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#21

Capítulo VI

Capítulo VI

Hola! Bueno después de ausentarme un poco en el FansFicWorld vengo de regreso con otro capítulo de este Fic.
La verdad... esta vez no responderé los comentarios, uno a uno, pero quiero que sepan que se los agradezco chicos! n.n

Demian y Akane, me ayudan bastante con esto, y bueno... si la madre tiene una buen trasero, eso hará que Dante pase a sufrir el complejo de Edipo! (?)

Gracias a Akane por lo de los diálogos, intenté usarlos en ese orden en este capítulo, aún se me hace medio difícil pero ahí voy, lento pero constante. Y Demian... pues si, como lo dije una vez no todo es lo que parece en este fic, ya verás porqué. Puede que se vea algo incoherente, pero todo eso toma fuerza y coherencia más adelante.

Espero que les guste este capítulo, intenté corregirlo lo más que pude para no tener errores ortográficos y/o algo que los pueda "descolocar" y bueno... disfruten leyendo.


Capítulo VI



Estaba ardiendo por dentro, algo en mí quería devolverse e ir y matar a ese hombre pero sabía que eso no era posible y además, de que no tenía la suficiente fuerza de voluntad para hacerlo; sería estúpido ensuciar mis manos de sangre todo por un ataque de ira.

Aún estaba dentro del taxi camino a la casa de Chris, el estar molesto no me dejaba pensar con claridad porque trataba de imaginar mil cosas a la vez para evitar recapitular en lo que pasó hace un momento, lo cierto del caso es que no sabía si comentarle o no lo que acababa de pasar.

La cabeza comenzó a dolerme fuertemente, otra jaqueca sobre mí como si no fueran suficientes.

…


La luz golpeaba mis ojos causándome dolor y cegándome por unos segundos. Me costó acostumbrarme, era extremadamente brillante.

Cuando por fin pude ver me di cuenta de donde estaba, el lugar me era familiar aunque todo estaba raramente oscurecido y sucio; como envejecido por el paso del tiempo y, aunque la luz no me dejaba ver con detalle no era necesario; era mi casa. Estaba tirado en el suelo, me levanté y fue cuando la vi, ahí estaba…., ella; con su largo vestido blanco que resaltaba en toda la habitación, lo único de verdad limpio ahí; y fulminándome con su mirada, aunque no podía verle el rostro esta vez al igual que la anterior lo podía sentir en todo el cuerpo.
Sus ojos clavándose sobre mi, disfrutando mi desconcierto y todo lo que me sucedía.

—¿¡Quién eres!? ¡Muéstrate! —grité a todo pulmón. Aunque lo que salió de mi boca fue algo apenas más alto que un susurro; el aire estaba lleno de polvo y cuando hablé pequeñas ondas se formaron por donde circuló el sonido.

Ella por su parte siguió ahí inmóvil, ignorándome por completo; era como si no hubiera escuchado alguna palabra de lo que dije. Su único gesto fue el de sonreír igual que la vez pasada.

—¡Dime de una vez quien eres! —ordené con autoridad nuevamente… y seguía siendo lo mismo, un sonido apenas audible.

Al ver que aquella mujer no se movía ni un centímetro, sólo se quedaba ahí y por más que intentara no podía alzar la voz, me frustré. Frustración o… asfixia, ambas se apoderaron de todo mi ser.

Comencé a correr en su dirección pero por más que lo hacía nunca llegaba; el camino se alargaba con cada paso que daba y la fémina estaba igual de inmóvil como una estatua.

No me di por vencido, no podía hacerlo. Seguí corriendo lo más rápido que podía y me di cuenta que todo andaba despacio, incluso yo.

Era como si el tiempo estuviera deteniéndose mientras yo intentaba acercarme… pero, me percaté; aunque todo parecía transcurrir en cámara lenta poco a poco me acercaba más y más. ¡Por fin!..., la tenía cerca, solo unos metros me separaban de ella.

Pero… se movió, por primera vez; por un momento creí que se iría pero en vez de eso colocó uno de sus brazos detrás de su espalda y luego… algo muya raro sucedió. Lo estiró hasta mí, tenía algo en su mano.
Por instinto tomé el objeto; ella dejó entrever sus dientes en una sonrisa algo macabra y luego todo desapareció. Como por simple arte de magia todo se esfumó. Quedé rodeado en penumbra total; el eco de una diabólica risa se escuchó por todo el lugar, me era imposible ver siquiera mi mano aunque la colocara frente a mí, y el objeto… lo que había tomado… ya no lo tenía.

Una voz en mi cabeza titilaba, era cálida, suave… hermosa. Aunque cuando logré entender lo que decía, me ordenó. Lo hizo muy autoritariamente— Despierta.

Un sonido fuerte me volvió a la realidad, era el taxista que hacía pitar su corneta.

—Son veinte.
—¿Uh? ¿Ya… llegamos?
—Sí. Y son veinte —gimió nuevamente.
—Tenga —revisé mis bolsillos en busca del efectivo que cargaba encima y conseguí el dinero, pero no era solo eso había algo más, pero no me detuve a ver que era. El chofer parecía apurado, como si se le estuviera presentando una emergencia biológica.

Bajé del auto y ahí estaba, frente al portón de la casa de Chris; tan imponente como siempre. En mi bolsillo había conseguido algo que no cargaba con anterioridad ya era tiempo de ver que era.

Introduje mi mano nuevamente en el bolsillo del pantalón esperando coger el objeto; era plano, muy plano y algo duro al tacto, era… un sobre. Esa que me había dado la misteriosa chica en… ¿el sueño? No lo sé, no tenía idea alguna de que había pasado.

Lo miré por ambos lados, a diferencia de las veces anteriores no era una postal, pero esta vez tenía algo escrito encima. Una letra cursiva bien cuidada, imposible de decir si era de hombre o mujer, solo decía “Despierta”. Aunque algo dubitativo seguí palpando el sobre para ver si tenía algo dentro y efectivamente lo había, pero el sobre estaba sellado.

Dudé por un momento si abrirlo o no en ese lugar, quizás debería esperar y abrirlo con Chris por si acaso.

Me tomó un minuto llegar a una decisión… debía abrirlo. Tenerlo por mucho tiempo conmigo no era lo mejor, además quería saber de verdad que tenía dentro. Por más maduro que fuera, seguía siendo un niño curioso, siempre lo había sido; buscando el por qué de las cosas siempre que podía y esta era una de ellas.

Sin pensarlo más, solo rasgué el sobre para ver que contenía, y era eso… lo mismo de siempre. Una postal.

Ya eran bastante extrañas este tipo de cosas, pero ahora venían en un sobre, ¿de verdad? Y no sólo eso, sino escritas también; ¿qué sería lo siguiente? ¿Una carta amenazándome de muerte?

Por más que debatía conmigo mismo, sobre que esto era una especie de broma pesada de alguien con graves problemas mentales, no lograba convencerme. Era imposible que esa persona pudiera: hacerme dormir, soñar con una chica, una carta y que esta “misteriosamente” apareciera en mi bolsillo. La única teoría razonable que podía concebir en ese momento era que había sido el taxista, pero cómo; solo lo había visto una vez en mi vida; quizás trabaja para alguien que quiera hacerme daño, pero ahí entraba otra interrogante: ¿por qué a mí? No le he hecho daño a nadie, sino fuera por mis padres sería un total desconocido para lo sociedad, y ahorita tampoco es que sea muy conocido.

Pero ni modo, tomé la postal entre mis dedos, deslizándola suavemente fuera del sobre, no tenía la imagen de un abismo o de algo envuelto en llamas como las anteriores, solo eran un montón de trazos entre negro y rojo; también muchas letras y símbolos sin ningún orden aparente. Del otro lado tenía un mensaje, estaba un poco asustado ya que no sabía que podía decir el mensaje, pero que más daba. No creo que algo pudiera sorprenderme después de lo que he pasado hoy, pero… me equivoqué.

“Ten Cuidado en quién confías. Hoy, mañana y siempRe. No todo es lo que parece nI nadie quien aparenta Ser.”

Un mensaje bastante extraño y tenía la sensación de que había algo más en esa tarjeta por la forma en que estaba escrita, pero me decidí por hacer algo un poco inusual; no le prestaría atención a nada que tuviera que ver con eso, tenía mayores problemas de los que encargarme aunque… no podía negar que esto me asustaba en niveles descomunales.

—¿Dante?... ¿Dante Harrys? —dijo una voz cercana a mi. Sacándome de todo mi embrollo mental.

Examiné todo el lugar pero no veía a nadie, hasta que de pronto salió. De la pequeña casilla de vigilancia ubicada a un lado de la gran reja, Salió él, Demian.

Lucía como siempre desde que lo conozco. Su ropa vaporosa que siempre parece dos tallas mayor a la de él y cabello despeinado con “estilo” como suele decir. Es el primo de Chris, hijo de la hermana de la mamá del mismo.

—¡Qué milagro verte por aquí!
—¿Demian?... ¡Demian!
—Tenías tiempo sin venir ¡Eh! Ya no recuerdas a tus amigos —dijo mientras abría la verja y se acercaba a mi.
—Pero si tu eres el que nunca viene, Dem —le dije mientras nos dábamos un apretón de manos—. No quieras echarme la culpa a mí.
—Pero estoy aquí desde hace dos semanas y tú nada que aparecías —me dio un golpecito en la espalda—, ni señales de humo lanzabas.

Después del saludo y un pequeño intercambio de palabras pasamos por fin a la casa, ya había perdido la noción del tiempo y no sabía cuanto llevaba ahí. Él notó que yo andaba algo extraño, ya que hablaba bajo y mi mirada se perdía en el horizonte o entre los arbustos de la entrada; pero negué a toda costa sentirme así, tenía tiempo sin verlo no quería comenzar a aturdirle con todos mis problemas, yo debía ser quién escuchara todas las anécdotas de él y no al revés.

Una vez llegamos a la casa en sí, caminamos hasta llegar al segundo piso, que era donde estaba la habitación de Chris.

—¡Chris! Tienes visita.
—¿Quién es? No espero a nadie hoy.
—Soy yo —respondí—. Y tengo que hablar contigo… urgente.
—¿Qué pasó? —preguntó. Mis palabras y mi presencia misma lo sorprendieron ya que según mi madre hoy estaría ocupado y no podría ir. Puede que se lo haya estado esperando, él es una de las personas que más me conoce por no decir la única, pero fui duro al hablar lo que de verdad le extrañó—, imagino que no es nada bueno.
—No te equivocas —respondí. Mi voz comenzaba a flaquear. Mis ojos se humedecieron y no sabía si era por tristeza, enojo o frustración—; necesito hablar contigo… a solas —él miró a su primo que entendió rápidamente el mensaje.

Demian salió de la habitación, no dijo nada. Él también me conocía, y supo desde un principio que algo no andaba bien; pero aún así no creo tenerle la suficiente confianza para contarle cosas como las de hoy.

—Esto… esto es duro, Chris.
—¿Qué pasó? Me doy cuenta de que algo no esta bien.
—¿Algo? Nada, Chris —respondí. Ya mis lágrimas salían solas sin yo poder controlarlas. Lo único que podía hacer era intentar secarlas con la manga de mi camisa pero era imposible; si secaba una salían dos, y tres e iban en aumento—. Nada va bien, todo se me desmorona rápido…

Él intentó consolarme, me dio un pañuelo y me sentó en su cama. Tomó un pequeño taburete que tenía ahí cerca y se sentó frente a mí —Dime de una vez lo que pasó. Sabes que puedes confiar en mí.

Suspiré, con el paño secaba las lágrimas hasta que dejaron de correr aunque mis ojos seguían rojo y húmedos —Mi madre, ella… engaña a mi papá.

—¿Qué? ¿Estás seguro, Dante?
—Si.
—Pero… ¿lo admitió? ¿Cómo te diste cuenta? ¿La encontraste en…? —aunque en él había sorpresa, también hacía muchas preguntas, estaba muy curioso como si estuviera alegre por la noticia, extasiado o algo por el estilo. Solo quería saber más.
—¿Qué te importa cómo me enteré? Solo… lo hice y punto —respondí casi que gritando, aunque mi voz me fallara en ese momento—. No sé que hacer, no sé como decírselo a papá.
—¿Seguro que quieres que lo sepa? Esto… —hizo una pausa—, esto podría destruir tu familia.
—Y la imagen perfecta que proyectamos —asentí.

Quedé dubitativo por largo tiempo, en realidad lo único que pensaba era en como salir de esto. Qué sería lo que tenía que hacer para que todo esto acabara de una vez, y todo volviera a la normalidad, ¿acaso debería quedarme callado?; no lo sabía con seguridad.

Chris me dio un vaso con agua y comenzó a hablarme sobre las fotos que había tomado en el salón la vez pasada para intentar distraerme. Sacó cinco en total y las había impreso todas.

—Fíjate… mira las fotos con detenimiento y dime que vez.
—Letras… símbolos, mucho rojo; dibujos raros. ¿Debería ver algo en especial?
—Mira aquí —señalo una de las fotos—. ¿Vez estas líneas negras con rojo que se forman aquí?
—Sí. Si las veo —asentí—, ¿qué tienen de especial? —pregunté. No sabía a que quería llegar.

Él suspiró.

—Si unimos todo de esta manera… —comenzó a mover las fotos hasta alinearlas de una forma un poco extraña y desordenada
—Obtienes un patrón —dijo Demian que acababa de entrar al cuarto.
—Pero fíjate, ahí no encaja bien —dije mientras señalaba una parte de la fotografía—. Ahí la líneas se cortan, parece… que faltara una más.
—No lo creo. Tomé muchas fotos —comenzó a buscar en su teléfono—, mira, aquí están todas —señaló su teléfono—. Ciertamente parece incompleto, debí haberme pasado algo por alto.

En ese momento lo recordé… Ella… la mujer, me dio algo.

—Prueba con esto.

Le dí la postal a mi amigo pero volteada para que no leyera el mensaje. Me miró algo desconcertado pero no dijo nada por el hecho de que Demian estaba ahí; solo la tomó y comenzó a cuadrarla para ver si encajaba en el diseño.

Movía la postal de lugar cada segundo, doblando las esquinas, moviendo las demás, intercambiando posiciones intentado hacer que encajara junto con el resto.

Pasaron unos cuantos minutos hasta conseguir integrar la postal junto con las fotos, pero al final lo logró. Todas juntas formaban una especie de símbolo o marca muy rara.

