sí, soy yo. Era aquella niña temida que albergaba en sus manos aquella iracunda bestia. Aquella que fue primero presentada como heroína... y luego repudiada como villana por el mismo.
─Eso... eso lo explica todo. Por eso el monstruo está aquí.

¿Cómo no se había dado cuenta? Emily estaba estupefacta. A su lado permaneció esa joven fría que llevaba a la muerte consigo. ¡Y mira que había visto una fotografía de cuando era joven!
─Sé lo que estaréis pensando ahora mismo. Ahora pensaréis que soy horrible por traer a la bestia aquí, ¿verdad? ¡Pues perdonen por ser amable con vosotros! Yo ya me quería largar antes de que esto pasara, ¿vale? Ay, debo de ser una persona horrible por no dejar a ese bicho en un lugar seguro...

Sin embargo, su recibimiento no fue el mismo que todas las personas que había conocido en su destierro.

─¡Bah! Como mucho antipática, ¿pero horrible? ¡Qué va!─dijo Soel.
─Además, ellos te quitaron la mochila, ¿no? Seguro que debías de tener una buena razón para llevarlo encima.

Aunque era un motivo de sospecha, Emily no había dejado de creer de que no era algo más de lo que aparentaba.

─Caray. ¿No vais a despotricar contra mi?
─¡No! Has hecho bastantes cosas por nosotros. ¡Puede que no llegaras a ser tan buena ranger como pensé, pero desde luego tienes el espíritu de uno!─contestó Alejandro.
─Y-yo...

Por primera vez en su vida, se le consideraban más sus buenos actos que no aquellas cosas que pudieran hacerle de ella un lobo en piel de cordero. Estaba conmocionada. Jamás pensó que recibiría las gracias de nadie ni la comprensión de aquellos que le rodeaban en aquel momento. Podría llorar de alegría si no fuera porque les condenó a todos. Lo único que pudo hacer era, con voz temblorosa, darles muchas gracias. Una reacción que el chico rubio no entendió nada.

Sin embargo, la trifulca no acababa ahí. Elena también podía comprender el dolor que había podido llevar durante ese tiempo; quizá por las vivencias que pudo haber pasado durante toda su estancia por la región, y más por el encuentro que tuvo con David.

─Yo tampoco puedo verte como una persona similar a los del equipo Go-Rock. A pesar de haber cumplido tu cometido, decidiste quedarte a tratar de detenerlos. No obstante...
─Oh, no, vamos, señora, no-
─Por favor, Soel, esto es importante.

Gionna ya sabía por donde iban los tiros.

─Tienes dudas respecto a mí, ¿verdad?
─Exactamente. Dijiste que los periódicos te expusieron como una villana. Me gustaría saber quién eres realmente y qué relación tienes con ese dragón. Porque no eres lo que dicen ser, ¿verdad?

Era la oportunidad que había esperado por tanto tiempo. Por fin alguien quería saber la verdad detrás de las tintas de Aria. Mas aún no se lo acababa de creer. Preguntó para asegurarse una vez más.

─¿De verdad queréis saber?
─Por favor. No quiero pensar que nos estás engañando. Quizá escuchando tu historia sepamos realmente como enfrentarlo.─argumentó la jefa de Hiberna.

Al fin podía poner en acta su versión de los hechos. Todos la miraban expectantes. La entrenadora inspiró profundamente y expiró para contar tranquilamente lo que le ocurrió hace dos años.

─Muy bien. Ya que me lo habéis pedido, os haré el favor de contestar todas las posibles dudas que tengáis sobre mí. Pero antes... dejadme que me presente. Mi nombre, por todos estos dos años ha sido Gionna Asecas...
─No me digas que has usado un nombre falso para venir aquí.─interrumpió Soel con tono sarcástico.
─¡Chitón!

“Aunque tienes razón. Es un seudónimo que me puse para desviar la atención de mi apariencia. Mis apellidos reales son Libranti del Prado. El primero corresponde a mi padre, que es tan solo un trabajador común. El segundo corresponde a mi madre, que es hija de Eldarya. Por si no lo sabéis, mi abuela es líder de La Orden del Dragonair, el clan de domadragones más grande del oeste del continente. Mi madre rechazó la carga que le correspondía su puesto, así que su legado me recae a mí por narices. Como he tenido previamente algunos... problemas con la escuela y se arriesgaban a sufrir condena por “denegarme la educación”, no podían hacer nada más salvo declararme desaparecida y mandarme lejos de casa, solo para protegerme y protegerse. Por algo he estado vagando por la región durante un par de años.

A mis catorce años me llegó un correo de mi padre comunicándome que era seguro permanecer en su casa. Yo lo echaba mucho de menos y estaba harta de caminar sin rumbo alguno, así que acepté con mucho gusto y fui para Ciudad Embarque.

Pero esa seguridad no duró nada. Justo a las dos semanas de vivir con él, se cernieron nubarrones negros cargados de devastadora electricidad. Y entre esos cúmulos de aire, se abrió paso un enorme dragón musculoso, cuyas alas podrían eclipsar el sol a un pueblo entero. Aquella enorme criatura fue llamada como el Armagedón Negro. Aunque los japoneses, muy suyos ellos, tuvieron el atrevimiento de darle un nombre más simple. Ese nombre sería Akumagon.

El draco, con su llegada, acabó con la vida de miles de habitantes. Mi padre y yo fuimos unos de los pocos afortunados de llegar al búnker de la ciudad. No me gustaría dar muchos detalles de esa huida. Es un recuerdo doloroso que no quisiera volver a desentrañar.

Obviamente, la cosa no acaba aquí. Después de que la calamidad pasara, las autoridades de Aria me llamaron para que hiciera un encargo. Sabía que yo era la heredera del clan, así que pensaron que ese sucio trabajo que me darían me vendría como anillo al dedo. Decían saber dónde se localizaba la guarida de ese monstruo, y ese lugar era un laboratorio clandestino de experimentación genética, que, según ellos, pertenecía a un temible grupo terrorista de científicos cabreados con la sociedad. Incluso me dieron el material para que cumpliera con ello.

Sabían perfectamente que el dragón era demasiado iracundo incluso contenido en la pokéball más infalible del mercado. Sabían que sus golpes serían capaces de romper el reductor molecular de este. Así que me dieron una de repuesto, por si acaso, y un revestimiento para contener bien al monstruo. Era una cápsula de titanio sellada que, además de mantener encerrado al dragón, lo sumía a un profundo sueño y alejado de manos inexpertas. Lo llamaron Pandoraball, ya que abrirla después de cometer su propósito liberaría de nuevo a ese ser.

Movida por la ira que contenía y el deber que me hicieron creer que tenía, fui a cumplir su trabajo como una borrega. Con mi joven equipo, fuimos todos juntos a encontrarnos cara a cara con Akumagon. La batalla contra este fue ardua. Todos, incluso yo, que solo me ocupaba de mandar órdenes a mis pequeños, estábamos exhaustos y muy heridos. Aquella batalla no iría a durar mucho más. Acabaríamos por caer muertos en aquel lugar oscuro.

Sin embargo, Kyumbreon tuvo una brillante idea. Me sugirió que usáramos una pokéball normal y a Honchpato como portador de este, haciendo así un señuelo con el que se entretuviera. Así que le dimos la pokéball y entretuvo al dragón con su ágil vuelo. Y mientras tanto, Kyu dirigió inadvertidamente la Masterball hacia él con sus poderes telequinéticos.

Resultó ser un éxito. Akumagon estuvo retenido ahí por un momento. Pero aún no se rendía. Incluso cuando el sello estaba cerrado, la cápsula seguía temblando ante su fuerza. Entonces corrí para meterla en la Pandoraball para que no pudiera salir jamás de ahí. Pudimos contenerlo.

Después fuimos a cumplir nuestro propósito. Las heridas no importaron. Los reporteros hacían alabanzas de nosotros cuando nos vieron a mí, a Lol y a Kyu cubiertos de vendajes por doquier. Era genial. Toda la apreciación que nos daban, todos los tratos que nos otorgaban eran de lujo. Otro bien efímero que se desvaneció cuando llegamos al lugar por donde podríamos cumplir con nuestro “deber”.

Kyumbreon descubrió sutilmente sus patrañas con su sensibilidad emocional. Había percibido malicia en sus intenciones cuando iba a darles lo que me pidieron. Entonces supimos que no pretendían velar por nuestra propia seguridad como proclamaban. Todo lo contrario. Con sus pequeñas revelaciones, pudo sonsacarles quiénes eran realmente y qué pretendían.

Ellos eran quienes tenían el resto de continentes en sus zarpas. Ellos fueron quieres recluyeron a esa bestia y lo envenenaron con químicos y para jugar con su genoma. Él era el puente para que pudieran tener más que una sola región y dominar el resto de Glimáthikos con una gran guerra armada, acusando a Kanto de procrear tal abominación. Una vez supe que fui utilizada para sus sucios propósitos, decidí no cederles su trofeo. Yo misma me hice cargo de portar a Akumagon para que nadie pudiera hacer daño con él.

Su respuesta a esa fue negativa. Querían retenerme, quitarme la Pandoraball, torturarme para que me rindiera a sus pies. Pero de nuevo, Kyu intervino con sus artes demoníacas y pude escapar de su amenaza. Lamentablemente, su influencia era demasiado.

Además gobernar, tenían a los medios a su merced. Y con ello, me gané la fachada de terrorista y me gané el desprecio de casi toda la región. Sabía que no podía permanecer mucho tiempo ahí, así que, antes de partir, fui a despedirme de mi padre. Él entendió lo que había pasado, y pidió a mi madre que viniera para que me arreglara los papeles para que pudiera viajar a otras regiones. Asi podría subsistir bajo el título de entrenadora.
Y bueno. Fui entrenando, quise unas vacaciones y el resto ya lo sabéis.”

Todos se quedaron boquiabiertos al escuchar la historia de su exilio y la desgracia que supuso el dragón para ella. Incluso Soel, que solía hacer sus comentarios sarcásticos en aquellos momentos, se reservó sus bromas para otra ocasión. Para entenderla mejor, Elena empezó a recapitular los hechos fríamente.

─A ver si he entendido bien. ¿Has dicho que ese tal Akumagon fue producto de experimentaciones de... conspiradores que gobiernan casi todo el mundo y que solo les falta esta región para dominarnos a todos?
─Sí. Sé que suena conspiranoia pura, pero explica bastantes cosas, ¿no creéis? Como, ¿por qué en la mayor parte del continente no llevan las mismas legislaturas?
─Espera, espera espera.─interrumpió Soel; esta vez serio. ─¿Dijiste que te hicieron los papeles después de que “empezaras” tu viaje? Entonces... ¿no eras ni siquiera una entrenadora legal?
─¡No! Pero entiende que mi situación era... un poco especial. Tampoco es que fuera directamente a las tiendas a comprar pokéballs, de todos modos. Me servía de los descuidados para quitarle sus pokéball. Y si quería curar a mis pokémon los trataba yo misma. Si veía que era grave, pues hacía como si me lo hubiera encontrado. “¡Oh, enfermera! ¿¡Sería tan amable de curar aquella pobre criatura herida!? Sé que no es mío, pero su deber es sanar, ¿o no?”. Así. Con esa muletilla. También me hacía la traumada y me cedían cobijo.
─P-pedazo de mentirosa...─injurió el ranger.
─¿¡Qué!? ¡Era o eso o mandarme de nuevo a casa para que linchen! Y además con cargas legales.
─Ya, ya. Suficiente. Solo necesitamos sabes qué es a lo que nos enfrentamos, gracias.─contestó Elena.
─¿Entonces qué haréis, Elena? ¿Pensáis ir a por Gordor?─ Preguntó Emily.
─Ese es el plan. No podemos quedarnos de brazos cruzados ante tal amenaza.
─Estaré contigo.─habló seguidamente el jefe de Villavera, con determinación.─Esta misión nos concierne a todos. A Floresta y todo el continente.
─¡Bien! Comunicaré a Edna lo ocurrido. Quizá nos preste algunos refuerzos.

Tan decididos... tan vivos... tan ignorantes de lo que iba a pasar... ellos no tenían ni idea de lo peligroso que era aquel dragón. Era como si ignoraran la tormenta que se les avecinaba por encima de aquel techo. Debía de impedir que se sacrificaran por hacer su trabajo.

─No. No tenéis que responsabilizaros de Akumagon. Es mi responsabilidad, como heredera del clan y principal implicada, detener su ira y encerrarlo una vez más. No obstante, aprecio vuestra colaboración. Pero el dragón es solo mío.
─¡Oye, también va a destruir Floresta! Algo tenemos que hacer.─volvió a hablar el jefe de Villavera. Estaba completamente dispuesto a darlo todo.
─¡Claro que sí! Me da igual el riesgo de morir. Al menos habremos intentado algo, ¿no?─dijo Emily entusiasmada.
─Estáis como un cencerro.─injurió el ranger de Villaestío.
─Tú puedes quedarte aquí, si quieres. Después de todo no me esperaba nada de ti.─dijo Elena.
─No, Soel se viene. ¿Verdad, Soel?─preguntó socarrona Emily, solo para meter el dedo en la llaga.

