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#61
Prologo: Me gusto mucho! quede enganchada con la historia, esta muy bien narrado y redactado, ademas me deja con curiosidad sobre lo que pasara mas adelante, me gusta la idea del pequeño pokemon tratando de salvar a su entrenadora, estoy escribiendo esto sin haber leido los demas capitulos asi que seguire leyendo! :D
Capitulo 1: Genial! al menos ya conozco a la protagonista, me gusto mucho el modo en que se desarrollaron las cosas, como que todo fluye. Cuando estaba leyendo crei que con lol te referias a lot of laugh y fue como "que informal" pero despues me di cuenta de que era el mote del pokemon jajaja xD casi. Tambien me gusto el desarrollo de la protagonista, esta claro como ella piensa y eso es genial.
Capitulo 2: Pobre lol D: bueno no me queda mas que felicitarte por tu redaccion :) debo admitir que empece a leer esto por un evento pero finalmente me gusto mucho y creo que seguire leyendo los demas capitulos. En verdad eres muy buena/bueno escribiendo, felicitaciones n.n
#62
Prólogo:
Parece una historia bastante interesante, en principio por que esta relacionada con Pokémon Ranger, ya que menciona a Selena, su Plusle y la Región de Floresta, hasta este punto solo he leído esto, así que supongo que esto podría ser una historia alternativa, paralela o posterior a los acontecimientos del juego, pero eso lo ire descubriendo conforma vaya avanzando en la historia, continua así. Únicamente me hubiera gustado que, dado que no todos han jugado Pokémon Ranger, describieras un poco más a los personajes (como el Equipo Go-Rock) y los lugares a los que se hace mención, pero salvo eso, ha sido un buen prólogo.

Capítulo 1:
Pues en general me ha parecido una buena introducción a las mecánicas de cómo funcionaban las "capturas" en Pokémon Ranger, principalmente porque algunas personas no han jugado esa saga; por otra parte me sorprendió que una "novata" pudiera capturar a un Houndoom, recuerdo lo complicado que era este juego, y me gustaría ver como las capturas se irán complicando conforme avance más en la historia; por último, el mote de Lol al principio me confundió, tuve que releer tres veces después de ver el "Lol" varias veces ara percatarme de que se tratabe del Lombre de la protagonista, creo que hubiera ayudado mencionar que ese era su mote.

Capítulo 2:
Vaya cambio, Lol pasó en un capítulo de "adueñarse" de una base ranger a ser un Pokémon capturado del Equipo Go-Rock. Realmente pobre de Lombre, que vaya que sufrió en este capítulo, sin embargo, me hubiera gustado ver que se defendiera de los Machop para ver si podría escapar de alguna forma, aunque por la superioridad numérica del enemigo pareciera difícil. Realmente has ido mejorando en la redacción, ya que no he visto ningún error, por lo que te felicito por la gran calidad de tu historia.

Capítulo 3:
Vaya escena más emotiva el reencuentro entre Gionna y Lol; me ha sorprendido la actitud tan agresiva de Kyumbreon, aunque verlo en acción mientras otros Ranger ven la escena me parece un buen elemento cómico por la reacción que tienen estos ante los combates Pokémon, ya quisiera ver a Gionna contra algunos otros miembros del equipo Go-Rock más capacitados. Algo que me alegra ver es que hasta ahora, los reclutasen general ya no resulta tan fácil vencerlos como en los videojuegos, lo cual le añade un plus a la historia y vuelve la acción de los Ranger contra el equipo Go-Rock más interesante y entretenida.
Academia Pokémon: Cronología / Inventario

Odisea Pokémon: Índice & Datos

#63


¡Adivinen qué fanfic acaba de cumplir cuatro años de existencia!
Yes, that's right! Este. Desde el 14 de febrero de 2012, este fanfic fue desarrollándose hasta lo que es ahora. Esperemos que pronto pueda poner en orden esta historia.


Y qué conveniente, hay más de un comentario esta semana. ¡Wow! No me esperaba que los eventos harían leer esta historia, precisamente. Like... son 23 capítulos publicados...
Bueno, solo espero que no os quedéis en las primeras tres partes. Que ya sé que empiezo bien; lo que me preocupa más es el desarrollo...
Well. Voy a contestar a vuestros comentarios.
Spoiler

@JACK-IS-BACK
Cita:
Me gustó mucho la parte en que haces el contraste en que capturar a un Pokémon siendo ranger es evitar la violencia de la batalla, a comparación de un entrenador.

Es la idea. Pero... si quieres que te diga la verdad, los ranger me han salido un poco...
Ergh...
Estoy segura de que odiarás al Helio de aquí. Me salió muy fuera de su personaje ._.U.
Bueno, tú sigue leyendo, a ver qué me dices después C:

Cita:
Los únicos errores que fui fueron mayúsculas en diálogos donde no iba, y la falta de mayúscula a los Pokémon. Se pone mayúscula porque al nombrarlo te refieres a su especie, y esta es única. Al menos los escritos oficiales son así...


¿Tú escribes Zorro con mayúscula? Porque yo no [?]. Like. Sí, algunos se llamarán como su especie y por tanto pondré mayúscula porque es su nombre en verdad. Pero referidos a especie común no lo voy a poner por ser un nombre común. No sé si me explico.
Y sí, me importa muy poco cómo lo pongan en los escritos oficiales. (¿Desde cuándo yo hice caso al canon completamente anyway?)
Pero sí es cierto que las mayúsculas en diálogos es algo que aún flojeo. Me dieron un pequeño esquema para saber cuándo ponerlos, pero no estaría mal que me pusieras otro para saber uwu
Bueno, ¡gracias por tu comentario! :D


@Thranduil
Hmmmm...
Creo que a ti no tengo mucho que decirte... salvo... creo que este mito te va a gustar OuO


@Chululucha
Cita:
me gusta la idea del pequeño pokemon tratando de salvar a su entrenadora [...]

ಠ_ಠ
Tú... no jugaste a Pokémon Ranger, ¿verdad?
Bueno, da igual, te lo puedo perdonar porque te gusta el fiction. No voy a ahuyentar a mis lectores ni por asomo uwu
Seh, digamos que el nombre de Lol lo puse así para confundir un poco ºuº. Aparte, que tampoco eres la única...
Pero pensé que dejé claro que aquí los rangers no es lo mismo que un entrenador :C.
Bueno, ¡a ver si veo otro comentario tuyo! Cheers! :D



@RafaSebas
Cita:
así que supongo que esto podría ser una historia alternativa, paralela o posterior a los acontecimientos del juego, pero eso lo ire descubriendo conforma vaya avanzando en la historia, continua así.

Es alternativa. De hecho la historia empieza después de la misión 5, más o menos. Antes de ese capítulo, los acontecimientos son iguales. Voy añadiendo leyendas y mitología de Floresta también... está bien, supongo uwu.
Cita:
por otra parte me sorprendió que una "novata" pudiera capturar a un Houndoom


Bueno. Considerando que el houndoom estaba debilitado gracias a su lombre... no te extrañe que las cosas se volvieran fáciles para ella. Ya te digo, el principio de esta historia está llena de ese tipo de casualidades que la hacen ver como una pro nata... en cuanto la cruda realidad es que no es nadie especial ºuº
Ya me dirás qué te parece los siguientes uwu


Y... al final este episodio no fue para tanto. Pero pensé que ya entraría en la parte por donde todo colapsa, no que sería otro puente a la acción è.é. De hecho uniría el 23 y el 24 en este mismo episodio de lo cortito que es; pero para entonces quedaría demasiado largo.
Y el 24 parece que tampoco va a darme mucho trabajo... nunca se sabe, thou.
Bueno, ya, que me retraso con mis deberes. Cheerio!

Capitulo 23


Spoiler
Antes de que los humanos llegaran a gobernar Floresta, cinco reyes mantenían el balance de la propia tierra. Al norte, el destructor mermaba su temperamento tranquilo con el frío de las altas cumbres. Por las tierras bajas, la libélula expandía con sus vientos el terreno de las flores y los espesos árboles, solo para nutrir la tierra. En las aguas de Zafrán, los dos equinos vigilaban que ninguna ola destrozara la obra de la madre tierra. Y en una pequeña isla, el dragón ígneo mantenía la tierra templada lanzando vivaces llamas a los cielos en una elevada planicie. La vida era simple con ellos a cargo.

Sin embargo, poco después de que se asentaran las civilizaciones, una brecha en la isla se abrió bajo los pies del dragón. De aquella hendidura, un enorme león rugió y expandió el daño hasta rincones alejados. El soberano de la isla intentó acabar con esa feroz bestia. Pero sus calientes llamas tan solo potenciaban su ira.

Pronto los otros cuatro pudieron acudir en su ayuda. Lucharon fervientemente contra la bestia que nació del mismo magma. Pronto cometió un error. Se imbuyó en su propia lava en orden de que su presencia se volviera aún más mortal. Eso permitió que los dos guardianes de Zafrán pudieran encerrarlo en el mismo fuego con sus frías aguas y lo convirtieran en pura piedra.
Para garantizar que el ser felino nunca más saliera de su sello, los cinco dragones pidieron a los humanos que seccionaran su alma en cuatro partes y cubrirlos enteramente de piedra para que nunca más pudieran salir. Ellos cumplieron su palabra. Cedieron esas esculturas a los dragones y les encargó a ellos su protección.

Craso error. El ser del núcleo poseyó a los cinco reyes y les incitó a destruir Floresta con su ira. Los dragones estaban desquiciados. Nadie podía hacer nada para salvarse ni para salvarlos. Era como si la región estaba condenada a perecer. Los pueblerinos sufrían en su llanto, y un viajero los escuchó. Apenado por el triste destino que sus habitantes estaba sufriendo, este se levantó y se ofreció para aplacar su ira. La gente se reía para no llorar. ¿Cómo alguien de fuera, quién ignoraba completamente la historia de su amada tierra, iría a salvar su amado hogar?
Él simplemente dio una sonrisa.

─Sabréis más que yo de vuestro propio lugar; pero muy poco conocéis de mis capacidades. Dadme una oportunidad; así podré aplacar la ira de vuestros reyes.

Sobre la tumba del león, alzó una gran reliquia con cuatro cámaras. Luego fue enfrentando a los cinco guardianes de Floresta, uno por uno. Pasarían toda la eternidad en esas salas, encerrados con su agonía. Junto con los sellos mágicos que puso en cada uno de estas, ni los reyes ni el león causarían estragos por la región.
El viajero esperó una recompensa por esa titánica labor. Pero lo único que recibió fueron reproches. Desprecio. Ira. Aunque iracundos, decían que esa no era la forma de tratar a un dragón.
Y pues, una advertencia dio.

─Vosotros mismos. He salvado vuestras preciadas tierras, ¿y así me tratáis? Muy bien, libres sois de quitarles ese sufrimiento. Pero tened en cuenta; el alma de Entei está estrechamente enlazadas con su ira. Si algún ingenuo osa apaciguarlos, esa porción volverá a su cuerpo, y cuando el guardián de los mares del averno sea liberado de sus ataduras sólidas, vegetación y vida perecerá en lumbre venida del subsuelo. Avisados quedáis.

Así pues, el viajero se marchó. Nadie cometió la osadía de entrar a las cámaras.
Aquel que quería liberar a los dragones era libre de hacerlo; pero jamás de los jamases tendrían que calmar a Charizard. El fuego que él guardaba era lo que Entei más necesitaba para liberarse.

...


El sol empezaba a retirarse. El cielo anaranjado teñía al mar Zafrán de su mismo color. Mas Carlos no contemplaba el paisaje del exterior. Estaba dentro de la base local de Villaestío, preocupado.

Desde aquella mañana, los tres se embarcaron en la misión de buscar a Selena. Sin embargo, han pasado seis horas desde su ida, y no han vuelto todavía. Y eso que antes Soel dijo que estaban bien y que estaban buscando. ¿Qué pasaba? Se disponía a llamarlos, hasta que la tierra sacudió.
Afortunadamente, no tuvo que esconderse debajo de la mesa. El terremoto cesó de enseguida. Su asistenta se había ido a casa, por lo que tuvo que ver él mismo el sismógrafo, que lo tenía trabajando para poder actuar a tiempo.

Según los datos proporcionados por el aparato, se inició hace unos pocos minutos, y fue intensificándose gradualmente. Parecía también que iría a tener réplicas; aún habían indicios de actividad. Pero había un dato que le aterrorizaba aún más. El epicentro se localizaba en la reliquia, lo cual significaba...

No...

Tenía que volver a llamarle. Negaba los hechos, y necesitaba alguna prueba que demuestre que no han entrado en ese lugar y superado las pruebas. Cogió el capturador y marcó su número.

─¿Diga?
─¡Soel! ¿¡Estáis bien!?
─Eeeeeh, sí...─ La llamada le vino de improvisto, junto al terremoto. Estaba tan tranquilo en la playa buscando a su media naranja cuando se produjeron los temblores.
Se escuchó un suspiro.
─Menos mal... ¿no habéis entrado en la reliquia, verdad?
─¿En la reliquia? No. ¿Por qué?

Mentía como un bellaco con tal de que su jefe no se diera cuenta de que se estaba escaqueando. Entonces Carlos le contó lo que ocurría.

─El centro del terremoto estaba ahí. Y aún hay actividad sísmica. Creo que un ranger ha entrado y capturado a... eh... espera un momento...

Algo no cuadraba. Los únicos ranges que estaban en la isla eran Gionna, Helio, Soel, Fernando e Ignacio. Fernando tenía el encargo de patrullar por la villa flotante, e Ignacio tenía gripe. Los otros tres fueron mandados a la selva, por lo tanto, los dos anteriormente mencionados no podían entrar y superar las cuatro pruebas. Entonces fue cuando se dio cuenta.

─Soel... estás en la playa, ¿verdad?

Se quedó en silencio. Lo descubrió.

─Increíble. Acabas de ganarte el premio al trabajador más incompetente de toda Villaestío. En serio, Soel, ¿no eres capaz de hacer tu trabajo o qué, tío?
─Por favor, ¿cuándo hice un trabajo por ti?

Era imposible de sensibilizarle a través del deber. Ya desde un principio, dejó claras sus pretensiones cuando consiguió el puesto. Al llegar a la base, intentaba fililtrear con Ignacio, pero él no compartía sus gustos. En su puesto de patrulla, era competente, claro, porque era su puesto favorito; pero a veces más que vigilante parecía un turista más. Un día Carlos recibió la queja de una niña que había perdido a su zigzagoon. Fue a pedir ayuda, pero Soel estaba ocupado jugando al voleibol con otro chico. No sabía porqué lo había contratado. Pero ahora hacía falta.

─No te muevas de ahí. Voy a necesitarte.


─Sabía que pasaría algo...─ Mascullaba Gionna. El temblor vino justo después de que se bajaran de la reliquia. Pero ya anteriormente habían indicios de que se desencadenaría una catástrofe. Nada más salir de la cámara de Charizard, ella se quedó pensando en las crípticas frases que David recitó. Sonaba todo tan aterrador, tan apocalíptico, catastrófico... Todo adjetivo que incite a pensar en destrucción. Pero Helio aún estaba enfadado con ella. Quería comentarle como le había sentado que intentara interrumpir su captura con técnicas ofensivas.

─Gionna... ¿Recuerdas cuando me dijiste que solo utilizabas a los pokémon para defenderte? Porque ahora intentaste utilizarlos para hacerme daño.
─Mi principal intención era evitar que cometieras una locura a la fuerza, visto que eres más testarudo que una mula...
─¿¡Qué!? ¡¿Capturar a un charizard herido es una locura?! ¿¡De qué vas!?

No merecía la pena discutir. Gionna se puso la cremallera y siguió su camino, ignorándole. Cogió la fuente menos fiable de los hechos y la creía al cien por ciento, y mientras le espetaba sus acciones por evitar una “falsa tragedia”. Sin embargo, otra oportunidad se le dio para que cambiara de ideas.

Al pasar al lado de la estatua, una llama naranja y vigorosa se encendió en el camino que conducía al rey felino. Sus retinas percibieron movimientos inusuales en la escultura, y se quedaron mirándolo. Finalmente, este agrietó y emitió una luz incandescente que quemaron sus ojos por un momento. En cuanto pudieron volver a ver, la estatua desapareció.
─¿Qué... acaba... de pasar...?─ Se preguntó Gionna.
─Ni idea. Pero si esta es la “graaan catástrofe”, pues no ha provocado mucho. Vámonos. Empiezo a tener calor aquí.

El capturador de Helio sonó, interrumpiendo el rememoro de Gionna. Sin demorar, su propietario lo cogió.

─¡Chicos! ¿Estáis bien?
─De una pieza, por suerte.
─¿Podéis decirme dónde estáis?
─Pues... estamos cerca de un edificio antiguo, ¿por qué?

Tal como Carlos temía.

─Oh, Arceus santo... No me digáis que habéis capturado a los cinco dragones...
─Sí...
Se escuchó un golpe de puño contra la mesa de fondo. Carlos cogió una repentina rabia.
─¡Maldita sea! ¿¡Sabéis lo que acabáis de hacer!?

Oír a Carlos enfadado era una terrible novedad. Asustado, contestó a Carlos con un tembloroso “no”.

─¡Habéis despertado a Entei! ¡La deidad de los volcanes!
─Y... ¿eso qué significa?
─”Cuando nace un Entei, nace un nuevo volcán”...─ Mencionó Gionna una cita encontrada en internet del investigador más reconocido por todo el continente. Eso le explicaba todos los sucesos, sobre todo los seísmos y la repentina subida de temperatura. A Helio, sin embargo, esta cita tenía un significado peor. La culpa carcomía su propia autoestima. Pese a todas las advertencias dadas por su compañera, pese a que el enemigo le dijo su plan en sus propias narices... Va y la pifia. Tenía que poner remedio a este problema.

Se oye un suspiro desde el altavoz del aparato.

─Lo siento... es culpa mía por no habéroslo advertido antes...
─No, no es culpa tuya. Se pudiera haber evitado si no fuera porque había actuado tarde.─ Se disculpó Gionna con toda calma y humildad.
─Eh... Explícate.
─El equipo Go-Rock lo tenía todo planeado, y tuve la suerte de descubrirlos, pero luego me eché una siesta y luego no pude decirle a Helio... y cuando se lo dije, ya era tarde. Tomaré las responsabilidades que sean necesarias.
─¿Qué está haciendo vos, disculpándose para librarle de toda culpa a su amigo?

Reprobaba la actitud de su entrenadora. Helio fue el causante de ese caos con su impertinencia; ella solo intentaba salvar el día.

─Es que es verdad, tuve que imponerme más.
─Hiciste todo lo que estaba a tu alcance. ¿Y aún te exiges más?
─No, si también fue culpa mía... tuve que escucharte.─se disculpó Helio.─Fui un cabezota.
─¡Bueno, ya basta de cargarse el muerto! Ya que os habéis metido en este lío, os encomiendo la misión de remediar esto antes de que erupcione. ¡Pero no entréis aún! Os enviaré ayuda. En cuanto llegue, id dentro de la reliquia y capturad a Entei antes de que haga que erupcione el volcán, ¡o acabaremos como en esa ciudad de Grecia! Ala, corto.

Sin decir cómo, ni dar más detalles, Carlos cortó la comunicación. Sus especificaciones no dejaron lugar a dudas. Era imperativo empezar ya con la tarea.

─Tenemos que apresuramos. El león puede rugir en cualquier instante.
─Pero esperemos la ayuda, ¿no?─ Dijo Helio.
─La ayuda es totalmente prescindible. Esto requiere una acción rápida si no queremos perecer víctimas de la calcinación.

Esta controversia entre Helio y Kyumbreon se extendió durante unos cuantos minutos. Primero, Helio insistía en quedarse a esperar esa ayuda. Aunque Kyumbreon le espetara el peligro que eso supondría, este seguía firmemente con sus ideas. Lo único que Gionna era hacer es esperar a como acabaría esto, pues no sabía que hacer. Hasta que esa voz irrumpió en la discusión.

─Eh, que ya estoy aquí, no hace falta que discutáis más.

Helio giró su mirada hacia esa seductora y odiada figura. La gota que colmó el vaso. Encima que metió la pata, tenía que pagar los platos rotos con ese gallito de supervisor.

─La habéis liado, ¿eh? ¡Mira que ir a la Reliquia...!─dijo Soel.
─Y tú podrías haber dicho algo antes.─ Reprochó Helio.
─Yo pensaba que solo ibais a coger el conejo.─contestó de nuevo.
─¡Pues no, me dio curiosidad ver lo que había dentro y acabamos por salvar a unos cuántos pokémon! ¡¿Cómo iba a llegar a pensar que eso despertaría un volcán?!
─Por favor, humanos, mantengan la compostura...─pidió Kyumbreon.
─¡Ja! No te hubiera podido decir igual, porque esta me dijo que buscara por ahí...
─A mi no me metas... que yo no sé prácticamente nada de esta región.─se defendió Gionna.
─Ala, ala, ala, excusas.─contestó Soel.
─¡Ya basta!─ Gritó al fin Kyumbreon. ─Por cada palabra banal que soltéis de vuestras pútridas bocas estamos más cerca de un terrible cataclismo. El problema está ahí, y discutir sobre el factor y causante que originó esto no lo zanjará. Así que entremos y salvemos nuestro propio pellejo.

Soel y Helio se miraron confrontados. Aún con esa autoridad, no querían dejar de lado sus diferencias. Pero el umbreon tenía razón. No podían quedarse discutiendo.

─Espero que ayudes de verdad, gallito.─dijo Helio.
─Mientras no te estés muriendo nanai.─reprochó Soel.
─¡Argh! ¡Eres un...! ¡Venga, vamos!

Al fin pusieron rumbo hacia las entrañas de la reliquia. Nada más dentro, el recinto se asimilaba a una sauna. El calor evaporó las aguas, y ahora era un molesto y denso vapor caliente que mojaba todo lo que el húmedo gas rozara mientras ascendía. La vista de Gionna se nubló al poco tiempo debido al aire caliente. Tuvo que quitarse sus gafas empañadas, todo y que no podía ver muy bien por donde pisaba. Pero poco a poco iba bajando, pese a que su linterna personal iba alejándose. Podía apreciarse la luz incandescente procedente de la entrada de la sala principal. Ya se figuraba lo que había cambiado; lagos de lava burbujeantes en vez de aquellas pozas que refrescaban el ambiente, suelos resquebrajados por los seísmos, ascuas circulando por el aire...

No se quedó muy atrás. Estaba a medio camino cuando se detuvieron en frente del panorama.

─¡Lava! La habéis liado parda, chavales.
─¿¡Te importa no repetírmelo en la cara!?
─Sí.
─Mira, da igual, ¡andando!
─¡Pero espérenme!─ Imperó Gionna con voz gritona, infructuosamente por tercera vez en el día. Estos empezaron su búsqueda sin ella, menos su más fiel compañero. Una vez en tierra, tras varios intentos indeseados de rodar por las escaleras, fue a ver si encontraba a Entei por su propia cuenta.

Un rato después de que cada uno caminara por su cuenta en aquellos campos de magma, los hermanos Go-Rock no se habían marchado. No todavía.

Habían cumplido con un cometido, pero la segunda parte del plan justo acababa de empezar. Varios reclutas fueron ordenados a acudir en la entrada de la reliquia para que informen y capturen los pokémon que encuentren. Sabían lo que iba a pasar; con el despertar de Entei, el volcán volvería a levantarse de su letargo volviéndose más violento. Se formaría una grieta en las profundas pozas, conectándolo de nuevo con la cámara magmática y provocando que hiciera que la temperatura del agua subiera hasta los 140 grados Celsius, suficiente para pasarla a estado gaseoso y convertir la reliquia en un caldero. Pero aparte, también conectaría con las cavernas del interior, por donde habitan pokémon de tipo fuego. Debido a que el territorio habitable se habrá extendido, aquellas criaturas se dispersarán por la nueva zona.

Los reclutas llegaban en pokémon voladores de todo tipo. Eran diez, los necesarios para mirar por todos los agujeros que encontraran. Pero entre todas esas criaturas celestiales destacaba un mandibuzz oscuro de piel más rosada que cualquier ejemplar. Este fue el primero en aterrizar. Aquel hombre recién anciano vestido de galas imperiales pisó la tierra selvática, bien orgulloso de los cuatro chicos.

─Habéis hecho un buen trabajo, hijos míos. Cada vez estamos más cerca de nuestro objetivo.
─¡Ja! Lo sabemos.─ Decía con una prepotencia increíble el mayor. ─Y además, apuesto a que no veremos rangers en una buena temporada... deben de estar destrozados.
Se rió escandalosamente.
─Yo no me confiaría tanto... Pero bueno, ¡basta de cháchara! Tenemos trabajo que hacer.

Así entonces, el grupo con nombre de banda se adentró a la caza de poderosas armas escupidoras de fuego.


#64
Omaigá!!! La leyenda al principio está perfecta, eso explica y avala perfectamente lo ocurrido en los último capítulos, además me parece adecuado que se presente al lector después de los hechos que tienen que ver con ella. Pobre Gionna, va de problema en problema, los demás rangers deberían hacerle un monumento cuando todo acabe, ha hecho mucho por ellos y siempre la regañan. Lo que ocurre al final es interesante, como no jugué el juego, no se me ocurre cómo influirá el padre de los Go-Rock en todo esto. Entei, lo deduje cuando vieron la estatua anteriormente, pero no hallaba conexión con lo demás, ahora sé que es una leyenda y todo eso. Bueno, no me aventuro a imaginar más cosas sobre lo que podría venir.

En una parte, tengo la sensación, hubo algunos cambios extraños de tiempos verbales, pero no de pasado ni presente o futuro, sino de esos más complejos como el condicional, etc. Me percaté de eso porque la narración me pareció rara en un momento. No recuerdo qué párrafo fue, pero era como en los últimos.

No tengo más que decir. Espero otro capítulo. Ciao.


Lean mi fic: La Historia de Jack Evans
Soy Elven king
(Por si alguien no me reconoce)


#65
Bueno, en relación al comentario superior te he destacado todos los verbos que suenan extraño, espero que te ayude a corregir el texto tener los lugares exactos, por supuesto es solo mi opinión personal sobre como quedaría mejor:

En este contexto encajaría mejor estuviese:
Era como si la región estaba condenada a perecer.

Lo mismo aquí, yo usaría habían en ambos casos pues al decir que habían pasado seis horas hablas de algo pasado:
Sin embargo, han pasado seis horas desde su ida, y no han vuelto todavía.

La tierra se sacudió:
Se disponía a llamarlos, hasta que la tierra sacudió.

Lo mismo que antes aquí encaja más un había:
Negaba los hechos, y necesitaba alguna prueba que demuestre que no han entrado en ese lugar y superado las pruebas.

Podría y he creo que quedaría mejor
Se pudiera haber evitado si no fuera porque había actuado tarde.

Aquí repites la palabra luego, bastaría con eliminar uno de ellos para que la oración no sonase tan repetitiva:
pero luego me eché una siesta y luego no pude decirle a Helio...

Aquí supongo que te liaste un poco, podrías utilizar hacía era esperar:
Lo único que Gionna era hacer es esperar a como acabaría esto, pues no sabía que hacer.

Aunque no he llegado a leer todos los 23 capítulos lo que he leído me ha gustado y te animo a continuar escribiéndola :D
Academia pokemon:




Odisea:




#66
no veo mucho que pueda criticar de las únicas cosas que si diré son puras cosas estéticas como los diálogos y eso.

Cito:

Cita:
Finalmente, este agrietó y emitió una luz incandescente que quemaron sus ojos por un momento. En cuanto pudieron volver a ver, la estatua desapareció.

─¿Qué... acaba... de pasar...?─ Se preguntó Gionna.


Es solo un espacio mas pero hace que se vea mas bonito según yo otra cosa, Cito:

Cita:

─Tenemos que apresuramos. El león puede rugir en cualquier instante.

─Pero esperemos la ayuda, ¿no?─ Dijo Helio.

─La ayuda es totalmente prescindible. Esto requiere una acción rápida si no queremos perecer víctimas de la calcinación.


Solo le di un espacio mas entre los diálogos como dije antes es solo estética pero creo que el texto seria mas bonito de esa manera. Y para cerrar diré mi frase "sigue así y logra el éxito"

Team::658: lv 36:059: lv 30 :547: lv 26:397: lv 19:277:lv22
Promedio:lv:27
Inventario
Cronología
#67
Hola!

Estoy leyendo este fic encontrado en mi búsqueda de información sobre los Pokémon Rangers, y el argumento es interesante. Las descripciones y diálogos son un poco liosos algunas veces, pero es la única pega que puedo dar por el momento. ¡Buen trabajo!^^


Segundo capítulo devorado^^ ¡La historia mejora! ¡Tengo muchas ganas de saber cómo avanza y que ocurre con la pobre Lombre.

¡Buen trabajo!^^






Equipo
:155:(11) :265:(7) :120:(10)

-Nivel Promedio: 9,33

#68
My, my, cuántos reviews...
Lástima que haya decidido cortar la corrección de forma abrupta. Estoy ahogada en trabajos como para poder seguir...
¡Pero no se preocupen! Os prometo que les daré un final digno.

...

Nah, forget it. Hace diez días que pasó el 1 de abril, así que... ¡vuelta al tajo! ;P Gracias por vuestras correcciones. Aunque recuerdo que es algo que escribí hace un tiempo, es bueno saber por dónde no volver a meter la pata. Ya me gustaría responderos, pero apenas tengo tiempo y... bueno, se supone que no tendría que estar publicando a estas horas.
Igual, me sirvieron para saber por dónde corregir en este. Puede que me haya pasado alguna que otra errata, pero bueno, hice lo que pude.
¿Y tal vez pasen demasiadas cosas? ¿O muy pocas? ¿O tuve que redactar más? Y el dichoso final parece una parodia del mismo juego. Pero en fin, supongo que después de tanta tensión ya le viene bien, ¿no?
...
En fin, no me voy a comer más el coco. ¡Disfruten de este capítulo!


Capitulo 24


Spoiler
Se habían reconciliado en el interior de una pequeña cámara por donde el tenue sol entraba y alimentaba a la vegetación, accesible por otra grieta que se abrió . Era un viejo cráter donde la lava se endureció por completo. Ahora solo era un mero agujero en el monte por donde las plantas se asentaron. Estaban de acuerdo con que, para seguir con la búsqueda de Entei, tenían que eliminar una primitiva valla de robustas y punzantes ramas atadas con lianas que impedía entrar a otra zona abierta por las convulsiones terrestres. Y lo encontraron.

Pero tenían un problema con aquel gecko de cola de pino. Ese reptil tomó aquel lugar como su territorio, y su intrusión lo desquiciaba. Cualquier movimiento lo interpretaba como un intento de arrebatarle su sitio, un ataque. Helio fue el primero en intentar capturarlo, y cuando iba a apuntar con la antena al reptil herbáceo, probó las finas hojas de su brazo.

El veloz ataque le dejó un corte superficial en el costado. No era grave, pero escocía. El golpe le hizo arrodillarse con la mano puesta en la herida.

─¡Helio!─ Exclamó Gionna al ver que caía de rodillas. Antes de ir a socorrerlo, ordenaba a Kyumbreon:
─¡Asegúrate de que no se mueva, Kyu!

Pero antes de que Kyumbreon pudiera asentirle con palabras corteses, Soel interrumpió.
─No es necesario...
Soel sacó a Dressela de su pokéball, situándola delante de Kyumbreon. Dio la orden de usar somnífero. El gecko inhaló los polvos soporíferos y cayó rendido bajo sus efectos.
─Bueno, y ahora que alguien lo capture. Ya hice bastante.
─¡Pero tenemos a un herido! ¡Y yo no tengo capturador! ¿¡No te da vergüenza mandar a otro que-!?
Helio le tendía el capturador de Selena que le había birlado para calmar a Charizard. Quería que ella lo capturara.
─Pero... pero...─la entrenadora trataba de buscar excusas. Mas no pudo.
─Dijiste que tomarías las responsabilidades necesarias. Ala, captúralo.
─¡Pero estás herido!
─No es nada, Gin. Venga, captúralo antes de que se despierte.
─¡Pero-!
─¡Hazlo!
─Vale, vale.

