Una mision, Un mundo
En el spoiler esta el antiguo cap 1, el siguiente es el nuevo y el que vale.
CAP 1 :EL FIN DEL PRINCIPIO
Una joven chica de unos 16 años se estaba vistiendo, la mujer a su lado le estaba hablando.
La chica tenia el pelo largo hasta la cadera recogido en una cola, color castaño, una facción aniñada propia de su edad, con ojos pequeños y marrones, nariz pequeña, labios finos y su cuerpo también era delgado.
—¿Segura que podrás? ¿Te sientes bien para ello? Si te sientes mal llama, y se avisa a una ambulancia.
—De acuerdo mamá, no voy a quedarme encerrada lo que me quede, al menos los fines de semana me dejan salir, mamá, no sabes las ganas que tengo de dejar de ver paredes blancas.—
La habitación era blanca, ahora mismo desordenada con una pequeña maleta abierta y ropa sobre la cama.
Había dos camas automáticas, la de ella era la que estaba al lado de la ventana, la otra cama estaba desierta; ambos sillones acompañaban cada cama.
Al lado de la puerta de salida se encontraba otra puerta que daba al baño de aquella habitación.
La madre se quedó callada mirando, ésta sería la primera vez en mucho tiempo que su hija saldría del hospital, aprovechando para salir con una amiga de compras, Miko se terminó de vestirse, y se despidió de su madre.
Mientras paseaba por los pasillos iba pensando.
"Ojalá fuera mi última vez aquí, me perdí hasta clases, si no estuviera enferma hubiera podido hacer más amigos, sin embargo los ataques... y cómo corrían los enfermeros para salvarme…"Terminó de pensar mientras rememoraba"esos" recuerdos.
Saludó a los médicos de recepción mientras atravesaba la estancia que llevaba hasta la puerta, después de salir del edificio camino viendo pasar a los coches y salir por fin del hospital se dirigió a la parada que estaba a varios pasos de allí.
En la parada estaba su amiga de la infancia saya.
Saya era un poco más alta que Miko, su pelo era más oscuro, tirando a negro y corto al nivel de los hombros, llevaba unas gafas y se veía un poco más mayor que su amiga.
—¡¡Saya!!— gritó mientras saluda con la mano.
—Miko, ¿qué tal te encuentras?-dijo mientras Miko se sentaba y dejaba caer su bolso en el banco.
—Por ahora bien, aunque he tenido varios sueños raros, ¿como esos que te contaba cuando éramos niñas?.
—Ha, ya. —Pronuncio mirando la melena castaña de Miko.
—A veces pienso que no pertenezco a este mundo.—Dijo poniendo los talones en el banco y cubriendo su cabeza con sus rodillas.
—¿Cómo no ibas a pertenecer a este mundo?—preguntó
mientras le da una palmada en la espalda de su amiga,—¡Ya viene el bus!—
Ambas se levantaron y se subieron en el autobús.
—Saya, ¿me ayudarías a comprarle algo a los que me han ayudado?—Dijo
quitándose pelo de la cara.
—Pues claro,—Ambas se quedaron mirando por la ventana mientras sus mentes vagaban, al ratito sonó la parada en la que debían bajar, sin mediar palabra bajaron y entraron en el centro comercial, allí, fueron a diferentes tiendas, compraron regalos para todos, ropa…, después cenaron en una tienda de comida rápida, al terminar aquello, ya era hora de volver.
—Miko estas algo pálida, ¿te encuentras bien?—Le dijo mientras iban andando hacia la salida.
—Si, solo algo mareada, pero ya vamos a volver.
Un segundo después Miko se desplomó en el suelo, escuchando a su amiga gritar preocupada, o eso pudo escuchar antes de perder la conciencia totalmente.
CAP 1 :EL FIN DEL PRINCIPIO
En una habitación blanca, como cualquier otra en un hospital, una chica yacía en su cama, aunque parecía pensativa su mente estaba en blanco, seguidamente unos pasos y unas voces junto a un crujir de la puerta hicieron que esta se hiciera la dormida, ambos pasos entraron y dejaron que la puerta se cerrara, volviéndola a acompañar de algunos pasos mas.
—Hemos aceptado la salida de su hija, comprendemos que para su estado no seria bueno salir y vigilarla pero debido a que su vida no será tan larga es mejor que la viva, al menos los fines de semana como habíamos acordado. —Pronuncio el hombre de la bata blanca con los papeles en la mano.
—Gracias, lo agradezco, ella también estará agradecida, Saya, la mejor amiga de mi hija quería invitarla al centro comercial hoy, yo tengo mis dudas pero…
—No te preocupes, con que la niña no se emocione no creo que haya problemas.