Que lo hiciera él no le parecía mal; pero si le hacían a él, ya le fastidiaba.

─Emily, por favor, técnicamente estoy despedido, ¿vale? Lo que haga la unión no es de mi incumbencia.
─Lamentablemente, Soel, Carlos no ha presentado la moción de despido, así que teóricamente sigues perteneciendo a la Unión.
─¿Qué? ¡No! ¡Me van a matar si me envían allí!
─Parece que ni de esta te libras, ¿eh?─la entrenadora sonrió socarrona por la reacción de Soel, mientras Emily se reía de su desgracia.

El resto del día fue empleado para descansar. Los refuerzos pedidos por la joven Emily tardarían varias horas en llegar. El crecimiento de las nubes era algo que les preocupaba a todos; sin embargo, tampoco podían actuar en aquellos momentos. Al lado de la humadera de vapor que soltaba la calefacción de la base, Latias observaba cómo aquel furioso mar eléctrico cubría ya los bosques de pino y se dirigía directamente hacia el pueblo.

Estaba a punto de encontrarse cara a cara con su destino.


#94
:o!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!! OH MY GOSH!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!! Se viene la batalla contra el Dragonite súper mutante!!!!!

Me agradó la explicación que diste dentro de la narración de Gionna, ahora entiendo varias cosas. Es bastante triste todo lo que le sucedió, pero eso de la enorme conspiración que hay detrás de todo me dejó intrigado. ¿Acaso los go-rock trabajan para esa gente poderosa? Me gusta también que hayas ampliado el mundo a continentes y todo eso, le da un toque de realismo.

Respecto a lo técnico, me percaté de la falta de algunas puntos y comas por ahí. Además de alguna palabras mal escritas, fuera de lugar o ausentes en la oración.

No tengo más que decir. Sin duda la mejor parte de una historia es cuando se revelan cosas del pasado que son importantes para el futuro. Espero más capítulos. Ciao.

PD: ¿Por qué se van a descansar? Deberían planear algo.


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#95
Créeme que han planeado algo. Bueno, los jefes; Gionna y el resto... han tenido que esperar.
Ahora es la parte por donde me pregunto; "¿no habré abusado de los Deus Ex Machina aquí?".
... Bueno. Dije a @Thranduil que lo publicaría y lo he publicado. Ale, espero que os guste.

Capitulo 40


Spoiler
No había ni luz por la ventana ni sombra a la que proyectara las cuatro literas de la habitación. Todos dormían placenteramente para el día siguiente brindar todas sus fuerzas. Helio y Selena estaban tapados bajo las mismas sábanas, solo para que ella pudiera descansar también. Y también porque se echaban demasiado de menos.

Sin embargo, Gionna no estaba para siestas. Tan solo podía mirar reflexiva el capturador de quien rescató y rememorar las palabras que pronunció cuando trató de devolvérselo.

─No, Gionna, no hace falta que me lo devuelvas ahora. Lo vas a necesitar.
─Pero si lo he usado es porque tú no estabas. Y ahora que te he rescatado... creo que oficialmente ya no tengo derecho a usarlo.
─Pero aún no puedo levantarme de aquí. Mira... sé que tal vez veas a ese monstruo como una amenaza. Pero estoy convencida de que solo es un pokémon que ha sufrido demasiado.
─¿Helio te lo contó?
─Sí. Pero volviendo al tema... ¿realmente crees que solo por ser un ser destructivo tiene que vivir encerrado por toda la eternidad? ¿Y si vuelve a abrirse la cápsula? Estaríamos en peligro otra vez, ¿no crees?
─¡Pero va a ser imposible atraparle con el capturador! La línea no llega a tanta anchura.
─¡Al menos inténtalo! Intenta perdonarle al menos. Seguro que así nos salvas a todos.

Perdonar a Akumagon, el monstruo que destruyó su casa. ¿Pero qué pensaba que era? ¿Un Skitty que se cortó con un cuchillo? Aún no pensaba que eso fuera posible.
Sin embargo, podía estar de acuerdo en que, si este odiaba a los humanos por los tratos que le dieron como Kyumbreon, quizá no deba repetir la historia.

Miró a su felino sin saber qué hacer. Había sido liberado antes para que este pudiera sanar sus heridas, igual que él lo hacía con esos luminiscentes ojos de diablo. Podía ver que la duda la atormentaba con persistencia, al igual que el mismo monstruo. No hacía falta que preguntara nada.

Pronto, la luz se introducía tímidamente por la ventana, con un frío reflejo azulado opacado por las nubes. La tormenta ya cubría el pueblo de Hiberna. Gionna apretó el botón que encendía las luces de su reloj.

Pronto las alarmas sonarían para despertar a todos sus huéspedes.
─Casi es la hora.─ Dijo Kyumbreon.
─Sí...
─Pronto nos enfrentaremos de nuevo a ese horror que tanto os atormenta.

Horror. Eso era lo que ha estado manteniendo en vilo todo aquel tiempo. Si morían ahí mismo, la historia acabaría para todos. Si vivían, ellos seguirían vagando por el mundo, sin rumbo concreto.
¿Cuál era el verdadero propósito de todo esto?

El sonido del aceite caliente interrumpió sus pensamientos. Pronto, el dulce aroma de la harina frita inundaba el segundo piso.
Tendría que disfrutar su última hora de plena vida mientras pudiera.

Una bandada de grandes halcones se hicieron nítidos entre las nubes tormentosas. Pronto, los Starraptor aterrizaron alrededor de la base para descansar al fin. De su lomo, bajaron los refuerzos que Edna había prestado a sus camaradas de Floresta. El dragón era considerado como una amenaza mundial, y era imperativo mandar refuerzos para que no tuvieran tantos problemas.
Emily los esperaba al lado de la puerta; igual Helio y Soel, que ni siquiera los recibieron.

─Bienvenidos. Julio, el líder del equipo A está a punto de venir, así que no nos queda mucho. En cuanto venga, nosotros, el equipo B, iremos al templo dentro de media hora. Así daremos tiempo a Carlos para que venga.
─Y luego dice que yo soy el vago. ¡Ja, ja!─habló Soel con sarcasmo.
─Cállate; tú apenas has accedido a acompañarnos.
─Por favor, querida, sabes que no puedo estar con ese patán de ahí.─dijo, refiriéndose a Helio.
─Yo también te odio, Soel.─respondió el aludido.
─¿Tú también? ¡Casémonos en sagrado odiomatrimonio y tengamos hijos, venga!
─Que te jodan.─dijo mascullando entre dientes.
─Por favor, chicos, ahora no. Miren, ya lo veo.

Por las escaleras, subían las tres cabezas del plumífero corredor. Por detrás, se podía ver una capa violeta de pelo sintético que ondeaba levemente. El Dodrio paró en frente de Emily, dejando que su camarada baje de la nieve.

─¿Están todos?
─Falta Carlos, pero ya nos ha avisado de que llegará tarde.─ Informó la Top Ranger de Almia.
─Incluso en esos momentos tiene que faltar. Jej, no ha cambiado nada.─sonrió Julio, mientras miraba el cielo.─¿Lo vais a esperar?
─No. Solo estaremos la mitad del tiempo. Ya le dije que fuera al templo directamente.
─Bien. Así nos dará tiempo a capturar los pokémon. Partiremos ahora. A ver, ¿quién va en mi grupo?

Los rangers que iban con él levantaron la mano, incluso Soel.

─Perfecto. Vamos a partir entonces. Iré contando los objetivos por el camino.

Julio volvió a sentarse encima de la avestruz y ordenó partir hacia los alrededores de las montañas. Pronto, después de media hora, partió el equipo B, guiados por Emily.
Mientras el otro equipo se dirigía hacia los bosques, los peones fue directamente a la cordillera, subiendo las gradas heladas y despejando el camino con los pocos compañeros de tipo fuego que tenían algunos. Hoy era el día en que la primavera al fin se asentaría en las cumbres una vez más; sin embargo aquel amenazante algodón celestial impedía que aquella bonanza llegara al fin.

Finalmente, tras una larga subida, estaban frente a una enorme lápida pétrea cubierta por la nieve.
Construido por una pequeña civilización similar a la maya, esa ciudad perdida era construida para vivir cerca del gran pedestal en honor a Rayquaza. Miles de poesías eran escritas sobre aquella serpiente feroz que guardaba con recelo los cielos. Mas hoy era profanado por aquellos viles que solo ambicionaban el dinero.

Tal era que incluso los empujó a cerrar las puertas para que nadie más rogara su salvación. Y aquello era un problema.

Algunos intentaron abrir la puerta con sus fuerzas; pero no cedía ni un milímetro.
─¡Demonios! ¡Está sellada!─ Exclamó Helio, con una creciente frustración.
─M-maldita sea... parece que han helado la puerta por detrás. Los pokémon que tenemos no son suficientes.─ Dijo Emily.

Helio dejó de empujar la puerta. No sabían qué hacer. Si ellos no podían entrar, tampoco podrían el otro grupo. Parecía que todo estaba perdido. O que tendrían que llamar a la fuerza aérea prematuramente. Sin embargo, hubo algo que los hizo cambiar de opinión.

Muchos se ponían en guardia al ver aquella mancha anaranjada que se dirigían hacia ellos. Incluso Spyrox y Emily, que se disponían a capturarlo en el acto. Pero Helio reconocería a aquel monstruo en cualquier parte, incluso fuera de las reliquias.

Raudamente, el lagarto volador pasó por encima de sus cabezas. Tenía las fauces candentes, dispuesto a abrasar lo que estaba por debajo. Helio dio el aviso. Todos se apartaron para no recibir el calor que emanaba del dragón ígneo.

Charizard escupió sus abrasadoras llamas a la puerta, calentándola. El hielo cayó como agua al río, dejando que la puerta pétrea chirriara hasta brindarles un pequeño paso hacia la ciudadela ruinosa. Luego Charizard se postró ante Helio. Quería agradecerle por la atención que le brindó, dentro y fuera de la reliquia.

─¿De... de verdad nos has ayudado?

El dragón rugía en modo de afirmación. Además de abrirles la puerta, quería también saldar unas cuentas con el Equipo Go-Rock.

─Parece que nos quiere ayudar.─sonrió Emily. Luego se dirigió al grupo. ─¡Muy bien, camaradas! ¡Es hoy o nunca! ¡Tenemos que salvar Floresta, aunque los cueste la vida!

Todos gritaron a unisono evocando la guerra. Como una horda furiosa, los rangers entraron encendiendo capturadores y comandando a sus compañeros para ir debilitando a los secuaces de los reclutas. Por los aires tormentosos del Templo de Floresta, Charizard iba abrasando la dura piel que tenían los Aerodactyl y los Archeops. Las ascuas del infierno caían como una lluvia que convertía la nieve en agua. Pequeños y medianos amigos empleaban todos los elementos que podían usar para franquear las barreras que suponían los Golem y los Armaldo. Los elefantes rodaban furiosamente contra los rangers, de los cuales algunos fueron directamente derribados y golpeados por su dura coraza. Las pequeñas aves evitaban fácilmente sus ataques. Desenrollar era un ataque unidireccional que era muy fácil de evitar si el pokémon no sabía cambiar el rumbo. Mas los rayos de los Raichu y los vientos gélidos que creaban los Glalie eran un mártir para ellos. Los Grovyle blandían sus hojas como certeras espadas letales; igual que lo hacía Spyrox con las suyas. Plusle y Minun también prestaban su apoyo combinando sus cargas eléctricas y rociándolas por todo el lugar.

Los dos superiores de Floresta estaban por la delantera de la bandada de pokémon voladores, junto a Gionna. Sobrevolando la zona, cabalgaban en el aire como apacibles caballeros de los violentos vientos. La jinete del Latias tenía fijado a sus objetivos. Sin embargo, se preocupó por el tipo de seres que guardaban los cielos de las ruinas.

─Mierda. Hay Archeops, Sigilyph y Aerodactyl por todos lados.
─No son problema. Las alas de Skarmory pueden rasgar su piel pétrea. He capturado así antes a esos pokémon.─dijo Elena.
─No los dañarás mucho por eso, ¿no?─preguntó la entrenadora. Era raro oír que un ranger dañara a los pokémon para facilitarles la captura.
─No es algo que importe ahora mismo.─contestó. ─Ahora, si por alguna razón caigo, no sé como nos podremos ocupar de ellos...
─Y nosotras tenemos que dirigirnos directamente hacia Akumagon. Presiento que el tipo ese va a disparar muy pronto. Y no me gusta.─dijo Latias.
─Así que no hay otra... tendremos que atacar con todo lo que tenemos.─se resignó con los únicos recursos que tenían. El tiempo no les permitía esperar a mejor momento.
─Es más pronto de lo previsto, pero con empeño seguro que lograremos abriros paso. ¿Verdad, Fearow?

La grulla graznó guerrera. Skarmory también estaba decidido.

─Estamos listos, entonces. ¡Pues nada, a la carga!─vociferó Gionna.

