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#41
Bueh. Iba a editar el capitulo 12, pero visto que hay quienes editaron sus episodios y le riñeron por ello... mejor no lo vuelvo a hacer y me guardo las correcciones para otros sitios. Sorry, guys.
En fin. Este capítulo ha costado un montón porque prácticamente lo he tenido que reescribir todo. No me gustaba NADA su contenido. Era un relleno asqueroso. Ahora hice que tuviera algo más de sentido, con menos relleno. Y el 14 probablemente tenga que reescribir la mitad. Pero más o menos ya sé por donde encaminarlo.
Y el quince... es el mayor reto. No todo está mal, pero... había un relleno asqueroso. No se preocupen, que ya lo he quitado [?].
Bueno, gracias por indicar errores, de todos modos. Ahora os mencionaré y pondré el capítulo 13 que me ha costado tanto hacer. Espero no haber cometido tantos tropiezos ahora. Disfruten.

Capitulo 13


Spoiler
Nada más que Alejandro llegara, tuvieron que socorrer ipso-facto al pequeño cuervo. Tenían que detener el sangrado de aquella herida, así que Gionna tuvo que vendarle el ala afectada. Trasladaron rápido al pájaro a la base de Villavera para darle un tratamiento adecuado. No obstante, el botiquín andaba escaso de antisépticos, por lo que tenían que conformarse con los primeros auxilios básicos.
Era un desastre. Los rangers padecían por el ave. Temían que su herida pudiera infectarse. Lo
─Bueno... parece que tendremos que vigilar que la herida no se infecte.─ Setenció Alejandro.
─¿Eh? ¿Tan mal está?─ Preguntó preocupada.
─Bueno, es tratable, pero nos falta material médico.
─¿No hay ningún Centro Pokémon cerca? ¿Ni en Otonia?
─¿¡Estás de coña!? La maquinaria de los centros solo puede tratar a los pokémon si están encapsulados como los tuyos. Aquí no hay nadie que encierre nuestros queridos amigos en... pelotas.─ Contestó Helio a su pregunta.
─Bueno, bueno, no te sulfures Pelozuli, ya me quedó claro.─ Intentó tranquilizarle. Entonces, de improvisto, Kyumbreon ofreció una posible solución.
─Habláis de artilugios humanos viles y antinaturales, y sin embargo aún existen el poder curativo de las bayas. Necios.

Entonces la joven dio un respingo. Había recordado algo. Se sacó la mochila y hurgó en sus interiores para entonces sacar un fruto azulado de piel robusta.
─Ten. Esto te hará sentir mejor.
Se la tendió al cuervo, que no hacía más que padecer y escuchar. Este empezó a tomarlo con una de sus patas para luego usar sus garras y pico. Retiró la piel parcialmente y fue destrozándolo a picotazos por tal de llevar la sabrosa carne a su buche. Con ello había cicatrizado una ínfima parte de la herida, además de haber actuado como analgésico. Este graznó agradecido por aquel pequeño gesto.
─Ahora estás mejor, ¿verdad que sí?─ Con una gentil sonrisa en su cara, puso su mano entre el plumaje de la cabeza, revolviéndolo un poco. Un gesto que el murkrow no repudió.
─Caray. No esperaba que irías a tratar tan bien a ese murkrow.─ Dijo Helio.
─¿Qué te pensabas? ¿Que era una desalmada? ¡Por favor! ¿Tenéis más bayas? Que sean Zidra o Aranja, al ser posible.
─Creo que Ignacio tenía un buen puñado de ellas. ¿Podrías comprobarlo por mí, Helio?
─Claro, ahora mismo.
Entonces, el ranger se fue por el ascensor en búsqueda de bayas.
─Y... Gionna...
─¿Sí?
─¿Hay algo que tengas que decirme sobre tu travesía en el bosque?

Había llegado el momento incómodo. Era el momento de informarle y presentar sus quejas al jefe de Villavera.
─De hecho tengo quejas al respecto. ¡Me has mandado a rescatar a uno de vuestros enemigos, maldito!
─Espera, ¿qué?
─Lo que oyes. El perdido era uno de los administrativos del Go-Rock.
─Y la manoseó, encima.─ Añadió Kyumbreon.
─E hirió a ese pequeño, que por cierto, nos iba a conducir de camino a la salida. Aunque no lo hizo con intención de atraparnos, igual.
─Estaba realmente perdido. De situación y de amor.─ Habló de nuevo el chacal.
─¿Pero qué has estado haciendo con él en el bosque?─ Preguntó Alejandro con el entrecejo arrugado.
─¡A quién le importa! De todos modos, esto no habría pasado si no me hubieras mandado en ese maldito bosque. Además... quizá te interese saber una cosa al respecto.
─¿Y es...?─ Ya estaba cruzando de brazos. Empezaba a pensar que le había sonsacado información usando sucias artimañas.
─Resulta... que el capturador que me diste es “especial”, por así decirlo. Supongo que Helio te contó que no pudo capturar al pokémon de David en la cueva, ¿cierto?
─Sí...
─Bien, pues yo pude capturar a su scyther. Y no es la primera vez que puedo atrapar a un pokémon de los peces gordos, a decir verdad. No sé si Julio te lo ha contado, pero antes había atrapado a un weezing capturado por sus instrumentos... después de inmovilizar a ese monstruo, claro.

Estaba sorprendido. Era una novata, y ya había derrotado a dos jefes del equipo Go-Rock, justo cuando ninguno más podía atraparlos. Cada vez estaba más convencido de que era ella quien contenía el milagro de la salvación, más que el artilugio que usaba.
Era el momento. Estaba preparada para dar el siguiente paso de su cometido.
─Pensé que aún necesitarías aún algo de preparación. Pero... vistas las circunstancias...
─¿A qué te refieres?
─Verás... hay algo que tienes que hacer. No he querido pedírtelo hasta ahora, pero... veo que ahora estás lista para ello.
─¿Lista para qué?
─Seré franco. Aquí en Villavera andamos algo bajos en personal, y apenas hay personas capacitadas para ejercer trabajos peligrosos. Y recientemente hemos perdido a una de las mejores que teníamos.
─Mi más sincero pésame.─ Contestó con sarcasmo.
─No, no, no está muerta. Bueno, realmente no lo sabemos. Solo sabemos que Plusle se presentó en la base de Villaestío arrastrando el capturador. Creemos que se ha perdido en la selva.
─Y déjame adivinar... quieres que vaya allí a comprobar si encuentro algún rastro de ella, ¿cierto?
─Sí. Justo en el clavo.

Pensó por un momento. No sabía si era buena idea ofrecer su ayuda. Aquel último encuentro fue demasiado para ella. No quería involucrarse más en sus conflictos si tenía que verse con esos canallas de nuevo. Pero una cosa estaba clara. Si la hallara, puede que se librara al fin de aquellas ataduras. Tal vez sería el ultimo esfuerzo que tuviera que hacer. Debía de preguntar.
─¿Y si la encuentro, podré marcharme de aquí?
─Claro. Para entonces habrás cumplido con tu propósito. Pero no entiendo por qué tienes tantas ganas de irte de Floresta. ¿No te resulta gratificante ayudar a la gente y a los pokémon?
─Si me fuerzan las cosas nada me resulta gratificante.
─¡Pero tienes talento para esto! Nadie ha podido vencer a dos ejecutivos en tan poco tiempo.
─¿En serio creéis que fue por mera cuestión de maña? ¡Despierte de su sueño, ignorante! Si ha podido plantarles cara fue gracias a nosotros, no a su vil hipnotizador. Su pulso ni siquiera es firme.─ Argumentó el umbreon.

Alejandro iba a insistir sobre la exagerada virtud que se había creado para Gionna; sin embargo, Helio interrumpió con un par de bayas zidra en cada una de sus manos.
─Tenía una caja entera, pero no quise abusar.─ Dijo.
─Serán suficientes por hoy. Dámelas.
Con ello ya tenía para cicatrizar las heridas. No faltaría mucho para que aquel cuervo pudiera partir. Cedió el fruto hacia la ave, y esta empezó a picotear con voracidad la baya zidra, sabiendo el bien que le haría. Aquella felicidad que expresaba la pequeña ave al picotear aquel cidro hizo que la entrenadora diera otra sonrisa. Empezaba a tenerle cariño.
─Sí que tienes hambre... con razón haces que la gente se pierda por el bosque.
El cuervo le miró con sus ojos rojos. No podía saber si se sintió ofendido o no después de decirle esas palabras. Pero luego dejó los restos de la baya y le dio unos leves picotazos.
─¡Vaya! Parece que le has caído bastante bien.
─¿Verdad que sí? Oye, Kyu, ¿y si le ponemos un nombre?
─Mi señora, no planearéis meterlo en el equipo.
─Solo si él quiere, ya sabes que no los fuerzo. Pero de momento pongámosle un mote, caray. ¿Qué tal Shepard?
Al murkrow le encantaba la idea. Era el mejor nombre que le habían otorgado. Mas no obstante había discrepancias con respecto a esa idea.
─Mi señora, pero apenas hay espacio para uno más.
─¿Te refieres a ese monstruo? Bah, ese no cuenta.
─¿Monstruo? ¿¡Qué monstruo!?─ Se escandalizó Helio, ahora que trataba despectivamente a uno de sus pokémon, suponía.

Hubo un silencio que se esperaba terminar con alguna respuesta. Sin embargo, ella se mantuvo críptica con ese detalle.
─No es nada. Sea como fuere... ¡¿no te parece genial que vayamos a tener un murkrow en nuestro equipo, Kyu?! Quiero decir, por Honchy, claro. A él le caen bastante bien. Dejaría de ser un poco arisco, al menos.
─Gionna, respecto a eso...─ Alejandro intentaba discrepar mientras ella seguía soñando despierta.
─¡Y-y-y imagínate si llegamos a encontrar una piedra noche por ahí! Apuesto a que también querría evolucionar, ¿no te gustaría Shephard? ¿Y ver mundo conmigo? Claro que habrán varios peligros, pero supongo que será mejor que vivir en el bosque mientras te insultan... ¿no?
─Gin...
─Sería fantástico. Tener un equipo completo... al fin... ¡y con un volador que nos pueda llevar a sus lomos! Bueno, quizá no tanto, supongo que te molestaría aunque fueras un honchkrow. ¡Pero no es problema! Tampoco busco competir en las altas ligas, así que...
─No puedes llevarte a ningún pokémon fuera de su hábitat. Normas de la región.

Sus sueños se veían hechos trizas cuando resonaron estas palabras por la sala. Ambos se habían hecho ilusiones hasta que la autoritaria voz de Alejandro les comunicaba las malas noticias.
─¿Qué...?
─Escucha... aunque os llevéis bien entre vosotros, no puedo permitir que un pokémon salga de su entorno natural con una ranger de rango nulo.
─¿¡Cómo!? ¿¡Pero entonces por qué demonios Pelozuli tiene un minun!? ¿¡Acaso minun no tiene hábitat, eh!?
─Perdona, pero se llama “pokémon acompañante”, y tu ya tienes unos cuantos, así que no te quejes.─ Respondió el chico del pelo azul con severidad.
─Sé que es duro para los dos... pero no puedo permitir romper otra norma contigo. Aparte, los murkrow están en peligro de extinción por esta región. Debemos de preservarlos.
Increíble. ¿No eran ellos los que decían que escucharan los pokémon, que los ayudara? ¿Acaso no ofrecer una nueva oportunidad no era una ayuda para ellos? No tenían perdón.
─Hipócritas...

Y dicho esto, se retiró a su habitación, con la baya en la mano. Kyumbreon, cómo era de esperar, siguió a su señora dentro de aquella. Shepard también la acompañó; antes de entrar en la habitación, les dirigió una mirada de odio y les graznó enfadado con ellos. La entrenadora dejó entrar al murkrow, y entonces cerraron la puerta de un golpe.

La noche se asentaba fría y seca sobre el pueblo de Villavera. Por estas horas, Gionna y todos sus camaradas solo habían salido para comer y nada más. Hubieron pocos juegos en este periodo. Más
dirían que fue un hervidero de discusiones y sueños. Kyumbreon había vuelto a insistir en la fuga, y ella estaba de acuerdo en que tal vez tengan que escapar si querían darle al murkrow una vida mejor. Pero la ética le provocaba más y más dilemas. Era la única que podía hacer frente a los administrativos del equipo Go-Rock, y ellos eran unos rivales formidables. Los rangers de Floresta no podrían con los recursos que tenían. Si abandonara, toda la región estaría perdida. Estarían a merced de las perversiones de aquella gente.
Entonces fue cuando se dieron cuenta del poder que tenían.
Habían llegado a acordar un plan para no discrepar con nadie más y salir todos beneficiados, sin daños colaterales. Iban a usar la diplomacia como medio para conseguir sus fines a largo plazo.

Después de tener las ideas bien claras, se dispusieron a dormir.

Eran las tres de la mañana cuando el cielo claro brillaba con un punto incandescente irradiaba entre el resto de astros. Era un cuerpo celeste envuelto en vivaces llamas, erosionándose con el viento y el calor. Se acercaba peligrosamente hacia el pueblo... o cerca de él. Al noreste de Villavera, había un extenso prado lleno de fauna diurna que descansaba apaciblemente sin percartarse de lo que venía encima.
Y entonces se hizo el estruendo.
No fue un impacto muy grande. Tan solo había provocado una marca de poco diámetro y unas pocas ascuas alrededor que llegarían a apagarse en algún momento.
O así sería, de no ser porque parte de los herbívoros montaron un escándalo con la llegada de ese meteorito.

Aquella pequeña magulladura recién hecha en la tierra también alteró a Shepard, quien graznó alterado por el ruido para despertar a Gionna.
─¿¡Qué pasa, qué es este jaleo!? ¿¡Te duele el ala!?─ Preguntó Gionna.
─Ha caído algo cerca. Y no era nada terrenal. Pude verlo desde la ventana.
─No fastidies... ¿seguro que no era una bomba?
─¿Las bombas se prenden en llamas mientras caen?
Ya sabía qué era. Tenía que mirar qué era. No podía estar tranquila si había un incendio cerca.
─Saca la ropa de abrigo, Kyu. Vamos a tener que salir.
─¿Por qué no la sacáis vos, que tenéis manos para esta labor?
─Porque debo de calmar a Shepard, por eso. No quiero que el resto se despierte.
─Entiendo. Aguardad, pues. Ahora saco esas telas del demonio.
Sin quitarse las ropas de dormir, Gionna se puso su abrigo de felpa, su calzado, tomo su mochila y sigilosamente se dirigió hacia la salida. No tardó en encontrarse con su jefe, quien también se notaba algo nervioso.
─¿Tú también has oído ese ruido?
─Los graznidos de Shepard, más que nada. Creo que ha caído algo...
─Creemos. Existo yo también.─ Corrigió el umbreon.
─Te acompaño. Me preocupa lo que pueda ser.
─Me parece bien.

Sin decir nada más, bajaron por el ascensor y abrieron las puertas de cristal para encontrarse con los fríos aires nocturnos. El perfume de hierba quemada que traía los vientos del noroeste ponían en vigilia a los tres. Aquella bola de fuego había esparcido su lumbre por los campos. El fuego se podía ver como un resplandor anaranjado entre los árboles.
─Mierda...
─¿Eh? ¿Algún problema?
─¡La llanura está en llamas! Si esto llega a extenderse... Tú tenías un lombre, ¿no?
─Sí...
─Vale. Impide que el incendio llegue al pueblo. Iré a por más ayuda.
─¡Entendido!
Tan pronto como pudo, la entrenadora obedeció y se dirigió hacia las llamas mientras sacaba a sus dos compañeros acuáticos de sus celdas. Las columnas de fuego se presentaban vivaces y raudas conjuntas al viento y la gran cantidad de flora en el suelo. En el día, ese lugar sería un campo apacible y lleno de verdor con gran variedad de fauna. Mas aquel caos iría a borrar esa imagen en el siguiente alba si nadie actuaba.

Los mugidos de los bravos tauros y sus pisotadas se oían por lo bajo de la ladera por la que había entrado Gionna y sus tres sirvientes. Asustadizos spoinks saltaban desesperados por la posible pérdida de sus hogares, al igual que las aves del prado revoloteaban por los aires deseando que los dioses del averno sean piadosos y no consuman sus nidos.

Al menos los psíquicos no se dejaban alterar por el caos causado por aquel incendio nocturno y se disponían a proteger su hábitat con sus poderes telequinéticos. Puede que tal vez sea por eso que no fuera tan virulento. Pero sabía que esa ayuda sería limitada. Apagar llamas no era algo que un pokémon psíquico salvaje pudiera hacer, ni aguante para retenerlas por mucho más tiempo.
Era mejor actuar rápido y extinguirlas con todo lo que tenía.
─Lol, ayuda a los pokémon residentes con tu Hidrobomba. Akiro, haz lo mismo con Acua Jet o Ventisca, como prefieras. En cuanto a ti Kyu...
─No hace falta que me lo digáis. Necesitáis abriros paso entre el lumbre para poder ver el objeto.
─Siempre adelantándote a mis órdenes... ¡cualquiera diría que me lees la mente, tú!
─Menos boca y más prisa. No querréis asaros dentro de este campo de batalla.

Iba a replicarle. Pero debía de darle la razón, por más que hiera su orgullo de entrenadora. El equipo se dispersó para proteger el lugar mientras los dos líderes buscaban el inanimado causante de todo aquel embrollo.

Bastó con avanzar en dirección este y dispersar aquella barrera ígnea para ver el cuerpo del delito. Había un pequeño cráter entre maleza quemada y ascuas. Y dentro de aquella, yacía un meteorito con una joya de brillo tenue de color morado incrustado. Tenía en sí cierta belleza y misterio. Pero no entendía. Podría haber iniciado un incendio de tal calibre si hubiera pasado un buen tiempo desde el impacto. Y si no se equivocaba, solo transcurrió unos cuantos minutos del impacto hasta la su llegada por estos campos. ¿Entonces por qué tanta virulencia?
─Esto no es normal...─ Murmuraba. ─Algo no encaja aquí.
─¿Que una joya caiga del cielo?
─Bah, solo es una amatista del espacio. Podría ser un hito científico igual...

¡No, no, no era eso! Había pillado una incoherencia en los hechos, pero esa pregunta procedente del chacal hizo que desviara sus pensamientos hacia la joya.
La joya...
Que brillaba...
Se sentía extraña cuando miraba ese resplandor que iba tomando fuerza gradualmente por cada segundo que pasaba. Era como si albergara vida propia. Cada vez se sentía más somnolienta, como si esa endemoniada piedra absorbiera su fuerza vital. Tampoco podía pensar muy bien. Empezaba a ver cosas mientras entrecerraba los ojos. Un basto espacio vacío, con solo las luces de centenares de millones de estrellas, estén vivas o muertas era lo único que podía ver, junto a la piedra y su umbreon. Y había... frío... por todo alrededor... como si las llamas no existieran...

Hasta que el relincho de un asustado equino la despertó de una vez.
─¡Demonios! ¡Dime que no me estaba quedando dormida!
─Estabais a punto de caer de morros contra el suelo pese a mis llamados. Menos mal que ese desgraciado ha gritado de pavor... claro que... también nos ha rodeado ese maldito corredor.
Esto lo confirmaba. El meteorito quedaba exento de toda responsabilidad directa. No había forma de que ese pedrusco hubiera avivado el fuego ahora mismo. Y a juzgar por el sonido era...

Sí... ahí estaba su respuesta. Era un rapidash, o tal vez dos de ellos. Habrían prendido sus crines después del impacto y trotando por el campo dejando estelas por doquier. Tendrían que calmarlos si querían acabar de una vez con esas brasas.
─Hay... hay que salir de aquí y dar caza a esos caballos.
─Eso es lo de menos ahora. Hay una presencia más temible justo en frente de nosotros.

¿Otra presencia? No. Lo único que tenían delante era un calor insoportable y una roca preciosa clavada en tierra. No veía por dónde estaba el peligro.

─Kyu... no hay nada en frente. Abre un camino ahora mismo.
─Imposible. Debo de destruir esa piedra.
─¿¡Qué!? ¡No, tenemos que llevarlo a un científico antes!
─No pienso arriesgarme a futuros daños solo porque queráis saciar vuestra sed de conocimiento. Ahora si me permitís...
El umbreon iba a colocar su pata negruzca sobre la resplandeciente joya, dispuesto a aplicar una sobrecarga de sombras para reducirla en mil pedazos. Gionna no quería que lo hiciera. Debía de levantarlo del suelo y llevárselo lejos entre las llamas y ocuparse del verdadero fuente del problema.
Ninguno de los dos pudieron impedir nada. Aquella esfera brilló con una intensidad cegadora, como si quisiera preservar su existencia despojando la vista al gato asesino. En cuanto aquel brillo desvaneció y pudieron al fin abrir su ojos, no se creyeron lo que vieron.

El meteorito había desaparecido. Se había desintegrado completamente. En vez de aquello, había un par de piernas naranjas acabadas en punta flotando por encima del cráter. Al asomar las cabezas, pudieron comprobar que era todo un ser nuevo, con un abdomen negro que separaba la parte de las caderas y el pecho. En el centro del tórax reposaba la misma esfera amatista que reposaba en aquella roca, como si aquello fuera el corazón que le permitía vivir. Su cabeza perfectamente proporcionada tenía dos terminaciones rectangulares por los costados, con lineas igual de azuladas que la cara y parte del cuello. En medio de aquella aparente máscara, había una línea lila resaltando la simetría de todo ese nuevo cuerpo. Y al lado de cada hombro, sobresalían un par de finos tentáculos que permanecían colgando mientras este despertaba de un largo letargo.

Gionna retrocedía unos pasos cuando aquellas diminutas pupilas se clavaron en las suyas.
─¿Pe-pero qué es esto...?─ Se preguntaba para sí misma mientras dejaba que lo desconocido le pusiera la piel de gallina.
─A mí no me preguntéis. Os dije que debía de destruirlo por la temible energía que emanaba.
No, no podía ser una mera amenaza. Debería de ser solo un ser que aterrizó aquí. Aún no sabía sus intenciones, pero tenía certeza de que sus miedos eran irracionales y que no venía para enterrar el hacha en estos lares.
─Y no he cambiado de parecer. ¡Nadie que me supere merece el regalo de la vida!
─¡No, Kyu, espera!

Haciendo caso omiso a su entrenadora, el umbreon se abalanzó presto hacia el intruso listo para expulsar un Pulso Umbrío a quemarropa para acabar con su vida lo más pronto posible.
Tan rápido como un parpadeo, ese nuevo ser empezaba a afilar todo su cuerpo. Sus tentáculos ganaban algo de grosor, mientras que se generaban tres picos en la cabeza y se hacía aún más esbelto. Y con esas mismas cintas tambaleantes fue con las que golpeó al felino y lo apartó de su camino. Había sido un golpe duro. Tanto que casi lo noqueaba a la primera. Lo había lanzado muy cerca del fuego que los rodeaba.
─¡KYU!
Rápidamente fue a apartarlo de las llamas. Se podía notar el dolor que le provocaba aquella contusión por sus ojos entrecerrados.
─Maldito... es fuerte...─ Masculló Kyumbren.
─No te esfuerces demasiado. Has recibido un buen golpe.
─Exagerada. Tampoco me he roto nada.
─Pero aún así...
─Soltadme de una buena vez.
Iba a hacerlo. Ese ser parecía ser demasiado agresivo como para venir en son de paz. Aunque quizá lo hiciera en legítima defensa. Realmente no sabía que hacer. Tuvo que mirar una vez más si hacía algún otro movimiento ofensivo.

Pero no intentaba nada. Ni contactar ni aniquilar a nadie. Aquel ser cambiante empezaba a darle escalofríos por todas las temibles incógnitas que planteaba. Por una vez en la vida no tenía ni remota idea a lo que se estaba enfrentando. Ni siquiera sabía si estaba ante un pokémon u otro tipo de criatura.
Sin que ella lo esperara, había cambiado de aspecto. Se volvió todavía más aerodinámico, reduciendo la cantidad de tentáculos a dos y reduciendo todavía más masa corporal. Los picos de su cabeza se volvieron en uno trasero, haciendo que su cabeza se asimilara a un casco. Cuando terminó de transformarse, despegó hacia el cielo estrellando, dejando entrenadora y pokémon a merced del fuego.

Parecía que uno de sus problemas acabó huyendo de ellos. Mas había otro que empezaba a ser un incordio.

El humo empezaba a irritar demasiado la garganta de Gionna. Aquello era algo leve que podía soportarlo si reducía su respiración; ahora había ido a más y provocaba fuertes toses que empezaba a ahogar sus palabras en fuertes ronquidos. Era una suerte que el frío no permitiera que se calentara demasiado; pero eso no quitaba que los tóxicos se dispersaran por el aire.
Estaba empezando a pensar que era mejor irse de ahí antes de que pierda la consciencia por la intoxicación.
─¿Estáis bien?
─No... y me sentiré peor como no salgamos de esa pradera echando leches.
Dejó a Kyumbreon en el suelo. Él ya podía sostenerse en sus cuatro patas. Gionna, en cambio, empezaba a flaquear un poco por culpa de los escozores.
─No aguantáis nada. ¡Vamos, levántese!
─U... un momento...
Apenas podía hablar. No podía hacer nada más que hacer ruidos abruptos con la garganta. Pensaba que no tardaría en perder la consciencia.
─Me ahogo...
─Aguarde, os abriré paso.
Otra vez, el umbreon abrió un paso entre las llamas para que pudiera pasar. Con dificultad podía sostenerse de rodillas Estaba siendo imposible.

Para fortuna suya y la del campo, una gota de agua roció su mejilla, seguidas de otras dos, duplicándose por cada segundo que pasaba. El cielo le estaba regalando una generosa lluvia para que no haya más ceniza circulando por el aire. Eso la alentó contener el aliento, hacer un esfuerzo y ponerse de pie de una buena vez. Con perseverancia, estaba consiguiendo mantenerse de pie mientras se encaminaba a la salida. Podía ver como aquel ejército de rocío reducía las llamas en ascuas a medida que avanzaba. Pronto el incendio estaría apaciguado.

A una distancia, podía ver a Alejandro al lado de un swampert y sus dos compañeros. Cuando vio esa gran criatura al lado de su superior entendió que ese diluvio no era nada natural. No pensó que los rangers supieran sobre la capacidad de algunos pokémon para provocar precipitaciones. Quizá por ello no veía ninguna otra criatura más alrededor.

Había dejado preocupados a todos. Lol corrió con los brazos abiertos nada más verla para darle un fuerte abrazo. Uno que casi llegaba a aplastarla contra el suelo. Hizo mal. No tuvo que mandarla a que calmara las llamas ella sola junto a Akiro.
Alejandro, por otra parte, no estaba nada contento con su regreso.
─¿Dónde has estado? Creía que te habías perdido.
─Disculpa... tenía que ver qué era lo que había caído... oye, aquí viven rapidash, ¿cierto?
─Sí... no estás equivocada. Y estaban bastante alborotados. Gracias a tu slowpoke que pude capturarlos, o si no...
─Lo sabía...─ No aguantaba. Apenas podía pronunciar palabra. Tenía los pulmones sucios y llenos de hollín. Ni gracias podía decir. Quería que le explicara más; mas esos carraspeos sonaban bastante preocupantes.
─Oye, ¿estás bien?
Aprovechando la pregunta, pudo pedirle al fin eso que tanto necesitaba.
─Llama a un médico, pero ya.


@Rakhan @Thranduil


#42
Y Poisonbird vuelve a las andanzas. Ese rato me venía preguntando qué acontecía, sucedía u ocurría con este fic. Pero ya hay nuevo capítulo y lo he leído. Obviamente, por algo este comentario. Aquí vamos.

Me parece que está demás decirte que después de escribir un capítulo hay que releerlo, creo que tu ya me lo has dicho y me parece que me he seguido equivocándome. Pero como no sé si lo hiciste, te lo digo, pues verás, encontré unos detalles que me llamaron la atención.


Cita:
Era un desastre. Los rangers padecían por el ave. Temían que su herida pudiera infectarse. Lo
─Bueno... parece que tendremos que vigilar que la herida no se infecte.─ Sentenció Alejandro.


Hay un Lo muy raro ahí, no sé si se te pasó o se te borró algo. Y también te faltó una n.

Cita:
─¡Y-y-y imagínate si llegamos a encontrar una piedra noche por ahí! Apuesto a que también querría evolucionar, ¿no te gustaría Shephard? ¿Y ver mundo conmigo? Claro que habrán varios peligros, pero supongo que será mejor que vivir en el bosque mientras te insultan... ¿no?


Me parece que debería ser e en vez de y, pues la palabra que viene después empieza con i.

Otra cosa. Encuentro que faltaron descripciones entre los diálogos, poner cómo reaccionan a tal cosa, etc. Aunque no me quejo por eso, porque por alguna razón, me imaginé de igual manera como decían las cosas o reaccionaban a los diferentes hechos, creo que debe ser por que plasmas bien la personalidad de los personajes.

Y otra cosa más. Los párrafos los veo muy juntos y otra veces separados. Cuando pasa esto último no tengo problema, pero en el caso contrario, a veces me confundo un poco, de hecho, en algunas ocasiones creí que seuí leyendo parte del diálogo de un personaje. Por ejemplo, esto:


Cita:
Pero no intentaba nada. Ni contactar ni aniquilar a nadie. Aquel ser cambiante empezaba a darle escalofríos por todas las temibles incógnitas que planteaba. Por una vez en la vida no tenía ni remota idea a lo que se estaba enfrentando. Ni siquiera sabía si estaba ante un pokémon u otro tipo de criatura.
Sin que ella lo esperara, había cambiado de aspecto. Se volvió todavía más aerodinámico, reduciendo la cantidad de tentáculos a dos y reduciendo todavía más masa corporal. Los picos de su cabeza se volvieron en uno trasero, haciendo que su cabeza se asimilara a un casco. Cuando terminó de transformarse, despegó hacia el cielo estrellando, dejando entrenadora y pokémon a merced del fuego.

Parecía que uno de sus problemas acabó huyendo de ellos. Mas había otro que empezaba a ser un incordio.

El humo empezaba a irritar demasiado la garganta de Gionna. Aquello era algo leve que podía soportarlo si reducía su respiración; ahora había ido a más y provocaba fuertes toses que empezaba a ahogar sus palabras en fuertes ronquidos. Era una suerte que el frío no permitiera que se calentara demasiado; pero eso no quitaba que los tóxicos se dispersaran por el aire.
Estaba empezando a pensar que era mejor irse de ahí antes de que pierda la consciencia por la intoxicación.
─¿Estáis bien?
─No... y me sentiré peor como no salgamos de esa pradera echando leches.
Dejó a Kyumbreon en el suelo. Él ya podía sostenerse en sus cuatro patas. Gionna, en cambio, empezaba a flaquear un poco por culpa de los escozores.
─No aguantáis nada. ¡Vamos, levántese!
─U... un momento...
Apenas podía hablar. No podía hacer nada más que hacer ruidos abruptos con la garganta. Pensaba que no tardaría en perder la consciencia.
─Me ahogo...
─Aguarde, os abriré paso.
Otra vez, el umbreon abrió un paso entre las llamas para que pudiera pasar. Con dificultad podía sostenerse de rodillas Estaba siendo imposible.


Podría quedar así:

Cita:
Pero no intentaba nada. Ni contactar ni aniquilar a nadie. Aquel ser cambiante empezaba a darle escalofríos por todas las temibles incógnitas que planteaba. Por una vez en la vida no tenía ni remota idea a lo que se estaba enfrentando. Ni siquiera sabía si estaba ante un pokémon u otro tipo de criatura.

Sin que ella lo esperara, había cambiado de aspecto. Se volvió todavía más aerodinámico, reduciendo la cantidad de tentáculos a dos y reduciendo todavía más masa corporal. Los picos de su cabeza se volvieron en uno trasero, haciendo que su cabeza se asimilara a un casco. Cuando terminó de transformarse, despegó hacia el cielo estrellando, dejando entrenadora y pokémon a merced del fuego.

Parecía que uno de sus problemas acabó huyendo de ellos. Mas había otro que empezaba a ser un incordio.

El humo empezaba a irritar demasiado la garganta de Gionna. Aquello era algo leve que podía soportarlo si reducía su respiración; ahora había ido a más y provocaba fuertes toses que empezaba a ahogar sus palabras en fuertes ronquidos. Era una suerte que el frío no permitiera que se calentara demasiado; pero eso no quitaba que los tóxicos se dispersaran por el aire.

Estaba empezando a pensar que era mejor irse de ahí antes de que pierda la consciencia por la intoxicación.

─¿Estáis bien?
─No... y me sentiré peor como no salgamos de esa pradera echando leches.

Dejó a Kyumbreon en el suelo. Él ya podía sostenerse en sus cuatro patas. Gionna, en cambio, empezaba a flaquear un poco por culpa de los escozores.

─No aguantáis nada. ¡Vamos, levántese!
─U... un momento...

Apenas podía hablar. No podía hacer nada más que hacer ruidos abruptos con la garganta. Pensaba que no tardaría en perder la consciencia.

─Me ahogo...
─Aguarde, os abriré paso.

Otra vez, el umbreon abrió un paso entre las llamas para que pudiera pasar. Con dificultad podía sostenerse de rodillas Estaba siendo imposible.


Así la lectura se hace más cómoda y fluye con menos esfuerzo. Además, se ve más estructuralmente consecuente, creo yo.