—Pero aun así…
—Tiene 16 años, y es consciente de su enfermedad, ya no es la niña pequeña a la que había que cuidar, en un par de horas pasara una enfermera a quitarle el suero, me imagino que después de comer.
El hombre separo un par de hojas del puñado y se las entrego a la señora que se encontraba enfrente indicándole donde debía firmar, acto seguido avanzo hacia la puerta escuchándose de nuevo el picaporte, el crujir de la puerta y pasos hasta desaparecer.
—¡Miko, cariño, dormilona!—Exclamo su madre llamándola
La chica abrió los ojos y se los restregó quitándose las lagrimas que había almacenado durante el tiempo que había estado con ellos cerrados, se estiro como si se acabara de despertar y con ambas manos se ayudo a incorporarse.
—Toma hija, aquí tienes el mando—Dijo ofreciendo el pequeño armatoste unido a la cama para que levantara el respaldo.
—¿Qué hora es?
—Son las ocho, en unos minutos te traerán el desayuno.
—Vale, ¿Vino el medico? —Pregunto fingiendo.
—Si, ha dicho que te dan permiso para dejar el hospital los fines de semana con la condición de que no te sobre esfuerces, por lo que podrás ir hoy con Saya a comprar.
Se escucharon ruidos en el pasillo, por lo que al cabo de varios segundos la puerta se abría y una enfermera entraba con una bandeja en la mano, la madre retiro el sillón para sacar la mesita, y deslizo la tabla unida al mueble para poner allí el desayuno.
Cuando hubo comido Miko tumbo la cama y se giro hacia la ventana, cerro los ojos y se durmió.
Miko al ir pasando los años debido a su enfermedad había desarrollado una apatía con el fin de defenderse contra su realidad, aunque se encontraba bien los médicos no podían decir lo mismo.
Había trascurrido un tiempo y volvía a ser la hora de comer, aquel día había cambiado el rato de leer por el de dormir, se despertó, desperezo y le pidió a su madre el móvil; marco y sonó una musiquilla antes que la voz de su amiga respondiera.
—¿Miko?
—Saya buenas tardes, hoy el medico dijo que acepta que vayamos de compras.
—¿En serio? —Exclamó emocionada.
—Si, ¿Quedamos a las cinco?
—Perfecto, podemos quedar en la parada, no hace falta que vengas.
—De acuerdo Miko, pues ya nos veremos.
Ellas colgaron y la chica le devolvió el móvil a su madre, sin darse cuenta ya le habían traído la comida, hoy tocaba pasta con un segundo plato de judías verdes y de postre una pera en almíbar.
Después de comer tal como había dicho el médico una enfermera vino, con lo que al fin había quedado despojada del suero.
El reloj ya iba a dar las cuatro y media, Miko se vistió, y recogió la maleta, había quedado con que su madre se quedaría a firmar unos papeles por lo que ella iría sola a la parada, y desde ahí juntas irían al centro comercial.
Saludó a los médicos de recepción mientras atravesaba la estancia que llevaba hasta la puerta, después de salir del edificio camino viendo pasar los coches y salió por fin del terreno del hospital para dirigirse la parada que estaba a varios pasos.
Allí estaba su amiga de la infancia saya.
—¡Saya!— Exclamo mientras saluda con la mano.
—Miko, ¿qué tal te encuentras? —Dijo mientras Miko se sentaba y dejaba caer su bolso en el banco.
—Por ahora bien, aunque he tenido varios sueños raros, ¿como esos que te contaba cuando éramos niñas?.
—Ha, ya. —Pronuncio mirando la melena castaña de Miko.
—A veces pienso que no pertenezco a este mundo.—Dijo poniendo los talones en el banco y cubriendo su cabeza con sus rodillas.
El sonido del vehículo hizo que ambas se pusieran de pie y entraran, los dos primeros asientos estaban libres por lo que sin mas dilación se sentaron, el transcurso fue en silencio, solían hablar un rato casi todos los días por lo que esos segundos de silencio se agradecían.
El autobús llego a la parada y las dos bajaron, al cruzar la calle ya habían llegado al edificio, entraron y estuvieron un rato viendo los escaparates.
—Si te encuentras mal avisa.
—De acuerdo, ¿Saya me podrías ayudar a buscar regalos para mi madre y algunos médicos?
—Claro, cuenta conmigo.
Recorrieron muchas tiendas, sobretodo para buscar detallitos, cuando hubieron terminado fueron a cenar a alguna de las hamburgueserías del piso de arriba, al acabar, decidieron salir del edificio y llamar a para que las recogieran,
—Miko estas algo pálida, ¿te encuentras bien?—Le dijo mientras iban andando hacia la salida.
—Si, solo algo mareada, pero ya vamos a volver.
Solo tomo unos segundos para que Miko se desplomara en el suelo.
