Capítulo 10
Fue un largo, largo camino de vuelta a la base. Char, Saura y Scythe no solo tenían que caminar
completamente alrededor de los Bosques Decadentes y de vuelta el camino entero, sino que tenían que hacerlo con una bolsa llena de objetos de valor. Char intentaba no quejarse sobre la incomodidad, pero no siempre podía. Cada vez que lo hacía, Scythe le aseguraba que estaba construyendo su resistencia y que no siempre sería así de duro. Pero aún, eso no hacía mucho para consolar a sus piernas cansadas.
En cuanto Char hubo recuperado el conocimiento del hechizo de pérdida de memoria, se encontró a sí mismo tendido en el suelo de la habitación de Scythe. Sus pies y brazos le dolían como nunca lo habían hecho antes, palpitando constantemente mientras intentaban recuperar las fuerzas.
“Uuf... qué día...” gimió Saura, tumbado de lado. “Esa fue mucha caminata.”
“¡Me lo dices a mí!” gruñó de vuelta Char. “¡Ni siquiera tuviste que cargar con la bolsa!”
“Oye, ¿piensas que esta cosa en mi espalda es
liviana?” se quejó Saura. “Tengo problemas al viajar distancias largas de todas formas a causa de esta semilla. Sé
exactamente como te sientes.”
Unos cuantos momentos pasaron en silencio mientras los dos pequeños Pokémon disfrutaban de la paz.
“Entonces... ¿qué piensas?” preguntó de nuevo Char, esperando que esta vez Saura sí respondiera.
“Primer punto para el Equipo Cacahuates, supongo,” dijo Saura, poniendo los ojos en blanco. “Admitiré, me desalenté un poco hoy por los accidentes. Y fue tan agotador... Pero estoy seguro de que mejoraremos mientras avanzamos, justo como Scythe dijo...”
Mientras los dos estaban en silencio, la mente de Char flotó de vuelta a los eventos de ese día. Recordó la vista de ese Croagunk mientras este les lanzaba una última mirada amenazadora...
No fue rival para Scythe, pero... Scythe no siempre estaría ahí para protegernos, pensó Char.
Si vuelven para exigir venganza cuando Scythe no esté ahí, ¿seremos lo suficientemente fuertes para derrotarles?
Char luego pensó en algo más que no le estaba sentando bien: la visión de Dialga.
La había visto ya dos veces: primero como una memoria estimulada por posar los ojos en la estatua del dragón en la desierta sala de reuniones, y luego de nuevo después de haberse desmayado por envenenamiento. En efecto la visión había sido la misma las dos veces, pero en la segunda vez había sido más clara – lo suficiente para ver aquel objeto, aquel vitalmente importante objeto, que flotaba ante el dragón.
¿Pero qué
era?
Simplemente no lo recuerdo, gritó Char interiormente.
Está justo delante de mí, pero no puedo... ¡no puedo acercarme y agarrarlo! Si solo hubiera otras formas de estimular mi memoria...
Char se retorció y giró en el suelo, intentando encontrar una posición que no forzara ninguno de sus pobres músculos. Pero justo cuando pensó haber encontrado un lugar cómodo, voces surgieron desde afuera de la puerta cerrada.
“Bien, y ahora que has tenido la oportunidad de guiarlos a través de una misión de prueba, pueden salir por su cuenta,” dijo una voz.
¡Daemon! se dio cuenta Char, reconociendo la voz.
¡Debe estar hablando sobre nosotros!
Char escuchó a Scythe responder, pero su voz era mucho más baja que la del sabueso. Char no pudo entender bien lo que estaba diciendo.
“Scythe... ¿cómo aprenderán así?” rezongó Daemon. “¡No puedes
consentirlos! ¡¿Qué bien hará eso?! ¡Tienen que aprender a depender de ellos mismos!”
Char gateó a través de la habitación y escuchó con atención en la puerta, pero aún no pudo distinguir nada de lo que Scythe decía.
“¡¿Entonces cuándo planeas tenerlos listos?!” escupió Daemon. “¿En dos días? ¿Tres? ¡Dijiste que los
entrenarías, no que harías todo el trabajo por ellos! Envíalos en su propia misión y ve cómo se desenvuelven. Si han de fracasar, ¡necesitan aprender a qué sabe el fracaso! Crecerán mucho más fuertes de esa manera.”
Presionando el oído contra la puerta, Char finalmente pudo escuchar la voz de Scythe.
“No,” dijo Scythe. “No lo harán. En este punto, el fracaso podría destruirlos. Debo seguir protegiéndolos por el momento. Comenzaré a dejarles tomar el control de las misiones, pero continuaré quedándome con ellos.”
El sabueso gruñó en protesta.
“Scythe, haz lo quieras,” rezongó él, “pero recuerda que tenemos una reputación por mantener. Si nosotros, el Equipo Remordimiento, hemos de entrenar a este ‘Equipo Cacahuates’, debemos entrenarlos con
nuestros métodos. Y hasta ahora, creo que has estado dándoles la impresión incorrecta de
nuestros métodos. Solo el sufrimiento y el fracaso pueden encender el fuego interior, y hacerles entender qué es lo que significa pelear. Estos niños deben ser enseñados a sentir ese fuego, o serán inútiles para nosotros y para la división entera.”
