8-Sonrisa humilde
@Lisacabot
Helen pasó la mayor parte del camino en absoluto silencio, mirando sin moverse por la ventanilla. Sandra había sido amable al prestarla unos pantalones térmicos, pues aunque no soliese tener frío, no quería arriesgarse a enfermar. Además, de donde ella venía no solía nevar, así que no sabe bien qué se iba a encontrar.
-Hm... Helen... ¿estás bien? No has hablado de nada en todo el camino...
Sandra estaba sentada al lado de Helen, y ésta podía sentir que la observaba de reojo intermitentemente. Helen se apartó el puño de la mejilla y miró a su amiga.
-Si, estoy bien. Estoy un poco... desubicada, nunca he requerido realizar ciertas rutinas que tengo que hacer, así que supongo que deberé de aprender cosas nuevas.
Helen miró la tabla de Snow que tenía a su lado Sandra y la señaló.
-Es muy bonita. ¿Cuanto tiempo hace que practicas?
-Ah, pues un par de años. No soy muy buena pero al menos no me caigo. ¿Tú esquías?
-No, de donde vengo no hay nieve.
-Vaya... ¿Quieres... que sea tu maestra?
-Me parece bien.
La rápida respuesta de Helen no dejó tiempo a Sandra para que se sonrojase. Cuando acabó la frase, Sandra esperaba que Helen volviese a disiparse mirando el paisaje, pero miró a su amiga fíjamente. Sandra no sabía cómo comportarse, cuando estaba con Helen se ponía nerviosa, y su corazón empezaba a...
-Hemos llegado, Sandra. ¿Bajamos?
Sandra estaba muy despistada, casi instintivamente agarró con las dos manos la tabla y salió del medio de transporte un poco mareada, tanto que parecía que se desplazaba como si de un Spinda se tratase. Helen agarró firmemente por la cintura a Sandra y la ayudó a bajar. A Helen le pareció que no pesaba mucho para su estatura.
Bajaron a la calle y Helen escuchó cómo crujía la blanca nieve bajo sus botas. Gracias a los getres que incluían sus botas la nieve nunca llegaría a introducirse dentro de su pantalón. Dió un par de pasos y empezó a saltar por la nieve virgen que aparecía ante ella.
-Esto... es... nieve... Es muy... ¡Divertida!
Helen sonrió. Sonrió por segunda vez ante Sandra. Pero esta vez no era una sonrisa lasciva, sino inocente, alegre, de verdad era una sonrisa que reflejaba una felicidad pura. El tiempo se congeló como el ambiente que rodeaba a las chicas. Helen estaba saltando entre los montículos de nieve como si estuviese grabada a cámara lenta. Su hermosa y larga melena, el brillo de la nieve polvo que saltaba a cada brinco de la joven... su sonrisa... Era una imagen muy hermosa. Como si Helen nunca hubiese tenido algo tan humilde como disfrutar de la nieve.
Sandra tiró la tabla de snow al suelo y corrió hacia Helen. La cogió de la mano y saltaron varias veces hasta que cayeron sobre el montículo más grande que había y las absorvió. Ambas chicas no paraban de reir sinceramente. Sandra miró el perfil de la cara de Helen, la cual estaba tumbada boca arriba y no paraba de reir. Pudo ver que una lágrima se precipitaba desde donde deberían estar sus ojos. Helen dejó de reir y con el dorso de la mano recogió la lágrima, la miró y se levantó bruscamente. Una vez más dió la espalda a Sandra y se apresuró a ponerse unas gafas de nieve opacas. Se levantó el flequillo para evitar pillárselo, pero fue tan rápida que Sandra no llegó a ver los ojos que ocultaban el flequillo rubio. cuando acabó, se giró hacia su amiga.
-¿Qué tal si me inicias con la tabla de snow?
@Helen Eres la única que me ha respondido XD bueno, a ver que hago contigo. No se si estas interesada en algún pokemon :/
La montaña era imponente, enorme y blanca, descansaba un poco alejada del cartel que indicaba que os encontrabais en el Monte nevado. Con bastantes agujeros en uno de los lados, entradas a cuevas, y posiblemente algunas de ellas formaban túneles en el interior conectándose entre ellas, un buen lugar para encontrar pokemon que habiten cuevas; y una zona con leves pendientes que podíais usar para practicar snowboard.
Esparcidos en el blanco paraje, algunos arboles decoraban el lugar, dándole un poco de color a la blanca nieve.
no podíais ver la cima, pues las nubes rodeaban la montaña a cierta altura.
El cielo estaba nublado, y nevaba cubriéndoos de nieve lentamente.
Dejando atrás al profesor que preparaba sitio para un pequeño campamento, os dirigisteis a la montaña en busca de un lugar con poca pendiente para empezar a practicar.
Ibais arrastrando la tabla por la nieve caminando y charlando un poco sobre como empezar con el entrenamiento cuando algo se acercó a vosotras rodando por la nieve y, pasando por enfrente vuestra, choca contra un árbol donde le cae un montón de nieve encima, mientras os quedáis paralizadas por la impresión, un swinub cruza por delante de vosotras, dejando un caminito de huellas, hasta el montón de nieve donde empieza a olisquearlo y hacer ruiditos preocupado.
