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#21
Empiezo con una distracción que tuviste:

Cita:
Seth logró ponerse a cubierto tras junto al seminconsciente Brock tras una pared en frente mismo al edificio


Ese tras xD

Áurico y tú están escribiendo episodios similares, usando los Rockets como rivales y las metralletas como armas. Es como la última moda (?)

Otro errorcillo:

Cita:
Te tengo que explicar qué estamos hacemos aquí.


Muchas distracciones… es lógico en capítulos tan largos y bien detallados.

Si siguen exaltados esos pokémon nombrarán a todos los legendarios existentes (?)

Fuck! Pedazo de capítulo te has escrito. Cuando empezó la parte de Gamien apenas pude parar para tomarme un mate. No pude comentar nada porque la lectura me tuvo totalmente atrapado, fue genial. Me pareció cortísimo el capítulo porque lo leí en un instante tan solo. Te felicito por tu gran habilidad narrativa, la verdad.

¡Fue un muy buen capítulo, lleno de suspenso al final! ¿Están buscando a Tyler? ¿Qué es lo que tiene de importante ese Tepig? Dios… cuando se enteren que no está van a acabar con la ciudad entera u.u ¡Espero ansioso el siguiente, amigo! ¡Mucha suerte, sigue así!


Gracias a todos por recordarme :) Sólo tengo buenos recuerdos de ustedes y de este agradable lugar también.
#22
Aquí mi comentario sobre el capítulo 5
Hola Will, antes que nada debo decir que... ¡Muy buen capítulo, sí señor!

Curioso sueño el de Seth, ¿acaso será una premonición o la noche anterior leyó PNM? No, en serio; pobre chaval, nadie le explica nada... y la gran expresividad facial de Brock (la cual brilla por su ausencia) pues no ayuda mucho la verdad. Me ha gustado como mostraste a Surge, me pregunto quién será el lider de la Oposición... me intriga.

Por cierto... ¿"San Magikarp"? Eso me ha matado XD

Pero no más intriga que la que me ha dejado Tyler en su separación con Otto y la dragona, donde ahora resulta que un perro militar de Rocket lo persigue por vete-tu-a-saber-qué. Bueno, espero que sea Ty, porque como sea la otra recién nacida entonces ya si que me pierdo... Igualmente, tengo la corazonada de que veremos un combate espectacular en el próximo episodio.

Cambiando de tema, sobre tu modo de escritura no tengo ninguna pega. Es cierto que como comentó Demian ha habido algún despiste, pero eso nos pasa a todos. Espero seguir leyendo tu tremenda historia, donde voy viendo que no me equivocaba al decir que sería un gran fic en el futuro.

¡Nos vemos!
#23
Al fin pude comentar antes de que publicaras otro capítulo (¡yay!)

Seth es el típico adolescente que cree que se come al mundo y que todo saldrá como en sus sueños... por eso es tan osado... y por eso me cae mal xD. No sé, ese afan de ir a lo loco no me agrada, es todo... pero no me puede caer bien todo el mundo (?).
Resulta que era Brock... qué equivocada estaba xD. Igual, me interesa saber a quién esperan tanto, tanta intriga me angustia *es señalada con un cartel "Tiene tiempo sin seguir un fanfic"*

Vaya, ya veo la primera disputa entre nuestros amigos... ya me extrañaba xD. Si bien entiendo que los deseos de Tyler son grandes, es un poco egoísta al no pensar en el bienestar de sus amigos, que para colmo Momo está bastante herida... ¡él también está algo herido! Pero vamos, Momo se ha llevado la peor parte, casi muere al caer por un precipicio y ahora se le rompe el brazo... la pobre Gible tiene una nube negra encima xD
Ya quiero ver a Tyler valiéndose por si solo... Aunque las cosas pasan por algo, menos mal se fueron viendo lo que está sucediendo en el pueblo.
Gamien tiene un pasado que me está carcomiendo de la curiosidad xD. Ahora, aparece un Arcanine que puede hablar en su dialecto cosa que se me hace extraña... ¿Qué demonios está pasando aquí? xD
Y me gusta ver a un Arcanine como un villano y con carácter por lo visto... ragh que tengo tantas preguntas sin respuesta! Que frustrante Char! Eso significa que estás haciendo bien tú trabajo xD

No tengo más nada que decir, los errores que encontré ya los resaltó Demian, así que... Sólo me senté a disfrutar :D

Espero el siguiente capítulo con ganas, Char :D

A todas estas, tengo una duda... Ya que tú historia tiene como peso pesado en la historia al Equipo Rocket, me pregunto si Mewtwo aparecerá... sólo por saber, es que creo que es obvio que Mewtwo es mi pokémon favorito y pues si ya de de por si este fic me encanta... No más para esperarlo xD

Pokiu!

EGN: Hoy es el fin del mañana
65 - Todo se paga
#24

Capítulo 6: Arranque

Capítulo 6: Arranque

Antes que nada, me quería disculpar: pasó casi un mes para tener este capítulo listo. Mi excusa es el colegio xD. Estoy de exámenes finales, pero ya es la última semana. Además tengo que tomar un examen importante de idioma en diciembre, así que mi tiempo está limitado hasta ese mes.

Demian:

Sí, se me escaparon varias cosas xD. Gracias por resaltarlas, ya las corrijo.

¿Sabes algo? Cuando emepecé a escribir este fic (y a planearlo), yo ni sabía que Áurico tenía un fic. Cuando lo leí, es como si hubiéramos pensado exactamente lo mismo (en muchas cosas, por lo menos). Realmente fue una coincidencia xD.

Te diré algo gracioso. Cuando escribí la escena de Gamien, lo hice sin parar xD. Pasé como una semana intentando pensar qué podía ocurrir cuando viniera Arcane, y un día me senté a escribir y todo eso salió :O.

El capítulo que posteo ahora tiene unas cuantas escenas eliminadas, y si quieres las pongo la próxima vez xD. Fueron escenas que me convencieron al principio, pero luego no encajaban con lo que se venía.

Gracias por seguir leyendo ^^

Áurico:

Bueno, pasó algo raro entre tú y yo... xD

En serio, no puedo creer lo parecido que es mi fic al tuyo... Me sorprendí mucho cuando leí el tuyo. Te prometo que no te copié, no me demandes (?). Pero, en serio... ¡Wow! El sueño de Seth lo escribí antes de leer tu fic... Y también eso que los Pokémon de Rocket tienen una R marcada... Fue una coincidencia xD.

No sé si lo que posteo ahora cuenta como el combate que estabas esperando, pero no creo que haya muchas batallas en mi fic... Es que no soy bueno haciéndolas xD.

Gracias por seguir leyendo ^^

onix_150:

¿Te cae mal Seth? D: Bueno, él es un poco inmaduro, y todavía no se da cuenta que la oposición no solo hace batallas con armas de fuego xD.

Lol, Momo se llevó la peor parte :(. Me siento un poco mal por hacerla sufrir tanto.

Ya verás por qué ese Arcanine puede hablar su "dialecto" xD. Tal vez en algún capítulo lejano lo explique. Los Arcanine hacen buenos policías, pero jamás hubieras esperado que fueran villanos, ¿no?

Jum... No sé si Mewtwo esté dentro de mis planes... Es que ya tengo varios esquemas para seguir, a qué Pokémon agregar, y ni siquiera pensé en Mewtwo (lo siento xD). Pero puedo ver qué hago (?).

Gracias por seguir leyendo ^^





Luché mucho para traerles el sexto (?):




7. Capítulo 6: Arranque

CAPÍTULO 6

Capítulo 6



—Estúpido Otto... —masculló Tyler, dándole una patada a una piedrita que encontró en su camino. Mantenía la cabeza gacha, no porque estuviera buscando algo, sino porque se sentía incomprendido. Cojeaba un poco mientras se dirigía nuevamente hacia el risco, con miras a rodearlo y continuar hacia las colinas, su tan ansiado destino. El ambiente seguía con su aplastante silencio, pero eso no era lo que oscurecía los sentidos del Tepig. No se trataba de algo exterior, más bien de una lucha en su interior.

Casi tropezó con un inesperado agujero en el suelo: una madriguera de Rattata. Se detuvo un momento y asomó la cabeza en el interior. Vacía. Seguramente los dueños de aquel escondite ya estaban lejos de allí. Bueno, la verdad era que se hubiera sorprendido si encontraba a algún Pokémon después de lo que había ocurrido. Su orgullo era demasiado grande como para hacer caso al lado sensato de su cerebro, que le decía que tal vez su amigo nutria tenía razón y tal vez estaba haciendo algo sumamente imprudente. Retomó su camino, repeliendo hasta el más mínimo pensamiento cuerdo que aparecía. Estaba molesto con Otto. Muy molesto.

Sin embargo, cuando llegó al límite del bosque y el parcialmente opacado sol le dio en los ojos, escuchó un distintivo sonido. Era apenas audible, pero no había equivocación: era el campaneo de aviso de Pueblo Pasaje. Un interruptor se encendió en la cabeza de Tyler. Aquellas campanadas significaban que... el pueblo estaba bajo ataque.

Petrificado, con la mente repentinamente emblanquecida y los ojos como platos, el cerdito se giró lentamente una vez más hacia el bosque, hacia la dirección del sonido. Recordó que su padre, el Alcalde, había dicho que si alguna vez escuchaba esas campanadas era razón para entrar en pánico, ya que significaba que el poblado estaba recibiendo un ataque directo y que necesitaba ayuda lo más pronto posible, por lo tanto no podía ser tomado a la ligera. Era una alarma para casos muy extremos. También había agregado que si, por algún motivo, él se encontrara fuera del pueblo, lo mejor que podían hacer Tyler y los demás era escapar del ataque. O sea, en este caso, mantenerse alejado del pueblo hasta posterior aviso.

Una sensación de vacío se apoderó del estómago del Tepig. Toda su familia se encontraba en el pueblo en ese momento. Su mamá, sus hermanos y hermanas, su recién nacida semejante... De seguro estaban muy asustados, todos acurrucados en el sótano de la Alcaldía que actuaría como una especie de fortaleza mientras duraran los ataques. Todos esperando asistencia de pueblos cercanos.

Se removió con inquietud en el lugar, incapaz de pensar claramente lo que estaría bien hacer en ese momento. Trató de aminorar la velocidad de sus fugaces pensamientos, esperando hilar un plan coherente que pudiera abarcar una situación como aquella.

Podía correr, alejarse incluso más del pueblo, esperando encontrar alguna ciudad cercana en donde pedir ayuda... Pero ya había estudiado el mapa más cientos de veces, y estaba seguro de que el poblado más próximo estaba en la planicie, y no pasando las montañas. Además, dudaba que la alarma no hubiera sido oída y atendida por aquellos pueblos, ya que todos estaban al corriente de ese mecanismo de defensa.

No, no quería hacer eso, especialmente porque tenía una cierta aversión a correr, a lo relacionado con la cobardía, en esos momentos... Pensó en una segunda opción, una que implicaba arriesgarse a volver a Pasaje, y ayudar de cualquier manera posible. Una opción que encajaba mejor con su personalidad (o al menos esa personalidad resultante de la disputa con Otto).

Sintió una llama de valentía arder en su pecho. ¡No! Él no correría. Él iría derechito a dar una mano a sus amigos y conocidos. O... ¿moriría en el intento?

Justo en eso, las campanadas dejaron de sonar.

Algo dubitativo, puso una pata delante de la otra. Se dio cuenta de que estaba temblando terriblemente. Dejó caer su cabeza mientras soltaba una risita nerviosa; “¿A quién quiero engañar? Si son lo suficientemente fuertes (o estúpidos) como para atacar a un poblado entero, ¿qué puedo hacer yo para evitarlo?”. Inspiró hondo varias veces. A pesar de lo abrumadora que era la situación, tenía que decidirse por algo. Con una última inhalación, ingresó en el follaje del bosque y empezó a trotar. Quería llegar lo antes posible a su pueblo, pero aún no estaba seguro de qué haría cuando pusiera un pie allí.

En menos de un minuto llegó al peñasco en donde se había reunido con sus amigos hacía solo minutos atrás. Sus sospechas se concretaron cuando vio a sus dos camaradas aún detrás de la roca, ambos mirando pendiente abajo, hacia el oeste, donde estaba Pasaje. No hacía falta preguntar si habían oído el aviso: sus miradas y movimientos, y su silencio lo delataban. Giraron la cabeza al escuchar llegar al Tepig, y Ty pudo ver el temor que ensombrecía sus ojos. Aunque sintió una ligera punzada en el estómago al ver a Otto, sabía que su pequeña pelea no debería importar cuando algo más serio estaba ocurriendo.

Momo y Otto expresaron su alivio al verlo soltando un suspiro unánime, pero Tyler pudo notar algo más en la mirada del Oshawott: era algo más bien parecido a la molestia, pero con un dejo de distensión, como si se hubiera sacado un peso de encima. Tal vez ya estaba cansado de tener que preocuparse por el Tepig cada vez que hacía algo imprudente (como lo de escaparse) y su reaparición hacía que no debiera ir a buscarlo.

Ahora que se había vuelto a encontrar con sus amigos, Tyler quiso explicar su plan de volver al pueblo para ayudar; pero al ver las expresiones de los dos, le pareció mejor cambiar algunos aspectos de su curso de acción. Pero antes de comenzar, tenía que averiguar qué era lo que ellos querían hacer. Tal vez podrían diseñar un plan mejor si trabajaban entre los tres.

—¿Escucharon el aviso? —empezó él. La Gible y el Oshawott asintieron con la cabeza—. Entonces... ¿qué hacemos?

—Recuerda lo que dijo papá —dijo Momo, con la voz un poco temblorosa y teñida de miedo—. Si él no está, tenemos que salir del pueblo. Lo bueno es que no estamos en el pueblo...

—Pero uno no puede evitar preocuparse por mamá y por el resto... —dijo Tyler, intentando darle un buen inicio a la explicación de lo que quería hacer.

—Pero, ¿qué podemos hacer? —soltó Otto, poniéndose ambas manos sobre la cabeza. Empezó a caminar de un lado a otro—. Me dolería muchísimo no saber cómo están mamá y los otros... ¿qué hacer? ¡¿Qué hacer?!

—Lo peor es que papá no está... —recordó Momo, ahora al borde de las lágrimas—. ¿Qué es lo que va a pasar ahora?

Luego de eso, el equipo quedó en silencio. La Gible empezó a sollozar, un par de gotas deslizándose por su rostro. El Oshawott dejó su vaivén para intentar consolar a Momo, pero no fue mucho hasta que él empezó a soltar también lágrimas de impotencia. Tyler se acercó a ambos, pero sabía que con su mera presencia no se solucionaría nada. Estuvo ponderando por varios momentos si era factible o no su plan.

Por lo menos había pasado un cuarto de hora hasta que al Tepig se le ocurrió hablar. Lo hizo en un tono bajo, ya que no hacía falta alzar demasiado la voz por el ya instalado silencio pos-explosión.

—¿Saben? Podríamos ir a echar un ojo al Pueblo —sus dos amigos le miraron con curiosidad, Momo con los ojos un poco hinchados—. No hace falta que nos acerquemos mucho. Solo un vistazo para verificar la situación allí. Además, si el ataque ya ha terminado, quizá podamos ayudar.

Y así, entre murmullos y voces temblorosas o quebradas, acordaron que irían hasta el otro límite del bosque, el que se encontraba a un kilómetro de Pueblo Pasaje, que habían cruzado justo al comenzar su viaje, para dar un vistazo al estado del poblado. Tyler admitió (por lo menos internamente) que se sentía confortado y feliz de volver con sus amigos, y no tener que hacerlo solo.

Con sus pensamientos rasando lo taciturno, el trío se dispuso a volver sobre sus pasos, esperando no encontrar su pueblo hecho trizas cuando llegaran.




—¡¿Qué quieres decir con eso?! —gritó Gamien desde su posición, en lo alto del edificio de la Alcaldía. Sus ojos, aunque incómodos, no flaqueaban cuando mantenía fija la vista en aquel viejo conocido. El Arcanine seguía siendo igual de glacial como lo recordaba (irónico, siendo un canino de fuego), y estaba seguro de que sus asuntos en el pueblo no traerían nada bueno.

¿Cómo que había venido por el Tepig? No se estaba refiriendo a Tyler, ¿o sí? ... Pero, ¿cómo podría saber alguien de Rocket que había un Tepig en Pueblo Pasaje? Se suponía que el pueblo estaba desconectado completamente de los humanos, por consiguiente, de Rocket y sus Pokémon.

El enorme perro soltó una risa burlona—. He venido... por... el... Tepig —repitió, enfatizando cada palabra y dejando un tono especialmente desagradable en el nombre de la especie.

Como si los murmullos no fuesen suficientes, luego de que el Arcanine repitiera su cometido, otra oleada de voces bajas estalló entre los asustados pobladores. Nadie había visto jamás a aquel individuo ni a sus secuaces, y eso causaba una inquietud tremenda en todos. No les parecía posible que un Pokémon de ese tipo viniera y destruyera la mitad del pueblo, luego demandara la entrega de uno de los hijos del Alcalde sin tener el más mínimo indicio de duda o apocamiento.

—Pretendo hacerlo lo más rápido posible, así que te sugiero que cooperes —dijo el Arcanine, pareciendo deleitarse con el miedo de los Pokémon a su alrededor—. Veamos. Pawniard, ¿podrías explicarle al querido Alcalde qué está a punto de ocurrir?

Al escuchar el llamado, un pequeño Pokémon metálico de color carmesí apareció desde detrás del perro. Sobre el hombro llevaba una bolsa con la “R” de Rocket estampada, que aparentemente estaba vacía. Se puso en frente al Arcanine, miró a Gamien para luego bajar la bolsa al suelo. Luego, carraspeó con la garganta.

—Hemos venido en representación del Gobierno Supremo de Rocket para hacer llegar este mensaje —habló el Pawniard, con una voz casi monótona—. El Tepig existente en este poblado ha sido seleccionado para formar parte del Nuevo Ejército de Rocket. Solicitamos su completa cooperación. De no ser recibidos con hospitalidad y forzados a tomar medidas, quedarán a merced del Comandante encar–

Gamien lo interrumpió con un rugido de furia. Estaba harto de escuchar tantas tonterías.

De inmediato, dos de los Arcanine saltaron sobre Sealern, el Floatzel; uno lo aplastó con el cuerpo para inmovilizarlo, y el otro posicionó su mandíbula en el cuello del mustélido. Entre varios gritos ahogados de la multitud, ni Arcane ni el Pawniard separaron la mirada del Garchomp alcalde.

—Si no quieres ver cómo degüellan a tu guardia, te sugiero que cooperes —repitió fríamente el Arcanine—. Ahora, ¿puedes dejar que termine de hablar Pawniard?

Tomado con la guardia baja, Gamien quedó en silencio. Desafortunadamente, las cosas seguían igual: Arcane era el mismo sádico de siempre. Quiso protestar, pero cayó en la cuenta que lo empeoraría.

—A ver... ¿dónde estaba...? —continuó Pawniard, ahora desatando sistemáticamente la bolsa mientras hablaba—. Como decía, de no ser recibidos con hospitalidad (como acabó de ocurrir), quedarán a merced del Comandante encargado, Arcane el Arcanine. Para poder culminar lo antes posible nuestros asuntos en este pueblo, rogamos que el susodicho Tepig ingrese voluntariamente a la bolsa o, de otra forma, sea metido a la fuerza ya sea por los pobladores o por nuestras propias manos.

—Como ya sabes —completó el Comandante Arcane, luego de que el Pawniard terminara con su discurso—, me gusta que las cosas sean rápidas. Rocket sabe que aquí hay un Tepig, y lo quiere en su ejército. Así de simple. Así que no compliquemos las cosas.

Arcane miró expectante al Garchomp, esperando algún movimiento del dragón. Al ver que no estaba dispuesto a tomar la iniciativa, prosiguió.

—Tú sabes cómo trabajamos —intentó recordarle el Arcanine, ahora arrastrando un poco las palabras—. Sabes lo que puede pasar si no haces lo que decimos. Después de todo, también solías hacerlo. No hace falta que compliquemos las cosas. Entrega al Tepig y nos marchamos sin más incidentes.

—Sobre... mi... —murmuró Gamien, el resto de su oración mezclada entre gruñidos de furia. Estaba temblando de la rabia. ¡¿Quién rayos se creía para hacer esto?! Venir a su pueblo, destruir el hogar de muchos de sus pobladores y encima secuestrar a uno de sus hijos adoptivos.

El Arcanine levantó las cejas—. ¿Disculpa?

—¡Sobre... mi... CADÁVER! —gritó Gamien, saltando de la terraza para aterrizar en el suelo debajo. Quería destrozar a ese demonio. Quería hacerlo trizas. No iba a permitir que esto ocurriera. No en frente a toda su gente.

Al mismo tiempo en que Gamien soltaba su grito, Angus se abalanzó hacia el Arcanine que estaba sobre Sealern y le dio una patada, solo para ser quemado vivo por la llamarada de otro de los Arcanine. Mientras el atacado canino se volvía a incorporar luego de ser derribado por la patada, Angus intentó apagar las llamas rodando en el suelo entre gemidos de dolor. Ante la rapidez de los hechos, las mandíbulas que tenían cautivo el cuello del Floatzel se cerraron con potencia. Ni siquiera pudo luchar.

El Comandante de Rocket observó impasible cómo Gamien caía desde el techo y tocaba tierra con fuerza. Ni se había molestado en dar la orden de acabar con la nutria rehén, ya que sus Arcanine cavilaban casi de la misma manera que él. “Imbéciles”, pensó mientras movía la cabeza haciendo una señal a otro Arcanine, que atropelló al Garchomp con todas sus fuerzas.

Despojado del aire por el impacto, Gamien cayó al suelo de forma aparatosa. El perro ígneo secuaz se lanzó sobre él para no dejarlo escapar. El Alcalde luchó por recuperar el aliento. Ni se atrevió a echar un vistazo a sus dos amigos caídos; no sería lo suficientemente fuerte para soportarlo.

—Ya veo que no ayudarás —sentenció Arcane, empezando a caminar hacia las puertas de la Alcaldía, acompañado del Pawniard con su bolsa—. Iré a buscarlo yo mismo, y creo que empezaré por tu casa.

El Alcalde de Pueblo Pasaje empezó a gritar a todo pulmón, desgarrándose la garganta con cada “¡NOOO!”. Dos Arcanine más se acercaron al Garchomp por si este lograba zafarse, uno de ellos con el hocico teñido de rojo brillante...

Aquella visión le revolvió el estómago y le hizo sentirse débil. Sus gritos eran cada vez más bajos en volumen, mientras la realidad le golpeaba con fuerza. Giró la cabeza hacia donde yacía la nutria. Sealern ya no se movía; más bien, parecía dormido. Un bulto de color negro carbón se encontraba al lado, con pequeñas columnas de humo elevándose del mismo. Apartó con rapidez la mirada y se quedó callado.

No sabía cuánto tiempo llevaba tirado ahí, con los Arcanine gruñendo y arrugando el hocico hacia él. La imagen de cómo habían quedado sus compañeros estaba grabada en su retina, tallada con la misma frialdad de la mirada de aquel maligno Arcanine. Todo era su culpa... sus amigos... sus pobladores... ahora su hijo... todos perdidos.

No sabía desde hacía cuánto había empezado a escuchar los gritos de una hembra. Solo que de repente cayó en la cuenta de que sí había gritos. Eran los gritos de Grace. Al escuchar a su mujer, Gamien comenzó a luchar nuevamente, intentando quitarse de encima a los perros para poder llegar a su señora.

—¡¡NOOOO!! —chillaba la Gabite, persiguiendo al enorme Arcanine que llevaba una abultada bolsa en el hocico. Intentaba dañarlo con sus garras, pero Arcane parecía no sentir sus golpes—. ¡DÉJENLA IR!

Con la rapidez que solo ellos tenían, los dos Arcanine que no estaban sobre Gamien le bloquearon el camino, gruñendo con fuerza. Grace no tuvo más remedio que detenerse, pero eso no evitó que siguiera gritando con desesperación.

Un potente ladrido después, los cinco Arcanine secuaces se retiraron y se pusieron en posición alrededor del gran Arcanine. Gamien se incorporó con rapidez y corrió hacia su mujer. La sostuvo en un abrazo mientras ella lloraba desconsoladamente, incapaz de formular insultos coherentes al Comandante. Arcane dejó caer de su hocico la bolsa, que fue atrapada por el Pawniard. El pequeño Pokémon que estaba dentro ni siquiera luchaba, haciendo parecer que la bolsa estaba simplemente llena con fruta o algo parecido. El carmesí soldado hizo una reverencia.

—El Gobierno Supremo de Rocket agradece su cooperación —dijo el Pawniard como si nada hubiera ocurrido. Como si ningún asesinato se hubiera cometido para llegar al objetivo. Rabioso, impotente, destrozado, Gamien escupió al suelo en frente a ellos. Los soldados de Rocket ignoraron su gesto—. No se preocupen, el Tepig será criado bajo el mejor entrenamiento en el Nuevo Ejército. Agradezcan que les quitemos la carga de criarlo por su propia cuenta.

Dicho eso, el Pawniard esbozó la sonrisa más desagradable que la pareja de dragones había visto jamás. Gamien sintió que su pecho iba a estallar de la furia, ya empezando a ver rojo en los extremos de su visión.

—Pensaba que lo manejarías mejor... ¿Cómo te llamabas ahora? ... Ah, Gamien —espetó Arcane, un dejo de burla en su peligrosa voz—. Me gustaba más el nombre anterior...

El Sr. Garchomp le sostuvo la mirada, mas no soltó ni una palabra. Aquel desgraciado no merecía que le respondiera.

—¿Ves lo que has hecho? —continuó él—. Tus guardias no merecían morir; pero lo hecho, hecho está. Tal vez todo este “cambio de aire” te ha quitado los años de entrenamiento, mi amigo Garchomp. Antes no eras tan impulsivo... —de repente, su voz se volvió tan fría que algunos pobladores hasta se olvidaron de respirar por un momento—. Recuerda que eres un traidor. Solo porque no recibí órdenes de asesinarte no lo hice. Sin embargo, la próxima vez, aunque reciba castigo, me encargaré de matarte personalmente... —miró a su esposa, luego a la bolsa, y por último a los pobladores y a los dos guerreros caídos—. Eres una desgracia. Una vergüenza para tus orígenes.

Ni un sonido se escuchó, ni el viento sopló, ni un habitante se atrevió a moverse, cuando aquel devastador grupo partió hacia el sur. Un solo sonido, desgarrador y angustioso, llenó el oído de Gamien. Grace ya no sería la misma.

—Mi hija... —repetía entre sollozos. ¿Hija? ¿No era... Tyler el que fue llevado? Espera... ¿cuántos Tepig había en la guardería?—. Mi pobre Estelita...

Mientras una docena de pobladores se acercaba, Gamien levantó una vez más la vista hacia sus perecidos camaradas. Con su furia casi esfumada y dándole paso a la desolación, vio como un segundo Floatzel se arrodillaba al lado de Sealern, y como convulsionaba con cada gimoteo que soltaba. La Sra. Floatzel no solía llorar con facilidad. Las hermanas Delcatty estaban cubriendo con un mantel blanco el carbonizado cuerpo de Angus, mientras la Sra. Ambipom sujetaba a dos pequeños Buizel y los alejaba de su angustiada madre.

Un poderoso dolor se apoderó de su costado, clavándole directo en las costillas. Tal vez era el desconsuelo, tal vez era el abatimiento. No lo supo. Hizo una mueca de dolor cuando miró a Grace, siendo este el último rostro que vio antes de quedar inconsciente.




—Mira, yo les prometí que iría después del mediodía, y creo que ya les he hecho esperar por suficiente tiempo. Si queremos que el plan salga bien, la sincronización debe ser perfecta. Tenemos que irnos ahora.

—Sí, tienes razón. Lo había olvidado.

Observando cómo un cierto Tepig volvía a ingresar con apuro al bosque desde el otro extremo del acantilado, dos Pokémon intentaban recordar qué era lo que tenían que hacer para continuar con el esquema que habían planeado con exactitud hacía mucho tiempo.