Con brusquedad agarró el capturardor mientras temblaba cual hoja por los nervios. Quería acabar rápido con tal de tratar la herida de Helio en cuanto antes. ¡Pero, ah, malditas sean las prisas! No vigilaba el movimiento de su brazo, y sus círculos llegaban a ser demasiado pequeños para hacer seguidamente la captura. Pasaron ciento-veinte segundos, y Soel se impacientaba.

─Mira que te lo he puesto fácil, ¿eh? Trae.

Por segunda vez en su tiempo trabajando como ranger de Villaestío, Soel iba a utilizar el capturador. Un capturador olivoso de centelleante reflejo igual de tenue que la luz que llegaba. Antes de que el señor del cráter despertara de su letargo, Soel apretó el botón que haría que el aparato escupiera la peonza y retirar el otro disco. Hizo círculos amplios con su brazo, sujetando aquel cachivache, y cuando acabó con el reptil durmiente, este, aún con pereza, se levantaba.

─No te han enseñado a capturar, ¿eh?
─Oh, cállate, estaba ofuscada.
─Por favor, querida... Eso no es excusa. Te he dormido al sceptile, ¡y aún así tuve que intervenir yo! ¿Qué clase de ranger cometería ese error?

Lo sentía. Esa actitud arrogante le bullía por dentro, y la olla ya sacaba el vapor por la boquilla. Era cierto, le puso a Sceptile en bandeja, y que no lo pudiera capturar bajo estas circunstancias le rabiaba. También era cierto que no coordinaba bien sus movimientos. Tampoco iba a dejar que perdiera los estribos como sus entrañas lo demandaban. Tenía que contraatacar.

─Tengo responsabilidades, Soel. Tenemos un herido entre nosotros.
─No es una herida muy profunda.─ Dio el diagnóstico Kyumbreon. Visto que su objetivo fue tomado por Dressela, se le correspondió el trabajo de Soel a quien quería ver la herida y sabiendo que aún estaba afectada por los sucesos anteriores, se encargó de velar por su salud. ─Y tampoco brota mucha sangre de aquel corte... se sanará.
─Pero la herida sangra.
─Eso dije.
─Puede infectarse.

Entre modestias por parte de Helio y reproches por Kyumbreon, Gionna buscaba el vendaje. Cogió un rollo y le pidió que se levantara un poco para que pudiera envolver el torso con esas tiras blancas de tela.
─Vale. Levanta los brazos. Hay que cubrir esa herida.
Mientras envolvía con esas vendas y hacía un esfuerzo para no desmayarse, Dressela y Soel se asomaban para mirar esa perfecta escena de romance con pícaras sonrisas.
─Ala, ya está. Haz presión en la herida para retener el sangrado.─le indicaba Gionna sin percatarse de esos gestos.
─Pero no creo que... Soel, ¿qué estáis mirando con estas caras?
─Nada... que... ¡Miraros, si sois la pareja perfecta! ¿Por qué no dormís en la misma cama?

¡Será posible! Por una vez que pone en práctica al fin sus conocimientos de primeros auxilios en una persona y los terceros ya insinúan que hay una relación entre Helio y ella. ¡No! Solo es un amigo suyo, y se sentía obligada a ayudarle en cuanto lo requería. Estaba crispada con él, y le hubiera regañado por ese comentario, pero eso sería alimentar al troll. Tenía que mantener la cabeza bien fría. Aunque Helio se lo tomó muy a pecho.

─¿¡Cómo puedes insinuar que hay una relación entre nosotros!? ¿¡Acaso porque me quiera curar una herida tiene que quererme, eh, eh, niñato mimado!?
─Cálmate, Helio.─ordenaba Gionna manteniendo su temple.
─¡No, no me calmo! ¡Estoy harto, harto de este gay! ¡Harto!
─¿Eh? ¿Qué es qué?─levantó una ceja extrañada. No sabía lo que era.
─¡Gay, Gionna! ¡Que le gusta los hombres!
En un principio no se lo creía. Es decir, estaban hablando del chico que se le insinuó esta mañana. Claro que eso no podía significar absolutamente nada. Así que dio una pequeña sonrisa y confió en que así fuera.
─Bueno, ya puedo estar tranquila.
─¿¡Qué!? ¿¡No te hace nada!? ¿¡No encuentras que es-!?
─No, no me afecta. Es más; me alivia saber que es solo un bromista y no un... bueno, una de esas personas asquerosas que hacen cosas en contra de su voluntad... ¡ay! ¿¡Cómo se llamaban!?

Justo en el clavo. Helio se ruborizó y echó la mirada hacia abajo, avergonzado.

─De modo que te fastidia que pueda hacerte cositas, ¿eh?─ Para incordiarle aún más con tal de divertirse un poco, se acercó a Helio, se apoyó en su hombros y le miró con una tétrica sonrisa don juanesca. Helio pateaba en el suelo con tal de que le soltara, sin resultado, mientras Dressela se reía. Minun también le irritaba que le hiciera estas bromas, y chisporroteaba dispuesto a hacer que lo dejara en paz, también Kyumbreon, que desde que empezó esta discusión estaba impaciente. Gionna estaba por adelantarse, pero necesitaba a Sceptile, y sabía que no la seguiría. Harto de que se prolongaran estas disputas, el Umbreon alzó voz.
─¿¡Queréis perecer en este lugar o no!?

Todos se lo miraron asustados por ese vigoroso e imponente grito proveniente de su mente. No parecía enfadado, sin embargo. Su rostro sugería calma, pero su tono lo contradecía.

─¿Estando en situación crítica y discutís si lo que se sale de lo normal tendría que sorprenderos o no para luego reírse del que le escandaliza? Vosotros humanos sois extraños.─ Hizo una pausa. Soel soltó a Helio y se disculpó, pero igual este no lo aceptaba como tal. Luego puso fin a su pequeño discurso. ─Ya tenemos al reptil. Acabemos con esto de una vez.

Regresaron a la zona por donde burbujeaba el magma y se soltaban los vapores, de camino hacia la valla que encontraron. Dressela y Sceptile, como cualquier pokémon de tipo planta, caminaban con temor a que ardieran al mínimo contacto con una de las ascuas circundantes. Kyumbreon iba delante, para advertir de alguna irregularidad temprana. Se fijó en la ausencia de un elemento que les impedía proseguir con la búsqueda más allá de las zonas por donde se situaban las cámaras de las cámaras de los Kingdra y Charizard. El charco de lava que había en el suelo ya no estaba. Era raro; la roca fundida no podía hacer más que ir en aumento, y ahora la grieta que destruía el suelo era un trozo negro.

Era extraño, y sospechoso. Alguien con un pokémon de tipo agua había pasado por aquí. Parecía que el Equipo Go-Rock habían entrado a reclamar el fruto de sus esfuerzos.

─Esperen. Podemos seguir por este camino en vez de ir a aquella caverna bloqueada por la valla. Si Entei hubiera pasado por ahí, seguro que lo hubiera calcinado.
─¿Y para eso he atrapado a este Sceptile?─el lagarto se le quedó mirando, ofendido por el tono que había empleado. ─Qué faena, tendré que liberarlo.
Sin más preámbulos, Soel despidió al geko selvático, permitiendo que este pueda volver a su guarida

Llegaron hasta la grieta que conecta el interior del volcán con la reliquia, y siguieron caminando, subiendo por las escaleras dejadas por los que veneraban a la bestia del monte. A medio camino, se encontraron con un recluta acompañado de tres Slugma que bloqueaba el paso.
─¡Pero, bueno, qué tenemos aquí! ¡Rangers! Sois vosotros los que provocasteis esto, ¿verdad que sí?
─¡No tenemos tiempo para que nos incordies!─ Gionna estaba hasta las orejas de contratiempos. Instantáneamente, Kyumbreon lanzó a las babosas llameantes con sus poderes psíquicos al candente lago de fuego espeso, devolviéndolos a su lugar de origen. El recluta, atónico, se quedó petrificado sin poder reaccionar.
─¿Quiere ser vos el próximo en fundirse con este infierno?
No pudo contestar. El recluta se quedó petrificado ante la brutalidad de ese animal. Lo único que pudo hacer era huir y dejarles seguir con su búsqueda. Se encontraron con más; Helio quería librarlos a todos capturándolos, pero Soel se ponía de por medio con Dressela y los dejaba fuera de combate al instante, ahorrándoles tiempo. Kyumbreon también colaboró golpeando a los pokémon que estaban de por medio y haciendo explotar directamente sus súpercapturadores. Pocos fueron los pokémon que quedaron ilesos. Helio no hacía más que quejarse; pero ninguna de sus réplicas se escucharon.

Llegados a un punto alto de las cuevas magmáticas, la tierra sacudió violentamente a son de un sonoro bramido. Tal fue el temblor que Gionna casi se cae de la colina. Por suerte, Kyumbreon tenía sus poderes psíquicos para impedir una nefasta y dolorosa muerte.
─Os dije que manteneros al borde en estas condiciones sería demasiado peligroso.─le dijo.
─Kyu, por favor, ahora no. Tenemos prisa.

La lava empezaba a burbujear con más violencia. Al menos aquel rugido les confirmó que fueron por buen camino.
─Cierto. Este calor ya empieza a rostizar mi pelaje.
─Entonces tendremos que entrar... preparados o no, allá vamos.─dijo Helio seguidamente.
─Yo no voy sin prepararme, eh.─bromeó Soel. Lamentablemente para él, ya iban a abandonarlo a su suerte. ─¡Pero no me dejéis atrás!

Entraron en aquella cámara. Siguieron recto hasta llegar a donde estaban reunidos los cuatro hermanos y a aquel hombre en frente del león con su bastón. Sus pasos fueron cruciales para que se percataran de que venían. El cuarteto se giró, y fue primero Emilio quién se quejó.

─¿¡Pero qué!? ¡El combo calamidad! No, espera, esto no es muy pegadizo... ¡La loca! ¡Sí, mucho mejor!
─Pero hermano... si ella no hizo nada, la pobre...─defendía a Gionna mientras señalaba apasionadamente a Helio con su dedo acusador. ─¡Fue él quien lo hizo! ¡Monstruo! ¡Has robado a mi amor!
─¿Qué...?─se preguntó Helio.
─Imbécil.─ Masculló entre dientes su amada querida. Soel, en cambio, podía hacer otra cosa salvo dar unas pequeñas carcajadas. Pero dejó de reír cuando Aina pronunció palabra.
─¿¡Acaso no paráis nunca!?─gritó Aina seguidamente.─¡Anda, pero si habéis traído a ese tío bueno! ¿Qué tal, guapo?
David se llevó la palma en la cabeza. Todos ellos estaban con sus manías. “¿Por qué siempre el mayor tiene que soltar todo el rollo?”, se preguntaba.

─Je, pero que oportunos que sois. Habéis venido... ¡Tarde! Entei es ahora nuestro. Tengo que agradeceros vuestra colaboración. Sin vosotros no lo hubiéramos conseguido.
─Lo lograsteis a partir de la elocuencia para que haga vuestro trabajo. Un método eficaz... pero rastrero.─ Rectificó Kyumbreon.
─Oh, ¿de dónde has salido tú, gatito? Eres demasiado inteligente para ser un pokémon.─ Dijo David.
─¿Lo soy? ¿Te crees acaso que los humanos sois los únicos seres pueden poseer legítimamente el sentido de la razón? Al menos los animales y nosotros los pokémon no utilizamos nuestra fuerza destructiva para satisfacer innecesarias necesidades.
─¡¿Me estás llamando tonto?!
David se sintió ofendido por ese comentario. Iba a mandar a un pokémon para que lo agrediera, mas el señor de pelo blanco le interrumpió.

─Bueno, bueno, bueno... Lo cierto es que yo tampoco os esperaba... Pero me importa lo más mínimo. Apartaos, hijos míos.

Estos se hicieron a un lado, y luego, aquel hombre volteó para mirar al trío.
─Mis... lacayos me han hablado mucho de vosotros dos. Sobre todo de ti. Te tienen mucha manía.

Gionna se sintió aludida con estas últimas dos frases.

─¿Sabéis qué? Ahora mismo sois los que más dais pena de Floresta.
─¿Por qué me incluye a mí? ¡Yo no tuve nada que ver!─ Replicó Soel.
─¡Silencio!─ Ordenó Gordor. ─como líder del equipo Go-Rock, yo, Gordor, os explicaré mi plan. Es una muestra de mi agradecimiento.

Se rió de forma desagradable, colocando los brazos en tal posición que pareciera una cruz humana.

─Parece que la leyenda de La Reliquia de la Selva era cierta. ¡Gracias a un par de tontorrones-!
─Gracias.─ Agradeció Soel por no incluirle esta vez.

─Que ella no hizo nada, que fue ese pedazo de burro, pa- digo jefe.─interrumpió también Alberto. Gordor gruñó por un momento.
─Pues gracias a UN tontorrón, superó la cuarta prueba. ¡Como resultado, Entei despertó, y hubo una erupción! ¡Este, con toda su energía, ha tenido el honor de ser capturado con mi último modelo de súpercapturador! Y veo que mi experimento fue todo un éxito. Está a mi merced. ¡Aquel estruendo que habéis sentido antes de entrar es la prueba! ¡Y también de que el Equipo Go-Rock es superior a la Unión Ranger! ¡Dentro de poco usurparemos las funciones de los Rangers!
─¿Provocando un problema que nadie pueda solucionar para que la gente reaccione y luego vosotros os presentáis como los salvadores para conseguir vuestros propósitos?─ Preguntó Gionna, para que luego exclame sugiriendo su poca originalidad. ─¡Qué típico!
─Je. Eres perspicaz. No me extraña que te hayas llevado el odio de mi cuarteto favorito. Mira, os haré un último encargo como Rangers.

Se apartó para que el león pudiera hacerles frente en cuanto se lo demandara.

─Si no se hace nada por evitarlo, este Entei causará otra erupción subterránea. No solo destruirá esta zona... este volcán está conectado con todo el subsuelo, así que arrasará también con todo el ecosistema de Floresta y arruinará a sus habitantes. ¿No creéis que eso sería terrible? ¡Dejadme que os asigne vuestra última misión como rangers! Estas son mis órdenes... No, ¡haced lo que queráis, no importa!

Mientras seguía con esas escandalosas risas, Entei rugía de dolor. Esto apenaba a Helio.

─Andáis muy confiado... mas tus últimas palabras tambalean en una falta de orden y sentido. ¿Creéis que somos incapaces?
─¡Bien dicho! Y por muy legendario que sea... no creo que pueda con Dressela. ¿Verdad, querida?─preguntó Soel a su pokémon, quien asentía con energía después de que su dueño pronunciara esa seguridad. Aunque ambos eran bastante conscientes de que se enfrentaban a un pokémon tipo fuego, su estrategia valía para cualquier obstáculo que se oponga.
─De modo que me retas... ¡Entei, a por él!
─¡Dressela, usa somnífero!

Una vez más, Dresela creó una nube de polen soporífero. Ya que Entei iba directo a por ella, no pudo evitar inhalar y caer presa del sueño. Luego usó Danza Aleteo para asegurarse el debilitamiento al primer, o quizá tercer golpe. Cuando Soel consideró que era suficiente, ordenó lanzar sus pétalos al felino durmiente. Pero algo falló en sus planes. O más bien, hubo un factor inesperado que estuvo ignorado por mucho tiempo.

Helio se lanzó al Lilligant mientras cargaba su Danza Pétalo, incapacitándola para esquivar. Por consecuente, tuvo que recibir el golpe de lleno, sin poder mandar aquel tornado rosado hacia el legendario.
─¡¿Pero qué haces?!─gritó Soel.
─¡No puedo dejar que hieras a más pokémon! ¡Estoy harto!
─¡¿Pero quieres que queme a toda Floresta?! ¡¿Es eso lo que quieres?!
─¡No! ¡Pero no creo que hiriéndolo sea la solución! Hay que...
Inoportunamente, Entei se levantó. Por aquella pequeña distracción, pudo azotarla con una potente ráfaga ígnea. Aunque danza aleteo potenció al máximo su resistencia ante ataques especiales, el fuego la dejó incapacitada para luchar más. Si no hubiera llegado a usar sus bailes preparatorios antes, las llamas hubieran resultado mortales para la dama. Tuvo que devolver a Dressela a su pokéball.

─Genial... y todo por tu culpa, Helio.
─Calla. Ahora verás como se hacen las cosas aquí en Floresta, capullo.

Helio, muy convencido de que así es como se tenía que hacer, sacó su capturador, sin recordar que los capturadores normales no iban a funcionar. De enseguida, Entei volvió a escupir fuego por su boca, directamente hacia la línea de captura. La energía sacada por el disco regresó de forma muy violenta, de tal forma que, aunque el capturador no había sufrido daños desde que acabó de capturar a Flygon, estalló en su mano, dejándole una dolencia más. Gordor rió satisfecho.

─Parece que este pequeño ajuste funciona muy bien. ¡He aquí un pequeño adelanto de lo que será mi proyecto final! Los súpercapturadores de los hermanos suben solo la mitad de su potencia... ¡Pero el mío la dobla, no, la triplica! Cualquier ataque que golpee a vuestros capturadores lo destruirá al instante. ¡Estáis acabados!

La situación acabó por dar un giro crítico. El charlatán de Gordor tenía su equipo de animadores y a una poderosa bestia; Soel no tenía a más pokémon, y no quería usar el capturador después de lo ocurrido. Helio tenía una quemadura extendida por la mano que le provocaba una hemorragia debido a la explosión de su aparato.
─Mierda... es fuerte.─se quejó Helio mientras trataba de soportar el dolor de su mano.
─¡No haber interrumpido mi ataque, descerebrado!
─¿¡Qué más querías!? ¡Ya tenía suficiente con el súpercapturador ese! Ay, mi mano.
─¡Bueno! Ahora no hay nada que podamos hacer, visto que me quedaría manco si usara el capturador...
─Oh, ¿dejarías que toda una región se destruyera por conservar esa mano que tienes? Tú no eres ranger.
─Solo sería un sacrificio en vano. Estoy siendo más inteligente que tú.─hurgó en la llaga para quemar sus ánimos. ─¿y ahora qué? Parece que hemos perdido... a no ser...

Sí... ya era tiempo de que Gionna al fin interviniera. No vio a Helio fallando en ser un héroe, así que toda la responsabilidad recaía en ella ahora. Si bien la mera traza no bastaba y la violencia era un extremo, estaba claro que debía de encontrar el término medio.
Algo que siempre hizo.

─Cuando vos ordene. Estoy preparado.

Suspiró para intentar calmarse. Sabía lo que conllevaría un solo error. ”En cuanto el guardián de los mares del averno sea liberado de sus ataduras sólidas, vegetación y vida perecerá en lumbre venida del subsuelo”...

Tenía que evitar que esa siniestra profecía se cumpliera. Quizá tuviera pocas posibilidades, pero aún podía hacer algo.

─Procede.

Kyumbreon se lanzó a por Entei con velocidad. El legendario no tardó en volver a atacar con sus llamas, pero el chacal de orejas largas bloqueó el ataque con protección; todo y que no detenía el calor que llegaba. Hasta la barrera en sí se calentaba a medida que las llamas azotaban su superficie.

Ciertamente era fuerte. Pero él tampoco iba a quedarse atrás. Contraatacó con un psíquico que le resintió, no suficiente para que Gionna pudiera asegurarse de poder capturarlo.

Entei volvió a la carga rápido, esta vez haciendo que la lava se abriera paso sobre la roca. Pudo esquivar todas esas columnas explosivas y volver a atacar, esta vez con pulso umbrío. El ataque hizo que Entei retrocediera y que Kyumbreon le pueda propinar otro apretón de musculatura con su mente. En cuanto pudo volver al ataque, Entei empezaba a flaquear. El lanzallamas lanzado en este momento ya no quemaba tanto como para poder sentirse bajo su escudo. Al parecer, la salud del pokémon era un factor determinante para que la potenciación proporcionada bajo los efectos del súpercapturador pudiera surtir efecto.

─¡Empieza a resentirse! ¡Sus llamas son más frías!─informó a Gionna telepáticamente. Era una señal. Ahora si recibía una descarga, todavía tendría otra oportunidad.

Kyumbreon se apartó para que pudiera rodearlo sin tener ningún obstáculo de por medio. Luego Gionna fue sacando su capturador y apuntó al león con la antena. Entei corría por todas direcciones para evitarlo; mas sin duda el trazo de luz dejado por el disco capturador era más presto que él.

Volvió al ataque con su Lanzallamas; por suerte para ella, lo que podría haber sido una traición por parte de su brazo fue una bendición que le ayudó a evitarlas. Ese temblor, ese desvío que hacía que el disco se fuera para abajo ayudó a evitar la ráfaga ardiente. Esperó a que cesara y escupiera todo el fuego que tenía dentro. Podía notar su cansancio. Parecía que no todo eran virtudes en ese prototipo, después de todo.
─Te tengo.
Pudo completar la captura sin más. El legendario estaba demasiado agotado para seguir.

Pudo terminar su trabajo antes de que volviera a recobrar fuerzas. Hizo regresar el disco y el halo lo oprimió expulsando ese mal que lo dominaba. Entei se quedó un momento paralizado hasta recobrar su sentido. Zarandeó la cabeza y huyó de las personas que estaban presentes. Los hermanos y Gordor, todos, incluso ella misma quedaron estupefactos. Una vez más, Gionna logró superar las trabas que le pusieron.
─Bueno... eso fue... bastante fácil... wow.─dijo.
─Concuerdo con vos. No fue ningún reto.
De nuevo, este soltó otro discurso.

─No me puedo creer que entre un solo pokémon y una ranger pudieran capturar a Entei... estoy más que sorprendido. ¡Pero no importa! Mi experimento ha sido un éxito completo. Nada me detendrá. Mi plan sigue avanzando... ¡Puedo capturar incluso legendarios sin necesidad de entrenamiento! Aunque tengo que hacer unos ajustes, está claro.

Ya estaban cansados de tanta charla. No podían quedarse más en este horno.
─¿Va a seguir esta cháchara? Pesado...─se quejó Gionna.
─Dejad que hable. Quizá nos revele sus planes a este paso.─sugirió Kyumbreon con tono sarcástico.
─No, que le den. Vamos a celebrar esta victoria con unos mojitos y una noche en la playa.─propuso Soel.
─Por una vez estoy de acuerdo contigo. Pero... mejor informemos a Carlos primero, ¿os hace?─acabó Helio.

Sin despedirse, y alegres porque habían superado la crisis, se marcharon sin más hacia la superficie mientras los dos rangers discutían quién iba a pagar las bebidas. Gordor se sintió ultrajado por este descarado abandono.

─¡Eh! ¿¡A dónde vais!? ¡No he acabado!
─Viejo, déjales, no necesitan tantas explicaciones... que se confíen.─ Le dijo David.
─Tienes razón, hijo. Así podremos atacarles por sorpresa y capturar más legendarios mientras. ¡La sorpresa que se van a llevar cuando vuelvan a encontrarse con nosotros!

Se rió escandalosamente. Pero David tenía una idea diferente.
─¿Más legendarios? ¡¿Estás de guasa?! ¡¿Teniendo algo más gordo que tres legendarios y vamos a ir a por más legendarios?!
─¡Eso es verdad! ¡Menudo gasto de energía estamos haciendo, por Arceus!─le acompañó Aina.
─¿Algo más grande? ¿Qué queréis decir?
─Mira... resulta que esa chica... Gionna, creo que era... tiene...


#69
Hello!!!!!!!!!!!! Inmediatamente te voy a hacer una aclaración, entiendo que uno en su vida fuera del foro tiene que hacer muchas cosas, a mí también me pasa, pero cuando uno deja pasar mucho tiempo sin publicar un nuevo capítulo, el lector se puede olvidar de la situación en los capítulos anteriores. Pero no me quejo, en tu fic me acordaba de gran parte de lo sucedido, y mientras leía recordé el resto.

Gionna y Helio deben terminar como parejas, me gustó ese momento en la historia, cuando Soel se burla de ellos. Además cuando se encuentran con los malos y todos hablan según sus intereses, ese toque de naturalidad hace que los personajes sean más cercanos al lector.

La captura de Entei la encontré muy rápida, esperaba un enfrentamiento más largo, sin embargo, me gustó el equilibrio que Gionna le dio media batalla y media captura. Muy interesante, fue como una evolución de la manera de pensar del personaje.

Ahora, la intriga correspondiente al capítulo. Eso de al final. ¿Qué es lo que tiene Gionna? ¿De qué se percató Gordon? ¿Qué es lo más grande que un legendario? ¿Está relacionado con Gionna? Muchas interrogantes y no se me ocurre ninguna respuesta.

Bueno. Espero, parece que no tan pronto, un nuevo capítulo. Ciao.


Lean mi fic: La Historia de Jack Evans
Soy Elven king
(Por si alguien no me reconoce)


#70
Cita:
pero cuando uno deja pasar mucho tiempo sin publicar un nuevo capítulo, el lector se puede olvidar de la situación en los capítulos anteriores. Pero no me quejo, en tu fic me acordaba de gran parte de lo sucedido, y mientras leía recordé el resto.


¡Ya lo sé, ya lo sé! Supongo que por eso perderé lectores, ¡pero holly molly, tengo prioridades!
Y... tendría que seguir escribiendo el otro... pero no puedo porque aún tengo que animar algunas cosas... ay... x-x
Pero bueno, te has acordado de lo que ocurrió en el anterior capítulo... eso es buena señal ouo
Y sí. La batalla de Entei fue muy rápida. Era algo de lo que me fijé anteriormente y pensé arreglar, peeero... se me pasó. TuT

Tampoco es que fuera un capítulo muy denso este. Podría haber prolongado el combate perfectamente. Bueno, supongo que será una nota para cuando lo publique por Wattpad.

...

En fin. Traigo un capítulo puente. Quizá con un poco de relleno; pero rlly, es que era muy corto. Supongo que estaba perezosa cuando lo estuve redactando... oh, well.
Cheerio~!

Capítulo 25


Spoiler
Las temperaturas subieron levemente en la Sierra Oscura. El astro rey calentaba tímidamente la cordillera nevada bajo los estratocúmulos que cubrían la cordillera. El día anterior estaba bajo un manto de nubes tormentosas que traían consigo una ventisca. Por aquellos vendavales glaciales, Emily y Spyrox tuvieron que refugiarse en una madriguera deshabitada en todo lo que quedaba de día. Al menos se llevó el anorak azul de los rangers de Hiberna y los guantes; pero pronto tenía que deshacerse de ellos. De otro modo, el plan no podría dar comienzo.

Si no fuera invierno, el camino resultaría más fácil. Habría unas escaleras pétreas que conducirían al pico de la montaña. Pero precisamente, en este año, la nieve que las cubría no pensaba derretirse hasta que se acabe el mes de marzo. Habría que ponerse a escalar las paredes. Desde luego, Elena sabía como estaría la sierra cuando ella viniera.

Se descargó la mochila para ponerse los crampones, el arnés, las polainas y agarrar las piquetas. De paso también sacó las cuerdas y ató una de ellas a Spyrox. De poco servirían sus garras para sujetarse por la pared nevada.

Las afiladas puntas de las suelas incorporadas y la de las piquetas le ayudaban a subir. Pero desafortunadamente, parece que Elena se olvidó de Spyrox. Sus pies, adaptadas a la vida selvática, se hundían; y si no fuera por la cuerda, la habría perdido de enseguida. Hacía todo lo posible para seguir el ritmo de Emily.

En cuanto subieron ya a una altura considerable, el grovyle dio un paso en falso. Una porción de nieve fue en descenso, haciendo que pierda el equilibrio.
Emily sintió cómo su peso trataba de hacerla bajar rodando por la ladera. Ella se agarró fuerte a sus piquetas, resistiendo como podía. Miró hacia abajo, pudiendo ver cómo su querida gecko luchaba por sujetarse en las paredes congeladas mientras se iba arrastrando lentamente hacia el pie de la montaña. Peor aún; estaban a pocos pasos de terreno llano, y estaban por perder todo el recorrido... e incluso la vida si ella no llegaba a pisar tierra estable.

Se dispuso a picar la escarcha y adherirse a la pared como podía, haciendo un monstruoso esfuerzo por ascender. Spyrox hacía lo que podía por reducir su peso. Finalmente, el pico de sus martillos afilados alcanzó la roca bajo la nieve.
Ya habían llegado hacia la segunda parte más alta de la montaña. Ahora solo faltaba hacer subir a su Grovyle con ella y no morir en el intento.
Clavando bien la suela de sus zapatos en la nieve, sujetó bien la cuerda con sus manos protegidas con gruesos guantes. Spyrox intentaba ser más liviana aplicando la suya propia.
Pero no hacía más que entorpecer. La garra metálica se le resbaló una vez más, y la cuerda le dio otro tirón hacia abajo. Sus pies estaban cerca del borde del abismo. Spyrox soltó un carraspeo de pánico.

Pero ella no iría a dejarle caer. Ni por asomo.
Hizo un último esfuerzo para subirla. Fue retrocediendo con fuertes pisadas para asegurarse que no le venciera la gravedad. Fue tirando la cuerda hacia atrás lo más rápido que podía.
Y finalmente, Spyrox pudo llegar. Se tiraron un momento por la nieve y trataron de recuperar el aliento por un momento.
Al fin estaban a salvo. Pero aún no podían descansar.

Siguieron subiendo por una empinada subida. Por si no hiciera suficiente frío por el pie de la montaña, el aire de la cumbre se volvía incluso ártica. Caminaron por terreno plano mientras Spyrox miraba sobre su propia cabeza. Algo había captado su atención.
Pensando que su Grovyle volvió a caerse de la montaña dio un tirón a la cuerda. Pero la cuerda seguía en línea recta. Parecía que se estaba entreteniendo.
Sin más remedio, fue a ver qué era. Desde abajo había una puerta cerrada a cal y canto. Inscripciones de llamas estaban dibujadas en la piedra junto a varias inscripciones. Era todo lo que podía ver.

Historias había oído de ese lugar mientras estaba formándose en la Escuela Ranger. Cuando los primeros humanos se asentaron en la región, no tuvieron la vida muy fácil. Los frutos en los bosques eran bastante escaso, y a la fauna no era para nada fácil de cazar. Apenas había algún animal que no tuviera “poderes mágicos”, como dirían antaño. Tan solo podían apropiarse de pequeñas alimañas como podrían ser Poliwags, Lotads... tal vez Wurmples y Spinarks. Pero estos dos últimos eran tóxicos para el consumo humano.

Tan solo quedaron doce personas en esa región. Muchos fallecieron en enfrentarse erróneamente a monstruos más grandes, o simplemente no pudieron evitar que la hambruna pusieran punto y final a sus vidas.
Tras una larga charla de cuatro días, fue cuando se dieron cuenta. No podían tratar a esos seres ni a la misma naturaleza como enemigos suyos, si no que debían de estar codo con codo para poder sobrevivir. Ya lo hacían entre ellos; ¿por qué no lo mismo con los pokémon?
Aquellos seres orgullosos de su fuerza rehusaron de ese trato. En cambio, otros más apurados y bondadosos prestaron su ayuda. Humanos y pokémon crecieron juntos y aprendieron entre ellos.
Pasado un siglo, empezaron a construir un gran templo para conmemorar su unión.
No era una historia que le entusiasmara mucho, a decir verdad. Pero fue una de las cosas que inspiró la creación de la unión.

Claro que ese no era el destino que debía de llegar. Tenía que estar más abajo.

No se entretuvo mucho contemplando la puerta de piedra y fue descendiendo con cuidado por la ladera. El terreno ya no era tan empinado como antes. Gran parte del equipamiento se hacía innecesario. Guardó todo lo que se puso para escalar menos el arnés y las polainas; estas últimas porque le daban calor. Fue para la única dirección posible, y no tardó con encontrarse con otro obstáculo.

Una gran tromba de agua detenida. Líquido transparente y puro que se solidificó. El camino se cortaba con aquella cascada congelada, escalable, pero insegura. Claro que había otra opción. Entre esquina y otra, había un trozo de roca cubierta de escarcha con un poste de madera que acortaban las distancias entre costado y otro. No había Tangela que estuviera fuera para que usara sus enredaderas para trasladarlas al otro lado, ni ave que pudiera pasar al lado de la cascada. Spyrox podía saltar y llegar al medio fácilmente, pero el peso de Emily no la dejaría impulsar lo suficiente para poder llegar. ¿Cómo podría ella reunirse con su Grovyle en cuanto esta estuviera en la otra punta?

