Nuevo capítulo, nueva emoción. Esta vez os traigo el capítulo 9 (algo corto) con el desenlace de la batalla de gimnasio. La situación está bastante desigualada, pero quién sabe que pueda sufrir un cambio inesperado. Y con esto, se puede decir que se acaba los capítulos de presentación. Para los próximos empezaré a colocar realmente un argumento que tenga que ver con la famosa Rosa de los Vientos. No sé, me apetece llamar a todo este conjunto Temporada 0: Zareth.

RaperGomzZ
Cita de RaperGomzZ
¡Genial! Me encanta el Fic, a pesar de sólo leer el Prólogo, me fascina el toque que le dan los escritores al dejar al lector preguntándose que ocurrirá después, y tú claramente haz logrado eso, por ende espero mucho sobre lo que serán los próximos capítulos, y aún más con una trama que encuentro espléndida, cuestionándome que ocurrirá con el científico.

Desde hoy seré un lector constante en este Fic, y trataré de ponerme al día. ¡Excelente Fic!


¡Muchas gracias por comenzar a leer!
Bueno, es que la trama no se trata principalmente sobre el científico. Ya he dejado una pequeña sipnosis (en el tema principal) para que otros usuarios no piensen que el fan fiction tratará sobre el investigador. Así mismo, claramente aparecerá algo sobre esto, si no no lo pondría.
En fien, espero que sigas leyendo la historia :3


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Capítulo 9
(CAPÍTULO 9): Desenlace calcinado



Zareth se encontraba delante del singular portón. En sus manos agarraba la pokéball de una fortísima pokémon perteneciente al tipo normal, la cual logró derrotar a dos pesos pesados sin sudar demasiado. Sin embargo, ahora estaba sin fuerzas. Él fue nombrado por la entrenadora para llevarle a enfermería. Ya le valía, pudo haberse aprendido el nombre de otro alumno, o al menos el de Marcelo, ya que eran primos. Tal vez le haya cogido algo de manía al protagonista.
“Tengo que darme prisa o me perderé todo el combate.” Pensó mientras empezaba a correr, ignorando la ley de: No corráis por los pasillos.

Empezó a ascender por el edificio. Si preguntaba a algún profesor sería más fácil, y menos mal que la medicina que bebió la coneja antes de ser devuelta a la cápsula le estaba haciendo efecto, pero inservible para sanar esas heridas. Debía apresurarse para asegurar que Lopunny tuviese una rápida y segura atención médica. También le preocupaba que tuvieran que realizar una ligera cirugía para extraer algunas de esas piedras incrustadas en la piel. Era inevitable para él dejar de pensar como recibió el golpe de esa forma tan indebida. ¿Cómo pudo Ogilvy capaz de actuar tan cruel? Con un ataque menos potente habría sido suficiente para derrotarla. Tal vez sentía un desprecio real hacia Perla por actuar mejor en combate.
“¿Cómo es posible que haya entrenadores tan violentos?” La conciencia de Zarteth estaba confundida. Esa escena le cogió de imprevisto y no paraba de darle vueltas. El árbitro debió de haber pitado eso como una falta... Aunque rápido pensó, y no tardó en darse cuenta de que no había ningún árbitro. Los combates pokémon de categoría oficial deben de ser siempre visto por uno, ¿cómo era que este no era analizado?



Su mente se encontraba perpleja ante tal acto de insensibilidad, tardaría un tanto en despejarse de todo eso tan neblinoso. No era que solía encontrarse siempre encerrado en sus pensamientos, pero en esta ocasión, casi choca contra un estudiante de segundo año de bachiller por andar en las nubes. Cuando se dio cuenta de su presencia, empezó a caminar normal, aunque colocando expresiones raras, como si hubiera visto un fantasma. ¿Acaso estaba nervioso como para actuar de una forma tan patética?
-¿Pasa algo?- Preguntó con esa boca diminuta. No destacaba por su belleza, aunque esos ojos del mismo color que las dulces mandarinas, artificiales y naturales al mismo tiempo, hacían relucir su rostro. Era rubio, con un flequillo exagerado y un polo naranja con el símbolo de la pokéball en el centro. Sus vaqueros no causaban mucha impresión, aunque esas botas con actitud brava marcaban paso ante todos.
-La verdad es que sí. ¿Me puedes acompañar hasta enfermería? Mi tutora me encargó que llevara a su pokémon.- Pidió con educación. Parecía que su inquietud cesó.
-Claro, pero no puedo tardar mucho.- Respondió de igual manera. -Tan solo sígueme.- Él empezó a andar hacia una distinta dirección a la que el joven optó. No tardó en seguir su camino tras escuchar ese mandato.