—Genial. Ya tenemos el símbolo, ahora… ¿Qué significa? —preguntó Demian mientras hacía una mueca y se frotaba la cabeza.
—Eso es lo que tenemos que averiguar. ¿Alguno de ustedes lo ha visto antes? —preguntó Chris.
—Yo creo haberlo visto —asentí—. En… en la clase de historia, ¿recuerdas? Cuando el profesor estaba explicando la clase de la guerra y luego se salió del tema y comenzó a hablar sobre mitología. Cuando agarró el libro de “Historias de los antepasados” y una hoja se le cayó, creo que tenía ese mismo símbolo.
—No. La verdad no me acuerdo —dijo con lástima—, pero supongo que podríamos preguntarle. Podemos ir a su casa.
—Si… supongo. ¿Sabes donde vive?

Él me miró a mi y yo a él. Ambos desconcertados y fue cuando nos dimos cuenta: ninguno de los dos sabía donde vivía el profesor, y no era raro; no puedes esperar que cuando hablas de historia de guerras perdidas, seas viejo, calvo, mugroso y amargado y tengas un auto destartalado, alguien te vaya a visitar. Mucho menos un alumno.

Quedamos largo rato en el cuarto. Chris se metió a su computadora a buscar “Símbolos Extraños” en Internet y consiguió muchos más de los que pensaba así que comenzó a abrir página por página para comparar cada uno de los que conseguía con el de nosotros pero sin éxito, así fue descartando página por página.

Demian y yo estuvimos hablando mientras examinábamos lo que acabábamos de descubrir. Nos aburrimos al poco tiempo y lo dejábamos de lado pero con el pasar de los minutos la curiosidad nos arropaba y volvíamos a intentar de nuevo. Lo único que pudimos hacer era anotar las letras que estaban ahí, pero si las juntábamos aunque conseguíamos palabras, ninguna tenía sentido como para formar una oración.

Cuando mucho palabras como: PARA y SOMBRA fue lo único que logramos formar.

—Esto es extraño, ¿de qué es todo esto? —preguntó Demian.
—Ni siquiera nosotros lo sabemos. Creemos que alguien nos está jugando una especie de broma o algo por el estilo —respondió Chris desde su computadora.
—Pero no creo que nadie haya sido capaz de matar a Brittany por un simple juego.

Él se volteó, me miró directo a los ojos por un segundo y agregó—No tienes idea de lo que pueden hacer algunas personas ¿Cierto?

El primo de él nos miraba confundido, ahorita estábamos hablando tranquilamente pero al mencionar a esa tal Brittany, Chris cambió drásticamente su tono de voz al hablarme.

—Créeme sé perfectamente de lo que algunos son capaces.
—No pareciera.

De repente había tensión en el aire, era palpable incluso.
Afuera el sol había sido eclipsado completamente por espesas nubes grises que luego empezaron a llorar; una lluvia torrencial empapó las calles en segundos y difuminó las montañas que normalmente se podían ver a la distancia.

Las gotas rebotaban del vidrio de la ventana, intentado entrar pero sin éxito. Todos permanecíamos callados, era un silencio sepulcral y a Demian ya le comenzaba a incomodar.

—Esta lloviendo muy fuerte —dijo para romper el silencio.

Ninguno de nosotros dos respondió, ya que era algo bastante obvio y nadie sentía muchas ganas de hablar.

—¿Me puedo quedar aquí hoy?
—Todo el tiempo que quieras —respondió Chris. Estaba serio, había algo que le incomodaba, intenté pensar que sería pero no lo lograba descifrar.


PD: Pista escondida en el capítulo! Quien la encuentre se gana una galletita virtual.
Y si se fijaron Demian hizo su aparición aquí, espero que te guste el rol que cumples, Dem. Aunque luego corras con la misma suerte de Brittany! (?)

Baby we are the New Romantics Come on, come along with me
Heartbreak is the national anthem We sing it proudly

#22
Este capítulo empezó muy bien debo decírtelo. Pausado, con buenas descripciones, palabras muy bien colocadas… en fin, si sigues así no hay dudas de que este será uno de los mejores fics de la sección.

O:! Apareció un tal Demian y se ve sexy (?) Jajaja, es un buen detalle, Leo, eso lo hace más interesante para mi xD

Qué manera este chico de decir que su madre es una mujerzuela o.o Y ese Demian entra y sale de la habitación sin pedir permiso, qué irrespetuoso (?)

D: No mates a mi personaje, maldito! Mierda T.T Recién aparezco y ya sé que voy a morir. Me gustó mi personaje por ahora… salvo la parte en que habló del clima ¬¬ Yo nunca hablo del clima.

Sobre la pista que dices… pues en la carta las letras en mayúscula forman la palabra TCHRNIS o CRIS si no tomamos las que inician oraciones… pss no sé, es como que Dante no debería confiar en Chris… por algo se alegró al ver que descubrió que la madre engañaba a su padre y por eso hubo tanta tensión al final del capítulo.

Es lo que supongo, así que tendré que esperar para ver si se hace realidad o no. ¡Nos leemos en el próximo capítulo, amigo! ¡Cuídate!


Gracias a todos por recordarme :) Sólo tengo buenos recuerdos de ustedes y de este agradable lugar también.
#23
Bueno, empiezo con la pista que es:
No arruinar
las letras en mayúscula después de la T: CHRIS en la misma carta que le dieronm sí no tomamos en cuenta la N, además que parece muy contento por que tal vez quiera el rompimiento y parece algo obvio :I


Bueno, seguimos con la historia general. El principio parece lento y poco substancial, sin embargo eso cambia tras el epidosio dos. Al inicio del tres hay escenas muy innecesarias pero tampoco es un problema, incluso puede ayudar a conocer a los personajes (para que luego mueran al estilo game of thrones, aunque no lo leo) de como actúan, ya presentando la carta de triunfo con la unión de las postales y una trama posterior a intentar conocer, o sea una en desarrollo inherente al protagonista que posteriormente se induce este; ello le da puntos para aumentar el misterio sin embargo puede que nunca lo sepamos por que la chica debate entre la vida y la muerte, mientras que la pobre Britanny ya sucumbió ante el cegador de almas.
¿Es una(varias) persona(s)? ¿Es un ser? tal vez no haya forma de saberlo hasta que se den todas las piezas ante uno, aunque las pistas luego ayudan.
Después viene la parte de los juegos mentales del psicólogo (hubiera sido buen detalle ver métodos de psicología), los cuales se tornan en contra y se da a un aspecto muy fuerte que agrega picante a la trama. Una madre que se va de aventuras mientras el padre no está y confunde al protagonista Dante, el odio se genera y eso entorpece los pasos de las personas, sin una mente calmada uno puede "tropezar" como lo hizo Britanny.
Un misterioso carismático pero grosero personaje se induce (Demian), espero que al menos tenga un papel mayoritario e importante antes de morir, aunque sea que ayude en una pista, que luego parece que solo quieren deshacerse de él, lo cual no pega. Tenemos la primer pista hacia el lector que puede ser de gran ayuda para después sin embargo en la misma lectura se nota a grandes leguas, sí se lee bien claro está, eso podría ser un error aunque apenas es el entremés de todo esto.
Muy buena lectura, lo recomendaría a gente y te exhorto a que lo sigas, me atrapó a partir de que empezaron los misterios substanciales.


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Lee mi Fanfic: Pokémon Shi Daos


#24
¡Hola! He yo aquí apareciendo de nuevo y con otro capítulo de Celaje.

Primero que nada gracias a los dos usuarios en comentar @Demian y @xpokemaster de verdad agradezco mucho sus comentarios porque me motivan a seguir un montón, no importa que sean sólo ustedes dos los que me lean o si es uno solo el que lo haga, siempre y cuando les guste y lo sigan haciéndolo, de verdad me motiva, y mucho.

También lamento un montón el retraso de unos cuantos meses de este capítulo, me tenía propuesto postear al menos un capítulo por mes pero bueno… me han pasado demasiadas cosas últimamente, no todas malas pero tampoco todas buenas. Larga historia.
Aunque por falta de tiempo no responderé a los comentarios de ambos por separado (juro que es por falta de tiempo y no por flojera), quiero que sepan nuevamente que se los agradezco un montón.

Respecto al capítulo, este es algo así como un capítulo “especial” y por eso tiene nombre, que es justamente el del protagonista de este relato. La idea se me ocurrió hace mucho por eso dejé la pista en el capítulo anterior, aunque esa es una pista con doble propósito uno, era que de Chris va a tratar este capítulo y el otro… eso lo descubrirán más adelante, prometo que no los defraudaré. Quiero que sepan que comencé a escribirlo a finales de noviembre inicios de diciembre y lo terminé el viernes pasado ya que solo escribía cuando mi aburrimiento era totalmente mayor que yo (y cuando el tiempo me lo permitía), tenía la idea sólo me faltaba llevarla al papel, fueron páginas y páginas y creo que escribí hasta tres materias del cuaderno solamente con este capítulo (sí, lo escribí en físico en un cuaderno de varias materias, pero es un cuaderno pequeño, no se asusten), luego pasé con lo que a mi parecer es el paso más importante y aburrido de todos: la transcripción. Aunque ya tenía una parte transcrita desde hace un tiempo eso era prácticamente solo el inicio del capítulo así que tuve que prácticamente pasar todo el capítulo a la Pc para luego pasar a la revisión.

Intenté conservar la calidad y de ser posible subirla, me tomé un tiempo revisando y corrigiendo cada página y asegurándome de que nada se me pasara por alto, ya que no quiero decepcionar con él. Pero si notan algún error por favor me lo hacen saber para corregirlo inmediatamente.

El protagonista el Christopher como bien les dije porque quería que conocieran un poco más a este personaje, que a mi parecer jugará un rol muy importante en la historia (sí los estoy spoileando pero todo puedo cambiar todo si comienzan a sospechar), además es el mejor amigo del protagonista, ¿por qué no darle su propio capítulo? Advierto además que el relato es bastante extenso, pensé en dividirlo en dos partes, una para leer aquí y la otra para que la descargaran pero después me dije que no, así era menos trabajo para mí y también menos para ustedes.

Así que sin más les dejo el capítulo para que lo lean, jamás en mi vida sentía que me había esforzado tanto escribiendo algo, espero les guste.

Capítulo VII
Christopher Monet



La lluvia caía torrencialmente sobre todo el lugar, las gotas rebotaban de toda superficie que tocaban, dispersándose por todo el lugar.
El chico de ropas desgastadas observaba el horizonte sin ver nada realmente; ya estaba oscuro y lo único visible era una brillante luz a la distancia que parecía ser difuminada por las incesantes y violentas gotas de agua. El sonido era ensordecedor pero igualmente relajante, la paz de ese instante era indescriptible.

—Crees… que deba… ¿regresar?
—¿Por qué me lo preguntas a mi? —respondió el hombre a su lado. Su vestimenta sólo eran trapos; su cabello rubio y desaliñado estaba cubierto de mugre igual que su blanca piel.
—Pero… no sé qué pasará. ¿Y si nada cambia? No quiero que las cosas sigan así —añadió el pequeño mientras seguía viendo fijamente al horizonte. La luz parecía acercarse cada vez más.
—Yo no puedo responder por ti, Christopher. Nadie puede. Si regresas o no es tu problema y si las cosas cambian o no es gracias a ti; solo tú tienes la potestad de hacer que las cosas sucedan —sentenció el hombre levantándose del suelo y dando la espalda al niño—, de todas formas ya vienen por ti.
—Llévame contigo. ¡Por favor!
—No puedo hacer eso. Me pediste que te buscara por un tiempo y tu tiempo ya acabó, tres días fuera de tu casa es más que suficiente. No quiero ni imaginar por lo que debe estar pasando tu madre.
—Pero papá…
—Yo no soy tu padre —interrumpió el hombre severamente. Volteó su cabeza para ver el niño por encima de su hombro con una mirada fulminante—. No vuelvas a decirme de esa forma —ordenó—, mi compromiso contigo terminó hace mucho tiempo y yo estoy feliz por ello.

El hombre volteó su cabeza y siguió caminando hasta desaparecer bajo la lluvia. Christopher abrazó sus rodillas y las estrechó contra su pecho fuertemente intentando resistir las ganas de llorar, pero fue en vano.

Las lágrimas se deslizaban por sus coloradas mejillas y caían al suelo. La luz que hace un momento estaba a la distancia se acercó velozmente, ahora las gotas al golpear la superficie formaban la figura de un auto con su salpicar; la puerta del acompañante se abrió y de ella una mujer salió apuradamente en dirección al muchacho.

—¡Christopher! ¡Hijo! —gritaba ella mientras abrazaba al niño entre sus brazos sollozando junto con él.
—Donde… ¿Dónde estoy? —preguntó el pequeño haciendo parecer que estaba perdido.

Una mirada piadosa se apoderó de su madre. Lo tomó de los hombros y lo miró fijamente por un momento, luego… un sonido fuerte se escuchó en el lugar incluso por encima del sonido que la lluvia producía; el pequeño volteó su cara con brusquedad y se acarició el cachete mientras su madre sostenía su mano en el aire abierta completamente. Su mirada ahora era fría y en sus ojos se podía notar la rabia que se apoderó de ella.

—Escúchame bien mocoso. Que sea la primera y última vez que te escapas de mi, para la otra no te lo perdonaré, ¿me entiendes? No pienso volver a salir a buscarte por toda la ciudad de nuevo sólo porque al bebé le dio unos de sus caprichitos y se escapó de casa —le advirtió. Su voz era áspera y fría, no se parecía a la mujer que hace un momento lo había tomado entre sus brazos—. Sólo estoy aquí porque Vincent; quiere verte y está preocupado por ti, pero si por mi fuera te pudres en la calle; pero de ti depende la herencia así que más vale te comportes.

Sin decir más, tomó a Christopher por un brazo y de un jalón lo levantó del suelo uniéndolo a ella. Los ojos de él estaban rojos y lloraban solos; intentaba secarse las lágrimas con la manga de su camisa pero sólo se ensuciaba más.

Su madre lo llevó hacia el auto que estaba estacionado frente a ellos. Adentro estaba el chofer que parecía tan calmado y sereno como siempre, mirando como los limpia vidrio escurrían el agua del parabrisas de un lado a otro.

—Ya está. Vámonos —ordenó la mujer. El hombre se limitó a asentir con la cabeza sin siquiera voltearse a mirarla a ella o al niño; presionó el acelerador y fijó su curso en dirección a la casa.

Anduvieron todo el camino en silencio. El auto se detuvo delante de la imponente casa; la verja comenzó a abrirse dándole paso al automóvil.

…



El chofer estacionó frente a la entrada donde un hombre muy bien vestido, de tez blanca y cabello rubio y ojos azul celeste, esperaba. Valeria –la madre de Christopher-, se bajó rápidamente del auto en dirección a él, dejando atrás a su hijo.

