Hay un problema con la encuesta que pensé que se había solucionado pero no... De igual manera pueden votar, sólo voten a los pokémon que están entre corchetes, los demás son copias que se crearon por error D: Recuerden, VOTEN A LOS QUE ESTÁN ENTRE CORCHETES, son los reales.
Buenas a todos!!!!! Bienvenidos a éste, el penúltimo capítulo de Big POkémon! Sí, damas y caballeros, ¡PENÚLTIMO! O sea que el próximo será el último. En este capítulo se decide quien se va, aunque eso no es lo más importante, lo más relevante es conocer a los 4 finalistas y donde podrán dar su votación.
Esta vez la votación será diferente. Por MP, por post y por encuesta. 33% de cada cosa. O sea, quizá en la encuesta gane uno, quizá en los MP y en los post uno diferente... Al final se contarán todos y puedo decirles que será todo muy parejo. Ahora voy a contestar los comentarios!
¡Muchas gracias a todos los que siguen leyendo Big Pokémon hasta hoy! En especial a Fabri que me sigue mandando comentarios por MSN xDDD Sólo espero que estos últimos capítulos les agraden y que Big Pokémon quede siempre en sus memorias. ¡Al capi!
Spoiler
Squirtle= Ritle
Croconaw= Tony
Turwig= Tute
Espeon= Heve
Poochyena= Pechyo
Ivysaur= Laura
Charmeleon= Checo
Chikorita= Corita
Cyndaquil= Cyndi
Grovyle= Keko
Torchic= Tica
Marshtomp= Mony
Infernape= Monchu
Piplup= Penny
Pikachu= Pachu
Kirlia= Lara
Machoke= Manu
Delibird= Debi
Salamence= Bano
Lopunny= Bany
En la gran mansión de ciudad Trigal…
Laura: Psss, ¿estás lista?
Corita: Sí, espera que llevo mis cosas.
La pequeña Chikorita arrastraba con los dientes una bolsa muy grande con muchas pertenencias dentro. La Ivysaur la observó y negó con la cabeza.
Laura: No puedes llevarte todo eso, no alcanzaríamos a hacer ni 100 metros antes de que saliera el sol.
Corita: ¿Qué? Ah, vamos, tu eres más grande, puedes llevarlas, por favor, es todo lo que tengo.
Laura: Corita, no podemos, necesitamos correr, con eso no se podría. Si Tute gana luego te comprará todo lo necesario con el dinero.
Corita: No me pidas que renuncie a mis cosas, por favor… ¡Habría estado una semana organizando todo para mi escape en vano!
Laura se quedó observándola con una loca idea en la cabeza.
Laura: ¿Qué fue lo que dijiste?
Corita: Que no me pidas que deje todas mis cosas, las necesito.
Laura: ¡No eso, lo último! Iré hasta la casa de una compañera Xatu que vive en la ciudad, tu ve arrastrando eso hasta el jardín.
Y así, la Ivysaur dejó a la Chikorita con un mar de preguntas en la boca y una pesada valija que arrastrar.
Lejos de ahí, en Sinnoh, una pareja almorzaba feliz de la vida en una rústica mesita de madera.
Monchu: ¡Jojo! Que noche la de anoche, amor.
El Infernepe besó sonriente a la Lopunny en el cuello mientras ésta se sonrojaba de vergüenza.
Bany: Je, no me acostumbro a verte como Infernape… ¡Oh, yo quería estar contigo cuando evolucionaras!
Monchu: Bueno, no todo se puede, mi conejita esponjosita. ¡Pero ahora estás disfrutando de lo mejor de mí!
Bany: Sí, lo sé.
La pokémon no parecía del todo feliz, tenía una sonrisa pero sus ojos no brillaban acompañándola.
Monchu: ¿Pasa algo? Te noto muy extraña.
Bany: No… estoy bien, Monchu.
Monchu: No necesito ser un pokémon psíquico para darme cuenta que hay algo en ti que anda mal. Bella, esto no funcionará si no me dices todo lo que sientes.