-¿Cómo te llamas?- Le preguntó para poder platicar un rato.
-Vianney, ¿y tú?- Contestó siguiendo ese aburrido modelo estándar imaginario.
-Zareth.- Según el modelo estándar imaginario, ahí se acababa la conversa.
El chaval de segundo era muy callado. Tampoco es que le importase una atmósfera así, finalmente estaba bien. De todas formas, al pasar el tiempo se hacía bastante incómodo, el paseo muy inapetente y se originaba cierta desconfianza.
-¿Te gustan los pokémon?- Era obvio que le iban a gustar. Si no, no tendría sentido llevar una sudadera con esa pokéball tan llamativa.
-Claro. De hecho, soy uno de los jefes de la Movida Pokémon.- Confirmó con un comentario bastante interesante y dejando algunas incógnitas.
-¿Qué es la Movida Pokémon?- Preguntó de manera absorbente.
-Es como un club dirigido por los propios alumnos de este centro. Nos dedicamos a entrenar y competir contra otros colegios, pero para eso hay que luchar mucho. De todas formas, al empezar el curso solemos seleccionar nuevos entrenadores… Así que si te animas…- Cuando se trataba de algo que le gustaba, era todo lo contrario. Parecía que sus labios no tomaban un descanso ni para coger aire.
De todas formas, aquel proyecto le empezaba a agradar, incluso Vianny le cae más simpático ahora.
-¿Y qué tengo que hacer para poder entrar?- Interpeló merodeando el asunto.
-¡Oh! ¡Es muy fácil! Las reuniones de nuestro grupo se tienden a realizar todas las tardes en el aula de 2º A de Bachiller. Así que ya sabes. Por cierto, ¿qué tipo de pokémon utilizas?- Menudo cambio de actitud.
Ahora no se callaba ni debajo del agua.
-Utilizo a Gible. Todavía soy algo novato.- Respondió, mientras su paciencia se veía algo consumida.
-¿Un dragón? Son muy difíciles de adiestrar, sobretodo porque tienen mucho carácter. Aunque también los hay muy tranquilos, como Kingdra y…- Zareth no se tomaba la molestia de interferir en el diálogo, pues no necesitaba más personas.


Un chillido hizo acallar al entusiasta. Nada más escucharlo, se escuchó como si algún objeto de cerámica se cayera al suelo y este se hacía trizas. También se podía escuchar como un pokémon felino parecía gruñir hacia algo o quejarse. El ser que bramaba se parecía bastante a un bebé ya que sus bufidos estaban combinados junto a su llanto. La actitud del supuesto charlatán cambió de inmediato, pasando a estar más atento, preocupado y tomando más participio como líder.
-¡Vamos! Eso provenía de la enfermería.- Gritó, mientras echó a correr. Su acompañante no pudo evitar quedarse atrás, sin darse cuenta de que estaba prohibido lanzarse a la carrera entre los pasadizos del instituto.



-¡Priscila! ¿Estás bien?- Se preocupó, mientras realizaba un giro y se metía en un aula que tenía un cartel arriba donde se leía: clínica escolar. Ese cambio de actitud tan repentino hacia dudar al protagonista de que su nuevo amigo padeciese algún delirio. ¿Pero quién era él para criticar su forma de ser? Simplemente, hizo lo mismo que él, meterse en la habitación sin siquiera pedir permiso.
Al entrar, se dio cuenta que no ocurrió nada grave. Vianny estaba con una escoba ante un gran charco de café descafeinado que mantenía en su interior añicos de lo que antes era una taza. La sala era muy alegre, con las paredes pintadas de celeste y un rosa claro. Había bastantes máquinas que eran semejantes a las de curación rápida de los Centros Pokémon, y a su lado un ordenador donde se realizaría el trabajo o se establecerían intercambios a distancia con hospitales mayores. Fuera de eso, también había estanterías con muchos medicamentos para niños: Dalsi, Betadine, Gelocatil, Aspirinas… Una camilla para atender al cliente con sus diversos aparatos para medir la tensión o comprobar inflamaciones internas. El ambiente correspondía a una buena consultoría infantil.
Una señora que alcanzaba los cuarenta años estaba con un Meowth casi diminuto entre sus brazos intentando calmarlo. Podía ser que se estaba tomando una plácida siesta y el súbito grito de la mujer junto al ruido del bol al caerse causó el desagradable desadormecer. De hecho, había otro pokémon con una gran cola y una campanita en su cabeza. Parecía nervioso, y no sabía que hacer ante una situación como esa.
-¿Puedo ayudar en algo?- Preguntó con buena intención.
-Sí. No puedo ordenar a Chimecho mientras mimo a Meowth, ¡es demasiado! Por favor, sujétamelo, será unos instantes.- Pidió mientras le pasaba cuidadosamente al bebé junto a su ropaje azul. Este sollozaba en conjunto de sus lágrimas que mojaban su suave rostro.
-Chimecho, por favor, relájate.- Aconsejó, aunque no sirvió.
Su desasosiego le inmovilizaba la reacción. No lograba concentrarse debido a la desesperación por el rorro.
Zareth examinaba la situación, no soportaba ver al felino así. Empezó a arroparle poco a poco, mientras lo tambaleaba con un suave movimiento símil al tranquilizador zum-zum de Illumise. Poco a poco, su lloro amainaba y se quedaba encerrado en los brazos de Morfeo, dios del sueño. Ahora la criatura era totalmente mansa y pacífica como las calmadas aguas de los naturales manantiales.
-Chimecho, Confusión sobre el café del suelo.- Ordenó. Ahora con la mente calmada podía realizar el mandato de su entrenadora. Fue rodeado por un ligero poder que resaltaba de un color celeste y parecía compartir esa misma energía con el líquido derramado. De pronto, las partículas empezaron a juntarse, originando una esfera marrón que parecía inestable, aunque lograba una perfecta flotación. Priscila cogió una nueva taza y la posó debajo de la bola. La campana paró de utilizar sus poderes psíquicos y dejó caer dentro de la vasija.
-El suelo está recién limpio. No pasa nada tomarlo ahora.- Informó la mujer, mientras parecía que iba hacia la cafetera para preparar más. -Sentaos por favor, os invitaré por ayudarme. La taza estaba muy caliente y me quemó la mano.-