—Tranquilo pequeño. Algún día cambiará; ya verás —le consoló el chofer. El niño aún con ojos rojos dejando caer lágrimas por todo el asiento de carro.
—¡Christopher! —gritó la madre del niño desde la entrada de la casa. Ya su voz y actitud no eran las mismas de hace un minuto.

Ella parecía más bien feliz, como si de verdad lo estuviera por haberlo encontrado a él después de tantos días. También sostenía la mano del hombre en esmoquin: sus dedos entrelazados.

— ¡Voy! —gritó el niño sin ánimos, luego bajó del auto y fue hasta ellos.
— ¿Cómo estas pequeño? —preguntó el hombre que sostenía la mano de su madre con voz suave y calmada.

Chris vio por un momento a su madre que enseguida lo asesinó con la mirada, en situaciones como estas las palabras sobraban; él ya sabía que decir: “si dices algo te va mal”

—Bien… —respondió. Su voz apenas era un susurro—, alegre de por fin volver a casa —mintió, pero era lo que tenía que decir. Este fue el acto que su madre le hizo aprender hace ya tiempo—. No quiero volver a perderme de nuevo.

Miró a Valeria nuevamente, le dedicó una mirada de “Bien hecho, justo lo que esperaba”.

—Bueno, nos aseguraremos que no pase de nuevo, ¿está bien? No podría soportar que algo te pasara; eres como el hijo que nunca tuve… mejor dicho. Eres mi hijo —espetó, luego le dio un abrazo. Lo abrazó con mucha fuerza estrechándolo contra su pecho mientras sus ojos se aguaban.

Chris hizo lo mismo, Vincent era como un padre para él. Ese hombre era el esposo de su madre, se habían casado hace ya bastante tiempo y éste había tratado a Christopher como si fuera su hijo ya él no tenía uno.

“Si tan sólo supieras” —pensó el niño.

El abrazo duró apenas unos treinta segundos, que fueron muy reconfortantes para Christopher, desearía que hubiera durado más, quisiera poder decirle quién era realmente su madre, como lo trataba. Por qué había huido de casa y encontrado con su padre; que no estaba muerto como Valeria le había hecho creer; quería decirle todo.

Pero no podía, sería muy raro y también muy malo si traicionara a su madre, ella le había dicho que si abría la boca y contaba algo a alguien lo mandaría a vivir a un orfanato en África, o a un internado en algún lugar más lejos, donde no podría ni salir en vacaciones porque nadie lo buscaría; en pocas palabras lo haría desaparecer y ella era muy buena en eso.

Todos entraron a la casa; Chris fue directo a su cuarto y Vincent y Valeria se quedaron en la cocina. El chico fue directo al baño de su cuarto queriendo quitarse todo el sucio que llevaba encima, la mugre era tanta que teñía el agua de gris a medida que estaba se deslizaba por el cuerpo del pequeño hacía el piso.

—¿Se puede? —preguntó una voz femenina desde fuera de la ducha.
—Pasé —exclamó él.
—Que bueno que volvió a casa, señor —musitó ella. Se quedó del lado afuera de la ducha reacomodando las cosas del baño y asegurándose que él tuviera una toalla para secarse.
—Ajá —graznó con disgusto.
—¿Me permite decirle algo señor?
—Dime. ¿Qué quiere mi mamá ahora? —demandó el chico con enfado. La mujer con la que hablaba era una que las chicas del servicio; su nombre era Gabriela.
—Señor… todos aquí sabemos que usted no quiere estar aquí, y nos hemos dado de cuenta que usted intenta alejarse de su madre. Por eso… —hizo una pausa y tragó saliva—, quiero preguntarle…

Aunque él no la podía ver, si podía imaginar a Gabriela allí parada. Su cabello sostenido por una cola de caballo con pequeños mechones de cabello cayendo sobre su cara; ella era morena y de ojos marrones. El color de su melena de un marrón claro como el chocolate con leche.

—Lo que dices es falso —expresó—, mi mamá y yo somos muy unidos. Estamos más unidos que nunca —agregó severamente.
—Señor… pero…
—Por favor vete —ordenó—. No es algo que sea tu problema.

Eran palabras duras y mucho más si eran dichas con tanta autoridad por un niño de diez años; cualquiera pudiera darse cuenta perfectamente que había un problema.

—La cena está servida. Su madre y el señor Vincent lo esperan —dijo ella rezagada. Luego salió del baño y se fue a hacer sus labores de ama de llaves.

Christopher no respondió. Quería disculparse pero no podía o no debía, era lo correcto; no podía demostrar debilidad o solo confirmaría todas las sospechas que rondaban entre los de servicio pero que nunca se atrevían a preguntar directamente a los involucrados. Eran abejas, recolectando todo el polen para hacer la miel: sólo que en este caso no era polen lo que recolectaban sino rumores y no fabricaban miel sino un chisme.

…



Los años pasaron, dos exactamente. Pero era como si nada hubiese cambiado, cada día la tensión parecía ir en aumento en todas las cenas que pasaban juntos en la mesa como familia, y lo único realmente diferente ahora era que Vincent y Valeria discutían más de lo habitual, en su cuarto, la cocina, el carro. En todas partes y aunque intentaba saber sobre qué, Chris no lograba entender; parecía como si hablaran en clave delante de él.
Intentaban mantenerlo alejado de la casa siempre. Lo enviaban a jugar a la casa de su amigo, Dante Harrys; el que había sido su amigo de toda la vida.

Envidiaba en secreto a Dante, que parecía tener a la familia perfecta; sus padres siempre estaban ahí, y cuando salían de viaje ya sea de negocios o simples vacaciones familiares, llevaban a su hijo con ellos; Chris llegó a viajar con la familia Harrys más de una vez y aunque era bastante divertido él añoraba poder hacer eso con sus padres: con Vincent reemplazando a su progenitor, del que no había sabido nada más luego de aquel día hace dos años.

—Señor. El almuerzo está servido, lo están esperando en la mesa.
—Voy en un momento —exclamó con su teléfono celular a la oreja—. Me tengo que ir, hablamos en un rato —luego de despedirse colgó el móvil y lo guardó en el bolsillo de su pantalón.

Christopher parecía alegre, más de lo que era normal en él y todos podían darse cuenta de eso; quizás era alegría verdadera. Tal vez había olvidado todo lo que había pasado unos años atrás y ahora no le preocupaba nada más que estar con sus amigos.

—¡Hey campeón! —gritó Vincent cuando vio entrar a Chris—, te estamos esperando —espetó con alegría.

El pequeño, aunque ya bastante crecidito, se sentó a la mesa; él y su padrastro sosteniendo una animada charla donde Vincent ignoraba casi por completo a Valeria cuando este intentaba hablar con él.

—Buen provecho —terminó de decir ella con cierta indiferencia.
—Buen provecho —respondieron los dos varones al unísono como de manera automática.

La plática entre ellos duró largo rato mientras almorzaban; hablaron de cantidad de temas desde deporte, tecnología, chicas, la escuela de Christopher y el trabajo de Vincent.

Las cosas perecían andar viento en popa entre esos dos, pero Vincent había comenzado a sentirse mal luego del almuerzo; tosía fuertemente y le estaba costando respirar. Se quejaba de un fuerte dolor en su pecho y había comenzado a sudar fuera de lo normal.

—¿Te sientes muy mal? —preguntó el niño.
—Sí. Pero no creo que sea nada de qué preocuparse, ya se me pasará —respondió el enfermo.
—¿Por qué no vas al médico? Si quieres lo llamo ahorita mismo
—No es necesario campeón —respondió el hombre. Su voz pesada—, iré a acostarme a ver si se me pasa.
—Te acompaño —dijo Valeria levantándose de su silla del comedor.
—Yo también.
—Tranquilo, hijo. Yo puedo sola —espetó ella dándole una mirada frívola al pequeño.
—No te preocupes, campeón —ordenó Vincent—. Ve a donde tú amigo, estaré bien. Ya se me pasará.

Valeria tomó a su esposo y le ayudó a caminar alejándose del comedor. Él sudaba cada vez más y su respiración era entrecortada.

Sólo debían subir al segundo piso por las escaleras, llegar a la habitación. Vincent dormiría y sería como si nada hubiese pasado, se levantaría como nuevo o al menos esas eran las esperanzas de Chris.

Pero a veces las cosas no salen como uno las imagina. Su padrastro tosía fuertemente en todo el camino y mientras se aproximaba a la escalera, él cayó al piso. Su esposa intentaba levantarlo y gritaba con fuerza en busca de ayuda y para intentar hacer volver a Vincent; pero pese a todo el griterío él no reaccionaba, simplemente no se movía, ni siquiera su pecho cuando respiraba porque… no lo estaba haciendo.

Chris se acercó corriendo, al igual que los empleados de la casa —¡Ya la ambulancia viene en camino! —gritó uno de ellos.

Las lágrimas picaban en los ojos del pequeño, el sonido de la sirena se escuchaba cada vez más cerca hasta que los paramédicos irrumpieron dentro de la casa con una camilla. Levantaron al hombre y se lo llevaron tan rápido como llegaron. La madre de Chris se fue con ellos.

—Vincent… ¿estará bien? —preguntó Christopher con apenas un hilo de voz. Las gotas de sus ojos corriendo por su mejilla.
—Seguro que si —respondió Javier, el cocinero de la casa, en un intento por consolarlo. Pero su voz no sonaba del todo convincente.
—Yo también quiero ir al hospital.
—No puedes.
—¿¡Por qué no!? —gritó el niño.
—Lo mejor es que vayas a casa de tu amigo —ordenó una voz detrás de él. Una de las empleadas—, yo los llamaré.
—¡No quiero ir! —inquirió con fuerza. Sus ojos y toda su cara tan roja como un tomate.
—Lo siento hijo —dijo ella—. No puedes estar aquí.

Christopher subió las escaleras de prisa, no sabía que pensar: ¿Era sólo una enfermedad, estaría Vincent bien? ¿Iba a morir? ¿Todo esto era un sueño?
Entró y se encerró en su cuarto, no quería salir de ahí, agarró unas cobijas y se arropó con ellas sobre su cama; su teléfono vibró en su bolsillo. Lo sacó y vio un nuevo mensaje de texto, era de Dante.
“Hola Chris. Acaban de llamar de tu casa, escuché todo. Seguro estará bien, si quieres ven para acá; seguro haremos algo. Todo estará bien.”

Él marcó responder, dudo por un momento, sin saber que decir; pero luego, y aún con sus ojos llorosos, comenzó a teclear.

“Esta bien. Igual iba a ir de todas formas” escribió, y luego presionó la tecla de enviar mensaje.

Gabriela, la empleada de la casa, la misma que había llamado a la madre de Dante, entró al cuarto.
Vio que el niño estaba enterrado bajo la pila de gruesas cobijas y se dispuso a quitárselas de encima.

—Ya voy —dijo Christopher al oírla entrar y sentir como se acercaba. Ella se limitó a quitar sólo un edredón, decir unas palabras y salir de la alcoba.
—Lo siento —fueron sus palabras. Algo en el niño se revolvió dentro de él.

Cuando salió de la habitación, abajo lo esperaba el auto para llevarlo a casa de la familia, Harrys.
Sabía perfectamente que de nada serviría resistirse ya que al final igual terminarían obligándolo a ir, por lo que subió al carro sin ánimos y con la cabeza gacha; llegó a casa de su amigo, éste lo esperaba en la puerta.

Pasaron todo el día juntos, hablando y jugando, haciendo un intento por ocupar su mente en otra cosa que no fuera lo de Vincent, pero ni así la preocupación se alejó del pequeño.

La noche cayó por fin, la mamá de Dante le dijo que debería dormir en casa de ellos ese día porque su madre aún estaba en el hospital con su padrastro.

Ambos niños se quedaron hablando toda la noche hasta que de un momento a otro cayeron dormidos, para cuando Christopher se levantó ya Dante estaba despierto. Daba vueltas de un lado a otro y evitaba ver a su amigo directamente a la cara. Estaba bastante preocupado: algo pasaba. Luego de tantos años conociéndolo sabía cuál era la forma de reaccionar de su amigo ante noticias nada agradable; en el estómago de Chris se formó un fuerte nudo que le hizo tragar grueso.

—¿Qué te pasa?
—Na… nada. Sólo… no consigo algo es todo —respondió el niño de tez canela—, vamos a desayunar.

Ambos salieron del cuarto, Christopher fue al baño a lavarse los dientes y la cara, extrañado por la actitud de su compañero, éste se fue hacia la cocina donde murmuraba algo a alguien pero por más que intentaba entender no lo lograba.

Salió del baño y fue a la cocina, allí, la madre de su mejor amigo se notaba algo tensa y el padre también. Ella tenía los ojos rojos y actuaba extraño.

—Señora… ¿Pasó algo con Vincent?
—Christopher —los ojos de ella se aguaron—, Vincent… él ahora… está bien. Está con Dios en el cielo —explicó. Lo tomó entre brazos y le dio un fuerte abrazo.

Los ojos del niño comenzaban a picar, las lágrimas empezaban a brotar y recorrer su rostro. Dante y su madre lloraban junto con él y el padre de este último intentaba contenerse al notar aquella escena.

—Lo siento —dijo la señora en un susurro directo en su oído.
—Q… quiero verlo —exclamó—. ¿Dónde lo tienen?
—Ahorita lo están preparando, está en la funeraria. Tu madre está con él.

Su mundo de pronto se fue a nada, un abismo de negra bruma. El hombre que él quería como a su padre se había muerto, él quería estar con Vincent hasta el último minuto; él debía estar con Vincent en la funeraria no su mamá. Ella no lo quería, lo único que le importaba era su dinero nada más.
No le importaba que su hijo lo quisiera como a un padre, que era como su amigo y su hermano también. Pero no, para Valeria una chequera es más importante que el amor.

—Como… ¿Cómo murió?—alcanzó a decir. Su voz se quebró al decir esta última palabra.
—Su corazón se detuvo. Le dio un infarto —respondió ella intentado parecer calmada.

Christopher, Dante y sus padres fueron directo a la funeraria luego del desayuno, aunque ninguno alcanzó a comer nada. Cuando llegaron, ahí estaba Valeria. Sus ojos rojos e hinchados de tanto llorar, grandes y morados círculos se dibujaban bajo los mismos por haber pasado toda la noche sin dormir.

Lucia triste… como si de verdad la estuviera pasando mal.