—Aah, ya... Usaremos tu teletransportación, ¿no? ... ¿Sabes? Se siente tan raro todo esto... Si es que todo marcha bien por aquí, entonces habremos dado el primer paso.

—Sí... Ahora, no sueltes mi cola. Tenemos que aparecer justo detrás del ex Gimnasio de Azafrán. Por favor, mantén la calma y no hagas algo brusco cuando nos encontremos con ellos. Recuerda, no hay que levantar sospecha. Ya te he dicho que no sueltes mi cola, ¿verdad? No queremos que termines en medio del océano o algo parecido. ¿Listo?

—Listo.

—Tres... dos... uno... ¡Vamos!




—Te tengo que explicar qué estamos haciendo aquí.

—¿A qué... te refieres?

Luego de recibir aquel llamado, Brock se había sentado frente a Seth. Le sonreía de forma misteriosa, haciendo que el chico sintiera aún más curiosidad. Brock no le había dejado preguntar de qué se trataba la misión desde el comienzo, pero tal vez ahora se aclararían más las cosas para Seth.

—Bien... Esto puede ser algo brusco, o complicado de entender... —empezó Brock, encorvando la espalda un poco como para hacer la conversación más secreta—. Comencemos con algo simple... ¿Hace cuánto que no ves un Pokémon?

—La verdad es que siempre los veo —rio Seth, algo desprevenido por la pregunta—. Están esos pájaros, creo que se llamaban Pidgey... Y esas ratas moradas, los Rattata... Pero no son más que salvajes.

—Correcto —dijo Brock, con la voz un poco apagada—. Hoy en día, en Kanto rara vez se ve otras especies más que esas. Dime, ¿alguna vez te has encontrado con un Pokémon de Rocket?

—La verdad es que no cara a cara —contestó el muchacho, intentando recordar algún encuentro cercano con aquellas temidas bestias—. Aunque los solía ver desde mi ventana por las noches, cuando hacen patrulla esos perros enormes con los soldados, aquí mismo en Azafrán.

—Ahora —dijo Brock, con un indicio de entusiasmo en la voz, como si estuviera llegando a la parte más emocionante de la explicación—. ¿Por qué crees que solo Rocket puede tener Pokémon? ¿Por qué ya no podemos interactuar con Pokémon salvajes y hacernos sus amigos?

—Uum... —zumbó Seth mientras se ponía una mano en el mentón y soltaba una risa nerviosa—. Esa es una difícil...

—Sí. La verdad es casi imposible de creer... —indicó el hombre, enderezándose mientras levantaba las cejas—. No sé si yo sea el indicado para explicártelo a fondo, pero te diré algunos detalles superficiales. A ver, ¿cuántos años tienes, Seth?

—Tengo catorce, pero no falta mucho para que tenga quince —dijo él, bastante orgulloso.

—Bueno, y me imagino que sabes que Rocket está en el poder por casi diez años, ¿no? —preguntó Brock. El chico asintió—. Entonces eras muy pequeño para recordar a los Pokémon como eran antes. Ellos eran nuestros compañeros, nuestros camaradas... nuestros amigos. Rocket se los llevó a todos, y no sabemos ni a dónde. Pero fue algo muy extraño... Cuando los soldados venían a llevar tus Pokémon, los entrenadores intentaban defenderse a través de una batalla; sin embargo, estos empezaban a actuar diferente... a actuar como salvajes. Simplemente no obedecían. Era muy desconcertante verlos así, mientras que los soldados de Rocket se reían en tu cara y te obligaban a que les entregases todas tus Pokéballs y tu Tarjeta de Entrenador. Lo que más confundía era que estos soldados también tenían Pokémon, pero los de ellos actuaban con normalidad y los obedecían.

Brock pausó por un momento para tomarse un respiro mientras una oleada de recuerdos inundaba su mente. Se tomó su tiempo para acordarse de cada uno de sus compañeros, esperando que estuvieran a salvo en donde sea que se encontraban ahora.

—Creo que recuerdo algunas cosas... —dijo Seth, estrujándose los sesos en un intento de llamar de nuevo aquellas memorias perdidas—. Pero son visiones muy borrosas.

—Bueno, lo que quiero decir es que cuando Rocket decidió hacer el golpe de Estado, no había dejado nada al azar —continuó Brock. Levantó el dedo índice—. Primero, nos sacó a todos nuestros Pokémon —ahora levantó el dedo del medio—. Segundo, utilizó un arma muy efectiva para sacar al antiguo gobierno de su puesto, cosa que hizo con gran rapidez. Y, por último, se aseguró de que ningún habitante de Kanto o Johto pudiera establecer una relación con un Pokémon nunca más.

—A ver... —habló el chico, verificando si estaba siguiendo correctamente la explanación—. Entiendo los dos primeros... Pero, ¿cómo hizo Rocket para que, por ejemplo, no armáramos un ejército secreto de Pokémon, o algo parecido?

—Ahí es donde quería llegar —dijo Brock, soltando un suspiro—. Es complicado, y muy astuto. No sé de dónde sacaron la idea los científicos de Rocket. Bien... co–

Toc toc toc... Toc-toc toc-toc toc-toc... Toc-toc toc toc-toc toc-toc... Toc-toc toc-toc... Toc... Toc toc-toc toc-toc...

Brock fue interrumpido por un repentino golpeteo. A Seth le pareció bastante complejo para ser un simple llamado de puerta, y estuvo a punto de comentárselo a Brock, pero el hombre levantó una mano para asegurarse de que no dijera nada y se puso a murmurar lo que parecían letras del abecedario.

—... E... W... —farfulló él, levantando aún más las cejas y poniéndose de pie al instante. Miró a Seth con los ojos bien abiertos (hasta le pareció al chico que por fin podía ver sus pupilas)—. Es él.

¿Él? ¿Quién demonios...? Aah... Por supuesto: él. Pero, ¿quién era él? La cuestión estuvo rondando la cabeza del chico desde hacía muchas horas atrás, cuando le habían traído a medianoche a aquella (acogedora) caseta, y tal vez ahora lo sabría. La verdad era que la duda ya le empezaba a carcomer, y no veía la hora de encontrarse con aquella persona tan importante a la que esperaban.

Acompañó muy ansioso a Brock hasta la entrada, observando con entusiasmo cómo este ponía la mano en el cerrojo. Se preparó para la visión respirando hondo.

La puerta se abrió, y no encontró a nadie en su nivel visual... Bajó un poco la mirada y vio que un par de individuos de muy baja estatura ingresaban con rapidez por la puerta. Uno de ellos era bastante achaparrado, y el otro...

“Espera”, pensó Seth. “Estos no son... humanos”. No pudo evitar quedar boquiabierto. “San Magikarp... ¡Son Pokémon!”.





¿Qué tal les pareció? Dejen comentarios, por favor (aunque no hay obligación) ^^.

Rak, eres todo un artista



.- Pokémon Mundo Misterioso: Resistencia Plateada -.

---> ¡Concurso en marcha! <---
¡No se lo pierdan!

Pásense por mi página de Deviantart: WillChar96


Otras asombrosas firmas charmandescas (?):


Gracias onix ^^.

#25
Aquí mi comentario del capítulo 6
Me has hecho llorar Will, en serio... ¡¿Por qué, Arcane?! PORQUÉ!! Pobres guardias TT_TT

Ya no sé para qué va a ir Tyler, total si no lo buscaban a él (ahora resultará que sí pero se equivocaron los imbéciles XD). No sé que pintan los enigmáticos pokemon que se quieren teletransportar, pero creo aginarme al menos uno. Veo que al fin alguien logra casi ver las pupilas de Brock, toda una hazaña. Por cierto muy buena la explicación sobre ¿porqué crees que hicieron esto? sobre el golpe de estado, seguro que la gente no ha reparado mucho en ello pero no creo sea tan simple como parece... debe haber algo más detrás de todo esto... al igual que la intriga que me devora.

En conclusión (si, lo se no soy muy bueno comentando u.u) ha sido un capítulo genial. Puede que no se haya visto una espectacular batalla entre Gamien y el maldito perro ese, pero como nos lo has puesto ha estado muchísimo mejor con ese cúmulo de emociones; no siempre uno tiene la oprtuidad de pelear y salvarse, y menos con estos tipos... a ver si logran pararles los pies a Rocket de una vez, que ya han traumado a mucha gente incluída a Grace... y eso es imperdonable con lo buena que es esa señora.

Amigo tu fic es genial, me gusta porque les das un toque muy realista a mi parecer; yo en mi historia no me centro tanto en Rocket, almenos no por ahora. Igualmente como tu lo describes es digno de ejemplo, el cual tomaré como un sano reto para mejorar.

Dicho esto, solo me queda decir que... ¡Sigue así compañero, ánimo que tu vales para esto del fic!
#26
Ya extrañaba un capi de este fic.

Mmm, sí, la verdad que con una alarma así se te quitan las ganas de irte o viajar u.u Pobres tres aventureros, nunca hubo problemas en el pueblo hasta que se dispusieron a buscar emoción D: Entonces la emoción fue a donde ellos estaban antes xD

Que cruel D: Pobre Floatzel y Breloom D:

Se llevaron a la pobre Tepic pequeñita D: LOL, sin dudas ella hará estragos en el ejército Rocket (?)

Ohhh, justo cuando la historia de Brock se estaba poniendo interesante u.u Bueno, el capítulo llegó a su climax con la batalla de Gamien y los pokémon de los rocket, esa fue la mejor parte. Lo demás fue como de relleno pero igualmente el capítulo estuvo bien, te felicito. Sólo me quedaría por saber por qué te costó tanta lucha traérnoslo xD

Nos leemos en el próximo, amigo.


Gracias a todos por recordarme :) Sólo tengo buenos recuerdos de ustedes y de este agradable lugar también.
#27
Bueno, bueno... Hace tiempo que no tenía un capítulo para publicar. Esta vez pasó más de un mes desde el anterior. Mi excusa: ¡Bloqueo del Escritor! Un cuarto del capítulo estuvo terminado en un santiamén, pero después me quedé atascado. Creo que se debe a que elegí una trama un poquito complicada, y por todo el tiempo en que estuve bloqueado, intentaba salir con una forma convincente de presentarles mis ideas... Pues, finalmente logré zafarme del bloqueo, y literalmente entre ayer y hoy escribí 5.000 palabras O_O. Ahora les traigo el siguiente capítulo.

Áurico:

Wow, ¿en serio te hice llorar? *le da palmadas de consuelo en la espalda* Tal vez haya sido la escena que mejor me haya salido en la vida, pero no pensé que llegaría hasta ese punto (?). No te preocupes, me aseguraré de que todos reciban lo que se merecen. Se llevaron a Estela, pero jamás se especificó a cuál de los dos querían. A menos que no supieran que había dos Tepig allí :O.

Ahora mismito sabrás quiénes son esos Pokémon. Bueno, sobre el golpe de estado, habrá un capítulo más adelante que será más o menos exculisvo sobre eso. En uno o dos capítulos más, si es que no se alarga una escena que tengo pensada para los siguientes. Todo depende de la imaginación que tenga en el momento xD.

Auri, sabes bien que eres mejor comentando que yo -.-'. ¿Sabes? Es posible que no ponga demasiadas peleas en este fic... Pero si es que son necesarias, creo que tendré que hacerlo. Oh, créeme que Rocket apenas ha empezado, tengo varias cosas planeadas :O.

¿Digno de ejemplo? ¿Estás seguro de que es mi escritura de la que hablas? xD. A pesar de que yo publiqué antes mi fic, tú ya me pasaste con los capítulos :P. Soy bastante lento... Me impresiona mucho que seas capaz de sacar un capítulo por semana, siendo que yo lucho por un mes entero para sacar solo uno.

Por cierto, traje escenas eliminadas del capítulo 6. Si tienes curiosidad, puedes pasar a verlas :P.

Gracias por todo, Auri ^^

Demian:

Bueno, y ya ves, justo cuando salen, ocurre lo emocionante. Aunque creo también que estar cerca de una explosión tiene también su grado de emoción xD. Si lo piensas bien, aquella campana no es un método demasiado efectivo, porque la ciudad más cercana que puede brindar ayuda está a por lo menos una hora de viaje. Pero algo es algo :P.

Arcane es el personaje más cruel que he ideado hasta ahora, pero creo que habrá alguien que lo superará... Ya verás (?). La verdad es que solo dijeron que querían a un Tepig, sin importar que fuera bebé o niño.

La historia que contaba Brock se explicará dentro de unos cuantos capítulos, e intentaré que sea muy detallada, así que prepárate para aburrirte (?).

Bueno, me costó bastante porque estaba demasiado ocupado (así también para este capítulo), y además, elegí una trama bastante complicada, que necesita mucha revisión, y que si cometo un pequeño error, se me puede abrir un enorme hoyo en el argumento -.-'.

Por cierto, como te prometí en el comentario anterior, traje las escenas eliminadas del capítulo 6. Si tienes curiosidad, puedes pasar a verlas. Las pongo antes del capítulo 7.

Gracias por todo, Dems ^^





Aquí traigo algunas escenas eliminadas del capítulo anterior xD. Como no encajaban, o no me gustaron, no llegaron a la versión final del capítulo:

Escenas eliminadas

—Estúpido Otto... —masculló Tyler, dándole patadas a las piedritas que encontraba en el camino. Mantenía la cabeza gacha, no porque estuviera buscando algo, sino porque se sentía incomprendido. Se alejó un poco más del límite del bosque, y se acercó más al borde del risco. Llevaba caminando más de diez minutos bordeando el enorme agujero que recién había descubierto con Otto y Momo, intentando avanzar en su camino hacia las colinas: su tan esperado destino.

Pero... ¿realmente valía la pena hacerlo después de lo ocurrido? En su estado de furia, sabía que pensar racionalmente era algo casi imposible. Sin embargo, a medida que se enfriaban los ánimos, Tyler comenzó a ver el cuadro más grande. Aunque seguía bastante molesto con la actitud de su amigo nutria, tenía que admitir (y muy dolorosamente) que tenía algo de razón.

Lo que mantenía avivada su ira era la hipocresía del Oshawott. Seguía sin creer que el mismo Pokémon que lo había ayudado a planear su descabellada salida era el que la suspendía en plena marcha.

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Mientras se consumía en su amargura y se dejaba caer al suelo desesperanzado, una pata le tocó el hombro. Levantó mansamente la cabeza para encontrar a Otto y a Momo, ambos con temor en los ojos. No hacía falta palabras para expresar el miedo reinante en los tres. Pero a Tyler le pareció notar algo más en los ojos de la nutria, algo entre alivio y molestia... Tal vez ya estaba harto de tenerlo a él corriendo de aquí para allá mientras tantas cosas ocurrían.

—Lo siento... —farfulló Tyler, pero se dio cuenta que ambos negaban con la cabeza. Era obvio que el incidente con Otto ya quedó en el pasado, porque vinieron a buscarlo en lugar de dejarlo a su suerte mientras había una posible guerra desarrollándose tan cerca. Después de todo, los amigos siempre se perdonaban todo.

Los minutos pasaban, y el trío seguía sin moverse, en un tenso silencio. No tenían las miradas clavadas una en la otra, pero de vez en cuando se lanzaban vistazos para escrutar el rostro del otro. Permanecieron allí, sentados en un círculo en el límite del bosque, con la cara vuelta hacia el oeste, donde se encontraba su pueblo que probablemente estaba siendo destruido en ese momento. La preocupación de los tres fluctuaba: era casi insostenible en su momento máximo, tanto que les hacía querer salir corriendo hacia el pueblo de lleno a los atacantes solo para verificar la situación de su familia; y en momentos era baja, deprimente, y les privaba de emociones dejándoles en un estado de melancolía pura.

Por lo menos había pasado un cuarto de hora hasta que a Momo se le ocurrió hablar. Lo hizo en un tono bajo, ya que no hacía falta alzar demasiado la voz por el ya instalado silencio pos-explosión.

—¿No creen que deberíamos... ya saben... acercarnos un poco? —Tyler y Otto la miraron con algo de curiosidad—. Digo... solo para... eh... ¿ver si es que...?

No había necesidad de completar la oración, ya que sus otros dos amigos sabían que se refería a “si es que no había columnas de humo” o “no había fuego”, o algo relacionado a algún indicio de destrucción en la pequeña ciudad. Ambos asintieron lentamente ante su declaración.

Entre murmullos y voces temblorosas o quebradas, acordaron que irían hasta el otro límite del bosque, el que se encontraba a un kilómetro de Pueblo Pasaje, que habían cruzado justo al comenzar su viaje. Tyler admitió (por lo menos internamente) que se sentía confortado y feliz de tener de vuelta a sus amigos, y que hubieran sin problemas pasado por alto su inmadura reacción ante los hechos: porque lo único que había demostrado al actuar de esa manera era que no había aprendido a pensar en sus amigos como era debido. Y estaba muy agradecido con ellos por eso.

Con sus pensamientos rasando lo taciturno, el trío se dispuso a volver sobre sus pasos, esperando no encontrar su pueblo hecho trizas cuando llegaran.





Luché mucho (otra vez) para traerles el séptimo -.-':




8. Capítulo 7: Contacto

CAPÍTULO 7

Capítulo 7



Seth estaba con la boca prácticamente abierta. Cuando las dos criaturas ingresaron sin muchos rodeos a la caseta, el chico se quedó estupefacto, junto a un Brock que observaba su rostro con cierto regodeo. El hombre levantó una mano y cerró la boca del chico, suprimiendo una risa mientras cerraba también la puerta. Ambos luego procedieron a la pequeña habitación trasera de la caseta, en donde los dos Pokémon ya estaban sentados en una de las magras camas esperando la llegada de los otros dos. Intercambiaban algunas palabras incomprensibles entre ellos, a veces asintiendo con la cabeza. A Seth le pareció que Brock estaba un poco nervioso, y se imaginó que aquellos Pokémon debían ser cruciales para la actual misión o algo, y que quizá era la primera vez que se encontraba con ellos.

Mientras Brock se volteaba y comenzaba a rebuscar objetos en una pequeña gaveta en la pared, Seth se puso a inspeccionar con la mirada a aquellos dos extraños seres, a aquellas dos criaturas llamadas “Pokémon”. Se dio cuenta entonces que todos los Pokémon que recordaba haber visto alguna vez en su vida no tenían ningún rasgo distintivo o parecía interesante, la verdad. Después de todo, los Pidgey, Rattata y Sentret eran los animales más aburridos de la historia del mundo (o eso creía él), excepto tal vez los asombrosos y temibles perros anaranjados que patrullaban las ciudades por las noches. Se contaban historias entre los niños de su edad que aquellos perros eran capaces de escupir fuego como un lanzallamas, cosa que Seth no podía marcar de creíble sin verlo al menos una vez (lo cual todavía no había ocurrido).

Para opinión de Seth, los Pokémon eran seres vivos extraordinariamente dóciles, con una inteligencia deficiente; pero con habilidades sobrestimadas y exageradas en comparación a lo que eran en realidad. Ni siquiera entendía por qué hubo tal título como el de “Entrenador Pokémon”, ya que no veía seductor el llevar a unos animales adiestrados a todas partes para hacerlos participar en luchas. Por supuesto, él estaba juzgando por lo que observó y escuchó hablar, ya que nunca había vivido la experiencia de ser entrenador por su cuenta porque estaba estrictamente prohibido (gracias a la actual situación política en la región).

Sin embargo, todo lo que había sacado como conclusión estaba quizá errado, ya que aquellos dos Pokémon sentados allí eran en verdad excepcionalmente curiosos; y tal vez, solo un poquito, despertaba un cierto interés en pasar tiempo en su compañía.

Uno de ellos le recordaba vagamente a los cerdos que había visto en uno de sus viajes familiares a la casa de la hermana de su madre adoptiva, que tenía una granja en las afueras de Ciudad Olivo, en Johto. Solo que este en particular se paraba en las patas traseras, su cuerpo era casi una bola, y era de color anaranjado y negro. Tenía dos pequeños colmillos que sobresalían de su mandíbula inferior, y también unas orejas más o menos largas que estaban pegadas a la cabeza en ese momento. La verdad era que su apariencia le causaba un poco de gracia; incluso estuvo a punto de esbozar una sonrisa, pero pensó que sería mejor respetar a los visitantes, porque no tenía idea de qué tan importantes eran para la misión (si es que habría una). La criatura cerdito hablaba de forma preocupada con el otro ser, con una voz un poco nasal, mientras que su acompañante parecía querer sosegarlo con su aguda voz.

El segundo, sin embargo, era lo contrario a discreto, pensó Seth (bueno, el cerdito también tenía su grado de indiscreción). Ojos azules y grandes, cola larga, ¡y parecía estar levitando sobre la cama! Tal vez lo que más llamaba la atención era su pelaje, que era de color rosado pastel, casi como el de la fruta meloc que había en los bosques cercanos a la ciudad, de la que su madre adoptiva solía hacer un delicioso jugo. Tenía un aire juguetón, casi infantil, pero en aquellos momentos llevaba un ceño fruncido que lo único que hacía era sumar más ternura a su imagen general. De vez en cuando se pasaba una mano por la cabeza, intentando explicar algo al otro en su idioma ininteligible. Si Seth no hubiera visto gatos en la granja de su tía, no hubiera tenido algún animal con el cual relacionar al Pokémon rosado.

Mientras los dos Pokémon seguían enfrascados en su conversación (con Seth mirándolos sin parar), Brock finalmente hizo un sonido con la garganta. Ambos quedaron en silencio inmediatamente. El felino levantó la mirada hacia él, así mismo lo hizo el cerdito, y le dirigió su completa atención. Brock se acercó, algo dudoso y extendió una mano hacia él. Seth miró con atención la reacción del gato ante el gesto de Brock, como esperando que no lo entendiese.

—¿M-Mew? ¿Sr. Mew? —titubeó Brock. El Pokémon se dio cuenta del gesto y extendió una pata para el apretón de manos—. Estábamos esperándolo con ansias... Mi nombre es Brock, encantado de conocerte. Él es Seth, me está acompañando en su primera misión... No sabes lo mucho que escuché sobre ti cuando era niño; todas esas leyendas e historias sobre tu poder y esas cosas...

—¡Oh, encantado! ¡Encantado! —chilló Mew, sacudiendo con vehemencia la mano de Brock. Si Seth había estado sorprendido hacía un momento, ahora estaba estupefacto. No solo el felino había entendido el gesto de Brock, sino que había hablado. Había hablado. Era casi como... una persona, un ser humano—. Sí, soy Mew. ¡Un gusto, Brock! ¡Un gusto, Seth! Este es... um... Pignite, me está acompañando esta vez. Es de pocas palabras, pero tiene un gran espíritu.

Mientras Seth, boquiabierto, aceptaba el apretón de manos de Mew, Brock extendió la suya al otro visitante—. ¿Pignite? No eres... de por aquí, ¿verdad? —el cerdito asintió, retornando el saludo—. ¡Vaya! Es de otra región, ¿verdad? ¡Nunca había visto a un Pignite antes!

Mew le sonrió ampliamente al chico, mientras este encontraba difícil aún quitarle la vista de encima. Mientras Seth agitaba la pata del Pignite (el cual, extrañamente, le lanzó un guiño al chico), Mew poco a poco empezó a adquirir una mirada más seria, su sonrisa esfumándose con bastante rapidez.

—Bien —dijo el felino, meneando la cola con inquietud—. No tenemos mucho tiempo. Y ahora, si queremos que el plan se desenvuelva con fluidez, necesitamos hacer las cosas bien y no dejar nada al azar.

Brock, que había dejado sobre la cama varios mapas que había sacado de las gavetas, igualó la expresión seria del felino. A Seth todavía le parecía impresionante que un Pokémon resultara ser el encargado de la misión, y más aún un Pokémon con una apariencia tan frágil. La verdad era que el cuadro general era muy confuso para él todavía, y decidió que esperaría a que mencionaran cuál era su papel dentro de aquella misión que se suponía llevarían a cabo. Al igual que el Pignite, él parecía solo ser el acompañante.

—Mew, solo quería aclarar algo —señaló Brock, un pequeño brillo de admiración destellando en sus entrecerrados ojos—. Cual sea que tu plan resulte ser, nosotros dos te ayudaremos incondicionalmente. No sabes el honor que es conocerte en carne y hueso. ¡Eres un Pokémon legendario, por Arceus!

¿Legendario? ¿Mew era un Pokémon legendario? ¿Siquiera existía tal cosa? Seth se acordó repentinamente de sus difuntos padres verdaderos, y cómo siempre solían hablar de que los legendarios alguna vez los rescatarían de la tiranía de Rocket. Oyó hablar de Arceus, de las tres aves de Kanto y los tres perros de Johto, de Giratina, pero nunca de Mew. Tal vez porque siempre comentaban sobre estos Pokémon fue que los de Rocket se hartaron y quisieron matarlos.

—Me halaga, Sr. Brock —dijo Mew, haciendo un gesto despreocupado con la mano. Seth no pudo evitar pensar que Brock se parecía a un niño pequeño cuando se le da un caramelo; tenía de repente un aire de coleccionista apasionado por solo ver a aquel felino de las leyendas—. Bueno, prosigamos... ¿Me podrías decir de qué lugares son esos mapas de ahí?

—Como lo indicó Koga —explicó Brock, juntando los mapas con las manos y mostrándoselos uno a uno—, estos son los mapas que necesitaremos. Este es del edificio de Silph. Este es del Ayuntamiento. Y este es de los desagües.

—Genial —felicitó Mew. Aumentó un poco la velocidad de sus palabras, como si estuviera apurado para terminar con la explicación y poner el plan en marcha cuanto antes—. Ahora, este es el plan. Tenemos que dar el primer paso para desactivar PRIMO, y lo más pronto posible. Esto ya se lo he dicho a tu comandante Koga, que tengo entendido que es el Jefe de Inteligencia. Entonces, él se encargó de diseñar un esquema que nos debería ayudar a hacerlo. Ahora, quedaba a su disposición pasártelo, ya que yo tenía que atar otros cabos.

—Sí, ya me lo ha pasado y lo tengo todo claro, señor —confirmó Brock. Seth tuvo ganas de soltar otra sonrisa cuando Brock llamó “señor” al felino, pero una vez más se contuvo. No sabía qué era más ridículo: la escena general con un gato rosado dando órdenes, o él encontrándolo gracioso aunque fuera lo más serio que le había ocurrido en la vida—. Tenemos que encontrarnos con un contacto infiltrado en la azotea de Silph, en donde nos proveerá con uno de los helicópteros de Rocket. Pero para hacer eso tenemos que conseguir antes uniformes de soldados de Rocket en el Ayuntamiento. En eso nos ayudará otro camarada que ahora está en los desagües, esperándonos. Utilizaremos el helicóptero para ir a Ciudad Trigal e instalar el explosivo en la Torre de Radio.

Seth intentó seguir la conversación, pero se perdió en varios puntos. Le pareció imprudente interrumpirla para aclarar sus insurgentes dudas, así que esperó.

—Bien, excelente —dijo Mew, echándole una mirada a Seth. El chico se dio cuenta de repente que el Pignite también le había estado ojeando desde hacía un tiempo, pero no lo notó porque le prestaba más atención al rosado gato. Algo en la mirada del cerdo le estaba incomodando. Apartó la vista y fingió encontrar muy interesantes los mapas de Brock—. Una pregunta, Brock. ¿Me podrías decir quién es este chico?

—Sr. Mew, él es Seth Simons, una nueva adición a la Oposición —respondió Brock—. Se unió hace una semana.

Ni Seth ni Brock estaban esperando la reacción que Mew dio. Había parecido bastante tranquilo, pero luego de escuchar el nombre puso los ojos como platos. Se quedó boquiabierto mientras levantaba mucho las cejas.

—Espera... ¿dijiste Simons? —murmuró él, poniéndose una pata sobre la boca—. Pero... se suponía que... ¿Pero qué te hiciste en el cabello? —soltó de repente, mirando con horror la cabellera gris del chico. Se volvió nuevamente hacia Brock—. ¿Este es el... hijo de los Simons? ¿Los que vivían al norte de Ciudad Celeste?