Cada lado de la sierra que conectara con el nacimiento del río tenía postes de madera, además de aquel trozo aislado. Y ella tenía una cuerda bien larga y resistente. Solo tenía que saber si llegaba. Ató la tira trenzada de fibras sintéticas a aquel clavo de madera y pidió a Spyrox que saltara al otro lado sujetando la tira. Esta retrocedió y fue dando pequeños saltos para coger impulso para que al final pueda llegar a la nariz de la cascada. La fuerza con la que aterrizó impidió que se resbalara. Ató los cabos en el poste y en cuanto acabó con esta porción de tierra saltó a su destino, con algunas dificultades debido al hielo. La cuerda llegaba justa. Ahora Emily podía cruzar, aunque sea aferrándose a una soga. Al menos, sus manos estaban protegidas por los guantes. Mas no había protección para las articulaciones, y le resentían. Tomó un breve receso y siguió. No hubo percances. La ranger llegó agotada, pero la cuerda no rompió, ni se desató. Estaba convencida de que no quedaría mucho. Sin embargo, del sitio indicado a su situación le separaba una ladera muy empinada. Al menos esta era pura roca, aunque no por ello sería menos arduo.

Sin embargo, tenía que llegar. Por Elena.

Se pusieron a escalar de enseguida. Spyrox llegó primero a la cumbre debido a sus habilidades naturales, además de que no se cansó mucho al cruzar la cascada. Pero su compañera Emily estaba agotada. Además, el calzado no era el adecuado, y no se había quitado los guantes. Tiró sin querer una piedra con la mano. La gravilla caía desde noventa-y-siete metros de altura. Los guantes no le ayudaban a agarrarse…

Se resbaló. Y acto seguido, se fue precipitando al vacío. Menos mal que no llegó más lejos, pues agarró su otra mano antes de que tocara suelo. Era demasiado peso para Spyrox; hasta le costó horrores llevarla de nuevo hacia esa cumbre.
Por lo menos sabían que habían llegado al fin.

Estaban enfrente de la roca por donde se suponía que escondía la guarida de los bandidos. Llegó el momento de descargar cosas mientras Spyrox buscaba cómo acceder. Puso la mochila detrás del canto rodado y guardó toda prenda que diera la pista que era parte de la Unión Ranger en la bolsa, junto con el equipamiento; incluyendo el capturador. De pronto, la piedra redonda y rugosa se levantó súbitamente. Su grovyle encontró el botón que daba acceso a la base. La llamaba para que se diera prisa y entrara en el ascensor que acababa de aparecer. En cuanto entraron, las compuertas cerraron y la roca falsa volvió a posarse al suelo.


Después de una semana de descanso en Villaestío, el ranger local Helio y la entrenadora Gionna debían de regresar a Otonia. Carlos les dejó dormir más de lo permitido en ese periodo de tiempo por su heroica intervención; aunque Helio fuera causante de aquella calamidad, admitía que la ignorancia y el engaño le jugó una mala pasada. Se le eximió de todas las culpas y le dieron un merecido descanso… o eso es lo que hubiera tenido de no ser porque requería atención médica inmediata. Las quemaduras y las heridas que el capturador le habían dejado no eran moco de pavo y tenía que ser tratado por el médico del pueblo.

Por el contrario, Gionna pudo disfrutar de unos días en la playa. Ya que ella fue quien pudo aplacar la ira de Entei, el chiringuito le regaló tres días seguidos de tapas y bebida gratis, para ella y todo su equipo. Obviamente Soel se quejó de que solo fuera ella quien tuviera los beneficios por el mero hecho de que él también estuvo allí. Al menos logró que Gionna le consiguiera una cena gratis.
Y, por una vez en su vida, fue reconocida como aquella quien salvó el día. Organizaron una fiesta en su honor, con bailes tiki y malabares y mucho alcohol. De hecho, durante su estancia y sus visitas por la playa se aficionó bastante a los mojitos y la piña colada.

La mejor semana que tuvo desde que llenó a Floresta. Y bien ganada que la tuvo.
Pero todo tenía que llegar a un fin. Mientras estaba tumbada en la cama plegable tomando el sol y una copa de piña colada, el capturaror sonaba dentro de la mochila.
Con lo bien que estaba absorbiendo toda esa vitamina D...
Tuvo que bajar el brazo y remover entre las cosas para abrir la solapa y contestar.

─¿Diga?
─¡Eh, Ginny! ¿Cómo te van esas vacaciones? ¿Se está bien en Villaestío?
─Bueno... aquí me compensan como es debido, por lo menos.
─Ya me lo contó Carlos, que te dieron una buena fiesta.
─Meh, es lo de menos. Me ha dicho Helio que mañana volvería a Villavera, ¿verdad?
─Eh... de hecho... hubo un pequeño cambio de planes. Vas a tener que quedarte en Otonia y... justo ese mismo día tendrás que emprender otra misión.

─¿Qué...?─ Se disgustó. Pensaba que podía tomar un pequeño respiro de un día al menos; mas parece que su jefe no se cansaba de darle la tabarra, incluso después de las hazañas que llevó a cabo en el subsuelo.
─Lo hemos hablado antes, y hemos acordado en que tú lo ayudarías. Julio te dará los detalles de la misión.
─¡Pero Alejandro, dame un día más al menos!
─No, no puede ser. Necesita ayuda, ¿sí? Y Carlos me ha comentado que Helio no podrá capturar durante un tiempo. Y como te niegues, ya sabes lo que haré por tu equipaje. Cuelgo. Y no me falles.

¡Endemoniado equipaje! Tenerlo en la base de Villavera no le traía más que problemas. Si no fuera porque pensó que su estancia sería prolongada y fuera un despiste, no podría chantajearla. Pero ahí tenía su maleta y bandolera, como posibles candidatos a ser la madera de la caldera. Su enfado se hizo evidente al cerrar bruscamente la solapa y soplar fuertemente de forma que los pelos de su flequillo se levantaran.

Y he aquí... después de un largo y agotador viaje en lomos de Lapras, ahora estaba en frente de las puertas de la base de Otonia una vez más, preguntándose qué demonios habían hecho esos malandrines para que interrumpieran lo que al fin era unas vacaciones.
Al menos no podía decir que se fue sin unos recuerdos... y algún que otro amigo.
Pero esa no era la cuestión. Las vacaciones ya las tuvo. Ahora tocaba trabajar. Trató de entrar imponente en la recepción; sin embargo, sus pasos se notaban bastante pesados.
─¡Oh, buenos días, Gionna!
─Hola Ana... er... ¿dónde demonios está Julio?
─Ha salido. ¿Por qué no te sientas de mientras mientras te preparo un café?
─Muy amable, pero no me apetece nada.
─¿Estás segura? Te ves muy cansada.
Tal vez, pero el café no era un brebaje que no fuera de su gusto. Aunque también debía de pensar en sus compañeros.
─Bueno, va, si tanto insistes...─dijo mientras tomaba asiento y esperaba pacientemente a que Ana saliera con un vaso que ni siquiera había pedido.
Al contrario de lo que ella esperaba, Julio había entrado después de un corto tiempo.

─Anda, ¿ya estás aquí?
─Yep. ¿Pero no se suponía que no me obligabas a hacer misiones?
─Lo siento, no tengo otra salida. Ariadna se fue a Almia, y necesito que alguien haga este trabajo.
Parecía que Julio le urgía que alguien haga el trabajo de la veterana una vez más. A veces se preguntaba por qué demontre no contrataban más personal en vez de darle la tabarra a ella.
Tampoco era como si se pudiera negar, igual.
─Bueno, si tanto te urge, voy ahora.─iba levantándose mientras se mentalizaba para volver a las andadas obligadas.
─Espera. Hay alguien que te tiene que acompañar.
─Ah, bueno, bueno, me siento.
No sabía quién era, ni remota idea tenía. ¿Era un escolta? Probablemente. No podía ser otro ranger, pues la única que trabaja en Otonia es Ariadna, que ella sepa. Y ella estaba en otra región. Como sepa algún día de que se fue para evadir sus responsabilidades, le haría algo. Pero por el momento no sabía el por qué se tuvo que partir a otro lugar. Quizá solo se lleve su eterno desprecio. Era lo más probable.

Sí, definitivamente, no le haría nada; tal vez ni siquiera se acuerde de su cara, al fin y al cabo, solo la vio una vez, y era muy fácil que se olvidara de como era.

Pero quién entró no era nadie que desconociera de vista. Pudo ver a un anciano canoso sujetándose en su bastón. Sabía que visitó la base mientras estaba esperando a que sanara esa herida, pero no se acordaba de su nombre. Entonces le vino un momento de lucidez. “Se llama Agobios”, le dijo una voz mental. Pero antes de llamarle por ese mal apodo, ellos estaban charlando.

─Ah, al fin... tenemos escolta... ¡Oh, espera, pero si tú eres...!
─Gionna.─ Finalizó la frase por él. Era evidente que preguntaría por su nombre. ─Y usted... creo que era Agobios, ¿no?

─¿A-agobios...? ¡Ah! ¡Tú eres esa ranger vendada! ¡Menudos modales que tienes, mira que llamarme así...!
─¿¡No-no era Agobios!?─ Ahora preguntaba la entrenadora temerosa de ganarse su enemistad. Oía unas risas de fondo. Entonces es cuando se dio cuenta de que fue víctima de una broma.─Disculpe... mi umbreon me la ha jugado.
─Pues yo no veo ningún umbreon. La verdad, te veía más educada.─ Dijo Julio. Por supuesto, el gato negro no estaba fuera. Parece que se le había olvidado que era entrenadora. Ranger solo lo era cuando no podía recurrir al debilitamiento del contrario, o cuando no quería hacerle daño. Le respondió picada, pero sin desdén.
─¡Claro que no! Es que está aquí dentro.─ Tuvo que sacar la pokéball de Kyumbreon de la torera y sacarlo. ─¿Lo veis?
Ambos superiores la miraban escépticos. Kyumbreon no dijo palabra cuando fue expulsado a la luz de la base.
─¿Y tu umbreon te la ha jugado dentro de su pokéball?─ El jefe rubio no acababa de creerse que el felino haya podido fastidiar a su entrenadora desde su cápsula. Ya sabía que podía comunicarse por telepatía, pero no estando desde la pokéball.
─Pues sí, puede.

Ambos superiores no acababan de creerse sus palabras. Les costaba pensar que este podía hablarle sin necesidad de tenerla cerca. No obstante, Kyumbreon ya tuvo suficiente diversión, y él mismo, indirectamente dio a entender que él le dijo que Gobios se llamaba Agobios.

─Sois sosa cual sangre de Poliwag.

Pero no dijeron nada al respecto. Ni repulsaron la comparación, siquiera. Sea cual fuere el origen de esa provocación, Julio tenía que comentar lo que tenía que hacer.

─Bueno, vayamos al grano.
─Un momento, que Ana está haciendo café. Empiézame a contar cuando lo tenga en la mesa, ¿sí?
─Eh... pero es importante.
─¡Lo-lo siento! ¡Se me ha estropeado la máquina!─se escuchó por el fondo. Kyumbreon se iba a quedar sin café esta mañana. Eso no le complacía para nada.
─Bueno. No importa. Cuenta qué tengo que hacer.
─Bien. A dos calles de aquí hay una fábrica llamada Turnoche. La fábrica estaba abandonada... sin embargo, parece que el equipo Go-Rock se ha apropiado de ella y la está utilizando para fabricar súpercapturadores. No sé cómo han logrado suministrar electricidad al edificio, pero tenemos que detener su producción.
─Eh, espera un momento.─interrumpió la novicio.─, si tengo que cortar la suministración eléctrica... ¿qué pinta el profesor aquí?
─Permíteme explicarte, joven. Julio me ha comentado que han modificado sus capturadores, y quisiera ver qué han cambiado. Es muy importante que mire esos aparatos, ¿sabes?

Gionna asintió con la cabeza. Ahora era hora de que Julio la mandara a fuera.

─Bueno, entonces ha quedado claro lo que tienes que hacer, ¿no? siento meterte en este lío...
─Tranquilo. Me estoy empezando a acostumbrar.─dijo la entrenadora con resentimiento.
─Entonces vamos, ¿no? ¡Venga, vamos, fuera! ¡El tiempo apremia!

El profesor Gobios apresuraba a Gionna, con empujones, mientras ella se quejaba de sus enfermizas ansias por llegar a la fábrica. Le encargaron un trabajo duro con un escolta que hacía perder los nervios. Mientras caminaba hacia la fábrica haciendo caso omiso de las indicaciones de Gobios.


#71
:o!!!!!! Aún me causa curiosidad lo que busca esa muchacha de al principio y el papel que desempeñará en la historia, parece ser algo realmente importante, y eso lo pienso ya que le dejaste una buena parte del capítulo a eso.

Bueno, como dijiste, un capítulo puente con algo de relleno. No puedo comentar mucho más que el profesor Gobios parece que será alguien un poco agobiante. Esa broma que le juega Kyumbreon a Gionna me gustó, permite un pequeño desarrollo de los personajes, lo que nunca están de más esos detalles.

Aún me intriga lo que sabe el líder de los Go-rock sobre Gionna, sobre qué se percató. Tal vez en los sucesos en esa planta abandonada se esclarezcan más detalles.

Espero un nuevo capítulo, aunque no te puedo exigir que sea pronto, recién pusiste este. Ciao.


Lean mi fic: La Historia de Jack Evans
Soy Elven king
(Por si alguien no me reconoce)


#72
Cita:
Aún me intriga lo que sabe el líder de los Go-rock sobre Gionna, sobre qué se percató. Tal vez en los sucesos en esa planta abandonada se esclarezcan más detalles.

Espero un nuevo capítulo, aunque no te puedo exigir que sea pronto, recién pusiste este. Ciao.


PFFTBWAJOJOJOJAJAJAJAUAJAUAJUAAJAUANJFANGJANGJKGNGALJGA.
Nope! ¡Aún no! O puede que en el siguiente lo aclare... hmmmm... nah, creo que hasta el 38 no va a haber mucho acerca de ello.
Anyhoo... el siguiente viene el gran fiasco, así que pueeeede que tarde un poco. Ya saben, entre trabajos, y proyectos, Y QUE NO HE ESCRITO AÚN EL CAP 17 DE FDC GODDAMMIT [?] va a costar un poco.
Me da que se va a notar un poquito el palo que ya me daba continuar este fanfic... aún me sigue dando [?]. Pero bueno, no sé por qué me motiva corregir más este fanfic ahora que no seguir con los "casi originales". Supongo que aún le tendré cariño a este fanfic.
Well. Publico ya, que ya estoy dejando de lado mis deberes :V
Cheerio~!

Capitulo 26


Spoiler
El edificio aparentaba estar aún en letargo. No había nada que indicara de su actividad; ninguna columna ascendiente de humo negro ni aspas que giraran... claro que, desde el punto por donde estaban situados, el ingeniero, la entrenadora y el umbreon no podían divisar ni la entrada al edificio con esa puerta metálica bloqueándoles el paso. Y tampoco es que emplearan leña o carbón para hacer funcionar la maquinaria. En realidad, no había nada que indicara que la fábrica siguiera operativa desde la lejanía. La única evidencia era la pantalla incrustada en el muro que impedía que los intrusos entraran.

Gionna intentó abrir la puerta, tratando de correrla tirando de los mangos; pero sus esfuerzos fueron vanos. Aún así, y con Kyumbreon implorando que parara, insistía. Estaba cerrada a cal y canto. Gobios estuvo más atento a las teclas del muro. Antes de que su guardaespaldas fuera directa a abrir la puerta, ya sabía lo que necesitaba.
─¡Para, para, para, que no lo vas a abrir! Necesitamos una contraseña.
─¿Una contraseña...verbal?─ No avistó la pequeña pantalla estrecha acompañada de las teclas enumeradas. Gionna no entendía para qué necesitaban una contraseña. De pronto vio la pequeña pantalla. ─Oh, vaya, seré idiota...
─No pasa nada. ¡Échate a un lado y admira el poder de mi inteligencia!

No le hacían falta apartarse, pues no estaban delante del pequeño ordenador. Gobios se acercó a la pantalla y pensó en voz alta con tal de demostrar su alto coeficiente intelectual.
Razonó. Solo necesitaba dos números.

Dos.
El nombre de la banda lo componía dos palabras.
Una de las dos palabras tiene dos letras.
Y esas letras tienen semejanza con dos números.
G-O.
Seis-cero.

Su arrugado dedo pulsó aquellos dígitos mientras decía que debería de funcionar. Al acabar, las puertas se abrieron lentamente.

─Nunca pensé que sería tan fácil…─dijo el anciano con cierta sorpresa.─, en fin, entremos.

Pasaron por la abertura de aquel muro de hormigón. Fueron por la primera entrada que vieron. Era automática, hecha de dos cristales, pero al parecer no funcionaba. No había tecla alguna para insertar un código, al contrario que el portón principal.

─La puerta automática no responde.─ Dijo Gobios al ponerse enfrente.
─¿No responde, dice vos? Tendrá que sucumbir a mis poderes. Le recomiendo que se aleje.

Las tiras de pelaje de Kyumbreon ondeaban hacia arriba, preparando un choque psíquico para quebrar las ventanas. Pero Gobios interrumpió el ataque.

─¡No! ¡¿Qué haces, insensato?! ¡Vas a llamar la atención!
─Por favor, profesor... ¿Creeís que habremos pasado desapercibidos abriendo las compuertas? Más dará si quebramos cristales, porque ya sabrán que estamos aquí.
─No, no. No tienen cámaras en la entrada.─rectificó Gobios.
─Además, no sois quién para darme órdenes. Voy a derribar esta puerta, aquí y ahora, guste o no.
─Kyu, para, no.─ordenó su entrenadora. ─, Gobios tiene razón. Llamaremos mucho la atención si rompes la puerta.
─¿Acaso sabe alguna otra entrada?
─No, Kyu, no me sé ninguna entrada más. Pero tampoco sé si no hay. ¡Vaya, no sabemos nada de este lugar! Hay que mirar primero.
─Pero será tedioso, aburrido y un proceso muy lento. Mejor destruir la puerta, ¿no le parece, mi señora?─ Intentó persuadir Kyumbreon con las palabras que menos le gustaba. Esperaba su resignación; mas en vez de eso, se quedó callada, mirándolo con frialdad. Luego sacó su pequeña prisión del bolsillo. Lo hizo grande pulsando el botón central, y apuntó el centro de la bola a Kyumbreon.

─Vuelve a tu pokéball, Kyu. Estás loco.

La pelota lanzó un rayo rojo que dio al felino y lo absorbió.

─Siento si le molesta que trate así a mis compañeros...
─No, no me hace nada. Hiciste bien. ¿Eres entrenadora?
─Sí, así es.
─Pero si eres entrenadora, ¿qué haces en la unión?
─El jefe del pueblo de al lado me la ha jugado. Y no me considero ser parte de esa unión de la que tanto habláis. Al fin y al cabo, no suelo emplear los mismos métodos.─dijo. ─Pero bueno. Ya que estoy aquí voy ayudando.
─Ya veo... pues muy bien, seas quien seas, no querrás ser ranger y tendrás pokéballs, ¡pero mientras esté yo, acatarás nuestro reglamento! ¿Entendido?
Eso fue muy raro. Que alguien le pida seguir unas normas de las cuales no estaba muy de acuerdo. ¿Llevar a un pokémon acompañante? ¿Con un límite de siete más? ¿¡Liberarlos después de usarlos!? ¡No! ¿¡Cómo!?
─¡Pero bueno! ¡¿Ahora?! ¡¿En medio de una misión de infiltración!?
─Por favor, solo quiero evaluarte. Ya te diré cuando hagas algo mal.

Esas órdenes le vinieron como un cubo de agua fría cayendo desde el borde de la puerta. Y para colmo sus intenciones no le quedaron muy claras. ¿Evaluarla para qué? ¿No se suponía que ya estaba dentro de esa tan mencionada unión? Quizá Julio se opuso a su ingreso después de que Kyumbreon le contara lo que le hizo Alejandro. O simplemente quería ver como se desenvolvía con la máquina de marras. O quería hacer esa mencionada prueba de acceso que los aspirantes debían de hacer, ¿podría ser?

De igual modo, tenía que centrarse y hallar la entrada alterna. Realizar este paso para acceder a la fábrica no les costó nada. Tan solo fueron a la derecha para encontrarse una cornisa de hierro algo roñoso. Directamente, Gionna se agachó para levantarla y hacerla chirriar. Por cortesía, dejó pasar a Gobios primero. Después se quedó atrás, a falta de seguridad.

Dentro del almacén por donde acababan de acceder habían grandes cajas metálicas, pero sin ningún producto pendiente de importación en el interior; eran solo meros obstáculos plateados que ocupaban espacio molestamente. Al lado de estas cajas, estaba un puente formado únicamente por vigas y alambre grueso, por donde celaba, con su mirada, un canino atigrado. Pero tan acostumbrado estaba a ver a gente entrar y salir que ya no se empeñaba en defender la parte inferior de su territorio con sus ascuas.

Había un solo camino para poder subir las escaleras; no obstante, estaba bloqueadas por unos tablones mal clavados, pero igual difíciles de retirar por estar muy astillados. Era una oportunidad de oro para que Gobios pudiera saber si Gionna tiene alguna noción sobre “eliminar obstáculos”, o lo que es lo mismo; emplear el potencial de los pokémon del entorno para abrirse paso.

Desafortunadamente para su curiosidad, ella se decantó más por elegir a su leal amiga Lombre como compañera para que liquidara a esa maldita “mala estructura del demonio” propinando furiosos zarpazos que acabaron con la madera podrida.

─¡No, no, no, no, no! ¿¡Qué haces!? ¡Tenías que salir y buscar a un pokémon con el movimiento campo corte! ¿¡Por qué has utilizado a uno de tus pokémon para eliminar el obstáculo!?
─En mi defensa… diré que es mi acompañante principal.
─¡Ah, no, basta de usar tus propias pokéayudas! ¡Desde ahora nada de utilizar a tus pokémon! Sí, que pueden salir fuera, ¡pero eliminar obstáculos ni lo sueñes!
─¿¡Qué!? ¿¡Y entonces qué hago cuando me encuentre un obstáculo como este!?
─¡Capturando un pokémon salvaje! ¿¡Acaso no has capturado tú nunca!?

Gionna empezó a mirar si su limitada reserva de pokéballs vacías era la adecuada. Pensó que la estaba retando a perseguir la misma meta que aquel entusiasta enclenque de que tanto había oído hablar.

─¡No, con el capturador! Válgame Arceus, cómo va esta juventud…
─Ah, ya me parecía raro a mí.

Lol empezó a tener manía al hombre de pelo canoso. Estaba obligando expresamente a que use la máquina revienta-manos que la salvó de la influencia de otra máquina lava-cerebros.
─¿¡A qué esperas!? ¡Vamos, vamos, vamos, sube esas escaleras, venga!
─¡Joder, ya voy, dita sea!

Después de que Gobios diera un apuro, subieron las escaleras. Habían pasado de estar en un suelo alambrado por uno blindado en acero verde. Un recluta envidioso los esperaba para expulsarlos, mostrando su desprecio.
─¡Ah, Rangers!─exclamó mientras enviaba sus Voltorbs para atacar. Gobios se alarmó cuando rodaron hacia ellos, dispuestos a sacrificar sus cuerpos por ellos.

─¡Oh, venga, saca tu capturador, vamosvamosvamos!

Pero para cuando Gionna quiso sacar aquel instrumento de su mochila florida, Lol ya se encargó de dejar fuera de combate a esas bombas. El recluta no tuvo otra que huir despavorido.
─¡Demasiado lenta! ¿¡No tienes un cinturón para poner el capturador!?
─No… no tengo.─contestó como si nada.
─¡Y encima ha atacado sin que le dieras órdenes! ¿¡Pero cómo has entrenado a tu lombre!?
─Hombre, debilitando a pokémon de otras personas y a veces salvajes, ¿no es así como se entrena un pokémon?
─¡No, no, no! ¿¡Pero qué has hecho para que actuara por su cuenta!?
─¡Ah, eso! Pues simplemente actuó por instinto. No voy dando órdenes siempre.
Entonces se dio cuenta de por donde iba los tiros.
─No estarás pensando que los entreno para matar, ¿verdad?
Su bigote no hizo ningún movimiento.
─No sé tú, pero a mí no me parece bien que mis pokémon esperen siempre a mis órdenes. Si Lol quiso protegerme de esos Voltorb, bueno, ¿qué se le va a hacer?
─¡Pero se supone que tenías que tenías que capturarlos, CAP-TU-RAR-LOS, no derrotarlos!
─¡Que sí, que sí, pero que no me ha dejado! ¡¿No tenías prisa, tú!?
Ahí le había dado. Era mejor no entretenerse más.

Salieron al exterior de la fábrica un momento, pisando un puente de alambre y vigas sustentado por cajas de madera. A sus espaldas, podía verse más claramente el techo de fibra de amianto del almacén. Desde arriba se podía ver a aquellos cuatro hermanos que osaron tenderle una trampa.
Pero estaban tan absortos con sus ensayos que no se percataron de la presencia de los intrusos.

Gobios no sabía quienes eran; según los informes, eran cuatro personas quienes tenían el liderazgo, pero no había ninguna referencia visual ni descripción de su aspecto.

─¿Y estos quiénes son?
─¿No sabes quiénes son?
─No.
─¿Pero tú no eras un alto cargo o algo similar?
─¡Solo soy profesor! ¡Aquí los informes no me llegan a tiempo!
─Arceus mío, ¿es en serio?
─¡Sí!
─¡Pero no chilles, no querrás que nos vean! ¿O sí?
─¡Qué nos van a oír, si están afinando!
─Oye. Estos cuatro son los Hermanos Go-Rock. Son los jefes de la banda. Si nos ven, vamos a estar perdi...
Como si los hubieran oído, Alberto miró hacia arriba para ver que eran esas voces chillonas. Después de ver a Gionna, dio una amplia sonrisa y saludó con la mano.
Algo que ella no pudo hacer nada salvo darle una mueca de asco.
─Como sea. Vámonos de aquí antes de que empiecen a hacer ruido.

En cuanto empezaron a tocar, los tres fueron prestos a la entrada de la factoría. Pero al parecer, los cristales de esa destartalada factoría eran demasiado delgadas como para apaciguar los rugidos de la guitarra y el bajo; un ruido al cual el anciano despreciaba con toda su alma. Afortunadamente pudieron ver una entrada acorazada con una consistente plancha de hierro. No dudaron en entrar ni un segundo.
El parche metálico que hacía de felpudo tenía pintadas rayas amarillas y negras en el suelo, y una pequeña ventana que no se molestaron en ver. Al menos en esa sala la horrenda música de los hermanos Go-Rock no tenía cabida. Gionna suspiró de alivio.
─Menos mal que había esta puerta, ¿eh?
O más bien sería desgracia, pues se podía apreciar el constante retumbar de un motor.
─¿¡Pero qué hay ahí que hace tanto ruido!?
─¿Que qué es? ¿¡Por qué no miras enfrente!? ¡Menuda barbaridad!
No entendía lo que era tan barbárico. Solo veía un trozo de maquinaria tembleque y una jaula de barrotes.

Ya habían encontrado un generador. Gobios estaba dispuesto a inutilizarlo, mas la máquina no producía ningún tipo de electricidad, sino que distribuía. El verdadero generador estaba en esa caja , encerrado y suplicando por ayuda. Un roedor amarillo con mofletes rojos y una cola con forma de rayo no podía dejar de electrificar esos barrotes.
─¿¡Pero cómo pueden ser tan crueles!?─exclamó indignado el anciano. ─, usan la electricidad de este pikachu para la fábrica. La única forma de parar este generador es rescatar a este pobre pikachu.
─Um... creo que esto no es un gene-
─¡Haz algo para acabar con su sufrimiento!
─¡Vale, vale, deja que piense!

Evidentemente, mandar a Lol a que usara hidrobomba al distribuidor no resultaría, y usar a otro pokémon que lo destrozara directamente resultaría peligroso. Ninguno de sus pokémon le podían ayudar esta vez. Realmente había que capturar a un pokémon salvaje para liberar al pikachu de aquellas ataduras con forma de finas varas de aluminio. Además, con aquel anciano cascarrabias, no podría usarlos sin llevarse una de sus reprobaciones. Tenía que buscar.
Había otra puerta delante suyo. Quizá ahí podrían encontrar algo.

Entraron en la sala de montaje, por donde las cintas transportaban los aparatos al descubierto y cubiertos y los mr.mime jugaban a ser mimos con sus manos.
Eran los candidatos perfectos. Los Mr.Mime eran conocidos por su capacidad de crear barreras; pero sus dotes ofensivas eran suficientes como para levantar cien kilogramos de peso.
Pero justo cuando iba a capturar a uno de esos magos gestuales, Gobios interrumpió.
─¡No, no, no! ¡Ellos no tienen un movimiento de campo útil! ¡Tiene que ser un pokémon que pueda cortar!
─Discrepo. Las barras reciben la electricidad de Pikachu. Si usamos algún pokémon con corte, podría resultar herido en el proceso.
─¿¡Y tú crees que un Mr.Mime podría deshacerse de esas barras!?
─¡Vaya que sí! ¡Si tienen la suficiente fuerza como para levantar una persona podrán moldear esos barrotes!
─Oh, muy bien, ¡pues adelante, captúralo, a ver si puedes, novata!
Y así lo hizo. Trató de capturar a ese Mr.Mime con ese capturador. Lanzó la peonza a su alrededor mientras este iba caminando despreocupadamente por la sala. Parecía que no era consciente de su situación. Estaría capturado de enseguida.

¡Mentira!

El disco chocó con algo invisible que no era aire. No sabía muy bien qué era. ¿Una barrera? Podría ser. De todos modos parecía frágil, pues no le costó nada seguir su trayecto.

Otro choque y otra descarga. Al señor taumaturgo le encantaba hacer barreras que no se veían a simple luz. Y aunque sabía qué era lo que estaba pasando, no pudo evitar mascullar al ver las veces que se chocaba cada dos por tres con esa barrera.
─¿Pero qué cojo…?
Siguió intentando rodear a ese travieso ser. Pudo hacer varias vueltas a su alrededor en varias ocasiones; pero hubo veces que no se pudo acercar por culpa de esas asquerosas barreras. El hombre menudo de cara sonrosada le estaba dando una risa tonta al ver que Gionna no podía ni acercarse a él gracias a sus translúcidos cristales. En cuanto a ella estaba perdiendo la paciencia. Su capturador se estaba sobrecargando de forma alarmante. Parecía que era uno de esos momentos que era mejor retirarse.
─Vale. Tienes razón. No merece la pena capturar ese Mr.Mime. Vamos a buscar un pokémon para que se electrocute a sí mismo.
─¡Al fin!─exclamó Gobios, quien ya se estaba impacientando. El Mr.Mime los despidió con sus dedos y con una sonrisa burlona dibujada en su cara.
Fueron por otra puerta por donde se encontraron con otro puente alambrado. Esperaba que no hubiera otro enemigo que pudiera usar Reflejo todo el rato y pudiera al menos capturar en cadena por primera vez.

Pero en frente de ellos, se encontraron con más problemas. Un recluta y otros dos amigos psíquicos para jugar. Si con uno bastó para impacientar, dos más le sacaban de quicio completamente.

─Oh, no. ¡Oh, no, no, no! ¡¿Sabes que te digo?! ¡A la mierda! ¡No pienso dejar que me jodan la mano con sus barreras! ¡Lol!
─¡Ni se te ocurra!─exclamó Gobios; sin embargo, Gionna hizo caso omiso a sus gritos y ordenó al Lombre que usara Hidrobomba. Uno no pudo preparar sus murallas y cayó al piso inferior por la fuerte presión que generaba el chorro de agua. El otro se protegió a tiempo con una pantalla luz. Luego la lombre escupió la semilla parásita, de la cual este esquivó, no sin después colocarse al borde del puente para luego Lol le tirara con su compañero con sus propias zarpas.
El recluta estaba temblando. No podía creer lo que esta ranger acabó de hacer. Tirar a dos de sus pokémon en el piso… ¡y aún con su superior pidiendo que no lo haga! Eso no era algo que de la Unión Ranger permitiera hacer. Aún así no aceptaba que fuera derrotado de esta forma.

