Capítulo VI
Capítulo VI
Hola! Bueno después de ausentarme un poco en el FansFicWorld vengo de regreso con otro capítulo de este Fic.
La verdad... esta vez no responderé los comentarios, uno a uno, pero quiero que sepan que se los agradezco chicos! n.n
Demian y Akane, me ayudan bastante con esto, y bueno... si la madre tiene una buen trasero, eso hará que Dante pase a sufrir el complejo de Edipo! (?)
Gracias a Akane por lo de los diálogos, intenté usarlos en ese orden en este capítulo, aún se me hace medio difícil pero ahí voy, lento pero constante. Y Demian... pues si, como lo dije una vez no todo es lo que parece en este fic, ya verás porqué. Puede que se vea algo incoherente, pero todo eso toma fuerza y coherencia más adelante.
Espero que les guste este capítulo, intenté corregirlo lo más que pude para no tener errores ortográficos y/o algo que los pueda "descolocar" y bueno... disfruten leyendo.
Estaba ardiendo por dentro, algo en mí quería devolverse e ir y matar a ese hombre pero sabía que eso no era posible y además, de que no tenía la suficiente fuerza de voluntad para hacerlo; sería estúpido ensuciar mis manos de sangre todo por un ataque de ira.
Aún estaba dentro del taxi camino a la casa de Chris, el estar molesto no me dejaba pensar con claridad porque trataba de imaginar mil cosas a la vez para evitar recapitular en lo que pasó hace un momento, lo cierto del caso es que no sabía si comentarle o no lo que acababa de pasar.
La cabeza comenzó a dolerme fuertemente, otra jaqueca sobre mí como si no fueran suficientes.
La luz golpeaba mis ojos causándome dolor y cegándome por unos segundos. Me costó acostumbrarme, era extremadamente brillante.
Cuando por fin pude ver me di cuenta de donde estaba, el lugar me era familiar aunque todo estaba raramente oscurecido y sucio; como envejecido por el paso del tiempo y, aunque la luz no me dejaba ver con detalle no era necesario; era mi casa. Estaba tirado en el suelo, me levanté y fue cuando la vi, ahí estaba…., ella; con su largo vestido blanco que resaltaba en toda la habitación, lo único de verdad limpio ahí; y fulminándome con su mirada, aunque no podía verle el rostro esta vez al igual que la anterior lo podía sentir en todo el cuerpo.
Sus ojos clavándose sobre mi, disfrutando mi desconcierto y todo lo que me sucedía.
—¿¡Quién eres!? ¡Muéstrate! —grité a todo pulmón. Aunque lo que salió de mi boca fue algo apenas más alto que un susurro; el aire estaba lleno de polvo y cuando hablé pequeñas ondas se formaron por donde circuló el sonido.
Ella por su parte siguió ahí inmóvil, ignorándome por completo; era como si no hubiera escuchado alguna palabra de lo que dije. Su único gesto fue el de sonreír igual que la vez pasada.
—¡Dime de una vez quien eres! —ordené con autoridad nuevamente… y seguía siendo lo mismo, un sonido apenas audible.
Al ver que aquella mujer no se movía ni un centímetro, sólo se quedaba ahí y por más que intentara no podía alzar la voz, me frustré. Frustración o… asfixia, ambas se apoderaron de todo mi ser.
Comencé a correr en su dirección pero por más que lo hacía nunca llegaba; el camino se alargaba con cada paso que daba y la fémina estaba igual de inmóvil como una estatua.
No me di por vencido, no podía hacerlo. Seguí corriendo lo más rápido que podía y me di cuenta que todo andaba despacio, incluso yo.
Era como si el tiempo estuviera deteniéndose mientras yo intentaba acercarme… pero, me percaté; aunque todo parecía transcurrir en cámara lenta poco a poco me acercaba más y más. ¡Por fin!..., la tenía cerca, solo unos metros me separaban de ella.
Pero… se movió, por primera vez; por un momento creí que se iría pero en vez de eso colocó uno de sus brazos detrás de su espalda y luego… algo muya raro sucedió. Lo estiró hasta mí, tenía algo en su mano.
Por instinto tomé el objeto; ella dejó entrever sus dientes en una sonrisa algo macabra y luego todo desapareció. Como por simple arte de magia todo se esfumó. Quedé rodeado en penumbra total; el eco de una diabólica risa se escuchó por todo el lugar, me era imposible ver siquiera mi mano aunque la colocara frente a mí, y el objeto… lo que había tomado… ya no lo tenía.
Una voz en mi cabeza titilaba, era cálida, suave… hermosa. Aunque cuando logré entender lo que decía, me ordenó. Lo hizo muy autoritariamente— Despierta.