Ahora lo que me gustó del capítulo. La aparición de Deoxys no me lo esperaba y me sorprendió gratamente, no me imagino y no se me ocurre nada de cómo él se va a ver envuelto en la trama, porque jugué muy poco del juego y no llegué a esa parte. Aunque creo que leí un manga sobre eso, donde los go-rock creo que querían capturarlo parece. Pero tal vez tú le des un giro inesperado. Por otra parte, que lata que no se pueda quedar con el Murkrow, pero conociéndola, se va a salir con la suya, como corresponde. Ahora me despido y espero pronto un nuevo capítulo. Ciao. :D


Lean mi fic: La Historia de Jack Evans
Soy Elven king
(Por si alguien no me reconoce)


#43

They're back!


¡Phew! Ya tocaba. Después de estar liada con el capitulo 13 de FdC, ha llegado el momento de que me ponga con las correcciones de este. Yyyy madre mía... menudo desastre tenía ahí. No de hechos (aunque con los acontecimientos anteriores ya hicieron que tenga que modificar unas cuantas cosas), pero sí semánticos. Frases muy largas, tiempos erróneos, typos, explicaciones liosas, repeticiones... ¿en qué diablos estaba pensando cuando estaba escribiendo esto? ¡Era incluso peor que el capitulo 11! >-<

Pero ahora está mejor. Aunque se me ha alargado demasiado con las modificaciones argumentales. Pero oh well, supongo que estará un poco mejor~ Lo único que no me gusta es que Helio se haya quedado como decorado y los conejos no hagan mucho acto de presencia. Le doy demasiado protagonismo a Ginny, hasta para ser la prota. Yeah, creo que a partir de ahí resalto demasiado lo Mary [?]
Pero tampoco creo que haya quedado mal. Hm.
Y si encuentran un error... sorry. Admito que también me apresuré con esto. Lo acabé de madrugada. Yyyy... no. No puedo separar el contenido en dos. Luego se me desordenan los capítulos y... ugh, nope, ni hablar.

¡Aw, yeah! @Thranduil me comentó, ¿no? Voy a responder.

Spoiler
Right. Veamos, qué me dices por aquí... seré breve, por eso.
Cita:
Hay un Lo muy raro ahí, no sé si se te pasó o se te borró algo. Y también te faltó una n.

Se me coló x.x
Cita:
Me parece que debería ser e en vez de y, pues la palabra que viene después empieza con i.

Hmmm... cierto. De hecho lo había puesto con e al principio. Pero luego pensé que era un texto oral (después de todo, a veces cuando hablamos no suena como escribimos) y que podría permitirme un pequeño error. Solo para leer como hablan. No sé si me explico.
Y sobre lo de Deoxys... weeeeell~ Lo cierto es que lo metí antes de otra forma. Pero... buh, era muy... no. No. Era una entrada demasiado forzada. Al menos ahora logré que no lo fuera tanto.
Cita:
no me imagino y no se me ocurre nada de cómo él se va a ver envuelto en la trama, porque jugué muy poco del juego y no llegué a esa parte.

Weeell... es parte de una misión especial. Alejandro quería capturarlo, pero resulta que le molestó y tú tines que calmarlo. Simply as that.
Pero claro. Yo nunca desperdicio este material. Tal vez después de este capítulo no lo veamos por un buen tiempo en acción; peeeeero~ tendrá relevancia. Y cerca del final podremos ver cómo ha influido en los acontecimientos que se llevarán a cabo. No en los primeros, anyway. Pero sí después. Al fin y al cabo, ese bicho ya sabe demasiado.


Wellp. Nothing else~ voy a publicar el capitulo 14 echando lechuzas.
Cheerio~!

Capitulo 14


Spoiler
Habían pasado varias horas desde que el médico había acudido a la llamada de Alejandro para diagnosticar la gravedad la situación. Ya había sido informado de que la paciente había estado en un incendio. Trajeron botellas de hidroxicobalamina, por si la vegetación hubiera liberado cianuro en el aire.
Gionna estuvo en la habitación en vilo sufriendo la irritación de sus vías respiratorias mientras el médico determinaba la gravedad de la situación. La tos tenía un tono bastante preocupante.

No era nada de importancia. Solo necesitaba administrar broncodilatadores, dejar pasar un día en cama y ya habría pasado.
Después de aquel reposo, ella contó cómo se encontró con aquel ser y logró tumbar a su pokémon más fuerte con un mero azote. Sin embargo, no se la tomaron en serio. En vez de eso, decidieron darle un par de días libres antes de que fuera a Villaestío, a ver si así se recomponía del todo.

Ese par de días los pudo aprovechar para cuidar de Sephard. Aunque aún le invadía la preocupación, trató de disfrutar ese poco tiempo que tenía con él. Pero tenía confianza en que, con el plan que tenía, podría estar en el equipo por el resto de los días.
Curiosamente, durante el primer día, Alejandro recibió reportes de un pokémon agresivo que dañaba a la fauna local y agredía a todo aquel que estuviera a su paso. Él mismo fue a calmarle, mientras el resto se encargaban de revisar al pequeño murkrow y hacer que cumpliera con la receta. A la noche, Alejandro regresó, sin poder avistar a ese ser por ningún sitio.

Y justo en el segundo día, el cuervo podía volver a mover el ala. Aquello le alegró. Ya no sufría.
Pero sabía que su despedida era inminente. Al no ser que fingiera que aún tenía el ala herida, no podría verle más.
No, no colaría. Después del buen tratamiento que le dieron, era imposible que aún lo tuviera mal.
─Bueno... a ver cómo tenemos esto...─ Alejandro iba retirándole el vendaje, haciendo que sus plumas se movieran hacia abajo. Miraba si había ningún rastro de sangre, ─¡pues ya está! ¡Este pequeño puede volver a volar!─dijo alegre revolviéndole las plumas de la cabeza. Este aleteaba con furia, amenazándole con el pico. ─Bueno, bueno, tampoco te pongas así. Que estás bien, ¿no te alegras?
─Tiene que estar cabreado porque no puede ir conmigo. Lo sé.─pronunció socarrona Gionna, con los ojos mirando al techo.
─Eso... no se puede solucionar. Lo siento.
─Sí, sí, siéntelo; luego no te extrañe que empiece a sacar los ojos a la gente.
─No exageres.
─Y los problemas que puede causar a los senderistas del Bosque Lila... oh, pobres de ellos, los que se tengan que cruzar con él...─intentaba inculcarle miedo, a ver si así lograba que se lo diera.
─Déjalo, Gionna, no vas a conseguir que te lo deje.
─Que no... ¿eh?─debía de ir directa al grano. ─Vale. Entonces olvídate de reencontrarte con tu querida Selena. No pienso ir a esa asquerosa selva.

Se le pusieron los ojos como platos. Aquello fue un golpe muy duro.
─¿Es... es eso un chantaje?
─Pues... para ser franca... sí, es un chantaje. O lo tomas o lo dejas. ¿Y bien?

Ya le estaba poniendo de los nervios. Podía ver el rojo de su torera se le subía a las mejillas. Intentaba mantenerse calmado. Si hacía lo que ella quería, le despedirían. Si se negaba, no podría ver más a Selena. Se sentía acorralado. No sabía qué debía de hacer.
Pronto dio con una solución. Era apresurada, y quizá no se conformaría, pero algo era.
─Está bien. Dejaré que te lo lleves.
─¿¡Sí!?─le brillaron los ojos. Parecía que lo había conseguido.
─Pero hoy no.─y tan pronto como se encendieron, se apagaron como llama ante el agua.
─¿Qué?
─Tendrás que encontrar a Selena primero. Si no, no volverás a ver a Sephard nunca más.
─Bueno, mierda, pues para encontrar a Selena rápido necesito a dos pájaros, y con este ya se suman dos, así que me lo das y punto.
─Con uno ya vas de sobra. La Selva Oliva tampoco es tan grande. Además... piensa que después de encontrarla te dejaré irte de la Unión. A partir de ahí te dejaré hacer lo que quieras, ¡hasta quebrantar la ley, si es que es un delito menor! Pero por ahora no puedo dejarte porque luego me cargan a mí la responsabilidad, ¿entiendes?

Era una difícil decisión. No sabía si seguir insistiendo en que le dejara ir a Sephard o resignarse y encaminarse hacia Villaestío con la esperanza de encontrarla pronto. Pero era cierto que estaba siendo un poco vil con esa extorsión. Miró dubitativa al murkrow, quien esperaba alguna respuesta. ¿Y si no la encontraba nunca?
─Tranquila, Gin. No creo que Sephard olvide lo que has hecho por él durante todo ese tiempo.
Cierto. También podría ir a hacerle una visita antes de que el milagro ocurriera, si es que tendría tiempo libre para ir. Tuvo que resignarse a esperar.
─Es... está bien. Esperaré a encontrarla.─dijo, con los ánimos por el suelo.
─Bien. Ahora llévatelo al Bosque Lila, y de paso ve a Otonia para montarte en Lapras. Helio te acompañará hasta ahí.
─Vale...─dijo con desgana. Luego tendió el brazo al cuervo para que se subiera en él. ─Vámonos, Sephard.

Esperaron a Helio para salir. Fueron arriba del bosque para llegar a la entrada de la zona laberíntica. Ninguno de los dos querían separarse. Mas debían hacerlo. Aunque no soportaba la idea de esperar un tiempo indefinido, Gionna debía de despedirse de él si quería volver a verle.
Tuvo que acariciarle las plumas, solo por si tenía que reconfortarlo.
─Oye... siento que tengas que volver aquí, pero... ¡no pasa nada! Después de que haya acabado con una cosa podremos hacer todo lo que te dije, ¿sí?

No podía resistir esa idea. Volver a ese bosque a pasar hambre era muy mala idea para él, aunque fuera por un tiempo. ─Si puedo, iré a verte, ¿vale?
─Gin... no es por apresurarte ni nada, pero tu umbreon está poniéndose un poco...
─Ah, espera, ¿ha venido con nosotros?
─¡Obviamente! No me iría a quedar con ese necio crea-lágrimas.─ contestó el chacal.
─Ah, cierto, ¿por qué pensaría eso? En fin... nos veremos pronto. Ahora ve. ¡Vive!

En cuanto sacudió el brazo, Sephard batió sus alas para perderse entre la copa de los árboles. Mientras volaba lejos, soltó una graznada de despedida. Tanto la entrenadora como el pokémon salvaje estaban entristecidos por la separación que las leyes habían obligado. No estaba segura si llegaba a cumplir con su palabra. ¿Y si fallaba?

Parecía que realmente los dos querían ir de aventuras juntos. Helio no pudo evitar retractarse un poco en sus palabras. Se había comportado como un idiota todo este tiempo.
Pero lejos de disculparse, tenían que llegar a un lugar. Quería ver a Selena lo más pronto posible.
─Estará bien. Tengo la corazonada que lo volverás a ver.
─A ver si es verdad... que cuando alguno se aleja ya...─parecía deprimida. Realmente no confiaba en que se cumpliera su palabra. Quería ver si estaba bien. Pero prefirió mantener distancias.
─Eh... ¿nos vamos?
─Sí, sí. Vámonos.

Volvieron a cruzar el puente de madera. Los rayos de sol caían radiantes, calentando levemente el frío aire de invierno. Aún faltaba un poco para que la primavera llegara; pronto se asentaría por la región, derritiendo las nieves de las cumbres. No era si no hasta abril que las aguas volverían a fluir con fuerza arrastrando tierra y la poca escarcha que quedaría. Aún eran pocos los pokémon que se animaban a sentir la brisa gélida. Pero durante aquel buen tiempo, era normal ver algún chickorita tomando el poco calor que desprendía.

Hoy no veían ninguno. Ni un mudkip siquiera.

Casi llegaban a la entrada de la entrada de la Cueva Unión cuando Gionna masculló entre dientes varias palabras malsonantes. Había visto desde la lejanía al extraterrestre de aquella noche, justo en la entrada que debían cruzar.
─¿Pasa algo?─ Preguntó Helio al oír la gravedad de su injuria. Ella no decía nada. Solo se limitaba a mirar furiosa a ese ser. ─¿Gionna?
─Recordáis que intentó explicar que se encontró una criatura entre las llamas en aquella noche, ¿cierto?─ Explicó Kyumbreon.
─Sí... y pensábamos que fue una alucinación, ¿por qué?
─Porque aquí tenéis el mismo insecto que me golpeó en el lomo.
─Ya me decía a mí que era demasiada casualidad.─se corrigió Helio. Otra vez había pecado de incrédulo.
─Ahora me crees, ¿no?─resopló, desordenando los pelos del flequillo,─Es que ya te vale.
─Bueno, no creo que nos ataque...
─Yo digo que lo hará. Porque sí. Porque es un invasor. Porque intentó atacarme antes.
─Seguro que porque tú o tu umbreon atacasteis primero.

Cierto. Kyumbreon se puso a atacar a ese alienígena antes de que pudiera hacer un contacto civilizado con ellos.
─Vale, sí, reconozco que Kyu fue un poco bestia.
─Y no me arrepiento.─añadió el gato.
─De igual modo... había un pokémon que atacaba a los pokémon salvajes, ¿no? Pues no tengo duda en que será este.
─Pensará que todas las criaturas se abalanzarán contra él por eso, seguro.
─Bueno. Tal vez. Pero aún así- o-oh, no. ¡Ooooh no!

La presencia de humanos, por distanciada que era, estaba molestando al extraterrestre. El hombre naranja lanzó una mirada a Gionna.
─Oh, no. Mira esos ojos sin alma que perforan la mía... creo que está pensando en aniquilarme. Lo sé.
─Vamos, Gin... seguro que solo te tiene miedo porque dejaste que tu umbreon lo atacara.
¿¡Miedo!? No pudo evitar soltar una risa nerviosa y burlarse de sus palabras.
─¿¡Él a mí!? Creo que tengo más derecho de estar aterrorizada que él. ¿Sabes lo fuerte que es ese bicho?
Iban a seguir hablando; mas podían ver desde lejos que preparaba un ataque y un cambio afilado de forma. Ella tragó saliva. No le gustaba lo que estaba creando el hostil forastero.
─Oh, no, allá va.
─¿Qué?
─¡Que te pongas a cubierto ya! ¡KYU!

El umbreon, sin decir nada, se puso delante del ataque. Era una bola surgida de energía psíquica, algo que Kyumbreon resistía sin empeño alguno. Sacudió todo su cuerpo como perro secándose, vacilando todo su poder. Fue un alivio para ella; había visto un ingreso a un hospital y horas de agonizante sufrimiento al canto. Al ver al felino de la muerte, el visitante se dirigió hacia Kyumbreon rápidamente y preparaba un azote con sus gruesos tentáculos. Sin demora, el gato se protegió de ellos con una barrera.

─¿Pensabas que me pillarías con la guardia baja otra vez? ¡Vosotros dos, retiraos! Tengo que saldar cuentas con este diablo.
─¡Pero-!─repentinamente, Gionna le agarró de la muñeca fuertemente para alejarlo del campo de batalla.
─¡No seas idiota y vayámonos de aquí!

Fueron rápidos hacia la entrada de la cueva. Mientras, Kyumbreon cargó su onda oscura, confiando en que el golpe fuera rápido y mortal. Mas aquel guarda de la cueva tenía más sorpresas preparadas.

Se enrolló sobre sí mismo y puso sus tentáculos en cruz. Mientras se acurrucaba sobre sí mismo, fue ganando más masa corporal a la vez que sus látigos se volvían planas. Además del peso ganado, iba formándose una membrana esférica que lo cubrió completamente. Para la sorpresa del hijo de la luna, el pulso umbrío no tuvo nada que hacer contra la resistente burbuja. Era algo inaudito que acrecentó su ira más.

Después cambió de nuevo de forma. Como en la noche anterior, se deshizo de la masa sobrante para ganar ligereza. Kyumbreon vaciló y preparó otro pulso umbrío; pero otra vez el avispado alienígena escapó de sus ojos con un movimiento muy veloz. Helio no cabía de su asombro ante las múltiples técnicas que empleaba aquel ser polimorfo. Ahora entendía por qué se ganó el temor de Gionna.

Kyumbreon buscaba por los alrededores intentando determinar por donde se fue. La entrenadora también intentaba encontrarlo por todo el campo desde la subida de la cueva. No lo veía por ningún lado. Pronto tuvo que dejar de ver la tierra y alzar vista al cielo.
Ahí estaba. A poca altura, apuntando a su objetivo. Estaba preparado para lanzarse en picado. Luego tuvo que dar el aviso.

─¡A la derecha!

No cuestionó su orden. Kyumbreon se dispiso a crear su escudo; sin embargo no le dio tiempo a materializarlo. El delgado señor de la velocidad se precipitó cual rayo, golpeando duramente a Kyumbreon, una y otra vez, levantándolo al aire sin dejar que cayera al suelo en un frenesí de asombrosos placajes múltiples.

Al cesar el ataque, el chacal tocó tierra bruscamente. Su orgullo aún le daba fuerzas para levantarse; aunque no le despojaba del dolor. Su cuerpo estaba magullado y sus patas contusionadas no le permitían alzarse rápido. Visto que aún estaba consciente, el ser negro anaranjado volvió a su puntiaguda forma, listo para rematarlo. Bajó a tierra y alzó los tentáculos izquierdos, que ganaron aún más grosor para atestarle un golpe brutal. Gionna estaba desesperada por encontrar una solución. ¿Qué hacer? No quería que su umbreon muriera por hemorragias internas.
Tenía que hacer algo. ¿Pero qué?
Vio que Plusle estaba acompañada. Y decidida a prestar ayuda. Miraba al misterioso ser y luego a ella.
─¿Me vas a ayudar?
Asintió con chispas. Entonces dio con una solución.
─Bien, pues, ¡Plusle, paraliza!

En cuanto dijo paralizar, lo entendió. El conejo hizo carrera envuelta en electricidad hasta golpear al agresor de Kyumbreon a la vez que detenía su ataque con finos rayos azules. Aprovechando el momento, abrió su mochila para sacar el capturador y apuntarlo. No pensaba que funcionaría. Pero al parecer era un pokémon con todas las de la ley.
─No me digas. ¿Vas a capturarlo? ¿Ahora?
─No tengo otra. Es demasiado fuerte como para arriesgar a mis queridos.

Mientras volvía al lado de Gionna, ella inició la captura, dejando previamente la bolsa al suelo y, pese a las dificultades que tenía al hacer círculos debido a las sacudidas que su brazo daba involuntariamente, logró que el aparato le indicara que es suficiente. Retiró la peonza para anudar la cuerda lumínica a su alrededor mientras Plusle volvía al lado de Minun. El pokémon había sentido un escalofrío cuando la línea rozó su cuerpo. Para la mala suerte de los rangers, esa batalla no iría a acabar ahí.

Una película se desveló a poco rato que la luz tocara su cuerpo, repeliendo y reduciendo el círculo a meras chispas. Se había zafado de la influencia del aparato sin mover ni una sola parte de su cuerpo.
Ignorando lo que acababa de ocurrir, los pesados tentáculos del aire iban de camino hacia la columna del umbreon. Para su suerte, pudo detenerlos a tiempo con su telequinesia. No podría retenerlo mucho más.
─Odio admitirlo, pero este maldito nos supera. Tendremos que huir.
Tenía razón. Era demasiado peligroso permanecer cerca de ese ser maldito.
No había otra opción. Guardó al maltrecho umbreon en su correspondiente pokéball, dejando que el peso de sus tentáculos abriera grietas al suelo. Entre las piedras, Deoxys le dio una mirada. No podía dejarla escapar.
Siendo consciente que le podía superar en velocidad, tuvo que pedir a Helio un favor.
─¡Helio, usa a Minun, rápido!
─¿¡Por qué!?
─Tenemos que alejarnos de ese bicho, ¡y pronto!

Ahora no había duda. Parecía demasiado furioso como para poder capturarlo. El ranger ordenó a su compañero que se abalanzara a Deoxys antes de que cambiara de forma una vez más y lo paralizara por un instante. Entonces todos pudieron aprovechar la parálisis para entrar rápido a la cueva. Solo sería cruzar y llegar a Otonia al fin. Ahí estarían seguros.
─¡Bien, lo logramos, lo logramos, lo estamos logrando, estamos escapando, estamos-!
─¡Gionna, ten cuidado!
─¡¿Pero qué haces frenando la marcha?! ¡¿Pero quieres-?!
Y entonces, chocó con un blando muro de coloridas plumas. Cayó hasta sentarse sobre la húmeda roca para ver cómo un largo cuello se alzaba y le gritaba en frente. No podía ser. ¿Qué hacía un archeops en una cueva?

─Te lo dije.

Tuvo que retroceder arrastrándose para luego poder levantarse tranquila. Luego chasqueó la punta de la lengua después de un bufido. De todas las personas, de todos los tiempos, tenía que aparecer ese mismo energúmeno justo en ese instante. Aunque mirando por la parte positiva no era Alberto, si no su hermano mayor.
─¡Vaya, vaya! ¡Pero si son los dos panolis fracasados! ¿A qué tanta prisa?
─¡David! ¡Corre, por lo que más quieras!─pidió de seguido Helio.
─¿Por qué tendría que hacer caso a un ranger como tú, eh, “pasmao”?─contestó con entero desdén. Luego vio por qué. Deoxys vino por atrás como el rayo, llevándose consigo a varios zubats que revoloteaban furiosamente. ─Anda la hostia, ¿qué es eso?
─¿Que qué es qué?─tan pronto como preguntó, fue derribada con un rápido golpe en la espalda. Por lo menos agarraba su mochila con fuerza para que nada fuera robado.
─¡Gionna!

Ya estaba. Estaba plantado frente suyo esperando a que levantara cabeza y echara un vistazo al orbe de su pecho. No, no pensaba levantarse. Pero luego, sin hacer ningún tipo de contacto le estaba levantando la cabeza. No, no. Ni hablar. No iba a dejar que un psíquico moviera su cuerpo. Estaba cerrando los ojos con fuerza de la presión que ejercía.
Su rostro chocó contra el suelo bruscamente. El alienígena estaba siendo distraído. Y que ironía, fue David quien tiró la primera piedra.

─Eh. Capullo. No me ignores.
Le dio un breve vistazo. No le dio importancia y trató de volver a levantar la cabeza de Gionna. Otra vez.
Y por segunda vez, David despistó al alienígena.
─He dicho que no me ignores, idiota.
No tenía ningún interés en él. Nada más girar darle la espalda otra vez, el hermano mayor del equipo Go-Rock llamó a su pokémon para que se abalanzara hacia él.

Dio un golpe de cola al alienígena, echándolo a volar unos cuantos centímetros cerca de Helio. Ahora sí. Tenía toda su atención.
Lleno de ira, Deoxys cambió a su forma ofensiva, cargando una Bola Sombra contra el pokémon prehistórico.

─¡Joder, ya era hora!─fue entonces cuando desenfundó su guitarra. Ese pokémon tenía que ser suyo. ─Supongo que haré un favor si lo capturo, ¿verdad? Os prometo que luego no intentaré nada raro. Si me dejáis claro; si no...
Pasó los dos dedos por el cuello un par de veces. Señal que iría a acabar con ellos.
─Eso... estaría bastante bien.─contestó Gionna mientras se levantaba. Ya estaba hasta las narices de Deoxys. Al menos no molestaría.
─¿¡Pero qué dices!? ¡Claro que no!─rectificó Helio, sorprendido por la actual pasividad de su compañera.
─¡Venga ya, por una vez que no nos va a matar!
─Gionna. No sabemos nada de ese pokémon, pero nos ha dado problemas. Y además... ¿¡cómo te puedes fiar precisamente de ÉL!? ¡No es trigo limpio, sabes!
─Bah, mira que os ponéis las cosas difíciles, ¿eh? ¡Archeops!

Mientras tocaba un solo e intentaba rodear al versátil hombre estelar, el archaeopteryx aleteó y se alzó a un raudo vuelo por el pasillo rocoso. Ella se volvió a ensuciar el uniforme de tierra, llevándose consigo a Helio. Al no dar con el blanco, Archeops se giró para verlos en el suelo. Esta vez, Gionna tuvo que permanecer de rodillas para remover entre sus cachivaches para sacar a alguno de sus combatientes.

Sin embargo, Helio le agarró del brazo impidiendo que lanzara la pokéball.
─¡Espera, espera, espera! ¡¿Qué vas a hacer ahora?!
─¡Jo, pues despejar el camino! ¿Qué quieres que haga?
─¿¡Es que siempre tienes que recurrir a la violencia o qué!?
─¡He empleado vuestro método, y no ha funcionado!
─Claro, ¡porque aún estás enfadada por dejar a ese murkrow en su hábitat! ¡No me extraña que no funcione!
Ah, sí. Solo pasaba eso, ¿verdad? Y que el alienígena le atacara a ella y a su umbreon no era otra razón para que sintiera odio hacia él, ¿no?
─¿Y tú qué sabes? ¿Eres yo, acaso? ¿No ves cómo estamos? ¿¡Tú te crees que eso es lo único que me pasa!?
─No, bueno, sí, ¡pero no puedes capturar pokémon si estás rencorosa o asustada todo el tiempo! Luego el pokémon capturado se siente peor, ¿que no lo ves?

Eso era una excusa nueva. ¿Por eso no le funcionó el capturador? Le era ilógico la explicación de su funcionamiento. Las máquinas, según ella, no podían captar algo tan subjetivo como son los sentimientos, por lo que era incoherente que el capturador haga un lazo de empatía.
─¡Por favor! ¿¡Tú te crees que un aparatito puede saber al tacto tus sentimientos!? ¿¡Mediante qué!? ¿¡Latidos del corazón!? ¡Menuda tontería! ¡He estado angustiada todo este tiempo y aún así me ha funcionado! ¿¡Cómo explicas eso!?
Se quedó mudo. No encontraba excusas.
─Bien. Ahora me dejas actuar a mí, ¿sí? Tú... ponte a cubierto, que no puedes hacer nada.

Escuchada la discusión entre los supervivientes de la cólera de su tyranitar, David aplaudiría la conclusión de Gionna y le invitaría unirse al equipo de no ser porque el muchacho de cuernos de gomina estaba ocupado con Deoxys. Tocó la guitarra con furia. La captura de ese alien estaba empezando. Archeops volvía a la carga con otro de sus Acróbatas. Volvieron a bajar sus cabezas y acto seguido, la entrenadora se liberó de la mano de Helio y sacó a Lol.
─¡Lol, Hidrobomba!
Tenía que ser rápida. Esa criatura del jurásico podía ser un peligro si no se hacía nada de inmediato. Lamentablemente, Archeops fue rápido y esquivó aquella tromba de agua con tres meros pasos. Después, tomó carrera y volvió a cargar el mismo movimiento; esta vez contra el lombre.

Aquel cabezazo, recibido directamente en el estómago, hizo que escupiera savia y yaciera inconsciente en el suelo.
Un susto. La entrenadora se horrorizó al ver a su compañera tirada al suelo sin poder levantarse. La arcaica ave miró después a ambos e intentó azotarles de nuevo con su cuerpo. Mientras pasaba de largo, aprovechó para volver a meter a Lol en su respectiva pokéball, lamentándose de su espontaneidad.
─Perdóname, chica, creo que he actuado sin pensar.─ Le decía, aunque permaneciera sin consciencia.
─¿No crees que estás siendo un poco hipócrita disculpándote por explo-?

Le tapó la boca con la mano llena de tierra. Lo quería bien callado ahora. Tenía que planear algo. Ese pájaro idiota parecía que no podía hacer nada más salvo derribar y hacerles caer por lo bajo, pues aún estando al suelo se quedaba quieto, esperando a que se levantaran.
Pero igualmente tenían un problema. Y bien grande.
Sacó otra de sus celdas y se volvió a levantar. Helio, en cambio, prefirió no erguirse, por si tendría que volver a tirarse. La bestia feroz dio unos agudos rugidos al verla plantarle cara.
Era el momento. Tenía que sacar a su presto compañero.
─¡Vamos, Akiro!

Como siempre, el grueso hipopótamo hizo acto de presencia tumbado usando su cola como almohada. Luego se levantó somnoliento y dio un largo bostezo, sin mirar muy bien su alrededor. El ser volador se reiría si no fuera porque le estaba controlando una guitarra.
─¿Y ahora interrumpes el sueño de uno de tus pokémon para defenderte? Estás... ¿estás loca?
─Calla.

Subestimando a su contrincante, Archeops intentó atacar con el mismo ataque a Gionna una vez más; pero, pensando que el ataque iba dirigido a él, el durmiente corredor lo detuvo en seco con su mente de enseguida. Mirándolo con sus somnolientos ojos, paró su carrera, haciendo que este aletee con fuerza en medio del aire sin subir ni un ápice.

Después, cuando dejó de esforzarse, el slowpoke dejó que la gravedad hiciera su labor. Fue una caída dura. Vio que tardaba, de modo que Akirosoku volvió a sus plácidos sueños. Lleno de ira, Archeops rugió sediento de venganza. Era un aviso de que atacaría. Para su mala suerte, su slowpoke lo interpretó más bien como un gruñido de dolor, y volvió a reanudar su siesta.

─Akiro, no, no me seas gandul ahora, reacciona, ¡vamos vamos VAMOS!─ Ordenaba nerviosa, pero su slowpoke no tenía intención de anticipar los movimientos de nadie. El microrraptor corrió velozmente, yendo a por él con sus garras, y, al estar en pleno reposo, recibió de lleno el ataque, dejándole una marca notoria en el lomo. Sin embargo solo notaba cosquillas en la fisura que se creó. Unas molestas y urticantes cosquillas que le impedían reanudar su sueño.

Enfadado por no poder dormir, se rodeó de agua y trató de vengarse con un Aqua Jet; sin embargo, aquel ávido cazador lo superaba en velocidad y esquivaba cada golpe que intentaba dar. Parecía que esta lucha no iba a tener fin. Archeops también intentaba dar uno de sus golpes con sus afiladas armas. Y así siguieron hasta que Gionna salió del espanto.
Era una apuesta arriesgada. Pero debía intentarlo.

─¡Akiro, usa Confusión!

De repente, el slowpoke se detuvo e iluminó de nuevo sus ojos, parándolo otra vez.
Bien. Siguiente paso, pero no más difícil.

─¡Ahora intenta mantenerlo mientras usas Aqua Jet!

Fue por unos tres segundos, pero fueron suficientes para quitarle el tiempo necesario y hacer el golpe certero. El agua le corroía como ácido en la piel. Era demasiado frío.

El golpe lo dejó débil; pero no vencido. De nuevo, Archeops se levantaba, aún sin saciar su sed de sangre. Finalmente David pudo ver parte de la batalla. No podía evitar cantar victoria al ver que, después de tanto esfuerzo, no resultaran como se esperaban.
─¡¿Te crees que con un golpecito de tu slowpoke te bastaría para vencer a mi Archeops?! ¡Sigue soñando, querida!
Se equivocaba completamente. Tal era la ignorancia y el error que se permitió mostrar una sonrisa.
─Sí, sí, tú espera...

Archeops volvió a usar Garra Dragón con sus uñas desde tierra. Confiado en que no le alcanzaría, Akirosoku se quedó quieto a la espera de que las garras estuvieran a pocos centímetros de él. El exceso de confianza hizo que recibiera otro golpe.

Pero al contrario que el anterior ataque, apenas rasgó la carne de Akirosoku. Se había reducido a un mero arañazo poco profundo por donde apenas se le escapaba algún humor.
─¿Pero qué cojones acaba de pasar?─de repente, David no entendía nada. ¿Por qué se había reducido su ataque a tales niveles? ¿Qué estaba pasando?
Nada más dar el primer signo de desconcierto, la entrenadora soltó una maliciosa risotada mientras se ajustaba las gafas.
─¿De verdad has capturado un pokémon y no sabes sus capacidades? Me esperaba algo de diligencia, ¿sabes?
─¿¡Qué me acabas de llamar!?─gritó sin haber escuchado ninguna injuria directa.
─Nada. Aún. Aunque solo te voy a decir que traer a un pokémon con Flaqueza fue una idea pésima, ¿sabes?
─¿Flaqueza? ¿Qué cojones es eso?─preguntó.
─Ya me figuraba yo... ¡menudo idiota que no consulta antes de hacer sus capturas! ¡Akiro, congélale!

Era la señal. Estaba esperando usar ese ataque.

Akirosoku abrió su boca, dejando escapar un vendaval de nieve y frío. El reptil volador se helaba. Sus músculos se atrofiaban cada vez más, mientras que su piel estaba siendo rasgada por aquella Ventisca. Cristales gélidos se formaban por los pies, adhiriéndole al suelo.
Helio no pudo aguantar más.
─¡Te he dejado hacer mucho, pero esto ya es demasiado! ¡Para el ataque!
No. ¿Por qué? ¿Qué tiene de malo congelar momentáneamente a un pokémon para capturarlo?
Sí, tal vez no pudiera. Y quizá sería una pérdida de tiempo. Pero tenía que probar una cosa.

Aprovechó que Archeops estaba inmovilizado por el frío para capturarlo con el aparato. Los círculos de su disco llegaban a tocar al pokémon prehistórico, que inútilmente intentaba huir sin saber que lo curaría. Hizo lazos con varios movimientos de brazos alocados para acabar lo más pronto posible.
El capturador anunció la finalización del proceso. Y al retirarlo, retiró toda mácula del pokémon del jurásico.