─¡Eeeeh… me da igual que hayáis tirado a mís Mr.Mime! ¡No os dejaré pasar de aquí!
─¿Quieres que te tire a ti también?─preguntó en respuesta a su testarudez. El recluta se quedó helado por un momento, y sin pronunciar palabra, se apartó de la puerta y los dejó pasar.
─Te has pasado tres pueblos, hija.─dijo Gobios acto seguido.
─Chitón. No quiero oír a nadie ahora.─respondió.

Prosiguieron hasta la sala de ordenadores, por donde habían montón de servidores y hypnos andantes. Más psíquicos a los cuales pillar. Pero la idea de enfrentarse a sus péndulos no le gustaba en absoluto, así que Gionna prefirió subir a las escaleras que conducían a la azotea. Al aire libre, se podía ver a los wingull del mar planeando sobre el edificio, y un insecto marrón de grandes tenazas intentaba cazarlas.

Justo lo que necesitaban.

─¡Ah, un pinsir! ¡Será idóneo para cortar esos barrotes! ¡Venga, captúralo, vamos!

Esta vez no tenía ninguna razón para estar en desacuerdo con él. Sabía que este ser invertebrado tenía la fuerza suficiente para partirlas, aunque aún le preocupaba el hecho de que fuera electrocutado después de usarlo. Sacó el capturador y lo encendió. Entonces apuntó al escarabajo, indiferente ante los riesgos.

Pero no pudo soltar el disco antes de que su lombre le atestara unos golpes y le facilitara las cosas. Así no había forma de que ella pudiera demostrar su real potencial.
─¿¡Podrías decirle a tu Lombre que deje de interferir en tus capturas!?─preguntó.
─No. No es lo que ella quiere. Además, así me ayuda.
Lol hizo un gesto de aprobación.
─Me temo que voy a tener que suspenderte por esto.
─¿Y podré irme de aquí? Me parece bien.
─¡NO! ¡Solo diré a Alejandro que no eres apta para esto! Entonces él decidirá.
─Ah. Bueno. ¿No estamos perdiendo tiempo con esto?
Gobios pensó un momento. Luego afirmó.
─Sí… volvamos a ese sitio, anda.

Tras bajar dos pisos más de lo debido, subir uno y cruzar de nuevo las mismas salas, destrozaron la prisión del pikachu con las tenazas de pinsir. Sin más dilación, cuando los trozos de los barrotes tintinearon contra el suelo, el ratón escapó de esa pesadilla. Seguidamente, la sala quedó en la penumbra, con tan solo los fluorescentes de emergencia quedaron encendidos. No iluminaban mucho, sin embargo.
Gobios veía que el pinsir no abandonaba el grupo; algo que esperaba de parte de un pokémon atrapado por aquel capturador. Pero tenía que cumplir la normativa, así que le dijo a Gionna que lo liberara.

─Pero seguramente haya más distribuidores... ¿no ve las luces?
─¡Da igual, son las normas! Ya lo volverás a capturar, tranquila.
─¿Quiere que tome más molestias de lo necesario? Porque me niego.
─¡Hazlo!
─No.
─Vamos...
Dio un suspiro. De nuevo tenía ese dilema. ¿Ser o no ser como ellos? ¿Complacer su anhelo de ver cómo adoptaba ese trabajo o seguir con sus propios métodos? Estaba casi claro.

─¿Y usted recuerda que le dije que me la jugaron? Yo no quería ser ranger. Ni sigo queriendo ser completamente, la verdad, con todas esas estúpidas normas que tienen...
─¡Pero por ahora tienes el uniforme!
─¡El uniforme no significa nada para mí! Solo es una prenda de ropa más. Además, usted mismo dijo que era entrenadora, no ranger. Pero bueno, el caso es dar el apagón a este recinto, ¿no? Pues ya está. Da igual que lo haga así o asá.
─Francamente, eres muy testaruda, hija. ¿Por qué te mandaría a ti?
─Meh, igual quise asumir yo el cargo. Porque no había nadie más; por eso.─aclaró.─Bueno, ¿vamos a por los otros generadores o qué?
─Sí, claro.

Pasaron varias horas mientras buscaban más insectos para romper jaulas y liberar ratas por toda la fábrica. Y mientras tanto, Alberto ignoraba cómo ella empleaba sus particulares métodos con sus súbditos. Sus hermanos lo dejaron al cargo de la fábrica. En ese día le tocaba estar de guardia, supervisar la producción, y, evidentemente, que ningún intruso asomara las narices en el interior de la fábrica.

Pero él prefería practicar con el bajo antes que mirar las pantallas de las cámaras. Su pasión por la música y su afán de conquistar al amor de su vida le incitaba a dejar de lado al deber. Ya entraron varios reclutas anunciando que un par de energúmenos acompañados de un lombre estaban saboteando el sistema eléctrico de la factoría, pero este ignoraba aquellos avisos. Mientras iba tocando notas graves con su instrumento, las máquinas se paraban y los espectros venenosos despertaban más pronto de lo usual. Algunos estaban crispados por la incompetencia de su superior; otros, atemorizados por la presencia de los gastly.

Ya que los peones se iban acumulando en la sala de seguridad quejándose se su ineptitud, se dispuso a mirar las pantallas. De las quince que habían, solo cinco estaban operativas. En la tercera sala de máquinas, habían los dos personajes que estaban causando discordia por el recinto que ellos ocupaban ilegalmente.

Y ahí estaba. Señalando con el dedo para que el Scyther diera un tajo limpio a la jaula y liberara al martirizado Raichu. Luego de que la mantis ejecutara su orden, el cuarto se quedó completamente a oscuras. Al menos había cerca una linterna en caso de apagón. Pese a saber que iba acompañada por un lombre, no se imaginaba que esa saboteadora fuera ella. ¿Por qué era tan mala con él? ¿Tanto le importaba unos cuántas criaturas que ni siquiera sabían cuánto era dos más dos? De seguro que era capaz de hacerle daño… pero aún así, quería verla. Sin heridas. Para que no diga que era un villano completamente.

─Escúchenme todos; quiero a esa ranger aquí ilesa, ¿sí? Con el anciano haced lo queráis. Y avisad a los otros; no quiero que salgan de aquí.

Los reclutas cumplieron sus órdenes sin rechistar. Eran un buen número, y podían hacerles frente; algunos camaradas aún tenían a sus subordinados listos para lo que fuera. Iban más que preparados.

Corrían hacia la puerta principal, a la vez que otro pequeño grupo se situaba para el acecho. Iban a salir de la fábrica victoriosos hasta que se pusieron frente la puerta de cristal. Los intrusos no pudieron.
─¡De aquí no vais a salir, malditos saboteadores!
─Vaya, hombre... ahora que habíamos terminado...─ Decía molesta la entrenadora.
─Son muchos. ¿Seguro que podrás con todos ellos?

De nuevo, ese amargo recuerdo que le arrebató la infancia. Estaba en las mismas que aquel día, antes del exilio. Más agotada estaba, pues en ese día corrió por más tiempo para salir del colegio tomado por aquellos fanáticos. Su lombre estaba también a su lado, crecida completamente.

Los del Equipo Aqua iban a por ella por negar su dogma. Ellos porque les han cortado la electricidad. La historia se repetía una vez más. Pero quizá volvería a repetirse también aquella aparición divina en forma de dragón blanco de coraza roja. O quizá no hiciera falta; tenía a su lado dos insectos y el mismo carnero que le atacó el primer día.

Ya no era la misma cría de hace cuatro años. Había cambiado considerablemente. Podía hacer frente a cualquier tormenta que se le pusiera, aunque sus alianzas fueran bien cortas. Ya no necesitaba de milagros para hacer frente las adversidades.

─¡A por la chica, vamos!─ Ordenó un recluta rubio de vestimenta militar. Un crobat y un ariados se lanzaron a por ella, pero Lol y los otros escoltas la protegieron de las agresiones con sus ataques acuáticos mientras ella estaba determinada por abrirse camino entre la muchedumbre.

Pero algo ocurrió. Aunque estaba dispuesta también a hacer unas cuantas capturas más, uno de aquellos indomables la agarró sin previo aviso con fuerza. Gionna actuó de enseguida, forcejeando y chillando:
─¡Suéltenme, cabrones! ¡Estoy DETERMINADA!
─¡Ni de coña, querida!─decía su opresor mientras trataba de aguantar sus coces.─Joder, pues sí que tiene determinación esta tontaina… ¡que alguien me de algo para calmarla!
─¡Roger, idiota!─ Contestó otro, sin algún respeto por su igual.

Mientras Gobios estaba ocupado mirando como Lol apartaba a los pokémon enemigos con agua, zarpas y zarzas, un gastly se mostró súbitamente enfrente de Gionna. Su repentina aparición le provocó un susto que impidió que evitara mirar sus ojos, de los cuales resplandecían de color rojizo. Una vez vistos ya no podía apartar la mirada de aquel brillo. Progresivamente se adormecía, hasta que no tuvo más remedio que rendirse y caer en las garras de Morfeo. El recluta no podía hacer nada más salvo reír victorioso.

─Ya está... ¡Ya está, la tengo! ¡Nos piramos, tíos!

El grupo se dispusieron a traer a la chica a la morada de su jefe con paso presto junto a sus pokémon. Lol quería seguirlos, pero estaba demasiado cansada como para perseguirla y enfrentarse a esos guardias. Los otros, al distanciarse del capturador, no supieron qué hacer y volvieron a sus puestos. Gobios tampoco estaba para correr y alcanzarles debido a su avanzada edad.
─Rayos… son demasiado rápidos.─decía mientras trataba de sustentarse con su bastón. ─Pero no puedo dejar que otra persona esté a manos de esos… esos… maleducados. ¡Tú!─señaló al Lombre con su bastón. ─Es tu entrenadora, ¿¡verdad!? ¡Haz algo!

¡Cómo si pudiera hacer algo! Se sentía derrotada por no poder protegerla. Si ella cargara con su mochila, tal vez podría hacer algo. Para su desgracia, esa mochila se fue junto a las espaldas de su entrenadora.
¿Quizá fuera la última vez que la viera? Ojalá no fuera así.
Mas sus penas no le impidieron ver un pequeño destello rojo proporcionado por la luz que entraba por las ventanas. La pokéball de Kyumbreon cayó de su bolsillo sin que nadie se diera cuenta por las bruscas sacudidas que ella daba.

¡Sí! ¡El podrá encontrarla de enseguida! ¡Aún tenían una oportunidad!

Ella fue corriendo hacia la pequeña canica antes de que Gobios se diera cuenta haciendo un esfuerzo por mantenerse de pie. Lo tomó con una de sus garras.

─Ha ocurrido una calamidad, ¿no es así? Escuché sus ahogados suplicios desde esta triste celda, y momentos después de salir de la oscuridad del textil, un repentino silencio. ¿Acaso habrá desaparecido?─ Le preguntaba a Lol telepáticamente desde el interior. Respondió con unas pequeñas sacudidas de su cabeza.
─¡Sácame! ¡Tenemos que encontrarla, rápido!


#73
Un mes justos.

UN MES JUSTOS, OH DIOH MÍO. ¡ES UN MILAGRO! [?]

Y pasado un mes, no veo ningún comentario... ni uno de @Thranduil, siquiera. Debe de ser porque a duras penas comento los fanfics, ¿verdad? Well, crap, no puedo con todo. La semana de entregas es MUY INTENSA, ¿saben? TuT

Pero bueno. Tuve un rato yyy logré terminar este capítulo. He cambiado como el 80% de este capítulo. Again, no me gustaba la personalidad que le di a Alberto en este episodio y, claro, cambiar los sucesos tiene sus consecuencias.
Igual estaréis contentos. Este episodio tal vez resulte un poco más... "revelador" (sí, no sé si existe esa palabra, ¡ay, keh karajoh!)

Bueno. Ya. Disfrutad de este capítulo.
Cheerio~!

Capitulo 27


Spoiler
Emily ya estaba dentro de la boca del lobo. No fue reconocida por ninguno de los centinelas de la guarida. Obvio; no la habían visto en la vida, pues trabajaba en otra región. En el interior seguía haciendo un frío pelador; era inevitable sentir cómo entraba el gélido aire del exterior para ventilar el subsuelo.

Ya que dijo que era una nueva integrante en el grupo, le dieron un plano por donde indicaba donde conducían los teletransportadores y las entradas secretas. Había una de las salas por donde se indicaba con rayas rojas la prohibición de entrar ahí al no ser que pertenezcas a los dos eslabones más altos de la jerarquía del grupo. Pero había más. Una sala rectangular y estrecha destacaba del resto. En vertical, y en negrita estaba puesto el nombre de aquel lugar.

“Calabozos”.

Primero ve a uno de ellos patear a un snorlax y ahora se entera de la existencia de cárceles en su morada. No se esperaba que un grupo de malandrines tuviera una prisión en su base. Sintió curiosidad por saber lo que encerraban ahí. Echó una ojeada el plano y siguió el camino indicado para llegar a los calabozos. Tomando la entrada número dos de la sala dieciséis, llegó a entrar en los oscuros confines de la guarida.

Era un lugar apenas iluminado; solo unas bombillas colgantes de brillantez amarilla tenue le proporcionaban una visibilidad mínima. Era imposible tener alguna noción del tiempo en aquel lugar. Quien tuviera la desgracia de ser encerrado en estos lares, cada segundo sería el equivalente a cinco en el exterior desde su perspectiva. Algunas bombillas parpadeaban, otras estaban fundidas. Cambiarlas conllevaría el riesgo a electrocutarse. Llegando al fondo, pudo identificar una silueta acurrucada en la penumbra.

Ahí estaba. Intentando calentarse abrazándose ella sola, pasando hambre y deseando volver a ver los parajes de Floresta. Tendría envidia de Selena, pero odiaba la muerte. Y en este lugar era una presa fácil para la parca.
Pero las cosas las tuvo que enterrarlas en la nieve. No pudo hacer nada por ella, ni darle ánimos siquiera. No tenía valor. Lo único que podía hacer por ella era hacer que los líderes supieran de su localización después de que terminara con su misión.


Ahí estaba de nuevo. Estaba en ese pico estrecho, esperando de nuevo a ese monstruo, con los mismos vientos y los mismos rayos bramando cuales fieras. La bestia aún no había aparecido, pero estaba a punto de volver a hacerlo. Ya iba como unas cinco veces que oía, veía y sentía lo mismo. Las cuatro anteriores era como si la memoria a largo plazo se tomara un descanso, lo cual hacía que solo pensara en el presente. Pero algo era diferente. Esta vez podía predecir. Y pensaba cambiar el curso de aquella trágica historia.

Dio un salto para quedarse en el aire y luego movió los brazos cual pájaro. Pese a sus frenéticos aleteos, no lograba subir lo suficientemente alto para estar encima de la cabeza del dragón. En cuanto emergió, solo pudo quedarse a la altura de sus ojos. Intentó agarrarla con sus lenguas para que perteneciera a su festín, pero esta vez pudo esquivar aquellos tentáculos babosos. Rugió de furia al no poder llevársela a la boca. Ya que ascender le costaba mucho, la única posibilidad de escapar de ese mastodonte era descender en picado. Y estaba en buena posición. Se había distanciado del pico. Dejó de esforzarse para mantenerse en el aire y se precipitó al vacío. Atravesó las nubes tormentosas sin recibir chispa alguna hasta poder divisar un frondoso bosque desde las alturas. Pero cada vez que estaba más cerca de las copas del árbol, la vista se iba oscureciendo, hasta que, finalmente, no pudo ver nada. Tan solo oscuridad. Y una voz familiar. Una voz que no le gustaba oír.

Una voz que la llamaba.

─Eh. Eh. Despierta, vamos.

No. No quería. Estaba llegando a la mejor parte. Quería ver el sitio por donde estaba a punto de aterrizar. Intentaba acomodarse de nuevo en su cama...

Espera, ¿qué cama? Si ni siquiera estaba tumbada; más bien parecía sentada con la cabeza colgando hacia el vientre. Se preguntaba cómo demonios acabó dormida en una silla. Pero luego empezó a recordar. Los reclutas los rodearon. Luego la agarraron y finalmente aquella bola de gas la miró a los ojos y los próximos acontecimientos vividos ya eran producto de su subconsciente. Pensó que estaría en una silla eléctrica o algo por el estilo. Pero no podía ser. No parecía atada.

─Venga...

Y esa maldita voz... la tenía enfrente. Podía fingir que aún no se había despertado, pero le fue imposible. Quería saber dónde estaba. En cuanto entreabrió los ojos, pudo ver un par de destellos anaranjados entre la penumbra bajo un mantel cuadrado.
Después, un suspiro de alivio.

─¡Menos mal que has despertado!
No fastidies. ¿Estaba preocupado por ella?
─¿Por?─dio un bostezo largo. ¿Cómo alguien podría preocuparse por ella?
─Estabas temblando y... oh dios, pensé que te habían rociado veneno o algo así.─dijo Alberto preocupado.
─Ah, no no... si los gastly no se expanden no asfixian... pero pueden sacarte el alma, eso sí. Eso era lo que más me preocupaba.
─Así que… ¿ahora no se te abrirán las puertas automáticas ni dejarás vaho en los cristales?
No pudo evitar reírse ante el enemigo, como si no se tratara de uno de los administradores del equipo Go-Rock.
─¡No, qué va, ya estaría muerta si no tuviera alma! O peor aún… podría haberte matado aquí y ahora.
─Eh… ¡bueno! Aún tienes alma, en todo caso.
─Seh…

Y de repente, el silencio.
No sabía por qué demonios estuvo hablando con ese tortolito, y, francamente, tampoco tenía ni idea de qué hacer ahora; si seguir fingiendo cierto interés en seguir charlando o mandarlo a freír espárragos de una buena vez. Era un dilema que la carcomía completamente.

De todas formas debía de asegurarse de que no era una estratagema para satisfacer sus necesidades reproductivas con ella. Y normalmente, en ese tipo de casos, suele haber cerraduras cerradas.
Así que preguntó:
─¿La puerta está cerrada?
─Sí.

Mierda.

─Pero no te preocupes; si quieres marcharte puedo abrirla por ti. No es como quiera retenerte ni nada.
─¿¡Entonces por qué carajos me han dormido!?
─Solo les dije que te quería aquí ilesa, nada más. ¡No dije nada de raptarte!

Sospechoso. Empezaba a mirarlo completamente escéptica ante sus buenas intenciones. No era normal que un jefe dijera a sus esbirros que traigan a alguien a su morada en contra de su voluntad.

─Aunque pensándolo mejor… sí que sonaba a una orden de secuestro. Perdona. Esperaba que los reclutas fueran más amables contigo.

Eso cambiaba las cosas. De hecho, le estaba tratando mejor que Helio y compañía. Tal vez no era tan mal chico, después de todo.

─No te preocupes.─dijo más tranquila.─Al menos sí que me han traído sin un rasguño.
─Sí, menos mal… o iba a arder Roma aquí.

O eso creyó.

─¿Quieres pollo?

Si había algo que aprendió de Soel, era que los pollos podían ser usados como una forma de pasar un mal rato.

─Porque me sobra un filete en la fiambrera.

Oh, será malpensada, ¡claro que se refería a comida! ¿Qué iba a ser, si no?

─No, gracias. Soy vegetariana.─contestó manteniendo la compostura.
─Pero si te comiste un Taillow entero en el bosque.
─Bueno, en ese caso era porque no había otra cosa. Pero me dolió, no te creas.
─Sí que eres sensible con los pokémon.─puntualizó su pretendiente.
─Es lo mínimo que puedo hacer por ellos. Son mejores que ciertas personas, después de todo.
─Sí… creo que ahora puedo entender por qué sigues en la unión.
─¿Eh? Oh, no es por protegerlos ni nada de eso… eh… bueno…

Demontre. No podía creer que haya empezado a hablar de ella misma. ¿Por qué estaba contando esas cosas a su enemigo? Aunque no negaba que no se comportaba como uno. Tal vez eso le daba cierta confianza en él.

─Son por… razones personales, más bien.─siguió hablando, pese a todo.
─¿Puedo saber?─preguntó con una voz calmada y parcialmente seductora.
─No.
─¿Es que uno de mis hermanos te han hecho algo malo? ¡Porque como sea así…!
─¡Oh, no, no hicieron nada! Es solo que…

¡Mierda! Podría haber aprovechado esas suspicacias para ponerlo en contra de sus compañeros de sangre y desestabilizar el Equipo Go-Rock desde sus entrañas. Habría sido un buen plan para ahorrarse el trabajo que le encomendaban. Incluso mencionar que intentaron matarla habría sido suficiente. ¡Pero no! Ahora tenía que contarle por qué no salió de Floresta. Todo y que aún se preguntaba si realmente era necesario.

─¿Gin?

Vale, ¿le contaba o no? A lo mejor así se iba… ¡no, eso le acercaría más a él! ¡Ni siquiera quería su amistad!

¿¡Y aún estaba sentada!? ¡Si tenía la puerta abierta para que se fuera! Se levantó de la silla y se dirigió hacia la puerta cerrada. Solo para no ser descortés ni dejar nada a medias tintas, acabaría su frase.

─Supongo... que solo quiero ayudar a la gente sin hacer daño en el proceso. Eso es todo.

Para su más gran desgracia, Alberto no iba a dejar que ese encuentro acabara ahí.

─Por eso mismo hiciste ese acto tan “heroico”, como normalmente diría la plebe. Pero parece que algunos les gusta mancillar el nombre de los héroes, ¿verdad?

Se paró un instante y luego miró de reojo a Alberto con una creciente inquietud. Empezaba a temer. Esperaba a que se refiriera a sus propios hermanos difamando sobre el despertar de Entei. Pero, dejándose de engaños, sabía que aquí esos métodos serían inútiles. Con esas pintas, ellos tenían cero credibilidad.

─Tú… ¿qué es lo que sabes sobre mí?
─No gran cosa. Solo lo que ponen los periódicos de tu región. Ya sabes; nombre, apellido, lo que hiciste… ¡Pero vamos! Siempre soy escéptico con las palabras de la prensa.

Una creciente angustia se iba apoderando de ella a medida que iba mirando esa sonrisa cálida y ese brillo tan frío en sus ojos. No pensó que fuera a enterarse de sus “hazañas”, si así podía llamarles. Que precisamente fuera él quien supiera lo que hizo le daba muy mala espina.

Parecía que sabía sobre su verdadero propósito en este mundo.

─No jodas… quieres que te lo de, ¿verdad?
─Me facilitarías el trabajo, si te soy sincero.─encogió de hombros.─Pero no soy quién para presionarte. Sé que sería un sacrilegio para ti si esa bola de acero cayera en nuestras manos, así que no te obligo.

No se fiaba en absoluto. Se giró ante él, solo dirigiéndole una mirada hostil. No tenía a ninguno de sus pokémon a mano. Pero con o sin armas, estaba dispuesta a plantarle cara.

─¿A qué viene esa cara?─se acercó a ella, pretendiendo acariciar la mejilla.─¿Te inquieta que sepa todo esto?

Pero no pudo. Apartó su mano de su cara antes de que hubiera algún roce. Su rostro se entristeció al ver tal rechazo.

─Así que no confías en mí… entiendo. Debe de ser… difícil fiarse de tu supuesto enemigo.─suspiró.─Vale. Hagamos una cosa. ¿Qué tal si comparto alguno de mis secretos contigo?
─¿Es eso un doble sentido?─preguntó sin pensárselo dos veces.
─¡¿Cómo?! ¡No, nada de eso! ¿¡Por qué iba a insinuarte ahora!?─se sonrojó ante tal pregunta.─Es… más bien algo mecánico.

Ella frunció el ceño. Esa aclaración solo empeoró las cosas.

─Vale… tengo que ser más claro. Es sobre los capturadores que usamos.
─Ah.─dijo sin más. Vergüenza debería darle pensar que iba a ofrecer un mal rato.
─Ven, te enseñaré.

Le tomó de la mano, llevándola cerca de su asiento. En una caja de madera, reposaba su bajo, sacando todos sus circuitos y piezas a relucir. Algunas estaban meticulosamente colocadas en la superficie, o en el suelo amenazando con perderse. Dentro de él, también relucía una piedra morada. Y a su izquierda, había un Scizor en pleno letargo.

No cabía duda. Eso que estaba incrustado entre los circuitos era una vidaesfera. A su lado, había otra ranura con forma romboidal esperando a que se colocara otra piedra.

─Un momento. ¿Es eso una vidasfera?─preguntó, aún sabiendo lo que era.
─Sí. Eso hace que los pokémon sean más fuerte cuando los capturamos, ¿no es genial?

Ya se figuraba que tenían algo así dentro de la maquinaria. ¿Cómo se explicaba esa subida de poder, si no?
─Pero esto tiene una desventaja en particular. Los pokémon capturados se vuelven un poco más salvajes.
─No me extraña. Le estáis haciendo daño transmitiendo esas malas energías.
─Aún así, los hace bien fuertes. Antes usábamos un pequeño fragmento para solo hacerlo… dependiente de nuestros capturadores, así podría obedecernos tranquilamente. Pero no era suficiente. Si los rangers podían capturarlos, no nos iban a servir de nada. Al menos sabíamos que las vidasferas podían crear cierta resistencia a los capturadores… pero solo ralentizaba el proceso.
─Y por lo que veo, parece que encontrásteis el Santo Grial a vuestros problemas, ¿no es así?
Alberto sonrió. No esperaba menos de ella.
─Bingo. Sí es cierto que la música amansa a las bestias; por algo usamos instrumentos en vez de súper-capturadores. Pero, tal y como dije, esto solo hacía las cosas más difíciles a los Rangers, no prevenía su captura. Oh, no, no, necesitamos que los pokémon sean imposibles de capturar. Por algo usamos esto. Espera.

Su pretendiente se agachó para remover todos los trastos que estaban apilados a su lado. El ruido de los trastos moviéndose y apartándose por las manos ansiosas de Alberto ponía a Gionna a flor de piel. Se preguntaba qué vil material estaban empleando para hacer a esas feroces bestias en sus más leales aliados.

Finalmente parecía que lo había encontrado. Estaba sujetando algo delicado con las dos manos. Había un fulgor siniestro y tenue entre esas palmas.

─Ah… ahí está. Ven, mira esto. ¿No es una preciosidad?

Quería pedir que se acercara y se lo enseñara él mismo, pero consideró que fue una estupidez teniendo en cuenta que podía acercarse y asomarse por el hombro para ver lo que era.
Otra piedra. Otro dichoso mineral que tenía un brillo muy distintivo. Aunque su aura era de un morado intenso, su centro era completamente oscuro como el abismo.

Tener sus ojos puestos en esa pieza única atraía su atención como luz hacia el agujero negro. Como si no fuera suficiente mirarle los ojos a un Gastly.

─Vaya, es como si me atrapara.
─¿Verdad? Nos lo importan de Almia. Dicen que va a ser la nueva fuente de energía… parecen que no saben realmente el efecto que causa. Míralo. Da sueño con solo echarle un vistazo.
Sin duda. Era difícil mantenerse en vilo con ese mineral.

Bueno, ya basta. Tenía que dejar de dejarse llevar. Zarandeó la cabeza bruscamente para despejarse.
─Esto es un peligro. ¿Seguro que no te está afectando a tí?─preguntó como si estuviera preocupada por él, aunque solo era curiosidad.
─No, no mucho. Pero los pokémon son bastante susceptibles. Podría hacer mandar a bailar claqué si quisiera con mi bajo gracias a esto. ¿Ves ese Scizor de ahí al fondo?

Sí. Hasta ahora no se había percatado, pero, detrás de esos trastos y al lado de los mandos, había una figura alargada y rojiza dejando caer un par de grandiosas pinzas al suelo. Podía ver que estaba profundamente dormido.

─Lo veo.
─Bien. Pues ahora bailará para tí.
─Oh, no, no hace falta que obligues a ese bicho a hacer el ridículo, en serio.
─Vamos, Ginny… solo quiero demostrate de qué es capaz esa piedra, nada más.
─Aún así, no creo que sea necesario… con ver ese coso ya me valía.
La ignoró. Alberto estaba volviendo a montar el circuito del bajo.
─No… no me vas a hacer caso, ¿verdad? Madre mía…
─Venga, que así te ríes un poco.
─No me hará gracia, creéme.─dijo un poco molesta.
─¿Es porque humillo a un pokémon?
─¡NO, ES SOLO PORQUE NO ME HACE NI-FRU-TA-GRA-CIA, ya está!─gritó finalmente. Alberto dejó caer el destornillador ante tal bramido. Realmente parecía enfadada por aquello.
Allá va, un pesado perdido. Necesitaba descansar de tantas interacciones sociales.
─Eh… pues eso. Me voy de aquí. Si me disculpas…

No estaba de humor para aguantar a Alberto. ¿Cuántas veces demostró su poco interés ante él? ¿Por qué demonios seguía insistiendo en ser una pareja feliz? ¡Ni siquiera le atraía! Parecía un anciano con el Síndrome de Higlander con ese maldito pelo blanco-azulado.

En serio, ¿quién pensaría que ese tipo sería atractivo? Nada, nada, debía de volver a la base de Otonia. Al menos gracias a él tenía noticias frescas sobre los avances del enemigo.
Mientras abría la puerta, el pobre Alberto, hendido por esas duras palabras, trató de consolarse con las notas más graves de su bajo.

Un descuido fatídico para sus propósitos. Tres toques fueron suficientes para que el Scizor despertara junto a sus instintos más primigenios. Con el rojo de la torera de la Ranger deslumbrando en sus retinas, aleteó sus alas y se dispuso a martillarla con sus tenazas.

Quizá no prestó atención al sonido del bajo. Pero las alas del propio insecto la ayudó a evitar una fractura en la columna.

─¿¡PERO QUÉ MIERDA!?─exclamó Gionna al ver el alterado insecto.─¡ALBERTO! ¿¡QUÉ CUERNOS PASA CONTIGO!?
─Pero-pero si tenía el modo ataque desacti-

No. No lo tenía. La palanquilla del instrumento marcaba claramente el modo de ataque. Y, para más inri, se olvidó poner la joya oscura dentro del circuito. Ni el silencio ni una mera orden iba a detenerlo ahora.

─Oh, cuernos… ¡lo siento! ¡Parece que me he olvidado apagar el modo de ataque!
─Ja ja, y yo me lo creo. ¡SUS MUERTOS!

Por poco recibía otro contundente golpe en la cabeza. El chico albino trataba de detener su frenesí con su voz; mas no obedeció en ningún momento. Gionna evitaba como podía peligrosas y contundentes bocas metálicas. Sabía bien que, si llegaba a martillar alguna parte de su cuerpo, se ganaría una buena fractura que la incapacitaría de por vida. Incluso si llegaba a darle en la cabeza, sería fatal.

Por un momento pareció que su plan se basaría solo en usar sus extremidades como mazas. Se confió demasiado. El insecto tomó impulso y logró empotrar a Gionna contra la pared tras un desliz.

Estaba constriñendo su cuello con los curvos bordes de su tenaza. El aire no llegaba bien a los pulmones. Si no fuera porque el pico de esos Trapinch metálicos se clavó en el hormigón antes de que se cerrara completamente sobre su tráquea, habría sido decapitada en el acto. Habría tenido una traumática pero indolora muerte.

En vez de eso, tenía que padecer la agonía de asfixiarse y tener la punta de los dientes amenazando con perforar la aorta por ambos costados. Trató de patear el insecto usando sus piernas. Desgraciadamente para ella, el exoesqueleto de Scizor le protegía de sus pataletas. Tan solo estaba malgastando fuerzas para nada. Lentamente, la cara se enrojecía ante la falta de aire; cosa que aún empeoraba las cosas. El rojo aún le daba más fuerza. Ya sentía las puntas introduciéndose en la piel.
Ya estaba. Estaba bien muerta. Todo a manos de la única persona que se enamoró de ella. Menuda ironía.

