Bueh. Iba a editar el capitulo 12, pero visto que hay quienes editaron sus episodios y le riñeron por ello... mejor no lo vuelvo a hacer y me guardo las correcciones para otros sitios. Sorry, guys.
En fin. Este capítulo ha costado un montón porque prácticamente lo he tenido que reescribir todo. No me gustaba NADA su contenido. Era un relleno asqueroso. Ahora hice que tuviera algo más de sentido, con menos relleno. Y el 14 probablemente tenga que reescribir la mitad. Pero más o menos ya sé por donde encaminarlo.
Y el quince... es el mayor reto. No todo está mal, pero... había un relleno asqueroso. No se preocupen, que ya lo he quitado [?].
Bueno, gracias por indicar errores, de todos modos. Ahora os mencionaré y pondré el capítulo 13 que me ha costado tanto hacer. Espero no haber cometido tantos tropiezos ahora. Disfruten.
@Rakhan @Thranduil
En fin. Este capítulo ha costado un montón porque prácticamente lo he tenido que reescribir todo. No me gustaba NADA su contenido. Era un relleno asqueroso. Ahora hice que tuviera algo más de sentido, con menos relleno. Y el 14 probablemente tenga que reescribir la mitad. Pero más o menos ya sé por donde encaminarlo.
Y el quince... es el mayor reto. No todo está mal, pero... había un relleno asqueroso. No se preocupen, que ya lo he quitado [?].
Bueno, gracias por indicar errores, de todos modos. Ahora os mencionaré y pondré el capítulo 13 que me ha costado tanto hacer. Espero no haber cometido tantos tropiezos ahora. Disfruten.
Capitulo 13
Spoiler
Nada más que Alejandro llegara, tuvieron que socorrer ipso-facto al pequeño cuervo. Tenían que detener el sangrado de aquella herida, así que Gionna tuvo que vendarle el ala afectada. Trasladaron rápido al pájaro a la base de Villavera para darle un tratamiento adecuado. No obstante, el botiquín andaba escaso de antisépticos, por lo que tenían que conformarse con los primeros auxilios básicos.
Era un desastre. Los rangers padecían por el ave. Temían que su herida pudiera infectarse. Lo
─Bueno... parece que tendremos que vigilar que la herida no se infecte.─ Setenció Alejandro.
─¿Eh? ¿Tan mal está?─ Preguntó preocupada.
─Bueno, es tratable, pero nos falta material médico.
─¿No hay ningún Centro Pokémon cerca? ¿Ni en Otonia?
─¿¡Estás de coña!? La maquinaria de los centros solo puede tratar a los pokémon si están encapsulados como los tuyos. Aquí no hay nadie que encierre nuestros queridos amigos en... pelotas.─ Contestó Helio a su pregunta.
─Bueno, bueno, no te sulfures Pelozuli, ya me quedó claro.─ Intentó tranquilizarle. Entonces, de improvisto, Kyumbreon ofreció una posible solución.
─Habláis de artilugios humanos viles y antinaturales, y sin embargo aún existen el poder curativo de las bayas. Necios.
Entonces la joven dio un respingo. Había recordado algo. Se sacó la mochila y hurgó en sus interiores para entonces sacar un fruto azulado de piel robusta.
─Ten. Esto te hará sentir mejor.
Se la tendió al cuervo, que no hacía más que padecer y escuchar. Este empezó a tomarlo con una de sus patas para luego usar sus garras y pico. Retiró la piel parcialmente y fue destrozándolo a picotazos por tal de llevar la sabrosa carne a su buche. Con ello había cicatrizado una ínfima parte de la herida, además de haber actuado como analgésico. Este graznó agradecido por aquel pequeño gesto.
─Ahora estás mejor, ¿verdad que sí?─ Con una gentil sonrisa en su cara, puso su mano entre el plumaje de la cabeza, revolviéndolo un poco. Un gesto que el murkrow no repudió.
─Caray. No esperaba que irías a tratar tan bien a ese murkrow.─ Dijo Helio.
─¿Qué te pensabas? ¿Que era una desalmada? ¡Por favor! ¿Tenéis más bayas? Que sean Zidra o Aranja, al ser posible.
─Creo que Ignacio tenía un buen puñado de ellas. ¿Podrías comprobarlo por mí, Helio?
─Claro, ahora mismo.
Entonces, el ranger se fue por el ascensor en búsqueda de bayas.
─Y... Gionna...
─¿Sí?
─¿Hay algo que tengas que decirme sobre tu travesía en el bosque?
Había llegado el momento incómodo. Era el momento de informarle y presentar sus quejas al jefe de Villavera.
─De hecho tengo quejas al respecto. ¡Me has mandado a rescatar a uno de vuestros enemigos, maldito!
─Espera, ¿qué?
─Lo que oyes. El perdido era uno de los administrativos del Go-Rock.
─Y la manoseó, encima.─ Añadió Kyumbreon.
─E hirió a ese pequeño, que por cierto, nos iba a conducir de camino a la salida. Aunque no lo hizo con intención de atraparnos, igual.
─Estaba realmente perdido. De situación y de amor.─ Habló de nuevo el chacal.
─¿Pero qué has estado haciendo con él en el bosque?─ Preguntó Alejandro con el entrecejo arrugado.
─¡A quién le importa! De todos modos, esto no habría pasado si no me hubieras mandado en ese maldito bosque. Además... quizá te interese saber una cosa al respecto.
─¿Y es...?─ Ya estaba cruzando de brazos. Empezaba a pensar que le había sonsacado información usando sucias artimañas.
─Resulta... que el capturador que me diste es “especial”, por así decirlo. Supongo que Helio te contó que no pudo capturar al pokémon de David en la cueva, ¿cierto?
─Sí...
─Bien, pues yo pude capturar a su scyther. Y no es la primera vez que puedo atrapar a un pokémon de los peces gordos, a decir verdad. No sé si Julio te lo ha contado, pero antes había atrapado a un weezing capturado por sus instrumentos... después de inmovilizar a ese monstruo, claro.
Estaba sorprendido. Era una novata, y ya había derrotado a dos jefes del equipo Go-Rock, justo cuando ninguno más podía atraparlos. Cada vez estaba más convencido de que era ella quien contenía el milagro de la salvación, más que el artilugio que usaba.
Era el momento. Estaba preparada para dar el siguiente paso de su cometido.
─Pensé que aún necesitarías aún algo de preparación. Pero... vistas las circunstancias...
─¿A qué te refieres?
─Verás... hay algo que tienes que hacer. No he querido pedírtelo hasta ahora, pero... veo que ahora estás lista para ello.
─¿Lista para qué?
─Seré franco. Aquí en Villavera andamos algo bajos en personal, y apenas hay personas capacitadas para ejercer trabajos peligrosos. Y recientemente hemos perdido a una de las mejores que teníamos.
─Mi más sincero pésame.─ Contestó con sarcasmo.
─No, no, no está muerta. Bueno, realmente no lo sabemos. Solo sabemos que Plusle se presentó en la base de Villaestío arrastrando el capturador. Creemos que se ha perdido en la selva.
