PFFTBWAJOJOJOJAJAJAJAUAJAUAJUAAJAUANJFANGJANGJKGNGALJGA.
Nope! ¡Aún no! O puede que en el siguiente lo aclare... hmmmm... nah, creo que hasta el 38 no va a haber mucho acerca de ello.
Anyhoo... el siguiente viene el gran fiasco, así que pueeeede que tarde un poco. Ya saben, entre trabajos, y proyectos, Y QUE NO HE ESCRITO AÚN EL CAP 17 DE FDC GODDAMMIT [?] va a costar un poco.
Me da que se va a notar un poquito el palo que ya me daba continuar este fanfic... aún me sigue dando [?]. Pero bueno, no sé por qué me motiva corregir más este fanfic ahora que no seguir con los "casi originales". Supongo que aún le tendré cariño a este fanfic.
Well. Publico ya, que ya estoy dejando de lado mis deberes :V
Spoiler
El edificio aparentaba estar aún en letargo. No había nada que indicara de su actividad; ninguna columna ascendiente de humo negro ni aspas que giraran... claro que, desde el punto por donde estaban situados, el ingeniero, la entrenadora y el umbreon no podían divisar ni la entrada al edificio con esa puerta metálica bloqueándoles el paso. Y tampoco es que emplearan leña o carbón para hacer funcionar la maquinaria. En realidad, no había nada que indicara que la fábrica siguiera operativa desde la lejanía. La única evidencia era la pantalla incrustada en el muro que impedía que los intrusos entraran.
Gionna intentó abrir la puerta, tratando de correrla tirando de los mangos; pero sus esfuerzos fueron vanos. Aún así, y con Kyumbreon implorando que parara, insistía. Estaba cerrada a cal y canto. Gobios estuvo más atento a las teclas del muro. Antes de que su guardaespaldas fuera directa a abrir la puerta, ya sabía lo que necesitaba.
─¡Para, para, para, que no lo vas a abrir! Necesitamos una contraseña.
─¿Una contraseña...verbal?─ No avistó la pequeña pantalla estrecha acompañada de las teclas enumeradas. Gionna no entendía para qué necesitaban una contraseña. De pronto vio la pequeña pantalla. ─Oh, vaya, seré idiota...
─No pasa nada. ¡Échate a un lado y admira el poder de mi inteligencia!
No le hacían falta apartarse, pues no estaban delante del pequeño ordenador. Gobios se acercó a la pantalla y pensó en voz alta con tal de demostrar su alto coeficiente intelectual.
Razonó. Solo necesitaba dos números.
Dos.
El nombre de la banda lo componía dos palabras.
Una de las dos palabras tiene dos letras.
Y esas letras tienen semejanza con dos números.
G-O.
Seis-cero.
Su arrugado dedo pulsó aquellos dígitos mientras decía que debería de funcionar. Al acabar, las puertas se abrieron lentamente.
─Nunca pensé que sería tan fácil…─dijo el anciano con cierta sorpresa.─, en fin, entremos.
Pasaron por la abertura de aquel muro de hormigón. Fueron por la primera entrada que vieron. Era automática, hecha de dos cristales, pero al parecer no funcionaba. No había tecla alguna para insertar un código, al contrario que el portón principal.
─La puerta automática no responde.─ Dijo Gobios al ponerse enfrente.
─¿No responde, dice vos? Tendrá que sucumbir a mis poderes. Le recomiendo que se aleje.
Las tiras de pelaje de Kyumbreon ondeaban hacia arriba, preparando un choque psíquico para quebrar las ventanas. Pero Gobios interrumpió el ataque.
─¡No! ¡¿Qué haces, insensato?! ¡Vas a llamar la atención!
─Por favor, profesor... ¿Creeís que habremos pasado desapercibidos abriendo las compuertas? Más dará si quebramos cristales, porque ya sabrán que estamos aquí.
─No, no. No tienen cámaras en la entrada.─rectificó Gobios.
─Además, no sois quién para darme órdenes. Voy a derribar esta puerta, aquí y ahora, guste o no.
─Kyu, para, no.─ordenó su entrenadora. ─, Gobios tiene razón. Llamaremos mucho la atención si rompes la puerta.
─¿Acaso sabe alguna otra entrada?
─No, Kyu, no me sé ninguna entrada más. Pero tampoco sé si no hay. ¡Vaya, no sabemos nada de este lugar! Hay que mirar primero.