Justo cuando pensó eso, pudo ver, entre los manchones que se iban formando, la blanca figura de Alberto tratando de quitar esa tenaza de la pared con todas sus fuerzas.
─¡Resiste, Gionna! ¡Te sacaré de aquí!
¿Cómo? Después de esos gritos que le ha dado… ¿aún seguía intentando entablar una relación con ella?
No. Lo había hecho aposta. Quería que su Scizor la atacara para simular un accidente, solo para quedar como un héroe que daría todo por su chica.
Pero, entonces, ¿por qué Scizor no aflojaba la tenaza? ¿Le salió mal los planes o era cierto que no tenía ninguna intención maliciosa?
De todos modos, ese insecto estaba hasta los cuernos de su persistencia. Usó su otra tenaza para lanzarlo tres metros de ellos. El golpe fue tal que hasta escupió saliva.
Pero pese a ese golpe, él se levantó una vez más, soportando el dolor que le provocaba esa contusión.
No, definitivamente ese esfuerzo por salvarla era real.
─U… una vez más… ¡VAMOOOS…!─gritó mientras agarraba el brazo de Scizor con fuerza.
Lo estaba haciendo fatal. Si apartaba el brazo primero, entonces sí tendría un problema. Aunque para lo poco que le quedaba, ya no merecía la pena. Tendría que sufrir su muerte, por descuidado.

Entonces fue cuando un golpe metálico se escuchó. Eso hizo que Alberto dejara de gastar sus fuerzas en ese acto heroico tan estúpido.
Luego hubo otro, el cual hizo que Scizor aflojara y soltara a la entrenadora mientras esta tosía con violencia. El tercero vino con el derribo de la puerta. La placa de hierro fue lanzada con abolladuras cerca del agresor. Se pudo disuadir un brillo amarillo intenso desde la distancia.
Nunca fallaba. Junto con su mejor amiga y el profesor que la arrastró a esos infiernos industriales, Kyumbreon había acudido a su ayuda. Él sí que sabía sacarla de un apuro.

Nada más pisar los pies dentro de la sala, Kyumbreon empezó a bramar como un desquiciado:
─¿¡Qué le estuviste haciendo, sucio engendro de Darkrai!?
─¿¡Pero cómo me habéis encontrado!?─ Preguntaba y exclamaba con voz trémula Alberto.
─¡Ja! ¡Sois demasiado ansioso para pasar desapercibido por mi sexto sentido! Pero eso no incumbe ahora.

Entonces Lol vio a su hija, sentada, con la cara enrojecida e híperventilando para cumplir las exigencias de su cuerpo. Gobios también la vio, asustado. Pensando que fue Alberto quién la asfixió, también las tomó con él.
─Eres... eres... ¡un vil y cruel desalmado maltrata-pokémon, asesino, homicida, mata-personas, bastardo, usurpador y un vil y asqueroso canalla! ¿¡Qué le has hecho a mi guardaespaldas!?
─¡Yo-yo nada! ¡Se me saltó el capturador, lo juro!─ Se excusó Alberto.
─¡Mientes! ¡Pensabáis que muerta estaría completamente a vuestra merced, así que podríais hacerle cosas impuras sin ningún percance!─siguió Kyumbreon.
─¿¡Qué!? ¡Por Arceus santo! ¿¡Cómo iba a…!?
─Y encima un animal posesivo e infame.─finalizó su oleada de insultos el anciano.
─Me-me estáis malinterpretando; yo no quiero matar a nadie. ¿Verdad, Ginny? ¿¡Verdad que no miento!?
No podía hablar ahora. Estaba demasiado ocupada recuperando el aliento.
─Habéis rozado el límite de mi paciencia. Ahora lo pagaréis con vuestro camarada.─dijo Kyumbreon.
─Vale, adelante, no me importa; después de lo que hizo...─como si él no fuera responsable de su agresivo comportamiento.
─Luego me encargaré de pintar las paredes de este cubil con vuestra sangre.
─Espera, ¡eso no!

Kyumbreon pretendió hacer el primer movimiento; sin embargo Siczor se adelantó con un Puño Bala. El felino pudo bloquear el ataque a tiempo con su barrera. Él notó la preocupación de la lombre por su protegida, y le encomendó el encargo de cuidar de Gionna. No iba a permitir que le volviera a hacer daño. Alberto también quería; pero Lol también empezaba a desconfiar de él.

Cuando el ser oscuro trató de contraatacar, Scizor aprovechó la ocasión para atestar un golpe seco contra la pared. La velocidad de su contrincante no le permitía esquivar. Y no siempre podía bloquear sus ataques. Se resguardó de su Tijera X gracias a sus poderes psíquicos; no obstante, el peso de aquella armadura hacía que tuviera emplear más fuerza de lo usual.
─¡Mi señora, necesito refuerzos, presto!

─Vale… deja que…─inspiró hondo para poder ordenar:

─¡Plusle, paraliza al scizor!

Pero nadie acudió en su ayuda.

─¿Plusle?
─Mi señora... el conejo abandonó el grupo antes de entrar en el recinto.─ Informaba su Umbreon entre quejidos.
─Oh, mier...─ ¡Será despistada, que no se dio cuenta de su ausencia! Tenía que pensar en otra cosa.

Una de sus ocurrencias fue romper el bajo de Alberto, situado en el fondo junto a varia chatarra. Era una solución lógica; la máquina estaba ejerciendo influencia sobre el pokémon, así que, si el instrumento era destruido, Scizor se calmaría y dejaría de luchar, además de que tendría una dulce venganza debido a ese susto que le había dado. ¿Pero con qué? Solo habían piezas muy ligeras y finas, y además, no se sentía capaz de levantar el bajo sobre la cabeza y luego chocarlo contra el suelo. Además, ¿Gobios no quería ver cómo capturaba? Ya era hora.

Pero antes de poder domar aquel insecto, tenía que pararle las alas. O al menos agotarlas.
Era arriesgado. Después de todo, Akirosoku no dejaba de ser un pokémon psíquico. Pero era mejor usar algo que tuviera ataques de neutra efectividad antes que uno que no puede hacerle frente.
─Lol. Dame la pokéball de Akiro.
La lombre dio su mochila para que ella sacara la pokéball. Sus manos no podían abrirla. Aprovechó para sacar el capturador y levantarse.
Con eso, Lol entendió que iría a hacer otra arriesgada captura.

Como una usual tarde, él estaba dando su siesta del mediodía, sin percatarse de que le habían sacado a las afueras de la pokéball.
─Akiro, despierta.─llamó; pero el holgazán hacía oídos sordos, continuando con su letargo. Tenía que sacarle las castañas del fuego, se veía.

─Akiro, este scizor se cree mejor que tú.

Sus orejas se movieron. No soportaba que nadie se creyera mejor que él, porque él era el mejor en lo suyo. Nadie ni nada tenía derecho a ponerse en un listón más que ese slowpoke. Absolutamente nadie. ¡Nadie!

Con aquellos pensamientos en mente, fue velozmente a golpear la espalda del insecto envuelto en un velo acuático mientras este se disponía a dar el martillazo que iba a dejar inconsciente a Kyumbreon.

El impacto dio en el blanco, y causó que el scizor volteara su vista hacia atrás. Akirosoku lo desafió con su mirada, y este aceptó intentando atestarle un Tijera X en sus rechonchas carnes. Vacilante, el raudo mamífero esquivó aquel ataque, igual que los siguientes Puños bala, Dobles Golpes y Ataques Rápidos que iba ejecutando. Los veloces pasos del Slowpoke podían evitarlo todo. No importaba por cuál flanco venía. Poco a poco mermaba las energías de Scizor.

En cuanto este no podía levantar sus propias tenazas, el aparentemente lento aprovechó para propinarle a bocajarro otro acua jet, tumbándolo hacia el suelo la rendición. Orgulloso, puso la pezuña en el cuerpo del cansado del crustáceo forestal cantando victoria a los cuatro vientos.

─¡Muy bien, Akiro, muy bien!─felicitaba su entrenadora por sus esfuerzos. ─Venga, te has ganado una siesta hasta el mediodía siguiente.─ Akirosoku se dispuso a reanudar su sueño, esperando a volver a su pokéball.

Después de ser apartado del exhausto hijo de mantis y cangrejo, Gionna sacó su capturador para liberar a aquel scizor de la vidaesfera. No tuvo ningún percance mientras hacía círculos en el aire con la antena del cachivache debido a su agotamiento. Scizor se recuperó después de la expulsión de aquella energía roja y volvió al lugar de donde procedía.

Había sido una captura fácil.

Gobios mostró curiosidad en su cara cuando empezó a trabajar la captura con su propio método. Nunca pensó que demandar una ayuda directa a los pokémon fuera un modo muy efectivo.
─Me quito el sombrero, Gionna. Tú método es… bastante efectivo.─dijo mientras se quitaba el sombrero, literalmente. ─, pero tendré que quitarte unos cuantos puntos por abuso de pokéayudas.
─Meh, es justo.─como si le importara.
─Esa es mi amada. Tan fuerte como siempre.─dijo Alberto.
─¡Y tú… tú… tú te vas a prisión! ¡Por intento de homicidio!─gritó Gobios a Alberto.
─Ni en sueños, carcamal.─dijo mientras recogía el bajo, con la conciencia tranquila. ─que conste que no hice nada. Y dicho esto… me voy de aquí. Ginny… espero que no me tengas rencor por mis fallos.
─Sí… ya… descuida.─contestó indiferente mientras comprobaba las heridas de Kyumbreon e ignoraba su ida y los intentos desesperados de Gobios por alcanzarle. Una vez vio que le costaba horrores caminar, lo guardó en su pokéball y se dispuso a salir de la sala de enseguida. Tenía que alejarse pronto de aquel lugar.

─Venga, Lol, salgamos de aquí.


EXTRA
¡Oh, yes! ¿Sabían que me hicieron un dibujo de Gionna x Alberto? :3
No es que lo shippee, pero me hizo bastante gracia, la verdad. Así que lo pongo.
Wellp. There you go.


#74
...

¿Nada?
¿En serio?
Wow, OK, f*** it. Voy a poner el 28 de todas formas.
Cheerio~!


Capitulo 28


Spoiler
Guiada por los planos, Emily se trasladaba de transportador en transportador, de sala a sala. Tenía que ir a la zona prohibida, por donde nadie podía entrar. Algunos reclutas la vieron, pero no le dijeron ni hola. Tampoco le preguntaba a dónde iba ni qué iba a hacer. Mejor para ella.

Al fin, ayudada por una plataforma de teletransportación, llegó al pasillo por donde enlazaba los dormitorios de los hermanos. Sus voces y risas y una guitarra de “rhythm blues” se escuchaban de fondo. Los tres estaban reunidos en el mismo cuarto, disfrutando de aquella animada melodía. No podía entretenerse mucho, mas podía sacar alguna información antes de llegar al ordenador principal.

─¡Jopé, este tema es lo más!─ Elogiaba Aina a aquella guitarra que tocaba con ímpetu.
─Sí, tío, y si te paras a escuchar... esta habla de desamor. El tío le dice lo buena que está y la tía le tira el Martini en la cara. ¡Ay, jui jui, qué pervertido!─ Se reía David de la desgracia del protagonista de aquella historia.
─¡Juas! ¡Toma martinazo, pervertido!─ Gritaba entre carcajadas Emilio.
─Eh, hablando de amores que acaban mal, ¿sabéis de quién me he acordado? ¡De nuestro hermanito!─ Volvió a reírse el mayor. ─¿Pero cómo puede enamorarse de una ranger que entrena? ¡Es que manda hue...!
─Está como una cabra, tío. A ver si algún día lo va a matar, la tía esa.
─¡A mi hermano no lo va a tocar ni Dios!─ Espetó la menor. ─Antes tendrá que pasar por el calabozo.
─Ya, ya, todos la queremos dentro... todo sea para tener al fin esa arma de destrucción masiva en nuestras manazas.─ Dijo finalmente el mayor.

Emily agudizó el oído. Lo que acababan de decir despertaba horrores. Estaban dispuestos a destruir Floresta. Pero parece que alguien guardaba esa arma... ¿quién sería, se preguntaba? ¿Era la guardián de aquella arma, o era solo, como decía el de pelo aplastado, una enloquecida que buscaba también causar el caos y la destrucción? Esperó a que dijeran más cosas. Pero “Highway to Hell”, la canción más nombrada de AC/DC, interrumpió la charla. Era Alberto, que llamaba al teléfono de David.

─Hablando del rey de Roma... ¡Aina, baja la música, anda!

¡No! ¡Maldito sea! ¡La música alta les habría ayudado a pasar desapercibidas! Pero a lo mejor comentaban algo... No, estaba cansada de quedarse a escuchar la vida del hermano que falta. Tenía que ir al laboratorio tecnológico. Emily y Spyrox pasaron rápido de la conversación, dirigiéndose la esquina del pasillo Sus pasos fueron escuchados por Emilio, pero de ellas solo vio la silueta fugaz del gecko forestal.

─Eh, David. He visto algo.
─¡Chist! ¿No ves que estoy hablando con Romeo, cabeza de chorlito?

Escuchar esa voz notificando que algo había avistado era un indicio de que había pasado demasiado rápido como para pasar en silencio, aunque si hubiera ido lenta, ya estaría seguro de que era algo. Pero lo que más importaba ahora era hallar la compuerta que le daría paso al laboratorio. Sin embargo, estaba muy bien escondida. No parecía que hubiera tampoco un interruptor en la pared.

Emily buscaba el modo de hacer aparecer la sala que estaba buscando, sin algún resultado. Spyrox también ayudaba, pero se rindió de enseguida, apoyándose en la pared y mirando el suelo. Después de unos segundos, sus ojos reptilianos se percataron de que una de las baldosas era ligeramente más oscura que otras. No pensó que fuera un interruptor hasta que lo pisó por accidente. Emily oyó el click del suelo y cómo se abríaparte de la pared para dejarla entrar en la cámara de su Santo Grial enfrente de sus ojos. Miró atrás para ver a Spyrox. Esta le alzó la garra.

─Muy bien, Spyrox.─ Susurró a su grovyle. ─Eres un genio.

Así entraron. Era una sala amplia, tanto de anchura como altura. Los cables serpeaban por el suelo, al igual que las herramientas, minerales de resplandor violeta y revistas de ciencia estaban desperdigados por el lar. Desde luego, el ingeniero que trabajaba en este cuarto no era para nada ordenado. En la esquina derecha se podía ver un artilugio electrónico aún por terminar, mientras que en la izquierda estaba lo que buscaba. El ordenador por donde contendría todos los pérfidos planes que tenían preparados. Pero antes de sentarse, no pudo evitar fijarse en el cristal incrustado en el hormigón y en la maquinaria. Era increíble lo que se encontró detrás del grueso vidrio. Cuatro gloriosas leyendas reducidas a la categoría de sumisas bestias que estaban dormidos esperando fielmente a nuevas órdenes. Raikou, Suicune, Registeel y Regirock estaban ahí. No podía creer lo capaces que eran. ¿Qué pretendían? No se demoró más. Fue presta al ordenador.

La despertó de su letargo pulsando el botón de encendido de la maquinaria. El ventilador lleno de polvo empezó a girar y sonar. El logotipo del sistema operativo Windows Siete no tardó en hacer una colorida aparición y lucirse durante un par de molestos minutos. Ciento─veinte segundos para encontrarse que la sesión “GORDROC” tenía contraseña. Probó con todo lo que se le ocurría; “Bruce Willis”, “Motorratón”, “Dipsy Xics”, “Emilio”... nada. Tenía que notificar a Elena. Sacó su móvil y seleccionó de la agenda “Base Ranger de Hiberna”. Una operaria de estatura media de más de veinticinco años, de corta, recta y voluminosa melena azul marino, con algunas arrugas de expresión que se le resaltaban cuando se ponía de mal humor, respondió a la llamada.
─Aquí la Base de Hiberna, ¿con quién tengo el “gusto” de hablar?
─¿Operaria? Necesito hablar con Elena, por favor.
─¿De parte de...?
─Emily.
─¿Hija? ¿Qué quieres ahora? Ya te he comprado el vestidito rosa tan hortera que tanto querías. Si quieres unos botines igual, te juro que-
─No, señora, Emily de la Unión Ranger de Almia. Póngame con Elena, por favor.
─¿¡Y qué haces llamando desde el teléfono de la base!? ¿¡acaso no tienes un capturador, con el que te puedes comunicar y esas cosas raaaras que hace con los pokémon, eh!?
─Por favor, estoy en una misión de infiltración y no puedo traerme mi capturador. Ahora páseme con Elena, ¿sí?
─Como te pille en el “Mamoswine ocre” poniéndote como una cuba... ¡Eh, Elena, una inepta de Almia quiere hablar contigo!

Enseguida, Elena supo a quién se refería. Era un alivio que se hubiera traído su propio móvil.
─Marian, por favor...─ Dijo fríamente antes de poner el auricular en la oreja. ─¿Emily? ¿Qué ocurre?
─No puedo acceder a la información del ordenador. Tendré que volver con las manos vacías.
─Necesitas una una clave de acceso, ¿no es así?
─Sí.─ Lo había clavado.
─No te preocupes por ello. Marian la tiene, ¿verdad?

Miró con picardía a la operaria urraca. Ya sabía lo que hacía cada tarde; utilizar la I.P de todos los ordenadores del pueblo para entrar de incógnito en sus sesiones y mirar los archivos personales que había. Era una forma silenciosa de cotillear. Enviaba primero un keylogger a través de las actualizaciones del ordenador para saber la clave de acceso de administrador y así, a través de comandos y terminales, manipulaba el ordenador a su antojo. Aunque Chris ya la había descubierto hace un par de meses mientras intentaba infiltrarse en un nuevo ordenador que había aparecido.

Desde aquel tiempo, ella permaneció bajo vigilancia. Una vigilancia que fue aminorando por la creciente demanda de ayuda, también por sus artimañas de engaño, que tenía que utilizar de nuevo para mantener esta buena temporada de chismorreos cibernéticos.

─Elena, querida, me he arrepentido taaaaanto de mis crímenes que he borrado mi lista de contraseñas.
─No soy tan confiada. Anoche vi tu lista mientras te fuiste a repetir taza.─ Marian se calló. Dejar la sesión abierta fue el mayor error que cometió en su trabajo como operaria. Pero al menos le dio la oportunidad de lucirse como orgullosa hacker poseedora de Gentoo.

─Buf, está bien, tú ganas, jefa. Pásame a la chica.

Elena le devolvió el teléfono.

─Vale, muy bien, señorita negligente-que-no-quiere-usar-el-capturador, escúchame bien; ¿tienes el router cerca?
─Lo tengo.
─Pues sé buena y dame la clave WEP.
─¿Qué? ¿Cómo que te de la clave?
─Marian, como hackees el ordenador y vean que el ordenador está haciendo cosas raras...
─Naaaaah, no es para eso. Es solo para ver la I.P y encontrar la clave en mi lista.─ Luego le preguntó dónde tenía escrita la clave. ─¡Debajo, anonada! Um-hum... interesante... no pensé que el ordenador de esos niñatos malcriados fuera el del centinela.
─¿Qué?─ Preguntó Emily.
─¡Nada, pon la clave “60-rococo” en la sesión! Tendrás un pendrive, ¿no?
─Sí tengo.
─¿Con archivos de la unión?
─Sí.
─¡Inepta! Tenías que haber traído uno virgen.

La operaria le caía cada vez peor. Le desagradaba tantos insultos en una sola conversación. Pero tenía que mantener la compostura.

─¿Y eso por qué?
─El centiniela es como un antivirus inteligente. Si el Porygon2 ve algo anormal en el contenido de los archivos, ¡te cortará la conexión con el disco, porque sabrá que TÚ, ignorante de la ciencia informática, eres una usurpadora de información!─ Seguía menospreciándola mientras explicaba.
─Jo. ¿Y ahora qué hago?
─Tsk, tranquila. Tu ve iniciando sesión, ¡pero no toques nada hasta nuevo aviso!

Cada vez aquella voz de fumadora frecuente le irritaba más. Pero al menos parecía tener un plan, así que siguió sus indicaciones. Los altavoces estaban al máximo, tanto que a Spyrox le dio un sobresalto. Nada más sonar un poco el típico tono de inicio, bajó bruscamente el volumen. El pato cibernético enseguida se mostró, dando su saludo protocolario mientras notificaba por un bocadillo de texto la ausencia de amenazas durante esta semana.
─Muy bien, ¿ahora qué?
─Espera...

Ahora era el turno de la hacker. Sacó su propio lápiz USB azul cobalto, donde tenía guardada su mejor artimaña de intrusión cibernética. Lo enchufó en la caja y abrió la pequeña unidad de disco. Luego ejecutó la unidad Sombra.prg. Una terminal se abrió demandando una verificación de quién está usando el programa. Tras poner su correspondiente contraseña, la ventana negra le dio la información que ya sabía. La versión del programa del pokémon, los comandos básicos... Poca falta le hacía toda esta información. Con sus largos dedos tecleó lo que sería la orden de ataque:

Sombra─> sudo IP 736.346.123.50 ~attack.

Emily vio de pronto a otro Porygon. Este era más rectilíneo y geométrico, y tenía en la cabeza una arroba acompañada de dos huesos, como si imitara la bandera de una banda pirata. El guardián del ordenador intentaba avisar, mas no sonó nada. Creó otro bocadillo de texto. “Bueno, supongo que usted, señor Rompalion, ya está viendo lo que pasa. Se está iniciando el protocolo de eliminación de entes intrusas.”

Entonces los dos desaparecieron. Eso dio a Emily tiempo para buscar los planes. No fue difícil; todo estaba en la carpeta de documentos. Una vez hallados, tenía que conectar el lápiz rojo y amarillo al ordenador. La ventana del explorador de archivos de dio acceso a su información personal y de la unión. Pero antes trasladarlos a su unidad portátil de almacenamiento, tenía que mirar de primera mano qué tipo de planes eran. Planos es lo que encontró. Piezas dibujadas con precisión geométrica, señalando qué función tenía cada una... todo para construir una máquina semejante a un órgano. Se parecía la máquina que se asentaba en la esquina, con todos sus cables al descubierto. Pudo fijarse que, en un polígono formado por la unión de dos triángulos isóceles y un rectángulo, había una anotación que apuntaba que esta era la fuente principal del hípercapturador.

El siguiente archivo eran trozos del folclore de Floresta. Pero entre todo el archivo destacaba la fotocopia de un periódico del día cuatro de mayo de 2011. El titular parecía digno de pertenecer a un cómic del género de superhéroes; mas era real. “El Pelipper” no pertenecía a la ficción. “Entrenadora jóven captura a un Dragonite gigante”. En el texto contaba como aquella chica de catorce años salió viva de un centro de experimentación biológica oculta entre la maleza del Bosque Saúco. Esta había logrado atrapar lo que iba a ser el fin de la región de Aria con el prototipo de pokéball eficaz jamás creado; la masterball.

Emily no sabía qué pintaba este artículo con toda la mitología. Los dragonite son conocidos por ser unos pokémon marinos gentiles y fuertes, pero no eran una leyenda. Procedió con copiar los archivos en el disco montado de cuatro gigabytes; sin embargo, cuando ya estaban en el lápiz USB, el centinela ya expulsó al atacante.

“Ya he eliminado a la amenaza. El ordenador está libre de peligro ahora... oh, espera...”

¡No! ¡Ahora que había terminado su trabajo! Retiró rápido el dispositivo, pero este ya había analizado su contenido para prevenir infecciones. El pokémon informático no tardó en subir el volumen de los altavoces y emitir pitidos para advertir a todo el recinto que hay un intruso. Echaron a correr rápido para encontrar la salida, pero no tardaron toparse con los tres energúmenos a su acecho.

─¿Qué coño hace un recluta aquí?─ Preguntó Emilio.
─¡Idiota! ¡Es un intruso ranger con su acompañante! ¡A por él!─ Ordenó David.

Fueron a por ellas, obligándolas a retroceder y entrar en la puerta blanca llameante del final del pasillo. Luego bajó por las escaleras que había en la esquina. Se encontró en una sala con baldosas verdosas, púrpuras y grises, poblada de pokémon de rugoso y lustroso acero azulado. Luego entraron en un pasillo con una alfombra roja cubriendo el suelo metálico, donde las criaturas corpulentas de cuatro brazos fingían ser coloridas estatuas de culturistas. Finalmente, llegaron a una habitación sin salida. Tan solo se asentaba un trono y unos vidriares psicodélicos iluminados de forma artificial. Los hermanos no tardaron en alcanzarlas.

─¡Ja! ¡Estás muerto, soplón!
─Sí, sí, muerto... o muerta. ¡Jo, hermanos, habéis estado llamando chico a una chica! ¡Que mala vista que tenéis!─ Dijo Aina a sus dos hermanos mayores.
─Bueno, bueno, menos cháchara, vamos a cargárnoslo, cargárnosla, ¡lo que sea!─ Clamó otra vez el hermano menor.

Estaban acorraladas. Al no ser que apartaran a aquella pandilla de enloquecidos armados con sus instrumentos, no había salida. Los flancos estaban bloqueados por un par de Machamps que siguieron al trío anteriormente. Y no tenía el capturador a mano... Estaba perdida, pensaba Emily. Pero Spyrox no iba a sucumbir. Estaba dispuesta a darlo todo con tal de salir de ese lugar tan estrafalario. Preparó sus cuchillas vegetales y atacó a uno de aquellos musculosos monstruos para prevenir que atacara a su compañera. El Machamp evitó el corte retrocediendo su espalda, y en consecuencia, perdió el equilibrio. La caída de aquel titán permitió a Spyrox ver su salvación. Cogió la mano de Emily con sus garras y la condujo hasta ahí. Pese a los afanados mandatos de los tres hermanos a sus hombres mutantes y los pasos prestos de aquellos, no llegaron a detenerlas. En cuanto Spyrox pisó el cuadrado más oscuro del suelo, este las engulló.

─¡Maldita sea! ¡Han encontrado nuestra trampilla!─ Bramó David con frustración.
─Pues nada, a bajar se ha dicho.
─¡Ni hablar! ¡No pienso mojarme!─ Protestó Aina.
─Naaaah, ya los hemos perdido. Además, me da palo bajar y subir otra vez. Ala, vamos arriba tíos.─ Concluyó al fin el mayor.

Aquel vocifero fue escuchado por las dos fugitivas que recién aterrizaron en una gruta húmeda llena de agua. La temperatura era mucho más fría en comparación a la base. Sin embargo, no era mucho frente al exterior. No tardaron en encontrarse de nuevo con la nieve y con un cuervo rapaz metálico planeando en dirección a ellas. Los reflejos del tímido sol invernal que emitía les cegaba un poco, pero encima podía verse una mujer asentada encima de aquel pájaro de Estínfalo. En cuanto se acercó, ya pudo saber quién era aquel personaje.

─Hola, Emily. Veo que has logrado cumplir tu misión.─ Saludó.
─¿Elena? ¿Cómo sabía que iba a salir ahora?
─No lo sabía. Quise ir a echarte una mano en cuanto Mirian me dijo que podrías ser descubierta, pero veo que no me hizo falta... Venga, subid, regresemos a Hiberna. Oh, y no te preocupes por tus cosas; Skarmory las tiene en la garra. Vamos.
Así pues, Emily y Spyrox se montaron encima de la fría piel de acero de la lustrosa ave. En cuanto alejó sus patas de la escarcha, Elena procedió a hacer una llamada con su capturador.


#75
Once días después, un capítulo con mucho diálogo;
Sigo esperando que alguien diga algo,
Son casi las dos de la madrugada y me vuelvo majara,
Así que escribo este poema aunque me carcomiera.

Cheers.

Capitulo 29


Spoiler
Eran las cuatro de una tarde fin de invierno. Incluso en la zona tropical de Floresta, eran horas próximas a la puesta. La luz era aún intensa, pero pronto los azules serían amarillos y naranjas, para luego desaparecer y dejar el cielo sin nada salvo puntos blancos en el azabache y una luna incompleta. Dentro de la base de Villaestío, no había mucho movimiento, como era costumbre. La operaria estaba tecleando para dar signos de vida en las redes sociales; Soel hacía lo mismo con su móvil, al igual que aquel hombre que vino recientemente. Carlos en cambio animaba el ambiente tocando con el ukelele una canción hawaiana, posteriormente interrumpida por el ring del teléfono. Tras un suspiro de molestia, la secretaria cogió con desgana el útil de comunicación a distancia.

─Aquí base ranger de Villaestío, dígame... ajá, un segundo... Carlos, tienes una llamada.
─Uy, ¿quién será?─ Se preguntaba en voz baja mientras dejaba reposar su instrumento de cuerda. Luego cogió el teléfono. ─¿Diga?
─Ha pasado mucho tiempo, Carlos.─ Dijo la voz femenina. Unos golpes de aire se escuchaba en el fondo.
─¡Elena! ¡Eres tú! ¿Qué tal te va?
─Como siempre... pero no te he llamado para charlar. ¿Recuerdas el Acuamóvil que regalaste a Selena?
─¡Claro, cómo olvidarme de él! Sigue aquí mismo. ¿Por qué?
─Bien... porque necesito que mandes a alguien más para Hiberna.
─Pero... es de Selena...
─Carlos, Selena está en la base del equipo Go-Rock, en la Sierra Oscura. No creo que le haga nada que lo usemos para enviar un pequeño apoyo para su rescate.
─¿Oh? ¿¡Está en Hiberna!?─ Este se quedó patidifuso. Al fin la encontraron. Estaba feliz; puede que no pueda estar en las mejores condiciones estando en territorio enemigo, pero al menos sabía que estaba viva. Y eso le alegró el día. ─¡Tengo que contárselo a Alejandro, a la de ya!

Una risita se escuchó procedente de Elena.

─Carlos, no es necesa...─ Luego los pequeños golpes melódicos del capturador daban a entender que su compañero de trabajo y amigo en el pasado fue a darle las buenas nuevas. Se quitó el aparato de la oreja y lo miró sonriente. No había cambiado en absoluto.



Mientras, entre las gélidas cordilleras y el frente marino que separaba del continente a la pequeña isla, Gobios miraba el ejemplar de supercapturador que hurtó a los de la fábrica. Lo había desmontado pieza por pieza, y lo había mirado todo. Habían dos minerales que resplandecían bajo su propia luz. Una emanaba un chute de energía irrefrenable con tan solo tocarlo. Y todavía había algo más. Iba acompañada de lo que parecía un fragmento de una obsidiana semitransparente que irradiaba con un aura oscura. Tomó un sorbo de su café, pensante y con la mirada clavada en aquel trozo de mineral negro. Fuera de lo técnico, tenía su encanto. No podía parar de mirarlo con embriaguez, hasta que el sonido de la puerta automática abrirse le espabiló.

Miró a los recién alimentados; Julio, Ana y... la entrenadora, con sus dos acompañantes. Ella todavía estaba desanimada cuando cumplió su trabajo. Lo que había pasado fue bastante chocante para ella. Podría haber muerto, o todavía peor. El miedo que había pasado era demasiado para que estuviera como si nada. Por poco sentía que su vida iba a acabar. ¿Pero cuántas veces había pasado por esto ya? Lol intentaba darle su apoyo en forma de palmadas para que no estuviera tan mal, en vano.

─Ah, aquí estáis.─ Saludó a los recién llegados. Ana respondió con un saludo rápido y se dirigió presta a su puesto de trabajo. ─Venís en un buen momento. Acabo de desmontar el súpercapturador.

─¿Y? ¿Cuáles son tus conclusiones?─ Preguntó Julio.
─Todavía no he llegado a ninguna... o quizá...─ Gobios volvió a girar la vista hacia el mineral oscuro. Luego se dirigió de nuevo a Julio. ─Tengo una ligera idea de cómo evitan las capturas esos canallas.
─Cuenta.─ Ordenaba el jefe de Otonia mientras se acomodaba en una silla, expectante.
─La fuente de energía que emplean estos capturadores es un mineral que aumenta la fuerza y potencia de los pokémon. Y además... está combinada con otro elemento que no he visto nunca...
─La Vidaesfera, ¿verdad?─ Preguntó curiosa Gionna, olvidándose de sus sentimientos. Ya era hora de estar en el presente.
─Sí, la primera es una vidaesfera. La otra no sé lo que es.
─Ah, sobre eso, creo que lo que me han contado te va a interesar.
No le hicieron ni caso.
─Pero, espera... eso solo causaría una rabia incontrolada. ¿Entonces por qué los que son capturados por ellos, que lo hacen con odio, son igual de obedientes que los que capturamos nosotros?
─Yo sé por qué.
Fue ignorada otra vez.
─Buena pregunta, Julio. Creo que la respuesta reside en el otro componente. Cuando lo he mirado, me encontré captado por ello. Mi mente se nublaba, solo estando pendiente del objeto. Entonces podemos asumir que aquel mineral causa un efecto tranquilizador que vuelve sumiso y obediente al pokémon empleando su propia energía. Es una mera hipótesis, pero tengo la certeza de que es así.