Estaba en lo cierto. El aparato que sujetaba ella no era nada corriente. Pero no entendía. ¿Por qué entonces no pudo atrapar a Deoxys?

Y hablando de él... ahora se daba cuenta que estaba a su lado. Todo y que eso no quitaba la incredulidad que dejó en la cara de David. Y luego Akirosoku...
Demonios. Tenía que revisar su estado. Fue hacia él, preocupada por la herida. Pero poco podía hacer por ahora. Debía de devolverlo a su pokéball.

Pero antes de que pudiera hacer algo, pudo oír gruñir a David.
─Tú... tú... has podido con mi Archeops... pero no importa. Archeops no tiene comparación con mi última captura.─rió con nerviosismo, con locura. ─Lo cierto es que me caes bien, tronca. No eres como tus compañeros, que van con esa cursilería de amistad y amor y todas esas mamarrachadas que dicen. Estás desperdiciando un montón de potencial, tía. ¿Estás segura de que no te has equivocado de bando?

Abrió los ojos como platos. ¿A qué le sonaba esto? Las paredes cerrándole toda salida... el jefe planteando alternativas.
Era como...
─Es una lástima que una renacuaja como tú desperdicie tanta habilidad defendiendo causas contrarias. De verdad, ¿por qué demonios estás con el Equipo Magma?
Sí. Parecía que se repetía la historia. Y seguro que lo siguiente sería...
─Mira, joven... has aguantado bastante como para enfrentarte a diez poochyenas con un solo lotad. ¿Por qué no nos haces el favor y te unes al Equipo Aqua de una buena vez, eh?
─No sé, no sé... me da penita tener que ordenar a Deoxys a que te mate aquí... hmmm... sí... ¿¡por qué no te unes a nosotros!? ¡Podrías mejorar bastante si haces unos cuantos trabajitos para nosotros!

Justo eso. Una invitación. Justo en el momento que estaba mirando a uno de sus verdaderos amigos en mal estado. Al menos no parecía ser un estado crítico. Pero la situación que se le planteaba era la misma. Salvo por aquella voz tumbada que le rogaba que no la tomara.
Su respuesta iba a ser la misma, obviamente.

─No soy de ningún bando. Marchaos todos.

Y cómo no, la respuesta no iba a ser diferente.
─Está bien.
Un acorde fue tocado.
─Al menos lo intenté. ¡chicos! ¡Mandad a los perros!
─¡Dales todo lo que tienes, Deoxys!

Su poderoso vasallo preparó una bomba de energía en el pecho. A este punto, parecía que su destino era inevitable. Sería un ataque directo, sin posibilidad de salvarlo todo. Y antes que sacrificar a otra vida por la suya, prefería ofrecer la suya por el herido. Lo empezó a abrazar fuertemente cubriendo al tranquilo slowpoke, tal como lo hizo antaño. Plusle y Minun tampoco podían hacer nada por evitar el nefasto destino. Lo poco que podían hacer era cubrir a Helio, aunque les costara la vida.

Entonces Deoxys soltó la bola al suelo. La luz cegadora iba a darles una muerte rápida, esperaban. David reía victorioso. No podía esperar a contemplar los cadáveres que había creado.
Pero tuvo un disgusto.
La bola había estallado en medio del aire. Al no sentir ningún dolor, Gionna tuvo que abrir los ojos para ver si estaba en el limbo.
No. Seguía ahí. Pero estaban cubiertos por una barrera protectora.
Increíble. Habían sobrevivido a esa fuerte ofensiva. No se lo podía explicar.
─¿Qué...? Madre... madre mía, tú... tú...─estaba atónito. No podía hablar bien. ─¡Sois-sois peores que las ratas! ¡No se os puede matar con nada! ¡ARGH, YA ESTÁ, ME PIRO!
No podía hacer otra cosa. Se fue refunfuñando a las profundidades con Deoxys siguiendo sus espaldas.
─¿Qué... acaba de...? ¿Gionna? ¿Cómo has hecho eso?
No hubo ninguna palabra. Solo se levantó, retornó a Akirosoku a su lugar y se dirigió a Otonia con el desconcierto. Mientras, una figura invisible sonreía satisfecha y salía a la luz. Por el momento había cumplido su trabajo.

*Like if u cry 4 Sephard


#44
... ¿Nadie? Aw, c'mon, es porque no comento ni hago tanta presencia ahora, ¿verdad? </3
Bueno, es igual, pondré el capítulo 15 porque yes. Porque tengo que hacerlo.
¿Querías comentar y no pudiste? Well, ahora tendréis doble trabajo. Sorry, pero debe de haber otros que querrán leer esto [?]

Y hay mucho diálogo. Yeh, sorry [?]

Cheerio~!

¡AH! ¡Sí! Este es el último capítulo que tenía por corregir. El resto solo tendré que tocar algunos detalles y eso, pero eso será todo. Lo cual significa que publicaré más rápido, depende de como vaya el asuntillo de los comentarios.
Aún habrá alguno por donde habré malgastado espacio. Pero desde luego entre los siguientes no estará.

Ahora sí. Cheerio a todos :3

Capitulo 15


Spoiler
A las lejanías de la pequeña región de Floresta, en un torreón grande cuyo techo era una gran pila de hojas, había una reunión importante. En una gran sala, amplia, con las baldosas amarillas y paredes de hormigón acorazado, acudían los mejores rangers de aquellos lares. La convocatoria dio comienzo, iniciada por la anciana que presidía toda la organización. Era una mujer baja y gacha, cuyo sustento era un simple bastón de un redondeado mango. Sus cabellos canosos estaban recogidos en dos cortas coletas, y el rostro reflejaba su larga edad y una gran dulzura. Aquella honorable mujer vestida de rojo era conocida bajo el nombre de Edna.
Emitió el inicio de la reunión con su voz ronca, con un tono severo.

─Supongo que sabréis por qué os he convocado aquí, pero por si acaso os repetiré el cometido de esta reunión. Estamos aquí para debatir la situación del equipo Go-Rock. Parece que la banda ha llevado ventaja a nuestros aliados de Floresta. Según un informe enviado por Alejandro, los superiores del equipo Go-Rock han mejorado sus supercapturadores. Estas mejoras que han añadido hacen que los pokémon que hayan atrapado sean imposibles de capturar con los capturadores estándar. Además, su pupila más avezada, Selena, desapareció mientras buscaba su base.

Entre la gente de oficio, una de los mejores rangers, cuya compañía era un gecko de larga hoja y una garra de metal dio una sonrisa pícara. Le resultaba muy molesto oírla cada vez que entraba a ver si tenía que hacer alguna misión de importancia. Escuchó muchas de sus hazañas, alabanzas sobre lo rápido que se elevaba de rango. Era más leña al fuego de la envidia. Y ahora, a la que con las palabras le cogió manía, acabó humillada en el cabo del lobo. Desde luego era un anuncio dulce para sus oídos.

─Vista la situación actual por la que está sufriendo Floresta, hemos decidido intervenir. Uno de vosotros irá a Hiberna para buscar su base de operaciones, y, una vez encontrada, nos infiltraremos para echar abajo sus planes antes de que sea demasiado tarde. ¿Algún voluntario para ir?

Era la oportunidad de la top ranger de flequillo azul y brillante tomar el trabajo y sentirse todavía más orgullosa de su labor, aunque implicara rescatar a su mayor enemiga. Alzó la mano con energía, pidiendo a gritos que la escogieran.

─Sabía serías la primera en levantar la mano, Emily. ¿Alguien más quiere ir?
─¡No, no hace falta que os ofrezcáis por mí! Ya me las arreglo sola.
─¿Seguro?

El resto de sus compañeros consideró que era un riesgo muy grande. Nadie más se ofreció.
─Bien... eso es todo. Vuelvan a patrullar. Informaré a Elena que llegarás ahora. Haz que me sienta orgullosa de ti una vez más.
─¡De acuerdo!
─Ah, una cosa más... ten mucho cuidado.

Esas palabras de preocupación le dio una idea del peligro al que se exponía. Edna era como una madre para todos la que la conocían. Si alguien pereciera mientras estaba en una misión, sería fatal para sus ánimos. ¿Cuántas almas perdió ya envenenadas por el humo de los árboles? ¿Cuántas fueron ahogadas por fallos en el equipo? ¿Y cuántos fueron agredidos por malandrines? Desde luego, eso era nimiedades. Pero Emily se embarcaba en una aventura más peligrosa. Ella, para calmarla, le dijo simple y llanamente que lo tendría. Después, bajando un piso, salió al exterior. En su búsqueda de transporte, utilizó su capturador superior, más potente que el estándar y de más fácil manejo.

Era un aparato un poco pesado. La primera vez que se alzaba costaba mantenerlo arriba, pero quién se acostumbraba a ese lastre en el brazo lo levantaba rápido. Los halcones de flequillo de hacha solían reposar en la plaza de entrada de la unión; algo conveniente para los que iban a viajar largas distancias. Además de veloces, eran aves con mucho aguante, pudiendo transportar una persona a largos recorridos a velocidad constante.

Con solo un botón, el disco salió de su ranura, dirigido desde sus dedos índice y corazón. El capturador no tardó nada en sacar la línea, y, como resultado de la sorpresa de la gran lavandera, la captura fue muy rápida. Starraptor no tardó en estar disponible a su servicio. Igual ocurrió con otro de su misma especie, capturado para su grovyle. Ambas subieron en las aves dirección este para llegar a la sierra de la pequeña región.

Las gaviotas, tanto plateadas como azuladas, volaban al lado del lapras mientras cruzaba apaciblemente por el Mar Zafrán. Apenas habían empezado a navegar y Gionna podía sentir algo de mareo si apartaba su vista del horizonte. Solo debía de procurar no dejar de mirar al frente y nadie saldría manchado. No decía nada por tal de no distraerse. Intentaba no hacer ninguna queja al respecto con tal de no iniciar conversación con aquel idiota que tenía detrás. No quería oír ninguna palabra venida de él. Ninguna.

Aunque el silencio fue roto por la misma persona que no quería pronunciar palabra.
─Oye...
─Chitón. No quiero oírte. Me mareo.─dijo secamente.
─Pero... es que me parece todo tan raro...
─Sí, ya sé lo que vas a decir, “tienes demasiada suerte para maltratar a los pokémon” o algo similar. Pues te digo yo, sí, la tengo y sí, me paso tres pueblos, pero has salido vivo, ¿no?
─No te iba a reprochar. Es solo... no sé... ese ataque... el que hizo ese pokémon del espacio...
─Sí.
─¿Por qué no nos mató? ¿Qué... ha pasado exactamente?

Buena pregunta. Ella tampoco lo sabía. Tenía una idea, pero era improbable. No era normal que un ataque como ese hubiera quedado en nada. Luego cayó en la cuenta... frente a ella hubo como un reflejo.
Pero pensaba que era un delirio, tal vez. Por el momento no sabía qué ocurrió por aquel entonces. Era un misterio.
Espera. No. Lo tenía en la punta de la lengua. Sabía qué era exactamente, tenía la corazonada. Pero nadie la creería si contara lo que fuera. Hizo como si ignorara las causas de los hechos.

─No sé, no sé, ¿quizá tengas tú algún pokémon guardián invisible que pudiera protegernos de los ataques psíquicos?
─No, que yo sepa no... ¿tú?
─No. No tengo ninguno.
─¿Me estás engañando?─preguntó inquisidoramente.
─No. Eh, bueno. Quizá. O quizá no, quizá sí tengo una especie de ángel guardián o algo. Una amiga mía, digamos.
─Espera... ¿tienes más amigos de los que tienes en la mochila y... ese murkrow?
─Bueno, es la única que tengo aparte de todos ellos. Me salvó en una ocasión. Cuando...

Se detuvo. Estaba empezando a hurgar en una herida que le remordía y la llenaba de tristeza. Helio esperó un momento a que siguiera; mas viendo la cabeza bajada de su compañera, empezó a preocuparse.
─¿Cuando...?
No... otra vez esos recuerdos. Gionna no quería volver a hurgar en su pasado. Ni por asomo.
─No... no puedo contarte. Lo siento.
─No, lo que no puedes hacer es dejarme así de preocupado y que esquives mis preguntas. Intento ayudar, ¿sabes?
─Oh, está bien, señor ayudador, ¿sabes por qué viajo por toda Glimáthikos?─soltó de repente, esperando a quitárselo de en medio.
─¿Porque eres entrenadora y tienes que esclavizarlos a todos?

Más risas fingidas y escandalosas. No tenía ni idea.

─¡Incluso preocupándote por mí vas con esas! ¡No, claro que no, Pelozuli! Es porque la gente ha sido muy cruel conmigo. ¿Y todo por qué? ¡Porque no me dejaba engañar! Precisamente por eso.

No entendió nada.

─Claro, yo no quería moverme de casa. Tenía aspiraciones más simples, como tener un buen trabajo, una familia con la que vivir feliz y un hogar propio por donde vivir normalmente. ¿Pero qué pasó? Pues para empezar... vino una panda de piratas a decir lo genial que sería vivir en un barco y expandir el océano en el colegio.
─¿Expandir el océano? ¿Pero están chalados?─preguntó incrédulo.
─Precisamente; eso es lo que pensé. Pero no te creas. Al principio todo parecía muy inocente y muy divertido. Hacíamos juegos todo el día, y eran risas y diversión. Pero luego cuando empezaron a hablar de lo inútil que era la tierra empecé a cuestionarlos. Le conté a mi padre sobre los disparates que decían y luego pues me dio la razón. Claro, también me dijo explícitamente que haga como si estuviera de acuerdo... tonta de mí.
Hubo una pausa. Helio aún seguía escéptico.

─No le hiciste caso, ¿verdad?
─No. Bueno. En un principio estaba consiguiéndolo. Pero aún así se notaba que algo me ocurría. No podía disfrutar los juegos como antes al saber que... bueno, su verdadero propósito era inculcar la idea de inundar un poco el planeta sería bueno para el ecosistema. Solo había un par de personas que sabían de mis preocupaciones, y una de ellas intentaba hacer algo; pero mi profesora solo podía actuar mediante la vía burocrática. Ya sabes; papeles, leyes... Claro, estaba tomando demasiado tiempo. Y cansada de oír la misma canción... estallé en medio de clase.
─¿Y luego?
─Luego claro. Me acusaron de defender sus contrarios. El Equipo Magma, creo que decían. Pero yo argumentaba que el mundo estaba bien como está. Sin embargo, me echaban constantes pestes, y harta de tantas acusaciones, salí del colegio para volver a casa. Pero...
─¿Pero...?
Dio un suspiro. Por un momento juró que se le quebró la voz.
─Mis compañeros... me acorralaron bajo las órdenes esos estúpidos. Me rodearon. Ellos y los pokémon que les regalaron.
─Estás... no, no estarás bromeando, ¿no?
─No. Habían proclamado que era un peligro y que me merecía una buena paliza. Pregunté por qué les hacían caso, ¡qué les hice para que me hicieran esto! Claro. Ellos ya me aislaban antes por lo torpe que era... pero lo que más sorprendió fue lo que hizo mi mejor amiga. La que sabía lo que pensaba sobre sus ideas. Esperaba que hiciera algo. Que se plantara frente a ellos para defenderme...─soltó un sollozo.─¿Sabes... sabes lo que hizo?
─¿Qué... qué hizo?─tuvo que preguntar.
─¡Fingir que no me conocía! ¡Ella! ¡Mi mejor amiga! ¡Me traicionó!

No pudo contener las lágrimas. Empezó a llorar mirando el caparazón del plesiosauro, intentando que no le viera la cara.
.
─Tú... ¡¿Tú te crees que una amiga tendría que hacer eso?! ¡¿Mirar cómo una jauría de hienas se abalanzaba contra ella!? Después de todos los momentos que tuvimos juntas... no... ya no merecía la pena. Al menos eso no hacía que estuviera completamente sola. Lol estuvo a mi lado todo momento. Intentó protegerme de ellos. Pero no estaba preparada para tal combate. De enseguida, mi querida lotad cayó desplomada, e iban a seguir atacando aunque ya no se sostuviera sobre sus patas. Claro... me dieron una oportunidad para “enmendar” mis errores. Pero me negué a ser de ellos, después de todo lo que me hicieron. Sin pensarlo, la abracé fuertemente para protegerla.
─Arceus mío.
─Pero... pero justo entonces... cuando... cuando creía que iba a morir en el patio... me cegó una luz que luego estalló en neblina. Y después, cuando quise darme cuenta... estaba volando por los aires, sujeta por dos garras acolchadas.
─Espera... ¿”una luz que estalló en neblina”? Pero... pero solo hay un pokémon que puede hacer eso.

Se quedó atónito por unos momentos. Recordaba que había leído un libro antaño. Una obra titulada “Guardianes de la Luz” que analizaba con profundidad uno de los mitos más desconocidos del continente. Cabalgantes del viento empáticos que se ocultaban mediante la refracción de la luz, cuya alma bondadosa les hacía prestar sus fuerzas a aquellos que necesitaban protección. Eran los llamados “Latil”, un género que lo conformaban dos pokémon. Y uno de ellos eran...

─No me digas. ¿Te ha rescatado un Latias?
─Sí. Era la guardiana del pueblo, aunque ya tenía cierta simpatía con ella. En fin... ella me llevó a una arboleda y... bueno, curó las heridas de Lol. Luego me llevó a casa de nuevo, y le conté a mi familia lo que había pasado. Querían protegerme, pero...
─¿Pero...?
─No... no podían. Cada día que pasaba era un infierno. Amenazaban incluso con arrestar a mis familiares por no “darme derecho a la educación”. Pero si me declaraban desaparecida, entonces dejarían el trabajo a la policía nacional y no se molestarían en buscarme porque esos tipos me darían por muerta. De modo... que escapé. Y hasta entonces pues... ya me ves.

Dio un largo suspiro. Realmente no le gustaba que hubiera acabado así. Echaba de menos a todos sus seres queridos. ¿Pero a quién quería engañar? Su vida se estaba convirtiendo en un infierno desde un principio. La marginación y el hurto de Drini ya le hizo mella en su concepción sobre la raza humana. Y para colmo vivió más anécdotas que alimentó su odio. Fue un sinfín de desgracias que podrían haber acabado con ella.
─¿Quién lo diría? Así que estás experimentada en enfrentar a este tipo de organizaciones, ¿no?
─Algo así. Pero ya te digo, es una de las cosas que no hago porque quiero. En este caso es obligado. Ya sabes. Tu jefe.
─Ah. Ya. Claro.
─Aunque admito que me comprometo yo sola. No tengo porqué ayudarle, después de todo.
─¿Pero... no era por el murkrow?
─¡JA! Si así fuera, me hubiera fugado y hubiera tomado un ferry a otra región. ¡O hubiera robado a este mismo lapras, en caso de que no pudiera!

El lapras giró su cabeza al escuchar su nombre. Luego le dio unas palabras.
─Bueno... robar... más bien te hubiera contado mi problema antes. Creo que lo hubieras entendido.
El plesiosaurio hacía una cara de desaprobación. No creía haber sido capaz de entender sus causas, pero aún así seguiría nadando.

─Pero claro, soy gilipollas y elijo el camino noble. Después de todas las... cosas que me... no, nos han hecho. Aunque... supongo... que será así como busco mis razones para vivir. No tengo nada, y sin embargo me dejo la piel por otros sin pedir a cambio. Es de locos.
─A mí me parece bastante coherente. Más que tomar venganza por lo que te han hecho...
─Ya. Bueno. Y sin embargo, no he logrado cambiar nada. Sigo sin tener ni un refugio fijo.
─Tal vez ese sea tu problema.

En un principio no entendió cual era. Pero de enseguida se dio cuenta de lo que era.
─¿Esperar a que me recompensen “por mis buenas acciones”? Tal vez. Después de todo, nadie hizo nada por mí salvo... putearme, con el perdón de la palabra. ¿Pero acaso es mucho pedir un poco de compasión?
─Bueno, si hicieras las cosas correctamente... tal vez no tanto.
─No me hables de métodos correctos o te tiro a los sharpedos.─dijo con rencor.
─¿¡Ves!? ¡A eso me refería! ¡Siempre estás usando la violencia! ¡O amenazando, o golpeando, o maltratando a los pokémon!
─Eh, mira, es lo único que me ha funcionado en esta maldita vida desde que escapé de casa. Y encima estoy enfadada, así que... cállate. No pienso escucharte. No más, ¿vale? Ya te conté demasiado.
Nada. Ya empezaba a rechazarlo una vez más. ¿Por qué tenía que ser así? Y más importante...
─¿Para qué hablo contigo si siempre acabamos discutiendo?
─A mí no me preguntes; tú empezaste a preguntar.
─¡Pero estabas-!
─Tierra a la vista.
─¿Qué?
─Que veo tierra. ¿Es ese nuestro destino?

Entre un horizonte dorado dividido por las camaleónicas aguas, podía verse una isla exuberante, llena de vegetación tropical. Frente a ella, había algunas formaciones de madrera.
─Sí. Esto es Villaestío.
─¡Ya era hora! Tengo ganas de acabar con esto ya mismo. ¿Y tú?
─Más que tú. Por favor, es mi compañera, ¿cómo no voy a tener ganas de verla?
─¿Compañera solo?─insinuó. Helio quería contestar. Pero le estaba costando decidir si mentir, pronunciar palabra o no decir nada. ─No hace falta que contestes si no quieres, eh.
─¿Y por qué preguntas?
─Por nada. Ahora déjame ver la puesta de sol, ¿quieres?

Y así se mantuvieron callados, dejando que las olas sean las únicas que hablen.

...

El clima, junto al peso que sujetaba el murciélago azul de gran boca dificultaba el vuelo. No era una vía de transporte muy rápida como lo era el perdido archeops, pero por tal de evitar a sus enemigos haría lo que fuera. Aunque tenga que sujetarse a las patas de ese gran bocazas cargando con una guitarra en las espaldas, o pasar frío con sus ligeras ropas.

Deoxys se había hecho invisible, por lo que nadie lo vería y se asustaría. Al parecer el pokémon no quería ser visto por nadie aún. Santa paciencia la que tenía que tener con todos los entrometidos que se encontraba. Al menos estaba cerca de su destino. Ya podía verlo desde lejos.

David aterrizó en uno de los picos más altos de las montañas, por donde reposaba una gran roca, falsa y ligera. Este buscaba, en su rugosa textura de cartón mezclado con grava, un botón.

Ahí la encontró. Solo faltaba darle un toque. Entonces la piedra se levantó, mostrando así un cilindro plateado cuya compuerta se abría nada más salir a luz. Él entró en aquel ascensor, que lo engulló y lo bajó a una oscura sala, sin apenas alguna luz que lo iluminaba. Había unas escaleras para adentrarse en la base. Bajó por ellas, más al fondo, usando todas las llaves que fueran necesarias para reunirse con casi toda su familia.

Puede que fuera una base de operaciones de una banda criminal anti-ranger; pero a la vez que funcionaba como cuartel, también era como un hogar para los más altos cargos. Aquella organización era cosa de familia. Y por supuesto, debían de permanecer ocultos bajo las sombras para tener un refugio desconocido con tal de que no fueran pillados por sorpresa.
Sus hermanos se reunían siempre en una misma habitación cada noche; una diferente en cada semana. En esta, tocaba estar en la de Alberto.
Nada más cruzar la puerta blanca, se encontraban los tres hermanos aburridos de tanto esperar. El único que parecía entretenido era el propietario de aquella habitación, el cual estaba dando lustre a su bajo con toallitas húmedas.

─Llegas tarde, hermanote.─ Se quejó Emilio. ─El viejo ya quiere descansar.
─¡Ja! Si tu supieras lo que me he encontrado por el camino...
─¿Qué, qué, qué, qué encontraste?
─Un pokémon muy raro. Pero muy fuertote. Oh, y también me encontré a ese par de cretinos que los creí muertos. Y esos dos aún siguen vivos, ¡malditas cucarachas!
─¿Y por eso tardaste tanto?─ Bostezaba a la vez que preguntaba su hermana.
─Sí, aparte de que la pelma esa con gafas me capturó a mi Archeops...
─¿¡Cómo!? ¿¡Ha podido contigo!? Ti-tío, es increíble.
─¿Con gafas y pelo oscuro?
Estaba interesada por ella desde que la vio en la tienda. Le era muy desagradable, e imposible de simpatizar, y ahora era problemática era para sus hermanos. Le gustaría verla sufrir como a la prisionera azul, padeciendo la falta de alimento y bebida, pasando frío por las noches, dejarla incapaz para que parase los pies sus planes de ser los nuevos guardas de la gente... sí, sería una dulce venganza para todos.
─¿Por qué lo preguntas, eh, hermanita?─ Preguntó David.
─La quiero en el calabozo. ¡Quiero que sepa lo que les pasa a quien insulta a Alexander Strigas!
─¿¡Tú has hablado con ella!? ¡Estás loca! ¡Si es un monstruo!
─Eh. No hables así de mi amada.
De repente, se paró todo. Hasta la música. Y luego, un estruendo en la sala se hizo.
─¡¿QUÉEEEEE!?
─¡Pero qué pasa contigo, Alberto! ¡No me jodas que te aflojó un tornillo!─siguió Emilio.
─¡No, no me lo aflojó! Solo... ¡solo me enamoré! ¿¡Es que no puedo enamorarme en este trabajo!?
─¿¡PERO DE ELLA, PRECISAMENTE!?
Se sentía mal. Alberto no pudo decir nada para defenderse ante su hermano menor. Después David fue a defenderle.
─Calma, calma, hermanito. Está bien. Deja que la quiera. Así no derramamos tanta sangre. Al fin y al cabo, no es el único que la quiere viva.
─No fastidies. ¿Quién más quiere a esa pelma? ¿¡Tú!? ¿¡Holaa!? ¡¿Es que nadie se ha dado cuenta de lo fea que es?!
─Nah, la única queja que tengo de ella es que es más plana que yo que sé y que esté con ellos... pero un pajarito me acaba de decir que esconde... cosas en esa mochila.
─¿Cómo qué? ¿Droga?─preguntó su hermana pequeña.
─Peor.
─Aparatos para-
─No.
─¿Wiskhy casero?
─¡NO!
─¡AH, YA SÉ! ¡BOMBAS!
─No, y tengo que hacer una pequeeeñita búsqueda por Google antes de decir nada. Porque... si es verdad lo que me han dicho, vamos a estar muy pero que muy bien servidos. Pero de momento, ¿por qué no vas tú a Villaestío y la traes, así te mueves un poquito, eh?
─Me parece bien. Así aprovecho para ponerme morena.
─¡Ese es el espíritu! Venga, ve a por todas Aina.

Y entonces salió al exterior, llevándose al Aerodactyl de Emilio consigo para llegar al paraíso estival.


#45
Holis!!!!!!!!!!!!! Después de tantas pruebas y trabajos que hacer, tengo un pequeño tiempo para leer y comentar. Y ya se me pasaron dos capítulos. Paso a comentarlos.

Capítulo 14: No pensé que ibas a relatar una pelea contra Deoxys tan pronto, mucho menos esperé la presencia de David y que atrapara a Deoxys, pero me agrada que sucedan estas cosas, pues son más temas para solucionar en el futuro y hacen que el lector esté más expectante ante los acontecimientos. ¡Más sobre el pasado de Gionna! Me impactó el final. ¿Qué esa cosa invisible que apareció? Otro misterio más a resolver y más expectante estoy. Mi reparo respectivo sería que el término del capítulo fue muy rápido, Gionna casi muere, se salva, no saben qué pasó, se van, aparece la cosa invisible misteriosa y fin. Ni siquiera un mini diálogo.

Capítulo 15: Tengo la sensación de que ese lugar que relataste al principio era Almia, esa torre donde estás los ranger y que no me acuerdo cómo se llama, imagino que esa Emiliy va a ser un personaje nuevo. ¡Más sobre el pasado de Gionna! Que triste todo lo que le pasó y esa amiga que la traicionó, debería aparecer para que Gionna le de una paliza. Me pregunto cómo Latias va a irrumpir en la historia. Alberto está enamorado, esperó que ahí haya mucho drama. Pero lo que más me intriga eso lo que Gionna tiene en su mochila y que los Go-rock quieren, no se me ocurre qué puede ser.

No tengo más que comentar, no me fijé en los errores. Espero pronto un nuevo capítulo. Ciao.


Lean mi fic: La Historia de Jack Evans
Soy Elven king
(Por si alguien no me reconoce)


#46
Phew, menos mal, Thandruil me ha mandado un comentario. Pensaba que nadie me dejaría ningún comentario ya :C.
Spoiler
@Thranduil
Cita:
Mi reparo respectivo sería que el término del capítulo fue muy rápido, Gionna casi muere, se salva, no saben qué pasó, se van, aparece la cosa invisible misteriosa y fin. Ni siquiera un mini diálogo.


Ah, eso lo puedo explicar. Y es que...
Estaba... un poco hasta los co... de este capítulo.
Yup. Así. A saco º-º. Y encima el capítulo estaba superando las 5200 palabras. Y eso suele significar mal rollo, vamos.
Y el original casi acaba así... en otras palabras... me lo descuidé completamente. Y tampoco sabía como solucionar este problema, así que f*** it, no quería estar mucho más tiempo corrigiendo. Y además, pensé que el 15 era más importante.
Ahora lo peor ya ha pasado al menos. Solo espero no tener que tocar muchas más cosas.

Y yup. Eso fue Almia. Pero como no va a pasar nada ahí. Siento si di algo de hype. ¡Y sí, es un personaje nuevo! Y también va a ser relevante también. ¿Por qué? ¡Ah! Es un misterio. Por ahora. Igual que lo que tiene Gionna en la mochila. Algo gordo, de eso puedes estar seguro.


Por suerte este no me salió muy largo. 4800 palabras. Bueh. Tuve que añadir diálogo porque fui a saco con la narración y también tenía... acción que no venía a cuento y que he omitido. Pero en fin, al menos habré logrado hacer un puente agradable con... demasiado humor y con Helio otra vez saliéndose de sus casillas, tal vez.
(A veces tengo la sensación de que le saco demasiado de personaje :/)
Y yes. Ese es el periodo de personajes nuevos. Aunque sean solo un par, son nuevos y tendrán su trozo del pastel en un momento dado. Pero no diré cuándo [?]. Igual procuro que algunos tengan una mínima contribución relevante, así que...

Well. Ya. Dejo esto y podré descansar. A ver si puedo subir el siguiente pronto. Apuesto a que ese cliffhanger no lo aguanta nadie [?].

Cheerio~!

Capitulo 16


Spoiler
El envolvente techo del mundo se coloreaba de naranja, junto con el reflejo del agua salada del mar. La temperatura subió considerablemente durante el viaje. Pasó de ser de un frío pelador a un agradable calor que no llegaba a ser sofocante. Llegaban al muelle del pueblo entablado, que estaba sustentado por debajo del agua. El relajado de Carlos ya los esperaba, con un par de collares hechos con orquídeas de plástico, para darles la bienvenida, igual que en las islas de Hawaii.

─¡Aloha! ¡Bienvenidos a Villaestío!─ Exclamaba mientras colocaba los collares a los recién llegados. Ese alegre saludo le molestó a Gionna, que se asustó a la primera palabra. Miró el collar, una vez puesto, y fue jugueteando con él, alzándolo con la palma.
─¡Os he reservado una caseta de vacaciones para que descanséis de este viaje! ¿No os parece fantástico?
─Oh. Gracias... Pero... ¡Hay que encontrar a esa Serena, venga!─ Andaba un poco mareada del viaje, pero no fue impedimento para que se apresure en iniciar la búsqueda. Helio la agarró del brazo para detenerla.
─Cheeeeeee, tu tranquila. Estás en Villaestío, forastera. Relájate.
─¡No, no puedo relajarme! ¡Tengo cosas que hacer! ¡Mi libertad me espera en esta selva!─ Hizo un gesto brusco que le liberó de las ataduras de Helio, pero nada más dar un par de pasos, el mareo le hizo estragos en su trayecto. Las tripas volvieron a la carga, y ya estaban al final del esófago. Pudo retenerlo y regresarlo a su lugar, por suerte.
─Mejor pensado, creo que iré mañana. Blergh. Asco de bilis...─Carlos se reía. Y en broma, dijo que del relax en aquellos paradisíacos lares no se podía escapar. Les indicó la casa que tenían que hospedar en su estancia a Villaestío, y una vez dentro, les enseñó donde estaban los cuartos esenciales de una casa. Todo mueble cómodo estaba hecho de mimbre, conjuntado con los tablones de madera que decoraban el interior.

Nada más entrar, Gionna sacó a los heridos para tratar sus dolores. La de Lol se curaba con mero reposo, por lo que la sacó y la dejó en un lugar cómodo, aunque el descanso no aliviaba el mal de las contusiones. Las heridas de Akirosoku, al contrario que a Lol, no le dolía nada, pero se tenía que prevenir las infecciones. Una herida se podía tratar con agua salada, pero la otra era profunda, por lo que era mejor no recurrir al mar. En cuanto a los golpes de Kyumbreon, se les podían aliviar con algo refrescante, pero no le haría falta intervenir.

