En las fechas que Hildebrand viajaba hacia el bosque de los Perdidos, notaba la metamorfosis de las llanuras.
Lo que alguna vez fue una pradera poco a poco se fue aplanando, los pastizales como esmeraldas se alteraban conforme avanzaba, ahora la hierba era un poco mas alta, la extensión del lugar era algo parecido a una sabana.
El césped se torno a un color pálido acompañado de un ligero color malva, las nubes se agrupaban e tapaban casi todo el cielo, creando un zigzag celeste, grandes rocas empezaban a emerger a medida que avanzaba.
Durante las noches era aun mas difícil estar tranquilo, bestias como las de la aldea rondaban por los grandes pastizales, además de que otros animales salvajes como Tatzelwurm, unas serpientes largas y negras con un torso de gato.
Hildebrand se ocultaba a el y a su caballo entre las rocas con un manto oscuro tapado con mucho césped.
Durante el día cazaba Vorompatras, animales bípedos con un gran parecido a una gallina, solo que con un cuello largo, todo su cuerpo era completamente marrón con plumas y llegaba a los 3 metros de altura.
Entre sus viajes, Hildebrand volvió a escuchar aquellos susurros, algunas veces se volvían tan fuertes como gritos que hacia desmayarlo, día tras día estos susurros torturaban la mente de Hildebrand recordando su fracaso defendiendo a su tribu.
Tras viajar cuatro peligrosos y largos viajes las colosales tierras mostraban poco a poco un incremento de árboles, un día después Hildebrand logro llegar al borde del bosque.
- Finalmente, aquí es – Murmuro Hildebrand mientras bajaba de su caballo y tomaba sus cosas.
Los árboles aumentaban en gran cantidad, uno al lado del otro, las grandes hojas como esmeraldas espectrales cubrían el cielo y tan solo unos pocos haces iluminaban la densa profundidad que emitía el bosque de los Perdidos.
El césped adquirió un color verde musgoso combinado con las altas hierbas y las sombras que acechaban por el suelo cual serpientes.
El viento y la brisa eran como grandes garras que atraían a Hildebrand dentro del bosque.
Hildebrand, hipnotizado por tal espectáculo entro sin duda alguna al gran portal de las sombras que presentaba a lo que alguna vez fue un gran reino.
En el bosque se encontraban bastantes tipos de árboles, gran mayoría desconocidos para el intrépido nativo, grandes y pequeños, con raíces que salían a la superficie y jugaban con las ramas de otros árboles.
También gran cantidad de flores y plantas, algunas eran grandes y rubíes, otras pequeñas y doradas, otras Vivian como enredaderas en los anchos troncos de los árboles y eran tan coloridas como una esmeralda.
Las pocas piedras que se podían ver sin que lo taparan algo de musgo o césped eran totalmente blancas, con apenas un toque grisáceo, que brillaban de una forma fantasmagórica al contacto de la luz.
Lo sorpréndete para Hildebrand es que no se presentaban animales, aunque haya una gran fuerza espiritual en ese sitio algo parecía que los espantaba, los únicos animales que se avistaban eran las aves que abundaban como las flores, algunas rojas, otras verdes, otras amarillas y otras azules, y que entre ellas la que mas destacaba era un ave parecida a un halcón, totalmente blanca pero con unos extraños grabados en su cuerpo.
Lo que mas destacaba en lo que Hildebrand había entrado en ese bosque era su mortífero silencio, pues no anunciaba paz o armonía, era como un silencio antes de la batalla, desesperante y ansioso.
Entre horas y horas de caminata y un gran descanso, Hildebrand cayó al suelo rendido.
- ¿Dónde? ¿Dónde están? ¿Cómo se supone que encuentre algún indicio de ellos? – Dijo Hildebrand penoso
Hildebrand golpeo desesperadamente el suelo.
- ¿¡PADRE!? ¿¡MADRE!? ¿¡DONDE ESTAN!? – Grito
- Hermanos… Calardia… - Murmuro cansado
Al pronunciar ese último nombre una oscilación seguida de unas palabras rompieron el lamento de Hildebrand.
- Calar…dia – Se escucho en detrás de un árbol al frente de Hildebrand
La voz era aguda, de una niña, pero expresaban sufrimiento.