—Valeria. Cuanto lo siento, mi más sentido pésame—dijo la señora Harrys.
—Gracias amiga —contestó. Se lanzó en sus brazos sollozando—, esto… esto no es fácil.
—No imagino cuánto debe doler.
—Duele amiga… y mucho —comenzó a llorar inconsolablemente. La madre de Dante intentaba de todo para consolarla pero las lágrimas no dejaban de salir.

Al ver a su madre llorar desenfrenadamente, Christopher, se conmovió. ¿De verdad estaba su madre dolida por la muerte de Vincent? ¿Era eso realmente posible o sólo era un teatro? Estaba confundido, ya no sabía que pensar, su abuela, la madre del fallecido, aún no llegaba pero era más que seguro que ya le habían avisado. Gabriela de seguro lo había hecho.

Varias personas llegaron a la funeraria, algunos conocidos y otros desconocidos por Chris, le daban el pésame a él y su madre. Un cura comenzó a hacer el rosario y todas las oraciones para el velorio. Pasaron toda la noche despiertos él, su mamá y sus amigos más cercanos.

Se sentía triste, devastado e impotente. El hombre que más había querido en su vida, el único que había estado para él siempre que lo necesitaba, y cuando no también estaba ahí, ahora se había ido. Qué iba a hacer, su madre era su verdugo; estaba Dante pero él también debía tener sus propios problemas como para ir a atormentarlo con los suyos. También estaba su abuela, aunque no era su familia biológica él la quería tanto a ella como la verdadera y se podría ir a vivir con ella pero su casa estaba en otro país y eso significaría dejar todo atrás, su casa, la escuela, sus amigos.

Después del velorio y posterior al entierro, el abogado de Vincent se comunicó con Valeria para informarle sobre la lectura del testamento. Pidió que Nana, la madre de Vincent, Christopher y Gabriela, la empleada, estuvieran presentes al momento de la lectura del mismo. Ella aceptó las condiciones y quedaron en reunirse dos días después.

Los días pasaron y llegó la hora. El sitio elegido para la lectura, por mutuo acuerdo, fue la misma casa. El abogado, un tipo de cabello negro, corpulento y piel color avena, abrió su maletín negro y sacó cinco copias idénticas del testamento. Entregó una a cada uno de los presentes y sacó la copia original y comenzó a leer.

El rostro de Valeria estaba rojo, sus ojos tan grandes como platos. Nana estaba igual de sorprendida al igual que Valeria; el pequeño Christopher no entendía muy bien a qué se debía todo así que se limitó sólo a escuchar lo que el abogado decía.

—… En pleno uso de mis facultades mentales… —se mordió los labios y echó una mirada a la familia.

Siguió leyendo sin interrupciones hasta llegar a la parte donde se repartían los bienes, donde decía quién se quedaba con qué. Aunque era más que seguro que ya todos se habían adelantado directamente a esa parte del documento, era su deber y parte del protocolo leer todo lo demás.

—El setenta porciento de mis bienes materiales y acciones de mi compañía pasan a pertenecer a Christopher David Monet —dijo el abogado.
—¿Está seguro? ¿Eso fue lo que de verdad dijo, esto es en serio? —gritó Valeria acusando al abogado. Aún incrédula por lo que decía el papel.
—Lo que está aquí es la última voluntad de mi cliente y es irrevocable —respondió el abogado sin inmutarse—, si me permite seguiré leyendo.

Volvió la mirada al testamento de nuevo y prosiguió.

—Un veintiocho porciento será dividido en partes iguales para Gabriela Valentina Pérez Rodríguez y Laura Natasha (Nana) Saucedo Lombardi, mi madre. El dos porciento de la las acciones restantes pasan a ser propiedad de mi esposa, Valeria Sofía Monet de Lombardi.

—¿Pero yo puedo disponer del dinero de mi hijo, verdad? —preguntó la viuda visiblemente preocupada.
—Me temo que eso no es posible, señora Valeria. Queda bien expresado en la segunda página que sólo la madre del difunto puede sacar dinero de la cuenta, con un máximo de un uno porciento al año del total disponible, lo que vendrían siendo parte de los intereses que otorga el banco anualmente; esto, hasta que el niño cumpla la mayoría de edad.
—Esto no es posible. ¡Esto no es posible! —gritaba ella con furia mientras se movía de un lado a otro con desespero—. Pero… yo soy su madre, yo debo poder disponer de ese dinero no ella; ni siquiera es su abuela biológica.
—La señora Laura no necesita ser un pariente biológico para retirar el dinero para el niño. Además, legalmente, ella es parte de su familia gracias al acta de matrimonio que ambos firmaron el día de su casamiento —expresó el abogado.
—¡Todo es tu culpa, todo esto es tú culpa maldito mocoso! ¡Tú me robaste todo mi dinero! —agarró a Christopher por los hombros y empezó a sacudirlo con fuerza —; debí haberte abortado cuando tuve la oportunidad —gritaba en la cara del niño. Él no reaccionaba, estaba en shock.
—¡Deja a mi nieto en paz! —ordenó, Nana quitándoselo a la madre—: él no tiene la culpa de que mi hijo se diera cuenta que vivía con una harpía como tú y le haya dejado todo a él. ¡Lárgate de mi casa! —sentenció.
—¡Esta no es tu casa!
—¡Pero tampoco es tuya! —se defendió—. ¡Lárgate!

La madre del pequeño tomó aire por un momento y se dirigió a la salida.

—Debí haberte abortado cuando tuve la oportunidad, pero no iba a acabar con dos vidas de una vez —le dijo a Christopher nuevamente, él ahora estaba en brazos de su abuela.

Luego de esto abrió la puerta y terminó de salir. El abogado terminó de recoger sus cosas y luego de despedirse también se fue.

…



El tiempo pasó, tres años exactamente; Christopher había seguido estudiando y su abuela se hizo cargo de él. Desde el día de la lectura del testamento, Valeria había desaparecido por completo. No sabían absolutamente nada de ella desde ese día que salió y se despidió del muchacho.

David estaba próximo a cumplir sus quince años. Su abuela había organizado una fiesta en la mansión donde había invitado a todos los amigos de ambos.

—¿Emocionado por la fiesta? Yo no me la pierdo por nada.
—Si bueno, un poco… ¡A quién engaño! Ya quiero que sea mañana.
—Genial, Chris. Somos dos —añadió Dante, el mejor amigo de David—, quiero ir con Eva
—¡Adelante! —gritó Christopher—, ella es tan caliente.
—No babees por favor, pareces idiota
—Viniendo de ti, eso es un cumplido.

Ambos continuaron hablando mientras recorrían el Magnagate Mall, el centro comercial más grande de la ciudad, alrededor de tres o hasta cinco estadios de fútbol juntos, era simplemente enrome y parecía un laberinto por doquier.

Era viernes, ya habían salido del liceo y ahora caminaban por el lugar repleto de tiendas, de arriba abajo. Aún estaban vestidos con uniforme

Magnagate Mall era el típico lugar de reunión de todos los niños ricos de la ciudad; grandes tiendas departamentales por todos lados y chicas sobregirando de crédito de sus padres, claro si es que eso era posible, y todo por comprarse el vestido más caro de la última colección de Carolina Herrera cuyo precio era el mismo al de un boleto aéreo para cualquier lugar del mundo, ida y vuelta. Pero ellas no sabían eso, ya que sus padres las consentían y cumplían todos sus caprichos.

—Mira —dijo Chris señalando a dos muchachas en una tienda—, son Amanda y Brittany. ¿Las saludamos?
—Bueno, aunque yo quiero un helado.

Se acercaron a las chicas y todos se saludaron entre sí, andaban comprando.

—¿Irán a mi fiesta mañana?
—¡Por supuesto! —respondió la chica rubia, Amanda—, para eso vinimos de compras.
—Tenemos que elegir un buen vestido para deslumbrar —interrumpió la otra niña. Brittany— ¿Verdad?, Dante.
—Si, por supuesto. Me parece ¡Genial! Las veremos ahí —respondió el joven de cabello marrón y piel morena, Dante—, ya nosotros nos vamos tenemos que terminar algunos detallitos de la fiesta.
—¿En serio? Creí que Nana… —Dante lo vio con una mirada de “cállate y vámonos” —. Sí, sí. Hace falta terminar unas cosas, ayudar a Nana, ella no puede hacer todo sola y si uno no hace sus cosas no van a salir bien —espetó para disimular todo.

Los dos varones se despidieron de Amanda y Brittany y se fueron rápidamente de la tienda, hasta el otro extremo del centro comercial alejándose lo más posible de ellas.

—¿Qué fue todo eso?
—Brittany. No me deja en paz, ella… me asusta —respondió Dante.
—Okay… ya estas pasado de rarito. Mucho cuidadito ¿vale? —respondió Chris con tono de broma.
—No seas bobo. Yo voy a comerme mi helado, ven si quieres.
—¿Helado? ¿Dónde? —rió Chris, el helado era una de sus cosas favoritas.

Al día siguiente, el sábado, Nana desde muy temprano se encontraba terminando de arreglar todo para la fiesta de su querido y único nieto. Casi todo estaba listo solo faltaba que el tiempo avanzara y llegara la hora; todo estaba planeado meticulosamente por Nana; la hora de abrir los regalos, de picar la torta, todo. No había espacio para ningún evento no planeado.

—Bueno querido —comenzó—, es momento de que vayas cambiándote. Falta poco para la fiesta.
—Ya voy, Nana, siento que el tiempo pasa muy rápido —respondió. Le dio un abrazo a su abuela con algo de melancolía—. Ojala Vincent estuviera aquí… gracias por todo.

La anciana tomó aire y lo dejó salir en un largo suspiro al recordar a su hijo —Yo también quisiera que estuviera aquí —espetó—; estaría muy orgulloso de ti. Mira cómo has crecido, pero estoy segura que él te ve desde allá arriba, yo lo sé.

—Nana… —la miró directamente a los ojos con mucha cautela. Hablar de su padrastro era un tema complicado para ambos ya que también los llevaba a recordar a Valeria… la madre de Christopher.

Habían pasado alrededor de tres años desde la última vez que la habían visto, cuando salió molesta después de la lectura del testamento, luego de eso no habían vuelto a saber absolutamente nada de ella.
David subió a su cuarto a bañarse y cambiarse como le habían ordenado. Una vez ahí se lanzó sobre su cama con los ojos aguados sollozando, recordando todo el dolor del pasado.

Cuando fue al baño, sobre la tapa del inodoro se encontró una tarjeta. El frente de ésta tenía la imagen de un fondo negro que parecía ser tapado por humo, o niebla, algo así como un abismo; en la parte trasera había algo escrito con una caligrafía fina y bien cuidada, imposible de reconocer si era de hombre o mujer. Había un mensaje y lo que decía era:

“No creas todo lo que te dicen. Él no murió, ella lo...”



Y ahí se cortaba la nota. David quedó sorprendido al leer, su mente automáticamente lo llevó directo al pasado, a cuando estaban almorzando y Vincent de un momento a otro se había sentido mal; después lo llevó de nuevo a revivir el momento en el que su madre lo había conseguido todo sucio, cuando se había escapado de la casa.

Recuerda, como por un momento ella pareció haberse alegrado de encontrarlo pero luego lo abofeteó, y habló tan fríamente revelando todas sus intenciones; estando en el presente, en su baño, podía sentir claramente el dolor de aquella cachetada como si se la hubieran dado en ese mismo instante

El tema de sus tres días fuera de casa, cuando se “perdió”, fue algo que jamás tocaron, al parecer Valeria le había dicho algo a Vincent para que nunca preguntara nada al respecto.

El sonido de un fuerte golpeteo detrás del él lo hizo volver a la realidad, se tocó la mejilla sintiendo como el ardor de la cachetada desaparecía rápidamente, el sonido siguió otra vez. Tocaban la puerta.

—¡Christopher! ¿Estás ahí?
—¿Qué quieres, Demian?
—¡Hey! —gritó alegre—, ¿no te parece que hace un buen tiempo allá afuera?
—¿Qué quieres, Demian? —repitió Chris, aún sin abrir la puerta—. Tú nunca hablas del clima, lo odias. Así que dime qué quieres.
—Bueno me atrapaste —rió—- Sólo quería saber si esta amiga tuya… Amanda. Vendrá a la fiesta.
—Sí, yo la invité ¿Por qué?
—Bueno… tu sabes que ella es muy sexi y quería ver si podíamos… tú sabes, llegar al siguiente nivel.

El sonido de las carcajadas de Christopher que se escuchaba detrás de la puerta hizo que Demian se molestara.

—Demian, primo. Te sería mil veces más fácil si te fueras a algún burdel barato.
—Lo he pensado, sabes —refunfuñó con sarcasmo—; pero tengo dieciséis no me dejarían entrar.
—Em… como quieras. Tengo que bañarme, cierra la puerta cuando salgas.
—Si bueno, ya verás. ¡Esta noche hay fiesta! —gritó—, y no. No es la tuya —agregó en un susurro.

David escuchó los pasos alejarse y luego el portazo que indicaba que su primo se había ido.

Miró por un momento la postal, nadie la había firmado y no reconocía la letra — “Pudo haber sido cualquiera “—pensó. Por último decidió no prestarle atención, todo debía ser una mentira de alguien que le estaba haciendo una broma pesada; la dobló rústicamente y después la rompió y tiró a la basura.
Era doloroso y bastante molesto para él tener que revivir aquella escena, no quería hacerlo más. Después de dejar los pedacitos en la basura siguió como si nada, se baño y luego fue a su closet en busca de la ropa que se iba a poner.

Cuando volvió al baño para peinarse frente al espejo, se encontró otra vez con lo mismo; de nuevo una tarjeta sobre el inodoro, la misma imagen, la misma caligrafía pero un mensaje distinto:

“Ella está cerca. Va a doler”



Un escalofrío recorrió todo su cuerpo erizando el cabello en su nuca y también de sus brazos.

—¿Ella? —pensó— ¿Valeria?

Rápidamente miró el cubo de la basura buscando los restos de la otra postal pero… nada. No estaban ahí.
La sangre abandonó su rostro, dejándolo totalmente pálido; miedo… era miedo lo que sentía, desde hace mucho tiempo no sabía lo que era sentirse asustado, y no lo hacía por lo que acababa de suceder sino solamente al pensar en ella, en Valeria.

—Es imposible, ella no va a venir —se dijo a sí mismo—, ¡esto tiene que ser una maldita broma! —gritó para sus adentros.

Le tomó un momento calmarse y convencerse que esto era solo una broma, quizás de Demian, él es un poco tonto y conocía toda la historia; Dante no podía ser, él nunca se había enterado de nada y además tampoco estaba en la casa.