Seguir hacia la montaña ignorando al Swinub.
Ve a ver que hay debajo del montón de nieve.
@Lisacabot
Helen y Sandra se sorprendieron del impacto de la nieve contra el árbol, y aunque Helen no necesitaba ningún Pokémon del Tipo Hielo, le llamó la atención la tranquilidad con la que un Swinub salvaje pasó ante ellas.
Mirando a Sandra, dejaron la tabla de Snow en el suelo y se pusieron a seguir las pequeñitas huellas que dejaba Swinub.
@Helen
Acercándoos al Swinub os disteis cuenta de que no había estado tranquilo pasando enfrente vuestra, si no que iba tan apurado persiguiendo lo que fuese que había pasado rodando que no os había visto, pues al acercaros se escondió detrás del montón de nieve, pero seguía intentando apartar la nieve con su naricita.
Agachándose despacio para no asustar al pokemon, Sandra empezó a retirar nieve, curiosa por saber lo que alteraba tanto al Swinub. A los pocos minutos vio una superficie redonda azul medio enterrada en nieve que, sorprendiéndola, rodó mostrando unas orejas pequeñitas y redondas y unos ojitos negros. Era un Spheal, bastante pequeño para su raza, al igual que el Swinub que se acerco a el dando signos de felicidad.
Era un tanto extraño que esos dos pequeños estuviesen solos. En ese momento ambos, el Spheal sacudiéndose la nieve, cubriendo ligeramente a Sandra en el proceso, empezaron a moverse en dirección a la tabla de Snow, donde visteis a dos Spheal y dos Swinub de tamaño más normal, esperando encima de la tabla.
¡Recupera la tabla!
@Lisacabot
Helen se rió a ver a los simpaticos Pokémon de Hielo emulando a las entrenadoras para esquiar. Hacían los mismos gestos y se reían al pasárselo tan bien. Pero en un gesto la tabla se agitó, deslizándose lentamente por una liviana cuesta, y Helen y Sandra tuvieron que ir corriendo tras los Pokémon de hielo.
@Helen disculpa la tardanza
Corristeis cuesta abajo tras la tabla de Snow, que tenia a los pokemon encima e iba dejando una camino en la nieve.
En cierto momento, la tabla dio un salto brusco, lo que provocó que uno de los Swinub cayese a la nieve. El swinub se revolvió en la nieve hasta que se planto frente a vosotras. Parecía enfadado, y no ibais a poder seguir la tabla con el bloqueando el camino.
Swinub nivel 9
Habilidad: Manto níveo
Ataques:
- Nieve polvo
- Chapoteo lodo
- Rastreo
- Placaje
@Lisacabot
Helen sacó a su Cyndaquil y se enfrentó al pequeño Swinumb que apareció ante ellos. Ninguno quiso tomarse el combate en serio, hasta el pequeño Pokémon de Hielo parecía querer jugar con los visitantes.
http://replay.pokemonshowdown.com/pandora-academiapokmon-3604229
El combate no duró mucho, o es la sensación que le pareció a Helen pues estaba pasándoselo genial. Volviendo hacia donde estaba Sandra, Cyndaquil vió a otro simpático Swinumb y fue a perseguirle. Jugaron dando vueltas alrededor de un árbol, y para entorpercer al Pokémon de Fuego, Swinumb dio un cabezado contra el árbol e hizo que toda la nieve de las ramas cayese, tapando con ella a Cyndaquil. Helen se asustó un pequeño momento, pero sin mucha demora Cyndaquil encendió las llamas de su lomo y casi al instante la blanca nieve virgen que le sepultó se convirtió en vapor, esparciéndose como purpurina brillante por el aire. Helen se lo estaba pasando genial.
Sandra y Helen avanzaron un poco más siguiendo a los juguetones Pokémon, hasta que de repente Helen se detuvo en seco y su expresión volvió a tornarse seria.
-¿Oyes eso?
-¿Te refieres a los ruidos que hacen Swinumb y Cyndaquil?
-No, hay… algo… No hagáis ruido.
Helen corrió hacia sus extrañados Pokémon. Oía unos apagados gritos de lamento, pero no era capaz de localizarlos. Sandra también avanzó intentando localizar el origen de ese ruido, pero un nuevo sonido empezó a crecer a su alrededor. Las chicas se quedaron inmóviles.
-Helen… ¿qué…?
El ruido se tornó claro, como un cristal desquebrajándose por una línea, un crujiente chasquido que no cesaba de acercarse hacia ellas.
-¡¡SANDRA!! ¡¡SAL DE AHÍ…!!