─Pero será tedioso, aburrido y un proceso muy lento. Mejor destruir la puerta, ¿no le parece, mi señora?─ Intentó persuadir Kyumbreon con las palabras que menos le gustaba. Esperaba su resignación; mas en vez de eso, se quedó callada, mirándolo con frialdad. Luego sacó su pequeña prisión del bolsillo. Lo hizo grande pulsando el botón central, y apuntó el centro de la bola a Kyumbreon.
─Vuelve a tu pokéball, Kyu. Estás loco.
La pelota lanzó un rayo rojo que dio al felino y lo absorbió.
─Siento si le molesta que trate así a mis compañeros...
─No, no me hace nada. Hiciste bien. ¿Eres entrenadora?
─Sí, así es.
─Pero si eres entrenadora, ¿qué haces en la unión?
─El jefe del pueblo de al lado me la ha jugado. Y no me considero ser parte de esa unión de la que tanto habláis. Al fin y al cabo, no suelo emplear los mismos métodos.─dijo. ─Pero bueno. Ya que estoy aquí voy ayudando.
─Ya veo... pues muy bien, seas quien seas, no querrás ser ranger y tendrás pokéballs, ¡pero mientras esté yo, acatarás nuestro reglamento! ¿Entendido?
Eso fue muy raro. Que alguien le pida seguir unas normas de las cuales no estaba muy de acuerdo. ¿Llevar a un pokémon acompañante? ¿Con un límite de siete más? ¿¡Liberarlos después de usarlos!? ¡No! ¿¡Cómo!?
─¡Pero bueno! ¡¿Ahora?! ¡¿En medio de una misión de infiltración!?
─Por favor, solo quiero evaluarte. Ya te diré cuando hagas algo mal.
Esas órdenes le vinieron como un cubo de agua fría cayendo desde el borde de la puerta. Y para colmo sus intenciones no le quedaron muy claras. ¿Evaluarla para qué? ¿No se suponía que ya estaba dentro de esa tan mencionada unión? Quizá Julio se opuso a su ingreso después de que Kyumbreon le contara lo que le hizo Alejandro. O simplemente quería ver como se desenvolvía con la máquina de marras. O quería hacer esa mencionada prueba de acceso que los aspirantes debían de hacer, ¿podría ser?
De igual modo, tenía que centrarse y hallar la entrada alterna. Realizar este paso para acceder a la fábrica no les costó nada. Tan solo fueron a la derecha para encontrarse una cornisa de hierro algo roñoso. Directamente, Gionna se agachó para levantarla y hacerla chirriar. Por cortesía, dejó pasar a Gobios primero. Después se quedó atrás, a falta de seguridad.
Dentro del almacén por donde acababan de acceder habían grandes cajas metálicas, pero sin ningún producto pendiente de importación en el interior; eran solo meros obstáculos plateados que ocupaban espacio molestamente. Al lado de estas cajas, estaba un puente formado únicamente por vigas y alambre grueso, por donde celaba, con su mirada, un canino atigrado. Pero tan acostumbrado estaba a ver a gente entrar y salir que ya no se empeñaba en defender la parte inferior de su territorio con sus ascuas.
Había un solo camino para poder subir las escaleras; no obstante, estaba bloqueadas por unos tablones mal clavados, pero igual difíciles de retirar por estar muy astillados. Era una oportunidad de oro para que Gobios pudiera saber si Gionna tiene alguna noción sobre “eliminar obstáculos”, o lo que es lo mismo; emplear el potencial de los pokémon del entorno para abrirse paso.
Desafortunadamente para su curiosidad, ella se decantó más por elegir a su leal amiga Lombre como compañera para que liquidara a esa maldita “mala estructura del demonio” propinando furiosos zarpazos que acabaron con la madera podrida.
─¡No, no, no, no, no! ¿¡Qué haces!? ¡Tenías que salir y buscar a un pokémon con el movimiento campo corte! ¿¡Por qué has utilizado a uno de tus pokémon para eliminar el obstáculo!?
─En mi defensa… diré que es mi acompañante principal.
─¡Ah, no, basta de usar tus propias pokéayudas! ¡Desde ahora nada de utilizar a tus pokémon! Sí, que pueden salir fuera, ¡pero eliminar obstáculos ni lo sueñes!
─¿¡Qué!? ¿¡Y entonces qué hago cuando me encuentre un obstáculo como este!?