—Sí, señor. Los señores Simons–

—Espera... ¿conociste a mis padres? —interrumpió muy sorprendido Seth. Un brillo iluminó sus ojos.

—Sí, los conocí personalmente... —dijo Mew, luego soltó un suspiro—. Eran muy buenas personas. Incluso conozco a tu hermano menor. Él es–

—Espera... ¡¿Lo conoces?! Eso quiere decir que está... ¡¿vivo?! —exclamó el chico—. ¡¿No está muerto?!

—No, él está vivo —confirmó el gato, un poco sorprendido. Le lanzó al cerdito una mirada divertida y confusa (y también acusadora, si es que era posible), la cual el otro retornó con una risita disimulada—. Pero pensé que ya lo sabías...

Seth estaba extasiado. Se dejó caer en una de las camas con una sonrisa enorme. El alivio que sintió fue inmenso. Saber que su hermano no estaba muerto después de estos años le llenó de alegría. Sintió ahora que tendría todos los motivos para pelear lado a lado con la Oposición, ya que su primer objetivo sería encontrar a su hermano.

No lo podía creer... Simplemente no lo podía creer. Eso quería decir que no estaba solo después de todo. Tenía un familiar, escondido por ahí, a la espera de encontrarse con él. Y no veía el tiempo de encontrarse con él.

—Yo fui amigo personal de tus padres en sus últimos días, la verdad —dijo Mew, sonriendo al verlo tan feliz—. Me partió el corazón perderlos... —luego agregó—. Te puedo asegurar que tu hermano menor está a salvo. Yo me encargué de que ustedes dos terminaran en lugares seguros cuando Rocket asesinó a tus padres.

—¡Muchísimas gracias, Mew! —le dijo Seth, levantándose y sacudiéndole una vez más la pata. Sentía que iba a estallar de la alegría—. No sé quién seas o de dónde vienes, pero te lo agradezco. Gracias por decírmelo.

—No te preocupes, Seth —le aseguró Mew—. Es para eso que estoy aquí. La verdad era que iba a pedir a Koga para encontrarme contigo más adelante, pero ni me imaginé que te unirías a la Oposición, ni que te encontraría justo aquí. Me costó reconocerte con el pelo gris, ya sabes, antes lo usabas castaño, como tu madre...

Luego de eso, el felino quedó en silencio al igual que Seth. Unos momentos más tarde, Brock carraspeó con la garganta. El gato y el chico parecieron volver a la realidad y adquirir nuevamente sus posturas serias.

—Pero te lo explico en otra ocasión, Seth... Bien, lo lamento, Brock —se disculpó Mew, mirando de nuevo a Brock—. Es que no tenía idea de que encontraría al hijo de los Simons aquí. Sabía que vivía aquí en Azafrán, y planeaba visitarle, pero, como dije, no me imaginé que estuviera en la Oposición... La verdad es que tenía que haberlo esperado: su padre, Marcus, hubiera hecho lo mismo si hubiera sabido de esta organización... ¿Dónde estábamos? Eh... Ah, sí, el plan —tomó uno de los planos, más específicamente el de los alcantarillados—. Obviamente tendremos que empezar desde los desagües, son las rutas menos protegidas. Me dijiste que conseguirían uniformes del Ayuntamiento, ¿no? Genial. Ahora, una cosa más: nadie puede saber que yo estuve por aquí, ni tu organización. El único que lo sabe es Koga, además de tú y Seth.

—¿Y por qué eso, señor? —inquirió Brock, por mera curiosidad. La verdad era que no estaba pensando en desobedecerlo.

—Pues, verás, Brock, todo esto forma parte de un gran plan —dijo Mew, reservándose y sonando muy misterioso. Seth no pudo evitar sentir una punzada de entusiasmo—. Nadie puede saber que yo estoy por aquí, o por lo menos, no todavía. Si Giovanni lo supiera, se pondría loco...

El Pignite rio disimuladamente, y volvió a echarle un vistazo a Seth. Sin embargo, el chico estaba demasiado ocupado con sus inquietos pensamientos. No podía creer que acababa de encontrar un motivo aún mayor de pelear contra Rocket: su hermano menor perdido. Y encima, estaba a punto de comenzar una misión con el máximo grado de confidencialidad. Este tal vez era el día más feliz de su vida, que seguramente sería superado cuando encontrase a su hermanito.

Discutieron por varios minutos más los detalles de aquel plan. La idea era empezarlo en ese mismo momento, dentro de una hora, justo después de la finalización del horario de descanso del almuerzo en Azafrán. Tendrían que atravesar el desagüe hasta salir en uno de los callejones cercanos al Ayuntamiento, ingresar al edificio encubiertos, armar alguna clase de distracción mientras uno de ellos se encargaba de conseguir los uniformes, y luego salir disimuladamente. El siguiente objetivo sería Silph, pero con los uniformes de Rocket sería mucho más fácil infiltrarse para encontrarse con el siguiente contacto. Luego conseguirían el helicóptero y partirían hacia Johto, a Ciudad Trigal, para intentar poner un explosivo en la Torre de Radio.

Todo esto sería virtualmente “seguro”, ya que aquel helicóptero tenía como destino Ciudad Trigal en primer lugar, y ellos simplemente tenían que abordarlo. Por otro lado, la parte difícil yacía en conseguir los uniformes, pero dieron gracias a las aves legendarias que en el Ayuntamiento solo trabajaban civiles, y solo tenían una reserva de uniformes en el depósito del edificio. Silph era otra historia, ya que había oficiales de Rocket veinticuatro horas al día, siendo como la segunda oficina de Giovanni.

Mew supervisaría la misión en segundo plano, seguramente haciéndose pasar por algún Pidgey o algo así con su habilidad para transformarse (de la cual tuvo que dar una extensa explicación a un muy impresionado Seth). El Pignite, por su parte, iría a otro lugar referente a la gran misión de Mew, y estaría esperando el retorno del rosado gato en dicho sitio al finalizar la misión. En cuanto a Seth y Brock, luego de dar por terminado el trabajo, se quedarían en la Base Principal de la Oposición en Johto, en los supuestamente abandonados e insospechados subsuelos de Ciudad Trigal.

Y luego de unos cuantos preparativos (que incluyeron beber algo de agua e ir al baño), el extraño grupo de cuatro estuvo listo para dejar la pequeña caseta de chapas. No hubo necesidad de hacer un cambio de ropas, ya que Seth y Brock habían venido vestidos de civiles. A Seth todavía le costaba creer que en menos de una semana en la Oposición ya estaba en una misión ultra secreta, ¡y encima había posiblemente conocido a uno de los Pokémon más raros de la historia! Lo mejor de todo era, sin embargo, que gracias a aquel peculiar Pokémon había descubierto que su hermano todavía estaba vivo, en algún lugar fuera del alcance perverso de Rocket; y, a pesar de que quería tener una larga conversación con Mew sobre su familia, no era el momento más oportuno, ni tampoco el lugar más seguro para hacerlo.

Cuando estuvieron en la entrada, ya más que listo para dividirse y comenzar con la labor, Brock preguntó algo que lo había estado molestando desde el día anterior.

—Sr. Mew, tengo una pregunta —dijo él, haciendo que el flotante felino se volteara hacia él—. ¿Por qué nosotros? O sea, digo, ¿por qué el comandante Koga nos eligió a nosotros dos para la misión?

—Eso no es algo de lo que tengo conocimiento —le respondió Mew, encogiéndose de hombros—. Yo simplemente pedí a dos hombres lo suficientemente confiables para esta misión. Especialmente porque esta no será la última vez que trabajarán conmigo —diciendo esto, Mew les guiñó el ojo.

—¿Eso significa que te veremos otra vez? —preguntó Seth, anhelando aquella entrevista sobre su familia con el felino.

—Sí, por supuesto —replicó el gato, sonriendo ampliamente—. Hasta podríamos visitar a tu hermano si quieres. Lo haríamos ahora, pero todavía no es el tiempo correcto...

Seth asintió. Luego de un intercambio más de palabras, llegó el momento de irse. Un chasquido luego, el felino y el cerdito hubieron desaparecido en el aire. El chico no pudo evitar abrir un poco la boca al presenciar cómo se teletransportaron los dos Pokémon. Brock soltó un bufido amistoso y ambos empezaron a marchar hacia la avenida principal que pasaba en frente al abandonado Gimnasio de Azafrán. Torcieron a la derecha, mezclándose entre la apagada multitud y los ocasionales oficiales de Rocket.

Cruzaron una ruidosa calle antes de entrar a la derecha en un callejón. Echando vistazos atrás para verificar que no estaban siendo vigilados, Brock removió la pesada tapa metálica que bajaba al desagüe. Seth descendió primero por la escalera de mano de hierro, seguido por Brock, que se aseguró de cerrar la tapa al entrar. Fueron bienvenidos por uno de los olores más nauseabundos que Seth jamás había percibido en su vida, pero hizo un intento de ignorarlo y se apartó para dejar pasar a Brock. El alcantarillado era como una red de avenidas subterráneas cuyas aceras eran completamente de cemento; y en lugar de pavimento, tenía ríos de agua verdosa (y a veces con olores desagradables) que corría continuamente.

—Esto no es precisamente lo que yo llamaría una brisa primaveral —dijo Brock con ironía, arrugando la nariz—. Bien, nuestro camarada, Kiyo, debería estar más hacia el sur, que sería por... aquí —apuntó hacia uno de los caminos—. Te agradecería que no menciones la banda roja de su cabeza, a menos que quieras escuchar la historia de su vida antes de que viniera Rocket.

Empezaron a caminar, a paso cuidadoso, porque las aceras estaban bastante resbaladizas y no eran muy anchas; no querían caer a aquella mezcla de fluidos verdosa. Seth, que todavía estaba estupefacto por el rumbo de los eventos, no se quejaba ni tenía problemas para mantenerse al paso de Brock. Justo en ese momento, su pecho no tenía espacio para sentir nerviosismo o temor ante la misión que se desenvolvía frente a él, de la que él era un componente principal; sentía como si su corazón hubiera aumentado de tamaño: ¡su hermano no estaba muerto!

Estaba consciente, sin embargo, de que estaban a punto de arriesgarlo todo, especialmente si se descuidaban; pero de alguna forma eso no le importaba. De alguna forma, sabía que todo iba a salir bien. Especialmente porque Mew, el poderoso legendario, les estaría cuidando desde algún lugar.

Seth notó que las artificiales cavernas de las alcantarillas estaban extremadamente ramificadas, y se preguntó cómo harían para no perderse. No importaba qué tan principal parecía ser el camino por el que iban, porque en cada intersección con otro túnel, parecía que se dividía en al menos cuatro caminos igual de grandes. Estuvo a punto de preguntarle a su compañero superior cómo se las arreglarían para encontrar al contacto, cuando se dio cuenta que Brock tenía el mapa de las alcantarillas en la mano. Se quedó callado por unos minutos más, con su corazón bajando un poco el ritmo después de todas las noticias del día.

Durante una oleada especialmente desagradable de hedor de aquellas aguas, Seth recordó la conversación que tuvo con Brock antes de la llegada de Mew. Era algo sobre cómo había hecho Rocket para dejar sin Pokémon a la población.

—Oye, Brock —dijo el chico, sin detener la continua metódica caminata por la resbalosa ruta—. ¿Te acuerdas de lo que hablamos hace un momento? Me refiero a lo de Rocket y su forma de robarle los Pokémon a la gente y hacerlos salvajes, o algo así.

—Mejor lo dejamos para otro momento —respondió Brock, comenzando a caminar más rápido y levantando el brazo en señal hacia algún punto más adelante del camino—. Ahí está Kiyo... ¡Buenas, Kiyo!

Seth se inclinó desde detrás de Brock para ver mejor al hombre a quien se acercaban. Era un poco más alto que su compañero, un poco más claro de piel y tenía el cabello castaño, alrededor del cual llevaba una banda roja. Estaba vestido de civil, al igual que Seth y Brock, y llevaba un comunicador similar al de Brock abrochado en los jeans azul oscuro. Había algo en él que Seth encontró muy familiar... El aludido levantó una mano en respuesta, haciendo una media sonrisa que le dio un aspecto de bromista natural.

—¿Cómo va mi líder de gimnasio favorito? —dijo el hombre, haciendo un saludo de manos con Brock—. Hace tiempo que no te veía. ¿Qué tal está todo por Trigal?

—Oh, excelente, no podríamos estar mejor —respondió Brock—. Por cierto, este es Seth. Seth Simons. Es de aquí, pero ahora vive en Trigal con nosotros. Se nos unió hace solo una semana.

—¿Seth? —dijo el hombre mientras se estrechaba la mano con el chico. Un brillo de reconocimiento resplandeció en sus ojos—. ... Espera, ¿no eres tú el hijo de la dueña de la florería que está cruzando la calle del Ayuntamiento, la señora Lily?

—Sí, pero ella es mi madre adoptiva... —aclaró Seth. De repente, la cara del hombre encajó en su lugar. Él era uno de los guardias que vigilaban el Ayuntamiento durante el turno de la tarde. Lo solía ver cuando ayudaba a su madre en el mostrador de la florería—. Ah, y tú eres uno de los guardias del Ayuntamiento, ¿no?

—Exacto... —dijo el hombre—. Así que Lily es tu madre adoptiva, ¿eh? Ya me parecía. No te pareces en nada a ella ni a su esposo. Brock, dijiste que su apellido era Simons, ¿verdad? Hmm... Me parece haber escuchado ese apellido antes... —Kiyo se quedó pensativo por unos momentos, y justo cuando Seth abría la boca para explicar sobre sus padres, el hombre continuó hablando—. Bueno, eso lo veremos después. Ahora lo primero. Mi turno de guardia en el Ayuntamiento empezará dentro de diez minutos, justo cuando todos vuelven al trabajo allí y se reabren las puertas. La posibilidad de encontrar a oficiales de Rocket es muy baja, a menos que sea alguien que necesite cambiar de uniforme, o algo así.

Brock asintió a todo lo que Kiyo le decía, haciendo notas mentales—. O sea, lo que nosotros haremos será escabullirnos a la parte trasera de la recepción, ir al depósito y conseguir los uniformes, ¿correcto?

—Exacto —confirmó Kiyo—. Les acompañaré hasta detrás del mostrador, e intentaré justificar su presencia allí. No creo que sea muy difícil, solo diré que perdieron algo; la sección de Objetos Perdidos y Robados está allí atrás. Pero cuidado... —tocó su párpado inferior varias veces con el dedo índice—. Si aparece alguien de Rocket tendrán que ir por su cuenta, ya que yo tendré que distraerlo. No son muy amigables con los que se acercan a su provisión de uniformes. Nuestro plan de respaldo es la improvisación.

—No te preocupes tanto, Kiyo —le tranquilizó Brock, dándole una palmada amistosa en el brazo—. Sabes que esto no puede salir mal. Es solo el Ayuntamiento, y estamos vestidos de civiles. Encima, la gente conoce a Seth, ¿no? —le dijo Brock, revolviéndole el blanco cabello. Seth apartó su mano, y asintió con la cabeza—. No sospecharán nada de él. Y a mí nadie me conoce. Diré que soy un visitante o algo así.

—Exacto —dijo Kiyo—. Bueno, lo segundo son los informes. Nos corroboraron ayer que Giovanni sigue en Ciudad Carmín, y no tiene planes de salir. Los superiores de Rocket están esparcidos por todo Kanto y Johto, y el más cercano está también en Carmín; creo que era ese tal Atlas... Por lo demás, solo tenemos a soldados por la zona.

—Genial, no podría ser más perfecto —se regodeó Brock, levantando un pulgar en dirección al sonriente Seth—. Nada mal para tu primera misión, ¿eh? Bien, Kiyo, ¿hacia dónde?

—Por allá.

Brock y Seth siguieron al hombre de la banda roja por un tramo de túneles un poco más pequeño en dirección al Ayuntamiento. Seth no podía dejar de imaginarse el viaje en helicóptero que haría, el sigilo con el que entrarían a Silph, y las formas que Mew adoptaría para supervisar la misión.




Sentada al lado de su inconsciente esposo en la guardería de la Alcaldía, Grace la Gabite derramaba lágrimas sin parar. Tenía las manos sobre el rostro, y cada gota que caía iba acompañada con una sacudida involuntaria. Su pecho estaba atestado de silenciosa desesperación, que cada vez que se desbordaba le hacía gimotear en voz baja y soltar aún más lágrimas. No podía pensar claramente. Solo dos cosas ocupaban su mente, que ahora estaba reducida a un cúmulo de dolorosos recuerdos recientes y pensamientos que no hacían más que preocuparla aún más. La primera era su pareja, reducido a un casi cadáver después de luchar inútilmente contra los secuestradores. La segunda era su hija... su pobre hija.

¿Por qué había ocurrido aquello? ¿Por qué? ¿Cuál era la razón para despojarla de su hija? ¿Cuál era la razón para intentar matar a su esposo? ... ¿Qué es lo que había hecho ella para merecerse aquello?

Se destapó el rostro y extendió una mano hacia su esposo, acariciando con cuidado su frente. El Alcalde yacía con la boca abierta, la cabeza inclinada hacia un costado y ahora todo el tórax envuelto en vendas, ya que el impacto con aquel Arcanine le había roto incluso más costillas que antes.

¿Qué estarían haciendo en este momento con Estela? ¿Por qué se la llevarían? ¿Y qué era Rocket? El pequeño Pokémon rojo lo había mencionado, algo como “el Gran Gobierno de Rocket” o algo así. Y Gamien parecía saber la identidad del Arcanine más grande... ¿Podría ser que su esposo estuviera guardando algún secreto?

Estela... Estela... La pobre Estelita.

Era tan pequeña, apenas había nacido el día anterior. La bebé no tenía ni idea de lo que ocurría, era tan inocente... Aquellos monstruos dijeron que la cuidarían bien, pero algo no cuadraba. También dijeron “Ejército de Rocket”, después de todo. ¿Acaso intentaban reclutarla y lavarle el cerebro para que fuera una máquina asesina como aquel Arcanine?

Al pensar que nunca la volvería a ver, sintió que su desesperación rebosaba y empezó con sus gimoteos otra vez. Tal vez nunca más la volvería a ver. O tal vez sí, pero de seguro estaría tan cambiada que ni la reconocería.

Justo cuando su imaginación giraba hacia lo horrible, alguien llamó a la puerta. Escuchó que se abría y esperó a que el visitante se acercara. Vio de reojo un resplandor de morado, y supo que era Selena la Ambipom. Sintió que su amiga la abrazaba con una de sus manos.

—Grace... —sollozó la mona—. Oh, Grace...

Grace se giró hacia la Ambipom y vio que también estaba llorando. Le devolvió el abrazo—. No sabes cuán asustados estábamos todos... Estábamos aquí abajo, en el sótano con los niños...

—Grace —dijo la simio entre hipos—. Armamos un equipo de búsqueda entre algunos Pokémon de esta calle, pero no pudimos encontrar a Momo, a Tyler, ni a Otto... No tenemos idea de dónde están... Encontramos a los otros niños que faltaban en la cueva de Tyler y Otto, y entre ellos estaba mi hijo. Se estaban escondiendo allí...

La Gabite asintió levemente. Ya le parecía que sus tres hijos más inquietos no estaban en el pueblo. Y la verdad le alegró un poco que así fuera, porque, ¿quién sabe qué hubieran hecho con Tyler al ver que también era un Tepig?

—También —continuó Selena—, la ayuda de Ciudad Raicueva acaba de llegar. Si hubieran tenido la delicadeza de llegar dos horas antes, tal vez el pueblo no hubiera quedado hecho polvo... Pero por lo menos sus médicos están ayudando a los heridos y los soldados están haciendo guardia. Mi esposo logró fracturarse un brazo en la pelea con uno de los Arcanine, pero está a salvo, gracias a Arceus. En cuanto a la ayuda de Ciudad Petra, son todos rocas, así que vienen a paso Slowpoke.

—No creo que... los de Ciudad Petra quieran venir...

La voz de Gamien sobresaltó hasta los huesos a la Gabite, que soltó una exclamación y lo abrazó con todas sus fuerzas. ¿Hace cuánto había estado despierto? Le alegró tanto volver a oír su voz, por más débil que sonara en ese momento.

—Uuf... Grace, cuidado con las costillas...

En eso, Peggy la Wingull, Fanny la Cleffa, y Luke el Shinx irrumpieron en la habitación sin reparar en el ruido que hicieron. Se acercaron a toda velocidad a la cama de su padre, con los ojos abiertos como platos.

—¡MOMO ESTÁ AQUÍ! —exclamaron los tres al unísono.

—¡Y también Tyler! —dijo Peggy.

—¡Y Otto! —completó Luke.

Grace y Selena se miraron y se levantaron a toda prisa, dejando al Sr. Garchomp con sus hijos adoptivos.




—No puedo creer que este bosque no nos deje ver qué ocurre en casa —dijo algo molesta Momo, mientras ella, Tyler y Otto caminaban por el mismo bosque que habían cruzado hacía unas horas. Ya habían pasado la cueva en donde casi se encontraron con aquel Bisharp que tenía la bolsa con el misterioso estampado—. Sabía que era frondoso, pero esto es ridículo.

—Bueno —dijo Otto, con algo de temblor en la voz—, entonces recién sabremos por qué tocaron la campana cuando lleguemos al límite del bosque.

—¡Esperen! —exclamó de repente Tyler, abriendo mucho los ojos—. ¿Esa no es...?

Los tres se fijaron en el camino más adelante: efectivamente, allí estaba la roca en la que habían desayunado justo antes de entrar a la floresta al comienzo de su viaje al amanecer. Tyler empezó a apurar el paso, seguido de cerca por Momo. Miró hacia su costado y le sonrió a Momo, miró hacia el otro, pero notó que Otto no lo estaba siguiendo. Se había quedado parado en el lugar.

Se detuvo. Momo, que ya sabía exactamente lo que estaba a punto de ocurrir, supo que era mejor adelantarse a los dos, así que continuó. Además, ¿quién era ella para entrometerse en una amistad tan profunda? Sabía que tenía que ocurrir tarde o temprano.

—¿Qué pasa, Otto? —le preguntó el Tepig al Oshawott cuando se acercó cojeando—. Ahí está el pueblo. ¡Vamos!

—Espera... —dijo Otto en voz baja y con la cabeza gacha—. Yo... quería decir que... lo siento.

—¿Qué? —Tyler estaba un poco extrañado, ladeando ligeramente la cabeza—. Pero... ¿por qué?

—Por... haberte atacado... Por... haberte lanzado mi vieira... —Otto conectó su mirada con su amigo—. Lo siento.

Tyler suspiró con simpatía—. No... ¿Sabes? Debería ser yo el que se disculpa. Fui yo el que se puso demente y quiso matar a todos en este estúpido viaje. Siento haberte... llamado cobarde... Tú no eres un cobarde... Eres todo lo contrario.

Los ojos de Otto resplandecieron a medida que dejaba salir una risa—. Entonces... ¿estamos bien?

—¿Qué? —exclamó Ty fingiendo sorpresa—. ¡Por supuesto que estamos bien! Ahora, ¡vayamos a ver el pueblo! ¡Rápido!

Luego de ese rápido intercambio de sentimientos, el Tepig y el Oshawott corrieron para alcanzar a Momo. “Después de todo”, pensó Tyler con alegría, “este necio se disculpa. Pensaba que como yo había hecho las cosas mal, y él respondió con dureza, entonces quedábamos a mano. ¡Pero qué más da! Por lo menos tengo a Otto de vuelta.”

—¡Miren eso! —gritó Momo, apuntando las columnas de humo que se elevaban en el horizonte... justo desde donde se encontraba Pueblo Pasaje—. Esto no es bueno...

Desde donde podían ver, por lo menos una docena de pilares de negro humo subían al cielo incesantemente. Incluso desde allí pudieron ver parte del arco de la entrada del pueblo teñida de un color oscuro, como si hubiera sido carbonizado. Vieron también a unos cuantos Pokémon ajenos, unos cuadrúpedos de color azul, con melena distintivamente más oscura. Esos eran... Luxray, habitantes de Ciudad Raicueva. Había por lo menos tres parados cerca del arco de entrada, con la mirada cambiando hacia todas direcciones en intervalos regulares.

—¡Corramos! —apremió Tyler, su cara cambiando inmediatamente a una de terror. Su pueblo... su pueblo sí había sido atacado después de todo... No había otro motivo para que los de Raicueva se presentaran.

Cuando estaban a mitad de camino por el prado que quedaba entre Pasaje y el bosque, uno de los Luxray reparó en ellos. Se acercó a paso moderado, pero con una mirada hostil.

—¡Alto ahí! —ordenó con voz autoritaria y potente—. ¿Cuáles son sus asuntos en este pueblo?

Los tres se detuvieron algo sorprendidos por la hostilidad, dejando al menos dos metros de separación. Momo decidió hablar por los tres, ya que era la hija del Alcalde y era de su misma especie. Los ojos del Luxray eran extremadamente incómodos, y se pusieron tensos a cada momento que pasaba cuando mantenía su vista en ellos.

—N-nosotros somos pobladores —balbuceó ella, con algo de dificultad para mantener la mirada en los ambarinos ojos del león eléctrico—. E-estábamos en el bosque, p-pero escuchamos las campanadas, así que vinimos cuanto antes.

El Luxray los observó impasible por unos momentos, pero luego asintió con la cabeza y se giró hacia el pueblo.

—Acompáñenme —comandó el león—. Parecen estar heridos, les llevaré al puesto de curación.

Los tres no pudieron evitar soltar un suspiro de alivio silencioso. Siguieron al Pokémon eléctrico en dirección al pueblo, pero no sabían si sentirse aliviados o abrumados por haber llegado por fin a su hogar. Después de todo, la situación no parecía ser buena.

Cuando llegaron a la entrada, vieron que el arco realmente había sido quemado. El pilar derecho estaba ennegrecido, así como la casa que estaba justo al lado (que parecía haber perdido el techo de paja por un incendio). El Luxray dio un asentimiento a los otros dos cuando pasaron entre ellos, tal vez queriendo asegurarles que el trío recién llegado no era un peligro para la seguridad de Pasaje. Ni Momo, ni Tyler, ni Otto pudo mantener la mirada a los guardias eléctricos. Había algo que inquietaba mucho en los ojos de un Luxray.

Si les había parecido horrible solo la entrada del pueblo, no se comparó a cómo se sintieron cuando vieron las avenidas principales. Pokémon sollozando, casas carbonizadas, pobladores con vendas, algunos tratándose quemaduras, otros haciendo torniquetes para extremidades rotas. También había por lo menos tres docenas de Luxray, Luxio, Manectric y Jolteon esparcidos por todas partes, por lo que dedujeron que eran los soldados que Raicueva había enviado como refuerzo. Lo que más les afectó, sin embargo, fue ver una pequeña congregación de Pokémon rodeando algo al costado del camino principal, y los desgarradores llantos que salían de allí. A Otto se le hundió el corazón cuando, al ver entre las patas de los pobladores, atisbó dos sábanas blancas abultadas; una Floatzel y dos Buizel estaban sentados al costado de una, y un Breelom estaba sobre la otra, gimiendo y farfullando. ¿Había habido... muertos?

Llegaron finalmente al puesto de curación, que era un toldo improvisado con seis camas ya ocupadas, y al menos una docena de sillas y alfombras para tratar las heridas, ubicado justo en frente al edificio de la Alcaldía. Podían notar que la mayoría de los heridos tenía quemaduras de diferentes grados, algunas parecían leves, y unos Raichu parecían estar tratándolas con puré de bayas safre; sin embargo, otras eran más graves, y estaban cubiertas de dolorosas ampollas. El Luxray indicó que ingresaran al toldo, y que esperaran atención de los médicos Raichu. Los tres así lo hicieron. Al entrar, inmediatamente encontraron que Flora, su hermana Ivysaur, estaba en una de las alfombras siendo tratada. Momo se acercó apresuradamente a ella.

—¡Momo! —exclamó sorprendida la Ivysaur—. ¡También Tyler y Otto! Pero, ¿dónde estaban ustedes? Todos estábamos muertos de la preocupación.