Un sonido fuerte me volvió a la realidad, era el taxista que hacía pitar su corneta.
—Son veinte.
—¿Uh? ¿Ya… llegamos?
—Sí. Y son veinte —gimió nuevamente.
—Tenga —revisé mis bolsillos en busca del efectivo que cargaba encima y conseguí el dinero, pero no era solo eso había algo más, pero no me detuve a ver que era. El chofer parecía apurado, como si se le estuviera presentando una emergencia biológica.
Bajé del auto y ahí estaba, frente al portón de la casa de Chris; tan imponente como siempre. En mi bolsillo había conseguido algo que no cargaba con anterioridad ya era tiempo de ver que era.
Introduje mi mano nuevamente en el bolsillo del pantalón esperando coger el objeto; era plano, muy plano y algo duro al tacto, era… un sobre. Esa que me había dado la misteriosa chica en… ¿el sueño? No lo sé, no tenía idea alguna de que había pasado.
Lo miré por ambos lados, a diferencia de las veces anteriores no era una postal, pero esta vez tenía algo escrito encima. Una letra cursiva bien cuidada, imposible de decir si era de hombre o mujer, solo decía “Despierta”. Aunque algo dubitativo seguí palpando el sobre para ver si tenía algo dentro y efectivamente lo había, pero el sobre estaba sellado.
Dudé por un momento si abrirlo o no en ese lugar, quizás debería esperar y abrirlo con Chris por si acaso.
Me tomó un minuto llegar a una decisión… debía abrirlo. Tenerlo por mucho tiempo conmigo no era lo mejor, además quería saber de verdad que tenía dentro. Por más maduro que fuera, seguía siendo un niño curioso, siempre lo había sido; buscando el por qué de las cosas siempre que podía y esta era una de ellas.
Sin pensarlo más, solo rasgué el sobre para ver que contenía, y era eso… lo mismo de siempre. Una postal.
Ya eran bastante extrañas este tipo de cosas, pero ahora venían en un sobre, ¿de verdad? Y no sólo eso, sino escritas también; ¿qué sería lo siguiente? ¿Una carta amenazándome de muerte?
Por más que debatía conmigo mismo, sobre que esto era una especie de broma pesada de alguien con graves problemas mentales, no lograba convencerme. Era imposible que esa persona pudiera: hacerme dormir, soñar con una chica, una carta y que esta “misteriosamente” apareciera en mi bolsillo. La única teoría razonable que podía concebir en ese momento era que había sido el taxista, pero cómo; solo lo había visto una vez en mi vida; quizás trabaja para alguien que quiera hacerme daño, pero ahí entraba otra interrogante: ¿por qué a mí? No le he hecho daño a nadie, sino fuera por mis padres sería un total desconocido para lo sociedad, y ahorita tampoco es que sea muy conocido.
Pero ni modo, tomé la postal entre mis dedos, deslizándola suavemente fuera del sobre, no tenía la imagen de un abismo o de algo envuelto en llamas como las anteriores, solo eran un montón de trazos entre negro y rojo; también muchas letras y símbolos sin ningún orden aparente. Del otro lado tenía un mensaje, estaba un poco asustado ya que no sabía que podía decir el mensaje, pero que más daba. No creo que algo pudiera sorprenderme después de lo que he pasado hoy, pero… me equivoqué.
“Ten Cuidado en quién confías. Hoy, mañana y siempRe. No todo es lo que parece nI nadie quien aparenta Ser.”
Un mensaje bastante extraño y tenía la sensación de que había algo más en esa tarjeta por la forma en que estaba escrita, pero me decidí por hacer algo un poco inusual; no le prestaría atención a nada que tuviera que ver con eso, tenía mayores problemas de los que encargarme aunque… no podía negar que esto me asustaba en niveles descomunales.
—¿Dante?... ¿Dante Harrys? —dijo una voz cercana a mi. Sacándome de todo mi embrollo mental.
Examiné todo el lugar pero no veía a nadie, hasta que de pronto salió. De la pequeña casilla de vigilancia ubicada a un lado de la gran reja, Salió él, Demian.
Lucía como siempre desde que lo conozco. Su ropa vaporosa que siempre parece dos tallas mayor a la de él y cabello despeinado con “estilo” como suele decir. Es el primo de Chris, hijo de la hermana de la mamá del mismo.
—¡Qué milagro verte por aquí!
—¿Demian?... ¡Demian!
—Tenías tiempo sin venir ¡Eh! Ya no recuerdas a tus amigos —dijo mientras abría la verja y se acercaba a mi.
—Pero si tu eres el que nunca viene, Dem —le dije mientras nos dábamos un apretón de manos—. No quieras echarme la culpa a mí.