─Y déjame adivinar... quieres que vaya allí a comprobar si encuentro algún rastro de ella, ¿cierto?
─Sí. Justo en el clavo.
Pensó por un momento. No sabía si era buena idea ofrecer su ayuda. Aquel último encuentro fue demasiado para ella. No quería involucrarse más en sus conflictos si tenía que verse con esos canallas de nuevo. Pero una cosa estaba clara. Si la hallara, puede que se librara al fin de aquellas ataduras. Tal vez sería el ultimo esfuerzo que tuviera que hacer. Debía de preguntar.
─¿Y si la encuentro, podré marcharme de aquí?
─Claro. Para entonces habrás cumplido con tu propósito. Pero no entiendo por qué tienes tantas ganas de irte de Floresta. ¿No te resulta gratificante ayudar a la gente y a los pokémon?
─Si me fuerzan las cosas nada me resulta gratificante.
─¡Pero tienes talento para esto! Nadie ha podido vencer a dos ejecutivos en tan poco tiempo.
─¿En serio creéis que fue por mera cuestión de maña? ¡Despierte de su sueño, ignorante! Si ha podido plantarles cara fue gracias a nosotros, no a su vil hipnotizador. Su pulso ni siquiera es firme.─ Argumentó el umbreon.
Alejandro iba a insistir sobre la exagerada virtud que se había creado para Gionna; sin embargo, Helio interrumpió con un par de bayas zidra en cada una de sus manos.
─Tenía una caja entera, pero no quise abusar.─ Dijo.
─Serán suficientes por hoy. Dámelas.
Con ello ya tenía para cicatrizar las heridas. No faltaría mucho para que aquel cuervo pudiera partir. Cedió el fruto hacia la ave, y esta empezó a picotear con voracidad la baya zidra, sabiendo el bien que le haría. Aquella felicidad que expresaba la pequeña ave al picotear aquel cidro hizo que la entrenadora diera otra sonrisa. Empezaba a tenerle cariño.
─Sí que tienes hambre... con razón haces que la gente se pierda por el bosque.
El cuervo le miró con sus ojos rojos. No podía saber si se sintió ofendido o no después de decirle esas palabras. Pero luego dejó los restos de la baya y le dio unos leves picotazos.
─¡Vaya! Parece que le has caído bastante bien.
─¿Verdad que sí? Oye, Kyu, ¿y si le ponemos un nombre?
─Mi señora, no planearéis meterlo en el equipo.
─Solo si él quiere, ya sabes que no los fuerzo. Pero de momento pongámosle un mote, caray. ¿Qué tal Shepard?
Al murkrow le encantaba la idea. Era el mejor nombre que le habían otorgado. Mas no obstante había discrepancias con respecto a esa idea.
─Mi señora, pero apenas hay espacio para uno más.
─¿Te refieres a ese monstruo? Bah, ese no cuenta.
─¿Monstruo? ¿¡Qué monstruo!?─ Se escandalizó Helio, ahora que trataba despectivamente a uno de sus pokémon, suponía.
Hubo un silencio que se esperaba terminar con alguna respuesta. Sin embargo, ella se mantuvo críptica con ese detalle.
─No es nada. Sea como fuere... ¡¿no te parece genial que vayamos a tener un murkrow en nuestro equipo, Kyu?! Quiero decir, por Honchy, claro. A él le caen bastante bien. Dejaría de ser un poco arisco, al menos.
─Gionna, respecto a eso...─ Alejandro intentaba discrepar mientras ella seguía soñando despierta.
─¡Y-y-y imagínate si llegamos a encontrar una piedra noche por ahí! Apuesto a que también querría evolucionar, ¿no te gustaría Shephard? ¿Y ver mundo conmigo? Claro que habrán varios peligros, pero supongo que será mejor que vivir en el bosque mientras te insultan... ¿no?
─Gin...
─Sería fantástico. Tener un equipo completo... al fin... ¡y con un volador que nos pueda llevar a sus lomos! Bueno, quizá no tanto, supongo que te molestaría aunque fueras un honchkrow. ¡Pero no es problema! Tampoco busco competir en las altas ligas, así que...
─No puedes llevarte a ningún pokémon fuera de su hábitat. Normas de la región.
Sus sueños se veían hechos trizas cuando resonaron estas palabras por la sala. Ambos se habían hecho ilusiones hasta que la autoritaria voz de Alejandro les comunicaba las malas noticias.
─¿Qué...?
─Escucha... aunque os llevéis bien entre vosotros, no puedo permitir que un pokémon salga de su entorno natural con una ranger de rango nulo.
─¿¡Cómo!? ¿¡Pero entonces por qué demonios Pelozuli tiene un minun!? ¿¡Acaso minun no tiene hábitat, eh!?
─Perdona, pero se llama “pokémon acompañante”, y tu ya tienes unos cuantos, así que no te quejes.─ Respondió el chico del pelo azul con severidad.
─Sé que es duro para los dos... pero no puedo permitir romper otra norma contigo. Aparte, los murkrow están en peligro de extinción por esta región. Debemos de preservarlos.
Increíble. ¿No eran ellos los que decían que escucharan los pokémon, que los ayudara? ¿Acaso no ofrecer una nueva oportunidad no era una ayuda para ellos? No tenían perdón.
─Hipócritas...
Y dicho esto, se retiró a su habitación, con la baya en la mano. Kyumbreon, cómo era de esperar, siguió a su señora dentro de aquella. Shepard también la acompañó; antes de entrar en la habitación, les dirigió una mirada de odio y les graznó enfadado con ellos. La entrenadora dejó entrar al murkrow, y entonces cerraron la puerta de un golpe.
La noche se asentaba fría y seca sobre el pueblo de Villavera. Por estas horas, Gionna y todos sus camaradas solo habían salido para comer y nada más. Hubieron pocos juegos en este periodo. Más
dirían que fue un hervidero de discusiones y sueños. Kyumbreon había vuelto a insistir en la fuga, y ella estaba de acuerdo en que tal vez tengan que escapar si querían darle al murkrow una vida mejor. Pero la ética le provocaba más y más dilemas. Era la única que podía hacer frente a los administrativos del equipo Go-Rock, y ellos eran unos rivales formidables. Los rangers de Floresta no podrían con los recursos que tenían. Si abandonara, toda la región estaría perdida. Estarían a merced de las perversiones de aquella gente.
Entonces fue cuando se dieron cuenta del poder que tenían.
Habían llegado a acordar un plan para no discrepar con nadie más y salir todos beneficiados, sin daños colaterales. Iban a usar la diplomacia como medio para conseguir sus fines a largo plazo.
Después de tener las ideas bien claras, se dispusieron a dormir.
Eran las tres de la mañana cuando el cielo claro brillaba con un punto incandescente irradiaba entre el resto de astros. Era un cuerpo celeste envuelto en vivaces llamas, erosionándose con el viento y el calor. Se acercaba peligrosamente hacia el pueblo... o cerca de él. Al noreste de Villavera, había un extenso prado lleno de fauna diurna que descansaba apaciblemente sin percartarse de lo que venía encima.