—Fuimos al bosque —dijo Momo, al borde de las lágrimas—. Ay, Arceus... ¿Pero qué es lo que pasó aquí? ¿Estás bien?

—Sí, yo estoy bien —le sosegó ella—. Solo me quemé unas cuantas cepas. Vinieron unos perros enormes de fuego... Fue horrible... Tienen suerte de no haber estado aquí... Por cierto —su voz se agravó, y tragó saliva—, se llevaron a–

—¡MOMO!

Un grito estalló en la entrada del toldo, sobresaltando a todos los médicos y heridos del puesto de curación. Los Raichu inmediatamente hicieron callar al escandaloso visitante con un “sssh” colectivo, lanzándole miradas asesinas. El trío y la Ivysaur, que había sido interrumpida, se voltearon sorprendidos para ver a una Sra. Gabite que lanzaba también chispas por los ojos a los médicos.

—¡Mamá! —exclamaron los tres amigos en voz baja, y corrieron hacia ella para ser recibidos en el más grande abrazo.





Bueno, comenten qué tal estuvo. Si tienen suegerencias y opiniones, soy todo oídos. Nos vemos en el siguiente capítulo ^^.

Rak, eres todo un artista



.- Pokémon Mundo Misterioso: Resistencia Plateada -.

---> ¡Concurso en marcha! <---
¡No se lo pierdan!

Pásense por mi página de Deviantart: WillChar96


Otras asombrosas firmas charmandescas (?):


Gracias onix ^^.

#28
Aquí mi comentario sobre el capítulo 7 (más el extra)
Will, amigo, que yo viva con pájaros en la cabeza y una imaginación desbordante no quiere decir que sea mejor escritor que alguien que no es así. Incluso diría que tienes más mérito, ya que seguramente debes esforzarte aún más.

A veces creo que podría ser algo bueno no tener tanta imaginación, pues hay momentos en los que ya no sé qué escribir de tantas cosas que quiero plasmar en el papel. Supongo que tener tal cantidad de ideas, en verdad es una compensación a mi falta de concentración llegado el momento de teclear.

Dejando eso de lado, pasemos a los comentarios sobre lo que nos has traído:

¡Escenas eliminadas! ¡Como en los DVD! (?)

La verdad el extra que nos trajiste ha sido realmente interesante, me ha parecido un punto de vista un tanto distinto al de la versión definitiva del capítulo sexto; parece profundizar más en los pensamientos de los pokémon, quizá aclarando un poco más los sentimientos que tienen en ese momento; aun así comprendo el porqué los eliminaste al final estos sucesos, ya que por lo que hay escrito en la versión definitiva ya se sobreentiende lo que piensan. Solo habría sido repetir la idea que se quería transmitir, y posiblemente alargar innecesariamente la parte donde se ubican los hechos. Igualmente me ha gustado mucho que nos lo mostraras, hubieron detalles valiosos además de que nunca he visto nadie que hiciera algo así en un fic. Gracias por el contenido adicional Will.

¡Impresionante capítulo! En serio… por mucho que logre hacer peleas “épicas” en mi fic, siempre he querido mejorar en cuanto a escenas de éste tipo se refieren; la forma en que has introducido a Mew en la historia ha sido tan sencilla y casual como impactante. Digo impactante porque realmente le das esa impresión al saber que Seth no sabe nada de los pokémon, debido a criarse en un mundo donde són algo demasiado poco común.

Lo único que te pediría, y aún así no sería necesario, es que dejaras al menos entre líneas un atisbo de incredulidad respecto a la primera impresión de Seth hacia Mew; específicamente, y exclusiva, respecto a su telepatía. El chico solo ha visto Rattata y Pidgey, no se cree que un Arcanine (posiblemente no sepa ni como se llaman) escupa fuego por la boca, y que cuando el felino se teletransporta se queda flipando pepinos; por lo menos en la primera impresión al verlo hablar en idioma humano debería ser de “WTF!?” o algo así.

Luego, sobre Brock, dijiste que es la primera vez que ve un Pignite; esto puede ser tan lógico como contradictorio, ya que no tengo muy clara esa parte pero no te culpo por ello en lo absoluto. Verás, como jugador de Pokémon BW2, en la competición del PWT (Pokémon World Tournament) que se hace dentro del “modo historia”, puedes batallar con TODOS los líderes de gimnasio de todas las regiones así como sus campeones. Puedes pelear hasta con Giovanni y Red, imagínate.

En el hipotético caso de que te bases cronológicamente en los videojuegos, es posible que aunque parezca falso Brock realmente nunca haya visto un Pingnite debido a que no tiene porqué haber peleado contra uno. También es cierto que tu fic no tiene que estar realmente ligado con la trama principal ni mucho menos, sinceramente incluso lo vería como algo genial ya que la trama es completamente tuya porque no te condicionas con lo ya hecho por Game Freak. De ser esto así comprenderé al fin hacia donde se dirige tu trama cronológicamente hablando, y me alegraría mucho la verdad. Todo esto solo es un dato curioso que me pareció bien comentarlo, debido a tener la mala costumbre de relacionar todo con la trama de los juegos (cosa que no debería hacer, pero bueno).

No puedo esperar a ver como Seth encuentra a su hermano ¡El dúo Mewstico! (?)

La otra duda que tengo, y esto es algo que ya rondaba desde mucho en mi cabeza, es porqué Mew escogió al hermano menor y no al mayor o a los dos ¿Porqué no escogió a una persona de otra familia? ¿Porqué uno de dos hermanos? Yo creo que esto, a pesar de sonar como algo banal y sin sentido, en verdad esconde un enigma bien elaborado. Quizá no sea como pienso, pero quién sabe viniendo de tal fic.

También, a ser posible, me gustaría saber sobre la historia de la cinta roja en la cabeza de Kiyo; ya sé que no será en el próximo capítulo, pues Brock le dijo a Seth no comentara nada, pero sí más adelante… en un no muy lejano futuro. Por otra parte, la cual se me olvidaba decirte ¿Porqué un Pignite?

Ya tenemos bastante con que secuestren a una Tepig cuando buscan a otro Tepig, que a su vez dicho segundo Tepig será el pokémon que acompañará al prota en su travesía convirtiéndose en un Tepig más allá de los Tepig ¿Y ahora me sales con un Pignite? ¿Qué será lo próximo? ¿Un Emboar? Ya se que son adorables pero ¿Tanto te gustan los cerditos? Podrías haber puesto, no sé… ¿Un Grumping? Bueno por algo será que hayas puesto a Pignite, y en verdad así está bien pues no seré yo quién te diga qué poner. La verdad me hizo gracia la forma en que lo describiste, y creo que tendrá algo que ver con Tyler en un futuro aunque sea indirectamente.

Cada vez que veo una escena de Grace se me encoge el corazón, en serio pobre mujer… si fuera humana ya no sé ni como reaccionaría ante tal amable dama. Ese Gamien tiene mucha suerte de que a su lado haya una mujer así, pero eso él ya lo sabe por muy tipo duro que se haga. Aunque Grace debería tener más cuidado cuando se pone sentimentalona, que cualquier día mata a su marido de un abrazo.

Por alguna razón mola el nombre de la Cleffa, el nombre Fanny suena muy hada (?)

Has dicho que Luxray es un león… ¡Al fin alguien que lo dice! Te puedo asegurar que llevo desde la cuarta generación esperando que alguien me diga “es un león, es obvio”. Y luego están los médicos Raichu, no pusiste a las típicas Chasey o Blissey sino al ratón eléctrico que tanto me pierde; sí amigo, soy de los que prefieren un Raichu antes que un Pikachu con bola luminosa… no puedo evitarlo.

En serio, pusiste a Jolteon de soldado a lo MM… Will, de verdad, eres mi héroe (?)

Ya está ¿no podías terminarlo de otra manera cierto? Te gusta tocarme la fibra sensible con la Sra. Gabite… pero ¿sabes? No pienso llorar, porque soy un tipo duro y un guerrero karateka; así que no pienso enternecerme, no voy a hacerlo… no… T-T
#29
Bueno, contigo creo que me actualizo en fics xD Era hora ya de que leyera esto…

Bueno, después de leer las partes eliminadas me imagino que hacer un capítulo para ti no es cuestión de sólo unos instantes xD Le debes dar varias revisiones.

Ahora aparece un Pignate… hay una rara relación entre muchos de los pokémon de esa familia evolutiva en este fic…

Mmm, el plan de Kiyo es bueno pero… si su ronda empieza en diez minutos… ¿no parecerá sospechoso que tenga olor a alcantarillas en el ropaje y que los dos que andan buscando objetos tengan el mismo olor?

La parte de Tyler y los demás me pareció algo absurda… o sea, se entiende que hayan vuelto al oír las campanadas pero nos quedamos con un misterio enorme con eso que pasó en el abismo donde habían quedado y además el viaje como queda truncado… yo esperaba una larga aventura D:

Al final, cada vez se abren más incógnitas, siempre resuelves muy pocas T.T ¿Qué rayos pasó con esos Arcanine? ¿Qué fue esa cosa rara que encontraron en el bosque? ¿Por qué Mew es el líder de la rebelión, maldita sea? xDDD Yo nunca pensé que se acercaría tanto a los humanos.

Bueno, espero el siguiente capítulo, amigo, suerteee!


Gracias a todos por recordarme :) Sólo tengo buenos recuerdos de ustedes y de este agradable lugar también.
#30
Esta vez estuve muy inspirado para escribir. A pesar de que ya tengo varias ideas de cómo desarrollar la trama, todo escritor sabe cuánto puede costar transmitirlo en el papel. Tal vez el siguiente venga en una semana, tal vez en un mes xD.

Áurico:

Wow, Auri! Te inspiraste para escribir ese comentario! xD Gracias +.+

¿Yo? ¿Más mérito? Tú logras escribir rápido y bien, tienes mucho más mérito xD. Sí, coincido contigo en que la parte de escribir todo es lo más difícil. Puedes tener la mejor de las ideas, una escena espectacular en tu mente, con todas las emociones ya pensadas, el desarrollo de los hechos, cada pequeño detalle que activará una parte diferente del cerebro en el lector; pero si no sabes transmitirlo, podría resultar en una escena pobre.

Sí, escenas eliminadas :P. Incluso hoy traje más. Ya ves por qué no lo puse. Parecía que decía lo mismo una y otra vez xD.

Respecto a la reacción de Seth, esa fue la parte en que tuve el bloqueo. No sabía cómo continuar... Me pareció que salió un poco malograda esa escena, y justo lo que mencionaste sobre que él no estaba impresionado porque Mew hablaba está en la escena eliminada xD.

En relación a Brock, cabe mencionar que la cronología es un poco importante aquí. En este caso, Rojo nunca pudo ganar un gimnasio porque Giovanni tomó el país antes, entonces no había nadie que pudiera detenerlo. Y encima, Rocket no dejaba que nadie saliera, sin olvidarnos que Black ocurre después que Rojo Fuego cronológicamente (creo xD).

La razón por la que escogió al otro hermano es todavía un misterio xD. Pero recuerda que mencioné que tenía que ser un recién nacido en el Prólogo (creo que tengo que volver a escribir ese prólogo... hay cosas que no me gustan -.-').

Sobre la cinta roja de Kiyo, es algo sin importancia xD. Investiga quién es Kiyo en Wikidex, pero si ya lo sabías, genial :P.

Nop. Me gusta más Pignite. La verdad, es mi Pokémon favorito (después de Charmander, por supuesto). Tú solo espera a que se desarrolle la historia (y con suerte lo haré bien xD).

En este capítulo hay un poquito más de Grace, lo hice exclusivo para ti (?). Luxray siempre fue un león, o por lo menos para mí xD. Puse a Raichu como médicos porque son de una ciudad cuya mayoría es de tipo eléctrico; además, son médicos de su ejército.

Traje un episodio menos fuerte hoy, pero espero que el final tenga el efecto deseado.

Gracias por todo, Auri ^^

Demian:

La verdad es que me tomo algo de tiempo para hacerlos. Lo que hago es que nunca elimino las escenas que no me gustan: las guardo en un bloc de notas. Así puedo tal vez usar alguna descripción que hice en ese momento para alguna escena más adelante.

¿Qué tienen los Pignite? xD. Es que me gustan mucho...

Siguiendo tu consejo sobre el olor que tendrían después de las alcantarillas, hice algunos ajustes en el capítulo xD.

Lamento decepcionarte con lo de la aventura de Tyler, pero luego verás... Luego verás... (?). Como dije hace muchísimo, todo está conectado (?). ¿Absurda? T.T (?).

Arcanine se retiró, tal vez a reclutar más Pokémon para el Ejército de Rocket. No significa que escribiré más de ellos, a menos que me lo pidan xD. Espera, soy bastante despistado, ¿a qué cosa te refieres con lo del bosque? Yo jamás dije que Mew era el líder xD. Y además, solo Seth, Brock y Koga saben que él está en movimiento. Todos creen que está dormido o algo así. Recuerda que lo del Ahijado de Mew era algo secreto :O.

Hay más escenas eliminadas, si te interesa xD.

Gracias por todo, Dems ^^





Aquí traigo otra escena eliminada. Me pareció algo ridículo, así que la cambié:

Escenas eliminadas

—Espera... ¿Dijiste Simons? —murmuró él, poniéndose una pata sobre la boca—. Pero... se suponía que–¿Pero qué te hiciste en el cabello? —le preguntó muy sorprendido ante el color grisáceo de la cabellera de Seth.

El chico no supo cómo responder. Primero, le confundió que Mew pareciera reconocer su apellido (bueno, la verdad le confundía que un animal pudiera hablar); y segundo, por qué le preguntaba sobre su cabello, ¿es que acaso sabía que se lo había teñido? Ante la mirada expectante de Brock, Seth supo que tenía que responder a la pregunta, así que luego de unos cuantos titubeos, lo hizo.

—E-es que me gustó más de este color —balbuceó Seth.





Ok, vengo algo más inspirado con el octavo:




9. Capítulo 8: Reencuentro

CAPÍTULO 8

Capítulo 8



—¡Mamá! Mamá... —lloró silenciosamente la Gible, devolviendo el enorme abrazo a su madre, que también sostenía a Tyler y a Otto en sus brazos—. Mamá... Lo sentimos tanto...

—Me tenían tan preocupada —les dijo en tono consolador, derramando algunas lágrimas por su parte. Levantó la cabeza hacia los Pokémon que estaban en el toldo de enfermería. Los pobladores heridos parecían conmovidos por la escena, pero los médicos Raichu de Raicueva parecían querer sacarla a patadas por molestar a sus pacientes—. ¡Está bien! ¡Está bien! Ya salimos. Flora, amor, quédate allí; todavía tienen que curarte esa cepa.

Saliendo más lento de lo normal (tal vez para molestar más a los Raichu), la Sra. Gabite no tuvo la intención de soltar a sus tres hijos. Ya afuera, luego de besar a cada uno de los tres en la frente, se separó de ellos y les dijo que la acompañaran a la Alcaldía. Si el trío no hubiera estado tan conmocionado por todo lo que había ocurrido en el día, tal vez le estarían contando incesantemente todo lo que habían hecho. Pero más que nada, se estarían disculpando, especialmente Momo, por intentar pasarse de lista cuando consiguió su permiso para ir a jugar en el bosque.

Cuando entraron a la Alcaldía, una exclamación colectiva llenó el aire. Todos sus hermanos prácticamente los aplastaron en un abrazo colectivo. Luego de asegurar que se encontraban bien, su madre se acercó a ellos con una cara muy seria.

—Momo —dijo ella, sus ojos humedeciéndose de repente—. Tu padre... tu padre está aquí... Y...

—No... —susurró la Gible—. ¿Dónde está?

Antes de que su madre pudiera indicarle dónde, automáticamente, Momo fue directo a la habitación guardería, seguido de cerca por Tyler y Otto. Entró con prisa, y lo encontró en la última cama, cerca de la cuna de Estela. Se acercó a él, sin poder suprimir las lágrimas en sus ojos, pero no se atrevió a tocarlo al verlo lleno de vendajes por todo el cuerpo. Su padre la escuchó venir, y giró su cabeza hacia ella.

—Momo... —dijo con voz ronca y más baja de lo normal—. Me dijeron que... no estabas en el pueblo...

—Sí —dijo ella, sin poder creerse completamente que su padre estaba en ese estado. Normalmente era la imagen viva de la salud—. Lo siento muchísimo... Pensaba que estabas en Ciudad Petra...

Su padre asintió con la cabeza, y le dirigió una mirada casi de decepción, pero que rápidamente cambió a una de alivio—. Me alegra que... no te haya ocurrido nada...

Dicho eso, Momo se acercó cuidadosamente y lo abrazó, incapaz de detenerse al proferir disculpas. Su padre intentó tranquilizarla—. No te preocupes... yo estoy bien...

Otto se acercó también, pero Tyler se quedó atrás. Se sentía un poco culpable, por lo que se impedía acercarse aún. Después de todo, a él se le ocurrió aquella aventura al bosque, y por todo lo que ocurrió durante la misma, sabía que cualquiera de los tres podría haber muerto (si es que no los tres de una vez). Ni se quería imaginar cómo hubieran sido las cosas si uno de los tres sí hubiera muerto allí.

—Hola, papá —dijo la nutria. Gamien volteó la cabeza hacia el Oshawott, e intentó sonreír, pero debió parecer una mueca de dolor—. Lo sentimos mucho... No deberíamos haber salido del pueblo...

—No... —dijo el Alcalde—. La verdad es lo contrario... No puedo creerlo, pero me alegro de que no estuvieran aquí... —su semblante de repente cambió—. No se puede decir lo mismo del Tepig... A él se lo llevaron...

A Tyler le dio una punzada en el estómago. Pero... ¿qué había dicho? Él estaba justo ahí. Se acercó también, intentando sacudirse la sensación de que lo que recién había dicho su padre lo inquietaba de alguna forma.

—Hola —llamó Tyler, haciendo que el Sr. Garchomp desviase la mirada hacia él—. Papá, yo estoy aquí...

Los ojos del Alcalde parecieron aumentar a varias veces su tamaño normal. Parecía extremadamente confundido, pero poco a poco su cara se fue entristeciendo al entender la situación.

Tyler se puso a pensar en lo que su padre había dicho. ¿Cómo que se habían llevado a alguien? ¿Por qué diría que él fue llevado? ¿Acaso alguien había sido secuestrado? ... Para que su padre lo confundiese con alguien, aquel Pokémon debía ser igual a él. Pero no había un Tepig en todo Pasaje, solo él...

—Pero si tú estás aquí —dijo débilmente el Sr. Garchomp—, ¿a quién se llevaron... entonces?

De repente, Otto se puso las patas sobre la boca y lanzó una mirada de sorpresa a Tyler. Y en eso, el cerdito cayó en la cuenta.

Habían secuestrado a Estela.

¿Podría ser cierto? Eso entonces quería decir que no solo el pueblo fue atacado, sino que también alguien había sido secuestrado. Y no solo eso, y si es que su padre estaba en lo cierto, alguien que era de su misma especie, lo más cercano a familia biológica que alguna vez tendría. Y ahora quizá nunca la vería. Sintió como lentamente su interior decaía. Frunció el ceño con confusión.

—¿Quién hizo esto? —preguntó Tyler, inseguro de cómo reaccionar—. Papá, ¿quién estuvo aquí?

—Eran... unos Arcanine —dijo el Sr. Garchomp, con la mirada en la distancia—. Se llevaron a ese Tepig para... crear un ejército... Rocket...

El Sr. Garchomp cerró los ojos. Repentinamente, retorció la cara del dolor. Momo se alejó un poco, y miró a los otros dos. Pensaron que lo mejor sería dejarlo por un tiempo solo. Decidieron volver al recibidor de la Alcaldía junto a su madre y a todos sus hermanos.

Cuando cruzaron la puerta al vestíbulo, un Raichu se cruzó con ellos y se dirigió a la guardería. La Sra. Gabite parecía algo agitada.

—Estos médicos... —farfulló en voz baja, mirando hacia la puerta por la que había ingresado el Raichu—. Son muy irritables... ¡Niños! ¿Ya vieron a su padre?

—Sí, está muy mal —dijo Momo, echando miradas a las puertas dobles de la guardería—. Mamá... ¿nos puedes decir qué pasó aquí en el pueblo? ¿Por qué están los de Raicueva aquí? Escuchamos la campanada, y vimos todo lo que ocurrió, pero todavía no sabemos qué fue lo que lo causó...

—¿Y qué es eso de que han secuestrado a alguien? —preguntó Tyler.

Los ojos de la Sra. Gabite relucieron con duda, como si estuviera todavía decidiendo si contarles o no lo que había ocurrido, como si pensara que hacerlo traumaría de por vida a sus pobres hijos. Finalmente, cuando se decidió a hacerlo, la dependiente de la tienda enfrente a la Alcaldía se acercó a ella. La Ambipom parecía algo alarmada por alguna razón, e interrumpió a la Gabite justo cuando empezaba a hablar.

—Grace, tenemos que ir a la cueva de Tyler y Otto —dijo con rapidez. En eso, la morada Pokémon se dio cuenta de que los tres hijos perdidos ya estaban de vuelta. Su reacción fue de un impresionante alivio—. Ay, gracias a Arceus... Todos nos preguntábamos dónde estaban ustedes tres... —acarició brevemente la cabeza de cada uno con las manos de su cola—. Bueno, Grace. Vamos. Les dijimos que se quedaran allí hasta que volviésemos, y no queremos que se queden demasiado tiempo allí. Además, me imagino que deben tener hambre...

Entonces, ambas madres cruzaron el mar de niños que había en el vestíbulo, con Momo, Tyler y Otto siguiéndolas de cerca, y salieron del edificio a la luz del sol de la tarde. Pasaron frente al puesto de enfermería, en el cual estaba ingresando un Electabuzz con una quemadura de mal aspecto en uno de los brazos, siendo asistido por uno de los Raichu. Fueron por la Segunda Avenida, recorriendo el pavimentado camino que lo único que parecía tener para mostrar era casas incendiadas. Fue algo deprimente ver todo el empeño que habían puesto los pobladores en sus hogares había sido lanzado prácticamente a la basura. Techos quemados, jardines pisoteados, puertas destrozadas. La Sra. Gabite, al igual que Momo, no pudo evitar poner las manos sobre la boca. Era horrible.

Llegaron al pequeño bosque circundante, en donde la pavimentada avenida terminaba abruptamente. Un pequeño camino de tierra comenzaba en donde los adoquines ya no estaban, y se internaba entre los árboles: el camino hacia la casa de Tyler y Otto. Comenzaron a caminar por el sendero, y en menos de un minuto estuvieron en la entrada de la cueva, cuya boca estaba en una enorme roca de color arcilla.

Tyler no se sintió para nada incómodo al ver a por lo menos una docena de Pokémon en su casa. La verdad se sintió un poco mejor, ya que le pareció que había ayudado de alguna forma durante el ataque. La mayoría eran niños, salvo por una Persian que parecía estar cuidándolos en ese momento y que intentaba hacer que mantuvieran una voz baja.

—¡Tyler! ¡Otto! ¡Momo! —gritó una pequeña voz, y les pareció ver una mano flotando entre las cabezas de los sorprendidos niños. La mano empezó a acercarse, hasta que el Aipom a la que pertenecía se abrió paso entre la multitud y apareció—. ¡Están aquí!

—¡Andy! —dijo Tyler con alegría—. Sí, acabamos de llegar.

Andy era el único hijo de la Sra. Ambipom. Era muy amigo de los tres, y a veces los acompañaba cuando jugaban en el río cercano a Pueblo Pasaje, o salían de aventuras en los bosques circundantes al pueblo. Solía ayudar a su madre en la tienda, por lo que fue capaz de conseguirles la mayoría de los objetos que llevaron en su fallido viaje.

—¿Y... qué tal les fue? ¿Llegaron a– —preguntó el pequeño Aipom, pero al ver las peligrosas miradas de los tres se calló inmediatamente. Mientras la Sra. Gabite y la Sra. Ambipom iban hacia la Persian para conversar, Andy se acercó más a ellos y habló en susurros—. ¿Llegaron al otro lado de la colina?

Tyler inhaló profundamente, y luego soltó un suspiro—. No...

—Pero, entonces... ¿les sirvió la poción que les di? ¿Qué hay de las bayas aranja? —preguntó el monito con un brillo de emoción en los ojos, algo disminuido por escuchar que no habían llegado a su destino—. Díganme por favor que al menos llegaron a las montañas.

—Caminamos mucho —dijo Momo—, y llegamos, pero no pudimos ir más allá... Verás, había un agujero enorme en el camino, así que no pudimos avanzar.

—¿Un agujero enorme?

—Sí —continuó Otto, poniéndose una pata en el mentón—. Era gigante, y nos bloqueaba el camino.

—Ah, qué mala suerte... —dijo un poco decepcionado el Aipom—. No saben cuánto quería ir con ustedes, pero es más difícil ser hijo único... Mamá se hubiera dado cuenta que no estaba en un santiamén. Pero bueno... ¡No se imaginan lo que ocurrió aquí! ¡Justo cuando ustedes salen, aquí ocurre algo grande!

—¡Niños! —alzó de repente la voz la Persian—. ¡Nos vamos al pueblo! ¡Ya no hay peligro!

Un rumor de pisadas luego, y la oleada de infantes pasó junto al trío y el Aipom, que se quedaron a esperar a sus madres. Finalmente, cuando las gemelas Igglybuff salieron algo rezagadas del resto, la Sra. Gabite se acercó a ellos.

—Bueno, hijo, vamos —le dijo la Sra. Ambipom a Andy, agarrándolo con una de sus colas—. Hay trabajo que hacer en la tienda: tenemos que lavar y pintar la pared delantera, se quemó completamente.

Lanzando una última mirada al trío, el Aipom siguió a su madre. La Sra. Gabite todavía estaba algo indecisa sobre contarles lo sucedido con exactitud, o tal vez censurar algunas partes demasiado fuertes para ellos. Soltó un suspiro e indicó que ingresaran a la cueva, en donde se sentó en uno de los troncos que usaban de silla. Le costaba algo de trabajo todavía formular las palabras, con ese enorme nudo que se le había formado en la garganta por la desesperación y la tristeza.

—Primero que nada —dijo su madre, mirándolos a los tres—. Quiero que me digan a dónde se fueron... Casi me mataron del susto cuando no les encontré.

Tyler habló, ya que se sentía responsable por haber sido el de la idea—. Fuimos a... al bosque que está hacia las montañas... —Tyler titubeó, pero pensó que sería mejor decir toda la verdad. Después de todo, lo que había ocurrido en el pueblo era mucho peor—. Y... mientras estábamos allí, hubo una gran explosión sobre nosotros, y... nos hizo volar...

—¡¿Qué?! —exclamó su madre mientras abría mucho los ojos—. ¡Por Arceus, Tyler! ¡¿Están bien?! Yo sabía que esa explosión que vimos desde aquí tenía algo raro... Fue como un presentimiento...

—Tranquila, mamá —la sosegó Momo—. Pero no nos pasó nada. Bueno, Tyler se golpeó una pata, y creo que yo me rompí el brazo–

—¡¿QUÉ?! —chilló la Gabite, lanzándose hacia su hija para examinarle el brazo con las tablitas de madera—. ¡¿Por qué no me lo dijiste?! ¡Sabes que yo no me doy cuenta de estas cosas! ¡Ay, hija mía!

—¡Estoy bien, mamá, estoy bien! —Momo intentó zafarse de su madre—. ¡Después iré a la enfermería! Primero tienes que contarnos qué pasó, ¿recuerdas?

—Bueno —dijo Otto—, después de la explosión, escuchamos las campanadas del pueblo, así que vinimos lo más rápido que pudimos.

—¿Rápido, Otto? —inquirió la Sra. Gabite—. ¡Tardaron más de dos horas! ¿Hasta dónde fueron? ... Espera, si dices que la explosión fue sobre ustedes, ¡entonces estaban en las montañas! ¡Creí que les prohibí ir hasta allí!

—La verdad es que yo dije que tú nos habías dado el permiso —dijo Momo, dejando caer la cabeza en vergüenza—. Lo lamento, mamá...

