Exploradores de los Deseos
2
Paso Uno[/CENTER]
— ¡Por fin! — gritó Agatha alegremente.
Habían pasado dos semanas desde su partida de Rozvernia y por fin vislumbraban su destino a lo lejos. Alzándose hacia los cielos e incrustada en un valle estaba la ciudad más grande y la principal de Trophos: Ciudad Capital.
Uno de los mayores sueños de Agatha era conocer Ciudad Capital, por ello la emoción la invadía a tal punto que no podía dejar de pegar saltitos y murmurar incoherencias. En cambio, Rubeus veía con recelo la silueta difusa de la ciudad en la lejanía.
Él jamás había salido de Rozvernia, pero sabía lo suficiente de Ciudad Capital como para decidir jamás salir de su ciudad natal.
Ciudad Capital era una de las locaciones más populares de Trophos y a la cual todos deseaban ir a vivir. Ello se debía a la facilidad de encontrar algo en qué ocuparse, pues el Gremio de Exploradores más importante de la región tenía establecida ahí su sede principal, pero además estaba sobrepoblada, no cabía ni un alfiler más, los servicios estaban colapsados, los habitantes eran el horror y, si te descuidabas, te robaban hasta el alma. Sin duda, todo un peligro.
Pensando en el infierno al que lo estaba arrastrando la Skitty, suspiró. Era difícil creer que Agatha en serio abandonara sus ponquecitos rellenos, su determinación repentina lo tenía anonadado.
Realmente, la hubiera sobornado con muchos de esos ponquecitos si no fuera por que aconteció luego de la conversación que tuvieron en la habitación de Agatha.
— ¡S-señora Amatista! — balbuceó Rubeus estupefacto.
Luego de cerrar tras de si la puerta del cuarto de Agatha se había percatado de la presencia de alguien más en el pasillo. Cuando notó que se trataba de la madre de Agatha, la elegante y hermosa Amatista, a Rubeus casi le da un infarto.
— Rubeus, ¿serías tan amable de acompañarme a mi estudio, por favor? — dijo Amatista serenamente y dándole la espalda.
La Delcatty se alejó por el pasillo, bajando las escaleras mientras se contoneaba con mucha gracia, desbordando carisma en cada sutil movimiento.
Rubeus tragó saliva y la siguió sin chistar, suplicando por lo más sagrado que Amatista no hubiera escuchado su conversación con Agatha; si fuera así, seguramente mandarían a su amiga al sanatorio... Ay, Arceus, ¿por qué?
La madre de Agatha lo condujo por el primer piso hasta detenerse frente a una hermosa puerta con decorativas flores talladas. Amatista abrió la puerta y le permitió a él entrar primero. Cuando Rubeus logró pasar, no sin cierta dificultad, la madre de Agatha cerró la puerta detrás de ella, haciendo ayuda de su cola.
— Iré directo al grano, querido Rubeus — dijo Amatista, acomodándose en un mullido sofá — Escuché todo lo que hablaron Agatha y tú.
¿Hola? ¿Doctor Hypotius? Salude a su nueva paciente y a una inminente demanda por abuso sex...
— Sra. Amatista, de verdad lamento que...
— ¡Ay, no te preocupes muchacho! — dijo Amatista con voz chillona y riendo entre dientes por el gesto de pánico en Rubeus, él ya no sabía ni dónde estaba parado, no podía con tanto… — Sé cómo es Agatha, querido, soy su madre después de todo, ¡doh!
— ¡Un momento! — soltó Rubeus de inmediato, estaba contrariado, pero acababa de recordar lo peculiar que era la madre de Agatha, nunca estaba seguro de qué esperar de ella - ¿Usted no está molesta por...?
— ¡Para nada, corazón! — dijo Amatista, desechando la preocupación del joven con el movimiento de su pata; aún así, su repentina voz chillona no ayudaba — De hecho, lo de Ciudad Poluta es épico, yo debería poner a unos cuantos en ello — agregó maliciosamente y con un tono de voz completamente distinto. No cabía duda de a quién había salido Agatha. Ella continuó: — Volviendo al tema, todos sabemos cómo es Agatha, querido. ¿Cuántas veces ha dicho que se va? Perdí la cuenta a partir de mi cuarta pata…
Él no pudo evitar fijarse en la falta de dedos de Amatista. Haciendo memoria y calculando, ella seguramente habría dejado de contar cuando estaban en el Nivel Básico de la Escuela de Entrenamiento, específicamente, al segundo día.
— Eso es muy cierto — suspiró Rubeus, sintiéndose aliviado de que el Dr. Hypotius se mantuviera lejos de su amiga - Lo de Agatha es una locura sin duda, jamás habla en serio. Me preocupaba que usted...
— Sin duda es una locura — dijo Amatista interrumpiéndolo, con una extraña sonrisa que no le gustó para nada a Rubeus — Pero ya es hora de que Agatha cambie un poco, tiene que plantar las patas sobre la tierra. Esa es la razón de que te quiero pedir, muy encarecidamente, que esta vez la obligues a viajar.