─¡Capturando un pokémon salvaje! ¿¡Acaso no has capturado tú nunca!?
Gionna empezó a mirar si su limitada reserva de pokéballs vacías era la adecuada. Pensó que la estaba retando a perseguir la misma meta que aquel entusiasta enclenque de que tanto había oído hablar.
─¡No, con el capturador! Válgame Arceus, cómo va esta juventud…
─Ah, ya me parecía raro a mí.
Lol empezó a tener manía al hombre de pelo canoso. Estaba obligando expresamente a que use la máquina revienta-manos que la salvó de la influencia de otra máquina lava-cerebros.
─¿¡A qué esperas!? ¡Vamos, vamos, vamos, sube esas escaleras, venga!
─¡Joder, ya voy, dita sea!
Después de que Gobios diera un apuro, subieron las escaleras. Habían pasado de estar en un suelo alambrado por uno blindado en acero verde. Un recluta envidioso los esperaba para expulsarlos, mostrando su desprecio.
─¡Ah, Rangers!─exclamó mientras enviaba sus Voltorbs para atacar. Gobios se alarmó cuando rodaron hacia ellos, dispuestos a sacrificar sus cuerpos por ellos.
─¡Oh, venga, saca tu capturador, vamosvamosvamos!
Pero para cuando Gionna quiso sacar aquel instrumento de su mochila florida, Lol ya se encargó de dejar fuera de combate a esas bombas. El recluta no tuvo otra que huir despavorido.
─¡Demasiado lenta! ¿¡No tienes un cinturón para poner el capturador!?
─No… no tengo.─contestó como si nada.
─¡Y encima ha atacado sin que le dieras órdenes! ¿¡Pero cómo has entrenado a tu lombre!?
─Hombre, debilitando a pokémon de otras personas y a veces salvajes, ¿no es así como se entrena un pokémon?
─¡No, no, no! ¿¡Pero qué has hecho para que actuara por su cuenta!?
─¡Ah, eso! Pues simplemente actuó por instinto. No voy dando órdenes siempre.
Entonces se dio cuenta de por donde iba los tiros.
─No estarás pensando que los entreno para matar, ¿verdad?
Su bigote no hizo ningún movimiento.
─No sé tú, pero a mí no me parece bien que mis pokémon esperen siempre a mis órdenes. Si Lol quiso protegerme de esos Voltorb, bueno, ¿qué se le va a hacer?
─¡Pero se supone que tenías que tenías que capturarlos, CAP-TU-RAR-LOS, no derrotarlos!
─¡Que sí, que sí, pero que no me ha dejado! ¡¿No tenías prisa, tú!?
Ahí le había dado. Era mejor no entretenerse más.
Salieron al exterior de la fábrica un momento, pisando un puente de alambre y vigas sustentado por cajas de madera. A sus espaldas, podía verse más claramente el techo de fibra de amianto del almacén. Desde arriba se podía ver a aquellos cuatro hermanos que osaron tenderle una trampa.
Pero estaban tan absortos con sus ensayos que no se percataron de la presencia de los intrusos.
Gobios no sabía quienes eran; según los informes, eran cuatro personas quienes tenían el liderazgo, pero no había ninguna referencia visual ni descripción de su aspecto.
─¿Y estos quiénes son?
─¿No sabes quiénes son?
─No.
─¿Pero tú no eras un alto cargo o algo similar?
─¡Solo soy profesor! ¡Aquí los informes no me llegan a tiempo!
─Arceus mío, ¿es en serio?
─¡Sí!
─¡Pero no chilles, no querrás que nos vean! ¿O sí?
─¡Qué nos van a oír, si están afinando!
─Oye. Estos cuatro son los Hermanos Go-Rock. Son los jefes de la banda. Si nos ven, vamos a estar perdi...
Como si los hubieran oído, Alberto miró hacia arriba para ver que eran esas voces chillonas. Después de ver a Gionna, dio una amplia sonrisa y saludó con la mano.
Algo que ella no pudo hacer nada salvo darle una mueca de asco.
─Como sea. Vámonos de aquí antes de que empiecen a hacer ruido.
En cuanto empezaron a tocar, los tres fueron prestos a la entrada de la factoría. Pero al parecer, los cristales de esa destartalada factoría eran demasiado delgadas como para apaciguar los rugidos de la guitarra y el bajo; un ruido al cual el anciano despreciaba con toda su alma. Afortunadamente pudieron ver una entrada acorazada con una consistente plancha de hierro. No dudaron en entrar ni un segundo.