La herida del Slowpoke veloz se tenía que tratar de inmediato. Pidió ayuda a Helio para que la presionara, mientras ella iba a por gasas. No podía relajarse viendo el estado de su hipopótamo. Encontró un botiquín en el cuarto de baño, y trajo las vendas. Quería vendarle ella, pero no estaba acostumbraba a ver tanta sangre. Flaqueaba, se le bajaba la tensión, y se mareaba. En cuanto a Helio, no parecía afectarle para nada el sangrado. Tuvo que dejarle las vendas y sentarse en la butaca, a coger la libreta y su estuche para dibujar hasta el anochecer. Cuando salió la luna, quiso salir fuera con su umbreon, pero irrumpió Carlos con unas fiambreras calientes de delicioso olor a pollo con salsa y pasta a la carbonada.

─¡Holaaaa! ¡Os traigo la cena, chicos!
─Oh, no hacía falta, ya me traía sobras de este mediodía.
─¿Qué sobras?─ Mentía el nombre de gas noble, para que no se retirara el jefe cocinitas del pueblo costero. Cogió las fiambreras y agradeció que hiciera la cena.
─Em... ¿No es un poco descarado que nos haga la cena y nosotros no hagamos nada?─cuestionó tanta comodidad.
─A mi no me hace nada. Además, vosotros iréis a la selva mañana. ¡Ya es bastante trabajo! Yo en cambio solo tengo que mangonear. Y como me duele... Si queréis bebidas, hay en la nevera. ¡Adiós!

Quedaron bien alimentados, y, al fin acabada la cena, dejando por segunda vez toda la tarea a Helio. Salió a tomar el aire. No para ella. Sacó la pokéball de Kyumbreon del bolsillo. Nada más salir, el chacal cogió la luz de la luna con los mismos aros que le hacían resaltar entre la oscuridad. Gracias a la Luz Lunar, todos dolores y contusiones desaparecieron.

─Cuán agradezco que me saques de noche. Empezaba a estar harto de esta agonía.─ El dolor y daño físico estaba ya liquidado. Pero había más aparte. Le rabiaba que perdiera contra un pokémon de tipo psíquico. Estaba en plena ventaja, sus más fuertes ataques no le afectarían en absoluto. Sin embargo, le azotó repetidamente sin dejarlo caer hasta decir basta. Juraba venganza, muerte a Deoxys. Lo iba comentando, y de parte de su entrenadora, se enteró que ella tampoco pudo hacerle nada. Ni capturarlo siquiera.
─Es inaudito lo que aquel ser me ha hecho. Me acaba de superar dos veces, ¡DOS!
─Ya... es un peligro. Y más si lo tiene ese... ese... delincuente.
─No voy a consentir que vuelva a ocurrir. Si volvemos a verlos, los matamos por la gloria de Lunetah.
─Eh. No te pases.
─¿Por qué no tendríamos? ¡Son capaces de muchas cosas, y lo sabéis!
─¡Pero no sé, Kyu, no quiero tener problemas con la ley! Es decir, vale, ya de por sí quebranto unas cuantas normas; pero joder, que tampoco quiero cometer atrocidades. Solo eso. No te pases, ¿vale?

Con su opinión ofendió a su más inteligente protector. Era como si defendiera a sus propios enemigos. ¿Para eso cedía su servidumbre? ¿Para que luego viniera con esas injurias a su dios?

Blasfemia.

─Me han golpeado. Me han humillado. ¿Sabéis que negar también su ajusticiamiento es motivo para que Lunetah os de castigo?
─Ese Lunetah le ofende todo lo que a ti te ofenda.
─Precisamente porque soy su enviado. ¡Su protegido! ¡No osaría cuestionar mis acciones, ni yo a él las suyas!
─Sí. Ya. Típico de una deidad inventada por un solo pokémon rencoroso.
El felino levantó sus largas orejas más de la cuenta de la furia.
─¿¡Pero cómo osas!?
─¡Kyu, admítelo! Ese Lunetah tuyo no aparece ni en los escritos más antiguos. Solo te ha aparecido a ti y tú eres el único que cree en él. ¡Eres el único que divulga su palabra que, por cierto, no tiene nada de bueno lo que promulga!
─¡Sandeces! Los humanos también os creáis vuestras deidades y aún así no os reprocháis.
─Bueno, eso es mentira, sí que...
─¡Además, explicadme una cosa! ¿¡Por qué, desprovisto de alimento, nobles cuidados y maltratado por venenos varios, logré alzarme como ser umbrío que soy!? ¿¡Cómo explicáis mi evolución, después de aparecer la misma criatura en un sueño!?

Se quedó en blanco. Era cierto; su evolución se dio en extrañas circunstancias. Eevee evoluciona a umbreon en condiciones favorables. Tenía que estar saludable, sin padecer enfermedades ni tormento, y, además, tenía que derrotar a varios pokémon por la noche.

Kyumbreon fue usado anteriormente como conejillo de indias. Le metían de todo en el cuerpo, especialmente productos de belleza, aditivos alimentarios y psicotrópicos. En un momento dado, le llegó a privarle de movilidad; hasta los párpados no podían cumplir sus funciones. Siempre estaba en un cuchitril con barrotes y no le trataban de buen modo. Y, de repente, en una noche de luna menguante, pasó de ser de un pequeño zorro maltrecho a un colérico, poderoso, peludo y negro chacal de rostro inmóvil capaz de emplear su mente para librarse de la jaula que lo custodiaba y destruir el laboratorio.

Sí, era algo que no lograba explicar. A no ser que el odio y la fuerza de voluntad también fuera un factor que también determinara la evolución. Entonces explicaría por qué en ciertas zonas habían grandes pokémon que en teoría tendrían que quedarse en su primera fase debido a carencia de entrenador con la que forjar amistad.
Claro. Eso era una teoría que no estaba demostrada, así que no era lo suficientemente válida como para plantearla.

─Vale, tú ganas, Lunetah existe. No le encuentro razón científica a tu evolución.
─Por lo que admitís que tienen que morir.
─¿Qué? No. Sigo pensando que no tienen por qué. Igual Lunetah podría haber sido producto de las pastillas. No sé, ¿seguro que no te daban hormonas del crecimiento o algo?

Así no podía seguir. Finalmente, harto de que no respetara sus creencias, decidió entonces hacer lo que se había planteado hace mucho.
─Acabáis de sellar vuestro destino. Revoco nuestro acuerdo.
─¿Cómo?
─Lo que acabáis de oír. Dejaré de prestaros mi poder para ayudaros. Estoy harto de vuestra insensatez.

Pensó que no iba en serio. Gionna sonrió subestimando su chantaje.
─No serás capaz. Igualmente tengo a Lol, Google y Honchpato. ¿Quién necesita a un umbreon sanguinario, de todas formas?
─Google no atacará a la primera. Lol no se recuperará de la noche a la mañana. En cuanto a Honchpato probablemente no tenga ganas de luchar. Admitidlo, mañana me necesitaréis, y no estaré para ayudaros. Tenéis mi palabra.
─Sí, sí, lo que tu digas, acabarás viniendo de todas formas...
─¿De verdad pensáis? No soy vuestra madre, Gionna. Mi palabra es absoluta en cuanto lo propongo, y nada puede hacerme cambiar.

Quizá fuera en serio. Pero seguía sin creer que fuera a hacer algo realmente.
─Ya veremos. Ya... veremos.
Estaba cansada. Quería acostarse ya a su lecho y soñar hasta pasado el amanecer. Todo y que tuvo que esperar; la cama que había en la casa era de matrimonio, y no quería compartirla con Helio. Después de una disputa, pudo disfrutar del espacioso colchón para ella sola. Helio tuvo que dormir en una habitación aparte.

A la mañana siguiente, la puerta se abrió. Carlos entró sin permiso, con una bolsa llena de cereales, frutas, pan de molde y lácteos varios.
─¡Muy buenos días, gente! ¡Os he traído el desayuno!─ Gritaba alegremente mientras dejaba la la comida en la mesa. No respondía nadie. Como era de esperar para el jefe.
─¿Hola? ¿Hay alguien levantado?
Esperó una respuesta. Nadie decía nada.
─No, pues... ¿Soel? ¿Te importa?

Indicó a su trabajador más vago y altivo que pasara; no para que desayunara al instante, si no para que despertara a todos con una ruidosa pero armónica melodía, justo para fastidiar un poco. Junto a él, entró un elegante ser hecha toda de hojas y pétalos. Iba tarareando la canción mientras sonaba y ladeaba alegremente la cabeza de un lado para otro.
─No, pero pon algo más ruidoso, ¿no?
─No sé, creo que se me perdieron las mejores.
─Pero cómo que- espera. ¿Me estás tomando el pelo?
─Puede ser. O puede ser que no. ¿Tú que dices, Dressela?
Su compañera hacía de aquellas falsas pérdidas una victoria.
─¿Ves? Ella no quiere que cambie.
─¡Oh, eres-eres...!
Y aunque no fuera exactamente algo marchoso, trajo discordia en una de las habitaciones. Solo por el mero hecho de que fuera música ya provocaba la ira del lirón.

─¡Maldita sea! ¿¡Quién está poniendo música!? ¿¡Quién habla!? ¿¡POR QUÉ NO SE CALLAN!?─vociferaba la chica soñadora desde su madriguera. Lol también se quejaba. Se quejaba del dolor, se quejaba del ruido provocado por el aparato electrónico de última tecnología, se quejaba de todo. Helio también fue presa de la que esperaba miles de rosas; aunque su despertar fue menos ruidoso que el resto. Kyumbreon juraba un futuro roto desde la lejanía al pinchadiscos sin disco. Akirosoku no oía el cantar de la cantante. En cuanto a los dos conejos ya correteaban por la casa antes de que el gallo telefónico cantara.

─Has tenido suerte.─le lanzó una mirada de reprobación. ─¡Tenéis el desayuno en la mesa, vengan a hacérselo!
─Diez minutos más... solo... diez... minutos... más... ¡por favor...!─ Suplicaba a gritos, pidiendo seguir cómoda en la esquina de la cama de dos.
─Si por mí fuera te dejaría, pero hoy tienes que ir a la selva, ¿no?

Estuvo un tiempo rememorando. Luego recordó su propósito en esos lares.
Levantó bruscamente el edredón y se puso el uniforme lo más rápido que pudo. Fue a dar golpes a la puerta de la habitación de Helio para despertarlo.
─¡Levántate, Pelozuli! ¡Tenemos una misión que hacer!
Pero él solo se limitaba a esconderse entre las sábanas. No quería ver a esa persona que acababa de entrar. Ni hablar.

Ella encogió los hombros y miró lo que había en la mesa. Pilló un bol de la cocina y se sentó para servirse unos cereales junto con un par de ciruelas. Hoy iba a necesitar ir con el estómago bien lleno. No se fijó en ese chico que se sentaba frente suyo mirando la pantalla aburrido.

Aunque admitía que tenía un semblante bastante atractivo. Tenía el pelo algo puntiagudo, pero relucía con un rubio claro. Y sus ojos... no estaba segura de si eran verdes o azules; en todo caso tenían un fulgor frío y encantador. Encima el uniforme caqui y verde de los rangers de Villaestío le venía anillo al dedo. Parecía uno de esos militares novicios que salían a defender la patria. Sí, seguro que se ganaría muchas chicas con ese aspecto. Rezaba porque no usara esos encantos con ella. Lamentablemente, él no solo estaba mirando la pantalla. Había notado su presencia.
─¿No te pones leche en esos cereales?
─Eh... no. No me sienta bien.─contestó. Tenía que dejar de analizar al prójimo.
─¿Oh? No sé, pero yo diría que te distraías con mi imagen, ¿a que sí?

Frunció una ceja al ver aquella risa socarrona y deslumbrante. Luego apartó su mirada a su desayuno.

─Pero qué cosas dices, no me estaba quedando embobada al mirarte ni nada parecido.─decía mientras se llevaba el arroz inflado achocolatado a su boca.
─¡Así que te parezco guapo!
Lo sabía. No tuvo que mirarle de pies a cabeza.
─¿¡Qué!? ¡NO! ¡No es como si estuviera... dejando caer la baba o algo!
No, no, no, estaba empeorando las cosas, no podía permitirse tener otro pretendiente, no así, no dentro de su “oficio”.
─¡Entonces te gusto!
─No, no, me gustas. O sea, sí, tienes buen físico, pero no te co-
─No, no, ya lo dijiste, no hay marcha atrás ya.

Intentaba mantenerse calmada. Pero no encontraba modo. Mirada desesperadamente los lados a ver si había algún rincón por donde pudiera desayunar lejos de ese sujeto, o para encontrar algún contraargumento eficaz para que parara de meterla en su juego.

Luego vio a Kyumbreon. ¡Sí, él le daría una lección! Y todo eso pese a la discusión que tuvieron aquella noche. Aunque no había un refreno por apartarla del peligro, iba a estar de su lado.

─¡Gracias a Arceus, Kyu, tienes que ayudarme!

Pero no hubo ayuda. En vez de eso saltó y se asentó sobre la mesa.
─Malos días tengan todos.
─Kyu. Ese chico se me está insinuando. ¡Ayúdame!
─No le voy a ayudar. Solo me senté a su lado. ¿No hay café?
─Pero-pero-pero-
─Revoqué nuestro acuerdo, ¿recuerda usted? Así que olvídeme. ¿Dónde está el café?
Decepción. Su gozo en un pozo. Y mientras ese sujeto se reía; también su lilligant. Gionna no pudo hacer otra cosa que lanzarle una mirada sombría, carente de alegría. En cuanto quería fijarse, paró de en seco.

─Vamos, vamos, no te enfades, solo era una broma. ¡Eh, Carlos! ¿¡Y ese café!?
─¡Ven a buscarlo tú, vago!─le contestó desde la lejanía.
─¡No! Ya hago bastantes patrullas para que tenga que moverme de esta mesa.
Al final Carlos tuvo que venir con tres vasos de humeante lava negra y servirlos frente a sus comensales. ─¿Y Helio?
─Se quedó en cama.─contestó la ranger mientras trataba de recuperar la compostura.
─Apuesto a que es por mi presencia, seguro.─seguía con su sonrisa ladina en la cara mientras tomaba el vaso y daba un sorbo al café. ─¡Ay, ese chico! No tiene remedio, eh.
Nadie le dijo nada. Carlos solo se limitó a dejar la taza hasta que viniera, dejando que Kyumbreon lo robara y se lo acabara por él. Gionna fue al grano.
─Entonces... ¿hay algo que tenga que tener en cuenta antes de emprender esa búsqueda?
─No realmente. Bueno, salvo que hay muchos bichos-
─Meh, no me dan miedo.
─Y... qué más, qué más... no tiene mucha pérdida, la verdad.
─¡Bien!
─Pero por si acaso, Soel os va a guiar.

La entrenadora se quedó indiferente ante tal anuncio. No porque le importara; al contrario, tenía una mala impresión de él cuando le hizo aquella broma. Si había algo peor que un traidor, era un bromista que jugaba con sus sentimientos como si fueran una pelota.
─¿Puedo negarme a tener otro escolta aparte de Helio?
─¡No! Cortesía de la casa. Además, creo que una ayuda no os vendría de más.
─Y todo porque Dressela y yo luchamos bien.
Chocaron sus extremidades. Gionna empezaba a envidiar a esos dos. A ellos dos valoraban sus habilidades de combate y a ella la reprobaban por usarlos. Se sentía como una diana que invitaba tirarle tomates a diestro y siniestro.
Aunque no era nada sensato negar ese pequeño regalo. No tenía a todo su equipo dispuesto en caso de emergencia.
─Sí... claro. Por eso. Y tampoco puedo arriesgar a que Alejandro pierda más personal. Al menos si tiene que desaparecer alguien, que sea él, que para lo que hace...
─¡Oye!─protestaron los dos trabajadores de la isla.
─Bueno, bueno, pero nos ayudará, ¿verdad? Al menos no seré la única que use pokémon para luchar.
Mencionando a su equipo, Kyumbreon se bajó de la silla y se fue antes de que lo presentara. No quería saber nada más de ella.
─Espera... ¿tú entrenas pokémon?─preguntó el rubio.
─Sí. Me metieron a la fuerza en este... trabajo.─dio un bocado a una de sus ciruelas.
─Qué casualidad. A mí también.

Abrió los ojos. Sin duda aquí había algo podrido en la Unión. Sí, ese chico podría tener la respuesta a por qué meten a turistas en un trabajo sin preguntar.
─¿¡De veras!?
─¡Sí! ¡Mis padres me apuntaron a la Escuela Ranger para que “hiciera algo” en la vida! ¡Yo quería viajar por el mundo junto con Dressela! Pero noooo, tenía que perder dos años de mi vida estudiando para algo que no me gusta nada.
Sus esperanzas se esfumaron. Eran otro caso aparte. Aunque en esencia estaba como casi en las mismas...
Podía entender lo frustrado que podía estar por dentro.
─Eso es... muy... fastidioso.
─¿¡Verdad que sí!?
─Sí, bastante.
─Pero mira. Al menos me tocó en el mejor sitio que podía tocarme. Sol, arena, mar, playa, gente bronceada... de lo único que me quejo es que este no me para de mandar a patrullar.
─¡Si te mando a patrullar a la playa los martes! ¿¡No tienes bastante con eso!?
─No. Oye, ¿y ese Helio? ¿Es que va a esconderse de mí todo el tiempo? ¡Ah, míralo! ¡Hola, Helio!
El ranger de Villavera miraba la mesa desde la distancia. Lo único que pudo hacer era ocultarse otra vez entre paredes con el asco dibujado en su rostro.
─Es un primor. Bueno. Creo que iré adelantando. Os espero a la entrada de la Selva Oliva.
─Vale, nos vemos.

Acabó el vaso y abrió la puerta para Ella también tenía que darse prisa.
Milagrosamente, su compañero de trabajo salió del pasillo para desayunar. En cuanto ella terminó, el empezaba. No le dejó comer nada; solo dejó que tomara su propio brebaje y se llevara alguna fruta por el camino. Ella tenía prisa por terminar esa pesadilla. Con o sin Kyumbreon.

Salieron y pisaron los tablones del pueblo para luego pasar por la arena. Luego entraron en los humedales tropicales de Oliva. El caluroso sol del trópico fue tapado por la densa vegetación de

─Vale... esta es la entrada, ¿no?
─Sí. Esta es.
─Se supone que ese chico nos esperaría aquí... ¿no es lo que dijo?
─¡¿Esperarnos?! ¡¿Él aquí?! ¡En serio! Anda, ¿no tienes prisa por encontrar a Selena? ¡Vamos sin él, así acabamos más pronto!
─Pero... Helio... la mitad de mi equipo está hecho polvo... ¡estamos indefensos!
─Tú tienes el capturador de Selena.
─El capturador no me protege de nada; necesitamos a un pokémon.
─¿Pero no tienes a Kyumbreon? ¿O Plusle o Minun?
─¿Tú ves a Kyumbreon por alguna parte? Y ellos no están entrenados para luchar. No, no, no, yo no puedo avanzar más estando indefensa. Tendré que llamar al jefe... esto... ¿cómo se llama?
─¿Carlos?
Con eso ya no necesitaba más. Sacó su capturador y buscó entre los contactos el nombre de Carlos.
─¿¡Selena!? ¡Gracias a Arceus estás bien! ¿¡Dónde estás!? ¡Oh, no me digas! Van a pedir dinero por ella, ¿¡verdad!? ¿¡VERDAD!?
Se quedó con la cara de un noctowl enfadado. Alguien no le dijo que tenía el capturador de Selena.
─No, Carlos. Soy yo. Gionna.
─Ah... ah sí, es verdad, que te dio el capturador a ti, ¿no? ¿Qué ocurre?
─Es nuestro escolta. También ha desaparecido.

Se quedó de piedra. No pensó que el Equipo Go-Rock atacaría en ese preciso momento.
─¿Pero tan pronto? No... no, no puede ser.
─No sé, pero no lo vemos por ninguna parte. A lo mejor tendremos que buscarlo también.
─No... no. Me parece que ya sé donde está...
─¿Ah, sí?
─No te preocupes. Ahora viene. Esperen ahí, ¿vale?
─¡Vale, muchas gracias!─se despidieron y entonces colgó el capturador. Carlos estaba decepcionado. Sabía que era un mal trabajador, y un vago; pero esta vez había llegado demasiado lejos. ¿Escaquearse en una misión de rescate importante? ¿¡Pero cómo pudo!?

No iba a permitir que se saliera de nuevo con la suya. Era adinerado y buscaba algún romance para vivir, ¿y qué? También estaba el trabajo. Tenía que recordar un consejo que le dio su amigo Alejandro en una ocasión. Algo como... ¿usar a su pelipper para llevarle en un sitio que no quería ir? No... él no haría eso. Pero él no era Alejandro. Era el apacible Carlos, el más relajado de las Cuatro Estaciones de Floresta. ¿Cómo iría a hacer eso?

Claro que tampoco quería que Alejandro perdiera a más personal solo porque él no actuó. Algo tenía que hacer.

Se fue corriendo a la base y subió al ascensor que le llevaba al segundo piso donde estaba reposando su pelícano. Pelipper se despertó cuando oyó los pasos de su cuidador. Le demandaba su desayuno.
Abrió la cúpula de la base y mandó a su pelícano que cogiera a Soel y se lo llevara al par de rojo. En protesta, aleteaba y castañeaba el pico demandando sus peces. Él ya sabía que tenía hambre. Pero lo necesitaba ahora.
─Escucha, Pelipper. Sé que tengo que alimentarte, pero te necesito ahora más que nunca. Luego te daré una lubina, ¿vale?

Tras un graznido de afirmación y de felicidad, alzó vuelo hacia dominios del viento. Simulando que era un pelícano salvaje, observó tierra como si fuera un mar lleno de sardinas. Con sus aparentes ojos ciegos, trataba de localizar a su objetivo con precisión.

Y he ahí. Tumbado en una silla con el torso desnudo, untándose los brazos de leche solar para asegurarse el moreno sin tener rojez mientras su compañera hacía la fotosíntesis. El pelícano descendió gradualmente al suelo, tapándole el sol que le bronceaba. En cuanto aterrizó, graznó para asustar y hacerlo levantar. Desató el pánico entre los bañistas pensando que era un pokémon agresivo. Pero Soel lo miraba con indiferencia.
─Oh. Un pelipper. Qué... novedad.
Pelipper abrió el gran pico para provocarlo. Le tiró un débil chorro de agua fresca que disolvió la crema preventiva de la piel y lo derramó por la arena.
─¡Serás...!
Maldiciendo al pájaro, se levantó y mandó a Dressela esparcir polvos soporíferos al pájaro mientras danzaba con elegancia. Este erguió vuelo evitando que la droga floral lo durmiera y se lanzó en picado hacia el ranger playero. La lilligant se llevó un susto. Mientras se lanzaba, usó su gran bolsa que tenía en la parte inferior del pico y metió a Soel junto con tierra y conchas fragmentadas y volvió a volar. Dressela lo perseguía desde tierra enfadada lo más rauda que podía. De hecho casi lo adelantaba. Pero no podía hacer nada si permanecía en el aire.

La pareja y sus fieles compañeros esperaban su llegada. Helio estaba impacientándose.
─Oh, dios, ¿por qué estamos esperando a ese imbécil?
─¿Tengo que volver a repetírtelo?
─No, lo sé de sobras, pero joder, ¿no estamos entrenados lo suficiente como para poder evitar a los pokémon furiosos, al menos?
─Tú sí, pero yo no.
─Claro, porque todo te lo hacen a ti.
─Eso tampoco es del todo cierto.
─¿¡Entonces por qué esperas una ayuda!?
Luego vio pasar a Dressela corriendo. Aprovechó para cambiar de tema. ─Oye, ¿aquí viven lilligants?
─No, que yo sepa.
─Igual, está empezando a tardar, ¿no?

Se escuchó un grito creciente desde lo alto. Luego cayó desde pocos metros del suelo. Luego chocó con la tierra, con ciertos dolores y cubierto de saliva aviar. Dressela fue corriendo a ver cómo estaba.
─¿Pero de dónde sales tú?─ Miraba Gionna con perplejidad.
─Me parió el cielo, ¿qué te crees?─se miró y tocó el pringue que tenía esparcido por todo el cuerpo con las manos. ─Qué asco. ¿Alguien tiene una toalla?
─Tú sí que eres un asco.─murmuró Helio.
Podía notar la tensión entre ellos dos. Tensión, odio y muchas cosas más.
─Bueno, ¿empezamos a trabajar ya, por favor?─preguntó felizmente. Helio y Soel se apartaron la mirada y caminaron por la selva, mirando cada rincón a ver si encontraban alguna trampilla por donde condujera alguna especie de base secreta.
Nada. No podían encontrar nada. Las primeras quejas se escucharon por ambos lados.

─¿Y para eso tenía que venir? ¿Para llenarme de hojas, eso es todo?
─No estabas obligado a venir, ¿sabes?
─A mí no me mires, lerdo. Yo no pensaba venir.
─Ya, ya sé. ¡Pero te tenían que traer SOLO CON PANTALONES! ¿¡Qué quieres, mostrarme tus “virtudes”, eh, eh!?
─¡Ese asqueroso pájaro no me dejó ni ponerme la camiseta! ¿¡Qué querías!?

Y justo cuando dijo aquellas palabras, le llovió las prendas superiores del cielo justo por encima de la cabeza, junto con el calzado. Lo tomó para mirar que eran las telas que no le dejaron llevar.

─¡Gracias!─le gritó al pelipper mientras se ponía la camiseta. ─¿Contento?
─No. Quiero que me dejes de irritar. Ya.
─Mira, Helio. Eres muy mono cuando estás enfadado, pero en serio, tanto enfado cansa ya.
─¡NO TRATO DE GUSTARTE, IDIOTA!─le gritó.
─¡Ya sé, ya sé! Ay, es que no se puede bromear contigo, oye.
─¡¿Qué bromas ni que hostias?! ¡A mí no me vengas con esas “bromas” que tu llamas, eh!
─Tienes un grave problema. Debe de ser porque perdiste a la novia, ¿no?
Esto ya fue demasiado lejos. Había puesto demasiada sal en la herida. Lucharon con todo su arsenal de insultos. Así no había quien buscara tranquilamente. Necesitaba como cuatro manos más, y ahí estaban, gastando saliva.
─Chicos... ¿podríais ayudarme, por favor?

Fue ignorada. Parecía que no podía ni pedir ayuda. Ellos siguieron ignorando su petición, siguiendo diciéndose injurias entre los dos.
─Ah. Bien. Pues me largo. Ya me avisaréis cuando acabéis con las hostias.
Continuó en solitario fisgando los arbustos mientras mascullaba entre dientes. Estaban discutiendo fuerte. No podía aguantarlo. Ni mucho menos que la apartaran.

Había quedado aislada una vez más. Gionna buscaba por los alrededores, sin meterse en ningún seto. Quería acabar ya con esta farsa. No quería sujetar más ese maldito artilugio. Ni aguantar esas discusiones, ni misiones que desembocaran en desastrosas consecuencias para ella. Quería volver estar en la paz, aunque llevara a nada.

Un río dividía la parte occidental de la selva y la dirección norte, tan solo unificados por una resbalosa pero consistente puente de madera. Más allá podía ver un gran charco donde podía ver algunos nenúfares a baja profundidad. De hecho no tenía ninguna. Era un enorme charco húmedo. Claro, podría haber algo entre el lodazal, ¿podría ser?
Iba a investigar. Pero de pronto una corriente de aire fino azotó a su nuca como un mal presagio. Se giró a ver qué era ese soplo tan repentino. Aquella capa fucsia de bordes haraposos era inconfundible.

¡Esa arpía! Era justo lo que le faltaba. Que ella apareciera tras suyo como un espectro.
─¿Me echabas de menos, Gin?
Le lanzó una mirada hostil. Definitivamente no la quería ver.
─¿Qué haces aquí? Se supone que la gente de ciudad odiáis estar en la naturaleza.─añadió con ironía.
─Nada, explorando, ¿sabes? ¿Y tú qué haces aquí?
─No te incumbe.─ Intentó irse sin despedirse, mas Aina no permitiría que se fuera libre como pájaro que es.
─No, sí me incumbe. Parece que estás haciendo algo interesante, ¿no?
─Interesante, dice.─añadió un par de carcajadas fingidas. Como si buscar a alguien fuera interesante. ─Anda, largo de aquí, fresita. No tienes nada que hacer aquí.
─No. No pienso irme. Ranger de Villavera.─ Su voz y sus palabras sonaron más siniestras que nunca. La entrenadora frunció una ceja, extrañada por el desdén de sus últimas palabras.
─¿Pero a qué viene ese tono? ¿Que te...?

Soltó una orden.


HOLLY F*** AN EXTRA!

(Tendría que hacer ilustraciones de mis fanfics en serio de una vez por todas [?])


#47
Holis. Vine a dejar mi comentario. No puedo creer que Giona y Kyumbreon se pelearan, Gionna no debió haber dicho esas cosas, ya me imagino que se ponen de buenas en algún momento importante o de peligro. Ese sujeto rubio que pareció, me lo imagino luchando con el otro de los go rock por el amor de Gionna. Lo que no me gustó mucho fue el final, no lo entendí muy bien, apareció Aina, se dicen algunas palabras y de repente el final del capítulo, me da la impresión de que lo cortaron y le sacaron un pedazo. Y al final dice: Soltó una orden, lo que me lleva a mi apreciación técnica de este comentario del capítulo, ¿quién soltó la orden? ¿Gionna o Aina? Creo que había notado este problema antes, pero por algún extraño motivo de la vida y el destino, no había razonado nada al respecto.

Para ser más concreto, cuando leo los diálogos, hay veces que me pierdo con saber quién está hablando, cuando es un diálogo de dos personas es fácil, pero cuando hay más de dos personajes, las cosas se complican. Pones los diálogos, pero muchas veces el lector tiene que deducir quién lo dice y eso es un poco molesto, porque al final de cuentas no queda claro quién dice qué cosa. Por último, si te complica repetir tantas veces el nombre, pon alguna característica del personaje que dice la frase.

Creo que no tengo nada más que decir. Espero por otro capítulo. Ciao.


Lean mi fic: La Historia de Jack Evans
Soy Elven king
(Por si alguien no me reconoce)


#48
Luego de un buen tiempo, me logro poner al día con vos.

Voy a hablar en general, ya que muchos han hecho ya el favor de señalarte varios errores específicos para que los corrijas, aunque de igual manera tengo algo que decir.

Se que este es un fanfic que tiene tiempo y que corrijes antes de colocar acá, yo hago eso con capítulos viejos y entiendo que, a veces, a uno se le pueden oraciones repetidas o partes que se debían quitar mezcladas con las nuevas. Sin embargo, en muchos de los capítulos he visto que de repente cortas una frase y pasa al siguiente párrafo; yo quedo patidifusa pensando "¿Y qué quería decir?", sucede principalmente en el momento que vas a describir algún lugar. Esto no es un mal de morirse, sólo debes releer con cuidado, preferiblemente cuando estés descansada.

Tengo que estar de acuerdo con Elven al respecto de los diálogos de un tiempo para acá. Omitir señalar quién dice que cosa no está mal, se hace cansón estar en eso de "Fulano dijo; Fulanita dijo", pero si la conversación es entre más de dos personajes y omites señalar quién dijo cada cosa es demasiado confuso.

Ya en líneas generales, la pobre situación de Gionna, en general, me pone tan mal como a ella le hace. Es decir, nada peor que verte obligada a hacer algo, que es notorio que no lo estás disfrutando y que, para colmo, no dejen de criticarla por no pensar o actuar como ellos (eso va para ti, Helio, que nota que te hace falta Serena porque necesitas de un buen pol...). Y aún así, no veo que Gionna haga mucho para dejarlos, se siente comprometida con ellos aunque no es su obligación y sigue con los Ranger; o sea, mínimo era para que ya se hubiera fugado o enviar a Kyumbreon para que los hiciera freír espárragos en el infierno (?). No sé que busca Gionna con todo esto, en verdad, porque es obvio que no se siente a gusto o es que en el fondo, muy pero muy en el fondo, le gusta la cosa.

Lo del Murkrow me pareció bastante ttiste, me había caído bien el pequeño, pero los Rangers vienen y le joden todo a Gionna con sus actitudes de pseudo PETA. Pero Gionna tampoco fue muy inteligente con esto, pues eso de que "no puedes llevarte a un pokemon de esta región" tiene vacío s legales. Digo, Gionna pudo haber escapado y si el Murkrow la seguía por voluntad propia eso, técnicamente, no es "llevárselo", se puede considerar "acoso" (?). Pero en fin, se necesitaba un estímulo para que Gionna accediera a buscar a Serena.

Hablando de cosas inusuales, con lo del enamoramiento de Alberto se te fue la olla, pero al menos le agregó humor y una dificultad a estos personajes que, en algún momento, deberán solucionar. No creo que Gionna llegue a sentir algo por Alberto, pero al pobre lo has colocado en una eterna lucha para ir tanto en contra de sus hermanos como en contra de su amada; por ahora se ve como algo insignificante, pero tengo esperanzas de que eso le traiga problemas a este personaje. Leí que era tu manera de burlarte de los shippings, sólo espero que no quede sólo para eso.

Hablando de shippings... ¡Pobre Gionna! La parte en la que se queda detallando los atributos que hacen atractivo a Soel fue graciosa pero triste a la vez. Acá se aplica ese dicho "No aclares que oscureces" y no sé si fueron los nervios o simple inocencia de parte de Gionna, pero aún no entiendo cómo pudo c*garla de esa manera. Sí, fue gracioso, pero forzado a la vez, incluso decepcionante. ¿Que por qué? Bueno, cuando Kyumbreon le dijo que ya no la ayudaría más, pensé que Gionna se daría cuenta de que el Umbreon cumplía con su palabra en una situación crítica que la sumiese en profunda desesperación, no en eso de "¡Hey, mira, me está coqueteando! ¡Haz algo!". Me esperaba algo mejor, más bien una muestra más cruel y menos infantil de parte de Kyu.