“Sufrirán mucho, con o sin mi ayuda,” dijo Scythe moderadamente. “No tienes que preocuparte por esa parte.”
Ante el sonido de pies arrastrándose afuera, Char saltó rápidamente de la puerta y de vuelta al lado de Saura.
“¿Eh?” respondió Saura, medio dormido.
Ignorándolo, Char esperó a que la puerta se abriera y que alguien irrumpiera. Después de cinco minutos más de Scythe y Daemon teniendo una conversación sobre un conflicto en curso en un lugar llamado Cañón Cuenco, el Scyther irrumpió.
“¿Qué? ¿Ya están durmiendo?” llamó él en voz alta, entrando en su habitación y dejando caer una bolsa en el suelo. “¿Cuál es su problema, durmiendo a la mitad del día? No somos nocturnos, saben...”
“¿Día?” preguntó cansinamente Saura.
“¿Pensaron que ya era de noche?” se rio Scythe, dando un paso hacia ellos y sacudiéndolos con los extremos romos de sus chuchillas. “Es solo la mitad de la tarde. Hay aún mucha luz diurna sobrante para terminar con las cosas. De todas formas, justo ahora, registré la misión de hoy, y puse todos los objetos de valor en el almacén para que puedan ser examinados más tarde. La próxima vez, tendré que mostrarles cómo se hace eso. Pero por hoy... les dejaré libres.”
“¿Libres para qué?” preguntó Char.
“Hacer cualquier cosa que sientan necesario hacer,” dijo Scythe. “Recuerden, soy solo su guía. Ustedes son su propio equipo. Deberían tomar este tiempo para ir por la base y encontrar cosas para hacer que beneficien a su equipo. No les recomendaría dejar la base, pero son libres de ir a donde quieran.”
Scythe casi empujó al perezoso Saura una segunda vez, pero él se puso de pie rápidamente y saltó fuera del camino.
“Bien, ya vamos,” dijo Saura, sacudiendo la cabeza. “Umm, Char... no sé, tengo ganas de conseguir algo de beber. Estoy famélico después de esa caminata.”
“¡Genial! Bajen al comedor, entonces,” dijo Scythe. “Solo estén de vuelta antes del anochecer. Cuando vuelvan, les mostraré como prepararse para la misión de mañana.
Luego, todos podremos dormir algo.”
“Bien por mi,” dijo Char, siguiendo a Saura hacia la puerta.
“Oh, y una cosa más,” dijo Scythe justo cuando estaban por salir, completándolo con su media sonrisa. “Dos estrofas más.”
Char y Saura gimieron al unísono.
... ... ...
“Entonces, ¿dónde deberíamos ir?” preguntó Char mientras caminaban por el ahora abarrotado nivel superior de la base. “Podemos ir a almorzar, ¿pero después de eso qué? ¿Dónde podemos ir a... ‘beneficiar al equipo’?”
“Pensaba que al Equipo Remordimiento se le enviaba la comida,” rezongó Saura. “Pero de igual manera, Scythe obviamente quiere que nos memoricemos más de ese tonto poema.”
“Lo sé, ¿pero qué más?” dijo Char. “Lo dijo como si... eh, ¿qué tal si solo lo pensamos mientras comemos?”
“Suena bien para mí,” coincidió Saura. “Ahora, ¿por dónde era el comedor otra vez...?”
... ... ...
Abajo en la cafetería, las filas eran más largas que el día anterior. Los equipos de entrenamiento, que habían terminado sus más cortas y significativamente más fáciles misiones, estaban haciendo fila pasados los mostradores y haciendo difícil moverse alrededor. Char estaba en la fila, preguntándose si es que alguna vez se movería más rápido. Saura no podía hacer mucho para ayudarle a transportar la comida, pero estaba en la fila para hacerle compañía.
“¡Oye! ¡Cuidando por dónde mueves esa cosa!” una voz se quejó desde detrás de Char.
Char giró para econtrarse con un Treecko, uno hembra, que estaba encogida contra la pared en un sobre exagerado miedo a su flameante cola.
“Eh... ¿lo siento?” dijo Char dócilmente, juntando su cola con las manos.
“Te lo
agradezco,” suspiró esta, recuperando la compostura. “Alguno de nosotros nos quemamos fácilmente, sabes. Pero oye... vaya. ¡Eres en verdad un Charmander! Nunca he visto en verdad uno de tu especie, solo en dibujos. Ustedes deben ser esos niños entrenando con el Equipo Remordimiento.”
“¡Sí!” dijo Saura, sonriendo. “¡Esos somos! ¡Somos el Equipo Cacahuates! ¡Un placer conocerte!”
“Bueno oigan, soy Taka,” dijo la Treecko, estrechándole la mano a Char y dando una palmadita a Saura en la nariz. “Solo estoy en un equipo de entrenamiento ahora, el Equipo Franjas. Nos hacen trabajar muy duro, ¡pero no me puedo imaginar lo duro que el Equipo Remordimiento debe estar haciéndoles trabajar a ustedes dos!”
“Em... sí,” dijo Char.
“Son tan afortunados. Deben estar recibiendo el mejor entrenamiento que cualquier novato que haya puesto un pie en esta base jamás. ¿Cómo les trata Scythe?”
“Él es... bastante agradable, la verdad,” dijo Char, dando un paso adelante con el resto de la fila.