Julio asentía con todo interés. Aquella explicación le pareció muy razonada, igual que todos los presentes, incluso Kyumbreon, aunque estaba más interesado en experimentar su misma sensación.
─Es… justo lo que iba a decir, imbéciles.─insultó, sin más.
─Dejadlos; que se regodeen en su ignorancia.─dijo Kyumbreon.─, señor Agobios, ¿me permite vos mirar de primera pata aquel componente atontante?
─¡Maldito gato desagradecido! ¿¡Es que no puedes llamarme por mi nombre de una vez!?
─Me es hilarante su apodo, así que olvídese. Y también olvídese de su autoridad. Voy a ver, sin permiso o con.

El felino fue caminando hacia la mesa por donde estaban asentados las piezas del aparato del demonio. Mientras, su dueña pensaba. Había algo dentro de esta organización que no estaba bien. Sí, buenas intenciones no le faltaban. Pero a veces tenía la sensación de que había cierta hipocresía en sus actos. Y encima la ignoraron como un par de veces, justo para perder el tiempo en descubrir algo que ya sabía.
La iban a oír. Juraba que la iban a oír.
─Hay algo que me ha inquietado desde hace unos días. Dices que este capturador funciona con un mineral que no conoces y una vidaesfera, ¿cierto?
─Así es.
─Entonces el capturador que usamos nosotros tendrá también un mineral que ayude a controlarlos, ¿no es así?
─Sí. ¿Y eso es todo?
─No. Me dijeron que esto funciona con emociones. ¿Es eso verdad?
─¿Cómo? Bueno, sí, en cierta manera es así… ¿por qué?

Gionna se quedó un rato en silencio. Se estaba preparando las argumentaciones para explicar sus dudas y deducciones. Pero solo pensó que era simplemente una tontería que se inventó Helio para motivarse a seguir en ese trabajo infernal.
─Es… una metáfora, ¿verdad?
─Más que metáfora es nuestro lema. Ya sabes, si intentas capturar un pokémon con mucho nerviosismo y le vas atizando con el disco, obviamente lo hieres. Pero si lo haces bien, es obvio que llegas al pokémon, ¿entiendes?
─Por un momento pensé que eso iba en serio.─suspiró aliviada. Creyó que la Unión estaba engañada con cuentos chinos del New Age y actuaban también como gurús pese a llevar el nombre de científicos. ─Pero aún hay algo que me preocupa aquí. ¿No estamos siendo igual que los del Equipo Go-Rock?
─¿¡Cóooomo!?─exclamó Gobios.
─O sea… cada vez que capturamos a un pokémon… ¿lo estamos controlando en realidad?
─¡Ni mucho menos! Ellos son los que deciden ayudarte. Claro que-
─Lo entendería si solo funcionara en pokémon heridos o controlados, pero no es el caso. Por lo que sé, esto no es solo un aparato sanador, ¿verdad? Ooooh sí. Los pokémon les importa un comino nuestros problemas, así que necesitamos algo que cree un tipo de “lazo” para que acedan sin rechistar a hacer lo que les pedimos, ¿no es así? ¡Y he aquí, tenemos esta cosa llamada capturador, que captura momentáneamente a los pokémon para que nos ayuden! En serio, gente. ¿Eso no sería ir en contra de su voluntad, de alguna forma? Aparte, que los pokémon salvajes también atacan la línea de captura. No es como si dijera “¡oh, mira, una lucecita que amenaza con oprimirme, qué bonita, voy a dejarme tocar por ella!”… no. La perciben como amenaza igual. ¿Qué ocurre aquí, entonces? ¿Por qué simplemente no se dejan capturar?

Parecía que lo habían calado. Había puesto el dilema en bandeja, y ahora un tenso silencio reinaba en la sala. Esa ausencia de sonido le otorgaba.

─No saben. Vale. Cambiaré mi pregunta, entonces. ¿Qué emplea entonces para que se vuelvan tan afectivos?
─Te lo diría directamente si no fuera porque supiste desmontar mi tapadera. Te reto a que lo adivines, por listilla.
─¡¿Qué?! Oh, muy bien.─ Cruzó los brazos como gesto de altivez. Aquel adjetivo subía su ego. ─Acepto el desafío, pues.─ Luego se quedó pensando, rememorando los hechos sucedidos anteriormente. ─Si bien la reacción que se han dado en todos los pokémon salvajes que he capturado es de aceptación y amor, podemos deducir que su fuente provoca un incremento en la amistad entre el receptor y el emisor...
─Vas bien, vas bien.
─No obstante, solo sé de un objeto que hace que la felicidad aumente... y es la campana alivio. Oh, y la Lujoball. Pero uno es un mero cascabel y el otro es una pokéball lujosa bastante confortable. Tiene que ser un mineral que irradie algún tipo de energía como en este caso, ¿no?
─Exacto. Pero no vas tan mal encaminada. De hecho, estás cerca de la respuesta. ¡Sigue pensando!─iba animando Gobios. Mas Gionna llegó a un punto muerto. Pensó en cual mineral tenía los mismos efectos, pero no conocía ninguno. Y no pensó que la campana tenía un elemento especial que hiciera que tintineara de la forma que tanto gustara a los pokémon.
─Pues... lo siento, pero no se me ocurre nada.
─Me decepcionas, hija. ¿De qué está hecha la campana alivio?
─De... ¿latón?
─¡Noooo! ¡En el intetior!
─¿En el interior? Jo, hay otra pelotita que provoca el tintineo, ¿es eso lo que quieres que diga?
─¿¡Pero de qué está hecha la pelotita!?
─Latón. Puro y simple latón.─ Volvió a responderle Gionna.
─¡No, no, no, no y no!─ Gobios pisoteaba de la impaciencia. ─¡De almina!
─¿Al... mina?

No le sonaba ese nombre. Ni siquiera de la guía avanzada de todos los objetos que los pokémon puede usar. Pero el nombre le sonaba árabe.

─Sí, almina. Es un mineral que influye positivamente a aquel que irradie. El capturador funciona como un contenedor de su energía, a la vez que emplea la misma para influir positivamente en el pokémon.

Eso explicaba porqué aquel houndoom que capturó en su llegada se lanzó a por ella para atacarle afectuosamente con lametones. Pero si el capturador que tenía Helio tenía lo mismo que el suyo, ¿cómo es que ella podía hacer frente a los hermanos y él no? ¿Y cómo es que cuando los captura se sanan? Son otras preguntas que tenía que solventar. Mas Julio se adelantó con una de carácter más existencial.

─Pero... pero entonces... estamos actuando en contra de su voluntad. Estamos forzándolos, igual que lo hacen el equipo Go-Rock. ¡Los estamos tratando como herramientas!─exclamó el jefe de Otonia con cierta indignación.

─No, Julio, en eso te equivocas. Puede que la captura sea más artificiosa y frívola de lo que hice entender, pero al contrario que ellos no estamos hiriéndolos. Si hay algo de cierto en lo que dije, es que estamos haciéndolos entender que no todos los humanos somos crueles e interesados y que también estamos dispuestos a cuidar nuestro planeta. Además, cuando los capturamos, curamos todas sus heridas, sean físicas o emocionales. Apuesto a que la gratitud es un factor que hace que los pokémon nos ayuden, más que la acción de la almina.
—¿Estás seguro? Porque crear un lazo de amistad de forma artificial no es algo que se considere incitar la voluntad propia.—discrepó Gionna.
—¡Pero es distinto! No estás cambiando la personalidad del pokémon ni estás induciéndolo en un trance; ¡es más, estás haciéndole sentir bien! Quizá ese pokémon salvaje tenía una dolencia, pero con la almina las alivias. ¡Estamos haciéndole un favor!
—Bueno… si tú lo dices así… —dijo Julio.

Al menos era un proceso indoloro, pensó Gionna. Pero aún había una duda más.

─Tengo una pregunta más sobre esto. Anteriormente, cuando... um… mi compañero se enfrentó a uno de esos “jovenzuelos” que vimos ensayando en la fábrica no pudo capturar el pokémon que utilizaba. Luego supimos que sus capturadores estaban mejorados... sin embargo yo sí que pude hacerles frente. Entonces, ¿tienes alguna explicación para este rarísimo fenómeno? Porque no me lo explico.

Gobios pensó por un momento. No tardó en dar una respuesta.

─Lo tengo. Y es que tu capturador es... un prototipo de súpercapturador.
—¿Ah? O sea… ¿que el capturador de Selena es...?—preguntó Julio.
—Uno de los prototipos, sí. Anteriormente estaba investigando cómo mejorar los capturadores, y hallé dos modos; uno era utilizar una vidasfera y combinarla con almina para que los pokémon fueran más eficientes, y otra era poner fragmentos de unas gemas procedentes de Almia para potenciar el efecto sanador. Este resultó tener muy buenos resultados, por lo que decidí darle un ejemplar a Alejandro en orden de testearlo. El otro lo probé por mi cuenta. Resultó ser una catástrofe. El pokémon que capturé con él acabó enloquecido y no paraba de atacar a cualquiera que se pusiera en su camino. Conseguí escapar de él, y fui a pedir un escolta a Alejandro. Y ahí estaba. El escolta tenía el prototipo. Lamentablemente, el otro capturador que llevaba cayó en malas manos.
─¿Entonces es posible que el hecho de que pueda capturar a sus pokémon es debido a que mi aparato puede contrarrestar el efecto de lo que tengan?
─Podría ser, sí.─ Confirmó el profesor.

Era un alivio saber eso. Ahora sabía que era cuestión de mecánica y no por un don que ella tenía. Al final no era tan especial, después de todo.
—¡Entonces, si usamos los mismos componentes que ese capturador, podremos hacer frente al Equipo Go-Rock!
—No tan deprisa, Julio. —interrumpió para poner los pies en la tierra. —Los minerales que he usado para hacer este prototipo son extremadamente raros. Y aunque encontráramos una mina pronto, no nos daría tiempo a hacer capturadores para todos. ¡Tardaríamos demasiado!
—Oh… entonces solo tenemos a ella, ¿no?
—Correcto.
—Claro que podemos cederle el capturador a otro ranger, desde que el portador no importa demasiado.
Bueno. Ahora era tiempo para ir al Bosque Lila, recoger a Sephard y esperar a que Alejandro admita de una vez que ella no era tan necesaria…
O no.
—Mejor no, Gobios. Para la poca gente que tenemos, será mejor que no prescindamos de ella. A no ser que quieras irte, claro.
—Si estuviera Aina tal vez, pero tampoco veo que vayáis a hacer algo con tan poco personal.— dijo tras un bostezo. —Aparte… tampoco tengo mucho que hacer, la verdad.
—Seguimos contando con tu apoyo, entonces, ¿no?
—Sí. Con todo él. Gracias por esas revelaciones, Gobios.
─No hay de qué. Ahora, si me permiten, me llevaré los fragmentos... ¿Has acabado de contemplar el trozo ese, Umbreon?─preguntó a el profesor a Kyumbreon.
─No estaba contemplándolo; ergo, no me sentía para nada captado por él. Mas... puedo decir que irradia de energía oscura, si eso le sirve para después. Bueno, todo suyo, señor.

Se bajó de la mesa para que el técnico los recoja. Después se despidió, y los dejó para que hicieran sus planes y sus tejemanejes.


La noche ya se asentó. Ya no se escuchaba ningún paso en los tablones; tan solo el oleaje. Las cálidas llamas de las antorchas tiki, sin embargo, estaban encendidas para todo paseante nocturno. El pueblo estaba en silencio, hasta que unos pies resonaron en la madera. Un par de siluetas se dirigían hacia la base, iluminada con luz blanca.

El chico pasó fastidiado, enfadado, cabreado. Injuriaba para sus adentros a aquel que tenía que acompañar. ¿Cómo se podía ser tan miedica? Carlos estaba cenando lo que él mismo había preparado cuando Soel y Dressela entraron en la base.

─Ah... hola... ¿habéis logrado traer la pieza?
─¿Tú qué crees?─ Se tiraron en los dos sillones de mimbre que habían libres simultáneamente, cansados. Sus otros dos compañeros se reían de él. Había fracasado en en una misión tan simple que su desgracia les resultó cómica. Ellos no sabían lo que era ir con un entomofóbico en una selva plagada de insectos. Mientras Carlos le traía la cena, y cuando colocó el plato en la mesa, se acordó de que tenía algo para él.

─Ah, sí... me llegó un paquete de tu madre. Lo tienes en recepción.

Tan pronto como se sentó se levantó para coger una cuchilla, la caja marrón y volver a acomodarse para luego hacer una incisión que dividió el celo y aflojó su adherencia al cartón. Pudo ver en su interior seis cilindros amarillos con letras impresas y una pokéball ocupada. Además de estos objetos, había un trozo de papel con perfecta caligrafía. Tomó la carta y la leyó.

“Querido hijo:
¿Cómo te va en Villaestío? ¡Espero que no estés escaqueándote cada dos por tres!
Seguramente te estarás encontrando con muchos pokémon cortándote el paso, así que pensé que no estaría mal enviarte repelentes para que no os toquen. También he enviado a Hella... por si las moscas.
¡Que no te muerdan las chinches!
Tu madre.”

Soel se alegró de recibir aquella ayuda maternal. Le acababa de dar la solución para el problema del mecánico.


#76
Ok, solo han pasado 6 días, pero me da igual; mañana no sé si voy a poder publicar y sí, me importa tres plumas que os de más trabajo para comentar.
Me parece increíble que me abandonen justo cuando me estoy encaminando al final. En serio, ¿¡cómo habéis podido!? </3
Que es verano, joer, alguien TIENE que tener tiempo para poner un comentario, ¿no?
(Y luego digo que no me gustan que otros reclamen atención... estoy fatal, de verdad ._.)

Capitulo 30


Spoiler
A la mañana siguiente, el mecánico volvió a la base tras la llamada de Carlos, con desgana. Después de hallarse con tantos monstruos invertebrados de cuerpos blandos no tenía ninguna esperanza de aguantar en aquella selva, pese a que le comunicaron que su escolta tenía la solución definitiva.
El bajo joven de gafas ovaladas, con la frente dotada de unos pocos grasientos granos y de lacio pelo corto, vestido con un burdo traje de turquesa pastel que le cubría cuerpo entero no se esperaba nada en absoluto.

─Espero que no me estés engañando, Carlos.─Dijo nada más entrar. El jefe de Villaestío le mostró una amplia sonrisa.
─Por supuesto que no. Tenemos seis sprays de los mejores repelentes que hay en el mercado. ¡Y todo gracias a su madre!

El mecánico no entendía lo que el jefe de Villaestío estaba diciendo. La palabra le sonaba; sin embargo, su definición se esfumó para dejar espacio los conceptos esenciales de la ingeniería. No comprendía cómo eso le ayudaría a llegar al lago.

─¿Me estás tomando el pelo?
─¡No! ¡Mira, te muestro!─ Entonces fue hacia el paquete y cogió dos de los cilindros que contenían el químico ahuyentador. ─Con esto no se acercará ningún bicho.
─¡Ja ja, y yo me lo creo! Estas cosas suelen ser un timo. Mi madre compró una de esas cosas para los mosquitos, ¿y sabes qué? ¡Los mosquitos se les acercaba igualmente! Lo compró de teletienda, y apuesto a que la madre de él también pica en esas trampas mortales que te dicen el precio sin los gastos de envío. ¿Y cuando llegan a casa? ¡Oh, sorpresa, cuestan más! Y además, resulta que la cosa...

Se calló. Soel estaba haciendo una demostración en vivo con el Politoed de Fernando, que esperaba a su compañero. Se aplicó el aerosol inodoro por el cuerpo y acto seguido se acercó al anfibio. Este salió brincando con pavor hacia la ventana, haciendo salir fuera a Fernando. Luego él giró su mirada de galán combinada con una sonrisa socarrona para decir una sola palabra con tono neutro.

─¿Decías?

Ya no tenía ninguna excusa para no volver a adentrarse a la espesura selvática. Ahora los insectos tendrían fobia de él. El mecánico, de nombre Héctor, se animó a volver a enfrentarse sus miedos cogiendo todos los repelentes de Soel. Luego este se acomodó en una butaca y reposó su cabeza entre sus brazos, a la vez que cruzaba sus piernas. Ahora era cuestión que volviera con la pieza él solo. Pero su superior desaprobó su actitud e intentó levantarle.

─Vamos, acompáñalo, so vago.
─Pero si ya se las puede arreglar solo.
─Muy bien. Vale. ¿Sabes qué? ¡Te anulo la misión! Puedes ir a patrullar por la playa tranquilo.
─¿De verdad?─ Preguntó sin mucha emoción.
─Sí. Sal y ve a hacer tus tareas normales, anda.

Era raro. Carlos dejándole salir a patrullar sin acabar una misión. Tampoco es que hubiera hecho muchas. Hacía poco que entró en aquel rollo; un par de meses llevaba. Lo único que hizo fue acompañar a la entrenadora y al imbécil de Helio. El resto fue tumbarse a la bartola. Y eso era lo que iba a hacer una vez más.

Salió todavía extrañado y se dirigió a la playa. Sin embargo, no pudo. Se encontró a alguien que no quería ver nunca.

─¡Soel! ¿Qué estás haciendo aquí, machote?

Era Ignacio. Parecía haberse curado de su gripe.
A buenas horas.
Era detestable. Le contaba como se cogía a todas las chicas cuando estaba en el colegio de rangers. Y por mucho que le dijera que tenía otros gustos, él seguía fardando de haber aprovechado bien sus cualidades físicas. Si no fuera tan pesado, quizá lo querría, pero era un incordio. Ni de coña quería soportar otra anécdota suya. Se despidió y se fue hacia la base algo apresurado, pero cuando quiso entrar, la puerta automática no se abrió. Golpeó la puerta, a punto de perder la calma. Luego Carlos, con el ukelele en la mano, se acercó con su sonrisa boba.

─¡Ábreme, maldita sea!
El jefe se negó, aún sonriente.
─Haz tu tarea.
─¡Ni hablar! ¡Huiré de esta estúpida isla antes!
─¿Con el capturador dentro?

Entonces se dio cuenta que no llevaba el aparato en la cintura. No tenía escapatoria alguna. Tenía solo dos opciones: romper el cristal de la puerta o hacer lo que le manda. El problema es que la primera opción le conllevaría a conflictos con la ley. Ya solo le faltaría estar confinado en una cárcel; ahí sí que no podría salir. Era preferible ir a la estúpida selva por donde estaría el estúpido mecánico repeliendo a los estúpidos bichos antes que ser encerrado por allanamiento. Dejó de insistir para señalar a su jefe, decirle que esta vez había ganado y encaminarse hacia el hogar de los terroríficos insectos.

Pensó que el joven no habría pasado de las palmeras. Error. Parecía haber avanzado, y los wurlple aún temblaban de pavor. La alegría que le causaron los efectos de los repelentes sobre su cuerpo hizo que soltara varias risotadas, delatando su presencia en todo el complejo tropical y asustando a toda criatura viviente. Eso le hacía suponer que el muy cazurro había utilizado todos los potes del químico en cuestión. Fue corriendo hacia la procedencia de las risas. Cuatro cilindros de aluminio pintado de amarillo y plata se encontró en el camino. Los dos que le quedaban estaba en sus manos, escupiendo químicos en los ojos de un par de ariados.

─¿Pero qué estás haciendo, idiota?─ Preguntó Soel. ─¡Te lo tienes que aplicar en el cuerpo, no rociarlo por ahí!
─¡Eh, pero tendrías que haber visto sus caras! ¡Cómo corrían los muy hijos de su madre! ¡Jo, jo, jo, jo, jo!

Soel bufó. Resultó ser más idiota de lo imaginado. Demasiado confiado.

─Bueno, deja de maltratar a los pobres bichos. Si Carlos te viera... Además, ¿no tenías que ir a por una pieza?
─Sí, pero quería divertirme un poco. Los bichos me han hecho pasar muy malos ratos y-y-y quería ser esta vez el que-
─Ya, ya, sí, sí, los bichos te arruinaron la vida, ya lo sabemos. A por la pieza, venga, venga.

Soel fue empujando a Héctor para que continuara. En cuanto más pronto acabara, más tiempo podrá expulsar a Ignacio de su territorio. Caminaron llanamente sin que ningún ser viviente se les cruzara en el camino, treparon por una pequeña ladera ayudados de las zarzas hasta que, finalmente, llegaron a un pequeño lago. Cerca de la orilla reposaba aquella pieza que las golondrinas dejaron caer. La hélice que necesitaba el Acuamóvil para propulsarse. El cilindro que lo contenía estaba algo abollado, pero no era un daño muy grave.

─¡Al fin!─ Exclamó Héctor. Tenía ganas de completar ya aquella máquina y admirar todo su trabajo de reconstrucción. Ver al fin aquel vehículo subacuático de la década de los cuarenta, diseñado para misiones de reconocimiento marino, era algo que esperaba con ansia. Y por fin, después de enfrentarse a su etnofobia, ahí estaba; la última pieza que le faltaba. Iba a cogerla de enseguida, llevarla en sus brazos, hasta que una desprevenida carpa saltó delante y recibió el puntapié del zapato de cuero del mecánico. Este fue regresado accidentalmente a su hogar, con un agudo dolor en la aleta derecha. El mecánico tragó saliva. Dañó a un pokémon sin querer.

─Bueno... no le culpo al Magikarp por enfadarse... es culpa mía que se enfadara. Le di un puntapié.
─Coge-la-maldita-pieza.─Ordenaba Soel.

Este se agachaba para cogerlo, cuando de pronto, la misma carpa, enojada, junto a otros tres, emergieron del lago. El ranger se interrogaba a sí mismo qué pensaban hacer estos débiles peces que tan solo pueden saltar en el suelo demandando estar otra vez en el agua. Pero luego el terror de las aguas, tanto dulces como saladas, hizo una aparición magistral. Aquella serpiente azul draconiana estaba furiosa. Miraba con molestia al causante del daño de su hijo tras bramar. El mecánico estaba asustado.

─Eeeeh... vale, vale, no le culpo al Gyarados por enfadarse conmigo... yo le di un puntapié al Magikarp... ─Héctor, asustado, se abrazó a Soel, pidiendo ayuda.
─Suelta, que no eres mi tipo.─ Dijo en respuesta. Entonces este se limitó a permanecer a sus espaldas, por si el dragón marino se disponía a lanzar chorros con toda su furia.

Soel suspiró y sacó la pokéball que contenía a Dressela para empezar a atacar a los moradores del lago y alejarles de la pieza. Su compañera salió con elegancia de la bola, lista para cualquier confrontación. Subestimando a su enemigo, Soel ordenó directamente que use danza pétalo contra ellos. Los Magikarp fueron lentos en reaccionar y recibieron el golpe de lleno. Sin embargo la serpiente repelió el ataque con una tromba acuática que los golpeó a los tres más la pieza.

El agua estaba helada. Héctor tiritaba de frío. A Dressela no le sentaba del todo mal el agua; ni siquiera la fuerza del impacto le afectó mucho. Pero Soel recibió una contusión de parte de la pieza en la pierna. Una bastante fuerte como para resentirse, insuficiente para que le rompa el fémur. Otra razón para arrepentirse de coger este trabajo. Al menos la pieza ya la tenía a su alcance, mas apenas podía erguirse con facilidad. Para colmo no parecía que el Gyarados quisiera dejarlos en paz.

Héctor estaba a punto de soltar una trémula orden de usar el capturador, pero tan pronto como iba a decirle vio que no lo tenía. Entonces el dragón dispuso a usar hidrobomba contra ellos. Por suerte Dressela se interpuso en la trayectoria del chorro, recibiendo todo el impacto. La potencia del ataque hizo que sus pies se arrastraran hasta quedar cerca de los dos humanos padeciendo las consecuencias de la ola. El golpe aún le dolió, y sin esperar las órdenes de su amigo, creó otra ráfaga floral llevada por el frenético ritmo que conllevaba ejecutarlo. El dragón no se esperaba otro tornado de pétalos y recibió los cortes que le proporcionaban. Estaba muy dolido, pero para nada rendido.

Sacó gran parte de su cuerpo del agua para lanzarse a por la dama floral, dispuesto a dar un mordisco con sus fauces. Dressela esquivó el ataque aumentando con danza aleteo su velocidad y esquivó los que seguían; sin embargo un paso en falso permitió a su contrincante clavarle los colmillos. Le cogió por una de las hojas que funcionaban como brazos; unaparte flexible, pero vulnerable. Donde el bocado fue dado, se fueron formando cristales de hielo que le cubrían el brazo con rapidez. Siendo un pokémon tipo planta no podía soportar tanto frío. Tan solo podía tiritar a la espera de que el sólido vuelva a ser líquido mientras quedaba tiesa debido a las bajas temperaturas.

Otro colmillo hielo y no podría defenderlos.

Visto el estado de Dressela, Soel se dispuso a darle la pieza a Héctor, ignorar la contusión, devolver a Dressela a su pokéball y sacar a su otro pokémon. Era débil frente a sus ataques tipo agua, pero qué más daba; al menos podía acabar con él. Con lo poco que le faltaba para agotarlo...

Una lámpara de araña llameante y flotante salió de la pokéball que lanzó Soel. Con la ira en sus ojos exánimes veía a la serpiente, la cual estaba a punto de abusar de la debilidad de la mejor amiga del hijo de su original entrenadora. Era el momento de dar la orden de ataque.

─¡Hella! ¡Usa Bola Sombra!

La Chandelure reunió a las fuerzas de las sombras cerca de sus brazos bifurcados para condensarla en una bola negra de energía opaca. Sin que el Gyarados se percatara, Hella lanzó la bola hacia él. El orgulloso dragón marino recibió el golpe de lleno y no lo aguantó. Se desplomó en el suelo sin consciencia, malherido. Su trabajo había terminado. El Gyarados no molestaría más.

La lámpara fantasmal, después de cumplir con su cometido, fue absorbida por el rayo rojo de su celda.

─Y tú decías que dejara a los bichos en paz... pobre Gyarados.
─Eh, que tienes la pieza, ¿no es lo que querías?─ Contestó a Héctor, aún con una mueca de dolor en la cara.
─Sí, sí, pero... ahora me das miedo...
─¿Por qué? ¿Porque podría haber matado a este Gyarados? Pues será mejor que andemos hacia la base antes de que te mate por impertinente y lento, ¡venga, vamos! ¡Hop, hop!

Irritado y un poco asustado por la batalla que se acabó de dar, Héctor dio la vuelta para al fin acabar aquella reliquia. Soel lo siguió por detrás, cojeando un poco. Ya por aquel día se quedaría sin playa.


#77
Hello!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!! Cuántos otoños sin leernos!!!! Hace rato que veía que subías tus capítulos, pero no comentaba por falta de tiempo, la universidad no me dejaba (si me ponía a leer me hubiera dicho a mí mismo que debería estar haciendo algún deber), así que esperé a tener algo de tiempo, y aprovechando que no tengo mucho que hacer para esta semana, me dediqué a leer lo nuevo que tienes. Por cierto, aquí en mi país no es verano, es invierno (para que veas que te lee alguien desde el otro hemisferio, así de famosa eres). Ahora a comentar.

Ese profesor Gobios si que es irritante, y mezclar eso con la poca paciencia de Gionna, hacen que se generen situaciones graciosas para el lector de vez en cuando.

La relación entre Gionna y Alberto va viento en popa. Siento que con esa conversación las posibilidades de que ellos de alguna manera terminen juntos crezcan, aunque Gionna de por sí es un personaje muy independiente, no necesita de una pareja, pero bueno, sobre eso, tengo que esperar para ver con qué me sorprendes. Me causó gracia el dibujo.

Al fin vemos, mas o menos, el motivo de la aparición de Emily en esta historia. Imagino que lo que sacó fueron datos sobre el cristal oscuro, aunque no me sorprendería que hubiese algo más. Y también supimos algo sobre Selena, que lástima que no la ayudaran a escapar. Ya me imagino que envían a Gionna para buscarla, con el motivo de que es la única que puede y todo eso.

Gionna si que puso en aprietos a los rangers al cuestionar sus prácticas y compararlas con los go rock.

Pero lo que más me causa intriga es esa cosa tan misteriosa que está en manos de Gionna, ¿qué es? ¿por qué lo tiene? ¿Etc.? Dijeron que una arma de destrucción masiva o algo así.

Bueno, lamento haber demorado tanto en comentar. Espero un nuevo capítulo (no pongo "pronto", puesto que no puedo asegurar que lo leeré de inmediato). Ciao.


Lean mi fic: La Historia de Jack Evans
Soy Elven king
(Por si alguien no me reconoce)


#78
Ha pasado una semana. Ya saben qué toca, ¿no? :3

Cita:
Pero lo que más me causa intriga es esa cosa tan misteriosa que está en manos de Gionna, ¿qué es? ¿por qué lo tiene? ¿Etc.? Dijeron que una arma de destrucción masiva o algo así.


Pensaba que ya había respondido eso. Pero vale, mejor que no se sepa todavía [?].

Gracias por tu comentario, Thandruil. Ahora es cuando diría "bueno, me lo puedo tomar con calma y publicar con menos frecuencia"; pero guess what.
Todos esos capítulos están listos para publicar. Ya los revisé antes y están bien (aunque tuve que hacer alguna modificación por las correcciones anteriores, pero no gran cosa). Quizá esta tarde les eche un último vistazo para buscar typos e incoherencias menores y ya podré decir que he terminado RppC [?]. ¡Y así podré centrarme en FdC completamente, al fin!

(Pero quizá me aburra y empiece un fiction original y lo siga junto a FdC, ¿who knows? [?])

Espero que os guste (y no tengan miedo en decirme las incoherencias ;P)

Cheerio~!

Capitulo 31


Spoiler
Todos fueron a desayunar su miseria. Los cereales se acabaron, y Eustaquio, que estaba acostumbrado a los cereales de trigo chocolateados, tuvo que conformarse con una tostada normal y corriente, untada con mantequilla y endulzado con gránulos finos de azúcar refinado. Helio, acompañado por Plusle y Minun, tomaba su vaso de leche mientras los dos conejos comían rebanadas de pan. Gionna, por el contrario, se acabó rápido su zumo y no comió nada. El dilema de ser Ranger y las constantes pesadillas no le dejaban tranquila. Últimamente desde que vio esa piedra no podía dejar de hacer flashbacks al azar. Todo era demasiado confuso. Con suerte esperaba que esa pequeña maldición fuera de dos días.

─Pero come algo, que vas a morir de hambre.─ Dijo Helio. Ella usaba su cabeza para negarle.
—Estoy bien, Helio. Luego me entrará más apetito.
—No creo que luego puedas pillarte una tostada, porque se van a acabar...─dijo seguidamente Alejandro.
─Jódete, Alejandro.─masculló la entrenadora.

Plusle, pese haber sido testigo de lo fría que podía ser, no podía evitar compadecerse. Presentaba un aspecto lamentable, aún con el pelo mojado y con su cara somnolienta. Alejandro, como solía hacer cada mañana, encomendaba las tareas que se tenían que hacer.

─Bueno...─ Decía mientras tomaba un sorbo de su taza de café. ─Antes de decir nada, tengo que informar que ya hay un vehículo para ir a Hiberna. Así que alguien tendrá que ir a Villaestío para dirigirse a Hiberna para entrar en la base del equipo Go-Rock y desbaratar sus planes.
─¿Alguien cualquiera?─no esperó ninguna respuesta para entusiasmarse.─¡¿Eso quiero decir que Slowpoke y yo también...?!
Alejandro no pudo evitar en reírse de las ilusiones del pobre Eustaquio.
─No Eustaquio, tú tienes que ayudar a mi madre a hacer la colada.
─Jo.─ Se quejó Eustaquio, decepcionado.
─A mí me gustaría ir, pero el Chikorita de una niña se perdió en el Bosque Lila y aún no lo he encontrado.─Dijo Helio con decepción.
─¿Y tu compañera qué?─preguntó Gionna con desdén.
─Eh, a mí me importa más que a ti. ¡Es solo que le prometí que lo encontraría y no puedo dejarla ahí esperando!
─¡Pues no haber abierto esa bocaza, pedazo de burro!─le gritó.
─Bueno, ya, ya; en cuanto la encuentre juro que iré lo antes posible. Cuenta conmigo, Alejandro.
─Ya me gustaría mandarte a ti también; pero solo hay espacio para una persona y tú no puedes capturar los pokémon del equipo Go-Rock. De modo que la única persona que puede ir es...

