Todo parecía ir bien, obtuvimos las mochilas y logramos contener a esa poderosa manifestación. Sin embargo, no asimilaba del todo encontrarme en un sitio tan diverso como este, muy distante de la realidad misma y a su vez igualada. La línea de lo real y ficticio se perdía en el horizonte de la isla y su paisaje. Alcé mi rostro para sentir el aire que iba mezclado con los olores del mar salado y la arena de la costa. Razoné en dejar a Faleon reposando en su Pokeball, merecía un descanso.
Luego, en las alturas cerúleas, unas cajas que parecían animadas en movimiento, como en los videojuegos se acercaban a cada uno de nosotros; contaba con descripciones que expresaban:
Usuarios han votado por ustedes, pagado con sus dólares para que pudieran sobrevivir en él.
—Wow… no sabía que tanta gente nos observara, esto servirá bastante –comenté sorprendido por los generosos regalos que adquirimos. Sin dudarlo un poco comencé a curiosear los objetos. Había una gran variedad de cosas útiles, siendo en su mayoría Pokémon para aguantar el largo camino que me esperaba, también se encontraban medicinas, megapiedras y cristales Z para ellos; mis ojos se iluminaron titilantes, además de arquear mis cejas hasta el punto de desaparecerlas cubriéndolas con mi cabello, dada la expresión parecía un niño el cual acababa de abrir su regalo de navidad.
No transcurrió mucho tiempo de recibir las donaciones, cuando una figura morada se materializó frente a nosotros. Mi cuerpo entero de alguna manera se estremeció, había sentido pocas veces en mi vida un escalofrío así, y estaba seguro que no era por el miedo de muerte, una impresión más allá de eso que conectaba con el mismo subconsciente. El rostro del aclamado individuo era cruel, tan frío que al emplear contacto visual directo sentías una helada de invierno. El odio se reflejaba en su mirar.
—¿Estas son las basuras que enviaron para mi entretención? —exclamó Mewtwo, revelando la capacidad de hablar, que ningún otro Pokémon mostró antes en esta realidad hasta ahora. No obstante, de nuestro grupo, Elizabeth, la chica de la propuesta encaró en amenazas a la legendaria manifestación. Como era de esperarse, enfrentarse solo a tal amenaza, era la peor idea que podías tener, aunque no solo fue ella, también el otro chico se lanzó junto a su Pokémon apoyándola.
El tipo psíquico no dudó en destruirlos. Los levantó en los aires y los sacudió como títeres. Estuve desconcertado, incapaz de reaccionar, quedando asombrado completamente con la capacidad de sus poderes. Los poderes mentales hacían revolcarse a los dos muchachos en el aire hasta que cayeron al suelo vomitando solamente para ser aplastados por una piedra desprendida del cielo. Cuando concluyó, centró su atención en los demás, el asunto se volcaba a lo peor. Me sumí absorto en los pensamientos que surgían de mis dudas. Desprecio era lo que se podía percibir de Mewtwo, aclarando que él era más humano que cualquier cosa presente, tenía una incógnita que resolver, por qué se expresaba de tal forma hacía nosotros, a nuestro mundo.
Su siguiente gestión fue atacar directo a una chica que estaba con un Rimbombee. Los levantó y la joven entro en llantos. Pero, de pronto todo se detuvo. Como si fuese una ilusión, del polvo en el aire comenzó a formarse una criatura rosada al lado de cada participante «¿Uh? ¿Más sorpresas?». Le di un vistazo al lado derecho, y para sorpresa, el espacio vacío de antes ahora lo ocupaba un Slowbro, de mirada despreocupada y picara, me observó mostrando una sonrisa, «Parece como si… si…».
—¿Cómo si te miradas en un espejo después de pasar el test de un Pokémon Mundo Misteroso?, ajaja –interrumpió el Slowbro que también podía emplear mi idioma.
—Oh, ¿lees la mente? –pregunté confundido.
—¡Claro! Y en este momento te imploro que dejes de pensar cosas pervertidas con las participantes –sentenció con grandes carcajadas.
—¿Eh? ¡No!, yo no he pensado algo así, y… menos en un momento como es… —antes de terminar mi frase, el espectáculo contra Mewtwo finalizó, teniendo en cuenta la superioridad numérica y el poderío mostrado por los Slowbro, él se fue. Logramos salir ilesos de ese final trágico que imaginé. Los aparecidos eran un virus, en la inscripción de sus cartas simplemente describía "malware".
—Soy tu guardián, humano. Por los momentos no te puedo contar más nada —dijo Slowbro.
—¿Más nada? O sea, ¿a qué te refieres? —mencioné en voz baja.
—En realidad, no me acuerdo de nada, o tal vez te estoy mintiendo —respondió él, esa clase de respuesta, me hizo sacar de quicio, era la viva personalidad mía convertida en Pokémon, no sabía cuan insoportable podía llegar a ser hasta que hablé prácticamente conmigo mismo.