Y hablando de Kyu, hay veces en las que te refieres a él como chacal, otrora como gato; para mí la más acertada es chacal o perro, pero no voy a discutir eso, sólo que te decidas en llamarlo perro o gato. Es confuso.

Ya que mencionamos el pacto de Kyumbreon con Gionna de protección, sólo espero que tantos ángeles de la guarda que tiene Gionna (dígase la presencia invisible que la salvo de Deoxys, la cual sospecho es Latias) tenga un buen motivo. Digo, ya era bastante con Kyumbreon y todo el rollo de Lunetha (del cual sólo se ha aclarado que el chacal es el único que profesa su palabra) como para tener un extra que no aparece hasta ahora. Y hablando de Lunetah, dudo mucho que colocaras un umbreon parlante que no para de jurar en su nombre, sólo porque sí... al menos, ya entiendo un poco del pasado de Kyumbreon por ese trozo que nos soltó Gionna, comprendo su actitud sanguinaria (que también justifica por la palabra de Lunetah), pero este trocito me sigue pareciedo insuficiente información :(

Para no darle más largas al asunto: Me intriga lo que Gionnq tiene en el bolsillo. Aún no entiendo por qué le suelta tan a la ligera a Helio sus traumas, en especial porque él es quien peor la trata, para mí no furula. Y, por último pero no menos importante: ¡ODIO A HELIO! ¡OJALÁ LUNETAH TE ESCUPA EN...! Bueno, ya me calmo.

Pokiu.

EGN: Hoy es el fin del mañana
65 - Todo se paga
#49
Jolín, he tardado bastante en ponerme a corregir. Por lo menos tenía parte del trabajo hecho.
Well. Voy a poner las respuestas.

Spoiler
@Thranduil
Cita:
Ese sujeto rubio que pareció, me lo imagino luchando con el otro de los go rock por el amor de Gionna.

Yo que tú no estaría tan segura...
Poisonbird: arruinando expectativas shipperas desde el 14 de febrero del 2012.

Cita:
Y al final dice: Soltó una orden, lo que me lleva a mi apreciación técnica de este comentario del capítulo, ¿quién soltó la orden? ¿Gionna o Aina? Creo que había notado este problema antes, pero por algún extraño motivo de la vida y el destino, no había razonado nada al respecto.


Oh. Eso ·_·U
Pensaba que ese problema lo tenía resuelto, pero al parecer aquí creo que no me fijé. Ya me lo habían comentado antes, por eso. Sí, estos capítulos tiene muchas pifias de este tipo. Claro, pensé que ya dejé claro cómo hablan los personajes y eso, y que su identificación sería automática... pero claro, aquí la única que lo tiene claro soy yo. Los lectores ya es otra historia -_-.
Trataré de fijarme y asegurarme de que no queden más vacíos de ese tipo e-e


@OnixTymime
Cita:
Sin embargo, en muchos de los capítulos he visto que de repente cortas una frase y pasa al siguiente párrafo; yo quedo patidifusa pensando "¿Y qué quería decir?", sucede principalmente en el momento que vas a describir algún lugar.

¿Hm? Tendré que mirar eso. Thanks.

Cita:
Hablando de cosas inusuales, con lo del enamoramiento de Alberto se te fue la olla, pero al menos le agregó humor y una dificultad a estos personajes que, en algún momento, deberán solucionar.


Tú espérate... que la olla hasta explota con esa ship. De verdad no sabía en qué demonios estaba pensando cuando lo desarrollé º-º
Y no sé. Estoy empezando plantear en cambiar los hechos. Porque la verdad, creo que aflojé demasiados tornillos a Alberto.
Claro, yo solo estaba experimentando con esto. No es que me implicara muy seriamente en la trama hasta... un poco más por la mitad, más o menos. Eso sí, tuve que ir montando por encima de lo que había pasado. Al menos sabía por dónde encaminarlo. Tuve que retirar cosas, sí; pero pude arreglar unas cuantas cosas y aprovechar mejor el espacio que tenía.

Cita:
Y hablando de Kyu, hay veces en las que te refieres a él como chacal, otrora como gato; para mí la más acertada es chacal o perro, pero no voy a discutir eso, sólo que te decidas en llamarlo perro o gato. Es confuso.

Hm. De hecho yo lo veo como una mezcla de los dos. Aunque sí es verdad que es un poco lioso.
En fin, tomo nota para la próxima -w-U.
Cita:
comprendo su actitud sanguinaria (que también justifica por la palabra de Lunetah), pero este trocito me sigue pareciedo insuficiente información

Eso espero solucionarlo en ese capítulo.
Aunque me da que va a traer una buena decepción. Pero bueno. [?]


Bueno. He tratado de prevenir esas confusiones. Pero créanme; diría yo que me he dejado algunos vacíos de ese tipo otra vez. Y no sé si habrá algo mal redactado, o algún suceso desordenado...
En fin. Los próximos... hell. Mejor no doy expectativas. En los posteriores aún me lío con los diálogos º-º
Pero están más decentes, narrativamente hablando. Espero.

Cheerio~!

Capitulo 17

Spoiler
─¡Aerodactyl, ataca!
─¡OH, NO ME JO-!

Sin rechistar, descendió de los cielos e intentó romperle algún hueso con un golpe rápido a la chica de cabello desmadrado. Por los pelos lo conseguía; mas logró esquivarlo rodando sobre el humus selvático. Pensó que era una pesada, pero inofensiva. Y ahora veía que tenía un aerodactyl en su posesión. ¿Cómo era posible? Sin pronunciar palabra, obtuvo la respuesta que buscaba en boca de Aina.

─Yo pensaba que podía reclutarte de alguna forma. Aunque para ello tenía que ganarme tu confianza... Pero eres imposible, tía. No te gusta nada. ¡Y has insultado a mi Alexander Strigas! ¡Te mereces que te meta en el calabozo, pelma!
─¿Cómo? ¿Reclutarme en dónde?─ Preguntó. No entendía nada.
─¡Pues al Equipo Go-Rock! ¿¡Dónde si no!?
Entonces lo entendió todo.
─¡Oooooh, ESE equipo!
─Sí. Ese. ¡Pero nooo! ¡Tenías que ser una mojigato antisocial que no tiene gustos normales!
─¿¡Normal!? ¿¡Comprar tanta ropa y tener a un cantante como un profeta divino es normal!? ¡Jolín! ¿¡Es que es normal ser tan imbécil!?
─¡¿CÓMO ME LLAMASTE?!
─¡IMBÉCIL, ESO TE LLAMÉ!
─¡AAAAH, AERODACTYL!

Se abalanzó otra vez contra ella. Debía de pasar menos tiempo insultando a su enemiga.
Pero lo tenía difícil. Solo Lol, que aún no se recuperó del todo, podía hacerle frente. Intentó ganar tiempo, sacando primero a Honchpato.
─No me hagas reír. ¿En serio crees que con una paloma asquerosa vas a poder librarte?

No contestó. Solo se limitó a ordenar que intentara golpearlo con todo su arsenal y que evadiera todos los ataques. Pero no llegó a hacerle ni un rasguño. Duró muy poco; Aerodactyl levantó la tierra y mandó a las rocas que golpearan al palomo. Esperaba a que Honchpato esquivara sus ataques, pero no fue así. Descendió tan rápido como se alzó.

Devolvió a su paloma a su correspondiente bola y sacó a Google. La rana croó al salir, tranquilo. Aina insistía en que lo dejara, que no tenía nada que ganar, pero Gionna no estaba dispuesta a dejar que hiciera que le antojara con ella. Ordenó a que atacara a la ente prehistórica, y este se dirigió a por él, duplicándose. “Este resistirá más”, pensó la entrenadora.

Google era muy arisco cuando se trata de batallar contra pokémon salvajes. Era pacífico, tranquilo, y no le gustaba luchar. Siempre se negaba a herir a una desprevenida criatura; a no ser que se muestre hostil y tenga que defenderse. Y ese era el momento para usar sus dotes de batalla.

En cuanto Aerodactyl quiso usar un ataque aéreo para tumbar al toxicroak de un golpe, Google lo evadió usando doble equipo. Eso desconcertó al depredador de piel de roca, y, tratando de golpear a una de las copias se estrelló con vuelo torpe al suelo. Google saltó encima suyo y aprovechó su caída para inyectarle un poco de veneno con su puya nociva. A causa de su duro pellejo, es muy difícil que unas gotas de ponzoña circulen por la sangre del reptil volador.

La rana pensó que sumando sus puñetazos con el brusco declive que se dio el pterodáctilo sería suficiente para incapacitarlo. Así pues, usó demolición, atestando puño tras otro en su dorso. En cuanto terminó, se impulsó hacia atrás y lo miró vigilante.

Las contusiones, fruto de los golpes despiadados de Google, le provocaba un moderado dolor que le limitaba un poco; mas aupó vuelo de nuevo. Esta vez, el golpe sería certero. Google volvió a usar la misma táctica, pero Aerodactyl se abalanzó sin demora a por el anfibio, hiriéndolo más que su enemigo.
─No fastidies que eso era un Golpe Aéreo...─ Se llevó una decepción. Confió en que Google pudiera soportar más, pero se debilitó nada más recibir el choque. Aina se reía de su desdicha.
─¡Oh, venga ya! ¿Por qué te empeñas en derrotar a Aerodactyl? Ríndete, estúpida ranger. No tienes nada que hacer.

Estaba muy equivocada. Aún le quedaba una salida. Sacó a Lol, de la que ignoraba aún del bando que estaba su supuesta amiga. Miró que tenía por delante a Aerodactyl, y ver a Aina delante, maliciosamente divertida, le desconcertó.

─De modo que esas tenemos...─ Chasqueó los dedos y ordenó a Aerodactyl que atacara. Gionna, apurada por la pasividad de su Lombre ordenaba que expulsara agua de su boca para impedir que atacara.

─¡Lol, usa hidrobomba, vamos!─ Reaccionó tarde. El golpe alado de Aerodactyl la debilitó. Lástima que se enterara tarde de que iba a por ella. Mientras regresaba a Lol a su pokéball, Aina se reía aún más fuerte.
No podía ser. Había perdido. Se había quedado sola ante el peligro.

Desde lo alto de una palmera, los ojos rojos de Kyumbreon observaban aquella batalla perdida.
─Sabía que esta chica no era de fiar. Yo lo pude saber antes que vos, y en cuanto os comuniqué mis suspicacias, me ignorasteis. Ahora perecerás con tu ingenuidad, pues no te ayudaré. Adiós, Gionna. Que Lunetah se apiade de tu alma.

Era lo mínimo que podía hacer. Después de todo, ella le salvó la vida. Pero descartando eso, había ofendido a su dios y a él, de paso. Tenía que dejar que ocurriera lo que tenga que ocurrir, aunque le suponga sufrimiento. ¡Cómo intentaba evitar las garras de ese dinosaurio! Estaba disfrutando de aquel espectáculo desde las alturas. Era digno para un ser superior como él.

Hasta que una voz dócil e infantil se hizo sonar.
─¿Por qué vas a dejarla morir después de que hiciera tanto por ti?─ Se puso en guardia. Aquella voz parecía proceder de la nada. Ningún otro ser estaba cerca de él, a ojos suyos.
─¿Quién sois? ¿Dónde estás? ¡Sal de tu escondite!
─¡Muy bien!

De repente, una figura blanca con coraza roja en el pecho apareció a sus espaldas. Carecía de alas; lo más parecido era dos extensiones casi planas en el lomo cubierto por una envoltura roja que ni siquiera aleteaban, desafiando completamente las leyes de la gravedad. Dado a la poca capacidad de mover la cara, no pudo expresar sorpresa. Tampoco pudo pronunciar palabra alguna, pues lo que se presentó era un mito personificado. Era aquel dragón que salvó a Gionna de una multitud sectaria sedienta de sangre. Aunque sorprendido, sonó sereno a oídos del dragón eón.

─Así que vos sois la que salvó a mi señora renegada de los piratas azules.
─¡Sí, eres muy perspicaz! Y también la que os salvó de aquel ataque de ese psíquico. Creo haber oído que te niegas a protegerla, ¿no es así?
─¿Y acaso ese no es tu deber? No me necesita si estáis aquí, ¿sabes?
─Sí, pero solo velo por ella cuando parezca que no hay salida alguna. Solo quería pedirte que...
─¿Baje y la salve de su propio destino? Dijo que aquellos demonios no tenían que morir, pero los pecadores tienen que morir pronto. Cuestionarme también es pecado.
─¡Pero menudo facha! ¿En serio crees que por no opinar igual que tú tiene que ser triturada por tu amado Lunetah? Sinceramente, ese papel es más de demonio que de ángel.
─¿¡Pero cómo osas!?

Se preparaba para dar un pulso umbrío. Levantó el pelaje que tenía en sus orejas hacia el aire. Pero ella no respondió con una postura defensiva.
─Sí, vale, intenta agredirme. Pero te vas a caer de esa palmera nada más empezar, créeme.
Se calmó de enseguida.
─En fin. No intentaré convencerte, pero piensa una cosa; ella te salvó la vida, ¿no? ¡Y eso que esos humanos con trajes azules tenían pistolas y te apuntaban! Y encima te llevó de enseguida al Centro Pokémon para que te trataran. Y además soportó tus locuras por un buen tiempo, que ya es mucho decir.
No tenía réplicas para eso. Era cierto.
─Por favor, Kyumbreon. Ella ya tuvo suficientes penurias. No le castigues tú también.
Tenía razón. No podía entender el sufrimiento que tuvo...
No. De hecho casi pasaron por lo mismo de diferentes maneras. Ella nunca fue querida, y la apartaron de lo único que tenía. Al igual que él. Siendo un cachorro eevee tenía el cariño de sus padres, hasta que unos cazadores lo capturaron y lo vendieron a un laboratorio fármaco-químico.
Y ahí empezó lentamente a perderse. A llorar. A apenarse. A añorar. Gracias a los malos tratos y los químicos olvidó lo que era la alegría. Olvidó el júbilo. La compasión. La empatía. Y pronto, la tristeza se transformó en odio.
Ya no sentía amor por nada. Solo quería borrar todo lo que veía.

Y entonces ocurrió. Todo eso se personificó en una imagen mental que le otorgaría el poder para destruir. Su cuerpo se volvió negro como la oscuridad que ahora emponzoñaba su ser. Anillos luminosos se imprimieron en sus patas, así como en la cola y en la frente. Y el pelo que había adquirido se centró bajo sus largas orejas. Pudo sacar toda su cólera, llevándose consigo todas las vidas que trabajaban para el “bien” humano. Se manchó con las salpicaduras que sus pulsos umbríos provocaban. Y por aquel entonces, vagó por el mundo segando almas, tanto si era necesario como si no. Hasta que fue acorralado por la muchedumbre y probó el frío toque de las balas. Cayó en un sueño del cual podría no haber salido. Y cuando despertó, ahí estaban. La lotad y aquella joven que se plantó frente suyo con los brazos extendidos para protegerle.
Quizá por aquel momento no supiera de lo que era capaz. Pero nada más comentarlo, no se retractó. En vez de eso le ofreció una causa algo más noble.
Necesitaba protección. Y él no podía negarle, después de lo que hizo por él.
Y por una mera discusión iba a romper el trato... ¿quién era el impulsivo ahora?
─Quizá erre al ir en su contra. Quizá Lunetah no quiera realmente su alma. Aún conservo... algo de gratitud.
─¡¿Pues a qué esperas?! ¡Baja de ahí ahora mismo!─ Ordenaba feliz el legendario psíquico. Kyumbreon no iba a reprochar. Tenía que bajar ahí y dar a aquellos monstruos su merecido. Pero no movió ni una sola pata. En vez de eso quedó como un mero espectador.
─Esperad. Creo que no es necesaria mi intervención por ahora.

─¡Se acabó! ¡Vas a venir conmigo! ¡Aerodactyl, agárrala!

Sin quejas, el pterodáctilo preparaba sus patas para cogerla de sus hombros. Ella resignó la idea de evitar quedarse en un frío y oscuro lugar encerrado, y se quedaba inmóvil esperando a sentir la piel fría del dinosaurio. Pero inesperadamente, una ráfaga de pétalos azotó a Aerodactyl. Perpleja, Aina miró los alrededores, y avistó a Dressela, grácil y con confianza, dirigiendo el tornado floral.

─¡Muy bien, Dressela, acaba con él!─ Exclamaba también seguro de si mismo su entrenador. Helio discrepaba del medio que utilizaba para dejar a Aina sin nadie que la defendiera.
─Tío... ¿tú para qué tienes el capturador? ¿Para hacer bonito?─ Dijo para iniciar otra disputa, pero el arrebato de felicidad de Gionna previó otra lucha verbal.
Tuvo una alegría al ver ese pokémon. ¿Quizá había venido a por ella?
No... seguramente estaban de paso.
─No podríais llegar en mejor momento. Ese Aerodactyl casi me agarra.
─Ya lo veía, ya. Si es que tengo una vista...─ Decía altivo Soel. Demasiado orgullo hizo que los dos no se dieran cuenta de que Aerodactyl aún no estaba acabado y preparaba otro golpe aéreo. Después de que demostrara una vez más su carácter, Helio se percató de lo que iba a hacer.
─¡Eh, tú, cuidado!─ Avisaba inútilmente su compañero. Cuando Soel quiso darse cuenta, Aerodactyl golpeó duramente a Dressela. El ataque la mandó por los aires y la tiró al suelo. Fue un golpe bajo, y afortunadamente para ella, las secuelas no eran muy severas.

─Será cerdo el bicho este...
─¡Cerdo tú, que has aparecido sin avisar!─ Aina estaba mosqueada. Pensó que ya empezaría a llevar la rata a su caja, pero la inoportuna aparición de ambos personajes la alejaba de su objetivo. aparte de que Dressela mostraba una resistencia digna de mencionar.
─¡Me ha atacado por la espalda! ¿Cómo quieres no sea un cerdo?─ Protestó Soel. Su Lilligant asentía con sus hojas posteriores posadas en la cintura.─ ¡Lilligant, usa somnífero! ─Y esparció de nuevo la nube de fino polen del sopor. Aerodactyl no supo evitar aspirar las partículas y se desplomó en un sueño profundo.
Aina empezaba a odiarlo cada vez más. El muy osado había retrasado sus planes con su compañera de trabajo. Aunque, fuera de lo que haya hecho, le parecía muy guapo.

─Eres más cerdo de lo que pensaba. ¿Qué haces tú aquí, guapetón?
─Su trabajo, ¿qué va a hacer?─ Contestó Helio sin tener su permiso.
─¿Quién eres tú para contestar mis preguntas?─contestó el entrenador. Solo quiero una batalla, nada más. ¡Dressela, usa Danza Aleteo y cuando llegues al máximo usa Danza Pétalo!

Todo y que en las órdenes de Soel no entraba usar drenadoras, antes de prepararse para el gran golpe, expulsó de su flor su semilla parasitaria. Las zarzas punzantes le quitaban la vida al reptil de pellejo pedregoso que, a pesar de que le estaban quitando poco a poco la sangre, seguía dormido cual lirón mientras cargaba su poder.

En cuanto ya estaba preparada, volvió a danzar y lanzar los pétalos al monstruo volador durmiente, tres veces hasta cansarse, para asegurarse de que no pudiera atacar. Soel sonreía orgulloso de sus habilidades como entrenador. Pensaba que con golpes tan fuertemente atestados no lograría levantarse. No se equivocó. Aerodactyl despertó de su letargo dolorido, tanto que despertarse por completo se le hacía imposible.

Pero Aina no aceptaba su derrota. Sacó su violín y tocó una estridente melodía que quemaba los oídos de Aerodactyl. Le hacía levantar, lo contrario que le decía su instinto. El esfuerzo físico involuntario, junto a las heridas, hacía que sufriera todavía más. Aina rozaba la línea divisoria entre cordura y locura.

─¡Aún no he terminado, cerdo precioso! ¡Pienso hacer picadillo a tu flor!
─¿En serio...?─ Empezaba a pensar que Aina era tonta de remate, y una ilusa. ─Ay, Dressela, usa sonmífero otra vez.

La bella dama florar trató otra vez dormir al obligado atacante, mas Aerodactyl no se permitió otra siesta. Creó una ráfaga de aire que disipó la nube verde, y se lanzó con golpe aéreo. Para Dressela fue un golpe crítico, aunque no devastador. Aina se reía con locamente mientras su pokémon rugía dolorido. Era tanto el dolor que a Aerodactyl hasta se le escapaba las lágrimas.

Daba mucha lástima verlo atacar con todos los cortes y las zarzas pinchándole. Helio no podía aguantar más, pero él no podía hacer nada. Minun estaba débil con el anterior ataque, pero igualmente su capturador no podría liberarlo de las zarpas de Aina. Era un completo inútil en esos momentos. ¿Qué podía hacer, si no mirar?
Salvo suplicar.
─¡Gin! ¡Por favor, haz algo!
Mas no sabía qué hacer.
Estaba acongojada. Por primera vez en su vida veía un pokémon sufrir de verdad. Moverse despojado de su propia voluntad, y agonizando por ello...

Todos sus pokémon estaban débiles, uno brillaba por su ausencia, y Plusle era una inexperta que solo sabía paralizar. Sacrificarlo no era una opción. Tampoco tramar un plan elaborado para destrozar ese controlador.
─¡Gionna!
¿Era necesario dejar que un ser vivo muera solo por ser un esclavo? Pero si no podía usar a otros para salvarlo, ¿entonces qué tenía?
─¡Venga, no te quedes parada! Eres la única que lo puedes capturas... ¿¡es que no lo vas a intentar!?

Parecía que no tenía otra opción.
Gionna sacó el capturador con determinación, encendiéndolo y apuntando al pterodáctilo.
Iba a acabar con esto. No importaba cuál era el precio.

Lanzó el disco en dirección a Aerodactyl. Con tan solo hacer un círculo, el dinosaurio volador dejó al lilligant en paz, justo para romper la línea con sus fauces.
La descarga la había aturdido un momento. Mas aguantó.
Esta lucha iba a ser rápida.

─Un momento. No estarás haciendo caso a ese pelmo.─le preguntó Soel.
─Sí.─contestó Gionna.
─¡Pero si está muy débil! ¡Déjame terminar con él!
─Ah, sí, por eso también me meto. No quiero muertos, ¿sabes?─dijo indiferente.
─¿Qué? Pero tampoco iba a... solo dormirlo.
─Mira; está malherido y va a seguir luchando justo porque hay un violín comiéndole el coco aunque esté sobando, así que... mejor me encargo yo, ¿sí?
─Haz lo que quieras.─dijo entonces. Al fin podía seguir sin remordimientos.

Volvió a proceder con la captura. Pudo hacer que el aerodactyl pusiera toda su atención en la línea de captura, solo para asegurarse de que Dressela no saliera herida. Intentó enlazarlo más con esa cuerda inalámbrica, tratando de evitar sus ataques. No obstante, era casi imposible evitarlos. Decidió guardar un momento el capturador para pensar qué hacer. Craso error. No tardó en abalanzarse contra ella para llevársela.
Menos mal que no estaba completamente sola.
─¡Plusle!
No hacía falta decir más. El conejo se apresuró, y de un brinco se puso encima de Aerodactyl en pleno vuelo. Descargó toda la electricidad almacenada y, de la parálisis, el reptil cayó al suelo.
Era el momento. Se apresuró en ponerse en una distancia aceptable para así poder capturarlo de enseguida. Y así fue.

Después de retroceder unos pasos, acabó con la captura con unas cuantas vueltas. Nada más capturado, Plusle se bajó y miró a Aina con rencor. Quería vengarse por separarla de Selena en aquel mismo lugar.
─Mi hermano me va a matar...─fue lo único que dijo, antes de que el conejo se lanzara con su pelaje completamente electrizado.
─Plusle, no.─ordenó sin ganas la entrenadora. Pero era tarde. Aina había recibido un buen calambre por todo su cuerpo. Quedó aturdida por un momento, cubierta de barro.

─Ra... ¡Rata asquerosa!─ Exclamó mientras trataba de levantarse. Iba a capturarle utilizando su violín; pero para su sorpresa, la electricidad había logrado estropear el supercapturador. Plusle quedaba abajo, gruñendo cual perro, aún rebosante de energía. El instinto, o, mejor dicho, el miedo hizo que corriera adentrándose en la selva suplicando clemencia.
─¡Pero bueno, Plusle! ¡Vuelve aquí!─ Ordenaba sin resultado, mientras la perseguía corriendo, intentando alcanzarla. Ambos varones y Lilligant se quedaron pasmados viendo como los tres correcaminos desaparecían en la oscuridad.
─Parece que mi trabajo ya ha terminado. ¡Al fin podré buscar chicos majos!─ Dijo Soel. Ya estaba cansado de tanto trabajo. En cuanto iba a retirarse, Helio le agarró del brazo, aún mosqueado.
─¿A dónde te crees que vas, guaperas?
─Oh... ¿No hemos acabado?─ Preguntaba con tono irónico. ─Estoy en bañador, ni muerto sigo estando en la selva así.

Helio no tenía ganas de discutir. Arrastró a Soel a las profundidades, igual que Gionna y la arpía de Aina.

El sol aún estaba vigente; aclarando el cielo, pero el aire se iba enfriando a medida que se acercaba su destino. Emily se frotó los brazos con las manos para darse un poco de calor. Spyrox tampoco le sentaba bien el frío, como planta que era. En tierra firme, una mujer joven abrigada de pies a cabeza, de pelo lila y mirada igual de gélida que el clima aguardaba a la top ranger mientras contemplaba el cielo.

Los dos starraptors pusieron sus pies en la escarcha, y en cuanto se liberaron del peso de sus pasajeras, volvieron a Almia. Ambas tiritaban de frío.
─Te esperaba, Emily. Por favor, entra en la base.─ Su voz era suave y cálida; algo que contradecía con la dureza que transmitían sus ojos.

En las mesas que habían distribuidas se asentaba un hombre moreno y robusto que lucía de grandes y fuertes músculos. Esperaba pacientemente a que su jefa entrara con la chica. Aunque la base de Hiberna tenía calefacción no bastó para que volviera a entrar en calor.

─¿Tienes frío? Aguarda, te traeré una chaqueta y una manta para tu grovyle.
─Gr-gr-gr-gra-cias.─ Tartamudeaba por los temblores que le causaba la baja temperatura del exterior. Se sentó enfrente del hombre, que abrió los ojos y gruñó sin causa alguna. La mirada fija del ranger local le daba un poco de miedo. Al menos Elena no tardó en regresar con una fina chaqueta de lana y un pequeño manto hecho del mismo tejido. No tardaron en abrigarse. Elena se sentó junto a los dos rangers y grovyle.

─¿Quieres una taza de chocolate caliente?
─No, gracias.
─Mejor, así acabamos pronto. La Sierra Oscura es un lugar que no tiene perdón, más en esta época. Tendrás que prepararte bien. Chris te dará ropa adecuada y un equipo de escalada, por si lo requieres.─ Tras decir aquellas palabras, el hombre musculoso, sin decir nada, se levantó y fue a por las cosas que necesitaba.
─¿Te puedo pedir un favor, Emily?
─Claro... ¿qué es lo que quieres?
─Que regreses sana y salva con sus planes. Me preocupa lo que tienen esta gentuza en mente.
─¿Por?
─Verás... Antes de que la unión tuviera constancia del equipo Go-Rock, los lugareños ya avistaron a algunos integrantes del grupo. Uno estaba pateando a un seedot, otros dos se metieron con un ranger novato... Yo ya sabía de qué iba esa gente. Pero algo me dice que lo suyo es más que odio hacia los rangers. Por favor... Sácame de esa incertidumbre, Emily.
─Puede contar con ello.─ Decía confiada. Chris volvía con las pesadas ropas de abrigo y la mochila con todo lo necesario para sobrevivir y trepar por las montañas.
─Gracias... Ahora ponte la ropa y ve en paz.

Tras darle las ropas, fue al vestuario que había en la base, cambió de atuendo y abandonó el calor que le daba la calefacción de las instalaciones. Partió en busca de la base del enemigo y del modo de entrar desapercibida en su base.


EXTRA x2 COMBO


#50
Holis!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!! Volví para comentar (obviamente). No tengo mucho de qué quejarme, más que de algunas palabras ausentes, en más de una ocasión noté la falta de algunos conectores. Lo que sí debo destacar es que la narración estuvo muy buena, me imaginé todo lo sucedido de la manera en que tú lo describías. Me encanta cuando un escritor hace que el lector se imagine todo, siento que se hace una retroalimentación entre ambos. Todavía me causa intriga la participación de Emily en todo esto y la conversación al final me da a pensar en que se viene un peligro aún mayor para los protagonistas, las frases utilizadas crean ese típico aire de misterio que uno quiere ver.

PD: ¿El Pokémon legendario era Latias?

No tengo más que decir, el capítulo me gustó bastante. Espero pronto uno nuevo. Ciao.


Lean mi fic: La Historia de Jack Evans
Soy Elven king
(Por si alguien no me reconoce)


#51
¡Hey! ¡Adivinen cual capítulo no me ha salido un churro!
Yes, that's right. Este capítulo.
Apenas tuve que cambiar unos verbos y nada más. El resto era completamente decente.
Y el siguiente también me gusta mucho. Parece que están de suerte :'D
Aunque creo que he terminado de escribirlo pronto porque solo tenía 3000 palabras, nada más.
Ugh. Igual tenía algún problemilla con los verbos. Sí, recuerdo que a partir de ahí es cuando dejé de liarme con los recursos literarios y me puse a centrar en las descripciones y eso... ahí fue cuando empezó a gustarme cómo escribía.

Now. Tengo que agradecer a Jean por volver a votar este fanfic en los Óscar. Y a todos los que leen, aunque no comenten, aunque no los conozca; gracias uwu. Aunque quizá algunos comentarios más no me harían daño [?].
Y esos que votaron por mejor escritora... well. Depende. Si votan porque doy por saco a los novatos, lo siento pero eso no es razón para ser proclamada como mejor escritora. [?]
También votaría a otros escritores en los Óscar, pero el mínimo de votos que tengo que dar son 20 y no puedo dar muchos, así que... lo siento mucho u-u.

En fin. Aquí no pasa gran cosa y es bastante corto, pero... creo que introduce bien lo que viene después òuó
(Y si no quedan satisfechos, aún puedo pasar el 19, que está bastante bien escrito y tiene más contenido)
Wellp. ¡Felices fiestas~!

Capitulo 18


Spoiler
Elena tenía razón. La sierra no tenía perdón alguno. Pese a llevar ropa de abrigo tenía frío; incluso más que en el pueblo. Spyrox hasta se llevó la manta de Elena para mojarlo con la nieve. Esperaba entrar pronto en la base de marras y hacerles cantar sin que se dieran cuenta. Mientras sus pies crujían en el agua congelada, pensaba en cómo iría a encontrar un uniforme del equipo Go-Rock. ¿Localizaría a uno de sus superiores y demandaría un falso ingreso a la banda? ¿Cómo, siendo lo más odiado por todo el colectivo? No les cuadraría nada. Solo había una opción restante, y esa era recurrir a la fuerza. O al menos, aparentar que va a lesionar.

Estaba de suerte. Nada más estar de camino hacia los picos se encontró a un recluta dando puntapiés a un plácido Snorlax en plena hibernación. Andaba solo, sin ningún pokémon al lado. Claro, la mayoría de los pokémon que habitaban por Hiberna estaban en sus cuevas, nidos o madrigueras, durmiendo o resguardándose del frío. Estaba muy enfadado. Le cortaba el paso.
─¡Despierta, despierta! Maldito saco de grasa, ¿¡Por qué no te despiertas!?

Ya le daba una idea qué tipo de gente constituía el grupo. Le susurró al oído de Spyrox lo que tenía que hacer, y de enseguida se puso a la labor, dejando la manta a la nieve. Con una sonrisa traviesa, toqueteó con una de sus garras la espalda del recluta. Se giró y, el grovyle, como si se tratara de un degollador en serie, se lanzó a por su víctima y acercó las hojas de su brazo izquierdo, afiladas y duras, hacia su cuello. Brillaban como si fueran unas cuchillas verdes. El recluta se desmayó, y se unió a Snorlax en su sueño. Spyrox bajó su brazo y se enrojeció. Pensó que quizá fuera demasiada emoción para el pobre hombre. Aunque ya le valía. Ahora tocaba la parte más difícil; quitarle la ropa. Le dejó con la mayor parte del cuerpo descubierto al gélido aire. Lo único que le dejó fueron los calzones. Spyrox se reía de él con locura. Incluso se le escapaban las lágrimas de la risa. Ya con la ropa entre brazos, la guardó en la mochila con el equipo de escalada y ambas se subieron a la masa durmiente para pasar al otro lado.

La persecución seguía su curso. Aina corría desesperada por perder a Plusle de vista, pero pese a sus esfuerzos, no veía que se distanciaba de ella. Por lo menos la menor mantenía un ritmo constante. Gionna, quién seguía al colérico conejo, le costaba horrores acercarse. Le dolían los costados, los pies y le faltaba el aire. Tenía que reducir su velocidad cada dos por tres para recuperar el aliento. Al menos a Aina le impulsaba la adrenalina, aunque se le presentaran varios obstáculos; pokémon salvajes, caminos sin salida que tengan que treparse, rocas, telarañas, arbustos...