La Lopunny suspiró angustiada y se abrazó el cuerpo con las manos. Luego observó con esos ojos grandotes y celestes que sólo ella tenía.
Bany: Monchu, no siento lo mismo por el Infernape que por el Monferno.
Monchu se quedó observándola con la mandíbula desencajada. No podían creer que estuvieran hablando de eso, ya había quedado bastante claro que eran el uno para el otro.
Monchu: ¿Qué es lo que no sientes? ¡Soy el mismo, mi vida! Una evolución le ocurre a cualquiera… ¡te ocurrió a ti y yo nunca te dije nada!
La coneja no contestó, sólo admiró al suelo. Monchu comenzó a dar vueltas alrededor de la mesa, totalmente frustrado y con su escaso cerebro maquinando a cien por hora.
Monchu: Bany, yo te amo, estuve esperándote todo este tiempo, remodelé la casa con mis propias manos para que sea confortable para ti. ¡Lo hago todo por ti, hasta doy mi vida! No cambié en nada… no entiendo.
La pokémon seguía sin hablar y no miraba a su chico a la cara.
Monchu: ¿No te gusta mi apariencia física? ¿Es eso? ¡Bany, sabías desde que era un Chimchar que terminaría siendo un Infernape!
Bany: Pero no es eso, ¡sí me gustas!
Monchu: ¿Entonces qué es? ¡No te entiendo, no han pasado meses, han paso sólo un par de semanas desde que nos separamos!
Bany: Pero estoy confundida, entiéndeme, por favor.
Monchu: ¡No puedo entenderte! ¿Necesitas pensar?
La Lopunny admiró con tristeza el rostro enfadado del Infernape. Asintió lentamente.
Monchu: ¡Bien! Piensa entonces. Yo me voy.
El mono corrió furioso hasta afuera, arrancando la puertecita de la cueva que tenían como casa. Bany desplomó su rostro sobre la mesa, llorando con desconsuelo.
En Kanto, específicamente en ciudad Azafrán, también había un alma en pena. Le preguntaba a todos los pokémon que veía si sabían donde hallar a uno que había salido hacía un tiempo de la casa de Big Pokémon.
Lara estaba desesperada por encontrar a Manu, los familiares de este ya le habían dicho que no sabían donde estaba, que ahora vivía solo. Había terminado con él porque algunas veces en que le leyó la mente lo había encontrado pensando en alguna otra hembra. Nunca tuvo pruebas de que la engañara, pero de verdad no le gustaba esa clase de pensamientos. Sin embargo, su vida no había sido la mejor desde que terminaron. Estaba sola, lloraba todo el tiempo, y necesitaba desesperadamente alguien que la contenga. Y no había otro que pudiera hacerlo mejor que Manu, quizá tuviera esos pensamientos machistas, pero ella lo amaba así y no podía soportar tenerlo lejos.
Se encontró con una Bellossom que iba caminando con una canastita, posiblemente le hacía las compras a su entrenador.
Lara: Hola, ¿has visto Big Pokémon alguna vez?
Bellossom: ¡Claro que sí! ¿Por qué lo preguntas?
Lara: Dime, ¿has visto o tienes alguna noticia sobre Manu?
Bellossom: ¡Shhh! ¡Silencio! ¿Hablas del Machoke?
Lara: ¡Sí! De él hablo, ¿lo has visto?
Bellossom: Sí, pero habla más bajo. Es uno de los sexy pokémon animadores del bar femenino, en ciudad Lavanda.
La pokémon de hierba se retiró un poco sonrojada y Lara no quedó muy conforme con la respuesta. Lo había encontrado, pero si ese sucio Machoke estaba haciendo de las suyas con otra hembra, iba a conocer en verdad a Lara.
Corita: ¿Crees que vendrán?
Laura: ¡Vamos! No son el muro de confianza, pero creo que una cosa tan simple pueden hacerla. Deberían estar llegando en cualquier momento. ¿Tienes todo?
Corita: ¡Sí, todo listo! Estoy más que preparada.