—¡Momo! Estoy decepcionada de ti... Pensaba que eras más responsable...

“¿Pero qué está haciendo esta?”, pensó Tyler. “¿Acaso se está echando la culpa? Pero si ella no hizo nada malo. Yo fui el de la idea después de todo. Debería ser yo el que recibe el regaño...”

—Bueno, fui yo el que dijo que saliéramos hoy —dijo Otto, sorprendiendo aún más a Tyler. ¿Es que todos querían ser regañados?—. Debería haber detenido el viaje antes de que hubiera empeorado...

—¡Otto! Esto sí que no me lo esperaba de ti...

—Mamá, lo siento mucho —dijo de repente Tyler, dejando caer sus orejas y cayendo en la cuenta de que era mejor recibir un regaño que vivir con pecado—. Yo fui el de la idea. Te prometemos que nunca más lo haremos sin tu permiso.

—Bueno, ya no sé qué decir... Los tres fueron muy irresponsables... Pero después veremos sus castigos. Ahora, les debo una historia.

Luego de que los cuatro se acomodaran como pudieron, la Sra. Gabite empezó a contar cada detalle de lo que había ocurrido. Les contó cómo había estado alimentando a Estela cuando se le ocurrió buscarle a los tres; cómo se había ido al puesto de vigilancia y había encontrado durmiendo a los tres Bagon guardias (a Momo se le hundió el corazón, ya que ella había puesto polvo de sueño en su comida); luego cómo había ido a la tienda de la Sra. Ambipom para preguntar por ellos; cómo se había encontrado con el Sr. Garchomp todo vendado, cuando se suponía que tenía que estar en Ciudad Petra, y su esposo le había contado el motivo de su vuelta.

Luego, vino la parte de la explosión sobre las montañas, y les dijo que Estela había empezado a llorar por la sacudida, por lo que ella se fue a calmarla. Y cuando apenas llegaba al vestíbulo, una bola de fuego ingresó por la ventana. Cubriéndose la cabeza, corrió hacia la bebé, y gritándole a los otros niños, fueron al sótano para protegerse. Minutos después, las campanadas de aviso empezaron a sonar, y la mayoría de los niños de la guardería comenzaron a ingresar al sótano también. Varias explosiones después, hubo un silencio. Todos en el sótano estaban muertos de miedo. Luego, escuchó la voz de su esposo, más bien un grito de furia. Minutos después, escucharon que las puertas de la Alcaldía se abrían con fuerza, y su esposo empezó a lanzar gritos de desesperación, que poco a poco fueron muriendo. De repente, luego de oír que varios objetos se rompían en el piso superior, las puertas del sótano se abrieron de golpe con un portazo. Por ella ingresaron un Arcanine y un Pokémon rojo, que luego le dijeron que era un Pawniard, y demandaron que pusieran a Estela en una bolsa. Por supuesto, ella se resistió con todas sus fuerzas, y al ser amenazada con las cuchillas del Pawniard, no tuvo más remedio que soltar a la pobre Tepig, que extrañamente en ese momento no lloraba ni reía. Pusieron a Estela en la bolsa, ella al filo del arma del Pokémon, y luego salieron por donde entraron. Por supuesto, ella intentó detenerlos, pero eran demasiado fuertes.

Cuando llegaron a las puertas de entrada, con ella tratando de que le devolviesen a su bebé, varios Arcanine más se pusieron en su camino e impidieron que se acercase más a la pobre Estela. Luego, su esposo se acercó corriendo a ella, que ahora lloraba desconsoladamente, y la sostuvo. Después de eso, cuando los Arcanine se hubieron retirado llevándose a Estela, su esposo colapsó al suelo. Varios pobladores se acercaron para auxiliarlo, y lo llevaron a la guardería. Ella se quedó con su pareja todo el tiempo, esperando a que se despertase y lamentándose por Estela. Varias veces entraron Pokémon para informarle a ella la situación del pueblo, por lo que averiguó que se había montado un puesto de curación enfrente a la Alcaldía; también le contaron sobre todo el destrozo que habían causado los atacantes, los heridos, las bajas, y que los de Raicueva habían llegado finalmente para ayudar. Pero no recibía noticias de ellos tres todavía; solo sabía que sus otros hijos adoptivos estaban o en la Alcaldía, o refugiados en la cueva de Tyler y Otto. Finalmente, cuando escuchó que ellos tres estaban aquí, se fue corriendo a recibirlos.

Y eso era todo. La Sra. Gabite no pudo contener el llanto, y se puso las manos sobre el rostro. Cuando mencionó al Pawniard durante su narración, el trío no pudo evitar echarse miradas: tenía que ser el mismo Pawniard con el que casi se habían encontrado aquella mañana. Era demasiada coincidencia. También, cuando escucharon que dos de los amigos más cercanos de su padre habían muerto en la batalla, el corazón empezó a pesarles.

Los tres se acercaron a su madre y la abrazaron para consolarla—. Ella era tan linda... —gimoteaba la Gabite, dejando que toda su angustia se liberara a través de sus sollozos—. Se parecía tanto a ti, Tyler... Ni siquiera la pudiste ver...

—No te preocupes, mamá —intentó consolarla Momo—. Estoy segura de que papá organizará algo para ir a recuperarla de aquellos horribles Arcanine. No te preocupes...

Luego de varios minutos de solo estar allí, reviviendo dolorosamente lo sucedido, la Sra. Gabite supo que lamentarse no solucionaría la infinidad de problemas que ahora azotaba el pueblo. Entonces, intentando evitar que su angustia la superase, se puso de pie lentamente.

—Niños —dijo con la voz algo temblorosa—. Tienen que ir a la enfermería para que les curen sus heridas. Yo iré con su padre, él necesita compañía en este momento.

Los tres asintieron mansamente, y empezaron a caminar saliendo de la cueva y de vuelta por el estrecho sendero que llevaba a Pasaje. Llegando a los adoquines de la Segunda Avenida, y continuaron avanzando hasta llegar al toldo del puesto de enfermería, en donde se separaron. Despidiéndose, la Sra. Gabite se dirigió hacia el edificio de Garchomp, mientras unos Raichu se acercaban al trío para sanar sus heridas.




—Esta salida da en uno de los callejones cercanos al Ayuntamiento —aclaró Kiyo. En menos de cinco minutos, Brock, Seth y Kiyo habían cruzado sin problemas un intrincado tramo de túneles y habían terminado justo debajo de una de las muchas entradas a las alcantarillas—. Recuerden, yo iré primero; tengo que ponerme el uniforme de guardia. Cuando suene la campana de cambio de turno, ustedes entran. Brock, no te olvides de deshacerte de tu comunicador. Usaremos los silenciosos.

Diciendo eso, el hombre de la banda roja sacó del bolsillo dos pequeños aparatos de color negro, del tamaño y la forma de una moneda. No tenía pantalla, ni tampoco botones (o eso le pareció a Seth). Brock recibió ambos, y le entregó uno a Seth. El chico lo examinó detenidamente, y descubrió que una de las caras tenía un pequeño botón.

—No presiones el botón aún, Seth —le dijo Brock, leyéndole la mente al chico. Se metió el suyo en el bolsillo de los jeans, y Seth lo imitó—. Estos son “silenciosos”, y como su nombre lo dice, no hacen ruido. El jefe del Departamento de Tecnología de la Oposición lo inventó. Solemos usarlo cuando estamos encubiertos en lugares repletos de enemigos, ya que son prácticamente invisibles y no levantan sospecha. Cuando tienes problemas, presionas el pequeño botón y todos los otros silenciosos cercanos empiezan a vibrar a intervalos regulares. La señal tiene un alcance de hasta cien metros a la redonda. Ni siquiera es una onda de radio, así que no interfiere con los aparatos eléctricos.

—Exacto —dijo Kiyo, sacando el suyo con un brillo de entusiasmo en los ojos—. Sin embargo, hace poco, Bill les agregó una mejora. Los que tenemos ahora son los primeros de su tipo. Cuando alguien presiona el botón, todos los silenciosos empiezan a vibrar; pero lo nuevo es que, dependiendo de cuán cerca esté el silencioso emisor de la señal, el intervalo de vibración cambia. Cuanto más cerca uno está del emisor, los intervalos son más cortos y rápidos; cuanto más lejos uno está, son más largos y lentos. Muy útil para localizar el problema, ¿no?

—¡Impresionante! —exclamó Seth, tocándose el bolsillo en donde guardó el silencioso.

—Estas cosas varias veces nos salvaron el pellejo —contó Brock—. Usar comunicadores es demasiado arriesgado; y créeme, ya pagamos el precio por haberlos usado demasiadas veces. Una vez interceptaron nuestra señal y la usaron para tendernos una trampa... Nos pegamos un buen susto, pero afortunadamente no hubo bajas.

—Bueno, creo que ya es hora —dijo Kiyo, poniendo una mano en las escaleras metálicas—. En el basurero azul que encontrarán al final del callejón cuando salgan hay un neutralizador de olores. Úsenlo en abundancia; no queremos que sepan que estuvimos por estos lares. También hay gorras y gafas, si es que las necesitan —el hombre suspiró de la anticipación—. Bueno... que Mew esté con ustedes.

—Que Mew esté contigo —respondió Brock, dándole palmadas en la espalda mientras empezaba a subir la escalera. Cuando hubo salido al callejón por el agujero y hubo cerrado la tapa, Brock suspiró irónicamente—. No tiene idea. Mew realmente está con nosotros.

Seth rio, pero lo hizo más por nerviosismo que por el chiste. Su corazón palpitaba más que nunca antes. De repente, todas las buenas noticias que había recibido quedaron atrapadas en el recinto más profundo de su mente: estaba a punto de arriesgar su vida, pero no pensaba que su cuerpo reaccionaría de esa manera. Toda esta semana había estado imaginándose cómo sería estar en una misión para la Oposición, y también lo valiente que se prometió ser cuando lo eligieran en una; pero lo que nunca pensó era que lo seleccionarían tan temprano. Eso lo ponía algo intranquilo. Y su cuerpo parecía sufrir las consecuencias.

Varios momentos de silencio después, y cuando creyó que sus manos no podían estar más sudadas, Brock indicó con un gesto de la cabeza que trepara la escalera. Temblando un poco, Seth empezó a escalar, subiendo los escalones uno a uno hasta llegar a la superficie. El más o menos amplio callejón en el que salieron estaba entre dos edificios bastante altos, cuyas fachadas daban con la calle que pasaba en frente al Ayuntamiento de Azafrán; estaba bastante ennegrecido y descuidado, y había varios cubos de basura de plástico y de metal repletos hasta el tope con basura al final del mismo. Cuando el chico emergió, extendió una mano hacia Brock para ayudarlo. Giró la cabeza hacia los lados y encontró el basurero azul del que les había hablado Kiyo; la verdad era inconfundible, ya que no había otro basurero azul en aquel callejón, y los yacían allí tenían signos de deterioro.

Ambos se acercaron al llamativo contenedor y revisaron el interior: había dos rociadores de metal sin etiqueta, lo que Seth supuso que serían los neutralizadores de olores; había por lo menos cinco gorras de diferentes colores y unas cuantas gafas de sol y otras comunes. Brock se decidió por uno de los lentes comunes y una gorra verde para disimular el cabello, dándole un aspecto del que Seth se hubiera desternillado de la risa si no estuviera tan nervioso. Seth, a consejo de Brock, se puso una gorra azul para disimular el cabello blanco, ya que era demasiado reconocible hasta en la distancia. El siguiente paso fue rociarse. Cerrando los ojos y la boca con fuerza, Seth recibió el espray por todo el rostro y el cuerpo, y el olor pareció desaparecer mágicamente. Bastante impresionado, Seth aplicó el aerosol por el cuerpo de Brock.

Luego de aplicarse varias capas más del neutralizador, escucharon un pequeño timbre, parecido al de cambio de cátedra en un colegio: el cambio de turno en el Ayuntamiento. Brock fue hacia uno de los basureros, desenganchó el comunicador de su camisa y lo lanzó, no sin antes sacarle las baterías. Luego inspiró hondo y se dirigió a Seth.

—¿Tienes el silencioso? —preguntó, a lo que Seth asintió luego de verificar su bolsillo—. Genial. No quiero que te pongas nervioso, estamos más seguros de lo que te puedes imaginar. Los dos estaremos siempre uno al lado del otro, y si llegamos a separarnos, recuerda que tenemos este aparatito. Si las cosas se ponen feas, lo presionaremos y el otro hará lo posible para ayudar. Por cierto, haz como si no conocieras a Kiyo cuando lo veas. Si se da la remota posibilidad en la que uno es atrapado por Rocket, se suspende la misión... De acuerdo, ¿listo?

—Listo —respondió Seth, levantando los pulgares. Brock asintió con determinación.

Empezaron a caminar hacia la calle. Seth hasta creyó que su agitado corazón se había subido a su garganta. Cuando llegaron a las rejas, un pájaro pasó volando a toda velocidad a su lado desde el callejón y se perdió de vista en la calle. El chico miró a Brock, que le devolvió una mirada de reconocimiento. ¿Habrá sido Mew? Un poco más aliviado y a la vez emocionado, atravesó la verja después de Brock y se mezcló en la multitud que volvía a su trabajo después de su hora de descanso. Intentó no perder de vista la verde gorra que llevaba su compañero, a la vez que hacía un esfuerzo para no chocar con las personas que iban en dirección contraria. Cuando Brock se detuvo en un semáforo para cruzar la avenida, Seth lo alcanzó. Brock indicó con la cabeza hacia adelante, y Seth se dio cuenta de que ya habían llegado al Ayuntamiento. El edificio estaba pintado de un amarillo intenso, pero rozando lo pastel: el color del azafrán. Era más ancho que alto, apenas tenía dos pisos; y también tenía un reloj enorme en la parte frontal, justo encima de las enormes puertas dobles de entrada que ahora estaban abiertas, y que en ese momento marcaba las dos de la tarde.

Seth no se atrevió a mirar hacia atrás, ya que sabía que eso podría estropear la misión. A sus espaldas estaba la florería de su madre adoptiva, que seguramente estaba trabajando en ese momento, y que si lo reconocía podría armar un escándalo. Después de todo, él se había fugado de su casa, y oficialmente estaba desaparecido. Se dio cuenta de lo útil que era ahora aquella gorra que se había puesto, así que se la acomodó mejor.

Cuando el semáforo marcó que ya podían avanzar con seguridad por la calle, empezaron a transitar por las franjas peatonales en dirección al edificio amarillo. No vieron a ningún oficial de Rocket, ni siquiera a los soldados, por lo que se relajaron un poco. Al llegar a la acera frente al Ayuntamiento, buscaron con la mirada a Kiyo. Él estaba parado a la izquierda de la entrada del edificio, con la mirada yendo de un lado a otro. Por una fracción de segundo posó sus ojos en ellos dos, pero no hizo señal de reconocerlos más que levantar un poco las cejas. Brock se rascó la mano derecha y, acompañado de Seth, empezó a subir la docena de anchos escalones hacia la entrada del edificio. Como le había dicho Brock, Seth no dio muestras de conocer al guardia. Finalmente, atravesaron la entrada del Ayuntamiento.

El vestíbulo del edificio era impresionante. Seth, que nunca había entrado, tuvo que hacer un esfuerzo para no quedar con la boca abierta. No se podía decir que la iluminación interior era pobre, porque un enorme candelabro colgaba del techo dando una luz amarillenta muy agradable y cálida. El suelo, por otro lado, era de mármol blanco con los bordes de la habitación en negro, lustrado hasta que todo se reflejaba casi como un espejo. Las paredes eran amarillas, con detalles en caoba y cuadros de pinturas por todos lados. Lo que más resaltaba era (detalle que hizo a Brock fruncir un poco el ceño) un enorme estandarte negro detrás del escritorio de recepción, con una “R” roja enorme y gruesa.

Mientras la recepcionista atendía a un señor bastante alterado, ellos dos fueron a sentarse en uno de los sillones al costado de la habitación (era bastante cómodo, en la opinión de Seth). Brock miró a Seth de una forma muy diferente a la usual, como si estuviera emocionado por estar allí.

—¿Sabes? Me gusta mucho el Ayuntamiento de Azafrán —dijo con una voz bastante convincente. Seth notó que estaba actuando y le siguió la corriente, poniendo la mejor cara de interés que pudo hacer. Algunas personas que estaban sentadas en los sillones cercanos giraron la cabeza hacia ellos—. El de Ciudad Olivo es bastante pequeño, y no está tan cuidado como este.

—Vamos, papá —continuó Seth, agregando un buen toque diciendo que era su padre—. El de allá no es tan malo. Por cierto, vamos después a la florería. A mamá de seguro le encantaría que le regalemos flores. Debe estar muy triste.

—Sí —Brock bajó la mirada, pareciendo simpatizar con su falsa esposa—. Se habrá puesto así después de perder su mochila aquí en estas calles. Es una suerte que este Ayuntamiento tenga una sección de objetos perdidos.

Justo en ese momento, la recepcionista quedó liberada del irritado señor, por lo que ambos se levantaron y se dirigieron a la mesa de recepción.

—Buenas tardes, señores —dijo la rubia chica, dirigiéndoles una sonrisa aunque parecía algo agitada por su reciente encuentro—. ¿En qué les puedo ayudar?

—Buenas tardes, señorita —saludó Brock—. Vinimos hace unos minutos, pero no parecía que estaba abierto...

—Sí, lo sentimos, señor —se disculpó la recepcionista—. Es que era nuestro turno de descanso. Pero acabamos de abrir.

—Aah, eso lo explica todo —dijo Brock, levantando las cejas para demostrar que lo comprendía. Seth no podía creer que Brock fuese tan bueno actuando. Hasta él se lo estaba tragando—. Bueno... esto, queríamos preguntar... Esta mañana estábamos paseando por las calles de la ciudad; es que estamos de visita con mi esposa y mi hijo —señaló a Seth—, y estamos recorriendo esta parte de Kanto. Bueno, el problema es que a mi esposa se le extravió un bolso, y creemos que lo dejó en uno de los bancos del parque que está cerca de aquí.

—Ah, ¿de visita? —preguntó un poco sorprendida la chica—. ¿Están de vacaciones?

—Eh, no... —titubeó Brock, pero en seguida lo reparó—. Es un viaje de negocios, sí. Tengo un trabajo en Ciudad Carmín, y nos pareció una idea excelente ir por coche. Ya sabe usted, estos días es muy difícil conseguirse vacaciones. Somos de Celeste, la verdad. Un paseíto no nos iba a venir mal, ¿no cree?

—Sí, eso mismo —respondió la recepcionista—. Creo que yo también necesito un “viaje de negocios” de vez en cuando.

—Exacto —dijo Brock, riendo con la señorita—. Bueno, y me preguntaba si podríamos ir a la sección de objetos perdidos para, ya sabe, buscar el bolso, si es que no es mucha molestia.

—Ah, no, por favor, señor —señaló la recepcionista—. Pase usted. Está por aquí a la derecha —indicó la puerta que estaba al lado de su enorme escritorio de caoba—. Una cosa: por favor, no vaya al pasillo de la derecha, tiene que seguir directo hasta la última puerta. Tómense su tiempo, por favor. Espero que lo encuentren pronto.

—Muchas gracias, señorita —agradeció Brock asintiendo con la cabeza y sonriendo. Seth lo imitó, y ambos fueron hacia la puerta de madera barnizada que llevaba al pasillo. Cuando entraron, se encontraron con un pasillo bastante amplio, pintado del mismo color que el vestíbulo, pero iluminado con luces fluorescentes en lugar de amarillas. Caminaron por el piso de mármol, sus pisadas haciendo eco a través del ostentoso pasillo, hasta que llegaron a la bifurcación a la derecha que había dicho la recepcionista. Obviamente, pensó Seth, aquel pasillo llevaba a los uniformes que necesitaban. Así que, en lugar de ir directo hasta el final del pasillo, torcieron a la derecha. Este pasillo era menos amplio, y estaba más pobremente iluminado, y al final había una puerta metálica con un letrero que tenía estampada la “R” roja de Rocket. Encima de la puerta, en un cartel que colgaba del techo, decía: “Uniformes”.

—Bingo —susurró Brock, poniendo una mano en el picaporte. Abrió la puerta e ingresaron, tratando de hacer el mínimo ruido mientras lo hacían.

No era una habitación muy grande, ya que solo era un pequeño depósito. Había tres estanterías repletas con prendas de ropa. Una de ellas tenía las negras camisas, ordenadas por tamaño; en otra estaban los negros pantalones, también ordenados por tamaño; y en el último, gorras estampadas con la “R”, de arriba abajo. Todo el vestuario estaba envuelto en individuales bolsas de plástico transparente y doblado pulcramente.

—Elije de tu tamaño y toma una gorra —instruyó Brock, buscando entre las camisas una de su talla—. Luego tenemos que ir a los objetos perdidos para conseguir un bolso, en donde meteremos todo.

—¿Para qué el bolso? —preguntó Seth mientras buscaba entre los pantalones de talla más pequeña.

—¿Lo preguntas en serio? —dijo Brock, dándole un ligero golpe en la cabeza—. Si le dices que irás a traer un bolso, y sales con uniformes de Rocket, ¿qué crees que hará la chica?

—Ah... —luego de eso, Seth se calló.

Seth se estaba divirtiendo con Brock, o eso le parecía, porque la misión estaba resultando ser pan comido. No entendió por qué se había inquietado tanto. Estaba allí, en un lugar prohibido para todos, y nadie hacía nada al respecto.

Cuando hubieron conseguido las prendas correspondientes, y también agarrado un gorro, los dos se dispusieron a salir. Sin embargo, Seth empezó a sentir una ligera sacudida en su pierna derecha. Se preguntó si estaba teniendo algún tic nervioso, o algo parecido, hasta que vio la cara de Brock. Sorpresa y cautela.

El silencioso había empezado a vibrar.





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Gracias onix ^^.

#31
Asd, los Pignite sólo son unos cerdos u.u (?)
Esa parte eliminada no me pareció ridícula para nada… yo al final del capítulo anterior no terminé de entender qué le había pasado al cabello de ese muchacho.
Mmm, no sé qué tan buen médico podría ser un Raichu con las patas tan cortas, Will… Creo que Ampharos hubiera estado mejor, o Electabuzz… no he visto pokes de sexta, podrías poner a Heliolisk… me parece que a un Raichu se le complicaría poner vendajes y esas cosas.
Lo que me asombra es que en ese pueblo haya pokémon de diversos tipos pero en otros como Raicueva o Petra sólo haya de un tipo específico… ¿por qué es eso?
Buena la idea del neutralizador de olores.
¡Me gustó este capítulo! Al fin hay acción en la parte de Seth, ya venía haciendo falta. Me gustó porque le diste bastante importancia a esto de buscar los uniformes aunque podrías haberlo hecho más corto decidiste ponerle empeño y eso estuvo bien porque convirtió la misión en algo que no parece ser tan simple.
Ahora me queda esperar para ver en qué lío se están metiendo… seguramente alguien entró al ayuntamiento y las cosas se van a complicar. ¡Hasta el otro, Will!


Gracias a todos por recordarme :) Sólo tengo buenos recuerdos de ustedes y de este agradable lugar también.
#32
Hola, Char!
Siento mucho no haber estado al día con el fic, no tenía muchos ánimos de leer, me excuso por eso. Lo positivo de esto es que tengo varios capítulos para leer, así que no me frustraré tanto :3.

Comencemos nwn




Capítulo 6
En serio, me encanta el tiempo que le dedicas a mostrar lo que piensan los personajes, no todo el mundo tiene ese detalle y pocos lo hacen de la manera en la que tú logras, que sea tan agradable de leer y que uno sea capaz de ponerse en el puesto de los personajes; es inspirador :3
Bueno, me alegra ver que Tyler titubea un poco, eso lo hace ver menos testarudo para mi, que no es alguien que siempre quiere tener la razón, su problema, me parece, es que es inocente e impulsivo. Me imagino que debe sentirse mal por lo de Momo, pero también sé lo frustrado que debio sentirse cuando Otto le pidió regresar cuando ya habían avanzado tanto.
Buena esa, Tyler, fuiste sensato contigo mismo xD. Lo digo por la parte en la que piensa "si toman el valor de atacar una aldea entera es que no son cualquiera, ¿qué podría hacer yo?"; me alegra que lo pensara y no se lanzara a lo loco a hacerse el héroe sólo por la amargura que le generó la discusión con Otto. Fue prudente, es lo que quiero decir xD. Wow, me gustó que todo el mundo se tragara el orgullo y que Ty quisiera considerar la opinión de los demás, vas ganando puntos chanchito :3.
wow, la parte en la que Arcane se lleva a Estela me dejó sin aliento, puedo decir que es mi parte favorita del capítulo, aparte que puedo decir que Arcane ha pasado a estar entre mis personajes favoritos, me encantan los personajes que son unos hijos de... xD
En cierto modo, opino lo mismo que Arcane respecto a Gamien, no sé cómo era el Garchomp antes pero me sorprendió que no lograra manejar la situación y más conociendo a qué se enfrentaba. Espero que logre obtener la revancha.
Omg, Brock abrió los ojos! Omg, son pokémon! Omg, saben usar código morse! *corre a leer el siguientr Cap



Capítulo 7
No sé, pero a mi me late que ese Pignite podría ser el hermano de Seth disfrazado quién sabe cómo por Mew, y que por esa razón Rocket ande buscando Tepigs... o eso o yo estoy mal de la cabeza... o que has logrado confundirme xD
Me pareció gracioso que Mew y Brock se presentaran estrechando manos, en especial porque Mew es minúsculo, aunque me parece extraño que Seth escuchara a un pokémon hablar en lengua humana y no se sorprendiera ni un poquito, especialmente cuando sólo ve Rattatas y Pidgeys que, según yo, no deben ser buenos conversadores.
Ojo, para que Brock pudiera abrir la alcantarilla necesitaba una herramienta especial o algo para hacer palanca, aparte que esas tapas son pesadísimas.
En la parte en la que Momo recuerda al Bisharp, creo que te comiste la palabra "símbolo".
No sé, Char, pero yo sostengo que Otto es Mew y tengo una teoría loca: estás manejando dos tiempos distintos, eso xD. Que lo de Mew con Seth está sucediendo años después que lo sucedido en el pueblo y que Tyler es el Pignite que acompaña al legendario dulce. Eso es lo que me haces pensar xD



Capítulo 8
Para mi sorpresa, en este capítulo me gustó más la parte de Seth que la de Tyler. Le pusiste mucho empeño a explicar aquel paso de la misión, la hiciste emocionante, por eso, debo darte un coscorrón por dejarme en ascuas.
Me da la impresión de que llegó el mero-mero Giovanni o mínimo, Atlas. Algo así tienr que pasar para que hayan activado los silenciadores, sino, no me explico xD
Y una coda más, ese "que Mew esté con ustedes" me hizo reír, lo siento xD




Lo bueno de haber dejado 3 capítulos pendientes es que pude disfrutarlos y devorarlos (en sentido figurado). Lo malo, es que ya se acabaron, así que espero leer el siguientr con ansias nwn

Vas muy bien, Will nwn

@WillChar96, te menciono porque ya terminé de comentar ;D

Pokiu!

EGN: Hoy es el fin del mañana
65 - Todo se paga
#33

Capítulo 9: Sabotaje

Capítulo 9: Sabotaje

Este capítulo ya lo había empezado en diciembre, pero por razones que nadie sabe, me golpeó el bloqueo. A la mitad del capítulo, me quedé trancado... Creí que darle algo de tiempo a mi cabeza para que conectara las ideas ayudaría, pero ya había pasado 2 meses, y nada... Así que decidí cambiar ligeramente el rumbo de la historia. No es gran cosa, la verdad xD.

Demian:

Si tuviera que hacer una lista de Pokémon favoritos, Pignite estaría en tercer lugar, así que cuidado con tus palabras (?).

Bueno, el tema con el cabello de Seth xD. Lo que pasa es que se cambió el color, a un gris. No estoy seguro de dónde salió esa idea... A veces ni yo me entiendo (?).

Deja a mis médicos Raichu >:( (?). Tienes razón, tal vez Ampharos hubiera sido mejor xD.