—Pero estoy aquí desde hace dos semanas y tú nada que aparecías —me dio un golpecito en la espalda—, ni señales de humo lanzabas.
Después del saludo y un pequeño intercambio de palabras pasamos por fin a la casa, ya había perdido la noción del tiempo y no sabía cuanto llevaba ahí. Él notó que yo andaba algo extraño, ya que hablaba bajo y mi mirada se perdía en el horizonte o entre los arbustos de la entrada; pero negué a toda costa sentirme así, tenía tiempo sin verlo no quería comenzar a aturdirle con todos mis problemas, yo debía ser quién escuchara todas las anécdotas de él y no al revés.
Una vez llegamos a la casa en sí, caminamos hasta llegar al segundo piso, que era donde estaba la habitación de Chris.
—¡Chris! Tienes visita.
—¿Quién es? No espero a nadie hoy.
—Soy yo —respondí—. Y tengo que hablar contigo… urgente.
—¿Qué pasó? —preguntó. Mis palabras y mi presencia misma lo sorprendieron ya que según mi madre hoy estaría ocupado y no podría ir. Puede que se lo haya estado esperando, él es una de las personas que más me conoce por no decir la única, pero fui duro al hablar lo que de verdad le extrañó—, imagino que no es nada bueno.
—No te equivocas —respondí. Mi voz comenzaba a flaquear. Mis ojos se humedecieron y no sabía si era por tristeza, enojo o frustración—; necesito hablar contigo… a solas —él miró a su primo que entendió rápidamente el mensaje.
Demian salió de la habitación, no dijo nada. Él también me conocía, y supo desde un principio que algo no andaba bien; pero aún así no creo tenerle la suficiente confianza para contarle cosas como las de hoy.
—Esto… esto es duro, Chris.
—¿Qué pasó? Me doy cuenta de que algo no esta bien.
—¿Algo? Nada, Chris —respondí. Ya mis lágrimas salían solas sin yo poder controlarlas. Lo único que podía hacer era intentar secarlas con la manga de mi camisa pero era imposible; si secaba una salían dos, y tres e iban en aumento—. Nada va bien, todo se me desmorona rápido…
Él intentó consolarme, me dio un pañuelo y me sentó en su cama. Tomó un pequeño taburete que tenía ahí cerca y se sentó frente a mí —Dime de una vez lo que pasó. Sabes que puedes confiar en mí.
Suspiré, con el paño secaba las lágrimas hasta que dejaron de correr aunque mis ojos seguían rojo y húmedos —Mi madre, ella… engaña a mi papá.
—¿Qué? ¿Estás seguro, Dante?
—Si.
—Pero… ¿lo admitió? ¿Cómo te diste cuenta? ¿La encontraste en…? —aunque en él había sorpresa, también hacía muchas preguntas, estaba muy curioso como si estuviera alegre por la noticia, extasiado o algo por el estilo. Solo quería saber más.
—¿Qué te importa cómo me enteré? Solo… lo hice y punto —respondí casi que gritando, aunque mi voz me fallara en ese momento—. No sé que hacer, no sé como decírselo a papá.
—¿Seguro que quieres que lo sepa? Esto… —hizo una pausa—, esto podría destruir tu familia.
—Y la imagen perfecta que proyectamos —asentí.
Quedé dubitativo por largo tiempo, en realidad lo único que pensaba era en como salir de esto. Qué sería lo que tenía que hacer para que todo esto acabara de una vez, y todo volviera a la normalidad, ¿acaso debería quedarme callado?; no lo sabía con seguridad.
Chris me dio un vaso con agua y comenzó a hablarme sobre las fotos que había tomado en el salón la vez pasada para intentar distraerme. Sacó cinco en total y las había impreso todas.
—Fíjate… mira las fotos con detenimiento y dime que vez.
—Letras… símbolos, mucho rojo; dibujos raros. ¿Debería ver algo en especial?
—Mira aquí —señalo una de las fotos—. ¿Vez estas líneas negras con rojo que se forman aquí?
—Sí. Si las veo —asentí—, ¿qué tienen de especial? —pregunté. No sabía a que quería llegar.
Él suspiró.
—Si unimos todo de esta manera… —comenzó a mover las fotos hasta alinearlas de una forma un poco extraña y desordenada
—Obtienes un patrón —dijo Demian que acababa de entrar al cuarto.
—Pero fíjate, ahí no encaja bien —dije mientras señalaba una parte de la fotografía—. Ahí la líneas se cortan, parece… que faltara una más.
—No lo creo. Tomé muchas fotos —comenzó a buscar en su teléfono—, mira, aquí están todas —señaló su teléfono—. Ciertamente parece incompleto, debí haberme pasado algo por alto.
