Bueno, lamento cortar el juego con esto pero me inspiré y decidí traer este One Shot que seguro les va a gustar. Toca el tema de La Hermandad de CP y tiene como personaje principal al Ash de la serie. Es un cuento muy interesante, espero que les guste porque lo escribí con muchas ganas. ¡Gracias desde ya a todos los que leyeron!
Spoiler
Mi nombre: Ash Ketchum.
Mi edad: Diez años.
Mi meta: Ser un Maestro Pokémon.
—¡Pikachu, Trueno ahora!
El pokémon amarillo se recargó en energía y sonrió pícaramente. Sin embargo, para pesar de Ash, su ataque nunca alcanzó su objetivo, simplemente los rayos se esparcieron hasta donde podían llegar generando una intensa iluminación que dejó ciego al entrenador. El brillo era perpetuo. El entrenador de Pueblo Paleta estuvo sumido en esa intensa luminiscencia por mucho tiempo… ni él supo cuánto pero de un momento a otro el brillo amarillo se convirtió en un espacio totalmente blanco. Se sentía peor que en la oscuridad porque el intenso blanco le lastimaba las retinas y lo dejaba sin aire.
—¿Pikachu? ¡Pikachu! ¡¿Dónde estás?!
Entonces, el terrible espacio blanco se volvió de pronto negro. Ash tuvo la sensación de que extrañamente volvía a la realidad y despertó.
Se encontró cubierto por las cobijas hasta la cabeza. Se las quitó y se levantó lentamente, maravillado al ver el lugar donde estaba. Su casa de Pueblo Paleta, ¿cómo olvidarla? con su ventana apenas iluminada por una luz matutina tan distinta a la de su sueño. De repente se sintió muy mal, como si una parte de él hubiera muerto en ese mismo instante. Admiró su viejo pijama verde y amarillo. Restregó sus ojos y se levantó para ir al baño con suma parsimonia.
Cuando llegó a él tuvo que esperar que su madre saliera. La señora Ketchum tenía toda la pinta de estar recién levantada, al menos sus ojeras y su pijama decían eso.
—Buen día, hijo. Has madrugado, debes estar ansioso por iniciar tu viaje pokémon, ¿cierto?
—¡¿Qué?! —Ash casi se desmaya al escuchar eso. Abrió los ojos sorprendido y deslizó su mirada de derecha a izquierda buscando una explicación—. ¡Mamá, ya inicié mi viaje hace tiempo! Tengo un Pikachu, ¿recuerdas? ¿Dónde está?
La madre admiró a su hijo con un leve gesto de intriga.
—Ash, querido, nunca has iniciado ningún viaje. Y el Profesor Oak da un Bulbasaur, Squirtle o Charmander; nunca en su vida ha dado un Pikachu a nadie. ¿De qué hablas?
Ash se sacudió incrédulo. ¡No podía haber sido un sueño! Era imposible, todo era demasiado real, muchas aventuras, cientos de pokémon vistos y atrapados, millares de amigos hechos en su viaje. Él no tenía demasiada imaginación como para andar pensando en todo eso, tenía que haber sucedido, ¿cómo iba a ser mentira? ¡Si ni siquiera se acordaba qué había hecho la noche anterior!
Se lavó la cara y los dientes como un autómata, pensando en todo ese tema. Recordaba a su Pikachu, su calor, el brillo de su pelaje y las potentes descargas que solía darle. Casi tenía más presentes los abrazos de ese pokémon que de su madre, simplemente no podía ser un sueño.
Bajó a desayunar y comió con mucha lentitud. El sabor de la leche con chocolate y los cereales le recordaron mucho sus mañanas en su hogar… lejos, muy lejos de las regiones que visitaba. ¿Qué le había pasado? ¿Por qué se había despertado y todo cambió?
—Hijo… se te va a hacer tarde, ya se enfrío tu desayuno.
—No entiendes, mamá. Es mi destino llegar tarde.
Si todo eso no había sido real… al menos lo haría real. Su madre, aunque estuviera preocupada, no iba a poder hacerlo llegar temprano. Ya ni recordaba a la hora que había comenzado su viaje.
—Al menos ponte ropa y cámbiate los ya tu sabes.
—¡No, mamá! ¡No! ¡Voy a ir con el pijama! ¡Tengo que llegar ahí, Gary se va a reír de mí como siempre, yo voy a conseguir mi Pikachu y todo va a ser como fue!