“Es indiscutiblemente un genio,” continuó Taka. “He leído algunas cosas que el Equipo Remordimiento ha hecho, ¡y vaya, hablando de alcanzar lo imposible! Daría cualquier cosa por estar en su lugar.”
Char estuvo a punto de responder, pero una nueva voz llamó desde un punto cercano. Un Raichu se hacía camino a través de la multitud.
“Oye, Taka, ¡ahí estas!” dijo este. “Lo siento, tuve que pasar una hora desempacando. ¿Te importa si...?”
“Sí, adelante...” dijo Taka, poniendo los ojos en blanco y dejándolo entrar en la fila.
“Oye, ¿no eres tú Ray?” preguntó Saura al Raichu. “¿No nos encontramos hoy en el elevador?”
“Oh, oigan, ¡si
son ustedes!” se rio el Raichu. “¡El Equipo Cacahuates! ¡Un placer conocerlos de nuevo! ¿Quieren charlar mientras comemos?”
... ... ...
Diez minutos después, el grupo finalmente consiguió su comida y se sentó. Char determinó que la comida eran patatas dulces – o algo similar – y se lanzó a ella. Saura tragó un tazón entero de agua en lo que pareció un latido. Los otros dos Pokémon comían su comida mucho más lento, charlando en cada oportunidad entre bocados.
“Entonces, ¿qué tal les fue?” preguntó Ray con entusiasmo. “¿Cómo fue la primera misión del Equipo Cacahuates? ¿Volvieron con montones de cosas buenas? ¿Les ha enseñado ya Scythe alguno de sus secretos?”
“Salió bien, creo,” dijo Char, jugando incómodamente con su plato vacío. “Tuvimos unos cuantos errores por el camino, pero lo logramos. Descubrimos una guarida de ladrones y volvimos con sus cosas. Creo que la policía intentará devolver la mayoría de las cosas a sus respectivos dueños, así que no podremos quedárnoslo, pero sí... fue un buen viaje.”
“¡Vaya, increíble!” vitoreó Ray después de tomar otro bocado. “¡La primera misión de nadie es jamás un éxito! Supongo que es lo que ganas por entrenar con el Equipo Remordimiento, ¿eh?”
“Y, ¿qué hay de ustedes?” preguntó Saura. “¿Cómo fue su día?”
“Oh, nosotros fracasamos en nuestra misión,” dijo Ray.
“Oh...” dijo Saura, inclinando la cabeza. “No... fue tan malo, ¿verdad? ¿No se metieron en problemas?”
“No,” dijo Taka. “No era una misión importante. El Equipo Alanavaja dejó caer algo en Ciudad Río Negro camino a su destino ayer. Era una cinta oro que iban a vender. Fuimos asignados para ir a encontrarla.”
“No pudimos hacerlo, sin embargo,” dijo Ray. “Ciudad Río Negro es un lugar brutal. Fuimos atacados por fantasmas, y nos forzaron a abandonar...”
“Nadie espera que los equipos de entrenamiento cumplan sus misiones,” explicó Taka. “Es por eso que nos dan misiones sin sentido, así no lastimará a nadie si lo arruinamos. Pero cuando aprendemos a cumplir las misiones, podemos ser aceptados en un equipo real. Así es como las cosas funcionan por aquí.”
“Para mí, ha sido siempre mi sueño unirme al Equipo Remordimiento,” dijo Ray con una sonrisa. “Mi hermano mayor estuvo en ese equipo por años antes de retirarse, y yo quiero tomar su lugar. ¡Sería un honor servir bajo el legendario Scythe!”
“Ray tiene largos caminos por recorrer, sin embargo,” gruñó Taka. “Pero de seguro tiene entusiasmo por eso. Yo, no me importa a dónde vaya, siempre que esté lo suficientemente apta para hacer mi trabajo, ¿saben?”
Char y Saura se miraron uno al otro, compartiendo una expresión de incomodidad.
“Entonces... em... ¿cuánto han memorizado de ese poema?” preguntó Char con indiferencia.
“Oh, yo lo terminé,” dijo Ray. “Lo tenía memorizado desde el segundo día que estuve aquí. Tienes que hacerlo, ¿sabes? ¡De otra forma no te dejarán volver a entrar a la base! ¿Por qué, no tuvieron aún la oportunidad de memorizarlo?”
“Um... sí, nosotros eh, ¡lo terminaremos hoy!” divagó Char, consiguiendo una repentina y sorprendida mirada de Saura. “Es solo que hemos estado ocupados estos primeros días.”
“Um... está bien,” dijo el Raichu con un guiño. “Si tú lo dices.”
Muy de repente, Char se sintió extremadamente incómodo. El estridente ruido de la activa cafetería, los constantes sonidos de platos raspando las mesas, y especialmente los incesantes sonidos de la voz del Raichu, todo culminó de pronto en una masa de... insoportable irritación. Sintió su estómago hundirse, como si su fuego interior hubiera disminuido a la mitad. De pronto, quería estar solo, alejado de toda muchedumbre y chachareo. Quería estar en algún lugar callado.
“Saura, vamos,” dijo de repente Char, poniéndose de pie. “Hay un lugar al que quiero ir.”
“¿Char...? ¿Está todo bien?” preguntó Saura extrañado mientras se bajaba saltando de la mesa.