En ese momento lo recordé… Ella… la mujer, me dio algo.
—Prueba con esto.
Le dí la postal a mi amigo pero volteada para que no leyera el mensaje. Me miró algo desconcertado pero no dijo nada por el hecho de que Demian estaba ahí; solo la tomó y comenzó a cuadrarla para ver si encajaba en el diseño.
Movía la postal de lugar cada segundo, doblando las esquinas, moviendo las demás, intercambiando posiciones intentado hacer que encajara junto con el resto.
Pasaron unos cuantos minutos hasta conseguir integrar la postal junto con las fotos, pero al final lo logró. Todas juntas formaban una especie de símbolo o marca muy rara.
—Genial. Ya tenemos el símbolo, ahora… ¿Qué significa? —preguntó Demian mientras hacía una mueca y se frotaba la cabeza.
—Eso es lo que tenemos que averiguar. ¿Alguno de ustedes lo ha visto antes? —preguntó Chris.
—Yo creo haberlo visto —asentí—. En… en la clase de historia, ¿recuerdas? Cuando el profesor estaba explicando la clase de la guerra y luego se salió del tema y comenzó a hablar sobre mitología. Cuando agarró el libro de “Historias de los antepasados” y una hoja se le cayó, creo que tenía ese mismo símbolo.
—No. La verdad no me acuerdo —dijo con lástima—, pero supongo que podríamos preguntarle. Podemos ir a su casa.
—Si… supongo. ¿Sabes donde vive?
Él me miró a mi y yo a él. Ambos desconcertados y fue cuando nos dimos cuenta: ninguno de los dos sabía donde vivía el profesor, y no era raro; no puedes esperar que cuando hablas de historia de guerras perdidas, seas viejo, calvo, mugroso y amargado y tengas un auto destartalado, alguien te vaya a visitar. Mucho menos un alumno.
Quedamos largo rato en el cuarto. Chris se metió a su computadora a buscar “Símbolos Extraños” en Internet y consiguió muchos más de los que pensaba así que comenzó a abrir página por página para comparar cada uno de los que conseguía con el de nosotros pero sin éxito, así fue descartando página por página.
Demian y yo estuvimos hablando mientras examinábamos lo que acabábamos de descubrir. Nos aburrimos al poco tiempo y lo dejábamos de lado pero con el pasar de los minutos la curiosidad nos arropaba y volvíamos a intentar de nuevo. Lo único que pudimos hacer era anotar las letras que estaban ahí, pero si las juntábamos aunque conseguíamos palabras, ninguna tenía sentido como para formar una oración.
Cuando mucho palabras como: PARA y SOMBRA fue lo único que logramos formar.
—Esto es extraño, ¿de qué es todo esto? —preguntó Demian.
—Ni siquiera nosotros lo sabemos. Creemos que alguien nos está jugando una especie de broma o algo por el estilo —respondió Chris desde su computadora.
—Pero no creo que nadie haya sido capaz de matar a Brittany por un simple juego.
Él se volteó, me miró directo a los ojos por un segundo y agregó—No tienes idea de lo que pueden hacer algunas personas ¿Cierto?
El primo de él nos miraba confundido, ahorita estábamos hablando tranquilamente pero al mencionar a esa tal Brittany, Chris cambió drásticamente su tono de voz al hablarme.
—Créeme sé perfectamente de lo que algunos son capaces.
—No pareciera.
De repente había tensión en el aire, era palpable incluso.
Afuera el sol había sido eclipsado completamente por espesas nubes grises que luego empezaron a llorar; una lluvia torrencial empapó las calles en segundos y difuminó las montañas que normalmente se podían ver a la distancia.
Las gotas rebotaban del vidrio de la ventana, intentado entrar pero sin éxito. Todos permanecíamos callados, era un silencio sepulcral y a Demian ya le comenzaba a incomodar.
—Esta lloviendo muy fuerte —dijo para romper el silencio.
Ninguno de nosotros dos respondió, ya que era algo bastante obvio y nadie sentía muchas ganas de hablar.
—¿Me puedo quedar aquí hoy?
—Todo el tiempo que quieras —respondió Chris. Estaba serio, había algo que le incomodaba, intenté pensar que sería pero no lo lograba descifrar.
PD: Pista escondida en el capítulo! Quien la encuentre se gana una galletita virtual.
Y si se fijaron Demian hizo su aparición aquí, espero que te guste el rol que cumples, Dem. Aunque luego corras con la misma suerte de Brittany! (?)
Hola! Bueno después de ausentarme un poco en el FansFicWorld vengo de regreso con otro capítulo de este Fic.