Las aves y dragones se dispusieron a entretener a los centinelas del cielo, dando un respiro a los peones de tierra. Por lo menos su repertorio era de armas tomar. Las alas fuertes de los Starraptor les permitía golpear duramente a los Aerodactyl, aunque luego les dejara un poco débiles ante próximas ofensivas, igual que los Braviary. No obstante, aquellas arcaicas criaturas portadoras de runas resistían bastante bien los golpes, a la vez que podían frenar a los pokémon que se dirigían hacia ellos.

Afortunadamente estos no colaboraban entre ellos. Latias podía abrirse paso con el mero uso de sus alas y garras. Los Pulsos Dragones ahuyentaban a cualquier especie. Y junto a la velocidad de la dragona eón, podía ir fácilmente hacia la cúspide.

Alejandro las cubría. A diferencia del resto de rangers, Fearow solo podía dar prestos golpes a esos tanques aéreos.
Pronto, domadora y reptil pudieron ver una parcela prácticamente vacía por donde se podía apreciar la desolación que provocaba el dragón.

─¡Mira, Ginny-Lin! ¡Estamos por encima de los alrededores del templo! ¡Hemos logrado atravesar el campo de batalla sin un rasguño!

Sin embargo Gionna no estaba para alegrías. Había visto algo que le puso los pelos de punta. Un punto naranja y azulado alzó su azulado rostro hacia su dirección. La había presenciado. Su espera había terminado.

Maldita sea. Estaba paralizada del miedo. ¿Que quería ese monstruo? ¿Por qué le había enseñado esas imágenes antes?

─¿Ginny? ¿Te ocurre algo?
─Ha llegado el momento. Baja y podremos decidir qué especie debe permanecer en este mundo.

Se rehusaba a tener esa voz en su cabeza. No quería que le hablara. ¿Qué era ese ser? ¿¡Por qué le hablaba!? Pronto Latias percibió las emisiones psíquicas de Deoxys.
─¿¡Pero será posible!? ¡¿Qué le hiciste a Ginny-Lin?!
─No es de tu incumbencia, guardiana de Pueblo Gélido. Esto es un asunto entre los humanos y yo.
─¿Cómo sabes mi identidad? Espera... no habrás indagado en sus recuerdos, ¿verdad?

Los aliados del pokémon genético lo aludieron. Pronto Alejandro pudo reunirse con las dos.

─¡Uf! ¡Ya estoy aquí! Espera... Gionna, ¿te ocurre algo? Estás pálida.
Gionna señaló a Deoxys en respuesta. Este pudo contemplar aquella figura.
─¿Otro pokémon? No pasa nada, me encargaré yo de-
Una bola de energía golpeó al Fearow nada más percatarse de su presencia. El ave fue arrojada fuera del campo de batalla.
─Tú no interfieras.

Estaba consternada. No podía creer que hubiera sido capaz de hacer semejante cosa con sus compañeros. Y solo para que ella bajara...
Aún así, rehusaba de enfrentarse a él. Tenía a un dragón que sublevar. No quería verle la cara otra vez. No quería volver a oírle jamás.

Latias captó su mensaje aún sin decir nada. Ella iba directa a la cúspide del templo. Sin embargo, algo la frenó. De repente, ella se encontraba incapaz de moverse. Empezaba a sentirse arrastrada por una fuerza gravitatoria artificial. Estaban perdiendo altura. Akumagon se alejaba cada vez más. Gionna alentaba a Latias de que ella podía; pero ese magnetismo estaba siendo más difícil de soportar.

Finalmente cayeron al suelo. La dragona eón era incapaz de hacer algún movimiento, pues necesitaba de su capacidad de levitar para alzarse. Era como si el aire empezara a ser un lastre para aquellos que les rodeaba aquel campo gravitatorio. A duras penas Gionna veía a aquel ser de cerca una vez más.

─¿Pretendías huir de nuestro enfrentamiento, humana?
─¿Cuándo acordamos un enfrentamiento tú y yo, eh? ¿A qué demonios has venido?
─Información irrelevante. Prepárate.
─No. Me dejaste con unas imágenes desagradables en mi cabeza. ¿Qué intentaste decirme con esto?

Deoxys tomó un minuto de silencio para decidir se revelarle su verdadero propósito en este mundo.
─No es de tu incumbencia, Gionna Libranti.
─Ah, no, no, no, no. No empezaré a hacer ningún movimiento hasta que me respondas todas mis dudas. Y seguramente ya sabrás cuáles son, sabiendo que te puedes meter en la mente de todos los seres de aquí. Así que habla ahora o tendré que abandonar este campo.

Finalmente se lo pensó mejor. Tampoco quería luchar con todas las ventajas que suponían su inacción.

─Esas visiones que viste no son nada más que un efecto secundario de mi rápida indagación de tus recuerdos.
─Ya me decía a mí que hiciste algo con mi mente. ¿Para qué querías saber de mí?
─Todos los seres que he observado actúan por propósitos no vitales, incluso atentando contra los recursos y manipulando a otros seres. En cuanto vi que perseguías a aquellos que pensaban ser mis amos consideré la posibilidad de que no solo actuabas por instinto de supervivencia.

No sabía si sentirse halagada por aquellas frías palabras o seguir considerando a Deoxys como un peligro para el planeta.

─Entiendo... pero algo me dice que tú no has venido solo por observar a los humanos. ¿Me equivoco? Si no, no estarías de su lado... ¿o tal vez te verías obligado?
─Perspicaz. Con razón te veían como una amenaza.
─¿Debo de tomar eso como que estabas de su lado desde un principio?─ Preguntó con el ceño fruncido.
─La reducción de la población es elemental para mis cometidos. Nosotros, Deoxys, estamos formados por tejidos víricos. Para reproducirnos, necesitamos infectar células vivas. Los pokémon son inmunes a nuestra invasión; incluso los fortalecen. Además de no poder transmitir la enfermedad a humanos, ellos nos superan en número. Pero vosotros, humanos, sois vulnerables a mi tacto. Por tanto...
─Necesitas que Gordor cometa sus planes para poder invadir el planeta, ¿no? Por eso los estuviste ayudando.

No hubo respuesta. Aquello afirmó sus sospechas. Era otra amenaza para el mundo. Un invasor que pretendía enfermar al planeta para hacerlo suyo, como si la mácula del mundo no fuera suficiente. ¿O tal vez fuera un ángel destructor invocado por los malvados?

No. Había dejado suficientes desgracias al mundo como para que luego los sobrevivientes de la guerra fueran usados como matrices alienígenas. Acababa de darle un motivo para luchar. Los efectos de la gravedad estaban pasando. Latias se levantaba. Había escuchado toda su conversación. Ella también estaba dispuesta a quitar a aquella amenaza del planeta. La entrenadora sacó la pokéball de su bolsillo. Era evidente lo que tenía que emplear.

─¿No vas a usar el capturador, Gionna?─ Preguntó el extraterrestre.
─Ambos sabemos que eso sería inútil contra ti.
─Bien. Que así sea.

Deoxys estaba listo. Sus puntiagudas y nuevas formas lo sugerían. Latias también estaba preparada para darle todo.

─Yo lucharé contigo, Ginny. Estoy lista.
─No, Latias. Una de las dos debe de quedar para derrotar a Akumagon.
─Pero... sería una pésima guardiana si te dejara de lado. Además, tampoco me dejaría ir a por él. ¡Le conviene que destroce a medio mundo!

Tenía razón. Tuvo que dejar que ella también fuera partícipe de esta encarnizada batalla. Y también tenía que acallar la otra voz que le demandaba el sacrificio.
Lanzó la pokéball al aire y llamó a su siervo. El felino apareció en un haz de luz, apacible, ocultando sus voraces deseos de luchar.

─Nos volvemos a ver, engendro. ¿Así que permanecisteis aquí para poder sublevarnos? ¡Oh, ingenuo, caerás en las garras de Lunetah antes de que podáis-!

Una de sus extremidades extensibles se dispuso a golpear a Kyumbreon, del cual a duras penas pudo esquivarlas. Se había percatado un poco tarde del ataque.

─No me habéis dejado terminar. Tampoco vais con demoras, ¿verdad?
─Silencio, ser inferior.

Otro tentáculo trató de azotarle con fuerza abrumadora. Afortunadamente para él, estaba más atento a sus movimientos, y le resultó más fácil de esquivar.

─¿Ser inferior? Me ofendéis; mas vuestras mofas no funcionarán en mí.

Ninguna palabra fue emitida. Se limitaba a lanzar todo lo que él podía. Lanzó una bola oscura hacia las nubes para luego hacerla explotar en una lluvia presta de sombras fantasmagóricas. Evadirlas era imposible; sin embargo no era nada que pudiera peligrar la vida de Kyumbreon. La entrenadora no podía hacer nada salvo con el brazo. Esperaba a que una de las esferas le golpeara cual cañón. Para su suerte, Latias la cubrió con una barrera luminiscente que redujo los globos a ligeros perdigones, fáciles de detener con un poco de telequinesia. Pensaba que trataría a ellos como únicos contrincantes; pero meter a Gionna fue el detonante para que Latias empezara a actuar.
La dragona despegó por todo lo alto con su alta velocidad para luego lanzarse con sus granates ascuas, dispuesta a disparar su aturdidor aliento.

El fuego de los dracos dio de lleno al atacante; pero las gruesas tiras hicieron de nuevo su función. Lo habían protegido de daños y efectos secundarios. Procedió entonces a atacar con las garras. Pese a todo, la dura coraza que se había creado le hacían de él intocable.

─Es inútil.

Latigueó a Latias con sus pesados brazos, apartándola de su alcance. Kyumbreon también trató de quebrar sus impecables defensas con su Pulso Umbrío. Mas de nuevo se protegió de sus ofensivas con su barrera. Una vez más cambió de forma; esta vez para desaparecer de su vista y atacar con sus veloces golpes.

Estaban entre las cuerdas. Deoxys les tenía una ventaja endemoniada con su versatilidad. Necesitaban un movimiento de distracción. O al menos atacarle en cuanto menos se lo esperara.
Ya sabía. La entrenadora tenía una idea.

─¡Latias!

Con aquel llamado, ella ya sabía qué hacer. Se fundió con el paisaje para desaparecer de la vista del extraño. Kyumbreon seguía aguantando los golpes; incluso repeliendo. Mas su contrincante era incansable. Luego Deoxys cesó su ataque y se apartó del gato. Un viento galopante pasó por encima de las orejas del Umbreon. Como si hubiera predicho el movimiento, evitó que Latias le atestara otra Garra Dragón.

─¿Te piensas que ocultándote de la luz podrías engañarme, ingenua?

Maldita sea. Aún podía disuadir sus presencias. Ni una cobertura de niebla lograrían despistar a ese inteligente monstruo. Preparaba otro de sus famosos Psicoataques, dispuesto a acabar con Latias de una vez por todas.

Craso error. Kyumbreon también se adelantó al golpe y se interpuso en la trayectoria de la bola. Ni siquiera el golpe le provocó alguna contusión en su cuerpo. En respuesta, el felino expulsó otra de sus ondas oscuras. El ser pronto se alejó de su origen; sin embargo, no logró salir de su radio de expansión. Una de sus piernas resultó dañada. No reducía su movilidad, pero era un avance.
Empezaba a gotear gotas de sangre púrpura en la punta de su extremidad izquierda. Mientras los iba sobrevolando, lanzó una salva de Bolas Sombra a sus enemigos capaces. Ambos evadían y esquivaban mientras intentaban acertar en la distancia.

Tal como él esperaba.
Mientras estaban distraídos tratando de atinar sus tiros, una pequeña gota de sus torrentes infectos cayó en la mejilla de la única humana en el campo de batalla. Gionna tomó una muestra de lo que pensaba que era una mera gota de agua. Su pulso se tambaleó al ver lo que acababa de tocarla.
No podía creer lo que veían sus ojos. Aquel líquido iba tomando la forma de un virulento tumor. Como las raíces de un árbol, la sangre empezaba a arraigarse a su piel, perforándola con microscópicos filamentos víricos en busca del sistema nervioso. No tardó en sentir un leve mareo y caer de rodillas. La presión arterial estaba bajando a niveles alarmantes.

─¡Ginny!─ Fue su nombre lo único que pudo salir de Latias. Llena de preocupación, se dirigía a a socorrerla; mas ese extraño no iría a dejar que detenga la formidable marcha de sus virus.

Aquel engendro se puso frente a la dragona y volvió a su forma ataque para atestarle un golpe que la envió directa al suelo.

─Cometieron un error al herirme. Ahora vuestra protegida sufrirá las consecuencias. Treinta minutos y habré ganado.

Latias se sentía derrotada. Era imposible dañar a Deoxys. Podía protegerse y evadir con rapidez en cuanto le plazca. Ella podría poner solución a esa infección. Pero si solo tenían treinta minutos para poder acercarse a ella, sería imposible.