Spoiler
CAP 1 :EL FIN DEL PRINCIPIO
Una joven chica de unos 16 años se estaba vistiendo, la mujer a su lado le estaba hablando.
La chica tenia el pelo largo hasta la cadera recogido en una cola, color castaño, una facción aniñada propia de su edad, con ojos pequeños y marrones, nariz pequeña, labios finos y su cuerpo también era delgado.
—¿Segura que podrás? ¿Te sientes bien para ello? Si te sientes mal llama, y se avisa a una ambulancia.
—De acuerdo mamá, no voy a quedarme encerrada lo que me quede, al menos los fines de semana me dejan salir, mamá, no sabes las ganas que tengo de dejar de ver paredes blancas.—
La habitación era blanca, ahora mismo desordenada con una pequeña maleta abierta y ropa sobre la cama.
Había dos camas automáticas, la de ella era la que estaba al lado de la ventana, la otra cama estaba desierta; ambos sillones acompañaban cada cama.
Al lado de la puerta de salida se encontraba otra puerta que daba al baño de aquella habitación.
La madre se quedó callada mirando, ésta sería la primera vez en mucho tiempo que su hija saldría del hospital, aprovechando para salir con una amiga de compras, Miko se terminó de vestirse, y se despidió de su madre.
Mientras paseaba por los pasillos iba pensando.
"Ojalá fuera mi última vez aquí, me perdí hasta clases, si no estuviera enferma hubiera podido hacer más amigos, sin embargo los ataques... y cómo corrían los enfermeros para salvarme…"Terminó de pensar mientras rememoraba"esos" recuerdos.
Saludó a los médicos de recepción mientras atravesaba la estancia que llevaba hasta la puerta, después de salir del edificio camino viendo pasar a los coches y salir por fin del hospital se dirigió a la parada que estaba a varios pasos de allí.
En la parada estaba su amiga de la infancia saya.
Saya era un poco más alta que Miko, su pelo era más oscuro, tirando a negro y corto al nivel de los hombros, llevaba unas gafas y se veía un poco más mayor que su amiga.
—¡¡Saya!!— gritó mientras saluda con la mano.
—Miko, ¿qué tal te encuentras?-dijo mientras Miko se sentaba y dejaba caer su bolso en el banco.
—Por ahora bien, aunque he tenido varios sueños raros, ¿como esos que te contaba cuando éramos niñas?.
—Ha, ya. —Pronuncio mirando la melena castaña de Miko.
—A veces pienso que no pertenezco a este mundo.—Dijo poniendo los talones en el banco y cubriendo su cabeza con sus rodillas.
—¿Cómo no ibas a pertenecer a este mundo?—preguntó
mientras le da una palmada en la espalda de su amiga,—¡Ya viene el bus!—
Ambas se levantaron y se subieron en el autobús.
—Saya, ¿me ayudarías a comprarle algo a los que me han ayudado?—Dijo
quitándose pelo de la cara.
—Pues claro,—Ambas se quedaron mirando por la ventana mientras sus mentes vagaban, al ratito sonó la parada en la que debían bajar, sin mediar palabra bajaron y entraron en el centro comercial, allí, fueron a diferentes tiendas, compraron regalos para todos, ropa…, después cenaron en una tienda de comida rápida, al terminar aquello, ya era hora de volver.
—Miko estas algo pálida, ¿te encuentras bien?—Le dijo mientras iban andando hacia la salida.
—Si, solo algo mareada, pero ya vamos a volver.
Un segundo después Miko se desplomó en el suelo, escuchando a su amiga gritar preocupada, o eso pudo escuchar antes de perder la conciencia totalmente.
CAP 1 :EL FIN DEL PRINCIPIO
En una habitación blanca, como cualquier otra en un hospital, una chica yacía en su cama, aunque parecía pensativa su mente estaba en blanco, seguidamente unos pasos y unas voces junto a un crujir de la puerta hicieron que esta se hiciera la dormida, ambos pasos entraron y dejaron que la puerta se cerrara, volviéndola a acompañar de algunos pasos mas.
—Hemos aceptado la salida de su hija, comprendemos que para su estado no seria bueno salir y vigilarla pero debido a que su vida no será tan larga es mejor que la viva, al menos los fines de semana como habíamos acordado. —Pronuncio el hombre de la bata blanca con los papeles en la mano.
—Gracias, lo agradezco, ella también estará agradecida, Saya, la mejor amiga de mi hija quería invitarla al centro comercial hoy, yo tengo mis dudas pero…
—No te preocupes, con que la niña no se emocione no creo que haya problemas.
—Pero aun así…
—Tiene 16 años, y es consciente de su enfermedad, ya no es la niña pequeña a la que había que cuidar, en un par de horas pasara una enfermera a quitarle el suero, me imagino que después de comer.