-¿Y tú eres nuevo en el colegio?- Ahora disfrutaba disertando con normalidad.
-Sí. Me llaman Zareth y estoy interno, además curso en 4ºA.- Se presentó. Aún sostenía al gatito entre sus brazos.
-¿Y vinieron por algo hasta aquí o fue casualidad?- Les preguntó.
-Yo tan solo le guié.- Sinceró Vianney. -Debería estar en clase.-
-Que granuja eres, no cambiaste en nada.- Dijo ella, aunque su personalidad no coincidía con la descripción que ella le otorgó.
Cogió las tazas de Nescafé descafeinado y se las sirvió a los muchachos y al mismo tiempo recogió a Meowth. Chimecho seguía todo el rato a la señora, incluso a veces le rodeaba con su látigo. -Y veo que te llevas muy bien con los pokémon. Meowth se cayó cuando te lo dejé a ti.-
-Sí, me gustan mucho. En mi pueblo solía jugar con ellos.-
-Parece una historia muy nostálgica. Aquí todo el mundo tiene interesantes aventuras con sus compañeros. ¿Sabéis? Hace unos días encontré a este enano abandonado en las ruinas de la ciudad, así que decidí acogerlo. También he leído que los Meowths son capaces de hablar si se les trata como a una persona, así que voy a intentarlo.- Narraba una atrayente historia. -Pero seguro que no vienes a charlar. Dime, ¿qué ocurre?-
-Yo te traje el Lopunny de Perla. Al parecer, tiene heridas graves.- Informó.
-Bueno, ya veré que hay que hacer. No os preocupéis demasiado y volved a clase.- Dijo ella, mientras recogía la pokéball donde el ser reposaba.
Los alumnos de distintos cursos se despidieron, dirigiéndose cada uno hacia su respectiva aula.



Volver hacia el gimnasio no era difícil. Tan solo tenía que retroceder por la misma ruta de la cual había llegado hasta allí. Presenció unos pocos minutos para llegar ante el formidable portón. Menos mal que la puerta estaba abierta de antes y no era necesario la utilización de esa tecnología tan punta. La empujó haciendo fuerza con sus tríceps, y al entreabrirla pudo contemplar el campo de nuevo. Mismagius seguía flotando y observaba cuidadosamente a su nuevo oponente, un león con la melena rojiza.
-Zareth, vuelve hacia las gradas.- Le mandó la líder de gimnasio. Este sin rechistar aceptó.



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La batalla entre la líder de gimnasio Perla y Ogilvy va a comenzar! ¡Pyroar VS Mismagius!