Buscó su teléfono y empezó a escribir un mensaje de texto:

— “¿A qué horas llegas?”

Su teléfono sonó en sus manos. Había recibido una respuesta.

—“En un rato, ¿qué pasa?” —decía el texto. Tenía que responder.
—“Erick, creo que Valeria va a venir. Si por alguna razón la llegas a ver en la fiesta por favor sácala”

Erick era un amigo cercano de la familia, él era policía y estaba al tanto de todo lo que había pasado en el pasado, era uno de los mayores confidentes de su abuela.
Nana le había pedido el favor que dondequiera que viera a Valeria, llamara a sus colegas o la detuviera él mismo de inmediato, o que la entretuviera de ser necesario. Christopher desconocía el por qué de dicha orden, pero sabía que Nana debía de tener una muy buena razón para ello.

Después de enviar el mensaje volvió a escribir otro:

—“Por favor no le digas nada a Nana”

En un segundo el celular timbró en sus manos de nuevo con una respuesta, una sola palabra: “Entendido”.

Suficiente para calmarse, confiaba en Erick ciegamente al igual que su abuela, era un policía con grandes honores y siempre era muy responsable con su trabajo, pero lo más importante es que lo hacía bien.

Llegó la noche y la fiesta comenzó, todos los invitados felicitaban al cumpleañero, que los recibía en la puerta, y luego se iban como un imán al bar que estaba al fondo; seguramente esta noche más de uno saldría cargado por sus compañeros, claro si estos pueden caminar por si mismos también.
Christopher estaba inquieto, no quería que su madre realmente apareciera —“Seguramente sólo es una broma” — pensó. Pero aún así estaba bastante nervioso.

El reloj marcó las nueve en punto. Nana ahora estaba en las escaleras llamando a David por los altavoces que se habían colocado estratégicamente para la música. Había llegado el momento de enseñarle el pastel de cumpleaños, el que ella había estado escondiendo celosamente.

—¡Christopher! Hijo ven —llamó.

Cuando él subió al tope de la escalera tipo imperial que estaba en todo el centro de aquella gran habitación ella siguió.

—Sé que has querido ver tu torta de cumpleaños desde hace tiempo, y déjenme decirles —se dirigió a los invitados que estaban expectantes abajo—, que esa era mi mayor sorpresa para él. Así que… ¡Traigan el pastel! —gritó.

Cuatro hombres vestidos de blanco entraron al cuarto empujando la gran torta de al menos dos metros de alto, la multitud –incluido Chris-, quedaron boquiabiertos al verlo, Nana tenía una sonrisa de oreja a oreja.

Era imponente, como la casa misma, grande y colorido. Al verlo todos se habían quedado sin palabras, solo se escuchaban algunos “Guau” entre la gente, lo demás era silencio, hasta que alguien lo rompió…

—¿No deberías al menos salir una bonita stripper de la torta? —gritó alguien. Las personas se miraron unas a otras y luego miraron a quién había hablado; un reflector la iluminó y todos hicieron una especie de pasillo para que quién había hablado caminara.

Esa persona era una hermosa mujer, blanca, de cabellos rubios que caían sobre sus más que prominentes atributos. Vestía un ceñido vestido azul rey con un escote que llegaba justo a la gloria, en tacones y con una mirada tan seductora que atravesaba a cualquiera como lo hacían las varillas que sostenían los aretes de diamantes a sus orejas. Una mujer de curvas peligrosas, tanto como ella misma. Esa diosa, como dijeron algunos de los adolescentes que estaban entre los invitados, tenía nombre…

—¡Valeria! —gritó Nana con brusquedad, asombrada por su presencia.

Erick intentó detenerla pero no había llegado a tiempo. Cuando lo hizo, ella ya estaba caminando en dirección a la anciana y al muchacho.

—Ma… mamá —espetó Chris. Sorprendido también por la visita repentina de su madre; miró a Erick por un momento que movió sus labios a lo que Christopher logró entender un “lo siento”
—Vamos Nana, no seas tan aburrida —rió entre dientes. Caminó hasta quedar en la parte baja de las escaleras—, ¡Feliz cumpleaños hijo! Tiempo sin verte.

La tensión en el ambiente era palpable y casi se podía cortar con una tijera, de repente todos los invitados comenzaron a aplaudir incesantemente como si Valeria fuera la verdadera sorpresa y no el pastel; y efectivamente, Valeria era una sorpresa, sólo que una no deseada. Chris y su abuela aún estaban en shock, la madre del cumpleañero reía con los invitados que cada vez aplaudían más y más

—Valeria. Un placer tenerte aquí —espetó Nana. Una falsa y rígida sonrisa en su rostro; intentaba mantener la compostura y Chris sabía perfectamente que lo que quería decir con eso era: “Lárgate de aquí, perra.”.
—Gracias, Nana. Yo también estoy feliz de haber regresado —contestó. Parecía alegre de verdad—. ¡Christopher David Monet! ¿Acaso no le vas a dar un abrazo a tú madre?

Él se paralizó, su abuela apretó su mano con tanta fuerza que comenzaba a doler y Chris sólo se preguntaba cómo diablos Erick no la había detenido.

—Em… voy —tartamudeó. Las palabras no le salían, sus ojos se aguaron; no de emoción sino de rabia.

“¿Es en serio?” —se preguntaba, intentando despertar de aquel sueño, porque eso era lo que parecía, un sueño. Ella había desaparecido, literalmente, de su vida durante tres años sin siquiera enviar señales de humo para saber si aún vivía y ahora se aparece así sin más en la fiesta de cumpleaños número quince de su hijo.

Cuando él se acercó ella lo tomó entre sus brazos estrechándolo contra su pecho con fuerza. Más sin embargo él no lograba sentir su calor de madre —¿Cómo has estado? —preguntó
—Lárgate —murmuró David.
—Esa no es forma de tratar a tu madre —respondió ella entre dientes justo a su oído—, parece que Nana ha hecho un buen trabajo educándote.
—El título de madre lo perdiste hace mucho, a veces me pregunto si de verdad lo tuviste. Solo lárgate, no te quiero aquí —espetó. La sangre hirviendo por sus venas de la rabia.

Ella lo sostuvo mirándolo fijamente a los ojos. A Christopher le recordó ese momento cuando era pequeño, cuando lo sostuvo de la misma forma, la misma mirada piadosa y luego… la cachetada. Allí en frente de todo el mundo, los invitados se quedaron sin habla; ella lo abrazó de nuevo y murmuró algo a su oído.

—No me voy a ir, Christopher. Puedes decirle a tu abuela que se prepare porque yo no voy a ningún lado.
—Si no te vas ahora… —su voz temblaba. Las palabras apenas salían—, la policía te sacará de aquí —tragó grueso. Un nudo se había formado en su garganta.
—Puedes decirle a tu abuela que no va a probar nada. Los médicos dijeron que murió de un infarto, y aunque ella crea lo contrario no podrá comprobar nada.

Los ojos de él se abrieron tan grandes que parecían platos —De… ¿de qué hablas?
Valeria lo miró por un segundo y luego agregó —¿No lo sabes? —esbozó una sonrisa pícara—. Yo no debería decirte nada pero… —rió. Luego miró a los lados para percatarse que nadie escuchaba, se acercó a su oído y susurró—, tu abuela sabe que yo maté a Vincent.

—Sa… ¿sabe? —preguntó él. Se había dado cuanta que ella no había dicho cree, sino sabe.
—Sí, yo lo envenené. Fue tan divertido, su rostro… su último aliento.
—¿¡Tú lo mataste!? ¿¡Fuiste tan perra como para matar a tu propio esposo!? ¡A mi padre! —gritó David con fuerza que todos se les quedaron viendo con curiosidad.

Ella sin pensarlo le dio otra cachetada aún más fuerte lo que le hizo voltear la cabeza.

—¡Qué sea la primera y última vez que me llamas perra! —se defendió.
—¡Perra! ¡Perra! ¡Perra! ¡Eso es lo que eres una perra! —replicó él. Todo el mundo comenzaba a murmurar.
—Lo siento —gritó Valeria a todos—, parece que mi hijo se emborrachó ya y está diciendo tonterías, discúlpenlo, es la primera vez que lo dejo tomar. ¡Sigan con la fiesta! —ordenó mientras tomaba a Christopher de un brazo y lo sacaba del lugar.

Los invitados se quedaron mirando por un rato, y murmuraban entre sí. Después que la madre sacó a su hijo todos volvieron a lo que estaban haciendo y seguían murmurando.
Ella se llevó al muchacho a un baño que estaba a una buena distancia de la sala donde estaban todos, uno que estaba bajo unas escaleras que daban al segundo piso. Nana los siguió a toda prisa.

—¿Qué haces tú aquí? —inquirió la anciana al entrar al baño y cerrar la puerta detrás de ella.
—¿Acaso una madre no puede compartir con su hijo? —respondió Valeria con sarcasmo.
—A no. No, no, no —gritó la abuela mientras se acercaba a la mujer—. A mí no me vas a salir con eso; tú fuiste quien abandonó a Christopher al enterarte de que no te quedarías con la fortuna de mi hijo. Te desapareciste por tres años y no te importó nada, ni él ni nada y ahora te apareces con tu “¿Acaso una madre no puede compartir con su hijo?”. Al menos ten algo de vergüenza ¡por favor!

Miradas asesinas, eso era lo que se daban ambas mujeres una a la otra. Pero Valeria no estaba dispuesta a quedarse callada a las acusaciones de Nana.
—Lo que yo haga o deje de hacer no es tu problema, vieja. Mejor anda a buscarte un viejo que se aguante tus achaques.

Con furia y sin poder contenerse, Nana le lanzó una fuerte bofetada a la madre de su nieto —¡Respeta! No tienes derecho a hablarme así, lárgate de aquí —ordenó mientras le lanzaba otra cachetada más.

La mujer joven, igual de enojada de la anciana, la agarró por la mano para evitar que la golpease de nuevo y con la que tenía libre le devolvió el golpe pero con más fuerza volteándole la cara. Antes de que se defendiera la agarró por la otra mano presionándola con fuerza.

—Esta no es tu casa, no puedes sacarme de aquí aunque quieras. Yo soy la viuda de tu hijo, y aunque no esté a mi nombre yo puedo mandar igualmente porque es de mi hijo.
—¡Suéltala! —gritó Christopher mientras se ponía en medio de las dos y librando las muñecas de su abuela—. Si quieres quedarte de da igual, la casa es suficientemente grande como para no tener que verte la cara más nunca —la enfrentó. Podía sentir la sangre por dentro hirviendo entre sus venas quemando todo a su paso—, pero ni Nana ni yo aceptaremos que armes tus escándalos aquí.

David, entre toda su rabia, hizo una pausa para recuperar el aliento antes de continuar. Intentaba calmarse pero no podía.

—Quédate en la casa de huéspedes, pero no te quiero aquí, en esta casa. —dijo casi refunfuñando—; yo no te quiero en este lugar, ni en mi vida, nadie lo hace y mucho menos después de lo que le hiciste a Vincent.

Nana se sorprendió, no porque su nieto enfrentara a su propia madre sino porque estaba hablando de lo que le pasó a Vincent, y ella no se lo había dicho.

—¿Se lo contaste? —preguntó la anciana con lágrimas en los ojos—. Lo… lo sabes.
—Ella me lo contó todo —respondió el chico, sereno, sin apartar la vista de su madre; algo dentro de él le hacía sentir tristeza.
—Acepto tus condiciones —musitó Valeria—; como has crecido. Ya eres todo un hombre —dijo mientras lo miraba fijamente a los ojos. Extendió una mano para acariciar el rostro de su hijo pero éste se la sacudió con brusquedad.
—Es momento de que te vayas.
—Lo sé —asintió. Salió del baño y se perdió entre la multitud de invitados.

En la habitación, la señora abrazó al niño, él le devolvió el abrazo —Lo siento hijo. No quería que te enteraras, nunca quise que esto pasara.
—No tienes nada de que disculparte abuela, no te preocupes—respondió con amabilidad.
—Sé… sé que esto es duro para ti, para mí también lo es —aclaró entre sollozos. Su voz apenas audible por la tristeza y el llanto.
—Esta bien, tranquila, Podremos superarlo de nuevo y seguir adelante.
—Debí habértelo dicho antes pero no quería que lo supieras, esto… es muy doloroso.

El miró fijamente al techo como si este fuera a darle las palabras que necesitaba para responder a su abuela sin tener que mentir y salir heridos ambos, lo que de verdad quería decir era “¿Por qué, por qué no me lo dijiste antes? Hubiese sido más fácil así, sabes que esto es desgarrador, sé que a ti también te duele abuela, pero ¿tienes alguna idea de lo que me duele a mi también, de cuanto sufro cada vez que recuerdo a Vincent? Él fue como un padre para mí y aunque no era el biológico, era mucho mejor que cualquier otro, era simplemente perfecto; creí que podía confiar en ti”, pero en su lugar lo único que dijo fue:

—Lo sé, lo sé. También lo entiendo; sé que querías protegerme y por eso no me lo dijiste —sollozó. Ya no sabía realmente en que pensar, eran muchas cosas para digerir de una sola vez.

Largo fue el abrazo y muchas lágrimas las que los dos derramaron, sus ojos ya rojos e hinchados de tanto llorar pero debían hacer algo, la fiesta aún seguí e iban a ser apenas las doce de la noche, muy temprano para que todos se fueran; Dante seguramente estaría buscando a Christopher por todo el lugar, ya tenía llamadas perdidas y mensajes de texto en su celular, sin embargo algo era mucho más importante que todo eso, y esa “importancia” tenía nombre…Valeria.

Podía quedarse en la casa de huéspedes pero era un problema a solucionar todavía, ambos tenían que decidir qué hacer con ella ya que no podrían estar peleados de por vida, por más que así lo quisieran, debían solucionar.

—Debemos continuar con la fiesta, no dejemos que se arruine por una visita inesperada —exclamó Nana mientras intentaba recomponerse.
—Entendido —respondió Christopher recuperando la voz.

Cuando salieron de nuevo a la fiesta, cada uno fue en dirección distinta; Nana a animar la fiesta e intentar cubrir todo el escándalo de hace un rato. David fue a buscar a Dante, sabía que no lograría ocultarle nada ya que a veces era como si lo él lo conociera más que si mismo, por lo cual se vio en la necesidad de describirle toda la historia para que lo ayudase a superarlo y encubrir también todo lo sucedido; luego se encontró también con su primo que iba saliendo de uno de los cuartos todo despeinado y arreglándose la corbata del traje; al parecer Chris no había sido el único que tuvo “acción” esa noche. Después de también contarle lo que pasó, éste se comprometió a ayudar con todo.