Gionna quería desistir, pero no podía. Pronto, Helio, con Soel forzado también a correr, le dieron alcance.

─Em... ¿Estás intentando pillar a Plusle? Porque no lo parece.─ Resaltó Helio su lentitud.
─Cállate...─ Contestó malhumorada y exhausta. Al toparse con la elevación, ya estaba al borde de su paciencia y no le importó ensuciarse el uniforme para reposar. ─Pelozuli, ve a tú a por Plusle. Yo... ya estoy muerta.─ Ordenaba mientras jadeaba.
─¿Tan cansada estás?─ Preguntaba sin creerse que tenía que descansar. Claro que, si perdía a Plusle, se las cargaría todas. Pero no podía dejar a su eterno rival campar a sus anchas. Y tenía que soltarle... No había opción.
─Vale. Pero vigila que este gallito no vuelva a la playa.
─Descuida...─ Y, dada la palabra, Helio trepó con mucha más energía que Aina, mientras que Gionna miraba vigilante a Soel. Lilligant ansiaba de regresar a la playa, igual que su amo. Claro que, si la persecución iba a durar, se tendrá que finalizar el día sin acabar de confirmar nada, y quería acabar lo antes posible para que le concedieran la libertad de una vez por todas. Tenía que mandar a alguien a que acabara la tarea.

─Oye, hazme un favor y mira si hay algo sospechoso por el resto de la selva.
Eso le supuso la libertad para Soel.
─Ahora mismo, señorita.─ Decía con tono sarcástico. ”Oh no, no lo harás.”, fue el primer pensamiento que irrumpió en su cabeza al ver su socarrona sonrisa. A veces no sabía cuando alguien hablaba con ironía, pero en este caso se le hacía muy obvio.

Pasado poco tiempo, mientras el aire refrescaba su cuerpo, sonó el capturador que aún lo tenía sujeto. Miró la pantalla para ver lo que le pasaba al aparato. No le pasaba nada. Solo que Helio la estaba llamando. Abrió conversación con un botón y activó el altavoz, para no tener que acercarse el aparato en la oreja.
─¿Qué quieres?─ Preguntó sin entusiasmo alguno.
─¡Sube, ya! ¡Tienes que ver esto!
─¿Cómocomocomo? ¿Qué suba a dónde?
─¡Tú simplemente sube arriba del todo! Te espero en la entrada en la reliquia.
─¿Pero qué reliquia? ¿Qué dices? ¿Hola? ¿Holaaaa?

La línea se cortó. Estaba confundida. No le había indicado ningún camino; solo que fuera para arriba, y no sabía donde diantres estaba la “reliquia” que él decía. ¿Estaría nada más disponerse a subir la pared natural?
Bueno. Ya empezaba a aburrirse estando todo el tiempo sentada.
Se dispuso a finalizar el reposo y trepar.

Observó por un momento y guardó el capturador para tener ambas manos libres. Se agarró por las zarzas con las que podía sujetarse y fue poco a poco apoyando también los pies en los huecos que había mientras temblaba como una hoja. Justo cuando parecía que se iba a acabar el escalar, la tierra enmudecida por las lluvias de los días anteriores le resbaló en las manos y provocó que perdiera agarre y cayera. Gritó asustada mientras iba bajando hasta el punto de partida. Quizá se le rompiera la espalda, o peor; el cuello. Pero no recibió el impacto. Ni siquiera estaba en el suelo.

Se quedó flotando en el aire, completamente quieta, como si el tiempo se hubiera detenido para su propia conveniencia. Suponiendo que Kyumbreon le abandonó por llevarle la contraria, no pudo haber nadie que la haya detenido en el aire. Mas una voz ajena a la suya resonó desde su cabeza hasta los tímpanos. Una voz muy familiar.

─Cuán siento dejarla sola con esos viles reptiles. No volveré a defender fanáticamente la gracia de Lunetah.

Gionna giró su mirada detrás suyo al escuchar su voz. Estaba ahí, con los ojos brillantes, anulando la gravedad sobre ella con su psíquico. Antes de que pudiera preguntar nada, Kyumbreon volvió a hablar.

─¿Pretendíais subir? Mis disculpas.─ Después, le ahorró otro intento de llegar arriba del todo, asentándola al borde de la subida escarpada.
─¿No dijiste que hoy me dejabas de lado?─ Preguntó extrañada al ver que había acudido en su ayuda.
─Cierta ente que no me creía que existía me ha convencido.
─¿Cierta ente que...? ¡Ah! Creo que ya sé a quién te refieres.─ Comprendió sus palabras. Eran tan claras como el agua. Pero no acababa de creer que Latias hubiera tenido una charla con él. A oídos suyos, le era una excusa, o una burla.
─Espera... ¿No lo dirás porque sentiste remordimientos y no quieres admitirlo?
─¿Acaso te mentí alguna vez?─ Redirigió la pregunta.
─Bueno. Dejemos este tema de lado, ¿quieres? Creo haber visto más lianas por ahí.
─En ese caso tendréis que guardarme otra vez. No creo poder trepar con esas patas.
─Conforme.
Así pues, Gionna volvió a meter a Kyumbreon en su pokéball, contenta por tener a su compañero de vuelta. No sabía qué había ocurrido exactamente, pero aún así se alegraba. Siguió adelante tranquilamente, y, tal como ella dijo, no tardó en toparse con otra gran pared con lianas y zarzas colgantes. Además, un par de gligar planeaban cerca de ese obstáculo, vigilantes. Mala cosa.
Pensaba en sacar a su chacal; pero por la altura pensó que quizá sería demasiado para él. Después de todo, él era un umbreon, no un espeon.

Pese al susto anterior y su inseguridad, volvió a subirse para llegar al punto más alto de la peña selvática. Nada más subirse un poco, uno de los recelosos escorpiones voladores trató de expulsarla de su territorio, embistiéndola. Se apuró en subir más, evadiendo el ataque de los gligar. Por poco este se estrellaba contra el suelo. El otro no le tomó tanta importancia y la dejó subir en paz.

Tardó lo suyo, pero logró llegar al final. En cuanto podía estar segura de que no podía caerse, miró abajo. No podía creerse que hubiera llegado tan alto sin recurrir a ninguno de sus pokémon. Acababa de demostrarse que tenía una gran fuerza de voluntad cuando ella lo quería. Esta vez se había superado. Pero no había tiempo para ponerse laureles en la cabeza. Tenía que encontrar la mencionada reliquia y reunirse con Helio. No tardó en saber que estaba a sus espaldas.

La luz entraba en toda su totalidad; las palmeras que mantenían en la penumbra con sus anchas hojas lucían con su ausencia. Solo había algo de vegetación por el fondo y una gran construcción antigua enfrente suyo. En la cumbre del bloque ancestral, Helio hizo señas con la mano y llamó su atención con la voz. Al menos solo tenía que utilizar sus desgastados pies para llegar.

─Ya era hora.─ Dijo con tono neutro, nada más verla de cerca. Plusle estaba al lado suyo, aún ansiosa de descargar energías sobre Aina, y Minun, que reposaba en su hombro. Aún estaba débil, pero se encontraba mejor.
─Lo siento, chico, no tengo tu agilidad. ¿Qué quieres que mire?

La expresión seria de Helio cambió a una de alegría y entusiasmo. Intentó reprimir su emoción, pero no pudo.
─Pues... verás... ¡Tú sígueme!─ Se adentró sin demora al agujero de la reliquia.

Dentro había lo que parecía un complejo mecánico partido en dos, que daba paso a unas escaleras que bajaban hasta el subsuelo. Helio bajó sin temer a caerse por la falta de luz. Gionna no se atrevió a seguirle. De enseguida, Helio se percató de su ausencia.

─¡Vamos! ¡No te quedes ahí parada, mujer!─ Dijo descaradamente.
─¿Acaso quieres que me mate? Ni loca voy a bajar sin iluminación.─ La carencia que tenía ese lugar le recordó que volvía a tener a Kyumbreon de lado. Lo sacó de su madriguera artificial, y este agitó su cabeza, ondeando el pelo que tenía debajo de sus orejas.
─¿Me requiere para algo, mi señora?─ Preguntaba con cortesía el felino.
─Pues sí. ¿Podrías iluminar el camino con tus marcas? Es que, con tanta oscuridad no creo que logre bajar ilesa.
Kyumbreon se sintió ofendido. Pensó que tenía que hacer algo más, como matar a todo que se cruzara en medio. No, solo tenía que caminar, nada más. Refunfuñó para sus adentros y encendió las marcas de su piel. En serio Gionna. ¿Tantas disculpas para esto?

Solucionado el problema de la poca visibilidad, los dos bajaron hasta encontrarse con un espacio subterráneo con baldosas de piedra colocados sobre el suelo. Y eso no es todo; el bloque estaba construido en un manantial natural, al parecer. Había aguas a montón. Para Gionna también era sorprendente, sin duda. Más teniendo en cuenta que para la gente de antaño debería de ser un esfuerzo monumental hacer hueco en la tierra para alzar este... ¿templo? Posiblemente sería eso.

¿Pero, a qué ente le rendirían culto? De todas maneras, el esfuerzo que había empeñado para reunirse con Helio había valido la pena. Este lugar no figuraba en el panfleto turístico que se cogió en la agencia de viajes. Acababa de pisar un lugar que parecía ser desconocido para la gran mayoría de la gente.

─Dios, ¿¡quién iba a imaginarse que hubiera algo así debajo de la jungla!? ¡Es asombroso! ¿No te parece?
─¿Eh?─ Estaba distraída, especulando como había sido creado y preguntándose si el agua era salubre. Helio se enfadó por su aparente falta de emoción.
─¿¡Cómo puedes estar así estando en un lugar por donde seguramente nadie ha pisado en siglos!? ¡Que poca vergüenza tienes! ─ Intentó decirle que estaba imaginando como se lo hacían, que no estaba por él, pero Helio no dejó pronunciar palabra.
─No, no me lo digas, te he molestado, ¿no? ¡Pues perdona que quiera enseñarte esto, pensaba que te ilusionarías! Pero no, veo que solo te gusta holgazanear como el cazurro de Soel.
─Que boca mas grande y que oídos más pequeños. No la dejas hablar.─ Defendió Kyumbreon a su entrenadora.
─Es que es cierto.
─No.─ Negó ella. ─Estaba pensando cómo podrían haber construido este lugar.─ Helio al fin se quedó mudo. Se tragó sus propias palabras.

Sus propios actos de arrogancia le hicieron sentir mal con él mismo. ¿Dónde estaba el Helio que escuchaba a los ciudadanos con problemas, el Helio comprensivo, el que ayudaba? Desde luego, con ella estaba siendo la persona que no quería ser.

─Lo siento... Es que, como te veo siempre tan seria y siempre... Utilizas a los pokémon para hacer daño a otros pokémon pues... Ya ves lo que pasa.─ Se disculpó. Luego Gionna alegó por qué utilizaba a sus pokémon.
─Oye, si mando a mis compañeros a luchar no es para hacer daño al contrario, es para defenderme. ¿Tú ves que tenga tu capacidad física?
─Eh...
─¿Verdad que no? Así que dependo de ellos para sobrevivir. Aparte, si eso lo dices porque no utilizo el cacharro que utilizáis, eso es porque me niego a utilizar algo que no sepa usar bien. Además... Vosotros también utilizáis otros pokémon para ayudaros con la captura, ¿no?
─Sí... pero solo mandamos que suelten lo que tengan y tampoco los mandamos a luchar... ¡Pero tú los obligas!

Eso fue bastante revelador para Gionna.

─Vale... parece que ya hemos descubierto la gran diferencia que nos separaba.
─¿Cómo?
─Eh, veamos; sí, admito que hay entrenadores muy cabrones que capturan a los pokémon y les obligan a hacer cosas muy malas... pero créeme; no soy de esos entrenadores.
─Pero... pero tu umbreon...
─Soy así. Y no gracias a ella.─contestó.
─¡Exacto! Aparte, siempre les pregunto antes si quieren venir o no. Y si no quieren luchar, pues nada, no los obligo. ¿Tú conoces a Google?
─Eh...
─Bueno, ese es un pacifista, por algo no lo saco con mucha frecuencia. De hecho hasta hay pokémon que se encuentran incómodos en su hábitat natural. Como ese pobre murkrow... en verdad les hago un favor.

Dio a entender que no era el monstruo que pensaba que era. Aunque aún no se acababa de creer que fuera tan buena. Pero no le importó, quería su perdón, ya.
─¿Pero me disculpas o no me disculpas?
─Dios. ¿Por qué? Ni que estuviera enfadada contigo.
─¿¡Qué!? ¡Pero te he tratado fatal estos días! ¿¡Y no estás enfa-!?
─¿Te parece si miramos más a fondo este lugar? Tengo curiosidad.
─¡Pero eso es precisamente lo que quería proponerte desde un principio!─exclamó Helio.
─Pues vamos, ¿no?

Y ambos se pusieron manos a la obra. Se adentraron más en el lugar, y vieron que habían varios cuartos por donde entrar. Pero sobre todo, se fijaron en una estatua. Un león con un grillete sin cadena en cada pata y de melena lisa, con una especie de nube en el lomo rugía inmóvil, sellado en piedra. Como no, Helio se quedó pasmado con esa estatua, y a Gionna le hizo pensar aún más. El lugar no era idóneo para hacer un lugar de culto a este felino mitológico. Al no ser que el agua haya surgido después, cosa que dudaba.

Mientras hacían sus teorías sobre la estatua, detrás de ella se ocultaba la arpía del violín. Iba escuchando a sus dos peores enemigo a ver si soltaban algo importante o personal, pero al ver que solo eran teorías que discutían sobre la gente del pasado se le pasaba miles de veces el mismo adjetivo. Empollones todos. Si no fuera por Plusle, no tendría que esconderse y soportar esa verborrea hipotética.

En cuanto se dispusieron a ver las otras cámaras que habían, Aina salió de su escondite. Andaban tan contentos los dos... Eso le daba envidia. Hacía tiempo que ella no socializaba con nadie ajeno a su familia y el equipo Go-Rock. Tenía que vengarse, y, para ello, necesitaba trazar un plan con sus hermanos.

Sacó el móvil y vio que no tenía cobertura al estar bajo tierra. Tenía que subir, algo difícil en estos momentos. Pero lo consiguió, a duras penas. Llegada a la salida, buscó el número de su hermano David y lo llamó. No tardó en contestar.

─¿Diga melón?─ Preguntó tranquilo. Estaba entreteniéndose tocando algunos acordes con la guitarra.
─David, soy Aina.
─¡Anda, hermanita! ¿Qué te pica, tronca?
─¿Que qué me pica? ¡La moral, tío! He fracasado en mi intento de llevarme a la fea esa y encima se está ligando al otro tontaina.
─Anda, tú... Y quieres que vengamos todos y les demos una paliza juntos, ¿no?
─¡Síiii! ¡Que bien me conoces, hermanucho!─ Dijo ansiando su llegada. ─Estoy en un edificio feo de la selva, si eso.
─¿En un edificio feo...?─ Preguntó intrigado. Y tan pronto que se preguntó lo que podría ser, supo a qué se refería. Eso le recordó a una de las múltiples leyendas existentes de la región. A raíz de ese recordatorio, le surgió una idea vil, algo que le permitiría utilizar la motivación común de los rangers para fastidiar, no solo a la isla, si no a la reputación de esos dos.

─Jo, jo, jo, jo, jo... Creo que ya sé como jugársela a ese par de tortolitos.


#52
Holo!!!!!!!!!!!!! Nuevo cápitulo, nuevo comentario. Kyumbreon volvió con Gionna!! El reencuentro me pareció que pasó muy rápido, sin embargo, tiene el toque de tu estilo de narración y encaja perfecto con la personalidad de ambos personajes, algo sin tantas emociones y todo eso.

La introducción a posibles futuros eventos relacionados con Entei me pareció buena, en los últimos capítulo han aparecido bastantes pokémon legendarios como para dejar intrigado al lector sobre como influenciarán el transcurso de la historia, pero tampoco abusas poniendo demasiados pokémon legendarios.

¿Una posible relación entre Helio y Gionna? Aina deja entrever algo por ahí, aunque pudo ser una exageración provocada por su envidia.

No tengo quejas sobre la redacción ni ninguna otra cosa técnica. Espero otro capítulo. Ciao.


Lean mi fic: La Historia de Jack Evans
Soy Elven king
(Por si alguien no me reconoce)


#53
... Dammit. Estaba peor de lo que recordaba.

Tenía frases demasiado largas. No entiendo cómo podía ir con tantas florituras. Con suerte, tampoco tuve que cambiar mucho de la trama. Solo... tenía que hacer las cosas más creíbles. Porque Ginny estaba como... bueno. ¿Saben esas inútiles que con sus llantos logran hacer que todo dios haga su trabajo? Pues eso. Y no, no shipeo a Gionna ni a Helio por asomo. Ni antes ni ahora. Solo que hay muchos malpensados, that's all [?].
Bueno, hay más momentos como ese, pero creo que son más acordes que en este capítulo.
Y me da que aún me he pasado tres pueblos con Kyumbreon...
En fin. Dejaré que @Thranduil me ilumine [?].
Ah, sí. Pienso cambiar algunos hechos en el capitulo 27 y 28 respectivamente. Y son de los grandes. Digamos que ahí estaba loca de remate y que hay cosas que son simplemente inaceptables.
Lo mismo va para el 38.
Pero eso es hasta muyyyyyyy adelante.
En cuanto a los que siguen, si mal no recuerdo, no había alterado tanto el orden de las palabras. Solo tendré el problema de no mencionar a todos y ya. Ahora, que no sé cuándo publicaré el siguiente, sabiendo que volveré a clases pronto...
En fin. Mejor disfruten de este :'D
Cheerio~!

Capitulo 19[/b]


Spoiler
Humedad. Eso es lo que se sentía. Aire que estuvo herméticamente cerrado durante siglos. Aguas que permanecieron ocultas también en el tiempo... Azulejos azules adornaban la sala, y dos colmillos se retorcían al cada lado de otra entrada que se hallaba enfrente suyo. Desde ahí, se sentía el aire circular. ¿Cómo era posible que una ráfaga de viento estuviera en el subsuelo, se preguntaron los dos?

─Noto una corriente de aire frío...
─Ídem. Y eso que estamos bajo tierra. ¿Quizá haya una salida al exterior ahí delante?─ Supuso Gionna.
─¡Solo hay una forma de averiguarlo!

Helio se apresuró en ver lo que había más allá del cuarto. Solo había un largo camino rodeado de vacío y dos grandes pozas de agua por los costados. Al final había un agujero que dejaba entrar algo de luz. El aire aún se sentía en frente de la cara de Helio, por lo que procedía desde aquella abertura.
Iba derecho hacia la luz, pero nada más pisar para dar un paso emergió del agua una serpiente marina de seis metros y medio azulada. Helio escuchó el bramar del líquido de la vida que venía desde su lado derecho y vio al dragón preparar un chorro a presión para tirar a Helio al gran hueco. Logró escapar a tiempo del ataque del Gyarados, pero otro emergió por el otro costado y, con la misma agresividad que el anterior, golpeó a Helio con el primer chorro que, aparte de empaparlo, lo precipitó al vacío.

Se había quedado sola con sus pokémon por no querer seguir al impulsivo de su compañero. Estaba más interesada en ver la zona en la que estaba. La pared tenía un color azul esmaltado, igual que el suelo. Kyumbreon también inspeccionaba el lugar. Las edificaciones creadas por la humanidad no es que le interesara mucho, pero sus ojos vieron de enseguida una inscripción en el pedestal que reposaba uno de los colmillos. Se acercó a leer la escritura. Para él eran bobadas, pero pensó que su entrenadora tal vez le interesara.

─Pare de admirar el azul de las paredes, mi señora. Hallé algo que le pueda resultar más cautivador.
─¿Qué has encontrado?
─Vos venga.
Hizo lo que le dijo. Gionna fue donde estaba Kyumbreon, cerca del colmillo. Miró por el suelo y por el techo, pero no parecía que hubiera algo diferente.
─¿Pero se puede saber qué has visto que te llamó tanto la atención? Yo no veo nada.
─Más cegata que un topo eres... Está a la altura de tus rodillas.
Volvió a mirar al suelo y por los alrededores de nuevo, solo viendo sus pies y el suelo cuadriculado, sin aún ver lo que su umbreon le quería enseñar.
─¡En el pedestal, cerebro de mosquito!─ Su voz tronó en la cabeza de su entrenadora, congelándole la sangre. Aún sin recuperarse del susto, se agachó a ver qué había visto. Letras ya conocidas talladas en la piedra es lo que avistó. No era una lengua arcaica; es más, era la suya, por lo que se podía leer, pero le costaba interpretar ese texto. Le era críptico.

De pronto, Helio, dolorido por la caída, subía las escaleras que habían. Minun hacía esfuerzos por andar, para no sufrir más daño de lo necesario.
─¿Qué estás haciendo?─ Preguntó al verla agachada enfrente del pedestal. Gionna volvió a sobresaltarse. Giró un poco la cabeza, y vio por el rabillo del ojo su cuerpo doblado goteando por todos los sitios.
─¿¡Pero qué te pasó, que estás tan mojado!? Y vas como un viejo jorobado... ¿Estás bien?
─No, no lo estoy. Me ha atacado un gyarados con un chorro de agua. Y tú... Repito, ¿qué estás haciendo?
¿Gyarados? Por Arceus esperaba que estuviera confundido. Le gustaría ver a un milotic, o un blastoise o al mismísimo Kyogre, aunque eso significara no poder pasar al otro lado.
¿Pero gyarados? Ni soñarlo.
Igual no mencionó nada de esto.
─Ah, nada, mirando una inscripción que hay aquí. ¿Quieres leerlo o te lo leo yo?
─Mejor me lo lees tú. No estoy para agacharme.─contestó Helio entre quejidos.
─Bien...─ Gionna respiró hondo para leerlo con ímpetu. ─“Aspirante que quiere dominar a los elementos, escucha el llanto perdido en el océano; dos dragones marinos aguardan para que apacigües su tristeza. Evade a las serpientes y sus ataques hasta llegar a su cámara, hasta que puedas calmarlos y darles otra perspectiva”. ¿No te parece de lo más críptico?
─Pues no. Viendo lo que hay ahí fuera...
Pronto tuvo un escalofrío. La posibilidad de que hayan un par de dragones era...
No, aún lo veía improbable.
─¿Crees que hay dos dragones esperando a alguien?
─Bueno, ya he visto las “serpientes”, así que...
─Un momento... ¿No era esto un templo de culto a Entei? ¿Entonces qué pintan aquí serpientes y dragones?─Se preguntó la entrenadora en voz alta al revisar mentalmente sus teorías.
─La verdad no tengo ni idea. ¡Pero quiero verlos!

De pronto, el dolor de espalda de Helio pareció desaparecer. Se puso rígido, y, decidido, volvió a la gruta. Por esa impulsiva reacción, un hilo de aire escapó de los labios de Gionna. Minun intentaba seguirle, pero ya se esforzó lo suficiente. Nada más ver su cuerpo magullado tocó la fibra sensible de Gionna y lo puso entre sus brazos. Esta vez ella también iría. No le apetecía nada encontrarse con las feroces fauces de un draco, pero...
─¿Vos va también a ver las bestias?
─No, Kyu, voy a vigilar que no se haga más daño. Y tendrás que ayudarme.
─¿Y si me niego?─ Se mostraba reacio a prestar ayuda a otros humanos que no era ella. Su entrenadora no estaba para chantajear. Además, ¿de qué le podría amenazar? Él era muy capaz de hacer lo que él se propusiera, y si él se proponía de evitar la condena por desobediencia, lo haría. Tenía que justificar que era por ella y no por él.

─Hombre, ahora que somos un poco más amigos, tendría que cuidar sus espaldas aunque sea.
─Tus argumentos son inválidos.
─Vale, está bien, pues no me ayudes.
─Solo me mantendré cerca de vos.

Quedó conforme. Por lo menos tenía un resguardo. Cruzó la línea divisoria imaginaria entre la zona segura y la peligrosa, y de lejos vio a Helio evadiendo los chorros de los furiosos guardianes del agua.
Al menos su tipo volador solo estaba de adorno. Ni siquiera eran del tipo dragón. Aún así, su furiosa apariencia le imponían un respeto forzado, de modo que mantuvo distancias solo para que no la atacaran.

Pero Helio hizo señas para que viniera. Gionna retrocedió un paso y negaba rotundamente con la cabeza. Mas él quería que viniera al ipso-facto. Lo indicó con el dedo índice señalando repetidas veces el suelo. Caminó con desgana, mientras quejas mentales anulaban su capacidad de atención.

La primera serpiente volvió a sacar con violencia su alargado cuerpo para que la intrusa sienta su frío chorro de agua. El atento umbreon se percató de ello, y ordenó a su entrenadora que se detuviera. Con el escudo que creaba con sus capacidades psíquicas, pudo bloquear el paso del agua, tan solo empapando a la chica. El frío peso que se caló en sus ropas tuvo un efecto alcalino en su temperamento.

─¡¿Pero qué demonios...?! ¡Kyu! ¿¡De dónde puñetas ha salido el agua!?
─De un gyarados que emergió de una poza. Y le dije que no siguiera.─ Informaba a la vez que hacía al reptil acuático retorcerse de dolor apretando su cuerpo con su mente. De enseguida sucumbió a su poder, y se hundió sin consciencia en las mismas profundidades de donde procedía. Altivo, Kyumbreon tomó su propio rumbo, y en cuanto avanzó, él se giró e indicó lo que tenía que hacer.
─Trate de no adelantarse. Si no será vos quien vaya al otro mundo.─ Siguió andando mientras su entrenadora mantenía distancias para asegurarse de que no se volviera a empapar.

En el camino, otro Gyarados apareció, y cayó igual que el anterior. Pero luego fueron dos los que emergieron. Se esperaba que solo uno saliera y tan solo se pudo proteger de uno de los chorros. El otro lo recibió por la espalda, haciendo que se estampe con su propio escudo. En el acto de choque, la protección desvaneció y Kyumbreon, resentido, trataba de ponerse en pie.

Los reptiles azules, alargados y sin extremidades, preparaban otro hidrobomba para el guardaespaldas de Gionna. Pudo esquivar el de la derecha, pero el izquierdo lo golpeó. Por poco se precipitaba al vacío.

─¡Kyum!─ Gritó preocupada por su salud. Todos estaban incapacitados para salir de sus pokéballs, y Kyumbreon recibió dos constantes palizas acuáticas por parte de los habitantes de la zona. Sabía que él tenía más aguante de lo que parecía, pero verle agredido le ponía los nervios en punta; si él se debilitaba ya ninguno más podría defenderla.

Los dragones, confiados, se dispusieron a “rematarlo” a la par, otra vez de la misma forma que lo golpearon. Pero los caños no llegaron a él.
El blanco de color negro los detuvo en el aire, e hizo regresar los chorros a los mismos agresores con mayor potencia en toda la cara. Acto seguido, cargó su pulso umbrío para después azotarles de tal manera que caigan inertes bajo el agua. La onda oscura hasta abrió una fisura en el vientre de ambos, tiñendo el líquido de rojo.

Tan solo ver por poco tiempo la hemoglobina salir de aquellos cuerpos territoriales hizo que Gionna sintiera que el cuello y sus manos flaqueaban. Era cierto; les tenía fobia. Pero verlos así era demasiado para ello.
─Cuán lamento que tenga que presenciar sus muertes... ¡Pero mira que golpearme por la espalda! Se lo merecían.─ Justificaba sus actos con su ego. ─Además... te he despejado el camino. Te hice un favor.
─Pero... Kyu... tampoco hacía falta llegar a tal...─ Apenas podía hablar. Las desagradables vistas la dejaron patidifusa completamente.
─Aparte el acto que acabo de hacer de tu mente. Tu amigo de pelo azulado se está impacientando.

Era cierto. Helio quería reunirse con ella, pese sabiendo que el lugar estaba plagado de gyarados. Zarandeó la cabeza y siguió adelante, intentando relajarse.
Tal y como pensó. A Helio también le desagradó la excesiva agresividad de Kyumbreon.

─Chica, ¿pero por qué dejaste que matara a unos inocentes gyarados que solo trataban de expulsarnos de su territorio? No hacían nada malo...
─Daba igual, tenían que caer para que pudiera pasar con seguridad. Mi señora no tiene sus cualidades físicas, señor de pelo azulado. Y creo que se lo ha comentado a vos.─respondió su sirviente.
─¿¡Y qué!? Podría haberlo intentado.
─¿Y acabar perdida en el vacío? No nos conviene. Y a usted menos, llevando a tu Minun entre brazos.

Se quedó mudo. Vio que Minun reposaba en los brazos de la entrenadora. Ya le extrañaba que no notara su peso en su hombro. Pero esto era un tema aparte. El fin no justificaba los medios.
─¡Pero los has matado!
Al fin Gionna pudo retomar su compostura.
─¡Ya sé, Helio, ya sé que Kyu no tuvo que matarlos! Pero dejemos el tema, por favor. ¿Por qué tanta prisa?
─¡Oh, sí! He visto algo interesante.
─¿Dra-dragones?─ Preguntó su compañera, con notorio terror.
─No, dragones no. Es otra cosa. ¡Sígueme!

Ambos se adentraron a la cámara por donde supuestamente Helio vio algo interesante. Era una cámara cerrada, con una pequeña fisura que le daba iluminación, pero era muy pequeña para que el aire pasara y retumbara en la sala anegada. No había nada salvo una gota de piedra que reposaba sobre un pequeño altar. Tanta prisa y mojarse para llegar a otra sala con otra escultura. Y los dragones que mencionaban los escritos grabados brillaban por su ausencia.

─Bueno... otra sala sin nada. Y aún no se ha resuelto el misterio del aire circundante... genial.─ Se quejaba Gionna mientras miraba sus pies blindados por las bambas.
─¿Cómo que no hay nada? ¡Deja de mirar el suelo y mira en frente, hombre!─ordenó Helio.
─¿Y a eso lo llamas algo? Mis más sinceros respetos, mas yo solo veo un trozo de piedra.─ Objetaba Kyumbreon sobre la relevancia de la escultura.
─Tú... ¡tú no entiendes el arte, Kyu! Esto... ¡Esto podría ser un objeto de culto o algo!
─Poco me importa a mí las reverencias a sus dioses de ficción. Es algo que como a pokémon no me incumbe.

De nuevo, los argumentos de Kyumbreon dejaron mudo al ranger. Ajenos a los acontecimientos, dos parientes de los caballitos de mar abrían sus ojos de un largo letargo de espera. Las aguas se agitaban mientras los dos dragones se disponían a sacar la cabeza. Sus figuras, aunque deformadas por el velo acuático, se podían apreciar, pero solo Kyumbreon se percataba de que algo estaba sucediendo. Parecía que sus voces cebaban su ira.

─Noto que estos dragones están bajo el agua. Y están a punto de emerger.
─¿Qué?─ La chica levantó la vista hacia el agua, igual que todos clavaron sus ojos en las burbujas que emergían. Impulsados por sus colas, los dos saltaron a unísono, dejando que una columna de agua se levantara mientras estos intercambiaban posiciones. Los visitantes se asustaron, y a la vez se maravillaron al ver la elegancia de los seres acuáticos. Cuando se zambulleron, Helio exclamó el nombre de la especie que eran.

─¡Kingdras!─ El agua se levantó al recibir de nuevo su peso. Dos olas fueron creadas, y Kyumbreon solo pudo proteger a su entrenadora, pero Helio recibió la segunda ola de lleno. Le entró agua por todo orificio que tenía, y eso causó que después tosiera violentamente.
─¡Oh, no, son hostiles! Habrá que salir de aquí antes de que nos vuelva a atacar. ¡Vamos, Helio!─ Corrió Gionna con los nervios a flor de piel para volver por donde había entrado, pero de repente, una losa cayó por la salida, dejando a todos atrapados.
¿Una trampa mortal? ¡No! ¡No lo podía aceptar! ¡No con los dragones!
Intentaba romper inútilmente esa losa en un berrinche desquiciado y con repetidos puños; lo único que lograba era contusionarse esas manos.
Mientras, Helio ya sabía lo que tenía que hacer. Tomó el capturador y alargó la antena.

─Parecen molestos por nuestra presencia, no entiendo por qué. Pero... Voy a hacerles comprender que no estamos aquí para hacerles daño.
─¿Con eso vais a dialogar?─ Objetó Kyumbreon. No se creía que él pensara que con el capturador hacía amigos.
─¿Quieres que te capture a ti primero para que lo entiendas?─ Contestó con ironía.
─No.─Respondió secamente.
─Pues no me recrimines.
─¿Entonces te vas a encargar tú de ellos, Helio? ¡Genial! Kyumbreon, cúbrele las espaldas por mí mientras intento abrir esto.
─¿Estáis intentando huir de vuestras responsabilidades en vez de enfrentaros al peligro? Qué raro.─contestó el chacal.
─Tú-tú solo haz lo que te digo, ¿estamos?