“Ray, Taka, un placer conocerlos a ambos,” dijo Char en una voz inexpresiva. “Saura, vamos.”
... ... ...
Char sintió una medida de paz extendiéndose en él mientras ingresaba una vez más al enorme pero desierto teatro. Las antorchas a lo largo de las paredes se encendieron en secuencia mientras entraban, invitándolo con el cálido brillo de su elemento. Suspiró. Él en serio, en serio quería esta soledad repentinamente, aunque no podía situar bien por qué.
“¿Quieres hablar sobre alguna cosa?” preguntó Saura, viniendo al lado de Char mientras él tomaba asiento en el escalón superior.
“La verdad no...” dijo Char. “Solo quería venir aquí.”
Char fijó sus ojos, una vez más, en la increíblemente detallada estatua de Dialga en el frente de la habitación.
“¿Estás seguro?” dijo Saura. “No te sientes mal por haber mentido sobre memorizar el poema, ¿verdad? Porque estoy bastante seguro de que Ray solo pensó que estabas bromeando.”
“No, no es eso,” dijo Char, sin sacar los ojos de la figura de Dialga. “Supongo... que este lugar me hizo sentir de repente incómodo. Tenía que alejarme. Es... es sobre Scythe más que otra cosa, creo. Desde que Scythe nos entrena, somos de pronto vistos como estas afortunadas personas – Pokémon, perdón – y todos dicen que estamos entrenando con el mejor jefe militar que jamás vivió o algo así. Pero no pasamos la prueba de hoy porque fuimos buenos. Lo hicimos solo porque Scythe estaba ahí, y él lo hizo todo por nosotros. Pero ahora, todos piensan que somos... prodigios, o algo. Yo no quiero eso. Especialmente desde que ni siquiera estamos jugando con las mismas reglas que el resto de... la división entera.”
“Tal vez Scythe solo nos está enseñando a su propia manera,” ofreció Saura, encogiéndose los hombros. “Tal vez él sabe lo que está haciendo.”
“¡O tal vez él solo nos esté tratando así porque sabe que soy humano!” le devolvió Char. “Tal vez él solo nos está dando protección extra porque él es un Pokémon y yo un humano y siente que necesita servirme. Justo... como tú, Saura. Es solo que... no quiero ser tratado de forma especial si no lo merezco. Me hace sentir muy mal. No quiero que otras personas tengan expectativas de mí de las que no pueda estar a la altura.”
“A decir verdad, me siento de igual forma,” dijo Saura con un tono de voz genuino. “Pero tengo fe en Scythe. Creo que él sabe lo que hace.”
Pero no puedo evitar pensar que quizás Daemon tenía razón, se dijo a sí mismo Char.
Tal vez aprender por nosotros mismos sea la mejor forma de crecer. Pero... supongo que no tengo nada más que hacer que poner mi fe en Scythe por el momento...
Char se sentó por un momento, disfrutando de la tranquilidad del gran espacio alineado con ardientes antorchas. Le hizo sentir un poco mejor saber que estaba sano y salvo dentro de esta hermosa habitación. Miró la piel de piedra de Dialga ondeando con la luz de las antorchas, e intentó imaginar que la gran bestia estaba parada ante él en la misma habitación, lista para contarle lo que había hablado sin emitir sonido en sus sueños.
“¿Qué es lo que ves?” preguntó Saura, cambiando de tono. “¿Te trae de vuelta algunas de tus memorias?”
Char le contó a Saura sobre el sueño que había tenido durante su coma inducido por el veneno de la mejor forma que pudo, describiendo cómo sintió que había algo más – algo indescriptiblemente importante – que esos sueños aún fallaban en revelar.
“Con razón,” dijo Saura. “Justo antes de que despertaras, dijiste el nombre de Dialga. Tenía que haber sabido que estabas teniendo otro sueño.”
“Esa es la cosa, sin embargo,” dijo Char. “No creo que sean sueños para nada. Creo que en verdad me estoy acordando lentamente de cosas que me ocurrieron antes de mi transformación... Solo deseo poder recordar más.”
Cuando más miraba Char la estatua, más intentaba visualizar a esta actuando como lo hizo en su memoria. Pero sin importar lo duro que lo intentaba, la memoria no retornaba de la misma manera en que lo había hecho. Parecía que se tambaleaba en el borde, pero nunca encajaba en su lugar.
... ... ...
Luego de pasar una buena cantidad de tiempo sentado en la tranquilidad del teatro, pero fracasando en inducir otra memoria, Char se dejó y decidió dirigirse a la pequeña habitación blanca en donde el poema estaba posteado. Ahí, ambos se rascaron la cabeza mientras daban una mirada a las dos estrofas de ayer que debían haber memorizado, y las dos estrofas siguientes.
“¿Te acuerdas... algo de ellas?” preguntó Saura.
“Eh... Algo sobre paz que nuestros padres tenían antes,” dijo Char dubitativamente. “En verdad... aún no veo cómo se supone que haré esto si ni siquiera puedo leer...”
Luego de pasar un extenuante periodo de tiempo repasando lo que habían olvidado de las primeras dos estrofas, intentaron penosamente hacer más espacio para la siguiente.
“Jo, oh, milagro, lecciones aprenderás, vidas recontarás,” recitó Saura.
“Jo, oh, cuentos de atrás, es como vivirás con lo que sabrás,” respondió Char.