Y entonces se hizo el estruendo.
No fue un impacto muy grande. Tan solo había provocado una marca de poco diámetro y unas pocas ascuas alrededor que llegarían a apagarse en algún momento.
O así sería, de no ser porque parte de los herbívoros montaron un escándalo con la llegada de ese meteorito.
Aquella pequeña magulladura recién hecha en la tierra también alteró a Shepard, quien graznó alterado por el ruido para despertar a Gionna.
─¿¡Qué pasa, qué es este jaleo!? ¿¡Te duele el ala!?─ Preguntó Gionna.
─Ha caído algo cerca. Y no era nada terrenal. Pude verlo desde la ventana.
─No fastidies... ¿seguro que no era una bomba?
─¿Las bombas se prenden en llamas mientras caen?
Ya sabía qué era. Tenía que mirar qué era. No podía estar tranquila si había un incendio cerca.
─Saca la ropa de abrigo, Kyu. Vamos a tener que salir.
─¿Por qué no la sacáis vos, que tenéis manos para esta labor?
─Porque debo de calmar a Shepard, por eso. No quiero que el resto se despierte.
─Entiendo. Aguardad, pues. Ahora saco esas telas del demonio.
Sin quitarse las ropas de dormir, Gionna se puso su abrigo de felpa, su calzado, tomo su mochila y sigilosamente se dirigió hacia la salida. No tardó en encontrarse con su jefe, quien también se notaba algo nervioso.
─¿Tú también has oído ese ruido?
─Los graznidos de Shepard, más que nada. Creo que ha caído algo...
─Creemos. Existo yo también.─ Corrigió el umbreon.
─Te acompaño. Me preocupa lo que pueda ser.
─Me parece bien.
Sin decir nada más, bajaron por el ascensor y abrieron las puertas de cristal para encontrarse con los fríos aires nocturnos. El perfume de hierba quemada que traía los vientos del noroeste ponían en vigilia a los tres. Aquella bola de fuego había esparcido su lumbre por los campos. El fuego se podía ver como un resplandor anaranjado entre los árboles.
─Mierda...
─¿Eh? ¿Algún problema?
─¡La llanura está en llamas! Si esto llega a extenderse... Tú tenías un lombre, ¿no?
─Sí...
─Vale. Impide que el incendio llegue al pueblo. Iré a por más ayuda.
─¡Entendido!
Tan pronto como pudo, la entrenadora obedeció y se dirigió hacia las llamas mientras sacaba a sus dos compañeros acuáticos de sus celdas. Las columnas de fuego se presentaban vivaces y raudas conjuntas al viento y la gran cantidad de flora en el suelo. En el día, ese lugar sería un campo apacible y lleno de verdor con gran variedad de fauna. Mas aquel caos iría a borrar esa imagen en el siguiente alba si nadie actuaba.
Los mugidos de los bravos tauros y sus pisotadas se oían por lo bajo de la ladera por la que había entrado Gionna y sus tres sirvientes. Asustadizos spoinks saltaban desesperados por la posible pérdida de sus hogares, al igual que las aves del prado revoloteaban por los aires deseando que los dioses del averno sean piadosos y no consuman sus nidos.
Al menos los psíquicos no se dejaban alterar por el caos causado por aquel incendio nocturno y se disponían a proteger su hábitat con sus poderes telequinéticos. Puede que tal vez sea por eso que no fuera tan virulento. Pero sabía que esa ayuda sería limitada. Apagar llamas no era algo que un pokémon psíquico salvaje pudiera hacer, ni aguante para retenerlas por mucho más tiempo.
Era mejor actuar rápido y extinguirlas con todo lo que tenía.
─Lol, ayuda a los pokémon residentes con tu Hidrobomba. Akiro, haz lo mismo con Acua Jet o Ventisca, como prefieras. En cuanto a ti Kyu...
─No hace falta que me lo digáis. Necesitáis abriros paso entre el lumbre para poder ver el objeto.
─Siempre adelantándote a mis órdenes... ¡cualquiera diría que me lees la mente, tú!
─Menos boca y más prisa. No querréis asaros dentro de este campo de batalla.
Iba a replicarle. Pero debía de darle la razón, por más que hiera su orgullo de entrenadora. El equipo se dispersó para proteger el lugar mientras los dos líderes buscaban el inanimado causante de todo aquel embrollo.
Bastó con avanzar en dirección este y dispersar aquella barrera ígnea para ver el cuerpo del delito. Había un pequeño cráter entre maleza quemada y ascuas. Y dentro de aquella, yacía un meteorito con una joya de brillo tenue de color morado incrustado. Tenía en sí cierta belleza y misterio. Pero no entendía. Podría haber iniciado un incendio de tal calibre si hubiera pasado un buen tiempo desde el impacto. Y si no se equivocaba, solo transcurrió unos cuantos minutos del impacto hasta la su llegada por estos campos. ¿Entonces por qué tanta virulencia?
─Esto no es normal...─ Murmuraba. ─Algo no encaja aquí.
─¿Que una joya caiga del cielo?
─Bah, solo es una amatista del espacio. Podría ser un hito científico igual...
¡No, no, no era eso! Había pillado una incoherencia en los hechos, pero esa pregunta procedente del chacal hizo que desviara sus pensamientos hacia la joya.
La joya...
Que brillaba...
Se sentía extraña cuando miraba ese resplandor que iba tomando fuerza gradualmente por cada segundo que pasaba. Era como si albergara vida propia. Cada vez se sentía más somnolienta, como si esa endemoniada piedra absorbiera su fuerza vital. Tampoco podía pensar muy bien. Empezaba a ver cosas mientras entrecerraba los ojos. Un basto espacio vacío, con solo las luces de centenares de millones de estrellas, estén vivas o muertas era lo único que podía ver, junto a la piedra y su umbreon. Y había... frío... por todo alrededor... como si las llamas no existieran...
Hasta que el relincho de un asustado equino la despertó de una vez.
─¡Demonios! ¡Dime que no me estaba quedando dormida!
─Estabais a punto de caer de morros contra el suelo pese a mis llamados. Menos mal que ese desgraciado ha gritado de pavor... claro que... también nos ha rodeado ese maldito corredor.
Esto lo confirmaba. El meteorito quedaba exento de toda responsabilidad directa. No había forma de que ese pedrusco hubiera avivado el fuego ahora mismo. Y a juzgar por el sonido era...
Sí... ahí estaba su respuesta. Era un rapidash, o tal vez dos de ellos. Habrían prendido sus crines después del impacto y trotando por el campo dejando estelas por doquier. Tendrían que calmarlos si querían acabar de una vez con esas brasas.
─Hay... hay que salir de aquí y dar caza a esos caballos.
─Eso es lo de menos ahora. Hay una presencia más temible justo en frente de nosotros.
¿Otra presencia? No. Lo único que tenían delante era un calor insoportable y una roca preciosa clavada en tierra. No veía por dónde estaba el peligro.