Por otra parte, Kyumbreon no se lo perdonaba.¿Cómo podría haberse permitido que esto ocurriera? Estaba iracundo. Con su sigilo, fue rápido a echar un vistazo a su entrenadora. Ella intentaba erguirse de nuevo, resistiéndose a morir. En lo poco que había pasado, ya tenía un dedo cubierto y la mejilla entera dirigiéndose al ojo. Esperaba a que pudiera darle órdenes. Pero su debilidad impedía la planificación de otra estrategia.

Fue entonces cuando tuvo una idea. Solo requería de su permiso para ejecutarlo.

─Resista, mi señora; aún no estamos vencidos. Aún podemos vencerle.
─M-maldito... y yo que le iba a dejar vivir...─ Habló para ella. No sabía como interpretar eso.
─¿Decís? ¿Anheláis verlo muerto, acaso?
─¿Tú qué crees? Nos está impidiendo salvar el mundo, ¿no? Y encima intenta... invadir mi cuerpo.─soltó unas risas flojas. ─En situaciones como esta todo vale, y tú lo sabes. Así que adelante. ¡Ve, Kyu! ¡Mátalo si te apetece!

Matar. Era lo único que su entrenadora nunca le pedía. Y sin embargo, a pocos minutos de vida que tenía, era lo único que deseaba; borrar de la existencia a ese invasor. Aunque implicara la renuncia de su ética, no le importaba en absoluto. Y él iría a cumplir esa voluntad.
Sería la jugada más sucia que habría hecho durante toda su vida. Sin oposición, el gato se alejó de su entrenadora y se dirigió a Deoxys para comunicarle sus palabras.

─Habéis jugado bien este juego. Lograsteis destrozar por completo el ser de mi señora. De veras os felicito.
─¿Kyu? ¿Pero qué demontre estás haciendo?─ Preguntó Latias atónita.
─¿Te rindes?
─Lamentablemente. Este mundo no tiene salvación.─ Dictaminó. ─¿Mas quién soy yo para vivir si me vais a dejar sin almas que segar? ¿Cuál sería mi propósito sin tener a alguien que servir?
La enferma esperaba que esto no fuera una declaración de traición. Por él esperaba que no lo fuera.
─Aún tendremos mucho trabajo en limpiar el mundo. Puedes unirte a mí a esta causa.
─¡No! Ella me salvó la vida, y por ello le debo la vida. Vos solo sois un extraño aparecido de la nada para arrebatar mi papel. No tengo ninguna causa por la que vivir. Es por ello que iré con Lunetah antes de contemplar mi desgracia. Pero quiero que Latias haga los honores. Si no os importa...

Inaudito. Era raro que el testarudo de Kyumbreon decidiera suicidarse. Ella no soportaba la idea de matar a uno de sus semejantes. No quería pensar en ello. Pero pronto cambió de opinión.

─Supongo que no tengo opción...
─¿Qué? ¿¡Latias!?
─¡Ginny, perdóname! Y tu también, Kyu. Te va a doler mucho...
─No habrá dolor más grande que persistir. Procede.

No quería ver. No quería aguantar otra pérdida; menos tratándose de uno de los mejores pokémon que tenía. Odiaría a Latias por ello.
Latias roció al cuerpo negro con sus feroces llamas. Escocían cual ácido. Mas debía aguantarlo para conseguir su propósito.

No tardó en parar el ataque. Para sorpresa de Gionna y Deoxys, este seguía sustentándose por sus cuatro patas, tembloroso. No había acabado con su vida. Solo estaba paralizado.
Deoxys no entendía. Él no podía leer la mente de los psíquicos y los siniestros. Algo habían tramado. ¿Pero qué?

No le importó. Fue a aplastarle con el peso de sus tentáculos. El felino esperaba vacilante a que lo golpeara. Nunca llegó a tocarle. Un espasmo lo detuvo en seco. Sus músculos no le respondían, igual que él.

─¿Qu-qué? ¿Qué me está ocurriendo? ¿Tú... acaso tú...?
─¡Vaya, vaya, vaya! ¿No os podéis mover? Esto debe de ser nuevo para vos, ¿me equivoco?
─¡¿Cómo?!
─¿Oh? Esperad. ¿Sois psíquico y no conocéis las virtudes de Sincronía? ¿¡Pero de qué planeta venís vos!? Bueno, no importa. El caso es que habéis puesto a mi señora en graves condiciones, y no os lo voy a perdonar. ¡Es hora de que conozcáis a Lunetah y sus desgarradoras cuatro hachas!

Había hecho pagar a Deoxys con la misma moneda. Desesperado, el alienígena trató de huir del Umbreon. Sin embargo, su cuerpo le traicionaba al mínimo movimiento, haciendo de él un blanco fácil. Trataba de cambiar de forma; pero el proceso iba demasiado lento.
Era el momento.

Kyumbreon, quien lidiaba mejor la parálisis que su contrincante, se abalanzó contra Deoxys con todas sus fuerzas. Con la oscuridad cubriendo su demoníaco ser, acercó su pata para tocar su corazón. El haz negro se expandió por el cuerpo de Deoxys, provocándole convulsiones. Su cerebro se hizo trizas. Su cuerpo se desintegraba. Lo único que quedó de él fue el polvo morado que se dejó llevar por el viento.

Latias no le gustó aquella vista. Pero era irremediable. La cuestión era que ahora podía curar a Gionna.

Aún con la desaparición de su portador, las protuberancias seguían su curso. Casi tenía medio rostro cubierto y dos dedos. Ella no podía abrir el ojo. No pasaba nada. Aún tenía solución. Se cubrió con una luz rosada y tocó las zonas afectadas. Los quistes reaccionaron con el tacto, retractándose y reduciéndose a nada. Luego fue a aplicar el Alivio a Kyumbreon, para, después de quitarle la parálisis, atestarle un zarpazo en la cara.

─¡Ay! ¡Ingrata! ¿¡Cómo osáis atacarme con vuestras afiladas uñas!?
─¡Idiota! ¡Sabes muy bien por qué lo hago!
─¿Eso? Era un mal necesario. ¿Cómo podríamos haberla salvado a nuestra señora, si no?
─¡Me da igual! ¡Tuviste que decírmelo antes de decir que te suicidaras!
─Ugh... tendría unas palabras para ti, también...─ Habló al fin la entrenadora, levantándose del suelo. ─Pero ahora no es momento. Tenemos que subir ahí arriba.
─Pero... Gin... ¿acaso no...?
─Que me haya recuperado del susto o de la enfermedad no es importante ahora. Tenemos que-

Antes de que pudiera acabar con su mandato, el trueno rugió y dejó que las tormentas soltaran al fin su carga.

No eran necesarias más palabras. Tenían que darse prisa.


#96
:O!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!! Oh DIOS MÍO!!!!!

¿Ese Deoxys quería invadir la tierra y matarlos a todos con un virus? Vaya, eso no me lo esperaba, siempre vi a Deoxys como un ser espacial incomprendido y lleno de emociones deprimentes, pero no como un invasor, me sorprendió mucho, muy buena idea.

Pero lo que más me gustó fue ese plan de último momento de Kyumbreon para poder derrotar a Deoxys, cuando quedó paralizado y luego pasó lo mismo con Deoxys, supe de inmediato lo que pasaba, pero no lograba recordar el nombre, hasta que lo leí.

El hecho de que Gionna rompiera su regla de oro, me recuerda un poco a Batman, ya que no mata, me parece un momento interesante de ver en una historia, cuando el personaje principal tiene que contradecirse con sus acciones porque no queda otra opción, todo esto lleva a muchos cuestionamientos internos en su mente y todo eso. Me gusta que haya sucedido.

Logré ver algunas palabras de más, otras que faltaban y otras mal escritas, aunque fueron pocas. Esperaré para ver otro capítulo. Ciao.


Lean mi fic: La Historia de Jack Evans
Soy Elven king
(Por si alguien no me reconoce)


#97
Bueeno... esto ya se está acabando. Es esto y el epílogo. Y entonces por fin podremos decir que este fanfic está terminado.
Al epílogo le debo de añadir unas cuantas cosas para que sea un poco más emotivo. Porque, al fin y al cabo, pensé que lo escribí demasiado rápido. Así, con prisa.
Wellp. Menciono a @Thranduil y os dejo el capítulo <3.

Cheerio~!

Capitulo 41


Spoiler
A pesar del mayor número de efectivos que tenían sus enemigos, la voluntad de los guardianes de la naturaleza era inquebrantable. Orden contra orden, cada uno de los bandos trataban de aniquilar al otro con todo el arsenal que tenían.
Sin embargo, no les bastaba para mermar sus fuerzas. Pronto hubo un decaimiento. Algunos de los guerreros fueron acariciados por las plumas pardas de un Fearow. Y pronto vieron.

Alejandro caía.
Las esperanzas también.

Helio no podía creerlo. Estaba atónito al ver que su ave había perdido la consciencia en medio del vuelo. Alejandro trataba de reanimarle. Mas no podía.
Tenía que hacer algo.
─Oh no, ¡Charizard! ¡Recoge a ese Fearow, por favor!

El dragón acató sus órdenes. Sin embargo le pillaba en medio de una batalla contra un Aerodactyl, lo cual su rescate se complicaba. Justo cuando trató de cogerlo, el pterodáctilo lo acosaba a más no poder. Ahuyentado al fin con una quemadura grave, cazó al ave con sus garras y frenó su caída. Alejandro no podía creer que un pokémon tan violento lo salvara. Pero no le importó. La cuestión es que estaba vivo.

Helio fue corriendo hacia la posición de su jefe, tratando de evitar cualquier ataque que estuvieran lanzado.

─¡Jefe! ¿¡Estás bien!?─ Preguntó preocupado.
─E-estoy bien...
─¿Qué ha pasado? ¿¡Cuántos han caído igual!?
─¡Nadie, nadie, solo fui yo, no te preocupes tanto! Además...─sonrió ladino. Sabía que muy pronto cambiarían las tornas. Lo había visto desde el aire, antes de que cayera en picado.

Se pudo oír galopes ensordecidos por el colchón helado. Varias pezuñas se encaminaban prestas hacia la entrada. De un salto, pudo verse una sombra fugaz cubriéndolos y abalanzándose contra los Golem del Equipo Go-Rock. Las astas níveas de aquel ciervo cubierto con un grueso pelaje blanco por el cuello les drenaba la vitalidad. Las pokéball liberaron al candelabro y a la dama floral, tumbando a aquellos que estaban en sus cercanías. Pronto un grito de guerra se pudo oír, animado por la emoción de la batalla.

─¡YIIIIIIIII-HAAA! ¡Dales duro, Sawsbuck!

Emily se giró sorprendida al oír aquella voz. No podía creer lo que veían sus ojos. Era él. No los habían abandonado como esperaba. Nada más barrer a los tanques con la ayuda del rey del bosque, se situó a las espaldas de Emily, con el capturador en alza.

─¿Cómo has estado, querida? ¿Muchos problemas en el paraíso?─ Preguntó socarrón.
─¡C-cállate! ¡Pensaba que nos abandonarías!
─¿¡Con ese dragón suelto!? ¡Por favor! Hasta yo me siento responsabilizado con este... no, mentira, os habría abandonado. Este bicho me da mucho miedo.
─¡OH, VAMOS!
─Pero... me hubiera sentido muy mal si alguno de vosotros tres hubiera muerto y no hubiera podido hacer nada. No nos llevamos bien, peeero...
Emily sonreía. Eso fue lo más amable que le había dicho en toda la temporada, por no decir la única frase que no fuera sarcástica.
─Eres un idiota, ¿lo sabías?

Una horda de Armaldos y Raichus empezaban a rodearlos. Soel fue el primero en ser advertido con su presencia.

─Sí, sí, como sea, haz el favor de centrarte, ¿quieres?
─Pero si empezaste tú.
─¡Dressela!─gritó vivaz, ignorando las quejas de Emily.

La tormenta floral se alzó cual ventisca, tajando a todos aquellos que se oponían al balance del mundo. Julio vino el último, montado sobre su dodrio, capturando a velocidad de moto. Los movimientos del ave servían de timón para el disco. Y además de eso, bombas de agua caían sobre el suelo, enfriando a los Simisear que guardaban el templo. Carlos había llegado justo a tiempo para ayudarlos.

Ahora estaban igualados. Y con la gran habilidad de algunos, les proporcionaba la ventaja que tanto ansiaban sobre ellos. Pronto estarían a las puertas de la cúspide. Tenían preparados a los Mamoswines para romper el sello. No les gustaba echar abajo las tradiciones del templo; pero aquello era una situación de emergencia.

Mas antes de que pudieran abrirse las puertas, una funesta centella iluminó las negras nubes. Y como el presto movimiento de un látigo, azotó los suelos de las ruinas.
Era un rayo gigantesco. Un potente tiro de Zeus que fue capaz de perforar la piedra. Los desafortunados que fueron alcanzados por la ira de los cielos quedaron fulminados, irreconocibles ante los ojos de sus conocidos. Aquellos que estaban cerca recibieron leves descargas.