Helen vio cómo una ráfaga de aire alzaba el polvo en nieve que había a los pies de Sandra, dejando al descubierto una capa de hielo que se estaba agrietando. Helen trató de correr ante ella, pero antes de que pudiera ni tan siquiera alcanzarla, el cristalino suelo se quebró y hundió a Sandra con los trozos rotos de hielo. Helen se quedó a dos pasos del agujero por donde desapareció Sandra, pero no tuvo ninguna posibilidad de moverse al sucumbir de la misma forma que su compañera. Sólo sintió cómo el suelo cedía a sus pies y todo se volvía negro y blanco.
Dolor. Era todo lo que sentía Helen. Dolor y oscuridad. Intentó mover la cabeza, pero un punzante aviso la avisó que había sufrido un golpe en la cabeza. También notó como su melena rubia estaba en parte humedecida fríamente, y sentía que no era de agua.
Helen hizo el sobreesfuerzo de levantarse. Pero al apoyar el brazo topó con algo blando bajo ella. Era Sandra, podía sentirla. Ese susto hizo que la adrenalina se le disparase y se despertase del mareo que estaba sufriendo. Miró hacia el techo y pudo ver un poco de luz rebotando por un túnel, seguramente por donde habían caído. Tenía que hacer algo.
-¡¡Hino!! ¡¡Hino, ¿Dónde estás?!!
-Cyyyyn…
El Pokémon de Respondió a su Entrenadora. Estaba cerca, pero no podía verle.
-¡Hino, enciende tu lomo con llamas, rápido!
Haciendo caso a su Entrenadora, Cyndaquil lanzó las llamas por su espalda e iluminó la instancia. Estaba a unos metros de las chicas, al lado de un par de Swinumb que también habrían sido absorbidos por la rotura del hielo. Estaban en una caverna de hielo, blanca y azul, con suaves erosiones sufridas durante muchos años. Su silencios brillo emanaba calma y tranquilidad, hasta que Helen llegó al desnivel donde había un reguero como un borrón de sangre el cual indicaba por donde habían caído. Helen se tocó la nuca y supo sin verla que era suya. La sangre brotaba de un lado y teñía su amarilla melena.
Se giró hacia Sandra y por fin pudo verla con claridad. Estaba bocarriba, son un brazo aprisionado debajo de su propio cuerpo y la cabeza ladeada. La seriedad y frialdad de Helen se esfumó y, como si hubiese visto a un Haunter, sus piernas la empezaron a desplazar hacia atrás, hasta llegar a la fría pared.
-No… no… otra vez no…
Helen flaqueó y se deslizó hasta quedar sentada en el suelo con las piernas dobladas. Sus labios estaban abiertos pero no producían ningún sonido. Sin ser dueña de su cuerpo, gateó hasta el cuerpo de Sandra. Cuando llegó, la acarició la cara. Pudo ver que tenía magulladuras por su rostro. Quiso gritar, pero su garganta no emitía ruido alguno. Agachó la vista y observó el pecho de Sandra. Se movía, respiraba. Helen sintió un alivio y recuperó la consciencia de lo que ocurría. Lo primero era poner a salvo a Sandra.
A pesar de que sentía que la habían apisonado una estampida de Tauros, Helen pasó un brazo de Sandra por su espalda y la agarró para levantarla. La llevó a una de las paredes y la dejó reclinada sobre el hielo. La acarició la cara y por fin pudo respirar tranquila al ver que la respiración y el movimiento de los ojos de Sandra eran normales. Cydaquil se quedó al lado de la inconsciente chica y aumentó sus llamas para darla calor. Helen se abrió la chaqueta y con ella abrigó más a su amiga. Cuando sintió que ya todo estaba controlado, comenzó a andar para buscar una salida.
La rampa por la que habían caído resbalaba en exceso, y era imposible apoyarse y mantener la estabilidad. Helen buscó a su alrededor alguna alternativa.
-…no… hay… salida…
Ese mismo ruido. El que hizo que las chicas y los Pokémon se cayesen a la cueva. Era como un susurro del viento, suave,pero que penetraba en el interior como una aguja.
-Te escuché arriba.-Helen no se movía de su sitio, y giró la cabeza para intentar ver lo que tenía atrás.-Te he oído.
-…ahora… morirás…
Unos brillantes ojos aparecieron a la espalda de Helen. La fría temperatura de la cueva se descendió súbitamente aún más. El vaho del frío envolvió a Helen, y su cuerpo empezó a temblar, pero no supo si era por el increíble frío que la abrazaba, o por el terror que la producía esa voz.
-¿Por qué me llamaste?
-…porque me abandonaste…
-No fui yo. Crees que fui yo. Puedo… sentir tu dolor… Tu entrenadora no volvió a por ti…
Helen se giró para ver a quién pertenecía esa voz. Un hermoso Froslass flotaba ante ella, liviana, como si se encontrase bajo una invisible agua que agitaba lenta y suavemente su cuerpo.
-…¿por qué mientes…Susan? ¿Te fallé? ¿Por eso quisiste que muriera aquí?
-Yo no soy Susan. Me llamo Helen.
-…mientes… sólo Susan podía escuchar lo que yo decía…
-Susan tenía un don para entender los espíritus y fantasmas. Hay humanos susceptibles a ver más allá de la vida.