La señora Ketchum suspiró y Ash siguió desayunando con esa calma pasmosa.
Horas después, Ash caminó pesadamente al laboratorio esperando la multitud enfrente que seguro acompañaría con palabras de aliento a los novatos. No recordaba que fuera una mañana tan fría, el viento lo estaba congelando. Sonrió al ver la gente con carteles vivando el nombre de Gary, recordaba eso y a pesar de todo no le molestaba.
Se acercó al lugar y su viejo rival lo recibió cálidamente como siempre.
—¿Qué pasó, Ash? ¿Ya no había pijamas para hombre donde tu mamita compró ese?
Gary y sus tontas admiradoras rieron. Ash no recordaba que Gary fuera tan inmaduro… ¿será que él había madurado en ese viaje onírico que había tenido?
—¿Quieres saber para comprarle uno a tu novio? —respondió cortante el chico de pelo negro. Nunca había tenido una respuesta para lo que Gary decía, ahora se revelaba ante él como si sólo fuera un niño chiquito.
El rival y sus admiradoras se quedaron con la boca abierta, sin saber qué decir. Ash estaba demasiado apurado como para prestarle atención a sus tonterías. Caminó hacia el laboratorio tragando saliva y esperando que el profesor Oak le tuviera las mismas malas noticias que tuvo que darle hace tiempo. Si tenía que volver a empezar su viaje iba a hacer bien las cosas. Primero, no robaría la bici de Misty, o al menos trataría de no romperla. Luego atraparía un pokémon de agua o planta para poder vencer a Brock sin problemas. Tampoco se dejaría ganar en la Liga Añil, esta vez sabía cómo llegar a la final y ganar. Su Pikachu iba a estar orgulloso de él. Todo iba a ser como en ese sueño.
Ingresó al laboratorio. Qué viejo se veía aunque el profesor Oak estaba igual de viejo que siempre. Se acercó a hablarle con una sonrisa.
—¡Hola, profesor! ¡Vine a buscar un pokémon!
—Ash, veo que has decidido venir este día y no dentro de una semana al menos. Ya me estaba por poner a dormir. Te tengo una mala noticia, muchacho…
Ash sonrió aún más, tanto que tuvo que morderse el labio para tratar de disimular.
—¿Sí? ¡No me diga! ¿Qué ha pasado? No será que ya no hay pokémon para mí, ¿verdad?
—No, no, al contrario. Tengo tres pokémon para ti. La mala noticia es que tendrás que llevarte a los tres y cuidarlos porque tengo que hacer unas investigaciones y no puedo con ellos.
—¡¿Qué?! Ah, no, eso sí que no. ¡No debía tener ningún pokémon! ¡Yo debía llegar aquí y los demás entrenadores tendrían que haberse llevado ya a los tres iniciales!
—¿Demás entrenadores? Ash, sólo Gary y tú tienen la edad para iniciar este año y he estado criando un Eevee para mi nieto desde hace tiempo. Te llevarás a Bulbasaur, Squirtle y Charmander ahora mismo.
—¡No, no y no! ¿Dónde está el Pikachu? —preguntó Ash apoyándose en la cúpula que contenía las pokeball de los iniciales.
—¿Pi-Pikachu? Ese pokémon no es un inicial.
—¡No importa! Usted debe tener un Pikachu. Una pokebola con un pequeño rayo dibujado que dentro tiene un Pikachu difícil de entrenar. Quiero a ese, cuidaré a los otros tres, pero quiero ese Pikachu, por favor.
—Ash, yo no tengo ningún Pikachu.
—¡Abra este contenedor! ¡Tiene que estar ahí en medio su pokeball, oculta para todo el mundo por el peligro que genera!
—Ash… ¿de qué rayos hablas? Entiendo que estés nervioso pero sabes muy bien que sólo entrego estos tres a todos. Y serás afortunado porque en tu caso te daré los tres.
Ash ya no pudo discutir. Quizá era cierto… sólo había sido un sueño. No pudo evitar que los ojos se le llenaran de lágrimas cuando el profesor le entregó las tres pokeball. Él no las quería, no quería ninguna de ellas… sólo quería una, la de su pokémon favorito, no podía vivir sin ese ser especial, no se sentiría feliz.