Otros dos rayos cayeron. Las aves caían como moscas ante ese potente ataque eléctrico, aunque no les haya dado directamente. Helio fue una de las víctimas de aquellas generadas y fuertes corrientes. Todos los que corrían y hacían movimientos bruscos sucumbieron y perdieron la conciencia, llenos de quemaduras. La peor parte se la llevó Skarmory y Elena, pues siendo un ave de acero, atrajo gran parte de la electricidad, dejándoles en muy mal estado. El Pelipper de Carlos también estaba grave. Aunque era poco lo recibido, la electricidad le recorría en el cuerpo como mil agujas en la piel.

Pasó un corto momento cuando el ranger de Villavera recuperó la consciencia. El cuerpo apenas respondía ante sus órdenes. Podía sentir sus carnes churruscadas por el calor de las centellas del dragón.

La furia de los cielos acallaba el sosiego de las altas cumbres. Grada por grada, se acercaban más a la gran joya ancestral que coronaba Floresta. Un viento ardiente como los mismísimos infiernos ascendía. Podían ver desde abajo sus musculosos brazos, dejando sus sangrientas autopistas a descubierto. La anterior lucha fue agotadora a más no poder; mas en esos momentos era lo de menos. Si querían terminar con ese estropicio, era ahora o nunca.

Los ominosos tonos del órgano les daba la bienvenida al fin del mundo. Un enfurecido paje los recibía; no como debía. Latias ocultó su presencia a la vista, por si acaso.

Tuvieron un breve encuentro con David. Lo único que sacaron de él fueron quejas y una carta de su hermano. Luego miraron cómo bajaba las gradas tarareando su canción. Aunque ninguno ayudara habían cambiado de parecer. No se pararon a pensar más y subieron los últimos escalones.

En frente de ellos, se plantaban, al fin, ante la enorme bestia.

Sus filosas zarpas ocupaban gran parte de los suelos, sustentando aquellos gruesos pilares venosos que tenía como piernas. Las enormes alas estaban plegadas; pero eso no quitaban que su tamaño pudieran eclipsar las centellas que caían de la tempestad. Su gigantesca negrura y sus amarillentos ojos inyectados en rojo imponía en los presentes un miedo paralizante. Pese a su ira acumulada, estaba en una pose serena, como si los hubiera estado aguardando todo este tiempo.

La entrenadora tenía un Déja Vù. Había un terrible parecido entre sus pesadillas y la situación actual. Estaban ella y el dragón, cara a cara, en un lugar estrecho entre nubarrones. El corazón bombeaba más sangre ante la reacción de miedo. Tenía el impulso de huir. Cuerpo y mente estaban confrontados por el mismo anhelo.
Pero no podía escapar. Ya no había marcha atrás.

La divina sonata se detuvo. Su dueño también esperaba su llegada.

─Finalmente habéis llegado. Me sorprende el empeño que habéis puesto. ¡Aunque debo de daros las gracias por haber venido! No habría conseguido esta belleza sin vosotros. Y tampoco habría podido conseguir mi mayor deseo...
─¿Cuál? ¿Destruir Floresta para luego provocar una Tercera Guerra Mundial? Estás chalado.
─Oh, no, me refería a eliminar a los de tu calaña con desprestigio. Aunque... tampoco estaría mal... ¡vendería a esta potentísima arma de guerra a millones!─reía como un poseso. ─¡Al final todo resulta ser mejor con esta bestia!

Estaba desquiciado. Acababa de darle peores ideas. La entrenadora no podía aguantar toda aquella locura. Desesperada, intentaba inculcar un poco de empatía.

─No-no sabes el dolor que vas a causar...
─¿Acaso ves que me importe? Si me disculpas... voy a tener que probarlo un poco más. ¿Y qué mejor forma de hacerlo si no matándote a ti?
─Oooh, no será capaz de obligarle a hacer semejante cosa.─susurró para sí misma Latias.
─¿Por qué lo decís, si se puede saber?─ Le preguntó telepáticamente el Umbreon.
─Solo... no tendría que hacer esto. Es demasiado cruel.

No entendía que había de cruel en que un monstruo de persona dominara a otro demonio. Aún así, esperaba que la determinación de Gionna saliera a luz. Titubeaba. Mas logró decidir por donde ir.

─Que así sea, pues.

Sentía en su sangre que debía sublevar a ese dragón. Como noble nieta de Eldarya y heredera de la Orden del Dragonair, tenía que hacer caer a Akugamon, aunque le costara la vida.

Toda su tropa salió en un haz de luz, dispuestos a dar también su último aliento por el mundo que les había rechazado. De esta forma serían al fin reconocidos por su verdadero ser y su valentía.

Kyumbreon empezó la ofensiva con uno de sus golpes más fuertes. Una ola de serpientes umbrías se lanzaron hacia Akumagon cuales gigantescas lanzas. Lol empleó sus aguas para así plantar las semillas que le irían agotando lentamente. El resto se abalanzaron con sus cuerpos. Mientras esas afiladas cuchillas de las sombras arañaban las escamas de Akumagon, este desplegó sus alas para crear una ardiente corriente que quemaban a los contrincantes más cercanos. La piel seca de Google no podía soportar tales temperaturas. Honchpanto no podía combatir contra ese abrasador viento de los infiernos. Tan fuerte fue que acabó en el suelo, rendido. El felino no podía hacer otra que detener su salva y cubrir a su entrenadora y a sí mismo con su Protección. El vapor se extendía por el choque térmico del Hidrobomba del Lombre y la Onda Ígnea del Dragonite.

Una vez visto cual era el estado de Google y Honchpato, no pudo hacer otra que retirarlos por temor a la pérdida. Lol y Akirosoku aún resistían por ser pokémon tipo agua. En respuesta a aquello, Gionna comandó a su Slowpoke que creara sus propios aires con todas sus fuerzas. Era demasiado para él. Más debía hacerlo.

Un huracán gélido se extendió por todo el campo, devolviéndolo a su temperatura ambiente. La idea era que sus alas se helaran para que no vuelvan a batirse. Mas no lograba cristalizar en el lugar deseado. Todo y que el frío podía llegar a ser mortal para los de su especie, era una leve brisa en su gruesa piel. Ni las nieves generadas impidió que girara y azotara al hipopótamo veloz con su gigantesca cola.

Otro guerrero malherido. Otro de regreso a su cápsula.

Solo quedaban dos en pie.

Aquel formidable enemigo había tumbado a tres pájaros con una sola ráfaga. Lol tenía quemaduras por doquier, y no tardaría en debilitarse. La mejor estrategia que se le ocurrió fue correr con sus uñas afiladas alrededor de aquel despiadado ser para propiciarle a bocajarro otro chorro semillado. Esta vez pudo acertar en la pierna draconiana. No obstante, aunque eran muchas, las zarzas eran demasiado finas para aferrarse a las carnes de Akumagon y llegar a sus humores. Dos rayos cayeron sobre los cielos, electrocutando a Lol sin mesura. No tardó en yacer inconsciente y ser traída de vuelta a su celda.

El único que se sostenía sobre sus patas era Kyumbreon.

Trató de propiciar golpes oscuros al monstruo como si no hubiera mañana. Todos los ataques que el Dragonite le mandaban eran desviados con Protección y esquivados con sus ágiles patas. Aquellos vientos ígneos podía resistirlos con sus altas defensas.

Los rayos lo rodearon. Con su insistencia estaban logrando hacer algún rasguño. Mas no siempre podría mantener ese frenético ritmo.

Gordor pensó que era mejor darle una corriente constante con el que no podría luchar.
La Onda Ígnea se prolongó hasta largos tiempos. El felino no podía hacer más que cubrirse. Pero la barrera no era eterna. Pronto se resquebrajó y dio paso a la derrota ardiente.

La última esperanza de Gionna, al suelo.

Guardó a Kyumbreon en su pokéball. Sabían que estaban destinados a perder. Y más cuando su poder fue ensanchado a tal extremo.

─Lo lamento mucho, mi señora. No he podido hendirle siquiera.
─No, no te disculpes. Fue un error mío no abandonar este lugar.

Podía oír unas risas flojas desde dentro de su pokéball. Tenía el cuerpo muy quemado.

─Se lo dije. Mira que se nos dio opciones de escape... pero no estoy enfadado.
─Dios. Hablas como si te estuvieras muriendo.
─¿Morir? ¿Yo? Aún puedo aguantar este dolor. Pero tendré que pediros que dejéis el mundo a su merced si no queréis que perezca.

Ojalá pudiera. Pero no podía. Sin embargo, tenía muy pocos recursos para combatir el nefasto destino que se cernía. Era morir por la caída o morir engullida. Ambas opciones serían tortuosas.
Tuvo que admitir su derrota. Su único consuelo ahora era ser recordada como aquella que trajo al Armaggedon Negro de vuelta. Nadie lloraría su muerte. Y aunque Latias permanecía oculta a su lado, no quería arriesgarla.

Sin embargo, justo cuando parecía todo perdido, otro draco rasgó el morro de Akumagon. Un rey se plantó altivo ante un enorme Goliath dispuesto a derrocarlo.

Su jinete también bajó, junto a sus pajes. Era quien menos se esperaba ver en aquellos lares.

─¿Helio?─no podía creerlo. La ayuda había llegado, y con un poderoso guerrero a sus anchas.
─¡Gordor! ¡Tus crímenes acaban aquí!─exclamó señalándole con dedo acusador.
─¿Cómo? ¿Has sobrevivido al tiro de prueba? Bueno, no me esperaba que nadie llegara aquí. Mis felicitaciones. ¿Pero qué vas hacer? ¡Ni siquiera este Charizard podrá con ese Dragonite! Y encima tienes el descaro de traer esos... ¿Plusle y Minun? Un par de inútiles, en todo caso.
Esto era una ofensa. Los dos protestaron por aquel insulto.
─¡Ni Plusle ni Minun son inútiles!─el ranger saltó en su defensa.
─Como digas.─se dispuso a tocar de nuevo. El Dragonite llamó al trueno para que lo acompañe en batalla. Podía sentir el dolor que acumulaba con aquel desgarrador grito.
─Helio, no pretenderás capturarle, ¿verdad?
─Es mi deber, ¿no?
─¡Pero...! ¡He intentando derrotarlo y no-!
─¿Acaso tú no escuchas a tus compañeros cuando los ordenas?
─¿Qué dices ahora?
─¿No oyes acaso el dolor que tiene? Ni siquiera él merece la muerte, ¿sabes?
─No me digas que lo vas a capturar.
─Bueno, tú ibas a matarlo, ¿no?

Una vez más se repetían las conversaciones de aquella mañana. Aún pensaba que su método no era una solución para el problema que estaban enfrentando.

Helio pidió a Charizard que distraiga a Akumagon. El lagarto volador cabalgó de nuevo en el viento alrededor del Armaggedon Negro. Los rayos intentaban atraparle en su abrazo mortal; mas con gracia y magnificencia rozaba las chispas con su cálida piel mientras trataba de bañar a su enemigo en incandescentes llamas. Luego el disco capturador corrió veloz hacia la planta de sus pies. Tal y como temía, la línea no llegaba a encerrarlo. Más aún; cuando trató de hacer una segunda vuelta, Akumagon aplastó la luz. Tal fue el golpe que fue regresó al capturador y lo rompió de una sola descarga.

Una mano agrietada. Los ríos carmesí corrían por los dedos del ranger. Tal y como vaticinó la entrenadora, su captura era imposible. Habían hecho lo que había podido. Gordor era dueño del mundo ahora. Y tal fue su alegría que quería celebrarlo tocando la última canción. Caería como guillotina sobre sus cuellos. Rápido. Sin dolor.

Mas antes de que las teclas sufrieran el toque de sus gruesos dedos, ocho patas se entrometieron en su trayecto.

Habían venido a por su venganza mientras estaba entretenido mirando a Akumagon destrozando sus esperanzas. Por llamarles inútiles y por la gloria de sus compañeros irían a arruinar sus planes.

Plusle y Minun danzaron sobre el órgano, emitiendo notas disonantes que desquiciaban tanto al dragón como a la máquina. Cuando el hipercapturador hizo sonar la alarma, ellos saltaron. Incluso su portador se apartó. El olor a quemado y el humo empezaban a rezumar por todos los huecos del órgano.

Y entonces se hizo el milagro.

El gran subyugador de leyendas se dispersó en miles de fragmentos bajo una nube de fuego. Pronto Akumagon recuperó la noción de sus sentidos. Sus alas se extendieron por lo ancho del cielo. Como si fuera una orden, las nubes tormentosas se disiparon en un pequeño claro que dejaba pasar el sol del mediodía.

Helio estaba atónito con los recientes hechos. Se preguntaba si aquello era el fin de su pelea. Nadie podía creer tan solo unos toques aleatorios hubiera dado fin a esta cruel lucha. Esperaba a que Gionna diera por terminados los problemas.

Y sin embargo, estaba ahí, con la mirada fija en aquella obertura, a la espera de algo. Ya había vivido eso antes. Era consciente de lo que el dragón iba a hacer.

Una horda de puntos anaranjados se empezaron a disuadir desde las alturas. Debían bajar de ese pilar de piedra en cuando antes.

─¡Mierda, Helio, sal de ahí!
─¿Pero por qué, qué-?
─¡No preguntes tanto y sal de ahí, idiota!