-…mientes… Susan era mi amiga… ella me entendía porque me quería…
-Deja… que te entienda…
Helen alzó las manos hacia los lados de la suave cara de Froslass. Agachó la cabeza y respiró. El bello Pokémon de hielo cerró los ojos y agarró las manos de Helen. A los pocos segundos, la chica levantó muy lentamente la cabeza, y un aire que rodeaba como si fuera un torbellino le agitó el pelo.
-Yuki… Yukimenoko…
-…Su…san…
Helen mostró una terrible sonrisa. Sus ojos brillaron con una energía blanca. Apretó la cabeza del Pokémon, y éste sintió miedo. Abrió de par en par los ojos y trató de zafarse de la Entrenadora. La clavó las uñas. Empezó a congelarle las manos y los antebrazos, pero estaba aprisionado.
-…¿por qué…quieres matarme? ¿por qué?…
Cyndaquil apareció a los pies de Helen y la mordió en la pierna. En ese momento soltó a Froslass y reaccionó como si hubiera despertado de un sueño. El Pokémon Fantasma trató de huir a pesar de su aturdimiento.
-¡Yukimenoko! ¡No te vayas! ¡Lo siento!
Helen cayó de rodillas y Cyndaquil se apartó asustado. Se alejó con miedo de su entrenadora pero no podía irse. Helen se tapó con las manos la cara y trató de recuperar la respiración.
-Hino… ¿lo he vuelto a hacer? ¿He vuelto a convertirme… en eso?
-Cyyyyn…
El Pokémon se aproximó a su Entrenadora. La acarició el brazo y ella le devolvió la caricia.
-Lo siento mucho… últimamente no puedo controlarlo… Yukimenoko era un Pokémon Fantasma, así que me temo que también me afectan mucho más de lo que creía… Pero… estaba tan triste… Sentí lo que le ocurrió… hace décadas… Le abandonaron aquí, porque estaba succionando la vida de su entrenadora. Y en vez de solucionarlo, la enterraron viva aquí. Ella sólo llamaba a su Entrenadora, sólo quería volver con ella… y lleva tantísimo tiempo esperándola. Creo que Susan debía ser Psíquica, por eso tuvo que alejarse de Yukimenoko… No es justo…
Helen se levantó y volvió al lado de Sandra. Seguía dormida. Era lo mejor, cuanto menos supiese, menos sufriría. Pero… el corazón de Helen sentía algo cuando la miraba. Algo cálido, que nunca antes había sentido. No entendía lo que era, no sabía que debía hacer… Sólo deseaba… besarla…
-¡¡Cyyyyn!!
Hinoarashi gritó mientras miraba al techo de la cueva. Descubrió una pequeña grieta que permitía que entrase un poco de luz exterior. Helen se acercó a su Pokémon y miró en la misma dirección.
-Muy bien, vamos a intentarlo. ¿Listo, Hino?
-¡¡Cyn!!
-¡Hino, usa Ascuas!
Unas cuantas bolas llameantes fueron disparadas desde el morrito del Pokémon hacia la grieta. Cuando llegó al hielo, empezó a derretirlo y comenzó a caer nieve por los agujeros.
-¡Muy bien, usa más Ascuas! ¡No te detengas!
El Pokémon repitió el ataque hasta que se formó una bola incandescente que comenzó a ascender hacia el exterior de la cueva. A los pocos segundos, se apagó y comenzó a caer una gran cantidad de nieve. Helen pisó la nieve y comprobó que era lo suficientemente densa como para apoyarse en ella y subir por el agujero. Sin detenerse, Abrazó a Sandra y la subió con ella. Sin muchos problemas ambas Entrenadoras alcanzaron el exterior de la cueva. Aparecieron a unos quince metros de donde se había roto el hielo. Helen dejó a Sandra apoyada en un árbol y volvió a mirar por el agujero. Los dos Swinumb que había con ellos hicieron un gesto de despedida y se internaron en las profundidades de la cueva. Helen sacó la Pokéball de Cyndaquil e hizo que volviese a ella. Cuando se giró, pudo ver que Sandra estaba volviendo en sí.
-¡Sandra! ¿Cómo te encuentras?
-Qué… ¿qué ha pasado?
-Nos caímos por una cueva y perdiste el conocimiento. ¿Te duele algo?
-No… sí… no lo sé… Estoy mareada.
-Tranquila, vámonos a la Academia para que te hagan un chequeo.
-…sí… ¡Helen! ¡Estás sangrando!
-No es nada, aparenta más de lo que es. Vámonos.
Ambas chicas se alejaron de la cueva de Hielo. Sandra cogió de la cadera a Helen para apoyarse, pero no supo bien por qué lo hacía. El agujero de la cueva empezó a llenarse de la nieve que caía por el simple hecho de la gravedad, se iba cerrando lentamente. Al fondo del mismo, un par de ojos tristes miraban hacia el exterior de la cueva una última vez.
-…Adios… Helen… Gracias...