Las dos pokémon de hierba estaban impacientes en el vasto jardín de la mansión del dueño de Corita. Esa pokémon que había ingresado a la casa de Big Pokémon siendo la más rica entre los presentes, y la que más ínfulas llevaba, se había convertido en una hembra que actuaba totalmente por instintos naturales, sin importarle nada el dinero y las demás cosas de valor. Ahora, como una bestia salvaje, huía en busca de libertad y de su amor verdadero, dispuesta a enfrentar cualquier consecuencia con tal de ser feliz. Una sombra enorme cubrió el lugar y un segundo después, un Salamence cayó estruendosamente sobre el terreno. Corita y Laura admiraron al pokémon, asombradas.
Corita: Que grande.
Bano: Gracias.
Un Grovyle descendió a una velocidad impresionante del lomo del pokémon y tomó las maletas de Corita como si no pesaran nada para subirlas.
Keko: ¡Vamos, súbanse pronto, alguien encendió una luz ahí dentro!
Corita y Laura voltearon a ver y era verdad lo que el pokémon decía. Una luz del segundo piso se había prendido, no tardarían en darse cuenta.
Corita: ¡Rápido, vamos, Laura!
Corita intentó moverla pero la Ivysaur no cedió. Le sonrió y Corita admiró a su amiga sin entender.
Corita: ¿Qué pasa? ¡Ven!
Laura: Je, no Corita. Tú vete, yo no quiero abandonar a mi entrenador. De verdad que te deseo mucha suerte y que consigas ser feliz, pero yo soy feliz con Diego.
Corita siguió observándola un buen rato sin entender nada y luego sonrió. Ambas se abrazaron con sus lianas como las buenas amigas que eran. La puerta se abrió.
Corita: ¡Te voy a extrañar mucho, Laura, gracias por ser mi amiga! Espero que podamos encontrarnos otra vez.
Laura: No dudo que eso sucederá.
Keko tomó con sus largos brazos a Corita y la levantó para llevarla sobre Salamence. En ese momento, un Rayo Hielo golpeó el lugar donde había estado Keko, quien logró evitarlo milagrosamente. Subieron sobre Bano y el pokémon comenzó a aletear.
Bano: ¡Están pesados!
Keko: ¡Arceus! ¿Por qué no seré un pokémon de fuego?
Corita: ¡Lo siento! Es mi culpa que se arriesguen así…
Un Rayo Hielo más se dirigió a los escapistas, pero Bano lo detuvo con un feroz Lanzallamas. El pokémon que disparaba era un Piloswine, comandado por una persona que parecía ser de la seguridad. Se estaba enfureciendo.
Bano: ¡No puedo atacar y transportarlos al mismo tiempo, tendrás que detenerlo tú, Keko!
Keko: ¡Haré lo que pueda!
El Rayo Hielo de nuevo fue hacia ellos y Keko lo anuló de suerte con su Dragoaliento. Bano ya había logrado levantar un buen vuelo.
Bano: ¡Vámonos!
Bano intentó tomar velocidad cuando recibió otro Rayo Hielo en el ala y lo dejó medio congelado.
Bano: ¡Ah! ¡Keko, tenías que defenderme!
Keko: ¡Sabes que no soy muy bueno en esto!
El pokémon aleteó un poco más, escapando débilmente, y quejándose de a momentos.
Bano: ¡Mi ala está herida y son muy pesados, no podré llevarlos mucho tiempo.
Keko: No te preocupes, tengo una idea.
El pokémon de hierba emitió un silbido y unos instantes después una Altaria los acompañaba en vuelo.
Bano: ¿Traes a tu novia a donde sea?
Keko: ¿Eh? ¡No! Ella me sigue. Malena, llévate a Corita hasta lo de Bano. Corita, ve con ella, es de confianza.
La Chikorita se pasó de la espalda de Bano a la de Altaria y volaron a buena velocidad. El Salamence y el Grovyle comenzaron a caer.
Bano: ¿Nos sigue el Piloswine?
Keko: Sí, ¿puedes llegar hasta el bosque Encinar? Tengo una ex novia mía allí que nos ayudará.