La boca de Rubeus se abrió como si se le hubiese dislocado la quijada. No podía dar crédito a lo que estaba escuchando, no podía ser cierto… Ay, por favor, que esto solo sea culpa de un Darkrai que pasó por su ventana.
— ¿C-cómo ha dicho? No estará hablando en serio...
— Te equivocas, Rubeus, te lo estoy pidiendo de todo corazón, no es ninguna broma — dijo ella severamente, había algo de tristeza en sus ojos — Agatha me preocupa mucho, ¿sabes? Yo también tenía ideas descabelladas cuando era joven, pero lo de mi pobre hija es muy distinto... — suspiró y negó con la cabeza — Ella necesita esto. Tú eres un Scizor maravilloso y si no fuera por ti, mi hija sería alguien peor de lo que es ahora. Estoy segura que aprenderá mucho si viaja contigo, tú eres la mejor influencia para mi hija, pues con un padre ocupado en los negocios y una madre súper asombrosa pero descuidada como yo… Bueno, no ha recibido la atención necesaria.
>> Por eso te suplico que esta vez la arrastres fuera de Rozvernia si es necesario. Estoy segura que contigo mi hija cambiará para bien.
Y por ello terminó en camino a Ciudad Capital.
Rubeus había dado su palabra. Incluso, cuando salieron de Rozvernia, Agatha llegó un punto en que sucumbió una crisis de remordimiento y él tuvo que arrastrarla por una hora al menos, como había predicho Amatista.
Recordando ello y viendo la felicidad que desbordaba ahora la Skitty, no pudo evitar sonreír. Quizás no sería tan malo después de todo.
— Rubeus, deberías quitarte esa tonta bufanda — dijo Agatha repentinamente, mirando recelosamente el accesorio negro que llevaba su amigo — Ni siquiera hace frío.
— ¿Para que vuelvas a confundirme con otro Scizor? — resopló él, frunciendo levemente el ceño — No, gracias.
— ¡Ay, eso fue sólo una vez! — chilló Agatha, ofendida.
— Han sido ochenta y siete veces. Y eso sólo en los dos años que tengo desde que evolucioné — puntualizó.
Rubeus mientras sacaba una libreta del bolso que se encargaba de llevar y revisaba unas notas — Y cuando era Scyther, me confundiste ochocientas treinta y siete veces, de las cuales ciento veinticinco eran hembras e igual insistías en que era yo, diciendo que era imposible que yo fuera tan feo.
— ¡Eres un mentiroso! — exclamó la Skitty inflando sus mejillas y sonrojándose hasta más no poder — Admite que sólo la usas porque te la hizo mi madre. Todo el mundo sabe que si no fueras un bicho, ella ya te hubiera cogi...
En menos de un segundo, de la cabeza de Agatha sobresalía un gigantesco chichón cortesía del Puño Bala de Rubeus.
— ¡Más respeto! ¡Se trata de tú propia madre, por amor a Arceus! — gritó Rubeus muy ofendido y probablemente sonrojado, pero era imposible saberlo — No puedo creer que difames a tu madre de esa manera… — resopló de muy malhumor por los malos pensamientos de Agatha; aunque si se detenía a pensarlo, la Sra. Amatista varias veces le… Jodida gata — En vez de preocuparte por una simple bufanda, deberías pensar en qué vamos a hacer con nuestras vidas, ya que nos metiste en este lío.
— Pero si ya lo tengo todo planeado — refunfuñó Agatha, acariciándose la zona adolorida y acomodándose el lazo negro que usaba en la oreja izquierda.
— ¿Ah, si? — bufó Rubeus, mirándola escépticamente.
— Por supuesto, ¿acaso creías que me lanzaría a la aventura sin tener algún plan?
— No me extrañaría.
— Lo primero que necesitamos es dinero...
— Tenemos suficiente entre los dos para un par meses, al menos — señaló Rubeus, revisando el monedero — Claro, sólo si podemos controlar tu vicio de ponquecitos…
— Estás entendiendo mal — dijo Agatha con una sonrisa de autosuficiencia y moviendo enérgicamente su cola — El primer paso para la dominación mundial es...
— Esto tiene que ser una broma.
— ¡Calla y escucha! — gruñó Agatha, saltando sobre el hombro del Scizor y sonriendo maliciosamente — ¿Qué sucede cuando tienes toneladas de dinero?
— Generalmente, te vuelves un monstruo codicioso, pero en tu caso no habría mucha diferencia — respondió Rubeus irónicamente.
— ¡No, tontito! — dijo Agatha riendo pero dándole un fuerte manotazo en la nuca con su cola. Sí, el comentario le molestó — Cuando posees riquezas infinitas tienes PODER. Todo se mueve de acuerdo a como lo hagan las monedas y todos tienen precio. Así que el objetivo: ganar mucho dinero. Es nuestro primer paso para el éxito y el primer paso de mis hermanas en Ciudad Poluta.
— ¿Y cómo pretendes obtenerlo? — preguntó él lacónicamente.