La verdad... esta vez no responderé los comentarios, uno a uno, pero quiero que sepan que se los agradezco chicos! n.n
Demian y Akane, me ayudan bastante con esto, y bueno... si la madre tiene una buen trasero, eso hará que Dante pase a sufrir el complejo de Edipo! (?)
Gracias a Akane por lo de los diálogos, intenté usarlos en ese orden en este capítulo, aún se me hace medio difícil pero ahí voy, lento pero constante. Y Demian... pues si, como lo dije una vez no todo es lo que parece en este fic, ya verás porqué. Puede que se vea algo incoherente, pero todo eso toma fuerza y coherencia más adelante.
Espero que les guste este capítulo, intenté corregirlo lo más que pude para no tener errores ortográficos y/o algo que los pueda "descolocar" y bueno... disfruten leyendo.
Capítulo VI
Estaba ardiendo por dentro, algo en mí quería devolverse e ir y matar a ese hombre pero sabía que eso no era posible y además, de que no tenía la suficiente fuerza de voluntad para hacerlo; sería estúpido ensuciar mis manos de sangre todo por un ataque de ira.
Aún estaba dentro del taxi camino a la casa de Chris, el estar molesto no me dejaba pensar con claridad porque trataba de imaginar mil cosas a la vez para evitar recapitular en lo que pasó hace un momento, lo cierto del caso es que no sabía si comentarle o no lo que acababa de pasar.
La cabeza comenzó a dolerme fuertemente, otra jaqueca sobre mí como si no fueran suficientes.
…
La luz golpeaba mis ojos causándome dolor y cegándome por unos segundos. Me costó acostumbrarme, era extremadamente brillante.
Cuando por fin pude ver me di cuenta de donde estaba, el lugar me era familiar aunque todo estaba raramente oscurecido y sucio; como envejecido por el paso del tiempo y, aunque la luz no me dejaba ver con detalle no era necesario; era mi casa. Estaba tirado en el suelo, me levanté y fue cuando la vi, ahí estaba…., ella; con su largo vestido blanco que resaltaba en toda la habitación, lo único de verdad limpio ahí; y fulminándome con su mirada, aunque no podía verle el rostro esta vez al igual que la anterior lo podía sentir en todo el cuerpo.
Sus ojos clavándose sobre mi, disfrutando mi desconcierto y todo lo que me sucedía.
—¿¡Quién eres!? ¡Muéstrate! —grité a todo pulmón. Aunque lo que salió de mi boca fue algo apenas más alto que un susurro; el aire estaba lleno de polvo y cuando hablé pequeñas ondas se formaron por donde circuló el sonido.
Ella por su parte siguió ahí inmóvil, ignorándome por completo; era como si no hubiera escuchado alguna palabra de lo que dije. Su único gesto fue el de sonreír igual que la vez pasada.
—¡Dime de una vez quien eres! —ordené con autoridad nuevamente… y seguía siendo lo mismo, un sonido apenas audible.
Al ver que aquella mujer no se movía ni un centímetro, sólo se quedaba ahí y por más que intentara no podía alzar la voz, me frustré. Frustración o… asfixia, ambas se apoderaron de todo mi ser.
Comencé a correr en su dirección pero por más que lo hacía nunca llegaba; el camino se alargaba con cada paso que daba y la fémina estaba igual de inmóvil como una estatua.
No me di por vencido, no podía hacerlo. Seguí corriendo lo más rápido que podía y me di cuenta que todo andaba despacio, incluso yo.
Era como si el tiempo estuviera deteniéndose mientras yo intentaba acercarme… pero, me percaté; aunque todo parecía transcurrir en cámara lenta poco a poco me acercaba más y más. ¡Por fin!..., la tenía cerca, solo unos metros me separaban de ella.
Pero… se movió, por primera vez; por un momento creí que se iría pero en vez de eso colocó uno de sus brazos detrás de su espalda y luego… algo muya raro sucedió. Lo estiró hasta mí, tenía algo en su mano.
Por instinto tomé el objeto; ella dejó entrever sus dientes en una sonrisa algo macabra y luego todo desapareció. Como por simple arte de magia todo se esfumó. Quedé rodeado en penumbra total; el eco de una diabólica risa se escuchó por todo el lugar, me era imposible ver siquiera mi mano aunque la colocara frente a mí, y el objeto… lo que había tomado… ya no lo tenía.
Una voz en mi cabeza titilaba, era cálida, suave… hermosa. Aunque cuando logré entender lo que decía, me ordenó. Lo hizo muy autoritariamente— Despierta.
Un sonido fuerte me volvió a la realidad, era el taxista que hacía pitar su corneta.
—Son veinte.
—¿Uh? ¿Ya… llegamos?