—Toma también tu Dexter. Él te servirá para…
—Sí. Ya lo sé. Para identificarme y además tiene el detalle de todos los pokémon reconocidos hasta el día de hoy.
Oak, impresionado no dijo más nada pero sonrió.
—Después de todo parece que serás muy buen entrenador. ¡Te deseo mucha suerte en tu viaje, Ash!
El joven se retiró del laboratorio atormentándose por dentro. Fuera esperaba su madre con algunos conocidos que fueron a saludarlo y desearle suerte. Ash simplemente se detuvo frente a ellos y divagó en su mundo mientras ellos le hablaban.
“¿Qué voy a hacer sin Pikachu? ¿Y si en realidad este es el sueño y en cualquier momento voy a despertar?” pensó con tristeza. Se mordió la lengua esperando despertar y tuvo que dejar eso cuando el dolor se tornó insoportable. El pensamiento de que todo eso no era real no lo tranquilizaba, algo le decía que era cierto, que ya no era ese entrenador reconocido por sus amigos y por mucha gente, con decenas de pokémon y tantos metros recorridos a pie desgastando la suela de un sinfín de zapatillas.
Abandonó a la multitud sin decir nada, admirando las tres pokeball que llevaba y dejando atrás a su madre preocupada. Desde el punto de vista de ella, Ash nunca había estado tan triste, empezar su viaje pokémon era su más grande sueño, no entendía por qué estaba tan afligido.
No supo cuánto caminó recordando esa hermosa vida de sueños o realidad pero de un momento a otro se encontró con un abismo. Se cayó como un idiota a un pequeño lago. Ahí quedó sentado, adolorido por el golpe y mojado, con las pokeball flotando a su lado y su mente en el infinito.
—¡Idiota! ¡Espantaste a los peces!
La voz despertó al muchacho de repente. No pudo evitar sonreír al ver a la pelirroja. No era Pikachu pero ella también había sido una amiga fiel e importante en su vida. Hacía mucho que no la veía y le levantó bastante el ánimo verla. Parecía más pequeña de lo que recordaba, era una niñita. De cualquier manera, abandonó el agua y corrió a abrazarla lo más rápido que pudo.
Misty no lo pudo prevenir. Se vio cubierta de los brazos torpes y mojados de Ash en un instante, sintiendo que el chico la apretaba contra su cuerpo como si fuera suya. Su cara terminó tan anaranjada como su cabello.
—¡Aaaaaah! ¡Quítate, quítate, suéltame! ¡Te detesto, aléjate!
Ash se soltó y se dejó empujar al lago. Allí quedó sumergido y pensando nuevamente en su pokémon perdido. Misty tampoco era la misma… no lo conocía, y Brock tampoco. De verdad le daba pereza recomenzar todo… si al menos estuviera con Pikachu no tendría problemas pero volver a hacer todo de nuevo y solo era algo pesado.
Vio pasar las tres pokeball sobre la superficie y se dio cuenta que se estaba ahogando. Entonces sintió sobre su pecho un par de brazos sujetándolo y sacándolo del agua. Tosió con fuerza escupiendo lo que había tragado y volvió a abrazarse a Misty.
—¡I-idiota! ¿No te das cuenta que casi te ahogas?
—No te enojes, perdí a Pikachu, estoy muy triste, Misty.
La entrenadora de pokémon acuáticos sintió como si un rayo le traspasara el pecho. No sólo le impactó que supiera su nombre, sino que ese chico y el Pikachu del que hablaba, por alguna razón se le hacían familiares.
Sin decir nada, lo ayudó a volver a la orilla y recogió las tres pokeballs. Ash aprovechó la ocasión para quitarse el pijama y ponerse ropa seca. Misty casi muere como si un Onix se hubiera tirado en avalancha sobre ella.
—¡¿Pero qué haces?! ¡No te desnudes aquí al frente mío, tarado!
—Pero si me has visto cientos de ve… —entonces sacudió la cabeza y decidió cambiarse detrás de un árbol mientras la chica toqueteaba las tres pokeball, nerviosa por el suceso.
El entrenador emergió con sus viejas ropas de viaje. Ya extrañaba esa chaqueta azul y su vieja gorra original de la Liga Añil. Volvió donde estaba su amiga y se sentó cerca de ella. El agua (o quizá lo cerca que estuvo de morir) le habían devuelto un poco la cordura.