Todos miraron a Gionna. Ella escuchó todo lo que decían. Su Umbreon no tardó en reprochar:
─Por si no os habéis dado vosotros cuenta, mi señora no está en condiciones de emprender tal aventura.
─Déjalo, Kyumbreon. Iremos. Sephard tampoco puede esperar mucho.
─¿No sería más sensato dejar que el tiempo sane su mal de sueño? ¿Y si retomamos los planes de fugarnos de este infierno con el cuervo y dormimos en un camarote?─preguntó intentando que no se dispusiera a salir una vez más al mundo.
─¿¡Y vomitar otra vez a todas horas!? ¡Una mierda!─se animó mientras se levantaba de la silla.
─¡Esa es la actitud! Sabes ya como ir a Villaestío, ¿no?

Ella no demoró en asentir. Alejandro vio que estaba determinada a ir esta vez. Iba a mandarla a navegar, mas el ascensor bajó a un hombre joven moreno, con poca barba de ojos negros como el azabache. Este, con su acento árabe, dio unos buenos días a todos.

Al oír esa curiosa pronunciación, Gionna se fijó en él; más en su vestimenta que no otra cosa. Un traje de blanco inmaculado con detalles amarillos, de pantalones también tintados con óxido de titanio, largos, de campana alta. Era el uniforme de los domadores de dragones de la región de Alyerkon, uno de los estados desérticos del continente. Pensar en jinetes de dracos le dio alguna esperanza; a lo mejor era un enviado de su abuela para traerla de vuelta a casa.

Pero entonces recordó; ese clan estaba enfrentado con los que ella era afines por cuestiones étnicas. Luego el temor se apoderó de ella. ¿Y si vino para acabar con ella? ¿Y entonces cómo habría sabido que la nieta de la jefa de la Orden del Dragonair estaba en Floresta? No habría modo alguno. Además, no creía que se les estuviera permitido hacer algo tan vil como perseguirla en su exilio.

─Buenos días, Abdulah.─le devolvió el jefe su saludo. Parecía que eran conocidos. Gionna decidió irse pronto; sin probar bocado, sin despedirse. Entonces el hombre le preguntó a Alejandro, deteniéndola en su camino con la incertidumbre:
─¿Es nueva? ¿La has mandado a una misión?
─A Villaestío, que se reúna con Carlos.
─¿¡Nadando!?
Alejandro no evitó dar unas largas carcajadas.
─No hombre, ¡en Lapras!
─Ayyy, ¿¡pero por qué ir en Lapras si puede ir en Dragonite, más rápido, sin náuseas y sin salir del “edifisio”!?

Se quedó paralizada. ¡Maldito estúpido! En ese instante, empezaba a compartir el mismo odio que su abuela. Por arrogante.
Kyumbreon observó ese respingo que dio.
─¿Ah? ¿Yassira se ha recuperado?
─¡Pues claro, ya está bien, puede ya volar y transportar como cualquier otro dragón volador! ¡Tan recuperada está que ya podría “haser” una “vissita” a “Rayquassa”, ya, ya!─ Afirmó exaltado el domadragones.
─Mira qué bien. Entonces, ¿aún no saliste? Perfecto, porque cambiamos de planes. Reúnete conmigo en el segundo piso, ¡pero por el amor de Arceus, cómete una pieza de fruta al menos!

Después de dar la orden, Alejandro subió al segundo piso, hablando con Abdulah. Ella se quedó quieta, enfrente de la puerta. Estaba perdida.

Villaestío. Un día después de que Soel cumpliera su segunda misión, Carlos lo recompensó por su arduo trabajo con un poco de dinero; sin embargo, él consideraba que esta cantidad que le había dado no compensaba el día perdido de playa.

Sentado en los tablones del pueblo sobre el agua salada, se arrepentía de coger ese trabajo. Habría preferido ser un entrenador pokémon, con tan solo tener la única preocupación de deambular de tierra en tierra, en busca de torneos que le pudieran hacer algo adinerado; o si no vivir de las monedas que los caminantes derrotados le darían. Al menos así podría haber conocido a alguien con quien podría mantener alguna relación.

¡No! ¡Tenía que optar por estudiar en la Escuela Ranger de Almia para que, por presión de sus padres, pudiera hacer algo más provechoso! Pero al final acabó siendo lo mismo que ser entrenador; incluso peor, pues estaba limitado a seguir órdenes. Ya estaba hasta la coronilla. Tenía que marcharse de ahí. Y, para empezar, tenía que despedirse. Fue a la base, y nada más ver a Carlos, se dirigió a él. Con una mirada de extrañeza por su repentina entrada, preguntó:

─¿Ocurre algo, Soel?
─Abandono.

Se produjo un corto silencio. Carlos no estaba nada impresionado.

─Bah, era cuestión de tiempo. ¿Viniste a devolver el capturador?
─Pues no. Aún pretendo usarlo.
─¿Cómo que-? Venga ya, ¿entonces por que no te diste a la fuga directamente?
─Porque... necesito esto.
Al lado de Carlos había un equipo rudimentario de buzo. Soel lo cogió todo, sin permiso ni nada.
─¡Eh! ¿¡Qué haces!?
─Hombre, no me meteré al agua así.
─Ah... quieres ir a ver si encuentras un sireno, ¿no?─ Preguntó con ironía, con intención de provocar. Sin resultado alguno, pues siguió la broma con mucho gusto.
─Pues... sí. ¡A lo mejor tenemos hijos y todo!

Carlos se reía de aquella frase. Pese a haber cierta malicia entre los dos, había disfrute por ambos bandos.

─¡Suerte con eso, y que no te estrangulen las algas, fresco!
─¡Lo mismo te digo con las parras, gordo!

Después de esta charla irónica, salió del recinto. Ahí no le irían a dejar cambiarse. No más. Dejó el neopreno y solo se puso las aletas, el visor, conectó la bombona al respiradero y se zambulló con las bambas en la mano. Esperaba salir pronto del agua, al menos. Pese a la temperatura tibia, el agua sentaba fría. Pensó que tendría que retroceder. Pero ya estaba hecho. Se sumergió para alejarse de los tablones que sustentaban la villa de madera, de la playa, de aquella asquerosa selva llena de bichos que le costó dos días enteros de arena... ya era hora de empezar una nueva era. Aunque si quería empezarla, tenía que procurar no morir de hipotermia. Tuvo que ponerse el neopreno. Ahora tendría que coger un vehículo, pero rápido.

Bajo el fondo del mar, cuando ya nadó unos cuantos metros, algo amplio ascendía de él. Algo con antenas, de azul igual que las mismas profundidades, de espalda compuesta por varios círculos con un punto en medio, con una tira haciendo de cola. El candidato perfecto para que le lleve a tierras desconocidas. Sacó el capturador y apuntó hacia aquel mantine. Pulsó el botón para que el disco se vaya directo a él tras un rastro de burbujas.

Jadeos. Una desesperada lucha por recuperar el aliento se producía en el segundo piso de la base de Villavera. Lo que le hacía respirar agitadamente no era tan grande como aquella bestia que se encontró hace años. Sin embargo, su fisonomía le traía malos recuerdos. Recuerdos que la paralizaban y le impedían que moviera el capturador con firmeza. Pediría desesperadamente ayuda a sus pokémon, pero Alejando le requisó sus pokéball para asegurarse de que no lo hiciera, ni que ellos les pudiera ayudar. Alejandro y Abdulah observaban como la captura de Yassira no progresaba. Solo vieron movimientos torpes e intentos de huir de aquel afable monstruo. Tan solo un aleteo más de sus diminutas alas bastó para que finalmente Gionna quedara una vez más abatida por el trauma.

Cayó de rodillas, soltando el capturador y rompió a llorar. Verla destrozada confundió a Alejandro. ¿Dónde estaba la hábil ranger que que vio cuando ese Houndoom acorralaba al Plusle de Selena? Si no era capaz de atrapar sin pokeayudas... entonces recordó. Previamente, dejó al Houndoom lo suficientemente herido como para que no pueda moverse. Entonces, si solo podía valerse de las pokeayudas, no podía ejercer de ranger. Pero ella era la única que podía ir al rescate en ese momento. Intentó tranquilizarla dando palmadas en el hombro.
─Eh, eh, ya. Si no puedes capturar a Yassira te envío a Otonia. Por mí no hay problema.

La Dragonite, sin saber que era la causa de su tormento, se acercó también, curiosa. Sintió cerca su respiración y la entrenadora retrocedió sin levantarse, arrastrándose hacia una esquina y acurrucándose, llorando todavía más fuerte y gritando como una posesa:

─¡ALEJEN ESTA COSA DE MÍ!

¡Cosa, la llamó! Yassira se sintió herida y aulló flojo. En cuanto al domador balbuceó algunas injurias en árabe y se arremangó las mangas dispuesto a darle una paliza para que respetara a su Dragonite, pero Alejandro lo detuvo.

─¡No, Abdulah! No sabe muy bien lo que dice.
─¡Pero ha insultado a mi Yassira! ¡”Merese” una “palisa”!
─Oye, no, contrólate. No creo que sepa qué está haciendo.

Yassira se acercaba para saber qué pasaba con ella para que le llamara cosa; pero una orden de Abdulah fue suficiente para que desista. Alejandro tuvo que volver a acercarse para ofrecer su mano y ayudarla a levantar. Ella prefirió no separarse del frío de las baldosas.

─Vale. Muy bien. Te dejo una hora para que te desahogues. Porque sigues queriendo ir allí, ¿no?

Ella asintió sin mirarle.

─Mira, haremos una cosa; te dejaré a Fearow para que te lleve al puerto y así te subes en Lapras para que te lleve a Villaestío, ¿sí? Así no tienes que hacer tanto camino. Por el momento ve a tu habitación a tranquilizarte, ¿vale? No te voy a mandar en estas condiciones.

Ella se levantó con dificultad debido a los temblores, obediente. De verdad él no entendía que le pasaba a ella con los dragones. Pero pensó que quizá su Umbreon podría decírselo. Aún con su mochila en la mano, sacó su pokéball e investigaba cómo abrir la bola. Finalmente, desde dentro, y harto de que lo maree, Kyumbreon accionó el mecanismo de apertura de la bola y salió a su voluntad.

─Por lo que más quiera, ingrato jefe carcelero, deje de mover mi celda.

Alejandro se quedó un poco perplejo por aquellas palabras tan rudas. Al escuchar esa voz que retumbaba en sus cabezas, Abdulah se giró a ver lo que era. Sin dejarse callar, Alejandro le dirigió algunas palabras.

─Bueno, bueno, perdona si no sé abrir una de esas bolas. Ahora quisiera preguntarte algo.
─¿Vos, haciendo preguntas a un servidor? Ah, cuán extraño me parece. Aunque con aquel reto que a mi señora le disteis, no tendría que dejarme tan abrumado. ¿Es sobre miedos que ha levantado? ¿El por qué ha estado tan asustada con este enfrentamiento? Vos deduciréis. No quiero estar gastando energías en deciros la causa de estas reacciones.

─Ah, no, no te vas a callar. Quiero saber qué le pasa a ella con los Dragonite. ¡Cuéntame, por favor!
─¿Te crees que puedo confiar en ti? Mis labios están sellados en cuanto a estas situaciones se refieren. Y más...─ Gira su inanimada mirada hacia el domador unos instantes. ─Cuando alguien del grupo del que desconfía está cerca.

Abdulah se sintió ofendido por las palabras del Umbreon.

─¿Eh? ¡¿Pero qué problema tienes conmigo, pequeño demonio?! ¡Si yo soy buena gente, que vale, que he intentado pegar a una mujer, pero estaba enfadado, pero yo no creer en violencia, solo estaba fuera de sí!
─No es referente a ningún suceso reciente. De todas formas, a ninguno de los dos os incumbe lo que le sucede. Mejor desistan antes de que agotéis mi paciencia e invite al caos en este recinto.

No había forma de que Kyumbreon hablara. Les hablaba con desprecio, y se negaba a decir más. Alejandro estaba bastante preocupado por aquella fobia que tenía, y realmente, quería ver cómo podía solucionarlo. Pero él no se mostraba colaborador.

─Vale... no me dejas más opciones. Si crees que trato de hacerla daño, te equivocas. ¡Y te lo voy a demostrar capturándote!
Mientras hablaba, dirigió su mano para sacar el capturador de su riñonera de plástico, y nada más sacarlo, hizo que la antena se alargara. Después de eso, apuntó a Kyumbreon con el aparato como si una espada se tratase. Un acto que no hizo estremecer siquiera al felino.

─¿Me retas a no caer a su merced? Acepto su desafío.─dejó de estar sentado sobre sus patas traseras para erguirse y estar preparado desde un principio. ─Mas tenga vos en cuenta que no se lo pondré nada fácil. Ni tampoco puedo garantizarle que salga ileso.
Alejandro sonrió confiado.
─Tranquilo. Por algo dicen que soy el mejor capturando pokémon.
─¡Venga, estoy esperando!

El domador y su dragona se limitaron a mirar esa batalla entre el jefe de Villavera y el mesías de Lunetah. Entonces comenzó. Alejandro hizo el primer movimiento sacando el disco capturador. De enseguida empezó a moverse, intentando atrapar a Kyumbreon en un círculo lumínico, pero de enseguida, Kyumbreon saltó encima de la línea, evitando ser encerrado por este.

Con un veloz movimiento, la peonza volvió a intentar rodearle, pero una vez más, se mostraba esquivo, y eso con la mayoría de veces. Iba corriendo y botando como si una fuera una liebre. Era rápido, y esquivo. Aunque no incansable. Nada más intentar aminorar su velocidad para ahorrar energías, Alejandro logró rodearle sobre él a tiempo. Esto hizo que el felino sintiera una descarga que lo estremecía. Algo que le resultó desagradable.

Se dispuso pasar de esquivo a ofensivo, usando pulso umbrío para romper la línea. Eso obligó a Alejandro retirar la peonza del campo. El calambre energético que tuvo Kyumbreon se alivió cuando ya no estaba el disco. Alejandro dio un par de carcajadas.

─Parece que te he subestimado.
─Sin duda.─el seguía sereno, pese a todo. ─Espero que por mis habilidades no le asuste volver a sacar el disco.
─A eso iba.

Y de nuevo, volvió la marcha. Kyumbreon seguía burlando el disco con su velocidad, y Alejandro todavía la hacía danzar. Logró hacer unos círculos, pero jamás conseguía que su captura acabara en éxito. Una vez, incluso, el chacal empleó sus poderes psíquicos para frenarlo, levantarlo, y ejercer presión sobre este, quebrándolo. Dejó caer los pedazos en el suelo.

─Parece que he ganado, jefe de Villavera.
─Eso es solo una pieza.

Como si nada, sacó otro disco de la riñonera y la introdujo en el capturador para luego dirigirla otra vez hacia el Umbreon. La captura prosiguió; no por mucho tiempo. Kyumbreon empezaba a aburrirse de esta persecución continua. Estaba malgastando energías. Entonces se fijó que la habitación de Gionna estaba abierta. Sin perder de vista al capturador, fue retrocediendo hacia la puerta.

─¡Lamento mi retirada, mas no puedo permitirme sucumbir ante el manejo de aquella máquina!
─¡Oh, pequeño cobarde...! ¡No escaparás!

Con toda la emoción recorriendo por sus venas, Alejandro trató de hacerle un amago con el capturador, algo que resultó inútil, pues ya estaba dentro del cuarto.

─¡Tarde! ¡Seré cobarde, pero jamás sumiso! ¡Hasta más ver, señorito!─ Entonces usó psíquico para cerrar con brusquedad la puerta. El sonido de cerrarse la puerta hizo que su entrenadora diera un brinco en la cama y pegara un grito. Kyumbreon movió las orejas y la miró. Tenía el rostro hundido en la almohada hasta después de aquel portazo. Ahora lo miraba.

─¿Kyu...? ¿Te ha sacado?
─Él quería capturarme, pero pobre de él, que no sabía cómo. ¿Ahogada de nuevo en sus llantos?

Ella no dijo nada. Intentaba no llorar de nuevo por el horror. Pero no pudo contenerse ni volver a hundirse en ese saco de plumas.

─Para qué pregunto... siga llorando; hará que prefiera renunciar y contar nuestro sombrío pasado que a hacerte compañía.

Eso no la frenó. Aún lloraba con desconsuelo. Kyumbreon exhaló aire, harto de tanto lloriqueo. Pero tampoco quería salir de nuevo. Si no, tendría que volver a bailar con el disco capturador, y no le apetecía. Solo le quedaba una opción.

─No me puedo creer lo que voy a hacer...

Sin ganas, fue hacia la cama y de un salto, se puso encima de la cama, al lado suyo. Luego se tumbó, llegando a tener su cabeza unida a su brazo para así poder acariciarla. El roce resultó ser un pequeño consuelo. Su entrenadora levantó su mirada para ver qué hacía. Se quedó incrédula lo que veía. El pokémon más frío de todos los que tenía, intentando tranquilizarla con un pequeño gesto de afecto. Cuando paró de oír esos ahogados lloros, se detuvo y la miró.

─¿Ha parado ya?
Se quedó callada, aún con los ojos empapados por las lágrimas, todavía incrédula.
─Kyu... ¿acabas… has tratado de con-?
─Calle. Solo lo hice para no tener que soportarle.
No podía resistirse. Aunque sabía que no le gustaba, le cogió y lo abrazó. Pero no dijo nada. Para no volver a oírla.
─Gracias, Kyu.

Un agradecimiento. Uno que no sabía a qué venía. Solo por darle unas caricias y ya le da las gracias. Pero ya no la oía sollozar. Eso le reconfortaba. Pero quería que lo soltara.
─¿Podría librarme vos de sus brazos?
─Oh... lo siento...─ Lo soltó con un poco de resignación. ─Aunque entiende que necesitaba hacerlo... ya sabrás por qué.
─No hace falta que me mencione palabra alguna. Mas... no me bajaré de aquí hasta que tenga las fuerzas repuestas. Solo para que la soledad no agrande más su tormento.
─Te has vuelto muy amable de repente.─ Dijo con una pequeña sonrisa.
─¿Amabilidad? Jamás. Lo hago por mi propio bienestar. Solo para que mis oídos no sangren más.
Gionna se río un poco, a la vez que se tumbaba boca arriba.
─Que bien que no esté sola en este mundo... gracias por recordármelo, Kyu.
─No hay de qué. Ahora descanse y pare de ponerse empalagosa.

Ella asintió en silencio y se dispuso a echarse una siesta, algo aliviada de sus penas. Kyumbreon se quedó, dubitativo por el cambio que empezaba a producirse en su forma de ser.


#79
Se me pasó un día. Whoops.
Pero no worries; tengo el capítulo.
Al menos para el final, me dejan un comentario, ¿OK? Goodie.
¡Oh, y un "Gracias" tampoco estaría de más! Así sé quién me está leyendo :3

EDIT: Es la última vez que lo hago. Lo juro.
Es que, primero que era muy corto, y segundo que no llegaba ni a puente. Así que puse parte del siguiente aquí y ya de paso acorto el siguiente, que es un tocho sin precedentes -_-
Y como nadie está siguiendo seguidamente, pues... te-hee.
Ale, a ver qué os parece ahora.

Capitulo 32


Spoiler
El momento al fin llegó. Después de un breve descanso de dos horas, Gionna fue llevada al puerto en lomos de Fearow y fue dejada al lado del Lapras para llegar a Villaestío y meterse de enseguida al vehículo que la llevaría cerca de Hiberna, sin esperar las advertencias del mecánico que lo reconstruyó. Pero al final tuvo que esperar a que le indicaran como encender el piloto automático. Una vez explicado, cerró la compuerta que impedía que entrara agua en el interior y se hundió encerrada en la nave. Recorrió una estrecha gruta marina dejando un rastro de burbujas tras las hélices hasta llegar a su destino.

La máquina emergió del agua. Después de dar tantas vueltas con el vehículo submarino salió, y del mareo casi derrite la nieve con su bilis. Gracias a aquel aire glacial, pudo aguantar las ganas a cambio de un enfermizo temblor muy brusco. Afortunadamente Carlos le dio una chaqueta; pero eso no le bastaba para entrar en calor. Cuando avanzó, sintió una agradable subida de temperatura en un rincón. Algo anormal para este clima, pero tentador. Eso indicaba que había una fuente de calor. Lo necesitaba. Fue directa a su procedencia.

Al acercarse se llevó un susto y volvió al frío de enseguida, escondiéndose del algo que vio. Recordó lo que Oak escribió sobre lo recién avistado por sus ojos. “Absorbe almas y las quema. Mece las llamas de sus brazos para hipnotizar a sus enemigos”. Una entrada que le daba pavor. Pero algo más seguro que podía comprobar con solo fiarse de sus sentidos. Esa cosa calentaba, y una vez quitada su vida, se puede partir uno de aquellos brazos para usarla como antorcha. Serían duras, pero no inoxidables. Aunque, ¿las llamas se mantendrían aún volviendo a ser un objeto inerte? Lo dudaba. Pero no quería pasar más frío. Ni por asomo.

Sacó a Kyumbreon una vez más.

─Brrrr, mira que en el interior de la región y la costa hiela, ¿pero aquí? ¡No hace frío, es el Polo Norte!
─Chist, baja la voz, puede oírte.─le ordenaba susurrando a su pokémon.
─¿Quién?─ Preguntó, sin bajar la voz, pero silenciándose para el resto.
La entrenadora señaló al Chandelure.
─Un Chandelure en estos fríos páramos... Menuda anormalidad.
─Yep. Hay que tener su calor, y pienso quitarle sus brazos antes de entrar a esa cueva.
─¿Quitarle sus brazos? ¿Y por qué no simplemente usar ese aparato para controlarlo? Así tendríamos sus cinco llamas a nuestra disposición.
─Buena idea. Pero tú lo entretienes para que pueda atraparlo.
─Conforme.

Después de ese acuerdo, ambos se preparaban. Ella sacaba el capturador para usarlo una vez más. Él se ponía en posición para hacer un ataque sorpresa. Cuando estaban los dos dispuestos, los dos esperaron un corto lapso de tiempo.
─Vos diréis cuando asaltaremos.
─¡Ahora!

Dada la orden, Kyumbreon se lanzó encima del Chandelure para detonar una onda umbría. Pese a ser un ataque efectivo, soportó el golpe, aunque le dejó aturdida un momento. Entonces salió ella, con el capturador listo para escupir el disco; pero tan pronto como empezó, tan pronto fue interrumpido el proceso.

─Eh, eh, eh, ¿¡qué estáis haciendo!?─ Dijo una voz. Un chico que estaba al lado del candelabro y que por poco le daba el pulso umbrío. El Mantine lo llevó aquí. Sus ropas ligeras no le cubrían nada, lo cual hacía que se helara aún más que todos.
─Mi señora... mucho me temo que ha metido la pata hasta el fondo.
No dijo nada.
─¡Ja, ja, ya te vale, intentando robar pokémon de otros...!─ Le contestó en tono de broma.
─Perdona, pero es que tengo frío y...
─¡Y yo más! ¿¡No ves cómo voy!?
─¿¡Pero a quién se le ocurre ir de buzo en este tiempo!? ¡Joder, Soel! ¡Que aún estamos en invierno!
─En mi defensa, no sabía a dónde me llevaría ese Mantine.
─Ah, que te fuiste en Mantine… er, mira, da igual, tengo que ir a una misión y...
─Un momento, entonces, si estás en una misión... ─pensó un momento. ─No me digas. Aún estamos en Floresta, ¿no?
─Joder, ¿pero dónde te creías que estábamos? ¿¡En Siberia!?

Soel soltó un quejido. Todavía estaba en territorio ranger.

─He robado el equipo de buzo para nada.
─¿Por? ¿También quieres irte de esta maldita región o qué?
─¡Obviamente! No tengo futuro aquí.
─Ah, mira, yo fui en ese aparato de ahí. Puedes cogerlo, si quieres. Al fin y al cabo, yo voy a rescatar a alguien y ya también me piro. No me pueden hacer nada.
─¿De verdad? Vaya, vaya, no eres tan mala después de todo, encanto.

Típico. Hacerle un halago para que pensara que la estaba cortejando. Fue algo que ignoró por completo.

El renegado regresó a Hella a su pokéball. Fue directo a entrar no sin antes decir:
─¡Hasta la vista, Floresta!

Pero el acuamóvil no arrancaba.
─Oh... me olvidaba… está sin gasolina. No le llegaba para la vuelta.

Kyumbreon no pudo evitar echarse una carcajada. Soel salió del submarino de exploración para dirigirse a ella y decir lo evidente.

─No funciona. Menuda broma me has gastado.

Kyumbreon soltó más risas. La entrenadora se empezaba a sentir mal.

─¡Bueno, que yo no me acordaba que esto solo funciona para ir, esta cosa gasta más que una locomotora!
─Sí, sí, ya lo veo. Pero sigo queriendo salir.
─¡Tú verás! Yo tengo cosas que hacer.─ Dijo al fin, harta de compañías por el momento. Se iba directa a bajar por los tablones de madera, y él se helaba sin la compañía de su Chandelure.

No podía quedarse ahí parado esperando a morirse de frío. Y sabiendo que tenía que pasar por un pueblo... entonces podría al menos tener cobijo.

─¡Espera! ¡Voy contigo!

Ella se giró. ¿Él, ir con ella? ¿Sabiendo que la estaría acompañando en una misión? Pensaba rechazar, pero no dijo nada. Y mientras, Kyumbreon siguiendo con sus risas. Al llegar a ella, lo primero que preguntó fue si podía dejarle ese abrigo. Pensando que haría más calor en la cueva, y con las llamas de Hella, podría soportar un poco ese frío.

Mentira. Ahí dentro hacía todavía más frío. Tanto que las paredes estaban cubiertas de témpano. Las damas gélidas, las Jynx, parecían disfrutarlo. Pero Soel, Gionna y Kyumbreon tiritaban. Era insoportable. Incluso con la chaqueta, él aún podía helarse.
Gionna quiso acercarse más a Hella para poder apartarse ese frío una vez por todas, pero esta avivó sus llamas para asustarla, como venganza por el asalto. Pero en vez de llenarla de miedo, hizo que se acercara todavía más a las llamas. No soportaba el frío.

Avanzaron por las escaleras. En el primer enlace con la red de cuevas estaba guardado por alguien moreno, musculoso, y alto. Tenía un poco de barba, no muy poblada, pelo en punta adornada con una bandada en la sien. Además de las botas, los pantalones caqui y una camiseta, se cubría con un tabardo blanco con una linea roja que pasaba por el medio y tres horizontales de color gris fuerte por el medio a partir de la falda. La ausencia de mangas hizo que a Gionna le entrara más frío.
─¿Y este qué hace?─preguntó Soel al ver su mirada perdida en la espera.─¿Lo conoces?
─Ni idea de quién es.─contestó.─Y nadie me dijo que tendría escolta, así que mejor lo pasamos de largo. Por si acaso.
─Mejor. Me estoy helando aquí dentro.

Pero no pudieron. Ese hombre les detuvo con una frase muy breve.

─Tardaste mucho.─le dice.
Gionna no hizo más que levantar una ceja.
─¿Es una broma? Perdone usted, pero tenemos algo de prisa, así que…
Pero entonces les bloqueó el camino poniéndose en medio. Como muy poco, medía uno noventa. La altura les imponía. Y Soel estaba planteándose seriamente emplear la violencia.
─¿Hola? ¿No ves que tenemos prisa? Venga, venga, apártese, que como me muera de frío será tu culpa, vamoooos.─insistió el rubio, pero el hombre no hizo más que ignorar y presentarse.

─Me llamo Chris. Síganme.

Y entonces, él se fue adelantando.
─Menudo rarito.─se quejó Soel. ─¿Ahora qué?
─Pues como si no existiera. Sigamos adelante.

Al fin, Soel, entrenadora y pokémon avanzaron. Se encontraron varios obstáculos por el camino; uno siendo un Steelix que dormía plácidamente en el suelo. Uno que apartaron con facilidad gracias a las llamas de Hella. Obviamente Chris estaba frente a esa serpiente férrea. No le gustó nada las vistas que se llevó. Hasta entonces, decidió, además de guiarlos, vigilar que no hicieran más actos violentos.

En una zona de hielo deslizante, una manada de Pilowsine ahuyentaba a todo ser que estuviera cerca de ellos. Tan alterados estaban que Kyumbreon empezó a plantear matar a unos cuantos y usar sus pieles para protegerse del frío.
Algo que no hicieron al final, ya que Gionna solucionó el problema trayéndoles lo que les afligía. Una de las madres había perdido a su pequeño Swinub.

Ya faltaba muy poco para llegar al pueblo. Todos estaban deseosos de entrar en un lugar con calefacción, o al menos con una estufa. La senda que les conducía a la salida de la Gruta Helada no era larga ni tortuosa; pero sí poblada. Golems, Medichams y algún Dusclops merodeaban por el camino. Había también estalactitas de témpano más grandes que el camino que habían dejado, a la vez que carámbanos colgaban del techo. Gionna no pudo evitar embobarse por el paisaje.

La gruta estaba más iluminada en esta zona, y podía apreciar todo el esplendor que el hielo podía tener. Y luego quería derretir toda esta belleza...

Sin embargo, tras esas estalactitas, alguien se escondía. Corría para dar caza. Sus pasos no eran precisamente silenciosos, pero nadie lo encontró extraño. Se pensaban que era el castañeo de un Snorunt o los pisotones de un Mamoswine.

De repente, Gionna no pudo caminar. Ese alguien le agarró con un brazo, de modo que no pudiera mover los suyos. Tan de pronto fue que quiso gritar, pero una mano la amordazó. Intentó librarse de esta atadura, forcejando sin resultado, pues la sujetaba fuerte, ni podía pedir ayuda. Sus compañeros la dejaban atrás, y ella aún no sabía qué ocurría, hasta que su tímpano izquierdo captó un susurro.

─Hola, capullina. Que sorpresa verte por aquí.

No había duda. Aquella voz, cargada de una sed de sangre atroz, le delataba completamente. Era David; el peor de los cuarto hermanos a los que se enfrentó.
─¿Sabes? He venido a capturar legendarios, pero ahora he encontrado algo mucho mejor.─decía, mientras le acariciaba, sin dejarla marchar.─No entiendo por qué sigues aquí, pero desde luego estás siendo una molestia. Y… mira qué bien, parece que estás sola y sin ayuda. Podré degollarte tranquilamente aquí y ahora.

Estaba atrapada otra vez; pero tenía la certeza de que podía escapar. No había ni puertas cerradas ni cuartos oscuros por donde pudiera ser clavada; ni siquiera todo un pelotón rodeándola. Estaba en una cueva abierta que ofrecía varias posibilidades y caminos. Tenía que correr lo más pronto posible.

Sin más demora, levantó el pie para dar una dolorosa coz en el talón de Aquiles y darse a la fuga. Ya el frío no importaba nada. La adrenalina era ahora su motor y calentador. Mas su intento de huida fue anulado. Un Weavile y un Kabuptops descendieron del tejado. Con pavor, ahora por su vida, retrocedió y, pretendió salir por donde había venido. Pero otros dos osos, uno pardo y uno ártico, Ursaring y Beartic, la volvieron a acorralar. Se quedó sin entrada ni salida, con tan solo David detrás suyo. No reprimió sus ansias de reprimirla de nuevo, cogiéndole del torso con su brazo.

─Estás helada... qué lástima que Alberto no te haya encontrado antes. Seguro que habría hecho cosas peores, créeme.

Gionna se estremeció al ver la punta de una navaja acercándose a su gaznate. Aquella lapa estaba impidiendo su fuga tratando de paralizarla con la punta del metal; pero lo único que estimuló fue su instinto de supervivencia.
—¡SUELTA, MIERDA!—gritó finalmente mientras forcejaba sin mucho resultado.
—Nu-uh, ha llegado tu hora, capulla. ¿Quieres decir algo antes de partir? ¡Oh! Cierto. No creo que a nadie le importe tu muerte, ¡jaj!