“Bien, bien,” dijo Saura. “Ahora, veamos si podemos lograrlo con la siguiente sin empujar esa otra fuera de nuestras cabezas.”
... ... ...
Eventualmente, cuando hubieron aprendido todo lo que Scythe les pidió por el día, saltaron con entusiasmo fuera de la habitación y de vuelta a los corredores. Ya que aún había un poco de tiempo sobrante en el día, discutieron sobre otros lugares en la base para visitar. Saura sugirió darle una visita al dojo para ver si estaba disponible.
“Estoy ya un poco cansado,” le había respondido Char, “pero no veo por qué no...”
Cuando Char y Saura entraron al Dojo de Domo, un Scyther que se parecía sospechosamente a Scythe zumbaba alrededor del centro de la sala, atacando una gigante roca que estaba en el medio de la plataforma principal. Sus movimientos eran torpes y toscos, sin embargo, y no se movía con la misma velocidad cegadora que Scythe había usado anteriormente.
“Oh, ustedes dos,” les dijo el Scyther (con la mismísima voz de Scythe), dejándose distraer de su improvisado oponente. “Correcto, se acordaron que les dije que podían venir hoy. Muy bien. Si no están ocupados, podemos tener una lección.”
Antes que Char pudiera decir “sí,” Domo se lanzó sobre él, causando que entre en pánico y que dé un salto hacia atrás. Al hacerlo, sin embargo, tropezó y cayó, golpeándose la cabeza contra la plataforma de roca.
“Te asusté, ¿verdad?” se burló el falso Scythe. “Una cosa que deben aprender... les enseñaré... es no entrar en pánico cuando te enfrentas a un oponente.
Nunca entrar en pánico. Sí, es un instinto de supervivencia incorporado en la mente, ¡pero el instinto está
equivocado! Puede ser superado, para que nunca pierdas el buen razonamiento durante la batalla.”
“Pero primero, tienes que enseñarnos cómo pelear,” interrumpió Saura. “La confianza solo viene de saber que tienes la habilidad de hacer algo.”
“¡Incorrecto!” gritó el Scyther. “¡Si entras en pánico, nunca adquirirás habilidades en primer lugar! Todo empieza con la capacidad de cortar tus instintos de nivel inferior cuando no son necesarios, y ver las cosas desde un punto de vista objetivo. ¡Esa una habilidad vital para aprender! Ahora... ¡muéstrenme qué saben sobre batallas!”
Con un cambio en su forma, el Scyther se volvió un Kabutops. Cuando la transformación estuvo terminada, se echó hacia atrás, listo para arremeter con sus miembros llenos de púas.
“¡Prepárense para mí!” chilló con su distorsionada voz. “Ahora...”
“¡Espera! ¡Por favor!” suplicó Char. “No... estoy listo.”
“¿Por qué?” demandó el Kabutops. “¿Qué ocurre?”
“Tengo una pregunta,” dijo débilmente Char. “Me preguntaba si tú podías responderla, siendo un entrenador de combate y todo.”
“Oh...” dijo Domo, abandonando su postura hostil. “Bueno, ¿qué necesitas?”
“Algo me ha estado molestando,” le contó Char a Domo. “Hoy, cuando peleamos contra otro Pokémon en la misión, no... pude usar mi aliento de fuego. Intenté hacerlo, pero no salía. Me preguntaba si... ya sabes... sabías algo sobre como funciona.”
“Bueno... veamos si puedo recordarlo,” dijo Domo, cambiando formas una vez más. En solo unos pocos momentos, Domo se hubo encogido en tamaño a la estatura exacta de Char. De hecho, se había
vuelto Char.
¿Es realmente así como me veo? se preguntó Char, mirando extrañado a su propio reflejo de la vida real.
¡Me veo... raro!
“Ah, ser un tipo fuego,” habló Domo con la voz de Char, sumándolo a la extraña escena. “He estado pasando gran tiempo en tu forma, y la naturaleza del fuego está empezando a volver a mi memoria. Ahora... dices haber perdido tu fuego interno, ¿verdad?”
“Sí,” respondió Char. “No salía.”
“Bueno, déjame enseñarte como todo funciona,” dijo Domo. “Todos los Pokémon alineados con el fuego tienen una llama que constantemente arde dentro de tu cuerpo. Es llamada tu
Ascua. Tu Ascua es tu misma fuerza vital; es lo que te sustenta y te anima. En esencia, tú
eres un lengua de fuego viviente encerrada en un catalizador de carne viva. Ese fuego es tu espíritu; si alguna vez ha de apagarse, significaría que tu vida acabó, sin tener en cuenta la condición en que tu cuerpo se encuentre. Ahora, mientras todos los Pokémon tipo fuego tienen esta Ascua ardiendo dentro, esta se...
expresará de diferentes maneras, dependiendo de la especie. Para algunos Pokémon de fuego, como Ponyta, Infernape, o en efecto, Charmander, la llama queda expuesta al aire a través de un sistema de ventilación de algún tipo – por consiguiente, la llama de tu cola. Para otros tipos fuego, como Vulpix, la llama está albergada en el interior, y solo será expulsada cuando el Pokémon tiene la intención de usarla, por ejemplo, para defenderse.”
Así que es un mecanismo de defensa después de todo, se dio cuenta Char.
Debe haber una forma de controlarla, entonces...