El parche metálico que hacía de felpudo tenía pintadas rayas amarillas y negras en el suelo, y una pequeña ventana que no se molestaron en ver. Al menos en esa sala la horrenda música de los hermanos Go-Rock no tenía cabida. Gionna suspiró de alivio.
─Menos mal que había esta puerta, ¿eh?
O más bien sería desgracia, pues se podía apreciar el constante retumbar de un motor.
─¿¡Pero qué hay ahí que hace tanto ruido!?
─¿Que qué es? ¿¡Por qué no miras enfrente!? ¡Menuda barbaridad!
No entendía lo que era tan barbárico. Solo veía un trozo de maquinaria tembleque y una jaula de barrotes.
Ya habían encontrado un generador. Gobios estaba dispuesto a inutilizarlo, mas la máquina no producía ningún tipo de electricidad, sino que distribuía. El verdadero generador estaba en esa caja , encerrado y suplicando por ayuda. Un roedor amarillo con mofletes rojos y una cola con forma de rayo no podía dejar de electrificar esos barrotes.
─¿¡Pero cómo pueden ser tan crueles!?─exclamó indignado el anciano. ─, usan la electricidad de este pikachu para la fábrica. La única forma de parar este generador es rescatar a este pobre pikachu.
─Um... creo que esto no es un gene-
─¡Haz algo para acabar con su sufrimiento!
─¡Vale, vale, deja que piense!
Evidentemente, mandar a Lol a que usara hidrobomba al distribuidor no resultaría, y usar a otro pokémon que lo destrozara directamente resultaría peligroso. Ninguno de sus pokémon le podían ayudar esta vez. Realmente había que capturar a un pokémon salvaje para liberar al pikachu de aquellas ataduras con forma de finas varas de aluminio. Además, con aquel anciano cascarrabias, no podría usarlos sin llevarse una de sus reprobaciones. Tenía que buscar.
Había otra puerta delante suyo. Quizá ahí podrían encontrar algo.
Entraron en la sala de montaje, por donde las cintas transportaban los aparatos al descubierto y cubiertos y los mr.mime jugaban a ser mimos con sus manos.
Eran los candidatos perfectos. Los Mr.Mime eran conocidos por su capacidad de crear barreras; pero sus dotes ofensivas eran suficientes como para levantar cien kilogramos de peso.
Pero justo cuando iba a capturar a uno de esos magos gestuales, Gobios interrumpió.
─¡No, no, no! ¡Ellos no tienen un movimiento de campo útil! ¡Tiene que ser un pokémon que pueda cortar!
─Discrepo. Las barras reciben la electricidad de Pikachu. Si usamos algún pokémon con corte, podría resultar herido en el proceso.
─¿¡Y tú crees que un Mr.Mime podría deshacerse de esas barras!?
─¡Vaya que sí! ¡Si tienen la suficiente fuerza como para levantar una persona podrán moldear esos barrotes!
─Oh, muy bien, ¡pues adelante, captúralo, a ver si puedes, novata!
Y así lo hizo. Trató de capturar a ese Mr.Mime con ese capturador. Lanzó la peonza a su alrededor mientras este iba caminando despreocupadamente por la sala. Parecía que no era consciente de su situación. Estaría capturado de enseguida.
¡Mentira!
El disco chocó con algo invisible que no era aire. No sabía muy bien qué era. ¿Una barrera? Podría ser. De todos modos parecía frágil, pues no le costó nada seguir su trayecto.
Otro choque y otra descarga. Al señor taumaturgo le encantaba hacer barreras que no se veían a simple luz. Y aunque sabía qué era lo que estaba pasando, no pudo evitar mascullar al ver las veces que se chocaba cada dos por tres con esa barrera.
─¿Pero qué cojo…?
Siguió intentando rodear a ese travieso ser. Pudo hacer varias vueltas a su alrededor en varias ocasiones; pero hubo veces que no se pudo acercar por culpa de esas asquerosas barreras. El hombre menudo de cara sonrosada le estaba dando una risa tonta al ver que Gionna no podía ni acercarse a él gracias a sus translúcidos cristales. En cuanto a ella estaba perdiendo la paciencia. Su capturador se estaba sobrecargando de forma alarmante. Parecía que era uno de esos momentos que era mejor retirarse.