Para entonces ya era tarde. Empezó a llover roca ardiente por encima de la pirámide. En estallidos y choques, el Templo de Floresta se derrumbaba a sus pies. Las grietas dificultaban su escape. Helio pudo salir de esa demolición a tiempo, antes de que cayera. Pero la suerte no acompañaba a Gionna. Justo cuando pisó tierra firme, una avalancha de escombros se abalanzaba sobre ella como un maremoto pétreo. Esperaba a que la roca sepultara su vacía vida. Iba a recibir a brazos abiertos lo que no podía evitar.

Pero el cruel destino le tenía deparada una sorpresa aún más desagradable.

Fue empujada lejos de los restos. Luego se escuchó el sonido de un sordo impacto.
Había ocurrido el peor de los posibles. Un meteorito había aumentado el peso total del material. Un charco rojo bajo el largo cuello pálido se extendía entre los adoquines. Su estructura ósea fue machacada de modo que rasgaban sus tejidos y perforaban sus órganos. Fue una fortuna solo presenciar aquella funesta pintura entre piedras, o habría permanecido en shock eternamente.

No podía pensar con claridad. Lo único que se le ocurrió fue acercarse al desastre y mirar con lágrimas contenidas a la guardiana de su pueblo. Ni los rugidos ni Helio la apartaba de esa impotencia que crecía con cada segundo que pasaba.
Pronto, la cabeza de la dragona se movió con un leve gemido. Aún estaba viva. No por mucho tiempo.

─No-no te muevas de aquí, Latias. Te sacaré de aquí, ¿vale?

Quería salvarla. No podía dejarla ahí sola por haberle salvado la vida tantas veces. Pero la dragona sabía que sus venas estarían vacías pronto. No tenía que desperdiciar su último aliento ni dejar que ella gastara los suyos en evitar lo inevitable si quería cumplir su cometido en esta vida.

─No, Ginny. No pierdas tiempo conmigo.
─¡Pe-pero estás herida!
─Deja. Las piedras. Donde están. Era... era mi destino, después de todo.
─E-estás delirando... no te estás muriendo. Dime que no.

El ranger gritaba desesperado por Gionna. Debía apresurarse.

─Escúchame. Ese... ese Dragonite... tú lo conoces bien...
─¿Qué? ¿Qué dices de Akumagon ahora?
─¿Akumagon? Menudo nombre. ¿De verdad... no recuerdas a Drini, Gin?
─¿Drini? C-claro que lo recuerdo... ¿qué pinta él ahora?

Latias soltó unas pequeñas risas.

─Ya veo... no me extraña que tenga tanto odio ahora... ¿no te has parado a pensar que es mucha casualidad? Un amigo de diferente color desaparecido... y luego a los cuatro años... ¡puf! Aparece un Dragonite verdoso. ¿No te parece raro... acaso?
─Espera. ¿No estarás diciendo que Akumagon es...?
─Sí, Gionna. Aquel que tanto trataste de herir... era Drini. Pero tampoco te culpo... ambos... habéis pasado por tanto que... os ha distanciado.

La muerte estaba a punto de llevar su alma. No faltaba nada para que desvaneciera. A medida que su tiempo terminaba, fue formándose una gota de rocío que se cristalizaba cual agua en una mañana de pleno invierno. Las leyendas de los domadores empezaban a cobrar vida en aquel cuello débil, en todo su esplendor. Pronto esa gota fue formando una pequeña esfera conteniendo un aura etérea en su interior. Era una forma de burlar a la parca. Nunca pensó que presenciaría la formación de un Rocío Bondad.

─Pero... confío en que podréis reconciliaros... ve. Toma mi alma... úsala... y sal viva de esta... por todos…

En un último suspiro, los ojos de Latias se cerraron para siempre. Gionna quería llorar. Se negaba a usar su alma para capturar a Akumagon.
Mas los rugidos seguían acompañando a la tormenta como las trompetas de los jinetes. Sin embargo, pudo escucharlos con otra nota. Disonante. Triste.

Cada noche se preguntaba desde su desaparición cómo hubieran sido las cosas si le hubiera acompañado en su travesía. Lloraba cada noche debido a la nostalgia de estar en casa e ir al estanque del jardín a ver a su pequeño amigo. ¿Pero quién diría que ese mismo compañero de juegos era el mismo que derrumbó una ciudad entera?
Se apenaba por no haberle reconocido. Y más teniendo en consideración lo que tuvo que pasar para convertirse en ese monstruo. Todo esto era para que se volvieran a encontrar y poner fin a ese mártir.

Se sentía bien. Aunque sufrió la desdicha de presenciar la muerte de Latias, le agradecía de corazón aquel noble sacrificio. Acarició por última vez su cuello y con el pulgar tomó aquella perla reluciente. Iba a asegurarse de que aquel sacrificio no fuera en vano.

“Calma, amigo mío... ya estoy aquí.”

No perdió más el tiempo. Dio unos pasos al frente para sentir esos calurosos vendavales en su tez. El Armaggedon Negro observaba con ceguera a aquel punto minúsculo que se plantaba ante él. Helio apartó sus lacrimosos ojos del cuerpo inerte de la dragona para ver cómo plantaba cara al iniciador del fin. Podía ver la antena del capturador en su mano y su mochila en la otra.
─¿Helio?
─¿¡S-sí!?
─Si no salgo viva de esta... ¿podrías... cuidar de mis pokémon, por favor? No tengo a nadie más que se pueda hacer cargo de ellos, así que...
─¿¡Qué!? ¡No, no puedo! ¡¿Cómo voy a entrenar si las normas ni siquiera me permiten-!

Un golpe seco en su cara lo acalló. Su mochila le rompió unas cuantas venas de la nariz, como si se rehusara de no tener dueño.

─No era una pregunta. Idiota.

Tenía que avanzar en cuanto antes. Las nubes volvían a arremolinarse sobre sus cabezas. Pensaba que si lo llamaba por su nombre, tal vez la tormenta cesaría.

─¡Drini! ¡Soy yo! ¡Gionna!

Craso error. En vez de responderle con cariño, el dragón llamó a los rayos para que la calcinaran. Aquel azote celestial hizo que gritara de dolor. Sabiendo la potencia que esos Truenos tenía, el que acababa de recibir era muy suave. El anterior Cometa Draco había mermado sus fuerzas levemente.

No la dejó abstente de secuelas, sin embargo. Parte de su cuerpo había sufrido quemaduras de tercer grado. Pero no estaba dispuesta a caer. Aún no.

El capturador también sufrió su alto voltaje. Parte de sus circuitos estaban dañados. Chisporroteaban por sus interiores. Helio fue rápido a socorrerla. Pero ella se levantó sola, soportando el peso de su dolor.

─Jej. Sigues enfadado por lo que te hice, ¿verdad?
─No, ¿por qué iba-?
─No te hablaba a ti.
─¿Entonces a quién...?

Chácharas. Era justo lo que menos necesitaba en esos momentos. La ranger hizo un tiro de prueba para ver el límite de longitud de su capturador. Tal y como pensaba, no alcanzaba a rodear ni uno de sus pies. Además de que no podía separarse del suelo. El leve toque de sus zarpas hicieron desvanecer la línea de captura mientras se separaba de la tierra.

Y pensar que no necesitaría la violencia... ¡ingenua!

─¡Mierda! Ahora tenía que emprender vuelo.
─¿Necesitas ayuda?

No pensó que tendría que pedirlo, pero...

─Qué remedio. ¿Cómo está Charizard?
─Puede encargarse.
─Bien. Necesito que lo haga bajar a tierra firme. No puedo capturarlo si está en el aire.
─¡Entendido! ¡Charizard!

Se invirtieron los papeles. Charizard trabajó bajo los comandos de de Helio para que lo persiguiera. La salamandra aérea fue danzando con fiereza entre los vientos para evadir las garras que trataban de aprisionarlo. Después, el ser ígneo azotó su cola contra el gigantesco morro. El dolor fue suficiente para que aquel titán bajara de los cielos y aterrizara en el suelo.

Ahora sí estaba furioso.

Con su pesada cola, removió tierra para abrir múltiples grietas en ella, solo pensando en la destrucción de aquellos muros. Gionna intentaba no caer en esas brechas. Ahora era el momento.

─¡Sigue entreteniéndolo!

Ambos dracos seguían luchando, igualados en condiciones. Era difícil que uno de los dos cayera. Charizard era pequeño, pero ágil. Su potenciada fuerza le permitiría incluso quebrar la dura coraza de un Aggron. El exagerado tamaño de Akumagon le proporcionaba una resistencia admirable; pero sus ataques especiales estaban mermados, y sus garras no superaban al presto vuelo de la salamandra.
Era el momento de cumplir la voluntad de Latias. Sin pensarlo dos veces, ni el hecho de que había sido utilizada por el cruel destino, colocó la perla etérea en el disco.

Y entonces se hizo la luz. Una luminancia que dejó ciegos a los presentes por unos instantes. Cuando se desvaneció aquel destello, algunos no pudieron salir de su asombro.

El disco se había transformado en un artilugio imbuido con luz propia, cuyo centro resplandecía el alma añil de la caída. Tal objeto no podía ser de este mundo. Podía sentir como la energía fluía en ella a través del capturador. Como si unas descargas que la mantuvieran en vilo y con vigor.

Estaba dispuesta. Lanzó el disco y blandió la brillante antena para que el dragón volviera a ser el mismo. Por desgracia, Akumagon le molestaba aquella luz, y trató de partir la línea de captura con sus brazos; cosa que consiguió en un par de ocasiones. Aquellas palizas le dolían más de lo que solían; pero sorprendentemente, parecía que no quemaban tanto los circuitos.

Su enemigo aún era formidable. Pero no podía hacer más que seguir luchando contra aquel fantasma destructor y rogar que su amigo volviera.
Las creencias de los rangers se volvieron ciertas cuando el disco tomó un resplandor más etéreo, como si respondiera a sus anhelos. Desesperado, lanzó una horda de truenos para que acabaran con ese rayo de esperanza, partiéndola de la forma más brusca posible. Incluso hizo que volviera a llover fuego desde la cumbre del mundo.

Estaba entre las cuerdas. Parecía que su derrota era inevitable. Su cuerpo no resistiría otro choque más. Pero notó algo. El Armaggedon Negro no movía ningún otro músculo más que sus cuerdas vocales para estremecer la tierra mientras aquella mortífera ráfaga caía.

Era ahora o nunca.

Dirigió suavemente el capturador, como una fina vara de un director de orquesta. Sincronizando sus suaves movimientos con la peonza divina, pasaba al lado de los meteoritos como una grácil bailarina. La templanza y la tranquilidad de aquella danza había vencido a la rabia colérica acumulada. Había alcanzado a Akumagon. Ingenuamente, seguía esperando a que uno de los meteoritos eclipsara aquella luz.

Pero para aquel entonces ya lo había lazado. Siete veces fueron suficientes para que empezara a rendirse.

Empezó a recordar aquellas tardes en el lago, salpicando a una menuda chica. Los panes dulces que traía a veces del colegio; aquellos consuelos que él daba en cambio... también las pequeñas travesuras que hacían cuando ambos eran pequeños, y su entrega cuando caía enfermo.
La ponzoña que tanto nublaba su mente había desaparecido de su cuerpo. Los dolores habían pasado. Recordó la naturaleza bondadosa que los humanos podían tener. Y ella... ella estaba en frente. Agotada. Sin fuerzas.

Lo había conseguido. Había apaciguado a la bestia. Quería darle un abrazo. Pero bastó un solo paso para que desvaneciera y cayera al suelo sin conciencia.


#98
:O!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!! OH POR DIOS!!!!

Pero que tremenda revelación la que leí, el Dragonite mutante era ese pequeño Dratini!!!! Eso no me lo esperaba, nuevamente me veo sorprendido, ahora con una revelación de último momento. En algún momento creí que podría venir un muerte de algún personaje, pero no pensé que fuese Latias, había imaginado muriendo a Kyumbreon. Aún así, creo que una muerte es oportuna en historias que demuestran este tipo de peligro, recuerdan que para poder conseguir algo, hay que perder otra cosa.

Creo que para ser el último capítulo, sin contar el epílogo, estuvo lleno de emociones y momentos de peligro siempre necesarios en un final que pretende sorprender al lector. Tengo la sensación de que Helio se quedará con Chrizard, como amigos, puesto que no puede capturarlo. Pero no me imagino que sucederá con Dragonite ni que harán las autoridades con él, pues hay que tener en cuenta que por detrás de todo está esa conspiración ultra oculta.

Bueno, espero para ver cómo me sorprendes en el epílogo. Ciao.


Lean mi fic: La Historia de Jack Evans
Soy Elven king
(Por si alguien no me reconoce)


#99
It's over.

Finalmente este fanfic tiene un final decente. Drama y júbilo en uno. Quería dar a entender que eso era más que un final feliz; quería dejarlo como uno... agridulce.
No sé si me he pasado un poco con el drama. Pero bueno.
Bueno. Especial gracias a @Thranduil por seguir el fanfic hasta el final y a todos los que están leyendo ahora mismo. Y todos los que han comentado; muchas gracias también (aunque lo hayáis dejado en los primeros capítulos, pero bue).