“Ahora, aunque la llama de tu cola arderá siempre que vivas, debes mantenerla protegida siempre de cosas como el frío o el agua,” continuó Domo. “No solo duele
inmensamente que elementos indeseados hagan contacto con tu flama, sino que puedes herirte seriamente, en efecto, hasta incluso dejarte en el borde de la muerte.”
Sí, descubrí del modo difícil cómo eso funciona, pensó Char.
“Como un Pokémon de fuego con llama abierta, su apariencia puede ser útil para juzgar tu salud,” explicó el Ditto. “La llama que ves en tu cola será siempre un reflejo del estado de tu Ascua interna. A veces la llama vacilará y se debilitará, haciéndote saber que hay algo fuera de lugar dentro de tu cuerpo. Sin embargo, el opuesto es también cierto. A veces, cuando estás sano y desbordante de vitalidad, o si tu espíritu es tocado de la manera correcta, tu Ascua se inflará, a veces hasta el punto de desborde. En esos tiempos, puedes utilizarla como arma contra enemigos al expulsarla de tu garganta.”
“¿Cómo hago para inflarla?” preguntó Char. “Esa es la cosa. ¡Intenté hacer que lo hiciera, pero no funcionó!”
“Es mayormente una respuesta instintiva,” explicó Domo. “Muchas veces será la reacción de tu cuerpo cuando estés... preocupado, desesperado, o de otra forma ofendido.”
¿Ofendido? repitió Char en silencio.
“Eso tiene sentido,” intervino Saura. “¿Recuerdas? Recuerdo cuando estábamos peleando contra ese otro Bulbasaur. Tú no querías realmente unirte y pelear en primer lugar.”
“Tenía miedo de hacerlo,” dijo Char. “Fui... elusivo.”
“¡Correcto! Si estabas actuando con cobardía, por supuesto que tu Ascua no saldría en tu ayuda,” explicó Domo. “Ahora, con suficiente entrenamiento, puedes aprender a accionar tu Ascua cuando quieras. Se hará más fácil cuando te vuelvas un Charmeleon y un Charizard, pero puedes aprenderlo a tu edad también. Una buena forma para hacerlo que descubrí es pretender que mi orgullo está siendo amenazado. Piensa para ti:
‘¡No puedes decirme qué hacer! ¡No merezco esto! ¡Esto no debería estar ocurriéndome! ¡Merezco más que esto!’ etcétera, etcétera. Y tienes que
pretenderlo también. Si lo haces bien, deberías sentir tu fuego inflarse. Inténtalo.”
Char inhaló profundamente. Concentrándose en su fuego interno, él –
¡Whack!
“¡Oye! ¡Ay!” exclamó Char, recuperándose del golpe a la cabeza que el otro Charmander le había dado. “¡Eso dolió!”
¡Pum!
Después vino un puñetazo cerrado al vientre de Char, sacándole el aire. Cayó hacia atrás al suelo pero rápidamente se incorporó. El otro Charmander se acercaba rápidamente.
“¡Uuf!” gruñó Char.
“Sí, sí, ¿sientes eso?” replicó Domo. “Ahora estás siendo ofendido. ¡No me perdones! ¡Demanda respeto de mí! ¡Demanda devolución del daño que he causado! ¿Quién es el mejor Charmander, eh? ¿Yo o tú? ¡Es tú decisión!”
Char le frunció el ceño a su doble. Sabía lo que tenía que hacer, ahora. Tenía que
odiarlo. Tenía que
aborrecerlo. Tenía que sentir el mismo odio que alguna vez sintió por Scythe, y también por Eva, y por el Spearow que atacó a Saura. Pero... ¿podía él atreverse a odiar a su entrenador? No parecía estar funcionando. Sabía que tenía que pensar en algo antes de ganarse más golpes y moretones...
No, se dio cuenta. Él no podía odiar a aquellos que eran sus amigos. Él no podía traicionarlos con su fuego. Pero... había una cosa que sí
podía aprender a odiar...
El Maestro, se dijo Char a sí mismo.
El Maestro. Odio... al Maestro. De la misma forma en que Saura odia al Maestro. De la misma forma en que Scythe odia al Maestro. De la misma forma en que todos los Pokémon en este lugar odian al Maestro. Él que destroza familias... Él que mata y roba sin remordimiento... ¡él es a quién odio!
Char se sintió vigorizado; la llama de su cola instantáneamente creció al doble de su tamaño normal. Las flamas se revolvían en su vientre, listas para ser arrojadas hacia afuera a su disposición.
“¡Bien!” exclamó Domo. “Veo que has conseguido agarrarlo. Ahora, ya que entiendes cómo funciona, es solo cuestión de práctica. Usa tu fuego para derrotar a tus enemigos en batalla, y –“
Mi fuego arde... se dijo a sí mismo Char, sin escuchar a Domo.
¡Espera! ¡Es ESO! ¡Eso es PERFECTO! ¡Mi fuego arde… para destruir al Maestro!
*¡FWOOM!*
Una bola de fuego de tamaño decente se elevó desde el pecho de Char, saliendo disparada de su boca y golpeando al doble en el medio de su discurso. Domo cayó de espaldas al suelo rocoso debajo.