Bueno, estaba pensando en mandar a mis personajes a Raicueva y a Petra en algún punto del fic, y tal vez ahí pueda explicarlo mejor. Pero tiene algo que ver con el ambiente en donde viven.

La verdad, vos me diste la idea del neutralizador xD.

Quise ponerle empeño porque es cuando las cosas salen mal xD.

Gracias por todo, Dems ^^

OnixTymime:

¿En serio piensas eso? +.+. Bueno, la verdad, la interioridad de una persona (en este caso, de mis personajes) es algo que yo tomo muy en cuenta, y que es muy importante para mí. Y creo que eso se traduce en la forma en que armo las escenas. Hasta yo me doy cuenta a veces que estoy sumergiéndome mucho en los pensamientos del personaje central de la escena. Pero no tenía idea de que alguien lo notaría xD.

Creo que las reacciones de Tyler se deben a su naturaleza, ya sabes, es de tipo fuego, y esas cosas (?). Lol, suena a como si no te agradaba Tyler.

No sé por qué, pero hasta a mí me pareció que Arcane era demasiado maligno para mis estándares. No sé si lo notaste, pero tiendo a sacar lo mejor del personaje, e intento ocultar sus puntos débiles. Pero Arcane es otra historia, y lo mismo podría decir de Atlas.

Bueno, el pasado de Gamien es algo que me gustaría explorar más adelante.

Lol, Onix... tus especulaciones me matan xD. No me gustaría todavía revelar nada :P.

A pedido tuyo (y de Áurico y Demian xD), cambié ligeramente la escena en la que Seth se encuentra con Mew (Capítulo 7). Hasta yo me dí cuenta de que era un detalle importante xD.

No te preocupes, las tapas de las alcantarillas de Azafrán son de aluminio (?).

Ya, agregué la palabra símbolo. Gracias ^^.

Sigue con tus suposiciones, Onix, sigue... (?).

Bueno, he de admitir que la parte de Tyler está pasando por un momento lento, especialmente porque no puedo avanzar en una y dejar la otra... Es que tengo que balancearlas, no sé si me entiendes (?).

Acertaste, Onix, acertaste justo al final :P.

Ahora te traigo el nuevo capítulo ^^.

Gracias por seguir leyendo ^^





Más escenas eliminadas xD:

Escenas eliminadas

El vestíbulo del edificio era muy brillante. Seth, que nunca había entrado, tuvo que entrecerrar un poco los ojos. No se podía decir que la iluminación interior era pobre, porque un enorme candelabro colgaba del techo, ayudado por una infinidad de luces fluorescentes colocadas en línea por la extensión restante del cielo raso. Para ponerle guinda a la torta, el suelo era de mármol blanco con los bordes de la habitación en negro, lustrado hasta que todo se reflejaba casi como un espejo. Las paredes eran amarillas, con detalles en caoba y pinturas por todos lados.





Aquí, después de un insoportable bloqueo, les traigo el noveno capítulo :P:





10. Capítulo 9: Sabotaje

CAPÍTULO 9

Capítulo 9


—¡Demonios! —exclamó en un susurro Brock, con extrema cautela en los ojos. Colocó el negro uniforme que tenía en las manos en uno de los estantes y sacó el diminuto aparato de su bolsillo. No emitía sonido alguno, ni siquiera se podía percibir alguna oscilación a simple vista; pero ambos sabían que se había activado porque los habían sentido vibrar—. Desactívalo —comandó él.

Al escuchar la orden, Seth dejó también su uniforme sobre el estante y retiró el aparato de sus jeans. Imitando a Brock, presionó el solitario botón en una de las caras del dispositivo. De inmediato dejó de vibrar. La sensación de peligro aumentó cuando Seth miró con ojos como platos a Brock, quien parecía estar teniendo un fiero debate dentro de su cabeza mientras lanzaba nerviosas miradas hacia la puerta del pasillo.

¿Podría ser cierto? ¿Habían sido descubiertos? ... ¿Por qué Kiyo activaría el aviso? A Seth solo se le ocurrió dos posibles alternativas a la activación del silencioso. Por una parte, alguien indeseado podría haber hecho aparición en el Ayuntamiento, y el centinela simplemente estaba dando el aviso. La otra alternativa era... que Kiyo estaba en problemas.

Sin importar cuál de las dos opciones era la verdadera, tenían que salir de allí. Y lo más pronto posible.

—Bien —susurró Brock, dirigiéndose con mucha seriedad al chico—. Esto es malo. Muy malo. Realmente no pensé que esto ocurriría; la verdad, ni se me pasó por la cabeza. Ni siquiera planeamos un método de escape... A estas alturas es imposible saber por qué Kiyo activó el silencioso, pero eso ya no importa. No hay tiempo para averiguarlo. Lo mejor para nosotros sería desaparecer de aquí. Lo más rápido posible.

Seth abrió incluso más los ojos. Su respiración pareció detenerse. ¿Cómo era que una misión prácticamente inofensiva podía tornarse en algo posiblemente fatal? ¿Pero qué había salido mal? Se imaginó que tendrían que salir de la forma más discreta posible, sin llamar la atención. Tal vez el edificio estaba rodeado de oficiales de Rocket, esperando a que saliesen para acribillarlos a balas. O tal vez simplemente habían entrado unos soldados a conseguir uniformes nuevos. De cualquier forma, ellos estaban en una posición difícil.

—¿Qué hacemos? —preguntó el chico con un hilo de voz—. ¿Salimos?

—Estaba pensando en eso, pero si hay gorros negros allí, estamos fritos. ¿Crees que nos dejarán pasar si ven que acabamos de salir del pasillo que lleva a sus asquerosos uniformes? Tenemos que evitar una confrontación.

—¿Y si echamos un vistazo al vestíbulo? —sugirió Seth.

—¿Y arriesgarnos a que nos vean? No lo creo, chico. Tenemos que pensar rápido, si es que alguien vino a sacar uniformes, estará aquí en cualquier momento.

—¿Y si continuamos por el pasillo? Debe haber una salida más allá, ¿no? —dijo Seth, con un ligero temblor en la voz.

—Hmm... Sí, podríamos hacer eso... Pero es demasiado arriesgado salir y que vean que estuvimos aquí...

Completamente desesperado, y al borde de hiperventilar, Seth empezó a mirar a su alrededor. Lo único que había en aquella habitación eran una escoba, una cubeta y uniformes. Uniformes, y más uniformes. El chico se preguntó qué rayos podrían hacer para salvarse de aquella situación... Hasta que un chasquido sonó en su cerebro. ¿Cómo no se le había ocurrido antes?

—¿Y si salimos con los uniformes puestos?

Primero, Brock lo miró como si estuviera completamente loco. Pero luego, su cara se fue transformando a una mueca de ironía y satisfacción.

—No sé por qué no te enviaron a otras misiones, chico. Eres un genio. Bueno, no es la idea más sensata, pero es la única opción que tenemos en estos momentos, ¿no crees? Póntelo, rápido.

Luego del cambio de ropa más rápido de toda su vida, Seth se puso el gorro. Era una suerte que Rocket fabricara también uniformes para los que no tenían estatura promedio. Ambos se sintieron un poco como traidores al llevar el atuendo de su enemigo principal, pero si les iba a salvar la vida, Seth pensó, tendrían que resignarse por el momento. Se aseguraron de no dejar los silenciosos (o cualquier objeto, la verdad) en sus vestimentas de civiles, y procedieron a abrir la puerta del depósito para salir al no tan amplio pasillo.

Tal vez era la iluminación, tal vez era la agobiante situación en la que estaban, pero Seth pareció percibir un ligero cambio en el ambiente. Era más bien una sensación. Una sensación de peligro constante e inminente. Justo antes de llegar al corredor principal que llevaba al vestíbulo, Brock abrió una puerta que estaba a su derecha y entró en la pequeña sala mientras Seth esperaba afuera. Al igual que la habitación de los uniformes, esta parecía ser un depósito. Dentro, se encargó de esconder sus ropas comunes, cuidando que no se vieran a simple vista. Un armario bastante viejo lleno de sábanas hizo el trabajo. Luego, salió de la habitación y le indicó a Seth que lo siguiera de cerca mientras hacían su salida al luminoso pasillo principal.

El corazón de Seth empezó a palpitar con violencia cuando estuvieron a punto de doblar la esquina, sabiendo que de un momento a otro, un oficial de Rocket podría salir de la nada. Brock le hizo señas a Seth para que dejara de moverse con sigilo y que caminara con normalidad. El hombre apenas asomó su cabeza por la pared, y la retrajo inmediatamente—. Alguien está tratando de entrar por la puerta. Prepárate —susurró. Inhalando profundamente, Seth se dispuso para el posiblemente inevitable encuentro con los soldados. Haciendo una cuenta regresiva con los dedos, Brock primero levantó tres. Dando otra profunda respiración, Seth cerró los ojos por un momento. Dos... Uno...

Ambos salieron por el pasillo caminando con normalidad y con el rostro impregnado de arrogancia y malicia, justo en el momento en que la oscura puerta de caoba que daba al vestíbulo se abría e ingresaba un soldado de Rocket. El corazón de Seth prácticamente se hundió, pero logró mantener aquella soberbia máscara y la calma. El gorro negro saludó con la cabeza a los dos, quienes también devolvieron el saludo de la misma manera. Cuando se perdió de vista en el pasillo de los uniformes, Seth casi soltó un suspiro. “Eso estuvo cerca”, pensó el chico. “Un momento más en aquel almacén, y habría sido nuestro fin.”

Se acercaban más y más hacia la puerta del vestíbulo. Quizá aquella había sido la “amenazante situación” a la que Kiyo se había referido al activar los dispositivos. Seth agradeció que hubieran salido sin problemas. No había pasado nada. Habían sobrevivido.

Justo cuando el muchacho se disponía a poner una cara de alivio, Brock abrió la puerta.

Y ahí estaba. La verdadera “amenazante situación”.

Escoltado por al menos cinco soldados Rocket más, un hombre de uniforme gris hablaba con la cohibida recepcionista. Destellando a la luz del candelabro, un sinfín de reconocimientos abrochado en la sección derecha de su pulcro uniforme. Cabello azul verdoso, cubierto por un gorro gris con la maldita “R” estampada de rojo. Rostro casi amable, pero ojos fríos como el hielo. Sonrisa desagradable.

Oficial Superior Atlas, Comandante de la Zona Norte de Kanto.

Seth no conocía a ese hombre, pero al escrutar el rostro de Brock, supo al instante que era peligroso. Por primera vez, por debajo de la mirada de altanero que su compañero ahora tenía, pudo percibir algo más. Un ligero movimiento en las cejas, y un titubeo en sus ojos; lo que vio en Brock fue miedo. Estaba realmente asustado. Seth, al ver el estado de su aliado, no pudo evitar sentir también un temor por aquel hombre. ¿Acaso era así de brutal, para llenar de pavor a un experimentado soldado de la Oposición?

Luego de lo que parecieron varios minutos de intangible tensión, Brock pareció despertarse y dirigir la mirada hacia la entrada. Efectivamente, ahí estaba Kiyo, echando nerviosos vistazos hacia la imponente presencia en el vestíbulo y hacia la puerta de la cual Seth y Brock acababan de salir. Como había hecho antes, Kiyo se abstuvo de hacer alguna señal de reconocimiento hacia los dos soldados encubiertos, pero continuó observando con inquietud a la importante entidad de Rocket.

Seth se dio cuenta entonces de la horrible verdad. Si Brock estaba paralizado del terror, aquel hombre que estaba a meros metros de ellos no era alguien a quien fácilmente uno podría pasar por alto. Incluso su vestimenta era diferenciada de la de los soldados, y además, tenía escoltas. Llevaba un uniforme un poco más formal, casi elegante. Aquel oficial, cayó en la cuenta él... tenía que ser uno de los comandantes.

Con los pelos de punta, Seth intentó captar la atención de Brock con un codazo, pero su compañero levantó una mano para asegurarle que estaba pensando. Luego, inhaló profundamente, como preparándose para una presentación ante un gran público.

Seth lo entendió: la única forma de salir era por la entrada principal, pero para hacerlo, tal vez tendrían que enfrentarse con el comandante. Quizá eso era inevitable, pensó Seth, ya que justo en ese momento iban vestidos con uniformes de soldado, por lo que el saludo a su superior era obligatorio. Seth hasta pudo sentir su violento pulso en el cuello cuando la adrenalina se disparó por sus venas. Sintió que sus piernas eran más ligeras, como si pudiera salir corriendo a toda velocidad de un momento a otro si lo quisiera.

Luego de un momento, ambos empezaron a dar lentos pasos hacia el oficial. Seth intentó mantener una mirada seria, pero igual parecía estar haciendo un mejor trabajo que Brock, quien llevaba una cara que se debatía entre la seriedad y la constipación.

Como en cámara lenta, el oficial de pelo azul giró su sonriente rostro hacia ellos dos, alejándolo del de la recepcionista. En seguida, empezó a mirarlos de arriba abajo a medida que su sonrisa iba desvaneciéndose poco a poco en una cara de extrema autoridad.

Por supuesto, el viaje desde la puerta hasta la mesa de la recepción duró apenas unos cuantos momentos; pero todo parecía aminorar por el temor que sentían. Los seis viles rostros estaban vueltos hacia los dos traidores encubiertos, el del comandante y sus cinco soldados, dirigiéndoles una completa y agobiante atención. Ante las perforantes miradas, Seth y Brock se detuvieron justo ante el oficial, hicieron un saludo militar y se pusieron firmes, con las miradas hacia el frente, como esperando alguna orden.

—Señor... —empezó Brock.

Los seis abrieron mucho los ojos, como si hubieran sido ofendidos. Preguntándose qué había hecho mal, Brock se quedó callado. Uno de los escoltas, con una cara de furia, estuvo a punto de decir algo, pero el superior levantó una mano. Miró a Brock con una cara de peligrosa simpatía.

—Oh, ustedes deben ser los reclutas nuevos de Azafrán —dijo el comandante, pasando los ojos de Brock a Seth, y viceversa—. Me presento: soy el Oficial Superior Atlas. De ahora en adelante, cada vez que pongan un pie aquí en la Zona Norte de Kanto, estarán bajo mis órdenes. Y, como veo, son todavía demasiado... frescos.

Sin saber a qué se refería, el dúo no dijo nada aún. Por ahora, sus máscaras tenían algo de utilidad. Tenían que apurar su salida si no querían ser descubiertos, pero parecía que estarían atascados por un momento más en aquella peligrosa danza con el enemigo.

—Cuando se encuentran con un superior —dijo Atlas, sonriendo y haciendo una pequeña mueca—, tienen que esperar a que este hable primero. ¿Entendieron?

—¡Señor, sí, señor! —exclamaron al unísono.

De repente, la recepcionista levantó la cabeza. Había reconocido sus voces. Poniendo los ojos como platos, empezó a abrir la boca. No los había notado porque no se había fijado en ellos; solía eludir las miradas de los soldados, le ponían ansiosa. Pero esta vez, se dio cuenta de que ellos dos habían entrado para robar uniformes de la reserva de Rocket. Brock también notó los movimientos de la recepcionista, y en un encuentro con sus ojos, le envió un mensaje insonoro: ¡Por Arceus, no lo hagas, por favor! ¡Te lo ruego! La chica se quedó congelada. Todavía tenía una mano en la boca cuando Atlas percibió el cambio en los ojos de Brock y se decidió a girar la cabeza en dirección a la secretaria. El oficial frunció ligeramente el ceño antes de voltearse nuevamente hacia ellos, sumido en lo que parecía confusión.

—Bien, veamos —dijo Atlas con una voz repentinamente sin emoción—. ¿Qué tenemos aquí? A ver, díganme, ¿de dónde son ustedes?

Acercó un poco su cara a la de Brock y lo miró con intensidad. La frente de Brock estaba ligeramente perlada del sudor mientras intentaba sacar una respuesta convincente.

—Señor, ambos somos de Carmín, señor —mintió Brock, logrando de alguna forma mantener una voz firme.

—Ah, ¿Ciudad Carmín? —inquirió el superior, una pequeña sonrisa formándose en su rostro—. La zona de mi camarada Petrel... Supongo que hablaron con él, ¿no? Como siempre él no les enseña a sus soldados los modales necesarios —empezó a reír, pero Brock ni se inmutó—. Solo tengo una pregunta para ti... ¿Por qué tuvieron que molestarse en venir todo el camino hasta Azafrán para conseguir sus uniformes? Todo Rocket sabe que en Carmín hay una reserva incluso más grande que esta.

—Señor... Es que... —Brock se quedó sin palabras. El corazón de Seth iba a mil por hora.

—Mire, soldado, estoy hasta seguro de haberte visto en algún otro lugar —dijo Atlas, adquiriendo filo en su voz—. Me tiene una cara demasiado... familiar. ¿Está seguro de que no son de otro lugar? Más hacia... uum, no sé... ¿Ciudad Plateada, quizá?

Brock no respondió. Apretó las mandíbulas.

—Estoy seguro de que me recuerdas a alguien —continuó Atlas ante el silencio de Brock—. Y por aquí, ¿a quién tenemos?

Se inclinó para estar a la altura de Seth y le examinó el rostro con penetrantes ojos. Sin aviso, su desagradable sonrisa y sus ojos flaquearon ligeramente.

Observó con más atención el rostro del chico, incomodándolo hasta el punto de querer salir huyendo. Abrió un poco la boca, y levantó la mirada hacia la entrada, trasladando sus ojos de un lado a otro, como si buscara a alguien. Luego de posar los ojos por un momento en Kiyo, y con una cara un poco extraña, volvió a mirar a Seth.

—Pero, si eres muy joven —señaló el comandante con la voz un poco más grave, pero con la misma incómoda sonrisa—. Bueno, son buenas noticias escuchar nuevas adiciones a nuestro querido ejército. Soldado, ¿a dónde se dirigen ustedes?

—Señor, nos dirigimos a Silph, señor —exclamó Seth. Algunos de los escoltas suprimieron risas de burla o bufaron ante el tono de voz todavía infantil del chico.

—Bien, soldados, ¡pueden retirarse! —respondió Atlas, irguiéndose y acomodándose el gorro.

Seth y Brock se excusaron con el mismo saludo militar de antes, el cual fue devuelto por todos los soldados y por Atlas. Se marcharon lo más calmadamente que pudieron, intentando coincidir sus pisadas como hacían los oficiales, pero fracasando espectacularmente. Salieron a la calle, bajaron la ancha escalinata y se mezclaron en la multitud. No se atrevieron a salir de sus personajes o a apurar el paso, porque sintieron las miradas del comandante y los soldados clavadas en sus nucas.

Seth nunca se había sentido tan feliz de salir de un edificio. Continuaron caminando por las calles hasta llegar al mismo callejón de antes, bastante seguros de que no habían sido seguidos. Y solo recién ahí, luego de cerrar la reja y esconderse detrás de unos basureros, soltaron un suspiro de tremendo alivio.

—Eso estuvo cerca —jadeó Seth, limpiándose el sudor de la frente mientras estaban en cuclillas detrás del cubo de basura.

—Ese infeliz... —murmuró Brock sin mirar a Seth, con una gota de sudor cayendo por su rostro—. De todos los infelices de Rocket, nos tuvo que tocar ese... Pensaba que estaba en Carmín, no aquí, en Azafrán...

—Pero, ¿quién era? Dijo que era Atlas, y parecía un comandante —dijo Seth en voz baja de forma inquisitiva—. Lo digo por cómo todos actuaban a su alrededor.

—Sí, Seth... —confirmó Brock, mirándolo—. Verás, Kanto y Johto tienen cada uno dos comandantes asignados: en Johto están Atenea y Protón; y aquí, en Kanto, están Petrel y... Atlas.

—Nunca había escuchado hablar de ellos —murmuró Seth confundido—. Lo único que sabía era que Giovanni es el líder, y que tiene a sus comandantes más leales...

—Lo único que deberías saber es que no debes fiarte de ellos —dijo con gravedad Brock—. Esta no será la última vez que escucharás hablar de ellos; sus nombres son bastante famosos en la Oposición. Además, no son comandantes por nada. Son muy astutos, y tienen una mente torcida. Justo como Giovanni... —frunció mucho el ceño—. Bueno, resulta ser que Atlas, si es que nos ponemos a comparar, es el más torcido de los cuatro comandantes. Es demasiado peligroso. A veces, por todos los planes que han sido frustrados a manos de él, parece que en serio lo sabe todo. Hasta tengo la impresión de que sabía quién era yo...

—¿Qué? ¿Cómo es eso? —preguntó Seth con curiosidad—. ¿Cómo podría saber quién eres?

—Bueno... —Brock soltó un suspiro, y luego empezó a explicar mientras se ponía cómodo en su posición—. Meses después de que Rocket tomara la región, e incluso antes de la Oposición, yo era un Líder de Gimnasio. No espero que sepas lo que eso significa, pero digamos que era famoso por ser un buen entrenador Pokémon. Yo tenía un Gimnasio Pokémon en Ciudad Plateada (me imagino que conoces esa ciudad). Cuando Rocket vino a cerrar mi gimnasio, fue Atlas el que se presentó en nombre de Giovanni. Se llevó a todos mis Pokémon. Yo jamás olvidaría su rostro (además que lo veo a diario en la Oposición en fotografías), y no creo que él haya olvidado el mío. Y ahora... después de todos estos años... creo que me reconoció.

—¿Tú crees? ... Pero, entonces, ¿por qué nos dejó ir tan fácilmente?

—Eso es lo raro... Eso no es común en él —el ceño del hombre estaba tan fruncido que sus cejas casi formaban una sola línea—. En la Oposición lo conocemos por sus métodos de tortura tanto física como psicológica, y parecía estar implementándolos en nosotros. Es muy inusual que nos haya dejado ir, y más si es que me reconoció. Creí que nos encerraría y luego nos interrogaría hasta matarnos, o algo así.

—¿Tal vez nos dio una oportunidad? —especuló Seth.

—Vamos, Seth. Ellos no dan oportunidades —replicó Brock con un tono más fuerte de lo usual. Soltó un suspiro antes continuar con voz más baja—. Ellos son asesinos; fríos y calculadores asesinos. Y nada más que eso. Tenemos que agradecer que no nos haya ocurrido nada. Pero no puedo evitar pensar que hay otra razón para lo que hizo...

Las palabras se quedaron grabadas en el cerebro de Seth. “Fríos y calculadores asesinos”. Para Seth, sí eran más que eso. No solo eran simples homicidas; ellos eran los asesinos de sus padres. Los que destruyeron su familia. Apretó un poco los puños al pensarlo, y le entró ganas de sacarse aquel uniforme y quemarlo hasta reducirlo a cenizas.

Se distrajo cuando Brock sacó del bolsillo del pantalón un mapa y empezó a examinarlo. Era el mapa del edificio de Silph S.A., el siguiente hito importante en la misión, en donde conseguirían su transporte hasta Ciudad Trigal.

—Entonces —comenzó Seth mientras Brock analizaba con cuidado el diagrama de los pasillos del edifico objetivo—, ¿qué hacemos ahora?

Sin despegar sus incansables ojos del plano, Brock respondió—. Tenemos que llegar lo más antes posible. Todavía es temprano para abandonar la misión. Ahora estoy tratando de encontrar la ruta más rápida a la azotea. Además, si tenemos a ese comandante demente respirándonos en la nuca, creo que tenemos que apurarnos. No quiero pasar más tiempo de lo debido en la misma ciudad que este infeliz.

Dicho esto, siguió examinando el diagrama con extremo cuidado, a veces señalando secciones del mismo o farfullando cosas ininteligibles. Seth se puso de pie, y extendió un poco las piernas. De repente se preguntó dónde estaría Mew en aquellos momentos. O el Pignite. Miró hacia arriba, hacia el parche de cielo que se veía entre los edificios que cerraban el callejón. No percibió movimiento alguno que pudiera señalar la presencia del legendario Pokémon. Justo cuando decidió bajar de nuevo la mirada hacia su compañero, vislumbró un borrón de castaño. Un Pidgey, el pajarito marrón, se posó bien arriba en uno de los balcones del edificio a su derecha. Mientras Seth lo observaba con curiosidad, el ave empezó a arreglarse las plumas con su pico. Cuando el cuello de Seth empezó a dolerle de tanto tensionarlo, el Pidgey volvió a despegar, pero sin antes echar una mirada hacia Seth (o creyó él). Al parecer, su misión todavía estaba siendo supervisada.

—¿Qué ves? —le dijo Brock, haciendo que Seth bajara la mirada con brusquedad del susto. Ahora parado junto a él, el hombre también entrecerraba los ojos hacia donde él había mirado hacía unos momentos—. Bueno, nos vamos. Solo sígueme, ya sé el camino.

Seth asintió con la cabeza y siguió a Brock. Antes de empezar la marcha, echó un último vistazo a la barandilla en donde había estado el ave para luego repetir el mismo procedimiento que habían hecho cuando salieron del alcantarillado. Atravesaron la verja, se mezclaron con la gente; pero al emerger en la avenida, en lugar de ir hacia la derecha, torcieron hacia la izquierda. Había alguna especie de ventaja en llevar los uniformes del enemigo; los civiles y los oficiales de Rocket eran como un imán de polos iguales: si acercas uno al otro, se repelen. De igual manera, a medida que atravesaban la marea de personas, un camino parecía abrirse hacia donde iban. De vez en cuando se cruzaron con otros oficiales, algunos saludaban, otros no; pero el aumento del número de soldados parecía indicar que estaban llegando al nido de las ratas en Azafrán: Silph S.A.

Luego de cruzar una intersección, allí estaba, en la acera de enfrente. Era una edificación muy alta, con por lo menos veinte pisos de oficinas y laboratorios. Seth se acordó de repente del sueño que había tenido aquella mañana: era la misma fachada que en su visión, representada de forma impecable por los mecanismos encargados del sueño en su cerebro. Lo único que difería era el escenario, que en lugar de estar desolado y destruido, estaba perfectamente limpio y bullicioso de gente. A intervalos regulares, soldados de Rocket entraban y salían por las puertas automáticas del edificio, o también hombres con batas blancas. Había dos guardias a cada lado de la entrada, con la mirada al frente y postura tiesa. A pesar de cómo lograron pasar desapercibidos todo el camino hasta allí, Seth no pudo evitar preguntarse si los guardias sospecharían algo; después de todo, ellos no pertenecían a Rocket, y ver a dos desconocidos con el negro uniforme debería ser ligeramente dudoso para los oficiales. Empezó a mirar a los lados para verificar la venida de vehículos, porque ya no podía esperar a entrar al edificio y montar aquel helicóptero.

Sin embargo, jamás logró averiguarlo, porque sintió que fue tirado con fuerza hacia un costado. Lo siguiente que supo fue que estaba en otro callejón, con una mano ajena sobre su boca para impedir que emitiera sonido alguno. Temiendo que fuera un enemigo, Seth empezó a agitarse y a retorcerse para liberarse, pero la fuerza del individuo era muy superior a la suya. Luego de luchar en vano por varios segundos, el hombre lo hizo callar. En la oscuridad del callejón, levantó la mirada para ver que era Brock, que nuevamente llevaba aquel antifaz de cautela y peligro inminente. Cuando Seth se quedó quieto, el hombre lo liberó y le indicó que hiciera silencio. Con señas, el chico inquirió (con algo de violencia) cuál había sido la razón de hacer aquello. Sin embargo, Brock simplemente lo ignoró, y siguió concentrándose en la soleada calle.

Seth, al notar cómo Brock levantaba de repente las cejas en expresión de comprensión, también se giró hacia la avenida. Una camioneta negra, bastante grande y sólida, se había estacionado justo al frente del edificio de Silph S.A., bloqueándoles la vista de la entrada. De las puertas traseras, varios soldados de Rocket emergieron con velocidad. Con una punzada en el corazón, Seth reconoció a la última figura que se bajó del vehículo: Atlas.

El chico sintió que era arrastrado incluso más adentro del callejón, hasta unos basureros metálicos que no tenían el mejor aroma. Desde detrás, siguieron observando los movimientos del Comandante, cuidadosos de no asomar demasiado las cabezas.