─Kyu... no hay nada en frente. Abre un camino ahora mismo.
─Imposible. Debo de destruir esa piedra.
─¿¡Qué!? ¡No, tenemos que llevarlo a un científico antes!
─No pienso arriesgarme a futuros daños solo porque queráis saciar vuestra sed de conocimiento. Ahora si me permitís...
El umbreon iba a colocar su pata negruzca sobre la resplandeciente joya, dispuesto a aplicar una sobrecarga de sombras para reducirla en mil pedazos. Gionna no quería que lo hiciera. Debía de levantarlo del suelo y llevárselo lejos entre las llamas y ocuparse del verdadero fuente del problema.
Ninguno de los dos pudieron impedir nada. Aquella esfera brilló con una intensidad cegadora, como si quisiera preservar su existencia despojando la vista al gato asesino. En cuanto aquel brillo desvaneció y pudieron al fin abrir su ojos, no se creyeron lo que vieron.
El meteorito había desaparecido. Se había desintegrado completamente. En vez de aquello, había un par de piernas naranjas acabadas en punta flotando por encima del cráter. Al asomar las cabezas, pudieron comprobar que era todo un ser nuevo, con un abdomen negro que separaba la parte de las caderas y el pecho. En el centro del tórax reposaba la misma esfera amatista que reposaba en aquella roca, como si aquello fuera el corazón que le permitía vivir. Su cabeza perfectamente proporcionada tenía dos terminaciones rectangulares por los costados, con lineas igual de azuladas que la cara y parte del cuello. En medio de aquella aparente máscara, había una línea lila resaltando la simetría de todo ese nuevo cuerpo. Y al lado de cada hombro, sobresalían un par de finos tentáculos que permanecían colgando mientras este despertaba de un largo letargo.
Gionna retrocedía unos pasos cuando aquellas diminutas pupilas se clavaron en las suyas.
─¿Pe-pero qué es esto...?─ Se preguntaba para sí misma mientras dejaba que lo desconocido le pusiera la piel de gallina.
─A mí no me preguntéis. Os dije que debía de destruirlo por la temible energía que emanaba.
No, no podía ser una mera amenaza. Debería de ser solo un ser que aterrizó aquí. Aún no sabía sus intenciones, pero tenía certeza de que sus miedos eran irracionales y que no venía para enterrar el hacha en estos lares.
─Y no he cambiado de parecer. ¡Nadie que me supere merece el regalo de la vida!
─¡No, Kyu, espera!
Haciendo caso omiso a su entrenadora, el umbreon se abalanzó presto hacia el intruso listo para expulsar un Pulso Umbrío a quemarropa para acabar con su vida lo más pronto posible.
Tan rápido como un parpadeo, ese nuevo ser empezaba a afilar todo su cuerpo. Sus tentáculos ganaban algo de grosor, mientras que se generaban tres picos en la cabeza y se hacía aún más esbelto. Y con esas mismas cintas tambaleantes fue con las que golpeó al felino y lo apartó de su camino. Había sido un golpe duro. Tanto que casi lo noqueaba a la primera. Lo había lanzado muy cerca del fuego que los rodeaba.
─¡KYU!
Rápidamente fue a apartarlo de las llamas. Se podía notar el dolor que le provocaba aquella contusión por sus ojos entrecerrados.
─Maldito... es fuerte...─ Masculló Kyumbren.
─No te esfuerces demasiado. Has recibido un buen golpe.
─Exagerada. Tampoco me he roto nada.
─Pero aún así...
─Soltadme de una buena vez.
Iba a hacerlo. Ese ser parecía ser demasiado agresivo como para venir en son de paz. Aunque quizá lo hiciera en legítima defensa. Realmente no sabía que hacer. Tuvo que mirar una vez más si hacía algún otro movimiento ofensivo.
Pero no intentaba nada. Ni contactar ni aniquilar a nadie. Aquel ser cambiante empezaba a darle escalofríos por todas las temibles incógnitas que planteaba. Por una vez en la vida no tenía ni remota idea a lo que se estaba enfrentando. Ni siquiera sabía si estaba ante un pokémon u otro tipo de criatura.
Sin que ella lo esperara, había cambiado de aspecto. Se volvió todavía más aerodinámico, reduciendo la cantidad de tentáculos a dos y reduciendo todavía más masa corporal. Los picos de su cabeza se volvieron en uno trasero, haciendo que su cabeza se asimilara a un casco. Cuando terminó de transformarse, despegó hacia el cielo estrellando, dejando entrenadora y pokémon a merced del fuego.
Parecía que uno de sus problemas acabó huyendo de ellos. Mas había otro que empezaba a ser un incordio.
El humo empezaba a irritar demasiado la garganta de Gionna. Aquello era algo leve que podía soportarlo si reducía su respiración; ahora había ido a más y provocaba fuertes toses que empezaba a ahogar sus palabras en fuertes ronquidos. Era una suerte que el frío no permitiera que se calentara demasiado; pero eso no quitaba que los tóxicos se dispersaran por el aire.
Estaba empezando a pensar que era mejor irse de ahí antes de que pierda la consciencia por la intoxicación.
─¿Estáis bien?
─No... y me sentiré peor como no salgamos de esa pradera echando leches.
Dejó a Kyumbreon en el suelo. Él ya podía sostenerse en sus cuatro patas. Gionna, en cambio, empezaba a flaquear un poco por culpa de los escozores.
─No aguantáis nada. ¡Vamos, levántese!
─U... un momento...
Apenas podía hablar. No podía hacer nada más que hacer ruidos abruptos con la garganta. Pensaba que no tardaría en perder la consciencia.
─Me ahogo...
─Aguarde, os abriré paso.
Otra vez, el umbreon abrió un paso entre las llamas para que pudiera pasar. Con dificultad podía sostenerse de rodillas Estaba siendo imposible.
Para fortuna suya y la del campo, una gota de agua roció su mejilla, seguidas de otras dos, duplicándose por cada segundo que pasaba. El cielo le estaba regalando una generosa lluvia para que no haya más ceniza circulando por el aire. Eso la alentó contener el aliento, hacer un esfuerzo y ponerse de pie de una buena vez. Con perseverancia, estaba consiguiendo mantenerse de pie mientras se encaminaba a la salida. Podía ver como aquel ejército de rocío reducía las llamas en ascuas a medida que avanzaba. Pronto el incendio estaría apaciguado.
A una distancia, podía ver a Alejandro al lado de un swampert y sus dos compañeros. Cuando vio esa gran criatura al lado de su superior entendió que ese diluvio no era nada natural. No pensó que los rangers supieran sobre la capacidad de algunos pokémon para provocar precipitaciones. Quizá por ello no veía ninguna otra criatura más alrededor.
Había dejado preocupados a todos. Lol corrió con los brazos abiertos nada más verla para darle un fuerte abrazo. Uno que casi llegaba a aplastarla contra el suelo. Hizo mal. No tuvo que mandarla a que calmara las llamas ella sola junto a Akiro.