— Sencillo — dijo la Skitty sonriendo malévolamente y bajando del hombro de su amigo — En Ciudad Capital hay muchos idiotas que suplican desesperadamente por soluciones a sus problemas...
— ¡¿Planeas hacerte Exploradora?! — bufó Rubeus interrumpiéndola, muerto de la risa.
— ¡Por supuesto que no! — exclamó Agatha, deteniéndose y usando su cola para elevarse unos centímetros del suelo — Yo no voy a ser una idiota que aceptará cualquier trabajo. ¿De qué me viste la cara? ¿De la Madre Chatot de Filiplibus? Sólo tomaré los de aquellos que ofrezcan jugosas recompensas...
La risotada de Rubeus la hizo callar en seco, ganándose una mirada asesina de Agatha. No entendía qué era tan gracioso, estaba hablando más en serio que nunca.
— Me imagino que sabes que para poder tomar misiones debes registrar un equipo en el Gremio de Exploradores, ¿cierto? — preguntó Rubeus, aún riendo, pero se detuvo su sopetón y la miró severamente — Considéralo bien, Agatha. Te aseguro que no querrás ganarte problemas con el Gremio de Ciudad Capital, he escuchado que son muy severos y apegados a su código. Son capaces de hacer lo que sea para que se les respete…
— ¡Bah!, son puras mentiras — dijo Agatha espantando la idea con su patita — Los exploradores son todos unos mojigatos.
Rubeus resopló y torció los ojos. Le tocaría registrar un equipo a nombre de Agatha y él sin que ella lo supiera, él si estimaba su vida a diferencia de su compañera.
La Skitty quería convencer a Rubeus a toda costa y siguió intentándolo, pero él le hizo caer en cuenta de que comenzaba a anochecer y que lo mejor era buscar un lugar dónde hospedarse, muy al pesar de Agatha que aspiraba a pasar la noche en Ciudad Capital.
Siguiendo el camino un rato más a la par de que el cielo se teñía con tonos naranjas, vieron a lo lejos lo que parecía una posada.
— Pasaremos ahí la noche - informó Rubeus, acomodándose la bufanda — Ojalá tengan cuartos...
Cuando estaban cerca de la posada, vieron cómo la puerta principal se abría estrepitosamente y alguien era echado al camino.
— ¡Y no vuelvas, vieja loca!
Cerraron de un portazo en el momento en que Rubeus se apresuraba a auxiliar a quien fuera la pobre criatura desdichada, todo bajo la disgustada mirada de Agatha.
Rubeus se agachó y ayudó a levantar a una Jynx que sollozaba, profundamente afligida. Con unas inmensas lágrimas corriendo por sus mejillas, le agradeció al Scizor su generosidad mientras él la ayuda a levantarse.
— Rubeus, tengo sueño — dijo Agatha quejumbrosamente, tratando de recuperar la completa atención del Scizor. No le gustaba esa Jynx y no quería perder tiempo por culpa de una vieja llorona.
— ¿Señora, se encuentra bien?
— No... no... No, no, no… — contestó la Jynx con voz temblorosa y sin dejar de negar con la cabeza.
— ¡Rubeus! — insistió Agatha, frunciendo el ceño.
— ¿Qué fue lo que sucedió? — preguntó Rubeus, ignorándola — No entiendo cómo son capaces de tratar a una señora como usted de esa manera...
— Creo que... fue mi culpa... — balbuceó la Jynx — Es que perdí un muy importante objeto y estoy desesperada por recuperarlo. Pero yo no puedo...
— ¡Rubeus, tengo hambre! — se quejó Agatha, tirándose en el suelo panza arriba y sacudiendo sus patitas.
— ¡Agatha, ya basta! — la reprendió Rubeus frunciendo el ceño, molesto y avergonzado hasta decir basta por la pataleta de su acompañante. Decidió volver a concentrarse en la pobre Jynx, haciendo uso de toda su paciencia para no golpear con otro Puño Bala a Agatha — Pero señora, indistintamente, nadie tiene el derecho de tratarla así. Son unos desgraciados…
— No pienses mal de ellos. Estoy profundamente desesperada… Insisto demasiado… Yo entiendo que mi terquedad le destruya los nervios a cualquiera… — lloriqueó la Jynx con un tono de voz que dejaba ver el profundo dolor que sentía — Es que perdí “mi precioso” en un lugar muy peligroso al que no puedo ir sola. Es horrendo, por eso nadie quiere ayudarme a pesar de que estoy ofreciendo una generosa recompensa...
— ¡¿Recompensa?! — saltó Agatha de sopetón, logrando que los otros dos de asustaran y pegaran un tremendo respingo — ¿Cuánto está ofreciendo?
— Agatha... — advirtió Rubeus..
— Ofrezco… cien… mil… monedas como… recompensa — contestó la Jynx, tratando de contener sus sollozos.
— Señora… — dijo Agatha con tanto vigor que Rubeus quiso llorar, pues sabía lo que pasaría — Tiene ante usted a quienes la ayudarán a encontrar “su precioso”.