—Yo… no sé… tú… ¿nos conocemos? —preguntó ella.
Fue entonces cuando Ash se dio cuenta que algo no encajaba. Misty en verdad se llamaba Misty, pero se supone que si toda su aventura con Pikachu había sido un sueño no debería saber el nombre de ella a menos que la conociera de antes y eso era imposible. Entonces lo más probable era que el sueño fuera ese. Había algo raro, ¿qué sería lo que estaba ocurriendo?
—¿Tienes un Pikachu en esas pokeball? —preguntó ella muy ansiosa por ver a ese pokémon. Había visto ya cientos de Pikachu pero por alguna razón ese día en especial luego de oírlo de la boca de ese misterioso chico estaba totalmente enloquecida por tener uno cerca.
Ash tomó las tres pokeball y las admiró un instante. ¿Podría ser que Misty tuviera razón? Quizá Pikachu estaba en una de ellas. No iba a esperar para comprobarlo. Las arrojó al aire y esperó que se abrieran.
Las tres pokeball estiraron las siluetas de los pokémon contenidos. El verde resplandeciente se vio aparecer en una, el más potente rojo se atisbó en la otra y en la última el celeste más puro que había visto en su vida tomó forma de una criatura. Ninguno de los tres era Pikachu pero Ash se dio cuenta que conocía a esos tres.
Su Bulbasaur. Su eterno Bulbasaur, tan útil en su supervivencia diaria, con sus hojas cortantes y sus firmes látigos. Ese pokémon que fue de los primeros en llegar a él y que se convirtió rápidamente en una piedra fundamental de su equipo. Gruñón por naturaleza pero amable con los pokémon como pocos.
Ese Squirtle con su mirada llena de brillo, cómo la extrañaba. Habían sido enemigos al principio y luego terminaron siendo los mejores amigos. Era imposible estar enojado con ese pokémon, te hacía reía sólo con mirarlo y su valentía era única entre los pokémon que tuvo.
Y estaba Charmander. El pokémon que menos había disfrutado porque con su abrumador poder se convirtió rápidamente en Charizard. Uno de los pokémon que peor la pasó antes de conocerlo, con una vida miserable y entregándose en carne viva a un entrenador que no lo quería. Ash sólo podía recordar que quería a ese Charmander tanto más de lo fuerte que era.
Los tres, sonrientes, se acercaron a Ash, ante la atenta mirada de Misty. Squirtle se adelantó, extrajo sus gafas oscuras de su caparazón y habló con voz humana.
—Al fin nos sacas de ahí, Ash. No hay tiempo qué perder.
Ninguno de los dos humanos creían lo que escuchaban. ¡Estaba hablando! ¡Squirtle hablaba!
—¡Squirtle! ¡Puedes hablar!
—Claro que puede, y nosotros también —dijo Bulbasaur con su llamativa voz gruesa.
—Ash, en este lugar, podemos hacer muchas cosas que en otros lugares no podríamos —comentó Charmander con su voz calma y tranquilizadora.
—P-pero, ¿por qué? ¿Qué es este lugar?
—Es el lugar donde no deberías estar. Y vamos a sacarte de aquí como que somos La Hermandad —le explicó Squirtle sonriendo.
—¿La-la Hermandad?
Squirtle se cruzó de brazos, Charmander estiró las piernas sonriente y Bulbasaur cerró los ojos con confianza. Ash no entendía ni un poco lo que sucedía. Misty mucho menos. Esos tres pokémon tan inteligentes parecían saber mucho pero no querer decirlo rápidamente.
—Así es —dijo Bulbasaur—. La Hermandad. Nosotros tres la formamos. No sólo somos pokémon que pueden realizar ataques, nosotros pensamos, colaboramos con la comunidad y más que nada con las personas que terminan perdidas como tú.
Ash se levantó, aún sin entender demasiado, pero se daba suficiente cuenta de que algo malo había pasado y podía arreglarlo.
—Sólo díganme qué hacer.
—Te lo mostraré —dijo Charmander.
El pequeño pokémon de fuego cerró los ojos y se concentró. La flama de su cola ardió con fuerza y un destello blanco lo iluminó Ash lo vio crecer rápidamente de tamaño, pasar por su forma de Charmeleon y luego ir llegando a ser un Charizard con sus grandes alas y su potente llamarada.