“¡Bien hecho!” gritó él, poniéndose de pie saltando. “¿Ves? ¡Experimentas elación! ¡Tu fuego sale en tu ayuda! ¿Puedes hacerlo de nuevo?”
*¡FWOOM!*
Char tosió otro plumaje de fuego, y esta vez el Ditto saltó fuera del camino para evitar el ataque.
“¡Aprendes!” dijo el otro Charmander. “¡Esta es la clave! Este es el primer paso en aprender cómo usar tu fuego en batalla. ¡Has aprendido bien!”
Char sintió el agradable y mordaz calor en el pecho. Dio una mirada a su cola, observando cómo la llama estaba al doble de su tamaño original. Sonrió.
Mi fuego está ahí, se dio cuenta.
Siempre ha estado ahí. Todo lo que en verdad necesitaba… era una razón para pelear.
Y tal vez… ya no tengo que ser un cobarde nunca más.
Por primera vez desde su transformación, Char sintió el tenue parpadeo de una emoción que había olvidado cómo sentir. Sintió un parpadeo de real y verdadera felicidad.
“Gracias,” murmuró Char, haciéndole una reverencia a Domo y levantando las manos para mostrar que ya no quería pelear. “Creo que entiendo. Sé cómo controlar el fuego.”
“Confía en mí, ¡aún no has empezado a aprender todavía!” proclamó Domo, cambiando de vuelta a la forma de Mew. “Has aprendido el tipo más básico de ataque que tu fuego es capaz de hacer: una simple descarga de tu fuego del interior al exterior. Este ataque básico es conocido por los Pokémon como el “ataque Ascuas”. Pero faltan docenas, quizás centenares más de formas para ti de utilizar tu fuego. Pero, quizás, esas pueden ser lecciones para otro día.”
“Lo entiendo,” dijo Char, haciendo otra reverencia. “Te lo agradezco.”
“Gracias por la oportunidad de entrenarte,” replicó Domo. “Es un honor. He olvidado cómo era ser un Charmander, o un Charizard. Me has dado la oportunidad de recordar la naturaleza fuerte y apasionada que tienen.”
Sonriendo en júbilo, Char se retiró de la plataforma de piedra y volvió con Saura. Su cola ardía intensamente mientras sus pensamientos seguían corriendo en círculos, proclamando “¡Tengo mi fuego!
¡Tengo mi fuego!”
“¡Y tú, pequeño Bulbasaur!” llamó Domo. “¡Seguro, no has venido a mí en vano! ¡Ven, acércate! Es tu turno ahora.”
“Eh… está bien,” dijo Saura, girando hacia Domo. “Um… bueno, ya que estoy aquí, tengo una pregunta para ti también. Hace rato, luché con un Bulbasaur, pero él me atacó de una forma que no reconocí…”
“¿Un ataque nuevo?” dijo Domo, ya en la forma de Saura. “Descríbemelo.”
… … …
Aunque Char y Saura querían hacer algo más antes de retirarse a sus habitaciones por la noche, no pudieron pensar en nada que hacer después de las lecciones de Domo. Todo el tiempo, Saura estaba demasiado ocupado cantándole a Char el nuevo ataque que Domo le había enseñado, llamado “semillas bala”. Char estaba simplemente agradecido que eso distraía a Saura lo suficiente como para no recordar el nombre de su equipo, o cualquier cosa más que pudiera acabar con su buen humor.
Eventualmente, vino el tiempo en el que tenían que regresar al Equipo Remordimiento. Satisfechos por los logros del día, Char y Saura treparon las escaleras y bajaron por el túnel que iba a las habitaciones del equipo de élite…
“Bueno, supongo que así termina nuestro primer día,” se rio Saura mientras se dirigían por el túnel. “No solo logramos nuestra primera misión, pero también aprendimos nuevas habilidades, ¡e hicimos nuevos amigos! ¡El Equipo Cacahuates está en la ruta a la victoria!”
Ahí va de nuevo, notó Char.
Y... ¿qué? No me digas... ¿no parece que le importe más el nombre...?
“Y mañana, nos levantaremos y lo haremos todo de nuevo,” suspiró Saura. “Esto en verdad
es algo emocionante, de todos modos. Cuantas más victorias obtenemos, más conocido el nombre de nuestro equipo será, ¡y más famosos nos volveremos! ¡Las fuerzas del Maestro se acobardarán ante nuestra... em... fama!”
Char se mordió la lengua.
“Oye, Char, tengo una idea,” dijo Saura, saltando de aquí para allá. “¿Qué tal si tenemos una especie de lema? ¡Quizás nuestro lema podría ser algo que digamos cada vez que nos encontremos con los malos! Imagínate. Los tipos malos están ahí, pensando que se pueden escapar de esta. Luego de repente, salimos de la
nada, y saben que están en problemas cuando escuchan las palabras...”
Saura saltó en frente a Char y se dio vuelta, enfrentándolo como un enemigo y sonriendo maléficamente.
“... ¡Para proteger a Ambera de la devastación! ¡Para destruirle al Maestro su dominación! ¡Para denunciar la alianza con la mano de la maldad! ¡Para resistir a aquellos que plagan nuestra tierra! ¡El Equipo
Cacahuates está aquí para representar lo que es correcto! ¡Nunca caeremos sin dar pelea! ¡¡Ja-JA!!”
Oye, eso no está tan mal, pensó Char mientras Saura saltaba nuevamente y hacía una pequeña pose. Char esbozó una sonrisa.