El Comandante miró a todas direcciones al bajarse de la camioneta, y luego, subiéndose a la acera, llamó a sus soldados para que se pusieran en fila. Incluso desde allí, escucharon con claridad las órdenes que el Comandante profirió a todo pulmón.

—Muy bien, tropa —vociferó Atlas con voz autoritaria—. Hoy es un día especial. Tenemos no a uno, sino a dos infiltrados entre nosotros. Y me temo que podría haber más. Estos de la Oposición han sido una molestia en todos mis años de servicio, y esta no es la primera vez que intentan meter a sus asquerosos soldados entre los míos. Deben pensar que soy demasiado estúpido como para no notarlo.

La gente que pasaba empezó a apurar el paso, sin siquiera detenerse a escuchar lo que el oficial de Rocket iba a decir. A estas alturas, la calle ya estaba casi vacía, con los últimos transeúntes ya casi en una corrida por huir del lugar. Seth le lanzó una mirada de incertidumbre a Brock.

—Les voy a explicar bien lo que vamos a hacer —continuó Atlas, sin siquiera titubear—. Hay una enorme posibilidad de que estos impostores se encuentren dentro de Silph mientras les doy estas órdenes, y estoy seguro de que ya están advertidos por el volumen de mi voz. Pero no se preocupen, soldados, que esta vez será bastante fácil. Uno de los impostores ni siquiera tiene la edad para ser soldado, así que será pan comido. Pero solo tengo una condición para ustedes: tienen que traerme al niño vivo. Sin embargo, tienen permiso para disparar a cualquiera que lo esté acompañando o ayudando. ¡Vamos! ¡Muévanse!

—Hijo de... —masculló Brock, inhalando profundamente y luego soltando un suspiro—. Bueno, te tengo que agradecer; si no me hubieras avisado, ya estaría muerto, ¿no crees?

—¿De qué hablas? —preguntó Seth, mirando extrañado a Brock. Con el rabillo del ojo, percibió un destello de color claro, y casi saltó del susto al encontrar al mismísimo Mew a su lado. Trató de recomponerse, pero ya había sacado algunas risitas del gato.

—Deberías agradecerte a ti mismo, en mi opinión —dijo Mew. Seth, aunque ya había averiguado que el Pokémon podía hablar, todavía se sorprendía que fuera capaz de comprender y usar su lenguaje—. Me parece increíble que hayas captado las señales que hice. ¿Sabes? A veces un Pidgey puede ser imposible de ver... Pero ya sabes, no puedo ser otro Pokémon sin llamar la atención de medio mundo.

—Cuando hiciste el doble círculo, creo que ya lo había captado —rio nerviosamente Brock, echando otra mirada hacia los soldados que uno a uno entraban al edificio—. Es una suerte que nos hayamos tardado tanto en aquel callejón, Seth, ¿no crees? Pero, a ver... no me gustaría echarte la culpa, Seth, pero tengo que dejar esto en claro... Cuando estamos en territorio enemigo en una misión, nunca (y quiero decir nunca) debemos decir nuestro objetivo; y me temo, Seth, que nos delataste cuando dijiste que veníamos hasta Silph. Pero no importa demasiado. Solo tenemos que alertar a Eco sobre el asunto, no queremos que haga algo estúpido.

Diciendo eso, Brock sacó del bolsillo su silencioso, y presionó el diminuto botón, dirigiendo su mirada al edificio de Silph. Inmediatamente, el silencioso de Seth comenzó a vibrar con intensidad e intervalos cortos, quizá debido a la cercanía del aparato emisor de la señal, pensó él.

—Pero, ¿qué pasará con el helicóptero? —dijo Seth casi en una queja. Agregó seriedad luego—. ¿Qué pasará con la misión, y la bomba esa?

—Pues, tendremos que suspenderlo todo, es lo mejor que podemos hacer —respondió Brock con otro suspiro. Mew, por otro lado, mantenía una mirada perdida hacia la entrada de Silph y el comandante—. Creo que el hecho de que Atlas estuviera justo en este momento en Azafrán será suficiente excusa para justificar el fracaso de esta misión. Después de todo, no creo que exista un solo soldado en la Oposición cuyo plan no haya sido saboteado por este imbécil. Creo que te debemos una disculpa, Mew.

—No, no, no importa... —dijo el rosado felino, haciendo un gesto despreocupado con el brazo, pero con la mente en otro lugar—. Creo que iré a verificar a mi compañero, ya debería haber terminado su parte. Además, estaré visitando a Koga por lo menos una vez por semana, así que si quieren intentarlo de nuevo, creo que tendrían que comunicárselo a él. Además, ahora que cuentan con los uniformes, ya no creo que haga falta venir a Azafrán para conseguir el transporte a Trigal. Si solo las otras ciudades no estuvieran tan vigiladas, creo que todo sería más fácil...

—Entendido —confirmó Brock, sacándose el gorro de Rocket y poniéndolo bajo el brazo—. En serio espero que nos volvamos a encontrar, señor. Nos disculpamos por haberte hecho perder el tiempo hoy.

—Pero, qué cosas dices... —dijo riendo Mew—. Hoy no han perdido el tiempo, ¿no ves que consiguieron los uniformes? Y además, por supuesto que nos volveremos a ver. Creo que ya les he dicho que nadie puede saber que yo estoy operando. Por eso solo ustedes tres lo saben: tú, Seth y Koga. Si toda la Oposición lo supiera, ¿cómo crees que reaccionarían? Puedo ser un Pokémon poderoso, pero no tengo la fuerza para echar a Giovanni con solo mover mi cola. No me gustaría dar falsas esperanzas. Por eso estoy intentando llevar a cabo este plan mío, para que cuando llegue el día en que se revele que estoy trabajando con la Oposición, sí fuera capaz de dar esperanzas. Y para poder efectuar este plan, necesito tener a algunas personas aquí en Kanto y en Johto.

—Entiendo —repitió Brock.

Seth casi quiso poner los ojos en blanco cuando vio que su compañero volvía a tener aquella mirada soñadora en su expresión. Sin embargo, una parte del discurso de Mew logró enganchar su interés. Había dicho, como antes, que solo tres personas conocían que él estaba en marcha, incluyéndolo a él, cosa que le entusiasmó en gran medida. Antes de que lo supiera, soltó algunas palabras.

—¿Eso quiere decir que somos alguna clase de elegidos? —dijo Seth con los ojos brillosos, no muy diferentes a los de Brock—. ¿Y que haremos misiones especiales para ayudarte, o algo así?

—Bueno, no sé —rio nerviosamente el rosado felino—, se podría decir que sí —de repente, sus ojos se fijaron a la calle nuevamente, y su semblante se puso serio—. Bien, Brock, Seth, más les valdría salir de aquí. Más atrás encontré una entrada a las alcantarillas. Les sugiero que la usen como ruta de escape, ya que ahora no sería bueno que les vieran —ambos asintieron y se levantaron hasta una posición encorvada, para no salir por sobre la cubierta de los basureros—. Nos vemos pronto. Cuídense.

Seth estuvo a punto de recordarle a Mew sobre la promesa de ver a su hermano, pero cuando abrió la boca, el gato ya se había disuelto en el aire. Bastante confundido y maravillado ante la demostración de teletransportación, Seth empezó a caminar casi en cuclillas siguiendo a Brock hasta la supuesta entrada a los desagües. “Genial”, pensó con sarcasmo. “De todos los lugares que visité hoy, justo volvemos al más agradable”.

—Oye, Brock —habló Seth cuando Brock movía pesadamente la tapa de hierro de las alcantarillas, liberando una especialmente nauseabunda oleada de hedores del fondo. Arrugó un poco la nariz, haciendo que su voz sonara algo nasal—. Lamento lo que hice hoy... Creo que fue porque estaba desesperado. No podía pensar con claridad, y sin darme cuenta, dije que veníamos aquí —dijo algo avergonzado antes de agregar—. Lo siento.

—Bah, no importa, chico —le aseguró Brock—.La vida es más valiosa que una misión que podrías repetir en otro momento. Además, me impresionaste con tus actuaciones allá en el Ayuntamiento. Tal vez debería traerte más seguido.

El hombre le dio un amistoso puñetazo en el brazo, y luego soltó una risa. Seth no pudo evitar reír también antes de echar una mirada de ansiedad al hoyo que llevaba a su salvación.

—Mujeres y niños primero —dijo en son de broma Brock, haciendo una seña para que entrara al pozo. Luego de dirigirle una mirada de irritación, Seth comenzó a bajar. Una vez más, cuando llegó al fondo se apartó para dejar que su compañero bajara por completo—. Bueno, de nuevo aquí. No puedo decir que estoy entusiasmado.

—¿Y ahora qué? —preguntó el chico, intentando respirar de modo superficial para aspirar la menor cantidad de tufo posible—. ¿Ya nos vamos?

—Creo que eso sería lo mejor —dijo Brock, retirando el mapa de las alcantarillas de su bolsillo trasero y desdoblándolo—. Lo mejor sería irnos al sur, hacia Verde para luego ir a las Cataratas Tohjo. Podemos quedarnos ahí para dormir antes de volver a Trigal.

Con la mente en mil cosas, Seth siguió a Brock nuevamente por los resbaladizos pasadizos de los desagües, intentando no perder apoyo con cada paso que daba. A pesar de que su día no había terminado con una gran explosión, o la muerte de algún comandante tirano de Rocket, estuvo más que satisfecho por averiguar que tal vez formaba parte de un grupo de élite ultra secreto minuciosamente seleccionado por un Pokémon legendario cuyo plan quizá era echar abajo a Giovanni de la forma más espectacular posible.




Estela...

Solo un nombre rondaba la cabeza de Tyler mientras yacía en su tapete designado en el toldo de la enfermería. Solo no podía sacárselo de la cabeza. Era como si estuviera atormentándolo como un recuerdo doloroso. Era como si... se sintiera culpable.

Otto intentaba llamarle la atención con señas, ya que estaban en medio de un juego, y era el turno del Tepig. Reconociendo aquella expresión en su hermano, apartó las semillas hacia un costado y se sentó junto a él en su tapete. Tyler levantó la mirada, pero se perdió nuevamente.

—Acabas de decirme que querías jugar... ¿ya no quieres? —preguntó el Oshawott, obviamente consternado por su situación—. Vamos, tienes que reaccionar. Desde que entramos aquí en la enfermería no has hecho más que quedarte con esa mirada vacía.

—Sí... —murmuró Tyler, sacudiendo la cabeza e intentando mantener la vista en Otto—. Lo siento... Es solo que...

—¿Te sigue preocupando lo de la explosión?

—No... Bueno, sí, pero no es eso...

—¿Es por lo que ocurrió aquí? —insistió Otto algo contrariado—. Mira, Tyler, no creo que hubiéramos podido hacer algo para evitarlo: por lo que comentan todos, esos Arcanine podrían habernos destrozado. Has visto lo que le pasó a papá...

—Bueno, sí... —masculló el Tepig, mirando al tapete de enfrente, en donde se encontraba Momo durmiendo, con su brazo roto... Apartó rápidamente la mirada—. Pero lo que me molesta es, ya sabes... Estela.

Otto, que tenía el ceño ligeramente fruncido, entristeció su semblante—. Mira, Ty, a los dos nos hubiera encantado haber visto a Estela... y creo que a todos los pobladores... Además, cabe mencionar que más de la mitad de Pasaje cree que eres tú al que secuestraron.

—Bueno, desearía haber sido yo, y no ella... —murmuró Tyler.

El Oshawott frunció el ceño.

—¿Sabes qué? —dijo disgustado—. No es que desee que ella esté en esa situación, pero deberías estar agradecido de que no hayas sido tú. Tal vez haya sido casualidad que no estuvieses aquí cuando ocurrió, o tal vez fue destino; eso no importa. Lo importante es que se te ha concedido la oportunidad de vivir tal vez un tiempo más en este pueblo que amas.

Ahora fue el turno de Tyler de enojarse, dirigiéndole la mirada más furiosa que había hecho tal vez en su vida—. ¿Eso crees? ¿Prefieres pensar que las cosas injustas ocurren por destino (o casualidad, como quieras llamarle) y que no podamos hacer nada para cambiarlo? Y encima, quieres que esté agradecido. ¿Sabes, Otto? No. No estoy conforme, ni agradecido. Preferiría haber sido secuestrado yo que aquella pobre niñita recién nacida.

Otto se dio cuenta de que sus palabras no habían sido las mejores. Y peor, había enfurecido a su amigo—. Perdona, hice que me malinterpretases. Jamás desearía que esto le ocurriese a nadie, ni a Estelita, ni a ti, ni a nadie.

—Yo aún menos.

Tyler giró un poco la cabeza hacia el lado contrario, para evitar la mirada con su amigo. Otto se dio cuenta de que sería mejor dejarlo solo por un momento, ya que conocía demasiado bien la personalidad del Tepig; era bastante explosiva. Se alejó un poco, y se dispuso a ordenar las semillas del juego que habían empezado hacía un momento. Tyler volvió a sumirse en sus deprimentes pensamientos sobre el destino de Estela, negándose a aceptar lo que Otto acababa de decirle. Sí, tenía otra oportunidad de vivir en aquel pueblo, pero jamás sería capaz de disfrutarla si sabía que alguien cercano no podría.

De repente, todo el ambiente de la enfermería le pareció sofocante.

—Iré a tomar aire —le dijo a Otto, que lo miró y asintió.

Antes de dirigirse a la salida del toldo, echó un vistazo a Momo. Dormida pacíficamente como siempre. Hasta parecía que empezaría a babear de un momento a otro.

Salió a la calle, llamada la Segunda Avenida, que ahora ya parecía un poco menos ajetreada de tantos heridos. Inspiró y espiró el fresco aire, pero no se alejó demasiado de la entrada de la carpa. Con el rabillo del ojo, vio a un grupo de Pokémon conversando con gravedad sobre los eventos recientes. Vio a las hermanas Delcatty, vecinas de la Sra. Ambipom; la misma Sra. Ambipom; también estaba la pareja de Sealern, la Sra. Floatzel; tres Electabuzz, de la familia de Electabuzz del borde del pueblo que Ty no conocía demasiado bien; y por último, el hermano de Angus el Breloom. El Tepig no pudo evitar esconderse un poco cuando llegaron a sus oídos algunos fragmentos de su conversación.

—... a Tyler. Yo ni siquiera sabía que había otro Tepig, y encima un bebé.

—Lo que yo escuché fue que Tyler no estaba, y que se confundieron, así que se llevaron a la bebé.

—Oh, pobrecilla... Ella no se merecía esto...

—Selena, ninguno de los dos se merece esto. La verdad, nadie se merece esto. ¿De dónde rayos salieron esos Arcanine?

—Tal vez Selena tenga razón. La pequeña no se lo merecía. Los Arcanine buscaban al otro, a Tyler.

—¡No estoy diciendo eso, bestia! ¿Cómo se te ocurre?

Tyler abrió mucho los ojos y se retiró de la entrada, alejándose de las voces e ingresando nuevamente en el toldo. Con todas sus fuerzas, intentó bloquearlas, rechazarlas, evitar que llegaran al alcance de la parte lógica de su cerebro, aquella parte que le hacía ver las cosas como eran en la cruda realidad luego de haberlas analizado fríamente. ¿Cómo que lo estaban buscando a él? ¿Qué querían decir? ... Pero se dio cuenta de que era cierto. Casi nadie sabía que Estela había nacido hasta hoy en la mañana, así que era natural que pensaran que Tyler había sido el secuestrado. Y si eso era cierto... quizá los Arcanine, en primer lugar, no habían estado buscando a cualquiera de los dos Tepig que vivían en Pasaje. Quizá solo habían estado buscando a uno en particular.

Y supo, bien dentro de su alma, que aquel Tepig no tendría que haber sido Estela.


Dejen sus comentarios, por favor ^^

Rak, eres todo un artista



.- Pokémon Mundo Misterioso: Resistencia Plateada -.

---> ¡Concurso en marcha! <---
¡No se lo pierdan!

Pásense por mi página de Deviantart: WillChar96


Otras asombrosas firmas charmandescas (?):


Gracias onix ^^.

#34
No puedo creer que este fic se haya quedado sin ningún comentario, es bastante injusto. Yo tenía bastante tiempo sin pasar por aquí y me molesta encontrarlo en la última página. Eso no seguirá así (hum).

Pero miren, resulta que acerté, era Atlas xD. Hubiese sido excesiva la presencia de Giovanni, supongo que él aparecerá exclusivamente en situaciones de suma importancia.
Lástima que para Brock y Seth, Atlas no sea tan tonto. Pero es que los nervios no daban para mucho y, aún a su pesar y luego de fallar en su misión, salieron muy bien parados de la situación. Ahora tienen uniformes y podrán planear algo cuando Atlas no esté de por medio.
Cuando Atlas los dejó irse, me imaginé que era una trampa, no creo que fuese tan tonto como para no notar lo extraño en ellos. Especialmente Brock, que era una cara conocida, uno no simplemente olvida ese rostro.
Con respecto a las reflexiones de Tyler, me huele a un futuro plan de rescate para Estela. Quizás me equivoque. De lo que estoy segura es que me intriga el punto en que estas dos historias se encuentren, demasiada curiosidad para que mi cuerpo la soporte.

Otra cosa, por un momento me asusté del Pidgey. Imaginé que podía tratarse de Mew, pero también creí que era un pajarito soplón. Y por cierto, ese Mew sabe adular a los demás, es todo un loquiolo.

Como tenía tiempo sin comentar se me olvidaron los nomnres de los personajes. Te comento porque recientemente usé el nombre de Momo y no recordaba que era la Gible de tu fic. Espero no te moleste la coincidencia, lo saqué de Sumomo y necesitaba un nombre que sonara absurdo para el personaje al que llaman así, más no es definitivo, es provisional hasta que diga su nombre. Es que me pareció gracioso, no sé si mi subconsciente me hizo una mala jugada xD

A veces no estoy muy pendiente del deviantART aunque parezca lo contrario, así que espero que tengas otro capítulo y espero que sigas publicando aquí, que es un fic muy bueno :3

Pokiu.

EGN: Hoy es el fin del mañana
65 - Todo se paga
#35

Capítulo 10: Desviación

Capítulo 10: Desviación

Bueno, no es que quise que esto quedara sin actualizar, pero no recibí comentarios en un laaaaargo tiempo (lol). El capítulo que les traigo hoy ya lo había publicado hace tiempo en fanfiction.net. Me gustaría agradecer a @OnixTymime por haber revivido mi fanfic en el foro *^*.

OnixTymime:

Gracias, Onix, por revivirlo!!! +.+ -confetis infinitos para toda la vida (?)-

Ya tengo escrito hasta el capítulo 12, más un Interludio, así que cuando reciba más comentarios, los publicaré también ^^.

Sí, era Atlas. La verdad es que este capítulo fue el peor bloqueo que tuve hasta ahora. Había algo en la escena original que no cuadraba, y simplemente no podía pensar en una forma de continuarla efectivamente... Así que es un poco diferente a la idea original que tuve. El título del capítulo 10 (el que publico ahora), "Desviación", es en parte una alusión al cambio que hice en la historia. Lo que cambié no es muy grande, pero tal vez agregue uno o dos capítulos más al fic entero.

Te estas precipitando con lo de Tyler, déjale pensar un poco (?). Tranquila, pero ten en cuenta que el encuentro podría tardar un poco en concretarse :P.

Nah, el Pidgey era efectivamente Mew. Pensé que un pajarito no levantaría sospecha xD.

Bueno, tengo que admitir que yo tampoco bauticé a la Gible. Una amiga me ayudó a comenzar hace más o menos un año, y ella sacó el nombre de no sé dónde xD. Nah, puedes usarlo sin problemas ^^.

La verdad lo estuve posteando en fanfiction.net, y en DeviantArt solo hacía publicidad xD.

Gracias por seguir leyendo, Onix ^^





Escenas eliminadas del capítulo anterior:

Escenas eliminadas

Dicho esto, siguió examinando el diagrama con extremo cuidado, a veces señalando secciones del mismo o farfullando cosas ininteligibles. Seth se puso de pie, y extendió un poco las piernas. De repente se preguntó dónde estaría Mew en aquellos momentos. O el Pignite. Miró hacia arriba, hacia el parche de cielo que se veía entre los edificios que cerraban el callejón. No percibió movimiento alguno que pudiera señalar la presencia del legendario Pokémon. No supo por qué, si era por todo lo que había ocurrido hasta ahora, o simplemente por las abrumadoras noticias que había recibido; pero sentía algo nuevo. Era como si una sensación hubiera surgido dentro de él, tal vez latente hacía tiempo, y se había despertado con la llegada de aquellos dos Pokémon.

Se sentía vivo de nuevo. Podía percibirlo; en cada latido de su corazón, en cada información que recibía con sus sentidos. Era como si se sintiera más completo, más lleno.

Se prometió algo muy dentro de él, quizá en los confines de su adolescente mente. Encontraría a su hermano, y no descansaría hasta hacerlo.

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Mientras se acercaban, los oficiales encargados de la guardia los miraron con atención antes de volver a desviar la mirada sin sospechar de nada. La verdad, todos los gorros negros parecían hacer lo mismo: posaban sus ojos por unos momentos en ellos, luego los volvían hacia otra dirección. “Tal vez estos uniformes hacen magia”, pensó irónicamente Seth. “O quizá son tantos que ni siquiera se conocen entre ellos.”

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Mientras se acercaban, los oficiales encargados de la guardia los miraron con atención antes de volver a desviar la mirada sin sospechar de nada. La verdad, todos los gorros negros parecían hacer lo mismo: posaban sus ojos por unos momentos en ellos, luego los volvían hacia otra dirección. “Tal vez estos uniformes hacen magia”, pensó irónicamente Seth. “O quizá son tantos que ni siquiera se conocen entre ellos.”

—Bueno, le dije a Eco que activaría los “ya sabes qué” cuando llegáramos, así que... —le dijo Brock a Seth cuando estaban a unos metros de la entrada. Se llevó disimuladamente una mano al bolsillo derecho, y presionó el silencioso por sobre el pantalón negro—. Ya está. Ahora, no te separes de mí, ya sé cuál es el camino. Y no digas nada.

Llegaron finalmente a las puertas automáticas de vidrio, que se abrieron justo cuando a tiempo para dejarles pasar tranquilamente. Una vez más, Seth estuvo impresionado por el interior del edificio. A pesar de que no era tan amplio como el vestíbulo del Ayuntamiento, ni tampoco tan grandioso y cálido, el salón principal del edificio de Silph era--





Avanzando, con el décimo capítulo (después de tanto tiempo):






11. Capítulo 10: Desviación

CAPÍTULO 10

Capítulo 10



Cuando la noche hizo su aparición, fue mayormente ignorada en Pueblo Pasaje. Incluso después de varias horas del impactante incidente de los Arcanine, los pobladores, junto a los refuerzos de Raicueva, trabajaban sin cesar para remover escombros, apagar incendios, o atender heridos; todo en un frenesí que al parecer estaba quitando horas de sueño a más de uno. Se había enviado mensajeros a las ciudades cercanas, para hacer correr la voz del ataque, y prevenir alguno inminente en otras localidades. También se mandó una procesión de Pokémon a Ciudad Risco para anunciar el deceso y llevar el cuerpo de uno los Bagon guardianes que había muerto durante el ataque.

El Alcalde ya no dormía. Permanecía sentado en su cama, ya que se le negó salir a lanzar órdenes al pueblo en su estado de salud. Por supuesto, la Sra. Gabite le hizo compañía toda aquella tarde, y también un buen número de sus hijos. En un punto, el Alcalde pidió que se anunciara que, a la mañana siguiente, habría una asamblea general en la fachada de la Alcaldía para discutir los eventos recientes, y quizá las soluciones. Luego de aquello, el Alcalde se dispuso a mantener una conversación trivial (casi sombría) con su pareja, con la ocasional participación de alguno de sus hijos.

En el toldo de la enfermería, estaban Momo, Otto, y el resto de los heridos. Varias antorchas pequeñas habían sido encendidas al lado de los tapetes de cada paciente para que el local no quedara a oscuras. Los Raichu habían recomendado a los heridos que durmieran, ya que así acelerarían su proceso de sanación. A diferencia de Otto, aquello no fue un problema para Momo, ya que ella todavía dormía desde hacía varias horas atrás. La nutria permanecía con los ojos bien abiertos, sin poder dormir, lanzando eventuales miradas impacientes al tapete de su amigo que aún no había vuelto de su paseo.

Tarde o temprano tendría que ponerse de pie para extender las patas, pensó él, así que se levantó y se dirigió a la entrada. Uno de los médicos lo interceptó, pero después de dar una breve explicación de su salida, lo dejó pasar, y emergió en la destrozada y oscura Segunda Avenida. El ambiente no estaba tan quieto y silencioso como él se imaginó que estaría: el Sr. Electivire, junto a un Granbull y el Sr. Ambipom, removía escombros de una casa cercana; mientras que, más abajo en la avenida, podía ver a la Sra. Floatzel lanzar agua a un montículo de restos humeantes. También vio a un Raichu acercarse, trayendo medicina y vendas para tratar a los heridos.

Lanzó una mirada hacia la destrozada fachada de la Alcaldía, de la cual solo una ventana despedía luz del interior. Se imaginó que ese podría haber sido el destino seguro de su hermano, pero una corazonada le dijo que no se encontraba allí; más bien, aquella corazonada le proveyó del lugar exacto en donde Tyler seguramente estaría. Era un lugar secreto para la mayoría. Tan secreto, la verdad, que ni siquiera Momo estaba al tanto de su existencia. En realidad, de no haber sido porque Otto había espiado al Tepig acudir a ese escondite, jamás lo hubiera sabido él tampoco.

Recordó aquel día, hacía más o menos un año, en que siguió a Tyler hasta aquel confidencial lugar. No había sido la época más alegre de su vida, y el Sr. Garchomp siempre solía decir que los peores días son los más fáciles de recordar. Había sido durante la estación fría, a finales de otoño, y en una de las épocas más gélidas que pudo recordar en su vida. Aunque el clima siempre había sido agradable en Pasaje, aquel tiempo había sido una excepción; en las mañanas, los techos y las calles del pueblo aparecían cubiertos de una fina escarcha blanca que se derretía inmediatamente con las primeras lamidas del sol. A eso se le sumaba una helada brisa que soplaba y entraba por las ventanas y orificios de las puertas en las horas de la madrugada. Todo el pueblo tuvo que trabajar sin descanso para traer leña y madera seca del bosque cercano para encender fogatas en las casas, ya que se había vuelto imposible continuar con los cultivos debido a la temperatura.

Entonces, Otto y Tyler todavía vivían en la Alcaldía, y no en la cueva en los límites de Pasaje. Ambos dormían en tapetes con Momo y el resto de sus hermanos. En esas noches difíciles de olvidar, el viento traía consigo una temperatura glacial, y los niños terminaban acurrucándose junto a la Sra. Gabite cuando era la hora de dormir. Conforme avanzaba la estación hacia el invierno, el sol pareció perder gradualmente su calidez, y solo servía de alivio momentáneo antes de las nuevas horas de fría tortura nocturna.

Y con todo eso en la mente, Otto comenzó a caminar en la dirección contraria a la Alcaldía, dirigiéndose hacia las afueras del pueblo, hacia donde pensaba que su hermano se encontraba. A su alrededor todavía podía ver aquellas pilas de madera y leña que no se habían usado en las chimeneas durante aquella helada, quedando como reserva o simplemente como un recordatorio de esos tiempos de adversidad. En ese momento, la noche otoñal era agradable y fresca, casi como una tarde de primavera, y no era nada parecida a las noches de la helada del año pasado. Se acordó de que algunos pobladores habían dicho que fue un castigo de Articuno, pero no recordó la razón.