Ash abrió los ojos y sonrió totalmente pasmado. Misty sufrió una especie de parálisis mental al ver al pokémon superevolucionar de esa manera. Charizard se irguió con una sonrisa como si fuera lo más común del mundo.
—¡Uoaaa! ¡Charizard! Pero… ¿cómo lo has…?
Squirtle y Bulbasaur se colgaron del cuello del Charizard esperando para ser transportados. El pokémon de fuego se puso de espaldas para que Ash pudiera montarlo. El joven de Pueblo Paleta ya extrañaba viajar en el cuerpo cálido de su pokémon. Se acercó a Misty y la abrazó otra vez, emocionado. La chica ya no pudo poner resistencia, estaba demasiado cerca de la locura total como para poder notar el abrazo.
—¡Muchas gracias por tu ayuda, vieja amiga! ¡Nos volveremos a ver!
Y sin decir más, montó al reptil alado y volvió a embarcarse por los cielos con él dejando a la pelirroja tirada al lado del lago con miles de cuestiones en su mente.
—Ash… ¿recuerdas con qué pokémon luchabas antes de venir aquí? —preguntó Squirtle.
—¿Antes? Lo último que recuerdo es decirle a Pikachu que use su ataque Trueno. No recuerdo a mi oponente… pero me pareció una batalla intensa.
—Tu rival es un pokémon que ya has enfrentado antes —le comentó Bulbasaur con preocupación—. Por desgracia, ahora es mucho más fuerte y ya no tan pacífico. Algo lo atormento y quiere vengarse. Le estabas haciendo frente cuando uno de sus ataques psíquicos creó una dimensión paralela en tu mente y aquí estamos.
—Mewtwo… —pensó Ash mordiéndose el labio. Realmente no recordaba que fuera él su rival pero una rara sensación de peligro le decía que sí. Entonces Charizard le habló.
—Tenemos que encontrar al Mewtwo de esta dimensión, Ash.
—¿Dónde lo voy a encontrar? No tengo ni idea de dónde puede estar, él me encontró a mí la última vez.
—Tienes que pensar… oh, mirá, comenzó a llover —susurró Squirtle.
Ash agachó su cabeza para pensar mientras las gotas le caían en el cuerpo. ¿Dónde podría encontrar a Mewtwo? Sin tan solo tuviera alguien a quien preguntarle…
Entonces un trueno lo sacó de sus cavilaciones. Charizard comenzó a bajar para evitar problemas y Ash rápidamente le indicó que fuera cerca de la entrada a Ciudad Verde.
—Llegó el momento de que lo veamos, a él podremos preguntarle sobre Mewtwo —comentó Ash, sonriente—. Seguro que lo sabe.
—¿Quién? —preguntaron los tres pokémon hermanos al mismo tiempo.
—La gran ave de fuego que vi cuando inicié mi viaje. Ho-Oh, el pokémon de la torre en ciudad Iris.
Ash debió esperar un buen rato. De verdad no esperaba que la lluvia hubiera sido tan larga, cuando lo hizo con Pikachu, siendo perseguido por los Spearow, de verdad le pareció un instante. Entonces, cuando la lluvia al fin terminó, Ash vio proyectarse el arco iris en el cielo. Sus colores fantásticos iluminaron los ojos de los cuatro espectadores, tanto que Ash casi se olvida de perseguirlo.
—¡Vamos por él, Charizard!
—¡Voy como un cohete! —y el pokémon despegó a una velocidad que Ash no pensaba que podría llegar a tener.
A pesar del gran esfuerzo del pokémon de fuego, darle caza a ese pokémon legendario fue una tarea imposible. Llevar a Ash y los otros dos pokémon fue una tarea pesada por lo que el pokémon de oro se le escapó y se fundió con el cielo como si fuera parte de él.
—¡No! ¡No puede ser! ¡Se supone que teníamos que alcanzarlo! —Ash empezaba a perder la paciencia y las ideas.
—¡Miren eso! —dijo Bulbasaur emocionado señalando al piso con sus látigos.
Y debajo se hallaba la causa del sobresalto del pokémon hierba. Un Pikachu corría totalmente asustado, electrocutando a cada persona que se le cruzara en ciudad Verde.
—¡Es Pikachu! —gritó Ash con los ojos brillantes.
Desde el aire sólo podía verlo como un puntito amarillo correteando pero el vínculo que tenía con su pokémon era demasiado fuerte. Sabía que era él.