Bano: ¡Oh, Cresselia bendiga a tus 1000 ex novias, Keko! ¿Por donde es?
Keko: Sólo guía tu cabezota a los árboles grandotes aquellos.
Checo llegó a casa de Monchu y se encontró con Bany, llorando desconsolada.
Checo: ¿Bany? ¿Estás bien?
Bany: ¡Oh, Checo!
La coneja se abrazó al Charmeleon mientras sus lágrimas resbalaban por sus mejillas. El pokémon de fuego le palmeó la espalda y la estrujó en sus brazos. La pobre Lopunny parecía estar en shock, no dejaba de estrangular de impotencia a Checo.
Cyndi: ¡SORPRE…! ¿sa?
La Cyndaquil abrió la puerta de golpe y observó asombrada la escena. ¿Qué hacía Checo abrazando a Bany por la cintura en la casa de Monchu mientras este parecía no estar? El fuego que la pokémon tenía en su interior comenzó a quemarle lentamente hasta hacerle sentir furia y enojo por conclusiones sacadas antes de tiempo.
Checo: ¡Cyndi!
El pokémon intentó soltarse pero Bany no cedía, estaba pegada a él y de ninguna manera lo soltaría, necesitaba un pilar que la sostuviera y el Charmeleon era el único que había encontrado.
Cyndi: No se preocupen, esperaré afuera.
Checo: ¡No, espera! ¡No es lo que te imaginas! ¡Suéltame, Bany!
La Cyndaquil cerró la puerta y Checo usó todas sus fuerzas para quitarse a la Lopunny de encima.
Checo: Basta, Bany, déjame ir.
Bany: ¡Pero Monchu se enojó conmigo y se fue! ¡Me ha dejado de seguro!
Checo: ¡Tus problemas con Monchu no son de mi incumbencia! Mira, no puedo solucionar lo que pase entre ustedes, apenas puedo con los míos. Ahora permíteme ir con Cyndi, necesito hablar con ella.
La coneja lo soltó y se abrazó a ella misma. El pokémon de fuego corrió hacia fuera, allí donde Cyndi se encontraba sentada, con los ojos tristes mirando al sol.
Checo: Cyndi… lo siento, de verdad que no ha pasado nada… Pero sé que no vas a escuchar mis explicaciones, todo queda en ti. Yo me sentaré aquí y te dejaré pensar tranquila. Sólo escucha esto que te voy a decir…
La Cyndaquil lo miró con sus ojos llorosos a la cara.
Checo: Lo he pensado mucho… Y te necesito. Quiero estar contigo. Me siento solo si no te tengo a mi lado, me parece que de verdad la vida no vale la pena si no estoy junto a ti. Eres muy importante para mí, encontré en ti más que una amiga, encontré mi compañera de toda la vida.
Checo se sentó y ambos se miraron profundamente.
Cyndi: Yo venía a darte una sorpresa… quería encontrarte y darte un gran beso. Pero todo salió mal, debí haberme quedado en Kanto.
Checo: ¡No! No, Cyndi, fue fantástico encontrarte aquí, realmente cuando te vi se me alegró el alma… después me sentí mal porque debes haber pensado cualquier cosa, y no te culpo… yo también lo hubiera pensado.
Cyndi se acurrucó en el cuerpo de Checho, quien recuperó el aliento al ver que la pokémon no estaba enojada. La abrazó lentamente.
Cyndi: ¿Qué les pasa a Bany y Monchu?
Checo: ¿Eh? ¿Cómo sabes que pasa algo entre ellos?
Cyndi: Bueno… me dieron un poco de celos y… me quedé a oír detrás de la puerta cuando salí, no pude evitarlo.
Checo: ¿De verdad?
Cyndi: Sí, lo siento.
Checo: No, no me pidas disculpas, hiciste bien. No sé que les pasó, yo acabo de llegar y encuentro a Bany llorando y ella… en fin, me abrazó. Es que está algo shockeada, al parecer Monchu la dejó… Pero lo veo raro, porque Monchu la abría echado de la casa si estuviera realmente enojado. ¿Sabes qué? Dejemos de hablar de ellos. Te invito una taza de jugo de baya safre caliente, ¿sí? Quiero consentirte, hoy te daré todos tus gustos.