Helen pasó la mayor parte del camino en absoluto silencio, mirando sin moverse por la ventanilla. Sandra había sido amable al prestarla unos pantalones térmicos, pues aunque no soliese tener frío, no quería arriesgarse a enfermar. Además, de donde ella venía no solía nevar, así que no sabe bien qué se iba a encontrar.
-Hm... Helen... ¿estás bien? No has hablado de nada en todo el camino...
Sandra estaba sentada al lado de Helen, y ésta podía sentir que la observaba de reojo intermitentemente. Helen se apartó el puño de la mejilla y miró a su amiga.
-Si, estoy bien. Estoy un poco... desubicada, nunca he requerido realizar ciertas rutinas que tengo que hacer, así que supongo que deberé de aprender cosas nuevas.
Helen miró la tabla de Snow que tenía a su lado Sandra y la señaló.
-Es muy bonita. ¿Cuanto tiempo hace que practicas?
-Ah, pues un par de años. No soy muy buena pero al menos no me caigo. ¿Tú esquías?
-No, de donde vengo no hay nieve.
-Vaya... ¿Quieres... que sea tu maestra?
-Me parece bien.
La rápida respuesta de Helen no dejó tiempo a Sandra para que se sonrojase. Cuando acabó la frase, Sandra esperaba que Helen volviese a disiparse mirando el paisaje, pero miró a su amiga fíjamente. Sandra no sabía cómo comportarse, cuando estaba con Helen se ponía nerviosa, y su corazón empezaba a...
-Hemos llegado, Sandra. ¿Bajamos?
Sandra estaba muy despistada, casi instintivamente agarró con las dos manos la tabla y salió del medio de transporte un poco mareada, tanto que parecía que se desplazaba como si de un Spinda se tratase. Helen agarró firmemente por la cintura a Sandra y la ayudó a bajar. A Helen le pareció que no pesaba mucho para su estatura.
Bajaron a la calle y Helen escuchó cómo crujía la blanca nieve bajo sus botas. Gracias a los getres que incluían sus botas la nieve nunca llegaría a introducirse dentro de su pantalón. Dió un par de pasos y empezó a saltar por la nieve virgen que aparecía ante ella.
-Esto... es... nieve... Es muy... ¡Divertida!
Helen sonrió. Sonrió por segunda vez ante Sandra. Pero esta vez no era una sonrisa lasciva, sino inocente, alegre, de verdad era una sonrisa que reflejaba una felicidad pura. El tiempo se congeló como el ambiente que rodeaba a las chicas. Helen estaba saltando entre los montículos de nieve como si estuviese grabada a cámara lenta. Su hermosa y larga melena, el brillo de la nieve polvo que saltaba a cada brinco de la joven... su sonrisa... Era una imagen muy hermosa. Como si Helen nunca hubiese tenido algo tan humilde como disfrutar de la nieve.
Sandra tiró la tabla de snow al suelo y corrió hacia Helen. La cogió de la mano y saltaron varias veces hasta que cayeron sobre el montículo más grande que había y las absorvió. Ambas chicas no paraban de reir sinceramente. Sandra miró el perfil de la cara de Helen, la cual estaba tumbada boca arriba y no paraba de reir. Pudo ver que una lágrima se precipitaba desde donde deberían estar sus ojos. Helen dejó de reir y con el dorso de la mano recogió la lágrima, la miró y se levantó bruscamente. Una vez más dió la espalda a Sandra y se apresuró a ponerse unas gafas de nieve opacas. Se levantó el flequillo para evitar pillárselo, pero fue tan rápida que Sandra no llegó a ver los ojos que ocultaban el flequillo rubio. cuando acabó, se giró hacia su amiga.
-¿Qué tal si me inicias con la tabla de snow?
@Helen Eres la única que me ha respondido XD bueno, a ver que hago contigo. No se si estas interesada en algún pokemon :/
La montaña era imponente, enorme y blanca, descansaba un poco alejada del cartel que indicaba que os encontrabais en el Monte nevado. Con bastantes agujeros en uno de los lados, entradas a cuevas, y posiblemente algunas de ellas formaban túneles en el interior conectándose entre ellas, un buen lugar para encontrar pokemon que habiten cuevas; y una zona con leves pendientes que podíais usar para practicar snowboard.
Esparcidos en el blanco paraje, algunos arboles decoraban el lugar, dándole un poco de color a la blanca nieve.
no podíais ver la cima, pues las nubes rodeaban la montaña a cierta altura.
El cielo estaba nublado, y nevaba cubriéndoos de nieve lentamente.
Dejando atrás al profesor que preparaba sitio para un pequeño campamento, os dirigisteis a la montaña en busca de un lugar con poca pendiente para empezar a practicar.
Ibais arrastrando la tabla por la nieve caminando y charlando un poco sobre como empezar con el entrenamiento cuando algo se acercó a vosotras rodando por la nieve y, pasando por enfrente vuestra, choca contra un árbol donde le cae un montón de nieve encima, mientras os quedáis paralizadas por la impresión, un swinub cruza por delante de vosotras, dejando un caminito de huellas, hasta el montón de nieve donde empieza a olisquearlo y hacer ruiditos preocupado.