—Sí. Y son veinte —gimió nuevamente.
—Tenga —revisé mis bolsillos en busca del efectivo que cargaba encima y conseguí el dinero, pero no era solo eso había algo más, pero no me detuve a ver que era. El chofer parecía apurado, como si se le estuviera presentando una emergencia biológica.
Bajé del auto y ahí estaba, frente al portón de la casa de Chris; tan imponente como siempre. En mi bolsillo había conseguido algo que no cargaba con anterioridad ya era tiempo de ver que era.
Introduje mi mano nuevamente en el bolsillo del pantalón esperando coger el objeto; era plano, muy plano y algo duro al tacto, era… un sobre. Esa que me había dado la misteriosa chica en… ¿el sueño? No lo sé, no tenía idea alguna de que había pasado.
Lo miré por ambos lados, a diferencia de las veces anteriores no era una postal, pero esta vez tenía algo escrito encima. Una letra cursiva bien cuidada, imposible de decir si era de hombre o mujer, solo decía “Despierta”. Aunque algo dubitativo seguí palpando el sobre para ver si tenía algo dentro y efectivamente lo había, pero el sobre estaba sellado.
Dudé por un momento si abrirlo o no en ese lugar, quizás debería esperar y abrirlo con Chris por si acaso.
Me tomó un minuto llegar a una decisión… debía abrirlo. Tenerlo por mucho tiempo conmigo no era lo mejor, además quería saber de verdad que tenía dentro. Por más maduro que fuera, seguía siendo un niño curioso, siempre lo había sido; buscando el por qué de las cosas siempre que podía y esta era una de ellas.
Sin pensarlo más, solo rasgué el sobre para ver que contenía, y era eso… lo mismo de siempre. Una postal.
Ya eran bastante extrañas este tipo de cosas, pero ahora venían en un sobre, ¿de verdad? Y no sólo eso, sino escritas también; ¿qué sería lo siguiente? ¿Una carta amenazándome de muerte?
Por más que debatía conmigo mismo, sobre que esto era una especie de broma pesada de alguien con graves problemas mentales, no lograba convencerme. Era imposible que esa persona pudiera: hacerme dormir, soñar con una chica, una carta y que esta “misteriosamente” apareciera en mi bolsillo. La única teoría razonable que podía concebir en ese momento era que había sido el taxista, pero cómo; solo lo había visto una vez en mi vida; quizás trabaja para alguien que quiera hacerme daño, pero ahí entraba otra interrogante: ¿por qué a mí? No le he hecho daño a nadie, sino fuera por mis padres sería un total desconocido para lo sociedad, y ahorita tampoco es que sea muy conocido.
Pero ni modo, tomé la postal entre mis dedos, deslizándola suavemente fuera del sobre, no tenía la imagen de un abismo o de algo envuelto en llamas como las anteriores, solo eran un montón de trazos entre negro y rojo; también muchas letras y símbolos sin ningún orden aparente. Del otro lado tenía un mensaje, estaba un poco asustado ya que no sabía que podía decir el mensaje, pero que más daba. No creo que algo pudiera sorprenderme después de lo que he pasado hoy, pero… me equivoqué.
“Ten Cuidado en quién confías. Hoy, mañana y siempRe. No todo es lo que parece nI nadie quien aparenta Ser.”
Un mensaje bastante extraño y tenía la sensación de que había algo más en esa tarjeta por la forma en que estaba escrita, pero me decidí por hacer algo un poco inusual; no le prestaría atención a nada que tuviera que ver con eso, tenía mayores problemas de los que encargarme aunque… no podía negar que esto me asustaba en niveles descomunales.
—¿Dante?... ¿Dante Harrys? —dijo una voz cercana a mi. Sacándome de todo mi embrollo mental.
Examiné todo el lugar pero no veía a nadie, hasta que de pronto salió. De la pequeña casilla de vigilancia ubicada a un lado de la gran reja, Salió él, Demian.
Lucía como siempre desde que lo conozco. Su ropa vaporosa que siempre parece dos tallas mayor a la de él y cabello despeinado con “estilo” como suele decir. Es el primo de Chris, hijo de la hermana de la mamá del mismo.
—¡Qué milagro verte por aquí!
—¿Demian?... ¡Demian!
—Tenías tiempo sin venir ¡Eh! Ya no recuerdas a tus amigos —dijo mientras abría la verja y se acercaba a mi.
—Pero si tu eres el que nunca viene, Dem —le dije mientras nos dábamos un apretón de manos—. No quieras echarme la culpa a mí.
—Pero estoy aquí desde hace dos semanas y tú nada que aparecías —me dio un golpecito en la espalda—, ni señales de humo lanzabas.