Tenía razón. Nadie perdonó esos “crímenes” que cometió en un pasado. ¿Pero qué le importaba aquella gente? Ese intento de manipulación emocional le brindó una pequeña oportunidad para salvar su pellejo.

Esperaba que guardara algo de bondad para su familia, porque no tenía otra opción que tocarle la fibra sensible.

—Te vas a ganar el odio de tu hermano, ¿lo sabías?
—¿Quién, ese chiflado? Meh, ya le buscaremos otra, no te preocupes por él.

Lo intentó.

—Buh. No me digas que no te lo advertí.

Se preparaba para cargarse su descendencia con otra de sus coces, negando completamente su temprana muerte. Era cuestión de tiempo; el filo estaba preparado para seccionar la aorta y estaba empezando a dar ese funesto desliz. Ella apenas estaba levantando la pierna. No podía dudar; pero aún así no pensaba que eso bastaría para prevenir una visita al hospital.

Pronto, una orden vivaz desencadenó en un aire caliente, acompañado por unas ascuas azuladas y un fino velo de vapor. David se puso alerta. No había tanto hielo gasificado como para no ver que Chris, Soel y una mujer que no conocía habían venido a buscarla.

Tan pronto como se despejó el vapor, David sintió un punzante dolor de cabeza que fue aumentando de intensidad cada segundo. Tal era la cefalea que lo obligó soltarla. Un intenso brillo rojo se reflejaba en la neblina, procedente de dos ojos diminutos. De enseguida, Gionna supo de quién se trataba. Una vez más, la princesa en apuros fue rescatada por su chacal, ayudado por el candelabro.

El golpe no fue muy duro para el triops bípedo debido a la resistencia natural al fuego que le proporcionaba su exoesqueleto. Pero para el mustélido plumado, las llamas fueron demasiado para él.

─Por dios... ¿No crees que le estás haciendo un daño innecesario?─ Preguntó Soel al agresor del pretendiente enloquecido de la entrenadora.
─¡Es necesario dañarlo y matarlo, si me apura!─le contestó Kyumbreon, acto seguido. No quería dejar vivo a David después de ver lo que intentó hacer a su señora.. Sin embargo, el Weavile, aunque dolorido por las quemaduras, le atestó una cuchillada con sus zarpas en el lomo, provocando la interrupción del ataque psíquico que tanto torturaba a su amo. Después Hella no se pudo defender de un Acua Jet de parte del otro pokémon; algunas gotas de agua provenientes del velo acuático salpicaron sus llamas, lo cual le causó un dolor no muy soportable. Hubiera podido mantenerse aún en el aire si no fuera por los daños del anterior Pulso Umbrío.

Hella estaba debilitada.

─Demonios...─ Tuvo que mascullar el joven renegado mientras devolvía el pokémon de su madre en su caja.─Este Kabutops da duro, ¿eh? ¡Ah, sí! ¡Casi se me olvida! ¡Mira que dejarte tocar por alguien tan feo como ese...! ¡Tienes mal gusto, querida!
─Esto… no me estaba tocando, precisamente...─dijo, balbuceando un poco. La voz de aquella que no reconocía al fin pronunció palabra.
─El caso es que no te ha llegado a hacer nada. Que humillante sería si hubiera llegado a... por Arceus, ni siquiera me atrevo a decirlo.
—Me intentaba matar.—dijo.
—Eso… empeora las cosas.

Veía que los dos pokémon de filosas extremidades aún les quedaba fuerzas para al menos agredir a la débil carne humana.
─Como sea... hay que entretener a estas fieras. Soel, ¿tienes algún otro pokémon?
─Tengo, pero tendréis que garantizarme que el Weavile no lo toque.
─Dalo por hecho.

La señora, con su mirada fría, sacó su capturador lila pálido y alargó la antena de este con un gesto. Chris ya tenía el suyo preparado.
─En cuanto a ti, ve al camino que tienes a la izquierda, ¡antes de que este pervertido te vuelva a poner la cuchilla en el cuello!

Aquella orden le pareció extraña. ¿Estaba pidiendo que huyera de la batalla en vez de que haga algo por aquellos pobres pokémon? De todas formas, eso era lo que tenía pensado hacer; salvaguardar su estado psíquico alejándose de ese chico. El asesino estaba tirado en la escarcha, abatido aún por aquel ataque, pero no inconsciente; aún intentaba recuperarse y erguirse de nuevo para conseguir su propósito. Kyumbreon se levantó sin muchas dificultades pese al zarpazo sangrante, a la vez que Soel sacó a Dressela para tener otro combate intenso.

─Kyu, ¿no te duele?─Preguntó Gionna preocupada por aquella herida leve.
─No se entretenga preocupándose por mi y apurémonos antes de que este energúmeno vuelva a levantarse.
─E-está bien...
Junto con Kyumbreon, fue rauda hacia el camino indicado. Los osos quisieron darles caza, mas David, ya de pie, se lo impidió.
─¡NO! ¡Vosotros id a por esa escoria de rangers mientras le doy caza!

Sin rechistar, obedecieron y fueron a atacar a Dressela mientras él la perseguía. Era más rápido corriendo que ella. Gionna intentaba apurar sus pasos como podía; de enseguida, notó que sus pies le volvían a dar guerra, además del costado. Así no había quién huyera. Kyumbreon ya la adelantó, pero no le faltó mucho para llegar a una caverna.

Le habían mandado a un callejón sin salida. No había nada salvo rocas congeladas y un agujero en el suelo. O quizá el agujero era la salida. David no tardó en entrar.

─Ja... ja... ¿de verdad... te han mandado aquí? Parece que la jefa de Hiberna también te considera alguien prescindible, ¿eh?
─¿Quiere volver a probar mi psíquico, engendro mundial?─ Amenazó de nuevo, preparado para dar una sesión más de estrujamiento cerebral. Mas Gionna no se lo permitió. Cogió a Kyumbreon de los costados, sin cuidado de no hacerle daño. Soltó un quejido vocal, sin usar la telepatía. Ella se ensució con su sangre.
─¿Pero qué está haciendo, torpe corredora que no puede dejar atrás a un acosador sin tener ningún espasmo muscular?
No le contestó. En vez de eso, con una sonrisa retorcida, retrocedía lentamente hacia el agujero.
─Tu... Kyu... no matarás a nadie. Y en cuanto a ti... ¡hasta la vista, caraculo!

Luego se giró hacia el agujero y de un salto se tiró. Gritaba, abrazando a Kyumbreon, para luego acabar sentada en un bloque de hielo rodeado de más agua sólida. Podía sentir todo el frío que tenía ese lugar. Trataba de levantarse, mas por cada intento, volvía de nuevo adherida al suelo. No tuvo otra que dejar que Kyumbreon campara a sus anchas. Él también tenía problemas para desplazarse. No podía levantar una pata sin tambalearse. Gionna tuvo que moverse arrastrándose por el hielo, como una foca en la arena, haciendo que volvieran los tirites. Al ver que su entrenadora avanzaba al menos un poco, dio un brinco hacia su espalda, haciendo un poco de daño. A los pocos metros recorridos, David también fue presa de aquel deslizante terreno.

─¡Aaagh, Ky-Kyu! ¿¡Qué haces!?
─Mis disculpas; ser un ser de cuatro patas es un incordio cuando estás en páramos congelados. ¡Deslizaos, antes de que este aprenda cómo alcanzarnos!

No ignoró aquella orden. Era obvio que tenía que seguir. Mientras David solo intentaba erguirse, ella se arrastraba con el peso de su Umbreon. Poco a poco, pudo ver un poste de madera desde donde estaba. Intentó avanzar lo más rápido que pudo hacia allí; sin embargo, el cazador descubrió que era mejor deslizarse, actuar como su presa. Su sed de sangre le daba fuerzas. Claro que él no tenía que llevar a uno de sus pokémon a sus espaldas. En tres minutos, ya estaba casi al alcance de su mano.
Estaba nerviosa. Se sentía impotente.

─K─Kyuuuuuuuuu... por favor.... ¡bájate de mí!─imploraba, como si ella fuera la avasallada y él quien guardaba su celda. Mas el Umbreon tenía un plan mejor. Pero antes de cometerlo, miró a cuánta distancia estaba su perseguidor. Luego volvió la vista al frente. Acto seguido volvió a encender sus ojos demoníacos. Gionna no pudo moverse más por aquel entonces. Su cuerpo se quedó clavado en el hielo.
─¡¿Pe-pero qué estás haciendo?!─ Preguntó. Nada más quedarse parada ya supo que era obra suya.
─Conducirte.

Con esta contestación lo dijo todo. Sin que ella lo quisiera, empezó a deslizarse, sin mover ni un músculo. Gionna no pudo contener sus gritos de nerviosismo. Iba a mayor velocidad de la que podía controlar. Era como un trineo tripulado por un gato demente. No tardó en pasar al lado del poste y dirigirse peligrosamente hacia un hoyo más. Una vez que ese obstáculo fue divisado, el piloto abandonó su carro humano para tirarse.

Liberada de su peso, trató de desviar su trayectoria, pero la inercia no le dio tiempo. Cerró los ojos para no ver cómo iba directa a romperse la nariz. Pero fue parada en el aire y luego girada unos ciento-ochenta grados a la izquierda para luego caer de pie. Tan solo sufrió el retorno de aquel molesto dolor en las plantas de los pies. Castañeando, se quejó de nuevo del martirio de cada día que parecía haberse marchado para siempre.

─¡Bienvenida de nuevo a tierra, mi señora!─ Le dijo con desdén aquel descendiente de Anubis.

Ignorando su saludo, trató de caminar, sin pensar que el suelo todavía podía ser escurridizo. No pasó nada. Al fin estaba pisando roca escarchada. Después observó todo lo que le rodeaba. Podía ver toda la zona gélida que hace poco cruzó para luego encontrarse con su perseguidor.
─¿Hemos... vuelto a la parte trasera?
─Eso parece.─ Contestó a Kyumbreon.─Pero volver por donde hemos venido no servirá para avanzar y escapar...─ Se giró para ver la puerta.─Creo que entrar en esa cámara sería mejor opción para que aquel engendro nos deje en paz.
─Me parece bien. Abre la puerta.
─No hacía falta que me dierais esa orden.

Procedió con emplear sus poderes psíquicos una vez más para correr las losas. Poco a poco, fragmentos finos de hielo caían, y la puerta se abría. No la abrió por completo, pero dejó una entrada lo suficientemente ancha como para que los dos pudieran entrar en fila india. La longitud de la abertura era suficiente para ellos. Además, las losas estaban demasiado heladas como para poder abrirlas del todo.

Nada más dejarlas así, David también bajó, pero este tomó otro modo de aterrizar, cayendo de pie. No podían quedarse expuestos de este modo por mucho más. Entraron raudos en la cámara, pisando fuerte, con el demonio pisándole los talones. Una vez dentro, el siniestro felino movió de nuevo aquellas pesadas placas para cerrar el acceso a cal y canto.

David pudo frenar a tiempo para no estamparse contra la roca. Intentó separarlas con su fuerza; mas acabó golpeándolas con sus puños, frustrado.


#80
Maaaaaan, me dijeron que David estuvo OOC aquí...
Bueno, tampoco tenía muchas opciones si quería mantener el ritmo de la trama -w-
Y me da que el desenlace perdió ganche en el anterior. Sheeeeeesh...
Bueno, bueno. La cuestión es que tengo el episodio aquí. So.
Cheerio~!

Capitulo 33


Spoiler
La maciza piedra no les permitía oír su éxito de su fuga. Habían conseguido refugiarse en aquella cámara umbría. Las marcas de Kyumbreon proporcionaron la iluminación mínima; lo suficiente para ver la neblina circundante, lo insuficiente para saber dónde acababa la sala.

Gionna buscó entre la oscuridad alguna pared para apoyar la espalda y sentarse para recuperarse. Encontró algo resbaladizo y frío, pero liso. Parecía un sitio cómodo; idóneo para reposar. Sin embargo, no era una pared sin relieve donde descansaba. Témpano era y no era. Los pequeños ojos de su acompañante podía verlo con claridad a través de la neblina.

─Burda humana, álcese de nuevo y retorne a mi costado.─ Ordenó su vasallo al ver qué era.
─¿Pero por qué? Necesito recuperarme...
─¡Le digo que se aparte si no quiere tener problemas!
─Si me lo pides así no voy ni de coña.
─¡Necia, no sabe por dónde se apoya!
─¡Y tú menos, que no lo estás tocando!
─Y sin embargo lo veo, pese la niebla.
─¡Anda ya! ¿¡Cómo puedes-!?

Una cruz latina horizontal hecha por siete puntos se iluminó en la penumbra. Luego un ruido extraño se hizo audible. La entrenadora se sobresaltó, y se levantó con brusquedad para luego retroceder. Ahora sabía por qué Kyumbreon quería que volviera a donde estaba.

El bloque gélido hizo un sonido agudo con tono decreciente, como si le denegara su estancia. Encontrarse con un Regice era peor que enfrentarse a David, pensó. Era mejor respetar a los legendarios antes que hacerles frente.

─Kyu... prepárate para abrir la puerta otra vez.
─¿Sueñas? No volveré a mover el portón con la mente.
─Anda y que te zur-

Su maldición fue cortada. Un viento fuerte y gélido la azotó directa al lado izquierdo. Si antes tenía frío, ahora estaba tiesa como un carámbano. El regi había usado viento gélido. Al ver que la reina había sucumbido a los efectos del ataque del témpano con brazos, corrió directo a ponerse en frente de ella, defensivo. El legendario volvió a usar usar el mismo movimiento, para helarle a él también. Mas se refugió en una barrera recién creada, evitando que reciba todo el viento en la cara. Cuando aquel vendaval cesó, aquella protección se desvaneció. Sus marcas se iluminaban con más intensidad junto a sus ojos. Empezaba a enfadarse. Atacar así a su señora... era imperdonable.

─Aparte, señora mía. Esto ha pasado de asunto nuestro a personal.
─Kyu, no, que es legendario.
─Leyenda será, pero recuerda que yo soy el elegido.

Ya empezaba otra vez. Aquel complejo de mesías de nuevo. En ese momento donde Kyumbreon sacaba su parte más asesina... y sin embargo, convenía dejar que actuara para no sufrir. Su paloma no tendría nada que hacer, al igual que Akirosoku y Lol. Google podría hacerle frente, pero aquella rana pacifista no accedería a atacar a Regice en su propio territorio. No tenía más opción que dejar que él luchara contra el muñeco de Regigigas. Antes de que Regice volviera a atacar, el Umbreon expulsó sus sombras para que este retrocediera; mas el golpe apenas le hizo algo de daño. Luego el legendario cargó una bola de electricidad que la dirigió hacia el asaltante. Una que le resultó fácil de esquivar; hasta la torpe de su entrenadora pudo evitarla con tan solo agacharse.

Luego probó con psíquico. Lo retuvo un momento, pero por mucho que forzara su cerebro para potenciar el estrujamiento, no resquebrajaba. Le estaba tomando mucho esfuerzo. Al final desistió e iba a proceder con su combinación de oscuridad con su manejo psíquico. Las serpientes, invisibles en la penumbra, se dirigieron hacia el inamovible bloque de hielo puntiagudo. Los golpes fieros de aquellos látigos con fauces hicieron que el pokémon regio se arrastrara un poco con el suelo. El pokémon luz lunar estaba atizándole con todas sus fuerzas. Justo cuando parecía lo suficientemente dañado para no moverse, se detuvo y cayó. Tal fue la golpiza repartida que agotó todas sus fuerzas.

Todo parecía que el enfrentamiento había acabado mal para ambos. Las marcas de Kyumbreon se desvanecieron en la oscuridad. Los puntos del morador no se habían apagado. Gionna estaba asustada. Que las luces amarillas y elípticas desaparecieran en la penumbra antes que las otras no era buena señal. Después la cruz pasó de ser un color cálido a un azul cian. No. Aún no fue derrotado. Aún tenía fuerzas para seguir. Y estaba cargando un ataque. Un fino rayo salió de esta iluminación. Un hilo que helaba a su gato y lo sometía bajo una tortura térmica. Su grito se pudo escuchar. Él no pudo reaccionar para evitar que el rayo hielo le golpeara.

─¡NO!

Su señora fue corriendo hacia la dirección del rayo lo más rápido que podía para poder apartarle de la ira de Regice. En el intento se heló un poco los dedos con ese chorro gélido; tanto que no los sentía. Y más cuando tomó a su Umbreon. Estaba más pesado de lo normal. Quedó parcialmente congelado. Aún pudo mancharse con su sangre cuando lo cogió.

Estaba casi en el mismo estado que cuando lo encontró por primera vez. Malherido, débil, aturdido... se podía ver en la misma calle de aquella ciudad de su región en una mañana de marzo. La gente colérica con escopetas y pistolas acompañados de las fuerzas armadas, reclamaban la muerte de Kyumbreon como si de una bruja se tratase. Y ella, con sus inocentes doce años, plantada frente a la multitud tiñéndose las manos de rojo suplicando que no le hagan más daño. Pero su compasión ante el demonio herido la convertía en una incomprendida. Mas no podían matar a una niña que inició su propio camino hacia el exilio. Solo querían al gato.

─Deje de lloriquear y corra a hacer algo por mí.

Esas palabras, las mismas que él dijo en aquellos tiempos, la sacaron de su trance nostálgico. Había vuelto a la cámara oscura. Regice estaba esperando un movimiento por su parte, con las mismas ganas de exterminar a sus intrusos que aquellos pueblerinos a Kyumbreon. Iría a repetir la historia, si no fuera porque estaba encerrada en una cueva y no habían centros pokémon en Floresta.

Tuvo que hacer un análisis mental de la situación. No había opción de huida. El enemigo estaba seriamente herido, pero aún era capaz de matarlos de hipotermia. Kyumbreon tenía una herida en el lomo; pero ahora la mayor preocupación era su temperatura corporal. Los recursos que tenía para tratar el congelamiento brillaban por su ausencia. El resto de su equipo estaba saludable, pero prefería no arriesgarlos. No quería mandarlos a una posible muerte.

Lo prioritario, entonces, era mantener a Kyumbreon estable. Y lo mejor que podía hacer era meterlo otra vez en su pokéball.

─Sé lo que estás pensando hacer. Y es una locura.
─Más loco sería si te dejara luchar en estas condiciones, bobito.─ Le contestó con una leve sonrisa fingida.
─¿Y el resto?
─No se arriesgarán. No pienso matarlos.
─Si vos morís congelada y aquellos desdichados lograran abrir las puertas se quedará con nosotros. ¡Y tendrían en su poder a la bestia! ¿¡Acaso no sois consciente de las consecuencias que tendrá este acto!?

No lo había pensado. Si ella no sobreviviera, el resto de sus pokémon estarían a su merced. Era peor destino que quedar sepultados en témpano. Era un todo o nada; o ella salía viva o ella moría y todos se quedaban a su servicio. Pero al menos ellos eran hábiles. Había una posibilidad de evadir tal desdicha. Y en cuanto a la bestia...

Se llevaría a la bestia consigo.

─¿Tengo que repetirte que vas a cometer un error garrafal? ¡Ni se te ocurra!─ Contestó a su planteamientos.
─Peor sería si perdiera a uno de vosotros. No podría aguantarme a mí misma.─ Decía mientras sacaba de su mochila aquella bola pesada de titanio, el capturador y su pokéball para meterlo contra su voluntad. Iba acariciando la celda de Kyumbreon con los dedos que lo sujetaban mientras temía por lo que vendría después. Por si iba a tomar la decisión correcta.

─Lo siento, chico...

Minimizó la bola y la metió con los demás, después de mucho tiempo. Luego dejó con cuidado la su amada mochila detrás suyo y metía la bola en el bolsillo. Luego miró las luces desafiante. Dio botones al azar hasta darle al encendido. La luz de la pantalla le ayudó a ver dónde estaba el botón verde. Apuntó hacia el Regice. No importaba que no pudiera capturar antes a un Dragonite. Ahora no tenía miedo. O al menos tenía demasiado coraje para caer presa del pavor.

─Muy bien, Regice... ¡ahora yo soy tu contrincante! … O... ¿la peonza es tu contrincante? Vale, me da lo mismo.
Respiró hondo. Luego emitió un grito de guerra que podía ser perfectamente audible tras las puertas.
─¡ADELANTE, PEONZA!

Luego apretó el botón sin cuidado de no hundirlo demasiado. El disco capturador salió disparado dejando su característico rastro. Giraba y giraba sobre su propio eje, y lo dirigía dispuesto a rodear al legendario. Él era lento, así que evitar tocarle le costaba muy poco. Mientras movía el aparato como un florete, iba esquivando todo lo que el pokémon iceberg le lanzara.

El problema era cuando este creaba carámbanos para dificultar las maniobras. Sumado con la ausencia de iluminación decente, se hacía difícil capturarlo, por no decir imposible. El disco chocaba constantemente con aquellas formaciones, dejando que la energía rebotara al aparato y electrocutara a Gionna. Pero eso no le importaba. Quería capturar al Regice para poder estar a salvo. Estaba lejos de conseguirlo. Los circuitos desprendían su olor a quemado mientras pitaba el artilugio. Pero aún no estaba perdido. Ya supo situar dónde estaban los obstáculos y aprendió cómo esquivarlos.

Hizo un último intento. Manejó el disco con el patrón memorizado y logró llegar al regio señor de las nieves. Lo pudo rodear, evitó con habilidad las bolas que lanzaba, pero justo cuando estaba a punto de conseguirlo, una infortunada sacudida de tierra hizo que su mano hiciera un movimiento involuntario que hizo que chocara contra los picos que lo sustentaban y el disco cayera en consecuencia. Regice aprovechó para alzar uno de sus brazos y estamparlo contra el trompo. La peonza se hizo trizas con el impacto.
Se escuchó cómo había golpeado el suelo, pero no se dio cuenta lo que pasó hasta que mandó al ya inexistente objeto levantarse. Agitaba en vano hasta que se fijó en el mensaje que ponía en la pantalla.

“Conexión con el disco capturador perdida”.

Ya está. Era el fin. Sus pokémon acabarían dentro de ese cuchitril, y ella pasaría a ser un trofeo del legendario. Regice se acercaba peligrosamente a ella. Aquellos temblores se sentían más intensos, como si fuera el contador que marcaba sus últimos minutos de vida. Jamás volvería a ver de nuevo a su familia, jamás volvería a casa. La única esperanza que tenía antes de su muerte era que, algún día, otro encuentre el modo de adentrarse en ese lugar y que aquellos que fueron sus hijos, sus padres y sus hermanos sean traídos de vuelta al exterior. Por un rato los temblores cesaron, y Regice estaba cargando otro potente rayo hielo para sepultarla en su tumba helada.

Mas cuando ya no podía estar más resignada, la luz se hizo paso a sus espaldas, revelando la entera figura de Regice gradualmente. Este detenía su ataque, alerta por la costosa e inesperada apertura. ¿Habían venido a por ella, se libraron de las criaturas que le impidieron la huida? Al recobrar una plena visión de su entorno, y sin pensar en quiénes más podrían entrar, recobró sus ganas de vivir y se giró para coger de nuevo su mochila para salir corriendo de aquel lugar.

La puerta se abrió al completo. Ella se llevó una enorme decepción. En vez de encontrarse con Soel y el resto, halló aquel fiero e impetuoso dinosaurio verde que se encontró en la Cueva Unión. Y junto a ese Tyranitar, estaban el hermano ansioso y el hermano ambicioso. Alberto y David.

Han podido encontrarla. A ella y al mito de la caverna.

─Bueno, bueno, bueno... parece que te hemos encontrado, conejita. ¡Jojojooo!

Terrible. El peor mote que le podrían poner. Le traían amargos recuerdos de la infancia. David siguió con su discurso.

─Tendría que agradecerte por meterte en esta nevera mientras escapabas de mí. ¡Nos acabas de conducir a un legendario más para la armada, chica! ¡Oh, joder! ¿¡De qué lado estás, tú!? ¡Mi hermanito ha cogido una tía con suerte!─ Luego de decir eso, le dio un codazo al brazo de Alberto.
─Au, David... me has hecho daño.
─Ya, ya, no era mi intención... ¡Bueno, el caso! Pensaba pulverizarte con Tyranitar esta vez, perooooo... ya que nos hiciste ese favorcillo y mi hermanito estaría llorando como una nena, ¿por qué no casarte con él? ¡Así nos beneficiamos todos! ¡Nosotros con tu contribución y ese monstruo, tú con novio, él feliz, todos felices! ¿Qué me dices, eh?
—David, no.
—David sí. Y no seas imbécil, que luego la mato.

Ni hablar. No pensaba darles esta satisfacción. Guardó el capturador y buscó entre las cinco bolas rojas y blancas la de Google. Ahora era uno de los momentos por donde actuaría.
─Antes muerta que estar junto a ese patán. ¡Google!

Lanzó la pelota para que se abriera y liberara a su Toxicroac. Dio su característico croar para salir. De enseguida reconoció que el Tyranitar no era de la zona ni era salvaje. Se puso en posición de ataque. Regice se puso todavía más alerta. Dos pokémon con tipos que podían contrarrestarle. Apuntó a Tyranitar como el primero en liquidar.

─Vale. Tú lo has querido. Luego no me llores si quieres seguir viviendo.—dijo David.
─¿¡Pero qué-!? ¡Hermano! ¡No la mates!
─¡Lo haré! ¡Siempre me ha caído pedo esa chica! ¡Y me importa un rábano que la quieras o no, y que haya encontrado dos legendarios y que-que-que-! ¡ARGH! ¡A por ella, Tyranitar!

El godzilla se dirigió hacia ella con garra umbría; sin embargo, antes de que pudiera atestarle el zarpazo, recibió un aluvión de golpes en la panza de parte de la rana. Este quedó aturdido, y aprovechando el momento de debilidad, Google saltó para darle otro puñetazo en la mejilla para clavarle el garfio cargado de ponzoña. Una cantidad pequeña de veneno entró por su torrente sanguíneo. Pronto, el pokémon coraza empezaba a notar sus efectos nocivos. El iceberg legendario se movió lo más rápido que podía hacia la batalla y lanzó otro centelleante rayo creador de hielo para atizar a Google. Este, hábil, dio un salto para esquivarlo. Gionna se echó atrás para estar más lejos del regi y de la batalla; así podría comandar sin riesgo de herirse.

La batalla por defenderse se había transformado en un todos contra todos. Cada uno trataba de golpear al otro con todo lo que tenía. Ella fue clara desde un principio: ordenó a Google que atacara más duramente a Tyranitar para que así mantenerlo ocupado. Si podía evitar debilitar a Regice para que fuera menos posible su captura, era mejor que mejor.

Los dos se intercambiaron instrumentos para que uno pueda capturar Regice y el otro comandar a Tyranitar. Con el bajo de Alberto, David sacó su propio artilugio para rodear al regi.
—Controla a mi Tyranitar mientras capturo a este, ¿quieres?
—¡David! ¿¡Vas a hacerme luchar contra mi amor!?
—Sí. Y más bien que lo hagas, o te voy a maldecir por no dejarme capturar a ese legendario.
—La madre que me parió.

Regice preparó otra Machada para liquidar de nuevo al juguete; pero por mucho que quisiera, no acertaba. Iba demasiado rápido. Por otra parte, Alberto no era capaz de tocar la guitarra como lo hacía con el bajo. Seis cuerdas eran más complicadas de tocar que cuatro. Además, no sabía los ningún acorde, así que no podía comandar a aquel devorador de montañas. ¿Y luchar contra Gionna? No… eso no lo podía hacer. No quería que se hiciera daño como en la Fábrica Turnoche.
Estaba harto. No iba a participar en esa estupidez. Dejó la guitarra al suelo, sin poder hacer nada.
—¿Sabes qué? No, voy a dejar que vaya a su bola. ¡No puedo luchar contra ella!
—Me parece perfecto. —dijo Gionna.
—Menudo blandengue. ¡Ala, pues vete, no te necesitamos, shu, shu!

Finalmente, Alberto salió de la cámara, dejando que Tyranitar se desquicie. Mas no duró mucho; el veneno y el rapapolvo proporcionado por el Toxicroack han podido agotarlo del todo. No se pudo hacer nada por Regice, no obstante. Este irremediablemente tuvo que desistir y estar a su servicio cuando les plazca. David estaba contento. Tenía otra máquina de matar.

─¡Ooooooh, sí! ¡SÍ! ¡Te tengo, Regice!─ Decía victorioso. —Ay, ojalá mi hermano me hubiera visto capturarlo. Pero bueno. ¿Qué tal si lo estreno, hm?

No. Otra vez no. No iba a permitirlo. No iba a volver a rendirse. ¡Ahora que podía abrirse paso! Él aún estaba resquebrajado por los ataques de antes. ¡Podía ser debilitado! Comandó a Google que volviera a hacer uso de sus puños para que lo debilitara. Este, sin más demora procedió con ello.

Nada más ver que aquel sapo esbelto iba a lanzarse a él con un salto, ordenó con notas graves que preparara un ataque. Mientras estaba en el aire, cargó una gran bola eléctrica para luego dispararla contra Google. El impacto interrumpió su ofensiva e hizo que soltara un grito de dolor. Cayó al suelo sin remedio, tembloroso. Aún podía luchar, pero el electrocañón le dejó secuelas. No podía moverse bien.
Al ver que Google padecía parálisis, lo volvió a meter. Justo cuando lo iba a guardar, Regice estaba apuntándole a ella con el brazo izquierdo bajo el comando de David. Aún no le interesaba que muriera.

─Muy bien, muy bien, te daré una última oportunidad. Dame esa enorme criatura que destrozó Ciudad Embarque y te perdonaré la vida. De lo contrario, congelaré tu cuerpo para luego descongelarte y quitarte la maldita bola de los cojones, ¿¡queda claro!?

Ahora ya no tenía opción. Si moría, sería en vano. Si vivía, sería señalada con el dedo por darles el arma que podría arrasar toda Floresta. Volver a vivir las oleadas de noticias que le llegaban de un enorme dragón negro andaba suelto y que dejaba paso a la destrucción con su presencia... y la devastación de más lugares... ¿qué pasaría si llegara a pasar por su pueblo y lo redujera a escombros? No. Nunca se lo perdonaría. Prefería no vivir eso.

─Nunca te lo daré, imbécil.
─Oh... qué pena... ¡Regice! Haz lo que tengas que hacer.

Ella se preparaba mentalmente para desaparecer de la existencia presente. Cerraba los ojos para no ver cómo su visión quedaba distorsionada por la formación de agua sólida que la cubriría. Los había fallado. A todos. A sus pokémon, a su familia, a los rangers... era mejor que se fuera. No pensó en los llantos que produciría con su desaparición, ni volvió a dejar la mochila en el suelo. Tanta tristeza le hacía olvidar los otros y la dejaba solo con su ego...

No obstante, algo recibió ese rayo hielo antes que ella. Ese algo también le dolió ese impacto. Era invisible, hasta que el hilo la golpeó. Gionna abrió su visión para ver aquella figura blanca acorazada de rojo en la parte inferior. Pudo reconocer pronto qué era ese místico ser el que resentía por el frío que acabó de tocar su piel.

Latias.

Acababa de volver a salvar su pellejo una vez más. David se quedó atónito cuando la vio aparecer de repente. El dragón eon giró su mirada hacia Gionna. Le guiñó un ojo. ¿Acaso pensaba encargarse de él ella sola?

─¡OH! ¡Pero qué tenemos aquí! ¿¡Tenías un pokémon legendario sorpresa, eh!? ¡Pues ya no vas a tenerlo, porque la voy a capturar!

Gionna no pudo decir nada. Estaba atónita. Realmente, no la había abandonado. Latias echó unas traviesas risas. Se dirigió a David para darle su desafío.

─¿De verdad crees que podrás atrapar a una dragoncita tan esquiva como yo? ¡Inténtalo!

Luego empezó a desvanecerse de su vista, otra vez. El mayor mandaba a Regice que usara el mismo movimiento de siempre a boleo, sin dar en el blanco. Después de varios segundos sin dar signos de su presencia, apartó de improvisto a al energúmeno para abrirse paso. Se volvió a mostrar en el exterior de la cámara, tentando a que la persiguieran. David no demoró en olvidarse de la entrenadora y perseguir a la dragona eon. Regice también fue con él, impulsado por el control que ejercía el súper-capturador.

Al fin libre.