I
Ya llevaba horas corriendo hacia ningún lugar. Sin un propósito. Sin hogar, pues lo había perdido ya y todo por un descuido.
Me dolían las patas con cada zancada que daba, especialmente mi pata trasera herida y también sentía un fuerte dolor en la cabeza por el golpe que me había dado, pero más fuertes que los dolores físicos, era el de mi corazón; una herida eterna que jamás sanaría, pero me negué a detenerme. Quería escapar y estar solo. Estar solo para siempre por ser tan estúpido al cometer un error así.
• • • • •
Era el crepúsculo y estábamos mi manada y yo aullando para darnos apoyo entre nosotros, como cualquier otra con la discreción necesaria para no atraer lobos desconocidos a nuestro territorio.
Aullábamos de manera intercalada, volviendo confuso el número real de los integrantes de la manada, una técnica usada habitualmente en los lobos. Pero de pronto, a medio aullido, escuché algo sospechoso y también sentí su aroma. {Dejé de aullar y levanté el hocico y mis orejas para oír mejor y averiguar lo que estaba sucediendo.} Cuando lo supe, emití un gruñido de ansiedad.
Un lobo desconocido había sobrepasado los límites de nuestro territorio, adentrándose en {el} de manera descarada.
Con rápidas miradas y unos breves gañidos, avisé a la manada del intruso que estaba hurgando en nuestro territorio. En respuesta, la manada se puso ansiosa, comenzaron a moverse de un lado a otro emitiendo bajos gruñidos de impaciencia.
Todos estaban ansiosos, menos mi pareja, que se me acercó con aire preocupado.
—¿Qué pasa? ¿Pasa algo malo? —le pregunté a ella con bastante tranquilidad con un movimiento con la cabeza.
{Ella, preocupada bajó la cabeza} y me miró de manera extraña. Era como si sintiera miedo, pero no lo comprendía.
—Encuentro que es extraño, Vollmond. Demasiado extraño.
No la entendía, por supuesto. ¿Qué era extraño? Sólo debíamos de expulsar al forastero como lo habíamos hecho siempre.
—No te entiendo {-}bajé las orejas para mostrar mi disgusto y desentendimiento—. Hemos hecho esto numerables veces, ¿para qué preocuparse?
El miedo que emanaba de sus ojos, al ver mi respuesta cambió rápidamente a enojo y gruñó enseñando los colmillos. Su gris pelaje ribeteado de negro se había erizado y sus orejas se pegaron contra su cabeza.
—¿¡Es que no te das cuenta!? ¡Ese lobo entra en nuestro territorio como si nada! ¡Puede ser una trampa! ¡Vollmond, no pongas en riesgo a la manada por esto!
Sorprendido por su agresiva reacción, bajé un poco la cola. Le dirigí una mirada por el rabillo del ojo, ladeando la cabeza.
—Pero Amber, nuestra manada es una de las más grandes que hay por aquí. Somos doce, superamos a las manadas normales por cuatro o cinco lobos. —Caminé hacia ella y le di un suave empujón con el hocico en el cuello—. Confía en mí, Amber.
Ella resopló y me miró a los ojos, no del todo convencida.
—Espero que tengas razón. Vamos.
Contento de que hubiera desistido con su problema, moví la cola de lado a lado y di un pequeño y corto ladrido para reunir a la manada. Cuando ya estuvimos todos reunidos, nos dirigimos corriendo hacia donde el forastero se encontraba como si nada, como decía Amber.
Cuando llegamos, efectivamente estaba el forastero como si nada mirándonos con orgullo. No entendía por qué se le veía tan confiado, pero cuando observé mi alrededor, entendí el por qué y el miedo me invadió desde el hocico hasta la punta de la cola.
El forastero no estaba solo.
A nuestro alrededor, habían quince lobos más rodeándonos. Gruñían y tenían el pelaje del lomo erizado, tenían las orejas pegadas a la cabeza, enseñaban los mortíferos colmillos y tenían una postura preparada para atacar en cualquier momento.