Sumergiéndose nuevamente en su memoria, Otto se vio a sí mismo y a Tyler como pequeños de uno o dos años de edad: inexpertos, frágiles y necios. Otto, aunque joven, ya era capaz de leer y escribir, y ya había adquirido cierto control sobre su elemento acuático, gracias a las enseñanzas de Sealern, el ayudante de su padre. Tyler, por otro lado, no conocía a nadie que pudiera enseñarle sobre su propio elemento, el fuego. El único Pokémon con afiliación al fuego que tenían cerca era otra de sus hermanos adoptivos, una Vulpix de cola blanca llamada Faia. Según lo que Otto había leído, los Vulpix tenían la cola blanca hasta que eran capaces de usar su fuego correctamente, o hasta que llegaban a la adultez, por lo que Faia era tan inexperta como Tyler.

Por supuesto, no tener a nadie que le pudiera enseñar era muy frustrante para Tyler. En sus peores momentos, el Tepig se enfurruñaba en su tapete, y se negaba a salir a jugar. Incluso había ocasiones en las que el cerdito desaparecía completamente, sin volver a aparecer hasta casi al final del día (con los ojos hinchados y enrojecidos).

Continuando con su camino, y antes de llegar al quemado arco de entrada del pueblo, Otto dobló a la derecha en una calle lateral. Divisó una silueta oscurecida en la entrada de la última casa antes de la línea de árboles (la casa de los Electabuzz, a simple vista, por la arquitectura de la edificación), y al mirar mejor se dio cuenta de que era Ray el Elekid. El pequeño estaba intentando transportar un gran balde de aspecto muy pesado. Entre gemidos y gruñidos de esfuerzo, el pequeño había dejado un rastro de agua desde el estanque a varios metros de distancia en su intento de transportarlo. Otto, desviándose por un momento, se acercó con intenciones de ayudarlo.

—Oye, Ray, ¿necesitas una mano con eso?

El pequeño se levantó la cabeza y lo saludó, sonriéndole.

—¡Oh, Otto! Ya estás de vuelta. No, no, solo lo llevaba hasta allí —señaló una madera que todavía echaba humo, pero que no tenía llama visible—. No me gustaría que se encienda de la nada y queme algo. Además, está muy cerca de las flores de mamá... —indicó un montículo de tierra con algunos tallos secos y pisoteados—. O lo que queda de ellas.

El Oshawott se aproximó, frotó las manos una con otra, sujetó el borde de la cubeta con el Elekid, y lo ayudó a llevarlo hasta la ardiente madera. Entre los dos lograron ladear el contenedor y echar el agua, acabando con el latente peligro.

—¡Vaya! Gracias, Otto —exclamó Ray, soltando una chispa entre sus dos antenas—. Eres fuerte. ¡Apuesto a que estás a punto de evolucionar!

Otto rio ante la declaración y casi se sonrojó—. Pues, no sé... —hizo un gesto evasivo con la mano—. Oye, Ray, has estado aquí todo este tiempo, ¿no? Por las dudas, ¿no has visto a Tyler? Digo, ¿no ha pasado por aquí o algo?

—Eh... Sí, creo que lo vi pasar por aquí hace mucho —dijo el Elekid. Luego señaló el bosque—. Se fue por allí. Le dije ‘hola’, pero estaba corriendo y no me escuchó. A mí no me dejan ir allí...

—¿Por allí? —quiso confirmar la nutria, chasqueando los dedos mentalmente. Bingo. Estaba confirmado. Ya sabía con seguridad dónde se encontraba el Tepig—. Iré a buscarlo ahora mismo, ya es tarde. Gracias, Ray.

—¡De nada! —exclamó el Elekid, echando a correr hacia su casa—. Mamá me regañará si no me encuentra en la cama... ¡Suerte!

Otto retomó su camino, dirigiéndose esta vez más seguro hacia la línea de árboles que albergaba la ubicación de su amigo. Se adentró lo suficiente para perder de vista al entusiasta Elekid.

Por supuesto, aquel no era un camino que frecuentaba mucho. Su cueva hogar no se encontraba por allí. Si quería llegar a su casa, simplemente tenía que ir al bosque que comenzaba justo al final de la Segunda Avenida. Pero esta parte del bosque era diferente, sin camino distinguible que seguir. Tenía un aire distintivo, parecía un poco más frondoso, de alguna forma, al no tener un sendero marcado. Una fría brisa barrió desde el interior, causando que un escalofrío bajara por su espalda. Sin darle otra vuelta más al asunto, se internó aún más.

La verdad, sentía la misma incertidumbre que aquella vez cuando siguió a hurtadillas al Tepig en su huida, durante la terrible helada. Aquella vez, en uno de los días más fríos que recordaba, Tyler, Otto, Momo, y algunos más de sus hermanos habían estado jugando en el dormitorio en la Alcaldía, cuando escucharon una conversación que vino de la habitación contigua, tal vez una que no deberían haber oído. En un arrebato de furia durante una conversación con su esposa, el Alcalde se había descontrolado.

“¡¿Cómo es que nos cuesta tanto encender un simple fuego?!”, había gritado el Garchomp, golpeando la pared con el puño. “¡Los pobladores sufren por el frío! ¡Los cultivos ya no sirven! ¡¿Sabes lo que esto le está haciendo a nuestra economía?! ¡Ni siquiera podemos mantener calientes a todos estos niños!”, continuó, para luego agregar en un potente gruñido. “Y ese Tepig... ¡El día en que un poblador, UN poblador, amanezca muerto por hipotermia, echaré toda la culpa a ese niño! ¡Es un Pokémon de fuego, por un demonio! ¡¿Cómo es que el único Pokémon de tipo fuego que existe en este pueblo no pueda hacer fuego?! ¡Es ridículo! ¡Un chiste!”

En realidad, no solo Tyler había escuchado el griterío del Garchomp; quizá también el pueblo entero. El pobre Tepig había sentido tanta vergüenza cuando todos giraron la cabeza hacia su dirección. Había salido corriendo de la habitación, con las lágrimas ya incontenidas, antes de que cualquiera pudiera detenerlo. Lanzándole una última mirada a la Gible, Otto había hecho una carrera para seguirle el paso a Tyler. No estaba seguro si su amigo sabía o no que él lo estaba siguiendo, pero eso no interesaba. No tenía que perderlo de vista.

El cerdito había corrido casi a ciegas, apenas esquivando a los pocos Pokémon que pasaban trayendo madera del bosque. Al salir del edificio, Otto logró divisarlo justo cuando doblaba hacia la derecha en una calle lateral. El Oshawott empezó a correr con todas sus fuerzas, en un intento de que no se escapase de su campo de visión. Finalmente, al doblar en la misma esquina, vio que ingresaba al bosque. Otto lo imitó, y también entró. Esquivando los árboles justo a tiempo mientras intentaba no tropezar, la nutria distinguió más adelante una enorme roca de color arcilla, pero ya no vio al Tepig. La roca tenía por lo menos cuatro metros de alto y diez de longitud. Notó algo peculiar en la roca: estaba partida a la mitad, con una enorme grieta corriendo desde el suelo hasta su cima, creando una separación entre ambas partes lo suficientemente ancha como para poder apretujarse para entrar.

Sin ponderarlo demasiado, hizo todo lo posible para achicar su cuerpo y empezó a arrastrarse por la grieta. Aunque había sido bastante estrecha en un comienzo, notó que no solo se ensanchaba, sino que también subía en pendiente. En un punto, la roca se unía, tapando el cielo sobre él, pero el túnel continuaba más adentro en perpetuo ascenso. Podía ver el interior del túnel, ya que al final había como una abertura que dejaba entrar la luz solar. Apuró un poco más su avance, resbalándose en la húmeda superficie de la piedra. Una o dos veces tuvo que sacarse arañitas que intentaban subir por sus brazos.

Cuando llegó a aquella apertura, lo primero que vio fue la Planicie del Este, aquel prado que se extendía por kilómetros en la base de las montañas y en donde se asentaba Pueblo Pasaje. Luego, al levantar la mirada, notó que había un techo de piedra. Al verificar sus costados y abajo, se dio cuenta de que era como la boca de una cueva. Pero, lo que más lo impresionó fue que, aparentemente, no era accesible desde el nivel del suelo, sino que estaba elevada. ¡Era como un balcón natural con vista a la Planicie del Este! Y, posando su vista en el medio de la escena, vio a un desmoronado Tyler, con la cabeza entre las patas delanteras.

La entrada del balcón, lugar en donde se encontraba Otto, estaba a un metro del suelo de la cueva. El Oshawott no había notado aquello, por lo que al bajarse sin mucho cuidado, cayó de cabeza. Al escuchar el estruendo, su amigo se volvió hacia él con brusquedad. Con los húmedos e hinchados ojos como platos, el Tepig se acercó al Oshawott.

“¿Q-qué estás haciendo aquí?”, le había preguntado con voz quebrada. Otto levantó la cabeza del suelo, con una pequeña lágrima cayendo por el dolor. El Tepig desvió la mirada. “Pensaba que... este lugar era...” había agregado en un murmullo.

“Ty...”, le había dicho el Oshawott, levantándose del suelo. “Te seguí... porque no quería que estuvieras solo otra vez”.

El Tepig se dirigió nuevamente a su posición anterior, ante el espléndido paisaje del prado. Su amigo lo siguió.

“Sé lo que has pasado estos días”, había continuado el Oshawott. “Pero si te comportas así, es más difícil para todos ayudarte”. Como el cerdito no le había respondido, continuó. “Podemos hablarlo tranquilamente ahora. Soy tu amigo, y también tu hermano, después de todo”.

“... Tú...”, se había esforzado por decir. “Tú... no lo entiendes”.

“Vamos, Ty...”, había intentado Otto, “sé que es duro... No es tu culpa. Controlar nuestros elementos es algo difícil”.

“Es fácil decirlo para ti, ¿no?”, había respondido el Tepig, con la voz temblorosa. “Es fácil decirlo cuando tú si puedes usar el tuyo”.

Otto se quedó callado, ya que era cierto.

“Pero es cierto, ¿v-verdad?”, había continuado Tyler. “Se siente genial poder usar tu agua. Se siente genial que alguien con experiencia te enseñe a hacerlo... Siempre estás con el Sr. Floatzel, y él te enseña... No lo entiendes, en el fondo”.

“No digas eso...”

“Es ridículo, ¿no lo crees?”, el Tepig había empezado a elevar ligeramente la voz, ignorándolo. “Es un chiste, como dijo papá. ¿Cómo es que un Tepig, un cerdo de fuego, no sea capaz de usar su fuego? Y justamente cuando más necesitamos fuego, en este frío, yo... no soy capaz de compartirlo”. Tyler había mirado a Otto a los ojos, y luego hacia su pecho. “Lo siento dentro: está ahí, calentándome... Pero, por alguna razón, no puedo hacer que salga... cuando quiero...”

Una vez más, las lágrimas habían empezado a caer por sus mejillas. Otto lo comprendía. Comprendía cuán frustrante era aquello. Quería ayudarlo con todas sus ganas, pero no sabía cómo. Aquello estaba definitivamente fuera de su alcance como el Pokémon de agua que era. Si tan solo fuera un Pokémon de fuego, tal vez podría darle consejo, asistirlo. Pero no era el caso. Miró con tristeza al Tepig, buscando en su mente qué podría hacer para mejorarle los ánimos.

“No le hagas caso a papá...”, había intentado Otto. “Sabes que no lo dijo en serio”.

“Yo... estoy cansado de él”, le había respondido el Tepig. “Estoy cansado de que sea de esa manera. Él no sabe lo que es este sufrimiento. No sabe cuánto duele no poder encontrar tu naturaleza. ¡Se supone que soy un Pokémon de fuego! ¡Tengo que hacer fuego!”

“Sabes, hagamos una promesa”, había dicho el Oshawott, sacándose la vieira de su vientre. “Por la marca que pondré en esta vieira, prometemos que algún día nos mudaremos de la Alcaldía y tendremos nuestra casa propia. Así no tendremos que soportar las reprimendas de nadie”.

Tyler lo miró con los enrojecidos ojos como platos. Finalmente, dio un asentimiento de conformidad. Otto procedió a agarrar una roca cercana y a dejar una pequeña rajadura en la parte interior de la almeja. Luego, puso otra marca justo al lado.

“¿Y para qué esa otra?”, le había preguntado el Tepig, cuyo torrente de lágrimas ya se había detenido.

“¿Esta? Esta otra... es porque no descansaré hasta lograr que controles tu fuego”, le había dicho el Oshawott con un guiño. Luego se puso de pie y le extendió la mano. Tyler lo miró con asombro, y sonrió.

Y ahora, en aquella fatídica noche, todo parecía diferente. Sacándose la vieira de su posición, Otto pasó la mano por las dos pequeñas marcas que había hecho ese día. Luego, levantó la mirada hacia la enorme roca fisurada, distinguiendo la silueta en la oscuridad de la noche. Al tantear por un momento la superficie de la piedra, encontró con rapidez la fisura que le llevaría a su extraviado amigo. Antes de apretujarse para ingresar, se colocó la vieira en el vientre. Fue un poco más complicado subir esta vez, por las condiciones de luz, y varias veces se golpeó la cabeza con salientes.

Al llegar a la entrada del balcón, presenció la enorme y brillante luna llena rodeando la inmóvil silueta de un Pokémon: Tyler. Se bajó con cuidado, aterrizando con suavidad, y se dirigió hacia su amigo. El Tepig ni se inmutó cuando la nutria se sentó a su lado. Tenía la mirada fija en el blanco astro, que se reflejaba como una pequeña perla en sus ojos, y estaba inmerso en su propio mar de pensamientos.

—No sé cómo, pero me imaginé que estarías aquí —dijo Otto con la voz rasposa, contemplando también la luna.

—Debes ser psíquico —comentó categóricamente Tyler, quebrando su ensimismamiento y echándole un vistazo al Oshawott. Otto no estuvo seguro si su intención fue la de hacer una broma, ya que la voz de Tyler parecía monótona—. Veo que este lugar ya no será jamás privado de nuevo...

El Tepig desvió la mirada. Pero luego, entristecido, bajó las orejas. Otto pensó que lloraría, y se preparó.

—Ty... —comenzó. El cerdito levantó los ojos, pero no había tristeza; era algo más.

—Otto, yo... —dijo Tyler, abriendo y cerrando la boca varias veces—. Yo... he pensado en todo lo que nos pasó hoy, y... creo que no es justo. Nada de lo que pasó hoy es justo. Yo... solo quería que esto fuera la mejor aventura de mi vida, y quería compartirla con ustedes, y...

—No, Ty... —intentó decir Otto.

—Es en serio... —continuó—, lo único que logré fue que nos peleáramos... Siento tanto que te haya tratado así allá en la montaña, tú no eres un cobarde...

—Ya te disculpaste por eso, no hace falta...

—Si solo no hubiéramos salido, tal vez Momo no se habría roto el brazo, y... Y tal vez... esos Arcanine...

—No lo digas —le cortó Otto, consciente de lo que quería decir en aquellos momentos—. Ya hemos hablado sobre esto.

—¡Pero ella es un bebé!

—¡Y tú eres mi amigo! —le dijo enojado Otto, levantándose. Estaba harto de que pensara de esa forma, de que él fuera el que debiera sufrir en el lugar de los otros—. Yo no quiero perder a nadie, ni a ti, ni a Momo, ni a mi familia. No me digas que tú deberías haber ido en su lugar. ¡No lo digas! ¡No lo digas o te golpearé! —agregó elevando una de sus patas—. ¡Y no! ¡Tampoco pienso que esté bien que Estela fuera en tu lugar!

—Pues, suena a que sí... —dijo Tyler, casi en un murmullo.

—¡No! —exclamó la nutria—. ¡No y no! Te lo dejaré claro: lo que yo deseo es que esos Arcanine jamás hubieran venido aquí. No digas las cosas como si fueran algo irremediable... Eso no es cierto...

—¿Qué quieres decir? —le preguntó ahora Tyler, frunciendo un poco el ceño—. ¿Quieres decir que nosotros podríamos haber evitado esto? ¡Somos una baya en comparación a esos monstruos! ¡Nos habrían aplastado sin vacilar! Lo mejor para todos hubiera sido que yo fuera en lugar de ella, ¡y no me interesa si me golpeas!

Ambos se miraron por unos momentos, pero luego Otto soltó un suspiro y volvió la vista nuevamente hacia la luna.

—Ya lo sé —dijo Otto en una voz suave—. Ya sé que nos habrían hecho papilla... Pero, lo mejor para todos no hubiera sido que tú fueras; sino que nada de esto hubiera pasado en primer lugar...




—Comandante Atlas, lo llaman a Centro de Comandos. Se ha confirmado el resultado de la prueba de misiles, señor —habló una voz desde el teléfono de un escritorio. El militar se arregló el gorro mientras presionaba el botón para responder.

—Entendido.

Levantándose con tranquilidad, rodeó su escritorio de roble y se dirigió hacia la puerta. Cruzando el pasillo de los ventanales, echó un vistazo a las luces de la nocturna Azafrán mientras se encaminaba hacia el ascensor.

Luego de bajar hasta el sótano y salir del desierto elevador, dio reverberantes pasos hasta llegar a las puertas dobles de metal más adelante. Puso una mano en una caja al costado de la entrada, y, unos pitidos y ruiditos después, la puerta se abrió. Por un momento, pudo ver el enorme salón circular que se extendía ante él, antes de ser ocultado por la cabeza de su secretaria, que le pasó un interminable informe y lo guio hasta el Jefe de Operaciones.

El hombre, al verlo, hizo el saludo militar de Rocket. Su cabello azul oscuro estaba cubierto por la negra gorra de Rocket, y su distintivo uniforme le quedaba un poco holgado. No parecía haber llegado a los treinta, porque su cara mostraba cierta adolescencia. Sin embargo, no había llegado a Jefe de Operaciones por nada.

—Jefe Storm —saludó Atlas, haciendo un pequeño asentimiento con la cabeza. Se quedó mirando por un momento el informe, hojeando en un intento de cuantificar la extensión del documento—. ¿Y bien?

El Comandante miró al callado jefe de operaciones, notando algo de nerviosismo en su mirada y expresiones. Una pequeña gota de sudor se escurrió de su sien cuando habló con un timbre que rozaba lo agudo.

—Comandante, la primera prueba del misil F-01 fue prácticamente exitosa, señor —dijo el Jefe, con la mano todavía sobre la frente en son de saludo. Atlas escrutó por un momento al hombre, quien evitaba su mirada a toda costa—. Pero...

El Oficial de Rocket enarcó una ceja—. ¿Pero qué?

Storm intentó proferir algo, pero los nervios le jugaban una mala pasada. Atlas, por su parte, omitió todas las hojas hasta la sección final, la de los resultados. Pasó los ojos por cada línea de la página, chequeándolas.

—Veamos... El tiempo de ignición del combustible fue perfecto; reacción al comando de lanzamiento, bastante rápido... Excelente... Genial... —Atlas entornó los ojos en una línea particular—. Jum... Esto es raro... aquí dice que el misil no alcanzó el objetivo establecido. ¿Me puedes explicar qué significa eso?

Finalmente, el Jefe de Operaciones logró destrabar el nudo en su garganta—. B-bueno, eh... El misil iba en el curso indicado, pero por alguna razón, estalló antes de tiempo. Pero solo fue un margen de cinco segundos...

Atlas había levantado la mano para hacerlo callar. Dejó el informe sobre un escritorio, al lado de un ordenador, y miró al Jefe Storm con dureza.

—A ver... Storm —empezó a pasearse ligeramente en frente del Jefe, que ya había bajado la mano de la frente—. Tú sabes por qué te elegimos. Eres una persona capaz, que sabe apreciar las cosas como son, y que tiene una visión impresionante. La verdad, me impresionaría mucho que llegaras a ser peso muerto en nuestra organización, ya que sé que eres una persona proactiva. Si no nos fueras útil, estarías todavía en Sinnoh, paseándote por el Monte Corona mientras tu tío se burla de ti a tus espaldas. Eres un líder, un visionario, alguien que puede hacer cosas grandes. Nosotros vimos eso en ti.

Storm tragó saliva con fuerza, sosteniendo la respiración. Atlas detuvo su vaivén para mirarlo fijamente.

—Ahora, eres Jefe de Operaciones. Tu trabajo es hacerte cargo de toda esta sala —Atlas hizo un ademán, abarcando el salón circular entero—, y asegurarte de que todo funciona a la perfección. Todos tus trabajadores tienen que cumplir sus horas de trabajo, todos tienen que realizar sus asignaciones con precisión, y demás. Porque si solo una cosa sale mal, todo puede quedar en peligro de venirse abajo. Yo sé que no eres tonto, y sabes que tenemos a una organización de al menos tres mil hombres intentando echarnos del gobierno. Estos imbéciles no quieren dialogar o negociar; ellos quieren guerra. Y nosotros tenemos que darles guerra, ¿no crees?

Storm asintió. Atlas se acercó hasta que estuvo a centímetros de su rostro. Le habló en una voz muy sedosa; venenosamente sedosa.

—¿Y cómo, dime, cómo piensas dar una guerra con misiles defectuosos? ¿Cómo piensas dar una guerra con armas que estallan en tus manos al usarlas, o con granadas que explotan sin sacarles el seguro? Se supone que es tu trabajo asegurarte de que todo el armamento bélico se encuentre listo, porque una maldita guerra está a punto de estallar en las ciudades de Johto. Un solo defecto puede arruinarlo todo, Storm.

El Comandante se arregló el gorro mientras alejaba su semblante del sudoroso Jefe de Operaciones.

—Y ahora, si me permites, tengo que visitar el Cuartel de Inteligencia. Storm, volveré en una semana, y quiero otra prueba. Esta vez en otro lugar —al pasar al lado del hombre, le dijo en voz suave—. Soluciónalo, o en serio serás peso muerto.

Con reverberantes pasos, el Oficial se alejó del hombre, dirigiéndose hacia la puerta al otro extremo de la habitación.


Eso es lo que les traigo. Dejen sus comentarios y opiniones, por favor ^^

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Gracias onix ^^.

#36
No es nada, Will, como te dije, yo no puedo creer que tu fic se haya quedado sin lectores. No me parece justo D:

¿Luego me pasas tu usuario en FF.net? Yo también tengo cuenta ahí, pero tenía años sin tocarla.

Pues, permíteme decir que el cambio salió bastante bien, hubiera sido demasiada acción para Seth ingresar a la Silph Co. así de buenas a primeras, lo que sucedió fue más precavido y realista. Me gustó que no se precipitaran tan rápido.

Ahora, este capítulo fue algo fuerte, pero más que nada por lo que dice a Tyler su padre. Me parece algo injusto e inmaduro de su parte atribuirle la culpa a Tyler de algo que aún no ha pasado, además de que él puede aprender Lanzallamas y Día Soleado, que cínico.

Definitivamente, me encanta Otto, dentro de todo es bastante centrado y Tyler a veces es muy injusto con él, entiendo que se sienta mal y en esas ocasiones uno no mide lo que dice, pero vamos, él conoce bien a Otto y no es posible que crea que el Oshawott pudiese apoyar un secuestro. Por eso me alegró mucho cuando Otto le dice "Yo preferiría que no hubiese ocurrido nada", es muy sabio para ser tan joven *heart*

Con respecto a Atlas, lo que me intriga es lo que detuvo el misil, necesito saber xD

A Atlas se le da muy bien hablar, es bastante intimidante y sabe cómo manipular a sus subordinados. SUpongo que por eso es Comandante. Ah, pero un detalle... ¿Él no usa guantes? Porque sería bueno que señalaras que se los retira un momento para poder colocar la palma en el escáner, yo creo que le daría "caché" xD

Esperaré el siguiente capítulo entonces.

También me tengo que poner al día con Resistencia Plateada, pero a pesar de que sea muy bueno, me interesa más ponerme al día con tu fic ^^

Con respecto a lo de Momo, me alivia mucho saberlo, es que no me hubiese gustado que se generase algún malentendido. Uno nunca sabe. Igual, espero hacerle justicia al nombre (?)

Hasta la próxima, que te mejores :)

Pokiu.

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65 - Todo se paga
#37
OnixTymime:

Te paso mi usuario de ffnet ahora: WillChar96.

Con el cambio que hice en el capítulo anterior, podré desarrollar mejor algunas cosas xD.

Tengo que admitirlo, creo que Gamien es un poco más duro de lo que pensé. Pero tampoco era su intención que el cerdito escuchase, así que no sé si culparlo :P.

Me alegra que te guste Otto. La verdad, es uno de los personajes que más disfruto desarrollar. Lo pondría entre mis favoritos, también ^^.

Lo que detuvo el misil... Creo que eso será para otro día -se cubre con una capa negra y sale corriendo (?)-.

Pues, no había notado que tenía guantes xD. La próxima aparecerá con ellos, no te preocupes (?).

Resistencia Plateada está demasiado avanzado, no hace falta que te pongas al día xD. Pero dentro de poco publicaré un fic nuevo -vuelve a cubrirse con la capa y corre, pero se cae-. Espero que te llegue a gustar :P.

Gracias por seguir leyendo, Onix ^^





Esta vez, les traigo un pequeño capítulo especial:






12. Interludio: I

INTERLUDIO

I



Algo ocurre.

Lo sé.

¿Acaso puede haber algo que haya pasado por alto?

No estoy seguro... Pero, algo está sucediendo.

Nunca, en mi sagrada y prolongada existencia, sometida a ninguna de las barreras efímeras del tiempo, he percibido esto. Yo, cuyo ser no tiene comienzo ni fin, ya que fui creado en el mismo inicio. Yo, que no he de ser encadenado a sensaciones de seres de inferior estado de ser, puedo sentirlo. Una arruga. Una arruga que me afecta a mí y a mi elevado trabajo.

Por alguna razón, a pesar de que sé que la consumación de esta era está cerca, me siento obligado a analizar aquel rizo en mi lienzo. Ya he lidiado con esto antes. Bueno, a decir verdad, no: arrugas en la corriente temporal se curan solas.

Esta, sin embargo, es diferente. Se siente diferente. Es, nominándola de alguna manera, la más rebelde de las arrugas en esta línea temporal. La vi venir, por supuesto, y no tengo total potestad de cambiarla o tocarla. Pero, también, por supuesto, tengo la capacidad de removerla, si así es como ha de ser decidido. Pero ese no es mi trabajo. He puesto a un encargado para lidiar con esta clase de rizos, ya que yo estoy demasiado ocupado.

Aunque ya la había previsto, no me imaginé que llegaría a ser tan compleja, tan vasta, tan... insurrecta. Por lo menos, es solo potencialmente insurrecta. Es rebelde en el sentido que parece estar fuera de control. Pensaba y confiaba en que mi asistente la despacharía de forma inmediata, como ha ocurrido en algunas ocasiones antes (o después, en las diferentes líneas de tiempo).

Sin embargo, mi ayudante no da señales de estar activo en su único trabajo, el cual yo se lo asigné cuando le di forma y propósito por el que existir. Y temo que esa es la razón de la incertidumbre que por primera vez aparece en mi etérea forma.

Y he de admitir... Me distrae mucho.


Hoy es algo corto. Dejen sus comentarios y opiniones, por favor ^^

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Gracias onix ^^.

#38
A pesar de ser corto, este capítulo especial me gustó owo

Tiene que ser Arceus el que está hablando en este capítulo, tiene que serlo o sino... bueno... soy un fracaso adivinando xD

Me gustó mucho la forma en que redactaste este especial, es realmente sublime, fue un gusto leerlo. Sólo me hace imaginarme lo serio que es el asunto con el Equipo Rocket, tanto como para que Arceus comience a llamarle la atención el problema (bueno, que le moleste al menos). Ahora, nunca me gustó mucho la historia de Dialga/Palkia/Giratina/Arceus, así que no estoy segura de quién se supone encargó a Arceus para que se encargara de esas "arrugas", si Dialga o Giratina.

No sé si puedas sacarme de esa duda o si eso compromete demasiado el misterio. De igual modo, gracias xD

¡No huyas! ¡NECESITO SABER QUÉ DETUVO ESE MISIL! D':!!!

Y NECESITO SABER DE QUÉ SERÁ TU NUEVO FIC!!! D':

Supondrás que voy a esperar con ansias tus siguientes publicaciones, Will, me gusta mucho tu trabajo y seré tu fiel lectora... FOR EVAH >:3 *a menos de que el internet muera (?)*

Pokiu

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