La noche terminó de pasar por fin. Todos se fueron a sus casas con un buen recuerdo de la fiesta y un gran trozo de pastel.

David y Dante se desvelaron toda la noche, el primero llorando inconsolablemente en el hombro del segundo, que intentaba a todo costa consolarlo diciendo que todo estaría bien; pero no era suficiente, Chris estaba débil, solo quería dejar salir todas sus penas de alguna forma y llorar era lo único que se le ocurría, o al menos lo que hacía, estaba tan aturdido como para pensar en algo.

En la mañana a primera hora, él estaba tocando la puerta de la casa de invitados, su madre abrió y el pasó antes de que ella siquiera le diera el permiso.

—Tenemos cosas de que hablar, no tardará mucho —espetó el chico severamente. Sus ojos bastante rojos e hinchados y grandes círculos morados dibujados bajo estos.
—Recuerda que soy tu madre —se defendió ella.
—Eso no viene al caso ahora, no es de eso de lo que quiero hablarte.
—¿Entonces de qué? —preguntó Valeria mientras se sentaba en el sofá de la sala, su rubio cabello cayendo sobre sus hombros. Chris se quedó parado.
—Dime por qué —demandó él.
—Por qué, ¿qué? —inquirió ella como si no supiera de lo que le estaban hablando.
—Sabes bien de lo que te hablo.
—Es algo complicado… pero podría resumirse…—contestó ella con un tono pícaro como si de un juego se tratara, una sonrisa se dibujó en su rostro mientras veía y jugueteaba con su cabello entre sus dedos.
—Dinero —la interrumpió él, completando la oración. Valeria pasó a mirarlo.
—Podría decirse que sí, en cierta forma —respondió. Tan serena y calmada sin mostrar la menor señal de remordimiento.
—¿Cuánto quieres para que te vayas otra vez?
—¿Cuánto ofreces? —preguntó mientras sonreía.
—Tú dime cuál es tu precio.
—Ja ja ja —se carcajeó a todo pulmón mientras se levantaba del sillón y se paraba frente a mí su hijo—. Te dije que no me voy a ir a ningún lado otra vez, Christopher.
—Ya lo hiciste una vez, ¿por qué no hacerlo de nuevo?—acusó frívolamente mientras miraba fijamente a su madre a los ojos—; Igual, yo nunca he sido muy importante para ti y eso me lo has demostrado más de una vez

Hubo un incómodo silencio entre ambos por un momento.

—Puedes intentar sobornarme todo lo que quieras —respondió por fin—: pero, aún así, no me voy a ir. He cambiado, y te lo voy a demostrar.
—Un tigre no puede cambiar sus rayas y una perra, por más que lo intente, jamás dejará de serlo. Tu bien deberías saberlo —respondió.
—Más respeto —exigió la madre en una postura firme pero sin inmutarse demasiado.

Christopher caminó hasta la puerta y la abrió. Antes de salir dijo:

—Eso se gana.

Y se fue, así sin más.

…




Con el pasar de los días las cosas fueron volviendo a la normalidad en la casa, aún estaban algo tensas entre David, Nana y Valeria, principalmente entre estas dos últimas, algunas que otras discusiones pero nada digno de mencionar.

Poco a poco fueron aceptándose entre sí, pero la madre de Chris aún era vista con hostilidad y desconfianza; pero al menos iban a un ritmo lento pero constante. Si bien era cierto que jamás podrían perdonarla por lo que había hecho y no habría ese trato que una madre merece de parte de su hijo, necesitaban hacer las paces.
Nana por más que quería encerrarla en una cárcel para que pasara ahí el resto de su vida, se vio forzada a convivir por petición de su nieto; Valeria tenía que pagar un precio por quedarse allí, y era que Christopher la chantajeaba de cuando en cuando con el “secreto”, aunque ella no parecía muy afectada por ello.

Así el tiempo fue pasando, hasta que un año y unos meses ya habían transcurrido, la madre de él intentaba hacer vida activa con su hijo pero éste se resistía a todo el afecto maternal que la misma le ofrecía.

…


— “Okay, nos vemos en un rato” — tecleó Chris en su teléfono.
—¿A quién le escribes tanto? Si se puede saber —preguntó Valeria.
—Solo es Dante, lo veré en un rato —respondió ausentemente sin dejar de mirar el aparato—, nos vemos.

Cuando salía del comedor a la puerta de su casa su teléfono sonó, la alerta de un mensaje. No podía decir quién era porque decía “Número privado”, pero al menos su amigo no era.

“Tu padre quiere verte. Tú mismo te darás el mensaje” —decía el texto. Al carece de completo sentido para él decidió ignorarlo y borrarlo de una vez, hacía años que no sabía de su padre biológico y tampoco quería hacerlo.

Mientras caminaba y salía del portón, que permitía la entrada y salida de su casa, siempre estuvo pegado a su teléfono. Un muchacho de aproximadamente su misma edad lo llamó mientras se le acercaba.

—Disculpa, ¿tú eres Christopher?
—Em… sí, ¿Quién pregunta?
—Mucho Gusto, mi nombre es Cristian —respondió el chico extendiendo su mano.

Iba vestido de uniforme de secundaria, Chris fácilmente pudo reconocer el emblema en su camisa, era el de una escuela rival a la suya. Pero eso no era importante, al detallar más detenidamente el rostro de aquel muchacho se dio cuenta rápidamente que le era extrañamente familiar: ojos azul celeste intenso, cabello rubio liso y despeinado y la cuadrada forma de la cara; era como verse a él mismo en un espejo.

—Mu… mucho gusto —espetó él mientras apretaba la mano de su… reflejo. Bastante desconcertado por todo—. Esto… esto es…
—¿Extraño? Lo sé —asintió Cristian completando la oración—, y te parecerá mucho más después de que oigas lo que tengo que decirte.

“¿Qué es esto?” pensó David “Él… es muy parecido a mi… ¿por qué, cómo es posible?” Se preguntó a sí mismo sin ánimos de encontrar una verdadera respuesta.

—Iré al grano de una vez —declaró—; sé que esto tiene un record de rareza difícil de superar pero no me culpes a mí, yo soy tan víctima como tú ¿de acuerdo?
—Entonces… dime —murmuró David.
—Mi padre me envió —espetó él apenas tuvo el permiso—: resulta que.. —tragó grueso. Lo que iba a decir, de cierta forma, no era fácil para él tampoco—, tu papá… y mi papá… son el mismo lo que significa que… somos hermanos —terminó de decir encogiéndose de hombros al mismo tiempo.

Algo dentro de Chris pareció desprenderse, abrió la boca de tal forma que parecía como si se le hubiera desprendido la quijada, todo esto por tanto asombro; no sabía qué hacer o decir, estaba simplemente paralizado, en shock. Sólo apretaba su teléfono con fuerza entre sus manos.
Cristian miraba fijamente a los ojos de su hermano con nerviosismo, también se sentía igual, a la espera de una respuesta pero éste estaba tan pasmado que no tenía nada para decir.

—Yo soy tan víctima como tú, a mi la noticia me cayó de sorpresa igual que a ti —aclaró—. Realmente… no espero que me aceptes ni me reconozcas como tu hermano ni nada por el estilo —dijo amablemente pero con convicción—. Vine aquí porque fue él, nuestro padre, quien me envió a buscarte.

»Está muriendo, el cáncer ya lo está matando. Entró en fase terminal hace unos meses y no le queda mucho tiempo de vida, puede dejar de respirar en cualquier momento, pero antes de hacerlo me pidió que te buscara, que quería verte es por eso que estoy aquí.

—Do… ¿dónde está? —preguntó Christopher cuando ya pudo hablar.
—En el hospital —musitó. Metió en una mano en su bolsillo y sacó una nota que le extendió a Chris. Éste la agarró—. Ahí está la dirección aunque seguramente ya lo conozcas, pero te anoté el piso y el número de habitación; sé que es muy temprano para pedirte algo pero por favor ve a verlo.
—Lo haré.
—Gracias, estoy seguro que lo alegrarás —expresó con felicidad—. Bueno ha sido un placer conocerte, Christopher. Yo ya me voy o no llegaré a clases —exclamó sonriente. Era muy parecido a él por todas partes, hasta en la forma de hablar; David se sentía como si realmente estuviera parado frente a un espejo, todo era… tan… irreal.

Cristian, el que ahora había descubierto que era su hermano, se fue, Tan rápido como apareció. Para Christopher todavía era como ser parte de un sueño, las sorpresas en su vida no paraban de llegar una tras otro y cada una peor que la anterior; aquello era como una maldición.

…



Después de dos días Chris tenía un dilema consigo mismo sobre si decirle o no a Dante sobre lo que pasó, aún guardaba el papel que su hermano le había dado; sabía perfectamente que aquello no era fácil de digerir para nadie en caso de que lo llegara a contar, incluso era posible que creyeran que todo se trataba de una broma ya que él era hijo único, y si bien nunca había pedido tener un hermano, cabía la posibilidad de que imaginaran que quería uno.
Luego de de mucho batallar consigo mismo había decidido que era tiempo de decírselo al que es su mejor amigo, aún con ciertas dudas al respecto, pero en cierta forma… se sentía confiado; era todo un embrollo de emociones por dentro, cada una luchaba por hacer un lugar y ser la dominante en su mente, pero todo era una pelea que parecía no terminar.

Ese día en el salón de clases tenía previsto decírselo pero Floppy, la profesora de álgebra, mandó a su compañero a sentarse más adelante en el asiento de una compañera que no había ido, Amanda. Ella había sufrido un accidente en el bosque y ahora estaba grave en el hospital.

Prontamente después de eso, la profesora empezó con su clase, el aburrimiento que se apoderó de él era inimaginable pero lo soportó. Inmediatamente después de la clase, cuando ya habían salido del aula la profesora comenzó con un griterío que se escuchaba por todo el pasillo; Dante quiso acercarse a ver qué pasaba, sin embargo Christopher no estaba de acuerdo pero terminó aceptando.
La mesa del pupitre de Amanda estaba toda rayada con líneas, letras y símbolos sin ningún orden aparente y todas en una mezcla de rojo sangre y negro, sacó fotos con su celular ya que esto no era nada normal, y era más que seguro que Dante querría revisarlas.

El director tuvo que intervenir para calmar a la mujer, luego de eso Dante y él salieron y tuvieron que separarse ya que sus materias quedaban en salones distintos.

Intentó hablar con su amigo todo ese día pero era como si algo se lo prohibiera, no lograba tocar el tema, ya sea por inseguridad o porque no se daba la ocasión. Inmediatamente después de la escuela fueron a la plaza, Chris ya se había resignado y creyó que lo mejor era no decirle nada; en la plaza, Brittany, la mejor amiga de Amanda esperaba para hablar con Dante. David no quería interponerse por lo que se alejó y fue a comprar un helado: el tiempo pasó volando y las cosas también. Cuando volvió a la realidad no daba crédito a lo que miraban sus ojos, Brittany yacía muerta entre los brazos de su amigo con su cerebro escapando de su cabeza, un gran charco de sangre a su alrededor; un camión la había atropellado mientras cruzaba la calle corriendo.

Fueron llevados al hospital después de lo que pasó, el más afectado, sin duda fue Dante, quien parecía ido completamente del mundo.
El hospital era justamente donde su moribundo padre se encontraba hospitalizado, eso era lo que decía el papel que Cristian le había entregado dos días tras.

Mientras una enfermera atendía a su amigo, aprovechó de subir al piso donde se suponía que debía estar el enfermo. Ubicarse no le costó mucho y en poco tiempo estaba de pie frente a la habitación indeciso entre entrar o no.

“De acuerdo… ya es hora de acabar con esto de una vez” pensó. Dudó por un minuto, debatiendo en su cabeza antes de entrar, quiso irse pero algo se lo impidió, quizás el mismo y sus emociones, que comenzaban a encontrarse nuevamente todas en un mismo lugar. Lo primero que se le vino a la mente fue quedarse en blanco; sabía que lo que vería y pasaría adentro no le gustaría…

… Y no se equivocó.

En una cama de hospital, cubierto de tubos y rodeado de máquinas a su alrededor para mantenerlo vivo, estaba un hombre blanco, calvo y con los ojos apenas a para abiertos.

—Hace tiempo esperaba que vinieras —jadeó el hombre con pesar a través de la mascarilla que le proporcionaba oxígeno.
—Sólo estoy aquí por casualidad —respondió Chris.
—Sé que morías de ganas por venir a ver como esta tu padre —acusó él. Su voz era tan baja y áspera que David tuvo que acercarse para oír lo que decía—, para saber qué clase de muerte me espera; por eso estas aquí, hijo mío.
—¡A mí no me llames hijo! —gritó en respuesta a este último comentario.
—Pero lo eres, quieras o no yo sigo siendo tu padre —sentenció.

Los ojos de Christopher David ya empezaban a picar, se le pusieron rojos y las lágrimas comenzaron a salir involuntariamente, ya sea por enojo, tristeza o frustración o una mezcla de los tres juntos.

—¡Tú, maldito desgraciado! —comenzó—, ¿tienes alguna idea de todo el infierno que he vivido todos estos años, acaso la tienes? ¡No, no la tienes! Tanto que te jactabas de que jamás harías algo que pudiera perjudicarme, sin embargo me abandonaste. ¡Te largaste! ¡Me dejaste con la mujer que más me odia en este mundo! ¡Te fuiste sin mirar a tras! ¡Han pasado seis años, SEIS AÑOS! —de tanto gritar y llorar al mismo tiempo su voz comenzaba a flaquear.

Tuvo que tomarse un momento para recobrar el aliento y ordenar las palabras en su mente antes de decirlas.

—Primero tú, después Valeria —exclamó en voz baja intentando contenerse—. Los dos se fueron sin importarles nada, me dejaron… y ahora… vuelven. Esperando que yo, su buen hijo, los perdone por lo que hicieron, como si para mi fueran tan fácil olvidar como lo hicieron ustedes.

»Aún recuerdo cuanto la criticabas, pero a fin de cuentas ustedes dos no son muy diferentes, y por si todo esto no fuera más que suficiente para mí, ahora tengo un hermano… ¡que es idéntico a mí!

El enfermo y moribundo papá miraba atento a David mientras éste caminaba con desespero por todo el cuarto.

—Él… él es tu hermano… pero no sólo eso —dejó salir en algo parecido a un bufido—, es… es tu gemelo. Siento… —comenzaba a palidecer, le estaba costando hablar ya que tenía que hacer pausas seguidamente para poder respirar—, siento todo por lo que has pasado; nunca fue mi intención… hacerte… sufrir tanto.