─Vale. Tienes razón. No merece la pena capturar ese Mr.Mime. Vamos a buscar un pokémon para que se electrocute a sí mismo.
─¡Al fin!─exclamó Gobios, quien ya se estaba impacientando. El Mr.Mime los despidió con sus dedos y con una sonrisa burlona dibujada en su cara.
Fueron por otra puerta por donde se encontraron con otro puente alambrado. Esperaba que no hubiera otro enemigo que pudiera usar Reflejo todo el rato y pudiera al menos capturar en cadena por primera vez.
Pero en frente de ellos, se encontraron con más problemas. Un recluta y otros dos amigos psíquicos para jugar. Si con uno bastó para impacientar, dos más le sacaban de quicio completamente.
─Oh, no. ¡Oh, no, no, no! ¡¿Sabes que te digo?! ¡A la mierda! ¡No pienso dejar que me jodan la mano con sus barreras! ¡Lol!
─¡Ni se te ocurra!─exclamó Gobios; sin embargo, Gionna hizo caso omiso a sus gritos y ordenó al Lombre que usara Hidrobomba. Uno no pudo preparar sus murallas y cayó al piso inferior por la fuerte presión que generaba el chorro de agua. El otro se protegió a tiempo con una pantalla luz. Luego la lombre escupió la semilla parásita, de la cual este esquivó, no sin después colocarse al borde del puente para luego Lol le tirara con su compañero con sus propias zarpas.
El recluta estaba temblando. No podía creer lo que esta ranger acabó de hacer. Tirar a dos de sus pokémon en el piso… ¡y aún con su superior pidiendo que no lo haga! Eso no era algo que de la Unión Ranger permitiera hacer. Aún así no aceptaba que fuera derrotado de esta forma.
─¡Eeeeh… me da igual que hayáis tirado a mís Mr.Mime! ¡No os dejaré pasar de aquí!
─¿Quieres que te tire a ti también?─preguntó en respuesta a su testarudez. El recluta se quedó helado por un momento, y sin pronunciar palabra, se apartó de la puerta y los dejó pasar.
─Te has pasado tres pueblos, hija.─dijo Gobios acto seguido.
─Chitón. No quiero oír a nadie ahora.─respondió.
Prosiguieron hasta la sala de ordenadores, por donde habían montón de servidores y hypnos andantes. Más psíquicos a los cuales pillar. Pero la idea de enfrentarse a sus péndulos no le gustaba en absoluto, así que Gionna prefirió subir a las escaleras que conducían a la azotea. Al aire libre, se podía ver a los wingull del mar planeando sobre el edificio, y un insecto marrón de grandes tenazas intentaba cazarlas.
Justo lo que necesitaban.
─¡Ah, un pinsir! ¡Será idóneo para cortar esos barrotes! ¡Venga, captúralo, vamos!
Esta vez no tenía ninguna razón para estar en desacuerdo con él. Sabía que este ser invertebrado tenía la fuerza suficiente para partirlas, aunque aún le preocupaba el hecho de que fuera electrocutado después de usarlo. Sacó el capturador y lo encendió. Entonces apuntó al escarabajo, indiferente ante los riesgos.
Pero no pudo soltar el disco antes de que su lombre le atestara unos golpes y le facilitara las cosas. Así no había forma de que ella pudiera demostrar su real potencial.
─¿¡Podrías decirle a tu Lombre que deje de interferir en tus capturas!?─preguntó.
─No. No es lo que ella quiere. Además, así me ayuda.
Lol hizo un gesto de aprobación.
─Me temo que voy a tener que suspenderte por esto.
─¿Y podré irme de aquí? Me parece bien.
─¡NO! ¡Solo diré a Alejandro que no eres apta para esto! Entonces él decidirá.
─Ah. Bueno. ¿No estamos perdiendo tiempo con esto?
Gobios pensó un momento. Luego afirmó.
─Sí… volvamos a ese sitio, anda.
Tras bajar dos pisos más de lo debido, subir uno y cruzar de nuevo las mismas salas, destrozaron la prisión del pikachu con las tenazas de pinsir. Sin más dilación, cuando los trozos de los barrotes tintinearon contra el suelo, el ratón escapó de esa pesadilla. Seguidamente, la sala quedó en la penumbra, con tan solo los fluorescentes de emergencia quedaron encendidos. No iluminaban mucho, sin embargo.