Alejandro, por otra parte, no estaba nada contento con su regreso.
─¿Dónde has estado? Creía que te habías perdido.
─Disculpa... tenía que ver qué era lo que había caído... oye, aquí viven rapidash, ¿cierto?
─Sí... no estás equivocada. Y estaban bastante alborotados. Gracias a tu slowpoke que pude capturarlos, o si no...
─Lo sabía...─ No aguantaba. Apenas podía pronunciar palabra. Tenía los pulmones sucios y llenos de hollín. Ni gracias podía decir. Quería que le explicara más; mas esos carraspeos sonaban bastante preocupantes.
─Oye, ¿estás bien?
Aprovechando la pregunta, pudo pedirle al fin eso que tanto necesitaba.
─Llama a un médico, pero ya.
Era un desastre. Los rangers padecían por el ave. Temían que su herida pudiera infectarse. Lo
─Bueno... parece que tendremos que vigilar que la herida no se infecte.─ Setenció Alejandro.
─¿Eh? ¿Tan mal está?─ Preguntó preocupada.
─Bueno, es tratable, pero nos falta material médico.
─¿No hay ningún Centro Pokémon cerca? ¿Ni en Otonia?
─¿¡Estás de coña!? La maquinaria de los centros solo puede tratar a los pokémon si están encapsulados como los tuyos. Aquí no hay nadie que encierre nuestros queridos amigos en... pelotas.─ Contestó Helio a su pregunta.
─Bueno, bueno, no te sulfures Pelozuli, ya me quedó claro.─ Intentó tranquilizarle. Entonces, de improvisto, Kyumbreon ofreció una posible solución.
─Habláis de artilugios humanos viles y antinaturales, y sin embargo aún existen el poder curativo de las bayas. Necios.
Entonces la joven dio un respingo. Había recordado algo. Se sacó la mochila y hurgó en sus interiores para entonces sacar un fruto azulado de piel robusta.
─Ten. Esto te hará sentir mejor.
Se la tendió al cuervo, que no hacía más que padecer y escuchar. Este empezó a tomarlo con una de sus patas para luego usar sus garras y pico. Retiró la piel parcialmente y fue destrozándolo a picotazos por tal de llevar la sabrosa carne a su buche. Con ello había cicatrizado una ínfima parte de la herida, además de haber actuado como analgésico. Este graznó agradecido por aquel pequeño gesto.
─Ahora estás mejor, ¿verdad que sí?─ Con una gentil sonrisa en su cara, puso su mano entre el plumaje de la cabeza, revolviéndolo un poco. Un gesto que el murkrow no repudió.
─Caray. No esperaba que irías a tratar tan bien a ese murkrow.─ Dijo Helio.
─¿Qué te pensabas? ¿Que era una desalmada? ¡Por favor! ¿Tenéis más bayas? Que sean Zidra o Aranja, al ser posible.
─Creo que Ignacio tenía un buen puñado de ellas. ¿Podrías comprobarlo por mí, Helio?
─Claro, ahora mismo.
Entonces, el ranger se fue por el ascensor en búsqueda de bayas.
─Y... Gionna...
─¿Sí?
─¿Hay algo que tengas que decirme sobre tu travesía en el bosque?
Había llegado el momento incómodo. Era el momento de informarle y presentar sus quejas al jefe de Villavera.
─De hecho tengo quejas al respecto. ¡Me has mandado a rescatar a uno de vuestros enemigos, maldito!
─Espera, ¿qué?
─Lo que oyes. El perdido era uno de los administrativos del Go-Rock.
─Y la manoseó, encima.─ Añadió Kyumbreon.
─E hirió a ese pequeño, que por cierto, nos iba a conducir de camino a la salida. Aunque no lo hizo con intención de atraparnos, igual.
─Estaba realmente perdido. De situación y de amor.─ Habló de nuevo el chacal.
─¿Pero qué has estado haciendo con él en el bosque?─ Preguntó Alejandro con el entrecejo arrugado.
─¡A quién le importa! De todos modos, esto no habría pasado si no me hubieras mandado en ese maldito bosque. Además... quizá te interese saber una cosa al respecto.
─¿Y es...?─ Ya estaba cruzando de brazos. Empezaba a pensar que le había sonsacado información usando sucias artimañas.
─Resulta... que el capturador que me diste es “especial”, por así decirlo. Supongo que Helio te contó que no pudo capturar al pokémon de David en la cueva, ¿cierto?
─Sí...
─Bien, pues yo pude capturar a su scyther. Y no es la primera vez que puedo atrapar a un pokémon de los peces gordos, a decir verdad. No sé si Julio te lo ha contado, pero antes había atrapado a un weezing capturado por sus instrumentos... después de inmovilizar a ese monstruo, claro.
Estaba sorprendido. Era una novata, y ya había derrotado a dos jefes del equipo Go-Rock, justo cuando ninguno más podía atraparlos. Cada vez estaba más convencido de que era ella quien contenía el milagro de la salvación, más que el artilugio que usaba.
Era el momento. Estaba preparada para dar el siguiente paso de su cometido.
─Pensé que aún necesitarías aún algo de preparación. Pero... vistas las circunstancias...
─¿A qué te refieres?
─Verás... hay algo que tienes que hacer. No he querido pedírtelo hasta ahora, pero... veo que ahora estás lista para ello.
─¿Lista para qué?
─Seré franco. Aquí en Villavera andamos algo bajos en personal, y apenas hay personas capacitadas para ejercer trabajos peligrosos. Y recientemente hemos perdido a una de las mejores que teníamos.
─Mi más sincero pésame.─ Contestó con sarcasmo.
─No, no, no está muerta. Bueno, realmente no lo sabemos. Solo sabemos que Plusle se presentó en la base de Villaestío arrastrando el capturador. Creemos que se ha perdido en la selva.
─Y déjame adivinar... quieres que vaya allí a comprobar si encuentro algún rastro de ella, ¿cierto?
─Sí. Justo en el clavo.
Pensó por un momento. No sabía si era buena idea ofrecer su ayuda. Aquel último encuentro fue demasiado para ella. No quería involucrarse más en sus conflictos si tenía que verse con esos canallas de nuevo. Pero una cosa estaba clara. Si la hallara, puede que se librara al fin de aquellas ataduras. Tal vez sería el ultimo esfuerzo que tuviera que hacer. Debía de preguntar.
─¿Y si la encuentro, podré marcharme de aquí?
─Claro. Para entonces habrás cumplido con tu propósito. Pero no entiendo por qué tienes tantas ganas de irte de Floresta. ¿No te resulta gratificante ayudar a la gente y a los pokémon?
─Si me fuerzan las cosas nada me resulta gratificante.
─¡Pero tienes talento para esto! Nadie ha podido vencer a dos ejecutivos en tan poco tiempo.
─¿En serio creéis que fue por mera cuestión de maña? ¡Despierte de su sueño, ignorante! Si ha podido plantarles cara fue gracias a nosotros, no a su vil hipnotizador. Su pulso ni siquiera es firme.─ Argumentó el umbreon.