En cuanto uno de los dos kingdra sacó la cabeza para disparar su tinta, Helio sacó la peonza del aparato e hizo círculos. El dragón marino no reaccionó por la sorpresa; su pareja acudió a su ayuda, emergiendo violentamente para romper la línea mientras se sumergía. Su compañero aprovechó para provocar otra ola. Helio estaba preparado para recibir otro impacto, pero el chacal, aunque con desgana, lo protegió. Por un momento creyó que iba a caer inconsciente con los pulmones anegados.

─Vaya, que irónico, me llamas tonto por creer que capturando pokémon transmito sentimientos y me proteges.
─Vuelve a atacarme por mis actos y será la última vez que te proteja.

Se calló. Dejó a Kyumbreon de lado y esperó hasta que uno de los dos dragones saliera otra vez. El equino marino no tardó en atacar la línea en cuanto la vio con un chorro de tinta, mas Helio hizo un rápido movimiento para que no le diera. Por poco consigue capturarle, pues en este mismo instante, antes de que completara el círculo definitivo, volvió a esconderse en el agua. El otro asomó la cabeza detrás de Helio, dispuesto a atacarlo a traición, y de nuevo Kyumbreon, por instinto y por costumbre, le cubrió las espaldas.

Uso protección de nuevo, y luego levantó al kingra con psíquico hasta sacarlo del agua. Luego trató de estrujarlo, intentando provocar fallos internos en su organismo. Plusle, que no quería más muertes innecesarias, golpeó con ataque rápido al siniestro can, haciendo que perdiera concentración en su objetivo y lo soltara. Este giró la mirada, enrojecida por la ira hasta tener al conejo en el punto de mira.

─Tú, pequeño roedor... ¿Por qué has defendido la vida del enemigo? ¿Acaso eres consciente del error que acabas de cometer?─ Preguntaba retóricamente, con un tono que simulaba una siniestra calma. Su sed de sangre no podía abandonarle esta vez. Se acercaba despacio al conejo, poniendo una pata tras la otra, igual que Plusle retrocedía con los ojos . En cuanto el llanto estalló, Kyumbreon se detuvo, pero para nada se compadecía.

─Je. Ilusa. ¿Te crees que tus llantos van a hacer sentir pena por ti? No puedo apenarme. No la siento.
Repentinamente, Helio saltó en su defensa, al oír que Plusle gimoteaba sin consuelo.
─Eh, eh, ¡eh! ¡Te estás pasando de la ralla! ¡Déjala en paz!
─Yo quería facilitarte las cosas... Pero ella no me dejó. Tendrá que correr la misma suerte que esos gyarados...
─Oh, no... no irás a matarla, ¿verdad?
─Mejor que te cuides las espaldas.
─¿Qué?

El mismo kingdra volvió a sacar la cabeza y disparó la tinta a presión en la espalda de Helio. El golpe reanimó de nuevo el dolor de lumbago. No quedó incapacitado, pero sí aturdido. En el suelo, pudo ver a Gionna frustrada por no poder encontrar un mecanismo para levantar la losa mientras Minun descansaba con las orejas tapándole la cara.
Tuvo que gritar su nombre para pedir ayuda. Gionna no tardó en acudir a su ayuda.
─Oh, madre. ¿¡qué te ha pasado!? ¿¡Estás bien!?─lo ayudó a levantarse, tendiéndole la mano.
─Uno de los kingdra me ha dado en la espalda.─decía mientras trataba de levantarse. ─Tienes que ayudarme a capturarlos. Entre que tu umbreon intenta matarlos y los kingdra se ayudan mutuamente...
─Espera, ¿Kyu está en ese modo otra vez? Vale, veré que puedo hacer.

Entró en el campo de batalla sin pensarlo dos veces. Era el colmo. Cada noche, cada día, si no estaba en su pokéball, Kyumbreon salía para matar. En ocasiones, se notaba que la fauna salvaje de la zona por donde estaba había descendido en número. Y si no era por la noche, tenía que ser en combate. ¿Cuántas veces tuvo que ver a un pequeño principiante llorar por la pérdida de su ratón de campo por culpa de su “misión”? Y ahora este se disponía a matar por no dejar acabar con una vida que no tenía por qué morir. El momento requería estar atento por si los kingdra salían para herirles. Pero tenía que ocuparse ya de aquel peso que cargaba. No podía aguantarlo más. No podía intentar huir ahora. Además, ¿desde cuándo los caballitos de mar son dragones? ¿¡Qué clase de idiota le daría esa clasificación!?

─Kyu, haz el favor de dejar a Plusle.
─Por favor, mi señora, no me haga repetir lo que acaba de hacer.
─Sé perfectamente qué acaba de hacer. Deja de hacer el tonto ahora mismo.
─¡Su altruismo es una amenaza para nuestras vidas! No podemos dejar que proteja al enemigo.

Así que era eso. Un estorbo. ¿Es eso era lo que su compañero pensaba sobre los otros?

─Me da igual que sea un estorbo. No vas a matar ningún pokémon más, ni ahora ni por la noche, ¿queda claro?
─¿¡Qué!? ¡Pero esto es injusto! ¡Tengo que matar para Lunetah!
─Sí, vale, que tienes un dios sádico, ya lo sabemos. ¡Ah, pero la culpa que estoy llevando por ti no te importa nada! ¿¡Verdad!? ¿¡Sabes por qué dejamos de hacer acampada!? ¡Porque siempre me encuentro algún cadáver y no puedo hacer nada para impedirlo!
─Tu culpa no es de mi incumbencia.─contestó.
Nada. No iba a cambiar de actitud. Al menos no para después. Llorar de pena tampoco iba a servir de mucho.

─Vale. ¡Está bien! Supongo que preferirás estar encerrado como cierto monstruo.
─¿¡Qué!? ¡No serás capaz! ¡No tienes medios para eso!
─Sí, sí, pero tal vez esparadrapo sirva para tener la pokéball bien sellada. ¿Y bien? ¿Qué harás? ¿Pararás de mancharte con la sangre de otros?
Sabía que le puso en una encrucijada. Estaba demasiado callado. Luego tuvo su respuesta.
─Está bien. Me limitaré a detener toda ofensiva. Por ahora.
─Bien. No quiero ver ni una salpicadura de sangre en tu pelaje a partir de ahora. Voy a sacar el cacharro.

Lo logró. Aunque Helio no le gustaba el chantaje que le había hecho, reconocía que su mano dura mantenía a ciertos peligros controlados. Después de que Gionna apuntó a la piscina con la antena, la cabeza del Kingdra se presentó ante la mirada de Helio, y este volvió a trazar círculos con la antena del capturador, y a la vez con la peonza. El equino marino evitó la lazada sumergiendo la cabeza y se impulsó para volver a usar Surf.

Helio trató de capturarlo mientras estaba en el aire, pero la línea tocó el cuerpo y se deshizo.
Ahí estaba. Una oportunidad de oro para acabar esto rápido.
─¡Ahora, Kyu! ¡Usa psíquico!

En cuanto iba a tocar el agua, Kyumbreon lo despojó completamente de su masa tan solo centrándose en él. Al fin Gionna podía sacar el disco y rodearle con la línea de captura.
Mas hubo un fallo que aún le traería más problemas. No obstruyó la trompa. Aún podía disparar continuamente en una sola dirección. Y no se dio cuenta hasta que la propia energía de su capturador regresara para quemar algunos circuitos.

El golpe hizo que el aparato estuviera más cerca de su límite. Luego atacó a Kyumbreon para librarse de aquellas ataduras creadas por él mismo. Y no podía hacer nada para evitar ese golpe.
En cuanto lo recibió de lleno, entonces volvió a las profundidades y reunirse con su compañero.
Emergieron ante Helio para poder acabar con sus huesos mediante chorros a presión. Él tenía que evitarlos con tal de mantener su salud.
No fue ningún impedimento para que siguiera con la captura.
Volvieron a los suelos sumergidos antes de que pudiera terminar. Se estaban volviendo demasiado predecibles. Decidió dejar el instrumento técnico girando sobre su mismo eje encima del manto transparente. De nuevo, los dos guardianes se disponían a provocar otra gran ola justo donde estaba Gionna. Eso permitió a Helio acabar de capturar a uno por completo.

─¡Bien!─ Exclamó. ─¡Pude capturar a uno! Gionna, encárgate del otro.
─Oh, perfecto...─ Justo a tiempo. Como siempre, Kyumbreon los protegió de la columna de agua bloqueándole el paso con su escudo. El acompañante del otro Kingdra ya no atacaba más, calmado por el capturador de Helio. Ahora era su turno.

El dragón salió amenazante mostrando su vientre ante Gionna, a la vez que esos ojos rojos se clavaron en los suyos.
La estaba retando. Sabía que quería una lucha justa. Sin jugadas sucias. Como si tuviera que domarlo.
No... se equivocaba de persona. Ella no era su abuela. No podía darle ese capricho, por desgracia.

─Obstruye la trompa, Kyu. No vaya a ser que vuelva a dañar el aparato.
─Pero si estoy con el orificio no podré detener la musculatura.
─Vaya, hombre. ¿Y ahora qué?
─Aún tenéis a ese conejo.
─¡Pues Plusle, paralízale!

Una vez oída la orden, el conejo se dispuso a descargar la electricidad de su cuerpo para que el dragón no pudiera moverse. Iba a caerse debajo del agua solo para recuperarse. Kyumbreon lo impidió con psíquico.
─Ni falta que hacía centrarse en bloquear el paso del agua.
─Ya. Empiezo a descubrir que soy demasiado extrema a veces.─ Decía mientras acababa de calmar al caballo marino.

Al acabar la captura, el draco se mantuvo fuera del agua, expectante. Luego el otro kingdra se situó en el lado, mirando a su acompañante. Como si lo tuvieran acordado desde un principio, los dos cargaron sus disparos acuáticos. Ranger y entrenadora se pusieron en guardia, pensando que aún no se había acabado esa lucha.

Sorprendentemente, ellos no eran el blanco.


#54
But nobody came.
Bueno, este lo encontré bastante decente. Menos por el hecho de que Ginny se mostró demasiado intelectual. Pero bueno, también lo fue en el primer capítulo, ¿no? Y tal vez me repita un poco, pero... no tanto como antes.
Y la puntuación quizá falle un poco y las frases no creo que sean tan brillantes como pensaba...

...

Well. Pongo el capítulo y se acabó.

Cheerio~!

Capitulo 20


Spoiler
Dos dragones.
Dos hidrobombas.
Y una sola estatua.
Con dos rayos acuáticos de sus tubos bucales, aquella figura gris se redujo en más que mera gravilla. Después de eso, aquellos dracónidos se retiraron en paz, solo para disfrutar su libertad.

Ambos quedaron estupefactos. ¿Por qué demonios destruyeron una simple escultura? O tal vez no fuera tan simple. La salida se desbloqueó con nada más borrar esa pieza de arte del mapa.
─Que alivio. Por un momento pensé que iba a morir.─se alivió Gionna.
─Exagerada.─ Dijo su umbreon.
─Sí, sí, ¿pero por qué destrozaron la escultura, por qué?─ Se preguntaba Helio.
─¡Y yo qué se! Supongo que no les gustará la esculturilla de marras por ser estéticamente horrible...
Gionna pudo notar un fulgor anormal con el rabillo del ojo. Entre los trozos pétreos, destellaban tenuemente fragmentos de un color rosado. Se dirigió hacia los restos, teniendo cuidado de no reducir nada en polvo.
─O espera...
Había un buen trozo entre la piedra mojada que tomó con su mano. Podía sentir cómo le invadía una fuerza extraña que la vigorizaba. Mostró cierto desconcierto en su rostro. ¿Qué hacía un objeto como ese introducido en un objeto antiguo?
─¿Ocurre algo?─ Preguntó Helio, también preocupado.
─Es... un fragmento de vidasfera. La escultura tenía en su interior una vidasfera.
─¿Y?─el ranger no entendía sus razones. No sabía ni siquiera lo que era lo que había encontrado. Iba a reprochar su ignorancia, pero él no tuvo que conocer a energúmenos que utilizaban cualquier método para alcanzar la eterna victoria, aunque le provocara dolor a sus pokémon. Le explicó lo que era y lo que significaba.

─Las vidasferas son joyas que emiten una radiación que potencia las cualidades ofensivas de los pokémon a corta distancia, pero que a la vez los vuelve más agresivos, siendo corta o larga. Es un objeto efectivo, pero un poco peligroso.
─¿Por?
─Bueno. Emite una pequeña radiación que va deteriorando poco a poco la salud del pokémon por cada ataque que accione. Y con deteriorar la salud quiero decir que puede enfermar crónicamente. Principalmente solo provoca alguna que otra disnea y taquicardias si solo lo lleva solo para combatir; pero si lo lleva consigo de forma prolongada puede causar tumores y problemas coronarios. He visto a entrenadores que hacían uso de ese objeto, y, créeme, sus pokémon no parecían gozar de buena salud.
─¿Quieres decir que la vidasfera estaba provocando que los Kingdra nos atacaran?
─Sí. Pero al parecer con la captura les hemos devuelto la compostura y han recordado que había algo que los corrompía. Vamos, que hicimos bien en venir aquí.

Helio pensó un momento. En el recorrido vio más cámaras como estas. Esta era la primera por la que los dos les antojaron ir. “Quizá hayan más pokémon encerrados que estén sufriendo”, pensó. Propuso liberar a todos los pokémon que hubieran de este sufrimiento, y esta aceptó. Pero como era de esperar, Kyumbreon tenía que cuestionar sus decisiones.
─No creo, mi señora, que le convenga más esfuerzos. Seguramente sus pies le dolerán ahora mismo como clavos en las palmas. Y, hablando de palmas, la suya derecha recibió otra descarga. Si se vuelve a descuidar, adiós prodigio.
Seguidamente, ambos capturadores hicieron un sonido que su portadora no supo identificar, aunque ella no le dio importancia. Pero a Helio se le hizo raro.
─¿Qué? ¿Se ha recargado tu capturador?
─¿Cómo? Vaya, ¿quizá destrozando las vidasferas recarguen nuestros capturadores?─conjeturó Gionna.
─Bueno, no importa; en cuanto antes encontremos a los pokémon, mejor.

Helio se apresuró en salir de la sala. Confundida y preocupada por el tiempo que ha estado dentro del edificio, Gionna también tuvo que abandonar, no sin antes llevarse a Minun otra vez en brazos. Las prisas que Helio tenía le hicieron olvidar a su fiel compañero, parecía ser.

Regresando al espacio que conectaba todas las salas, fueron al norte, y no tardaron en encontrarse con otra cámara. La sala estaba decorada también con azulejos; esta vez morados. Las paredes combinaban el un lila rosado de las paredes. Por el resto era completamente igual. Las dimensiones eran las mismas, y los dos colmillos, curvos con punta afilada y apoyados en una base rectangular, seguían en cada lado de la entrada que daba paso a la siguiente sala.

Esta vez no se sentía un soplo de aire, al contrario que la anterior. Tan solo había un sepulcral silencio que ponía la piel de gallina. Alguien tenía que romper esa ausencia de sonido.
─Que... tranquilidad. Quizá hasta siniestro.─ Dijo Helio. Pero él no estaba para quedarse quieto. ─¡Bueno, vamos! El pokémon que esté en la siguiente cámara estará esperándonos todo dolido.
─¡Espera!─ Ordenó en balde Gionna. No podía caminar muy rápido; si intentaba acelerar el paso, tenía que apretar más los pies al suelo, y por ende, le dolían más los pies.

Kyumbreon, quien hasta adelantó a su entrenadora, se quedó mirando la inscripción y se la leyó sin que ella se lo pidiera.

─“Aspirante que quiere dominar a los elementos, aclama la rabia del gran destructor, pues temblores causó en la isla con sus rabiosas pataletas. Para llegar a él, tienes que sacar el potencial de sus súbditos, los que caen de los cielos, y con ellos romper los sellos puestos por el mismo.”
─Em... Has leído las escrituras, ¿verdad?─preguntó Gionna. Le extrañaba que dijera tantas cosas seguidas sin que hubiera alguien que le replicara.
─Evidentemente. Yo no diría jamás tantas boberías.

Gionna se alarmó. A partir de aquel texto críptico de antaño podía pensar lo peligrosa que era la bestia que aguardaba más adelante; quizá incluso más que los anteriores. No tardó en mentalizarse para ignorar el dolor de sus pies e ir en la misma dirección que Helio lo más rápido que podía, igual que Kyumbreon y Plusle para seguirla.

Se encontró con un espacio cerrado, pero amplio. Había dos caminos, pero estaban bloqueados por pequeñas murallas de piedra resquebrajadas y dos bloques; uno de bronce y otro de piedra. El bloque de bronce era cilíndrica y daba apoyo a una esfera amarilla, teniendo también cuatro grandes interruptores. El de piedra daba soporte a una esfera azul. Tenía un tallo diagonal iluminado con la luz del orbe. Y en medio, su compañero estaba siendo asaltado por un gligar y un bagon.

No paraban de embestirlo, y este de escapar de sus cabezazos. Vista la lucha que tenía Helio con estas criaturas, iba a prestar su ayuda, pero para entonces consiguió cesar la hostilidad del gligar. En cuanto dejaron de ser dos agresores, acabar con uno ya era pan comido.

─Veo que te las arreglas muy bien solo.
─Sí, sí... Si me hubieras visto caerme de **** por estos dos no dirías lo mismo.
─¿Por casualidad no habrán caído del techo?─ Se quedó en silencio. Precisamente era eso lo que había pasado.
─¿Cómo lo sabes?─ Preguntó finalmente, saliéndose de la sorpresa.
─Si te detuvieras al menos un rato a ver tu alrededor lo hubieras visto. Bueno, de hecho, fue Kyumbreon quien me leyó la inscripción, yo pensaba ir directa a por ti. ¡Oh, hablando de la descripción...! Será mejor que no sigamos.
─¿Por?
─Esto...─se cortaba. Pensaba en la respuesta que le iba a decir. “Sabía que eras cruel”, o “Insensible”, o tal vez “¡Pero estará sufriendo, me importa un comino si nos puede matar!”.
“Sí, algo por el estilo”, pensó.

Ahora faltaba decidir si poner la mano en el fuego o callárselo.

─Esto... ¿Estás bien?─ Dijo al ver que estaba callada todo el rato.
─¡Hay un dragón muy poderoso que ha provocado terremotos anteriormente y nos matará si nos metemos en su territorio! Ala, ya lo dije...

Esperaba su reprobación. Helio se lo pensó también un momento, pero no tardó tanto en contestar como ella.

─Está bien que te preocupes por mí, pero es mi trabajo librar a los pokémon de su sufrimiento y hacerles entender que no todos los humanos les tratamos como herramientas para nuestros propósitos. Si no quieres arriesgarte, lo entiendo, pero que el dragón pueda acabar con mi vida no quiere decir que por ello tenga que seguir con la influencia de la vidasfera. Si quieres quedarte a cuidar a Minun... puedes hacerlo.

No era eso lo que esperaba de él, pero era algo similar. Era imposible hacer que se rigiera por su propia vida. Mas le creaba remordimientos dejarle enfrentar solo al rey de la destrucción. No podía quedarse ahí.

─No. Me sentiría culpable si no salieras con vida. Iré contigo.
─¿Estás segura?
─¡Sí!
─En realidad, mi señora no está segura. Puede que al último momento decida retirarse.─rectificó Kyumbreon.
─Vale, Kyu tiene razón. Es posible que en un momento dado retroceda... ¡Pero también es posible que luego me arrepienta! Tengo que ir contigo. ¡Vamos, no puedo dejar a nadie desvalido, me sentiría culpable!

Helio se quedó a cuadros. Pensó que no merecía ni que le acompañara, después del trato que le dio antes de llegar a este edificio. Incluso se cuestionaba si realmente iba a estar de su lado tratando de que no le pase nada. Aunque quiso preguntarle si realmente iba a estar a su lado, se abstuvo. Entonces ambos se dispusieron a resolver este puzle. Empezaron por el bloque de la joya azul. Helio mandó al gligar a que fraccionara la pieza, y este, con el tajo proporcionado por las pinzas del escorpión alado, se deslizó hasta el suelo, y la esfera, frágil como el cristal, fue reducido a pedazos.

Mientras Gionna miraba el suelo, descubrió que ese desnivel que pisó Helio era nada más y nada menos un interruptor que accionó una trampilla por la que dejaba caer a dos pokémon. Se adelantó para pisar primero el interruptor, y así comprobar si estaba en lo cierto. Tras pisotear la baldosa, cayó un wurmple y un meowth, confirmando sus sospechas.

Tras otra captura, reclamaron los servicios del felino para eliminar el obstáculo de enfrente una vez más. Llegaron a un punto muerto, por lo que tenían que retroceder. Tras volver al punto de inicio, pidieron a Bagon que hundiera el interruptor del otro bloque para que rotara y bruscamente se rompiera el citrino que lo adornaba. Continuaron quitarse los obstáculos de en medio con lo que las trampillas les daba. Algunas veces salían insectos que no servían, meowths que podían acabar con las joyas azules y geodudes que con su pétreo puño rompían los agrietados bloques junto a la esfera roja que asentaba en este tipo de obstáculo. Llegaron hasta un obstáculo con el que ninguno de los capturados podía.

Era un obstáculo rotatorio, pero más grande que los anteriores. Por muchos cabezazos que diera el Bagon al interruptor no cedía. Nada. Probaron con accionar la trampilla, pero solo cayeron un Wurmple y un Treecko. Igual, se mostraban agresivos, así que, aunque pensaban que no les irían a servir, los atraparon. Mirando por los alrededores, se percataron de que había otro bloque que podía cortarse. Gionna no cayó en cuenta de que los treeckos podían cortar con las escamas de sus brazos; Helio sí. Hubo reprobaciones por parte de su compañera, diciendo que Treecko no tenía cuchillas para cortar, pero resultó.

Despejado el camino, vieron otro interruptor, nada más. No dudaron en pisarlo, y cayó una masa dura blanca y redonda con patas cortas y negras. Todo el tiempo estuvo en reposo, y sentir el choque de su coraza contra el suelo no le sentó para nada bien. Se levantó furioso por interrumpir su siesta, y se dispuso a lanzarse a por Gionna, que desafortunadamente no pudo reaccionar a tiempo y fue alcanzada por su duro exoesqueleto. Kyumbreon esta vez no estuvo muy atento a los sucesos, por lo que la agresión a su entrenadora vino cual ráfaga de viento gélido.

El golpe, dado por debajo del vientre de Gionna, hizo que soltara a Minun y ella cayera al suelo en posición fetal, llorando a causa de su dolor. Después de noquearla, este se giró hacia Helio, que después de lo ocurrido, se preparó. Bravo, tomó carrerilla hacia el joven, y este esquivó con rapidez. Dio un freno, y volvió dirigir la mirada a él. Helio preparó el capturador y rodeó al Shelgon. Este aún estaba centrado en hacer lo mismo que Gionna al chico de cabeza de color marino, por lo que volvió a correr.

Su actitud obstinada fue su perdición; al querer seguir una línea recta, Helio fue capaz de acabar de capturarlo, pues la trayectoria que tomaba le permitía adelantarse al mismo y hacer los dos círculos que le faltaban. En cuanto fue capturado, dio un freno seco. Se olvidó de lo que estaba haciendo. Acabado con el problema de la furiosa crisálida andante, fue a socorrer a Gionna. Con la confusión, Shelgon no tuvo más remedio que seguir a quién le calmó.

─¿Estás bien?─ Fue lo primero que preguntó desde que empezaron a avanzar.
─Duele... Pero no me he roto nada.─ Tratando de mostrar fortaleza, ella se levantaba, con creces por el gran morado que se acabó de formar. Minun también se levantaba; las heridas ya casi no las notaba.

─Oye, si te encuentras mal no hace falta que me acompañes. Ya me las arreglaré solo.
─Que no, que no es nada, de verdad.─ Insistía ella.
─El golpe que recibiste podría haber sido severo. Si un hueso te has roto sería mejor que aguardaras a su regreso.─ Aconsejaba su umbreon.
─Sé lo que se siente al tener un hueso roto. Esto es solo una contusión.
─Si tu lo dices...─Helio cedió ante su persistencia. Ahora lo que importaba es que tenían al pokémon necesario para eliminar el obstáculo.

Volvieron a la torreta de bronce y llegados a ello Helio mandó a Shelgon que embistiera contra el interruptor. La dureza de su coraza chocando contra el cilindro hizo que como sus menores girara con velocidad y rompiera la joya. Finalizado su trabajo, se retiró.

Gracias a aquella embestida, la cámara del rey quedaba a la vuelta de la esquina. Una vez cara a cara con la entrada, un estremecedor rugido se escuchó desde el fondo de la sala. A todos menos Kyumbreon se le helaron la sangre. Ranger y entrenadora se miraron por un momento, empezando a dudar si tendrían que pasar, mas empeñados en acabar con esto, entraron sin más dilación. Solo uno se quedó fuera paralizado por el miedo, y ese uno era el gusano rojo que atraparon con anterioridad.

Una vez dentro, la puerta se cerró por detrás, provocando una pequeña parada cardíaca a los dos humanos y los dos conejos. Helio se recuperó del susto y buscaba a la bestia cuya ira se tenía que aplacar. Solo miraba en frente, no levantaba la cabeza ni agachaba la cabeza, y no veía al dragón; solo la escultura por donde cerraba la vidasfera. En cuanto consideró que el draconiano en cuestión no estaba visible en estos momentos, notificó de su ausencia.

─Parece que no hay signos del pokémon... eh... ¿Gionna?

Estaba muy quieta, de la peor forma. Respiraba con prisa aunque no tuviera, y tenía una sensación de opresión en el pecho. Miraba arriba, como si hubiera avistado un muerto en plena podredumbre que la hipnotizaba y horrorizaba a la vez.

Para saber sus causas, él también alzó la mirada. Gracias a la luz que dejaba entrar la obertura del techo, pudo ver a un cuerpo azulado cuadrúpedo con el vientre acorazado. Igual de rápido que él identificó a la especie, este se alejó de la fuente lumínica emprendiendo el vuelo. No tardó en verlo con más detalle, con su mirada de odio, su largo cuello y sus afiladas fauces al aire. Se impuso ante ellos agitando la tierra al aterrizar y con otro sonoro rugido.

Helio no tardó en sacar el capturador del cinturón, encenderlo y tirar la peonza para rodearle. Nada más empezar, este abrió su boca y empezó a acumular energía. Gionna empezó a correr desesperada para que el rayo que el dragón de alas rojas con forma de hacha preparaba no le diera. El hiperrayo ejecutado por Salamance rompió la línea del disco capturador de Heilo, haciendo que la energía que regresaba dañara severamente el aparato y le de una pequeña descarga en la mano.

Volvió a alzar vuelo, y este tenía que esperar. Empezaba a hacer círculos cuando veía que aterrizaba, pero el feroz reptil, con su llegada a la tierra, creó una onda expansiva que cruzó con la luz y la acobardó de nuevo, haciéndola regresar de donde venía.

El capturador empezaba a adquirir el característico aroma de los circuitos chamuscados. El esquivo de Salamance no se dejaba atrapar; solo le bastó un terremoto y un hiperrayo para arrinconar las esperanzas de Helio. Pero eso no era lo peor.

Por lo que parecía un ataque de ansiedad, su compañera no le prestaba su ayuda. Pálida y pavorosa, estaba arrinconada en una esquina, sujetándose las piernas y balanceándose como la cuna de un bebé. Dada la situación, Helio tuvo que preguntar desde la distancia.

─¡¿Por qué no me ayudas?! ¡¿No decías que asumiríamos este peligro juntos?!
─Mi señora no está ahora en condiciones de responder.─contestó en su defensa Kyumbreon. ─Un espectro del pasado la atormenta ahora mismo.
─¿”Espectro del pasado”...?─ La metáfora empleada por el pokémon sofista le confundía un poco, no porque no la entendiera, si no por lo que podría causar aquel tormento. Mas el umbreon no se mostraba colaborador a propiciarle información.
─Mejor que estés atento a la bestia. Los detalles no importan ahora.

Hizo caso a las advertencias de Kyumbreon, mirando arriba. Mientras vigilaba la silueta encogida de Gionna, el dragón emprendió vuelo una vez más y cargaba otra ráfaga de energía. Si no hubiera sido por el aviso, Helio hubiera perecido en el acto. Luego volvió a aterrizar bruscamente para reponer energías. Vio la oportunidad, y volvió a sacar peonza y hacer círculos con él, pero casi no descansó, y volvía a cargar su mortífero rayo.

Sin embargo, chispas interrumpieron su ataque. Por un breve tiempo Salamance no podía moverse. Minun tuvo la osadía de plantarle cara, por proteger a su amigo. Provocado por el pequeño roedor, se dispuso a aplastarle con la fuerza de sus patas, mas para él le resultaba difícil; raudamente corría el pequeño conejo animador, tratando de escapar de la inminente muerte que le proporcionaría ser aplastado por su peso.
─¿¡Minun, pero qué haces!? ¡Para!─ Suplicaba Helio con desespero, pero el temor a perderle hacía que ignorara sus órdenes.

No podía ser perseguido por toda la eternidad; llegó el temido momento por donde las energías de Minun fueron agotadas. Salamance vio la oportunidad perfecta para golpearlo de una vez con un hiperrayo, lo que volvió a prepararlo.

─¡MINUUUUN!─ Vociferó Helio al ver que se había convertido en la víctima perfecta del draconiano. Solo pensaba que era inevitable aquella muerte, y prefirió no mirar como su amigo ardía con el rayo destructor. Pero el “bum” no se produjo.

Abrió los ojos de nuevo y se encontró con los dos pokémon ánimo juntos. Plusle había paralizado a Salamance, y el pequeño rato que dejó parado a Salamance lo aprovechó para reanimar a Minun con refuerzo. Ver enfrentarse solo a Salamance le impulsó a ayudarlo.

Salamance, nuevamente, se recuperó de la parálisis y, debilitado también por las radiaciones de la vidasfera de la escultura, se limitó solo a sacar chorros ígneos de sus fauces. Juntos corrieron para no ser abrasados por las llamas, y después de un suave aterrizaje, los dos chisporrotearon para atrofiarle los músculos una vez más. Las descargas fueron potenciadas al unir fuerzas, y eso hizo que la parálisis durara el doble. Helio no desaprovechó la oportunidad y fue capturándolo.

Círculo por círculo, estaba más cerca de aplacar su rabia, y finalmente, lo consiguió. Salamance recobró el sentido común y se dirigió a lo que realmente tenía de destruir. Con todas las energías restauradas, usó hiperrayo en la escultura y la redució en pedazos. Abandonó la cámara volando hacia la procedencia de la luz.


#55
Holo!!!!!! He vuelto para comentar, he quedado ligeramente impactado con lo sucedido en ambos capítulos, puesto que las diferentes interrogantes no se hicieron esperar. ¿Quién puso a todos esos pokémon ahí? ¿Acaso es el mismo que puso los fragmentos de vidaesfera? Si es así, ¿cuál es su propósito? Tengo algunas sospechas sospechosas, pero no diré nada, mientras más cosas pienso, más intrigado quedo.

Kyumbreon al fin dejó de matar a todo ser que se le atravesase en el camino, me gustaría ver que en algún momento ayudase a alguien que no fuera Gionna.

No puedo decir mucho, ya que en ambos capítulos pasan cosas similares, se enfrentan a varios Pokémon, están en aprietos, se salvan. Pero no puedo dejar de mencionar el hecho de que Gionna quedara congelada al ver a Salamence, se vienen nuevos detalles de su pasado.

Respecto a cosas técnicas no tengo más que decir. Espero más capítulos. Ciao.


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#56
¡AAAW YEA!
¡Ya empezaba a padecer por la falta de comentarios! Thanks @Thranduil.
... Lo cierto es que esa fase es una misión del juego mismo; lo único que está un poco reinterpretada.
Eso me hace recordar que tendría que encajar aquí un pequeño fragmento de la leyenda que encierra esa reliquia. Porque, sí, pensé algo para esa reliquia. Pero no la puse en su momento. Solo dejé constancia de que había un legendario.
-u-U...
Bueno.
Aquí os dejo el capítulo 21. ¡Y no he tocado casi nada esta vez! No había mucho por corregir :D

Cheerio~!

Capitulo 21

Spoiler
Los estruendos producidos por Salamance cesaron con su ida. La entrenadora, acurrucada, quería saber si realmente el peligro pasó. No se encontró a Salamance, pero sí con un Helio preocupado. Le tendió la mano para ayudarla a levantarse, pero esta prefirió erguirse por su cuenta. Debido a la contusión, los pies y el terror que aún permanecía dentro, volvió a caerse al suelo.

─Oh, vamos... toma mi mano.─ Nuevamente rechazaba su ayuda, y esta vez pudo ponerse en pie.
No decía palabra; solo su rostro y sus gestos decía como estaba en ese momento. Se paró a la salida de la cámara y se puso cabizbaja.

─¿Te... pasa algo?─ Preguntó al fin. Solo obtuvo un susurro incomprensible como respuesta y un sollozo. ─Pero Gionna, dime qué te pasa...
─No te hablará, por más que insistas. En este estado mental es más taciturna que los grillos por la mañana.
No sabía lo que era “taciturna”, así que no supo lo que quería decir. Igualmente, intentaba apoyarla, sea como sea, recordándole que ya pasó. Pero el trauma ya se incrustó en su memoria cual mejillón en la roca. Solo podía apartar esos recuerdos dejándolos que pasen, ignorándolos, pero no podía si Helio estaba constantemente tratando de cambiarle los ánimos.