—Ajaja, eres sorprendente, “guardián” —cuando me dejé de presentaciones con Krauss (así se hizo llamar el Slowbro) y de hacerles algunas preguntas que eran confesadas con dudosa veracidad, el silencio volvió a dominar entre nosotros, había que decidir el paradero de los objetos que ya no tenían dueños. En el debate se llegó a un acuerdo de repartirnos lo discutido.
Cada uno había tomado los objetos propuestos a elección de los entrenadores que desafortunadamente no se encontraban ya entre nosotros. Individualmente los participantes estaban ingeniando su plan a largo plazo, estaba a nuestra disposición una isla completa por explorar, eso sin contar la amplia extensión (pensando en referencia con base en el videojuego) que podía haber más allá, sin embargo, eso acarreaba inseguridad en un mundo desdichado e incierto en donde nuestras propias vidas estaban puesta en juego. Lo más sensato es la idea de fortalecer al equipo y mejorar los lazos con ellos, tomando la idea de que ellos también tenían sus propios sentimientos y que eran el medio de defensa y ataque, se convirtieron en los compañeros más confiables que podrías tener.
«¡Una batalla de entrenamiento!, ahaha, me vendría bien medir que tan eficiente soy como entrenador. ¡Me muero de ganas por ver las habilidades de los Pokémon donados!» inmiscuía mis pensamientos en un plan de acción, aunque la gran interrogante era encontrar a alguien dispuesto con una contienda amistosa, echando una mirada a los más cercanos en torno a mi posición, se encontraba una joven de estatura algo más pequeña que la mía, su cabello llegaba a los hombros y se lucía con tonos marrones; su vestimenta consistía en un suéter negro manga larga que cubre una camisa, asimismo contaba con una falda. Su expresión demostraba inocencia, con ojos tímidos se posaba titubeando con lo que iba a realizar.
—Perfecto, haré una prueba con ella —comenté en voz baja acercándome a la chica, para luego alzar mi mano en modo de saludo-. Hola, es bueno encontrarte amigo~ —me mostraba con una sonrisa complaciente.
—Oh —Parpadeó un par de veces—. Ho… hola…—levantó también la mano, con una sonrisa algo nerviosa—. Igualmente… mmm —hizo una mueca de perplejidad. Enfocando sus ojos a otro lado, para luego volver a verme más tranquila—. Me llamo Kailee, un gusto. Tu… uh… ¿Me necesitabas para algo? —me preguntó cortésmente.
Antes de poder responder su pregunta, el Slowbro que me acompaña (que es tan osado como yo), se introdujo en la conversación:
—Queremos practicar contigo, humana –manifestó alegre. Fijé mi mirada en él frunciendo el entrecejo.
—De hecho, como dice mi acompañante, era eso —expliqué aclarándome la garganta, mirando un poco disgustado al Slowbro, él solo se reía. Puede que tengamos personalidades muy parecidas, de hecho, el poco tiempo que llevo conociéndolo, me ha estado fastidiando mis usuales bromas que frecuento— . Pero no puedo creer que ya me hayas olvidado, por tu expresión me doy cuenta que ya no recuerdas nada de mi —agregué entristecido.
—Oh, ¿Practicar? Jejeje —soltó una risa después del acto improvisado de Krauss y yo.
—Está bien, será divertido... Ah… ¿¡Aaaah!? —dio un paso hacia atrás, mientras sus mejillas se sonrojaron de la vergüenza.
—¡L-lo siento! Soy una horrible persona… Discúlpame, pero solo recuerdo haberte visto en la sala y cuando combatiste contra Articuno —Se rascó un poco la cabeza, mientras volteaba, observando como su propio Slowbro la miraba mal.
—¿Cómo te puedes olvidar de una persona asi de simple? —Le recriminó el pokemon de agua psíquico, haciendo que se ponga más roja.
—Lo siento, «
deberas»…
—Ajaja, no me espera una reacción así, me agradas —me exalté al ver la vergüenza de Kailee, mi guardian y yo nos reímos por un rato.
—En realidad, es un tonto que te está engañando, joven —refutó el Pokémon osado.
—Tsk… descuida, según recuerdo jamás había tenido contacto contigo antes de… bueno…. la realidad virtual –bramé colocando mi dedo índice sobre mis labios, actuando pensativo.
—Apropósito, gracias por aceptar~ - guiñé mi ojo izquierdo y expuse mi dedo índice para lucir la llave activadora de la megaevolución—. ¿Preparada?
—Uh, eso fue cruel — acotó con disgusto la entrenadora. Solo quedaba el puchero que hacía y como su Slowbro movía su cabeza en forma de negación. Suspiro al instante, para poner otra vez un gesto alegre —. Claro. ¡Vamos hacerlo!