La boca y ojos de Christopher se abrieron en su máxima expresión “¿Un gemelo, es esto en serio?” se preguntó a sí mismo. “Después de todos estos años y ahora resulta que tengo un hermano ¡Y ES MI GEMELO!” Gritó para sí. Creyó que en realidad lo estaba gritando fuertemente, pero no era así.

—Hijo… perdóname —exclamó el hombre con un entrecortado tono de voz—, seguro quieres saber todo y…
—¡No! ¡No, no, no y no! —gritó a todo pulmón—, no quiero saber nada; ni de ti, de tu familia, ¡NADA! ¡Solo quiero que te mueras!

Al notar tanto alboroto una enfermera entró a la habitación visiblemente molesta.

—Chico, disculpa. Pero necesito que te vayas o llamaremos a seguridad, estas asustando a los pacientes —expresó. Intentaba ser amable pero el tono áspero de su voz delataba su enojo.
—Tranquila, no pienso quedarme mucho más —respondió Chris mientras se encaminaba a la puerta; antes de salir dio las últimas palabras a su padre—: aún recuerdo tu frase, ¿sabes? La que me dijiste hace seis años.

Su padre lo miraba con ojos de súplica pero sin decir nada.

—“Yo no soy tu padre —cito textualmente las palabras —, no vuelvas a decirme de esa forma. Mi compromiso contigo terminó hace mucho tiempo y yo estoy feliz por ello”

Una pequeña lágrima rodó por el cachete del padre, enterarse de que su hijo recordaba exactamente las palabras que él le había dicho hace tantos años atrás bajo la lluvia.

—Ahora me toca a mi decir lo mismo —dijo secamente viéndolo por encima de su hombro con una mirada igual de fría como la que su padre le había dedicado hace seis años—. Yo no soy tu hijo, no vuelvas a decirme de esa forma. Mi compromiso contigo terminó hace mucho y yo estoy feliz por ello.

Inmediatamente después de decir estas palabras salió del cuarto, la enfermera que estaba ahí quedó sorprendida por todo lo ocurrido. Mientras Christopher caminada por el pasillo escuchó el sonido de una máquina proveniente del cuarto de su padre. Enfermeras y un doctor pasaron corriendo frente a él con urgencia, iban al cuarto.

Su padre había muerto, su corazón había dejado de latir, por eso el pitido de la máquina, y aunque intentaron reanimarlo todo resultó en vano.

Pudo oír como la enfermera que los había interrumpido hace un minuto, ahora lo llamaba “¡Niño! ¡Niño!” clamaba. Pero Chris la ignoró por completo y siguió su camino hasta el ascensor para ir de vuelta con Dante, el que siempre estaba ahí para él, su mejor amigo y verdadero hermano.

Baby we are the New Romantics Come on, come along with me
Heartbreak is the national anthem We sing it proudly

#25
Lo unico que tengo que decir es : GUAU me gustaron todos los capitulos y el ultimo y el penultimo me encantaron , la trama , la historia y como constasta la historia de Chris ojalas sigas el fic

Ibuki Mioda <3
#26

Capítulo VIII

Capítulo VIII

Bueno... qué decir. Tengo como cuatro capítulos escritos todavía pero me da realmente la madre de las perezas el postear, además solo me lee uno, gracias @MasterDead. ¡Sos mi hermanito fiel! Realmente como eres el único que me lee pues espero que te guste este capítulo; como bien dijiste el anterior fue algo así como de "relleno" pero se trae muchas cosas; solo deben saber leer entre líneas.

Quizás alguien se tome la molestia de leer y aunque no comenten igual les agradezco por tomarse un tiempo de pasarse por acá y leerme, sé que no soy el mejor escritor pero bueno... hago mi mejor esfuerzo. Les dejo el capítulo ocho de mi historia, espero les guste ya que comienza a retomar la trama normal y... se acerca lo bueno.

¡Gracias a todos!


Capítulo VIII


La noche parecía interminable, cada minuto parecía durar una eternidad para Dante, miraba el reloj en la pared incesantemente y luego de nuevo al techo y viceversa, incapaz de conciliar el sueño luego de todo lo que había pasado durante el día; los recuerdos invadiendo su mente, distrayéndolo y alejando el sueño de su cabeza y cuerpo.


Pero lo que sucedía con sus padres era el menor de sus problemas, algo parecía acosarlo y tampoco lo dejaba en paz; necesitaba saber qué o quién estaba detrás de todo aquel embrollo. Saber cuáles eran las intenciones y por qué a él.
Luego de lo que pareció un siglo y parte de otro, la luz del sol comenzó a aparecer en el horizonte iluminando el cielo de a poco; casi automáticamente todo lo que estaba fuera de la ventana pareció cobrar vida e, incluso dentro de la casa. Las aves, animales y personas comenzaron sus tareas diarias con la salida del sol.


—Buenos días.
—Buenos días a ti también.
—¿Cómo amaneciste? —preguntó Chris, somnoliento mientras se estiraba en su cama con pereza.
—Pues bien, no pude dormir en toda la noche pero apartando eso, se puede decir que bien —respondió Dante desde los edredones y cobijas estirados por todo el suelo para hacer de cama.


La noche anterior aunque le insistieron en llevarlo a la habitación de huéspedes, él se negó. Dijo que prefería dormir en el piso que hacerlo solo en ese momento; necesitaba compañía, es por eso que había ido a la casa de su mejor amigo.


—¿Y eso es bien para ti? —inquirió el rubio.
—Realmente… a estas alturas no sé diferenciar lo bueno de lo malo si te soy sincero —expresó melancólicamente.


Un silencio incómodo se posó sobre ambos, lo único que hacían era verse a los ojos el uno al otro, ojos tristes y cansados los de Dante, y otros medio dormidos pero piadosos los de Christopher; éste último no sabía que decir, un nudo gigantesco se le formó en la garganta, tragó grueso.


—Bueno… ¿irás donde Kent, no? El profesor de historia —inquirió el de cabello negro desde los edredones intentando cambiar el tema al notar lo incómodo que se tornó para los dos.
—Querrás decir iremos —replicó el otro ásperamente.
—Em... sí, supongo...
—Tengo su número, será mejor llamarlo para preguntarle su dirección y ver si nos quiere atender. Seguro que sí, después de todo, lo que tenga que ver con el pasado es su especialidad.


David marcó en su teléfono y salió del cuarto a hablar, no era extraño en él irse a esconder para atender su teléfono independientemente de quien fuese, siempre se ha sentido incómodo hacerlo enfrente de las personas, es como si estas estuvieran al pendiente de lo que dicen y le dicen. Dante se distrajo viendo por la ventana, hundido en sus pensamientos; luego de unos minutos su compañero emergió de la puerta con una tonta sonrisa en la cara.


—Buenas noticias, Kent está en su casa y me dijo que podíamos ir; le envié por correo una imagen del símbolo, dijo que lo buscaría en sus libros.
—¡Perfecto! ¿Nos vamos entonces?
—También hay algo más —agregó con un fingido tono de melancolía.
—¿Qué pasó? —respondió Dante instantáneamente, al oír que había algo más.
—Pero…
—Pero ¿Qué? —interrumpió. El muchacho de cabello azabache, comenzaba a incomodarse—, dime de una vez.
—Espero que no te sientas mal, pero…—respondió. Intentaba aguantar una risa para sí mismo mientras miraba el suelo en señal de arrepentimiento—. También me dijo…, ¡que soy su alumno favorito! ¿No es genial?


Y estalló en risa, Dante lo miró perplejo durante un instante e, incapaz de resistirse, también comenzó a carcajearse. De pronto, y como si hubieran olvidado todos los problemas que los aquejan, los dos amigos se reían a todo lo que sus cuerdas vocales eran capaces de gritar: risas fuertes y estruendosas resonaban por toda la habitación.

…


—Esto está tardando demasiado, necesito que reaccione o todo fracasará.
—Señor… he hecho todo lo que me ha dicho al pie de la letra, le he dado pistas como ordenó. Todo avanzara más rápido si tan solo me dejara…
—¡NO! ¡Te he dicho que no debes hacerlo y no lo harás! —gritó él ser supremo desde su imponente asiento, el eco de sus gritos rebotando por todo el lugar.


La mujer de vestido blanco y largo al igual que su piel solo bajó su cabeza; algunos mechones de su abundante, extenso y sedoso cabello se rodaron de sus hombros y quedaron colgando sobre el suelo. Ella guardó silencio, parada allí frente a él.
Cruzó sus brazos sobre su pecho apretándose fuertemente en señal de frustración y luego los dejó caer con fuerza mientras apretaba sus puños, arqueó sus rosados y finos labios, el único color en su rostro apartando el hermoso azul ártico de sus ojos y el negro de sus pestañas.


—Padre… —comenzó—, te dije que él no era completamente necesario. Yo podría sustituirlo perfectamente, al menos mientras recupera la memoria, solo déjame…
—¡No! —declaró él imponentemente—. Nuestro destino está trazado y es él, el que tiene que liderar esta guerra.
—¡Pero si no hay ninguna guerra! ¡Todo está en tu mente, tú y tu profecía! —replicó ella con brusquedad—; sí quieres que él llegue a ti déjame traértelo, ya me cansé de andar de niñera, o espía… o como lo quieras llamar.
—No está en mi mente, todos sabemos lo que se avecina y si eres tan ciega para no verlo entonces tus ojos no son de ninguna utilidad. La profecía lo dice claramente —sentenció—: “Cuando el cielo se alce y la tierra se abra, una épica batalla tendrá lugar. Los dragones del destino con sus garras arrastrarán a todo aquel; caos, muerte y destrucción serán el pan de cada día. No habrá ganador, todos habrán perdido pero lucharán por su honor…”
—“…vidas perdidas son solo un precio a pagar, para obtener la gloria hay que pelear. En los que duran siete días, el odio y la discordia cesarán pero el mundo caerá con ellos” —completó ella el verso—, pero es contradictorio, dice que no habrá ganador más sin embargo “para obtener la gloria hay que pelear”. Eso solo es un cuento para niños.
—Aún no entiendes… pero con el tiempo sabrás apreciarlo, siempre recuerda esto: lo esencial es invisible para los ojos.


La mujer sin siquiera despedirse se dio la media vuelta y salió de la habitación por las grandes y rústicas puertas, que, una vez afuera, se fueron cerrando lentamente detrás de ella.
A excepción de dos guardias que custodiaban la entrada al gran salón del que la muchacha había salido, uno a cada lado, el inmenso corredor estaba completamente vacío, las antorchas de fuego azul iluminaban incipientemente el camino y dejaban ver también los detalles de la hermosa arquitectura gótica con la cual estaba construido el pasaje. Contrario a lo que se ve normalmente en este tipo de edificación, aquí no habían grandes ventanales que permitían ver el paisaje fuera de éste, todo era completamente sellado; y aunque había una puerta para entrar al “gran salón” esa era la única en el lugar.


“No soy tu sirviente, padre. No puedo hacer siempre lo que tú quieras” se dijo a si misma entre dientes con furia “Lo haré como te dije y verás que da resultado, todo irá más rápido, ya verás”


Mientras ella desaparecía tenuemente con cada paso que daba, el padre en la otra habitación se decía a si mismo desde su asiento.


—Oh Lucy… tus impulsos… tienes que aprender a controlarlos pequeña; no quiero ser yo el que te lo haga saber…

…


—¿Seguro que es aquí?
—Claro que estoy seguro, él mismo me dio la dirección.
—Pero no sale nadie, Chris —respondió irritado.
—¿Y si entramos? —propuso David, ignorando la pregunta de su amigo.
—No lo sé, eso es ilegal y lo sabes.
—Y qué con eso. Hemos hecho, visto, dicho y escuchado cosas ilegales antes y estamos aquí. Además fue él el que nos dijo que viniéramos a su casa, pudo habernos dicho para reunirnos en cualquier otro lugar, quizás la escuela, Así que, técnicamente no estamos haciendo nada ilegal.


Luego de pensárselo muy bien durante unos minutos, llegaron al mutuo acuerdo de pasar aunque nadie saliera a la puerta; hicieron un último intento de llamar pero nadie salía ni contestaba el teléfono, desde el lado de afuera se escuchaba repicar pero no lo atendían.


—Espera… —dijo Dante al momento que Christopher comenzaba a girar la perilla de la puerta.
—¿Qué? —se apresuró a responder él en un susurro alto.
—Esto me da mala espina, se me erizó la piel.
—No seas niña, vamos a pasar y ya.


Él giró la perilla lentamente para luego empujar la puerta con delicadeza, adentro olía como una mezcla de polvo y moho, el olor impregnaba la nariz de los muchachos haciéndolas picar.


—¿Hay alguien aquí? ¡Profesor Kent!


Aquella casa era un desastre por donde se la viese, el desorden por todo el lugar era implacable; libros y papeles regados por todo el lugar, incluso sobre las escaleras que estaban en frente de la entrada, estantes polvorientos repletos de más libros, de todos los tamaños, grosores y colores. Algunos tirados por el suelo junto con papeles, otros abiertos y amontonados uno encima de otro, en fin, aquello era un caos total.


—Profesor Kent. La puerta estaba abierta… —dijo Dante mientras analizaba todo el cuarto de pies a cabeza, claro como si aquello lo tuviera en realidad.


Mientras se movían unos metros más allá de la puerta, el olor a polvo parecía aumentar, éste también se podía sentir; todo en sí estaba oscuro y las ventanas eran bloqueadas por estantes con adornos y principalmente enciclopedias.
Solo bastó a que se colocaran un pie en la habitación adyacente a la puerta de entrada para ver lo que les aguardaba, el horror se materializó frente a sus ojos, se quedaron congelados, inmóviles como estatuas de piedra sólida, los dos juntos en el marco de la puerta. En el centro de ese cuarto, sobre un charco de sangre y rodeado de más libros, estaba el cuerpo de Seymor Kent, el profesor de historia de los chicos.


Sobre su pecho descansaba un gran y pesado libro abierto en una página con imagen de un símbolo bastante raro, y al lado estaba una imagen impresa, la que Christopher le había mandado, era el mismo símbolo, solo que se veía mucho más antiguo. Encima de él, en la pared un espejo que estaba ahí, escrito con letras rojas que decía “¿Crees en los fantasmas?”, parecía como si hubiese sido escrito con la misma sangre del hombre.
La sangre estaba detrás de él, a simple vista no se veía ninguna herida en su pecho o piernas, por lo cual la herida debía estar atrás, seguro en su espalda o en su nuca: Dante al ver aquella escena se traumatizó, tan rápido como pudo se dio media vuelta y jaló a Christopher consigo, arrastrándolo hacía la puerta… pero esta se cerró. Como si alguien la hubiese jalado hasta afuera, se cerró, en medio de su crisis soltó a su compañero e intentó abrirla jalando con fuerza pero era en vano, la puerta no abría; Chris no reaccionaba ante aquello; parecía en shock. Intentó gritar pero era como si no pudiera hacerlo, no se escuchaba.