Alejandro iba a insistir sobre la exagerada virtud que se había creado para Gionna; sin embargo, Helio interrumpió con un par de bayas zidra en cada una de sus manos.
─Tenía una caja entera, pero no quise abusar.─ Dijo.
─Serán suficientes por hoy. Dámelas.
Con ello ya tenía para cicatrizar las heridas. No faltaría mucho para que aquel cuervo pudiera partir. Cedió el fruto hacia la ave, y esta empezó a picotear con voracidad la baya zidra, sabiendo el bien que le haría. Aquella felicidad que expresaba la pequeña ave al picotear aquel cidro hizo que la entrenadora diera otra sonrisa. Empezaba a tenerle cariño.
─Sí que tienes hambre... con razón haces que la gente se pierda por el bosque.
El cuervo le miró con sus ojos rojos. No podía saber si se sintió ofendido o no después de decirle esas palabras. Pero luego dejó los restos de la baya y le dio unos leves picotazos.
─¡Vaya! Parece que le has caído bastante bien.
─¿Verdad que sí? Oye, Kyu, ¿y si le ponemos un nombre?
─Mi señora, no planearéis meterlo en el equipo.
─Solo si él quiere, ya sabes que no los fuerzo. Pero de momento pongámosle un mote, caray. ¿Qué tal Shepard?
Al murkrow le encantaba la idea. Era el mejor nombre que le habían otorgado. Mas no obstante había discrepancias con respecto a esa idea.
─Mi señora, pero apenas hay espacio para uno más.
─¿Te refieres a ese monstruo? Bah, ese no cuenta.
─¿Monstruo? ¿¡Qué monstruo!?─ Se escandalizó Helio, ahora que trataba despectivamente a uno de sus pokémon, suponía.
Hubo un silencio que se esperaba terminar con alguna respuesta. Sin embargo, ella se mantuvo críptica con ese detalle.
─No es nada. Sea como fuere... ¡¿no te parece genial que vayamos a tener un murkrow en nuestro equipo, Kyu?! Quiero decir, por Honchy, claro. A él le caen bastante bien. Dejaría de ser un poco arisco, al menos.
─Gionna, respecto a eso...─ Alejandro intentaba discrepar mientras ella seguía soñando despierta.
─¡Y-y-y imagínate si llegamos a encontrar una piedra noche por ahí! Apuesto a que también querría evolucionar, ¿no te gustaría Shephard? ¿Y ver mundo conmigo? Claro que habrán varios peligros, pero supongo que será mejor que vivir en el bosque mientras te insultan... ¿no?
─Gin...
─Sería fantástico. Tener un equipo completo... al fin... ¡y con un volador que nos pueda llevar a sus lomos! Bueno, quizá no tanto, supongo que te molestaría aunque fueras un honchkrow. ¡Pero no es problema! Tampoco busco competir en las altas ligas, así que...
─No puedes llevarte a ningún pokémon fuera de su hábitat. Normas de la región.
Sus sueños se veían hechos trizas cuando resonaron estas palabras por la sala. Ambos se habían hecho ilusiones hasta que la autoritaria voz de Alejandro les comunicaba las malas noticias.
─¿Qué...?
─Escucha... aunque os llevéis bien entre vosotros, no puedo permitir que un pokémon salga de su entorno natural con una ranger de rango nulo.
─¿¡Cómo!? ¿¡Pero entonces por qué demonios Pelozuli tiene un minun!? ¿¡Acaso minun no tiene hábitat, eh!?
─Perdona, pero se llama “pokémon acompañante”, y tu ya tienes unos cuantos, así que no te quejes.─ Respondió el chico del pelo azul con severidad.
─Sé que es duro para los dos... pero no puedo permitir romper otra norma contigo. Aparte, los murkrow están en peligro de extinción por esta región. Debemos de preservarlos.
Increíble. ¿No eran ellos los que decían que escucharan los pokémon, que los ayudara? ¿Acaso no ofrecer una nueva oportunidad no era una ayuda para ellos? No tenían perdón.
─Hipócritas...
Y dicho esto, se retiró a su habitación, con la baya en la mano. Kyumbreon, cómo era de esperar, siguió a su señora dentro de aquella. Shepard también la acompañó; antes de entrar en la habitación, les dirigió una mirada de odio y les graznó enfadado con ellos. La entrenadora dejó entrar al murkrow, y entonces cerraron la puerta de un golpe.
La noche se asentaba fría y seca sobre el pueblo de Villavera. Por estas horas, Gionna y todos sus camaradas solo habían salido para comer y nada más. Hubieron pocos juegos en este periodo. Más
dirían que fue un hervidero de discusiones y sueños. Kyumbreon había vuelto a insistir en la fuga, y ella estaba de acuerdo en que tal vez tengan que escapar si querían darle al murkrow una vida mejor. Pero la ética le provocaba más y más dilemas. Era la única que podía hacer frente a los administrativos del equipo Go-Rock, y ellos eran unos rivales formidables. Los rangers de Floresta no podrían con los recursos que tenían. Si abandonara, toda la región estaría perdida. Estarían a merced de las perversiones de aquella gente.
Entonces fue cuando se dieron cuenta del poder que tenían.
Habían llegado a acordar un plan para no discrepar con nadie más y salir todos beneficiados, sin daños colaterales. Iban a usar la diplomacia como medio para conseguir sus fines a largo plazo.
Después de tener las ideas bien claras, se dispusieron a dormir.
Eran las tres de la mañana cuando el cielo claro brillaba con un punto incandescente irradiaba entre el resto de astros. Era un cuerpo celeste envuelto en vivaces llamas, erosionándose con el viento y el calor. Se acercaba peligrosamente hacia el pueblo... o cerca de él. Al noreste de Villavera, había un extenso prado lleno de fauna diurna que descansaba apaciblemente sin percartarse de lo que venía encima.
Y entonces se hizo el estruendo.
No fue un impacto muy grande. Tan solo había provocado una marca de poco diámetro y unas pocas ascuas alrededor que llegarían a apagarse en algún momento.
O así sería, de no ser porque parte de los herbívoros montaron un escándalo con la llegada de ese meteorito.
Aquella pequeña magulladura recién hecha en la tierra también alteró a Shepard, quien graznó alterado por el ruido para despertar a Gionna.
─¿¡Qué pasa, qué es este jaleo!? ¿¡Te duele el ala!?─ Preguntó Gionna.
─Ha caído algo cerca. Y no era nada terrenal. Pude verlo desde la ventana.
─No fastidies... ¿seguro que no era una bomba?
─¿Las bombas se prenden en llamas mientras caen?
Ya sabía qué era. Tenía que mirar qué era. No podía estar tranquila si había un incendio cerca.
─Saca la ropa de abrigo, Kyu. Vamos a tener que salir.
─¿Por qué no la sacáis vos, que tenéis manos para esta labor?
─Porque debo de calmar a Shepard, por eso. No quiero que el resto se despierte.
─Entiendo. Aguardad, pues. Ahora saco esas telas del demonio.
