El Mörk’Zvel cargo hacia Hildebrand con una gran furia, Hildebrand lo esquivo rodando hacia un costado, rápidamente tomo su gran hacha con las dos manos y golpeo con toda su fuerza al grueso pelaje y piel del Mörk’Zvel.
- ¿Ningún daño? – Dijo alarmante Hildebrand.
Retiro su hacha y retrocedió hacia atrás hasta chocar con un árbol, el Mörk’Zvel giro hacia donde se encontraba Hildebrand y lo miro fijamente a los ojos.
- Indio insolente, ¿crees que una estupida hacha lograra matarme? – Dijo con su gruesa y demoníaca voz el Mörk’Zvel.
Hildebrand, sorprendido por su voz, sintió como si algo le atravesara su corazón. La voz del Mörk’Zvel repelió todo el valor de Hildebrand, era una inquietante y amenazante voz gruesa.
Seguidamente, soltó una carcajada tan aguda que hizo que Hildebrand se tapara los odios, el Mörk’Zvel aprovecho su momento de debilidad y volvió a cargar hacia el.
Hildebrand apretó fuertemente su hacha y analizo la situación con los pocos segundos que le quedaban.
<<Viene hacia aquí>> Pensó, << ¡Espera! El árbol que tengo detrás quizás sirva>>.
Y así fue, a los pocos metros del Mörk’Zvel mientras se aproximaba, el con sus dos manos avanzo, clavo el hacha en su cabeza y salto impulsándose con el arma, soltando su enorme hacha, en un giro en el aire tal cual águila desvaino su cuchillo que estaba en su pierna derecha y aterrizo sobre el lomo de la criatura.
Furibundo, tomo los pelos de la cabeza del Mörk’Zvel y tiro hacia atrás, haciendo que su cabeza quedara unos poquísimos centímetros hacia arriba. Coloco el cuchillo en su cuello y empezó a serrar.
Un grito agudo mareo a Hildebrand, el Mörk’Zvel empezó a zarandearse de adelante a atrás.
- ¿¡ESO ES TODO!? ¡MUESTRAME MÁS! – Grito el colérico Mörk’Zvel.
En un arrebato del Mörk’Zvel por intentar que Hildebrand saliera de su cuerpo, lo lanzo hacia un gran Querqus mezclado con un Roble.
Aprovechando la situación, Hildebrand envaino su cuchillo y se escondió en el follaje de las hojas.
- Oh, el pequeño hombrecito quiere jugar a las escondidas – Dijo el demonio.
Cautelosamente Hildebrand se movía a través de las ramas mientras que el Mörk’Zvel desde abajo se movía para ubicarlo.
“Uno, dos abre tus ojos.”
El Mörk’Zvel comenzaba a cantar.
“Tres, cuatro prepara la cosecha”
Hildebrand bajaba lentamente por las ramas mientras sacaba el arco de su carcaj.
“Cinco, seis satisface mis antojos”
Hilebrant sigilosamente se ubico en un arbusto a la izquierda de la bestia, saco una flecha y tenso el arco.
“Siete, ocho ¡MUERE HIJO DE P…!”
El Mörk’Zvel giro bruscamente al arbusto donde se encontraba Hildebrand, cargo hacia allí y velozmente Hildebrand lanzo la flecha.
Un penetrante grito de agonía produjo Mörk’Zvel, la flecha había dado en el ojo rojo de aquel demonio, Hildebrand desvaino su espada y corrió hacia aquel desesperada criatura.
Hildebrand corrió hacia el flanco derecho de el Mörk’Zvel pero este intento devorarlo con su gran mandíbula. Hildebrand lo eludió deslizándose y agachándose a la vez.
En una zona donde el pelaje no llegaba y la piel comenzaba a ser más delgada, Hildebrand noto las costillas de la bestia, con gran supremacía penetro la gruesa piel con su espada entre dos costillas.
- Escucha, si me dejas tranquilo quizá evites algo terrible – Manifestó el Mörk’Zvel.
- No intentes salvarte de esta, estas muerto – Dijo Hildebrand – Y aprende a rimar, al menos.
En ese momento el Mörk’Zvel escupió su propia sangre al rostro de Hildebrand.
-Esto…
-Esto arde…
-Arde…
-¡ARDE!
-¡AAAAAAAGH! – Grito Hildebrand con sufrimiento, la sangre del Mörk’Zvel era un ácido puro.
Hildebrand intento correr desenfrenadamente pero el Mörk’Zvel ataco con una patada en la cara de Hildebrand y a su vez otra patada en su estomago, arrojándolo hacia atrás.
- No sabes que significa mi nombre ¿Verdad? – Decía el Mörk’Zvel mientras se acercaba hacia Hildebrand – Es una combinación de lenguajes antiguos, significa “Presagio de la Fatalidad” en tu idioma.
Con la poca fuerza que le quedaba, Hildebrand tomo de su cinturón una cantimplora de madera llena de agua y se la vertió por su rostro.
La sangre del Mörk’Zvel se diluyo, pero hizo que una parte de su rostro debajo de su ojo izquierdo se hinchara, tomo un cuchillo y hizo un pequeño tajo.
- Astuto, pero no tanto – Dijo el Mörk’Zvel que ya estaba aun mas cerca de Hildebrand – Por si no te das cuenta, te estoy dejando escapar y poder evitar algo…feo.
El tajo que había echo Hildebrand hacia que su cara se deshinchara, moribundo, se levanto y corrió directamente hacia el Mörk’Zvel.
- ¿Aun de pie? Esta bien pequeño tira-flecha, te are pagar por mi ojo. – Anuncio el Mörk’Zvel preparando sus cuernos.