Seguir hacia la montaña ignorando al Swinub.
Ve a ver que hay debajo del montón de nieve.
@Lisacabot
Helen y Sandra se sorprendieron del impacto de la nieve contra el árbol, y aunque Helen no necesitaba ningún Pokémon del Tipo Hielo, le llamó la atención la tranquilidad con la que un Swinub salvaje pasó ante ellas.
Mirando a Sandra, dejaron la tabla de Snow en el suelo y se pusieron a seguir las pequeñitas huellas que dejaba Swinub.
@Helen
Acercándoos al Swinub os disteis cuenta de que no había estado tranquilo pasando enfrente vuestra, si no que iba tan apurado persiguiendo lo que fuese que había pasado rodando que no os había visto, pues al acercaros se escondió detrás del montón de nieve, pero seguía intentando apartar la nieve con su naricita.
Agachándose despacio para no asustar al pokemon, Sandra empezó a retirar nieve, curiosa por saber lo que alteraba tanto al Swinub. A los pocos minutos vio una superficie redonda azul medio enterrada en nieve que, sorprendiéndola, rodó mostrando unas orejas pequeñitas y redondas y unos ojitos negros. Era un Spheal, bastante pequeño para su raza, al igual que el Swinub que se acerco a el dando signos de felicidad.
Era un tanto extraño que esos dos pequeños estuviesen solos. En ese momento ambos, el Spheal sacudiéndose la nieve, cubriendo ligeramente a Sandra en el proceso, empezaron a moverse en dirección a la tabla de Snow, donde visteis a dos Spheal y dos Swinub de tamaño más normal, esperando encima de la tabla.
¡Recupera la tabla!
@Lisacabot
Helen se rió a ver a los simpaticos Pokémon de Hielo emulando a las entrenadoras para esquiar. Hacían los mismos gestos y se reían al pasárselo tan bien. Pero en un gesto la tabla se agitó, deslizándose lentamente por una liviana cuesta, y Helen y Sandra tuvieron que ir corriendo tras los Pokémon de hielo.
@Helen disculpa la tardanza

Corristeis cuesta abajo tras la tabla de Snow, que tenia a los pokemon encima e iba dejando una camino en la nieve.
En cierto momento, la tabla dio un salto brusco, lo que provocó que uno de los Swinub cayese a la nieve. El swinub se revolvió en la nieve hasta que se planto frente a vosotras. Parecía enfadado, y no ibais a poder seguir la tabla con el bloqueando el camino.
Swinub nivel 9
Habilidad: Manto níveo
Ataques:
- Nieve polvo
- Chapoteo lodo
- Rastreo
- Placaje
@Lisacabot
Helen sacó a su Cyndaquil y se enfrentó al pequeño Swinumb que apareció ante ellos. Ninguno quiso tomarse el combate en serio, hasta el pequeño Pokémon de Hielo parecía querer jugar con los visitantes.
http://replay.pokemonshowdown.com/pandora-academiapokmon-3604229
El combate no duró mucho, o es la sensación que le pareció a Helen pues estaba pasándoselo genial. Volviendo hacia donde estaba Sandra, Cyndaquil vió a otro simpático Swinumb y fue a perseguirle. Jugaron dando vueltas alrededor de un árbol, y para entorpercer al Pokémon de Fuego, Swinumb dio un cabezado contra el árbol e hizo que toda la nieve de las ramas cayese, tapando con ella a Cyndaquil. Helen se asustó un pequeño momento, pero sin mucha demora Cyndaquil encendió las llamas de su lomo y casi al instante la blanca nieve virgen que le sepultó se convirtió en vapor, esparciéndose como purpurina brillante por el aire. Helen se lo estaba pasando genial.
Sandra y Helen avanzaron un poco más siguiendo a los juguetones Pokémon, hasta que de repente Helen se detuvo en seco y su expresión volvió a tornarse seria.
-¿Oyes eso?
-¿Te refieres a los ruidos que hacen Swinumb y Cyndaquil?
-No, hay… algo… No hagáis ruido.
Helen corrió hacia sus extrañados Pokémon. Oía unos apagados gritos de lamento, pero no era capaz de localizarlos. Sandra también avanzó intentando localizar el origen de ese ruido, pero un nuevo sonido empezó a crecer a su alrededor. Las chicas se quedaron inmóviles.
-Helen… ¿qué…?
El ruido se tornó claro, como un cristal desquebrajándose por una línea, un crujiente chasquido que no cesaba de acercarse hacia ellas.
-¡¡SANDRA!! ¡¡SAL DE AHÍ…!!