Gobios veía que el pinsir no abandonaba el grupo; algo que esperaba de parte de un pokémon atrapado por aquel capturador. Pero tenía que cumplir la normativa, así que le dijo a Gionna que lo liberara.
─Pero seguramente haya más distribuidores... ¿no ve las luces?
─¡Da igual, son las normas! Ya lo volverás a capturar, tranquila.
─¿Quiere que tome más molestias de lo necesario? Porque me niego.
─¡Hazlo!
─No.
─Vamos...
Dio un suspiro. De nuevo tenía ese dilema. ¿Ser o no ser como ellos? ¿Complacer su anhelo de ver cómo adoptaba ese trabajo o seguir con sus propios métodos? Estaba casi claro.
─¿Y usted recuerda que le dije que me la jugaron? Yo no quería ser ranger. Ni sigo queriendo ser completamente, la verdad, con todas esas estúpidas normas que tienen...
─¡Pero por ahora tienes el uniforme!
─¡El uniforme no significa nada para mí! Solo es una prenda de ropa más. Además, usted mismo dijo que era entrenadora, no ranger. Pero bueno, el caso es dar el apagón a este recinto, ¿no? Pues ya está. Da igual que lo haga así o asá.
─Francamente, eres muy testaruda, hija. ¿Por qué te mandaría a ti?
─Meh, igual quise asumir yo el cargo. Porque no había nadie más; por eso.─aclaró.─Bueno, ¿vamos a por los otros generadores o qué?
─Sí, claro.
Pasaron varias horas mientras buscaban más insectos para romper jaulas y liberar ratas por toda la fábrica. Y mientras tanto, Alberto ignoraba cómo ella empleaba sus particulares métodos con sus súbditos. Sus hermanos lo dejaron al cargo de la fábrica. En ese día le tocaba estar de guardia, supervisar la producción, y, evidentemente, que ningún intruso asomara las narices en el interior de la fábrica.
Pero él prefería practicar con el bajo antes que mirar las pantallas de las cámaras. Su pasión por la música y su afán de conquistar al amor de su vida le incitaba a dejar de lado al deber. Ya entraron varios reclutas anunciando que un par de energúmenos acompañados de un lombre estaban saboteando el sistema eléctrico de la factoría, pero este ignoraba aquellos avisos. Mientras iba tocando notas graves con su instrumento, las máquinas se paraban y los espectros venenosos despertaban más pronto de lo usual. Algunos estaban crispados por la incompetencia de su superior; otros, atemorizados por la presencia de los gastly.
Ya que los peones se iban acumulando en la sala de seguridad quejándose se su ineptitud, se dispuso a mirar las pantallas. De las quince que habían, solo cinco estaban operativas. En la tercera sala de máquinas, habían los dos personajes que estaban causando discordia por el recinto que ellos ocupaban ilegalmente.
Y ahí estaba. Señalando con el dedo para que el Scyther diera un tajo limpio a la jaula y liberara al martirizado Raichu. Luego de que la mantis ejecutara su orden, el cuarto se quedó completamente a oscuras. Al menos había cerca una linterna en caso de apagón. Pese a saber que iba acompañada por un lombre, no se imaginaba que esa saboteadora fuera ella. ¿Por qué era tan mala con él? ¿Tanto le importaba unos cuántas criaturas que ni siquiera sabían cuánto era dos más dos? De seguro que era capaz de hacerle daño… pero aún así, quería verla. Sin heridas. Para que no diga que era un villano completamente.
─Escúchenme todos; quiero a esa ranger aquí ilesa, ¿sí? Con el anciano haced lo queráis. Y avisad a los otros; no quiero que salgan de aquí.
Los reclutas cumplieron sus órdenes sin rechistar. Eran un buen número, y podían hacerles frente; algunos camaradas aún tenían a sus subordinados listos para lo que fuera. Iban más que preparados.
Corrían hacia la puerta principal, a la vez que otro pequeño grupo se situaba para el acecho. Iban a salir de la fábrica victoriosos hasta que se pusieron frente la puerta de cristal. Los intrusos no pudieron.
─¡De aquí no vais a salir, malditos saboteadores!
─Vaya, hombre... ahora que habíamos terminado...─ Decía molesta la entrenadora.
─Son muchos. ¿Seguro que podrás con todos ellos?