Pero justo cuando la sonrisa de Char cubría su cara, la de Saura desapareció.
“Oh, Char. ¡Es simplemente inútil!” gimió Saura en un repentino asalto de angustia, sorprendiendo a Char y dejándose caer en el suelo de la desesperación. “He intentado tan duro acostumbrarme al nombre de nuestro equipo. Pero... ¡no puedo! Solo no puedo, Char. No me importa si a todos los otros les gusta el nombre. ¡Lo
odio! No... no quiero ser un cacahuate. ¡No quiero ser algo débil y tonto y estúpido! ¿Por qué tenemos que estar atascados con un nombre tan terrible? Lo siento, Char. No debería estar actuando así. Pero cada vez que escucho el nombre, succiona toda la energía que hay en mí...”
Char dio un paso al frente y le dio un gran abrazo.
“Lo sé, lo sé,” sollozó Saura, casi listo para llorar. “Sabíamos desde el comienzo que esto no sería fácil. No debería estar quejándome así. En serio no debería.”
Char sonrió.
“Saura,” dijo él gentilmente. “Me estaba preguntando algo.”
“¿Qué es?” refunfuñó Saura, posando una mirada interrogativa a su amigo.
“¿Te gustaría cambiar el nombre de nuestro equipo?”
Saura sostuvo la respiración. Sus ojos se ensancharon.
“¿Puedes
hacer eso?” exclamó Saura. “¡No lo sabía!”
“Yo tampoco, hasta que se lo pregunté a Scythe hoy más temprano,” explicó Char. “Me dijo que era fácil. Solo tienes que ir a los registros y pedir un cambio de nombre para tu equipo. Hasta podríamos ser capaces de llegar antes de que la oficina se cierre esta noche. Tienes que escribir el nuevo nombre en papel, sin embargo, así que deberás ayudarme con esas runas huella con las que todos escriben. Y solo puedes tener un cambio de nombre por año, o algo así...”
“Char, me
encantaría...” suspiró Saura. “Pero... ¿tienes algo en mente? ¿Algo mejor que Equipo Cacahuates, por lo menos?”
“Oh... puede ser que tengo algo en mente,” replicó Char, mirando pensativamente en la distancia.
... ... ...
Más tarde esa noche, un Pidgeotto se abalanzó desde el aire dentro del pasillo. Lanzando una mirada de reconocimiento hacia el Charmander y el Bulbasaur que estaban cerca, el Pidgeotto se posó en el suelo del pasillo. Vació de sus talones unos rollos de papel. Tomando uno con el pico, lo aplicó en un tablón de anuncios cercano con unos cuantos picotazos.
“Noticias interesantes hoy,” comentó el Pidgeotto. Juntó rápidamente el resto de los papeles con sus talones, enrollándolos en pequeños y organizados rollos, y luego despegó de nuevo.
“Cuídense,” llamó mientras se alejaba volando, dejando una o dos plumas atrás.
Saura se acercó al gran anuncio en el tablero, completamente cubierto con bloques y bloques de runas huella, todos de variados tamaños.
“Hmm...” dijo Saura. “Dice... El Equipo Absolución culminó una campaña de una semana en las montañas. Y el Equipo Remordimiento sigue luchando en el Cañón Cuenco. Hmm... Dijeron que estaría aquí...”
Saura sonrió con entusiasmada anticipación, encontrando el pasaje de texto que había estado buscando. Char sostuvo la respiración, saboreando la apariencia en la cara de su amigo.
“Por otra parte, el Equipo Cacahuates... por pedido del líder del equipo, desde este momento será conocido como... el
Equipo Ascuas...”
Vaya, realmente estamos en las noticias, se dio cuenta Char, sintiendo el fuego en su vientre estremecerse del júbilo.
Todos en el resto de la División Dorada leerán esto mañana a la mañana...
“A pesar de los desbordantemente positivos comentarios del nombre anterior, el recién fundado equipo ha pedido este cambio por razones personales,” Saura continuó. “Mientras no es igual de único como Cacahuates, aquí en el registro concordamos unánimemente que el nuevo nombre es... significativo y bien elegido. ¡Buena suerte a ustedes, Equipo Ascuas, y a todos los miembros más recientes!”
Saura miró de vuelta a su amigo.
“Bueno, es oficial,” dijo él. “Somos el Equipo Ascuas ahora...”
“¿Qué piensas?” preguntó Char. “¿Te gusta? ¿Te arrepientes de algo? Me sentí un poco culpable por nombrar al equipo tras el fuego, ya sabes... Pero pensé que era simplemente un buen nombre que
significaba algo. Algo de lo que ambos podemos estar orgullosos.”
“Char... Yo... en verdad no sé que decir,” jadeó Saura, dando empujones a la pierna de Char mientras miraba de vuelta al tablón de noticias. “¡El nombre es perfecto! ¡¡Te lo agradezco
tanto!! Yo... No tienes idea. En verdad me saca un peso de encima no tener que estar avergonzado del nombre nunca más... ¡y no tener que pretender que me gusta!”
En eso, los dos pequeños Pokémon se giraron para dirigirse a la puerta del Equipo Remordimiento, listos para dormir y comenzar el nuevo día con los corazones en alto.
Traducido por WillChar96.
Translated by WillChar96.