- Hil… ¿De? Brand… - Volvió a hablar
- ¿Calardia? – Murmuro Hildebrand
- Pe…re…zoso – Volvió a hablar
- ¿Calardia? ¡Calardia! – Grito entusiasmado Hildebrand mientras se dirigía al árbol.
La alegría de Hildebrand se vería interrumpida cuando la enigmática voz saliera a la fuga gritando < ¡No! ¡No Vengaí! > Y que, sorprendentemente, demostró una asombrosa velocidad.
Hildebrand empezó a seguirlo y apenas podía llevar su ritmo, la criatura lo condujo a través de varios puentes de árboles, cruzando ríos de hojas a una gran y elevada altura, zonas donde los árboles crecían de una forma circular y donde se encontraban grandes muros de piedra que parecían ser ruinas.
Tras una incontable persecución Hildebrand llego a un pequeño claro donde la ausencia de hojas iluminaban la zona y revelaban todo el tiempo que Hildebrand estuvo en su búsqueda, era una oscura noche.
El tiempo debajo de las hojas parecía eterno y congelado a la vez, puesto que Hildebrand no tenia idea si habían pasado horas o hasta días.
- ¿Calardia? ¿Eres tú? – Dijo Hildebrand.
El resplandor de la luna ilumino a una deforme figura, la pierna izquierda estaba pegada y doblada hasta la nuca, sus brazos y dedos torcidos dolorosamente y parte de su cara dañada con cicatrices parecidas a quemaduras, que estas se extendían por todo el cuerpo.
La horrible silueta alzo su cabeza y revelo el ahora deformado rostro de Calardia, sus ojos y cabello se veían cansados, y tenía puesto una especie de harapos blancos y negros.
- ¿Pero qu…? – Dijo sorprendido Hildebrand, pero un poco antes de que terminara de hablar otra vez un susurro cruzo su mente.
<Oslobodi Prokletstva Mesa>
Hildebrand cayo desplomado la suelo sosteniendo su cabeza, el susurro era como una gran navaja atravesando su cabeza.
Mientras Hildebrand yacía sufriendo en el suelo una voz alerto a Calardia.
- ¡Eh! ¡Invunche inútil! ¿Dónde estas? – La voz resonó detrás de Calardía, en un montón de piedras se mostraba una gran bajada oscura que parecía una cueva.
Calardia miro tristemente a Hildebrand y se dirigió hacia la voz, esta se poso sobre la luz lunar y revelo quien era.
Era un hombre de ojos totalmente blancos, su piel era pálida y no tenia cabello, tenia una pequeña barba y vestía de unas túnicas negras con bordes violetas y unos raros símbolos dispersos, también portaba en su mano derecha un báculo totalmente oscuro que en su punta portaba un tipo de figura parecida a una estrella.
- ¿Qué es esto? ¡Se supone que debes proteger mi cueva! – Grito el misterioso hombre a Calardia, que luego tomo su báculo y la golpeo en la cara.
- ¡Calar…AAGH! – Grito Hildebrand se sufrimiento mientras intentaba levantarse.
El hombre se acerco a Hildebrand y se arrodillo, coloco su mano en la frente de Hildebrand revelando sus manos pálidas y esqueléticas.
- ¡Veo que otro sobrevivió a mi ataque! – Dijo felizmente - ¡Y también veo que un Wendigo se fijo en ti!
Se levanto y se alejo un poco.
- Te are un favor – Murmuro – Te dejare morir pues a fin de cuentas es mejor que un Wendigo intente poseer tu cuerpo.
El hombre abrió su boca y se estiro de una forma anormal, poco a poco su mentón tomo un tono oscuro y saco su lengua.
Su lengua se dividía en dos y era parecida a la de una serpiente, era tan larga que llegaba hasta su pecho.
Entonces, emitió un sonido grave parecido al de una persona al ahogarse o al vomitar, como si su garganta fuera rajada por dentro.
Una nube de sombras en forma de boa salía de su boca, esta fue danzando por el aire hasta dirigirse a un árbol un poco más pequeño en comparación a los anteriores.
Se introducio dentro del árbol y este hacia sonar ruidos de crujidos.