Sin quitarse las ropas de dormir, Gionna se puso su abrigo de felpa, su calzado, tomo su mochila y sigilosamente se dirigió hacia la salida. No tardó en encontrarse con su jefe, quien también se notaba algo nervioso.
─¿Tú también has oído ese ruido?
─Los graznidos de Shepard, más que nada. Creo que ha caído algo...
─Creemos. Existo yo también.─ Corrigió el umbreon.
─Te acompaño. Me preocupa lo que pueda ser.
─Me parece bien.
Sin decir nada más, bajaron por el ascensor y abrieron las puertas de cristal para encontrarse con los fríos aires nocturnos. El perfume de hierba quemada que traía los vientos del noroeste ponían en vigilia a los tres. Aquella bola de fuego había esparcido su lumbre por los campos. El fuego se podía ver como un resplandor anaranjado entre los árboles.
─Mierda...
─¿Eh? ¿Algún problema?
─¡La llanura está en llamas! Si esto llega a extenderse... Tú tenías un lombre, ¿no?
─Sí...
─Vale. Impide que el incendio llegue al pueblo. Iré a por más ayuda.
─¡Entendido!
Tan pronto como pudo, la entrenadora obedeció y se dirigió hacia las llamas mientras sacaba a sus dos compañeros acuáticos de sus celdas. Las columnas de fuego se presentaban vivaces y raudas conjuntas al viento y la gran cantidad de flora en el suelo. En el día, ese lugar sería un campo apacible y lleno de verdor con gran variedad de fauna. Mas aquel caos iría a borrar esa imagen en el siguiente alba si nadie actuaba.
Los mugidos de los bravos tauros y sus pisotadas se oían por lo bajo de la ladera por la que había entrado Gionna y sus tres sirvientes. Asustadizos spoinks saltaban desesperados por la posible pérdida de sus hogares, al igual que las aves del prado revoloteaban por los aires deseando que los dioses del averno sean piadosos y no consuman sus nidos.
Al menos los psíquicos no se dejaban alterar por el caos causado por aquel incendio nocturno y se disponían a proteger su hábitat con sus poderes telequinéticos. Puede que tal vez sea por eso que no fuera tan virulento. Pero sabía que esa ayuda sería limitada. Apagar llamas no era algo que un pokémon psíquico salvaje pudiera hacer, ni aguante para retenerlas por mucho más tiempo.
Era mejor actuar rápido y extinguirlas con todo lo que tenía.
─Lol, ayuda a los pokémon residentes con tu Hidrobomba. Akiro, haz lo mismo con Acua Jet o Ventisca, como prefieras. En cuanto a ti Kyu...
─No hace falta que me lo digáis. Necesitáis abriros paso entre el lumbre para poder ver el objeto.
─Siempre adelantándote a mis órdenes... ¡cualquiera diría que me lees la mente, tú!
─Menos boca y más prisa. No querréis asaros dentro de este campo de batalla.
Iba a replicarle. Pero debía de darle la razón, por más que hiera su orgullo de entrenadora. El equipo se dispersó para proteger el lugar mientras los dos líderes buscaban el inanimado causante de todo aquel embrollo.
Bastó con avanzar en dirección este y dispersar aquella barrera ígnea para ver el cuerpo del delito. Había un pequeño cráter entre maleza quemada y ascuas. Y dentro de aquella, yacía un meteorito con una joya de brillo tenue de color morado incrustado. Tenía en sí cierta belleza y misterio. Pero no entendía. Podría haber iniciado un incendio de tal calibre si hubiera pasado un buen tiempo desde el impacto. Y si no se equivocaba, solo transcurrió unos cuantos minutos del impacto hasta la su llegada por estos campos. ¿Entonces por qué tanta virulencia?
─Esto no es normal...─ Murmuraba. ─Algo no encaja aquí.
─¿Que una joya caiga del cielo?
─Bah, solo es una amatista del espacio. Podría ser un hito científico igual...
¡No, no, no era eso! Había pillado una incoherencia en los hechos, pero esa pregunta procedente del chacal hizo que desviara sus pensamientos hacia la joya.
La joya...
Que brillaba...
Se sentía extraña cuando miraba ese resplandor que iba tomando fuerza gradualmente por cada segundo que pasaba. Era como si albergara vida propia. Cada vez se sentía más somnolienta, como si esa endemoniada piedra absorbiera su fuerza vital. Tampoco podía pensar muy bien. Empezaba a ver cosas mientras entrecerraba los ojos. Un basto espacio vacío, con solo las luces de centenares de millones de estrellas, estén vivas o muertas era lo único que podía ver, junto a la piedra y su umbreon. Y había... frío... por todo alrededor... como si las llamas no existieran...
Hasta que el relincho de un asustado equino la despertó de una vez.
─¡Demonios! ¡Dime que no me estaba quedando dormida!
─Estabais a punto de caer de morros contra el suelo pese a mis llamados. Menos mal que ese desgraciado ha gritado de pavor... claro que... también nos ha rodeado ese maldito corredor.
Esto lo confirmaba. El meteorito quedaba exento de toda responsabilidad directa. No había forma de que ese pedrusco hubiera avivado el fuego ahora mismo. Y a juzgar por el sonido era...
Sí... ahí estaba su respuesta. Era un rapidash, o tal vez dos de ellos. Habrían prendido sus crines después del impacto y trotando por el campo dejando estelas por doquier. Tendrían que calmarlos si querían acabar de una vez con esas brasas.
─Hay... hay que salir de aquí y dar caza a esos caballos.
─Eso es lo de menos ahora. Hay una presencia más temible justo en frente de nosotros.
¿Otra presencia? No. Lo único que tenían delante era un calor insoportable y una roca preciosa clavada en tierra. No veía por dónde estaba el peligro.
─Kyu... no hay nada en frente. Abre un camino ahora mismo.
─Imposible. Debo de destruir esa piedra.
─¿¡Qué!? ¡No, tenemos que llevarlo a un científico antes!
─No pienso arriesgarme a futuros daños solo porque queráis saciar vuestra sed de conocimiento. Ahora si me permitís...
El umbreon iba a colocar su pata negruzca sobre la resplandeciente joya, dispuesto a aplicar una sobrecarga de sombras para reducirla en mil pedazos. Gionna no quería que lo hiciera. Debía de levantarlo del suelo y llevárselo lejos entre las llamas y ocuparse del verdadero fuente del problema.
Ninguno de los dos pudieron impedir nada. Aquella esfera brilló con una intensidad cegadora, como si quisiera preservar su existencia despojando la vista al gato asesino. En cuanto aquel brillo desvaneció y pudieron al fin abrir su ojos, no se creyeron lo que vieron.