Charizard tomó nuevo rumbo y fue hacia él. Atraparlo fue más difícil aún que darle caza a Ho-Oh, el pokémon se metió por cada callejón de la gran ciudad, perdiéndose varias veces. Pero Ash no se daba por vencido y lo buscaba, una y otra vez en donde sea que su instinto lo llevara.
Y su instinto lo llevó donde debía ir: al laboratorio genético donde experimentaban con todo tipo de Pokémon. El chico de cabello negro no tenía idea de qué lugar era ni lo que había dentro. Sólo podía pensar que Pikachu estaba encerrado ahí, asustado, llamándolo con los latidos del corazón.
Charizard volvió a su forma de Charmander con total falta de preocupación y Ash no pudo evitar asombrarse.
—¿Pueden evolucionar y volver atrás las veces que quieras?
—Claro, y no sólo él. Por algo somos La Hermandad. Déjenme espacio —dijo Squirtle.
El pokémon se colocó frente a la puerta del laboratorio, cerró los ojos y comenzó a brillar al igual que Charmander momentos antes. Creció mucho en altura y su cola pasó de ser una enrollada porción de cuero, a ser una esponjosa y deslumbrante extremidad y luego terminar por encogerse dándole paso a las fuertes piernas y el pesado caparazón de Blastoise. Si eso era un sueño, Ash empezaba a disfrutarlo y no estaba seguro de querer despertar.
El pokémon apuntó sus cañones a la puerta y con su potente Hidrobomba la hizo volar como con dinamita. Sonrió con picardía al ver la misión cumplida.
—¿Sabes? Creo que estaba abierta —lo regañó indirectamente Bulbasaur.
—Soy un Squirtle —dijo el pokémon mientras volvía a brillar y reducía su tamaño—. A veces me gusta llamar un poco la atención.
—¡Entremos! —comandó Charmander para darle fuerzas a Ash al tomar su decisión.
Ash se sumergió en el laboratorio lentamente. Le parecía muy raro que luego del fuerte y ruidoso ataque de Squirtle no hubiera alarmas o gente corriendo hacia ellos. El laboratorio le provocaba mucha mala espina y tenía a los tres pokémon muy cerca, listos para ayudarlo en caso de ser necesario.
Pero no fue necesario, como era costumbre, Mewtwo lo encontró a él.
“¿Qué haces? No deberías estar aquí…” oyó resonar el eco de la voz del pokémon psíquico en su mente.
—¡Vine a recuperar mi vida anterior, Mewtwo, devuélvemela!
“¿Vida anterior? ¿Devolvértela? No sé de qué hablas…”
La Hermandad, al ver que el chico se detuvo, se percataron de lo que podría estar ocurriendo.
—¿Te está hablando? —preguntó Bulbasaur—. Posiblemente él no tenga idea de lo que está pasando.
—¿Y cómo se supone que voy a volver a mi realidad? —cuestionó el chico ya intensamente perturbado.
Bulbasaur dio un paso al frente y, al igual que sus compañeros, brilló con los ojos cerrados mientras cambiaba de tamaño. Su cuerpo se fue haciendo más alto y robusto mientras el pimpollo que había en su espalda lentamente se iba abriendo como el proceso de desarrollo de una flor en cámara rápida. Sin pedirle permiso a nadie, empezó a cargar su Rayo Solar.
—Ehhh, ¿qué piensas hacer con eso? —Squirtle parecía totalmente aterrado.
—Sí, ¿a qué le vas a tirar? No hay enemigos aquí —le dijo Charmander.
Entonces lo disparó hacia el frente haciendo trisas la pared. El humo llegó rápido a los pulmones de todos y empezaron a toser.
—¿Quién es el que llama la atención ahora, ah? —preguntó el pokémon planta sonriente.
—Tú ganas por ahora, verdurita —afirmó Squirtle tratan de ver qué había detrás de toda la polvareda.
—Al final el más decente aquí soy yo —dijo Charmander mientras cerraba los ojos y volvía a transfigurarse en Charizard
—Oigan, oigan, ¡espérenme! —dijo Squirtle que iba a seguir a sus compañeros.
—Nadie tiene la culpa de que seas lento, turtugo —le respondió Venusaur con su voz fuerte y profunda.