Al salir del laberinto de obstáculos, llegaron otra vez a la estatua de Entei. En el camino a él, dos fuegos fatuos, una morada y otra azul, ondulaban vigorosamente. A Helio le fascinó este fenómeno, pero Gionna no estaba para nada. Y aún quedaban dos cámaras por visitar... Dos cámaras que aún albergaban bestias difíciles enfurecidas por la influencia de una orbe.

No tuvo más remedio.

─Gionna... Mejor que te esperes al lado de Entei.
─¿Qué...?─ Estaba distraída.
─No, es que no puedo dejar que me acompañes. Estás pálida, y fuiste golpeada...
─¿Y? Eso no significa que no esté bien.
Por una vez en esa aventura, Kyumbreon estaba de acuerdo con Helio.
─Es que no está en condiciones de nada. Tanto su psique como su físico están en un estado deplorable. Sus pasos son lentos y torpes, y su mente está nublada por sus fobias derivadas del pasado. Le sugiero que haga caso al humano que te acompaña y espere.

Tenían razón. No pudo levantarse, no lograba pensar con claridad, y el golpe aún le hacía mella en su caminar. No tuvo más opción que reposar al fin. Se apoyó en la estatua y se sentó.

─¿Pero estás seguro de que quieres seguir solo? ¿Y si es peor que el anterior? ¿Te dejo a uno de mis pokémon?─ Insistía en prestarle ayuda, pero este rehusaba.
─No creo que me haga falta. Minun ya se ha recuperado del todo. Ala, me voy ya, no vaya a ser que te escaquees.─ Y sin poder decir ni adiós, se quedó ahí, sentada. Temía por la vida de Helio, después de ver a ese terrorífico salamance atacando sin cesar con rayos y seísmos, pero pensar más en esa bestia no le ayudaba. Por lo menos esos dragones no medían más de cuatro metros y estaban en un complejo no urbanizado.
Aparte, ambos tenían razón. Le dolía todo el cuerpo. Y apenas podía pensar con claridad.
Cerró los ojos y respiró hondo. Tenía que despejarse y dejar que el tiempo sane sus heridas.

Pero aún no. Un eco lejano se oía desde la distancia. Eran varios zapatos, con suelas que resonaban al avanzar. Cada vez, por cada tres segundos, sonaban más fuerte. Desde lejos pudo apreciar, a pesar de las manchas en sus gafas, cuatro figuras que se miraban entre sí, no muy atentas a su dirección. El peinado que llevaba uno de ellos era inconfundible.

Venían directos; no sabía a qué, pero importante era que no la vieran en su mal estado. Gateando para evitar sentir el morado, se escondió en la parte trasera del Entei de piedra. Kyumbreon también vio a los viles sujetos de la lejanía, e hizo lo mismo. Plusle era la única que no se dio cuenta de lo que estaba viniendo, y Kyumbreon le ordenó exclusivamente a Plusle, sin que nadie más lo escuchara, que se esconda. En cuanto cesaron los chasquidos de sus duras suelas, pudo deducir que estaban cerca, justo en frente. Afinó los sentidos para asegurarse de que no tenían constancia de su presencia.

─¡Jo, jo, tío! Esos dos palurdos ya han superado dos pruebas.

¿Pruebas?

─¡Juas! Dos más y podremos echarlos a los leones.

¿Qué leones, qué pruebas?

─Entonces repasemos el plan. Provocaremos al “dragón ígneo” y le capturamos un poco para tocarles la fibra sensible. Y, entonces, cuando lo capturen...
─¡Les restregamos por la cara toda la culpa! Les acusaremos de querer causar el caos en la isla.
─E iremos a por el legendario. Así matamos a dos pájaros de un tiro; tenemos a un legendario más para nuestro golpe final y nos quitamos de encima a dos rangers molestos. Sea por despido, por suicidio, por yo que sé.
─Jo, jo, ¡el mejor plan de la historia!
─Sí, sí... ¡Ala, venga, vamos! Podrían acabar ya con la tercera prueba...

El sonido de los tacones alejarse no tranquilizó a Gionna. Lo había oído todo, y no le gustaba nada. Todo y que algunas cosas quedaron fuera de su compresión, las intenciones que tenían le eran bien claras. Esto le sirvió de motivación para dejarse de fobias e ir a por Helio, pero el golpe aún le resentía. Kyumbreon, como era de costumbre en estas situaciones de gravedad que estaban por llegar, tomó su papel de consejero una vez más.

─Una temeridad es ir a por tu amigo. Mejor espere hasta su regreso y le cuenta lo ocurrido cuando llegue.
─¡Pero Kyu, si no lo encuentro ahora...! Eh... ¿Qué iba a decir...?
Aún estaba ofuscada. Las palabras que quería soltar se le escapaban, pero regresaban como una luz intermitente.─¡Ah, sí, hará algo, no sé el qué...! Eh... Una prueba de esas, creo yo...
─Me pregunto porqué se apoya en algo incierto. ¿Sabe vos a ciencia cierta lo que se referían con pruebas?
─No, pero, leñe, dijeron dos pruebas... y... hemos capturado tres dragones en dos diferentes salas...
Al fin, con su razón, pudo recordar lo que era.
─¡Sí, por eso decía! ¡Esas pruebas eran la captura de los dragones! Pero, entonces, ¿por qué decían que “causaríamos” el caos...? No tiene sentido.
─Vuestro razonamiento parece válido, pero me decanto por no tomarlo como veraz, visto que andáis precipitada. Lo que sí que tengo certeza es que si vos sacrificáis vuestro reposo en orden de impedir que capture a uno más, será en vano. No tengo la menor duda de que se negará a creerte. Recuerde; aún estamos aquí por su empeño en librar a todos los reptiles de las espinas del sufrimiento que habitan en este arcaico lugar.

No tuvo más opción que darle la razón. Aún seguía emperrado por liberar a todos ellos, y podría ser que, por este empeño y por estar ella herida, él podría directamente no pasar. Esperaba que él viniera después de avanzar con su cometido con tal de saber cómo estaba.



El viento azotaba duramente al chico de pelo azul. Esa anormal corriente aérea no tenía piedad con el intruso. Trataba de no caerse al vacío, pero, poco a poco, sus fuerzas menguaban. Las piernas flaqueaban tratando de ir contracorriente, al igual que las pequeñas patas delanteras de Minun, que intentaban no separarse del hombro de Helio. Finalmente, en la entrada, el aire ya no soplaba como lo hacía por atrás.

Entró en la cámara. A diferencia que toda la zona recientemente atravesada, cuyo camino era de un color ocre amarillo claro, el suelo era de jade. Era como si después de recorrer el sepulcro hubiera llegado al depósito de las riquezas del faraón. Un abismo había en frente, y rayos solares entraban desde arriba, como la cámara del rey de la destrucción. La escultura, sin embargo, era plana y tenía grabadas tres espirales que pretendían simular al viento. El estruendo producido por la losa pétrea caer ya no sorprendía a Helio. Ni siquiera los temblores.

De aquel espacio vacío, una larga figura se alzaba con velocidad. El vuelo levantó una fuerte ráfaga que desordenó aún más el cabello del ranger. Nada más tomar altura, con un grácil batir de alas, se plantaba la gran libélula de sangre fría; Flygon.

Helio no demoró en en sacar el capturador y soltar la peonza. El flygon esquivó los círculos a la velocidad de las mismas rachas que causaba. Su presuroso vuelo impedía a Helio poder rodear al dragón. Siempre se escapaba al estar a punto de encerrarlo en un círculo de luz. En un momento dado, este reposó por un breve momento. Parecía que solo era cuestión de dejar que se agote él solo. No podía estar más equivocado; solo una vuelta por su alrededor y el dragón batió sus geométricas alas, agitando fuertemente el viento. La peonza salió por los aires, igual que Helio. Además de ser abatido por las corrientes vaporosas, recibió una descarga eléctrica en sus dedos de parte de la energía que regresaba por la fuerza del viento. Tenía que hacer algo.

Mandó a Minun para que paralizara a flygon. Fielmente e ignorando las leyes físicas, este trató de ponerse lo más cerca posible del dragón para descargar montones de chispas que ascendieron para frenarlo. El insecto sintió las descargas eléctricas recorrer por su cuerpo, lo cual hizo que parara un rato. Algo no cuadró en Helio. Teóricamente, tenía que caerse al suelo, incapacitado para mantenerse en el aire.

De enseguida, la vista acromática del dragón-libélula se encontró con el pequeño causante de esas cosquillas. Para que no molestara, descendió de altura para golpearlo. Aunque ha fallado en su ataque, el aire hizo rodar a Minun. Helio se puso nervioso. Su conejo eléctrico no pudo frenar lo suficiente al rey del viento. No obstante, le provocó, y ahora sus energías se centraban en neutralizarlo. No podía dejar que Minun se enfrentara contra Flygon. Ni que Flygon haga daño a Minun.

Cuando vio que volvía a cargar contra el pokémon animo azul, Helio situó el disco capturador al lado de su pequeño compañero. Luego levantó la peonza del suelo y la usó para golpear al Flygon, con la intención de hacer que se centre en el disco y dejara a Minun. Funcionó, mas no como se esperaba; el pequeño golpe, dado en la cabeza, distrajo a Flygon, lo cual hizo que se desviara de su trayectoria y cayera en un agitado y entorpecido descenso.

Antes de que volviera a emprender el vuelo, Helio se apuró en atraparlo de una vez por todas. Cuando ya el círculo resplandecía, Flygon se erigió y volvió a extender sus alas para provocar una ráfaga más. Dispersó la línea de captura y la acobardó una vez más, para luego volver a volar. ¡Justo cuando ya lo tenía...!

Pero se negaba a darlo por perdido. Aunque parecía incansable, pudo ver que al mínimo golpe lo entorpecía. Todavía la tomaba con Minun, así que pudo repetir lo mismo otra vez. Esperó al Flygon en el mismo sitio, y volvió a golpearle en la frente con el disco.

Como era de esperar, volvió a estrellar sus morros contra el suelo, e hizo círculos a su alrededor. Por muy poco, este se volvía a escapar, pero ya lo tenía. Flygon se dirigió a la escultura y con un fuerte golpe de cola tiró e hizo añicos al trozo de roca tallada. Destrozado lo que le tenía cautivo con su voluntad, se fue a los cielos a disfrutar del gran espacio que ahora disponía...

Kyumbreon observaba las coloridas e inusuales llamas. Le tenían perplejo; ¿cómo, sin la acción de un pokémon, podía adquirir este aspecto espectral, y por qué? Aunque obtener respuesta o no a esas preguntas no le implicaría nada, pensaba que no estaría de más saberlo, junto con el misterio del legendario de la reliquia. Sus orejas percibieron un sonido fogoso y breve. Giró su mirada hacia su procedencia. Se acababa de encender una llama verde a su lado.

Cada vez estaban más cerca de la catástrofe.


#57
:o!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!! ¿Dragón ígneo? Me imaginé a Charizard, pero técnicamente no es dragón, a sí que no se me ocurre qué otro puede ser (como no he jugado el juego, no tengo spoilers por ahí). El capítulo estuvo apropiado, Gionna se entera de un plan y Helio tiene una previa de lo que se viene después, y eso aumenta la tensión para el lector. El capítulo en sí es como un mini avance de lo que se nos viene y mantiene al lector sumergido en la trama. No tengo quejas. Espero otro capítulo. Ciao.


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#58
Pues ibas bien, @Thranduil. Era Charizard.
Y... wow, no pensé que había hecho tan buena intro a lo que se viene. Oh, pero ya vendrán más cosas, ya. Esto no va a terminar en Charizard C:

Bueno. Nada más, corregí un poco las comas y algún typo y omití partes que no era necesario recalcar. No costó nada.
El próximo pueeede que tarde un poco más. No estoy segura, por eso.
Wellp. Espero que lo disfruten.
Cheerio~!

Capitulo 22


Spoiler
Helio y Minun salieron de la airada sala. El flygon con el que se acababa de enfrentar era la criatura más dura con la que jamás ha plantado cara. Pero ya estaba capturado. Solo faltaba por ver una cámara más. El último pokémon que quedaba por liberarle de su agonía.

Pero aún le preocupaba Gionna. Se vio tan aterrada y dolida que no podía dejar de pensar en ella. Si diera prioridad a la bestia encerrada, la conciencia no lo dejaría en paz. Giró a la derecha y desde un principio vio a Kyumbreon observar las llamas. Pero no a ella. Nada más acercarse un poco más, el can lo miró con sus inamovibles ojos. Sin saludos ni demoras, le proporcionó la información que buscaba.

─Mi señora está detrás de la estatua, si a verla ha venido.

Fue a comprobar si su umbreon no estaba mintiendo. Miró detrás, y ahí seguía, con una postura relajada. La cabeza estaba apoyada en la base de la escultura que sustentaba a Entei. Pero no parecía que se hubiera dado cuenta de que la veía.

Dormía. Estuvo tan dolida y ofuscada que tenía que apartarse de la realidad por momentos. Pensaba en despertarla para preguntarla como estaba, pero, ¿para qué? Se la veía tan plácida estando en pleno letargo... estaba bien así.
Mas, Kyumbreon tenía una prioridad. Antes de que Gionna tomara una siesta, le pidió que vigilara que él no se marchara antes de que ella pudiera avisarle del inminente peligro. Tenía que actuar antes de que volviera a sus andadas.

─Su amistad está aquí.─ Le anunció, sin que Helio oyera su voz.

Casi no parecía haber reacción. Solo un quejido y un lento movimiento para acomodarse. Hizo parecer que estaba teniendo una pesadilla, lo cual retuvo a Helio un momento por preocupación.
─Vamos, antes de que cause esa temidas calamidades en el mundo.
Lentamente iba desperezándose. No obstante, él dejó correr sus supuestas pesadillas y se iba encaminando. En cuanto abría los ojos, pudo ver la espalda de Helio. Impidió su ida agarrándole el tobillo con cara de sueño y sin tener muy claro por qué. Tras dar solo un paso hacia la cuarta cámara, él sintió sus finos dedos aferrándose para que no se marchara. Helio giró la vista. Aún parecía dormida, pero lo que acababa de hacer demostraba todo lo contrario.

─¿Qué-pero-pero no estabas dormida?─ Preguntó con desconcierto, y a la vez, con risa.
─Seh.─ Afirmaba.
─¿Entonces?
─Na, que me he despertado... y...eh...─ Tenía algo en mente. Algo que decirle. Pero el cerebro aún no estaba por la labor. ─Meh, no es nada.
─¿Eh, que, qué quieres decirme?
─Ene pe i, pero no creo que sea importante.
─Bueno, ¿al menos estás mejor?

Se detuvo a pensar. Parece que su letargo hizo su trabajo. El dolor físico le era más llevadero, por lo que moverse ya no le era tortuoso, todo y que sus pies aún le daban la tabarra. En cuanto al trauma, pudo apartarlo y dejarlo en su sitio. Sin embargo, ese proceso de sanación le dejaba espesa. Tenía que pasar un rato para que pueda volver a tener las ideas claras. Pero, aparte de eso, el resto estaba mejor.
─Eeeeh... pues sí. Ya no me duele tanto.
─Ah, me alegro.
─Puedo acompañarte entonces, ¿no?

Helio se lo pensaba. Ya que su entrenadora no estaba por la labor, Kyumbreon se encargó de convencerlo para que la deje.
─Si dice que está bien, es que está en condiciones de seguirle el paso. Yo no le permitía por su deplorable estado, pero ahora ha mejorado. ¿No lo ve, acaso?
─No. Parece medio grogui.
─Es normal en ella hablar de ese modo una vez recién levantada. Ya verá vos como luego será como siempre.

Lo logró. Helio ya estaba convencido. Gracias a la persistencia del chacal, Gionna pudo volver a caminar con él. Igual no lograba encontrar la causa de esas ansias por acompañarle. Parecía que quería protegerlo; mas no recordaba de qué. Aún estaba demasiado somnolienta para poder rememorar.

Mientras intentaba hacer que su memoria diera alguna pista, ya estaban en la entrada de la prueba apocalíptica. Los suelos lustrosos de color carmesí y blanco indicaban a los visitantes que estaban adentrándose en otro entorno hostil con una bestia igual de adversa. Esperaba aún el momento en el que su entrenadora contaba la treta que ya tenían preparada para todos ellos, pero aún no parecía por su labor. Tuvo que intervenir de nuevo, antes de que Helio decidiera entrar.
─¡Espere! ¿No le interesaría que le leyera el legado que dejaron sus ancestros? Podría proporcionarle información esencial sobre la bestia a la que se enfrentará.
─Bien. Pero que sea rápido. Quiero acabar ya con esto.

Parado de nuevo, procedió a la distracción. Se acercó al pedestal con el colmillo partido y se dispuso a leer. Se encontró con un grabado degradado. Rayas distribuidas al azar talladas con la misma poca profundidad se confundían con las letras. Casi no se distinguían las letras escritas. El bajo relieve era ininteligible. Ni siquiera se podía hacer una interpretación.

─El texto escrito está oculto bajo un mar de rayas. No puedo leerlo.
─Pues que raro. ¿Por qué lo habrán borrado?─ Se le ocurrió preguntar Helio. Desde ahí, Kyumbreon aprovechó para persuadirle con una deducción inductiva.

─Todas las inscripciones evocan a seguir adelante. Entonces, este texto no sería una excepción. Si tus ancestros llegaron a saber que esta bestia era indomable y que por tanto, llegaría llevarse una vida consigo, para prevenir de que muriera más gente en sus garras, fauces, lo que Lunetah quiera que tenga, tenían que borrar toda idea que pudieran dar a partir de las inscripciones.─ “O bien, esta vez advertía realmente del peligro y esos demonios lo emborronaron para que entráramos despreocupados”, pensó mientras argumentaba. ─En caso de que sea así, no recomiendo a vos adentrarse más allá de esta sala.
─Pero... si la vez anterior la descripción advirtió a Gionna... No, no me cuadra.
─Ella es un caso aparte. Toda palabra que le surgiera a peligro se lo tomará como advertencia, y toda advertencia que pueda significar una injuria que no merezca la pena pasar la cumple en el sentido más ortodoxo de la palabra. Pero en caso de alguien tan impulsivo como vos... Simplemente se quedaría con la orden y se atendría a las consecuencias.
─¡Pues me da igual! He estado liberando pokémon que han sido todo un peligro. ¡Y lo voy a seguir haciendo!

Estas palabras venidas de la boca de Helio hizo que Gionna recordara repentinamente aquella maquinación vil salida de las perversas mentes de los hermanos Go-Rock. Lamentablemente, este se le había adelantado por tercera vez, y tenía que pisarle los talones de nuevo.

─¡Espera!─ Gritó a voz viva para detenerle, sin algún resultado a causa de la distancia. Tuvo que tomar carrerilla para alcanzarle. El entorno se había vuelto más caliente. Había magma por los lados y cráteres por el suelo rocoso. El aire caldeado por la roca fundida obligó a Gionna a remangase las mangas de la camisa interior que sobresalía de la torera roja.

─Espera, por Dios...─ Hiperventilaba para recuperar el aliento cuando llegó a estar a unos cuantos centímetros de distancia.
─¿Qué pasa?
─Nada... no, nada no, sí que pasa algo. Si capturas a este... El mun... no, el mundo nada, pasará algo. Algo malo.─ Hubo un rato de silencio. El ranger no pudo evitar echarse unas carcajadas respecto a lo que dijo. Las frases que ella articuló no tenía sentido.
─No, en serio. Mientras estaba descansando, vi a los de la cabeza engomada ve...

Las risas de Helio se volvieron más estruendosas, quitándole el habla a Gionna, e irritándola de paso.

─¡Por favor, Gionna! ¿Has tenido un sueño “premonitorio” y crees que los hermanos Go-Rock van a venir aquí y nos van a matar? ¡Por favor! ¿¡Cómo van a venir aquí, si no saben que estamos aquí!?
No sonaba para nada creíble. Sus palabras no tenían valor alguno.
─Kyu, di algo, por favor...
─Ya hice bastante. Y poco creo que me vaya a tomar en serio. Recuerde cuando intentaba argumentar que no era una asesina. Mas...─ Hizo una pausa. Sus largas y sensibles orejas percibían graves y agudos provenientes de una lejanía. ─Creo que no hará falta que pronuncie palabra a su favor... Si su amigo detuviera su risa por un momento...
─¿Qué, qué quieres, Kyu?

Al nombrarlo indirectamente, hizo el esfuerzo de no reírse para oír. Debilitado el tono de las carcajadas, pudo oír lo mismo que Kyumbreon. Eso liquidó de una vez por todas aquel estruendo. Gionna pudo también escuchar aquellas notas eléctricas que variaban de tono.

─¿Qué es ese sonido? Parecen guitarras afinándose...─puntualizó Gionna. Helio no podía creerlo. Ese sonido le era totalmente inconfundible. Parece que la inexistente profecía se cumplía por momentos. Fue corriendo hacia la procedencia de aquellos perturbadores sonidos. Otra vez, Gionna y compañía tuvieron que seguirle para garantizar que pudieran evitar que entregara la victoria a los conspiradores.

Justo como temía.

Todos juntos, todos reunidos. Estaban los cuatro administradores del equipo Go-Rock. Los cuatro músicos. Los cuatro hermanos. Detrás de ellos, un charizard estaba quieto con cara de tristeza y apatía. En vez de darles una despectiva bienvenida, hicieron su presentación musical.

─¡Pokémon a go go!─ Gritaron a unisono.
─Escucha.─ Alberto se desvió del ritmo para hacer el solo. Era una secuencia de notas graves que pretendía dar al bajo protagonismo. Iba en crescendo moderadamente. Luego prosiguió Aina.
─¡Deléitate con nuestros melódicos ataques!─ El suyo era un solo más agudo e impetuoso, como violín que era. Hasta saltaba y alzaba demasiado la cabeza cuando tocaba.
─¡El ritmo de la furia pega duro!─ Gritó Emilio. Tocó furiosamente su bombo y lo remató con un golpe más.
─¡Que la melodía de la codicia llegue a los cielos!─ David tocó toda una pieza rápida que empezaba con su espalda doblada para atrás y finalizaba tocando todas las cuerdas y con su postura agachada. Y luego a unisono, gritaron:
─¡Si no nos conoces, vas a oír lo que es bueno!
─¡David!
─¡Alberto!
─¡Emilio!
─¡Aina!
─¡Los hermanos Go-Rock son la última sensación musical! ¡Nuestro nombre será la banda sonora de tus pesadillas! ¡Los hermanos Go-Rock!

Y finalizaron la pieza tocando conjuntamente un final. Nada más acabar, Gionna fue la que habló primero. Tenía que decirlo.

─¡De sensación musical nada! ¡Vuestra canción es muy monótona, y la letra es totalmente penosa, despreciativa y egocéntrica!─ Con esto, incrementó el odio hacia ella a casi todos. Emilio fue el primero en reprochar.
─¡Oye!
─¡Nos hemos tirado semanas practicándolo!─ Dijo también Aina.
─Y yo que quería impresionarte...─Alberto se puso triste. Sinceramente, quería atraer su atención, y lo único que recibió fue una punzante crítica.
─¡Oh, mira lo que has hecho a mi hermano, so loca! ¿¡Cómo te sientes, eh, eh!?─lo defendió Emilio.
─Ea, ea, calma, tíos, calma...─ Intentó poner orden el hermano mayor. ─Que no hemos venido aquí para soportar la crítica de esta plasta. No tiene ni pajorera idea de música. ¿Veis a este pobre charizard detrás nuestro? Pues, veréis, hemos estado jugando un poco con nuestros súpercapturadores y le hemos hecho mucha pupa. ¡Mirad como sufre!

Este sacó llamaradas por sus fauces. Gionna se estremeció al ver al dragón en movimiento. El temor volvía a surgir otra vez. A Helio, en cambio, le partía el corazón.
─¿Qué le habéis hecho...?
─Jo, pues lo de siempre. ¡Ala, a ver si lo podéis atrapar!─ Retaba David. Helio iba directo, pero recordó que él no podía capturarlo. Tuvo que suplicarle a Gionna que lo hiciera.
─Gionna, por favor... Ya ha tenido suficiente...
─Helio, es una trampa.─ Soltó finalmente. Aina lo oyó, y no le gustó nada. La insultó en voz baja. Pero él se mantenía escéptico ante los hechos.

─¿Cómo que una trampa? ¿¡Cómo va a haber una trampa!?
─Intentaba decírtelo, pero no podía con todas esas risas.
─Ala, va, cuenta.
─Pues, mira, en cuanto vi a estos cuatro venir, me escondí detrás de la estatua... Y estos se pusieron delante y a repasar un plan... y... pretenden que capturemos a este Charizard, del cual forma parte de una prueba que nunca tiene que ser superada y causará el caos. Y, claro...

Helio no se lo acababa de creer todavía. Gionna dejó algunas cosas en vilo con su explicación. Pero la versión completa de los acontecimientos le hacía plantear dudas. Por la tardanza de reacción y toda la trama desvelada, los cuatro formaron una piña. Su plan estaba en riesgo de ser desbaratado porque su compañera descubrió casualmente sus tramas. Entonces David habló con un pequeño discurso elocuente.

─Jo, vale, sí, lo teníamos planeado. Queremos que capturéis al charizard para que rompa el sello, se encienda la cuarta llama y cause el caos. Pero, si no lo capturáis, ¿qué será del pobre charizard? Vivirá dolido hasta que llegue a viejo. O quizá ni siquiera llegue a viejo. Además...─ Añadió por si eso fuera insuficiente. ─Lo del caos viene a partir de una vieja leyenda. Puede ser cierta y que pase algo espantoso... o puede que solo se encienda una maldita llama. Quién sabe, ¡ni siquiera nosotros lo sabemos!

Ahora Helio no dudaba; retomó su iniciativa. Suplicó a Gionna de nuevo, pero esta seguía negándose con rotundidad. Tenía la certeza de que la leyenda de las cuatro pruebas no se quedaba en una mera historia de fantasiosa ficción. ¿Por qué maquinaban con tanta alegría, si no? Pero el desespero y las fuertes emociones hicieron que Helio actuara.

─Lo siento...

Sin que ella se lo esperaba, él hizo un placaje a Gionna. Chocó contra el escudo de Kyumbreon, que formó al verle sus intenciones.

─¡Razone, Helio! En estas tierras las leyendas tienen la mala costumbre de ser ciertas.
─¡Me da igual! ¡Pienso sanar al charizard!
─¿Pero qué le proporcionará capturar a esa desdichada bestia? ¿Acaso no ha pensado en las consecuencias que podría causar si se diera noticia de la atrocidad que has cometido en este cálido lugar?
─¡Minun, consigue su capturador!

El conejo corrió hacia la chica. Ella intentaba evitar que tocara la mochila retrocediendo, pero casi llega a meter el talón en el magma. Tuvo que girar, y de ahí, Minun saltó hacia la mochila. Los intentos de hacer que se soltara fueron nulos. Cogió el llavero del capturador por la boca y se lo llevó a Helio. Luego este fue corriendo hacia Charizard. Gionna no podía permitir que lo atrapara. Tenía que impedirlo. Por órdenes de su entrenadora, Kyumbreon retuvo al ranger en el aire.

─No permitiré que cometas ese error, Helio. Kyumbreon te mantendrá en el aire hasta que desistas.
─¿Y tenías que detenerme en el aire, eh?
─No había otro modo.─ Contestó resignada a tener que recurrir a estos métodos.

Al hacer esto, Plusle se sintió decepcionada. Pensaba que era igual que Selena, solo que tenía diferentes métodos de captura...
Pero ahora veía que era tiránica en cuanto consideraba que algo no se tenía que hacer por conveniencia. Y eso no le gustaba nada. Mas por el momento, no podía dejarla de lado, con lo insegura que es.

Por iniciativa propia, Minun golpeó a Kyumbreon con un ataque rápido para que se desconcentrara y soltara a su compañero. Luego ellos dos siguieron su marcha. La entrenadora y sus pokémon empezaron a perseguirles. Verlos peleándose por capturarlo o no les resultaba a los hermanos un espectáculo digno de presenciar.

Los hoyos que habían en el suelo brillaban más fuerte que antes. Helio casi llegaba a alcanzar a Charizard en un punto por donde estaba marcado con el dibujo pintado de una llama, pero este volvió a escapar, como si quisiera evitar el enfrentamiento.

Otro estrecho camino con hoyos tenían que atravesar. Esta vez, los hoyos expulsaron lava. Helio los evadió rápido, frenando a sus perseguidores por el miedo a quemarse; al menos a Gionna. Se decantó por ir con cuidado de no estar muy cerca de los géisers ígneos; pero los cráteres vomitaban roca fundida sin dar aviso alguno. Tenía que ir corriendo antes de que erupcionaran más. En cuanto llegó al siguiente punto sin cráteres, con la garganta dolida por las constantes inhalaciones, se encontró con un mar de llamas que le impidió llegar a Helio.

Dentro de este círculo, Helio se estaba enfrentando a poca distancia del dragón, pero suficiente para poder sacar el disco capturador a bailar. Apenas Charizard se movía y solo se limitaba a escupir fuego por su boca para obstaculizar la vista. Y Helio era bueno en evitar obstáculos con el aparato, todo y que se le hacía complicado rodearlo cuando el dragón se escondía detrás del fuego. El sonido de las llamaradas apartarse por obra de Kyumbreon ni siquiera le desconcertó. Gionna entró el el círculo junto con Plusle, ignorando su propio cansancio.

─Jamás pensé que tendría que hacerle esto a una persona...
Tomó una pausa. No se creía lo que iba a hacer.
─Plusle... electrocútale.

Esto ya era el colmo. Ahora pedía que ella paralizara al tercer ser humano que había conocido. Visto que tardaba en reaccionar, Gionna volvió a repetir la orden.
─¿¡Plusle!? ¿¡Qué estás haciendo!? ¡Vamos, usa chispa!
Tuvo un grito en respuesta. Ella no iba a obedecer.
Fue decepcionante. Contaba con que Plusle hiciera su trabajo mientras Kyumbreon retenía aquellas ardientes llamas. Todo su esfuerzo acabó en nada.

No pudo impedir que Helio capturara a Charizard.

La influencia de los otros capturadores y de la vidaesfera se fueron de la conciencia del dragón naranja. Voló una vez más para romper a que lo atormentaba todo el rato. Las llamas poco a poco se reducían en meras brasas.

Antes de que el ranger pudiera replicar sobre su intento de frenarle, aparecieron por detrás los cuatro hermanos. David aplaudía de forma muy lenta, pero sonora.

─¡Bravo, bravo, bravísimo, tontorrón! Acabas de liberar al maligno dragón ígneo.
─¿Cómo que maligno? ¿No lo habíais atrapado vosotros?─replicó Helio.
─En efecto... lo habíamos atrapado. No fue fácil, pero sí. Pero el caso es que estaba aquí por algo... No te lo tomes como algo personal.─ El enamorado se dirigía a Gionna con esta última frase. Ella no dijo nada al respecto.
─Sí, sí, sí, Alberto, déjate de rollos amorosos, tío. ¡Este grandullón romperá el sello! ¡Y entonces toda la isla temblará!─le decía Emilio.
─Ay, si salís vivos de esta...─ Se reía de la desgracia que se iba a cernir sobre ellos Aina. ─Ala, que os dejamos. Ojalá no os de tiempo ni a salir de aquí. Ciao!

Después de esta despedida con tono burlón los abandonaron a su suerte. No sin que David diera una pista críptica sobre lo que iba a suceder:

─”En cuanto el guardián de los mares del averno sea liberado de sus ataduras sólidas, vegetación y vida perecerá en lumbre venida del subsuelo...”


#59
Prólogo El capítulo estuvo muy bien ^^ el inicio te deja ver las cosas que se vienen y la verdad que una historia de Ranger está muy original y por supuesto difícil de realizar puesto que es una cosa mucho más complicada. Lo que más me justó fue como desarrollaste a Plusle, en el Pokémon Ranger los Pokémon tienen una personalidad muy distinta a los demás juegos, tal como ese Plusle. Espero ver qué sucede después ^^ Los únicos errores que fui fueron mayúsculas en diálogos donde no iba, y la falta de mayúscula a los Pokémon. Se pone mayúscula porque al nombrarlo te refieres a su especie, y esta es única. Al menos los escritos oficiales son así...

Capítulo I Casi creo que "Lol" era una expresión jaja Lombre :snooty: ¡Vaya, sé cual es esta ciudad! Es el recuerdo más vívido que tengo del ranger. Me gustó mucho la parte en que haces el contraste en que capturar a un Pokémon siendo ranger es evitar la violencia de la batalla, a comparación de un entrenador. Lo hace ver mucho más noble. Y de cómo al Pokémon no le gustaba ser capturado. Eso fue genial jaja. De entrenadora a ranger. Que buena historia Poison jaja










#60
:o!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!! Se me ocurren cosas sobre lo que dijo David al final, pero no diré nada, el suspenso sobre lo que sucederá me va a matar (ay, que exagerado). Creo que se viene una parte muy buena en la historia y me agrada no haber jugado el juego, así todo queda a mi imaginación, e imaginar es lo que más me gusta en la lectura.

No vi errores. Espero pronto un nuevo capítulo. Ciao.


Lean mi fic: La Historia de Jack Evans
Soy Elven king
(Por si alguien no me reconoce)