Fue rápidamente hasta las ventanas pero estas estaban bloqueadas, lanzó varios de los ejemplares al suelo con fuerza en su desesperación por salir de allí, ya las lágrimas picaban en sus ojos, su amigo lo miró aterrorizado y pareció ser lanzado contra la pared de la habitación donde estaba el profesor tirado; ya las gotas comenzaban a salir de sus ojos, seguía tratando de gritar pero simplemente no podía, ni siquiera sus quejidos parecían hacer sonido. Jaló los libreros para despejar la ventana y salir por allí pero no podía, eran demasiado pesados para moverlos solo.


—Chris, ¡ayúdame! —gritó pero no obtuvo respuesta— ¡CHRITOPHER AYÚDAME! —volvió a gritar pero su compañero no reaccionaba.
No estaba dispuesto a darse por vencido, pero hubo algo que lo paralizó del miedo en un segundo.
—“¿Crees en los fantasmas?” —escuchó decir a una voz. Era débil pero resonaba como eco por toda la casa, una voz femenina, dulce y delicada.


Inmediatamente ruidos raros comenzaron a escucharse, una risita chillona primero, luego sonidos de cadenas arrastrándose, los libros empezaron a caer de los estantes como si alguien los empujara; algunos se abrían y cerraban, los sonidos eran cada vez más fuertes y estrepitosos. Gritaba… pero sus gritos se escuchaban ahora apenas como susurros, se escuchaban pasos y estos parecían acercarse cada vez más a él; la risita ya no era chillona, era macabra y tampoco era una risita, era una risa.


Tan fuerte y macabra que penetraba hasta los huesos haciendo que se le erizase la piel al pobre chico, el grado de desespero era tan grande que Dante no hallaba que hacer para escapar de ahí, se frotaba con fuerza la cabeza con ambas manos, se jalaba los cabellos incipientemente; poco a poco fueron cediendo sus piernas y se deslizaba hasta el suelo, igual que las lágrimas por su cara. Tapaba sus oídos para evitar seguir oyendo todo aquello pero no era posible; cerraba los ojos con fuerza deseando que solo fuera una pesadilla, pero no lo era: todo es real, absolutamente todo lo que sucedía lo era. Su respiración también se veía afectada por el miedo, temblaba y era irregular, entrecortada.
Se quería rendir, ya no podía más, lo único que quería es que todo acabara y ya, volver a su vida normal.


—¿Crees en los fantasmas, hermano? —preguntó una voz muy cerca de él.


Al escuchar estas palabras abrió los ojos instantáneamente, por alguna razón la voz le era extrañamente familiar. Para su sorpresa, frente a él, estaba parada ella; la mujer con la cual se había estado encontrando constantemente en sus visiones, esa que creyó haber visto aquel día en su casa antes de ir a la secundaria, el día en que todo comenzó.
Era ella, su largo, liso y negro cabello sobre su blanco vestido. Una sonrisa se dibujaba en su rostro, y sus ojos… los que Dante no había logrado ver la primera vez; eran azules, no cualquier azul, sino uno como el del hielo de ártico, tan hermoso que era capaz de congelarte con tan solo una mirada. Es como si una diosa hubiese bajado desde el cielo a salvarlo del caos.


—T… tú… —dijo Dante con apenas un hilo de voz.
—¿Crees en los fantasmas, hermano? —repitió ella al momento que le extendía una mano—, sí la respuesta es sí, ven conmigo. Si la respuesta es no, ven conmigo, yo te haré creer.


El muchacho estaba anonadado por la belleza de la fémina, no podía dejar de ver sus ojos de cristal; se sentía hipnotizado y sin dudarlo tomó su mano para ayudar a levantarse.


—Vamos a casa hermano —propuso mientras comenzaba a jalarlo escaleras arriba. Caminaban juntos, él estaba fuera de sí.


Estaba a tan solo unos centímetros de colocar un pie en el primer escalón cuando una voz lo llamó con fuerza —¡DANTE! ¡DANTE NO LO HAGAS! —insistió.


Los gritos lo trajeron de vuelta a lugar, lo hicieron reaccionar de inmediato al reconocer la voz, era Christopher.


—¡Dante no te vayas! —gritó nuevamente mientras jalaba hasta atrás por la mano que tenía libre.


Lucy se percató también de esto ya que casi Dante se desprende de ella cuando era jalado, pero pudo sostenerlo. Sin demostrar enojo o alguna otra emoción se volteó elegantemente mirando hacia Chris. Levantó una mano en su dirección con el puño cerrado.


—¡Déjale en paz! ¡Mal…


Antes de terminar de decir la oración, ella abrió su mano y quedó apuntándolo con un dedo. Por alguna fuerza extraña, se vio empujado duramente hacía atrás, casi volando, soltó a Dante porque no lo puedo sostener, a la puerta de salida, que estaba detrás de él; se abrió sola y Chris salió por allí, siendo tirado sobre los pequeños escalones que estaban frente a la entrada. Antes de poder levantarse la puerta se había cerrado estrepitosamente.


Pero no se dio por vencido, con algo de esfuerzo se levantó lo más rápido que pudo y fue hasta la portilla nuevamente a golpearla intentado abrirla pero era en vano. Adentro Dante estaba consciente y escuchaba los gritos y golpes de su compañero, pero, aún así, no podía hacer nada. Era como si su cuerpo no le respondiera, aunque tampoco estaba seguro de si se quería mover.


—Estará bien —exclamó Lucy finalmente—. Cuando todo acabe será como si nunca te hubiera conocido, ni él ni nadie ya que básicamente… no existes.


El corazón de Dante dio un vuelco y se aceleró mientras seguía subiendo las escaleras de la mano de su ‘hermana’. Una especie de círculo de un celeste muy pálido comenzaba a formarse en la pared, crecía a medida que ellos se acercaban y desprendía una intensa aura que hacía vibrar el aire, una luz blanca fluorescente lo acompañaba. Estaban a punto de atravesar el portal cuando el chico rubio, Christopher David, saltó del piso de arriba sobre ella.


—¡No te lo llevarás! —exclamó mientras saltaba de las escaleras. Estaba sucio y con pequeñas heridas por sus brazos y piernas que estaban sangrando.


La muchacha intentó quitárselo de encima y lo logró, luego se interpuso entre Dante y él. Iba a hacer lo mismo que había hecho hace unos minutos pero David la tomó del antebrazo con fuerza. Un agonizante grito de dolor inundó el cuarto, era la muchacha la que gritaba al sentir como el otro le apretaba el antebrazo, pero había algo más… —¡Suéltame maldito demonio!


Con un jalón rápido liberó su brazo y casi instantáneamente mandó a volar al muchacho hasta el suelo, haciéndolo rebotar primero de uno de los libreros antes de caer y los libros encima de él. De inmediato empujó a Dante dentro del portal y después pasó ella, quejándose de la ahora fea cicatriz de quemadura que quedó en su brazo luego de que Chris la agarrara.
Dante vio todo lo que sucedió pero no pudo hacer nada al respecto. Lo último que vio antes de ser empujado fue el cuerpo de su amigo cayendo al suelo, todo como en cámara lenta. “Chris” dijo melancólicamente en su mente al tiempo que soltaba una lágrima.


Luego de eso… la nada. Eso es todo lo que vio.



Baby we are the New Romantics Come on, come along with me
Heartbreak is the national anthem We sing it proudly

#27
Como te dije en el shout, iré opinando por caps (sí que costó hacer que leyera esto):

Capítulo I: Qué decir de este capítulo, primero que todo encontré un horror ortográfico que me patea cada vez que lo leo "y me fui directamente a mi habitación a vestirme" ok no sé si será oficialmente un error ortográfico, pero debería ser "y fui directamente a mi habitación a vestirme" cuando repites el me suena horrible "Me fui a vestirme" ves???, otro tema que ya te mencionaron fue lo de la rutina y de las cosas que haces siempre y no vienen al caso, siento que estaba demás decir eso, por lo demás viendo la historia la verdad encontré que las reacciones del personaje fueron poco realistas, es decir, quién ve a un fantasma y se queda como si no hubiera pasado nada???? que decirte, este cap no me engancho mucho, veamos el siguiente.

Capítulo II: Unos pequeños errores "El puesto vació era justamente en el mi compañera ausente" Presumo que quisiste decir "el de mi compañera ausente" y también "estudien sino quieren reprobar" estoy segura que aquí sería "si no" separado. Aquí no entendí muy bien, el libro se lo habían prestado o era suyo??? porque te digo que si de encontrar una postal amenazante con letras rojas reaccionaría de otra forma que el prota, quizás sea solo yo peor siento que no se impresiona mucho. Respecto a la historia, sigue sin engancharme, pero definitivamente llamó mi atención, seguiré leyendo.

Capítulo III: Siento que Brittany si representa bien lo que es estar en una situación así. "ella y no estamos saliendo" Creo que quisiste decir "Ella y yo no estamos saliendo". Al parecer Brittany si es la única con sentido común. Ese plot twist, la verdad es que era obvio que venía, pero me gustó como lo manejaste, ya te iba a criticar que se lo podría haber dicho en el camino o algo así peor literalmente no les diste ni un segundo para que lo explicará, que puedo decir, este capítulo si me gustó mucho más, seguiré leyendo, eso sí antes, no me gustó que a Brittany le haya gustado Dante, lo encuentro muy cliché, y hasta ahora era mi personaje favorita y la mataste *llora*(?

Capítulo IV: "era diferente e a la de su compañero" Presumo que es un pequeño error de tipeo, la verdad no me esperaba que Amanda haya estado estable todo el tiempo, me gusta ese tipo de juegos psicológicos. "Cierra la puerta en lo que salas por favor" creo que era "sales". Este capítulo fue algo lento peor me gustó lo que planteó, la cosa que le este jugando malas pasadas a Dante y los demás no solo lo hace por medio de cosas reales, si no que hace que creas cosas que no son, buen detalle, buen detalle.

Ya es algo tarde y debo acostarme, pero déjame decirte que me esta enganchando y que la historia (hasta donde he leído) esta bastante interesante, qué más decir, me gusta, comentaré con los otros caps cuando saques uno nuevo, o puede que edite este mañana.

Sigue con el fic, tiene futuro owo
Premios











Firmas







#28
Hola Abdy, vengo a hacerte la ''critica'' que me pediste de tu fiction. He de confesarte que solo me he leído hasta la mitad del capitulo seis, te explicaré por que.

A ver, la trama es muy buena, tiene suspense y es una idea original (sobretodo si es tuya), pero tienes un problema que ha muchos escritores les sucede al inicio, la narrativa. Tienes que vigilar en el orden en que explicas las cosas o el como, por que eso puede condicionar a que el lector no entienda lo que ha sucedido.

Por ejemplo, la parte en la que explicas que la mujer (o joven) alarga el brazo tendiéndole un objeto. He tenido que leerlo tres veces para entenderlo, por que no explicas que la chica ha extendido el brazo hacia el personaje, si no, que has pasado de tener el brazo tras la espalda a que le da el objeto, y eso puede causar confusión al lector.

Otra cosa que te destaco hablando de esa parte en concreto, intenta por todos los medios evitar palabras como: cosa, objeto y gente

Has de ir con mucho, MUCHO, cuidado con lo que te voy a decir ahora y tenlo muy presente en el resto de tus Fictions (cortos o lo que sea).
Los personajes no han de ser durante el transcurso de la historia el mismo, por que si no muestras que el personaje no ha evolucionado, si no, que se queda estancado en un inicio, como si las vivencias o experiencias que ha vivido no las hubiera asimilado. Parece que lo que has explicado no haya sucedido.

¿Por que te digo esto? Por que tu personaje es un adolescente adinerado, y a pesar de que sus padres no están nunca en casa.

1: No se comporta como un adolescente rico, algo extraño.

2: Si se supone que el ''presente'', es cuando el joven esta encerrado, no puede ser el joven rebelde que era antes.

Te explico, la mente del ser humano, en las condiciones en las que esta tu adolescente, se deteriora de forma abrumadora. Estar encerrado, sin luz, sin agua ni comida, sin contacto humano, etc. Hace imposible que la ''persona'' sea como era antes, se despierta el instinto animal de supervivencia o parecen animales asustados, que han sido maltratados.

Resumiendo, los personajes deben hablar como lo que son y han de tener una evolución.

Hablando del tema de pasados y presentes, muy bueno el recurso al inicio del ''Falshback'' pero en el capitulo seis no lo has aplicado muy bien, ha sonado muy forzado, deberías ir con cuidado (y intentar que no dure tanto el ''pasado'', creas más tensión explicando su estancia en la celda y dando a entender que los únicos momentos que tiene para recordar es cuando esta solo, y que son pocos)

Yo no te voy a comentar nada sobre ortografía por que, meh la mía da asco. Pero ves con cuidado con la puntuación (.,;), por que las pausas mal hechas pueden dificultar la lectura, y los punto y coma (;) deberías ver como usarlo por que no lo acabas de aplicar del todo bien...

¡Oh! Y cuidado con recordar lo que dices de los personajes, por que dijiste que no puedes ver la cara de la chica que lo tiene encerrado, pero luego puedes ver que sonríe. Podrías buscar otra forma de explicrlo, como : Sus dientes blancos como la nieve destellaron por la luz, al sonreír. (por que de esta forma el personaje ha deducido al ver los dientes que le ha sonreído)

Y eso es todo ^^ espero haberte ayudado.





Aurora Skov

Academia Pokémon

Cronología
& Inventario
Nyxeria Anubis

:131: Odisea Pokémon :131:

Índice y Datos



#29
Pues solo una palabra impresionante tenia tiempo que no leia el Fic me encanto ( de nuevo ), aun estoy tratando de averiguar los pensamientos que tengo sobre el fic que no me quedan muy claros pero quedan bien algunos, solo te digo que espero con mucha ansias que subas el siguiente capitulo que seguro sera dentro de un año (?, okno pero espero que lo subas ràpido y que no allá tantas muertes que ya estoy bien con la de los animes, pero eso te digo espero el siguiente capitulo de fic, que estoy muy ansioso HYPEEE )?

Ibuki Mioda <3