El hombre separo un par de hojas del puñado y se las entrego a la señora que se encontraba enfrente indicándole donde debía firmar, acto seguido avanzo hacia la puerta escuchándose de nuevo el picaporte, el crujir de la puerta y pasos hasta desaparecer.
—¡Miko, cariño, dormilona!—Exclamo su madre llamándola
La chica abrió los ojos y se los restregó quitándose las lagrimas que había almacenado durante el tiempo que había estado con ellos cerrados, se estiro como si se acabara de despertar y con ambas manos se ayudo a incorporarse.
—Toma hija, aquí tienes el mando—Dijo ofreciendo el pequeño armatoste unido a la cama para que levantara el respaldo.
—¿Qué hora es?
—Son las ocho, en unos minutos te traerán el desayuno.
—Vale, ¿Vino el medico? —Pregunto fingiendo.
—Si, ha dicho que te dan permiso para dejar el hospital los fines de semana con la condición de que no te sobre esfuerces, por lo que podrás ir hoy con Saya a comprar.
Se escucharon ruidos en el pasillo, por lo que al cabo de varios segundos la puerta se abría y una enfermera entraba con una bandeja en la mano, la madre retiro el sillón para sacar la mesita, y deslizo la tabla unida al mueble para poner allí el desayuno.
Cuando hubo comido Miko tumbo la cama y se giro hacia la ventana, cerro los ojos y se durmió.
Miko al ir pasando los años debido a su enfermedad había desarrollado una apatía con el fin de defenderse contra su realidad, aunque se encontraba bien los médicos no podían decir lo mismo.
Había trascurrido un tiempo y volvía a ser la hora de comer, aquel día había cambiado el rato de leer por el de dormir, se despertó, desperezo y le pidió a su madre el móvil; marco y sonó una musiquilla antes que la voz de su amiga respondiera.
—¿Miko?
—Saya buenas tardes, hoy el medico dijo que acepta que vayamos de compras.
—¿En serio? —Exclamó emocionada.
—Si, ¿Quedamos a las cinco?
—Perfecto, podemos quedar en la parada, no hace falta que vengas.
—De acuerdo Miko, pues ya nos veremos.
Ellas colgaron y la chica le devolvió el móvil a su madre, sin darse cuenta ya le habían traído la comida, hoy tocaba pasta con un segundo plato de judías verdes y de postre una pera en almíbar.
Después de comer tal como había dicho el médico una enfermera vino, con lo que al fin había quedado despojada del suero.
El reloj ya iba a dar las cuatro y media, Miko se vistió, y recogió la maleta, había quedado con que su madre se quedaría a firmar unos papeles por lo que ella iría sola a la parada, y desde ahí juntas irían al centro comercial.
Saludó a los médicos de recepción mientras atravesaba la estancia que llevaba hasta la puerta, después de salir del edificio camino viendo pasar los coches y salió por fin del terreno del hospital para dirigirse la parada que estaba a varios pasos.
Allí estaba su amiga de la infancia saya.
—¡Saya!— Exclamo mientras saluda con la mano.
—Miko, ¿qué tal te encuentras? —Dijo mientras Miko se sentaba y dejaba caer su bolso en el banco.
—Por ahora bien, aunque he tenido varios sueños raros, ¿como esos que te contaba cuando éramos niñas?.
—Ha, ya. —Pronuncio mirando la melena castaña de Miko.
—A veces pienso que no pertenezco a este mundo.—Dijo poniendo los talones en el banco y cubriendo su cabeza con sus rodillas.
El sonido del vehículo hizo que ambas se pusieran de pie y entraran, los dos primeros asientos estaban libres por lo que sin mas dilación se sentaron, el transcurso fue en silencio, solían hablar un rato casi todos los días por lo que esos segundos de silencio se agradecían.
El autobús llego a la parada y las dos bajaron, al cruzar la calle ya habían llegado al edificio, entraron y estuvieron un rato viendo los escaparates.
—Si te encuentras mal avisa.
—De acuerdo, ¿Saya me podrías ayudar a buscar regalos para mi madre y algunos médicos?
—Claro, cuenta conmigo.
Recorrieron muchas tiendas, sobretodo para buscar detallitos, cuando hubieron terminado fueron a cenar a alguna de las hamburgueserías del piso de arriba, al acabar, decidieron salir del edificio y llamar a para que las recogieran,
—Miko estas algo pálida, ¿te encuentras bien?—Le dijo mientras iban andando hacia la salida.
—Si, solo algo mareada, pero ya vamos a volver.
Solo tomo unos segundos para que Miko se desplomara en el suelo.

