Venusaur, Charizard y Blastoise se pararon frente a Ash como una muralla viviente esperando que el humo se terminara de disipar. El chico de Pueblo Paleta estaba maravillado con sus pokémon tan fuertes y en esos tamaños tan ostentosos.
Y entonces, cuando el humo se disipó, lo vieron. Mewtwo con su armadura de batalla se encontraba allí, tras una celda de cristal con cables conectados a ella. Ash por un momento pudo percibir en él cierta incomodidad… como si estuviera preso, atrapado allí, con unas ganas terribles de ser libre y pocas posibilidades de lograrlo algún día.
“Les costará muy caro haber destrozado eso. En este lugar estoy siendo tratado para que mi mente logre equilibrio.”
—No sabes lo que estás haciendo en este lugar. Eres un prisionero y lo sabes.
“Humano… no tienes idea de la clase de pokémon que soy cuando estoy en libertad.”
—Sí que lo sé. Lo he visto. No importa como seas, tienes que ser libre. Déjame sacarte de ahí y a cambio me devolverás a mi realidad.
“Ni te acerques. Ni tú ni tus débiles guardaespaldas pueden hacerme algo. ¡Yo manejo mi destino!”
—Ya me cansó este hablador —dijo Charizard.
—Seee, a mí también. ¿Le damos? —concordó Blastoise sonriente.
La llamarada y el ataque de hidrobomba de los pokémon rápidamente abandonaron sus cuerpos para dirigirse como dos potentes misiles hacia el objetivo. Sin embargo, y como Ash esperaba, el rival detuvo mentalmente los ataques.
“Se los dije.” El pokemon psíquico invirtió la trayectoria de los ataques enviando la llamarada hacia Venusaur y la hidrobomba hacia Charizard, experto en la tipología pokémon.
—¡Venusaur, Charizard, cuidado!
Blastoise rápidamente se interpuso frente a la llamarada para evitar que su compañero fuera lastimado. Charizard, absolutamente ágil, voló hacia el techo del recinto evitando el ataque de agua.
—Te debo una, hermano —le dijo el gran pokémon planta al acuático.
—Ni lo menciones. Auch, Charizard, eso estaba caliente.
—Es que me comí una baya Zreza antes de venir —se excusó el ígneo dragón.
—Me dan ganas de darle una embestida al maldito —dijo sonriente Venusaur.
—Ehhh, ¿sabes qué hay un vidrio por delante? —le recordó Blastoise.
—Pues será una embestida vidriada.
—Ven, ¿sabes que es un tipo psíquico? —le preguntó Charizard mientras volvía a bajar a tierra.
—¡Claro que lo sé! ¡Y yo un tipo planta! ¡Les mostraré por qué estoy en Over Used, pelmazos!
El pokémon se lanzó en una embestida a toda potencia haciendo temblar el lugar. Ash no podía creer que con el peso que tenía Venusaur pudiera adquirir tal velocidad pero lo hizo y pareció que el vidrio, Mewtwo y la pared que estaba detrás de él se caerían a pedazos.
Sin embargo, el rival lo detuvo con su Psíquico poco antes de llegar. La potencia del pokémon más poderoso del mundo era demasiada, Venusaur hacía lo imposible por dar un paso adelante pero sentía como si un muro de metal estuviera frente a él
“Ignorantes.” La voz de Mewtwo resonó mientras arrojaba con fuerza a Venusaur por los aires y lo dejaba caer pesadamente cerca de Ash.
Al instante después de eso, Blastoise llegó por los aires con su Giro Rápido. Metido en su caparazón alcanzaba una velocidad impresionante, difícil era para Mewtwo centrar su fuerza psíquica y detenerlo. En un momento, cansado de usar su Psíquico hacia el cuerpo y que no diera resultado, formó una esfera de energía con ese mismo ataque y la arrojó con extrema puntería, haciendo pedazos el vidrio frente a él pero impactando contra Blastoise. El tortugo al recibir el ataque chilló de dolor y gritó.
—¡Ahora!
Y Charizard llegó volando a gran velocidad, decido a tomar a Mewtwo en sus manos y ejecutar su Movimiento Sísmico. Sin embargo, antes de llegar, con una rapidez vertiginosa, Mewtwo estiró sus dos manos y generó un par de rayos eléctricos que voltearon al pokémon. Charizard terminó con las alas totalmente inutilizadas y el cuerpo electrificado, incapaz de moverse.