Helen vio cómo una ráfaga de aire alzaba el polvo en nieve que había a los pies de Sandra, dejando al descubierto una capa de hielo que se estaba agrietando. Helen trató de correr ante ella, pero antes de que pudiera ni tan siquiera alcanzarla, el cristalino suelo se quebró y hundió a Sandra con los trozos rotos de hielo. Helen se quedó a dos pasos del agujero por donde desapareció Sandra, pero no tuvo ninguna posibilidad de moverse al sucumbir de la misma forma que su compañera. Sólo sintió cómo el suelo cedía a sus pies y todo se volvía negro y blanco.
Dolor. Era todo lo que sentía Helen. Dolor y oscuridad. Intentó mover la cabeza, pero un punzante aviso la avisó que había sufrido un golpe en la cabeza. También notó como su melena rubia estaba en parte humedecida fríamente, y sentía que no era de agua.
Helen hizo el sobreesfuerzo de levantarse. Pero al apoyar el brazo topó con algo blando bajo ella. Era Sandra, podía sentirla. Ese susto hizo que la adrenalina se le disparase y se despertase del mareo que estaba sufriendo. Miró hacia el techo y pudo ver un poco de luz rebotando por un túnel, seguramente por donde habían caído. Tenía que hacer algo.
-¡¡Hino!! ¡¡Hino, ¿Dónde estás?!!
-Cyyyyn…
El Pokémon de Respondió a su Entrenadora. Estaba cerca, pero no podía verle.
-¡Hino, enciende tu lomo con llamas, rápido!
Haciendo caso a su Entrenadora, Cyndaquil lanzó las llamas por su espalda e iluminó la instancia. Estaba a unos metros de las chicas, al lado de un par de Swinumb que también habrían sido absorbidos por la rotura del hielo. Estaban en una caverna de hielo, blanca y azul, con suaves erosiones sufridas durante muchos años. Su silencios brillo emanaba calma y tranquilidad, hasta que Helen llegó al desnivel donde había un reguero como un borrón de sangre el cual indicaba por donde habían caído. Helen se tocó la nuca y supo sin verla que era suya. La sangre brotaba de un lado y teñía su amarilla melena.
Se giró hacia Sandra y por fin pudo verla con claridad. Estaba bocarriba, son un brazo aprisionado debajo de su propio cuerpo y la cabeza ladeada. La seriedad y frialdad de Helen se esfumó y, como si hubiese visto a un Haunter, sus piernas la empezaron a desplazar hacia atrás, hasta llegar a la fría pared.
-No… no… otra vez no…
Helen flaqueó y se deslizó hasta quedar sentada en el suelo con las piernas dobladas. Sus labios estaban abiertos pero no producían ningún sonido. Sin ser dueña de su cuerpo, gateó hasta el cuerpo de Sandra. Cuando llegó, la acarició la cara. Pudo ver que tenía magulladuras por su rostro. Quiso gritar, pero su garganta no emitía ruido alguno. Agachó la vista y observó el pecho de Sandra. Se movía, respiraba. Helen sintió un alivio y recuperó la consciencia de lo que ocurría. Lo primero era poner a salvo a Sandra.
A pesar de que sentía que la habían apisonado una estampida de Tauros, Helen pasó un brazo de Sandra por su espalda y la agarró para levantarla. La llevó a una de las paredes y la dejó reclinada sobre el hielo. La acarició la cara y por fin pudo respirar tranquila al ver que la respiración y el movimiento de los ojos de Sandra eran normales. Cydaquil se quedó al lado de la inconsciente chica y aumentó sus llamas para darla calor. Helen se abrió la chaqueta y con ella abrigó más a su amiga. Cuando sintió que ya todo estaba controlado, comenzó a andar para buscar una salida.
La rampa por la que habían caído resbalaba en exceso, y era imposible apoyarse y mantener la estabilidad. Helen buscó a su alrededor alguna alternativa.
-…no… hay… salida…
Ese mismo ruido. El que hizo que las chicas y los Pokémon se cayesen a la cueva. Era como un susurro del viento, suave,pero que penetraba en el interior como una aguja.
-Te escuché arriba.-Helen no se movía de su sitio, y giró la cabeza para intentar ver lo que tenía atrás.-Te he oído.
-…ahora… morirás…
Unos brillantes ojos aparecieron a la espalda de Helen. La fría temperatura de la cueva se descendió súbitamente aún más. El vaho del frío envolvió a Helen, y su cuerpo empezó a temblar, pero no supo si era por el increíble frío que la abrazaba, o por el terror que la producía esa voz.
-¿Por qué me llamaste?
-…porque me abandonaste…
-No fui yo. Crees que fui yo. Puedo… sentir tu dolor… Tu entrenadora no volvió a por ti…
Helen se giró para ver a quién pertenecía esa voz. Un hermoso Froslass flotaba ante ella, liviana, como si se encontrase bajo una invisible agua que agitaba lenta y suavemente su cuerpo.
-…¿por qué mientes…Susan? ¿Te fallé? ¿Por eso quisiste que muriera aquí?
-Yo no soy Susan. Me llamo Helen.
-…mientes… sólo Susan podía escuchar lo que yo decía…
-Susan tenía un don para entender los espíritus y fantasmas. Hay humanos susceptibles a ver más allá de la vida.