Después del saludo y un pequeño intercambio de palabras pasamos por fin a la casa, ya había perdido la noción del tiempo y no sabía cuanto llevaba ahí. Él notó que yo andaba algo extraño, ya que hablaba bajo y mi mirada se perdía en el horizonte o entre los arbustos de la entrada; pero negué a toda costa sentirme así, tenía tiempo sin verlo no quería comenzar a aturdirle con todos mis problemas, yo debía ser quién escuchara todas las anécdotas de él y no al revés.
Una vez llegamos a la casa en sí, caminamos hasta llegar al segundo piso, que era donde estaba la habitación de Chris.
—¡Chris! Tienes visita.
—¿Quién es? No espero a nadie hoy.
—Soy yo —respondí—. Y tengo que hablar contigo… urgente.
—¿Qué pasó? —preguntó. Mis palabras y mi presencia misma lo sorprendieron ya que según mi madre hoy estaría ocupado y no podría ir. Puede que se lo haya estado esperando, él es una de las personas que más me conoce por no decir la única, pero fui duro al hablar lo que de verdad le extrañó—, imagino que no es nada bueno.
—No te equivocas —respondí. Mi voz comenzaba a flaquear. Mis ojos se humedecieron y no sabía si era por tristeza, enojo o frustración—; necesito hablar contigo… a solas —él miró a su primo que entendió rápidamente el mensaje.
Demian salió de la habitación, no dijo nada. Él también me conocía, y supo desde un principio que algo no andaba bien; pero aún así no creo tenerle la suficiente confianza para contarle cosas como las de hoy.
—Esto… esto es duro, Chris.
—¿Qué pasó? Me doy cuenta de que algo no esta bien.
—¿Algo? Nada, Chris —respondí. Ya mis lágrimas salían solas sin yo poder controlarlas. Lo único que podía hacer era intentar secarlas con la manga de mi camisa pero era imposible; si secaba una salían dos, y tres e iban en aumento—. Nada va bien, todo se me desmorona rápido…
Él intentó consolarme, me dio un pañuelo y me sentó en su cama. Tomó un pequeño taburete que tenía ahí cerca y se sentó frente a mí —Dime de una vez lo que pasó. Sabes que puedes confiar en mí.
Suspiré, con el paño secaba las lágrimas hasta que dejaron de correr aunque mis ojos seguían rojo y húmedos —Mi madre, ella… engaña a mi papá.
—¿Qué? ¿Estás seguro, Dante?
—Si.
—Pero… ¿lo admitió? ¿Cómo te diste cuenta? ¿La encontraste en…? —aunque en él había sorpresa, también hacía muchas preguntas, estaba muy curioso como si estuviera alegre por la noticia, extasiado o algo por el estilo. Solo quería saber más.
—¿Qué te importa cómo me enteré? Solo… lo hice y punto —respondí casi que gritando, aunque mi voz me fallara en ese momento—. No sé que hacer, no sé como decírselo a papá.
—¿Seguro que quieres que lo sepa? Esto… —hizo una pausa—, esto podría destruir tu familia.
—Y la imagen perfecta que proyectamos —asentí.
Quedé dubitativo por largo tiempo, en realidad lo único que pensaba era en como salir de esto. Qué sería lo que tenía que hacer para que todo esto acabara de una vez, y todo volviera a la normalidad, ¿acaso debería quedarme callado?; no lo sabía con seguridad.
Chris me dio un vaso con agua y comenzó a hablarme sobre las fotos que había tomado en el salón la vez pasada para intentar distraerme. Sacó cinco en total y las había impreso todas.
—Fíjate… mira las fotos con detenimiento y dime que vez.
—Letras… símbolos, mucho rojo; dibujos raros. ¿Debería ver algo en especial?
—Mira aquí —señalo una de las fotos—. ¿Vez estas líneas negras con rojo que se forman aquí?
—Sí. Si las veo —asentí—, ¿qué tienen de especial? —pregunté. No sabía a que quería llegar.
Él suspiró.
—Si unimos todo de esta manera… —comenzó a mover las fotos hasta alinearlas de una forma un poco extraña y desordenada
—Obtienes un patrón —dijo Demian que acababa de entrar al cuarto.
—Pero fíjate, ahí no encaja bien —dije mientras señalaba una parte de la fotografía—. Ahí la líneas se cortan, parece… que faltara una más.
—No lo creo. Tomé muchas fotos —comenzó a buscar en su teléfono—, mira, aquí están todas —señaló su teléfono—. Ciertamente parece incompleto, debí haberme pasado algo por alto.
En ese momento lo recordé… Ella… la mujer, me dio algo.
—Prueba con esto.