“Necesitarían veinte cabezas pensando para igualar la mía. No me van a engañar con jueguitos tontos.”
—¡Sólo vine aquí a recuperar mi vida, no a que los lastimaras! ¡Ellos son La Hermandad, solamente tratan de ayudarme! ¡Déjalos en paz!
“Yo no tengo nada que devolverte…”
Ash, inconscientemente corrió con los brazos extendidos hacia Mewtwo, esperando que al tocarlo todo volviera a ser lo que alguna vez fue. Sintió el poder psíquico recorrer su cuerpo, frenarlo peor que con una parálisis. Era imposible acercarse o tocar a ese pokémon. ¿Cómo lo haría? ¿Cómo volvería si le faltaba una parte de él? Tenía las fuerzas a la mitad, sólo eso. Era como si tratara de llegar a Mewtwo con una sola pierna.
—Ash, no dejes de intentarlo nunca. Tienes las capacidades como para lograr lo que mucha gente no puede. Hay cosas que en la vida uno puede y no puede hacer, pero lo importante es que siempre intentes; alguna vez vas a descubrir que sabes hacer algo que creías imposible —susurró en voz baja Bulbasaur, ya sin energía luego del tremendo ataque.
—Nosotros, La Hermandad, estamos aquí para ayudarte, para darte un envión y un poco de fuerza de voluntad sin embargo, tú eres el que va a terminar con esto. Hay ciertas responsabilidades que no puedes cargársela a otras personas, son tuyas y tienes que enfrentarlas aunque sean difíciles y te agobien. No tengas miedo de las responsabilidades, cuando las lleves a cabo el honor y la gloria de haber logrado ese cometido van a invadirte el cuerpo entero —susurró Charmander a un costado, muy adolorido.
—Lo que enfrentes, Ash, no dejes de hacerlo con buen humor. De nada te servirá enfrentar los duros retos con bronca y con desgano, además de ser un obstáculo para ti luego no podrás disfrutar de ellos cuando lo termines. Estamos para aquí para mejorar tu humor, para conversar contigo y hacerte reír pero es tu corazón el que elige el camino de la dicha y de la satisfacción aún en los momentos más difíciles. Déjate guiar por él y no te prives de una alegría aunque a veces las reglas del juego te lo impidan —susurró Squirtle sonriente pero tan adolorido que no podía ni abrir los ojos.
Y entonces sucedió. Nadie lo previó. Nadie lo esperaba. Simplemente fue una aparición, un rayo de esperanza que movilizó a Ash como una locomotora.
Pikachu, el mismo que habían seguido hasta ese laboratorio extraño, llegó corriendo desde las espaldas de su entrenador. Trepó por ella desde sus piernas hasta el hombro y de allí saltó. Mewtwo no alcanzó a preparar si psíquico, aún no había terminado con Ash, su mente necesitaba concentración para ejecutar un ataque y le era muy difícil detenerlo también.
El Trueno del pokémon llenó la habitación y volvió a llevar a Ash a ese momento donde había quedado en sus sueños. De repente recordó todo, por qué estaba ahí, por qué luchaba con Mewtwo. La falsa realidad se quebró y volvió a la suya, donde Pikachu era su propio ecosistema. El pokémon psíquico estaba frente a él, sí, pero ya no era el mismo.
Era un poco más pequeño que el que enfrentaba hace rato y no tenía cola pero sí tenía una larga extremidad en su cabeza. Sus rasgos eran mucho más finos y sus dedos seguían siendo tan deformes como antes sólo que ahora se asemejaban más a garras.
“¿Volviste? Interesante… no pensé que fueras a lograrlo tan rápido.”
Pikachu se apostó sonriente frente a él mientras Mewtwo en su forma despertar levitaba, algo chamuscado por el Trueno, frente a él.
“Ahora empieza la batalla.”
—No, Mewtwo. Ya estás vencido. En nombre de La Hermandad de Bulbasaurs, Charmanders y Squirtles hoy, como hace ya mucho tiempo, voy a volver a hacerte entender que humanos y pokémon podemos vivir en comunidad, trabajando juntos con amor y responsabilidad. ¿Listo, Pikachu? —preguntó Ash sonriente, sabiendo ya la respuesta de su viejo y querido pokémon que esperaba nunca jamás perder.
—¡Pikachu!