Al poco tiempo de que el Mörk’Zvel intentara clavar sus cuernos en el casi-muerto cuerpo de Hildebrand, el osado guerrero se deslizo debajo del cuerpo de la criatura, con la fuerza del deslice tomo la espada y rasgo hacia abajo, haciendo una abertura gigante en el cuerpo de la bestia.
El grito de dolor resonó por todo el bosque, era un fuerte, acentuado y agudo grito que obligo a Hildebrand tapar sus oídos, al poco tiempo que termino el Mörk’Zvel se desplomo suelo.
Hildebrand tomo su hacha y golpeo repetidas veces en la herida mientras el Mörk’Zvel gritaba en cada golpe.
- Je, je, je te subestime pequeño hombre, aun así espero que sufr
AAAGH – Grito con dolor el Mörk’Zvel.
- Subestimarme fue tu error, criatura horrenda, espero que sufras en Tuonela. – Decía furiosamente Hildebrand.
<<Créeme, Tuonela será mejor de lo que será este mundo>>
Y esas fueron las ultimas palabras del Mörk’Zvel, cuando la herida finalmente se abrió una incontable cantidad de tinieblas negras y susurros salieron de el cuerpo de la criatura, rebelando que el cuerpo del Mörk’Zvel era solo un cascaron, un recipiente para el odio.
Verdes siluetas espectrales se formaron alrededor de Hildebrand, guerreros con sables, mazas, navajas y cuchillos, con prendas extrañas de tela y cuero, a algunos le faltaban dientes, otros no tenían pelo pero si una gran y larga barba, todos poseían un tatuaje extraño en su frente, una calavera rodeada de una serpiente devorando su propia cola.
Detrás de Hildebrand se encontraban los fantasmas de los guerreros que habitaban aquí, con unos grandes sombreros largos y un poco abombados y largas capas con agujeros en los costados para pasar los brazos, armados con lanzas, arcos y espadas con una hoja parecida a una espina.
Sorprendido, Hildebrand se echo para atrás, de forma que quedo en frente de las tropas nativas.
Las 2 hordas de guerreros avanzaron, gritaron y atacaron, pero cuando ocurrió el primer choque de armas el silencio reino y un susurro sonó desde la lejanía.
- Gracias…
El cuerpo de Mörk’Zvel desprendió un rayo de luz hacia el cielo, los fantasmas se disolvieron y los suspiros de paz resonaban en los árboles.
La densa oscuridad y las tinieblas desaparecieron, el sonido del viento y de los insectos conquisto el lugar.
El cuerpo del Mörk’Zvel no estaba pero en su lugar, rodeado de un césped gris, se encontraba el corazón del Mörk’Zvel.
Era pequeño, negro como un pedazo de carbón y frío como el hielo puro. Hildebrand lo tomo y lo guardo en una pequeña bolsa en su cinturón.
De repente, un sonido en la lejanía alarmo a Hildebrand. Era el cuerno de batalla de su tribu.
- El cuerno solo suena si hay una emergencia – Dijo dudoso - ¿Será lo que dijo el Mörk’Zvel? Mejor me apresuro.
En el cielo, una gran luz destellante indicaba el camino al norte, donde se encontraba su casa.
Le tomo un rato, pero salio rápidamente del Taiga.
- Veamos, ¿Dónde esta ese pergamino? – Dijo mientras buscaba en sus pertenencias – Aquí esta.
Se subió a su caballo, alzo el pergamino y recito lo que estaba escrito allí.
<Y antiguos dioses anunciaron
"Tu serás el aliento
Que inspirara al arte
Pues tu nombre es Viento
Y nunca pararas de alzarte
Pues tu viejo nombre, Lintukoto
Donde vuelan las aves, hágase a mi voluntad>
El pergamino se rompió a la mitad y velozmente desde el Sur, atravesando por el Taiga, unos grandes vientos fuertes y potentes impulsaron a Hildebrand y su caballo, ¡Iban el aun mas rápido que antes!
En la velocidad en la que iban parecían que volaban, el vigoroso caballo cabalgaba a través de las praderas, dejando un rastro de un gran viento huracanado.
Tan solo les tomo una hora en llegar a la aldea, cuando el efecto se estaba acabando, en la distancia se podía apreciar un brillo anaranjado, era fuego.
La aldea estaba destruida e incendiada.
Los cadáveres de los aldeanos yacían tumbados por todo el emplazamiento, grandes charcos de sangre formaban una ciénaga teñida de rojo y negro.
Era noche de luna llena y unas perversas carcajadas rompían el silencio, desde las sombras seres jorobados, de piel negros con un largo pelo de un color pálido que descendía desde la cabeza hasta la espalda, con garras en sus manos y en sus pies, largas orejas y pequeños cuernos.
La angustia y el miedo cruzaron la mente de Hildebrand, melancolía y pena, nerviosismo y desamparo, ansiedad y horror, odio e ira.
Eran cuatro y hablaban en un idioma extraño mientras movían su delgada y viperina lengua y torcían la cabeza.
- No… - Hildebrand se desprendió al suelo.
El sonido al desplomarse alerto a aquellos seres rebelando su cara, su boca recorría casi todo el camino de oreja a oreja, largos colmillos blancos manchados de sangre.
No eran bestias normales, no era nada comparado con lo que Hildebrand había visto hasta el momento, infundían muerte con su presencia y difundían el mismo temor que producía el Mörk’Zvel, eran demonios.
Uno de ellos miro directamente a Hildebrand, con odio y desprecio, pero en su cara resaltaba algo, algo único.
Eran sus ojos, no eran normales, ni siquiera comparados como los del Mörk’Zvel, eran rubíes encarnados en un mar carmesí, eran la presencia sanguinaria de todo mal y toda muerte, desprendían un brillo inhumano.
Eran ojos de color rojo.