Le dí la postal a mi amigo pero volteada para que no leyera el mensaje. Me miró algo desconcertado pero no dijo nada por el hecho de que Demian estaba ahí; solo la tomó y comenzó a cuadrarla para ver si encajaba en el diseño.
Movía la postal de lugar cada segundo, doblando las esquinas, moviendo las demás, intercambiando posiciones intentado hacer que encajara junto con el resto.
Pasaron unos cuantos minutos hasta conseguir integrar la postal junto con las fotos, pero al final lo logró. Todas juntas formaban una especie de símbolo o marca muy rara.
—Genial. Ya tenemos el símbolo, ahora… ¿Qué significa? —preguntó Demian mientras hacía una mueca y se frotaba la cabeza.
—Eso es lo que tenemos que averiguar. ¿Alguno de ustedes lo ha visto antes? —preguntó Chris.
—Yo creo haberlo visto —asentí—. En… en la clase de historia, ¿recuerdas? Cuando el profesor estaba explicando la clase de la guerra y luego se salió del tema y comenzó a hablar sobre mitología. Cuando agarró el libro de “Historias de los antepasados” y una hoja se le cayó, creo que tenía ese mismo símbolo.
—No. La verdad no me acuerdo —dijo con lástima—, pero supongo que podríamos preguntarle. Podemos ir a su casa.
—Si… supongo. ¿Sabes donde vive?
Él me miró a mi y yo a él. Ambos desconcertados y fue cuando nos dimos cuenta: ninguno de los dos sabía donde vivía el profesor, y no era raro; no puedes esperar que cuando hablas de historia de guerras perdidas, seas viejo, calvo, mugroso y amargado y tengas un auto destartalado, alguien te vaya a visitar. Mucho menos un alumno.
Quedamos largo rato en el cuarto. Chris se metió a su computadora a buscar “Símbolos Extraños” en Internet y consiguió muchos más de los que pensaba así que comenzó a abrir página por página para comparar cada uno de los que conseguía con el de nosotros pero sin éxito, así fue descartando página por página.
Demian y yo estuvimos hablando mientras examinábamos lo que acabábamos de descubrir. Nos aburrimos al poco tiempo y lo dejábamos de lado pero con el pasar de los minutos la curiosidad nos arropaba y volvíamos a intentar de nuevo. Lo único que pudimos hacer era anotar las letras que estaban ahí, pero si las juntábamos aunque conseguíamos palabras, ninguna tenía sentido como para formar una oración.
Cuando mucho palabras como: PARA y SOMBRA fue lo único que logramos formar.
—Esto es extraño, ¿de qué es todo esto? —preguntó Demian.
—Ni siquiera nosotros lo sabemos. Creemos que alguien nos está jugando una especie de broma o algo por el estilo —respondió Chris desde su computadora.
—Pero no creo que nadie haya sido capaz de matar a Brittany por un simple juego.
Él se volteó, me miró directo a los ojos por un segundo y agregó—No tienes idea de lo que pueden hacer algunas personas ¿Cierto?
El primo de él nos miraba confundido, ahorita estábamos hablando tranquilamente pero al mencionar a esa tal Brittany, Chris cambió drásticamente su tono de voz al hablarme.
—Créeme sé perfectamente de lo que algunos son capaces.
—No pareciera.
De repente había tensión en el aire, era palpable incluso.
Afuera el sol había sido eclipsado completamente por espesas nubes grises que luego empezaron a llorar; una lluvia torrencial empapó las calles en segundos y difuminó las montañas que normalmente se podían ver a la distancia.
Las gotas rebotaban del vidrio de la ventana, intentado entrar pero sin éxito. Todos permanecíamos callados, era un silencio sepulcral y a Demian ya le comenzaba a incomodar.
—Esta lloviendo muy fuerte —dijo para romper el silencio.
Ninguno de nosotros dos respondió, ya que era algo bastante obvio y nadie sentía muchas ganas de hablar.
—¿Me puedo quedar aquí hoy?
—Todo el tiempo que quieras —respondió Chris. Estaba serio, había algo que le incomodaba, intenté pensar que sería pero no lo lograba descifrar.
PD: Pista escondida en el capítulo! Quien la encuentre se gana una galletita virtual.
Y si se fijaron Demian hizo su aparición aquí, espero que te guste el rol que cumples, Dem. Aunque luego corras con la misma suerte de Brittany! (?)
Baby we are the New Romantics Come on, come along with me
Heartbreak is the national anthem We sing it proudly


Sólo tengo buenos recuerdos de ustedes y de este agradable lugar también.






















, por que las pausas mal hechas pueden dificultar la lectura, y los punto y coma (
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