-¡Venga! ¡Haz lo mismo que antes! ¡Espacio Raro para evitar que sea más veloz!- Ordenó con rapidez.
-¡Rugido de Guerra!- Ella también iba en serio.
Los ojos del fantasma se iluminaron de un celeste fugaz, y estaba dispuesto a disparar su tenue rayo, sin embargo el león se lo impidió. Gruñó fuertemente, imponiendo respecto. Su rugido hizo levantar la arena a su alrededor, y aquello le otorgaba una imagen de terror. Eso le desconcentraba a su rival, haciendo que toda su energía del ataque se desvaneciese.
-¿Cómo ha hecho eso?- Preguntó, sin poseer palabras.
-Es parte de mi gran entrenamiento. De todas formas, no pierde sus efectos principales.- Dijo orgullosa. Ogilvy estaba nuevamente enfadado.
-Serás… ¡Psicoonda!- No tardó en gritar dispuesto a la guerra.
-Esquívalo.- Mencionó con más calma.
El collar carmesí del fantasma empezó a iluminarse expandiendo colores púrpuras alrededor de sí. En cuestión de segundos liberó chispas violetas que se notaba transparentes y se acercaban hasta su oponente ordenadamente. Evitarlo no costaría mucho debido a la poca velocidad del ataque. El león dio un gran salto desplazándose por encima de las chiribitas psíquicas, colocándose más enfrente de su rival a una distancia perfecta para atacar.
-¡Ahora usa Pulso Umbrío!- Decidió para dar fin a la batalla.
-¡Evítalo con Sustituto!- Se desesperaba por la presión que soportaba.
La fiera abrió su voraz mandíbula y en ella se originaba una materia semejante a la reacción del petróleo, pero de unos tonos más oscuros y siniestros. Disparó una inmensa energía que alcanzó exitosamente a su enemigo, y haciéndole desaparecer, algo realmente equívoco. Insospechadamente, Mismagius aguardaba a una altura gracias a su levitación para asaltar a su oponente.
-¡Esta vez acabaré contigo de una vez! ¡Mátalo con Joya de Luz!- Chilló de forma indigna e inhumana. El espíritu se colocó de manera horizontal, abrió una especie de agujero similar a los nubarrones de los cirros, a diferencia que era totalmente negro con ligeros matices cobrizos. Cuado menos se lo esperó, una lluvia de relucientes gemas empezó a caer sobre su cabeza. Empezaron a golpearle la melena, la cabeza, el tronco, por todo el cuerpo, pero se veía que no sufría los daños tan bestiales de Lopunny. Rugido de Guerra había reducido los ataques del fantasma y ahora no podía demostrar todo su potencial.
-¡Rápido! ¡Excavar y aléjate de ahí!- Ordenó con más interés. Al felino no le costó demasiado desvelar un túnel y colarse por él. En poco tiempo apareció al lado de su entrenadora gracias a un segundo agujero sin parecer cansado.
-Estoy perdiendo ya mucho tiempo, ¡vamos Pyroar, Mofa!- Al parecer, no quería ocuparse todo el rato de la batalla. El mamífero se dirigió hacia su enemigo con chufla colocando un rostro obsceno. El último tras contemplar tal acto de insolencia, no tardó en ir directo hacia el provocador con un ataque físico.
-¡Mismagius, tranquilízate!- Por mucho que lo intentaba, no resultaba escuchado.
-¡Termínalo con tu Pulso Umbrío!- Mandó finalmente.
El alma se dirigía veloz, aunque no era en eso por lo que destacaba. Nuevamente, el depredador ígneo mantuvo abierta su bocaza para liberar esa tenebrosa explosión surgida desde las profundas tinieblas. La lanzó contra su oponente, lo cual no lo pudo evitar. Colisionó haciendo surgir potente estallido que hizo levantar la tierra del campo que tapaba a los feroces combatientes. Cuando se dispersó un poco y se lograba contemplar todo, se podía notar como el débil cuerpo de Mismagius iba descendiendo lentamente sin ganas de continuar con la lucha. Estaba debilitado.

-He ganado. Esto es a lo que yo llamo un dos-cero a mi favor.- Aludió.
-No entiendo nada…- Lastimado hacía regresar a su compañero a la pokéball. -Pero da igual. ¡Volveré a retarte y volveré mejor preparado y, y…!.
-Para vencerme creo que te queda todavía un largo camino por recorrer. Asegura mejor tus estrategias para la próxima.- Aconsejó.
-Grrr…- No dijo nada, pero por el desagradable crujido de sus dientes al rozarse fuertemente parecía indicar que estaba furioso.
Cogió, y salió del campo sin despedirse. Sin embargo, tenía toda la intención de regresar para así vengarse.


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Y bueno, si desean pueden responder a las siguientes preguntas:
¿Cómo te han parecido los nuevos personajes?
¿Te ha gustado la forma de combatir de Perla y Ogilvy?
¿Crees que Zareth tiene algún don con los pokémon?

P.D: Estaré organizando la información del primer tema, por lo que tal vez tarde algo en enviar el siguiente capítulo.


~ AMEEEERICAA, FUCK YEEAH!