Oh, y, antes de que trasladen este fanfic a los archivos... agradecería muchíiiiisisisisimo que me dieran un último comentario. Podéis añadir uno general. De hecho me gustaría un comentario general comentando sobre personajes, momentos destacables... esas cosas, y'know.
Pero bue. Sé que es mucho pedir. Pero si queréis, adelante.
Ahora, tendré que actualizar el índice... espero que no me lo editen por lo largo [?].

¡Por cierto! Si aún os habéis quedado con más ganas de mis escritos, aún podéis leer Fugitivos del Cataclismo. No es de Pokémon, pero creo que merece la pena.
...
He intentado que sea apto para no-fans de Homestuck, por eso :I.
Bien. Eso es todo :3

Cheerio~!

Epílogo


Spoiler
Oscuro. Oscuro. Más oscuro. No había más que oscuridad y más oscuridad. Odiosa y redundante umbría por todos sus flancos. Solo ella y un infinito limbo. Ni los restos mortales del templo; ni la mochila con sus pokémon. Nada. Podía pisar un suelo invisible; tierra sin camino que solo conducía a más y más abismo.
Caminó calmada sin ningún rumbo. Simplemente pensaba que en un momento u otro, saldría de ese vacío sepulcral. Pero a medida que el tiempo pasaba, nadie venía. Nadie acudía a su ayuda. Nadie la llamaba. Se preguntó dónde estaba sus pokémon.
Un pensamiento fugaz. Un temor que acrecentaba.
¿Había fracasado? ¿Quizá murió en combate...?
No, no podía ser. Sabía que había capturado al Armaggedon Negro. ¡Sabía que lo había apaciguado! ¿¡Pero por qué!? ¡Si ella moría justo después de recuperar a Drini...!

No... entonces toda esa dedicación... todo ese esfuerzo... todas esas luchas... ¿habrán terminado en nada?

Se arrodilló. Lo había perdido todo. Una vez más, acabó llevando el mundo a la ruina con sus intentos de heroísmo. La culpa era demasiado; tanto que incluso añadía un peso en su pecho. Virutas de oscuridad la empezaban a cubrir, como si la fueran a fundir con la negrura. No tenía por qué salir de esa pesadilla. Era su sitio, después de todo. Olvido. Es lo único que quería; que se olvidaran de ella. No existía. No hizo nada heroico. Solo metió la pata una y otra, y otra, y otra vez.

Pero se contradecía, a la vez que pedía ese nefasto destino. Su voz y otra muy parecida se confundían entre un maremoto de contradicciones. Aún pensaba que era el pasillo hacia el túnel. Aún pensaba que estaba en el vientre del dragón, agonizando. Pero a la vez, pensaba que ese era el limbo y esperaba a que terminara de desaparecer.

¿Qué era cierto? ¿Qué no? ¿Cuál era su voz?

Miró al frente una vez más. Pudo ver un pequeño destello... debía de ser la luz que le conduciría al paraíso, pensaba ella.

Pero se iba agrandando solo. Como un resplandor. Una luz blanca que iba adquiriendo tonos rojos e intensificando hasta cegarla un instante.

Y finalmente, el color. Al fin esos páramos oníricos se llenaron de vida. Una niebla rosada circundaba por aquel campo estrellado, ocultando el suelo.
Realmente no entendió lo que había sucedido. Estaba cayendo en la desesperación, ¿y de repente todo se volvió colorido? Eso no era normal. Algo raro estaba pasando en ese sitio. Era como si un ángel hubiera ahuyentado las tinieblas que emponzoñaban ese lugar.
Quedó tumbada un rato contemplando cada una de aquellas almas errantes que circundaban el cielo. Por alguna razón la neblina se despejaba a su alrededor.

Y de pronto, un sobresalto.
─¡Hola!
Se sentó de un respingo. Si no fuera porque esa cabeza se hubiera alzado un poco, habría chocado con su cara. Acababa de ver a un fantasma en el paraíso.
─¿¡La-Latias!?
─¡Vaya! ¿Te has asustado?─dijo entre risas.

Un fantasma. Esto confirmaba sus temores.

─Entonces será verdad que habré muerto...
─No. Solo estabas en una horrible pesadilla, pero he conseguido repeler a esa cosa. Era bastante persistente. Menos mal que esa influencia no era muy fuerte, o tendrías que haber necesitado una Pluma Lunar para salir de aquí.
─¿Eso quiere decir que estoy soñando?
─¡Sí! ¡Lo conseguiste! Has salvado el mundo, Ginny-lin. Ya puedes estar contenta.

Un alivio más. Al final parecía que todo salió a pedir de boca. La vida iba a seguir su curso. No habría ninguna guerra que arruinaría el continente. Todo aquello que llevó a rastras se lo había quitado de encima.

Pero era demasiado bueno para ser verdad. Había algo que sin duda echaría de menos. No podía sonreír, por más que quisiera.

─¿Uh? ¿Pero qué te pasa, Ginny? ¿No te alegras?
─Sí, me alegro, pero...
─¿Pero?
─¿Qué va a pasar contigo de ahora en adelante? Quiero decir... has muerto.
─¡No lo sé! ¿Qué harás tú con mi alma, Ginny?
─No lo sé... conservarla, supongo.─dijo pensando.
─En tal caso supongo que estaré velando por ti. No como lo hacía antes, ¡pero ya encontraré otra forma!

Dio una triste sonrisa al oír ese optimismo. Ojalá así sea. Quizá incluso pueda verla más a menudo así. Sin embargo, a la vez que alzó sus esperanzas de volver a tener su visita, las echó a tierra.

─Aunque... me temo que no podremos vernos durante un largo tiempo...
─¿Qué? ¿Por qué?
─Gionna... Mi alma está ahí dentro; y gran parte de mi poder. He empleado muchas de mis fuerzas en Drini y algo más para salvarte de la pesadilla. Si lo uso para hablar contigo... ya no podré hacer nada. Lo entiendes, ¿verdad?
─Supongo.─suspiró con lástima. ─Me duele no poder verte, pero... creo que podré vivir con ello.

La dragona sonrió. Sabía que trataba de hacerse la fuerte. Era consciente de que este duelo le iba a traer mares de lágrimas en ciertos momentos, y que, tal vez, se sentiría impotente ante el pesar.
Ante eso, lo único que podía hacer era darle ánimos.

─Estoy segura de que lo harás, Ginny-lin. ¡Venga! Seguro que te estarán esperando.

Se levantó del suelo. Frente suyo, se había abierto un camino entre ese vapor. Un sendero que conducía hasta un portón románico esperando ser abierta.
Nada más abrir, todo el campo que había a su alrededor se desvaneció otra vez en negrura. Sin notar nada.

Uno por uno, los sentidos iban regresando.

Un pitido. Voces desconocidas hablaban en una lengua distorsionada que no podía entender. Parecían robots que retumbaban en las paredes de un limbo vacío. Luego las palabras fueron más claras. Hablaban de estados y datos que no parecían ser de su incumbencia. Después de unos gemidos de dolor, la joven despertó de un largo letargo.

Los médicos le dieron una fría bienvenida, complementada con información sobre su estado de salud. Habían confirmado que tenía quemaduras de segundo y tercer grado repartidas por una cuarta parte del cuerpo y una anemia causada, probablemente, por las hemorragias de estas.

Expresaron también su espanto cuando, según ellos, un Dragonite gigantesco vino con ella en pésimo estado sobre la palma de su mano, junto con varios rangers magullados. Algunos no sobrevivieron; mas eran pocos los que habían muerto, por fortuna.
Helio se hizo cargo de ceder a sus pokémon en manos de profesionales. Google era el que aún estaba más grave. Debido a que tenía una piel reseca, las secuelas que le dejaron podían haberle llevado al borde de la muerte. Afortunadamente Lol y Akirosoku lo cuidaba bien con sus aguas.
Comentaron también los problemas que tuvieron con Kyumbreon, que rehusó de sus tratamientos y tomó de enseguida las riendas de su salud. Los maldecía aún con sus buenas intenciones. Incluso los amenazó de muerte. Pero los profesionales cambiaron de opinión cuando lo vieron tomar la bendición de la luna. Estuvo en su regazo nada más recuperarse. Lamentablemente no pudo verlo, pues se fue a birlar cafés pensando que aún estaría inconsciente.
Cuando el Umbreon volvió, se abalanzó hacia su abdomen y chafó su estómago. Ella gritó de dolor.

─¿¡Pero qué haces, gato estúpido!?─gritó furiosa. ─¿¡No ves que estoy en cama!?
─Quería comprobar si estabais despierta. Tan solo eso.─contestó.
─¿Es que quieres prolongar nuestra estancia en este sitio de mala muerte? ¡Madre mía, y encima me has derramado el café!
─Sobre eso, lo lamento mucho pero tendré que tomármelo encima de vuestro maltrecho cuerpo.─dijo mientras se alzaba el vaso y desperdiciaba más del brebaje; para que luego se de cuenta de que tenía manchas de café repartidas por las sábanas.
─¿Pero cuántas veces has hecho eso? Como apesta a café.─se quejó.
─Más de las que hayáis imaginado. No había siquiera reacción. Y eso que coma no era.
─Pues sí que estaba sopa...─se dijo. Realmente esa pesadilla era algo de temer. ─¿Sabes algo de Pelozuli? ¿Y Soel? ¿Y Emily?
─El energúmeno aún sigue en cama.─dijo, refiriéndose a Helio, ─En cuanto los otros dos les acabaron de dar el alta. Me dijo su amigo el rubio que os visitaría antes de irse para Teselia. Lo mismo para la otra.
─Ah, genial. Los esperaré, entonces.─concluyó mientras observaba la pantalla del televisor que había colgada en la pared. Tenía que encontrar el mando si no quería aburrirse.

Pero no lo hizo. En vez de poder ver los documentales que solía ver, tan solo podía pensar sin distraerse.

Pasaron los días. Varios reencuentros fueron efectuándose en el transcurso de aquellas horas.

Muchos de ellos debían permanecer ingresados durante más tiempo, como Elena, que a duras penas estaba mejorando su estado. Hubieron afortunados que solo tuvieron que quedarse dos días más desde que fueron ingresados.

Soel fue uno de ellos. Se despidió de ella anunciando que iría a ejercer de entrenador en Teselia por tal de conocer nuevas experiencias y amores; incluso le dio el teléfono para cuando tuviera un móvil. Así mantendrían contacto, decía.

Emily iba a seguir con su cargo en Almia, cómo no. Pero con orgullo podía decir que contribuyó a la salvación del mundo. Era lo único que ganó.

Oyó también por la boca de Gobios que Gordor había sido rescatado y llevado al hospital; pero la caída del altar le dejó graves secuelas, dejando que la muerte cesara su locura. Un desenlace triste, pero justo para alguien que trató de desencadenar una guerra. No haber jugado con las fuerzas de la naturaleza.

Justo cuando acababa su primera semana en el hospital, y cerca de la fecha del alta, un ramo de camelias se asomaron por la puerta. Había venido alguien que no esperaba para nada.

─Eh... ¿se puede pasar?

Parpadeó indiferente. Alberto había venido a ver cómo estaba. Como el principal líder del Equipo Go-Rock había fallecido, el resto de miembros se dispersaron antes de que alguno de los rangers locales los detuviera. A fin y a cuentas, desde que los jefes de Floresta estaban también en el hospital, la región estaba un poco desprotegida. No se podía desplegar las pocas fuerzas que tenía.
Pero él no lucía como uno. Solo parecía un muchacho normal con una camisa blanca y un par de tejanos. Para no destacar, suponía.

No iría a hacerle nada. Estaba claro. Más vale que no lo haga. Pero para asegurarse, miró a Kyumbreon, solo para que le dijera su veredicto.

─No siento nada de ansia en él. Es seguro. Y si me equivoco, lo tiraré por la ventana.─le dijo.
“Perfecto, pero si vas a tirarlo por la ventana que parezca un accidente al menos”, pensó.

─Sí, claro, adelante.─contestó seguidamente a Alberto. Nada más decirle, entró. ─¡Espera un momento! ¿Qué es lo que llevas en las manos?
─Son flores... ¿no te gustan?─preguntó.
Flores para ella. Qué detalle. Era la primera vez que alguien osaba obsequiarle algo que se pudría tan pronto.

Pero por el momento, eran preciosas. Blancas, frescas y limpias, sin bichos ni enfermedades. No sabía si podía cuidarlas, pero seguro que a Lol le encantarían hacerse cargo de ellas.