De nuevo, ese amargo recuerdo que le arrebató la infancia. Estaba en las mismas que aquel día, antes del exilio. Más agotada estaba, pues en ese día corrió por más tiempo para salir del colegio tomado por aquellos fanáticos. Su lombre estaba también a su lado, crecida completamente.
Los del Equipo Aqua iban a por ella por negar su dogma. Ellos porque les han cortado la electricidad. La historia se repetía una vez más. Pero quizá volvería a repetirse también aquella aparición divina en forma de dragón blanco de coraza roja. O quizá no hiciera falta; tenía a su lado dos insectos y el mismo carnero que le atacó el primer día.
Ya no era la misma cría de hace cuatro años. Había cambiado considerablemente. Podía hacer frente a cualquier tormenta que se le pusiera, aunque sus alianzas fueran bien cortas. Ya no necesitaba de milagros para hacer frente las adversidades.
─¡A por la chica, vamos!─ Ordenó un recluta rubio de vestimenta militar. Un crobat y un ariados se lanzaron a por ella, pero Lol y los otros escoltas la protegieron de las agresiones con sus ataques acuáticos mientras ella estaba determinada por abrirse camino entre la muchedumbre.
Pero algo ocurrió. Aunque estaba dispuesta también a hacer unas cuantas capturas más, uno de aquellos indomables la agarró sin previo aviso con fuerza. Gionna actuó de enseguida, forcejeando y chillando:
─¡Suéltenme, cabrones! ¡Estoy DETERMINADA!
─¡Ni de coña, querida!─decía su opresor mientras trataba de aguantar sus coces.─Joder, pues sí que tiene determinación esta tontaina… ¡que alguien me de algo para calmarla!
─¡Roger, idiota!─ Contestó otro, sin algún respeto por su igual.
Mientras Gobios estaba ocupado mirando como Lol apartaba a los pokémon enemigos con agua, zarpas y zarzas, un gastly se mostró súbitamente enfrente de Gionna. Su repentina aparición le provocó un susto que impidió que evitara mirar sus ojos, de los cuales resplandecían de color rojizo. Una vez vistos ya no podía apartar la mirada de aquel brillo. Progresivamente se adormecía, hasta que no tuvo más remedio que rendirse y caer en las garras de Morfeo. El recluta no podía hacer nada más salvo reír victorioso.
─Ya está... ¡Ya está, la tengo! ¡Nos piramos, tíos!
El grupo se dispusieron a traer a la chica a la morada de su jefe con paso presto junto a sus pokémon. Lol quería seguirlos, pero estaba demasiado cansada como para perseguirla y enfrentarse a esos guardias. Los otros, al distanciarse del capturador, no supieron qué hacer y volvieron a sus puestos. Gobios tampoco estaba para correr y alcanzarles debido a su avanzada edad.
─Rayos… son demasiado rápidos.─decía mientras trataba de sustentarse con su bastón. ─Pero no puedo dejar que otra persona esté a manos de esos… esos… maleducados. ¡Tú!─señaló al Lombre con su bastón. ─Es tu entrenadora, ¿¡verdad!? ¡Haz algo!
¡Cómo si pudiera hacer algo! Se sentía derrotada por no poder protegerla. Si ella cargara con su mochila, tal vez podría hacer algo. Para su desgracia, esa mochila se fue junto a las espaldas de su entrenadora.
¿Quizá fuera la última vez que la viera? Ojalá no fuera así.
Mas sus penas no le impidieron ver un pequeño destello rojo proporcionado por la luz que entraba por las ventanas. La pokéball de Kyumbreon cayó de su bolsillo sin que nadie se diera cuenta por las bruscas sacudidas que ella daba.
¡Sí! ¡El podrá encontrarla de enseguida! ¡Aún tenían una oportunidad!
Ella fue corriendo hacia la pequeña canica antes de que Gobios se diera cuenta haciendo un esfuerzo por mantenerse de pie. Lo tomó con una de sus garras.
─Ha ocurrido una calamidad, ¿no es así? Escuché sus ahogados suplicios desde esta triste celda, y momentos después de salir de la oscuridad del textil, un repentino silencio. ¿Acaso habrá desaparecido?─ Le preguntaba a Lol telepáticamente desde el interior. Respondió con unas pequeñas sacudidas de su cabeza.
─¡Sácame! ¡Tenemos que encontrarla, rápido!