Cyndi: ¡Mmm, que rico! Me sentará bien, gracias.
Los dos pokémon caminaron alegres por el campo, la diferencia de tamaños hacía parecer que no fueran una pareja muy acorde, pero lejos de eso, eran totalmente compatibles, la química entre ambos era intachable. Casi podría decirse que se entendían tan perfectamente como si el pensamiento y el corazón de ambos fuera el mismo.
Era de noche ya cuando Lara llegó a ese bar femenino. Debían estar transmitiendo la expulsión final en la casa de Big Pokémon, pero lamentablemente no podría verla, tenía algo mucho más importante que hacer. Le daba vergüenza entrar sola a ese lugar, pero no le importaba, tenía que hacerlo, por su bien. Sólo esperaba no encontrarse dentro una sorpresa desagradable. Esperó a que en el lugar hubiera ya una buena cantidad de personas y recién ahí ingresó.
La mayoría de los que iban allí eran mujeres humanas, pero en ese extraño antro también había un sector donde las pokémon se acumulaban alrededor de un macho que bailaba de manera muy sensual. Ese macho… no podía ser otro. Manu estaba allí, haciendo relucir su musculatura, meneando la pelvis y las caderas ante las miradas asombradas de las hembras que lo rodeaban. Lara nunca había imaginado que pudiera existir un lugar así, y mucho menos que su novio, bueno, ex novio, estuviera allí, exponiéndose frente a todas.
Se acercó sin dejarse ver para presenciar el show. Las lágrimas no dejaban de acudirle a los ojos y ella no cesaba de frenarlas con su psíquico. ¿Por qué razón habría dejado él el gimnasio para ir a montar tal espectáculo? Lara se sentó muy incómoda y sola en una mesita de por allí. En cuanto lo hizo, instantáneamente un Blaziken se acercó a ofrecerle extraños brebajes, como los que solía tomar en las fiestas de Big Pokémon, pero estos tenían nombres más exóticos. Lara se negó, y el Blaziken se retiró lentamente con una seductora sonrisa. Lara se planchó en la mesa y suspiró. Todos en ese lugar estaban enfermos.
De repente, de entre la multitud, una Illumise se incorporó y revoloteó alrededor de Manu, quien se paralizó al instante al ver que la hembra lo rodeaba. A juzgar por la cara de la pokémon insecto, parecía haberse tomado una buena dotación de elixir de baya Meloc con miel en las rocas. Se acercaba cada vez más al Machoke con un baile seductor. Todas las demás hembras la vitoreaban, Lara sentía como su corazón se iba desintegrando poco a poco.
Illumise: Guapo, hazme un baile sexy particular, ¿sí? ¡HIP!
El Machoke se detuvo y se dio la vuelta. Lara abrió los ojos sorprendida. La Illumise, al ver que el pokémon la ignoraba, intentó tocarlo pero Manu la alejó rápidamente con sus largos brazos.
Manu: Lo siento, no es mi trabajo hacer eso.
Illumise: ¿Eh? Pero qué te cuesta, ¡vamos! Déjame tocar esos músculos.
Manu: No me toques. Nadie me toca. Yo sólo hago mi trabajo y aquí concluyó. Ya viene mi reemplazo a él le pueden pedir lo que quieran.
Todas las hembras lo abuchearon e insultaron por ese tosco gesto, totalmente carente de tacto. Consideraban que había sido un gesto demasiado soberbio de parte de un hombrezuelo como ese. Pero Lara… ella no había podido contener sus lágrimas y ahora rodaban por sus mejillas. Ese gesto de Manu había sido lo más profesional que ella había visto en su vida. Un trabajo como ese… podría tener a cualquier hembra a sus pies. Sin embargo, ni siquiera dejaba que lo tocaran. Se sentía muy feliz, porque él no la había engañado… aun luego de que ella lo había echado, él no se comportaba como un pokémon cualquiera. Había aprovechado su fama para ganar dinero en ese trabajo y recién ahora lo comprendía. Era imposible evitar que él tuviera esos pensamientos si se pasaba todo el día trabajando en el gimnasio o en ese antro donde las hembras se volvían totalmente locas… pero fuera como fuera, no podía evitar sentir un vacío en su corazón, porque ella había fallado. Sus poderes psíquicos la habían traicionado, le habían quitado al pokémon que más quería de los brazos por una estupidez. Corrió lo más rápido que pudo hasta el escenario y lo rodeó en busca de los camerinos.