─No, me gustan. Pero pensaba que iban a ser para tu jefe.
─¿Para mi padre?─rió. ─Él ya tiene las suyas. No hace falta que le de más.
─¿Ah? ¿Era tu padre? Vaya por dios.─se sentía mal ahora. Pensando que mató al progenitor de esos cuatro... si antes la odiaban, ahora lo harían todavía más.
─Sí... pero bueno, tenía que admitirlo; estaba como un cencerro. Se lo ha buscado.─decía apenado mientras colocaba las flores en la mesita. Luego tomó asiento en el taburete que había al lado de su cama. ─Bueno...─suspiró el joven, ─, ¿y qué harás de ahora en adelante?
─No sé. Quizá me vaya a otra región, vete a saber.─contestó. ─, ¿qué vas a hacer tú?
─¿No leíste la carta?
─Se chamuscó.─dijo.
─Ah... bueno... después de lo que ha pasado estamos de acuerdo que eso del crimen no nos va, así que... nos dedicaremos a la música. Es algo que siempre nos ha gustado.
─Pero si se os da de pena.─dijo sin cuidado.
─Qué va, se nos da bien. Es solo que no podíamos ensayar lo suficiente, con tanto trabajo y tanta captura... ya sabes, cosa de villanos. Oye... ya que no tienes nada que hacer... ¿te... gustaría acompañarnos?─preguntó sonrojado.
─¿Después de que tu hermano me amenazara a punta de navaja y todos los intentos de secuestro que hicieron el resto? No, gracias.─volvió a responder de forma muy tosca.
─Oh. Claro.─dijo decepcionado.─No estarás enfadada por ello, ¿verdad?
─Creo que es bastante obvio que sí. Pero bueno, no la tomo contigo.

Suspiró de alivio. Pensó que también se la tenía jurada. Hubo un silencio incómodo entre ellos dos, sin saber que decir. Uno solo quería estar con ella mientras tuviera tiempo. La otra en cambio aún estaba absorta. No tenía ningún camino por recorrer, y, cualquier paso que pensaba dar, siempre se llenaba de incertidumbre. ¿Qué pasaría?

─Y... ¿cómo van esas heridas?─preguntó.
─Van cicatrizando, y apenas las noto. Mañana por la mañana me dan el alta.
─Bien, me alegro.─dijo sonriendo. Mas ella no lo hacía. ─Espera. ¿No te alegras?

Como si no fuera suficiente tener que despedirse de ella, tenía que volver a responder la misma pregunta que le hizo.

─Sí, me alegro. Pero...
─¿Pero...?
─No... no sé lo que me va a pasar. Sí... he salvado el mundo, pero... tampoco pude rescatar todo.
─¿Qué...?
─Simplemente pienso que si no hubiera venido aquí, quizá... no hubiera ocurrido todo esto. Algunas personas todavía estarían vivas y... sí, ya, recuperé a Drini, pero... pero...

Le temblaban las manos. No, las víctimas que no conocía no era lo que le afligía. Simplemente era la memoria de una guardiana que, aunque no se viera, siempre estaba a su lado, explícita o implícitamente. Una que no iría a ver jamás en la vida; todo porque se sacrificó para que Floresta fuera salvada.

¿Para eso tenía que irse? ¿Para preservar ese mundo que no le devolvía nada? ¡¿Para tener que seguir vagando sin rumbo, con gente mirándola con pavor, justo porque era amiga de un ser altamente destructivo?!
No tenía sentido. ¡Nada tenía! Después de todo el sudor y todo su ahínco, solo ganó una pérdida.

─¿Por qué... por qué continué ayudando...? ¿¡POR QUÉ NO ME FUI EN CUANTO PUDE!?

No esperó su compasión. Esperó recibir algún insulto por parte de Alberto; incluso que rectificara sus anteriores palabras y dijera que ella lo mató.

Pero en vez de eso, solo tuvo lo que nunca fue dado.

Después de tanto tiempo, Gionna había recibido un abrazo. Estaba confundida. No sabía qué pensar.

─Ya está, Ginny. Déjalo ir.

Ya no aguantaba ese nudo que tenía en la garganta. Rompió a llorar mientras estrechaba sus brazos a él. Él no podía hacer más que seguir abrazando.

Kyumbreon no podía mirar cómo ella se aferraba a ese chico. Nunca le gustaron ese tipo de escenarios. Era inaudito, inadmisible; una repugnancia. Casi quería echar todo el café y toda la carne que había consumido en estos días. Era una vista insoportable.
─Asqueroso.─dijo para sí. Ignorando el supuesto peligro que estaba presente, salió de la habitación solo para tomar el aire. Pasó inadvertido entre el personal del hospital, como si fuera un felino normal y corriente paseando por el pasillo de su casa hasta subir las escaleras y llegar a la azotea.

El primer rayo cálido de abril calentaba el hormigón paulatinamente. Ya no se notaba tan frío como lo era hace unos días. Era un buen día para salir. Los riachuelos serían bravos esta temporada, desde que el deshielo vino tarde; pero no importaba. Mientras el día siguiente se fueran, antes podrán reanudar las batallas con desconocidos.
Pero era raro. Arriba no había nadie. Normalmente habría algún incorregible que fumaba un cigarrillo, pensando sobre la fragilidad y la inutilidad de la propia vida. Solo veía un Flygon con una cartera añil, esperando a algo.

Quién iba a decir que podría segar un alma encima de un cementerio de sueños.

Pero justo cuando iba a hacer una emboscada a plena luz del día, se detuvo. El pin que cerraba aquella bolsa de cuero tenía un símbolo que podía reconocer. Era un escudo con un orbe en el centro y un Dragonair rodeándolo con su alargado cuerpo, haciendo un círculo mientras se mordía la cola. Gionna le dijo que, si ese emblema aparecía un día, era señal de que podrían volver a casa.
Para cuando había bajado al tercer piso, ellos ya se habían separado. Un poco.

─¿Estás mejor?─preguntó Alberto.
Solo asintió.
─Escúchame. Sé... que debió de ser muy duro pasar por todo esto...─suspira. ─Pero no estás sola, ¿vale? Aún tienes a...

Kyumbreon le intimidó con la mirada. Estaba pensando que se estaba aprovechando de su estado de ánimo; lo sabía, lo intuía, lo oía por su mente.

─A tus Pokémon, claro. Y... solo... no pienses en lo que no conseguiste; piensa en lo que has logrado, ¿vale?

Lo iría a hacer. Iría a continuar haciendo buenas obras mientras pudiera. Seguiría siendo esa heroína anónima cuya reputación solo se basaba en las habladurías de la gente. Estaba claro.

─Bueno... David me está esperando fuera.─le pasó un papel que tomó. ─Este es mi número. Bueno. Tengo que irme.─le revolvió la cabeza y después fue encaminándose hacia la salida. ─Te quiero.
Se iba a ir. Pero ella todavía no había dicho todo. Aún tenía algo que expresar. Algo que decir.

─¡Es-espera Alberto!

Se detuvo. Con toda la ilusión, giró su mirada, esperando su correspondencia.

─¿Sí?
─Gracias por animarme.

Le dio una dulce sonrisa nada más oír ese agradecimiento. No era una declaración, pero su gratitud era más que suficiente para él por el momento.

─De nada. Que te vaya bien.

Y sin más, se fue a emprender su nuevo camino como músico. Kyumbreon al fin podía comunicar lo que había visto.
─Bien que hayáis acabado ese estúpido e indeseable reencuentro. Acabo de ver algo que vuestros ojos no podrán creer.
─¿Ah? ¿Cómo es eso? No será una broma, ¿verdad?
─Si os digo que vi un Flygon llevando una bolsa de cuero añil con el emblema de vuestro clan, ¿me creeríais?

Abrió los ojos como platos. Obviamente él no sabía nada de un Flygon mensajero. Imposible que se lo hubiera inventado.
Se puso las zapatillas para subir a la azotea; sin correr, desde que no quería arriesgarse a reabrir las heridas. Tomó el ascensor y, cuando se abrió la compuerta, vio a aquella libélula del desierto mirando el movimiento de las nubes mientras movía la cola de un lado para otro.

─¿Felamina?

Era la leal compañera de su abuela. Surcó los cielos del oeste justo para dar con ella. Fue una ardua búsqueda de treinta-y-un días, pero al fin la encontró. Y todo gracias al mastodonte que aguardaba por las aguas del muelle.

Lo primero que hizo aquella criatura fue girar su cabeza. Luego fue hacia ella y le acarició con el morro, en muestra de afecto. En su respuesta, la entrenadora la abrazó, agradeciendo que la pudiera volver a ver.

Pero había algo que la consternaba. Si Felamina estaba ahí... podía suponer malas noticias. Mas no era el caso.

Había venido a entregarle una carta. Una que sacó cuando la alegría se frenó.

La letra curtida de su abuela fue reconocida de enseguida.

“A mi querida nieta:

No sé por dónde andarás, pero te mando a Felamina para informarte de que hemos expulsado a estos patanes de la región. Nos ha costado sudor, sangre y lágrimas, pero hemos podido derrocar ese gobierno corrupto. Ahora está en mejores manos.

No te preocupes por la gente. Hemos podido limpiar tu nombre. Puedes volver sin temor.

Esperamos volver a verte.

Eldarya.”

Era un alivio leer aquello. Más que un alivio, era una enorme dicha. Al fin todos estos años de sufrimiento habían acabado. Por fin podían volver a casa. Tomó a Kyumbreon y lo mareó, dando vueltas por la azotea.
─¡Volvemos a casa, Kyu! ¡Podré ver a la yaya otra vez!
─No me digas...─dijo aburrido ante tal obviedad. Gionna no cabía del gozo. Estaba demasiado alegre como para hacer caso de su mal humor. Había logrado más de lo que pensaba: su viejo amigo; una región salvada; amistades nuevas; el regreso a casa... ¿qué más podía pedir?

Nada más llegado el día de alta, fue hacia Villavera para empacar. Tampoco había hecho un enorme desorden como para tener que dejarlo todo ordenado. Más aún, fueron pocas las veces que había estado en esa habitación.

Qué irónico... empezó siendo el camino hacia un rescate y acabó siendo eso y la reconciliación de su mejor amigo. Fue todo un desmadre.

No. Más que eso. Había enfrentado sus miedos y había blandido la espada que le fue otorgada para combatir contra sus propios fantasmas. Había dejado atrás rencores y aprendido a resolver los problemas de otro modo. Hizo justicia con su mano, y había salvado a toda una región. Sus actos compensaron al fin con las mentiras infundadas que los periódicos decían de ella.
Fue una aventura dura; pero los resultados eran gratificantes. ¿Quién lo iba a decir? Sería al fin aclamada por todos. Aunque prefería el anonimato.

Fue a cargar con el peso de sus propias cosas y subirlas a su enorme dragón, no sin antes sacar a Sephard de aquel bosque maldito. Sin embargo, el ruido de las ruedas llamó la atención de Plusle, que rondaba por la base a sus anchas. Sin saber de su inminente ida, le dio una calurosa bienvenida. No pudo resistir a darle una caricia.

La sonrisa del roedor se desvaneció cuando se despidió de ella. Pero prometió que alguna vez vendría de visita.

Aprovechando que Selena estaba descansando en la cama de Helio, escribió una carta de despedida y se subió a lomos de Drini para volver a casa. Muchos fueron testigos de su ida, pues se hizo oír y ver en todos los pueblos. De enseguida, los habitantes reconocieron a la bestia y su jinete. Pero no como la amenazan que suponían.

Ahora la entrenadora que iba en las riendas del destructor sería recordada como aquella cuya mala fortuna la hizo ranger para salvarlos del caos.

FIN


#100
:D Vaya, no me esperaba que Alberto fuera a visitar a Gionna al hospital y, a pesar de que no se quedaron juntos, el final que les diste a la relación entre ellos fue perfecto, ni juntos ni odiándose.

Que Gionna pudiera volver a su casa con su familia le da un toque de alegría al final, después de tantas cosas malas y catástrofes que lo destruyeron todo, algo bueno le tenía que suceder a Gionna en algún momento.

Me gustó la frase final "Ahora la entrenadora que iba en las riendas del destructor sería recordada como aquella cuya mala fortuna la hizo ranger para salvarlos del caos." Es como un resumen de toda la historia.

Creo que tu fic tiene muchas cosas que la hacen emocionantes, enfrentamientos peligrosos como cuando se enfrentaron a Regirock o liberaron a Entei sin saberlo, los misterios que quedaban en cada capítulo como inesperada aparición de Deoxys y su eventual unión a los go rock por cuenta propia. Esos momentos en que los personajes debían decidir si hacer lo que nunca habrían pensado hacer como cuando Kyu debió dejar a Gionna para salvarse o cuando ésta última le ordenó a Kyu matar a Deoxys, esos quiebres de personajes que siempre son necesarios. Sin olvidar la revelaciones sobre el pasado de Gionna, las que liberaste de a poco.

Esta es la segunda vez que termino de leer un fic hasta el final (el otro fue el de Killa en este mismo foro) y hace que me den más ganas de terminar el mío algún día.

Bueno, espero pronto leer otro fic tuyo, no sé cuándo tendré tiempo para leer Fugitivos del cataclismo, puesto que estoy recién empezando el semestre y se me vienen un montón de pruebas y trabajos que arruinarán mi salud mental. Quizás llegue a leerlo en vacaciones, por allá por diciembre, aunque no prometo nada.

Ciao.


Lean mi fic: La Historia de Jack Evans
Soy Elven king
(Por si alguien no me reconoce)