-…mientes… Susan era mi amiga… ella me entendía porque me quería…
-Deja… que te entienda…
Helen alzó las manos hacia los lados de la suave cara de Froslass. Agachó la cabeza y respiró. El bello Pokémon de hielo cerró los ojos y agarró las manos de Helen. A los pocos segundos, la chica levantó muy lentamente la cabeza, y un aire que rodeaba como si fuera un torbellino le agitó el pelo.
-Yuki… Yukimenoko…
-…Su…san…
Helen mostró una terrible sonrisa. Sus ojos brillaron con una energía blanca. Apretó la cabeza del Pokémon, y éste sintió miedo. Abrió de par en par los ojos y trató de zafarse de la Entrenadora. La clavó las uñas. Empezó a congelarle las manos y los antebrazos, pero estaba aprisionado.
-…¿por qué…quieres matarme? ¿por qué?…
Cyndaquil apareció a los pies de Helen y la mordió en la pierna. En ese momento soltó a Froslass y reaccionó como si hubiera despertado de un sueño. El Pokémon Fantasma trató de huir a pesar de su aturdimiento.
-¡Yukimenoko! ¡No te vayas! ¡Lo siento!
Helen cayó de rodillas y Cyndaquil se apartó asustado. Se alejó con miedo de su entrenadora pero no podía irse. Helen se tapó con las manos la cara y trató de recuperar la respiración.
-Hino… ¿lo he vuelto a hacer? ¿He vuelto a convertirme… en eso?
-Cyyyyn…
El Pokémon se aproximó a su Entrenadora. La acarició el brazo y ella le devolvió la caricia.
-Lo siento mucho… últimamente no puedo controlarlo… Yukimenoko era un Pokémon Fantasma, así que me temo que también me afectan mucho más de lo que creía… Pero… estaba tan triste… Sentí lo que le ocurrió… hace décadas… Le abandonaron aquí, porque estaba succionando la vida de su entrenadora. Y en vez de solucionarlo, la enterraron viva aquí. Ella sólo llamaba a su Entrenadora, sólo quería volver con ella… y lleva tantísimo tiempo esperándola. Creo que Susan debía ser Psíquica, por eso tuvo que alejarse de Yukimenoko… No es justo…
Helen se levantó y volvió al lado de Sandra. Seguía dormida. Era lo mejor, cuanto menos supiese, menos sufriría. Pero… el corazón de Helen sentía algo cuando la miraba. Algo cálido, que nunca antes había sentido. No entendía lo que era, no sabía que debía hacer… Sólo deseaba… besarla…
-¡¡Cyyyyn!!
Hinoarashi gritó mientras miraba al techo de la cueva. Descubrió una pequeña grieta que permitía que entrase un poco de luz exterior. Helen se acercó a su Pokémon y miró en la misma dirección.
-Muy bien, vamos a intentarlo. ¿Listo, Hino?
-¡¡Cyn!!
-¡Hino, usa Ascuas!
Unas cuantas bolas llameantes fueron disparadas desde el morrito del Pokémon hacia la grieta. Cuando llegó al hielo, empezó a derretirlo y comenzó a caer nieve por los agujeros.
-¡Muy bien, usa más Ascuas! ¡No te detengas!
El Pokémon repitió el ataque hasta que se formó una bola incandescente que comenzó a ascender hacia el exterior de la cueva. A los pocos segundos, se apagó y comenzó a caer una gran cantidad de nieve. Helen pisó la nieve y comprobó que era lo suficientemente densa como para apoyarse en ella y subir por el agujero. Sin detenerse, Abrazó a Sandra y la subió con ella. Sin muchos problemas ambas Entrenadoras alcanzaron el exterior de la cueva. Aparecieron a unos quince metros de donde se había roto el hielo. Helen dejó a Sandra apoyada en un árbol y volvió a mirar por el agujero. Los dos Swinumb que había con ellos hicieron un gesto de despedida y se internaron en las profundidades de la cueva. Helen sacó la Pokéball de Cyndaquil e hizo que volviese a ella. Cuando se giró, pudo ver que Sandra estaba volviendo en sí.
-¡Sandra! ¿Cómo te encuentras?
-Qué… ¿qué ha pasado?
-Nos caímos por una cueva y perdiste el conocimiento. ¿Te duele algo?
-No… sí… no lo sé… Estoy mareada.
-Tranquila, vámonos a la Academia para que te hagan un chequeo.
-…sí… ¡Helen! ¡Estás sangrando!
-No es nada, aparenta más de lo que es. Vámonos.
Ambas chicas se alejaron de la cueva de Hielo. Sandra cogió de la cadera a Helen para apoyarse, pero no supo bien por qué lo hacía. El agujero de la cueva empezó a llenarse de la nieve que caía por el simple hecho de la gravedad, se iba cerrando lentamente. Al fondo del mismo, un par de ojos tristes miraban hacia el exterior de la cueva una última vez.
-…Adios… Helen… Gracias...
Equipo (11) (7) (10) -Nivel Promedio: 9,33 |

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