Había muchos, pero sólo uno tenía la puerta entreabierta, y era porque recién había entrado. Se acercó allí con lágrimas en sus ojos. Se sentía el agua correr, posiblemente se estaba bañando. Sonrió pícaramente, le daría una sorpresa. Ingresó al camerino y observó el pequeño televisor Rotom encendido, mostrando la imagen de los cinco integrantes de la casa, totalmente desparramados de aburrimiento en los sillones. Se fijó en la pequeña mesita que Manu tenía. Allí había un vaso vacío, con unas gotas de agua al fondo, y también había un retrato. Un retrato con una imagen del dibujo que había hecho de ella un Smeargle cuando aun era una Ralts, un día que habían salido a pasear. Se tomó la cara con impotencia y observó la pintura totalmente arrepentida por lo que había hecho. Manu de verdad la quería… ¡ella ni siquiera tenía una fotografía de él! Sí, en su psiquis podía guardar imágenes casi como si fueran una imagen, pero… se sentó en una sillita, totalmente devastada, casi desmayada por la desazón que la carcomía.
Manu salió tarareando una canción de la ducha. Ella sonrió levemente mientras las lágrimas salidas caían en su boca. Su ánimo siempre era el mejor después de un buen baño de agua fría.
El Machoke se dio cuenta de la presencia de la Kirlia y se quedó paralizado. Lara lo observó desde donde estaba y todas las emociones juntas le asaltaron el corazón.
Lara: Hola, Manu.
Manu: Ho… hola, Lara. ¿Qué haces…? Oh, dime que no me viste haciendo eso…
El pokémon retrocedió avergonzado al sentir el enojo que tendría Lara al haberlo visto bailando entre tantas mujeres. Se cubrió la cara con las manos. Lara miró al piso también avergonzada.
Lara: Sí… lo he visto.
Manu: Mmm, que mal me siento. Yo no quiero que tú…
Lara: Lo he visto, ¿y sabes qué?
El pokémon de lucha la observó con el ceño quebrado. Ya se veía venir el Psíquico, tal y como lo había sentido la vez que ella lo había dejado.
Lara: Me pareció… muy sexy.
Manu abrió los ojos sin entender mientras Lara bajaba de la silla y se acercaba a él. La diferencia de alturas era descomunal, ambos habían evolucionado, pero Manu había crecido tanto que no cabía en la imaginación de Lara.
Lara: Yo sé que no sueles hacer esto… pero… ¿a mi no me harías un baile sexy?
Lara sonrió y Manu lentamente fui imitándola. Ninguno de los dos podía creer que eso fuera real.
Manu: ¿Qué dices?
Lara: Vamos… hazlo, por favor. Extraño deleitarme y sentir que mis piernas tiemblan al ver al pokémon más hermoso de este planeta mover su escultural cuerpo frente a mí.
El pokémon de lucha se sonrojó ante la pícara cara de la Kirlia. La evolución la había vuelto increíblemente despierta… no entendía bien como, pero ahora la quería más que nunca. Sin embargo, Manu seguía sin creerlo.
Manu: Vaya cosas que dices, Lara… pero… ¿qué pasó con el Gallade que estaba contigo?
La pokémon lo admiró totalmente confundida. No entendía de qué hablaba Manu.
Lara: ¿Gallade? ¿Qué Gallade? Ni siquiera he salido de mi casa de tanto llorar… Ni siquiera he ido a ver a mi padre. ¿De qué hablas?