- ¡Eh! ¡Invunche horrible! ¡Entra a la cueva! – Grito el hombre
El misterioso hombre se dirigió adentro de la cueva mientras reía, Calardia lo acompaño mientras miraba penosamente hacia Hildebrand.
El árbol empezó a deformarse, sus ramas se doblaron y entrelazaron formando brazos y dedos, varias grietas se formaron alrededor del suelo y revelaron unas piernas echas de raíces y pies de roca.
El tronco superior se deformo y abrió unos agujeros que rápidamente se iluminaron como el fuego.
La bestia de madera emergió del suelo y se dirigió paulatinamente hacia Hildebrand.
- Calardia… - Susurro Hildebrand mientras intentaba levantarse.
Hildebrand mientras intentaba mantenerse conciente giro quedando boca arriba y observo la luna, una pequeña pero nítida silueta volaba alrededor de la luna y sonaba como si estuviera alarmando.
- ¿Eso no… es? – Dijo Hildebrand
Era el mismo pájaro blanco que había visto Hildebrand anteriormente, con sus alas con marcas rojas.
Detrás del gran monstruo de madera se escucho un grito.
- ¡ÁRÁSIR NÚNA, ELESSAR! – Grito una voz madura con un tono medio agudo.
Flechas argenteas se dispararon detrás de Hildebrand, una persona cubierta con una capa con capucha oscura verdosa disparaba desde su arco.
Detrás de ese misterioso individuo salio a la carga otro con la misma vestimenta, pero este portaba una maza adherida a una cadena y otra maza con varios pinchos metálicos.
Detrás del monstruo, por la izquierda salio otro hombre, este portaba una gran hacha plateada con grabados circulares.
Los dos hombres atacaron a la vez a la pierna izquierda del monstruo, quedando este semi arrodillado.
- ¡MAGLOR, CAMTHALION! – Sonó otra voz detrás del monstruo.
En la derecha, entre la frondosa vegetación emergieron dos mas de estos misteriosos hombres, uno blandía un magnifico y coloso mandoble plateado, el otro una gran y larga lanza de madera roja y punta plateada.
Los dos con gran furia cortaron a la mitad la otra pierna del monstruo, y este cayo al suelo sosteniéndose de sus brazos.
- ¡ELROHIR! – Grito el hombre con el mandoble.
De un árbol detrás del caído monstruo salto otro hombre, este no vestía como los otros, llevaba un sombrero negro y blando de copa relativamente baja con una o las dos alas dobladas, tenía una especie de camisa negra oscura larga hasta sus tobillos y que debajo de este no tenia nada puesto, ni siquiera una armadura, pantalones oscuros y no traía nada en sus pies.
El hombre de que descendía de los aires blandía un sable de un color blanco como nieve, en su otra mano tenia un alfanje del mismo color.
Desgarro la madera totalmente de un golpe con sus dos armas, los agujeros del monstruo dejaron de brillar.
La nube salio del cuerpo del monstruo y se disipo instantáneamente, los misteriosos sujetos se acercaron a Hildebrand.
- ¿Ertu í lagi? – Dijo el hombre con el arco
- Es otro nativo, Elessar – Respondió el hombre con el sable y el alfanje
- Hay que ayudarlo – Murmuro el hombre con la lanza
El hombre que portaba el sable y el alfanje envaino sus armas, dirigió su mano a su entrepierna y estiro el dedo medio con su otra mano.
- Ayúdame esta, Maglor, el chico tiene que superar la posesión del Wendigo el solo – Respondió nuevamente el hombre
El hombre volvió a la posición normal y saco una pipa de su bolsillo, la encendió y la coloco en su boca.
- De otra manera, morirá, no es así ¿Elrohir? – Anuncio el hombre con el mandoble.
- Así es, Camthalion – Finalizo el misterioso hombre
Hildebrand, confundido y sufriendo, trato de emitir una última pregunta antes de cerrar sus ojos.
- ¿Quiénes son? – Murmuro dudoso Hildebrand
- Somos el ultimo clan libre de lo que alguna vez fue Den' Dryadale – Dijo el hombre con las dos mazas.
- Somos Dryanemklaani – Dijo el hombre con la gran hacha