Había sido una trampa. Si tan sólo hubiera escuchado a Amber en vez de ser tan confiado, no habríamos caído en ella. Esta trampa, estaba seguro de que era para quitarnos nuestro territorio.
Con la responsabilidad de macho alfa y de esta situación, di un paso hacia delante para ponerme al frente de la manada forastera.
—¿Para qué hacen esto? —pregunté de manera cortante con la mirada y gruñendo por lo bajo.
Ninguno de aquellos lobos me respondió, fue como si no me hubieran escuchado. Repetí la pregunta con más ferocidad y esta vez si recibí una respuesta.
—¿Qué no es obvio el por qué? —me respondió el lobo que se encontraba más lejos, el cual comenzó a acercarse a nosotros. Cuando ya lo tuve al frente, quedé pasmado.
Aquel lobo era de un tamaño descomunal, su cabeza se posicionaba casi a la altura de un ciervo macho adulto, sin contar su cornamenta, lo que no arreglaba mucho las cosas. Era demasiado grande para ser normal y su aspecto era escalofriante: faltaba uno de sus ojos habiendo sólo una cuenca vacía con una cicatriz en esta y también una de sus orejas estaba rota. Su pelaje era completamente negro y su único ojo era de un color amarillo verdoso con finas venas escarlatas en el. Daba miedo, pero intenté que mi miedo no se hiciera notar.
—Responde ya a lo que te pregunté —gruñí molesto con el pelaje del lomo erizado, pero con la cola un poco baja. Perfecto, por tener la cola baja, demostraba mi debilidad. Que estúpido soy, pero al parecer, el lobo no se dio cuenta.
—Lo hacemos porque estábamos hartos de nuestro territorio. Tan pequeño y miserable comparado al de ustedes… Yo tomé la decisión de esta trampa, pues yo soy el alfa de esta… pequeña manada. Fue más simple de lo que pensé, creí que sería fácil, pero nunca a este punto. Tú por ser tan confiado, ¡perderás a tu manada! —Esbozó una malvada sonrisa lobuna haciendo como una risa¬—. ¿No es encantador? Por culpa de su “buen” alfa morirán todos… ay, que pena me da, ¿no? —Esta última frase, la sentí tan dolorosa como si me hubieran clavado las más mortales garras y colmillos en el corazón. Todo era mi culpa. Y él, por supuesto, tenía razón. Por culpa mía, moriríamos todos a manos de aquellos sanguinarios lobos.
Gruñendo asustado, me acerqué a Amber y al resto de la manada sin quitar la mirada de los ojos del atemorizante lobo gigante.
—Lo lamento tanto, Amber. No sabía en que estaba pensando —le dije a ella con una triste mirada turbada por el dolor.
Amber sólo me miró desesperanzada. No tenía nada que decirme. Le había fallado al no confiar en ella. Le había fallado a toda la manada.
Debe ser una pesadilla… nada más que una pesadilla de la que despertaré pronto, me dije a mi mismo, pero no desperté. Todo lo que sucedía en aquel momento era completamente real. No podía ser verdad.
El macho alfa forastero gruñó ferozmente rompiendo el hilo de mis pensamientos. Su manada se unió a su gruñido al tiempo que comenzaban a agazaparse a nuestro alrededor.
El enorme lobo enseñó los colmillos y erizó el pelaje del lomo. Con un fuerte ladrido avisó a su manada lo que tanto temía que pasara.
—Ataquen y mátenlos a todos…
*=No debes poner tantas preposiciones "y" juntas, ahí faltó una coma, la oracion seria más o menos: "Dejé de aullar, levanté el hocico y mis orejas para oír mejor y averiguar lo que estaba sucediendo."
*= "él"
*= Este realmente no es un error por lo que no te bajé puntos por ello, pero esteticamente concidero que la oración debería ir así: "Ella, preocupada, bajó la cabeza y me miró de manera extraña."
*= Obviamente debería ser un guión largo. Si tienes problema con eso por lo que he oido. El codigo ASCII del guión largo es "alt+0151"