Manu: No… de nada. Sólo imaginaciones mías… ¿Has venido… sólo a ver que no haga nada malo?
Lara: No, he venido a recuperar a mi novio.
El luchador abrió los ojos bien grandes, pues no esperaba escuchar eso.
Lara: Porque fui una tonta. No me di cuenta de lo importante que eras en mi vida. Me costó, y tardé en encontrarle una solución a todo esto, pero no puedo estar lejos de ti, Manu. No me importa de qué trabajes, no me interesan los pensamientos que recorran tu mente, pero quédate junto a mi, eres lo único que me importa. Yo te amo.
Manu sonrió al escuchar eso y sintió como el corazón se le iba armando pieza por pieza. Recuperó su fuerza, se levantó y la estrujó entre sus brazos, haciéndole añicos los huesos.
Manu: ¡Lara, mi amor!
Lara: Ay… Ahora que eres un Machoke tendremos que poner ciertas cláusulas de cariño. Si no, terminaré completamente rota.
Manu: Je, tienes razón… Lo siento. Pero vámonos de aquí, te invito a comer. Hoy no me dejaron muchas propinas… ¡pero no importa! Te llevaré a un buen lugar, en ciudad Azafrán, aquí no hay nada…
Los dos pokémon salieron de la mano, muy contentos por la reconciliación. Tenían que comenzar de nuevo, pero era más fácil ahora que el corazón de ambos se había reconstruido.
¿Se siente pesado? ¿No le gustaría comer un poco menos para adelgazar unos kilos, pero el hambre lo atormenta y termina liquidándose un banquete del peso de un Tauros joven? ¡Llego la solución a su problema!
Vileplume comercialera: Bueno, luego de tener a mis pequeños aumenté un par de kilos y quiero bajarlos de una buena vez, así que voy a realizar el tratamiento.
Esta Vileplume realizó por tan sólo dos semanas la gran prueba. Veamos cómo quedó.
Vileplume comercialera-se veía igual que antes-: Bueno, por suerte luego de realizar este tratamiento, juntoconunapequeñadieta, pude bajar esos kilos de más que tenía, ¡y todo gracias al Té Sinnoh del doctor Chingling!
¡Así es! El Té Sinnoh del doctor Chingling. El único producto capaz de hacer desaparecer el hambre. Sólo debe tomar uno media hora antes de cada comida y el apetito desaparecerá, ¡por arte de magia!
Persian comercialera: ¡Así es! Además es muy rico y digestivo. Con el Té Sinnoh del doctor Chingling bajé tres kilos y fui al baño 20 veces en dos semanas. Lo recomiendo verdaderamente.
Snorlax comercialera: ¡Es un milagro! Anteriormente comía 12 kilos de comida por día. Ahora, con el Té Sinnoh del doctor Chingling logré reducirla a 10. ¡Estoy asombrada y muy contenta!
¡Ya escuchó! A menos que sea un Slowking sordo, no querrá perderse esta sensacional oferta. Y si envía un Pidgey mensajero ahora mismo, no sólo le enviaremos una sino ¡dos! cajas de Té Sinnoh, sólo a la mitad del precio que usted pensaría que va a pagar por un producto de esta calidad.
Jigglypuff: Bueno, esta semana, televidentes, no hay planilla de resultados finales de nominación. Sólo entraré a decir quien es el último en abandonar la casa. Voy a ingresar y espero que todos me acompañen a conocer al cuarto finalista de Big Pokémon. Entramos…
El televisor de la gran casa se encendió y todos se levantaron como si fueran zombies al ver un poco de luz. Heve estaba pálida de aburrimiento, respiraba con dificultad y rebuznaba sonoramente. Tute estaba dormido, directamente. Tony, ya harto de dormir, se daba la cabeza contra la pared, lentamente. Pechyo organizaba alguna de las cosas de la casa, parecía el más atareado. Ritle se comía las garras del nerviosismo, sentado en el sillón, llevaba días sin dormir.
Jigglypuff: Hola, jóvenes.
Heve: ¡Jiggly! ¡Menos mal que llegaste! ¿Ya nos vamos?