El meteorito había desaparecido. Se había desintegrado completamente. En vez de aquello, había un par de piernas naranjas acabadas en punta flotando por encima del cráter. Al asomar las cabezas, pudieron comprobar que era todo un ser nuevo, con un abdomen negro que separaba la parte de las caderas y el pecho. En el centro del tórax reposaba la misma esfera amatista que reposaba en aquella roca, como si aquello fuera el corazón que le permitía vivir. Su cabeza perfectamente proporcionada tenía dos terminaciones rectangulares por los costados, con lineas igual de azuladas que la cara y parte del cuello. En medio de aquella aparente máscara, había una línea lila resaltando la simetría de todo ese nuevo cuerpo. Y al lado de cada hombro, sobresalían un par de finos tentáculos que permanecían colgando mientras este despertaba de un largo letargo.
Gionna retrocedía unos pasos cuando aquellas diminutas pupilas se clavaron en las suyas.
─¿Pe-pero qué es esto...?─ Se preguntaba para sí misma mientras dejaba que lo desconocido le pusiera la piel de gallina.
─A mí no me preguntéis. Os dije que debía de destruirlo por la temible energía que emanaba.
No, no podía ser una mera amenaza. Debería de ser solo un ser que aterrizó aquí. Aún no sabía sus intenciones, pero tenía certeza de que sus miedos eran irracionales y que no venía para enterrar el hacha en estos lares.
─Y no he cambiado de parecer. ¡Nadie que me supere merece el regalo de la vida!
─¡No, Kyu, espera!
Haciendo caso omiso a su entrenadora, el umbreon se abalanzó presto hacia el intruso listo para expulsar un Pulso Umbrío a quemarropa para acabar con su vida lo más pronto posible.
Tan rápido como un parpadeo, ese nuevo ser empezaba a afilar todo su cuerpo. Sus tentáculos ganaban algo de grosor, mientras que se generaban tres picos en la cabeza y se hacía aún más esbelto. Y con esas mismas cintas tambaleantes fue con las que golpeó al felino y lo apartó de su camino. Había sido un golpe duro. Tanto que casi lo noqueaba a la primera. Lo había lanzado muy cerca del fuego que los rodeaba.
─¡KYU!
Rápidamente fue a apartarlo de las llamas. Se podía notar el dolor que le provocaba aquella contusión por sus ojos entrecerrados.
─Maldito... es fuerte...─ Masculló Kyumbren.
─No te esfuerces demasiado. Has recibido un buen golpe.
─Exagerada. Tampoco me he roto nada.
─Pero aún así...
─Soltadme de una buena vez.
Iba a hacerlo. Ese ser parecía ser demasiado agresivo como para venir en son de paz. Aunque quizá lo hiciera en legítima defensa. Realmente no sabía que hacer. Tuvo que mirar una vez más si hacía algún otro movimiento ofensivo.
Pero no intentaba nada. Ni contactar ni aniquilar a nadie. Aquel ser cambiante empezaba a darle escalofríos por todas las temibles incógnitas que planteaba. Por una vez en la vida no tenía ni remota idea a lo que se estaba enfrentando. Ni siquiera sabía si estaba ante un pokémon u otro tipo de criatura.
Sin que ella lo esperara, había cambiado de aspecto. Se volvió todavía más aerodinámico, reduciendo la cantidad de tentáculos a dos y reduciendo todavía más masa corporal. Los picos de su cabeza se volvieron en uno trasero, haciendo que su cabeza se asimilara a un casco. Cuando terminó de transformarse, despegó hacia el cielo estrellando, dejando entrenadora y pokémon a merced del fuego.
Parecía que uno de sus problemas acabó huyendo de ellos. Mas había otro que empezaba a ser un incordio.
El humo empezaba a irritar demasiado la garganta de Gionna. Aquello era algo leve que podía soportarlo si reducía su respiración; ahora había ido a más y provocaba fuertes toses que empezaba a ahogar sus palabras en fuertes ronquidos. Era una suerte que el frío no permitiera que se calentara demasiado; pero eso no quitaba que los tóxicos se dispersaran por el aire.
Estaba empezando a pensar que era mejor irse de ahí antes de que pierda la consciencia por la intoxicación.
─¿Estáis bien?
─No... y me sentiré peor como no salgamos de esa pradera echando leches.
Dejó a Kyumbreon en el suelo. Él ya podía sostenerse en sus cuatro patas. Gionna, en cambio, empezaba a flaquear un poco por culpa de los escozores.
─No aguantáis nada. ¡Vamos, levántese!
─U... un momento...
Apenas podía hablar. No podía hacer nada más que hacer ruidos abruptos con la garganta. Pensaba que no tardaría en perder la consciencia.
─Me ahogo...
─Aguarde, os abriré paso.
Otra vez, el umbreon abrió un paso entre las llamas para que pudiera pasar. Con dificultad podía sostenerse de rodillas Estaba siendo imposible.
Para fortuna suya y la del campo, una gota de agua roció su mejilla, seguidas de otras dos, duplicándose por cada segundo que pasaba. El cielo le estaba regalando una generosa lluvia para que no haya más ceniza circulando por el aire. Eso la alentó contener el aliento, hacer un esfuerzo y ponerse de pie de una buena vez. Con perseverancia, estaba consiguiendo mantenerse de pie mientras se encaminaba a la salida. Podía ver como aquel ejército de rocío reducía las llamas en ascuas a medida que avanzaba. Pronto el incendio estaría apaciguado.
A una distancia, podía ver a Alejandro al lado de un swampert y sus dos compañeros. Cuando vio esa gran criatura al lado de su superior entendió que ese diluvio no era nada natural. No pensó que los rangers supieran sobre la capacidad de algunos pokémon para provocar precipitaciones. Quizá por ello no veía ninguna otra criatura más alrededor.
Había dejado preocupados a todos. Lol corrió con los brazos abiertos nada más verla para darle un fuerte abrazo. Uno que casi llegaba a aplastarla contra el suelo. Hizo mal. No tuvo que mandarla a que calmara las llamas ella sola junto a Akiro.
Alejandro, por otra parte, no estaba nada contento con su regreso.
─¿Dónde has estado? Creía que te habías perdido.
─Disculpa... tenía que ver qué era lo que había caído... oye, aquí viven rapidash, ¿cierto?
─Sí... no estás equivocada. Y estaban bastante alborotados. Gracias a tu slowpoke que pude capturarlos, o si no...
─Lo sabía...─ No aguantaba. Apenas podía pronunciar palabra. Tenía los pulmones sucios y llenos de hollín. Ni gracias podía decir. Quería que le explicara más; mas esos carraspeos sonaban bastante preocupantes.
─Oye, ¿estás bien?
Aprovechando la pregunta, pudo pedirle al fin eso que tanto necesitaba.
─Llama a un médico, pero ya.
@Rakhan @Thranduil










!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!! ¿Dragón ígneo? Me imaginé a Charizard, pero técnicamente no es dragón, a sí que no se me ocurre qué otro puede ser (como no he jugado el juego, no tengo spoilers por ahí). El capítulo estuvo apropiado, Gionna se entera de un plan y Helio tiene una previa de lo que se viene después, y eso aumenta la tensión para el lector. El capítulo en sí es como un mini avance de lo que se nos viene y mantiene al lector sumergido en la trama. No tengo quejas. Espero otro capítulo. Ciao.