Jigglupuff: No, lo siento, sólo uno se irá, los demás deberán pasar una semana más aquí.
Heve: No aguanto una semana más aquí… Estamos aburridos y hay mucha comida, entonces comemos sin parar. ¡Estoy engordando mucho! No tendré vida social cuando salga.
Jigglypuff: Pues así son las reglas.
Tute abrió los ojos pero volvió a acomodarse para dormir. Tony se dio la cabeza un poco más fuerte contra la pared. Heve empalideció más. Ritle y Pechyo se sentaron en el mismo sillón para recibir las noticias.
Jigglypuff: Bueno, nombraré al cuarto finalista, o sea que quien no nombre va a ser quien deba abandonar la casa. ¿Entendido?
Los dos pokémon asintieron solemnes.
Jigglypuff: El cuarto finalista es…
Los pokémon comieron ansias mientras sus otros tres compañeros hacían caso omiso a lo que pasaba. Sólo Heve apoyó su pata en la cola de Pechyo y Tony chocó las palmas con Ritle.
Jigglypuff: ¡Ritle es el cuarto finalista!
El pokémon sonrió a más no poder y se planchó contra el sillón mientras recibía las felicitaciones de Tony y Tute. Pechyo resopló y fue a buscar sus valijas con algunas lágrimas en sus ojos. Los demás fueron afuera a esperarlo.
Jigglypuff: Yo me despido, muchachos, no tengo más nada que hacer aquí.
Pechyo: Bueno, creo que llegó el momento de irse. En fin, esperé tanto para nada, pero de lo que me alegro es de haber encontrado pokémon con tanta buena onda como ustedes. Heve…
La pokémon lo admiró tiernamente.
Pechyo: Has sido como mi hermana mayor, siempre. Te voy a apoyar desde afuera y espero más que nadie que seas la ganadora. Nos vemos en una semana y espero que esta amistad nunca se termine.
Los pokémon se abrazaron con fuerza y lágrimas en los ojos. Pechyo siguió con Tute.
Pechyo: Eres un excelente pokémon, Tute. Un compañero de acero. Un caballero de pies a cabeza. Suerte en el juego, y en el amor cuando salgas de la casa.
Los pokémon también se abrazaron como despedida. Pechyo llegó a Ritle.
Pechyo: Ritle, buena suerte, fuiste un duro rival y has jugado muy bien en toda la estadía, no merecías salir en esta ocasión, la gente fue justa.
Se dieron la mano, bien conocidos eran sus roces, pero hasta esbozaron una sonrisa. Sólo quedaba Tony. Pechyo sonrió cuando llegó a él.
Pechyo: En fin, no voy a avergonzarte más de lo que ya lo hice. Espero que podamos hablar afuera, aunque creo que entendí bien tu forma de jugar, de acercarte a mí para evitar ser nominado. Sí, Tony, me di cuenta que tu acercamiento no era más que parte del juego, pero bastó para convencerme, tenerte cerca fue una de las mejores cosas que me pasó y acepté con gusto ser víctima de tu jugarreta. Je, nos veremos.
El Croconaw abrazó al Poochyena estrechándolo entre sus brazos.
Pechyo: Nos vemos… amigo.
Tony: Siempre me vas a tener cerca, Pechyo.
Pechyo: Me hace feliz saber eso. ¡Adiós a todos! Los espero en una semana.
El pokémon se fue y los cuatro se acercaron a abrazarse. ¿Y ahora? ¿De qué valía esa semana si ya todo estaba terminado? Tendrían que pasarla de igual manera, pero si había una semana aburrida y emocionante a la vez, iba a ser esa.
¡Espero que les haya gustado! ¡Voten por su favorito! ¿Ganará Heve, la Espeon? ¿O será el Turtwig, Tute? Quizá sea Tony, el Croconow que nunca fue nominado. O tal vez, Ritle, el Squirtle que le cae bien a todos. Ustedes lo deciden por su voto, pueden votar de las tres maneras, por encuesta, por MP o por post. ¡Buena suerte! ¡Nos vemos en el capítulo final!